Una manera de follar

Era ya media tarde y había salido del trabajo un poco cansado. Aunque estaba acostumbrado a llegar a casa y follarme a mis dos vecinitas sedientas siempre de polla esta tarde me apetecía tomar algo en un bar.

Entré en un bar al lado de mi casa que estaba bastante vacío. Me senté en la barra mirando hacia el frente y pensando en mis cosas. De repente alguien me dio un pequeño golpe y me pidió fuego. Le di fuego y le miré. Se trataba de una chica: – Hola, soy Raquel. No te he visto por aquí antes.

Read more

Me gusta / No me gusta

La sauna

Le follaron el culo un montón de veces mientras nosotros nos morreábamos frotando nuestros pechos y vientres el uno contra el otro. En un momento dado, me excitó tanto sentir su cuerpo apretándose contra el mío mientras le daban azotes en las nalgas que tuve un fuerte orgasmo y me corrí con mi polla metida entre sus muslos.

Esta vez era irremediable. Estaba decidido, absolutamente decidido. Tomé tanto valor como me fue necesario, compré las cosas que necesitaba y me dirigí sin pensármelo hasta la sauna aquella, en la que tantas veces había deseado hacerlo.

No se trataba de entrar y echar un polvo con cualquiera, no. La intención era realizar una de mis fantasías salvajes. De modo que entré, pagué y pasé a los vestuarios. Abrí mi taquilla y –sin prisas- comencé a desnudarme.

Tengo buenas espaldas, torso fuerte y brazos musculosos, de modo que enseguida llamé la atención de algunos hombres. Como si no me diera cuenta de ellos, terminé de quitarme la ropa hasta quedarme desnudo del todo. Entonces, distraídamente, me agaché un par de veces (ofreciéndoles una perfecta vista de mi duro culo y de mis testículos colgando con armonía. Me giré varias veces a propósito, haciendo como que arreglaba la ropa, para que advirtieran que traía afeitado el pubis, los testículos y el pecho. Les miré de reojo y advertí que les gustaba la vista.

Cerré la taquilla, me ajusté la goma elástica con la llave en una muñeca, tomé la bolsa con las cosas “especiales” y me metí en los pasillos de la sauna en busca de una cabina. Es costumbre circular por la sauna con una toalla alrededor de la cintura, para no mostrarse completamente desnudo. Sin embargo yo paseé en pelotas y semi erecto por aquellos pasillos en penumbra, mostrándome sin tapujos ante todo aquel que quisiera mirar.

El resultado fue que comenzaron a seguirme varios hombres. Recorrí todos los pasillos sin prisa y volví sobre mis pasos a recorrerlos de nuevo. Al cruzarme con ellos, algunos dejaban paso pero otros forzaban el roce de cuerpos en busca de un fugaz contacto físico. Alguno incluso fue más lejos y aprovechando el cruce me daba un azotito en las nalgas o posaba suavemente una mano sobre mi sexo y me susurraba algunas guarradas que deseaba hacerme. Yo, como si nada, seguía andando y provocando. Así los estuve provocando varias veces, yendo y viniendo por los pasillos. En un momento dado en que parecieron despistarse, tuve unos segundos de intimidad en los que nadie me veía. Aproveché y me metí en una de las cabinas.

Al poco, les oía pasar y pensé que, probablemente me estaban buscando. Entonces saqué de la bolsa una cadena, la pasé alrededor del cuello y enganché el mosquetón dejándola ajustada. Tomé la otra punta, rodeé con ella mi sexo y también ajusté su mosquetón. La dejé de tal modo que al sacar pecho la cadena se tensara tirando de mi polla y huevos hacia arriba. Seguidamente saqué un liguero muy chiquito y me lo puse, luego las correspondientes medias (de malla) y –como no- los zapatos de tacón altísimo, de aguja. Me miré en el espejo y tuve una gran erección de solo verme.

Saqué unas pinzas de la ropa y las coloqué en mis testículos (seis en total). Y finalmente, pincé los pezones con unas pinzas especiales que había comprado en un sex-shop, de las que pendía una cadenilla metálica.

