Rebeca, su fantasía. Capítulo IV

Transexual, Fantasía Erótica. Después de la deliciosa y brutal sesión de viernes en la que Braulio, su hijastro y dos amigos nos habían hecho pedazos las entrañas a Luz Ángel y a mí, me levanté el sábado en mi departamento, completamente exhausto. Read more

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Mi Jefe aún no me deja llevar braguitas (III)

Carlos seguía sin hablar. Tenía los ojos vidriosos.

-No sé si matarte o matarme.

-Nada de eso, amor. Mi vida ha cambiado desde que tengo nuevo Jefe, eso es todo. Él me da cosas que tú no me puedes dar. Tienes que asumirlo.

-¿Qué quieres? ¿Qué te humille, que te pegue? Dímelo y lo haré.

-No funciona así, Carlos. Aunque lo hicieras no sería lo mismo, ¿entiendes? Él es un Macho Alfa, un ser irresistiblemente dominante y yo llevo dentro a una esclava sumisa que desea con todas sus fuerzas servir a un tipo de hombre así. Es tu ridículo tamaño de pene, cariño, es tu actitud servicial, excesivamente servicial conmigo, lo que hace que me sienta más excitada al ser tratada como una cualquiera por un macho como él. Abusando de mí, te humilla a tí, y eso me vuelve loca.

-Espera, que me pierdo. ¿Mi ridículo tamaño de pene? ¿Qué le pasa?

-Cariño, ¿crees en serio que esto me puede hacer disfrutar? -le dije tirando de sus calconzillos hacia abajo. Miré su flácida pichita blanca y sonréi:- Pero no te preocupes. El hecho de que la tengas diminuta, hace que me excite más al disfrutar del placer de un gran pene. Así pienso que estoy disfrutando de un placer que tú no puedes darme jamás.  Y eso es justo lo que acaba conmigo, ese morbazo, mmmm.

-Pero…

-Quítate los calzoncillas y acércate, te lo explicaré mejor.

Él, nervioso por mi nueva actitud dominante con él, se los bajó sin rechistar. Sostuve una carcajada por lo poco hombre que parecía desnudo.

-Esta bien, mira. Mi Jefe tiene una polla más o menos así de grande. -Le hice ver la diferencia que había entre los cuatro centímetros encogidos de su pene y los veinte centímetros largos del pollón de mi Amo.

Mi marido me miraba indignado, avergonzado, pero también extrañamente excitado, hecho que me empezó a calentar.

-A partir de ahora tengo que cumplir unos mandamientos que me ha impuesto mi Jefe.

-¿Mandamientos?

-Sí, el primero es que ya no me follarás, ni tu ni ningún otro, salvo él. Y Dios… Cómo lo estoy deseando.

-¿Entonces aún no lo ha hecho? ¿No te ha follado todavía? -preguntó con un halo de esperanza.

-No. Solo me ha dejado chupársela, pero, por Dios bendito, tenerla en mi boca, tan gorda, notar sus venas dilatadas presionar mis labios, ufff, ha sido más que suficiente para perder la cabeza por él. Me deja chupar otras pollas, ¿sabes? pero sólo las que él decida. Hoy me ha pedido que se la mame a tus superiores, pero dudo mucho que me autorice a chupártela a ti, cariño. Lo siento…

-Eres una hija de puta. ¿Por qué me haces esto? ¿Cuánto te paga para que seas su puta? -dijo Carlos cabizbajo.

-Oh, eso es lo mejor. Me paga follándome.

-¡¿Cómo?!

-Me tiene todo el mes caliente perdida, chúpandole la polla, los pies, haciendo perrerías conmigo, pero sin penetrarme. Y yo cada día más ardiente, más mojada, más perdidamente loca por él… y luego, a final de mes, viene aquí y me folla delante de ti. ¡Ufff!

-¿¡Delante de mí!?

-Síiii, ¿has visto que morboso? Creo que será más gratificante que recibir todo el dinero del mundo, Carlos. Me muero por sentir su pene negro abrirme toda entera y que tú nos estés mirando.

-¿Negro? ¿El tío es negro?

-¿Es significante? Sí, mi Jefe es negro, un hombre guapísimo y negro. Los negros me parecen más sexys, ¿no te parece?

-Te follará delante de mí… -se repitió para sí con tono de tristeza.

-No te preocupes, aún faltan más de tres semanas para eso. Nos acostumbraremos a la idea poco a poco.

