Alguien que me escuche

Me asió por los hombros jalándome sobre su verga, moviéndome al ritmo de él, metiendo y sacando por completo su pene, y empujándolo cada vez lo más profundo posible, sentí como tocaba lo más recóndito de mi vagina, traté de mantener el ritmo que llevaba y no aguanté más, empecé a regarme sobre él, mis gemidos debían oírse hasta la calle, pero no me importaba.

Necesito que alguien me escuche, y en esta página encontré el lugar para hacerme oír. Llevo casada 9 años, y mi matrimonio no ha funcionado muy bien. Los primeros años fueron de sexo abundante, salvaje, de probar todo cuanto se nos ocurrió, desde los tríos HMH, los juegos sexuales, los juguetes, el BDSM (de manera “soft”), hasta el incesto, (tuve un pequeño desliz con su hermano). No había cosa que no nos atreviéramos a probar, excepto lo del trío MHM, y aunque soy bisexual siempre he sido muy celosa, y accedí a hacer y dejarme hacer todo lo imaginable con tal de no llegar a eso, y el más que de acuerdo con que le cumpliera todos los sueños, aunque ese no.

Al inicio de este noveno año de casados, no sé qué ha sucedido, las cosas no marchan igual, rara vez nos damos tiempo para coger, disfrutar realmente, cosa que era una de nuestras obsesiones, después de hacerlo en todos los rincones, de todas las maneras, aunque disfrutábamos los encuentros cada vez más ocasionales, eran cada día más esporádicos. Empecé a contactar gente por internet, a compartir pláticas subidas de tono con ellas, inclusive probé el sexo virtual, pero no me satisfacía, aún cuando llegué a masturbarme hasta 6 veces diarias, más quizá en alguna ocasión. Entre más lo hacía, más quería, y mi esposo parecía no darse por enterado, mis dudas empezaron a surgir, quizá no estaba ya atraído por mí, estaría aburrido de la vida que llevaba conmigo, que había dejado de amarme, y de ahí llegué a pensar que estaba viendo a otra u otras personas, que yo ya no lo llenaba y que tuvo que salir a buscar lo que ya no encontraba en mí.

Con esa idea en la cabeza, una mañana de tantas que lo noté sospechosamente arreglado “para ir a trabajar”, se lo comenté y su reacción no me aclaró nada, se ofendió y salió de la casa sin siquiera despedirse, acrecentando mis dudas y haciéndome creer aún más que no estaba yo tan equivocada. Mi corazón se desmoronó, pero mi orgullo fue más lastimado así que decidí salir en ese momento y desahogarme. Muy cerca de la casa, hay un taller mecánico, así que me hice una cola en el cabello, me calcé unas sandalias, y salí así, tal cual había dormido, con un short gris diminuto y entallado, y una camisetita ombliguera holgada y color rosa, sin sostén y con un bikini blanco pequeñito bajo el short. Al llegar al mencionado lugar, caminé por entre los autos “buscando” al encargado, pasando al lado de él en repetidas ocasiones, sin “notar” su presencia debajo de un auto, y cada vez dejándole ver los senos asomándome dentro del auto, como buscándole, al no “encontrar” a nadie, empecé a caminar contoneándome hacia la salida del autoservicio y el hombre me habló a la vez que salía debajo del auto.

– ¿Buscaba a alguien, señorita? – me dijo mientras limpiaba sus manos y se dirigía a mí, era un tipo feo, bajito de estatura, la verdad no muy agraciado, pero era hombre, y eso me bastaba para descargar mi furia.- Vivo en esta misma calle, unas casas hacia allá y no sé que le sucedió a mi bicicleta, ¿podría usted ayudarme?- Pues tráigala y veo si puedo hacer algo por usted.

Salí con paso apresurado del lugar, pero sin perder el contoneo y el coqueteo, dejando caer las llaves casi al salir para poder inclinarme y mostrarle las nalgas. De reojo pude ver cómo no podía quitar la vista de mi culo mientras me alejaba. En el trayecto a mi casa iba pensando en lo que estaba haciendo, pero mi ira era mayor que mi raciocinio y apreté el paso, saqué la bicicleta de la cochera y no supe que hacer, ¡la bicicleta no tenía nada! así que aflojé la cadena como pude, le saqué uno de los pedales, tiré del manubrio para aflojarlo, le saqué el aire a los neumáticos, bueno hice lo que se me ocurrió con tal de echar a perder lo más posible la bicicleta y volví al taller, el hombre me esperaba ya afuera con una risita nerviosa.

– Pues déjela aquí, la voy a revisar y vuelva en media hora. – Ay, ¿en media hora?, pues en ese caso y si no le molesta, prefiero esperarla aquí, no tengo mucho que hacer y sirve de que puedo aprender sobre lo que le pasó.

