Hermanos II

Sentía el sudor de su cuerpo. Sentía como sus piernas se entrelazaban con las mías para poder entrar más. Oía su respiración entrecortarse y entonces supe que estaba cerca de venirse. Empecé a colear más fuerte, quería hacerlo gozar, quería que él disfrutara mi culo como yo disfrutaba su verga. Su respiración seguía cortándose y cuando comenzó a venirse dejó ir toda su paloma dentro de mí.

Bueno, como muchos sabrán ya hace unos años yo comencé a tener sexo con mi hermano Edgardo. Después de la primera sesión, él se fue del país, en todo ese tiempo nos intercambiábamos correos constantemente hablando de toda nuestra vida y de lo que había pasado entre nosotros

Un día, mi padre anunció que Edgardo regresaba al país en dos días y que se quedaría todo un mes. Basta con decir que yo no cabía de la alegría. Había estado soñando con su regreso durante mucho tiempo, así que estaba seguro que teníamos que aprovechar cada segundo juntos.

Dado que en mi casa solo hay dos cuartos, Edgardo tenía que dormir en el mío. La primera vez que estuvo en el país no se estuvo mucho tiempo y dormía en el sofá, pero yo me encargué de convencer a mis padres que no era justo que nuestro invitado pasara todo un mes en nuestra sala. Luego de largas conversaciones, decidieron que yo tenía razón e instalaron una segunda cama en mi cuarto. Digo cama, pero en realidad solo era un colchón en el suelo en donde dormiría yo, mi hermano dormiría en mi cama.

Pase los próximos dos días sin poder dormir bien, pero finalmente la fecha llegó. Mi hermano llegó y la casa se llenó de mucha alegría, más mi padre, que lo había extrañado mucho. Mientras instalábamos todo en mi cuarto, ya preparándonos para dormir, no me pude aguantar las ganas de preguntarle a mi hermano si lo de su visita pasada se repetiría. Mi hermano me observó un poco sorprendido y me dijo que no estaba seguro, que la vez pasada fue divertida pero que él no quería confundirme con respecto a mi orientación sexual.

Me senté en la cama y lo observé firmemente mientras me quitaba la camisa para dormir (duermo en ropa interior): “Soy gay, Edgardo”, dije con tranquilidad. “Lo soy y lo era mucho antes que cogiéramos juntos”. Mi hermano me observó y me preguntó si estaba seguro. “100%”, respondí. El sonrió, “Quítate toda la ropa”, me dijo, mientras comenzó a desvestirse. Apagó la luz y se acostó junto a mí en la cama.

Estábamos los dos desnudos, sobre nuestros costados. El estaba atrás mío, y lentamente pasaba su mano por todo mi cuerpo. Me hacía temblar… No podía evitarlo. Sentía el calor de su cuerpo en mi espalda. Sentía su miembro comenzar a crecer y rozaba mi cuerpo. Estaba en éxtasis.

– ¿Quieres que te coja?, me susurró en mi oído. – Si, contesté. Mi voz temblaba al igual que yo.

Su mano siguió bajando por mi cuerpo, hasta llegar a mi miembro. Estaba en mayor esplendor. La sangre recorría los 19cm de mi verga fuertemente. Haciendo que pulsara toda. La sostuvo en su mano y comenzó a masturbarme lentamente.

Pelaba la cabeza de mi verga lentamente, apretando la cabeza a medida que subía. Rápidamente comencé a mojar. “Es más grande de lo que recordaba’, me dijo al oído. Yo ya no lo escuchaba, solo sentía el calor de su mano sobre mi pene, y sentía su verga presionar mi culo…. Estaba en la gloria.

Mis ojos estaban cerrados, no quería ni moverme por miedo a que aquel placer desapareciera en un instante. Empecé a jadear con cada roce que sentía. No podía evitarlo, simplemente pasaba. Empecé a mover mi culo en círculos para guiar su verga a mi ano, podía sentir como el mojaba también.

– ¡Que rico!”, pensaba. ¡Que rico siento!

Mi boca se abría un poco más para dejar salir otro pujido.

– ¿Te gusta?, me preguntó al oído.- Tú sabes que si, no pares por favor, respondí.

Seguía moviendo mi cadera en círculos. Sus manos seguían recorriendo mi cuerpo, haciéndome sentir vivo. De pronto, el calor de su verga había llegado a mi ano. Y empezaba a entrar. La sensación era placentera. Sus manos me sujetaban el estómago y empezó a apretarme a su cuerpo y su verga seguía entrando. Lo oía gemir detrás de mí.

– ¿Estás bien?, me preguntó al oído. – Perfectamente, contesté… No pares, por favor.

Empezó a moverse más rápido. Sus labios besaban mis oído y mi nuca. Yo solo podia pensar en el placer que sentía. Habia esperado 4 años para tenerlo dentro de mí de nuevo, y al fin mi sueño se cumplía. Su mano me masturbaba lentamente.

