Como un volcán que entra en erupción

Le estoy ordeñando todo lo que queda de semen en su verga. Mi vagina chupa su verga como mi boca su lengua y los labios, con tanto semen dentro mío siento que me está preñando, que me está echando semen dentro del estómago, siento la cabeza de su verga en mi garganta, siento como palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan empalada que se que no voy a caer.

Me llamo Any, tengo 18 años y estoy estudiando diseño gráfico. Desde que tenia seis años he practicado patín artístico y natación en competición. Llegué, sobre todo con el primero, a competir en varios campeonatos internacionales y he dejado la competición pero sigo practicándolos porque son mi pasión. Esta pasión ha provocado que, en otros aspectos como el sexual, haya quedado descolgada en mis tiempos de mujer. Ahora que dejé la competición… me siento una mujer…. y por otro lado me doy cuenta que soy una adolescente que ha empezado las tareas del sexo con bastante retraso.

Mi familia está un poco desmembrada, mi padre, periodista, con su nueva mujer que me lleva nueve años y mi mamá, escritora, con su joven amigo que cuando le paso cerca siento como se me desatan solas las tiras de la tanga y se me paran los pelos de mi nuca de como me mira. Tengo un cuerpo armonioso, con mis 1,75 m de estatura, modelado con los años de gimnasio. Muy linda cola, paradita y fuerte. Tengo, para mi gusto, demasiados «pectorales» (94) pero a los chicos esto los pone muy nerviosos, y eso me gusta mucho… aunque he llegado al punto de no salir con los chicos de mi edad, por no soportar lo babosos que se ponen. Mis inicios en las primeras erupciones volcánicas de mi sexo estaban limitadas a mis propias caricias y las fantasías que fueron siempre el plato fuerte de mi vida sexual adolescente.

Betina, mi compañera de competición y amiga familiar desde nuestra infancia; y la autoprotección mutua que nos brindábamos nos llevó a dos cosas. 1º) A examinar tanto y tan meticulosamente las condiciones de cada parejita de novios que formábamos que nunca llegamos a acostarnos con ningún chico (aunque he llegado en una noche de apriete y música lenta a tener más de tres orgasmos con solamente orientar a mi novio a las zonas terribles de mi cuerpo: mis pezones, mi nuca y mis tobillos) y 2º) A tener sesiones de caricias y orgasmos, desnudas, con Betina, en los hoteles donde paramos cuando estamos compitiendo en el extranjero.(la excusa era que estar distendidas nos permite una mejor concentración en las rutinas. Mentiritas, jijijiji). Hace un par de meses chateando en un portal de mi ciudad, Buenos Aires, conocí un veterano… bien veterano, tiene 54 años.

Como estoy acostumbrada al trato con tipos grandes (los dirigentes que nos acompañan en los mundiales son peligrosísimos), lo manejé… (Lo manejamos, mejor dicho, porque las primeras veces estaba Betina conmigo en la PC)… con cancha y tratando de hacer calentar a un veterano que, me pareció, se creía muy pícaro. Afortunadamente, resultó ser mucho más pícaro de lo que yo creía.

Un día lo fui a ver a un workshop de turismo en el Sheraton de Buenos Aires. El Pocoseso (ese es uno de sus nicks en el chat) estaba con cuatro chicas de mi edad que trabajan con él. El ambiente y la situación me condicionaron terriblemente y me recalenté con este veterano. Me daba muy poca bola (a pesar que me fui vestida para infartarlo) y las odiosas que trabajaban con él ese día me miraban con cara de culo y cada cosa que le decían, parecía que lo mimaban.

Fuimos a cenar los seis a un lugar muy bacán de Puerto Madero (mamá estaba en Montevideo con su pareja) y después nos fuimos todos al hotel Panamericano donde paraban (son todos de una ciudad del interior). Luego nos reunimos todos en su habitación. Pidió whisky para él y champagne para las chicas (yo también, obvio). Después de un par de horas (no estoy acostumbrada al alcohol) y tres botellas entre las cinco…estábamos todas muy alegres. Mandó a las otras a dormir a sus habitaciones: Yo temblaba (Betina dice que de la calentura, pero no, eran nervios. La pérdida de mi virginidad siempre me preocupó mucho). Se dio una ducha y se puso la bata del hotel.

Nunca… lo juro, N U N C A creí que alguien podría hacerme llegar tantas veces al orgasmo en unas horas… sin siquiera penetrarme. A pesar de tener una erección descomunal que me aterraba (quizás por eso no lo intentó siquiera) manejó mis zonas erógenas con una habilidad increíble… Perdí totalmente el control pero creo haber llegado al orgasmo, algunos de ellos realmente colosales, más de una docena de veces. Yo debía volver a casa antes del amanecer por el llamado telefónico de mi madre por la mañana… nos duchamos juntos (mi último e interminable orgasmo) y me llevó en un remise hasta mi casa.

Posteriormente almorzamos y cenamos juntos muchas veces porque él viaja muy seguido a Buenos Aires. Pero siempre me trató con una habilidad asombrosa para hacerme perder los miedos hasta llegar a ese estado de calentura permanente que te hace, a partir de un momento determinado, estar dispuesta todo, pase lo que pase. A sabiendas de que me erotizan las descripciones minuciosas de actos sexuales, (en eso el Pocoseso es un capo, antes de conocerlo personalmente llegué al orgasmo más de una vez frente a mi PC) cuando cenábamos me contaba y describía cosas que me hacían llegar al orgasmo, muchas veces en el mismo restaurante, sin siquiera tocarme.

Hace un mes me llamó por teléfono para invitarme a una fiesta particular en su ciudad y me mandó los pasajes para que viajara con mamá o con una amiga. Lógicamente fui con Betina. Llegamos al aeropuerto y nos esperaba una de sus colaboradoras que nos llevó a un espectacular hotel. Él vino al mediodía, almorzamos y nos dio instrucciones y datos para que conociéramos la ciudad y sus lugares más atractivos. Nos pasó a buscar a las 22 y fuimos a una fiesta de primera categoría. Alrededor de dieciséis parejas, más o menos, matrimonios en su mayoría. Gerentes de bancos, dueños de empresas importantes, algunos artistas, periodistas, etc.

Nosotras dos estábamos para el infarto (Fatiga como le dicen sus amigos íntimos- me había recomendado el nivel de las pilchas, al invitarme por teléfono). Betina con una microminifalda y microsoutiens todo bordado brillante y sandalias trenzadas muy altas…¡casi en cueros, va!.. Yo con un vestido hipercorto de gasa color piel, trasparente, tomado solamente del cuello, con hombros y espalda totalmente al aire. Debajo, solo una minitanga negra, sin cola y sandalias superaltas. ¡En cueros total, digamos ¡jijijij! El resto de las mujeres, debo reconocerlo, tenían pocas cosas encima, pero ninguna por debajo de los 1000 dólares, ¡un paquete!, en resumen. Yo, como siempre, sufriendo mis problemas clásicos; mis tetas que se escapaban por los costados de un vestido de gasa muy liviana y mis pezones que con el roce de la gasa, parecían una galletita de chocolate con una aceituna negra en el medio.

El ambiente, genial. Las mujeres, muy piolas, sueltas, sin custodiar a sus maridos. Supusimos con Betina que Fatiga se debe haber comido a varias de ellas; por la forma dulce que lo tratan, por lo interesadas que estaban en saber quien de las dos (o si las dos, alguna pregunto) era la nueva adquisición de Fatiga. Además, por el trato cordial y franco que nos daban a nosotras dos.

Los tipos ¡de locura!, empresarios, serios, pero con esa habilidad para hacerte saber que si asentís con los ojos, sos boleta en un segundo, jijijiji. A mí me tuvo contra las cuerdas el ingeniero, capo máximo de una empresa constructora italiana. Un tano mayor, medio peladito, al puro estilo italiano del norte. Me hizo sentir una Diosa. Fatiga miraba desde lejos, sonreía y me hacía señas que si no lo atendía… se la iba a encarar a Betina… ¡el muy maldito! Demás está decir que mi monte de Venus palpitaba a 180 pulsaciones por segundo. Fuimos cinco veces al toilette con Betina, el bidet me refrescaba la temperatura en mi sexo. Adentro de la casa estaba fresco, por el aire acondicionado, pero en los jardines (era una casa quinta en zona residencial) hacía un calor de locos.

A las 3 y media de la mañana se fueron casi todos y quedamos el matrimonio dueño de casa (56-48), otro matrimonio más joven (40-35), muy amigos de los dueños de casa; Fatiga (54) y las dos nenitas…Betina y yo (18-18). Propusieron darnos una zambullida en la piscina. Ahí fue donde se empezó a complicar todo para mí. Estaba tensa como cuerda de violín y supercaliente, lo que siguió, directamente ¡me mató!

Los varones en slip, las mujeres en soutien y tanga. Betina y yo nada por arriba porque no teníamos. Empezamos a jugar, mujeres contra varones (4 contra 3) una especie de waterpolo. Ocurrió que cuando alguien agarraba la pelota, se transformaba en rugby. Como yo era una de las más altas, siempre la agarraba. Además, al saltar la microtanga, encajada que estaba en mi cola, ni se movía. A las otras, cuando saltaban, se les bajaba la trusa hasta las rodillas, con los aplausos del caso. Cada vez que yo agarraba la pelota y veía como se me venían los varones, comenzaba mi delirio, me tocaban para sacarme la pelota y me corrían 30 mil voltios por todo el cuerpo.

Salimos de la pileta y se me empezó a complicar aún más el panorama. Aparecieron los toallones, nos secamos y con la mayor naturalidad todos se sacaron la ropa mojada y se sentaron en los sillones del jardín ¡En cueros! mamita querida. ¡Que momento! Marcos, el veterano dueño de casa, tenía un pene espectacular. Yo no podía, o no quería, sacarle los ojos de encima. La mujer, Liliana, una veterana con cuerpo de vedette, muy bien conservada, hablaba de las aventuras de su juventud y como era de esperar, comenzaron todos a hablar de sexo. Yo miraba a Betina y me daba cuenta que temblaba, igual que yo, del estado de excitación que teníamos. Nos hicieron declarar, muy sutilmente, mi virginidad y la decisión de perderla y el reciente inicio de Betina en el sexo como la gente, hace no más de cuatro meses.

Cuando Betina empezó a contar sus inicios con el matrimonio mayor con quien está aprendiendo el sexo, la cosa se me puso difícil, porque yo he visto videos de lo que Betina contaba y los recordaba.

Por otra parte, a los varones, por más que se hacían lo que «no pasa nada», se les empezaron a despertar sus sexos. Cuando se paraban para buscar más bebida, en la mesita ratona, sus penes se bamboleaban como queriendo pararse …¿me explico?. Mis ojos iban de aquí para allá, me empezaron a retumbar los oídos, mis genitales eran lava liquida. ¡Any, estás en estado terminal!, pensé. La que estaba más inquieta que yo era la chica de la otra pareja, Valeria. Se dieron un par de ardientes besos con su pareja. Ella se sirvió más cerveza y se sentó en la falda de Mario, su marido. Cada vez que se reía o comentaba algo, se movía sobre Mario y la cara de este era una súplica. Se levantó un par de veces a servir su copa y yo vi que Mario se acomodaba. Me crucé de piernas apretando los labios de mi vulva ¡me imaginé lo que venía! mi sexo empezó palpitar, no me equivoqué.

