Mis dos primos y yo

Mientras Marco y Alex hacían un 69, yo follaba el culo de Alex, esa escena me excitó tanto que me corrí en su culo de inmediato, saqué mi verga cayendo toda mi leche en la cara de Marco que inmediatamente sacó su lengua para degustar mi leche, luego Marco me dijo que era su turno, quería también sentirla adentro.

Tenía unos 20 años, cuando una tarde de esas que hacen mucho calor sucedió esto, yo estaba en otra Universidad y acostumbraba llegar a casa a eso de las 3 ó 4 de la tarde, a esa hora ya no había nadie y me era fácil estar relajado por lo que acostumbraba andar en ropa interior.  Para ese entonces todavía no me había agarrado esta loca pasión por los bóxers, que ahora tengo.

La cosa es que usaba de esos acostumbrados bikinis sexy que les gustan a los chavitos de ahora. Pero no me gustaban de esos de algodón sino más bien de esos ajustados de licra que no dejan mucho a la imaginación, quizás por eso es que les gusta tanto a los chavos, la cosa es que así acostumbraba andar, en mi casa solo y sin nadie, de vez en cuando pasaba frente a un espejo que estaba por la sala, me excitaba al verme y me masturbaba con muchas ganas hasta unas 2 veces.

Volviendo al Relato esa tarde estaba yo temprano en casa y vi como mi tía se iba de la casa a hacer unas compras y me dijo que habían llegado mis primos de otra ciudad, a los que ya hacía como 4 años no veía y me imaginé que estos chavos estarían de lo más aburridos, cuál fue mi sorpresa al ver a mis primos convertidos en todos unos hombrecitos, uno tenía 18 y el otro 19, se veían de lo mejor, me vieron y me abrazaron al verme llegar, siempre cuando vivíamos juntos fuimos muy unidos. Alex y Marcos siempre habían sido unos chavos muy bien proporcionados, pero ahora estaban mucho mejor que antes, yo los abracé y me senté en el sillón a hablar con ellos, me comenzaron a contar de sus vidas y sus novias.

En una de esas, por el calor, les dije que bajaría en un momento, que tomaría una ducha para refrescarme, el calor era impactante, subí a mi cuarto y me quité le ropa y de pensar en mis primitos me encendí muy rápido y se me notaba un poco de erección, decidí entrar rápido al baño y ducharme un largo rato para que se me pasara la calentura. Tendría unos 25 minutos de estar en la ducha, cuando siento una mano en mi espalda, me doy vuelta, del susto solté un golpe, era Alex que estaba completamente desnudo tras de mí, lo veo con cara de susto y le digo: ¿Oye que pasa? Él me responde: Hola primito lindo, puedo ducharme contigo es que… yo también tengo calor, me quedé mudo y me abrazó.

Aaaaaaaahhhhh que piel más suave la que tenía y más atrás de él veo a Marcos quitándose la ropa y me dice: yo también me quiero quitar el calor… entró en el baño y comenzó ahí mismo una amasada de locos en la que nos besamos y tocamos por todos lados. Ellos en realidad estaban buenísimos, Alex era el más alto aunque era el menor y Marcos tenía una verga de 21 cm que mmmmm… buenísima imagínense.

Alex tomó mi verga que mide 19cm, no era nada en comparación de la de mis primitos, bueno se la metió a la boca y comenzó a mamar y a mamar, así como loco… mmmm… fue algo increíble, mientras Marcos me besaba como loco y casi me dejaba sin aliento, yo le agarraba la verga y se la pajeaba de arriba abajo, salimos del baño y nos fuimos a la cama de mi cuarto, ahí nos tumbamos en la cama, hicimos un triángulo para mamarnos los tres las vergas, así quedé yo mamando la verga de Alex, Marcos la mía y Alex mamaba la de Marcos, la de su propio hermano, lo que me hizo adivinar que estos dos se conocían muy bien.

Alex se puso de 4 patas y me pidió que se la metiera y así me puse un poco de crema en la verga y la metí de golpe haciendo que Alex gritara de placer, Marco no se quedó atrás y se puso debajo de Alex mientras ellos hacían un 69, yo follaba el culo de Alex, esa escena me excitó tanto que me corrí en el culo de Alex de inmediato, saqué mi verga cayendo toda mi leche en la cara de Marco que inmediatamente sacó su lengua para degustar mi leche, rápido se puso de pie mientras Alex fue al baño a ducharse y entonces me dijo ahora es mi turno, quiero también sentirla adentro de mí, se puso en 4 y volví a penetrar, pero ahora el culo de Marco que era en definitiva más abierto por lo que supuse quien de los dos era el que aguantaba más.

