Enviada especial I

Me había corrido tanto que tenía el culo súper lubricado, por lo que me metió la polla de una. Volví a notar la oleada de calor mientras él me enculaba, mi cabeza golpeaba la puerta del baño con cada embestida. Cuando ya estaba a punto de correrse, me cogió el coño y me metió los dedos. Era justo lo que necesitaba, y en ese momento los dos nos volvimos locos en un orgasmo total.

Tengo 27 años y trabajo como fotógrafa para una agencia de noticias. Normalmente me toca cubrir aburridos eventos políticos, pero ese día era, sin duda, mi día de suerte. Mi jefe me llamó a su despacho y pensé que quería un polvo rápido de media mañana, y sólo de pensar en el contacto frío de su mesa de escritorio en mi culo ya me puse húmeda.

Me encanta el sexo rápido. La brutalidad del instante. Y lo que más me excita es que me sorprendan en el lugar de trabajo.

Pero hoy mi jefe no quería follar. En cuanto entré en el despacho me miró serio, sin rastro alguno de lascivia en su mirada, y me dio unos papeles.

-Te vas a una concentración ciclista.

Yo no tenía ni idea de que era eso de ciclistas concentrados, pero no quise pedirle explicaciones. En los papeles tenía la información del hotel (me encantan los hoteles…) y sin más me fui a casa a preparar la maleta.

Tres días en un complejo hotelero con un equipo de por lo menos 25 deportistas musculados y sudorosos era toda la información que necesitaba.

Aproveché las 2 horas que faltaban para el vuelo para hacerme una buena depilación y preparar la maleta con lo justo y necesario; condones, lubricante, mi consolador favorito y algo de ropa. Una vez depilada me tumbé en la cama frente al espejo y contemplé mi bonito coño rasurado. Lo toqué y me puse mojada al instante.

Los pezones, duros por el frío, se reflejaban oscuros y pequeños en el espejo, y mientras me metía un par de dedos con fuerza, me retorcía los pezones como tanto me gustaba. El orgasmo llegó rápido, grité con placer sabiendo que mi compañero de piso se pondría caliente al escucharme (siempre me follaba en noches de aburrimiento y era genial) y me quedé exhausta de placer.

Otra ducha rápida y al aeropuerto. En el asiento de al lado en el avión un hombre me miraba con deseo mientras yo colocaba mi maleta en el compartimento superior. No era atractivo, a lo mejor interesante por la imagen de ejecutivo serio y responsable, y pensé que podría follármelo. Me senté en el asiento y en seguida me dio conversación.

Como el vuelo era largo y no llevaba ningún libro, pensé que sería más entretenido follar con él que continuar soportando su conversación. Le miré con picardía, le toqué el paquete (que ya tenía duro) y me fui al baño del avión.

No tardó ni un minuto, pero cuando entró yo ya me había subido la falda y quitado el tanga. Sentada en el wáter con las piernas abiertas, le recibí con una sonrisa de complacencia. Se arrodilló y metió su cabeza entre mis piernas.

La lengua comenzó a chupar mis labios depilados, a morder y absorber mi clítoris, y cada vez me ponía más y más caliente. Le tocó el turno a él y yo le comencé a comer la polla con ganas. Me encanta el sabor de la verga de un hombre, y no paraba de chupársela mientras con la mano se la cascaba cada vez más rápido.

En el instante en que noté que iba a correrse, paré en seco y me di la vuelta. Mi culo es genial, así que me agaché con las piernas rectas para mostrarle mi agujero negro preparado para su placer.

Él comenzó a comérmelo, metiéndome la lengua hasta que quedó bien húmedo, y entonces comenzó con los dedos. Yo a la vez me metía los dedos por la vagina, al mismo compás, y los gemidos de placer se oían por todo el avión.

Me cogió de las caderas y me giró bruscamente. Como seguía sentado tenía mis tetas a la altura de su boca. Me cogió con toda la mano abierta el coño, metiéndome un dedo en el culo mientras con la palma me masajeaba el clítoris. Me mordía el pezón con fuerza mientras con la mano libre me agarraba fuerte por el pelo.

-Soy tu perra, le dije, hazme daño…

En ese momento me sentó con brusquedad y me clavó la polla de golpe. Estaba tan mojada que se deslizó hasta el fondo, haciéndome gritar como la perra que sabía que era. Yo saltaba una y otra vez al ritmo de sus embestidas, mientras él me tiraba del pelo para que no perdiera el ritmo. La mezcla de dolor y placer era abrumadora, y me hacía gemir y gruñir. Más, más, más… No paraba de pedirle más y él me lo daba, sin parar, una y otra vez.

En cuanto me soltó del pelo y me pellizcó brutalmente los dos pezones a la vez no pude soportarlo y me corrí, gritando de placer. Peor él aún no se había corrido. Me giró bruscamente, volviendo a poner mi culo en pompa.

Me había corrido tanto que tenía el culo súper lubricado, por lo que me metió la polla de una embestida. Volví a notar la oleada de calor mientras él me enculaba más fuerte de lo que antes me había follado, y mi cabeza golpeaba la puerta del baño con cada embestida. Cuando ya estaba a punto de correrse, me cogió el coño y me metió los dedos. Era justo lo que necesitaba, y en ese momento los dos nos volvimos locos en un orgasmo total. ¡Como follaba el ejecutivo madurito!

Cuando salimos del baño, las miradas de los otros viajeros me confirmaron que nos habían oído, y eso me encantó. Volvimos al asiento y no volvimos a hablar en todo el viaje. Aterrizamos a media tarde y un coche del equipo ciclista me esperaba para llevarme al hotel.

El conductor, que luego me enteré que era el masajista del equipo, me sonrió con una bonita expresión en los ojos, y mientras me explicaba camino del hotel el horario de entrenamiento de los chicos para los próximos días yo ya volvía a ponerme caliente otra vez…

Continuará!

Autora: Seda

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