Valeria se fue levemente agachada a la mesa que estaba frente a ella, se sirvió llenando el vaso y retrocedió levemente agachada, pero con las piernas un poco más abiertas ¡y se sentó arriba del falo de Mario que le entró hasta el tronco! Estaban tan cerca de mí que escuché claramente el ruido de la penetración en una vagina seguramente inundada de flujos. Ese chapoteo apagado de una penetración violenta hasta el fondo fue más fuerte que yo… y tuve un orgasmo que apenas pude disimular.

Betina, mientras tanto, hablaba y el resto escuchaba. Valeria se dio cuenta de lo que yo había visto y vio los espasmos contenidos de mi orgasmo. Me miró con una sonrisa cómplice y me cerró un ojo. A pesar del orgasmo, mi calentura ya era incontenible. Además se me notaba en las tetas ¡no sabía que hacer!

Mario empezó a pasar la mano por la espalda de Valeria y esta, que tenía la verga en su sexo hasta los pelos, se quejaba muy, pero muy suave. Miré la espalda de Valeria, a mi lado, con la piel totalmente erizada, sentí la mano tierna y cariñosa de Fatiga en mi nuca y tuve otro orgasmo que ya no pude disimular. Tuve dos o tres sacudones que lo vieron todos. Valeria y Mario se levantaron, pidieron disculpas, y se fueron al dormitorio más cercano. Mario tenía una erección perfecta con la verga brillosa de los jugos de Valeria. Nosotros, a propuesta de Fatiga, entramos a la casa y nos sentamos en rueda en la alfombra peluda del living. Desde la sala se sentían los quejidos y sacudidas de Mario y Valeria. Yo creí que iba a enloquecer… ¡necesitaba tocarme! En un momento Valeria empezó a gritar.

Nos levantamos todos y fuimos hasta la puerta de esa pieza. Nos vieron pero no les importó, Mario estaba tirado en la alfombra y Valeria arriba en cuclillas, hacía flexiones tomándose de los tobillos de Mario, dándole la espalda, digamos. Mmmmm… Recuerdo ese momento y me erotizo toda. Los cinco totalmente desnudos, amontonados en la puerta de la habitación, las respiraciones irregulares, las expresiones de asombro y de ponderación de lo que estábamos mirando.

Delante de mí Liliana tomó la mano de su pareja y la llevó hasta su sexo, noté como abría sus piernas para que él pudiera operar con comodidad. A mi lado Betina se masturbaba sin miramientos. Cuando fueron acercándose al orgasmo Vale se sacudía como una loca, gritaba, maldecía y sus quejidos parecían rugidos. Yo sentí que Fatiga me tomaba suave y dulcemente desde atrás y dejaba que su sexo quedara entre mis piernas. Tomó, desde atrás mis pechos con sus manos y me dio un mordisco suave y húmedo en la nuca. Aún sin estar penetrada tuve un gigantesco orgasmo que me hizo gritar sin importarme que los otros que estaban allí junto a nosotros en la puerta. No aguanté más, miré a Betina que me hizo un guiño cómplice. En ese momento decidí que esa sería la primera noche de sexo de mi vida.

Suavemente me solté del abrazo de mi adorado y dulce veterano y caminando por un pasillo entré a un dormitorio matrimonial. Encendí la luz del maquillador y me senté en una banqueta a cepillar mi pelo largo que ya estaba casi seco. Unos segundos más tarde entró en la habitación, mi hombre. Muy sereno, bien varón, con una mirada dulce, pero penetrante, que me daba seguridad sin quitarme las bestiales ganas de que me poseyera. Lo veía decidido, pero muy tierno y sensual. Quedó parado a pocos metros tomando serenamente su enésimo vaso de whisky, pero estaba radiante. Se apoyó en la cómoda de forma tal que el espejo le permitiera mirarme. Eso me erotizó aun más y empecé a sentir ese cosquilleo hermoso en mi monte de Venus. Peinaba suavemente mi largo pelo que me llega a tapar parcialmente mis durísimos pezones. A través del espejo veo sus ojos encendidos que miran mis rosados pezones que se asoman entre mi pelo rubio. Los shocks eléctricos en mi espalda, en mi nuca, en mi sexo, me avisan que estoy a punto de perder el control. Me muero por decirle que se acerque, pero no quiero darle el mando de la situación. Engancho deliberadamente en mi pelo el cepillo con que me estoy peinando, pego un grito suave y le pido que me ayude a soltarlo.

Se acerca y se para muy cerca, detrás de mí para ayudarme, lo miro con una sonrisa cómplice. Siento que su sexo semierecto está rozando mi espalda, como acariciándola. No aguanto más, me doy vuelta y levantando mi mirada lo miro a los ojos. Mis ojos están húmedos de lujuria, de desesperación por sentirlo, de angustia porque necesito dominarlo y obligarlo a hacer todo lo que me hace falta desde hace mucho tiempo. Demostrando inocencia e ingenuidad le muestro una uña de mi pie derecho que la sandalia quebró en un traspiés. Se arrodilla frente a mí. Al cruzar la pierna, para mostrarle mi uña, mi sexo queda al descubierto de su terrible humedad después de mis orgasmos anteriores. Se queda, absorto, mirándolo. Cuando muerde el pedacito de uña para cortarlo siento sus labios en contacto con mi piel y me corre un sacudón por todo el cuerpo. El se da cuenta. Mete el dedito de mi pie en su boca y lo empieza a chupar suavemente… mirándome a los ojos. Mis ojos se entrecierran, mi respiración que se acelera, una fuerza invisible que yo ya no controlo empieza a separar mis piernas para que él avance por dentro de ellas con su boca.

A medida que avanza con su lengua, sus besos, sus mordiscos en la entrepierna provocan que mis caderas empiecen a moverse. Miro hacia abajo los labios de mi sexo se están frotando en el tapizado peludo de la banqueta que ya empieza a tomar algo de brillo con mi flujo vaginal. Siento ese suave y hermoso aroma de emite una hembra en celo, que se prepara a recibir al macho. Llega a mi sexo. Siento su lengua suave, sedosa y tierna que toca delicadamente mi clítoris. Mi orgasmo es incontenible, trato de sostenerlo, de aguantar un par de minutos más. Cuando su lengua se introduce en mi sexo lo tomo por la nuca, lo apretó fuertemente contra mi sexo y estallo en un orgasmo gigantesco, sublime.

Los sacudones de mi cuerpo no terminan, es uno detrás del otro. Grito desesperada del placer que me hace sentir, me quejo casi al borde del llanto por no tenerlo dentro mío. Me tomo con mis manos de las rodillas y las pliego contra mi cuerpo. Ahora me tiene absolutamente entregada para saciar su sed de sexo. Me come literalmente mi vulva. Siento que está bebiendo mis flujos de orgasmo y lo que se corre hacia mi cola lo quita suavemente con la lengua. Mis temblores, mis quejidos, mis gritos, no hacen más que enardecerlo para comer con más desesperación mi sexo,mmmmmmmmm…estoy bombeando los últimos borbotones de mi orgasmo y empiezan las contracciones de mi vagina, ¡me siento morir!…

Levanto su cabeza y lo miro a los ojos. Miro su boca brillosa de mis flujos y meto con desesperación mi boca dentro de la tuya. Paladeo el gusto de mi propio sexo. Paso mi lengua por sus labios, no quiero que se pierda nada. Froto con fuerza mis pezones erectos en el vello de su pecho. Me excita tanto esto que se ponen más secos y rígidos. Hago que se pare frente a mí que estoy sentada, beso suave y castamente el lomo de ese miembro que ya está casi en su máxima erección, miro hacia arriba y busco su mirada como suplicándole que me penetre para calmar mi desesperación. Cerrando los ojos, con una leve sonrisa, me transmite la sensación de paz necesaria para esperar y sospechar que tiene algo mejor para mí que lo que mi desesperación pretende con urgencia.

Solo mirar tu pene, una verga hermosa, me pone al borde del orgasmo. La tomo con las dos manos, temblorosas de la excitación, desplazo la piel lentamente hacia atrás y al mostrar totalmente la glande hinchada y morada de la punta sale una gota de líquido transparente. Tomo mis pechos, uno por uno, y unto mis pezones doloridos y resecos por la fricción con el vello de tus pantorrillas. Lo que esto me hace sentir, él lo ve en mi cara que está hacia arriba, la boca abierta, jadeante, mis ojos húmedos, entrecerrados y suplicantes, mis suaves quejidos de placer.

Tiemblo como una hoja, no puedo retener el segundo orgasmo, se me está por escapar. Quisiera que este momento durara toda mi vidaaaaaaaa.  Me paro delante de él, paso mis manos temblorosas por su cuerpo, tiemblo entera ¡no lo puedo controlar!, estoy haciendo fuerza desesperadamente para retener el orgasmo. Me calzo de nuevo las sandalias, que son altísimas, para igualar su altura. Bajo su hambrienta verga hasta la horizontal, levanto levemente mi pierna y pongo su pedazo entre mis piernas, justo debajo de mi sexo y mi cola. Me duele la fuerza que hago para no acabar. Paso la mano por detrás mío, toco mi cola, allí está, asomando hacia atrás la cabezota de su verga.

Lo abrazo con desesperación, lo tomo de la nuca y me meto dentro de su boca. El inicia la acción, me abraza fuerte, siento que sus potentes brazos son como una tenaza de la que no puedo salir.. Mi pubis avanza y retrocede frotando mi sexo y mi cola en su sexo duro como una roca. Mi clítoris se frota en el vello de su pelvis. Me pongo frenética, no lo aguanto más ¡me sacudo como una poseída! chupo la saliva de su boca como si fuera liquido vital y exploto en un orgasmo del que parece no voy a poder salir nunca más. Grito como una loca, me quejo, lo puteo por no estar dentro de mí y me sacudo con más fuerza descontrolada. Es tal la intensidad de la acabada que sigo con las contracciones espasmódicas cuando lo hago acostar en la banqueta boca arriba. Sus piernas cuelgan por una punta de la banqueta y la mitad de su torso por la otra… está incómodo y debe hacer fuerza para mantener su cuerpo en la horizontal, pero lo tengo a mi merced…

Su verga está totalmente untada de los flujos de mi último orgasmo. Camino con una pierna de cada lado de la banqueta hasta quedar justo sobre ella. Lo miro a los ojos, le regalo una sonrisa de triunfo, ahora voy a comer lo que más quiero.

Pongo la glande en la puerta de mi sexo, sé que esto es muy grande para mí, me parece que no voy a poder. Pero mi desesperación me empuja a seguir. Siento un poco de miedo. Pero mi locura es total. Los labios de mi vulva hacen ruido con sus jugos cuando paso la cabezota morada para que se lubrique y no me lastime. Siento que mis jugos chorrean por mis entrepiernas. Siento el olor de mi sexo, el del suyo… y me erotizo al punto tal de sentir ganas de dejarme caer y ensartarme aunque me reviente por dentro. Estoy totalmente loca.

