La fantasía de María II

María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, san embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

El momento más esperado.

Todo quedó planificado. Acordamos reunirnos en una casita que ellos tenían en la playa. Fue ese día cuando conocí al marido de María, Remi. No me desagradó, a pesar de su madurez conservaba un aspecto juvenil y atlético.

Cuando al fin llegamos, después de descansar un poco y ducharnos, lo primero que hicimos fue acomodarnos y hablar a cerca de nuestro encuentro. Los tres estábamos algo cohibidos. Mientras hablábamos, para desinhibirnos un poco y crear un clima de mayor confianza, propuse que nos desnudáramos. Desprovistos de nuestra escasa indumentaria comenzamos a hablar a cerca de nuestras apetencias sexuales. Sin decir nada, María se acercó a mí y agachándose empezó a chupar mi verga, deslizando sus labios hasta la base de mi sexo, deslizando su lengua a lo largo de ella y volviéndosela a meter reteniéndola dentro de su boca durante unos segundos. Cuando se la sacó un hilo de líquido preseminal mezclado con saliva era el lazo de unión de mi verga con sus labios.

– Esto no se lo hago a cualquier hombre, sólo a los que significan algo para mí.

Los tres nos dirigimos a una habitación, yo diría que previamente preparada para el sexo, Porque las paredes estaban cubiertas de espejos al igual que el techo, y el suelo estaba tapizado por alfombras y cojines, el centro de la habitación estaba ocupado por una enorme cama de agua a cuyo lado había una mesita donde se guardaba, según pude descubrir después, multitud de consoladores, preservativos, lubricantes y toda clase de objetos para el sexo.

María desnuda conservaba el encanto de una mujer otoñal, gracias al ejercicio físico y un cuidado esmerado de su cuerpo hacía que se demorase el envejecimiento, sus senos grandes estaban adornados por unas rosadas aureolas y unos erectos pezones debido a la excitación, mientras que su vientre desembocaba en un sexo totalmente depilado.

Los tres nos acomodamos en la inmensa cama. Tome ubiqué entre ellos, era la primera vez que practicaba el sexo en grupo, no pude evitar excitarme al ver la enorme polla de Remi, así que empecé a acariciarla escupiéndome en la mano para que se pudiera deslizar a lo largo de esta con mayor facilidad. María se apartó para dejarme junto a su hombre, y para ver cómo éste entraba por primera vez en un mundo desconocido, hasta entonces para él, como era las relaciones con una persona de su mismo sexo.

Me abracé a él e intenté de la forma más tierna que pude transmitirle confianza, pues estaba algo tenso:

-Déjate llevar, cielo, imagínate que estás con una chica…

Empecé a besarle la boca y ambos nos intercambiamos ricos besos de lengua, chupándomela con sus finos labios, me deslicé suavemente para morderle sus diminutos pezones, un gesto de dolor y gozo empezó a provocarle mi caricia:

– Házmelo otra vez, muérdeme duro.

Mientras les mordía reiteradamente sus pezones, ese gesto de gozo se intensificaba a medida que le masajeaba su verga, sintiendo cada vez más rico. Él ponía el cuello al recibir mis besos y sentir el cálido tacto de mi lengua al introducirse en sus oídos…

Bajé hasta su miembro erecto grande, grueso y babeando y con deseo de proporcionarle un placer más intenso empecé a mamárselo. Sabía cómo hacerlo, pues como hombre conozco los puntos más sensibles de nuestro órgano. Me lo introduje todo, chupándolo con deseo, mordiéndole y lamiéndole sus testículos. Un ansia desenfrenada me invadió por completo. Me centré finalmente en su glande, el cual succioné hasta que eyaculó dentro de mi boca. En esos momentos ambos nos besamos compartiendo su cálido semen.

