Enviándole mensajes por celular

Hola y gracias por leer mi primer relato. Al principio solo quería complacerla pensando que para mí no significaría mucho porque ella es algo vergonzosa respecto a lo sexual; entonces no estaba con las intenciones de usar palabras muy vulgares, no hasta que empezamos con el jueguito y no pude contener mis ganas de desahogar toda la calentura que iba guardando.
Era aproximadamente las 11 de la noche. Mi celular recibió un mensaje y yo, intuyendo que era ella, instantáneamente recordé sus hermosas nalgas cuando las acaricio, y siento que mi pene levemente empieza a ponerse duro. Estaba poniéndome caliente, era evidente. Hace tres semanas que mi cuerpo la reclamaba; aún más con tres calentones que me provocaron besos lujuriosos y furtivos en la disco. Estaba con muchas ganas de coger. Entonces, leo el mensaje y decía:

Ella: Hola amor, qué haces? :-)

Yo: Estoy buscando en el periódico un departamento para alquilar, tú? :)

Ella: En mi cuarto, viendo la televisión. Estás solo?

Siempre me intriga la idea de saber qué es lo que pasa por su mente cuando me pregunta eso, porque siempre lo hace; cuando le pregunto el por qué, me dice que es algo celosa y que quiere asegurarse con que su angelito esté portándose bien. Y no solo me intriga, me excita fantasear con la idea de que lo hace porque quiere juguetear. (Aprovecho a contarles que sexualmente yo soy su primer hombre; ella tiene 20 años y yo 25. Estamos juntos hace dos meses y medio.)

Yo, entonces, tenía terribles ganas de decirle cuánto extrañaba verla, cuando su rostro muestra placer mientras la penetro, pero continué así:

Yo: Si mi princesa, estoy solo :)

No dije más porque estaba medio ocupado, pero sabía que ella continuaría con la charla:

Ella: Por qué quieres irte de tu casa mi amor? Estás con problemas?
Yo: Si, algo así; no me gusta la tensión que hay aquí.
Ella: En toda familia hay problemas, no todo es color de rosa ;)
Yo: Si, así es, pero quedarme de brazos cruzados no es mi elección :)
Ella: Si que eres cerrado mi amor, como todo paceño (una ciudad de mi país, en donde nací) :D
Yo: Igual así me quieres mi amor :)
Ella: Si, te amo como eres, pero me molesta que seas cerrado.
Yo: No todo es color de rosa ;)
Ella: Sí que eres un caso, un caso cerrado :D

Yo reí mucho por ese comentario y pensé en mandarle una indirecta para empezar a hablar de cosas picantes, que hasta entonces eran muy inocentes; yo intentaba frecuentemente subir de intensidad; algo más vulgar, más sucio; pero ella siempre me pedía que no lo haga, pero también me decía que le dé un poco más de tiempo; algo que me tiene enganchado y obviamente excitado. Pero quise intentar de nuevo; con una respuesta algo pasada de lo acostumbrado, y ya en mi habitación le contesté:

Yo: jajaja sí que me hiciste reír :D tú en cambio ya no eres cerradita; puedes darme las gracias ;)
Ella: :-O amor, qué cosas las que dices. Cuando vuelva me las pagarás, ya verás.
Yo: Oh no por favor! No seas mala mi bella, el sexo oral me aterra ;)

Le dije eso porque apenas una vez me hizo el sexo oral, y lo hizo tan inocentemente que me preguntaba cada detalle; cómo me lo tenía que hacer, si me gustaba lo que hacía, si me dolía, etc. Admito que eso me excitó mucho, pero llego un momento en el que esa excitación se convirtió en aburrimiento y angustia; aun así trataba de disfrutar lo más que podía, incluso llegue a disimular para que ella se sintiera bien. Me dejó de hacer el sexo oral y me dijo: “Me encanta eso, te juro que me gustó mucho, pero estoy con mucha vergüenza, dame tiempo porfa.” Yo no quise insistir entonces y seguimos con el coito (pero esa es otra historia). Ahora, continuando con la conversación por mensaje, ella respondió:

Ella: ya veremos lo que pasará ;)

Viendo que ella no reaccionó como lo acostumbrado, supuse que ella también estaba muy deseosa de volver a tenerme en la cama, entonces aproveche la oportunidad y continué:

Yo: Estás solita mi amor? :)
Ella: Por qué esa pregunta mi amor? Eres un picarón :) y sí, estoy sola.

