Primer intercambio con nuestros amigos

Mi esposa casi no podía tenerse en pie, por lo que se hizo para adelante y se abrazó de él mientras sentía mi verga en sus entrañas. V no pudo aguantarse y se metió entre las piernas de los dos y nos empezó a mamar. Sentía su lengua rasposa y ensalivada pasar de mi verga a su coño y de regreso, me hizo acabar por tercera vez. Ella tuvo un orgasmo que hizo que mi verga se saliera de su coño.

Todo empezó hace un año al estar mi esposa chateando en una página sexual en internet. Todas las chicas eran españolas y algunas eran hombres encubiertos. Ahí conoció a V, con quien estuvo cachondeando por bastante rato. Después de eso, iniciamos contacto por correo electrónico pero se perdió por diversas razones. Casi un año después, restablecimos el contacto y decidimos conocernos por teléfono. Contactamos por e-mail e intercambiamos números telefónicos. Esa noche. Le dije a mi esposa lo que había sucedido y que pronto nos llamarían. A los pocos minutos sonó el teléfono y eran ellos.

Llamaba él y platicamos un rato. Me pidió hablar con mi esposa y le pasé la llamada. No sé a ciencia cierta que hablaban, pero oía como ella respiraba más profundo y empezó a decirle cosas cachondas sobre su verga y como le gusta que se la cojan. Me metí entre sus piernas y empecé a mamarle el coño mientras ella seguía cachondeando con él. Cerraba los ojos y dejaba volar su imaginación. Su coño estaba empapado y ya le había arrancado varios orgasmos. Ya no podía hablar del placer y me pasó la bocina.

El me comunicó con V mientras él se dedicaba a mamarle el coño y mi esposa se tragaba mi verga. Era delicioso sentir los labios de mi adorada y cachonda esposa alrededor de mi verga mientras escuchaba a una mujer desconocida pidiéndome mi verga y jadeando de tanta lengua que recibía. Continuamos así intercambiando bocinas y orgasmos hasta que, ya más relajados y satisfechos, comentamos que debíamos conocernos. Todo ocurrió dos semanas después, cuando decidimos vernos en el bar de Sanborns. Sabíamos como irían vestidos y, al llegar, ambos casi se comían a mi esposa con la mirada.

En otros relatos les he comentado como es y que tan cachonda. Nos sentamos y pedimos unos tragos y empezamos a platicar de diversos tópicos. Después de la segunda ronda, comentamos que por la hora, debíamos irnos a algún lado ya que si no se nos hiciese tarde. Nos fuimos a un hotel en las afueras de la ciudad y pedimos una habitación con jacuzzi. Nos sentamos todos en la cama, sin zapatos, y empezamos a platicar. Al principio ambas esposas estaban nerviosas, pero poco a poco se fue rompiendo el hielo. Los primeros en unirnos fuimos V y yo, cuando le empecé a acariciar los pechos sobre la ropa. Poco a poco la jalé hacia mí y la besé mientras le abría la camisa. Le saqué los pechos cubiertos por su brasier y al abrirlo, vi dos hermosos senos redondos y plenos, coronados con unos pezones rosas muy sensibles. Al voltear, vi a mi esposa trenzada en un caliente beso con él mientras le acariciaba la verga sobre la ropa.

Él le metía la mano debajo de la falda y empezaba a abrir su blusa. V y yo, casi sin separarnos, nos desvestimos completamente y nos abrazamos pegando los sexos lo más posible. Mi verga entraba entre sus muslos mientras le acariciaba las nalgas y la espalda. Sentía su lengua en mi boca caliente y excitada. Le mamaba los pechos y le masturbaba el coño. Sentí como su mano me agarró de la verga y me empezó a masturbar suavemente, pero con pasión. No veía lo que hacía mi esposa pero, por los gemidos que escuchaba, estaba seguro que ella gozaba tanto o más que yo. V fue bajando poco a poco y se metió mi verga en la boca mientras frotaba su coño contra mis piernas. Aproveché para ver a mi esposa y me excitó verla completamente desnuda, acostada boca arriba con las piernas abiertas, mientras él se la metía casi hasta los huevos. Le besaba los pechos y mordía sus pezones; cambiando de ellos a la boca sensual de mi esposa que lo besaba con pasión, entre gemidos y gritos de placer.

Mi verga estaba que explotaba por lo que le dije a V que quería cogérmela hasta adentro, ella se puso roja pero se subió a la cama inmediatamente abriendo sus piernas completamente. Me metí entre sus piernas y encontré un coño húmedo y caliente, cubierto con una mata de vello ligeramente pelirrojo y deliciosamente oloroso. Le pasé la lengua por los labios sin tocar su clítoris y ella elevaba sus caderas hacia mi boca. Poco a poco me fui acercando a su botón hasta que ella gemía y respiraba con mucho esfuerzo. Al morder su clítoris entre mis labios, ella gimió en su primer orgasmo de la tarde. No podía ver a mi esposa, pero por el movimiento de la cama y sus gritos sabía que estaba cerca del orgasmo. Lentamente froté mi verga en la entrada de su coño y se la fui metiendo centímetro a centímetro. Al sentirme dentro de ella, su calor y su forma, mientras veía a mi esposa gozando como nunca antes, me hizo casi acabar.

No podía apartar los ojos del coño de mi esposa mientras era cogido por esa verga y ella, en ese instante, me vio a los ojos con una mirada de pasión absoluta, y él acabó dentro de su sexo llenándola de semen por completo. Yo quería prolongar más el placer por lo que disminuí el ritmo recibiendo como queja un suspiro de V. Vi como mi esposa se sacaba la verga chorreante y se agachaba para mamarla completa, hasta los huevos. Una vez que la dejó limpia, se puso boca arriba con el coño cerca de mi, y se abrió los labios del coño para que viera como rezumaba ese semen de su coño. La masturbé con mi mano mientras le decía a V que viera como salía en semen de su esposo del coño de mi mujer. Esa visión la excitó aún más y se empezó a mover con un ritmo aún mayor. Mi esposa estaba en pleno éxtasis con mis caricias en su coño lleno de semen. V me pidió que me recostara ya que quería sentarse en mi verga. Según me decía al oído, es la posición que más le gusta porque puede frotar la verga como más le plazca.

Este cuadro surtió efecto en él, ya que su verga volvió a pararse en busca de lucha, quiso volver a penetrar a mi esposa pero esta lo acostó y se metió la verga nuevamente en la boca, para ponerla bien parada. Una vez lista, se sentó sobre de él y se metió la verga en el coño de un solo golpe empezando a moverse y a gritar como poseída. El movimiento de V sobre de mi verga, sintiendo que su coño succionaba mi verga como una gran boca, y ver a mi esposa saltando sobre la verga de otro hombre, con los pezones erizados y gimiendo de placer, fue demasiado para mí y me vine dentro del coño de V en un extraordinario orgasmo, mismo que se vio acompañado por unas deliciosas contracciones de placer del coño orgiástico de V. Nos quedamos abrazados y acariciándonos mientras veíamos como se cogían nuestras respectivas parejas. Nos acariciábamos y comentábamos lo rico que era verlos coger; esto nos excitó nuevamente y mi verga se paró en busca de su sexo. Ahora cambiamos de posiciones y mi esposa se puso de lado mientras él le metía la verga desde atrás. A V la acosté boca abajo y le metí la verga apretando sus piernas y nalgas para sentirla más apretada.

Esta posición me la enseñó mi antigua amante, y la he usado con ella y con mi esposa con deliciosos resultados. Con los empujones fueron quedando juntas ambas. Giré un poco a V y sus pechos quedaron casi en contacto con los de mi esposa. Mi esposa se acercó a mi y me besó en los labios mientras era penetrada; pude sentir el sabor del semen y Nos levantamos de la cama V y yo y llenamos el jacuzzi con agua tibia. Nos metimos para relajarnos mientras veíamos en primer plano como mi esposa y su nuevo amante iniciaban, o mejor dicho, continuaban con un sexo delicioso y desenfrenado. V y yo observábamos como ella era cogida en todas las posiciones. Casi puedo decir, que mi esposa quería darnos todo un espectáculo sexual, ya que ponía sus nalgas para que pudiéramos ver su coño y su culo desde donde estábamos. El se la cogió desde atrás, parada, boca arriba, boca abajo, le mamó el coño, y le metió la verga en la boca hasta que se vino por segunda vez. V y yo veíamos esto desde el agua tibia y me acariciaba la verga suavemente mientras observábamos todo con detalle.

Se unieron a nosotros en el jacuzzi y cada uno abrazó a su esposa. Mi esposa estaba radiante y caliente. Acaricié su cuerpo y sentí como respondía lentamente. Comentamos algunas cosas triviales y cruzamos las miradas. Las burbujas, el agua y lo cómodo, me hizo desear como nunca a mi esposa por lo que la puse a nivel del agua y empecé a devorar su coño inflamado y cogido, lleno de semen.

El sabor mezclado con las sales aromáticas del agua era incomparable y me comí todo lo que salía de él. Mientras nuestros amigos le besaban los labios y le acariciaban y besaban sus pezones. Mi esposa tuvo un orgasmo delicioso con mi boca pero quería más, mucho más. La levanté y la puse frente a mi viendo hacia la otra pareja. Ellos se acariciaban mientras veían como le iba metiendo la verga en el coño caliente desde atrás.

Mi esposa casi no podía tenerse en pie, por lo que se hizo para adelante y se abrazó de él mientras sentía mi verga en sus entrañas. V no pudo aguantarse y se metió entre las piernas de los dos y nos empezó a mamar. Sentía su lengua rasposa y ensalivada pasar de mi verga a su coño y de regreso. Esto, como ya he comentado antes, en una sensación deliciosa, por lo que sentir el coño resbaloso de semen de otro hombre en mi mujer aunado un una lengua femenina entre nuestras piernas y ver como mi esposa se besaba y era mamada en los pechos por otro hombre, me hizo acabar por tercera vez en unas pocas horas. Ella tuvo un orgasmo delicioso que hizo que mi verga se saliera de su coño. V aprovechó para meterse mi verga en la boca y la dejó limpia y, según me comentó después, mamó mi semen del coño de mi esposa con su lengua ávida.

Mi esposa y yo nos abrazamos en el jacuzzi mientras observamos cómo se cogían por última vez nuestros amigos, ella sentada sobre de él, con sus pechos pegados y su verga ensartada en la calidez ahora conocida por mí de su coño, mezclándose con mi semen, depositado en ella.

Por la hora nos tuvimos que ir no sin antes besarnos cada uno a su nueva amante prometiendo que pronto repetiríamos esta experiencia.

Pasaron los días y un día sonó el teléfono…

Autor: gostav

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Después del Turco, mi mujer y Josecito

Mandó un empujón brutal, sentí un desgarrón y algo que se rompía, miro hacia abajo veo que estoy completamente ensartada por su verga, abriendo más mis piernas para que no quede nada afuera, no me caía porque me aguantaba la verga, llegué a lo que me propuse, tener íntegra esa verga gigante dentro mío, con un regalo, lo había desvirgado, sería su primera leche dentro de una vagina, la mía.

Después de la experiencia de mi mujer con el Turco, tuvimos una época muy linda, nuestras relaciones cambiaron para bien, ella muy desinhibida yo logrando cosas en la cama que no se me hubieran ocurrido si no fuera por la experiencia sexual de mi mujer con el turco.- Al tiempo un día al llegar de la calle comenta, estuve con Josecito, me dio una lástima, preguntó por vos, estaba muy bien arregladito, realmente una dulzura, muy atento, tendríamos que invitarlo a cenar algún día.- Bueno como quieras.-

Josecito es un primo mío de mi edad, que tuvo un problema en el nacimiento y quedó con la mentalidad de un adolescente, es muy respetuoso muy dulce pero muy reiterativo en sus comentarios y anécdotas, uno se junta muy pocas veces más por piedad que por otra cosa pero hay que reconocer que es muy respetuoso y muy ubicado con las personas. Su aspecto es una persona baja, no petisa, un cuerpo normal, aspecto tosco, manos grandotas, siempre bien vestido, muy trabajador, está en una empresa desde hace muchísimos años, en la cual lo quieren mucho, no falta, pero siempre hay compañeros que lo toman a veces para jarana, pero el la acepta de buen grado.-

Inclusive en fiestas de la empresa o invitaciones que le hacen cuando ya están en copas alguno aparece para que les muestre la verga, al final logran que lo haga, inclusive se han hecho apuestas con algún desprevenido. En eso sobresale, el tamaño y el grosor son de película, algunos vivos lo han hecho masturbarse para verla erecta en toda su dimensión. No creo que haya estado con ninguna mujer en su vida, yo creo que como es un tema que no me gusta tocar no me acuerdo habérselo mencionado a mi mujer, realmente creía que no.- Mi mujer lo invitó un día, le preparó una pasta que sabía que le gustaba, se puso muy contento cuando la vió en la mesa, trascurrió la charla muy amable con sus anécdotas, ya con el postre en un momento a mi mujer se le “cae” su copa de vino manchándose su blusa y su pollera.-

-Qué lástima, me voy a cambiar y vengo, papá servime otro vino por favor…

Seguí con la charla con mi primo, a los diez minutos entra mi mujer cambiada, de no creerlo, con una mini que apenas le tapaba el culo, una remerita ajustada con un escote que le saltaban sus tetas, sin corpiño, yo no le conocía esa ropa, estaba para el infarto, le miré la cara al pobre Josecito, no le sacaba los ojos.-Se sentó, tomó un sorbo de vino, se levanta va a la cocina de allí me llama.

-Papá, vení por favor.-

Cuando entro a la cocina, me dice, te llamo por teléfono y decís que te tenés que ir que hay un problema serio en la fábrica, borrate, yo me quedo con Josecito. -¡Te la preparaste maldita!, ahora me doy cuenta que te conté de Josecito, querés que te clave esa verga. -¡Qué te parece, y ahora, no mañana!

Me senté con él, sonó el teléfono, atendí, cuando cuelgo le digo, -Perdoname José, un problema serio en la fábrica, me voy, no sé cuando vuelvo, se queda ella para atenderte, sentite como en tu casa, quédate lo que quieras.-

Me fui, caliente por un lado y por el otro con ganas de resarcirme, así que la llamo al rato y le digo, maldita te la preparaste, no me esperes me voy a lo de Laura a sacarme las ganas. -Te quiero papi…

Me fui a lo de Laura, se asustó cuando me vio, me hizo pasar, me la clavé del morbo que tenía en la misma puerta cuando la cerró, me saqué toda la leche que tenía y regresé a las cuatro de la mañana. Al desayuno, callados, sin comentarios, yo leyendo el diario, terminé y me fui a la fábrica, ella sin ninguna palabra. Al mediodía me llama y me dice que si estoy ocupado para almorzar juntos le respondo que no puedo y le cuelgo. A la noche la llamo y le digo que no voy a dormir. Me fui otra vez con Laura que estaba recontenta y yo con mi calentura pero pensativo, quería manejar la situación y dejar cosas en claro con mi mujer.