Estaba yo follando a Marco cuando sale del baño Alex y se puso en la cama frente a mí con su verga todavía erecta y me dice que se la mame, no me lo pensé y me meto esa ricura en mi boca mientras Marcos gemía y gritaba como loco por mis embestidas, estuve así como unos 5 minutos, la verdad es que aguantaba algo porque me dolía un poco la verga, no acababa de follar cuando de repente tenía que hacerlo de nuevo, pero entre el dolor y todo, me sentía como nunca, así que seguí metiéndole la verga a Marco y lo hice acabar sin tocarle la verga, al parecer toqué algo así como el punto G, bueno eso creo.

Alex por otro lado estaba por acabar de lo excitado que estaba y así acabó por completo en mi boca, no dejé escapar nada de ese delicioso néctar saboreándolo, Alex quedó exhausto y se tumbó en la cama, Marcos ya había acabado, pero quería sentir mi leche en su culo cumplí su deseo y derramé mi leche en su culo en menor cantidad que la primera vez, pero en realidad cuando la saqué venía un poco de semen expulsado.

Me tumbé en la cama y los chicos me abrazaron, me dijeron que hacía ya rato querían hacerlo con el primito que de pequeño les pegaba, eso me causó risa. Así seguimos haciéndolo por un mes, pero luego llegó alguien más al clan. Pero eso…  es otra historia.

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Autor: Efebo

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El sabor de la venganza

Totalmente excitado, 44, me miraba y lo miraba, mientras su glande aparecía con todo su esplendor y se ocultaba entre sus dedos. Ezequiel suspiró fuertemente y vi como un chorro de semen se lanzaba con fuerza a larga distancia mojándole todo el pecho. 44 no apartaba la vista de mis ojos, jadeaba mientras se seguía masturbando. Su mirada llena de placer se hundía en mi mirada y así sin dejar de contemplarme, derramó su esperma sobre la cara de Ezequiel.

Dos veces había rechazado las invitaciones de Uriel para ir a cenar a su casa. Tenía temor por lo sucedido hacía 15 días.  Pero no podía dejar de ir al cumpleaños de Nicolás, su hermano y mi buen amigo. Regresaba a esa casa por primera vez  tras el desenlace en el que 44, su papá y hasta ese momento mi amante, nos sorprendiera desnudos en la cama y besándonos. Aquel día 44 me golpeó y me cortó toda comunicación. Entré en la residencia lleno de miedo y disimulando la vergüenza. Venía acompañado de mi hermana.

Abracé fuertemente al cumpleañero. Salomé, su madre, me miró dubitativa, y luego cruzó sus brazos en mi cuello y me dijo: “Te extrañaba Emma”. Uriel, mi novio y el benjamín de la familia, nos hizo pasar hasta el quincho en el que estaban amigos y familiares de Nicolás. Había mucha gente. El vino y las empanadas, hacían la delicia de todos. Saludé a la novia de Nico, a varios conocidos y buscaba nervioso al dueño de casa. Cuando me di vuelta para hablar con mi hermana, 44 la estaba saludando.

Pasó por mi lado, le dije: “hola”, me miró y me dijo “a Usted no lo saludo señor, disfrute la fiesta y espero no se desubique”. Su comentario me hirió el alma. Después de la comida, Nicolás saludó, agradeció a todos y dijo que antes del baile, Uriel su hermano iba a contar un chiste. Todos aplaudieron. Uriel se paró frente al micrófono, al que siempre dominó. Hizo un breve silencio y dijo: “Hay muchos aspectos de la vida para transformarlo en chiste….pero hoy no quiero hacerles reír…sino suspirar” –todos sonrieron y miraban impacientes al rubio más guapo de la ciudad.