Se extrañó por mi pregunta porque apenas dos veces le habré preguntado eso. Pero me sorprendió que me haya dicho picarón, para ella eso debió significar mucha premeditación antes de decírmelo. Pero era evidente; se me adelantó, ella mostró que estaba caliente y empezó a excitarme nuevamente. Entonces, sin más preámbulo, le dije:

Yo: Porque quiero hacerte el amor por este medio ;)

Ella respondió rápido, así:

Ella: Me parece interesante ;)

Noté que ella estaba con curiosidad, estaba excitada también, y para aumentar su calentura le dije:

Yo: Pero primero prométeme algo.

No continué con el qué en ese mismo mensaje porque estaba probando si ella estaba dispuesta a más, sin vergüenzas ni tapujos. Y me respondió:

Ella: Qué mi amor? :)

Me dio luz verde y le dije, muy caliente:

Yo: Quiero que todo lo que te diga te lo imagines y que te toques, te masturbes; para eso no me respondas, solo disfrútalo ;)

Ya se imaginarán que para mí decirle eso significo un paso muy importante; aunque ella se mostraba excitada, temía que mi vulgaridad le apague la calentura. Entonces, para mi sorpresa, ella nuevamente me mostró que estaba muy excitada y dispuesta a seguir con el sexo virtual, cuando me dijo:
Ella: Te lo prometo mi vida, hazme el amor! :-*

Mi pene estaba bien erecto. Haber dado ese paso significó mucho para mí; hice casi de todo en esta vida de placeres, pero hacer que una chica inocente empiece a abrir sus alas, es algo muy celestial. Entonces continué, al principio con cautela y romanticismo:

(Mensajes enviados por mí)

Es un día común por la noche…

Imagina que tu habitación está casi oscura, con apenas el reflejo del televisor encendido. Tú tendida en la cama, muy cansada pero sin poder conciliar el sueño…

Estás intrigada porque en todo el día no hablaste conmigo…

En medio de pensamientos casuales, escuchas que estoy entrando a tu habitación…

Tienes ganas de mirar pero tu cansancio no te lo permite, sientes como si estuvieras soñando, aún con los ojos cerrados…

Me acerco al televisor y aumento el volumen; escuchas que es música instrumental suave; música que te inspira tranquilidad…

Sientes que me acerco a ti, lentamente, como si no quisiera despertarte…

Sientes que te acaricio el pelo y disfrutas de esa sensación; yo mirándote…

Después, sientes que mi mano acaricia tus senos que están cubiertos con una sábana ligera…

Por un momento no escuchas nada, como si me hubiera quedado mirándote simplemente…

Pero de repente, escuchas el sonido de mi bragueta abriéndose; no estás segura de lo que es, pero sigues atenta, aunque poco consciente…

Sientes que algo toca tu mejilla y empieza a masajearte, empiezas a excitarte y prefieres mantener los ojos cerrados…

Ahora sientes que te humedezco un poco, y esa sensación de cosquilleo pasa a tus labios…

La música que proviene del televisor ahora inspira seducción, erotismo…

Sientes que algo está contorneando tus labios y te los deja húmedos…

Aunque ahora estás más consciente, simulas seguir dormida…

Sientes que hago más presión en tu boca, como queriendo penetrarte…

Tú, instintivamente, sacas un poco la lengua para probar la humedad y sin tardanza sientes que te introduzco un poco el pene…

Lo sientes bien erecto y empiezas a lamerlo, empiezas a excitarte más, tu vagina está mojadita. Sientes que mi pene está salado, pero te gusta mmm…

Empiezas a chuparlo y a meterlo más, abres momentáneamente los ojos para ver mi verga dentro de tu boca…

Sientes cómo mi pene crece aún más y bota líquidos preseminales, tú te acaricias la vagina y sientes como te ayudo con mis manos en tu cabeza…

Estás con ganas de que te penetre, y sientes cómo retiro mi pene de tu boca y retiro la sábana de tu cuerpo…

Te doy la vuelta y quedas con la espalda hacia mí, sientes cómo me pongo encima de ti, empiezo a besarte el cuello, la espalda…