Dejo la cabeza de su verga en la entrada de mi sexo. Siento como me empieza a abrir, ese brutal barreno separa los labios de mi vulva y comienza a penetrar… ssssss…me arde un poco…es que siento como si me estuviera entrando un palo de fuego… sssssssssssss….ahora duele… sostengo el cuerpo para no seguir bajando…pero me muero de ganas, mmmmm. Lo tomo de la nuca para que no haga tanta fuerza para mantener su cuerpo horizontal… ssssssssss…eso me hizo bajar un par de centímetros de golpe… ¡me siento rellena!… no me puedo mover. Comienzo a sentir sacudones espasmódicos que no puedo controlar. Sus manos en mis tetas me ponen del todo loca. No logro aguantar el orgasmo, se me está por escapar. Me salen sonidos guturales de mi boca que yo no provoco. Me quejo porque me duele. Miro hacia abajo ¡Madre mía! recién entró la cabeza… no vamos a poder…aaaayyyyy… mi vagina empieza a bombear un orgasmo gigante… grito como loca porque siento que sale demasiado flujo… que me lubrica… que los temblores me quitan fuerzas… que se me aflojan las piernas… que me estoy ensartando cada vez más, sin querer…

El se toma de mis hombros para erguirse y besarme los pezones, esto acelera el proceso de penetración. ¡Es imparable! Me duele muchísimo… me gusta con locura … me agarro con las manos los cachetes de mi cola y los abro para ver si duele un poco menos… es peor…se acelera la penetración… grito y lo puteo porque me duele…porque me siento empalada, porque me gusta… porque me vuelvo locaaaaaaaa.

Estoy tan abierta de piernas que siento que sus huevos empiezan a rozar mi cola… me excita hasta el paroxismo… me suelto del todo, aflojo las piernas que me sostenían… siento que su monstruosa verga sigue inexorablemente abriéndome las entrañas… ¡parece que no terminara nunca de entrar!… no lo puedo soportar, es como una lanza caliente que me clava hasta la garganta… me retumban los oídos… empiezo un orgasmo suave… una mezcla de flujo del orgasmo y algo de mi sangre me suaviza el dolor…me quedo quieta solo unos segundos… siento palpitar tu verga dentro mío… estoy segura que no entra nada más… lo abrazo fuerte y meto su cara entre mis pechos… estoy toda mojada con el pelo pegado a mi piel…siento que mi vagina sigue vomitando su orgasmo…

Tomo su cabeza entre mis manos, mojadas de sexo, miro sus ojos implorante para que libere su preciado tesoro… jadeo en su cara… le muerdo los labios…las orejas…meto mi lengua en sus oídos… le muerdo el cuello… clavo mis uñas en sus hombros y comienzo a dar empujones gigantes.

Uno… Dame tu leche, hijo de putaaaaaaa… Dos dámela yaaaaaa que me muerooooooo. Tres siiiiiii ahí empieza, lo estoy sintiendoooooooo…Cuatro… aaaaaaaaaaayyyyyyyy siento los chorros de semen caliente dentro mioooooooooooo… Cinco, mi orgasmo múltiple entra en el clímax, el ruido de nuestros sexos es impresionante… seis, siete ocho, nueve, y massssssss y se transforma en una masa de sexo que convulsiona hasta un temblor permanente… grito, imploro, me quejo, lloro y me abrazo a él para fundirme en su cuerpo. No se cuanto tiempo pasa en esa extraña convulsión interminable. Si sé que tengo dentro un mar de semen que me calma el ardor y va atenuando lentamente mi lava interior.

Me quedo quieta, siento que comienzan mis contracciones. Le estoy ordeñando todo lo que queda de semen en su verga. Mi vagina chupa su verga como mi boca su lengua y los labios… al apretarme con tus tenazas en un abrazo fuerte contra su pecho, con tanto semen dentro mío, siento que me está preñando… que me está echando semen dentro del estómago… siento la cabeza de su verga en mi garganta y sus huevos empujan mi cola mojada de semen, flujos y sangre. Me toma de la cola y me alza como a un bebe… está dentro mío, siento como palpita mi vagina con semejante cosa dentro. Me siento tan empalada que se que no voy a caer… es tanto el líquido que tengo dentro que siento como chorrea por mi cola y mis nalgas.

Se sienta suavemente en la cama y lentamente se acuesta de espaldas. Le pido, le ruego, que se mueva muy despacio. Pliego mis piernas a ambos lados de tu cuerpo y me acurruco arriba suyo. No quiero que salga, lo beso suavemente en los labios. Me arden mis labios, mis pezones, mi vulva pero me hace disfrutar aun más este momento. Me siento muy cansada. Le pido que me deje quedar así., que se quede dentro mío, descansando un ratito, sintiendo las contracciones esporádicas de mi vagina que aprietan su verga, ahora suave y soportable.

Lentamente, me voy quedando dormida… en un éxtasis, sacudido por esporádicos temblores

Autora: Anysolita

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La exposición

Comencé el mete y saca, la levanté, me volví a sentar y le abrí las piernas de tal forma que ella estaba empalada con mi verga hasta lo más profundo de su culo, gritaba, sudábamos a más no poder, ya no pensábamos en nada que no fuera satisfacernos, comencé a pellizcar sus pezones mientras con la otra mano le acariciaba la vagina tocando su clítoris con dos dedos, aprisionándolo y sobándolo.

Resulta ser que a mis 21 años era un chico extrovertido, desmadroso y muy agradable, aunque esto era más bien en síntoma de fiesta ya que con la escuela era muy cuidadoso y dedicado, pero bueno la finalidad de todo esto no es explicar mi persona sino más bien una de mis pocas experiencias en cuestiones sexuales…

Era un miércoles alrededor de las 7:03 horas de la mañana, aclaro que iba llegando a la Universidad en la que estudié, a las 7:00 a.m. teníamos una clase llamada Seminario de Finanzas y en esa clase, precisamente ese día me tocaba exponer un tema llamado Inversiones bursátiles, (poca cosa quizás), pero en ese tiempo era un reto explicar todo lo relacionado a inversiones en papel comercial, bonos, bondes y todas esas cosas que manejan los corredores de bolsa, resulta que al llegar sólo estaban una cuantas compañeras y algunos de mis compañeros, el profesor aún no llegaba.

Platicando con ellos, supe que al día siguiente jugaríamos con otra universidad (era Soccer, en ese tiempo era seleccionado universitario), bueno entre unos simples, sí unos simples no, llegaba el profesor. (Aclaro, en ese curso tenía una novia llamada “Selene”, era celosa y todo lo que se supone en esa época, era una chica mimada por sus padres a más de ser hija única), quizás el momento que decidí “llegarle a Selene, fue porque tenía unas grandes tetas que, madre mía, harían crecer a los enanos de Blanca Nieves”.

Al llegar el profesor me dediqué a escribir algunos gráficos en el pizarrón para explicar algunos puntos en general, en ese ínterin y la exposición noté que mi “noviecita” traía un escote que generosamente el profesor se dedicaba a verle, cosa que no me molestó, más bien me agradó, pues ella a más de ser linda, sabía lo que tenía y yo por mi parte cada vez que se me antojaba le daba unas buena mamadas a esas tetas, dentro o fuera de salones en la universidad, en la sala de su casa o en la sala de algún cine, eran sencillamente “deliciosas”.

A mediados de la exposición llegó una de mis compañeras, que casi era su costumbre llegar a media clase, la llamaremos “Marisa” (en realidad nunca supe su nombre real todos la conocíamos con ese nombre). Era una niña como de 24 años bien formada, niña bien, que por comentarios, habíamos sabido que sus padres la habían sacada de una universidad particular y la habían metido a esta universidad pública en castigo por sus constantes reprobadas de cursos y seminarios.

Era hermosa, medía aproximadamente 1.60m, delgada, ojos café claro, cabello abajo del hombro ondulado, cuello largo, una cintura que muchas ocasiones toqué (luego sabrán porqué), unas nalgas lindísimas, unas tetas medianas, pero lo que más me llamaba la atención de ella eran sus piernas, totalmente torneadas, lindas, fuertes y sobre todo blancas, aclaro que sus nalgas después me gustaron mucho, pero es cosa de más adelante, por el momento sólo me llamaban la atención sus piernas. En esta ocasión vestía una blusa de algodón ligera, debajo de esta (como era su costumbre), no llevaba sostén, así que los pezones resaltaban tiesos y retadores (a más de que ella siempre caminaba muy erguida), y esto hacía que esos pechos se vieran más grandes, traía además una faldita tableada color negro unos 10 cm arriba de la rodilla, unas zapatillas negras de tacón de aguja qué, ¡válgame!, hacían parar más su estupendo culo.

Pero sin duda lo que más me llamó la atención fue que se sentó hasta adelante siendo que ella siempre se sentaba hasta el fondo del salón y así pude ver tres cosas, uno: traía un liguero negro lindísimo que en contraste con su piel blanca dejaba ver ¡Mmmmhh!, unas piernas hermosas, para mi sorpresa no traía calzoncitos y en tercer término vi una especie de lunar en su entrepierna izquierda casi llegando al pubis que llamó especialmente mi atención ya que no era del tamaño de algún lunar común sino mucho más grande, ella sencillamente se sentó hasta adelante de las sillas de mis compañeros y escasamente a metro y medio de donde estaba exponiendo, cruzó una de sus piernas sobre la otra y descuidadamente se dedicó a transcribir las notas y gráficos que había escrito antes en el pizarrón, (ella por naturaleza de ser niña bien era muy distraída), bueno esto me dio oportunidad de visualizar con entereza ese buen par de piernas que la verdad me encantaban.

Esta situación si se quiere un poco bochornosa, era para mí doble, les explicaré porqué, por un lado estar frente a la atención de todo un grupo no es fácil y esto se hace más difícil cuando alguien que te gusta se te planta en frente con la firme intención de decirte sin palabras “mírame estoy cogible y tú eres un pendejo”, y por el otro tener a tu noviecita en el mismo grupo que con la mirada te está diciendo “después de esta exposición nos iremos a mi casita y me meterás la verga por donde tú quieras”. Estaba sudando no de los nervios por la exposición sino más bien por las miradas de ambas, por un lado alguien que te es incondicional y que disfruta del sexo contigo ampliamente y te da las nalgas sin ningún pero y por el otro una lindura de niña, que quiere que se la pongas entre las piernas y la seduzcas frente al grupo.

Si se me permite, por principio de cuentas esta niña tenía su grupo de amigas denominadas las “chicas de la high”, pues eran demasiado sangroncitas al hablarte y casi nadie del grupo les hablaba, lo que sabíamos de ellas lo sabíamos por Mary Carmen una chica que era demasiado metiche (bueno nunca falta) y se enteraba hasta de cada cuando se te paraba la verga a ti y cada cuando les tocaba la “regla a las chicas del grupo, en fin que la verdad con Marisa ni siquiera el saludo, no le hablaba a ella ni ella a mí, así que bueno que se me plantara con la falda y sin calzones no era cosa de todos los días.