El tipo abrió los ojos como platos y asintió. Así que lo seguí hacia donde iba a revisar la bici, empezó por acomodarle el pedal, me senté frente a él sobre un bote y lo miraba como con avidez de aprender, y absorta de ver cómo “componía” la bicicleta, descuidaba mi postura y entreabría mis piernas dejándolo ver mis muslos y los labios de mi vulva marcadísimos en el entallado short, el sol arreciaba y tanto él como yo empezamos a sudar, quizá el más por el hecho de la calentura que le estaba dando al ver mis piernas con el rabillo del ojo, viendo mi coño ofreciéndosele, los pezones parados a través de mi ombliguera, el sudor recorriendo mi frente, y mi voz melosa preguntándole para que servía cada una de las herramientas que tomaba para trabajar.

– Hace mucho calor aquí, ¿no cree? – Le pregunté en tono coqueto e insinuante – quizá sería mejor que trabajara debajo de aquel árbol de atrás, se ve que da buena sombra. – Si será mejor que me vaya para allá, ¿va a seguir esperando por la bicicleta?, porque al parecer se trabó la cadena y quizá tarde un poco más. – Claro, no tengo más que hacer, y si no le molesta, quisiera seguir viendo cómo trabaja.

El hombre estaba anonadado, tomó la bicicleta, la caja de herramientas y empezó a caminar hacia la sombra de manera callada. Lo seguí y al llegar bajo el árbol, me senté en una camioneta que tenía la portezuela abierta, y crucé mi pierna poniendo el tobillo sobre la derecha, dejando así aún más visible los labios carnosos de mi vulva, y recargándome en el asiento del vehículo. Intenté hacerle plática en varias ocasiones y el hombre sólo volteaba y con la misma agachaba la cabeza para no mirar directamente. Al ver que no caía y que esto se estaba tomando más tiempo de lo previsto, le pregunté que si le molestaría si me recostaba un poco en el asiento, y con voz quebrada me dijo que no había problema que casi acababa. Crucé mis manos por sobre mi nuca, subí los pies a la orilla del sillón abriendo un poco las piernas para que pudiera verme los pechos y me dejé caer “descuidadamente” y con brusquedad, provocando que “sin” darme cuenta, la blusita dejara expuestos la mitad de mis pechos, hasta mostrar parte de mi areola y el inicio de mis pezones.

Mis pechos, sin querer sonar presuntuosa, son preciosos, redondos, bien firmes, grandes, pero sin verse grotescos, mi piel es tersa y el color de la misma es un tono durazno, mis areolas y pezones son de un color café muy claro, con tonalidades rosas, un poco más claros que el color de la nuez de castilla. Suspiré honda y profundamente, dejando salir el gemidito característico que hace uno cuando se despereza al levantarse. Acostada como me encontraba le pregunté su nombre, su edad, su estado civil, y todo cuanto se me ocurrió tratando de parecer despreocupada, como inocente, como si no supiera que su verga estaba luchando por salir de su pantalón, como si no supiera que su prudencia estaba a punto de ser aplastada por el deseo salvaje de saborear mi coñito, suavecito, terso, completamente depilado, del color durazno de mi piel, con el clítoris rosado y los labios húmedos. Sin más, se puso de pie, limpió sus manos en el pantalón y se acercó a la camioneta donde estaba recostada y las pasó desde mis tobillos hasta mis muslos a la vez que decía:

– Usted no vino aquí a arreglar la bicicleta ¿verdad?

Me mantuve inmóvil dejando que sus manos acariciaran mis piernas, a que las recorrieran por completo, las entreabrí para que se acercara más dejando el espacio justo para que acomodara su cuerpo en medio de ellas, se recostó sobre mí e intentó besar mi boca, eché la cabeza para atrás para impedírselo y para dejar aún más expuestos mis senos, así que entendió y se dirigió a ellos, acariciándolos con suavidad, a pesar de lo áspero de sus manos, sus caricias eran suaves y tiernas, sentí como acercaba el bulto de su pantalón por encima de mi coño, mientas no paraba de saborear mis pezones, tiesos, rígidos, mi respiración se tornaba agitada, y el sentir como apretaba su cuerpo contra el mío, hizo que mis caderas reaccionaran con movimientos provocativos, tratando de hacer que la fricción estimulara aún más mi clítoris, humedeciéndome de tal forma que traspasaba mi ropa interior y dejando salir mis fluidos hasta el short.

Empecé a gemir de satisfacción, dejé salir el deseo que me arrebataba desde hacía tanto tiempo por la carencia de calor en mi casa, y di rienda suelta a mis impulsos, él deslizó mi short hasta mis tobillos y dejó ver mi bikini blanco, semitransparente que dejaba ver la ausencia de vellos, el aire empezó a impregnarse de los olores característicos del sexo, y sin más hizo a un lado el bikini y pasó su lengua por mi coño provocándome orgasmo tras orgasmo, introduciendo la lengua en mi vagina, mientras que con una mano detenía de lado mi bikini y con la otra estimulaba mi clítoris. Me tuvo en ese éxtasis por varios minutos, hasta que bañé su cara de mis líquidos, hasta que le supliqué que se detuviera y me ensartara, hasta que tiré de sus cabellos y lo atraje hacia mi pecho para dejarle la verga sobre mi vulva. Sin bajarse el pantalón, sólo desabrochándoselo, sacó su verga de él y la jugó con mi clítoris, para compartir y regar su líquido lubricante sobre mi vulva y empaparla de los míos. Jaló aún más mi bikini y empujó sin piedad su verga tiesa lo más profundo que pudo.