Entonces dijo resueltamente: “no voy a contar nada chistoso, mejor voy a cantar al amor. Mi canto va dedicado a mi hermanito cumpleañero, a mis padres y a… todos los que aman y se dejan amar”. Me miró sin disimulo, detuvo un segundo sus ojos en los míos. Yo estaba helado por la audacia. Uriel miró a los invitados y acompañado de una guitarra cantó una canción de amor. Cuando finalizó, lo aplaudieron. Había cumplido su objetivo: Decirle en ese mensaje a su familia que él estaba dispuesto a amarme.

Luego encendió los equipos de música y dijo por micrófono: “El que no baila se jubila mañana”. A los pocos minutos mucha gente bailaba. Uriel se dirigió hacia donde estábamos mi hermana, Matías, recién regresado de Tierra del Fuego y yo… tomó de la mano a mi hermana y la invitó a bailar. Segundos después alguien me toca el brazo y me dice “vení, quiero hablar a solas con vos”. Era 44. Mientras todos bailaban me llevó al parquecito que tienen en el patio de la casa. No había nadie y hacía frío.

En un primer momento me puse contento de su iniciativa. Le dije: “Hola, te extrañaba”,  él me corto diciéndome: “me seguirás extrañando”. Luego, sonriendo irónicamente dijo: “¿ahora vas por Matías? ¿Te lo querés voltear?”. Quedé sorprendido, atiné a decir “no”. 44 dijo: “no me interesa lo que hagas con Matías. Me interesa lo que le hagas a Uriel. Mi hijo no es como nosotros, no es traidor. Mi Uriel es sencillo, transparente, cree en la gente y cree en vos….pero yo no creo en vos.

Yo se quien eres y el daño que puedes hacer. Aléjate de Uriel. Si pudiera prohibirle esta relación contigo ya lo hubiese hecho.” No me dejaba hablar. Lo interrumpí y le pregunté: “¿Por qué me odias si hasta ayer me amabas?”. 44 se puso rígido, sus ojos estaban humedecidos. “escúchame traidor: hoy te odio tanto como te amé…te juro que vas a pagar tu juego sucio…El Sebastiano, ese departamento que fue nuestra escondite y a la vez fue el espacio de tanto amor y sexo, no está vacío”. Se me heló la sangre con lo que me estaba diciendo, balbuceé: “¿qué querés decirme?”.

Me respondió casi escupiendo las palabras: “¿querés saber?  Anda en los días y horarios en que nos encontrábamos…Podés ir mañana a las 2 p.m. Te aseguro, será una experiencia para vos”. Luego poniéndome su dedo índice cerca de mi nariz, me advirtió: “no dañes a mi hijo, ¡aléjate de él!”. Me tiró agresivamente para atrás, y regresó a la casa sin darse vuelta. Se perdió entre la gente. Aproveché que estaba solo en el parquecito y lloré en silencio. 44 me odiaba, me humillaba, y yo me sentía culpable.

Meditaba eso, cuando unas manos me hacen cosquillas, eran las de Uriel: “¿no tiene miedo el niño bonito que se lo coma el dragón?” y le respondí: “ya vino el dragón, no quiso comerme, solo me escupió el corazón”. Volvimos a la fiesta. Coincidimos con mi hermana de volver a casa. Antes, me acerqué a 44 aprovechando que estaba solo. Me detuvo su mirada llena de desprecio. Atiné a confirmarle: “voy al Sebastiano a las 2 p.m.” El respondió: “si no vas te perderás una sorpresa”.

Al otro día, cuando salí del colegio donde trabajo, fui al Sebastiano. Impaciente y nervioso, llegué al edificio. El reloj marcaba las 2.20 p.m., subí en el ascensor. Puse levemente la llave en la puerta del departamento y la abrí despacio. Ingresé en el living y quedé inmóvil cuando escuché sonrisas y gemidos en la habitación. Cerré la puerta. Me acerqué para ver a la mujer que se acostaba con 44. La sorpresa fue grande: no era una mujer. Era un muchacho de unos 20 años. Estaba ante una escena que me desgarraba el alma.

Me quedé en silencio observando impotente. El chico era bonito. Su cuerpo era parecido al mío. De piel blanca aunque de cabellos castaños. Lampiño. Sus hombros y espalda de atleta terminaban en una cintura pequeña y trabajada. Sus nalgas como las mías, conformaban dos redondos glúteos paraditos. Poseía un par de piernas bien formadas, propias de un bello adolescente.