Volví a mirarme y casi me corro de gusto viendo aquel cuerpo. Salí al pasillo semi oscuro y volví a recorrerlo en dirección al vestuario generando un espectáculo que a nadie pasó desapercibido.
Abrí la taquilla, guardé en ella la bolsa y cuando la estaba cerrando nuevamente, un hombre se acercó a mí, se quitó la toalla y comenzó a restregar su vientre contra mis nalgas haciéndome notar con su polla lo muy cachondo que yo le ponía. Tuve una muy buena erección ante los demás admiradores que, inmediatamente, me rodearon y comenzaron a tocarme por aquí y por allá.

Una mano caritativa tomó mi sexo y comenzó a aplicarle un lento y placentero sube y baja que me obligó a cerrar los ojos y lamerme los labios. Sus suaves caricias en la polla se mezclaban con el dolor de las pinzas en los testículos y eso aún me daba más gusto.

Otras manos agarraban las nalgas, jugaban con las ligas, sobaban las medias… De pronto, alguien aprisionó mis pezones, ya aprisionados de por sí por las pinzas, y los estiró y retorció hasta arrancarme gemiditos de dolor y suspirazos de gusto.

-¡Mmmmhhhhhhh!- si esto seguía así me iba a correr de inmediato, así que los aparté con los brazos y volví a los pasillos.

La primera fase de mi plan -el juego exhibicionista con tintes de sadomaso- había sido un exitazo rotundo. Y ahora que los tenía más encandilados que el flautista a las ratas de Hamelin, comenzaba la segunda fase…

Entré en la sala que más me gustaba… Tenía una pared llena de agujeros bien hechos, circulares, con los cantos suavizados, cuya finalidad es meter la polla y dejar que alguien –del otro lado del tabique- te la chupe. Esta circunstancia hacía de la habitación un lugar plenamente morboso. Pero lo que más me excitaba, lo que verdaderamente me atraía de la sala era que en otra pared había cadenas y argollas para atar a alguien y jugar con él.

Me fui directamente al rincón de las cadenas, apoyé la espalda contra la pared, alcé los brazos, abrí las piernas y dije a mis seguidores: -¡Atadme! Cadenas y correas pasaron de inmediato por mis tobillos y muñecas dejándome inmovilizado e indefenso.

-¡Tensar más las cadenas, quiero sentirme estirado, abierto y a merced de cualquier vicioso!-

Sacaron los mosquetones de sus anclajes en la pared y volvieron a ponerlos, esta vez dejándome muy abierto de piernas y brazos. Muy, muy tenso. Tanto que apenas tocaba el suelo con los pies de puntillas.
¿Que qué pasó después? Imaginarlo no es muy difícil… Me la metieron por la boca, me la metieron por el culo, se hicieron pajas sobre mi cuerpo, me azotaron a palmadas los muslos (por dentro, cerca de las ingles), estiraron las pinzas, retorcieron mis pezones, me hicieron pajas, mamadas y todo, todo, todo, todo lo que se les antojó. Naturalmente hubo de todo, se formaron tríos, cuartetos… Se hicieron pajas mutuamente, se la mamaron unos a otros, se dieron por el culo… Hubo varios sesenta y nueve…

¡Fue una orgía espectacular (y yo el anfitrión de ella)! Incluso vino un jovencito aniñado, de piel lampiña y muy suave, al que le dio morbo verme así y quiso estar como yo.

Me lo pusieron cara a cara, apoyados el uno contra el otro y lo ataron a las mismas cadenas que me sujetaban a mí.

Le follaron el culo un montón de veces mientras nosotros nos morreábamos frotando nuestros pechos y vientres el uno contra el otro. En un momento dado, me excitó tanto sentir su cuerpo apretándose contra el mío mientras le daban azotes en las nalgas que tuve un fuerte orgasmo y me corrí con mi polla metida entre sus muslos.

