Nora, mi sobrina nieta

Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo. Se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina. Tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada.

Mi nombre es Roque, soy viudo y vivo solo, tengo una sola hermana, Dora, quien tiene unos años menos que yo. Dora vino un día a verme trayéndome una preocupación.

– Roque: Nora mi nieta, tu sobrina nieta de 18 años, está por ir con la división a Bariloche en el viaje de egresados, ella es virgen y tiene miedo, pues a su hermana en esos viajes la desvirgaron mal y quedó muy resentida, mi hija nunca supo nada, pero a mí y a su hermanita nos contó todo y con lujo de detalles.  La nena vino a mí porque está decidida a perder la virginidad sea como sea, pero que no sea traumática como su hermana.

-Y ¿Qué quieres que haga yo? Pregunté.-Tú eres un hombre grande y muy experimentado, sé que sabrás resolverme el problema.-¿Qué quieres? ¿Qué me la coja yo y que me metan preso por incesto? -Roque yo le conté de vos y me confesó que desea hacerlo contigo.-Mira esta tarde vengo con ella de visita y vemos, ¡Sin compromiso! – ¡De acuerdo!

Dora me dejó intrigado ya que yo no llegaba a entenderla. Ella llegó con Nora mi sobrina nieta, una chica muy hermosa, a primera vista aparentaba tener más de 18 años pues sus formas estaban bien desarrolladas. Conversamos casi 2 horas entre los tres, hasta que llegamos a la conclusión de que ¡yo! tendría la misión de romperle el himen y liberarla de los acosos masculinos.

Quedamos con Dora y su nieta en que se quedarían a pasar la noche en mi casa y así lo hicimos, yo dormiría solo en mi cama matrimonial y Dora y la chica en la habitación de huéspedes.

Después de cenar, como a la medianoche decidimos ir a acostarnos, yo me tomé un rato para leer un poco, luego apagué la luz y me dispuse a dormir. Como a la una de la mañana. Siento que alguien se mete en mi cama, enciendo el velador y veo a mi nietita que me mira sonriente mientras se acomoda junto a mí. ¿Puedo dormir con vos? ¿Si no es molestia? Me preguntó. Yo abriendo las cobijas la invité a mi lado izquierdo (el lugar que reservo a mis compañías femeninas). Nora se acomodó junto a mí, apagué la luz y me quedé quietito, la muchacha olía a un perfume dulce, delicioso, yo me contenía las ganas de tocarla, ansioso esperé a que la muchacha tomara la iniciativa.

Pasaron unos diez minutos y como yo permanecía quieto y en silencio la muchacha comenzó a arrimar su cuerpo contra el mío y a pasar su mano suavemente por mi pecho, yo  respondí colocando mi mano derecha sobre la mano de ella, se la acaricié un poquito y luego la subí por su brazo hasta su hombro, luego pasé las puntas de mis dedos suavemente por sus cabellos, su cabeza y luego la bajé lentamente por su espalda, ya que estaba de costado cara hacia mí.

Mientras sentía sus pechos firmes contra mi brazo y su pubis contra mi mano izquierda como buscando mimos, yo fui apoyando el dorso de esa mano y antebrazo contra su vientre, luego abriendo mi mano la apoyé sobre la parte interior de su muslo, la muchacha aferró mi mano con la suya apretándola contra su vulva y levantando su pierna izquierda dejó su femineidad a mi disposición.

Giró quedando acostada boca arriba en la oscuridad y yo de costado hacia ella, con mi mano derecha comencé a acariciar su muslo derecho y fui subiendo, la detuve justo antes de tocarle la vulva, Nora tenía puesto sólo un camisoncito liviano, corrí mi mano por debajo del camisón directamente a su pecho, me detuve un momento acariciando sus tetas, luego su vientre y su vulva, esta estaba depiladita.

Nora buscó con su mano derecha dentro de mis calzoncillos aferrando mi pija con su suave mano. Por supuesto que mi erección es escasa con mis 66 años. Me incorporé en la cama colocándome de rodillas a los pies de ella, tomándola de sus tobillos puse sus piernas sobre mis hombros apoyando su vulva contra mi pecho, luego apoyé mis manos sobre los posteriores de sus rodillas logrando exponer lo más posible su vulva. En la oscuridad me imaginaba yo con 40 años menos con este bocadito…

Como de mi pija no puedo esperar un milagro, me quité la prótesis dental y comencé a lamer suavemente su vulva y sus alrededores. Nora comenzó a entrar como en trance, tomándome de los cabellos me atraía fuertemente contra su vulva deseosa de caricias.

