Solo me faltaba esto

Me fui apoyando en su pijota para hacerla entrar en mi cuevar, yo la quería adentro. Así, me metí hasta donde me dio el placer aquello tan duro y enorme…nunca pensé, pero la tenía adentro y quería que nunca terminara ese momento de placer. Y lo grité a los cuatro vientos. Lo dije una y otra vez, les pedí que no me la sacaran, que me quería morir con aquello adentro gozando y gozando.

Exclamé con bronca al no poder abrir la puerta de nuestro departamento. El día había sido trajinado en la oficina, perdí tiempo en el supermercado, ya era hora de estar en mi hogar, para reponer fuerzas, cocinar y esperar a mi marido. Algo se ha trabado aquí … y no puedo, no puedo…

– ¿Algo pasó a usté? – retumbó la sonora voz de un moreno que era nuevo vecino en nuestro piso. Único vecino. -…Es que no puedo… Dije…- Mientras volvía a retorcer la llave trabada.

Allí en cuclillas traté de recomponerme porque en el afán de solucionar mi problema, había dejado mis cosas en el piso, y eso no era grave, tenía la ropa desalineada, principalmente, la blusa de la cual se me habían volado unos cuantos botones y dejaba ver mis pechos muy fácilmente.

– Yo abro usted – volvió a ofrecerse el fornido muchacho.

Ese muchacho, del cual cuando se mudó, le permitió a mi esposo bromear de que ahora tendría cerca uno de esos buenos sementales, como para intentar jugar con alguien extra en nuestra cama. Porque cualquiera se daba cuenta de que era uno de esos bestias inmensos de esos que aparecen en las películas con blancas desenfrenadas y mi esposo nunca había perdido esa costumbre de buscar variantes para provocarme.No pensé en eso en ese momento, solo en solucionar mi problema. Acepté su ofrecimiento, y corrí mi ser junto a la pared.

El tomó mi lugar, pero solo al arrimarse me turbó, por su mirada puesta en mis escotes indecentes y en su presencia tan varonil y ruda como agradable. En un clic, clic, clic abrió la puerta de par en par, se paró ya con mi cartera en la mano y haciendo una gran reverencia me ofreció pasar a mi propia casa. Entré satisfecha de la ayuda, pero nuevamente me percaté que el muchacho me mira de adelante y de atrás sin ningún indicio de recato. Quizás ellos tengan esa costumbre, opinó mi esposo luego que se lo contara.

Era de Malasia, casado, pero aun no venía su mujer y se dedicarían a oficios “manuales” de los cuales eran especialistas estudiosos. Ah…dije, como entendida aunque no sabía a que se dedicaban. El miró atentamente nuestro living, apreció cuadros y esculturas y luego de terminar el refrigerio que le serví, se fue saludando cortésmente. Timmo fue muy educado. Mi esposo me dijo, que en realidad tendría yo que haberlo invitado a cenar, pero a mí no me pareció necesario.

Yo no trabajo los sábados, mi esposo Edu, si. Edu, me llamó cerca del medio día, y me dijo que se había encontrado con Timmo, casualmente, le había agradecido el gesto de días antes y que estaba invitado al medio día. Ah, ¡yo no me voy a poner a cocinar ahora!, y no lo hice, pedí un menú livianito y empanadas, que con buen vino, podríamos agasajar al malayo Timmo. No soy una boluda, y no me fue difícil intuir que Edu estaba tramando un intento de lo que sabía muy bien, yo no participaría. Porque si bien dije, no soy boluda tampoco soy una de esas que se dejaría manosear por cualquiera.

Y así fue, que Timmo vino como a las dos de la tarde, ya Edu, se había comido algunas entraditas y estaba por su segunda copa de vino Shiraz. Así que Edu y Timmo departieron un largo y entretenido diálogo, donde pude enterarme de que eran estilistas de físiculturismo, que practicaban relax y esas cosas de spa y otras yerbas. Todo mezclado con chistes sobre mujeres, y casas subiditas de tono. Y de pronto la conversación eran los físicos de las mujeres y cayeron justo en el mío, poniéndose a describirme uno y a imaginarse el otro.

El calorcito era intenso, las empanadas riquísimas y el vino estaba haciendo de las suyas ya que yo estaba alegre festejando las ocurrencias de ambos, y más aun cuando se trataba de mi integridad física. Y la cosa se fue poniendo…Espesa…

-Y tiene un físico como para el placer- dijo Edu. – Y sin duda si se la motiva debe encender candiles de fuego- dijo el otro. – ¿Le regalarías una sección de esas que describes tú? ¿Ahora Timmo? – Sin dudas les demostraría cuan diferente es todo con motivación adecuada- dijo calmo. -No se…dije…pero muy dubitativamente. -¡Vamos Marcela, ve a recostarte que quiero ver lo que hace este amigo!