Al otro día vuelve a llamar al mediodía por lo mismo respondiéndole que iría a la noche a dormir. A la noche llego a las 11 hs., me dice:

-Te estuve esperando para cenar. -Fui claro que venía a casa a dormir.

Me pegué una ducha y me fui a acostar. Al rato, viene y se acuesta, me daba cuenta que estaba nerviosa, yo ya me había tranquilizado porque estaba dominando la situación. Con la luz apagada al rato comienza a hablar explicándome que esto era bastante producto mío de empujarla a ver el sexo de otra manera, y con mucha libertad, por lo tanto no veía el motivo ahora de mi enojo. -Una cosa es la libertad que nos permitimos y otra cosa es hacerme pasar por estúpido enfrente de José, esto no me lo banco para nada, para nada. -Yo no lo veo así, pero te puedo admitir que por allí hayas quedado mal en esa situación, creí que te lo tomarías como novedoso. Pensá lo que quieras. Me di vuelta y me puse a dormir.

Pasaron varios días que apenas cruzamos palabras, llamó dos veces al mediodía para encontrarnos, al tercero, me insiste que quiere charlar hacer las paces, que nos encontremos en un motel que quiere resarcirme, estaba con ganas de cogérmela así que acepté, la sola visión de la verga de José enfundada en la vagina de mi mujer me ponía a mil. Nos encontramos en un motel de las afueras, fuimos cada uno en su auto, yo llegué primero entré en la habitación,me saqué la ropa me puse una bata, esperando. A los diez minutos entró, venía con un tapado liviano, al entrar se lo saca y se queda con la mini del día con Josecito y su terrible remerita super escotada sin corpiño, inmediatamente tuve una erección, con la mezcla de la visión de ella y el recuerdo de la noche que se la pasó en casa mi verga estaba lista.-

-¡Puta! ¡Reputa!

Me levanté de un salto la agarré de los pelos la hice arrodillar al costado de la cama, me puse atrás, levanté la mini, le arranqué la tanga, sin esperar nada la ensarté por el culo de un viaje, la empecé a serruchar, ¡lo tenés abierto por la verga de José! -No papá no, no me hizo el culo, no me lo hizo, tiró de los pelos para atrás la miro:-Realmente sos una puta. -Es lo que querías que fuera, lo lograste cabrón, aguantátela.

Le llené el culo. Me había llamado la atención de un pañuelo que después de su noche con José usaba en todo su cuello, se lo bajé y apareció una aureola impresionante, roja, producto de un chuponazo de locos. Sello y firma de José.

-Quiero que charlemos, hagamos las paces, sos mi hombre, el único que me interesa, los otros son diversiones que las empezamos juntos ahora tenemos que aguantarnos las cosas y seguir adelante en esta nueva etapa, atrás ya no volvemos, yo por lo menos no quiero, despertaste en mí lo que siempre se dice que todas tenemos una puta dentro nuestro, sé sincero te recalentás cuando sabés que me están cogiendo, seguro que serán tus mejores pajas, entonces aceptemos esto nuevo que tenemos y que construimos los dos. -Te voy a contar la noche con Josecito, como con el Turco, te quiero, te lo debo, lo voy a hacer con una variante, esta vez no te pajearé, lo tendrás que hacer vos, una porque quiero verlo, la otra para que pongas en blanco que te apasiona que te haga cornudo y disfrutás como loco como yo cuando se cogen a tu mujercita. Empezó su relato:

-Te fuiste y le pedí a José que se sentara conmigo en el sillón, yo estaba nerviosa pero decidida, me puse al lado, estaba nervioso, empujé mi espalda para adelante mostrándole mis tetas, no lo podía creer, estaba con los ojos clavados en ellas, le pregunto: -¿Estás nervioso? -Siii.
–Tranquilizate, ponete cómodo, yo te quiero mucho y quisiera ayudarte, veo por tus ojos que me mirás las tetas, ¿te gustan? -Siii. -Tocalas, quiero que las toques, hoy son para vos.

Apoyó las manos en mis tetas, empezó a masajearlas, ya me empezaba a subir el calorcito, se veía extasiado. -¿Querés chuparlas? -Siiiii.

Me saqué la remerita, le pongo mi mano en su nuca, le doy un beso, le empujo la cabeza a las tetas, empezó a chuparlas suavemente, pasaba de una a la otra. -Me gusta que me las chupes, lo haces maravilloso, te quiero.

Lo aparto un momento, miro para abajo a ver su erección, se notaba ya su bulto importante, me moría por tocársela, pero necesitaba tranquilizarme. -José, ¿estuviste alguna vez con una mujer así como estás ahora y con ganas de cogértela? -No, no estuve. -¿Me querés coger? -Sí, pero no sé que decir. -No me tenés que decir otra cosa que me querés coger. – Dejame cogerte por favor. -Te voy a dejar pero tenés que hacer lo que yo te diga sino prefiero hacerte una linda paja.  -Lo que quieras por favor, pero yo quiero ponerla en tu concha. -Sacate el pantalón, yo me sacaré la tanguita.

Nos paramos los dos, se bajó el pantalón, se lo sacó, yo le bajé el calzoncillo, no lo podía creer ¡Que verga inmensa! y estaba a medio pararse, era evidente que necesita estar al máximo para poder sostener tanto peso, me agaché la tomé en mis manos, lo miro le pregunto:

-¿Querés que te la chupe. – Si, chupámela, quiero que me la chupes.

Se estaba soltando un poco más, ya empezaba a perder la timidez. Puse la cabeza en mi boca, tuve que abrirla bastante para poder absorberla, me metí un tramo en mi boca jugando con mi lengua, miraba y no podía creer lo que faltaba para entrar, pero no quería esperar más, la quería en mi concha a ver si podía con toda. Me paro y me siento bien en el borde del sillón con las piernas abiertas, le digo:

-José, arrodíllate enfrente mío y dejame que yo guío con mi mano tu pija. Te pido por favor que seas cuidadoso, tenés una verga muy grande y me podés lastimar mucho, me tenés que hacer caso sino lo dejamos. -No, no, no, hago todo lo que quieras.

Agarré esa locura y la apoyé en la entrada de mi cuevita, ya estaba que la quería adentro, pero sabía que la podría pasar mal si me apuraba.

-Ahora agarrala vos y sostenela hasta que me entre un poco.

Levanté mis manos, abrazándolo, le doy un lindo beso, le digo al oído:

-Esta mujer hoy es tuya y está muy caliente con vos, no quiero otra cosa que me cojas lindo, dale un pequeño empujoncito, entró un poco, abrí los ojos. -Mi amor…me gusta, esta mujer empieza a ser tuya.

Estaba muy lubricada, el gusto era enorme, una sensación de miedo y de gozo, pero hermoso:

-Otro empujoncito José, mi amor.

Lo dio, la cabeza toda adentro, me empezó a doler un poco, le digo movete de a poquito en círculos, sacala un poco y volvé a meterla, siempre despacio, mi amor. Abierta totalmente de piernas con un poco menos de la mitad de la verga adentro, empecé a mover mi culo en círculos acompañándolo, lo estaba haciendo bárbaro, me gustaba cómo me hacía caso, la sensación de ese tronco adentro mío me enloquecía, me había ayudado evidentemente el canal dejado por el Turco, me lo hacía más llevadero.

Lo abrazo, le digo: -Abrázame mi amor, abrázame, me apretó fuerte, ahora otro empujón mi amor, este fue más, lo sentí fuerte, parecía un desgarro, pero estaba en el limbo, quería más.

Me separo, lo miro, muy caliente, le doy un beso de lengua profundo, me responde perfectamente, sigo con los movimientos en círculos, no me puedo contener, tengo un orgasmo distinto, hermoso.

-Ahora sí José, soy tuya, tu pija me dio mi primer orgasmo.

Pero yo la quería toda, sabía que venía lo peor, él se estaba calentando porque ya me serruchaba fuerte, era de locos esa tremenda verga entrando y saliendo con un ritmo como si supiera, yo no podía abrir más las piernas para prepararme para el final. Con mezcla de calentura e intriga, con un buen ritmo de los dos, lo miro a los ojos diciéndole:

-Mi amor, ahora seré completamente tuya, abracémonos fuerte que necesito mucha fuerza para aguantarme que me penetres toda, abrazados le digo en el oído: -Mi amor, ¡Toda adentro!

Mandó un empujón brutal, sentí un desgarrón y algo indescriptible, un dolor inmenso, algo que se rompía, alguna lágrima mezcla de dolor y presión, miro hacia abajo veo que estoy completamente ensartada por su verga, mis piernas haciendo fuerza para tratar de abrirlas más para que no quede nada, nada afuera, apoyada apenas en el borde del sillón no me caía porque me aguantaba la verga y nuestro abrazo, llegué a lo que me propuse, tener íntegra esa verga gigante dentro mío, con un regalo, lo había desvirgado, sería su primera leche dentro de una vagina, la mía, una experiencia única.

-¡Te quiero mi amor soy tuya siempre seré tuya!

Me empecé a relajar, todavía con dolor maternalmente le digo:

-Quiero que me cojas ahora como te parezca, tu leche adentro, quiero que me guíes para que acabemos juntos así nunca olvidaremos este momento.-

Empezó a serrucharme con violencia, era un padrillo con su yegua fértil clavándola sin contemplaciones demostrando su poder, con dolor pero con placer lo sentía en todo su potencial, al rato me di cuenta que acababa:

-Sí, Si mi amor, estoy acabando, dame toda tu leche, quiero que sientas que soy tu puta entregada, saliéndole de adentro con una embestida final en un orgasmo de locos grita:

-¡Te quieroooo!, mi puta lindaa. -Si, Si, Si, mi amor, soy tu puta, siempre lo seré, acabé yo también.

Después de un rato ya tranquilizados, con un dolor y ardor en mi vagina perforada, mirándolo a los ojos con lágrimas le digo, gracias por haber tenido el honor de ser tu primera mujer, además tuviste la oportunidad de desvirgar en toda su profundidad a la mujer de tu primito, que te aseguro la compartirás desde ahora con él, me cogerás cuando tengas ganas.

Paró el relato, mi mujer estaba finalizando, yo ya iba por mi segunda paja terrible, la puta mirándome grita:

-¡Pajeate bien cabrón ves que estás contento que a tu mujer se la haya cogido una verga descomunal, pajero!

Con toda la leche en mi pecho quedé exhausto, ella se puso al lado mío dándome besos diciendo:

-Te quiero mi amor ¡te quiero mucho!, viste que podemos convivir con estas nuevas experiencias, nos gusta, lo bueno es poder sincerarnos, no tengamos miedo ayudémonos para nuevas experiencias, que ya las he pensando seriamente.

Haciendo una pausa ya tranquilos dice, quiero que pienses esto:

-Porqué no traemos a vivir a Josecito en el departamento del fondo, el que le hicimos a tu mamá para que viva, está vacío, es tu primo que vive en una pensión humilde, la gente lo vería bien que te ocupes de él, que lo cuides…

Autor: Cornilargo Jim

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Me rompieron el culito

Me tenía ensartada y comenzó acelerar sus movimientos, sentí cada centímetro que entraba y salía, me la fue metiendo hasta que estaba toda todita dentro, y volvieron mis orgasmos seguidos, no se cuantos fueron pero solo se que no paraban, él aceleró el ritmo, lo oí gemir y sentí los chorros de semen caliente que inundaban mi exvirginal culito.

Aquí estoy de nuevo queridos lectores. En esta oportunidad les voy a contar como me rompieron mi culito por vez primera.

Bueno al día siguiente de la fiesta de tambores, mi amiga me despertó a eso de las 10 de la mañana para que fuéramos con toda la familia a una procesión con el santo patrono a reencontrarse con otros santos de otra localidades vecinas, todo eso era en alta mar, yo personalmente no quería ir, ya que me sentía todavía adolorida por la follada que me había dado su hermano la noche anterior, le dije que el navegar me da nauseas, a lo que ella me dijo, bueno quédate, mi hermano tampoco va, que te hará compañía porque mamá y papá ellos se van conmigo, me dio un beso y se despidió en forma muy pícara me dijo, me tratas muy bien a mi hermanito.  De verdad que cuando me dijo que me quedaba con su hermano enseguida me comencé a excitar, no se si era de miedo o de morbo, todavía estaba muy adolorida y pensar en sexo no me era muy placentero.

Partieron y me dijo regresamos a las 5 de la tarde, Ahhhh, pensé tanto tiempo con mi negrazo, que rico.

Corrí y me metí a la ducha, me bañé mientras  pensaba en lo que había ocurrido anoche y me di cuenta que no había sido por el alcohol si no por mi misma porque hoy no había tomada una gota de alcohol y sentía los mismos deseos prohibidos, me coloqué encima un camisón solamente y fui a la habitación de mi negrazo que aun dormía, al entrar pude contemplar aquel escultural cuerpo, dormía con solo los bóxer puestos, me senté en la cama a su lado y comencé a besarle las tetillas con mucha suavidad el estaba dormidito, y lo escuchaba jadear entre sueños, deslicé mi mano hasta su paquetito, digo paquetote, comencé a masajearlo y empezó a ponerse dura, lo miré a ver si estaba despierto y si se había despertado, al verme sonrió y me dijo, como que te gustó la que te comiste anoche que viniste por más, yo sonreí y le dije tengo que aprovechar que esto no se consigue todo los días. Y sin más me la introduje en la boca comencé a darle una mamada de ensueño.

Le pasaba la lengua por el glande y suavemente me introducía la cabezota en mi boca con mi lengua bajaba por el tronco justo hasta las bolas, las cuales succionaba y eso le producía un gran placer ya que jadeaba, él me tiró de las piernas y me atrajo hacia él quedando en un perfecto 69, yo montada con mi vagina a horcajadas sobre su cara, y comenzó a darme lengüetazos de arriba abajo por toda mi raja, allí comencé a jadear y gemir, que ricooooo me la estaba mamando, de repente sentí su lengua en mi culito, comenzaba a tratar de penetrarme con su lengua, sentí unos espasmos especialmente deliciosos, le apretaba la verga con las manos, de verdad que quería aferrarme a algo para no desfallecer de tanto placer.

Allí pensé en lo que me había dicho anoche que quería romperme el culo, me dio miedo pero sabía que algún día me lo iban a romper, pensé que sea una buena verga, de una sola vez, él estaba concentrado tanto en mi culito me daba lengüetazos alrededor de mi ano, hasta que sentí que trató de meter un dedo, aaahg, allí comencé a sentir una sensación extraña, no se si temor o placer, le dejé de mamar la verga y me dediqué a disfrutar de ese momento, comencé a gemir como loca, él si sabía hacerlo con suavidad, me masajeaba el culito con la lengua mientras iba introduciendo el dedo, eso me daba placer y superaba mi dolor, alcancé a oírlo decir, tienes un culo muy rico, eso me puso más a mil, él por su parte trabajando mi huequito preparándolo para la gloria de ser desvirgado, me daba una mamada deliciosa yo tan solo disfrutaba de este momento tan diferente.