Mientras, María había presenciado la escena masturbándose con un consolador. En esta ocasión la receptora de todas nuestras caricias iba a ser ella. Mientras que su marido le chupaba sus grandes tetas, yo le comía su concha mojada, metiéndole y sacando mi lengua dentro del orificio vaginal, me encantaba chupar su clítoris y saborear sus jugos. En ese momento le levanté las piernas y empecé a pasar mi lengua por su ano deslizaba mi lengua desde allá hasta su concha, así durante un rato en el que las prisas no eran ningún obstáculo.

Sus gritos de placer se escuchaban en toda la habitación como consecuencia de las infinitas caricias que le estábamos proporcionando:

-Fóllame ya, Necesito una verga dentro de mi concha.

Empecé a penetrarla con fuertes embestidas, mientras lo hacía, Remi, se a cercó a mí para agarrar mi verga y sacarla del interior de su mujer y hacerme tremendas mamadas, volviéndola e introducir en su esposa:

– No lo vuelvas a hacer cielo. -Le dije- vas a hacer que me corra y aún es pronto para mí.

No obstante amablemente me pidió que me apartarse de ella para ser él quien la penetrara ahora. Me dio la impresión de que quería disfrutarla como hacía tiempo que no lo hacía. cómo si a través de ésta experiencia los reconciliase para recuperar el tiempo perdido. Tal vez, quería proporcionarle todo el gozo unido a una ternura olvidada por él y demandada por ella durante tanto tiempo. A pesar de eso ella las aceptaba como si fuera una mujer que descubre por primera vez los placeres secretos del sexo.

Era una entrega como la que llevan a cabo dos jóvenes amantes por primera vez. Aunque más que una penetración, María demandaba de su compañero la ternura y calidez humana que éste había olvidado, sn embargo aceptó con gozo la penetración de su marido, agarrándose a sus nalgas y gritando de placer. No tardó en eyacular. Remi se corrió derramando su semen sobre los grandes senos de su esposa. Éste culminó su orgasmo abrazado a María.

-Hacía tiempo que no me besabas ni me abrazabas de ésta forma. No me he llegado a correr, pero me ha gustado mucho.

Aunque María no tuvo un orgasmo no le importó, porque en ese momento disfrutó la penetración de su esposo, ella era feliz viéndolo disfrutar, prefirió ese momento de ternura el cual hacía tiempo que lo tenía desterrado, prefirió ese abrazo de su marido después del orgasmo, prefirió esa mirada, esa sonrisa final mientras se miraban permaneciendo abrazados y que les hacía cómplices de semejante encuentro. Disfrutó de su hombre, sintió nuevamente su sexo dentro de ella, sus embestidas y sus gemidos al correrse. Lo gozó sintiéndose más mujer.

Yo estaba enormemente excitado, al mismo tiempo que me emocionó verlos nuevamente unidos. María sacó del la mesita un consolador con arnés, yo me coloqué boca arriba y mientras que Remi empezó a hacerme una mamada ella empezó a lubricar el consolador para penetrarme.

¡Ahhhh…! que ricura, me encanta el sexo anal bien hecho, me penetraba despacito, al mismo tiempo que las mamadas de Remi me proporcionaban un inmenso gozo. No tardé en correrme. Fue riquísimo eyacular mientras me enculan.

La verga de Remi aún estaba erecta, así que volví a metérmela en la boca, tenía un sabor a semen y jugo vaginal, lo cual me excitó. Me gusta hacer el sexo oral tanto a un hombre como a una mujer, creo que es maravilloso y una caricia muy personal, muy especial.

Llegó el momento de penetrar a Remi. Se colocó a cuatro patas. Yo debajo de él continuaba haciéndole una mamada. Mientras María le pasaba la lengua por su orificio anal recorriéndolo y escupiendo dentro de el.

Posiblemente Remi nunca vivió semejante experiencia. Pronto María le introdujo un dedo y después dos. Los introducía y los sacaba hasta que su ano se dilató. A continuación me lubriqué mi sexo y empecé a penetrarlo, con calma, con cuidado. Le dolía, su orificio anal estaba muy cerrado, no obstante el dolor se fue disipando para dar paso a un poco de placer, entre otras cosas porque María le practicaba el sexo oral a su marido y eso lo calmaba. Me quité y dejé que su esposa lo penetrara con el consolador de arnés.