Comencé a darle un placer especial, con la punta de mi lengua recorrí todo el entorno de sus tiernos genitales, seguí pasando mi húmeda lengua por las ingles, por su vientre, por las partes internas de sus nalgas, de pronto me detenía y separaba mi boca unos centímetros de su cuerpo, con la lengua me humedecía bastante mis labios  para volver a acariciarla con mi boca desde otro punto de su cuerpo causándole tiernas cosquillas que ella disfrutaba tanto que no pudo evitar un brutal orgasmo, luego abriendo bien mi boca se la apoyé suavemente sobre su vulva cubriendo toda su conchita y casi el culo también.

Con la lengua encogida dentro de mi boca fui recorriendo toda su rajita y jugué un rato con su clítoris, la muchacha gemía enloquecida de placer, entonces decidí que era el momento preciso para el “desvirgue”. En mi boca tenía toda su vulva. Por los lados de su cuerpo se encontraron nuestras manos aferrándonos, tirábamos para apretarnos el uno contra el otro.

Mi lengua buscó suavemente el himen hasta que lo ubicó y con la punta lo inspeccioné minuciosamente y luego comencé a introducirla hacia el interior de su vagina moviéndola de un lado a otro y de arriba abajo. Nora se contorsionaba de gozo, mi lengua siguió ganando terreno dentro de su vagina hasta que llegó al útero, en eso sentí gusto a sangre causado por la rotura del himen. Nora no sé por qué motivo tosió causando que dentro de su vagina unos músculos me apretara la lengua expulsándola de su interior, inmediatamente volví a penetrarla fuertemente con mi lengua llenando todo su interior.

Ella tras unos movimientos logró otro brutal orgasmo que casi cae desmayada. Al reponerse un poco Nora se puso a llorar, feliz y agradecida. Estuvo abrazada a mí un rato, apretando su cuerpo desnudo contra el mío, yo tenía puesto el calzoncillo, ella puso su mano sobre mi bulto acariciándolo suavemente me preguntó: ¿Abuelo, me vas a poner esta? No “mujercita” eso lo dejo para el feliz muchacho que ames, ahora ve y dile a tu abuela que quisiera “conversar” con ella.

Nora se levantó de la cama encendió la luz y salió de la habitación volviendo con su abuela contándole lo feliz que se sentía. Dora entró, me abrazó emocionada y luego me agradeció “amándonos” intensamente el resto de la noche, tal como lo hacíamos desde hace muchos años, era nuestro secreto.

Autor: Roque

Me gusta / No me gusta

Dora, flor de mujer

La cogí un rato más, pero la verdad no aguanté más, me salí, ella se agachó, me la agarró y me la empezó a chupar, yo con las manos en la cintura la miraba, el espectáculo era increíble, una mujer madura, bastante buena, con una cara viciosa terrible me la chupaba y me la frotaba para hacerme acabar, no aguantaba.

Era jueves, había salido tarde de la oficina y pensé, ¿qué puedo cenar esta noche?, la plata en la billetera no era mucha, pero tenía la tarjeta sin gastos y decidí agasajarme con una buena cena. Caminé unas cuadras, me tomé el colectivo, bajé en Santa Fe y Godoy Cruz y caminé hasta el Jumbo.

Agarré un chango y empecé a caminar entre las góndolas, miré que comer y pensaba como lo iba a comer, al horno, a la parrilla, la noche estaba buena, temperatura media, poco viento y lindo para prender un poco de fuego y comerme algo. Mientras caminaba pensaba que también podía alquilar una película para ver. Había algunas que tenía ganas de ver nuevamente. Pero no me decía.

Pasé por la góndola de pastas y cuando levanté la vista, una señora, bien arreglada me miró, y sentí que cuando lo hizo me dolían los ojos. Castaña, de unos 45 años, tacos altos, engañoso, pero tenía lindas piernas, bien vestida aunque se notaba que tenía unos kilos de más, muy linda de cara, pero cara de viciosa, buenas tetas, y culo algo grande, pero que te hacía mirar inevitablemente, bajé la mirada porque la verdad es que no pude sostenerla y cuando me pasó, me di vuelta, la miré y pensé, ¡qué actitud tiene esta mujer!…

Seguí mi camino, mirando y pensando que cenar y a los 10 minutos me la volví a encontrar en otro pasillo, nos miramos nuevamente, le sonreí y ella me devolvió la sonrisa y ahí sí, le sostuve la mirada y con descaro le miré las tetas… seguí mi camino. Cuando había decidido qué comer y estaba buscando la salsa para la pasta, me hablan de atrás diciéndome:

-Sorentinos… mmmmm te sugiero salsa rosa… quedan muy bien.