Son besos apasionados y sientes como mi lengua pasa por tu piel…

Agarro mi pene con la mano y empiezo a sobarte las nalgas, estás tan excitada que sientes mucha humedad, sientes mis líquidos escurriéndose entre tus nalgas…

Mis manos pasan a agarrarte los senos, los sobo con poca presión y rápido, agarro tus pezones y sientes como mis dedos juguetean con ellos…

Mi pene está frotando tu vagina, frotando tu ano que también está muy húmedo, sientes el tronco de mi pene rozarte con fuerza…

De repente, sientes que la punta de mi pene está entrando a tu vagina, presiono un poco y gimes de placer, sentiste dolor, pero se transformó en placer…

Introduzco mi pene un poco más y sientes que está muy duro, muy erecto, me muevo lentamente y escuchas cómo gimo de placer…

Me acomodo mejor, quiero metértelo más y sientes una fuerte penetración, una que te hizo gemir más fuerte…

Sientes cómo aumento la intensidad y me muevo hacia los costados, mmm, como queriendo sacarlo pero aun entra más y lo sientes más…

Te tocas el clítoris con intensidad y sientes que mis manos vuelven a agarrarte los senos, esta vez con más fuerza…

Tu gimiendo aún más empapas mi pene con tus jugos vaginales y yo muy excitado saco mi pene de tu vagina, te doy la vuelta y me acerco a besarte la boca con mucha lujuria…

De repente acerco mi pene a tu rostro y me lo empiezas a lamer…

Metes parte de mi pene en tu boca y vuelves a masturbarte mientras yo estimulo tus pezones…

Sientes que mi pene bombea, como un músculo que hace contracción y de repente sientes cómo hago chorrear abundante semen…

Tú muerdes mi pene, mientras tragas el semen, y sientes como se escurre por tus mejillas lo demás…

Retiro mi pene semierecto de tu boca y ves que sigue saliendo semen, tú te masturbas con más intensidad…

Lo lames, lo chupas un poco más y sientes que te corres de nuevo, orgasmos en cadena que se apoderan de tu cuerpo y te hacen gemir como si estuvieras poseída… así quiero que termines amor, me avisas cuando te corras.

Eso fue lo que le dije al final y yo estaba con el pene muy erecto, empecé a masturbarme y de tanta excitación no podía correrme, sentí como si ya lo hubiera hecho en el transcurso del sexo por mensaje, pero seguí hasta que me llegó un mensaje a mi celular:

Ella: :-O Me corrí amor! Me corrí tanto que estoy loca!

Eso me excitó mucho más y también me corrí, el semen que salió de mi pene era abundante realmente, muy espeso, muy viscoso y estaba sumergido en un orgasmo muy profundo. Ella me mandó otro mensaje, uno que me hizo ver que seguía muy excitada:

Ella: te corriste mi vida? Manchaste toda tu cama? Eso me excita ;)

Yo estaba contento por lo que ella me decía, y mi pene de tanta excitación seguía erecto. Entonces con mucha lujuria le dije:

Yo: Si mi amor, toda mi cama está mojada y tengo aún semen en mis manos, huele a sexo, cómo quisiera que lo pruebes ahora.
Ella: mi amor, que excitante! Ya quiero estar contigo ahora mismo!
Yo: ya lo haremos mi princesa, ya quiero que me lamas el pene ;)
Ella: Te lo chuparé amor! Lo haré con mucha pasión :-*

Yo estaba tan emocionado que no quería arruinar el momento, entonces, aprovechando que era ya muy tarde, le dije:

Yo: Mi bella, me tienes adicto a ti, quisiera que veas cómo mi pene está esperando tu sexo.

Antes de que responda, rápidamente le mandé otro mensaje:

Yo: Por ahora nos dormiremos mi bella, quiero dormirme hasta que regreses para no esperarte tanto. Estuvo genial! :-*
Ella: TE AMO UN MONTÓN mi príncipe, me encantó correrme con tus mensajes, buenas noches mi amor :-*
Yo: :-*

Se imaginarán lo excitado que estaba para entonces, más aun sabiendo que ahora ella está dispuesta a chuparme la verga. Ya quiero que llegue ese día, quiero que se empape de tanto semen que eyacularé.

George el Sátiro, desde Bolivia.