– Que rico culito tenés, hermanito, me decía al oído. ¿Te gusta esta verga verdad?

Oírlo hablar así me sorprendió por un momento, pero me encantaba oírlo. Me excitaba más y me calentaba la sangre. “Si me encanta”, contesté, “Cogeme más fuerte”.

Edgardo empezó a moverse más rápido. Cada vez que entraba no podia evitar dejar salir un pujido de mi boca. “Me encanta como pujas”, me decía. “Me encanta oírte pujar”. Trataba de complacerlo, trataba de pujar más fuerte para que se excitara más, pero no quería despertar a mis padres. Pero el intento parecía funcionar, Edgardo empezó a cogerme de una forma espectacular. Cada vez más fuerte, cada vez más adentro.

Podia sentir como su verga entraba y salía de mi con facilidad. Me masturbaba fuertemente, pero cuando empecé a sentir aquella sensación conocida lo detuve. No quería acabar todavía, no quería que mi leche se desperdiciara de esa forma.

– Sigue, Edgardo, le rogaba, No pares de darme esa verga rica.

Sentía el sudor de su cuerpo en su espalda. Sentía como sus piernas se entrelazaban con las mías para poder entrar más. Oía su respiración entrecortarse y entonces supe que estaba cerca de venirse. Empecé a colear más fuerte, quería hacerlo gozar, quería que él disfrutara mi culo como yo disfrutaba su verga. Su respiración seguía cortándose y justo cuando comenzó a venirse, dejó ir toda su paloma dentro de mí. Yo solo alcancé a cerrar los ojos y morderme los labios para no dejar ir un grito de placer que hubiese despertado a todo el vecindario.

Siguió moviéndose dentro de mi hasta que salió la última gota de su leche, y luego salió su verga de mi cuerpo y se tendió boca arriba con las piernas abiertas, viendo al cielo de la casa.

– Somos amantes, ¿sabías eso?, Me preguntó.- Si lo sé, le contesté, mientras me reacomodaba en la cama.- Me gusta cogerte, contestó él. Me masturbé muchas veces pensando en cómo lo hicimos la última vez.- Pues ahora podemos hacerlo cuando queramos, le dije mientras recostaba mi cabeza en su pecho.

Hubo un momento de silencio. Un momento, en donde los dos reflexionábamos en las cosas que acaban de pasar. Sonreí y le dije. “Chúpamela”.

No perdió el tiempo, me acostó de espaldas y rápidamente tomó mi verga que ya estaba totalmente endurecida de nuevo, y la metió en su boca. El calor de su saliva sobre mi miembro era increíble. Había olvidado lo rico que lo hacía. Comenzó a succionarlo y a chuparlo rápidamente.

Mi cuerpo se arqueaba en la cama. Sus manos recorrían mi pecho y tocaban mis tetillas ligeramente, haciendo pasar electricidad por mi cuerpo. Subí mis piernas en su hombro y empecé a moverme rápidamente, para que mi verga entrara y saliera de su boca con facilidad.

– Que rico chupas hermano, susurraba. Hazlo más rápido.

Mi hermano seguía mis órdenes. Estuvo varios minutos chupándomelo, lamiendo mis testículos, que estaban inflamados por tanta leche que tenían guardados, pasando su lengua por el orificio de la punta de mi verga, haciéndome retorcer de tanto placer.

– Sigue así, Edgar, pedía, Sigue así.

Muy pronto, empecé a sentir aquella sensación conocida. Trataba de aguantarme, trataba de retrasar ese momento lo más que podia, pero el placer era incontenible. Mis manos buscaban frenéticamente una almohada porque sabía que haría mucho ruido al correrme.

– Me vengo, Edgar… Pujaba y gemía, Me vengo.

Mi hermano solo alcanzó a ponerme una almohada en la boca justo cuando empecé a venirme. Fueron tres tiros de leche, que ha de haberlo golpeado la garganta fuertemente y dos pequeños. Siguió chupándome la verga hasta que la dejó limpia y no dejó caer ni una pizca de leche en la cama.

Luego de eso, los dos nos acostamos a la par del otro. Mi hermano se quedó durante un mes esta vez, y cogimos todas las noches que estuvo allí. Cada vez más fuerte y audaz que la vez anterior… Pero esos son otros relatos.

Autor: Jairo

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Hermanos

Mi hermano seguía cogiéndome. -Mové el culo, por favor, me decía, -Ya casi me vengo. Seguí moviéndome y lo observaba por el espejo. -¿Así?”, le preguntaba. Solo asintió la cabeza. Me estaba metiendo toda esa verga y luego de un momento comenzó a venirse. Me la metió hasta el tope y cayó sobre mi cuerpo. Luego se movió hacia el lado y yo quedé boca abajo en la cama. Me dolía mi trasero.