Allí fue cuando sentí unos espasmos fuertes, un orgasmo interminable, él aprovechó el momento y comenzó a abrirme el culito haciendo círculos con su dedo que lo tenía bien adentro, apenas podía notar lo que estaba haciendo, el placer era más fuerte que el dolor, estaba preparada para todo ya solo quería que me penetrara quería sentir otra vez esa vergota dentro de mi,  tomé mucho valor y le dije está bien, reviéntame si quieres pero méteme la verga que no aguanto este calvario, mi negrazo se sonrió en forma muy pícara, me preguntó trajiste la crema?.. a lo que contesté, no hazlo como sea no voy a buscarla ahora, él dijo será más rico.

Él se levantó de la cama me hizo colocarme en cuatro uñitas o sea en cuatro patas, mis piernas estaban a la orilla de la cama, tomé una almohada y apoyé mi cabeza, puse mi culito en pompa, él por su parte estaba listo, esperaba lo peor, pero no él comenzó otra vez a lamerme mi raja  que estaba empapada, y me dijo aquí hay suficiente lubricante, vas a ver, me dio tres o cuatro pasadas con la lengua, y me emboquilló la gruesa cabezota de su verga en los labios de mi vagina, hizo un poco de presión y zas  sentí otra vez como se dilataba mi concha, volvía a abrirse en dimensiones nunca vista para recibir a este visitante por segunda vez, aaaahgg  aaaaayyyy, exclamé al sentir que la cabeza estaba dentro…

Él me daba caricias en la espalda, cuando sentí que me sujetó fuerte de la cintura y aaaaaayyayayayyyy, grité el sentir que se habría paso dentro de mi esa verga de esas dimensiones tan descomunales, él me dijo, estás mejor que ayer, ya tienes la mitad adentro y pides más, le dije métela toda de una vez, y, ayyyyyy,  ayyayayayyy, zas, me la aventó todita pero todita sin contemplación, sentí sus bolas chocar con mis nalgas y aaahhhhh, que placer tan inmenso, no aguanté y me viene con un orgasmo, movía mi cola en círculos y él tan solo me miraba, me la tenía hasta los pelos, no se movía, yo era quien hacía todo el trabajo, comencé a moverme rítmicamente hacia delante y atrás, yo misma me estaba clavando ese inmenso pedazo de carne.

Volví a tener otro orgasmo me eché hacia delante, quedé acostada él sobre mi y comenzó a bombearme, no me dio tiempo de reponerme, me estaba dando con ganas, allí volví a tener otro orgasmo, lo estaba disfrutando a mil, él me dijo acomódate, entendí perfectamente, me coloqué otra vez en pompa, abrí bien mis piernas, él comenzó a ensalivarme mi culito, introdujo un dedo y entró con facilidad, me hacía círculos con el dedo para ensanchar mi culito, yo estaba tensa esperando la verga de mi negrazo, mi respiración se aceleraba, él con mucha paciencia trabajaba mi agujerito que se ponía a tono, me dijo, muerde la almohada, me introdujo la verga en la vagina y la sacó chorreando líquidos, la masajeó con la mano la volvió a introducir, la sacó y me la puso en la entrada de mi ano comenzó a presionar un poco y nada no entraba, escupió en mi ano y volvió hacerlo y nada, le dije métela de una vez, no importa si me rompes ya no aguantaba más, me respondió recuérdalo tú lo pediste…

Sin más la emboquilló de nuevo, presionó con más fuerza y sentí como entraba la cabezota, no grité, mordí con fuerzas la almohada y uuuuugggggg me la metió, que dolor, le dije, sácala, sácala me duele mucho, a lo que respondió estás muy tensa, relájate un poco, él estaba inmóvil pero no me la sacaba yo sentía que mis piernas se iban a desmayar, estaba sudando.

Me tranquilicé un poco y de repente otro dolor, él me comenzó a meter su tronco, ya me dijo está hasta la mitad y comenzó a bombear despacio, el dolor iba desapareciendo poco a poco, y comenzaba a sentir placer, me bombeaba con mucha suavidad, tan solo con la mitad introducía y sacaba un poco yo comencé a gemir otra vez, le decía lo rico que la estaba pasando, papi dame más, rómpeme el culo despacio pero con fuerza.

Me tenía ensartada y comenzó acelerar sus movimientos, sentí cada centímetro que entraba y salía, me la fue metiendo hasta que estaba toda todita dentro, y volvieron mis orgasmos seguidos, no se cuantos fueron pero solo se que no paraban, él aceleró el ritmo, lo oí gemir y sentí los chorros de semen caliente que inundaban mi exvirginal culito.

Cuando me sacó la verga, sentí un gran vacío y me toqué mi culito a ver como había quedado, me hizo un boquete de inmensas dimensiones, me asusté, a lo que dijo, tranquila, que eso vuele a cerrarse, y verdad sentí como volvía a reducirse, claro nunca como antes con semejante verga que me había desvirgado, me tranquilicé y quedamos los dos rendido acostados, él me acarició la espalda y me dijo, espero nunca olvides este momento, ¡como olvidarla con semejante cogida!.

Espero que sea de su gusto.

Gracias…

Autora: Marina Venezolana

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Virgen a los 28

Mi calentura era tal que yo misma me lo empujé todo adentro, sintiendo un poco de dolor y al momento sentí un placer y una excitación como nunca creí que se pudiera sentir. Le pedí que me clavara, que me la metiera bien adentro y él colocando mis piernas contra mi pecho, se dejó ir con todo, sintiendo que esa enorme verga me llegaba hasta el estómago.

Me llamo Natalia y siempre he considerado que una mujer que se precie de ser femenina, mejor dicho toda una mujer, debe de vestirse desde adentro con ropas muy sensuales, siendo la interior la principal, pues cuando estás con un hombre, debes de darle una imagen inolvidable. Por razones de mi trabajo, pues soy secretaria ejecutiva de una importante empresa de mi ciudad, me toca asistir a reuniones, cócteles y otro tipo de reuniones sociales, pues mi jefe dice que mi imagen le ayuda a cerrar sus negocios.

Soy una chica de 28 años y aunque no lo crean, virgen hasta esa noche, mis medidas 92-63-100 y mido 1,78 de estatura, mi pelo es castaño claro y algo rizado y mis piernas generalmente son el foco de atención pues me esmero en cuidarlas y siempre me encanta vestir ropas muy provocativas si llegar a ser vulgar pero si muy sexy.

En la ocasión que quiero contarles, me llamó mi jefecito y me dijo que esa noche tendríamos un recepción para un cliente muy especial y que iba a ser de gran gala pues este señor era el dueño de una serie de empresas, lo que en mi país llamamos un grupo empresarial, y que quería que se llevara la mejor de las impresiones y que parte de ese trabajo me correspondería a mi, despachándome para la casa para que tuviera tiempo de arreglarme. La reunión estaba pactada a partir de las 8 p.m. y como eran las 11 a.m., me dispuse a ponerme lo más linda, sexy y atractiva que pudiera pues quería que mi jefe y su cliente se llevaran una buena impresión, así que me fui a mi apartamento, pues vivo sola, para darme una ducha y luego ir al salón de belleza para que me peinaran y maquillaran diciéndole al encargado que esa noche quería verme espectacular.

Después de esto y de que realmente espectacular me dirigí al apartamento y seleccioné la ropa que iba a usar esa noche. Seleccioné un vestido negro con aberturas laterales que llegaban a la mitad de mis muslos, y la ropa interior que seleccione era una tanga tipo hilo dental un brassier strapless ya que el vestido era de ese estilo, liguero negro y medias negras y zapatos cerrados con un tacón de 10 ctms. Cuando terminé de vestirme llamó mi jefe para decirme que se encontraba en camino a recogerme y efectivamente como a los 10 minutos llegó y partimos hacia el sitio de la reunión que era uno de los hoteles más elegantes de mi ciudad.

Yo me imaginaba que el señor importante al que íbamos a tender sería un viejito, cual no sería mi sorpresa cuando me presentaron a un hombre de unos 45 años, moreno y con una sonrisa que derretía el hielo, dedicándome una que me dejó sin saber que decir. Su nombre era Carlos. No se si fueron cosas de tragos o si realmente yo deseaba ser tomada por él, por Carlos, pero notaba que mi conchita se estaba humedeciendo bastante. Mi sorpresa fue grande cuando mi jefe me dijo que Carlos quería que yo le mostrara la ciudad partiendo de la reunión a eso de las 11 p.m.

Recorrimos varios sitios y él me preguntó que si me gustaba bailar a lo que le respondí que si y que conocía un sitio en el que podríamos estar tranquilos, invitándolo a mi apartamento.

Llegamos al departamento y subimos en el ascensor. Mientras subíamos noté que no quitaba la mirada de mis tetas y que con su mirada me recorría entera de arriba hacia abajo, diciéndome que estaba muy sexy con lo que cada vez me sentía más y más excitada. Creo que él lo notó pues apenas entramos cerró la puerta y me tomó en sus brazos y me dio un beso que me dejó sin respiración y así, sin soltarme, bajó la cremallera de mi vestido, quedando en la ropa interior que ya describí.

Me preguntó en donde estaba la habitación y tomándolo de la mano lo guié hacia ella pues ya no aguantaba más y quería que este hombre me montara y me hiciera lo que él quisiera. Cuando entramos a la habitación, le pedí que me dejara desnudarlo a lo que respondió con una de esas sonrisas maravillosas que tanto me gustaban, así que procedí a quitarle el saco, la corbata y la camisa. Cada vez que yo le quitaba una prenda, él me daba un beso y me acariciaba toda.

Cuando le quité el pantalón y quedó en calzoncillos, casi me desmayo al ver el bulto que se había formado y no aguanté más le quité la ropa interior y me lancé de cabeza a saborear esa maravilla de verga, medía unos 18 cms. de largo y era bastante gruesa, tanto que casi no me cabía en la boca. Empecé a lamer la cabeza, como si fuera un cono de helado y poco a poco me la fui introduciendo hasta casi llegar a tenerla toda adentro.

Mientras se la mamaba no quitaba mis ojos de su rostro y podía ver la cara de satisfacción que ponía. En un momento me pidió que parara para que él me desnudara y tendiéndome en la cama, me quitó el brassier y el panty quedando solo con las medias y el liguero. Me dijo que quería darme placer y sin pensarlo dos veces puso mis piernas sobre sus hombros y se metió de cabeza entre ellas para darme una mamada de conchita que me hizo estallar en un delicioso orgasmo, llenándole la cara con mis jugos. Después de este orgasmo, me depositó boca arriba en la cama y empezó a recorrerme el cuerpo con su lengua, sintiendo en cada lambetazo un corrientazo pues ya sabía lo que vendría después. Le pedí que no me hiciera esperar más que me la metiera, eso si le advertí que era la primera vez que estaba con un hombre y él me respondió que lo sorprendía y que tendría cuidado para no lastimarme.

Se tendió sobre mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi coñito y empujó un poco hasta que sintió como llegaba al himen y paró para que me acostumbrara a sentirlo. Mi calentura era tal que crucé mis piernas sobre sus caderas y yo misma me lo empujé todo adentro, sintiendo un poco de dolor y al momento sentí un placer y una excitación como nunca creí que se pudiera sentir. Le pedí que me clavara, que me la metiera bien adentro y él colocando mis piernas contra mi pecho, se dejó ir con todo, sintiendo que esa enorme verga me llegaba hasta el estómago, empezando a bombearme, sacándola casi toda para luego embestirme una y otra vez hasta que llegué otra vez al orgasmo pidiéndole que quería sentir su leche dentro de mí, que por favor me llenara de ella.

Así lo hizo y en dos o tres bombeos más se derramó todo dentro de mí. La sensación al sentir su semen dentro de mi fue algo maravilloso.

Descansamos un rato, durante el cual nos bebimos unos tragos de vino, preguntándome si me gustaría repetirlo pero por otro lado, le pregunté que por donde y me respondió “por el culo muñeca” le contesté que eso dolía, pues amigas a las que les habían roto el culo me habían dicho que eso era así.

Él me tranquilizó diciéndome que eso pasaba cuando no se estaba bien preparada. Sus palabras me inspiraron confianza y le dije que me preparara para recibirlo y me colocó boca abajo dedicándome una lamida de culo que me hizo ver las estrellas, al mismo tiempo y ayudado por mis jugos, pues todavía estaba súper mojada, luego me colocó en cuatro patas, con mi cabeza enterrada en la almohada y me fue metiendo un dedo y luego dos y luego otro más hasta que sentí la cabeza de su verga a la entrada de mi virgen culito, empezando a penetrarme poco a poco.

Sentí al principio un dolor terrible y le pedí que me la sacara pero su respuesta fue una profunda embestida, quedando yo totalmente ensartada en esa vergota, se quedó quieto un momento para que me acostumbrara a sentirlo y luego empezó a bombearme de una manera deliciosa, convirtiendo el dolor y las molestias en puro placer. Creo que me tuvo así como unos diez minutos hasta que sentí como se tenso, me la metió hasta los huevos y se corrió dentro de mí.

Esta historia no termina aquí, pues con él he aprendido muchas cosas sobre el sexo. A propósito ya no trabajo para mi antiguo jefe, ahora trabajo para él y en la oficina cuando no se encuentra nadie han pasado muchas cosas que en otra ocasión les contaré.

Si quieren hacerme comentarios sobre mi relato…

Autora: Natalia

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Un gusto especial

Sus gritos los acallaba besándola, fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita.

La verdad que después de haber conocido las infidelidades de mi esposa y sintiendo profundo amor por ella, he permitido que tenga amantes. Es así que convinimos que cuando alguien le guste, ella debe decirme para que de alguna manera se le invite a la casa y pueda dar desenfreno a los instintos sexuales que tiene.

Es así que algunas veces he tenido que observar algunos de ellos bien dotados como el caso de Juan, que luego de estar en una fiesta lo invitamos a la casa a continuar farreando, entonces yo me hacía el borracho dormido para darle completa libertad a mi esposa y su amante de turno. Me llevaron a un sofá antiguo que estaba en el dormitorio y mi cama que es bastante ancha se prestara para que sea el centro del juego, para ello prendía una lamparita de luz roja tenue del velador, para que yo pudiera observar todo lo que pasaba.

Esa vez comenzaron a besarse desenfrenadamente, y él a desvestirla hasta dejarla completamente desnuda, él luego de sacarse sus ropas mostraba una vergota que parecía de burro, calculo unos 25 cm por 2″, realmente grandísima, ya que mi mujer no podía metérsela toda en la boca, solo podía lamerle el glande y nada más, mi esposa es bajita y delgada, antes se comió algunos postes grandes, pero no de esa magnitud, mientras tanto yo hecho el dormido veía todo lo que sucedía, tenía mi pija bien parada a punto de explotar por todas la cosas que veía que le hacía a mi mujer, la hacía gritar cuando le metía sus dedos al culo, en su panochita, le chupaba sus tetas, hasta que llegó la hora de la verdad, él ya no podía con todas las chupadas que le hacía mi mujer, que pudiendo o no pudiendo, se metía algo a su boca.