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Tarde de cine

Ambos nos inclinamos para recogerla y nuestros dedos se tocaron. Experimenté lo mismo que aquella vez que quise arreglar un enchufe y por error toqué el cable con corriente: Un sacudón y un hormigueo que se extendió rápidamente por mi cuerpo. Cuando nos levantamos nuestras cabezas quedaron muy cerca, demasiado. El perfume me llegó con una intensidad abrumadora.

Tarde de frío, lluvia finita pero tan helada que parece calarte hasta los huesos. Hacía más o menos una semana que mi marido había decidido cambiarme por un modelo más nuevo. Nuevo en años, pero seguramente no en kilometraje. En realidad todavía no sabía como sentirme: ¿deprimida?, ¿alegre?, ¿aliviada? o ¿apesadumbrada? La procesión todavía no había empezado y como estaban planteadas las cosas no quería pensar para nada en eso. El análisis profundo al que debía haberme sometido parecía esquivarme y sus razones tendrían. En esas 168 horas de lo que consideraba una segunda oportunidad en mi vida no estaba dispuesta a perder el tiempo analizándolo.

Cuarenta y cinco con la apariencia de 38 –al menos eso era lo que me dicen mis amigas- alguna arruguita rebelde y unos pocos centímetros de más en mi cintura que me había prometido bajar con algunas sesiones de gimnasia que nunca me decidía a comenzar. Sin considerarme una mujer fatal puedo asegurar que mi vida se desarrolló dentro de los visos de normalidad para mi época, madre rígida en cuanto a las amistades masculinas y padre que se limitaba a asentir cada vez que mi vieja defenestraba a algún candidato con el que me veía más embalada que de costumbre.

No era cuestión que la “nena” diera el mal paso y el honor de la familia quedara mancillado con un casamiento de apuro. Conociendo a mis tías y demás parientes, algunos lejanos, pero cercanos para ese tipo de acontecimientos, no me extrañaría en absoluto que se ufanaran en complicados cálculos trigonométricos para demostrar que la boda de la más chica de la familia obedeciera a razones “non sanctas”. Quizás por eso cuando apareció Ricardo en mi vida –pariente lejano de uno de mis parientes lejanos- mi vieja suspiró satisfecha. Con su comprobable “pedigrí” la familia podía respirar tranquila y el cerco tendido a mi alrededor comenzó a aflojarse. Cuando dos años más tarde anunciamos el compromiso pareció que mi vida estaba encaminada, al menos eso creyeron todos, yo incluida.

La noche de bodas no resultó como lo esperaba, en realidad no sé que era lo que esperaba, pero seguramente no lo que sucedió. Ricardo, tan gentil y caballero –me abría la puerta de los taxis y me acercaba la silla cuando cenábamos afuera- pareció transformarse en una bestia apenas nos quedamos solos en el cuarto de hotel. Mi “limitada experiencia” quedó desbordada y no me quedó más que aceptar lo que sucedió a continuación. Frustrada, no pude evitar sentirme realmente frustrada cuando “todo terminó” y se durmió sin siquiera darme las buenas noches. Aunque durante la luna de miel “mejoró un poco” nunca llegó a cubrir las expectativas románticas que mi mente había hecho germinar durante los últimos meses.

Al mal tiempo buena cara solían decir, así que cuando regresamos y comenzamos nuestra vida en común traté de convencerme de que las cosas tenían que ser de esa manera y acepté mi karma. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses y Ricardito como le dice mi mamá continúa resultando para el entorno el solícito marido que se desvive por mí. En realidad no creo que actúe como actúa porque sea un mal tipo, supongo que debe ser una cuestión genética, ya que es una réplica casi exacta de su padre, el tipo más bestia que llegué a conocer en toda mi vida.

Hijos no tuvimos, y nunca pude saber si la cuestión pasaba por él o por mí, porque ante la menor sugerencia de realizar un estudio de fertilidad su machismo innato y mal entendido afloraba como un volcán en erupción y como no quería llevar las cosas a mayores terminé por olvidarme del tema, para siempre. Fueron 25 años de algún tipo de indiferencia que todavía no puedo definir, tardes de domingo de fútbol y salidas con amigos a los que nunca pude conocer. Horas extras que lo agotaban a tal punto que cuando llegaba a casa se duchaba, cenaba y se acostaba a dormir como si no existiera otra cosa en el mundo para una “feliz pareja”. Hasta que un día todo se terminó.

-Esto no va más, yo no puedo vivir de esta manera, bla, bla, bla, bla.

