Empezó como un juego

Sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián.

Restregaba sus tetas ya sin pudor alguno por sobre la blusa azul, su verga como una estaca se erguía hacia un costado prisionera del pantalón, la rozaba una y otra vez en un vaivén que cada vez se aceleraba más, como si la penetrara con la ropa puesta. Ella sentía ese trozo de carne caliente recorrerle el culo y acompañaba cada uno de los movimientos.

– Largá, que nos va a ver mi marido decía entre sollozos con la voz entrecortada casi inaudible, sin estar realmente convencida de querer detenerlo. – Mirá, mirá como me dejaste la verga – le susurró en la nuca, hundiendo su nariz en su espesa cabellera, que tanto lo calentaba. – puta… mira como me tenés…- susurro nuevamente, con un siseo pervertido que se transformó en un escalofrío que recorrió toda su espalda…

Sin tapujos tomó su mano por la muñeca y la condujo a su entrepierna, sin darse la vuelta, Marta se llenó la palma con el trozo de Adrián, y ahora lo masturbaba por sobre el pantalón de un costado a otro, percibiendo palmo a palmo la textura del jeans. Presionaba la mano con toda su fuerza, como queriéndole infligir algún daño por el estado en el que ella se encontraba. Lo que había empezado como un juego hacía un par de horas, se le estaba yendo de las manos. El sentirlo en esa actitud arrogante y descarada le provocaba una mezcla de temor y excitación, que sumado al morbo de estar separada de su marido por tan sólo un pasillo de escasos 6 metros la hacían calentarse a temperaturas nunca antes sentidas, si hasta había olvidado que Cecilia la esposa de Adrián también estaba en el comedor.

-¡Apúrense… que se están perdiendo la mejor parte! Gritó Gabriel desde el comedor, ignorando que la mejor escena la estaban montando su hermano Adrián y su mujer en la cocina de su propia casa.

Ella se dio vuelta, su cara estaba desencajada, su cabello algo revuelto, ya no recordaba que le había llevado casi una hora peinarlo, agitada, y sin palabras tomó a Adrián de la camisa, con ambas manos, arrugándola, apretando fuerte los dedos, trayéndolo hacia ella, sus ojos se habían clavado como puñales en los de él, lentamente acercó sus labios a los de Adrián, que se dejaba hacer, sus labios quedaron a escasos milímetros, y ella rozaba suavemente los de él, respiraba de su aliento de macho en celo, una y otra vez llenaba sus agitados pulmones con el aire espeso y caliente que emanaba de esa boquita que la traía alzada desde hacía ya dos años.

Una voz, muy pequeña, casi ahogada, en algún recóndito rincón de su mente le decía que no, que había tiempo para detener esa locura… que aún no estaba todo perdido… pensá en Gabriel… decía… ellos son hermanos… no le podes hacer esto… sus manos ya habían liberado la ahora, arrugada camisa, y se deslizaban como serpientes hacia el rostro de Adrián, quien la abrazaba fuerte por la cintura, que rico era respirar su aliento… y de improviso, como una lanza certera y venenosa lanzó su lengua como una adolescente excitada en la boca de un Adrián que supo responder, tap, toc, tac… el ruido los paralizó a los dos, tap, tap, toc… ambos a la vez giraron sus cabezas hacia la cacerola, y se dieron cuenta que las palomitas empezaban a cocinarse toc, tac, por un segundo sus corazones se detuvieron, por un segundo se detuvo el tiempo, pero sólo un segundo, ahora volvían a su ajetreo, ya sin restricciones, poco parecía importar todo, muac, suac, los chasquidos de sus lenguas ahora desmesurados los llevaban lentamente hacia un descontrol sexual insoportable, sus genitales les quemaban, y las palomitas de maíz eran el cómplice perfecto para esconder en su alboroto los inevitables sonidos de la cópula…