Esta vez Remi cambió de posición colocándose boca arriba, María y yo nos turnábamos en la penetración. Hasta que no pude más y me corrí en la boca de Remi. Los tres saboreamos mi jugo. Permaneciendo después los tres abrazados y super contentos de la experiencia.

Fue una experiencia muy enriquecedora. Por mi parte fue también el encuentro con el sexo opuesto y una vuelta a reencontrarme con el sexo.

Autor: encuentroeneltropico

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Bellas y nuevas emociones II

Ambos nos colocamos adoptando la postura del 69. Le chupé su verga de la forma que a él le gustaba. Reteniéndola unos segundos en mi boca y sacándola, de forma que un hilo de saliva y líquido preseminal unían su verga con mis labios. Mordiéndole el glande, chupándoselo y derramando saliva sobre el.

Cuando entré en el cuarto de baño, ya me estaba esperando. El agua recorría su cuerpo moreno hasta desembocar en una verga hermosa y circuncidada. Me recibió con un gesto obsceno y provocativo, pero que me excitó considerablemente. Pasándose la lengua por sus labios:

-Tranquilo, acércate, te voy a hacer unas cosas tan ricas y placenteras, que jamás te vas a olvidar de mí.

Me abrazó y empezó a comerme la boca, noté como su lengua se encontraba con la mía chupándola como si fuese un caramelo. Recorriendo mi cuello y descendiendo hasta que llegó a mi sexo. Se agachó introduciéndoselo en su boca, reteniéndolo dentro de ella durante algunos segundos. Hasta que se lo sacó para continuar nuevamente haciéndome una mamada alrededor del glande, no pude más y eyaculé acompañado de un fuerte gemido. Jamás me habían hecho el sexo oral de esta forma tan deliciosa.

Me agarró de la mano y nos dirigimos a la cama. Allí nuestros cuerpos, aun mojados, estaban sedientos de placer, cariño y entrega por parte de ambos. Ahora fui yo el que quería ser activo con él. Él permaneció de pie mientras yo me agaché para meterme su verga en la boca. Era la primera vez que hacía el sexo oral con un chico, sin embargo me excitaba recorrer su sexo con mis labios, sentirlos mojados con su líquido preseminal, fue una primera experiencia que en absoluto me desagradaba, es más me ponía muy caliente y más aún cuando veía que a él mis chupadas le llenaban de gozo, él permaneciendo de pie empujaba su verga dentro de mi boca, como si esta fuese un sexo femenino. Se sentó en la cama, sin embargo yo continuaba saboreando su rica verga, alternando la mamada con caricias con la mano en torno a su glande. Sin embargo llegó un momento en que teniendo su verga dentro de mi boca se corrió. Pudiendo sentir como su cálido semen se deslizaba por mi barbilla.

Tras un breve descanso lleno de abrazos y lascivas miradas, donde nuestras manos permanecían entrelazadas, nuestros cuerpos no sólo demandaban sexo, sino amor y especialmente vivir ese momento al máximo, ya que ambos sabíamos que nuestra relación no sería muy duradera, sino que más bien en cuestión de pocos días llegaría a su fin. Al cabo de unos momentos se levantó para regresar con un dildo y un bote de lubricante.

-¿Qué vas a hacer? – le pregunté. -Ya verás, ahorita colócate boca abajo.

Hice lo que me ordenó, estaba seguro que algo malo no me aguardaría, como así fue.  El se situó encima de mi espalda, noté como su verga erecta se me clavaba entre mis nalgas y cómo su lengua se deslizaba por mi nuca y empezó a recorrer mi espalda hasta que se detuvo entre mis nalgas.

– Colócate a cuatro patas, mi amor, me dijo con su dulce voz.

