Doble entierro

Sentí como Alicia se estremecía cuando hice presión con la punta de la lengua apretando el clítoris y fue como una música celestial volver a escuchar aquellos sonidos tan característicos, el ronquido que anunciaba y el grito que festejaba, al tiempo que mi cara se vio inundada por aquel jugo espeso y sabroso, no había tenido esa experiencia con ninguna otra mujer, era como una eyaculación.

El llamado me sorprendió como a las dos de la mañana. Era una voz de mujer que preguntaba por mí y cuando me di a conocer todavía medio dormido, me dijo que Germán había tenido un accidente con consecuencias fatales y que el entierro iba a tener lugar una semana más tarde. Este hecho no debe sorprender ya que en Alemania, donde había estado radicado Germán, el sepelio se hace cuando todos los familiares pueden venir. La mujer me dio los detalles y se despidió.

Me quedé muy impresionado, Germán y yo pasamos muchos años de colegio juntos e incluso iniciamos nuestros estudios de economía internacional en la misma universidad en Buenos Aires. Nuestros caminos se perdieron cuando yo recibí una oferta de trabajo en México, supe de su casamiento al cual, pese a su invitación, no pude concurrir por motivos laborales. Cuando regresé a Buenos Aires Germán se había ido a España y más tarde me enteré que había pasado a Alemania.

Decidí que le debía la despedida y arreglé todo para viajar, fue difícil conseguir un ticket porque era temporada alta por lo que iba a volar el día anterior al sepelio.

Lamentablemente el vuelo se atrasó y llegué a Frankfurt con el tiempo justo para rentar un auto y tratar de llegar al cementerio a la hora programada para el entierro. Casi a la carrera llegué al lugar, había mucha gente, el cura dijo un sermón parcialmente en español y alcancé a ver quien creía que era la viuda, que lucía un velo que no permitía verle las facciones, pero el porte de la mujer era verdaderamente imponente. Finalizada la ceremonia la gente le dio las condolencias a la viuda y como yo había llegado al último también fue ese mi orden para saludar.

Le dije cuánto sentía la pérdida de ese entrañable amigo y me presenté, tras lo cual ella inmediatamente descorrió el velo y me abrazó. Me parecía un rostro conocido pero no podía ubicarla bien. En su abrazo sentí un par de pechos bastante grandes y duros y ella se apretó totalmente contra mí y me dijo que era un alivio que yo hubiera llegado y me besó el cuello. Estaba algo desorientado cuando ella me tomó de la mano y me llevó tras unos cipreses y me dijo que quería repetir allí aquella noche tan especial de Buenos Aires. Y entonces me dí cuenta quién era ella.

Quince años atrás, Germán y yo conocimos dos mujeres en la biblioteca de la universidad, una era una hembra impresionante y la otra, sin ser tan espectacular, estaba pasable. Tratamos de hacer algo con ellas pero no eran muy fáciles. Un día, a Germán se le ocurrió que las podíamos invitar a una fingida fiesta familiar en su departamento y una vez allí las cosas se podían dar. Las chicas aceptaron sin problemas y mientras iban a recoger sus cosas Germán y yo discutimos para decidir quién se quedaba con quién. Claro, los dos queríamos a la espectacular y entonces echamos al aire una moneda y yo gané y me iba a quedar con la mejor.

En el departamento las chicas casi se escapan cuando se dieron cuenta del engaño, pero al final terminamos bailando los cuatro y yo empecé a meterle mano a Alicia, que tenía unos senos grandes y duros. De a poco el clima se fue aflojando y yo ya tenía a mi hembra en brassier y calzones y la besuqueaba toda y saqué uno de sus pechos y le besé el pezón que enseguida se puso tieso. Ella había introducido su mano en mi pantalón y me acariciaba la verga que estaba durísima y finalmente decidimos quitarnos toda la ropa y ella enseguida se fue abajo y a mamarme el palo en una forma sumamente deliciosa, se lo metía hasta el fondo de su garganta produciéndome unas sensaciones de placer que casi me llevan a la primera venida.

Luego se dedicó a chuparme uno a uno los huevos y a meter su lengua en mi ano, con lo cual casi me llevó al éxtasis. Separé sus muslos, que eran dos columnas poderosísimas y le lamí despacito la conchita medio escondida entre unos vellos dorados y encontré rápidamente su clítoris ya bastante extendido para adelante y mis chuponazos le produjeron el primer orgasmo, que ella anunció con un profundo ronquido y luego un grito espectacular. Germán y su chica pararon su cópula sorprendidos por el griterío.