No sé la de veces que nos corrimos, solo sé que cuando todo acabó (por falta de semen en el grupo), todo el mundo se había corrido más de una vez y aquello estaba hecho un verdadero asco.

Cuando nos soltaron, nos fuimos los dos a las duchas y nos refrescamos. Después pasamos a una cabina, me tumbé en la colchoneta y él se dedicó a tocarme con mucho cariño y dulzura. Me acarició con tanto mimo que me sentí en la gloria. Cerré los ojos y me dejé hacer. Él lamió y besó todo mi cuerpo con tacto, con delicadeza. Lo hizo tan a conciencia que, aunque creía que me habían ya ordeñado a fondo, volví a empalmarme.

Él, aprovechando el regalo, se dedicó en cuerpo y alma a estimular mi polla, a lamer mi culo, a ensalivar mis pelotas. En fin que puede que estuviéramos así cerca de una hora. Finalmente, me metió un dedo ensalivado en el culo y mientras me la mamaba empezó a hacerse una buena paja. Al final me corrí en su boca.

Aún hoy (ha pasado ya bastante tiempo), cuando recuerdo aquella bacanal, tengo grandes erecciones y me hago unas pajas riquísimas.

Autor: Ivan

Me gusta / No me gusta

En el billar del pueblo

Ana estaba a punto de tener un orgasmo cuando le di la vuelta, la puse a cuatro patas y comencé a masajearle el culo, mientras Lorena seguía chupándole la concha y Cristina se estaba metiendo la barra del futbolín. El culo de Ana se notaba que nunca había sido penetrado así que empecé poco a poco a introducirle mi polla, cuando llegué al final el grito de Ana se tuvo que oír en todo el pueblo.

Aquel día se presentaba como tantos otros, normal, como todos los días desde que decidí marcharme a un tranquilo pueblo. Había ido allí a trabajar de camarero y la verdad es que ganaba un buen dinero. Solamente tenía un problema, el sexo.

En aquel pueblo, eran muy mayores todas las mujeres que había y las jóvenes estaban ya casadas. Así que la sequía estaba siendo larga. Aquella noche solamente quedaba un cliente en el bar, ya estaba muy borracho y me negué a servirle más copas, debido a que el muy cabrón ya me había roto dos vasos. En esas, llegó su mujer, Ana, para llevarlo a casa. Era una mujer de 30 años guapísima, con el pelo moreno y unas medidas que catalogué como 95-60-95. Llevaba solo un camisón, y se notaba que no se había arreglado mucho.

¡Otra vez borracho!- Abroncó ella a su marido – Anda vamos para casa.

Pero el marido ya estaba dormido en la barra. Así que trató de cargar con él ella sola. Yo vi mi oportunidad en ese momento con lo que me ofrecí muy galantemente a acompañarla a casa y ayudarla con su marido. Ella aceptó ya que no podía con su marido ella sola. En un momento del camino, el marido estuvo a punto de caerse. Cuando ella se agachó a cogerle pude ver que no llevaba ropa interior e inmediatamente me empalmé debido a que tenía un coño bien rasurado.

Llegamos a casa, le hicimos vomitar en el lavabo y el muy cabrón me llenó de mierda. Después le metimos en la cama y se quedó inmediatamente dormido. Salí al comedor y ella se ofreció para dejarme ropa, ya que estaba lleno de mierda.

Toma pruébate estos pantalones que seguro que te quedan bien- Me dijo…

Mientras, ella se sentó cono las piernas abiertas, la visión por segunda vez de ese coño tan perfecto, hizo que me volviese a empalmar. Pero en esta ocasión ella lo tuvo que ver ya que yo estaba sólo con mi bóxer. Me puse los pantalones como pude y comprobé que eran más ajustados que los que yo llevaba, con lo cuál la zona del paquete estaba a punto de reventar.