Me asusté porque estaba muy concentrado y giré sobre mismo rápidamente para identificar quien era. Era ella que con una sonrisa me dijo:

-Discúlpame, no te quise asustar… era una sugerencia. -Nooooo, ¡todo bien! es que no te vi y estaba concentrado viendo que hacía. ¿Así que rosa? Si la verdad es una buena idea, voy a ir a comprar la crema. Si no tenés algo mejor que hacer te invito a cenar…- La verdad que, aunque soy bastante caradura, no sé cómo me animé a encararla así. –Jajaja. Que atrevido… pero bueno,  ¡dale! acepto, me gusta la idea. Pero si no tenés problemas vamos a mi casa. –Bueno, pero antes pasamos por la mía porque tengo que dejar algunas cosas, a menos que vos me traigas, yo no tengo auto. -Sí, no hay drama.

Compramos las otras cosas, mientras hablábamos y nos poníamos al corriente de nuestras vidas. Ella, 45 años, se llamaba Dora, separada en segundas nupcias, Abogada, trabajaba en el departamento de legales de una empresa importante. 3 hijos. Buena onda, muy linda sonrisa, culta y bastante actualizada, muy, muy piola. Caminamos, llegamos a la caja, pagamos y fuimos al estacionamiento a buscar su auto. Guardamos las cosas, entramos.

-¿Donde vivís vos?  -Acá cerca…toma por Cabildo y yo te aviso cuando doblás…

Mientras manejaba, la miraba, hablábamos y le miraba las tetas, eran grandes, muy lindas. Cuando levanté la vista, mi mirada se encontró con la de ella y me sonrió.

-¿Son nuevas? -¿Si, se notan? Tienen 1 año, me las hice antes de separarme, me decidí porque las tenía bastante caídas y me las quise operar, la verdad me gusta cómo me quedaron, ¿vos que pensás? -¡La verdad están muy bien! -¿Si? gracias y tienen poco uso…

Uffff decirme eso y que se me parara la pija fue una sola cosa, me tomó 1 segundo imaginarme todo. Al rato me dijo que mejor fuéramos a su casa, si había algo perecedero lo poníamos en la heladera y después lo sacábamos cuando me traía. Después un rato llegamos a su casa, ella vivía en zona norte, muy linda casa, muy lindo barrio, entramos. Dejamos las cosas y me puse a cocinar, empecé a sacar las cosas y a colocarlas sobre la mesada.

-Tenés agua, tengo sed. -Si sacá de la heladera, ahí arriba tenés vasos.

Saqué el vaso, abrí la heladera me agaché para sacar la botella y cuando me levanté ella estaba con unas bolsas atrás de mí y entonces al girar me la llevé puesta levemente, la miré y ahí nomas le estampé un beso a media lengua. Ella apoyó las bolsas en el piso, y con las dos manos me agarró de la nuca y casi literalmente me comió la boca a besos, su lengua ancha, me la pasaba por toda la boca, me metía la lengua hasta al fondo, me recorría toda la boca, me daba besos profundos babosos. Yo seguía con la botella de agua en una mano y el vaso en la otra. Se despegó de mí y me miró.

-Huuyyy que lindo, no te podés mover… todo para mí… – ¿Ehhh? ¿Qué?

Se agachó… sin mediar tiempo a nada y yo sin entrar en razón, bajó el cierre, me desabrochó el pantalón, bajó el calzoncillo y me agarró la pija que ya me dolía de lo parada que estaba.

-Veo que no tenés drama, vas al grano directamente, sos mujer de armas tomar. -Lindo, a mi edad, jugar al romanticismo es para otra cosa, yo tengo ganas de coger y de cogerte, hace rato que no me como una pija y esta me la voy devorar.

Sin medias tintas… me la empezó a chupar, le pasaba la lengua por la cabeza, me la mordía un poquito, me chupaba la cabecita, me la escupía, me la frotaba y se la metía en la boca, cuando subía me frotaba la cabeza de la pija toda mojada, y eso me ponía a mil… imposible describir la sensación. Dejé la botella y el vaso sobre la mesada, ella seguía agachada, me miraba con cara de puta, me pasaba la lengua y me miraba, sabía muy bien lo que hacía, lo tenía aprendido a la perfección. Me la volvía a escupir. Yo relajado disfrutaba, si hay algo que me gusta en el sexo y que disfruto mucho es una buena chupada de pija, no todas las mujeres lo saben hacer bien, bien y cuando un hombre se encuentra con una que lo sabe hacer hay que disfrutarlo.