Lo miré como si en realidad estuviera hablando con otra persona, porque lo único que podía inferir de su parrafada –más palabras de las que había intercambiado conmigo durante un cuarto de siglo- era que toda la responsabilidad del fracaso era absolutamente mía y nada más. La lluvia se estaba convirtiendo en algo realmente molesto cuando distinguí el brillo de las luces de neón a menos de cien metros de distancia.

¿Por qué no? –me dije mientras enfilaba hacia ellas. Sin siquiera molestarme en mirar la cartelera saqué mi entrada y diez pasos más adelante ingresé al mundo de los sueños. Sentada más a menos en la mitad de la sala me permití relajarme por primera vez en varios días. ¡Paz! –susurró mi mente llenándome de regocijo. Los avances de películas estaban terminando cuando lo vi entrar. Delgado, alto y aunque con sencillez, muy bien vestido. Rápidamente le calculé entre veinte y veinticinco años.

Su cabeza se volvió hacia donde estaba yo y sin vacilación comenzó a caminar en mi dirección. No puedo negar que el corazón me dio un vuelco y mi imaginación –sobre todo la parte romántica, aunque también algo del resto- se disparó como un cohete rumbo al espacio. Pero cuando en lugar de detenerse continuó caminando mi ánimo se fue a pique. La desilusión me duró apenas unos segundos. Yo estaba en ese lugar para ver una película no para jugar a las escondidas con un muchachito que por su edad bien podría ser mi hijo, ¡pero no lo era! –racionalizó mi sentido común sumiéndome en un estado de confusión momentáneo que deseché con un movimiento de cabeza. ¡Fin de la historia! –me dijo volcando toda mi atención en la pantalla. Juro que no lo oí acercarse y cuando me habló casi ni me di cuenta.

-¿Perdón? –pregunté con un hilo de voz. -¿Está ocupada? – Respondió señalando la butaca junto a la mía.-No, no –dije retirando mi cartera.-Muchas gracias –suspiró ocupándola con una gracia que me sorprendió.

Respondí a su sonrisa con otra sonrisa y me dispuse a ver el comienzo de la película cuando una vaharada del más espectacular perfume masculino invadió mis fosas nasales despertando ciertas fibras íntimas de mi ser que hacía mucho tiempo estaban adormecidas. Algo parecido a un sofocón subió por mi garganta y casi me ahogo al tratar de tragar lo que parecían ríos de saliva. Reprimiendo el impulso de volverme hacia él traté de mantener toda mi atención en la película, pero con el correr de los minutos y no pudiéndome mantenerme ajena a la presión que ejercía su muslo contra el mío claudiqué y le devolví la caricia. Regocijo, excitación, en realidad no podría definir lo que pasó por mi mente, lo más importante es que sentí que volvía a estar viva. Mis ojos se encontraron con los suyos. Si digo que parecían invitarme al beso no miento en absoluto y cuando me lancé a recorrer la escasa distancia que nos separaba mi cartera cayó al piso.

Ambos nos inclinamos para recogerla y nuestros dedos se tocaron. Experimenté lo mismo que aquella vez que quise arreglar un enchufe y por error toqué el cable con corriente: Un sacudón y un hormigueo que se extendió rápidamente por mi cuerpo. Cuando nos levantamos nuestras cabezas quedaron muy cerca, demasiado. El perfume me llegó con una intensidad abrumadora y su aliento con sabor a menta y tabaco rubio pareció llenarme la boca. La boca que se me había secado como aquella vez que di mi primer beso. “Ahora o nunca”- me dije cerrando los ojos  y adelantando la cabeza. Un dedo, fresco y delicado me detuvo a mitad de camino. Abrí los ojos y lo miré. Una carcajada suave como el vuelo de las mariposas alcanzó lo más recóndito de mi cerebro y creí morir de vergüenza por segunda vez en pocos minutos.

-Todavía no –susurró acercando sus labios a mi oreja derecha.

No sabiendo que hacer con mis manos busqué en la cartera y saqué un paquete de caramelos. En ese instante su mano se cerró sobre la mía y creí morir. Atontada, emocionada y quizás vaya uno a saber que más sentí en esos momentos lo observé quitándole el envoltorio a uno de ellos y llevarlo luego a mi boca. Después de cuarenta y cinco años de vida acaba de descubrir el significado de la palabra éxtasis.