Si quieres tomarte algo- me dijo…

En ese momento yo recordé que el bar todavía estaba abierto, con lo que debía ir a cerrarlo. Maldiciendo por lo bajo, le dije que tenía que ir a cerrar el bar y ella me dijo que otra vez sería. Llegué al bar maldiciendo la ocasión que había perdido. Cuando estaba haciendo la cuenta, un coche paró justo a la puerta del bar. Abrí pensando que podía ser Ana, pero no era más que la Guardia Civil que estaba haciendo la ronda por el pueblo.

Por este pueblo pasaban dos Guardias Civiles mujeres y aquel día con el calentón que llevaba me parecieron más atractivas que nunca.

-¿Hola está el bar cerrado? -Preguntaron. -No, para la Guardia Civil siempre está abierto- contesté.

Pasaron las dos y se pidieron dos orujos. Se lo tomaron mientras charlábamos. Me dijeron sus nombres: Cristina y Lorena. Lorena era la más pecosa y Cristina era rubia con unos pechos firmes y grandes. Les invité a un segundo orujo y ellas empezaron a comentarme que no era normal ver gente tan guapa como yo por esa zona y demás cosas.

En estos términos seguía la conversación cuando a Cristina se le cayó el décimo orujo que se estaban tomando. El orujo fue a caer a mis pantalones, (aquel no era el día de los pantalones), y ellas pudieron ver lo empalmado que estaba. Lorena se ofreció a secármelo y empezó a manosearme primero con la servilleta y luego sin ella, por encima del paquete que se puso mucho más empalmado.

En eso me confesaron que durante el servicio de hoy habían estado haciéndose unos dedos las dos y que al verme entrar en el bar habían decidido que yo les quitara el calentón. Empezaron a quitarse la ropa, mientras yo me empezaba a pajear. Cuando terminaron yo ya estaba muy caliente. Ellas empezaron a chuparme mi hermosa polla, alternativamente. Cristina viendo que sobraba comenzó a chuparle el coño a Lorena. Lorena, que debía estar aún más caliente que yo terminó corriéndose enseguida, en ese momento coloqué a Cristina encima del billar del bar y comencé a metérsela por el coño. Mientras Lorena me chupaba los testículos, en aquel momento la vi correrse y con su humedad yo hice lo mismo.

Lorena se levantó y fue a donde guardaba los palos de billar, cogió uno y comenzó a metérselo por su concha. Eso me puso cachondísimo y volví a empalmarme, en ese momento Cristina comenzó a chupármela como una posesa, mientras tanto yo no podía dejar de mirarle las tetas, que estaban en erección y eran tremendamente grandes.

Tumbé a Cristina y mientras Lorena se me colocaba encima restregando su concha por mi hombro, yo coloqué mi polla entre las tetas de Cristina y las moví suavemente. Cristina colaboraba y comenzó a mover ella sus tetas con lo que yo le empecé a meter un dedo por su chocho. Acompasaba el ritmo y según yo metía y sacaba más rápido mis dedos ella movía sus tetas igual.

Al final Cristina se corrió y Lorena que a estas alturas ya llevaba dos orgasmos se colocó encima de mí y me cabalgó como una amazona, sujetando la piel en la base del pene. Aquello me dio una excitación que me hizo estar a punto para correrme.

En ese momento colocaron el tricornio que estaba en el suelo y me hicieron correrme en el interior. Cuando estaban las dos lamiendo el tricornio, oímos la puerta del bar y nos asustamos.

-¿Tan caliente te he dejado que has necesitado dos para enfriarte?- Oí como decía Ana desde la puerta, convertida en una diosa con su camisón repleto de transparencias.  -No- respondí- ni con dos me basta para enfriarme le contesté.

Ana se desnudó y cogió la botella de orujo que todavía estaba en la barra, se tumbó y echó el orujo por todo su cuerpo. Comencé a chuparle, el sabor del orujo se me subía a la cabeza mientras que a Ana se le iban erizando los pezones. Al llegar a su concha el orujo se mezclaba con sus propios flujos y hacían que chupara con mayor avidez.

