El con Don

Sumido en su primer y único homo-polvo, Rogelio nos cuenta como en una noche cualquiera y bajo el efecto del “Oso” (Cerveza), se convirtióen la hembra de su mejor amigo… fue solo una vez pero le gustó.

Siempre supe que tenía un Don especial; desde muy pequeño fui un Casanova con las chicas, tenía a la que quería cuando la quería y como la quería, no se puede negar que mi físico ayudaba ¡Soy un tipazo! Y eso se lo agradezco a mi madre y a mi padre le debo la herencia de mujeriego. Crecí en una familia correcta y de principios, mi padre desde muy pequeño me enseñó como ser un machomen y todo un caballero con las chicas y por eso nunca me faltaba una.

A mis 18 años era todo un toro, follaba con mi novia Alicia al menos dos veces al día, pero es que la tipa me provocaba un morbo incontrolable, era todo una hembra, tetas grandes y paraditas, un trasero duro, piernota, caderona, piel canela, ojos cafés, cabellos castaños y con una mirada que provocaba cojeársela vestida (Sin mencionar que era una Diablita mamadora en la cama). Por eso tirábamos cada vez que podíamos y donde pudiéramos: en su habitación rosa mientras mamá tomaba una siesta (Pues a sus ojos ella y yo éramos “Los mejores amigos” y nada más) ¡ja! Si supiera que volví mujer a su hijita…

Follábamos en el carro de mi primo cuando supuestamente yo la llevaba al liceo y en realidad la llevaba al cielo con las embestidas de mi verga; en mi habitación ya que la vieja siempre estaba en el trabajo (Eso era sexo y más sexo, a veces me terminaba doliendo el pipe de tanto meterlo); en la casa de la Abuela Nora, una viejita media cegata que íbamos a cuidar todos los viernes, aunque en realidad lo menos que hacíamos era eso; y finalmente tirábamos hasta en el baño del liceo, ya en la tardecita cuando casi cerraban, Alicia se metía en el baño de machos y gozábamos sobre la poceta.

Alicia era lo máximo, en el sexo, en la casa, con un pipe en la boca, donde se parara, pero yo en el fondo sentía que algo le faltaba, tal vez algo grande y duro… ¡Coño que estoy diciendo!

Aquel fin Alicia no estaría en la ciudad y pensé que mi única salvación seria la manuela para una posible erección, ya en la tarde decidí ir a casa de mi pana del alma, el chamo Jesús (Chamo por su cara de niño) un tipo normal, tres años mayor que yo, casado, un macho hasta donde se sabia y un coge gente por excelencia; nos pusimos a ver pornos bebiendo cerveza y comiendo cotufas. Fueron una tras otra, fellatio, tríos, orgías, cogidas extremas, leche por aquí y por allá, fetichismo y un poquito de sado; fue lo que vimos hasta bien tarde en la noche cuando literalmente estábamos “vueltos mierda” ¡Tremendo error!

Él a un extremo del sofá y yo al otro, cuando terminó la ultima peli disponible, estábamos full excitados, se notaba por sobre la ropa, y verga no se que pasó en ese momento que nos miramos fijamente, de arriba abajo, con especial detenimiento en nuestras vergas paradas; yo me acerqué y sin pensarlo, sin dudarlo siquiera un momento y como si estuviera acostumbrado a hacerlo siempre, desabroché su jean y cuando vi su miembro blanco, erecto me lo llevé a la boca desesperado, casi ahogándome con el.

Estaba húmedo y caliente a la vez, cada centímetro era delicioso, en especial la puntita, allí donde mi lengua se detenía curiosa, mi pana Jesús estremecía de placer, y no se si era el maldito Oso o era que me había vuelto marico, pero esa vaina me excitaba más. Me excitaba ver como se revolcaba cuando mi boca succionaba su glande pronunciado ofreciéndome varias veces su pre-leche pegajosa y salada… uffff me encantó.

Acto seguido de esto comenzó a tocar mi cuerpo mientras me quitaba la ropa, la sudadera, mordía mis tetillas suavemente, mis jeans, besándome las bolas, y la ropa interior poniéndome boca abajo sobre el tapete. Besó mi cuello, mordió con sus labios gruesos mis orejas y lentamente emprendió un viaje en mi espalda con su lengua, lentamente probando mi sudor y a veces apretándome con los dientes, así llegó a mi ano nervioso, pero a la vez preparado, lo lamió con círculos alrededor, su lengua intrépida humedecía todo mi hoyo, sus labios trataban de morder mis nalgas solo para excitarme más, para relajarme, pero sí se sentía tan rico que me relajé completamente.

Pues así con el terreno preparado, me penetró, al principio fue un grito de dolor pera ahora eran gemidos de placer, al principio fue sutil y luego sus embestidas aumentaron más y más rápido, más y más rico, me cojió como si fuera su mujer, me cogió como yo me cogía a Alicia; fue una de las experiencias más excitantes para mi sexualmente hablando, al terminar de cogerme se acercó a mi boca y acabó allí dentro, yo recibí sediento y cansado su ofrenda liquida y como aun yo estaba excitado, lo besé, mordiendo sus labios, compartiendo líquidos, saliva, leche, todo junto. Así yo también acabé, sobre su pecho, mi leche tibia lo premió por la cogida.

Dormimos, roncamos; cuando desperté, el efecto había pasado y al ver la escena, agarré mis trapos, me bañé, no podíamos creer lo que había pasado, nunca se habló del tema, salí y regresé a casa… fue solo una vez… era mi Don, el Don que había descubierto con mi pana. Sigo amando y follando desesperadamente y con la misma intensidad a mi hembra Alicia, no me gustan los hombres, soy heterosexual pero a veces recuerdo y todavía me da morbo… era mi Don… yo, el con Don.

Rogelio descubrió que no solo era coger y dar placer; sino que también él podía recibir y complacerse con el mismo disfrute.

Autor: Rogelio

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