Adrián no aguantó más, el pene le iba a estallar, y mientras refregaba su boca en la de ella, desabrochó su cremallera y liberó al ávido hombrecillo escondido en su bóxer. Ella lo notó, todo iba muy rápido, y ese fuego entre sus piernas había hecho desvanecer a aquella esposa sumisa que había sido durante todos estos años, su vagina ardía deseosa de una buena verga, y sus bragas vergonzosamente empapadas ya no contenían sus fluidos y un par de hilitos de néctar recorrían ahora sus piernas hacia el piso, lo que la hacía flotar de gozo. Sus manos soltaron la despeinada cabellera de Adrián y se dirigieron descaradamente a su miembro, se detuvieron por un instante, ella tomó algo de distancia para ver aquel miembro carnoso y no daba crédito a semejante monumento, no era de gran porte, pero por alguna extraña razón le parecía un pene maravilloso, la textura, la consistencia, chorreaba un líquido caliente y transparente, y aunque en más de una ocasión su esposo le pidió que se lo mamara, esta fue la primera vez que sintió el irresistible impulso de abalanzarse sobre él, tenía que comerlo…

Era necesario sentir su sabor, su olor de cerca… y era delicioso, lo introdujo de un sólo movimiento en su boca y ahora lo recorría suavemente con su lengua, delicioso… de haberlo sabido antes… pensaba Adrián ya no aguantaba más, jadeaba como un animal… apenas tenía fuerzas para mantenerse de pie, tuvo que apoyar una de sus manos en la pared para no caer, la otra ahora acariciaba tiernamente la nuca de su cuñadita quien le proporcionaba la mejor mamada de toda su vida… el verla arrodillada frente a él le provocaba un morbo insoportable, la verga le iba a estallar, en cualquier momento…

Ella seguía saboreando esa verga que parecía haber sido hecha para ella, era deliciosa, y ahora había empezado el meneo característico hacia adelante y hacia atrás, masturbándolo suavemente con sus labios, rozando su sensible piel con los dientes, muy suavemente, las contracciones de su amante le indicaban que hacía lo correcto, deseaba con todas sus fuerzas que él se corriera en su boca, era algo que le había causado asco toda su vida, pero ahora sentía la imperiosa necesidad de sentir ese líquido espeso y caliente en su boca, quería tragar su semen ya… No aguantaba más, estaba a punto de estallar, una parte de él quería advertirle que iba a correrse, muchas mujeres odian que se corran en su boca, pero por otro lado sentía un odio sexual hacia ella tal, que quería correrse en su boca y vaciar hasta la última gota de semen en su dulce boquita…

Ella parecía advertirlo y mientras se engullía su verga hasta el fondo otra vez, levantó un poco su cabeza para verlo directo a los ojos, sentía que tenía el control, sentía un poder, que nunca antes había sentido, una de sus manos fue directo a su vagina, y comenzó a masturbarse con frenética intensidad, sentía sus fluidos deslizarse por los dedos, mientras, con la otra mano ella tomó sus testículos y los masajeó con ternura con la palma de su mano, mientras con el dedo medio le rozó con áspera ternura el culo a Adrián. Este último movimiento no estaba en los planes de Adrián quien estaba convencido de aguantar unos segundos más, y explotó en un orgasmo descomunal, hizo un gesto de dolor, y mostró sus dientes con ira, pero sin dejar de mirarla a los ojos, su semen fluía con violencia, sentía como sus testículos se exprimían con dolor, como el semen corría en torrentes espesos y dolorosos atravesándole la verga.

Ella sintió el primer chorro de semen chocar y desparramarse con furia contra el fondo de su paladar, instintivamente enterró ahora su dedo medio por el ano de su amante, quien ahogó un grito de placer incontenible, ploc, ploc, el semen seguía fluyendo, y fue allí, con el tercer chorro donde ella explotó en un orgasmo satánico, que estalló en su vagina y como un rayo se trasladó por su espalda hacia todo el cuerpo, perdió el conocimiento por unos instantes mientras como una canilla inagotable, fluía de aquel pene maravilloso ahora por fuera de su boca, incontenible, los chorros algo más debilitados que embadurnaban su rostro, su cabello, el semen se le escapaba ahora por ambas comisuras de los labios, y recorrían lentamente su cuello, manchando su blusa nueva, su falda, el suelo, el semen se escapaba, y lo disfrutaba con golfa pasión, ese sabor nuevo, caliente, espeso, hediondo, salado, delicioso.