Yo ya no aguanté más y me puse encima de Alicia cuya concha estaba esperándome semiabierta e inicié la penetración que no fue tan fácil como pensaba pero luego mi palo se enterró todo en esa carne deliciosamente caliente y pulsante. No había hecho más que una docena de movimientos cuando Alicia soltó otra vez el ronquido seguido del grito fenomenal con que festejaba su orgasmo. Como yo ya estaba a punto me solté y la inundé con toda mi leche y al mismo tiempo ella me buscó la boca y mientras nos sacudíamos como locos por abajo, arriba nuestras lenguas se entrelazaron en un beso caliente como el fuego. Apenas descansamos algo cuando Alicia ya inició sus caricias en mi verga y al rato escuchamos a la otra pareja venirse y nos calentamos de nuevo y le dimos otra vez. Esta vez ella se sentó sobre mí y realizó un juego de sube y baja y atrás y adelante, acompañado todo con el vaivén de sus hermosas tetas que, pese a ser bien grandes, estaban turgentes y desafiaban exitosamente a la ley de gravedad.

En medio del asunto, Alicia se salió y metió mi picha entre esas sensacionales tetas y cuando me empecé a venir se la metió en la boca y se tragó mi lechada. Como después de ese segundo yo estaba algo cansadito, ella puso sus genitales sobre mi cara y la empecé a lamer hasta que de pronto… el ronquido y luego el grito de placer y de su concha salió un líquido espeso y sabroso que me mojó totalmente la cara y me excitó de tal manera que se me paró de nuevo y ella me lo mamó y luego se sentó otra vez sobre mí y apuntó mi aparato a su hermoso culito que estaba bien untado por sus jugos recientes y de a poco se fue bajando y metiéndoselo por detrás hasta que no quedó nada afuera. Ahora comenzó a contraer sus músculos intestinales y me masajeó el pene dentro de su culo, mientras gemía como loca y se masturbaba la cachucha. En eso la otra pareja empezó el segundo orgasmo, nada silencioso por cierto y eso nos excitó también a nosotros y de pronto la explosión de los cuatro fue casi al mismo tiempo y los gritos deben haber despertado a medio edificio.

Cuando nos calmamos, Alicia comenzó a subir despacito y cuando mi verga salió de su culo ella hizo algo de presión y sacó de un chorro mi leche que quedó sobre mi panza y luego comenzó a lamer muy lentamente cada chorrito y a disfrutar con su consumición. Pese a mi juventud, tres polvos de esa calidad me dejaron fritos y nos quedamos echados en la cama muy juntitos y besándonos y acariciándonos suavemente. Germán hizo un tibio intento de echarse uno con Alicia pero ella dijo que estaba muy cansada. Las chicas no quisieron quedarse a pasar la noche así que las quise llevar a su casa pero pidieron que las acerque a un puesto de taxi y con unos besos de lengua nos despedimos hasta la próxima.

Cuando llegué a mi casa el teléfono estaba sonando, era Germán que me dijo que en el sofá donde había estado yo con Alicia había quedado una mancha oscura que más bien parecía de sangre antes que de esperma y aventuró a preguntar si la chica no habría sido virgen. No me pareció plausible por lo experta que se había dado, su mamada no era de una novata y los restantes ejercicios tampoco. Me dormí pensando en los sensacionales polvos vividos y más aún en todos los que sobrevendrían, porque estaba decidido a profundizar esa relación, a lo mejor, hasta me había enamorado un poco de Alicia.

Pero las cosas fueron muy diferentes, dos días después de aquél encuentro, mi padre falleció de un infarto y tuve que dedicarme casi enseguida a manejar su empresa, con lo que dejé de ir a la universidad por un tiempo. Germán se ganó una beca para estudiar en una ciudad del interior de Argentina y nuestros destinos se fueron por otros caminos. No tuve tiempo ni estaba de ánimo para contactar a Alicia y cuando quise hacerlo no encontré el papelito en el que había anotado su teléfono.

Todos estos hechos pasaron en un segundo como una película por mi mente mientras Alicia me mete la mano en el pantalón, detrás de unos cipreses en un cementerio de Alemania. Los recuerdos me habían calentado y ya estaba medio al palo así que la abracé y volví a sentir esas tetas tan deliciosas mientras ella me sacaba la verga y se dedicada a mordérmela suavecito y luego, de un sólo movimiento, introducírsela totalmente hasta el fondo de su garganta.

Yo la levanté de su posición hincada frente a mí y quise bajar para volver a sentir aquel sabor tan excitante de su vagina, pero ella me detuvo y apretándose contra mí me dijo que sólo quería sentir mi verga y se levantó la falda y corrió sus braguitas a un lado y empujó mi palo para dentro de sí. Su concha estaba mojada y me tuve que contener para no acabarme allí mismo. Su movimiento, lento al principio, comenzó a agitarse mientras nos besábamos furiosamente y luego volvía escuchar aquél sonido profundo tan delicioso y empezó a revolotear como un pájaro y se apretó totalmente contra mí y me besó con la boca abierta y echó su grito en mi cavidad bucal, al mismo tiempo que yo comenzaba a chorrearle la leche en su interior. Qué entierro dijo ella y me quedé pensando a cuál de los dos se estaría refiriendo, el entierro de Germán o el de mi verga en su concha.