Y así lo hicimos. Durante las semanas posteriores, Carlos adoptó un papel de perrito fiel que me ponía a mil. Verlo tan atento, observándome por las mañanas cómo me vestía para ir a trabajar, eligiendo las ropitas más adecuadas para gustarle a mi Amo, hacía que me estremeciera de placer. Por la noche me masajeaba los pies o me pintaba las uñas mientras yo le contaba las vejaciones que me había hecho pasar Roberto, mi jefe, por la mañana…

-Hoy me ha obligado a ir gateando detrás de su polla tiesa por toda la oficina. No me dejaba chupársela, ¿sabes? Me la acercaba a la boca, cariño, y justo cuando me la iba a meter, se alejaba. Y yo, loca, iba detrás con la lengua fuera, babeando, rogándole que me la metiera en la boca. -le explicaba con tono evocador, sentada en el sofá, desnuda, solo con mis pantimedias puestas, y Carlos besando, acariciando mis pies, con una erección patética asomando en sus pantalones.

Y así todas las noches.

Pensé que un buen elemento introductorio para ir aliviando el shock que sentiría Carlos el día que lo viera follarme delante de él, sería comprar un pene de plástico lo más parecido posible al de Roberto, y así acostumbrarle a ver un buen rabo. Además, uno de los mandamientos que debía seguir era enseñarle a mi marido a chuparle la polla a mi Amo, y claro, podría ser una buena manera de empezar a educarle. Fui una tarde al Sex Shop antes de volver a casa y tras mucho elegir, decidí escoger un modelo realístico de color negro de 24 cm de largo y 6 cm de grosor. El tamaño exacto… mmm. El plástico era manejable, por lo que el pene no estaba completamente rígido sino flexible. Me encantaba el ramaje de venas que tenía, muy logrado. Fui a la caja, y el señor se me quedó mirando con interés. Pensé que tal vez ver una mujer atractiva y sexy, vestida con un minivestido negro con rayas diplomáticas, pantimedias negras con líneas de costuras traseras bajándole por sus interminables piernas y taconazos de plataforma, comprar un pollón negro de plástico, pondría cachondo a cualquier hombre…

-Son 130 euros.

Le dí la tarjeta de crédito.

-¿Quiere comprar lubricante? Para un consolador de este tamaño se lo recomiendo. -me dijo en tono profesional.

-Yo suelo estar casi siempre muy mojada, soy fácilmente penetrable… Gracias de todas formas.

El hombre tragó un nudo en su garganta y me dio el consolador metido en una discreta bolsa.

-Que lo disfrute…

-Si, gracias, aunque en realidad lo quiero para enseñarle a mi marido lo que es una polla de verdad. Adios, guapo.

Salí de la tienda contoneando mi trasero y dando pasitos muy cortos y sexys, estilo Marilyn. Desde siempre me encantó cómo lo hacía en “Con faldas y a lo loco” antes de subirse al tren.

Esa noche, cuando llegué a casa y vi a Carlos terminar de recoger el lavavajillas, con un delantal rosa con volantes puestos, no pude reprimir una sonrisa de ganadora. Había hecho la cena, y tenía la mesa preparada. Era tan atento… Guardé el bolso con el regalito y nos pusimos a cenar. Esa noche, ya en la cama, le susurré al oído:

-Tengo un juguete para tí.

Fui a la cómoda y cogí unas medias negras, opacas, y le vendé los ojos con ellas. Me aseguré de que no veía nada.

-¿Estás preparado para saber cómo es la polla de mi Jefe?

-No estará aquí, ¿verdad?

Me reí.

-No, no, tranquilo, aún no. Es otra cosa.

Saqué el consolador y lo miré. Allí en la penumbra del dormitorio y fuera del entorno del Sex Shop, impresionaba una barbaridad. Busqué un gel lubricante para engrasarlo. Tenía olor seductor…

-Huele a chocolate, mmm. -dijo mi marido.

-No te hagas ilusiones, no es un dulce. -le dije y le acerqué el consolador hasta dejarlo a escasos centímetros de su boca.

-¿Qué hago?

-Levanta las manos y tócalo.

Mi marido levantó ambas manos, a ciegas, y se puso a tocar el pene.

-Dios mío, ¿esto qué es?

-Así es su polla, amor. ¿Qué te parece?

-Pero, Tania. Esto te debe de hacer daño, ¿no crees?

-Bueno, lo comprobaremos juntos…

-Joder, es grande.

-Abre la boca, por favor.

-No, Tania. No me obligues.

-Anda, cariño, no se va a enterar nadie, te lo juro, quedará entre nosotros. Hazlo por mí, abre la boquita.

Lo hizo, muy tímidamente. Yo aproveché para ensartarle el pollón de plástico en la boca.

-Ya está, ¿ves? Ahora lámelo con la lengua, cielo, vamos.

Lo hizo. Nada mal por cierto.

-Mmmm, sabe a chocolate.