No se bien, si Edu estaba excitado o tomado, pero lo estaba diciendo con seguridad. Y yo…que tenía ya a esa altura, cierto morbo, por saber que era lo que hacía realmente ese muchacho, que sabía que mi marido estaba desde hace tiempo entusiasmado por saber si él sentiría lo mismo que dicen sentir otros hombres cuando le tocan a su mujer, – porque otra cosa se, que no pasaría – aunque en mis fueron íntimos, cuando veía las porno que Edu traía, yo sentía envidia de esas mujeres con varios hombres…. Y me calentaba.

Saqué la fina colcha de la cama de huéspedes y me extendí sobre la cama, pero no tardé en darme cuenta de que debía haber dejado una sábana arriba suelta, y verán porque. Timmo comenzó su tarea relajante, y mi esposo ocupó el silloncito del rincón. Pronto me dio un masajito en los pies desnudos. Me pidió abriera la blusa la que quitó estando yo tendida de espaldas a él. Eso preservaría mi delantera. Mis senos son algo exuberantes para mi cuerpo delgado, y sobresalen fácilmente. Así fui lentamente recorrida en toda mi espalda por pequeños toques, golpecitos y apretones de las manos del malayo.

Desabrochó el cierre de mi pollera y bajó esta dejándome tan solo con una bikini fucsia que además de pequeña es transparente. Tuve sensaciones picantes y un cosquilleo intenso en mi estómago, cuando Timmo pasó las manos sobre mis nalgas y hasta cacheteó los glúteos. El malayo parecía tener varias manos, porque lo sentía al mismo tiempo sobre mis piernas, caderas y espalda. Se fue tornando delicadamente delicioso. Así fue frotando una vez y otra vez, desde mis pies hasta el cuello, pero en cada viaje descubría partes inexploradas por sus agradables dedos. Cada vez, iban más profundo sobre la cama, masajeando ya mi barriguita, y algo más que mi costado, pues tomaba gran parte de mis lolas en sus pases y pases.

También fue lentamente separando mis piernas, y ya no solo era mi cola, sino que su mano pasaba por entre mis piernas y seducía mi vientre. Mis ojos se cerraron, dejándome llevar por aquello que dejó de preocuparme ya que era muchísimo más fuerte el placer que sentía en lo más profundo de mis sentidos. Yo no sabría decir que fue primero, pero sí que estaba como sumida en un paraíso cuando me percaté que ya sus manos circulaban por debajo de mi bikini y sus dedos habían abierto los labios de mi vagina, incordiando a mi clítoris de tal modo que se estaba poniendo durísimo. También sus manos en la subida, pasaban por debajo de mi cuerpo, sometiendo a mis senos a un riguroso tanteo, que siempre terminaba en la punta de los pezones. Ni hablar que yo ya estaba respirando entre gemido y gemido.

Cuando llevó una de mis piernas hacia delante, juntando la rodilla con mi brazo, tenía sin dudas un panorama total de mi sexo, que por la acción referida se había levantado levemente. Timmo, me masturbaba ya con constancia, y metía algunos de sus dedos en mi vagina. Yo estaba en el limbo de los deseos, recontraentregada a sus hazañas. Con una sola mano, hurgaba en mi trasero y en la conchita a la vez. Pronto sus palmaditas eran en mi colita, en mi espalda, vientre o directamente sobre mi expuesto clítoris que ahora ardía de frenesí.

Tenía yo ya espasmos que pronosticaban una violenta explosión, y me aferré a los barrotes de la cama de huéspedes, abrí bien los ojos y vi a mi Edu extasiado filmando la escena. ¡Hijo de puta! Le dije, sos un reverendo hijo de puta, amorcito mío… Y cerré los ojos ante el avance de la lava más ardiente que pueda orgazmar una mujer poseída por la recontramilcalentura inimaginable. Timmo me sacó con sus manos mares de jugos calientes que fluyeron desde lo más profundo de mi calentura.

Nunca había gozado de esa manera y nunca lo había hecho tanto. Así se lo hice saber a Edu, cuando Timmo se fue. Allí ahora tapada, dormí una larguísima siesta de sábado a la tarde. Me despertó Edu, con un refrigerio y diciéndome que la ducha estaba lista. Tuve una hora bajo el agua reparadora, y salí espléndida del baño. Espléndida en cuanto a cómo me sentía, y espléndida envuelta en un gran tallón rosa.