Al final se me volvió a empalmar y comencé a follármela. Estaba apunto de tener un orgasmo cuando se me ocurrió una última posibilidad, le di la vuelta y la puse a cuatro patas y comencé a masajearle el culo, mientras Lorena seguía chupándole la concha y Cristina se estaba metiendo la barra del futbolín.

El culo de Ana se notaba que nunca había sido penetrado así que empecé poco a poco a introducirle mi polla, cuando llegué al final el grito de Ana se tuvo que oír en todo el pueblo. Comencé a bombearla y cuando terminé el orgasmo de Ana estaba siendo espectacular. Me corrí en sus intestinos y caí exhausto. La noche fue inolvidable, la repetimos en más ocasiones y conseguimos hacer aquella orgía semanal. Nadie sospechó. Ni siquiera cuando encuentran un palo de billar o la barra del futbolín mojados.

Autor: Joaquin

Me gusta / No me gusta

Mis dos cuñadas

Ambas estallaron en eléctricos orgasmos. Yo saqué mi polla al sentir la primera explosión de semen, y dirigí el resto de chorros a la cara de Alicia, que seguía afanándose en dar placer a Marta. Los churretones de semen quedaron en su boca y cara, así como en los labios del coño de Marta, que Alicia se afanaba en limpiar tragándose cada gota.

Qué dura es la vida cuando tienes dos cuñadas que están como un pan. Y más si todos pasamos juntos el verano en el chalet de los suegros. Esos camisoncitos para dormir, esos minibikinis, esos tangas que te encuentras en el baño, esas falditas más cortas que un cinturón. Vamos, que te pasas todo el día sin saber dónde mirar.

Y luego vienen esos jueguecitos, esos roces, que te pasas el día comiéndote el coco: ¿esta querrá algo? ¿Me ha tocado el culo Marta? ¿Ese comentario de Alicia era casual? ¿Sabrá que se la ve todo? ¿Lo hace a propósito?

Así se pasa uno el día, empalmado pero sin atreverse a dar ningún paso adelante, sobre todo porque mi esposa está también por allí pululando. Pero llega el día en el que ocurre un milagro, y toda esta tensión se resuelve… con el resultado ideal.

Eso pasa un martes de agosto, caluroso, en que tu pareja está liada en el curre porque la han llamado repentinamente con un problema que necesita resolución inmediata, y el resto de tu familia se ha largado a la piscina (o dónde sea) y tú estás solito leyendo un libro tranquilamente, a pesar de que habías dicho que no ibas a estar porque pensabas ir a hacer unos recados, pero has decidido dejarlos para otro día y pasar la tarde tumbado.

De pronto empiezas a oír unos ruidos que llegan de uno de los cuartos. Bueno, ruidos no lo describe exactamente, son gemiditos y risas, y piensas: ‘Bueno, parece que alguien ha decidido quedarse en su cuarto disfrutando de la tarde’, suponiendo que Marta o Alicia y su pareja están echando un polvo.

Y claro, eso te lleva a imaginarte a tus cuñadas siendo folladas a cuatro patas, con las tetas rebotando, el coño bien abierto y traspasado por la mitad, y te empiezas a poner cardiaco, y te pica la curiosidad por saber quién es (y también por verla en bolas con una polla atravesándola, para qué nos vamos a engañar)

Lo bueno de los chalets de una planta, es que las ventanas de todos los cuartos están a la altura ideal para echar un vistazo con disimulo, así que salí del chalet y me acerqué al cuarto en el que se oían los ruidos. Las cortinas estaban cerradas, pero son unas cortinas de esas con agujeros, que no tapan casi nada, y en el centro ni siquiera cierran bien, lo que me permitía ver perfectamente el interior de la habitación.

Con el corazón palpitando me asomé, y me encontré con una vista impresionante. Marta estaba tumbada boca arriba en la cama, con las piernas abiertas de par en par al borde de la cama mientras su pareja arrodillada le comía el coño. Sin pensármelo dos veces saqué la polla de los pantalones y empecé a meneármela mientras disfrutaba de la impresionante vista.