Le pide: échate al borde y abrí lo más que puedas tus piernas, pero antes ¿tienes algún aceite o crema? Para qué le preguntó mi mujer, para que no te duela, porque todas por más casadas y paridas que sean, son vírgenes para mí, le prestó un pomo de nivea, él se embadurnó su verga y a ella le puso con su mano un poco de lo mismo, bueno gran puta le dijo, separa las piernas lo más que puedas… yo podía ver que parecía un cirio, a punto de entrar en la panocha de mi mujer, fue entonces que colocó en su vagina esa cabezota y se la fue metiendo de a poquito, mi mujer al sentir esa enormidad en su chuchita, quería a toda costa rechazarlo, lo empujaba de su pecho peludo, arañaba las sábanas, pero ya era tarde se la metió más y más mientras la pobre se movía en su cama llena de dolor hasta que se la metió casi toda, aún así le decía que se la saque, pero su respuesta fue que se la acabó de enterrar más.

Sus gritos los acallaba besándola, hasta que más o menos vi que ya llevaba el ritmo de él, poco a poco fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor le dio vuelta y se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey en su caballo, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita, luego le hizo dar una vuelta en la cama y la jaló hasta el borde la cama, le levantó sus piernas llevándoselas a sus hombros y con una mano agarró su barrote y lo situó en sus labios vaginales clavándosela nuevamente hasta que sus bolas le golpeaban en cada embate sus nalgas con un bombeo permanente enterrándosela hasta el fondo y ella soportando con placer el dolor agradable que le producía hasta que él se vino en una deslechada que para lo peor se encontraba sin condón, así que derramó toda su leche en el interior de su vagina.

Cayó extenuado a un lado de ella, tendida con sus piernas aún abiertas, viéndole como le chorreaba por su ano el semen que le depositó su macho de turno. Luego de unos instantes se levantó y haciéndola sentar se hizo chupar su falo y con sus manos como agarrando una manguera se ayudaba para pajearlo primero lentamente hasta que él le pedía que acelerara el pajeo porque en su boca no entraba más que unos 5 cm.

Cuando no pudo más eyaculó en su boca, algo tuvo que hacerlo pasar, porque el resto le rebasó sus labios hasta caer en sus pechos, yo ya no podía aguantar y también me vine en mis calzoncillos, desde que comenzaron pasaron por lo menos una hora de bombeo permanente, chupada de verga, mordisqueo de tetas, en mi mujer se notaba que ya no daba más porque se cubrió con las sábanas, pero al hombre joven se lo veía arrecho porque le pidió que se sentara en su trípode que volvía a tomar forma de garrote.

Mi mujer le dijo que por esa noche era suficiente, sentado en una silla la hizo que se sentara de frente a él enclavando su arma en la chucha de mi mujer, que sacaba fuerzas de no sé dónde y nuevamente se entregó a los brazos de morfeo, luego de un buen rato así ensartada la llevó hasta la cama y tumbándola penetrada, se la tiró un buen rato hasta explotar de nuevo.

Yo me levanté cuando escuché que cerró la puerta y la tomé en mis brazos y sin más trámite me la monté, mi verga entró como a la puerta de una cueva ancha, y mientras me la culeaba evacuaba semen del amigo que la hizo tan feliz, pero que le dejó la concha adolorida y sus tetas con moretes, yo siempre tengo la manera de palanquearla con mi verga, pero ella creo que ni me sentía por lo dilatada que se encontraba su cuca, terminé por segunda vez porque la primera me vacié en mis calzoncillos, y caí rendido con mi mano en su cuca caliente y mojada, seguía botando el semen de su buen amante.

Espero sus comentarios.

Autor: alberto7847

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La verdad une VII

A partir de ese día, se metió las vergas de 5 hombres, y aunque no se metió las vergas, tuvo conocimiento carnal de dos más, también se cogió o dejó coger por 23 otros cabrones ella sola, nos habíamos cogido juntos a 7 mujeres, y ella sola a dos más, desde que se liberó, se había cogido a treinta hombres; ocho de ellos por dinero, se había comido seis mujeres en mi compañía y dos sin mi.

Continúo platicándoles con nuestro séptimo relato.  Somos Liz y  Pablo.  Hemos estado casados por 19 años, yo tengo 51 años, ella 48.  Radicamos en  Estados Unidos.

En mi relato anterior, les conté como Liz se lió a un grado u otro con siete machos nuevos y  tres hembras con quienes nunca había tenido relación.  Uno de los machos fue Mitch, un negro con una verga impresionante. A partir de ese día, Liz y Ayleen se hicieron amigas inseparables, y yo también entablé una buena amistad con Billy y con Mitch.  Billy me relacionó con varios otros empresarios lo cual me abrió bastante campo de acción para conseguir mi siguiente proyecto, ya que el presente estaba por concluir.

Precisamente, mientras Liz estaba bastante ocupada socializando con Ayleen, yo me empecé a divertir con una chica que trabajaba en la empresa a la cual le estaba dando yo asesoría.  Se llamaba Cecilia.  Morena, de pelo negro, muy bonita con una carita de niña traviesa, bajita de estatura de 1:50 m., un poco falta de tetas para mi gusto, pero con un culo y piernas absolutamente hermosos. Ceci había sido asignada a asistirme y habíamos establecido una buena relación de trabajo.  Le encantaba coquetearme; jugaba a enseñarme el culo y las piernas y sorprenderme viéndola.  Fue precisamente así que finalmente rompimos el hielo, ¿o lo derretimos?

Una tarde, llegó ella después de comer y vino a mi oficina a reportarse.  Ese día estaba vestida con un conjunto de blusa y falda de encaje blancos.  La blusa aunque algo transparente, tenía el encaje distribuido exactamente para obstruir la vista en donde hacía más falta.  La falda, requería de un fondo, o enagua, el cual yo noté que traía en la mañana, pero no ahora, lo que me permitía ver su panty sin mucha dificultad, y la forma de sus hermosas nalgas.

Entendí que ella se había dispuesto al ataque, y por ende, me propuse no verla, ni hacer ningún comentario al respecto.  Estuve gozando internamente los esfuerzos que hacía para darme el espectáculo, dejando que la falda se le subiera para enseñarme las piernas, o recogiendo cosas de suelo parando las nalgas y volteando a ver si la estaba viendo.  Sudé y tragué gordo pero no sucumbí.  Por fin, se acercó junto a mi silla y dejó caer un reporte.  Se agachó sin doblar las rodillas y me mostró las piernas y su rico culito durante los eternos segundos que se tardó en levantar los papeles.  Moví mi silla y me coloqué completamente atrás de ella ahora viendo sin recato ni disimulo alguno el hermoso panorama.  Ceci volteó a verme y se incorporó rápidamente fingiendo sorpresa, y reprochándome que la estuviera viendo de esa manera, pero tratando de reprimir una sonrisa.

Acerqué la silla hacia ella y la tomé de la cintura, preguntándole si me creía un tonto para desperdiciar el regocijarme ante tan sabroso espectáculo.  Me sonrió y coquetamente me dijo que al menos hubiese disimulado un poco.  Le dije que se diera por bien servida que no me acerqué a darle una lamida “aquí”, refiriéndome al huequito que formaban sus piernas con sus nalgas, y la toqué.

Sentí como le corrió una descarga eléctrica por el cuerpo y vi sus pezones ponerse duros contra el encaje de su blusa.  Sin decir palabra, paró las nalgas hacia atrás, empujando su pecho contra mi cara, que aproveché para pasar mi lengua por sus tetas y por su cuello.  Ceci se separó y fue a poner el pasador de la puerta.  Caminó de regreso hacia mí y poniendo una rodilla sobre el brazo de mi silla me dio un beso metiéndome la lengua en la boca.  Me llené ambas manos con sus nalgas, dejando que mis dedos saborearan la cálida humedad de su panocha desde atrás.

Ceci me detuvo cuando sintió que empecé a meterle mis dedos por el coño y se abrió la blusa ofreciéndome sus tetas a mamar.  Como dije, eran pequeñas, apenas un poco más de un bocado, pero sus pezones, de un café obscuro estaban duros y perfectamente formados.  Los chupé, mordiéndoselos suavemente causándole estremecimientos con cada chupada.  Me empujó contra el respaldo de la silla y hábilmente me abrió el cinto y el cierre del pantalón; batalló para sacar mi verga, pues no se doblaba para salir, así que me abrí el pantalón por completo.  En cuanto tuvo mi verga afuera, se la metió en la boca tanto como pudo y luego dejó solo la cabeza en su boca, pasando su lengua y chupándomela con hambre.  Que mamada tan rica me dio.  En lugar de meter y sacar mi verga de su boca, me acarició el falo con un mano, los huevos con la otra y se concentró en chuparme y lengüetearme la cabeza metiéndose un poco más de vez en cuando.  Antes de lo que yo hubiese querido me empecé a venir en su boca; al sentir el primer chorro, Ceci aceleró el puñetearme el tronco y aumentó la intensidad de la chupada, sacándome hasta la última gota  y tragándose todo.  Me acordé de la mamada que le dio Liz a Jack, y entendí como se sintió él.

La acosté sobre el escritorio y le empecé a bajar el panty.  Se incorporó rápidamente y me detuvo.  Sorprendido le pregunté que cual era el problema.  Me contestó que ella se había hecho a si misma la firme promesa de llegar virgen al matrimonio y antes de que nada pasara, deseaba dejar eso bien claro conmigo.  Pensé en lo ridículo de esa premisa, pues esa mamada que me había dado, era obvio que no la aprendió por correspondencia.  Interesante el concepto de virginidad de Ceci, pero, quien soy yo para criticar a nadie.  Le pregunté que es lo que podíamos hacer, ya que yo definitivamente deseaba jugar un poco con sus piernas y nalgas.  Su respuesta fue aún más interesante; me dijo que mientras no tratase de penetrarle la panocha con dedos o verga, podíamos hacer lo que yo quisiera.

Pensando que ya hacía algún tiempo que no me comía una panocha virgen, la acosté otra vez y ahora ella cooperó y me dejó quitarle el panty.  Le besé sus ricos muslos y le lengüeteé su panocha, mojada con sus jugos y que olía rico a hembra.  Con gusto le lamí y chupé los labios, acariciándole las piernas.  En poco tiempo, levantó las nalgas del escritorio y con un gemido acallado se vino, jalándome la cabeza para que más le chupara y mordiera su coño.  Sin perder el paso, se bajó del escritorio y se hincó para darme otra chupada en la verga.  Me acosté en el suelo y se montó en mi cara en un 69, mamándome la verga a una rica erección.  Yo le estaba chupando el coño y lengüeteándole el ojetito, metiéndole mi lengua.

Sin decir palabra, se levantó y se posicionó sobre mi verga a horcajadas.  Afianzándose del escritorio con una mano y guiando mi verga hacia su ano con la otra, se fue bajando poco a poco, metiéndose mi verga en el culo, con una cara de puta morbosa, mordiéndose el labio inferior y gimiendo hasta que se sentó sobre mis ingles.  Sus piernas se veían aún más ricas haciendo el esfuerzo de soportar su peso en esa posición de “aguilita”.  Me apretó la verga, haciéndome sentir cada pliegue de su recto y empezó a chingarse ella solita subiendo y bajándose a todo lo largo, dejando solo la cabeza dentro y luego solo los huevos fuera.  Así aceleró el paso sin aflojar, sino al contrario apretando más al ensartarse.  Mientras hacía esto, se pajeaba el clítoris gimiendo y pujando calladamente hasta que sentí tanta humedad, como si se hubiera meado sobre mi, pero no dejó de salirse y ensartarse sobre mi verga hasta que me hizo venirme a chorros dentro de su ojetito.  Con cada metida, expelía un poco de mis mecos, pues dado su tamaño mi verga le llenaba bastante su culo.  Al fin cansada, se acostó sobre mi pecho y me dio un largo beso, apretándome la verga con su ano.

Platicando, me dijo que tenía novio; un muchacho bueno, que se partía la madre trabajando y estudiaba medicina.  Tenían ya casi un año de novios y nunca habían tenido sexo, pues ella una ocasión le confesó ser virgen y el decidió esperar hasta estar casados.  Lo que ella no le confesó, fue que el ser virgen era solo accidental, pues a ella le encantaba mamar verga y a todos los novios que había tenido les encantaba tanto su culo que se conformaban con cogérsela por ahí.  Una vez inconclusa la verdad, así se quedó, pues era más fácil omitirla que revelarla.  Como he dicho antes, es tan fácil que las mujeres nos hagan pendejos!

La besé con morbo, pensando que su novio la besaría más tarde pensando que estaba besando unos labios virginales, y acariciando su cuerpecito inocente, sin imaginarse que esos labios habían estado chupando mi verga y su cuerpecito me había dado una cogida rica y jadeante y le había llenado el recto con mis mecos.

Con este pensamiento, la levanté y dirigí a arrodillarse en mi silla y le dejé ir hasta el último milímetro de verga, forzando un gemido.  Le empecé a chingar el ojete deliberada y lentamente, viendo su carita sonriendo contenta de estar siendo cogida como la puta que realmente era.  Me la imaginé caminando rumbo al altar con esa misma sonrisa, vestida de blanco, para por fin entregarle su pudor a ese muchacho que había sabido esperar pacientemente por tan valioso tesoro.  Si como no…

Esa noche, Liz llegó un poco después que yo a casa; le platiqué sobre Cecilia, y comenté sobre los paralelos con su juventud, y como aun sin ser tan deliberada la mentira, ella también había mamado vergas y le habían chingado el culo antes de entregarle su virginidad a su esposo.  Liz se sonrió admitiendo que le hubiese gustado ser aun más puta, y que siempre tuvo el deseo reprimido de realmente gozar aquellas cogidas furtivas, pero su recato y miedo se lo impidieron.  Ahora que me tenía a su lado y disfrutábamos juntos de nuestra libertad, le parecía mucho más satisfactorio el poder dejarse coger por quien ella quisiera, y saber que podía compartir todo conmigo.  “De hecho”, me dijo, “me gustaría también a mi darle una mamada a esa panochita virgen de Ceci, mientras tu le jodes el culo”.

Durante el resto de mi intervención, continué cogiéndome a Ceci, y Liz se dio gusto con ella también.  Conocimos a su novio Edward y entablamos una buena amistad sobre el cimiente del morbo que nos daba el saber que nosotros tres teníamos conocimiento carnal el uno del otro y el consideraba a su noviecita una virgen inocente.  Liz, siendo lo cabrona que es, en un par de ocasiones, bailando con el , lo calentó pegándole las tetas y “montándose” en la pierna hasta sentir su erección.  El pobre Edward se sonrojaba y Ceci se enojaba con Liz, pero tan pronto Liz le metía la lengua en la panocha al día siguiente, pues se contentaba de nuevo.

El cumpleaños de Liz llegó.  Yo, afortunadamente le pregunté su preferencia, pues había inicialmente pensado en darle una fiesta sorpresa con todos nuestros amigos, que seguramente se hubiera convertido en un bacanal, pero ella decidió pasarlo estrictamente en familia, con sus padres, hermanos e hijos, aunque ahí Noemí me estuvo calentando cada oportunidad que tuvo.  Después, Ayleen organizó una celebración privada, en donde si la agasajamos y la hicimos gozar Ayleen, Mitch, Billy y yo.