-¡Estoy enamorada! –me dije. Toda mi vida anterior había perdido significado y sin poder contenerme más lo besé.

El resto de la película quedó en el olvido mientras encontraba refugio en los brazos de mi tierno amante. Cuando salimos del cine la lluvia había parado y caminamos en silencio. Las calles desiertas fueron testigo de nuestra acalorada  pasión y no me avergüenzo de ello. Cada portal se convertía en refugio temporal de nuestros cuerpos ardientes y enfebrecidos, hasta que… le pregunté su nombre.

-¿Para qué quieres saberlo? –dijo con voz algo ronca, como si estuviese resfriado. -Necesito saber con quien voy a casarme –respondí con toda naturalidad. -¿Estás segura? -Segurísima –susurré apretándome contra él. -Marcela…respondió con un suspiro- Marcela Rodríguez –finalizó sin impostar la voz.

No me acuerdo si tomé un taxi, subí un colectivo o sólo corrí hasta mi casa. Ya pasaron dos días y todavía no puedo apartarlo a “él” de mi mente. Un papelito que encontré en mi cartera tiene un número de teléfono escrito con la más pulcra caligrafía femenina. No me quedan dudas de a quién pertenece pero me siento tan confundida que me cuesta muchísimo tomar una decisión.

¿Tú que harías?

Autor: Oscar Salatino

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De fresa o de vainilla II

Nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias.

Nos hicimos más que amigas

Una tarde a principios de febrero después del colegio pasó algo que no me esperaba, Ale me acompañó a casa y antes de despedirse sacó una pequeña flor de papel de su mochila y me echó un largo e ininteligible rollo, que nunca logré recordar claramente, que en esencia dijo:

-“Eres una chava súper, me agradas desde que entraste al colegio”. Dame chance de conocerte más, claro que no le entendí a que se refería. Entonces me explicó que no le agradaba que más bien le gustaba mucho pero no como amiga, como chava. Me dio risa por que creí que bromeaba y le dije en broma – no somos lesbianas.

Ella río también y me contestó, en serio, Sandra, que tal que lo intentamos, tú y yo somos como almas gemelas, no deberíamos ser solo amigas “es un desperdicio”, (esa última frase es creo lo único que recuerdo de manera textual), vamos, ¿que tiene de malo? Entonces tuve una reacción parecido a: ¿Qué?  ¿Había entendido bien?, ¿mi mejor amiga me estaba llegando? ¿Como que, qué desperdicio?

– No te entiendo Ale. Le contesté con nervios y con esperanza de haberla malinterpretado. -Quiero que seamos más  que amigas, ¿me entiendes? Dijo sonriendo.

Me quedé callada, apreté los labios sin saber que responder, agaché la mirada, no la entendía, o  tal vez no quería, no sabía en donde esconderme, si cuando un chavo me llegaba me ponía bien nerviosa, imagínate ahora que se trataba de mi mejor amiga. Una vez que me di cuenta que si iba en serio, cuidando mis palabras para no herir sus sentimientos le contesté con otro choro, solo que yo al contrario de ella estaba nerviosísima.

– Yo creo estás confundiendo, también te quiero mucho Ale, pero no así, no por que Andy y Faby salgan, nosotros debemos hacer lo mismo, es más yo nunca he salido con otra chava, es que yo no soy así. – Estoy segura de lo que siento por ti Sandra…

Me despedí con el común beso en la mejilla y no la invité a pasar como era lo común. Una vez que puse un pie, en casa, dejeé caer mi mochila, me senté en la sala sin dar crédito a lo que había escuchado. La verdad me espantó, sin querer a la mente me vino aquellos días en la regadera juntas, las noches que dormíamos en la misma cama o las nalgadas que nos pegábamos de “broma”  y le maquiné un rencor tal vez injusto, por no haberme contado que era les antes,  todo lo que habíamos compartido. La cabeza me daba vueltas;  o sea que ¿me dirigió la palabra en los cursos para ligarme como cuando un niño quiere conocer una niña?

Ahora muchas cosas las pude entender. Me preguntaba tratando de darle sentido a la situación que parecía no ser real, me paré y me fui a cambiar la playera que era de Alejandra, ahora me daba asco, y todo la tarde y los siguientes días fueron extraños. Me descontrolé por completo, dejé de estar en contacto con las tres “lesbianas” como yo ya les llamaba para mi misma, de las tres no hacía una y me empecé a juntar con otras niñas.