El joven estaba reclinado sobre la verga de 44. La pija de mi ex amante estaba erguida, dura, parada. Los labios del efebo  chupaban con gusto el pene largo y grueso que tantas veces chupé. El chico movía la cabeza con un movimiento circular. Deduje que con la lengua hacía lo mismo con el glande de mi viejo amor. La deducción era exacta por los gemidos que profería 44. Se notaba que el jovencito disfrutaba, ya que no sacaba los labios de allí. Luego mi antiguo amante comenzó a follarlo por la boca, y mientras lo hacía, suspiraba de manera sensual  acariciando los cabellos del mancebo.

Luego el muchacho fue besando su vientre, sus tetillas y su cuello. Comenzó a lamer placenteramente su pecho. Las manos de 44 acariciaban las curvas del adonis. Entonces largué un sollozo evidenciando mi presencia. Los dos me miraron. Mientras el chico estaba algo sorprendido pero no asustado, 44 sonrió satisfactoriamente. Sus dientes perfectos relucían en aquella sonrisa. Sus verdes ojos me miraron con picardía y pasando sus manos gruesas sobre la fina piel de la cola de su ocasional amante me dijo: “¡te decidiste a venir!, bienvenido al espectáculo…llegaste a la parte mejor.

Te presento a Ezequiel, como verás, está riquísimo”. 44 me hablaba y me apuñalaba con sus palabras. Acomodó al joven acostándole boca abajo y de frente, de manera que ambos nos miráramos. El hermosísimo rostro de Ezequiel permanecía sereno. Su veterano amante comenzaba a morder suavemente sus nalgas mientras no dejaba de mirarme. Comenzó a lamer aquel agraciado culo y metió la lengua seguramente dentro del esfínter, porque el chico cerrando los ojos abrió la boca dejando oír un gemido. No podía evitar derramar lágrimas en silencio.

Mi antigua pareja saboreaba ese culito adolescentil. Inmediatamente comenzó a pasarle crema en su agujero. Abrió un preservativo y se puso el condón. Esta vez acomodó el cuerpo del muchacho boca abajo pero dándome la espalda. De manera que fuese testigo directo de la penetración que estaba a punto de comenzar. El chico abrió las piernas y 44 fue acomodando su pene en aquella raja, y para que yo fuese siguiendo en vivo la culeada, iba hablándole al  joven cada paso que hacía.

Ezequiel pegó un gritito de dolor, y 44 dijo “Paciencia bebé, ya entró la cabeza… ¿la sientes?”. El chico respondió: “si, entró”. Mi viejo amor giró su cabeza y me observó, mientras daba un nuevo caderazo produciendo un nuevo grito sofocado en el muchacho. Entonces le dijo: “ya va…voy despacio para no hacerte daño… ¿te das cuenta que ya hay algo del tronco en tu culito?”. Ezequiel respondió con un suspiro: “por supuesto”.

Nuevamente me miró y dio un fuerte caderazo que otra vez logró el efecto de la expresión de dolor del chiquillo. 44 dijo: “Ya entró toda, está bien adentro… ¿la sientes? ¿Te gusta?”, atravesado por esa formidable pija que tanto gusté, el muchacho dijo excitado: “si la siento dentro mío, no puedo cerrar el culo…me gusta tu pija”. 44 comenzó a bombearlo suavemente primero y luego aumentaba el ritmo. Abrían tanto las piernas que yo podía ver con claridad como entraba y salía aquella verga en ese culo tierno. Los dos gemían, suspiraban y yo sentía unos celos tremendos.

Estuvieron así minutos que me parecieron horas, luego le sacó la verga e hizo con él lo que tantas veces conmigo: lo puso de pie. Era más alto que yo, pero más bajo que él, por lo que fue fácil para 44 acomodarlo. Ezequiel puso sus manos contra la pared, mientras abría sus piernas y sacaba culo. Mi ex amante, me miraba a cada rato y comenzó a penetrarlo nuevamente, supongo que a causa de la dilatación de la primera cogida, les fue más fácil. Mis ojos observaban incrédulos, como de un solo golpe 44 lo ensartó hasta los huevos. Ahora ninguno me miraba. Estaban entregados al placer.

Él ponía su cabeza sobre la nuca de Ezequiel mientras con un movimiento continuo hacia atrás y hacia delante entraba y salía de ese chico que cerrando sus ojos disfrutaba visiblemente de las estocadas de aquel pene maestro en producir placer. Me daba cuenta que eso no era tan solo un espectáculo. Comprobaba que 44 sentía verdadero gusto. Gozaba aquella culeada.