Seguí con la exposición tratando de disimular el tamaño de mi erección, cosa que me fue un poquitín difícil debido a que en ese tiempo usaba puro pantalón de mezclilla entallado y bueno el paquete se podía ver hasta de 50 m de distancia, así que no supe cómo, pero continué. Para mi fortuna a Selenita la llegó a buscar una compañera del grupo de danza clásica y salió por un momento en la sesión de preguntas, cosa que aproveché muy bien, en primer lugar imité ser torpe y en uno de tantos movimientos tiré el gis cerca de las piernas de Marisa, sin embargo ella no hizo el menor movimiento por agacharse a dármelo, así que con la consabida frase “con permiso”, me situé frente a sus piernas y tuve la oportunidad de ver en todo su esplendor los lindos labios vaginales que a través de la escasa mata de vello púbico se veían riquísimos, en ese momento recordé cuando uno ve el hueso de un mamey al cual se le ve una hendidura de otro color imitando la vagina, los vi se me antojaron y ella ni siquiera se movió, el liguero tenía un encaje de esos que en ese tiempo se juzgaban caros, por lo demás me deleité durante unos 30 segundos, cosa que interrumpí al darme cuenta de que ella me veía hacia abajo como diciendo: “¿verdad que está linda mi puchita?”

Me sonrió y me dijo un escaso “hola”. Para disimular la interpelación de haberme descubierto husmeando entre sus piernas se me ocurrió preguntarle ¿Si tú fueras industrial y tuvieras problemas financieros que harías?, haciendo referencia a alguno de los puntos tocados en la emisión de acciones bancarias. Se limitó a decir que ella no pensaba nunca ser industrial sino a disfrutar de la vida y si en algún momento de su vida se le presentara una oportunidad de manejar negocios a ese nivel, lo primero que haría sería vender la empresa y dedicarse a vivir la vida; para mi sorpresa todos se rieron cosa que me hizo relajarme un momento. Posteriormente y con el pretexto de la evaluación de la exposición repartí una serie de preguntas impresas en papel, a ella fue la primera que se lo di, y cuando pasé junto a ella me dijo muy bajito, ¿me ayudas a contestarlo?, le dije que sí y una vez terminado de repartir el material me senté en una silla frente a ella, cabe aclarar que esta evaluación era de discusión entre compañeros, por parejas y teníamos 20 minutos para contestarlas.

Me senté frente a ella, con mi rodilla rocé las suyas cosa que me hizo estremecer y sentí un jalón en la verga de antología, e hizo que esta se moviera de posición bajo mi pantalón, cosa que ella vio muy bien pues al tratar de pasar entre las sillas le quedó mi “monstruo” muy cerca de su carita, es probable que haya sido mi imaginación, pero vi como claramente ella pasaba la lengua por los labios al darse cuenta del tamaño de mi pene. Me senté y comenzamos a trabajar, pero ella comenzó a desviar la plática, primero diciéndome de la interrupción al llegar tarde, segundo de la mala noche que había pasado y tercero de algunos de sus gustos en cuanto a ropa, aquí fue donde entré yo en plática completamente, diciéndole que se veía muy linda así, que ojalá siempre pudiera vestirse en esa forma y etc., etc., de ahí pasé a decirle que estaba muy lindo su liguero, ella se sonrojó y no dijo nada, afortunadamente, completé diciéndole que se le veía así como estaba sentada y era verdad la punta del liguero asomaba por la falda extremadamente corta que usaba.

Ella sólo atinó a bajársela un poco más, cosa que no era tan fácil debido a la rigidez de la tela de la misma. Seguimos platicando de trivialidades y llegamos al tema de la familia donde nos centramos en nuestras persona, ella entre otras cosas me dijo que tenía un hermano estudiando en Stanford y que vivía con su padre ya que su madre no vivía con ellos y que su padre obviamente se dedicaba más a trabajar que a ella, me confesó que tenía problemas en Estadística II y Programación lineal, me ofrecí a ayudarle ella dijo si, pero nunca cuando. Seguimos platicando y se terminó el tiempo de diálogo, entregamos conclusiones y terminó la clase, la verdad nunca me di cuenta en qué momento volvió Selene al salón.

Al salir de clase como siempre tomé mis escasas cosas unos papeles y salí con mis compañeros al pasillo, fuimos a la cafetería desayunamos y a la siguiente clase. Terminaron las clases del día, cada quien a su casa, Selene me esperaba en el pasillo del edifico “C”, aclaro Selene era una chica rezagada pertenecía a la generación 85 y yo a la 86, ella se había retrasado porque se había enfermado de hepatitis; así que no todas las clases nos tocaban juntos. Como todos los días un abrazo, un beso, un te extrañé y un te quiero, jugando por los pasillos, la abracé, bromee con ella y aprovechó para darme una pequeña palmada en las nalgas, le sonreí, me dijo: “¿estás pensando lo mismo que yo?”, le dije “desde la mañana no he podido olvidar ese hermoso par de tetas que llevas, me encantan”. Solo me contestó, “ya sabes que son tuyas.”

No había reparado en las prendas que llevaba Selene hasta ese momento, el top no podía faltar y este como siempre aprisionaba esos hermosos pechos que me enloquecían, un pantalón stretch de mezclilla que hacía ver su figura como lo que era, una diosa de la belleza, describiré a Selene: Rubia, pelo hasta el hombro, lacio, ojos verdes, cara ovalada, labios carnosos (que mamaban la verga como pocas), delgada, bueno es un decir realmente las medidas de Selene eran 104-60-98, así que ya se imaginarán, no era un portento de mujer, pero traía a más de uno tras de sus huesos aún cuando sabían que tenía novio. Llegamos a su casa, me invitó un vaso con agua de fruta, como hacía un poco de calor, le puso hielo, aquí cabe decir que me había ganado la confianza de sus padres, de su madre porque nunca la dejaba llegar tarde a su casa y como siempre la acompañaba yo, me tenía en un concepto muy grande y de su padre pues quizás porque le hacía el loco con su equipo preferido de fútbol, así como le ayudaba en problemas con sus computadoras ya que se dedicaba a las transmisiones de datos vía satélite

Me dio mi vaso con agua, ella muy natural subió a su recámara a cambiarse, se puso un short ceñido de mezclilla que rendía culto a sus atributos y por delante me mostraba remarcado en la tela, el lindo monte de Venus que portaba mi estupenda novia, así como por detrás me dejaba ver sus nalgas exuberantes que muchas veces mordí y que valga decirlo me encantaba besar. Bajó, se sentó frente a mí mirándome fijamente tratando de adivinar mis pensamientos (la verdad era que yo pensaba en Marisa y su sonrosada pucha, pero nunca lo dije).  Me preguntó:

-¿En qué piensas? -Nada, en especial, ¿dime que tal estuvo la clase hoy? -Bien, algo de psicología aplicada, no entendí, ¿podrías explicármelo?-Claro, mi cielo, ya sabes que mañana no podré estar contigo porque jugamos ¿verdad?-Algo sé de eso, pero ¿realmente irás a jugar o sólo buscarás la oportunidad de divertirte?-Cariño, no seas celosa, ya sabes que si quieres puedes ir, sólo que es a la 8:00 de la noche.-Mmm no, prefiero quedarme en casa a preparar mi Proyecto de Tesis.

-Ok, me parece bien, ¿si deseas llegando de jugar te llamo?-¡No!, mejor vienes, sabes, mis papás se fueron ayer a Mérida.-¿En serio? ¿Y qué, piensas hacer fiesta? -No la verdad es que pensaba si podríamos pasarla juntos aquí en casa.

-Pues me la pones difícil, ¿cuándo regresan tus papás?-Hasta la semana que viene; el viernes para ser exacta.-¿En serio? ¿O sea que podemos estar aquí todo el tiempo? -Bueno si tú quieres si, si no quieres pues podemos vernos por las tardes-Mira te parece si… bueno te ves tan linda así cuando paras esa boquita que me matas, pienso en cómo me darías un beso en el pene con ella. -¿De verdad? -Claro, ven acércate- ella se trasladó a mi lado. Me dice. -¿Dime?, oye amor, ¿ya te fijaste que la sala es nueva? -La verdad no, pero está bonita

-Oye corazón estoy como decirte, algo acelerada, cuando estabas exponiendo, ¿fue mi imaginación o tenías a mi cosita parada? -Si mi cielo estaba excitado, ¡imagínate! No siempre enseñas tanto las tetas como hoy. -¿Crees?, la verdad es que nunca ha sido mi intención, tú sabes que sólo son tuyas. -¿En serio? -De verdad. -Lu (por Selene = Luna), te digo una cosa, la verdad es que en estos momentos estoy excitado. -Ya lo había notado. -¿Y….? Selene se sonrió y dijo –me encantas, me fascinas, me gustaría mamártelo ahorita…-Que rico mi cielo, pero bueno tú sabes que a mí no me gusta quedarme estático.

La tomé por los hombros, la abracé y la atraje hacia mí dándole un beso profundo y lleno de pasión, donde mi lengua batía la suya, las entrelazábamos, mientras con una de mis manos sobaba intensamente esas tetas hermosas por encima del top, ella comenzó inmediatamente a sobar mi verga por encima de mi pantalón, esto fue suficiente para que “el monstruo” diera un respingo y creciera totalmente. No es que presuma de mi material, pero bueno ella decía que estaba muy rico y muy lindo, en este caso no puedo evaluarme, mi pene es de tamaño normal, hablamos de unos 12 cm en reposo y unos 18 erecto, en su máxima dureza llegará quizás a los 20 cm, y de grueso unos 5 cm de diámetro. Ella lo tomó por encima del pantalón y lo comenzó a sobar, se sentó a horcajadas sobre mis piernas frente a mí, aproveché para pasar las manos por detrás de ella y tomé con cada una de mis palmas cada nalga, que en esas circunstancias ya eran grandes, ella bajó mi cierre y desabrochó mi pantalón, hurgó más abajo y sacó mi pene de entre mi bóxer, con ambas manos lo tomó y lo comenzó a frotar de abajo hacia arriba lentamente descubriendo el glande completamente y luego volviendo a cubrirlo.

Cuando subía las manos, con los ojos me decía: “Te amo cariño, esta hermosa verga me la voy a comer completamente y después me la meterás por donde tú quieras”, me dijo con palabras. – Hermosa sencillamente hermosa, ¿me cabrá en la boca?, le dije – Prueba. Se bajó de mis piernas, se metió entre ellas, hincada en el piso y comenzó a frotarlo con mayor vigor, haciendo que de mi pene surgiera un líquido transparente, que se apuró a limpiar con la lengua, intentando meter la punta de la misma en el ojo del cíclope. Una vez hecho esto comenzó a chuparme la verga como solo ella sabía: bajaba y subía con el pene dentro de su boquita de mamadora, esto me hacía gemir, sólo atinaba a decirle –¡mmmmm, que rico mi amor, mámalo como tú sabes chiquita, que rico! Ella seguía mamando con maestría, sacaba completamente el tronco de su boquita y con la lengua pasaba la punta sobre el prepucio en repetidas ocasiones, luego tomaba sólo el glande y lo apretaba entre sus mejillas haciendo la farsa de que era una especie de mango o algo parecido.