Abriendo mis nalgas sentí como su lengua recorría mi orificio anal recorriéndolo sin cesar y dejando caer saliva dentro de el, lo lamía con ansia mientras yo me acariciaba mi verga. Después me coloqué boca arriba, me introdujo un dedo, y a continuación dos, para acabar penetrándome con el dildo. Me lo dejó dentro del orificio anal, mientras se dispuso a hacerme una nueva mamada, sin embargo dejó de hacérmela para continuar follándome con el juguete erótico, mientras que yo procedí a masturbarme. ¡Ahhh…! que deliciosa sensación la de correrme con el dildo.

Esa noche no me penetró, lo dejamos para el siguiente día, él fue mi primer hombre, quien me penetró enseñándome los  placeres del coito anal, sin embargo me dolió al principio, pero ese malestar se disipó al ser sustituido por una sensación de felicidad, porque noté cómo él estaba dentro de mí y como él disfrutaba. Nos quisimos correr juntos, mientras él me penetraba yo me masturbaba evitando eyacular.

– Espérame cielo, tú me avisas cuándo te vayas a correr. Aguanta un poquito y lo hacemos los dos al mismo tiempo. -Ya, amor mío – me dijo y quitándose el preservativo los dos nos sacamos la leche conjuntamente pajeándonos al mismo tiempo. Caímos tumbados, el uno junto al otro, empapados de sudor y borrachos de amor.

La última noche que permanecimos juntos apenas si pudimos mantener la emoción como consecuencia de la partida. Permanecimos los dos abrazados en nuestro lecho de amor. Aquel que fue testigo de tantas y bellas emociones, de infinidad de caricias que desembocaron en orgasmos compartidos, donde el amor invitaba al sexo, donde yo era feliz proporcionándole placer a mi hombre, viendo como con mis caricias le hacía gozar. Esa última noche, yo lo penetré, dentro de él lo sentí mío, incluso un sentimiento de egoísmo y de dominación me invadió. Lo penetré como él me enseñó, como él me lo hacía a mí: despacio, sin movimientos fuertes, pero deliciosos. Pero especialmente con ternura, delicadeza y mucho amor. Me quité el preservativo y eyaculé junto a él emitiendo un fuerte grito de placer. Acabamos abrazados como siempre, y besándonos. Al cabo de unos momentos me dijo:

-Quiero que tengamos nuestro último gesto de amor: Verás, me gustaría que te tragaras mi semen y yo haré lo mismo con el tuyo, así llevaremos nuestra semilla siempre. – Cielo, por ti soy capaz de hacer cualquier cosa.-le dije.

Ambos nos colocamos adoptando la postura del 69. Le chupé su verga de la forma que a él le gustaba. Reteniéndola unos segundos en mi boca y sacándola, de forma que un hilo de saliva y líquido preseminal unían su verga con mis labios. Mordiéndole el glande, chupándoselo y derramando saliva sobre el. Nos conocíamos y cuando sentía que me iba a correr le daba una nalgada para que parase y poder aguantar la eyaculación.  Era nuestra consigna para que en ese momento cesáramos de hacer el sexo oral durante algunos segundos y poder continuar nuevamente. Ambos llegamos a controlar nuestras eyaculaciones y corrernos juntos. Al cabo de unos momentos me tragué su semen y al igual que él hizo lo mismo con el mío.

Mi estancia en Perú fue maravillosa, porque conocí a una persona que me enseñó a descubrir otra sexualidad, la cual yo tenía adormecida.

Un beso a todos@.

Autor: encuentroeneltropico

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La fantasía de María I

Los tres nos entregaríamos ofreciendo lo mejor de nosotros mismos, convirtiendo el placer como un fruto nacido del intercambio de múltiples caricias. Para nosotros ese momento tan deseado y al mismo tiempo necesario, fue como una liberación urgente y necesaria para nuestras vidas. En mí porque me ayudaría olvidar una relación pasada demostrándome a mí mismo, que estoy vivo y que mi capacidad para proporcionar placer a otras personas aún permanecía latente.