-Ohhh, síiiii, ¿has visto cómo te gusta, amor? Lo haces muy bien. Esto lo has hecho antes…

Se quedó quieto. Me reí.

-Es broma, cielo. Sigue, ahora baja hasta el comienzo y lámelo hasta la punta, de una pasada.

Me obedeció, incluso gemió un poco al hacerlo.

-¡Muyyyy bieeeen! ¡Cariño, estás hecho para esto!

Ahora el solito tomó la iniciativa y empezó a mamar el consolador.

-Me tienes realmente impresionada. Imagínate que es real, que es la polla de mi Jefe. ¿Qué sientes?

-Me siento humillado.

-¿Pero te gusta?

-No estoy seguro, a lo mejor.

Yo no pude resistirlo, pero ver a mi marido así, me puso tan ardiente que me empecé a tocar.

-Te voy a dejar aquí solito con la polla, cari. Cógela tú, vamos. Quiero verte desde la distancia. Espera… ponte de rodillas, así, oh sí, así, así. Perfecto.

Me senté en una butaca y me abrí de piernas. Estaba empapada. Me empecé a masturbar como una loca mientras lo observaba con atención…

-¡Quítate las medias de los ojos y mírala! ¡Así! ¡Mira lo negra que es, lo gordas que tiene las venas! ¡Cómetela, maricón! ¡Así, lámele los huevos al macho, agradécele que se folla a tu mujer como tu jamás podrías!

-Gracias por follarse a mi mujer, señor. -decía mientras lamía aquellas bolas negras de plástico flexible, húmedos y con sabor a chocolate.

La escena era insostenible. Me corrí en un torrente de placer indescriptible, la tensión que sentí en todo el cuerpo fue maravillosa.  Aquella noche dormí del tirón. El entrenamiento de mi marido para ser un cornudo consentido no podía ir mejor.

Los días siguientes fueron muy eróticos para mí. En el trabajo, mi Jefe continuaba practicando sus fantasías de dominación conmigo, obligándome a ser una perrita fiel y sumisa. Por otro lado en casa, mi marido fue aprendiendo a comportarse como un cornudo consentido, bañándome, depilándome las piernas, el sexo, ayudándome a elegir la minifalda que mejor combinaba con la blusa y a escoger el color más apropiado de las medias para cada conjunto. Comencé a enviarle mensajes Whatsapp durante mi trabajo, explicándole lo que me estaba haciendo mi Jefe en ese momento, incluso le adjuntaba fotos de su polla, para que la admirara desde la distancia. Yo estaba viviendo un mundo nuevo de puro placer contenido, ya que aún no había sida follada por mi Amo, y cada día me excitaba más la agonía de la espera.

Por fin, llegó el día. El día de mi paga.

Esa tarde llegué a casa muy nerviosa.

-¡Carlos! ¡Ven aquí! Mi Jefe llega dentro de tres horas y aún no hemos empezado a arreglarnos.

Carlos apareció con su delantal rosa y la fregona en la mano. Había estado todo el día limpiando la casa y preparando la cena para mi Jefe.

-¡Vamos dúchate que tengo que vestirte!

Entré con él en la ducha y le depilé de pies a cabeza: las axilas, el pecho, la pichita, su ano, las piernas. Todo. Luego, una vez fuera de la ducha, lo sequé y le pinté las uñas de las manos y de los pies de un fucsia brillo nada discreto. Le hice las cejas y le afeité hasta dejarle las mejillas lisas como las de una chica. Le maquillé con un interés casi mayor que cuando lo hacía para mí misma. Cuando terminé con él parecía incluso una tía sexy. Increíble lo que hacía un buen rímel y unos pintalabios efecto mojado.

-Muy guapo o guapa sería mejor decir. Ven al dormitorio.

Él me siguió y se sentó en la cama. Saqué una bolsa y lo miré.

-Te he comprado algunas cositas para la gran cita. ¿Nervioso?

-Un poco.

-Yo también estoy nerviosa, pero tranquilo.

Saqué unas braguitas tanga de tira de encaje rosa que transparentaban casi todo y se las puse. El bultito que hacía su pequeño pene era totalmente delicioso en ropa interior femenina. Luego le saqué unas medias blancas hasta el muslo con motivos de corazones rosas.

-Mira amor, estás las he conseguido en una tienda de disfraces. No ha sido fácil encontrar unas como éstas. Son bonitas, ¿no crees?

Como era delgado y tenía las piernas flacas, le estaba quedando un tipito muy fino.  Seguidamente saqué un vestido que le compré exclusivamente para la ocasión, uno de estilo “lolita”, algo más corto de lo habitual, para acentuar un poco el toque provocativo, también de color rosa y blanco, con volantes y un lazo grande en la cintura. Monísimo de la muerte.