Yo por mi parte si en un inicio comencé por relajarme y sumir la nuca en el fondo del respaldo del sofá, la tomaba por la cabeza y la jalaba hacia mi pene cada vez más tieso y largo, imposible seguir sin hacer nada, en una de tantas subidas y bajadas aproveché para sacarle el top, cosa a que ella ayudó moviendo la cabeza hacia abajo rápidamente y aparecieron en todo su esplendor esas hermosas tetas que me tenían loco, los comencé a estrujar en toda su magnitud, sobando alternadamente cada pezón haciéndolo enrojecer y erguirse como higo, esto la hacía vibrar de una manera estupenda y decía alternadamente con la chupada de verga –siiiiii, cariño sóbalos, muérdelos, pellízcalos, destrózalos son tuyos, ¡que rico siento!…

Continuó mamándome el pene por espacio de 10 minutos, durante los cuales había momentos en que sólo atinaba a balbucear, ¡qué rico!, la levanté por debajo de los brazos y le dije -mi amor ha llegado el momento de comernos mutuamente, por lo que más rápido que inmediatamente la voltee de tal manera que sus nalgas quedaron a la altura de mi cara y aproveché para hacer lo que más me gustaba, morderlas por encima de su estrecho short, mientras con una mano estrujaba alternadamente las tetas, con la otra desabroché el pantaloncito por delante e introduje mi mano en su vagina, estaba caliente, ¡muy caliente!, pero sorpresa, se había rasurado su pequeño rinconcito de placer (se había rasurado para mí según me dijo después), bajé un poco más mi mano y tomé su hendidura entre mi dedo medio y el índice rozando sus labios lentamente, ella estaba mojadísima, su vagina era un auténtico mar de jugos, eso hizo que me excitara mucho más por lo que decidiéndome, bajé su pantaloncito, me encontré con un pequeño calzoncito blanco, por no decir tanga que solo cubría su rica puchita y una sexta parte de sus nalgas blancas, nacaradas, que al contacto de mis intrusas manos se sonrojaron.

Mordí, arañé, golpee con fuerza ese hermoso trasero que tantas veces había visto, mientras seguía rodeando con las yemas de los dedos los pezones que cada vez se ponían más duros, mientras con la otra comencé a darle con el dedo en la vagina moviéndolo rápidamente, rozando el clítoris suavemente, que se puso tieso y ella vibraba cada vez que lo tocaba reculando ricamente, poniéndome las nalgas más cerca, seguí mordiendo y besando ese rico culo, ella jadeaba y decía: ¡Cabrón cógeme ya por favor!, ¡dame tu verga ya!, ¡que no ves que me quemo!, por favor mi cielo dámela, métemela donde quieras, ¡pero ya! Seguí mordiendo las nalgas, en un lapso de lujuria retiré haciendo hacia un lado la tela de la tanga y comencé a besarle el sonrosado agujero del culo que se remolinaba frente a mí (aclaro nunca, hasta ese momento habíamos cogido por el culo), pasé mi lengua completamente por el culo y bajé hasta la vagina, metiendo mi lengua hasta donde cupo, esto le soltó un grito de pasión, diciendo: -Máaaas corazón dame más…

Seguidamente la agaché, la puse a que pusiera las manos sobra el respaldo del sofá mientras me sacaba los pantalones, los tenis y el bóxer quedando sólo con la playera y calcetines y sin quitarle a ella la hermosa tanga, sólo la hice un lado, metiéndosela hasta el fondo, ella solo gimió y suspiró al mismo tiempo, comencé un mete y saca lentamente en su vagina que se adaptaba diestramente a mi verga cual si fuera hecha para ella, apretaba de lo lindo, a cada embate mío, ella contestaba con un suspiro y una reculada decía algo así, como: ¡amor me matas!… ¡por favor no pares! ¡Quiero más!… ¡dámelo por favor, dámelo! Seguimos así un momento más y en un lapso de pasión me dijo: – Amor ahora dámela por el culo, me gustaría recibir tu enorme monstruo por el culo, dámelo por favor, quiero sentirme desflorada por el culo y que seas tú el que me lo deje abierto, desflóramelo, por favor corazón ¡dámelo ya!

Seguidamente le puse las rodillas sobre el sillón la voltee y agache poniéndola en posición semi esclava le metí un cojín de los sillones debajo del estomago para levantar el culo un poco mas y le doliera menos, pero ella decía –Ya1 dámelo, lo quiero ya!… entonces fue cuando se me ocurrió, mojarlo en el con mucha saliva y en combinación con sus jugos vaginales , intenté penetrarla por detrás en un primer empujón me dolió ya que todo parecía indicar que era muy estrecha por el ojete, entonces tome mi dedo índice comencé a hurgar en su culo poco a poco , lentamente comencé a ensanchar el culo, después metí el dedo medio, ella sollozaba, pero no paraba de decir ¡sigue! ¡Dámelo!, con los dos dedos fue más fácil, una vez que había dilatado el esfínter un poco, intenté penetrarla y bingo, entró la cabeza de mi pene, ella brincó, bramó, gritó, dijo palabras ininteligibles, algo así como:

– Eres un cabrón ya me cogiste por el culo, para, detente que me duele. Me detuve mientras ella puso una mano por detrás, en mi pecho, después la quitó y entendí, comencé a metérsela poco a poco, seguí metiéndosela hasta que mis huevos chocaron con esas hermosas nalgas que momentos antes había mordido y estaban rojísimas.

En este momento estaba ya fuera de sí y decía, ¡aaaaaah! No… Por favor… No dejes de cogerme, cógeme siempre, eres un cabrón eres un… pero me gusta ser tuya, dame más, métemelo hasta que me duela todo, mátame, dame más. Comencé el mete y saca poco a poco, ese nidito, estaba tan excitado que le decía, me encantas por caliente, eres cachondísima, muévete gatita, muévete ramera, mueve ese culo, ¡tu papi te lo ordena! Ya fuera de sí, la levanté, me volví a sentar y le abrí las piernas lo más que se pudo, de tal forma que ella estaba prácticamente empalada con mi verga hasta lo más profundo de su culo…

Gritaba, sudábamos a más no poder, ya no sabíamos ni pensábamos en nada que no fuera satisfacernos, comencé a tocar y a pellizcar sus pezones mientras con la otra mano le acariciaba la vagina tocando su clítoris con dos dedos, aprisionándolo y sobándolo, seguimos cogiendo ya no aguantaba más y en ese preciso momento, ella dijo: —me vengo… me vengo… toma mi lechita corazón, toma mi juguito tómalo, ahhhhhh que rico, te amo mi cielo, te amo. Yo por mi lado descargaba mi semen hasta lo más profundo de su culo gritando… Eres única cariño, eres única, quiero coger siempre contigo…

Pasado el acto de relajación en el cual estuvimos jugando con el agua que previamente ella me había dado, se la ponía en el cuerpo y la sorbía de su ombligo o le besaba los hombros, me dijo muy seria:

-Te imaginas mi amor, ¿qué haremos mañana por la noche cuando llegues de jugar? Le dije, -Quizás repitamos esto, pero en tu recámara justo y en medio de todos los muñecos que tienes. -¿Y por qué no lo hacemos de una vez?, me dijo. Contesté  -Podría, pero debo estar completo para el juego de mañana. Me respondió.

-Si es cierto, si algo me gusta de nuestra relación es precisamente que somos francos, dije. -Ah, pero sobre todo disfrutamos del buen sexo.-Si cariño, que te parece si cenamos algo-¿Cómo qué? Pregunté.-Lo que quieras dijo.

Acerté a darle una palmada en esas nalgas tan lindas y darle un beso en los labios mientras me vestía y platicábamos de su tesis. Ella coquetamente me incitaba a subir a su recámara, con la preocupación por el día siguiente no lo percibí, así que cenamos en buena onda y continuamos charlando esperando la noche posterior. Quien desee darme una opinión al respecto, está en la libertad de hacerlo. Un saludo a Mariana y Ale Fuentes (“Devoradora”), que sin ellas no me hubiera animado a publicarlo.

Autor: sheriff30

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Mi sobrina, su madre y mi hijo

De pronto los cuatro formando una sola unidad física, la madre sobre mi, ella embutida en el sexo de ésta y Lucas con el pistón ansioso de descargar su leche en ella, la calentura sube rápido a la cabeza, la eyaculación de mi hijo se hace estridente, grita el deseo en la conchita de la chica. El brama deseo y bríos en empecinado empuje, ella ahoga sus gemidos en el semen.

Es una historia de sexo, de vida que deja marcas indelebles, sobre todo cuando ninguno había transitado los caminos del sexo familiar y mucho menos a niveles de morbo solo vistos en alguna película porno, esa historia que estamos seguros jamás nos sucederá a nosotros, pero… las mujeres y el destino disponen.

Esa noche madre e hija habían tenido su noche lésbica.  Forzado a dejarles el tiempo y espacio solo para ellas, para expresarse toda su sexualidad reprimida, ni vínculo ni otra consideración moral contaba, solo eran dos hembras en celo y dispuestas a probar el placer.

En la mañana me introduje en el cuarto, tomé a Ernestina, la hice gozar mientras la hija fingía dormir,  ambos llegamos a un delicioso orgasmo, ésta despertó y entró en acción para desayunarse la abundante descarga matutina de semen, tomarlo directo de la  vagina de su madre, sacarlo con la lengua y compartírselo entre ellas.    Era algo que me superaba, despertó mis instintos y exacerbó el deseo.

Todas estas situaciones producidas en tan breve lapso habían superado mis más alocadas expectativas, la capacidad de asombro desbordada, el placer era dueño de mis sensaciones, pero como diría un presentador de espectáculos, lo más importante aún está por venir, y vaya que lo hubo…

Nos quedamos remoloneando en la cama hasta quedarnos dormidos.  Desperté, estaba solo y desnudo, con esa indumentaria natural me levanté para ir al cuarto de baño, encontré a Laura, la hija, orinando, el primer ademán fue de retirarme, pero la muchacha por el contrario le parecía muy erótico verme con la verga en la mano, listo para darle uso.   Sonrió y dijo:

-Vamos, ¡acá, conmigo!  –sorprendido, me encogí de hombros sin sabe qué hacer.

En verdad esa imagen, a punto de comenzar a orinar, las piernas abiertas y la vagina dispuesta para el acto era el erotismo en su cima.   La situación me remitía a escenas de filmes porno, insiste:

-No seas malo, ¡vamos, acá, ¿sí..?  – Las palabras, el gesto infantil de chuparse el índice, poner cara de nenita inocente, suma erotismo al cuadro.

Me gustaba el juego, subí la apuesta, cada momento supera al anterior, el ambiente cargado de morbo los hacía únicos, todo estaba dado para entrar en la espiral de locura y de sexo.