Finalmente le pidió que se recostara en la alfombra porque iban a terminar. El muchacho se recostó, esta vez boca arriba y 44 se arrodilló en su costado, se sacó el condón y comenzó a masturbarse. El chico también comenzó a pajearse. Cada uno de ellos con su propia mano frotaba su respectivo pene. Los dos gemían de placer. Totalmente excitado, 44, me miraba y lo miraba, mientras su glande aparecía con todo su esplendor y se ocultaba entre sus dedos.

Ezequiel suspiró fuertemente y vi como un chorro de semen se lanzaba con fuerza a larga distancia mojándole todo el pecho. 44 no apartaba la vista de mis ojos, jadeaba mientras se seguía masturbando. Su mirada llena de placer se hundía en mi mirada y así sin dejar de contemplarme, derramó su esperma sobre la cara de Ezequiel. Luego se incorporó y le pidió al muchacho que se fuera a duchar. El chico obedeció. Quedamos solos.

Le enrostré: “esa es tu venganza. Con él no te da los escrúpulos de engañar a tu esposa”. El efecto de la frase fue una sonora cachetada. Me dijo: “no te atrevas a nombrarla. ¿Te gustó el espectáculo? ¿Sentiste lo que sentí aquél día?” Le dije: “perdóname, no quise hacerte daño”. Me interrumpió casi gritándome: “no hables traidor. Te entregué todo. Con vos llegué a tener mi primera experiencia homosexual. Hasta te di mi culo. Había comenzado a amarte hasta la locura de compartirte con ella. Así me pagaste” 44 se quebró pero no lloró.

Luego continuó: “deja a Uriel. Vas a hacerle daño como me dañaste a mí. No sabes amar a nadie. No lastimes a mi hijo. Por eso te ordeno que te alejes de él”. De pronto apareció Ezequiel secándose el cuerpo y 44 se calló. Ezequiel comprendió que debía irse. Se puso su ropa. Llevaba como pantalón un pescador ajustadito. Besó en la mejilla a 44 que permanecía en silencio, luego me dijo “adiós” y se fue del departamento. Quedamos solos, él me dijo, “voy a ducharme y no te atrevas a marcharte”.

Lo esperé. Cuando salió. Se puso su traje con la corbata desprendida como siempre. Se puso su loción a la que reconozco a la distancia. Me miró nuevamente a los ojos y tomándome de la solapa de mi campera me dijo: “¿me extrañas?…si…yo se que me extrañas…esa cogida que acabo de disfrutar pudo haber sido tuya…te la perdiste”. Le pregunté: “¿quién es Ezequiel?” Me respondió: “No te importa. Solo te diré que él me otorgó un gran placer. Sentí con él ese deseo descontrolado que me daba tu culo”

44 comenzó acercarse hasta tocarme con su cuerpo. Fue acercando su rostro hacia el mío. Cuando vi la cercanía de sus labios, estaba completamente seducido, cerré mis ojos y abrí mis labios para recibir el ansiado beso. De pronto su mano me tiró para atrás y sonriendo con sarcasmo me dijo: “¿acaso esperabas mi beso? ¿Dónde está la fidelidad que le debes a Uriel? ¡Basura!. Soñarás con mis besos. Desearás mi verga, mis caricias, mis labios que no tendrás nunca más”. Me pechó nuevamente: “quédate en el sebastiano… ¡quédate recordando lo que has perdido! ¡Quédate solo!” Se dirigió a la puerta y partió.

Me quedé solo. ¿Quién era Ezequiel? ¿Quién sería ese muchacho? Pensé que posiblemente un taxi boy pagado para esa ocasión. O tal vez algún joven seducido en los últimos días. No era un viejo conocido ya que nunca lo había registrado en el entorno de 44. Recordaba la relación sexual que acababan de tener y el deseo crecía en mí. Tenía fresco en mi memoria mi beso frustrado. Me senté en la alfombra y busqué en mi bragueta la verga que desde el primer momento estaba erecta. Me entregué a una afiebrada paja. 44 lograba su venganza y yo estaba herido de deseo.

Autor: Emmanuel

sebastianmemoria@hotmail.com

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