Así pasamos el resto del año.  Pasaron el día de acción de gracias y navidad, fechas de celebración en familia.  Conocí al resto de la familia de Liz, aparentemente causé buena impresión, pues todos hacían comentarios de cómo hacíamos una bonita pareja, con un buen nivel de comunicación y bien compenetrados.  Liz y yo decidimos pasar el año nuevo en Las Vegas para soltarnos un poco la greña después de tanta santa paz.

En Las Vegas fuimos a varios shows, apostamos, tomamos, en fin nos divertimos.  Fuimos a un topless y le compre varios bailes a Liz, quien se agasajo manoseando a las chicas.  En la víspera de Año Nuevo, me informé y contraté a una prostituta que tenía buena reputación para que Liz se diera gusto con ella; se hacia llamar Sunny, una rubia, muy alta, con unas piernas largas, hermosas y un par de tetas firmes que parecían dos medias toronjas, apenas con un poco de caída, firmes y con los pezones rosados, con vello púbico rubio.

Precisamente, cuando ella se despedía, le llamaron a ella para ofrecerle que atendiera una despedida de soltero.  Ella estaba renuente, pues las otras chicas estaban ocupadas y tendría que ir sola, lo cual no le parecía pues podía ganar más dinero si conseguía tres clientes más durante la noche, y por lo general las despedidas implicaban demasiado tiempo y demasiados cabrones queriendo cogérsela.  Liz no escondía su curiosidad por todos los detalles, cuanto le pagarían, si tenía que coger y con cuantos, y que si cobraba extra por cada cogida adicional, etc.;  sin pensarlo mucho y sin consultarle a Liz, le ofrecí a la chica que yo le pagaría extra, que le llamara a su base y les dijera que se había encontrado a una amiga de fuera de la ciudad, que estaba dispuesta a ir, si le pagaban lo mismo que a ella.  Al oír esto, la expresión en la cara de Liz cambió a una de morbo y putería; vi como se estremeció y después me admitió que le punzo la panocha.

Con la garantía de Sunny de que su amiga era una pro, libre de enfermedades y problemas de drogas, aceptaron que fuera.  Le dieron una dirección de un restaurant para que se entrevistara con el cliente.
Al llegar, encontramos dos tipos jóvenes, se veían limpios y bien portados.  Sunny, los entrevistó a ellos careándolos, y haciendo todo tipo de preguntas.  Eric, el “Best Man”, como se le llama en Estados Unidos al Padrino del novio, se le caía la baba viendo a mi novia.  Sunny explicó mi presencia diciendo que era por seguridad, y que yo tenía que estar presente en la fiesta, pero estaría aparte sin estorbar.   A Eric le valió madre lo que yo hiciera o dejara de hacer con tal de que se hiciera el trato y Liz fuera parte del plan.  Sunny hizo toda la negociación y dictó todas las condiciones tanto para ella como para Liz.  Eric pidió solo que ambas fuesen vestidas de novia, pero de novia muy puta, así que de ahí fuimos a un establecimiento que vende todo tipo de indumentaria para chicas de la vida galante y compramos unos vestidos de novia muy provocativos, con escotes y apenas debajo de las nalgas, con unas medias de malla blancas y ligueros.

Eric estaba muy atento de Liz, y ella estaba batallando para disimular su entusiasmo.  El atuendo le quedaba de maravilla, el escote revelaba la sombra de la aureola de sus pezones, y con la más mínima inclinación, se le veía su tanga.  Yo estaba en un estado de calentura increíble, viendo a mi mujer vestirse así para ir a desempeñarse como una prostituta.  No cruzamos palabra al respecto, solo nos veíamos el uno al otro y ella me sonreía con una mezcla de nerviosismo y furtividad.

Eric pagó por los vestidos y nos dirigimos al hotel en que estaban hospedados.  Al entrar a una suite, estaban seis tipos mas, cinco de ellos alrededor del que era obviamente el novio; llevaron a Liz y Sunny a una recámara a cambiarse.  Mientras esperaba, uno de los tipos se acercó conmigo y medio en broma me preguntó si en realidad yo podía mantener el orden si fuese necesario.  Lo mire a los ojos, y sin gesticular le conteste de la manera más amable posible que observara mi cara con cuidado.  Me contestó que no veía nada en particular, y que tenía que ver eso.  Le contesté que si no tenía ninguna cicatriz, y me dedicaba a esto, entonces, por lógica o nunca había tenido que hacer nada, o nunca había recibido nada que me dejara cicatrices.  “Mientras ustedes se diviertan y no maltraten a las chicas, yo no tendré motivo moverme de aquí”.  Al parecer mi blofeo lo convenció.

En un momento, el cuarto se inundó de un silencio absoluto.  Liz y Sunny entraron vestidas de novias. Eric estaba parado junto a Jim, el novio.  Las chicas avanzaron paso a paso, hacia el y finalmente lo tomaron de un brazo cada una.  Uno de los amigos empezó a parafrasear la ceremonia nupcial.  Sentí un escalofrío, y se me paro la verga cuando le preguntó a mi novia: “Y tú…(ella dijo su nombre Liz), aceptas mamarlo, joderlo y hacerlo venirse hasta que no le quede un meco en los huevos?” y cuando ella respondió: “Si acepto”, casi me vengo y me flaquearon las piernas.

Enseguida empezó una melodía y ambas bailaron para él desvistiéndose poco a poco y dándole sus tetas, nalgas y piernas a tocar y besar.  Le quitaron la camisa y sobaron sus chiches contra su pecho y lo dejaron que se las besara y chupara.  Liz le sacó la verga del pantalón y ahí delante de todos le dio una breve mamada.  Los aullidos y aplausos parecían aumentar lo cachonda de mi mujer; se paró, doblada de la cintura todavía con la verga de Jim en la boca y Sunny le bajó el panty, dejando su hermoso culo y panocha a la vista de todos.  Al ritmo de la música, se acercó a Jim y montándolo se sobó la cabeza de su verga entre los labios de la vagina y se dejó caer un poco solo a permitir que la cabeza le entrara.  Mientras ella hacía esto, Sunny le pasaba la lengua entre las nalgas y le acariciaba las piernas.

Entre gritos y aplausos de todos, se fueron ella, Sunny y Jim a una de las recámaras.  En algo como media hora más tarde, se abrió la puerta y salieron, Sunny, Jim y Liz, ellas con solo los velos, ligueros, medias y zapatos y el con pantalón y con la camisa y la boca abiertas.  Que visión era mi puta; obviamente se lo cogieron entre las dos hasta dejarlo débil.

Eric fue el primero en poner en mi mano unos billetes de cien dólares y se fue inmediatamente sobre Liz.  Enseguida otros más siguieron su ejemplo diciéndome, solamente la trigueña, o la rubia.   Eric, le chupó las tetas a mi novia y la llevó a hincarse sobre un sofá, le di un condón, y apresuradamente se lo puso, mientras yo le aplicaba algo de jalea al coño de mi mujer, luego fui hacia Sunny e hice lo mismo.

Así uno a uno se fueron cogiendo a mi novia.  Sunny, después del tercer palo, se fue a la recámara donde se cambiaron, y sin decir más, se cambio de ropa; vino conmigo y le di su dinero, incluyendo el extra que le había prometido, pero era de lo que ya me habían pagado por Liz.  Me dijo al oído que le complacía que solo estuviéramos de visita, porque de lo contrario, Liz sería una dura competencia y me dio un beso.

Mi novia estaba en un estado de euforia, dejándose coger, cambiando de posición, y aplicándose un poco de jalea con cada cambio de macho, mientras se la cogían, ella volteaba a verme a mí y a los demás, disfrutando que la viéramos.  Después de varios, dejé de contar cuantos orgasmos tuvo.  Cuando el último de los amigos la volteó y le metió la verga en cuatro patas, vi que Eric estaba viéndole las nalgas con hambre, y Jim se estaba puñeteando viéndola.  Le dije a Eric, “especial de la casa, dos por uno”, y le di dos condones.  Se los pusieron y en cuanto el otro amigo se salió de mi mujer, le puse más jalea, y esta vez le aplique un poco a su ano.  Me incliné y le dije “un poco más y pagas por el viaje.  ¿Te gusta ser la prostituta de estos machos?”  Liz me sonrió y se montó sobre Jim, ensartándose su verga, y paró las nalgas para que Eric se la metiera por el culo.  Poco a poco los guió para que tomaran un buen ritmo y se la chingaran los dos.

Con una cara de gozo, morbo y putería mi mujer volteo a vernos a todos y cada uno de los hombres en ese cuarto obviamente disfrutando el ser el centro de atención, y motivo de morbo de todos nosotros.  Algunos de los muchachos se estaban puñeteando a todo vuelo, mientras otros estaban hurgando en sus carteras.

Jim, chupándole las tetas a mi novia le estaba dando unas metidas violentas, Eric le sacaba y metía toda la verga del ano, golpeando ruidosamente contra las nalgas de mi hembra hasta que se tenso y se chorreo.  Jim también se vino jodiéndola hacia arriba anclado de sus caderas. Liz se desmontó de Jim, y miró a cada uno de los chicos, esperando a el o los siguientes.  Nuevamente uno de ellos me dio unos billetes, y otro más se acercó titubeante como preguntando si podían cogérsela doble otra vez.  Liz, lo tomó de la verga y lo jaló hacia atrás de ella, metiéndose su verga en el culo, mientras el otro batallaba con el condón.

Así se la cogieron esos dos y después dos más se la cogieron por el culo; con el último de estos, Jim tenía la verga parada nuevamente.  Liz lo tomó y se metió su verga en la boca y le dio una mamada al estilo de Ceci.  El que se la estaba cogiendo, arremetía con furia metiéndole hasta el último milímetro de verga en su ano y ella le mamaba la verga a Jim chupándole la cabeza en movimientos circulares hasta que le chupó la ultima gota de semen que tenia, cumpliendo así su promesa durante la ceremonia.  El otro se vino en el condón con un poderoso gruñido, empujándola contra Jim.  Mi novia al ver que ya no se animaban, se paró, tomó el vestido de novia y lentamente, enseñando su hermoso cuerpo, se contoneó al dirigirse al cuarto en que se cambió.  Después de un rato, salió, fresca y radiante vestida con el vestido de novia, caminando hacia mí con una sonrisa de satisfacción a la vez que un aura de cachondez.  Les sopló un beso a los ocho tipos y salimos sin prisa.

En el elevador, la tomé por la cintura y la besé con hambre, lujuria, y pasión; saboreé el gusto a semen en su boca, hasta que se disipó y solo quedó el sabor a su saliva.  Me acogió en su entrepierna y empujó sus chiches contra mi pecho.  Llegamos a lobby y lo cruzamos abrazados.  Sentí las miradas de hombres y mujeres en ella, evidentemente juzgando la pinta de puta y envidiándome.

Salimos del hotel y tomamos un taxi.  La cabeza me daba vueltas y no sabia si decirle que nos llevara al hotel o si darle uno de los billetes que me habían dado los muchachos en pago por cogerse a mi mujer y ordenarle que tomara algún camino obscuro para cogérmela yo.  El taxista me sacó de mis pensamientos preguntándonos si íbamos a una fiesta de disfraces, o a una capilla matrimonial.  Volteé a verla y sin titubear le contesté: “A una capilla matrimonial”.

Liz me sonrió con una pregunta en la cara, me besó y me preguntó si estaba seguro que quería hacer eso.  Le conteste que solo así podría ser más grande mi placer de verla cogiendo con tanto macho; solo sabiendo que era mi esposa haría más completo mi morbo.  Después de todo, ya había sido todas las mujeres que yo le había pedido que fuera:  mi noviecita santa, mi amiga, mi cómplice, mi amante, mi confidente y  mi puta, mi prostituta;  solo faltaba que fuese mi esposa.  La besé y nos fundimos en un rico faje en el asiento del taxi.  El taxista nos veía por el retrovisor disfrutando el cuerpo de Liz que yo revelaba sin preocupación.  Le saqué las tetas del escote y se las mame mientras le metía dos o tres dedos en su concha o le acariciaba las nalgas.  Le dije al taxista que nos llevara a una capilla bonita, y nos esperara para llevarnos a nuestro hotel.

Llegamos a una de tantas capillas nupciales en donde se celebran bodas al vapor.  Liz se compuso un poco el vestido, acomodándose las chiches dentro de las copas delante del taxista quien no disimulaba su gusto viéndole las tetas.  La capilla no era muy elegante, como casi todas las capillas, son un mero procedimiento para justificar una tontería de borrachera capitalizando en las leyes del estado.  La esposa del juez de paz, una mujer madura pero de buen ver, no le quitaba los ojos de encima a Liz, y solícitamente la llevó al tocador para que se retocara el peinado y el maquillaje.  Ahí pretendiendo ayudarle a ajustarse el vestido, le dio un faje a Liz al ayudarla a fijarse el liguero y las medias.  Liz, la dejó que la manoseara a sus anchas, y incluso se hizo el panty a un lado para que le dedeara la panocha y le diera una pasada de lengua. Sin más preámbulo, así fue que nos casamos.

El taxista, nada lento abrazó y besó a la novia, manoseándole las nalgas y tetas, así como el juez de paz, y su esposa me abrazo para felicitarme, y yo aproveché para restregarle la verga mientras Liz recibía lo mismo de su esposo.

Abordamos el taxi y de inmediato seguí fajándome a mí ahora esposa.  Me dolían los huevos de haberla visto coger durante horas y habérmela fajado.  Me imaginé que de haberlo querido, pudimos haber cogido con el juez y su esposa y el taxista, pero esta era nuestra noche de bodas, y la primera cogida de casados sería nosotros solos.

Llegamos al hotel, no se como no tuvimos un accidente, pues el taxista no quitó los ojos del espejo retrovisor.  Al bajarnos, Liz se quitó el panty húmedo de sus jugos y se lo dio al taxista de recuerdo.  Al salir del taxi, nos enseñó la panocha al botones y a mí.

Subimos apresuradamente a nuestro cuarto y por fin la cargué a través del umbral y la deposité en la cama para comérmela a besos, pude finalmente hundir mi cara entre sus piernas y chuparle su coño con el morbo de saber que se la acababan de coger ocho cabrones y se lo había manoseado la esposa del juez y le habían restregado  la verga el y el taxista.  Le quité el vestido y así con las medias, el liguero y los zapatos por fin le metí la verga a mi esposa, prostituta, puta cachonda; no tardé ni cinco bombeadas en venirme, pero ella tampoco duró mucho, seguí cogiéndomela y a las pocas embestidas también me dio un rico orgasmo.

Liz no queda satisfecha cuando se la cogen con condón, parte de su gozo es sentirse inundada de mecos, así que necesitaba un chorro de semen y yo se lo di.  Sin avisarme, me quitó de encima de ella y se montó en mi cara dándome su panocha toda cremosa, llena de mi semen a chupar, mientras ella me daba una mamada para que no se me bajara la erección.  Casi me ahogo con mis mecos y los jugos de su venida; con una ultima lamida de huevos, se levantó y se puso de rodillas al borde de la cama ofreciéndome su culito.  Con gusto le lengüeteé su ojetito y le apliqué un poco de jalea, con la imagen de Eric dándole duro por el culo, se la dejé ir sintiéndola algo más holgada que de costumbre, pero aun así el morbo de darle después de que se la chingaron aquellos tipos me enajenó de morbo.