-Espero que sea de tu talla, a ver… date la vuelta, amor.

Se lo puse. Le coloqué unos taconazos de colegiala que quitaban la respiración y le dí el toque final con una peluca larga negra con flequillo. Observé el resultado. Espectacular.  Le compré una colonia de Barbie pink de olor a talla de cassis y a rosas y le eché en el cuello y en las muñecas. El olor era de nena, nenaza. Me contuve la risa.

-Vaya, a ver si mi Jefe se va a fijar ahora más en tí que en mí, monada.

Él sonrió.

-Bien, ahora me toca a mi. Ufff, ¿qué me pongo? Qué indecisión.

Tras estar una hora alisándome el pelo con mi Ghd, comencé a probarme varios modelos. Al final me decidí por un minivestido negro con transparencias en el abdomen y la espalda al descubierto. Lo combiné con unas pantimedias Wolford negras de transparencia mate Individual 12 Stay Hip, tipo abiertas por la entrepierna, con un cruce de cintas en la cadera muy logrado. Me las puse sin braguitas, claro. Saqué del armario unas sandalias de piel, tipo plataforma de Pleaser, con un tacón de diseño estrambótico con look “culata de rifle” que me daba un aire dominatrix arrebatador. Con el maquillaje me basé sobre todo en mucha sombra de ojo y labios rojo brillo. Quería hechizar con mi mirada, tipo gata dominante y salvaje. Pegaba para lo que iba a ser la noche. Me eché unas gotitas de una fragancia afrodisíaca para atraer a los hombres. Tenía un olor intenso, muy guarro. Olía a sexo y a moda, no sé pero era así. Me encantaba.

-Bueno nena, ya estamos listas para el macho. Sígueme.

Y Carlos me siguió hasta el salón. Nuestros taconazos repiqueteaban por el parqué. Me senté en el sofá y le hice señales de que se tumbara boca abajo sobre mi regazo.

-Ven aquí, princesita, que te voy a castigar por lo maricón y cornudo que eres.

Él se tumbó y yo le levanté el vestido para dejarle el culo al aire. Así, con su tanguita de zorra.

-Mira lo poco hombre que eres, cariño. ¿Ves? -le dije y le azoté una nalga con la mano abierta.

-Sí, lo veo.

-¿No te da vergüenza que tenga que venir un hombre, un HOMBRE de verdad, para que tu mujer cobre lo que se merece?

Otro azote. Esta vez sonó fuerte. Él dió un respingo.

-Sí, pero yo no soy tan hombre como él. Entiéndelo.

-Eso no hace falta que me lo digas. Mira la pinta de nena que me llevas… Ja ja ja ja ja.

Otro azote. Duro. ¡Zas! El culo de mi marido empezaba a ponerse rojo.

-¿Te gustará ver cómo me folla mi Jefe delante de tí?

-Sí.

Otro tortazo de disciplina.

-Ohh, cariño, ese hombre me pone tan cachonda que se me moja todo el chochito al imaginar ser penetrada por él. Uhhhh, tengo tantas ganas, me muero por sentirme follada por mi Jefe. Ufff, y además delante de tí. Me enloque la idea, amor, me vuelve locaaa. -le decía hiperventilando, sin dejar de fustigarlo cada vez más rápido:- ¡Niño, malo, niño, malo! ¡Los niños no se visten como nenas! Al no ser que no seas un hombre, que te guste ver a tu mujer con otro tío, que estés dispuesto a comerle la polla a ese otro tío para agradecerle lo macho que es con tu mujercita… ¡Dímelo, amor, dímelo por Dios, dime que te gustaría chuparle la polla!

-Ohh, sí, lo sabes, lo sabes que sí.

-¡Dilo por Dios! ¡Quiero oírlo!

-¡Quiero mamársela como tú lo haces! ¡Quiero saber por qué estás tan loca por él!

-Uhhhhhh, síiiiiiii.

Otro cachete, y otro, y otro más. Fuerte, duro… ¡Zas! ¡Zas! El culito estaba ya muy rojo cuando escuchamos bramar el motor de un deportivo en la calle. Corrimos hacia la ventana, sosteniéndonos sobre los tacones como podíamos y observamos un Ferrari negro impresionante. El macho salió del coche.

-Oh Dios mío. ¡Ya está aquí! Cariño, ¿estás preparado?

-Sí, creo que sí. Estoy nervioso.

Yo me abanicaba con la mano.

-Uffff, ya viene. Oh, estoy muy húmeda. Joder, me va a salir el corazón por la boca. ¿Qué pensara cuando te vea así? Mmmmm.

Ding-dong.

Sonó el timbre…

Continuará…

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