Silvia, mi jefa

Le chupaba las tetas y me pide que se la ponga que no aguanta más, le abrí las piernas, se la clavé en la concha y comencé el balanceo acompañado por ella en uno similar, junto a sus gritos y jadeos. Viéndola en esa situación, totalmente excitada, y entregada, empecé con unos movimientos cada vez más fuertes y ella pidiendo más y más, que acabé en un orgasmo largo y excepcional.

Este relato es absolutamente real y voy a tratar de ser lo más claro y preciso posible. Es hoy en día que sigo recordando lo que pasó.

Esto ocurrió hace ya unos 12 años aproximadamente, por lo que yo tenía unos 20 años aproximadamente, textura delgada, morocho, ojos verdes, no tengo físico de deportista ni mucho menos y mi jefa, una rubia grandota, unos 40 aproximadamente. Ella, rubia, pechos grandes, turgentes y redondos, unos 110 de medida mínimamente. Piernas largas y formadas, un culo acorde a sus medidas, sin estrías, celulitis ni pozos, de cara no era muy agraciada pero en con un traste con todo lo demás, era lo que menos importaba.

Les voy a comentar un poco como empezó todo. Ella, soltera, sin compromisos, vivía sola en su departamento del centro de la ciudad. Con todo hombre que se le acercaba insinuaba algo, siempre en doble sentido, por lo que los temas de sexo eran moneda corriente en las conversaciones habituales. Y yo siempre se las seguía, por lo que siempre terminábamos calentándonos y con promesas de cumplir juntos nuestras fantasías. Peor nunca terminamos en nada, como esa noche.

Esa noche fuimos al cine los dos, como una salida habitual de amigos que éramos y luego a comer, sin insinuaciones ni nada por el estilo. Cuando la dejo en la casa, en la esquina prácticamente, y cuando me está por despedirse, apago el auto y automáticamente ella me dice:

– ¿Querés venir a casa a tomar algo?

OK, fue mi respuesta automática esperando ese momento.

Cierro el auto, caminamos los dos en silencio hasta su casa, prepara unos aperitivos que enseguida hicieron efecto pues en la cena el vino tinto corrió como agua. Acto seguido, comienzan los masajes, ella primero a mi, suaves, tiernos, alrededor del cuello y en la cabeza…. Enseguida digo… ahora te toca a vos relajarte.

Acto seguido, cambiamos de posición, siempre sentados en el piso, ella sentada delante mío, la pollera negra que le llegaba hasta la mitad de los muslos, estaba subida hasta el comienzo de su ropa interior, que dejaba verlas en todo su esplendor…

Desde mi posición, podía observarse, a través de la camisa abierta hasta el comienzo del escote, sus pechos turgentes y sus pezones erectos peleando por salir del corpiño. Comienzo con los masajes prometidos, como dije, ella sentada delante de mí, yo apoyando mi miembro, que a esa altura también peleaba por salir, en su espalda, mis piernas alrededor de la cintura de ella y los pies, haciendo fuerza en su culo, para que con la fuerza de mis masajes no se deslice para abajo. Comienzo el masaje por el cuello, lentos pero con presión, comienzo a sentir su respiración entrecortada, sus ojos cerrados demostraban total entrega.

Continúo por los hombros, cada vez más extensos, llegando casi hasta el comienzo de sus pechos, ya a esa altura, mi corazón latía a mil como mi pija que pedía auxilio. Acto seguido, ella se incorpora para besarme y yo respondo en forma inmediata besándola con total lujuria y deslizando mis manos hacia esos pechos deseados. La tomo de la cintura y la recuesto sobre el piso, sin detenernos un instante, besándonos y tocándonos todas las partes posibles del cuerpo. Intento sacar la pollera, ya a esa altura totalmente subida, y en el esfuerzo rompo el cinturón, pero eso no detiene mi acto y logro sacarla por completo, quedándose con la camisa desabrochada, el corpiño fuera de lugar y la bombacha.

Comienzo lentamente a besarle el cuello, los pechos, a morderle los pezones, y ella se dejaba hacer, entregada totalmente a mis caricias, sigo bajando lentamente, también lentamente comienzo a sacarle la bombacha y a besarle sus partes bajas, y las mismas estaban mojadas, calientes y deseosas de sexo. Ella logra sacarme el pantalón, y de un movimiento logra liberarse de mi y pasa ella a dominar la situación, chupándome la pija como fuera la última vez, diciéndome guarradas de todo tipo, y contándome que hace tiempo me deseaba y que soñaba con este momento.

Cuando estaba a punto de acabar, deja de chupar, se incorpora y me dice, vamos a la cama ¡ya! Ya en la cama empiezo a chuparle nuevamente las tetas y me pide por favor que no lo haga más, que se la ponga que no aguanta más, y yo, como buen empleado, cumplí con el pedido, me incorporé, le abrí las piernas, le agarré los tobillos, puse las piernas en mis hombros, y comencé un balanceo lento y parejo, acompañado por ella en uno similar, junto a sus gritos y jadeos.

Viéndola en esa situación, totalmente excitada, y entregada, empecé con unos movimientos cada vez más fuertes y ella pidiendo más y más, que acabé en un orgasmo largo y excepcional.

Nos quedamos abrazados un buen rato fumándonos un cigarrillo cada uno. Al rato nos incorporamos y volvimos al living, a seguir disfrutando de los tragos que habíamos preparado al llegar. No pasó mucho tiempo que mi amigo empezó a pedir guerra nuevamente y Silvia se dio cuenta, abalanzándose enseguida a besarlo y a jugar con él. Lo suelta, me mira a los ojos, se da vuelta y se pone estilo perro, abriéndose de piernas, con el culo hacia donde yo estaba y tocándoselo me dice:

– Vení, quiero así…

Y se moja los labios con su lengua. Ni pensarlo que estaba ya besando y dilatando ese agujero rosado que se me estaba ofreciendo delante de mis ojos y colocando la punta de mi pija sobre la entrada del mismo, primero suave y enseguida de un golpe lo metí entero, primero ella gritó de dolor, diciendo, me matas, pero enseguida empezó a pedir por favor que no parara nunca…

Mientras bombeaba acariciaba sus tetas que caían cual fruto del árbol, acabó ella con un grito largo y profundo y detrás de ella, lo hice yo, llenando el poco espacio que quedaba entre el agujero del culo y la pija del suave néctar, rebalsando y cayendo como cuando se llena una copa, por las piernas de mi dama.

Culminamos la noche descansando un poco y con promesas de repetir. Lo cual pasó, pero eso, en otro relato.

Autor: Dragondefe

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