Un poco más tarde, algo más saciados, nos vestimos y bajamos a la fiesta de Año Nuevo en su apogeo.  Mi ahora esposa, vestida mucho más recatadamente, llamaba la atención y miradas de admiración, vestida con un vestido color vino, largo sin tirantes y unos zapatos de terciopelo del mismo color con tacones de 7 cm., se arregló el pelo hacia un lado, dejando ver su rico cuello, libre para que yo oliera su rico perfume de el.

Celebramos la llegada del Año Nuevo ya casados, como esposo y esposa, marido y mujer, novio y novia, amigo y amiga, macho y hembra, chulo y prostituta; recibiendo halagos y parabienes de todos quienes se dieron cuenta de nuestra reciente unión.

El día y Año siguientes nos encontraron felices y cachondos.  Liz me despertó ensartada en mi verga.  Aprovechó que yo estaba teniendo un rico sueño y me montó hasta hacerme venir.  Se metió a bañar y yo pedí el desayuno y prendí la tele a ver si el mundo seguía funcionando en mi ausencia.  Me perdí en mis pensamientos, y empecé a hacer un recuento desde aquella noche en que ella me confesó acerca de su vida antes de conocerme.  En aquél día llegué a la suma de que 19 tipos se habían cogido a mí entonces novia, incluyéndome a mí.  Además, había tenido relaciones con una mujer.

A partir de ese día, se metió las vergas de 5 hombres, y aunque no se metió las vergas, tuvo conocimiento carnal de dos más, todos estos en compañía mía.  También se cogió o dejó coger por 23 otros cabrones ella sola.  Además, nos habíamos cogido juntos a 7 mujeres, y ella sola a dos más.  Total, desde que se liberó, se había cogido a treinta hombres; ocho de ellos por dinero, se había comido seis mujeres en mi compañía y dos sin mi.  No mal para ser mi noviecita santa, ahora como mi esposa veríamos que pasaría.

En eso, ella salía del baño, justo cuando tocaban la puerta, vio por el pestillo de la puerta al camarero con el desayuno.  Me miró y sonrió; se regresó al baño y abrió la regadera.  Yo también sonreí y me puse tan cómodo como me fue posible en el closet, a presenciar la primera cogida que le darían a mi esposa, y que seguramente daría comienzo a una larga serie empezando con el primer día del año.

Seguimos felices juntos, y si ustedes nos reciben, seguiremos contando nuestros relatos.  Gracias por su tiempo.

Autores: Liz y Pablo

VerdadUne@Yahoo.com

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Gracias a los ladrones

Mi padre delicadamente me apoyó su tremendo pene en mi vagina, lentamente, deseando no lastimarme, sentí un estremecimiento, era mi padre, pero que bien me sentía, una nube me cegaba de placer, llegaba mi orgasmo, le susurré al oído, me voy a correr papi, él me besó los pechos, me mordió los pezones y allí le bañé su miembro con todos mis jugos, estaba llegando al cielo.

Nunca pensé que relataría lo que a continuación haré. Primero debo decirles que preservaré el anonimato por cuanto sé que algunas de mis amistades frecuentan esta página. Comenzaré diciéndoles que tengo en la actualidad 32 años, soy morocha, alta, de cabello negro en melena y un cuerpo que, según mis amistades, es bastante apetecible, sobre todo mis senos que sin ser demasiado grandes tienen lo suyo. Mi nombre, María Eugenia, no es real pero si la historia que paso a relatarles.

Hace unos seis años, cuando todavía no me había casado y vivía con mis padres, mi madre tuvo que viajar por razones de negocios por un par de días. Yo siempre fui una chica independiente y salía y volvía a casa cuando me parecía. No fue distinto esa vez y le dije a mi padre (48 en ese entonces) que me iba al cine y después a cenar con unas amigas a lo que solo respondió “cuídate nena”, Déjenme decirle que vivíamos en un barrio que si no era de lo mejor era bastante de media clase alta. Yo regresé alrededor de las dos de la mañana y cuando me acercaba a mi casa noté que había movimiento inusual dentro de la misma, extrañada abrí la puerta y escuché unos ruidos provenientes del dormitorio de mis padres, me acerqué al mismo sigilosamente pensando que mi madre había vuelto de improviso y estarían haciendo “sus cosas”, justo antes de entrar sentí una voz ronca a mi espalda que a viva voz dijo:

– ¿Quien es esta potra? (yo estaba vestida con una blusa escotada que dejaba ver casi hasta el nacimiento de mis areolas y una minifalda que realzaba mis largas piernas) me volví y vi a un tipo desconocido y con su cara dibujando una sonrisa entre lasciva y amenazante, desde dentro del dormitorio escuché la voz de mi padre que gritó ¡Es mi hija! y suplicando agregó: “Por favor no le hagan nada, llévense todo el dinero que encuentren, pero por favor no la toquen”

-¿Tu hija? – preguntó otra voz desde adentro- y dirigiéndose a su compinche le dijo: – Hazla pasar, loco. Acto seguido, el que había hablado primero me dio un tremendo empujón y fui a caer al suelo muy cerca de un sillón que mis padres suelen usar para mirar la TV. y ahí estaba mi padre sollozando de rabia atado al mismo y sin poder defenderme, se le veía en su rostro la desesperación y la impotencia de no poder hacer nada en mi favor. El segundo ladrón (lo eran y habían entrado a robar, por supuesto), dijo:

-Así que no quieres que nos cojamos a tu “nena”, jajajaja, bueno, ¿que serías capaz de hacer para que nosotros no la pasemos por las armas? – Lo que ustedes quieran – contestó papá. -¿Seguro? volvió a preguntar el mismo tipo, -Si, reiteró mi papá.

A todo esto el primer tipo me había levantado y me había tirado sobre la cama sin ningún miramiento y caí toda desmadejada y creo que uno o dos botones de mi blusa se libraron dejando a la vista mis pechos y mis piernas descuidadamente abiertas dejando ver parte de mi tanga, Yo estaba aterrada porque sabía que los dos hijos de P. iban a abusar de mí delante de mi padre y él nada podría hacer, solo recibir más golpes de los que ya le habían propinado haciéndole sangrar por boca y nariz y parte de una ceja sangrando.

En un momento los dos rufianes comenzaron a secretear entre ellos, aparentemente ideando lo que harían para divertirse conmigo. El segundo tipo se dirigió a mi padre y le dijo, -Bueno, si juras que vas a cumplir todo al pie de la letra lo que te indiquemos, te prometemos que no le tocaremos un solo pelo a tu “nena”. Inmediatamente mi padre dijo – ¡Si!, lo juro. -Muy bien dijeron al unísono los dos ladrones procediendo a desatarlo y ordenándole que se lavara la cara…

Cuando mi padre volvió del baño habiendo cumplido con la primera orden, preguntó, -Bueno, ¿que quieren que haga? El que parecía que mandaba entre los dos le dijo: -Anda y sácale la blusa a tu “hijita” Mi padre esbozo un; -¿Están locos? y recibió una tremenda trompada en la espalda haciéndolo casi caer, Yo, que me había sentado al borde la cama, le dije, – Papi, hacé lo que te dicen o ¡te van a matar! yo repliqué, – Si no lo haces vos lo hacen ellos y será peor para mi (ya llorando desesperada). Mi padre me miró pidiéndome perdón silenciosamente, se acercó a mí y estiró sus manos temblorosas y comenzó a desprender los botones de mi blusa mirando hacia el costado. El otro ladrón le dijo que si no miraba lo que estaba haciendo me cogían sin más, yo le tomé la cara a mi papi con mis dos manos y lo obligué a que me mirara.

Cuando me sacó la blusa los otros dijeron – Ahora le sacas el brassier- mi padre me miró a los ojos y yo le dije con mi mirada que lo haga. Mi padre les dijo: -Bueno, ya está, ¿están satisfechos? Noooo, dijeron al mismo tiempo, ahora queremos que le saques la falda y sus calzones. La cara de mi papá reflejaba toda la furia contenida que parecía que iba a explotar en cualquier momento, yo me asusté de lo que podría pasarle a mi padre si se rebelaba y me puse de pie y me terminé desnudando por mi misma. Mi padre no podía creer lo que veía (estaba viendo que su “nena” era toda una mujer). Yo volví a sentarme en la cama cubriendo mis senos con mis brazos sintiéndome avergonzada y fue en ese momento que le dijeron a mi padre, – Bueno, ahora desnúdate vos también…

El se quedó petrificado al oír esas palabras y no atinó a nada, los ladrones se le acercaron y lo desnudaron en un santiamén (estaba de espalda a mi) y le sujetaron las manos por detrás y lo hicieron girar hasta darme el frente. Nunca había visto a mi padre desnudo, jamás podría imaginar que tuviera un pene del tamaño que se le veía aun en total flaccidez. En ese momento los hijos de puta le dijeron: -Si ahora no te coges a tu “hijita”, lo haremos nosotros porque faltarías a tu promesa.

Yo estaba saliendo del estupor que me causaba toda esa visión y en mi mente se dibujaba el horror que sentiría si esos dos tipos llegaban a tocarme por lo que tomando una decisión extrema me incorporé de la cama acercándome a mi padre que estaba de pie y lo abracé aplastando mis senos en su pecho susurrándole al oído:- Pa, o lo hacemos o me tendrán que matar porque no me dejaré tocar por esos hijos de perra… y uniendo la acción a la palabra bajé una de mis manos y le empecé a acariciar su pene. Por mi mente pasaban imágenes alocadamente las cuales no llegaba a definir pero al mismo tiempo pensaba si realmente mi padre lograría poseerme, en esos pensamientos discurría cuando me di cuenta que su pene empezaba a reaccionar a mis caricias, instintivamente abrí un poco mis piernas y llevé su pene a mi vagina notando con cierta vergüenza que la misma se me estaba humedeciendo. Papá me dijo al oído…

-¿Estás segura que esto no nos hará vivir mal el resto de nuestras vidas? – y yo le contesté, – Peor será que me toquen ellos y tomándole su mano con mi mano libre lo fui llevando hacia el lecho que compartían mis padres…

Mi padre delicadamente me apoyó su tremendo pene en mi vagina, lentamente, deseando no lastimarme, la enterró en mi vagina, sentí un estremecimiento, era mi padre, pero que bien me sentía, sus movimientos me hacían gozar plenamente, una nube me cegaba de placer…Noté desde lo más profundo de mi ser que llegaba mi orgasmo, le susurré al oído, -Me voy a correr papi, él deliciosamente me besó los pechos, me mordió los pezones y allí le bañé su miembro con todos mis jugos, estaba llegando al cielo…

Así ensartada por la verga de mi padre nos dimos vuelta, él estaba muy ardiente, se le notaba en como se movía buscando mi placer, no dejaba de besar mis pechos, sus manos me acariciaban el clítoris junto con su pene, creí que iba a enloquecer, lo besé en la boca, su lengua se trenzó con la mía,  le agradecí entre sollozos de felicidad y cuando me estaba regalando mi segundo orgasmo me dijo – perdón hija – y acto seguido descargó en mis entrañas su espesa savia que junto con la mía se mezclaron en apoteótico encuentro.

Lo que pasó después es meramente anecdótico, solo me resta agregar que hoy, después de seis años de aquel suceso, quiero agradecerles a esos benditos ladrones toda la felicidad que siguió dándome mi querido padre, aun después de casada y hasta la actualidad siguen nuestros encuentros plenos de placer, ambos nos deseamos, ambos compartimos momentos de un placer que es “morbosamente” muy diferente. Besos,

Autor: María Eugenia

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Mi hijo desvirgó mi culo

De pronto se paró y lo noté tensísimo, con mis manos en sus testículos noté que se iba a correr, le dije, llena de esperma a tu madre y al mismo tiempo que con mis propias palabras me corría, sentí un tremendo calor en mi cuerpo y como mis entrañas se llenaban de semen, estuvo con su polla metida en mi ano eyaculando y notando como algún chorro resbalaba por mi ano dilatado.

Si algo me ha vuelto loca de mi hijo Pedro es, aparte de su sexo, son dos cosas: sus hermosos testículos (me encanta palparlos con la mano, sentir lo que pesan entre ellas, bueno al menos cada vez uno pues no me caben en una mano debido al tamaño) y segundo su esperma. Es algo a lo que jamás creí que una mujer como yo se podría enganchar, esa es la palabra, enganchar. Me encanta su textura, su sabor, su temperatura y claro que, sobre todo su abundancia cosa de la que Pedro va sobradísimo.

Bueno, el punto donde dejé mi historia era en la cena de mis amigas en casa. Después de recoger la casa un poco entre Pedro y yo ya se había hecho tarde. Ambos no nos decíamos nada pero sabíamos que habíamos disfrutado de ver como mis contertulias se habían puesto hasta arriba de comer de mi pastel, bueno, de nuestro pastel. Como ya dije, en varias ocasiones tuve que cambiarme de bragas porque si algo viene de familia, es que tanto Pedro como yo, al excitarnos soltamos bastantes fluidos corporales. El caso de Pedro es ya bien conocido y el mío pues más o menos también.

El caso es que en cada ocasión mis braguitas estaban empapadas de flujo blanquecino-transparente, no espeso sino bastante liquido que hacían que mi sexo estuviera brillante durante toda la noche, enrojecido supongo que por la dilatación sanguínea y muy excitado. Mis pechos, a pesar del sujetador que usaba, los notaba hinchados y mis pezones supersensibles. Todo ello por ver a mis amigas, sobre todo a Maribel como le encantaba el pastel que había preparado con la eyaculación de mi hijo la mañana antes de la cena. Todo eso hacía que durante la cena y después de la misma oliera continuamente a mujer excitada, a vagina, cosa que intentaba disimular durante la misma abriendo un poco las ventanas aludiendo el calor que provocaba la bebida que tomábamos. Quizás era mi olor o el de alguna amiga que se habría excitado pensando vete a saber que.

Por otra parte, sabía que Pedro también estaría muy excitado porque mientras cenábamos y luego recogíamos la casa, se echaba las manos de vez en cuando y con disimulo sobre sus testículos, levantándolos, síntoma inequívoco (lo conozco) que le molestan un poco debido al peso que aguantan y que la producción de su esperma ha aumentado, necesitando (y como dijo el médico) vaciar para relajar la musculatura del escroto.

Cuando terminamos de recoger, nos pusimos más cómodos y nos tumbamos en el sofá. Halamos de la cena y evidentemente ambos queríamos follarnos mutuamente. Hasta ese momento solo lo habíamos hecho una vez y no quise que eyaculara en mi interior pues no tomaba pastillas anticonceptivas.

Pedro me abrió el camisón, y sacó mis pechos al exterior, apoyándolos sobre la costura del camisón, haciéndolos más grandes de lo que aún son. Estaban rosados, hinchados, mis areolas las noté súper oscuras (bueno las suelo tener oscuras casi siempre y bastante grandes pues casi ocupan mi pecho, cosa que en sus días me traía complejos) y mis pezones durísimos. Pedro estuvo jugando con su lengua bastante rato, aprisionándome los pezones, estirándolos con sus labios. Lamiendo todos los rincones de mis areolas. Me dejó los pechos completamente llenos de saliva, entre ellos, en mis pliegues.

