Venganza en la empresa

Sara quería vengarse de su jefe Don Antonio. Se la había jugado con el tema de las vacaciones de verano, y quería darle una lección y fastidiarle. Tenía que obrar con cuidado, ya que no sólo era su jefe, sino también su tío. Estuvo días pensando en la forma de hacerle la puñeta sin afectar a la familia, hasta que dio la solución.

 

El viernes decidió quedarse a hacer horas extra aprovechando que sólo quedaban algunos jefes reunidos y su tío Antonio.

Aquel día caluroso cercano al verano Sara había ido a trabajar con ropa sencilla: un top rosa ajustado y una mini falda negra. En cualquier otra aquellas prendas no habrían significado nada relevante, pero en Sara, con su delgado cuerpo, pequeños pechos turgentes y culo respingón, significaban toda una invitación a quedarse mirándola.

Bolso en mano y preparada para irse a casa, tocó la puerta del despacho de Don Antonio, y tras oír la respuesta entró. Su tío estaba sentado frente al ordenador tapando la silla que le sustentaba con su amplia barriga y altura.

DON ANTONIO: ¿todavía no te has ido a casa Sara?

SARA: No Don Antonio. Tenía trabajo pendiente.

DON ANTONIO: ¿En qué puedo ayudarte?

SARA: nada. Ya me iba. Sólo quería despedirme de usted.

Metió la mano en su bolso con la excusa de sacarse un sminth, y al tiempo que sacaba a caja de caramelos, encendía una pequeña grabadora. Su plan para extorsionar a su tío estaba en marcha: extorsionaría a tu tío con entregar el contenido de la grabadora a los otros jefes.

 

Sara se sentó en el sofá del despacho. Su tío se levantó, y mientras se aceraba le dijo:

DON ANTONIO: ¿no estarás enfadada por lo de las vacaciones? ¿No? Era un juego peligroso, ya lo sabes.

SARA: no… – se llevó un dedo a los labios – más bien lo echo de menos…

El hombre se rio con fuertes carcajadas, y colocó su cuerpo de oso al lado de ella en el sofá.  Pasó un brazo por encima de los hombros de la chica y se la quedó mirando sonriendo.

SARA: ¿usted lo echa de menos?

DON ANTONIO: ¿el qué?

SARA: follarme…

DON ANTONIO: No… porque igual te follo ahora mismo, sobrinita.

 

 

Sara se giró hacia su tío, y tras estirar los brazos, se desanudó el top dejándolo caer. No parándose allí, se quitó el sujetador, y se juntó sus tetitas con las manos. Eran blancas, con pequeños pezones rosados, no muy grandes, pero totalmente erguidas hacia arriba.

 

Se frotó los pezones con las puntas de los dedos sin dejar de mirar a su jefe, quien empezó a acariciarse el paquete por encima de la ropa. Sara se acercó a su tío, y le acarició el bulto de su pantalón sin dejar de mirarle a la cara.

DON ANTONIO: estás hecha una zorrita.

Sin mediar palabra, ella le bajó los pantalones y sacó su polla al aire.

DON ANTONIO: una zorrita que la chupa muy bien.

Haciendo eco de aquellas palabras, Sara se arrodilló en el sofá y se metió prácticamente aquel pene en la boca.

DON ANTONIO: para. Déjame que te coma el coñito.

 

El hombre se arrodilló cuan grande era frente al sofá, y ella le ofreció sus piernas abiertas. Como un oso hambriento, el señor le comió el coño con ansia y rapidez. Ella gemía descontroladamente, totalmente excitada.

 

De repente, la puerta del despacho se abrió, y entraron tres hombres trajeados de 50 o más años. Eran los otros jefes de la empresa Don Jesús, Don Gabriel y Don Pedro, que venían de la reunión.

DON JESÚS: hombre, qué tenemos aquí. Parece Antonio que no exagerabas con lo que nos contaste de tu sobrina.

DON GABRIEL: sí, sí. Está hecha toda una putita..

SARA: yo…

DON PEDRO: no te preocupes pequeña, tu tío nos lo contó todo. Por eso estamos aquí.

SARA: pero… ¿qué queréis de mí?

Los hombres se miraron y rieron.

DON PEDRO: igual que intentaste convencer a Antonio para conseguir vacaciones. Podrías intentarlo también con nosotros para un buen aumento.

SARA: pues… no sé…

 

Sin darle tiempo a que soltara de su mano el pene de su tío, Don Pedro se bajó los pantalones, y sacándose una polla bastante arrugada se acercó a ella. No le dio tiempo a pensárselo, y ya tenía aquel viejo miembro metido en la boca.