Nos fuimos a su casa y me contó que Germán se había quedado loco por ella después de aquella noche en que no pudo hacerle el amor y ya al día siguiente la había llamado pero ella no quería, todavía vibraba con la noche conmigo, sobre todo que fue allí que perdió su virginidad. Le dije lo de la mancha en el sofá pero que su forma tan experta de hacer las cosas no dejaba pensar en una circunstancia así. Se rió sonoramente y me explicó que su hermano mayor traía películas porno a la casa y que ella a escondidas las veía y se masturbaba y entonces siempre se imaginó cómo iría a actuar en su primera vez e hizo exactamente lo que había visto en los filmes y hasta ella misma se sorprendió de lo natural que le salieron las cosas. Sin embargo, se sintió avergonzada de sus actos y por eso no tuvo valor para llamarme y recién mucho después se enteró porqué yo no iba más a la universidad.

Para ese entonces, Germán regresó del interior y se encontraron de casualidad en un supermercado y esta vez sí se fueron enseguida a la cama y Germán le dijo que había estado loco por un polvo con ella y ahora que lo vivió no quería perderla y así fue que se casaron y se fueron a España y luego a Alemania, donde Germán había sido un alto ejecutivo de una empresa financiera, hasta que la semana anterior, de regreso de un viaje de negocios a Bruselas, su auto fue embestido por una camión y se estrelló contra el guardarail y se hizo añicos falleciendo él y su chofer.

La misma noche del hecho, todavía desorientada por los sucesos, se sentó ante el escritorio de su ex-marido y mirando en la libreta de direcciones encontró la mía y decidió llamar de inmediato, sin considerar la diferencia horaria. Dijo que amaba a Germán pero al escuchar mi voz somnolienta le volvieron los recuerdos de aquella noche y se calentó de tal manera que se masturbó furiosamente y su acabada fue, imaginariamente, conmigo. Estaba muy confundida en sus sentimientos, su hombre apenas estaba bajo tierra y a metros de allí ella se entregaba a otro, pero me confesó que siempre pensaba en mí por haber sido el primer hombre y porque Germán era bueno, pero ni comparación conmigo.

A esta altura, ya oscurecía y sentados en la sala de su lujosa casa estábamos acariciándonos de nuevo y sin remordimientos nos entregamos a un polvo desenfrenado en el que parecía que queríamos recuperar los quince anos perdidos. Nos desnudamos lentamente uno al otro y me bajé a jugar con su concha que ahora estaba toda afeitada y lucía pulsante y su clítoris ya erguido pedía casi a gritos que lo mimara y sus labios se abrían para permitirle a mi lengua que la acaricié por dentro y luego también le lamí el ano, oscuro y prometedor y mientras introducía mi lengua en él me decía por lo bajo que en breve estaría por allí con algo más duro.

Regresé a su vagina y sentí como Alicia se estremecía cuando hice presión con la punta de la lengua en la parte superior, apretando el clítoris y fue como una música celestial volver a escuchar aquellos sonidos tan característicos, el ronquido que anunciaba y el grito que festejaba, al tiempo que mi cara se vio inundada por aquel jugo espeso y sabroso, no había tenido esa experiencia con ninguna otra mujer, era como una eyaculación.

No le dí tiempo a reponerse y me puse sobre ella y apretando sus hermosas tetas, para las que parecía no haber pasado el tiempo, tan duras y turgentes estaban, le espeté mi verga casi de un sólo movimiento hasta el fondo, tocando la pared de su matriz lo que le provocó unas sensaciones muy profundas a juzgar por sus gemidos. Mientras iniciaba un suave movimiento de entra y sale bajé una mano para acariciar sus nalgas y como ella levantaba las caderas para permitirme una total penetración, llegué hasta su ano y le metí un dedo con lo que se revolcó toda debajo de mí y me empezó a pedir que no parara y con el acompañamiento sonoro de costumbre me entregó un orgasmo que correspondí porque ya estaba a punto de estallar, mientras nos besábamos y mordíamos nuestras lenguas hasta la sangre.

Cuando nos calmamos vi que sobre la colcha había una pequeña mancha roja, producto de esa pasión bucal y al verla ella, dijo que había entregado nuevamente su virginidad. La noche fue muy larga y los gritos se repitieron algunas veces más…

Por respeto a Germán nos separamos por unos meses hasta que pudimos acomodar nuestras situaciones personales. Hoy vivimos en Buenos Aires y somos una pareja muy feliz. Tenemos tres niños cuyos cuartos están bien alejados de nuestra recámara, sería problemático explicarles a los enanos porqué su madre grita tantas veces de noche…

Autor: Jorge W.

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