Yo no decía nada solo cerré los ojos porque me encontraba súper excitada. Así me fue lamiendo toda, centímetro a centímetro llegando a mi ombligo, a mi sexo que olía mientras pasaba su lengua sobre mi braga.

Yo me dejaba llevar ya pues, la verdad no tenía fuerzas para negarme a nada. Me bajó las bragas, llevándose con ellas parte de mis flujos adheridos al protector de la misma. Las olió y me las dio a lamer. Solo me limité a abrir la boca y sacar mi lengua. Estaba comiéndome mis propios flujos de la mano de mi hijo. ¡Que locura! Cuando separo mis piernas notaba el aire correr en mi interior como si me hubieran desnudado en un día de frío. Me lamió los labios mayores, menores, metió su lengua en mi vagina como follándome con ella, lamía mi clítoris dando suaves círculos alrededor con su lengua al mismo tiempo que lo estiraba con sus labios hacia arriba. Lamía mi ano (que sensación más indescriptible), metía su lengua como follándome también.

Poco a poco fue apoyando sus dedos sobre mi esfínter mientras su boca succionaba mi clítoris. Es una sensación rarísima porque al menos yo no podía controlar cuando quería orgasmar o no. La humedad de mi sexo y sus labios mojados hacían que un dedo, dos se acomodaran fácilmente en mi ano mientras yo no pude más  y orgasmé, eyaculé gritando con el cojín en la boca para no hacer ruido, notando como la lengua de Pedro recogía los grumos lechosos que salían de mi sexo mientras recorría las sensaciones orgásmicas por todo mi cuerpo. En todo ese tiempo mi trasero se había acostumbrado a sus dedos pero no puede evitar sentir algo de malestar cuando los retiró.

Descansé un poco y me lo senté en el sofá, le bajé el pijama, lo abrí de piernas y así de rodillas frente a él, me puse a lamer todos sus genitales, poro por poro. Me encanta sentir como sus testículos se elevan al paso de mi lengua. Me encantan, son grandes, pesados y me vuelven loca, los cojo con delicadeza pero firmemente y dejaba lleno de saliva su pene que poco a poco cogía todo su esplendor. Lo cual en cierta forma es un problema para mí porque desgraciadamente me cabe poco más que su glande en la boca y aun así me siento la boca muy abierta debido al tamaño. Estuve más ajeándole los huevos y lamiendo su pene por más de quince minutos hasta que yo la necesitaba en mi vagina que ya mojaba el suelo de nuevo con gotas de mi excitación. Me puse sobre él a horcajadas, mis pechos en su boca y sin necesidad de apuntarla ni nada, la propia humedad fue guiándola hacia mi vagina.

Mis piernas estaban estiradas pues sus 25 cm en erección se hacen notar y tengo que ponerme con las piernas apoyadas en mis rodillas bien derechas para iniciar la follada. Me cogió por las nalgas, sus dedos apoyados en el esfínter anal y poco a poco me la fui introduciendo siendo yo quien llevaba el ritmo para no hacerme daño. A las tres o cuatro subidas yo orgasmé de nuevo sintiendo como mis flujos chapoteaban en mi vagina cada vez que su polla entraba y salía de ella. Él no se corrió a pesar de que le dije gritando córrete Pedro, córrete, pero no me hizo caso. Caí rendida con todo su miembro en mi interior, empalada, ensartada como una perrita caliente, y con su pubis lleno de restos vaginales de mi corrida.

Me levantó con las manos con delicadeza y me dejó así en el sofá, de espaldas a él, yo mirando el respaldo del sofá. No me dijo nada, se coloco así detrás de mí, pensé que iba a follarme otra vez en esa posición (que nunca habíamos hecho) y en un minuto la tenía dentro de nuevo. Esta vez la sentí muy diferente, parecía que me levantaba con su polla el culo, tocando las paredes de mi vagina por un sitio diferente y es que, desde luego, las posturas se sienten diferentes cuando el miembro que te ensarta es de un tamaño u otro pues con mi ex – marido no la sentía así. El caso es que empezó cada vez a bombearme más de prisa y terminé por orgasmar por tercera vez consecutiva en la noche. Pedro sacó su miembro de mi vagina chorreante oyéndole decir, jodeer!

Mamá me la has dejado chorreando. Yo no tenía fuerzas para nada, solo quería que se corriera ya.

Mientras me hablaba, apoyó su glande en mi ano, súper lubricado de restos de mis corridas, supongo que algo dilatado de sus dedos etc… Me asusté, pero él con sus manos me tranquilizó. Sabía que me iba a doler una barbaridad. Estuvo como cinco minutos empujando poco a poco y en el mismo instante que ese glande entró en mi ano creí morirme, grité, le dije desesperada que lo sacara, por favor, sácalo me duele mucho me vas a provocar una rotura por favor Pedro. No me hizo caso estaba salidísimo y dejo así su glande metido en mi ano como cinco minutos más a la espera de que yo dejara de respirar tan profundamente y rápido.

Me quedé transpuesta, medio mareada pero me desperté de nuevo cuando notaba como Pedro empezaba a empujarme con su pene. Metió su mano en mi vagina, mojándola, recogiendo flujos con su mano que se ponía a lo largo de su pene.

A los diez minutos o más tenía sus 25 cm de polla metidos en mi ano. Me notaba completamente abierta, dilatada, llena, pinchada. Yo no podía moverme para nada, casi no podía respirar. Cuando ya estuvo acomodada del todo, lo noté porque sus testículos tocaban los labios vaginales, me puso una de sus manos en mi vagina, recogiendo con sus dedos mi clítoris. Me fue masajeando masturbándome para no sentir esa cosa en mi ano, poco a poco me fue excitando de nuevo y sin darnos cuenta ambos nos movíamos. Él cada vez más fue sacando parte de su pene de mi ano y metiéndolo de nuevo, cada vez más  de prisa pero sin exagerar. De pronto se paró y lo noté tensísimo, le cogí los huevos con mi mano entre mis piernas pues a cada embestida me daba un sonoro plas!

Entonces con mis manos en sus testículos noté que se iba a correr. No pude decirle que si, hijo mío córrete, llena de esperma a tu madre y al mismo tiempo que con mis propias palabras me corría, sentí un tremendo calor en mi cuerpo y como mis entrañas se llenaban de semen. Ahora si que notaba presión en mi culo, estuvo con su polla metida en mi ano eyaculando cinco minutos o más no dejando de soltar esperma y notando como algún chorro debía resbalar por mi ano dilatado. Es como si me hubieran puesto un enema, fue una sensación rarísima pero no desagradable.

Pensé que si me había eyaculado lo que normalmente hacía, unos 450 o 500 ml no podía sacarme la polla e ir yo al baño porque no llegaría. Así que y a pesar de la vergüenza, así yo ensartada por Pedro en mi culo fuimos al baño. Abrimos el WC y rápidamente al mismo tiempo que sacó su pene (con cuidado pues me dolía una barbaridad, me senté el wáter, notando como una gran cantidad de esperma salía de mi ano.

Estuve así sentada más de diez minutos sacando semen, brotando de mis intestinos. Y así sentada tuve unas enormes ganas de hacer de cuerpo. Así que lo hice. Cuando terminé, me limpié y me asusté porque tenía el ano enorme, me cabía todo, aunque no sangre.

En fin, ahí quedó todo, la primera vez que me desvirgó el culo mi hijo y la primera vez que se corrió en mi interior y no fue en mi vagina. Que le vamos a hacer, las cosas estas no se eligen.

Un beso a todas y todos los lectores.

Autora: Lauracad

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Mi novio y su amigo

El amigo comenzó a cogerme con la verga rozándome el clítoris, así es que hizo venir otro par de veces, mientras que yo se lo mamaba a Jorge, el cual explotó llenándome la boca y embarrándome la cara de esperma, mi novio es todo un semental, su amigo se vino un par de minutos después dentro de mí, con unos espermas hirvientes que sentía que me quemaban.

Me presentaré un poco, me llamo Claudia, vivo en Guadalajara, México y tengo 20 años, hasta hace un par mis hermanos y primos creían que yo era algo así como una monja, aún cuando tengo sexo intenso desde hace mucho, es la ventaja de ser discreta.

Era un sábado como cualquier otro, caluroso y solitario, estaba sola en casa, mi novio estuvo fuera de la ciudad 15 días, me metí a bañar para quitarme la calentura, aproveché para rasurarme la vagina, estaba  tersa y suave, la tengo larga y profunda, con labios vaginales cortos, en fin a los hombres generalmente les encanta.

Salí de bañarme y me puse una tanga blanca y una playera que llegaba apenas a tapar la parte baja de las nalgas, como estaba sola en casa, me acosté en mi cama a ver la TV, en eso escuché ruidos de un carro afuera, me asomé y vi que llegó mi novio Jorge, wow, en ese momento pensé en las cogidas que me daba y me mojé todita.

Bajé corriendo las escaleras y abrí la puerta, me quedé pasmada cuando vi a Jorge con un amigo, al cual yo había visto un par de veces…

Ho, ho, hola le dije, disculpen la facha, déjenme ponerme algo más presentable, espera me dijo Jorge, vine a avisarte que ya regresé, y a que mi amigo vea lo buena que estás, acto seguido, me levantó la playera y me giró para que le mostrara mis nalgas a su amigo, eso me súper calentó, obviamente el amigo se quedó con los ojos cuadrados, al verle la cara de pazguato, le pregunté: ¿te gusta lo que ves?

El solo dijo claro que si, yo estiré la mano y comencé a tocarle su  miembro a Jorge y al amigo también, ooohh, tiene una verga  gruesa y dura, se la saqué por un lado del short (venían de jugar fútbol), y comencé a acariciársela.

El amigo se sacó su miembro que era igual al de Jorge, a lo mucho 15 cms, yo me giré y me empiné para meterme el garrote de Jorge a la boca, bueno lo que me cabía, su amigo se paró detrás de mí, y sin más me hizo a un lado la tanga y me metió su garrote.

Se sentía delicioso, yo le seguí mamando el chorizo a Jorge, de repente Jorge se hizo hacia atrás y se sentó en el brazo del sofá, junto a la pared por si venía alguien a la casa, su amigo seguía metiéndomelo, pero de repente el amigo incrementó la velocidad de sus embates de manera espectacular, me cogía como un perro, y yo comencé a venirme.

Yo le mamaba la verga a Jorge como desesperada mientras que su amigo me cogía como locomotora, de repente Jorge dijo, a ver ahora me toca a mí. Se sentó en el sillón me puso de espaldas a él y yo me senté en su escopeta…

Aaaaggghh, ooohh, la vez pasada que me cogió yo creo que andaba muy tomada, me costó muchísimo trabajo meterme la enorme cabeza, poco a poco fue entrando y yo sentía como me partía en dos.

Finalmente me comí toda su verga, me sentía mareada aturdida, repentinamente me di cuenta de que tenía la verga de su amigo en la boca, así es que no la desaproveché y se la mamé, me vine como tres veces más con la poderosa escopeta de Jorge ensartada dentro de mi, cuando comencé a sentir que me inundaba con litros de esperma ardiente, yo me vine en ese momento y su amigo me hizo el favor de darme una mascarilla facial de esperma.

Con cuidado me desmonté de la verga de Jorge, y oh sorpresa, la tenía igual de dura que antes de venirse, así es que me puse a mamárselo, a los dos minutos su amigo estaba listo de nuevo para la contienda, así es que me abrió las patas y me clavó la verga…

La verdad es que no la sentí mucho, Jorge me había dejado la vagina como para que me entrara un poste por ahí, Jorge sugirió que me cogieran los dos al mismo tiempo, pero yo los mandé al carajo, por el culo solo mi novio me la mete.

El amigo comenzó a cogerme con su acostumbrada velocidad, con la verga rozándome el clítoris, así es que hizo venir otro par de veces, mientras que yo se lo mamaba a Jorge, el cual explotó llenándome la boca y embarrándome la cara de esperma, mi novio es todo un semental, su amigo se vino un par de minutos después dentro de mí, con unos espermas hirvientes que sentía que me quemaban.

Después de lavarme y de que se fueron, me acosté a dormir y tuve otro orgasmo mientras escurrían espermas y flujos vaginales de mis entrañas…

Autora: Claudia

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El fontanero nos desvirgó

Nuestro semental, mi Beto nos ha cogido a todas, toda esa tarde del sábado y el domingo hasta el medio día, siempre lo hizo así, una eyaculación por cada dos hembras que se cogía y nos ha dejado satisfechas a todas por igual.

Describiré a mis amigas: Dulce es la más simpática de todas, también la más aventada, tiene buen cuerpo, pero es rellenita, grandes pechos, pelo rubio, estatura mediana. Giovanni es más esbelta, pelo negro, piernas largas, pompis bien formadas, pechos normales, tiene lo suyo, aunque su forma de vestir oculta mucho su figura, es buena amiga, confidente. Mónica, acepto que tiene un cuerpazo, es la que más hace ejercicios, es parte del equipo de atletismo, cuando hay juegos intercolegiales, es la que más aclaman los muchachos, cuanto participa en sus rutinas.

Es muy bonita, pelo largo a la cintura, trigueña, tiene pechos más prominentes que los míos, una cinturita de avispa, bonitas caderas y unas pompis más respingonas que las mías, muslos fuertes y unas piernas bien torneadas, los muchachos del cole tienen que voltear, al verla caminar y ella disfruta eso.

Bien la semana pasada les platiqué a mis amigas, como me había cogido Beto el fontanero, mi amante clandestino con lujo de detalle y hasta se pusieron muy cachondas y decidieron que ellas también querían que se las cogiera les recordé que la tenía muy grande y que no sabía si iban a soportarla, todas dijeron que estaban dispuestas a hacerlo e hicimos un pacto que ninguna podía echarse para atrás. Empezamos armar un plan; dónde, cómo y cuándo.

Dulce dijo que ella conseguiría un departamento de un primo que estudia en la universidad y que se va los fines de semana a otra ciudad donde vive su novia, Giovanni pedirá el auto de su mamá para trasladarnos y recoger a Mónica que llevara una botella de brandy hielo y refrescos, para darle ambiente a la situación y yo me pondré de acuerdo a mi amante clandestino, hoy es lunes y la cita será el próximo fin de semana y les diremos a nuestros padres que tendremos una fiesta de fin de semestre que se le llama fin de semana en pijama.