 

Don Gabriel se estiró, y le agarró un pecho, estrujándolo como si quisiera sacarle zumo.

Don Jesús le acariciaba las piernas con delicadeza.

No sabía muy bien cómo había llegado a aquella situación, pero Don Gabriel le sacó de sus pensamientos cuando empezó a acariciarle el coño. Los gordos dedos del hombre acariciaban sus pequeño y depilado coñito.

DON GABRIEL: qué mojadita que está la jodia.

DON JESÚS: vaya tetitas que tiene… – dijo tras juntarlas con las manos.

Don Pedro se la estaba follando por la boca mientras que Don Antonio se masturbaba contemplando como metían mano a su sobrina.

DON ANTONIO: Pedro, no seas acaparador. Yo también quiero.

Su tío se levantó, y acercó su miembro a la cara de la chica. Ella empezó a chuparla, pero pronto otro miembro pugnó por meterse en su boca. Atendió a la petición, y sin darse cuenta se encontró intentando meterse ambos penes en la boca. Sólo pudo meterse los prepucios, mientras aquellas dos pollas entrechocaban en su boca.

 

Los otros dos hombres manoseaban a la vez su coñito mientras contemplaban excitados como la joven se comía las pollas de sus socios.

DON GABRIEL: que os jodan. Yo no aguanto más.

El hombre, el más mayor de los tres, apartó la mano de su compañero y guio su pene hasta la vagina de la chica. Lo colocó en la entrada, y empujó lentamente. Entró de forma sencilla y húmeda. El señor inició un lento mete-saca mientras que Sara chupaba pollas sin parar.

DON GABRIEL: qué buena está. Mmmmmm.

Pasados unos minutos, Don Jesús pidió turno y se la metió de un tirón con fuerza. Empezó a follarla con fuerza mientras ella apenas podía chupar pollas. Sus pequeñas tetitas saltaban con cada embestida.

DON JESÚS: llegarás lejos en esta empresa pequeña…

 

DON PEDRO: bueno chicos, llegó mi turno, que aquí os la habéis follado todos menos yo.

El hombre se sentó en el sofá y le dijo a Sara que se sentara sobre él de espaldas. Ella obedeció, y apenas se había asentado cuando los otros tres hombres se acercaron masturbándose para que se la chupara.

 

Rodeada de pollas duras, Sara empezó a cabalgar dando saltos sobre Don Pedro, quien daba fuertes golpes con su cadera acelerando el ritmo. El hombre se paró, y le estrujó las dos tetas con ganas.

Ella intentaba pajear al resto, sin muy buenos resultados. Sara se sentía una auténtica putita, ya que estaba realmente disfrutando con aquello.

 

Sara se levantó totalmente cachonda y se sentó sobre su tío. Empezó a cabalgarle al mismo ritmo salvaje que a su compañero, con la diferencia es que cogió la primera polla que vio, y empezó a chuparla. Don Antonio estaba quieto mientras que era ella quien cabalgaba y gemía como una posesa.

 

Al rato, Don Jesús ayudó a la chica a ponerse a cuatro patas, y se la metió sin compasión.

Agotada, los hombres se van turnando para follársela en esa posición mientras que ella se la chupa a quien se ponga por delante.

DON ANTONIO: Sara, qué puta eres.

SARA: mmmmm.

 

Don Pedro, que se la follaba en aquel momento, le estrujaba las nalgas como si se tratara de una almohada.

DON JESÚS: vamos a dejarte como a las galletas… ¡bien bañadita en leche!

Todos rieron, y comenzó otro ciclo de folladas a lo misionero.

Don Jesús se acercó a ella paseándose, y tomándola por sorpresa, apoyó su polla en su boca y empezó a correrse. Ella cerró los ojos y puso mala cara, pero al rato se rio.

 

Con el semen cayendo por los lados de su cara, Sara sigue siendo follada su cuerpo agitándose como si estuviera en un tren antiguo.

Don Pedro, que se la estaba follando en ese momento, se la sacó, y soltó grandes chorros de semen sobre su pequeño coño. Ante la sorpresa de todos, en lugar de retirarse, hundió la cabeza entre las piernas de ella y le comió todo el sexo dejándolo limpio de su propia simiente.

 

SARA: Don Pedro, no sabía que fuera tan guarrete.

DON PEDRO: je, je, je. Sí, pero no me digas que no te ha gustado guapa.