A mi regreso de Perú todo me parecía diferente al incorporarme nuevamente al trabajo. La historia vivida con Walter durante mi estancia en Lima, me hizo tener una visión de la vida y más concretamente de la sexualidad totalmente contraria a la que podría tener quince días atrás. Ahora mis temores y mis dudas con respecto a una sexualidad compartida con una persona de mi mismo sexo, se habían disipado. Sin embargo el recuerdo de “mi hombre”, aun permanecía latente. Los primeros días, por no decir semanas, se me hacía difícil olvidarlo, por lo que los pasaba viviendo del pasado, recluido en los recuerdos de aquellos momentos de intenso placer y amor que compartimos juntos. Fue mi primer amor masculino, con el que me inicié en las relaciones gays y quien me enseñó a amar y a valorar el alma de la persona sin distinción de sexo y menos aún sin tener en cuenta un físico.

Como digo, sólo vivía anclado en el pasado, rechazando cualquier mano amiga como la de María, dispuesta ayudarme en cualquier momento. Ella era una compañera que trabajaba conmigo en la redacción A pesar de hacer todo lo imposible por agradarme. No obstante mi actitud hacia ella era de total indiferencia. Sin embargo, mi propia soledad y la necesidad de hablar con alguien hicieron que mi actitud hacia mi compañera adoptarse un giro diferente.

Pronto comprendí que mi relación con Walter ya había terminado y que mi vida debía de buscar un nuevo horizonte, por lo que paulatinamente fui aceptando la mano que en un principio me tendió María, estrechando mis lazos afectivos con ella y definitivamente aceptando esa ayuda tan necesaria y que desde el primer momento rechacé. A medida que pasaban las semanas nuestra confianza iba en aumento. Empezamos  a ser inseparables y a confesarnos nuestros secretos más ocultos. Así una tarde mientras almorzábamos me preguntó:

-¿Cuánto hace que no estás con una mujer? -Verás -le contesté- mi última relación fue con un chico.

Se sorprendió permaneciendo en silencio.

-¿Eres gay? me volvió a preguntar.-Verás – le contesté- no me gustan las etiquetas. Me es indiferente estar con un hombre o una mujer si en realidad hay buenos sentimientos y una atracción.-¿Entonces eres bisexual? bueno, si lo quieres llamar así…-¿Y tú? le pregunté.

-Mi vida sexual es aburrida, y triste. Estoy casada hace varios años, qué más da cuantos. Y sexualmente tengo muchas carencias, con suerte mi marido me toca una vez al mes y ni siento nada con él. Él sólo vive para su trabajo, no tenemos una calidad de vida. De hecho estamos planteándonos darnos un tiempo. ¿Sabes? A veces y digo a veces tengo ganas sexo y digo a veces, porque ya ni eso me apetece. Es como si tuviese asumido que mi sexualidad estuviese adormecida…

Sentí tristeza por mi amiga. No era excesivamente bella, pero si atractiva y aún conservaba el encanto de la madurez. Me dolía como mi amiga estaba sumida en ese estado de frustración.

– Tú lo que necesitas – le respondí- es una persona, no importa el sexo, que te haga sentir nuevamente mujer y que con pasión te despierte esa sexualidad aletargada, que te mojes con sus caricias, que tu autoestima aumente haciendo gozar a ese hombre o a esa mujer…

– Ya… -me contestó con una mirada triste. Y tras una breve pausa me dijo: -Una vez hablamos de hacer un trío con un chico, mi marido me comentó que le gustaría llevar a cabo nuevas experiencias. Ayer lo volvimos a hablar, de las pocas veces que dedicamos a tener un rato para nosotros. Y quisiéramos que fueras tú el que lo hiciera. yo le he hablado de ti y él está dispuesto a arriesgarse. Además yo tengo una fantasía sexual, que es hacerlo con dos hombres…

– Pero María, me parece un poco precipitado. Y no sé si me sentiré atraído por tu marido. – ¿Y por mí? -me preguntó de una forma sensual y provocativa.- Sí, por ti sí.- Ah… te siguen gustando todavía las mujeres, ¿no es cierto? De todas formas si no te atrae mi marido, los dos podéis ser activos conmigo.