Nunca creí que contaría lo que pasó entre Edgardo y yo, pero descubrí esta página hace unas semanas y decidí que era hora que liberara mi ser de esta anécdota. Mi nombre es Jairo, y actualmente tengo 26 años y vivo en El Salvador. Resulta que hace 5 años, mi padre (quien fue muy activo sexualmente en su juventud), anunció que llegaría a la casa mi hermano Edgardo que vive en Colombia para visitarnos durante unas semanas. Dado que yo no conocía a este hermano, mis sentimientos fueron mixtos. Había una especie de nerviosismo y emoción al saber que conocería a un miembro más de la familia.

Edgardo llegó un sábado al mediodía. Aun recuerdo la imagen que tengo de él cuando entró a la sala de nuestra casa. A sus treinta años guardaba un muy buen físico, muy fornido del pecho, delgado y bajito. Con un pelo ondulado negro y una personalidad completamente encantadora. Todo sentimiento de nerviosismo desapareció, pues era evidente que era una buena persona.

El asunto es que un día, mis padres se fueron a trabajar y yo quedé a solas con Edgardo. Desde la noche anterior habíamos hecho planes que saldríamos al centro de la ciudad para que él conociera los alrededores con mi papá, pero mi padre regresaría al mediodía así que pasamos a solas toda la mañana. Como a las ocho de la mañana me dijo que se daría una ducha y entró al baño, dejando la puerta abierta. No se que me sucedió, pero me entró una curiosidad eminente que no pude controlar. Pasé por el baño la primera vez y noté que la cortina de la regadera estaba entre abierta y alcancé a ver su trasero. Era firme como una piedra, levantadito y con poco vello en cada nalga.

Llegué a mi cuarto, y mi corazón me palpita. Sentía que se me saldría del pecho, no sabía lo que pasaba…. ¿quería ver a mi hermano desnudo? Me sorprendí a mí mismo contestando esa pregunta con un gran: Si, quiero. Sin pensarlo más, me quité la ropa y coloqué una toalla alrededor de mi cintura. Mi verga de 15 cm. estaba dura, y tuve que acomodarla para que no se me notara nada. Pasé por el baño una segunda vez y esta vez logré ver la verga de mi hermano. Está parada y a diferencia de la mía está circuncidada.

– ¿Qué haces?, preguntó Edgardo. – Alisto mi ropa para cuando salgamos luego, contesté, una vez salgas del baño me bañaré yo. – ¿Por qué no te bañas conmigo?, me dijo.

La pregunta me agarró desprevenido. No supe que contestar, allí estaba mi hermano, con el agua cayendo en su cuerpo (¡Que cuerpo!) Invitándome a ducharme con él.

– ¿Tienes miedo?, me dijo tirando un poco de agua en mi pecho.

Luego de un segundo más sonreí y dije, “No, para nada”, y me quité la toalla y entré en la ducha con él. Lo observé detenidamente mientras el agua caía en mi cabeza. Me di el gusto de observarlo por completo. Ese pecho formado con pezones parados, daban a entender que hacía mucho ejercicio. Seguí bajando mi mirada y observaba su abdomen, liso y duro. Y luego su verga, era grande y gruesa. Con una cabeza extraordinariamente grande. Nunca había visto otro pene que no fuera el mío, y me sorprendió lo mucho que me gustaba verla.

– Tienes un buen pedazo de carne allí, me dijo Edgardo señalando mi pene, que a estas alturas estaba goteado líquido preseminal. Apuesto que haces muy feliz a tus novias con ella.

Me sonrojé un poco y contesté: -No creo que sea más grande que la tuya, no pude creer que acababa de decir eso. – Bueno, veamos quien tiene la razón. Y diciendo eso, agarró mi verga (haciéndome temblar un poco) y la puso a la par de la de él (Que rico se sintió eso, pensé). -Estamos iguales, dijo él luego de medirla… Me reí un poco y comencé a enjabonarme. De pronto siento que él me enjabonaba también. Nadie me había tocado antes, me puse muy nervioso. Mientras pasaba su mano por mi cuerpo, yo pensaba tantas cosas, pero lo que más pensaba era: “Que no se detenga”. Su mano siguió recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi verga y comenzó a masturbarme lentamente. Sentía como su pene topaba con mi culo y pudo decir que me gustaba esa sensación.

– ¿Ya te han hecho sexo oral?, me preguntó. – No, respondí yo casi jadeando. – Es lo más delicioso que te puedan hacer.