 

Don Gabriel se la folló a lo misionero y se corrió sobre su culo. Cuando le llegó el turno a su tío, éste le puso un dedo en el ano hasta metérselo y lubricárselo con el semen de su compañero. Cuando lo tuvo a punto, le metió la mitad de la polla y se la folló por el culo.

Ella chillaba como una cerda, y él estaba que no podía más hasta que sin sacarla, se corrió dentro de sus entrañas. Al sacársela, un líquido viscoso manó de su pequeño culito.

 

Los hombres se vistieron rápido, aunque Sara tardó un poco más en limpiarse.

Su tío la esperó y la llevó a casa.

 

Con todo aquello, a Sara se le había olvidado el tema de la venganza. Ahora podía chantajear a cualquiera de sus jefes, aunque estaba segura que esta no sería la última vez que se la follarían, y que a partir de ahora le iría muy bien en la empresa.

Me gusta / No me gusta

La Cena de Empresa de mi Novia

Mi nombre es Sara, tengo 26 años, y os voy a contar cómo transcurrió mi cena de empresa.
La cena pasó como cada año: ambiente distendido, risas, exceso de copas y la alegría ante la cesta de navidad. A diferencia del año anterior, el dueño esta vez se había gastado los cuartos y en los postres nos dio entradas a todos para una famosa discoteca cercana al restaurante.
Excepto unas pocas personas que argumentaban que sus mujeres o maridos y niños les esperaban en casa, prácticamente toda la plantilla, de unas 25 personas, nos fuimos al local. Para sorpresa de mi amiga y compañera Rocío, todos los jefes vinieron también. Nos sorprendió porque la edad media del lugar era muy inferior a la edad media de aquellos cuatro hombres: Marcelo (mi jefe) de 35 años, Andrés de 42, Antonio de 45 y Aurelio, el dueño, de unos 55 años.
ROCÍO: mira, allá van los jefes, a la sala VIP.
SARA: seguro que se lo pasan en grande ¡ja!
ROCÍO: por cierto, has venido muy guapa.
SARA: gracias, tú también.
Rocío llevaba puesto un vestido dorado y yo un sencillo vestido negro, escotado y con minifalda del mismo color.
Las chicas se tomaron un par de copas y se hicieron fotos y bailaron con los compañeros y compañeras. Pasadas un par de horas Rocío me dijo que iba a cotillear a ver qué hacían en la sala VIP. A ver si le invitaban a algo. Al cabo de un rato volvió y me dijo:
ROCÍO: ¡no veas qué muermo! Jajajaja. Me ha pedido tu jefe que vayas un momento.