Hoy es miércoles, estamos reunidas para ver como va nuestro plan, Dulce confirma que ya consiguió la llave del depa, Giovanni dice que batalló un poco con su mamá para convencerla, pero le dijo que era una fiesta de pijama y que no saldríamos a la calle, que solo nos trasladaríamos al lugar, Mónica le pidió dinero a su papi ya tiene previsto las compras, yo ayer estuve hablando por teléfono con Beto (conversación); Riiing… riiing… Hola es don Beto el Fontanero ¡Si diga! Ah hola soy su princesa Sofi.   Ah si permíteme un segundo…

Hola mi princesa que gusto escuchar tu voz mi amor, en que puedo servirte soy todo tuyo… Ok mi amante clandestino tengo muchas ganas de estar contigo otra vez, te deseo ¡quiero más! Quiero que me vuelvas loca que me lleves hasta las estrellas ¡Si!… si mi princesa cuando tú quieras y todo lo que quieras… Ah y te tengo una sorpresa y prepárate para todo el próximo fin de semana… Mmmm… de que se trata…  Primero dime si estás dispuesto y no te eches para atrás…  No tratándose de ti soy todo tuyo…

Me lo aseguras… Si… ok es que tengo tres amigas íntimas que les platiqué como me cogiste la vez pasada con lujo de detalle y se pusieron muy cachondas y ahora quieren que se lo hagas a ellas también y será su primera vez ¿qué dices?… Por ti será un placer… Ok prepárate para la batalla, el viernes te llamaré a las 4:00 p.m., para darte las instrucciones. Ok mi amante clandestino… espero tu llamada.  Está bien, besotes bye.

Bien chicas todo esta arreglado, por cierto como andamos con el ciclo menstrual, todavía andamos igual con un dia de diferencia, siiii al unísono, entonces no habrá problema.

Hoy es sábado y estamos en el departamento es muy bonito, tiene una sala espaciosa, un sillón grande con muchos cojines, lámparas de ambiente, hay una cocineta y la recámara aparte con su baño y un frigobar, tv y un componente estereofónico. Mónica está poniendo música, Dulce esta bailando como teibol-dance, Giovanni esta preparando unas bebidas campechanas, mi amante clandestino está por llegar, todo nos causa risa, es de nerviosismo por lo que nos espera… toc… toc… toc. Ha llegado corro y abro la puerta. Hola…  Hola mi princesa… Me abraza y nos damos un beso, pasa, entra… Hola a todas como están… bien al unísono…  Veo que se divierten… Bien chicas les presento a Beto. Hola dice Dulce, mucho gusto dice eres tal como dijo Sofi y le da un beso en la mejilla, mira ella es Mónica. Hola le regala un sonrisa como prueba de aceptación, Giovanni él es Beto. Hola bienvenido, póngase cómodo, gusta algo de beber, si por favor, en un momento.

Pasamos a sentarnos a la sala, por las amigas de Sofi ¡Salud! Bebemos unos sorbos, se relaja el ambiente.

Chicas dice Beto, relájense se a lo que vine, ustedes no harán nada que no quieran hacer, sólo dejen que su pasión aflore no la repriman estamos en confianza bueno… Siiii al unísono, me abraza por el talle y nos fundimos en un beso largo, exploro su lengua y él la mía, nomás de sentirlo cerca comienzo a calentarme. Dulce está del otro lado de Beto mirando nuestro manoseo, le sobo sus anchos hombros, sus brazotes, es todo un macho semental, me besa por el cuello y me desabrocha mi blusa y mi sostén, me dejo hacer, succiona mis pezones, le sobo su cabello por la nuca que rico siento, su mano me soba la entrepierna, me abro a él, ellas están atonititas, no atinan que hacer solo miran, sin dejar de succionar mis tetas Beto se desabrocha su camisa, Dulce reacciona y le ayuda a sacarla, comienza a sobarle la espalda y se mira aquel cuerpazo de macho, yo aprovecho y me saco la falda.

Dulce restriega sus tetas contra la espada de Beto por encima de su blusa, Giovanni y Mónica se cruzan miraditas y sonrisas, Beto junta mis piernas y saca mi Bombachita ya estoy muy caliente, me abro para él, comienza con su lengua su trabajo, es el delirio, bebe mis jugos que ya están derramados, lo tomo por los cabellos, mmáaaasss, asíiii, aahh, que rico, aahh. Giovanni y Mónica se llevan una mano a uno de sus pechos y la otra a su entrepierna, se relamen los labios sin quitarnos la vista de nuestro hacer, Beto se pone de pie, se saca sus zapatos y desbrocha su pantalón, se nota un gran bulto, ahora viene lo bueno. Dulce está sentada a mi lado ya se ha quitado la blusa y su sostén y brotan sus grandes pechos con sus hermosos pezones, Beto le envía una sonrisa de aprobación, ella se la devuelve. Beto saca su pantalón y su trusa, a la vez bota su enorme mástil negro azulado, volteo a verlas y están atonititas con sus bocas abiertas, acerco mi cara, lo tomo con mis manos y me lo llevo a mi boca.

Comienzo a succionar apenas si lo abarco con mis labios abiertos al máximo, Dulce se me une para disfrutar del manjar, me dice al oído es enorme no me va a caber, si te cabe le digo, comenzamos a lamer ella por un lado y yo por el otro, Giovanni y Mónica siguen pajeándose, le dejo a Dulce deleitarse con el mástil a placer y le saco su jeans y coopera muy bien, ya está muy caliente, se sienta para que le retire su jeans y su tanga, Beto se arrodilla ante ella y Dulce cierra sus ojos y abre sus piernas, se está entregando y le empieza a mamar su conchita carnosa y eso la enloquece ay, ay que rico, aah, lo hala de los cabellos y pide más, así así así mmmm haaa ahora la conchita ha crecido al máximo esta lista mi beto toma su mástil y lo dirige a la entrada Dulce se abre más, le pone el glande y le da unos brochazos, aaaaay, yaaaaa… yaaaaa, por favor, le pide, él empuja un poco, se detiene, la toma por las caderas y embistió. Se la metió hasta la mitad.

Dulce abre su boca al máximo y halaba aire y fruncía el seño, pero pide más. Beto se la sacó un poco, se miró en el mástil con unos hilillos de sangre y sin misericordia se la metió hasta donde le cupo, no se la engullo toda y así se quedó unos dos minutos sin moverse. Cuando Dulce se relajó y abrió los ojos, no podía creer lo que estaba viendo, cerró sus ojos y dijo: dale, dale ya y mi Beto comenzó con el mete y saca, y Dulce empezó a gozar de lo lindo. Mmmm… aaahhh… mmmm… aaahhh… que hermosas embestidas, el vaivén de las caderas de mi Beto.

Mónica no aguantó más se sacó todos sus trapos y salió a relucir su hermoso cuerpo de diosa y empezó a sobarle la espada a mi Beto, una señal sin palabras que ella también quería ser poseída en ese instante, pero Beto estaba ensimismado con Dulce dándole sin parar y Dulce empezó aaahhh… mmmmm… ya, ya, ya papacito, mmmmm, aaahhh que rico, aaaahh, un dulce e intenso orgasmo, Mónica le restregaba las tetas en la espalda como tratando de decir que ya estaba caliente, mi Beto se retiró de Dulce y se sentó a su lado con el mástil apuntando hacia arriba embarrado de jugos, Dulce se quedó como si fuera un mono de trapo y le escurrían hilillo de sus propios jugos por su entrepierna, pero con cara de felicidad.

Mónica ya esta tumbada con una idea fija en su mente, atrapó con sus manos aquel gran instrumento que acaba de hacer gozar a Dulce y se lo introdujo en su boca, no le importó los jugos de Dulce, lo estuvo succionando un buen rato mientras tomaba un descanso mi Beto, se la chupa y le dirige miradas como diciendo ya métemela, en ese instante se acercó Giovanni a chupar el rico caramelo, lo estuvieron compartiendo por unos minutos, mi Beto tomó su segundo aire y tomó a Mónica y la sentó en el sofá, le abrió las piernas y empezó a darle una mamada como nunca y le decía que rica estás Mónica te voy hacer gozar como nunca has gozado, si házmelo por favor ya estoy muy caliente, ya lo quiero, si, aaahhh, si, aahh, ya por favor si. Mónica abrió sus piernas y mi Beto le acercó su instrumento, ella lo agarró con su mano y se lo puso como con desesperación en su entrada. Estaba lista.

Mi Beto se la empezó a meter poco a poquito, con unos pequeños mete y saca, pero entrando cada vez más, cuando topó con algo se detuvo, la dejó descansar un instante para que se relajara, cuando eso pasó se la sacó hasta la punta y se la dejó ir hasta el fondo. Aaaaay, mmeeee duele, síguele no me importa gritó y comenzó el hermoso mete y saca con toda la extensión del instrumento. Lo sacaba hasta la punta y lo metía con una maestría colosal de inmediato. Mónica comenzó con unos temblores incontrolables uno y otro más y otro más y el hermoso vaivén de mi Beto la tenían al máximo del éxtasis.

Aaaaaahh… mmmmm… aaaaaaahhh… mmmmmmm que rico, aaaaahhh… Mi Beto se la dejó toda adentro, hasta el tope y se miraron, las contracciones y los espasmos de la vagina de Mónica succionaban el pene de mi Beto y ya no pudo aguantar más ooooooohh… aaaaaahh… Ooohh… con cada chorro de esperma mi Beto se estremecía, pero sin sacársela ni un centímetro a Mónica, ella se colgó del cuello y le dio un beso de lengüita aún así ensartada como la tenía, como agradeciéndole la gozada que le había dado, mi Beto volteó a ver a Giovanni y le dijo me he reservado para ti lo mejor, solo espera que me reponga y Giovanni le dio un beso como aprobación. Aún tenemos tiempo para hacerlas gozar a todas dijo. Se retiró de Mónica sacando su pene flácido, se fue al baño, se lo lavó, se puso una toalla a la cintura y nos llamó a recostarnos en la recámara para relajarnos. Todas nos recostamos alrededor de él, nuestro macho, nuestro espécimen semental.

Todas sabíamos que le tocaba el turno a Giovanni. Queríamos aprovechar el tiempo al máximo y nuestro semental. Giovanni se fue a la cocineta y preparó unos emparedados, la cogida nos había sacado hambre. Todas nos quedamos en nuestras bombachitas y con los pechos al aire. Aquellos momentos habían estrechado nuestros lazos de afecto y también estábamos prestas para cuando se reanudara la acción. Giovanni le preguntaba a las muchachas si duele mucho, no en realidad lo que pasa es que cuando se platica se exagera, pero cuando lo estás haciendo y con toda la pasión y calentura no es tanto, le decían Dulce y Mónica porque el placer supera por mucho el dolorcito hasta se te olvida, y quieres más y más y con esa vergota sientes que te llenas por dentro y te da más placer y ella ya estaba más interesada.

Ven Giovanni acércate dijo mi Beto, ven excítame, excita el instrumento que te va hacer gozar, ven bésala y abrió la toalla y tomó el pene, se lo empezó a pajear poco a poquito de arriba abajo y se empezó a endurecer. Giovanni es la que tiene la boca más grande y con facilidad le daba cabida al instrumento, se lo succionaba con frenesí y como si lo adorara yo me uní a saborear tremendo pene, lo recorríamos todo, sentía en mis labios las venotas en toda su extensión, acostó a Giovanni de espalda a la cama y le hizo un 69, yo le saqué las tanguitas y mi Beto le empezó a dar una mamada en su conchita, de inmediato empezó a gemir, pero con el instrumento en su boca puros gemidos ahogados. Mmmmmm… mi Beto se quitó y se puso de espaldas a la cama con la vergota apuntando al techo y le hizo señas a Giovanni para que lo cabalgara.

Giovanni se montó y la punta le quedó en la pura entrada de su conchita, el glande le abría poquito sus labios vaginales y por el pene se escurrían ya los jugos de Giovanni que está ya muy caliente, empezó a descender  poco a poco, cuando le dolía retrocedía, así estuvo buen rato, pero la pasión y la calentura es más poderosa y se lo fue ensartando y rompió su himen y siguió engullendo todo el vergón hasta los testículos increíble, pero se notaba su inmensa calentura, así se estuvo unos instantes, el placer te empuja a buscar más placer.

De inmediato comenzó el sube y baja con un frenesí incontrolable, cada vez que lo sacaba decía aaaaaaayy que rico, se dejaba caer y sus labios vaginales tocaban los testículos. De momento empezó a contorsionarse señal inminente del orgasmo, se lo metió todo y empezó a sacudirse como si tuviera epilepsia. Aaahh… Aaahh… Aaahh… Aaahh, mmmmm, me matas, aaahhh, mmmmm… aaahh y se dejó caer en el pecho de mi Beto todavía bien ensartada y miramos por atrás las contracciones de su vagina.

Dulce, Mónica y yo cruzamos miraditas y sonrisas concientes de lo que acababa de pasar, Volví a recordar la imagen de mamá cuando estaba ensartada en la misma posición en la que tenían a Giovanni y eso me puso a cien, yo también quería coger ya. Giovanni se desensartó del vergón y se recostó con una cara de felicidad que no podía con ella, yo agarré y me puse en posición de 69, mi Beto me recibió con gusto y empezó a darme una mamada fenomenal, pero yo traía en mente que me cogiera por mi conchita y ya que estuviera bien caliente me la metiera por mi culito virgen para enseñarles a mis amigas que también por ahí se goza.

Ya no aguantaba mi calentura, le di un mamadón grandioso, me quité y me di vuelta y me ensarté el gran instrumento, todo y de un golpe, que delicia, que ricura, aaaaahhh, cerré mi ojos y empecé hacerle igual como lo hacía mamá, te restriegas el punto “G” con lo más grueso de la verga, eso te lleva al cielo. Aaaahh no quería venirme todavía, me agaché y le dije al oído a mi Beto cógeme por el culito que lo tengo virgen para ti, nos dimos vuelta y así ensartada sin salirnos, quedó arriba de mí, me recogió las piernas contra mi pecho y me estuvo dando otras riquísimas embestidas como él sabe hacerlo, ya en esa posición quedó mi culito expuesto y a su merced.

Sacó todo su vergon de mi vagina y lo dirigió a mi culito virgen, dijeron todas, la va a destrozar, no le va a caber, pero yo ya estaba decidida y muy caliente, metió sus dedos en mi vagina para remojarlos con mis jugos y luego los metió en mi culito, poco a poco para que se acostumbrara, ya de rato me puso su vergón en la entrada. Empujó y entró el glande, me dolió, pero le dije que siguiera y así a pequeños mete y saca me la fue metiendo, las muchachas cuando las miré no salían de su asombro de lo que estaban viendo, ya llevaba la mitad metida cerré los ojos y dije dámela toda y así fue, me la dejó ir toda, ahora mi anito está estirado al máximo. Dale, dale, así, así, así, toda, mmmásss, aaaaahh, así papacito, máaaasss, aaaaahh que rico, aaaahh.

Se me vino un orgasmo interminable y sentía las contracciones de mi culito en aquel vergón que me estaba haciendo gozar al máximo. Aaaaaahhhhh… Aaaaahhh, quedé sin fuerzas. Y así nuestro semental, mi Beto nos ha cogido a todas, toda esa tarde del sábado y el domingo hasta el medio día, siempre lo hizo así, una eyaculación por cada dos hembras que se cogía y nos ha dejado satisfechas a todas por igual.

Todavía me duele el culito al estar sentada escribiendo este relato, ellas quieren que les de por el culito, pero todavía no se animan ya les contaré, esa será otra historia.

Espero sus comentarios

Bye besos.

Autora: Princesa Sofi

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