Me empujó un poco para que el agua cayera directamente sobre mi cuerpo y me quitó todo el jabón, luego se mojó todo, apagó la regadera y me dijo: -Ven conmigo. Salimos del baño. El agua aun bajaba por nuestros cuerpos dejando el rastro hacia donde nos dirigíamos. Entramos a mi cuarto y me dijo: -Acuéstate en la cama. Yo obedecí. Se subió a la cama también y empezó a mamar mi verga. Mi boca se abrió para liberar un pequeño grito justo cuando sentí el calor de su boca. Apretaba los ojos fuertemente mientras él lamía todo el tronco de mi verga. Mi respiración se hacia cada vez más fuerte y él no se detenía.

– Edgardo, que rico, era lo único que podía decir.

Se detuvo un momento y empezó a chuparme lo huevos. Eso me volvió loco, lo oía gemir un poco cada vez que se metía uno a la boca. Moví mi cabeza al lado y noté que su verga había quedado justo en mi rostro… al verlo allí noté que una gota transparente salía de su cabeza y sin pensarlo dos veces me la metí a la boca. Tenía un sabor salado, a una mezcla de sal con jabón de cuerpo… Me fascinaba.

– Veo que te gusta, lo oí decir.

No contesté, solo quería complacerlo, quería complacerlo como él me había complacido a mi. Allí estábamos los dos en ese 69, disfrutándonos mutuamente cuando de pronto sentí que su mano pasaba por mi trasero. Me acariciaba el trasero. Dejé de mamarlo y miré lo que hacía. -Date la vuelta, me dijo.

Una vez más obedecí sin pensarlo. Empezó a lamerme toda la espalda, mandando electricidad por todo mi cuerpo. Una vez en mi trasero, apartó mis nalgas dejando al descubierto mi ano virgen. Bajó su cabeza y empezó pasar su lengua por mi orificio, una y otra vez. Recuerdo haber buscado una almohada para ahogar mis pujidos y gemidos pero no encontré nada…

– Te quiero coger, me dijo. – Hazlo, le dije, por favor. – Te va a doler mucho. – Hazlo, solo hazlo, supliqué.

Me dijo que me pusiera en cuatro a la orilla de la cama. Y él parado, colocó su pene en la entrada de mi culo. -Iré despacio, me dijo, si quieres que me detenga solo dilo. Terminada esa oración, comenzó a empujar. Como al tercer empujón su cabeza entró por completo. Mi boca dejó ir un grito leve. Edgardo se asustó un poco, y me preguntó: -¿Estás bien? No pude contestar inmediatamente, luego de un momento le dije que si. Y continuó entrando. Al principio me dolía mucho, pero no quería que parara, luego de un rato ya no sentía dolor, solo lo sentía a él, entrando y saliendo.

Una de sus manos había bajado a mi verga y me masturbaba cada vez que entraba en mí. -Que rico estás, me decía. -Está bien apretadito tu culo. Yo solo gemía de placer. De pronto, empecé a sentir una sensación en la base de mi verga. Era una sensación conocida para mí. -Estoy cerca, le dije. -No pares. Ahí nomás que le dije eso fue como que le hubiera dado una orden. Mi hermano empezó a metérmela más fuerte. Más duro. Había un sistema ya establecido, yo me movía también para sentirla más. La sensación se hacia más fuerte. Mi hermano gemía cada vez más fuerte. A la par de la cama había un espejo que me dejaba ver su torso y rostro. Tenía los ojos cerrados y su respiración era pesada.

La sensación era más fuerte…-Me voy a venir, dije entre gemidos. No hacía caso, lo veía por el espejo. El sudor bajando por su rostro y llegando a su pecho que se movía fuertemente. La sensación se hizo demasiado fuerte para mí y solamente dejé ir un grito que tuvo que haber llegado a la casa del vecino. Bajé mi mirada en ese instante para ver como el semen salía de mi verga, salieron como dos disparos fuertes y luego dos pequeños.

Mi hermano seguía cogiéndome. -Mové el culo, por favor, me decía, -Ya casi me vengo. Seguí moviéndome y lo observaba por el espejo. -¿Así?”, le preguntaba. Solo asintió la cabeza. Me estaba metiendo toda esa verga y luego de un momento comenzó a venirse. Me la metió hasta el tope y cayó sobre mi cuerpo. Luego se movió hacia el lado y yo quedé boca abajo en la cama. Me dolía mi trasero. El cuarto olía a sexo, si es que existe tal olor.

Había un silencio sepulcral, solo los respiros fuertes tanto de él y los míos. Me levanté y fui a bañarme de nuevo. ¿Qué acaba de pasar? Acababa de coger con mi hermano y me había encantado. Una vez que el baño terminó salí a la sala con la toalla en mi cintura y mi hermano estaba sentado en el sofá, vestido viendo televisión. Me vio, apagó la TV y tuvimos una conversación en donde quedó claro que iba a ser un secreto entre él y yo, me preguntó si me había gustado y no pude mentir. El solo sonrió.

Mi hermano se fue del país tres días después. Años después regresó para visitarnos, pero esa es otra historia.

Autor: Jairo

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