Los últimos chorros de semen seguían escapando de aquel pene ya rendido, que empezaba a perder consistencia. Ella se incorporó, y sin darle tiempo a Adrián le partió la boca con un beso francés digno de la mejor película porno, al principio sintió rechazo, pero terminó gustándole, sentir el sabor de su propio semen, en la boca de la perra que le había hecho tocar el cielo. Qué bien besa esta puta, pensaba mientras le masajeaba el culo con ambas manos sin pudor, el olor de las palomitas quemadas, se expandía por toda la casa.

Que pasa que no vien… Gabriel quedó paralizado al ver semejante escena, su hermano y su esposa chuponeando frente a él… Puedo explicarlo dijo Marta mientras unos hilos de semen se separaban lentamente de su boca y la de Adrián, puedo explicarlo gritó. Marta, Marta… Marta… Marta… despertate… es una pesadilla, dijo Gabriel algo dormido todavía, el techo de la habitación giraba y Marta no había terminado de entender que era todo un sueño, mientras repetía puedo explicarlo, puedo explicarlo…

Era un sueño, un “hermoso” sueño, pensaba Marta, empapada hasta las rodillas, hay amor que sueño horrible tuve, no sabes…

Autor: Emetescucha

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La mejor amiga de mi hermana

Cuando por fin logré introducirle mi pene, dio un tremendo grito y me jaló del cabello. Le había dolido, pero sin duda le gustó, ya que mientras le salían algunas lágrimas, jadeaba fuertemente y se movía cadenciosamente. Mis movimientos siempre fueron suaves, tratando de no lastimarla y provocando en ella una mayor excitación. En varias ocasiones intenté sacar mi miembro, pensando que le estaba doliendo pero ella no me dejaba, por el contrario, apresuraba un poco más su balanceo.

Yo soy Alberto, mi hermana se llama Estrella y acaba de graduarse de la preparatoria, al ser una de las más populares de la escuela en la que estudió, tiene muchas amigas. La escuela es particular, así que asistían hijas de empresarios, empleados de gobierno o simplemente con dinero. Al estar entre los 17 y 19 años, la mayoría de ellas son lindas y con un cuerpo hermoso. Así es mi hermana y sus amigas, incluyendo a Ana Gabriela, su mejor amiga.

En la familia somos los únicos hijos, pero yo desde hace dos años vivo en otra ciudad por motivos de trabajo. Tengo 25 años, hace uno terminé mi carrera, tengo un excelente puesto en la empresa donde trabajo, deportista y con una casa y auto propios (gracias a la empresa donde trabajo). Eso les encantaba a las amigas de mi hermana, con quienes siempre me he llevado muy bien. Muchas veces me las encontraba en casa de mis padres y trataba de convivir con ellas. Ellas me ven como el hermano perfecto, además de que están en la edad en que les llama la atención las personas maduras. De Ana Gabriela siempre he tenido un trato especial, pues por lo general, ella y mi hermana pasan mucho tiempo juntas y en vacaciones, cuando estoy en casa de mis padres, bromeamos mucho y la llevamos bien.

Hace dos meses, mis padres salieron fuera del país, así que como era época de vacaciones, me pidieron que me hiciera cargo de mi hermana. Como yo no podía faltar al trabajo, le pedí que se fuera conmigo. Ella aceptó, pero me pidió que le diera permiso de incitar a algunas de sus amigas, así no se aburriría. Invitó a 3 amigas, entre ellas Ana, quien siempre me había llamado la atención por su hermoso cuerpo: sus largas piernas, pechos redondos y una carita de ángel. Le dije que no habría ningún problema, así que partimos al día siguiente. Al llegar a mi casa, les dije que dormirían en mi cuarto, ya que era el más grande. Les llevé unas colchonetas que tenía para ese tipo de casos. En la misma casa vive mi mejor amigo, pero por ser época de vacaciones, fue a pasarla a casa de sus padres, por eso aproveché y yo dormía en su cuarto. Varias veces, me tocaba verlas en bata o pijama, ya que llegaba tarde del trabajo.