Mis jadeos eran ya fuertes, pasó sus brazos por debajo de mi espalda y me asió por los hombros jalándome sobre su verga, moviéndome al ritmo de él, metiendo y sacando por completo su pene, y empujándolo cada vez lo más profundo posible, sentí como tocaba lo más recóndito de mi vagina, traté de mantener el ritmo que llevaba y no aguanté más, empecé a regarme sobre él, mis gemidos debían oírse hasta la calle, pero no me importaba, le pedía más, y más, y él seguía dándome con fuerza, haciendo que los movimientos lograran que su glande tocara mi punto G, y sin más llegué al orgasmo de manera escandalosa y brutal.

Terminé de venirme y él empezó a disminuir gradualmente la intensidad de sus bombeadas, acariciando mis pezones que estaban volviendo a su tamaño y estado normal, y descargó su semen dentro de mí, con suavidad, pero con una intensidad increíble, apretando mis nalgas para jalarme hacia él mientras llenaba con leche tibia mis entrañas. Dejó que su verga saliera por sí sola, acomodó mi bikini en su sitio, subió mi short y me ayudó a incorporarme.

Con una ternura sorprendente, y una sonrisa de complicidad de lo más pícara que resaltaba unos hoyuelos que se hacían en sus mejillas y que lo hacían ver menos feo de lo que estaba, besó mi frente y me dijo que la bicicleta estaba lista, que era cosa de inflarle los neumáticos y que cuando se me ofrecieran de nuevo sus servicios, no era necesario que la llevara, me dio su tarjeta y me dio una nalgada.

Me alejé de ahí satisfecha y con ganas de volver quizá en un futuro no muy lejano, fue ese el día en el que decidí que no me importaría más si mi marido estaba o no, yo iba a seguir teniendo mi vida sexual satisfactoria, y fue así como hice que poco a poco los servicios se me fueran dando “gratuitamente” desde la leche, el servicio mecánico, el reparto del diario, la TV por cable, y muchos, muchos más… Espero muy pronto poder continuar contándoles…

Autor: irmitahot_mx

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El club de la buena paja

Fernando comenzó la difícil tarea de ensartarme su verga en el pequeño espacio que quedaba entre mi orto y la pija de Seba. Yo pensé que moriría, el dolor era terrible, pero Fernando fue suave, y poco a poco deslizó la cabeza de su miembro en mi interior, Seba comenzó a moverse y ese movimiento hizo que la verga del otro entrara más fácilmente, hasta que ambas vergas me ensartaban hasta el fondo.

A los 28 años, una paja, al menos para mí, es el principio de algo… Recuerdo que hace dos o tres años, nos habíamos juntado en mi casa con mis amigos de la secundaria, para cenar y recordar viejos momentos… Hacía ya como 6 años que nos habíamos graduado. Sin embargo, era una cena especial, me decidí por invitar sólo a aquellos compañeros con los que en mi adolescencia había tenido alguna que otra historia. Fue así que vinieron, Sebastián, Fernando (que había sido el coordinador de mi viaje de egresados), y Carlos, el primero de mis compañeros al que en el baño del colegio le di la mamada de su vida.

El primero en llegar fue Fernando, comenzamos a charlar sobre el tiempo pasado, los amigos que ya no lo son, y finalmente el tema llevó a nuestro viaje, a aquél hotel y al campamento dónde ese chico me ofreció uno de mis mejores momentos. Fernando me aclaró que desde aquella vez no había vuelto a incursionar en el sexo con hombres, pero que guardaba buenos recuerdos de lo sucedido, aunque no creía que lo volvería a hacer. (Eso dejámelo a mí, pensaba yo mientras metía una pizza al horno).
La conversación fue amena, sonó el timbre y Sebastián entró en mi casa. Tenía en mi cocina a los dos muchachos, ya hombres, que en ese viaje de egresados me hicieron gozar como a una puta. Cuando hablábamos de eso, Seba no emitía comentarios al respecto, solo se reía y seguía conversando, sin decir, como el otro, que él no lo haría más. (Buen síntoma, Gato, me decía).

Faltaba Carlos… El teléfono sonó y era él, avisando que lo disculpemos pero que se retrasaría por un buen rato, que cenemos sin él, que llegaría para el café. Así fue que nos pusimos a comer, mientras escuchábamos música y conversábamos de distintos temas. El cd se terminó y cuando me iba a levantar para poner otro, Seba me dice que mejor prenda la televisión… quizás están dando una buena película. Le pasé el control remoto y de inmediato empezó a buscar algo cambiando de un canal al otro. Entre esos cambios apareció el canal Venus (películas porno las 24 hs) pero no se detuvo allí, siguió revisando un buen rato hasta que finalmente se dio por vencido y exclamó “No hay un carajo para ver”. Fernando, que mientras comía seguía la seguidilla de canales, le dijo, poné el Venus, por lo menos veremos alguna buena concha… ¡el Gato, alguna buena pija! Nos reímos del comentario y Seba, sin decir nada lo puso. La escena era realmente caliente, dos hombres muy bien dotados la estaban penetrando a una mujer que jadeaba y gritaba de placer.