La verdad, es que no demoré mucho en darle una contestación satisfactoria. Fue la necesidad  de entrar en un mundo de misterios y placeres ocultos, los cuales me condujeron a un mundo mágico donde se mezclarían el deseo por querer despertar esa nueva sexualidad adormecida de María y su marido y el hecho de quererla compartir con otros personas de igual o distinto sexo. Pasiones y deseos reprimidos que se exteriorizarían para dejar de permanecer en el más oscuro silencio.

Los tres nos entregaríamos ofreciendo lo mejor de nosotros mismos, convirtiendo el placer como un fruto nacido del intercambio de múltiples caricias. Para nosotros ese momento tan deseado y al mismo tiempo necesario, fue como una liberación urgente y necesaria para nuestras vidas. En mí porque me ayudaría olvidar una relación pasada demostrándome a mí mismo, que estoy vivo y que mi capacidad para proporcionar placer a otras personas aún permanecía latente. Y a mis amigos, porque iban a iniciar una experiencia nueva, la cual, en cierta manera, le podía servir para mantener un poco más avivado el rescoldo de su rutinaria relación.

Yo había mantenido relaciones con mujeres y recientemente con un chico. El marido de María sería el segundo hombre con quien tendría sexo. Yo quería experimentar nuevas vivencias destapando así mi bisexualidad, como decía María, demostrándome a mí mismo, que en el sexo vale todo, siempre que prevalezca el respeto mutuo. En esa mezcla de deseo carnal e incertidumbre por lo que iba a suceder, queríamos saltarnos las normas de lo moralmente preestablecido y transmitirnos así nuestra lujuria reprimida ¡ser libres! proclamar los tres nuestra libertad sexual sin ningún gesto o acto falto de ternura y olvidar esa frustración que se nos produciría si no llevábamos a la práctica aquello que nuestros corazones nos dictaba y que nos enriquecería interiormente.

Autor: encuentroeneltropico

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Bellas y nuevas emociones

Mi atracción hacia él en un principio fue nula, a medida que iban transcurriendo los días cuando se empezó a gestar en mí una extraña atracción hacia él. Mis relaciones habían tenido un marcado carácter heterosexual. Pero su voz dulce, sus gestos pausados y esos rasgos indígenas tan bellos me convencieron de lo que empezaba a sentir por mi compañero iba más allá de una relación afectuosa.

Estoy escribiendo este relato, mientras mi hombre yace durmiendo junto a mí. Nos hemos amado de la forma más bella y al mismo tiempo libre que te puedas imaginar. He saboreado su sexo hasta hacerle derramar sobre mis labios su cálido jugo. Y después él lo ha tomado de mi boca compartiéndolo ambos en un profundo beso donde nuestras lenguas se lo disputaban como si fuese un espléndido manjar.

No fue fácil para mí aceptar que me gustasen los hombres, pero una vez que pude superar mi conflicto existencial, me alegró de haber luchado contra mis perjuicios que tanto daño y tanta frustración me estaba creando. Porque he descubierto que el amor unido al placer acompañados ambos de una gran dosis de comprensión y sin tabúes que lo obstaculicen nos llevan a un enriquecimiento personal, a un encuentro de la felicidad, ya sea en compañía de un hombre o una mujer.

Yo no estaba preparado, ¿y quién lo está? No me veía recibiendo las caricias de una persona de mi mismo sexo y mucho menos llegando al orgasmo con un hombre, al igual que tampoco me resignaba a hacer gozar a un chico, aunque no es fácil superar estas adversidades, es necesario luchar contracorriente, contra la doble moral que se nos quiere imponer, porque en el fondo mucho de estos moralistas actúan contra sus principios o si no lo han hecho le gustaría hacerlo.