-Si seguís así me vas hacer acabar y la verdad, te quiero coger… -Bueno… dale… vení…

Nos pusimos en bolas, nos sacamos la ropa y esas tetas increíbles, grandes, firmes, nuevas, la aureola del pezón oscuro medio, pezón grande, duro, se las chupé a morir, le pasé la lengua, la mordisquee, apreté, escupí y estuve ahí durante un rato largo, la senté en la mesa, yo agarré una silla y me acomodé, le corrí la tanga y me empecé a comer esa concha. Debo decir que no soy bueno chupando conchas, pero le pongo mucha garra y mucho empeño y entonces reemplazo talento por ganas y a las mujeres les gusta…

-Acabo… acabo hijo de puta… dale, dale, dale que te acabo todo en la boca… ay, hijo de puta como me las estás chupando… con que ganas… dale, dale pásame la lengua ahí… si, si méteme un dedo, ayyyy, si el otro en el orto que me encantaaaa. Dale, dale no pares… ¡por favor!

¡Acabó y como!… eso me dio tiempo a mí a relajarme un poco, porque su chupada me había dejado muy caliente… me incorporé, nos besamos… me agarró la pija, me la frotó un rato… se me puso durísima nuevamente, me senté en la silla y ella se trepó, se empezó a mover y cabalgar, no me había dado cuenta, pero seguía con los tacos puestos…

-¿Qué haces con los tacos puestos? ¡Sos una putita!-Siiii me encanta…una mujer debe ser bien, bien puta…

Me cogía con alma y vida, en cada embestida, se la metía toda adentro, se balanceaba atrás y adelante, me agarraba la nuca y me besaba, me metía toda la lengua, yo le agarraba las tetas, las masajeaba, las mordía, se la chupaba.

-Dale… puto… dame pija que quiero mucho… ¡me encanta coger!-¿Si?  ¿Y qué pasa? ¿Nadie te coge? -No, nadie hace mucho que no cojo, ¡ese consolador ya no lo aguantaba más! Dale, dale que te cojo todo…

Nos incorporamos, se puso contra la mesada de espaldas y subió una pierna a la silla, tenía toda la concha para mí, me agaché, se la chupé un rato más y se la volví a meter, todo al fondo de un tirón…

-Aaahhhgggg que hijo de puta. -Ayyyy estás empapada conchuda, no podés estar tan mojada.-Siiii te dije que estaba muy caliente y quería pija…

La empecé a coger, lento, profundo para que sintiera ella y yo también, se la sacaba toda y se la volvía a meter. La agarré del pelo…

-¿Te gusta putita? – a esa altura estaba… sacado… estaba fuera de mí… -Ayyyy si… ¡qué lindo que es coger!

La cogía con alma y vida, sin parar, fuerte que sintiera como mis bolas pegaban contra su concha… fuerte… tironeaba del pelo…

-Ayyyyy sí… aaahhhhhhggg, como me estás dando…! Aaahhhhggg. -Uuuuuffff ¿Te gusta? ¿Querés pija? Toma pija. -Ahhh… ooohhhhh, uuuhhhhhh.-¿Qué hago con todo esto que tengo aquí dentro… te lo puedo tirar en la boquita? – Ayyyyyy sii… dale… me gusta… ¡Me la das en la boquita!

La cogí un rato más… pero la verdad… no aguanté más… me salí… ella se agachó… me la agarró y me la empezó a chupar… yo con las manos en la cintura la miraba… el espectáculo era increíble… una mujer madura, bastante buena, con una cara viciosa terrible… me la chupaba y me la frotaba para hacerme acabar… no aguantaba…

-Ayyyyy acabo… acabo todo…-Mmmmm, ashhhhfg, seee, dale, mmmmm, si dale… acábame toda. Aaahhh,  chup, chup… chahha dale…

Y acabé… disparé leche para todos lados… ella muy puta, abrió la boca lo suficiente para ver cómo salía la leche de mi verga, pero lo suficiente también para no dejar que se escapara nada… ella se la comió toda, me la chupó toda, me la dejó impecable… se tragó todo…

Cocinamos, comimos y miramos tele y volvimos a coger… al final me quedé a dormir, no me fui… esa noche cogimos en el sillón, en el baño, en la cama… después de pedir y tocar y chupar me entregó el orto…

Pero eso será para otro momento.

Autor: Connor

Me gusta / No me gusta