Qué querría Marcelo, me pregunté. Entré en la sala y en seguida me di cuenta de la broma que me había gastado Rocío. Para empezar, aquello no era un muermo. Los cuatro jefes de la empresa bailaban al son de música con mucha marcha con cubatas en las manos. ¡Incluido el dueño de la empresa, el obeso Aurelio!
MARCELO: ¡Anda! ¿Tú también aquí? ¡Qué sorpresa Sara! ¿No te irás a ir corriendo como Rocío, verdad? ¡Qué maleducada!
SARA: no… Ella me dijo que me habías llamado.
MARCELO: ¿habéis oído chicos? ¡Será mentirosa! Venga ven guapa, te invitamos a una copa, que Don Aurelio se ha portado y tenemos barra libre.
Se le notaba más suelto de lo normal. El alcohol y la confianza de no hacer el ridículo al estar solos en aquella sala le hacía decir cosas que normalmente no habría dicho.
ANDRÉS: ¡venga baila un poco con nosotros!
ANTONIO: ¡eso! ¡Qué si no esto va a parecer un pub gay con tanto hombre junto!
Bailé tímidamente, pero a medida que el alcohol iba haciendo efecto me iba soltando más. Como si estuviera en una discoteca entre amigas. A ellos creo que les pasaba lo mismo, porque también se estaban desmelenando. No perdían oportunidad para cogerme de la cintura, de la mano o incluso de “accidentalmente” que su mano agarrara más debajo de la cintura y tocara un poco el culo.
MARCELO: ¡venga, gánate una subida de sueldo! ¡haznos un striptease!
Todos nos reímos. Me subí un poco la parte de abajo del vestido en broma, como si fuera a hacer el striptease. Todos empezaron a gritar entusiasmados. Cuando no hice nada más se quejaron con frustración.
MARCELO: uhhh, fueraaaaa. Venga, vámonos a tomarnos todos una copa a la barra.
Me senté en una silla cruzando mis blancas piernas al tiempo que Don Aurelio preparaba los cubatas. ¡Nuestro jefe nos servía a todos!
Andrés acercó su mano para tocarme una pierna. Se la aparté de un golpecito con mi mano entre risas. Marcelo se acercó y atacó de la misma forma por el otro lado, consiguiendo llegar a mi pierna, donde noté su mano caliente.
SARA: ehhhh ¿qué haces?
MARCELO: ya que no nos has hecho el striptease, al menos tenemos que confirmarnos con algo.
Justo en ese momento alguien vino por detrás y me agarró las tetas pegando su cuerpo contra mí.
SARA: ¡pero qué co…!
AURELIO: mmm. ¡Qué tetitas tan ricas tienes!
Conocí en seguida la voz del dueño de la empresa, que me susurraba al oído.
SARA: Do… Don Aurelio. ¿Qué hace?
AURELIO: nos vas a alegrar la noche a todos. Venga, pórtate bien con tus jefes, y seguro que nosotros nos acordamos y la semana que viene nos portaremos bien contigo en la oficina.
Me quedé anonadada mientras el gordo se iba y se sentaba en el sofá. ¿Qué debía hacer? ¡Estaba en un compromiso! ¡En un aprieto!
Mientras barajaba las distintas posibilidades, Andrés y Marcelo se habían puesto manos a la obra y me estaban acariciando cada uno una pierna.
Antonio se pegó a mí , y pude notar el bulto de su pantalón sobre mi culo. Me susurró al oído:
ANTONIO: Ya has oído al jefe. ¿Qué harás? ¿O eres una acojonada?
Me giré y le agarré el paquete diciéndole con chulería:
SARA: los acojonados vais a ser vosotros, que no me vais a durar ni un minuto.
Mi jefe se rió y se abrazó a mí. Puso sus manazas sobre mi culo y me empezó a besar el cuello. Andrés me manoseó un pecho y Antonio me acarició las piernas.
Me aparté un poco de ellos y les enseñé, ante su sorpresa, mis tetas apretujadas en mi precioso sujetador negro con relleno. Realmente se veían más grandes de lo que eran en realidad. Los hombres empezaron a silbar y decir guarradas.
Les di la espalda y me dirigí con paso resuelto hacia el sofá donde se sentaba el dueño de la empresa. Haciendo acopio de valor, cogí y me subí encima de él arremangando mi falda. Él no me puso las manos encima, así que le cabalgue un poco colocando mis manos encima de mi cabeza. El resto de la tropa silbaba y arengaba a Don Aurelio para que me follara, a lo que él respondía riéndose lleno de felicidad.
AURELIO: venga, ves con ellos. Ya me ocuparé más tarde de ti.
Me levanté y me dirigí a la barra. Me senté en el taburete como si no pasara nada. Mis compañeros se acercaron como aves de rapiña.
Antonio me desabrochó el sujetador, me lo quitó y sacó mis tetas por encima del vestido. Andrés no perdió ni un segundo empezó a chuparme las tetas. Miré a Marcelo y me le encontré mirándome y masturbándose con un pequeño pene en la mano.
SARA: ¿Quién es mi jefecito preferido?
Me acerqué a mi jefe, me arrodillé y empecé a chuparle la polla con la lengua. Marcelo gemía de placer y no pudo evitar elevar un poco el tono cuando empecé a chupársela con ahínco. Antonio y Andrés se acercaron con sus pistolas cargadas. Empecé a chupársela a aquellos hombres por turnos. Mientras se la chupaba a uno, masturbaba a otro.
ANTONIO: venga, vamos al sofá.