En una ocasión, me sentí un poco mal, así que preferí irme temprano a casa. Mi hermana y sus amigas música a todo volumen, así que no escucharon cuando llegué. Subí las escaleras para pedirles que le bajaran un poco a la música, pero cual sería mi sorpresa que justo al asomarme al cuarto, todas ellas se estaba vistiendo y preparando para salir. De inmediato me entró el morbo de ver como se vestían, pero la mayoría ya lo había hecho. Fui al baño, que está justo en frente de la recámara en la que estaban y desde ahí comencé a espiarlas. Veía a todas, menos a Ana. Las demás ya estaban peinándose o maquillándose.

En ese momento, Ana salió del baño, que está dentro del cuarto, empapada, solamente con una toalla cubriéndole su prodigioso cuerpo. Ella es alta, mide 1.60 mts, cabello negro y de piel blanca. Quedé pasmado al verla, así que extremé precauciones y cerré un poco más la puerta del baño. Mientras las demás seguían con lo suyo, ella se despojó de la toalla, dejándome ver ese cuerpo desnudo frente a mí. Quería comérmela en ese momento.

Rápidamente y evitando que sus amigas le vieran comenzó a vestirse. Primero se puso una diminuta tanga negra que la hacía ver aún más sensual, después se puso un vestido con un escote increíble, no se puso sujetador. El vestido era negro y apenas cubría esas hermosas nalguitas. La verdad se veía deliciosa. Al ver que ya estaba vestida, decidí hacerme una chaqueta recordando esas imágenes. Después de eso, bajé las escaleras con la idea de fingir mi llegada y que no sospecharan nada. Así lo hice, cuidé que vieran cuando salí del baño y me dirigí a la puerta de entrada, tratando de hacer un poco más de ruido, subí las escaleras y mi hermana me interceptó justo frente su cuarto. Ahí estaba Ana, comenzando a peinarse, todas me saludaron, pero mi mirada estaba clavada en ella. No podía quitarme de mi mente esas imágenes. Mi hermana mi dijo que quería ir al cine y a tomar un café, pidiéndome que las llevara y las acompañara. Le dije que con gusto las llevaría, pero no podía quedarme con ellas, ya que al irme temprano, había dejado muchas cosas pendientes en mi trabajo y quería terminarlas en casa.

Quedamos en pasaría por ellas al centro comercial a eso de las 12 de la noche. Mientras estaba tratando de concentrarme en mi trabajo, el recuerdo de Ana se me venía a la mente con frecuencia. No aguantaba más, tenía que hacer algo, pero nada se me ocurría.

Así pasaron las horas y fui por Estrella, Cinthya, Diana y por supuesto Ana. Al llegar a la casa, todas coincidieron en que estaban demasiado cansadas y con sueño. A mi me faltaba mucho por trabajar, así que les dije que si querían dos de ellas se podían quedar en el cuarto de Aurelio, yo dormiría abajo, en el sofá, pues tenía mucho trabajo. Trataba de no pensar en Ana Gabriela. De inmediato Ana aceptó y dijo que ella se quedaría en el cuarto, le siguió Diana. Eso me excitó demasiado.

Ellas subieron y ahora si me puse a trabajar en serio. Pasaron como dos horas y escuche pasos en la cocina, fui a ver de quien se trataba y era Ana. Había bajado por un vaso de agua. Me dijo que no tenía nada de sueño, así que la invité a que pasara el estudio, ahí tengo una televisión y video. En ese momento me olvidé del trabajo y me puse a ver una película con ella, estábamos sentados en el sillón, pero de repente ella se acostó poniendo su cabeza en mis piernas. Yo aproveché la oportunidad y la abracé. Comencé a acariciarle su cabello y su cara, cada vez con movimientos más bruscos y seductores…era mi plan. Después de un rato comenzó a acelerarse su respiración y a responder mis caricias tomando mi brazo y chupando mis dedos cada vez que pasaba mi mano por su boca. Eso me dio pie a pasar al siguiente nivel, acariciarle sus muslos, aprovechando que estaba en bata.