Podía ver todo el cuerpo que llevaba todo el verano deseando, y que me había dado para hacerme unas cuantas pajas cuando mi mujer no quería mambo. Marta no aparenta los casi 40 años que tiene, y su única preocupación es seguir manteniendo un cuerpo que ponga cardiaco al rango masculino de 14 a 150 años. Su cara es preciosa, y en ella destacan sobre todo unos labios carnosos que parece que se quieren comer el mundo (y otras muchas cosas en mis fantasías). Está delgadita, y tiene unos pechos pequeños a juego, pero respingones, y con unos grandes pezones que en aquel momento se elevaban duros e hinchados por la excitación.

Sus piernas firmes completamente abiertos se juntaban en un pubis casi sin pelo, sólo con un pequeño triángulo que parecía señalar adonde había que mirar. Allí una lengua trabajaba con su clítoris, y fue en ese momento, tras haberme recreado bastante con la panorámica que estaba teniendo, cuando me di cuenta de que algo no encajaba. La cabeza que se afanaba por dar placer a Marta tenía una larga melena castaña, y su marido lleva el pelo corto, y está bastante calvo. ¡La que le estaba comiendo el coño a Marta era Alicia!

El morbo casi me hace estallar en aquel instante, así que paré de masturbarme y me quedé mirando ensimismado. Alicia se está acercando a la treintena, y su cuerpo ha abandonado el aspecto aniñado para convertirse en una mujer de bandera. Una cara bonita, aunque menos llamativa que la de Marta. Cuerpo más musculado, y sobre todo unos pechos impresionantes, que parece que están pidiendo que les metan una polla en medio para estrujarla hasta hacerla estallar.

En ese momento decidieron cambiar de posición, pasando a hacer un 69. Alicia se tumbó en la cama boca arriba, con su cabeza apuntando hacia la ventana en que yo estaba, y marta se puso encima de ella, de tal forma que el culo de Marta quedaba directamente a mi vista. ¡Y que culo! Es sin lugar a duda el rasgo más destacado de la anatomía de Marta. A pesar de su delgadez su culo es rotundo, y destaca sobremanera. Además ella tiende a vestirse de forma que lo destaque, con minifaldas ajustaditas que se pegan a su cuerpo, cerrando bien la cintura para que el culo sobresalga pidiendo guerra.

Al ver aquel espectáculo reanudé la paja que me estaba haciendo. De pronto me di cuenta de lo tonto que era, y sacando el móvil me puse a hacer fotos.

De repente Alicia dejó de mirar y girando su cuello dirigió la mirada a la ventana y me miró directamente a los ojos. Yo me quedé paralizado sin saber que hacer, esperando la reacción de Alicia. Su mirada inicial de sorpresa se convirtió en una sonrisa pícara, y realizó algún comentario que no puede ir, pero que hizo volver la cabeza Marta que también miraba sonriente. Marta se levantó y se dirigió a la ventana, y abriéndola de par en dijo:

– ¿Qué, disfrutando del espectáculo?

Yo no sabía que decir, así que medio tartamudeé:

– Esto… yo… lo siento, no quería… – ¿No querías? Pues lo disimulas muy bien – dijo mientras miraba mi polla, que seguía en mi mano – Eh…, perdón… – volví a tartamudear.

– La verdad es que le estaba diciendo a Ali que tenemos que comprarnos un consolador, que me apetece meterme algo gordo en el coño, y ahora que te veo ahí, me parece que igual podemos darle un uso a eso.

Mi sorpresa era mayúscula. En vez de gritarme y echarme la bronca por espiarlas, o avergonzarse y rogarme que no le dijera nada a su marido, lo que hacía era pedirme que me uniera a ellas dos. Inicialmente me asaltó la duda. Nunca le había sido infiel a mi pareja, y la verdad es que la quería mucho. No es lo mismo hacerse una paja pensando en tus cuñadas que tirárselas. Pero aquellos pensamientos se fueron rápidamente, imagino que debido a la falta de sangre en mi cerebro, así que salté por la ventana y me colé en su cuarto.