La pija de uno entraba y salía por el orto de la chica, mientras ella se cabalgaba por la concha al otro… los minutos fueron pasando, el que estaba debajo de la chica sacó su pija de la concha y le pidió a la otro que le deje el culo…el otro se salió y la mujer fue ensartada analmente por el que antes se la daba por delante…hasta ahí, perfecto, pero la cosa se tornó realmente de alto voltaje cuando el que se había salido volvió a introducir su pija en el orto de la mujer. Ambas pijas cogían a un mismo culo salvajemente. “wauw”, “la están matando”, “que hija de puta” eran los comentarios de la mesa…hasta que Fernando me preguntó: ¿Y a vos, gatito, nunca te dieron dos juntos por el culo? Eso no se pregunta, dije yo…y sonreí.

Seguimos viendo la película un buen rato, disimuladamente observaba como el bulto de mis amigos crecía y crecía, al igual que mi calentura.

Un tiempo después, Seba se levanta y se dirige al baño…Y Fernando le grita “Che… más de tres sacudidas es paja, ¡eh! Jajajajaja…sin embargo, esa fue la mejor frase que pude escuchar en ese momento. Cuando Seba volvió del baño, los encaré y le dije: Chicos, ustedes saben que conmigo está todo bien, si quieren nos podemos pajear los tres. No me les voy a tirar encima,tranquilos, además ¿no es lindo hacerse una buena paja? Fernando y Sebastián se miraron, y decidieron acceder al masturbarse… la calentura era demasiada. Acomodamos las sillas una al lado de la otra, quedando yo en el medio, y nos bajamos los pantalones y los calzoncillos frente al televisor.

Les dije que me perdonen, pero que los quería mirar, ya que eso era gratis en este mundo… Los dos se rieron y comenzaron a menearse la verga suavemente, como modelando para mí.

Yo me pajeaba a más no poder, que buenas pijas tenían estos dos… el recuerdo de aquella noche en la carpa me invadió de inmediato y casi acabo. Luego de unos minutos, Sebastián dice que no puede hacerse una paja, que si quería chupársela que lo haga, que le parecía desperdiciar leche teniendo a un “gatito” al lado de él. En menos de un segundo estaba arrodillado frente a mi amigo y con su pija entre mis labios. Que rica que estaba… me la fui tragando poco a poco, mientras Seba llevaba sus manos a mi cabeza y me ayudaba a tragarla toda. Fui comiéndome la pija hasta que finalmente mi nariz chocó contra los vellos de su pubis. De reojo observaba a Fernando que ya no miraba el televisor, sino a nosotros, y se pajeaba a lo grande…Sebastián también se dio cuenta de eso, entonces le dijo: “Dale, Fer, si te estás muriendo de ganas de participar”.

Por fin el otro se decidió y arrodillándose detrás de mí empezó a lamerme el culo. Su lengua entraba y me llenaba de saliva, lamía mis paredes interiores lubricándome. Luego se puso de pie a mi lado y me dijo que se la chupe un poco, entonces, agarré entre mis manos la pija de Sebastián y me metí en la boca la de Fernando, y comencé a chuparla con devoción. Fernando me tomó de la cabeza y violentamente me empezó a coger la boca. Así estuvimos un rato hasta que me dijo que me la iba a meter por el culo, y sin darme tiempo a nada, se colocó detrás de mí y me ensartó los 25 cm. de pija en mi culo. Comenzó a cogerme profundamente, su pija entraba y salía de mi orto rompiendo todo a su paso, llegando bien adentro.

Me hacía sentir sus huevos chocando contra mí, como indicando que me estaba ensartando totalmente. Y por fin, lo que inconscientemente estaba esperando. Seba me dijo que también me quería coger, y que si quería me la metían los dos juntos, como en la película. Fernando se salió de mí y yo me monté sobre la verga de Seba en la silla, inclinándome hacia delante y dejando mi culo a disposición de Fernando que me preguntó si tenía alguna crema para lubricar. Le dije que se fije en el baño, pero mirando hacia la mesa de la cocina, descubrió el aceite, la trajo hasta donde estaba Seba rompiéndome el culo y lamiendo mis tetitas. Tiró sobre mi espalda un buen chorro del aceite, que se deslizó hasta mi culo, haciendo que la pija de Sebastián resbale en mi interior como si patinara uno sobre el hielo.

Me relajé, Sebastián se quedó quieto un momento, y Fernando comenzó la difícil tarea de ensartarme su verga en el pequeño espacio que quedaba entre mi orto y la pija de Seba. Yo pensé que moriría, el dolor era terrible, pero Fernando fue suave, y poco a poco, deslizó la cabeza de su miembro en mi interior, Seba comenzó a moverse muy lentamente, y ese movimiento hizo que la verga del otro entrara más fácilmente, hasta que por fin, ambas vergas me ensartaban hasta el fondo. Coordinando movimientos, el dolor había dado plazo al placer y ahora gozaba a lo grande. Era impresionante la sensación, única, de dioses.