Por eso pienso, que existe en nuestro interior una tendencia, si es que se puede denominar así, que permanece oculta, otros, tal vez, ya la descubrieron y prefieren obviarla reprimiendo sus sentimientos hacia una persona de igual sexo que ellas. Los que la hemos sacado del letargo, hemos descubierto que es maravillosa esa tendencia adormecida en nosotros y que al mismo tiempo nos enriquece como personas colmándonos de felicidad.

Por eso lector@, éste relato quiero que esté cargado de reflexiones, por si tal vez aún no has podido salir de esa caverna donde tan sólo existen las sombras que sobre la pared proyecta el fuego de la represión y que te impide ver otra realidad.

Tal vez, puedo ayudarte si aún eres de los que quieren aceptarse y por las circunstancias de nuestro entorno te esté costando. No sólo es un relato erótico es un camino abierto hacia la felicidad, un camino contra la represión y los perjuicios. En suma es un sendero abierto al amor, un sendero por el que se puede andar libremente sin limitaciones en el sexo, al placer obtenido con el amor de la persona amada.

Todo sucedió cuando la revista para la que trabajo como fotógrafo me encargó hacer un reportaje en Perú. Acostumbrado a trabajar de ésta forma (de un día para otro) la noticia no me agarró de sorpresa, más bien me agradó. Serían unos 15 días recorriendo el sur de Perú. Realizando el trabajo en colaboración con un periodista de allá.

Tras un vuelo de infinitas horas llegué al aeropuerto de Lima. Cargado con mi mochila y mis cámaras, pude observar como un chico moreno me aguardaba entre la multitud alzando una cartulina donde aparecía escrito mi nombre. Tras  una rápida presentación se dio a conocer como Walter, era el compañero con el que trabajaría en la elaboración del reportaje.

Mi atracción hacia él en un principio fue nula, sería a medida que iban transcurriendo los días cuando se empezó a gestar en mí una “extraña” atracción hacia él. Mis relaciones siempre habían tenido un marcado carácter heterosexual. Pero su voz dulce, sus gestos pausados y esos rasgos indígenas tan bellos me convencieron de lo que empezaba a sentir por mi compañero iba más allá de una relación afectuosa.

Me costaba aceptar lo que me estaba sucediendo, es más no lo quería reconocer. Estas contrariedades que me invadían me desconcentraba de mi trabajo, incluso muchas veces en la noche acudía al cuarto de baño para masturbarme pensando en él, sin embargo, el tiempo transcurría y el trabajo estaba llegando a su fin. Tenía miedo de que al no mantener una relación gay me frustrase y dejara una laguna vacía en mi vida. Porque estaba seguro de que posiblemente me volvería a ocurrir con otro chico.

Una tarde mientras estábamos descansando en nuestro apartamento tomando un mate le pregunté acerca de su vida sentimental, pues tanto trabajo apenas sí no dejó tiempo para hablar de nosotros. No pensé que me fuera a dar una respuesta tan rápida, ya que él es muy celoso de su vida privada, sin embargo con un cierto pudor me confesó que sus relaciones habían sido siempre con hombres. Me sorprendió bastante, pero me alegró.

– Háblame de ti -me dijo. -Verás, yo al contrario que tú siempre mis relaciones han sido hasta ahora con mujeres. Pero en estos momentos estoy viviendo un momento de confusión, ya que me siento atraído por un chico, y es la primera vez que esto me sucede. Y tras una pausa le confesé que era él por quién me sentía atraído, desde que te conocí siento deseos de amarte, de hacer el amor contigo. Me gustas muchísimo. no sabía cómo decírtelo. Ahora ya lo sabes.

-¿Estás seguro de que quieres tener sexo conmigo? -me preguntó. -Claro que sí, quiero  tener una experiencia homosexual contigo. -Voy a darme una ducha -me respondió- Te espero allá. No te demores cielo, porque yo también tengo ganas de tí.

Un fuerte pavor me invadió por completo mientras que el corazón me latía considerablemente. No demoré en desnudarme y encontrarme con él. Era el momento más esperado de mi estancia en Perú desde que empecé a sentirme atraído de forma “distinta” hacia él.

Un beso a todos@

Autor: encuentroeneltropico

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