Abrió un poco más las piernas, visión plena, la mata de vello recortado aumenta la dosis de lujuria, se mira en mis ojos, da vía libre a mis necesidades, leyéndome el pensamiento dijo:  – Sí tío, así marcas el territorio, ¡vamos!

Puse manos a la obra, dirigí el chorro al pequeño espacio para sumarme al que salía de ella en ese momento.   El primer chorro rozó su muslo, corregí la puntería, objetivo cumplido, justo sobre la vagina, escurrido entre los vellos, se sumó al de la niña: dos hilos dorados se hacían uno solo.

Concluido el acto de  marcar territorio limpió con papel los genitales de ambos.

La ducha matinal fue escenario del premio, delicioso masaje, la espuma subiendo y bajando por sus curvas eran el aperitivo de un banquete, mis manos se perdían en la grieta de sus nalgas, para emerger en la herida abierta de su sexo, volver a las redondeces y subir hasta sus pechos para abarcar y esconder los pezones en la palma de mis manos, regalo de caricias por el erótico regalo sorpresa. La joven se hizo cargo de borrar rastro de agua y espuma, al mismo tiempo que escribía en la carne del deseo una nueva página de sensaciones.

El desayuno nudista tenía otro sabor, vernos en desnudez era poner la libido sobre la mesa, los manjares al alcance de la mano, contemplarlas moverse preparando el desayuno una deliciosa visión,  cadencia en el andar, movimiento de curvas, cada cruce daba lugar al roce intencionado, al toqueteo indecente, a la caricia impúdica, al manoseo osado, al contacto genital descarado y urgente.

Se exhibían en libertad, la excitación y el aroma de sensualidad dominaban la cocina, todos los movimientos de las mujeres estaban calurosamente calculados, las posiciones exageraban y mostraban sus atributos e invitaban al avance descarado.   Ernestina se echó hacia atrás al inclinarse sobre la mesada de la cocina, pose ampulosa, piernas levemente separadas, genitales se ofrecen abultados y brillantes por el barniz del deseo, parece que la abertura vaginal se abriera y late, gira la cabeza comprueba el llamado de la pasión.

Avanzo, despacio, el miembro empinado y turgente, las venas pletóricas de sangre en excitación producen la molestia de la erección que se diluye en el contacto; tomada de las caderas, adelanto mi pelvis, la verga tiene el ángulo adecuado para apoyarse por sí misma contra esos labios ansiosos. Empujo, ingreso suave y ajustado, echa hacia atrás su anatomía, los cuerpos se ajustan, los sexos se acoplan.   Mis vellos se humedecen en sus jugos, es el momento de entrar en acción, encender los motores para lanzar el misil en las profundidades de la pasión.

De pronto el instinto animal se nos manifiesta, el vaivén se hace constante y rítmico, los gemidos de ella se expanden, sus músculos se contraen.   La impulso con la fuerza y el movimiento alucinado de una calentura surgida del instante, sacudiendo mi cuerpo dentro del suyo marco el compás, ella ejecuta la melodía, la transporto en mi calentura, ella recibe y transforma en un resonante orgasmo:

-Ah, ah, ah.   Animal, me matas, me estás reventando.   ¡Qué calentura! ¡Qué bueno es!

La mujer modosita y pudorosa quedó sepultada por la hembra calentona, ni vale la pena recordar la sarta de obscenidades repetidas, el vocabulario más ordinario servía para expresar ese momento único.   Se impulsa hacia mí, el cuerpo se tensa y estalla en mil vibraciones y latidos, transmite su sensación, el calor jugoso de su conchita se manifiesta sobre el miembro viril que sostiene la presión interior.  Vuelve a vociferar y delirar su placer:

-Ah, qué bueno, me muero… muero de placer…   –Su vientre calienta el mármol, agarra del borde para no caer, vuelve la cabeza.   –¡Sigue, no te salgas!, ¡empuja, empuja! ¡Hijo de puta, cómo me estás poniendo!, hace tanto que necesitaba esta sorpresa, esta forma de coger me saca, me pones en el cielo y el infierno, me estás cogiendo como una puta.  ¡Me gusta, me gu…uu…sta…aaahh…! ¡Así, así… quiero… quiero se…ee…eeerr tu pu…ta…aa…aaaaaaaaaaaa!

Los latidos señalan que había entrado en un nuevo orgasmo o intensificado el anterior.   Ernestina era una fiera salvaje, la pasión desatada, la sobrecarga de excitación acababa de hacerle saltar los fusibles de su resistencia sexual, la calentura hacía estragos en ambos, tiemblan mis piernas.

Sin dejarla salirse de mí, retrocedí hasta sentarme, remolque en retroceso.   Sentada sobre mí, volví a excitarla, moverse, saltar, impulsarse en sus piernas, cabalgarme, dejarse caer para sepultar el miembro en su interior, delicioso dolor de sentir como me siente golpearla en el fondo, hasta el útero. Con mis manos ayudo a poder subir y bajar, mecerse y galoparme como una Lady Godiva, gritando su calentura, en pos de un nuevo orgasmo que explota en su conchita, el semen brota en ella, acentuando el placer.

Se mueve despacio, siente como se corre el semen por las paredes vaginales, termina de sacudirse hasta vaciarme los testículos, hasta exprimir el último resto de leche.

Los gemidos devienen a los gritos y a éstos el silencio generoso del éxtasis.   Recién notamos la presencia de Laura, callada espectadora, espera su turno para entrar en escena, se toca, frota a más no poder, pero…?, solo falta ese ingrediente, el toque de suspenso en.    En esta trama de descontrol y lujuria aún no estaba todo dicho…

Sabido es que cuando se está en el trance del goce sexual la atención y sentidos están ocupados a  full en el placer, la imagen borrosa de Laura desde la puerta tocándose no alteró nada, pero ahora,  notamos que las manos que se agitan en el sexo de la muchacha no le pertenecen?.   La inquietud supera a la sorpresa, cuando pudimos tomar conciencia que las manos que revolvían los vellos púbicos de Laura pertenecían a Lucas, ¡mi hijo!

-No paren, está todo bien, hace un buen rato que estamos disfrutando del show.  Sigan, todo bien, no ven como me tiene agarrada, estamos recalientes mirando como se dan, y estamos en lo mismo para no perdernos el espectáculo.

Se acercan, la desnudez de Laura cubre a Lucas, solo vestía la camisa, el miembro desplegado apoyado entre los glúteos de la chica, era evidente que el roce había comenzado momentos antes.

Laura avanza entra en acción, avanza y acaricia los pechos de su madre, se abrazan y la ayuda a desmontar de la empalada, pero queda descansando sobre los muslos, recostada sobre mí para recomponer del exigente galopar.

El sexo expuesto, al público, la postura y la abundante lechada exceden la retención vaginal, el fluido blanco asoma y comienza a escurrirse, Laura no permite que el vital producto se pierda, abreva para saciar su boca en el semen recién servido en su mamá.   En esa postura se ofrece a mi hijo en forma plena, exagera la postura para permitirle una entrada triunfal en ella.

El golpe le hace tragarse de un solo envión la poderosa herramienta legada por herencia familiar, se le mete hasta el fondo, el gemido no alcanzó a ser tal, incrustada en la fuente de semen que no paró de degustar mientras recibía un tratamiento sexual acorde al de su madre.

De pronto los cuatro formando una sola unidad física, la madre sobre mi, ella embutida en el sexo de ésta y Lucas compactando a joven hembra con el pistón ansioso de descargar su leche en ella.  La imagen cargada de lujuria no permite demasiadas sutilezas y juegos, la calentura sube rápido a la cabeza, la eyaculación de mi hijo se hace estridente, grita el deseo en la conchita de la chica.   El brama deseo y bríos en empecinado empuje, ella ahoga sus gemidos en el semen.

De pronto todos estamos combinados, enlazados en la vorágine, subidos a la espiral del descontrol y la pasión más primaria, más auténtica del ser humano: el sexo.

Completa la descarga seminal de Lucas, se desarma a gusto en dentro de Laura, el grupo escultórico vivo se va descomponiendo y separando.   Ahora es turno de Ernestina, que desayuna en el manantial de semen que le sirvió su hija.   La mujer aprendió rápido el placer del sexo grupal, lame y sorbe con golosa expresión, no deja de mirar a los dos cómplices de su placer.

Nada que decir, todo por hacer, todo por disfrutar, el resto del día fue más de lo mismo.   Menos urgencias, más producido y organizado pero no por eso menos placentero.

Desde ese día no hemos dejado de realizarlo cada vez que se nos presentó la oportunidad de hacerlo.

Tus experiencias y comentarios sirven para enriquecer los nuestros, saber que no estamos solos, también es un incentivo para poder comentar las historias que algunos tenemos y no nos animamos a contar…

L@s espero en mi correo.

Autor: Nazareno Cruz

latinoinfiel@yahoo.com.ar

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Mi hijo desvirgó mi culo

De pronto se paró y lo noté tensísimo, con mis manos en sus testículos noté que se iba a correr, le dije, llena de esperma a tu madre y al mismo tiempo que con mis propias palabras me corría, sentí un tremendo calor en mi cuerpo y como mis entrañas se llenaban de semen, estuvo con su polla metida en mi ano eyaculando y notando como algún chorro resbalaba por mi ano dilatado.

Si algo me ha vuelto loca de mi hijo Pedro es, aparte de su sexo, son dos cosas: sus hermosos testículos (me encanta palparlos con la mano, sentir lo que pesan entre ellas, bueno al menos cada vez uno pues no me caben en una mano debido al tamaño) y segundo su esperma. Es algo a lo que jamás creí que una mujer como yo se podría enganchar, esa es la palabra, enganchar. Me encanta su textura, su sabor, su temperatura y claro que, sobre todo su abundancia cosa de la que Pedro va sobradísimo.

Bueno, el punto donde dejé mi historia era en la cena de mis amigas en casa. Después de recoger la casa un poco entre Pedro y yo ya se había hecho tarde. Ambos no nos decíamos nada pero sabíamos que habíamos disfrutado de ver como mis contertulias se habían puesto hasta arriba de comer de mi pastel, bueno, de nuestro pastel. Como ya dije, en varias ocasiones tuve que cambiarme de bragas porque si algo viene de familia, es que tanto Pedro como yo, al excitarnos soltamos bastantes fluidos corporales. El caso de Pedro es ya bien conocido y el mío pues más o menos también.

El caso es que en cada ocasión mis braguitas estaban empapadas de flujo blanquecino-transparente, no espeso sino bastante liquido que hacían que mi sexo estuviera brillante durante toda la noche, enrojecido supongo que por la dilatación sanguínea y muy excitado. Mis pechos, a pesar del sujetador que usaba, los notaba hinchados y mis pezones supersensibles. Todo ello por ver a mis amigas, sobre todo a Maribel como le encantaba el pastel que había preparado con la eyaculación de mi hijo la mañana antes de la cena. Todo eso hacía que durante la cena y después de la misma oliera continuamente a mujer excitada, a vagina, cosa que intentaba disimular durante la misma abriendo un poco las ventanas aludiendo el calor que provocaba la bebida que tomábamos. Quizás era mi olor o el de alguna amiga que se habría excitado pensando vete a saber que.