Ellos también se calentaron aún más, porque sus pijas rozándose les producían un placer indescriptible. Yo ya estaba totalmente dilatado, y me permitía jugar un poco moviéndome junto a ellos, hasta que finalmente Fernando se salió de mí y se vació en mi espalda dando gritos de placer. Seba seguía sacudiéndome hasta que cuando se sintió venir, la sacó y me pidió que se la chupe, así lo hice recibiendo en mi boca sus jugos.

Lamiendo la pija de Seba me encontraba cuando el timbre avisó de la llegada de Carlos. Yo corrí al baño a darme una ducha, Fernando fue desnudo a abrirle la puerta. Mi baño tiene una ventanita que da al patio por donde se entra a mi casa, y desde allí escuché a Fernando diciéndole a Carlos….”No hay drama, Carlitos, el Gato está mejor que nunca, ya te lo estuvimos preparando con Seba…” luego, ambos se rieron…Yo me quedé pensando en lo que había escuchado, pero no le di importancia. Total…no tenían nada que perder…no me equivoqué, aquella noche y varias más, nos volvimos a juntar en lo que bautizamos el club de la buena paja.

Autor: El Gato

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Mi cachonda cuñadita Liliana

Cuando se vino, ella misma se echó hacia atrás y se la ensartó toda, y me gritaba, Siii, dame más, párteme el culo, quiero sentir más, esto me ponía más cachondo, así que lo hice, cuando iba a terminar lo saqué y se lo puse en la cara, me pajeé en su cara se lo eché encima en su boca, luego se lo metió todo y lo secó con maestría con su lengua hasta dejarlo sin una sola gota.

Mi nombre es Alejandro y trabajo en una entidad estatal y estoy casado recientemente. Mi esposa tiene unos senos pequeños, pero los pezones grandes, me encantan, son como la punta de un borrador, sus nalgas grandes y firmes, y estoy loco por comerme ese culito virgen pero las veces que lo he intentado me dice que le duele y me lo niega.

Mi gran fantasía es poseerla por allí, pero no lo he logrado, en recompensa por no metérselo por el culo me pega unas soberanas mamadas que me sacan hasta la última gota de semen, así que nuestra vida sexual es buena, menos por esa pequeño detalle.

Todas las mujeres de esa familia son nalgonas por lo que a veces fantaseo comiéndome un culito de esos, su hermana mayor está casada pero su esposo está estudiando en otro país, Liliana así se llama su hermana es fono audióloga y no se queda atrás, con un culo hermoso y parado. No tienen hijos y se ve que tiene unas nalgas duras, mide como un metro sesenta, tiene el cabello largo y negro y unos hermosos y grandes ojos cafés, sus senos son pequeños. El único pero, al menos así lo creía, es que esta súper enamorada de su esposo pues lo recordaba en todas las conversaciones posibles, lo cual me tenía mamado, además que tiene una forma petulante de ser, por lo que nunca hemos congeniado.

De vez en cuando en compañía de mi esposa iba a arreglarle el computador, ella no es muy conocedora del tema y solo lo tiene para comunicarse y escribirse con el esposo además, lo utiliza para juegos infantiles con los niños que atiende, por lo que creo yo que se le desconfiguraba a cada rato, por lo que me pedía el favor de que fuera arreglárselo, esto me molestaba, pero todo sea por la familia.

La familia de mi esposa vive en un lugar de tierra caliente a donde solemos ir a descansar algunos fines de semana, allí a veces solía coincidir encontrarnos con Liliana que visitaba a sus padres, ella era muy pudorosa para ir a la piscina se colocaba una toalla grande para ocultar su cuerpo y prefería ir sola. En una de las tantas reuniones en la sala se me sentó al frente, llevaba una blusa y una falda vaporosa pero lo que me sorprendió era que por su sentado podía ver sus pantaletas blancas, tenía que hacer esfuerzos para no mirar allí y que se me parara mi polla. Después de ese suceso empecé a fantasear más con ella, pero hacerlo era imposible recordando a cada rato a su marido y nuestro trato no era el mejor.

Un día de tantos que me pidió el favor de arreglar su computador, fui y mientras hablaban con mi esposa procedí a configurarle el computador para que cuando entrara a Internet le apareciera una página porno en el inicio, nos fuimos y como a los tres días llamó y yo contesté. Me dijo que el computador está entrando de una vez a una página de “esas”, que como se la cambiaba, como utiliza el apartamento como sitio de trabajo para atender niños no podía utilizar el computador para ponerlos a jugar por que podían accidentalmente entrar a Internet y que pena.

Le dije por teléfono como podía cambiarlo pero no me entendió, así que le dije que cuando llegara mi esposa iría, ella estaba con sus padres y llegaría ese domingo, me pidió que por favor fuera antes pues ella debía atender a niños y usaba juegos on line didácticos, que no podía hacer el trabajo, que si quería ella pasaba y me recogía y me devolvía a la casa, le dije que no hacía falta que yo saldría del trabajo para allá.