Ale parecía ser la misma conmigo, no evitaba mi mirada, aun que yo si, me invitaba a salir por teléfono y yo buscaba mil pretextos, me buscaba en los recesos pero yo me refugiaba con mis “nuevas amigas”, me sentía otra vez de la patada, sola como perro, las tardes solo hacía tareas y me la pasaba encerrada con Karlita mi hermana que ya no sabía como molestarme.  Me preguntaba burlonamente  ¿tronaste con tus novias?. Me incomodaba tanto ese comentario, por los tintes de verdad que eso tenían, y  me alegraba de que no supiera lo que había pasado. Andrea me aconsejaba que le diera una chance, que lo intentara, pero dejo de hacerlo cuando notó que no me gustaba hablar del tema y también la evitaba a ella, en clase ya no me sentaba junto a ella.

Ya se que es un relato erótico, y no novela pero aquí viene lo emocionante.

Ale no se dio por vencida y evitó que mi actitud ante ella nos distanciara. Un día trataba de evadirla después de la clase de educación física que tomábamos juntas,  pero ella me tomo con suavidad de un brazo y me dijo:

-Tenemos que hablar  Sandra. –Si, dime – le dije haciéndome la desentendida. -Sabes algo, no podemos terminar nuestra amistad, en las tardes echo de menos tu compañía, te volviste una hermana y…bueno…si tú no quieres, bueno…tal vez solo como amigas, yo lo entiendo, pero no me trates como si no me conocieras, la verdad me duele mucho que seas así conmigo.

Que quería decir exactamente?  “Tal vez solo como amigas”  a tu hermana no le dices que sea tu novia.  Me desarmó por completo, hoy si parecía nerviosa, y hasta parecía que lloraría. Yo pensé que ya nunca le dirigiría la palabra, y lo que le respondí ni siquiera lo pensé solo se lo dije, con el otro extremo de la mezcla de sentimiento que me estaba matando, como si mi corazón en vez de mi cerebro, pusiera las palabras en mi boca

-Si yo también, ni siquiera me caen las otras niñas, no son tan divertidas como tú.

Ella sonrió y preguntó -¿amigas? con una voz tierna que era imposible decir no. Así que acepté y pasamos el resto del receso juntas, me di cuenta que era una persona bien padre, con la que no quería dejar de llevarme, era muy interesante, nunca me aburría con ella y otra cosa me podía mucho. Yo me mostraba rara con ella, sin en cambio ella parecía poner todo de su parte para restaurar la amistad y como me caía súper bien, lo logró pronto, y seguimos la amistad como había sido hasta antes del día que se le ocurrió llegarme.

Un mes después comenzó a insinuárseme de nuevo, y ya no sabia que hacer, ya pensaba darle chance, para no pasarla mal de nuevo. Necesitaba hablarlo con alguien pero no sabía con quien, ¡necesitaba ver a una niña hetero! ya me daba miedo estarme pasando al otro bando. Mamá tenía la solución por puro instinto maternal, desde hace algunas semanas me insistía que invitara a Jenny a pasar unos días con nosotros, no se cansaba de decirme: “Jenny que si es una niña decente ya ni te acuerdas”. Ese mismo fin por el Messenger la invité y a ella le encantó la idea. Como tenía un rato que no nos veíamos, la pasamos padre, fuimos al cine a la gran plaza para no encontrarme a Ale en galerías, donde siempre estaba. Con mucho tacto, antes de dormir, y con el pretexto de las chavas que se estaban besando en el cine delante de nosotras, le comenté que aquí las relaciones entre chavas era más común que en la capital, y le pregunté su opinión y que si probaría alguna vez andar con una chava…

Con aires de sabiduría se tomó unos momentos para contestar- mira, es normal que algunas chavas les gustaran las chavas, también hay chavos así, yo no  tengo nada en contra de eso, en cuanto a lo otro, no creo que se malo probar un poquito, de chile y de dulce- y me confesó que apenas se había besado con Elena, una chava que conocimos en la secu, me dejó bien claro que no era les, pero que se dieron las cosas en una fiesta y que le había dado curiosidad, de que se sentía a una chava.