Los hombres se sentaron en el sofá. Fui pasando de uno a uno – excepto por Don Aurelio – chupándosela. Me detuve más tiempo del normal con Antonio, el cual me estrujaba las tetas como si fueran peluches. Aumenté adrede el ritmo hasta que se corrió en mi cara. Me acerqué a él y le dije al oído:
SARA: ¿ahora quién es el acojonado? ¡No me has durado nada!
No pude seguir metiéndome con aquel hombre, porque rompí mi discurso con un gemido. Alguien me había cogido el culo, y apartando mi tanga a un lado, me había penetrado. Me giré y pude ver a mi jefe follándome. Apoyé los brazos en el sofá mientras Marcelo me follaba a lo perrito. Aún no me había limpiado la cara y la tenía llena de semen.
Marcelo me dio un cachete en el culo mientras me follaba con más fuerza.
MARCELO: mi querida Sara. Cuántas veces me he imaginado tener tu culo entre mis manos.
SARA: métemelaaa, ahhhhh, mássss, síiiiiii
Andrés se acercó a mí, y me puso su polla al lado de la cara. Entendí en seguida qué quería y empecé a chupársela.
El hombre al que le estaba haciendo una mamada me pidió que nos pusiéramos más cómodos. El se sentó en el sofá y yo me puse a cuatro patas esperando la polla de Marcelo. Me la empezó a meter con buen ritmo al tiempo que Andrés me tocaba las tetas.
SARA: Jefe ¿no le vas a dejar a Antonio que se divierta también un poco?
Le sonreí mientras le pasaba la lengua por el prepucio.
Cambiamos de postura y empecé a cabalgar a Andrés mientras se la chupaba a mi jefe.
Los hombres no tardaron mucho en estar a punto de correrse. Mi jefe me llenó la cara de semen mientras Andrés aún me estaba follando. Éste se sacó la polla de mi coñito y empezó a correrse sobre mi abdomen.
Nos sentamos en el sofá justo cuando Don Aurelio empezó a aplaudir.
AURELIO: bravo, bravo. Ahora me toca a mí.
El resto de hombres se fue al baño y no tardó en desaparecer, dejándome a mí sola ante el dueño de la empresa. Tenía un poco de miedo.
AURELIO: desnúdame.
Obedecí. Fue trabajoso quitarle toda la ropa al hombre, debido a su tamaño y peso.
AURELIO: ahora túmbate bien abierta de piernas. Te voy a dar lo que estos mariconazos no han sido capaces.
Le esperé con las piernas abiertas y tumbada boca arriba. Su panza no me dejaba bien ver su pene.
El hombre se tumbó encima de mí, dejando caer todo su peso sobre mi cuerpo. Me sentía aplastada, como si se hubiera derrumbado un edificio encima de mí.
Empezó a besarme en los labios a pesar de los restos de semen que tenía esparcidos por toda la cara. Finalmente el hombre atinó y me la metió de un golpe.
Grité.
Aquel cincuentón tenía una polla realmente gorda. El hombre empezó a follarme como una morsa en celo. Me sentía realmente aprisionada bajo toda aquella carne.
SARA: Don Aurelio, qué gorda la tiene.
AURELIO: Te voy a follar como no te han follado nunca.
El hombre se sentó.
AURELIO: ven, móntate.
Me subí al caballito sobre el gigantón. Él me la metió.
AURELIO: Ahora verás cómo se folla a una tía buena.
Me agarró el culo y empezó a moverlo muy rápido. Me estaba follando como si estuviera zarandeando a un delincuente para hacerle caer las monedas robadas. Yo gemía como una perra y estallé en un gran orgasmo. Le grité que parara, pero siguió follándome. No pude evitar tener un segundo orgasmo y entonces paré. Estaba agotada. El hombre sudaba como si hubiera pasado toda la noche en el gimnasio.
AURELIO: ¿Te ha gustado pequeña?
Le respondí con la respiración entrecortada.
SARA: Sss.. ¡sí! ¿Cómo ha aguantado sin correrse?
Él se rió.
AURELIO: la experiencia. Venga, ahora te toca a ti. A ver si consigues que me corra.
Le sonreí y me arrodillé frente a él lista a chupársela como hice con Antonio.
Le hice una mamada de campeonato, pero pasado un cuarto de hora el hombre no se corrió. Don Aurelio agarraba mi cabeza e intentaba que me la metiera toda en la boca. Me tumbó en el sofá y empezó a chuparme todo el cuerpo. Me dio la vuelta e hizo lo mismo con mi culito y mi coñito. Me chupaba el culo y el coño como si se tratara de una peli porno. Yo estaba en la gloria y no tardé en correrme.
AURELIO: ahora me toca a mí. Te voy a dejar bien llena de leche.
Me tumbé como al principio con las piernas bien abiertas y el hombre empezó a follarme con más fuerza que nunca. Empezó a gemir sin parar y noté como se corría dentro de mí.
Se quedó encima de mí un poco y luego se fue al baño. Me fui al de chicas y al salir me lo encontré arreglado y tomándose un cubata.
AURELIO: muy bien Sara. Te has portado muy bien. ¿Podrías salir fuera y decir a los chicos que entren? Gracias.
Me quedé helada ante la frialdad de aquel hombre. He de reconocer que me hizo disfrutar como una cerda. Salí de la sala VIP y sólo quedaban los jefes en la barra. El resto de empleados se habían ido. Me sonrieron con cara maliciosa y entraron en la sala VIP.
Cogí un taxi y volví a casa totalmente exhausta tras aquella cena de empresa…

Me gusta / No me gusta