Llegué ese miércoles (glorioso para mi) a su casa, estaba con una falda como la que usaba para tierra caliente, me atendió lo más de amable, y me dije claro, como vengo a hacerle un favor pues claro, pero bueno procedí a prender el computador y cargué intencionalmente Internet, ella está parada atrás mío, la podía ver a través de la pantalla, me señaló la página y me dijo: si ves, es de porno y que pena con los niños. Me preguntó como pudo pasar, le dije que a veces navegando hay páginas que se colocan de inicio automáticamente que la cambiaría, me comentó que no podía creer todas esas poses que aparecían allá, le dije, mira, estas son páginas que tienen vínculos por temas, si quieres ver por especialidad podría verla, me crecía el morbo y ver como devoraba las imágenes que salían de allí.

Le dije, puedes encontrar hasta de animales y personas, me dijo que no podía creerlo, le pregunté: ¿no me crees?, te lo compruebo, señalé un vinculo y empecieron a aparecer fotos de estas, se inclinó sobre mi para verlas mejor, yo podía sentir su respiración cada vez más entrecortada y agitada, me colocó sus manos en mis hombros sin darse cuenta para apoyarse y señalarme una escena de una mujer mamándoselo a un burro, me dijo que increíble, vimos otras y le pregunté, ¿que más quieres ver?, se sonrojó y me dijo no más gracias, bueno ¿que cosas más hay?, le enseñé mujeres metiéndose cosas, interraciales, tetonas, etc.

Le dije no más, me da pena contigo pero me estoy excitando, me miró y me dijo tienes razón, así que le dije que si quería le crearía en favoritos, pero que así si quería ver no aparecería de inicio sino cuando ella lo indicara, me sonrió y me dijo no, gracias ya he visto suficiente, le dije que de todos modos lo haría, me paré y pudo notar el bulto que tenía, me miró y no pude más me incliné a besarla, ella respondió y se inició una serie de besos apasionados, antes de que se arrepintiera por estar con su cuñado, abrí su blusa, besé sus tetas firmes y me fijé en sus pezones: eran grandes como los de mi esposa.

Gemía de placer, desabotoné su falda y quedó en unas tanguitas semitransparentes que se veía lo húmedas que estaban, las bajé, acaricié y le metí mi lengua en su vagina, no quería que se arrepintiera, yo sabía que ya con esa calentada me la iba a culear, gemía, gritaba, tuvo unos orgasmos seguidos, yo veía como mientras metía mi lengua en ese coñito ella apretaba sus pezones, me levanté y ella procedió a quitarme los pantalones, mientras me quitaba la camisa.

Salió a flote mi verga y sin pensarlo empezó a acariciarla, estaba mojada, llena de líquido que procedió a probar con la lengua, poco a poco, después abrió su boca y se la empezó a meter, estaba que me moría de placer, mirando como mi cuñada se metía mi verga en su boca, la cogía de sus cabellos negros y la apretaba contra mi verga quería que se la metiera toda, hasta los huevos, estuvimos así por un rato a punto de venirme, la pare y procedí a chuparle las tetas, me pidió que no aguantaba más que se la metiera, que me quería sentir todo.

Procedí a ensartarla, poco a poco podía oír sus gemidos y comencé a meterla y sacarla; allí logró otros orgasmos en los que me decía, así mi amor, oh que rico la tienes, metemela hasta los huevos, yo estaba a punto pero me dije no, yo tengo que probar ese culo, así que la saqué y procedí otra vez a probar su vagina y a pasar la lengua por su culito, esto la encendió más. Mientras lo hacía procedí a meter un dedo poco a poco, esperando dilatar ese hoyito, luego dos metiendo y sacándolo, me miró y me dijo, ¿no pensarás?, la corté y le dije, sí mi amor, Liliana, tú con ese culito tan hermoso es pecado dejarlo así, a caso, ¿no sientes placer cuando te meto los dedos?, mientras gemía me dijo sí.

A esto me paré, la volteé y mientras con una mano le movía su gallito con la otra con saliva me mojé la verga y se la fui metiendo poco a poco, intentó, por el dolor, sacarla pero la tenía sujeta así que decidí darle dedo por delante para que se viniera y cuanto tuviera el orgasmo se la metería toda, así fue.

Cuando se vino, ella misma se echó hacia atrás y se la ensartó toda, yo comencé a darle duro, le preguntaba que si le gustaba y me gritaba, Siii, dame más, párteme el culo, quiero sentir más, dame, dame, esto me ponía más cachondo, así que lo hice, cuando iba a terminar lo saqué y se lo puse en la cara, me pajeé en su cara se lo eché encima en su boca, luego se lo metió todo y lo secó con maestría con su lengua hasta dejarlo sin una sola gota.

Caímos cansados, me abrazó, me miraba, me besó apasionadamente y me dijo que me quedara esa noche, llamé a mi esposa para saludarla y cuando estaba en esas Liliana procedió a mamármelo de nuevo, eso me dio morbo y se me puso como un riel, estar hablando con mi esposa y estar viendo como su hermana me lo mamaba de una forma increíble me hacía pensar en mi próxima meta: hacer un trío con las dos.