Suponiendo que Edu, estaría esperándome en nuestro dormitorio, fui hacia nuestra alcoba. Entré, y fue enorme mi sorpresa ya que Edu estaba recostado sobre un costado de la cama, totalmente desnudo, y en el otro extremo también totalmente desnudo estaba Timmo.

– Ven Marcela, que ahora si compartiremos la fiesta. – Que locos, dije…porque no sabía que podía decir.

Me subí a la cama desde la parte trasera, y ya ellos tomaron posición. Mientras me ayudaban a quitar el toallón, Edu acarició mis piernas y besó mis nalgas, para lamer mis piernas, entrepiernas e ir por su vicio. Lengüetearme la conchita.

Yo quedé frente a Timmo, y sin dudas este sabía que era lo que vendría, porque levantó su morcilluda poronga para primero golpearla en mis tetas y luego entregarla a mis manos que la sobaron antes de que mi boca comenzara a recorrerle todo su firmamento.

Tenía ante mí la polla más grande que había visto en mi vida, gruesa, larga, dura y respingada, ya hacia arriba con solo un par de besitos recibidos. Pensando que sería imposible que aquello tan grande entrara en mi coño me lo comencé a mamar como puta, mi esposo no me veía, porque estaba metido debajo de mi coño. No sabía yo que dos cámaras nos estaban filmando. Así estuvimos un rato encantador.

Para cuando me giraron, yo contuve el aliento, y me tranquilicé cuando noté que Timmo tomaba mis caderas para besar mis partes… Y me gustó mucho. Me dediqué a mamar a mi Edu, al que viendo que tenía la polla durísima le pedí que me la metiera, porque no quería probar algo del malayo ya que era demoledor.

Así fue que otra vez girada, pero ya muy caliente, sentí como mi esposo me ensartó con sus ganas y las mías, ya que era la primera polla que recibía ese caliente sábado. Timmo franeleó con su pijota en mis tetas, me la dio a chupar y lo masturbé pensando en acabarlo, pero lo que logré es que se le pusiera enorme y durísima.

Mi esposo me la sacó, aun cuando yo lo estaba disfrutando y giro hacia el otro lado de la cama. Timmo se cruzó con él, y yo allí, empantanada, supe prever lo que se venía. Timmo intentaría meterme aquel follón inmenso…y ya el enorme capullo de su pija, rozaba mi conchita recién abierta por mi esposo.

Cariñosamente Timmo, acarició mi espalda, mi cintura, mi caderas y me hamacó hacia delante y atrás, como para jugar así, con la punta de su pollón…, es más, fue abrumadora la falta de criterio que una tiene cuando está tan caliente, porque me fui apoyando cada vez más fuerte en su pijota para hacerla entrar en mi cueva. Evidentemente, que pese al miedo, al dolor que podría venir, yo la quería adentro. Así, me metí hasta donde me dio el placer aquello tan duro y enorme…nunca pensé, pero la tenía adentro y quería que nunca terminara ese momento de placer. Y lo grité a los cuatro vientos. Lo dije una y otra vez, les pedí que no me la sacaran, que me quisiera morir con aquello adentro gozando y gozando.

Es notable como una puede pasar de ser una señora recatada a una hembra degenerada y putona, porque acabé como si fuera una yegua, lo hice varias veces y seguí pidiendo más. Era evidente que aquello de la tarde había influido en ponerme más loca sexualmente.

No bien Timmo me la sacó, le pedí a mi marido tomara su lugar, y así, mojándole la pija a Edu, le indiqué que me abriera el trasero. Lo hizo con una facilidad pocas veces lograda. Eso era lo que yo esperaba, porque me gustaba coger por el culito.

Así que me monté a Timmo, y mi Edu me la volvió a dar por detrás. Fueron otra vez como las de la tarde unas acabadas enormes, que nunca había tenido en mi vida. No hubiera querido que esa noche terminara, pero el cansancio terminó por llamarme a la realidad.

Estábamos ya otra vez en el living, después de haber terminado las empanadas y tomado unas copitas de vino. Con una pierna sobre el sillón y la otra extendida al aire, me hacía follar por Timmo suavemente, dejando entrar y salir aquel vergón inmenso, que tenía la virtud de derretir mis mieles haciéndome correr a cada rato…aunque al final ya no me quedaban gotitas.

Fue la primera vez también, que tuve que decir, basta, basta por hoy.

Me habían calentado y recogido como nunca. Nunca pude olvidar ese sábado. Porque fue el primer regalo que me hizo mi marido a nuestra sexualidad formal, que pasó a ser desde entonces sexualidad feliz…

Autora: Marianella

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC

Siempre Compartiendo…

Me gusta / No me gusta