Por otra parte, sabía que Pedro también estaría muy excitado porque mientras cenábamos y luego recogíamos la casa, se echaba las manos de vez en cuando y con disimulo sobre sus testículos, levantándolos, síntoma inequívoco (lo conozco) que le molestan un poco debido al peso que aguantan y que la producción de su esperma ha aumentado, necesitando (y como dijo el médico) vaciar para relajar la musculatura del escroto.

Cuando terminamos de recoger, nos pusimos más cómodos y nos tumbamos en el sofá. Halamos de la cena y evidentemente ambos queríamos follarnos mutuamente. Hasta ese momento solo lo habíamos hecho una vez y no quise que eyaculara en mi interior pues no tomaba pastillas anticonceptivas.

Pedro me abrió el camisón, y sacó mis pechos al exterior, apoyándolos sobre la costura del camisón, haciéndolos más grandes de lo que aún son. Estaban rosados, hinchados, mis areolas las noté súper oscuras (bueno las suelo tener oscuras casi siempre y bastante grandes pues casi ocupan mi pecho, cosa que en sus días me traía complejos) y mis pezones durísimos. Pedro estuvo jugando con su lengua bastante rato, aprisionándome los pezones, estirándolos con sus labios. Lamiendo todos los rincones de mis areolas. Me dejó los pechos completamente llenos de saliva, entre ellos, en mis pliegues.

Yo no decía nada solo cerré los ojos porque me encontraba súper excitada. Así me fue lamiendo toda, centímetro a centímetro llegando a mi ombligo, a mi sexo que olía mientras pasaba su lengua sobre mi braga.

Yo me dejaba llevar ya pues, la verdad no tenía fuerzas para negarme a nada. Me bajó las bragas, llevándose con ellas parte de mis flujos adheridos al protector de la misma. Las olió y me las dio a lamer. Solo me limité a abrir la boca y sacar mi lengua. Estaba comiéndome mis propios flujos de la mano de mi hijo. ¡Que locura! Cuando separo mis piernas notaba el aire correr en mi interior como si me hubieran desnudado en un día de frío. Me lamió los labios mayores, menores, metió su lengua en mi vagina como follándome con ella, lamía mi clítoris dando suaves círculos alrededor con su lengua al mismo tiempo que lo estiraba con sus labios hacia arriba. Lamía mi ano (que sensación más indescriptible), metía su lengua como follándome también.

Poco a poco fue apoyando sus dedos sobre mi esfínter mientras su boca succionaba mi clítoris. Es una sensación rarísima porque al menos yo no podía controlar cuando quería orgasmar o no. La humedad de mi sexo y sus labios mojados hacían que un dedo, dos se acomodaran fácilmente en mi ano mientras yo no pude más  y orgasmé, eyaculé gritando con el cojín en la boca para no hacer ruido, notando como la lengua de Pedro recogía los grumos lechosos que salían de mi sexo mientras recorría las sensaciones orgásmicas por todo mi cuerpo. En todo ese tiempo mi trasero se había acostumbrado a sus dedos pero no puede evitar sentir algo de malestar cuando los retiró.

Descansé un poco y me lo senté en el sofá, le bajé el pijama, lo abrí de piernas y así de rodillas frente a él, me puse a lamer todos sus genitales, poro por poro. Me encanta sentir como sus testículos se elevan al paso de mi lengua. Me encantan, son grandes, pesados y me vuelven loca, los cojo con delicadeza pero firmemente y dejaba lleno de saliva su pene que poco a poco cogía todo su esplendor. Lo cual en cierta forma es un problema para mí porque desgraciadamente me cabe poco más que su glande en la boca y aun así me siento la boca muy abierta debido al tamaño. Estuve más ajeándole los huevos y lamiendo su pene por más de quince minutos hasta que yo la necesitaba en mi vagina que ya mojaba el suelo de nuevo con gotas de mi excitación. Me puse sobre él a horcajadas, mis pechos en su boca y sin necesidad de apuntarla ni nada, la propia humedad fue guiándola hacia mi vagina.

Mis piernas estaban estiradas pues sus 25 cm en erección se hacen notar y tengo que ponerme con las piernas apoyadas en mis rodillas bien derechas para iniciar la follada. Me cogió por las nalgas, sus dedos apoyados en el esfínter anal y poco a poco me la fui introduciendo siendo yo quien llevaba el ritmo para no hacerme daño. A las tres o cuatro subidas yo orgasmé de nuevo sintiendo como mis flujos chapoteaban en mi vagina cada vez que su polla entraba y salía de ella. Él no se corrió a pesar de que le dije gritando córrete Pedro, córrete, pero no me hizo caso. Caí rendida con todo su miembro en mi interior, empalada, ensartada como una perrita caliente, y con su pubis lleno de restos vaginales de mi corrida.

Me levantó con las manos con delicadeza y me dejó así en el sofá, de espaldas a él, yo mirando el respaldo del sofá. No me dijo nada, se coloco así detrás de mí, pensé que iba a follarme otra vez en esa posición (que nunca habíamos hecho) y en un minuto la tenía dentro de nuevo. Esta vez la sentí muy diferente, parecía que me levantaba con su polla el culo, tocando las paredes de mi vagina por un sitio diferente y es que, desde luego, las posturas se sienten diferentes cuando el miembro que te ensarta es de un tamaño u otro pues con mi ex – marido no la sentía así. El caso es que empezó cada vez a bombearme más de prisa y terminé por orgasmar por tercera vez consecutiva en la noche. Pedro sacó su miembro de mi vagina chorreante oyéndole decir, jodeer!

Mamá me la has dejado chorreando. Yo no tenía fuerzas para nada, solo quería que se corriera ya.

Mientras me hablaba, apoyó su glande en mi ano, súper lubricado de restos de mis corridas, supongo que algo dilatado de sus dedos etc… Me asusté, pero él con sus manos me tranquilizó. Sabía que me iba a doler una barbaridad. Estuvo como cinco minutos empujando poco a poco y en el mismo instante que ese glande entró en mi ano creí morirme, grité, le dije desesperada que lo sacara, por favor, sácalo me duele mucho me vas a provocar una rotura por favor Pedro. No me hizo caso estaba salidísimo y dejo así su glande metido en mi ano como cinco minutos más a la espera de que yo dejara de respirar tan profundamente y rápido.

Me quedé transpuesta, medio mareada pero me desperté de nuevo cuando notaba como Pedro empezaba a empujarme con su pene. Metió su mano en mi vagina, mojándola, recogiendo flujos con su mano que se ponía a lo largo de su pene.

A los diez minutos o más tenía sus 25 cm de polla metidos en mi ano. Me notaba completamente abierta, dilatada, llena, pinchada. Yo no podía moverme para nada, casi no podía respirar. Cuando ya estuvo acomodada del todo, lo noté porque sus testículos tocaban los labios vaginales, me puso una de sus manos en mi vagina, recogiendo con sus dedos mi clítoris. Me fue masajeando masturbándome para no sentir esa cosa en mi ano, poco a poco me fue excitando de nuevo y sin darnos cuenta ambos nos movíamos. Él cada vez más fue sacando parte de su pene de mi ano y metiéndolo de nuevo, cada vez más  de prisa pero sin exagerar. De pronto se paró y lo noté tensísimo, le cogí los huevos con mi mano entre mis piernas pues a cada embestida me daba un sonoro plas!

Entonces con mis manos en sus testículos noté que se iba a correr. No pude decirle que si, hijo mío córrete, llena de esperma a tu madre y al mismo tiempo que con mis propias palabras me corría, sentí un tremendo calor en mi cuerpo y como mis entrañas se llenaban de semen. Ahora si que notaba presión en mi culo, estuvo con su polla metida en mi ano eyaculando cinco minutos o más no dejando de soltar esperma y notando como algún chorro debía resbalar por mi ano dilatado. Es como si me hubieran puesto un enema, fue una sensación rarísima pero no desagradable.

Pensé que si me había eyaculado lo que normalmente hacía, unos 450 o 500 ml no podía sacarme la polla e ir yo al baño porque no llegaría. Así que y a pesar de la vergüenza, así yo ensartada por Pedro en mi culo fuimos al baño. Abrimos el WC y rápidamente al mismo tiempo que sacó su pene (con cuidado pues me dolía una barbaridad, me senté el wáter, notando como una gran cantidad de esperma salía de mi ano.

Estuve así sentada más de diez minutos sacando semen, brotando de mis intestinos. Y así sentada tuve unas enormes ganas de hacer de cuerpo. Así que lo hice. Cuando terminé, me limpié y me asusté porque tenía el ano enorme, me cabía todo, aunque no sangre.

En fin, ahí quedó todo, la primera vez que me desvirgó el culo mi hijo y la primera vez que se corrió en mi interior y no fue en mi vagina. Que le vamos a hacer, las cosas estas no se eligen.

Un beso a todas y todos los lectores.

Autora: Lauracad

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Empalada por el amigo de mi esposo

Poco a poco, pero sin dejar de besarme, fue desplazándose hacia mí, como para formar eso que llaman el sesenta y nueve. Me estaba pidiendo correspondencia y en esas condiciones no podía negársela. Le besé con cautela en un principio, pero tomé la confianza necesaria para ofrecerle reciprocidad. Nos entregamos entonces al delicioso favor de nuestras bocas, llegamos casi juntos.

Cuando Ernesto me dijo que venía Juan Luis, su inseparable amigo en la universidad, no le di la menor importancia al asunto. Cierto es que mi marido me había contado de las aventuras que pasaron juntos en aquellos años y del éxito que solía tener su amigo con las mujeres, pero eso ya se me había olvidado. Tampoco le recordaba de cuando asistió a nuestra boda, en esos días lo último en lo que se fija la mente es en los rostros de tanta gente que asiste a la fiesta. Él venía a una cita de negocios y Ernesto le había ofrecido nuestra casa, aprovechando que tenemos un cuarto para huéspedes.

La situación se tornó peculiar cuando intempestivamente mi marido tuvo que salir a Chihuahua un día antes de la llegada de su amigo. Por tal motivo, me encargó que recogiera en el aeropuerto a Juan Luis y lo trajera a casa. Tuve que hacer el papelito ese que siempre me pareció ridículo, de escribir en un cartón el nombre de la persona que se tiene que recoger, y exhibirlo a todos los pasajeros que arribaban, esperando que el susodicho se aparezca. Después de un buen rato por fin apareció. ¡Qué guapo era! Me sorprendí mucho porque me lo imaginaba más normal, pero su 1.90, sus ojos claros y su sonrisa encantadora me hicieron olvidar el mal humor que moverse desde Santa Fe hasta el aeropuerto provoca a cualquiera.

Nunca entendí por qué me puse tan nerviosa al verle. Él me saludó como si me conociera de toda la vida, de beso y abrazo, pero se cohibió un poco al notarme nerviosa. Seguramente en esos momentos le parecí una retrasada mental, creo que le contesté “bien” cuando me preguntó si tenía largo rato esperando y “no, voy llegando” cuando me dijo que cómo estaba. Ni siquiera un “cómo te fue en el viaje” se me ocurrió. Había quedado en calidad de idiota, pero pronto me sentí mejor; su plática amena me sacó tres carcajadas en el trayecto al estacionamiento.