Autor: Puroloco

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Mi historia con mi cuñada

Bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Me ponía a millón el solo pensar en volver a tirarme a mi cuñada, así que llamé a su casa como se que está pasando un mal momento con su marido y además se está tirando a un sujeto que no me cae bien por su arrogancia, y pregunté por Pedro su marido, claro que yo sabía que no estaba, pero era para comprobar que estaba sola y tuve mucha suerte estaba totalmente sola, así que sin avisarle nada me fui para su casa y le pregunté que si Pedro ya había llegado y me contestó que tal vez se demoraba porque estaba en los trámites del seguro de su carro, así que sin mediar palabra me acerqué y hábilmente la besé y traté de abrazar.

Esto la sorprendió mucho pero se veía insegura, le dije que era la mujer que más deseaba , que ninguna mujer me hizo sentir tanta pasión, trató de huir a su habitación pero yo la seguí y le pedí que abriera la puerta, ella se negó inicialmente pero le dije que si no le gustaba sentirse deseada, que lo del amante que tenia era diferente porque él tenía una esposa gorda y fea y que estar con ella era una experiencia fabulosa, y que conmigo era diferente porque mi esposa (su hermana) era igual de hermosa que ella, que yo lo estaba arriesgando todo por sentirla, sentir esa dulzura que lleva guardada hace tiempo, porque yo creo que ese sujeto que tienes por amante no te hace feliz.

Entonces se abrió la puerta de su habitación, me dijo entra. Tenemos que hablar, primero, quiero que todo esto sea un secreto, segundo, ¿quien más sabe lo que está pasando con mi amigo?, tercero, quiero tener sexo, no quiero enamorarme de nadie porque no se qué va a pasar con mi matrimonio, si puedes con esto adelante, no sin prometerme que será un secreto.

Así le prometí que nunca diría una sola palabra, se acercó a mí y me permitió que la besara en el cuello y pasara mis manos sutilmente por su espalda, se empezó a erizar y a pedirme que la tocara por todo el cuerpo, empecé por abrir los botones de su blusa uno a uno mirándola a los ojos para luego quitársela, apareció ante mí un hermoso sostén de color rosa con bordes de finos encajes que le hacían ver unos senos fantásticos que sin ser grandes estaban bien paraditos, empecé a besarla al rededor del sostén para luego bajar hasta ese vientre blanco y muy plano con un ombligo poco profundo que me permitía ver el fondo limpio que me llamaba para que tocara con el ápice de mi lengua, mirándola a los ojos vi en su rostro el deseo y el placer que le estaba provocando.

Aceleré el paso para bajar el pantalón y sorprenderme con semejante visón, la de mi querida Daniela en un tanga tipo seda dental con unos encajes que hacían juego con el sostén, y esas nalgas blancas y bien redonditas, les confieso que me temblaba todo el cuerpo y no sabía por dónde empezar así que opté por besar esas hermosas nalgas, mientras le acariciaba los muslos ella dejaba escapar unos pequeños gemidos que me excitaban aún más, luego me incorporé para poder pensar y llevarla a otro nivel de excitación pues de este momento dependía si se repetiría esta situación, le quité el sostén y saltaron ante mí un par de esculturas redondas pequeñas pero hermosas.

Unos pezones pequeños y rosados me estaban haciendo perder el control así que los toqué y los besé suavemente para comprobar que eran reales, Daniela no podía más y me pidió que la penetrara y yo le dije que esperara solo un minuto, pero ese era mi juego, hacerme desear así que bajé a atender su chochito, mordí el tanga y empecé a bajarlo con los dientes para ese entonces estábamos transformados, volví a su chocho y abriéndole las piernas pasé rápidamente y de un solo toque por su clítoris de mi lengua ella gritó y me dijo con voz temblorosa, Juancho, no me hagas esto por favor! cómeme ya!

Pero yo empecé a lamer ese chocho que tanto deseaba sintiendo así ese magnífico olor tan especial y ese sabor a miel que solo tiene mi Daniela, porque era mía en ese momento y así me lo demostró cuando unos segundos después me dio un orgasmo como pocos he visto en mi vida. Me tomó del pelo y me llevó con fuerza hasta ella y me hizo acostar en su cama para luego darme un beso y quitarme lo que me quedaba de ropa y darme una espectacular mamada de como 10 segundos pero con la intensidad de toda la vida, de un salto quedo encima de mí y abriendo bien su chocho puso mi glande en su entrada y despacito muy despacito empezó a deslizar mi pene en su interior, luego empezó a dar unos saltos que se fueron acelerando y hacerme sentir en la gloria, pero después de como 5 minutos se escuchó el ruido de un motor era Pedro.

Daniela me dijo dámelo ya que llegó Pedro, pero mi susto no lo dejaba salir, pero conté con la suerte que atrás llegaba otro carro era un amigo de Pedro y traía cerveza se oyó cuando este saludó y ofreció una cerveza a Pedro y luego destaparon el capot del carro para ver algo en el motor, en ese momento Daniela se levantó, yo ya estaba vestido y ella mirando por la ventana me dijo algo que todavía me tiene perplejo, -¿No quieres acabar lo que empezaste? yo rápidamente miré por la ventana y Pedro y su amigo estaban mirando el carro por dentro así que bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Se lo eché por completo dentro, me vestí y bajamos a la sala cuando Pedro y su amigo entraron a la casa y nos saludaron como es normal, lo que no fue normal fue el apasionado beso que Daniela le dio a Pedro delante de los que estábamos ahí sorprendidos hasta Pedro se sorprendió ya que estaban cruzando un mal momento y teníamos entendido que hacía un par de meses no tenían nada como pareja, espero que haya contribuido para bien de los dos, y no me importaría no volver a hacer nada con Daniela pero si se repite les contaré.