– Y, ¿como es? le pregunté, con curiosidad y morbo reprimido. – Sabes no es muy distinto a besar a un chavo pero sentí mucha cosquillitas en la panza. Sabes, fue algo  divertido.

Antes de voltearse para pegar la pestaña, me dijo jugando – a ti no te voy besar por que eres re persignada y somos amigas. Nos reímos de su tontería un rato y después dormimos. Al otro día, después del desayuno Jenny se fue y yo me quede pensando en la curiosidad y la aventura que me habló. Por otro lado estaba todo lo que me habían inculcado acerca de que “a las niñas le gustan los niños” y por otro las ganas que sentía de vivir algo distinto, que pasaría si lo probara?. Cuando veía lo bien que se entendían las otras dos, como se llevaban. se veía algo padre y la verdad hasta me daba un poquito de morbo de lo que seria besar a alguien de mi sexo. Ahora que lo pensaba, tener una relación con una chava no era algo del otro mundo, total si no funcionaba no pasaría nada.

Un día de marzo cedí ante su perseverancia  y le propuse intentar ser su novia unos días, con la condición de que me considerara y que diéramos tiempo a que las cosas pasaran poco a poco, a y que solo quedara entre ella y yo, ni siquiera lo platicaríamos con Fabiana y Andrea. Ale aceptó gustosa sin ninguna objeción.

Y empezamos, al principio parecía ser una relación de juego y pasajera, seguíamos siendo amigas y tal vez ya no como antes, ya no dormíamos juntas, no nos bañábamos juntas en el club y hacia lo posible por que ya no me viera ni en calzones cuando nos cambiábamos para la clase de deporte, yo ingenuamente quería que continuara así pero ella no parecía opinar igual, se mostraba muy interesada y clavada conmigo.

Pasábamos más tiempo juntas que antes y era muy divertido, era mas  linda de lo que ya era, si teníamos un peso lo compartíamos y si había mas  lo compartíamos igual, el cine, los frapes, los helados, a comer, y luego me llevaba a casa en autobús o en el auto de su mamá cuando se lo prestaba. Pero sobre todo, me escuchaba, me apoyaba en todo y siempre tenía tiempo para mí. Tenía muchos detalles para conmigo casi todos los días me llevaba a la escuela una paleta o un snickers y también me hacia cartitas, aunque casi eran de amigas, a veces tenían cositas que me sacaban de onda así como: “eres mi vida” “me encantas desde que te vi por primera vez”, no me caía bien el veinte de lo que ya éramos, eso era algo medio tonto de mi parte, por que si asíamos cosas como de novias.

En las tardes caminábamos unas calles hasta un parque, nos tirábamos en el pasto, me recostaba en mi mochila y ella se acostaba en mi abdomen, pasábamos horas platicando, mirando las nubes, observando lo que hacían las pocas personas que pasaban por ahí, riéndonos de cualquier cosa, a veces ni llegábamos a comer a nuestras casas, prefería mil veces estar en el parque con ale, que en mi casa peleando y discutiendo por todo.

Así nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en el auto de su mamá a mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias, aunque solo duró unos 3 o 5 segundos, sentí una emoción que nunca antes había sentido, me puse nerviosa.  Le dije adiós, me salí del auto, de prisa abrí la puerta, le hice una seña de adiós y cerré la puerta. Cuando entré mamá estaba en el comedor, me saludó y me preguntó:

-¿Que tal la pasaste con tu verry  bestfriend, hija? (Mamá no aceptaba del todo a Alejandra se le hacía una mala influencia y por eso se burlaba)

Yo que lo que menos quería era sentarme a platicar con mamá, estaba muy nerviosa la cara la tenía caliente de nervios, solo me apresuré a contestar:

-Bien ma,  y subí de prisa a mi cuarto, tenía ganas de estar a solas y pensar en lo que había pasado, estaba bien? o el juego se salía de control?

Esa noche no pude conciliar el sueño, solo pensé, en nosotras, me sentía algo parecido a “enamorada”. Como a las 12 am, recibí un mensaje de ale que me terminó de alegrarme la noche

“Te quiero mucho niña, see you tomorrow”

El segundo fue en una fiesta de su primo, las dos terminamos medio mareadas, cuando Alan  se dio cuenta, nos ofreció su cuarto para que nadie se pasara con nosotras, esa noche fue Ale quien se aprovechó de nuestra situación.

Autora: Sandra W

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