Ambas se lanzaron sobre mí y procedieron a desnudarme. Luego me tumbaron en la cama y empezaron a chuparme la polla pasándosela la una a la otra, compartiendo su saliva con los jugos que iba soltando, dando largos besos en que sus labios se unían con mi rabo en medio. Cuando vieron que empezaba a ponerme demasiado cachondo pararon:

– Bueno, vamos a ver si esta polla sirve para lo que yo quería – dijo Marta

Se sentó sobre ella, y su coño la engulló entera hasta que mis huevos chocaron con su culo. A su vez Alicia puso su coño en mi boca, con lo que yo empecé a disfrutar del placer de meterle la lengua por la raja y de dar chupetones besos y lametones a su hermoso clítoris, que estaba duro y parecía a punto de estallar.

Marta cabalgaba sobre mi polla de forma desenfrenada, mientras ambas se besaban de forma apasionada y recorrían sus cuerpos con las manos. Yo con mi dedo pulgar estimulaba el botón de Marta para darle más placer.

Cuando creía que no iba a poder más, Alicia exclamó:

– Oye, yo también quiero probarlo, no lo gastes todo para ti. – Tú mandas, ¿cómo te apetece? – dijo Marta. – Mmmm… Tengo una idea que puede ser muy placentera

Alicia se tumbó en la cama, con su culo al borde y las piernas abiertas. La cama era alta, así que yo podía empalar ese coñito estando de pies al borde de la cama. La polla entró igual de fácil que con Marta, se notaba que ambas estaban cachondísimas. Con un movimiento pausado de caderas, empecé a mover mi culo atrás y adelante, follándola el coño rítmicamente.

Alicia guió a Marta para que se subiera encima de ella, en posición de hacer un 69, con lo que me quedó una visión impresionante. Podía ver mi polla entrando y saliendo del coñito de Alicia mientras, a escasos centímetros, la lengua de Marta se afanaba en jugar con el clítoris. Cada cierto tiempo paraba de empalar a Alicia, y metía el rabo en la boca de Marta para follársela, mientras el tronco de mi polla frotaba a Alicia haciéndola estremecer.

Vi que ambas estaban a punto de correrse, pero me faltaba algo que llevaba meses deseando, así que decidí tomar yo la iniciativa.

Saqué la polla de dentro de Alicia, y me subí a la cama antes de que dijeran nada, situándome de rodillas detrás de Marta. Su impresionante culo en pompa y la lengua de Alicia jugando con su coño eran un espectáculo inigualable.

Agarrando a Marta de las caderas ensarté su coño hasta el fondo, y empecé a bombear detrás de ella, mientras ellas seguían con el 69 a punto de explotar. Apenas un minuto después todos empezamos a gritar como posesos.

– ¡Me corro! – Sí, voy a explotar…

Ambas estallaron en eléctricos orgasmos. Yo saqué mi polla al sentir la primera explosión de semen, y dirigí el resto de chorros a la cara de Alicia, que seguía afanándose en dar placer a Marta. Los churretones de semen quedaron en su boca y cara, así como en los labios del coño de Marta, que Alicia se afanaba en limpiar tragándose cada gota. Cuando terminaron de correrse Marta se dio la vuelta y limpió toda mi corrida de la cara de Marta, compartiendo sus lenguas los jugos que mi polla había soltado.

– Bueno, no te esperabas que hoy fuese tu día de suerte – dijo Marta. – Incluso puede que tengas suerte algún día más, que a mi esto del consolador con patas me ha gustado – añadió Alicia.

Acababa de correrme y estaba agotado, pero sus palabras hicieron despertar en mi cerebro imágenes de cientos de cosas que me había quedado sin hacer, ya veía mi polla follándose las tetas de Alicia mientras la recibía la boca de Marta, ya las veía arrodilladas recibiendo una corrida en sus preciosas caras, ya imaginaba…

Ellas miraron mi polla que empezaba a empalmarse de nuevo, y se lanzaron sobre ella para reanudar los juegos…

Autor: campeon314

Me gusta / No me gusta