Así comencé a subir poco a poco la mano, ella solamente jadeaba discretamente. Hasta que llegué a su triángulo, noté que su tanguita estaba húmeda, al querer tocarla, ella apretó más las piernas. Lo cual me obligó a hacer otro tipo de maniobra para que accediera. Con mi otra mano comencé a frotarle sus pechos, le arranqué un gran suspiro. Seguía viendo o disimulando ver la televisión, así que la volteé para verla a los ojos. Sus pezones comenzaron a ponerse duros, mientras acariciaba sus muslos. Volví a subir la mano y poco a poco fue abriendo sus piernas. Ahora sí la tenía en donde quería. No hallaba que hacer con sus manos, las movía de un lado a otro, así que las tomé y las puse en mi increíblemente erecto pene. Comenzó a masajearlo por arriba del pantalón. Al meterle un dedo en su coño, se estremeció completamente, apretando mi miembro. Decidí levantarla y sentarla frente a mí, quitándome la camisa y el pantalón. A ella la dejé con su camisón, así le daría más sensualidad.

Comenzamos a besarnos apasionadamente, poco a poco fue entrando en calor hasta al punto en que era ella quien tomaba la iniciativa. Mientras nuestras lenguas se abrazaban, yo acariciaba sus nalgas y sus pechos. Ella mismo se quitó el camisón y ahí estaba al aire esos dos redondos volcanes que no tardé en comenzarlos comer.

Ella acariciaba mi cabello desesperada y comenzaba a moverse en forma circular. Así que supuse que era el momento… en un sólo movimiento le quité la tanga y ella mi bóxer.

En todo el rato no habíamos dicho una sola palabra, lo cual era más excitante. En ese momento susurrándome al oído me dijo “por favor… que no me duela”, a lo que contesté “no te preocupes, lo haré con cuidado y despacio”. Poco a poco la fui acomodando para penetrarla.

Cuando por fin logré introducirle mi pene, dio un tremendo grito y me jaló del cabello. Le había dolido, pero sin duda le gustó, ya que mientras le salían algunas lágrimas, jadeaba fuertemente y se movía cadenciosamente. Mis movimientos siempre fueron suaves, tratando de no lastimarla y provocando en ella una mayor excitación. En varias ocasiones intenté sacar mi miembro, pensando que le estaba doliendo pero ella no me dejaba, por el contrario, apresuraba un poco más su balanceo.

Así nos pasamos mucho rato, al sentir que me venía la levanté y ella sin que le dijera una sola palabra se agachó a tomarse toda mi leche. Eso provocó que me viniera otra vez, pero ahora sobre su cara. Después de eso, la levanté y le comencé a chupar su coño, ella estaba realmente ardiendo. El sudor de ambos provocó que la parte del sofá en donde estábamos quedara empapada. Nada nos podía parar, hasta que nos fundimos en un abrazo y besos apasionados.

Ahí nos quedamos dormidos, desnudos, abrazados y con solamente una sábana cubriéndonos. La computadora se quedó prendida, al igual que la televisión, pero nada quedó más prendido que nuestro deseo por amarnos.

En la mañana siguiente, ella se despertó y se fue al cuarto en donde se supone debió de haber dormido, yo me vestí y seguí con el trabajo. A partir de ese día, cada que nos encontramos buscamos la forma de vernos a escondidas y continuar lo que esa noche comenzamos. Ella tiene 18 años, es una princesa y ya es mía. Nadie sabe lo nuestro, perdería ese toque de misterio cada vez que hacemos el amor.

Autor: Alberto

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