“Es una lástima que Ernesto haya tenido que salir a Chihuahua”, me comentó mientras enfilábamos hacia la casa. “Me había prometido que iríamos a recordar los viejos tiempos”, continuó en tono de broma pero con cierto aire de invitación. “Pues si quieres te llevo a cenar”, le contesté un poco comprometida pero al mismo tiempo con muchas ganas de ir a dar la vuelta. El camino fue todo risas. Cuando me platicó la anécdota de que él y mi marido habían pasado una noche en la delegación por andar borrachos en la vía pública cuando estaban en la universidad, no pude contener mi risa al imaginarme el cuadro patético.

Cuando llegamos al restaurante me preguntó si no tenía inconveniente en que nos sentáramos mejor en la zona del bar, a lo cual accedí gustosa. ¡Hace tanto no salía con Ernesto en ese plan! Cuando pasó amistosamente su brazo por mi espalda para conducirme, sentí una emoción indescriptible, “¿estoy teniendo un affaire?” me preguntaba mientras caminaba hacia la mesa. La música, un poco alta de volumen, hizo que nos mantuviéramos muy cerca para poder escucharnos; cada vez que acercaba su aliento hacia mi oído para poder hacerse escuchar, sentía que mi corazón latía más rápido.

Platicamos un rato y a la tercera copa se animó a tomarme de las manos. Yo sabía lo que tenía que hacer: quitar mis manos y pedirle que ya nos fuéramos; pero no sé qué me pasói, no quise hacerlo. En cambio, le sonreí aceptando su juego. Él entonces se acercó, me abrazó y me empezó a besar el cuello. En ese momento yo ya me sabía entregada. Luego llevó su boca a mis oídos y me preguntó “¿quieres ir a un hotel?”. Excitada al máximo asentí con mi cabeza mientras mi cuerpo se llenaba de nerviosismo. “¿Qué estaba haciendo?… ¡y con el mejor amigo de mi marido!”

Él pidió la cuenta y salimos abrazados del bar. Una vez en la camioneta, nos comenzamos a besar. La oscuridad del lugar nos invitó a llevar nuestras caricias más allá de lo que la prudencia ordenaba. Pronto me vi con sus ansiosas manos bajo mi falda, procurando retirarme las panty medias. Yo me levanté un poco para que lograra su propósito. “Vámonos a los asientos de atrás” me indicó. Yo obedecí aprovechando la amplitud de mi camioneta. Él a continuación desabotonó mi blusa, retiró mi sostén y comenzó a besarme los senos de una manera en verdad deliciosa.

No hacía falta que yo cerrara los ojos, porque la oscuridad del lugar era total. Tomó mi mano y la llevó a su entrepierna. Supe entonces lo que quería; desabroché su pantalón, saqué su paquetito y empecé a acariciarle suavemente mientras él seguía besando mis senos. Poco a poco fue descendiendo sus labios hasta el punto de llegar a mis pantaletas, las cuales retiró con suavidad… abrió entonces mis piernas y condujo su lengua hacia mi sexo frotándome con ella como jamás nadie lo había hecho.

“Sigue, por favor” le hubiera dicho, si el temor a parecerle demasiado impura no me hubiera gobernado; en cambio, callé cuando retiró su boca de entre mis piernas para llevarlas a la mía, para continuar su movimiento dentro de mi boca. Dirigió entonces con exquisita puntualidad su deliciosa carne hacia dentro de mí. “Ponte un condón, por favor” debí decirle, pero el temor a que no tuviera me inhibió, preferí correr el riesgo. Su ingreso en mí me hizo sentir morir de placer. Sus exquisitos balanceos se apoderaron del lugar, y pronto los naturales ruidos de un auto que alberga a dos amantes en entrega, aparecieron. Pero la oscuridad era nuestra aliada y pudimos seguir el baile del placer… hasta que por fin llegué.

Puedo decir con toda seguridad que hacía mucho tiempo no sentía un orgasmo tan delicioso… me atreví a gritar de placer. En ese momento no me importó que alguien nos oyera. Él, caballeroso, paró unos instantes para dejarme disfrutar el momento. Después continuó meciéndose sobre mí hasta satisfacer sus ansias… Descansamos unos instantes. No atiné qué decirle cuando llegó el momento de decir algo. Él en cambio dijo algo así como que ya no necesitábamos el hotel, y estallamos ambos en risas. Como pudimos, nos vestimos en la oscuridad y enfilamos hacia la casa sin mayores remordimientos.

Más tarde le mostraba el cuarto de huéspedes, donde dormiría. Él me dijo que tomaría un baño antes de dormir y me despidió con un beso en la boca, el cuál rechacé por el temor a ser sorprendidos por Ofelia, la sirvienta de toda la vida que había sido nana de mi marido. Me retiré a mi cuarto e igualmente decidí darme un baño. Esa noche fue de insomnio. Los remordimientos que se habían ausentado, ahora empezaron a aparecer. “¡Qué hice!” me recriminé por varias horas, hasta que quedé profundamente dormida.

A la mañana siguiente desperté con un sabor amargo en la boca. El temor a las consecuencias de mis indecencias se apoderó de mí. No sabía ni cómo vería a la cara a Juan Luis… ¡y a Ernesto! En eso Ofelia tocó a mi cuarto para llevarme el desayuno a la cama. Cuando le recordé que teníamos un invitado y que desayunaría en el comedor, me informó que Juan Luis había salido temprano a sus asuntos y que había dejado dicho que me llamaría más al rato. Ello me tranquilizó un poco. Por lo menos no tendría que verle inmediatamente.

Cerca de la hora de la comida recibí su llamada. Quería que nos viéramos en un restaurante de la zona “Rosa”. Obviamente me negué y le pedí que me disculpara, porque estaba un poco desconcertada con lo que había ocurrido. Me comentó que no había problema y antes de transcurrida una hora estaba a la puerta de la casa. Ofelia le hizo pasar. Él me saludó como si nada y con un gesto gentil me pidió que le acompañara. Tomó dirección del cuarto de huéspedes. Yo no quise que cerrara la puerta para no inquietar a Ofelia.

Me pidió que me sentara junto a él en la cama y me ofreció un estuche. Al abrirlo descubrí una hermosa gargantilla de oro, con unas bellísimas incrustaciones de diamantes. “Es muy bonita, tu esposa se va a poner muy contenta” le comenté. “¿Por qué?, si es para ti”, me contestó al tiempo que la tomaba en sus manos para colocarla en mi cuello. “Bien sabes que no puedo aceptar este regalo, Juan Luis, por muchas razones”, le dije, pero sin dar respuesta a mi comentario, simplemente acercó sus labios a los míos y me tomó entre sus brazos con gran ternura. De nuevo me encontré entonces ante el reto de vencer a la tentación; de nuevo me vi derrotada por ella.

Sin dejar de besarme, me recostó suavemente en la cama y con sus manos comenzó a recorrer deliciosamente mi cuerpo. Yo sabía que no debía ocurrir aquello, pero una fuerza mayor a mi voluntad me obligaba a seguir disfrutando de aquellos momentos. Sólo atiné a pedirle que cerrara la puerta, a lo cual obedeció diligentemente. Poco a poco fue desprendiéndome de mi atuendo, una a una, cada prenda fue sucumbiendo ante su ansiedad, hasta que ambos quedamos completamente desnudos. Besó entonces cada centímetro de mi piel, mi boca, mis oídos, mi cuello, mis senos, mi vientre… Mis muslos… abrió entonces mis piernas con desmedido anhelo… recorrió la parte interna de mis muslos y finalmente lo tuve aquí… su lengua se movía con fervoroso ánimo regalándome momentos exquisitos de verdad.

Poco a poco, pero sin dejar de besarme, fue desplazándose hacia mí, como para formar eso que llaman el sesenta y nueve. Me estaba pidiendo correspondencia y en esas condiciones no podía negársela. Le besé con cautela en un principio, pero poco a poco tomé la confianza necesaria para ofrecerle reciprocidad. Nos entregamos entonces al delicioso favor de nuestras bocas… llegamos casi juntos. Nunca antes había probado el sabor de la miel del hombre. Honestamente, no me gustó la sensación de flemas en mi garganta, pero el rostro de satisfacción de mi pareja en turno lo valió todo.

Se recostó junto a mí y descansamos un rato. Los ruidos de Ofelia me volvieron a la realidad. “¿Pero qué hice?” me pregunté de nuevo. Aquella había sido una imprudencia mayor que la del día anterior. Me paré, me vestí y salí del cuarto para huéspedes tan pronto como pude. Él me despidió momentáneamente con un guiño socarrón. En el trayecto hacia mi recámara me topé con Ofelia, pero preferí no mirarla a los ojos… no podría resistir su mirada inquisidora…

Ya en mi cuarto, me lavé la boca y me quedé meditabunda sentada en la cama… por largo rato me atormenté con el reproche de mi conciencia. Había oído historias de infidelidad de gente conocida, pero nunca imaginé que a mí me tocaría saber de eso. Sonó la puerta entonces. Mi corazón se aceleró. ¿Ofelia se atrevería a reclamar mi actitud? “Adelante” dije con voz entrecortada. Al instante siguiente veía el rostro de Juan Luis, quien se despedía porque tenía que regresar a sus asuntos del trabajo. “Llévate la camioneta”, le dije ofreciéndole las llaves de mi auto. Las tomó agradecido, me dio un beso en los labios y partió.

Toda la tarde la pasé en mi cuarto; meditando sobre lo ocurrido y sobre lo que podría ocurrir al rato. Esa sería la segunda y última noche de Juan Luis en la casa, pues venía sólo por dos noches. ¿Qué es lo que debía hacer? No encontré respuesta. Llegó la noche y con ella Juan Luis con un hermoso ramo de rosas rojas para mí. ¡Hacía tanto que Ernesto no me regalaba uno! Cenamos normalmente y acudimos al salón de TV para escuchar las noticias. Él se sentó junto de mí, como si fuera mi marido, abrazándome, y de nuevo no hice nada para impedirlo.

Al poco tiempo me desvistió y ahí mismo me hizo suya de nuevo… Dormimos juntos en mi recámara, y al día siguiente lo llevé rumbo al aeropuerto. “¿Arreglaste tus asuntos?” le pregunté en el trayecto. “Todos” me respondió al tiempo que colocaba su mano cariñosamente en mi entrepierna.

Ernesto nunca me preguntó sobre las rosas ni la gargantilla. Poco tiempo después descubrí que Ernesto en realidad no había ido a Chihuahua, sino a Monterrey, donde vive Juan Luis. Varios cargos en su tarjeta de crédito me lo hicieron saber. Entre ellos, uno de una joyería y otro de una florería. ¿Acaso estos granujas habían intercambiado a sus esposas sin que nosotras lo supiéramos? Creo que eso fue lo que pasó… y me gustó.

[Relato dedicado a Maite]

Autora: mm2001

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