Autor: Juanka

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Mis adorables vecinos

Noté cada una de sus sacudidas y cada chorro de semen cálido que las acompañaba. No la sacó, en seguida comenzó el vaivén de nuevo, sus manos amasaban mis tetas, las mías amasaban sus huevos, empujaba como queriendo traspasarme y ahora era yo la que estaba a punto. Le volví a pedir que me diera más fuerte y entre mis gemidos sentí que se venía conmigo.

Mi vecino Álvaro es increíble; es moreno, guapísimo y muy simpático, pero es un poco tímido. Nos conocemos hace 6 años y congeniamos desde el principio. Intercambiamos recetas porque a los dos nos encanta cocinar y cuando hace algún experimento aparta un par de raciones para que lo probemos en casa.

Nuestros turnos de trabajo coinciden y aunque nuestros hijos no van al mismo colegio, juegan juntos en el parque y casi siempre nos sentamos en un banco a charlar mientras les vigilamos. El único contacto físico que tenemos en esas ocasiones es algún roce ocasional (o no tanto) de nuestras piernas. A menudo me invita a un cigarro y al encenderlo sujeto su mano, que suele temblar cuando lo hago. La única vez que sentí su cuerpo fue hace dos meses cuando me acompañó al hospital; mi hijo se había caído y necesitó unos puntos en la barbilla, yo estaba histérica y Álvaro me abrazó y me habló suave hasta que me calmé. Me calmé tanto que me puse muy caliente al tenerle pegadito a mí, susurrándome que todo iba bien, que no pasaba nada, con esa voz tan bonita, y creo que lo que sentí no era su móvil. Los polvos con mi marido fueron geniales las siguientes semanas.

Álvaro vive en otro bloque, pero su cocina queda enfrente de la mía aunque en un piso superior, esto le proporciona una vista panorámica. Hace tiempo que me di cuenta de que me espiaba y desde entonces empecé a ponerme menos ropa para estar en la cocina. Empecé quitándome el sujetador, luego cambié la bata que usaba por una camiseta larguita y escotada y comencé a llevar tangas en casa. De esta forma conseguía mostrarle mi escote al inclinarme a tender la ropa y mi culo cada vez que me agachaba o me estiraba limpiando. A veces me saludaba y se ponía a tender o a recoger la ropa, o a fumarse un cigarro en su ventana, otras le adivinaba tras la cortina y los movimientos que hacía al masturbarse, eso me excitaba muchísimo, pero hacíamos como si no supiéramos lo que estaba pasando.

No hace mucho estaba tendiendo la ropa y lo alargué todo lo que pude, sabía que estaba manos a la obra porque la cortina estaba echada, me gustaba pensar que se correría mirando mis tetas, miraba hacia su ventana disimuladamente cuando una racha de viento apartó la cortina y le vi. Fue una fracción de segundos, pero no pude quitarme esa imagen de la cabeza en varios días; Álvaro con una mano en su pene y la otra en sus testículos, con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados,  Estaba claro que Álvaro me deseaba, pero que no iba a dar el primer paso,  así que me decidí a darlo yo. Le pediría algún dvd infantil para mi hijo. Esa sería la excusa.

Esa mañana me puse un top blanco y unos pantalones muy cortitos verde también estaba un poco cortada, ya no me sentía tan segura como cuando salí de casa. Esperé en la entrada.

-Toma, espero que apacigüe a las fieras.-Gracias. Estaba a punto de irme sin haber conseguido nada. -Hace calor, ¿verdad? -Sí, este año el verano se adelanta.- y encima hablamos del tiempo…-¿Quieres beber algo? -Sí, un poco de agua fresquita, gracias.- al menos estaría un poco más. -No, agua no. Te voy a hacer un cóctel refrescante. No tienes prisa, ¿no? -No, ninguna.

Entramos a la cocina. Mientras se afanaba con la batidora y los ingredientes del cóctel aproveché para admirar su culo, qué culo madre mía.Al darme el vaso nuestras manos chocaron y me mojé bastante el top. Álvaro cogió papel de cocina y sin pensarlo comenzó a limpiarme. El líquido helado y su mano hicieron que mis pezones endurecieran. Se apartó casi saltando hacia atrás.

-Perdona,  -No te preocupes.- le sonreí y armándome de valor volví a poner su mano sobre mi pecho.

Estaba rojo como un tomate, miraba su propia mano como si no pudiese creerlo. Lentamente empezó a apretar, suavemente se apoderó también del otro pecho, los unía, los separaba, los masajeaba en círculos, pellizcaba los pezones,  A mí se me escapaban gemiditos de placer.

-Quizás debería quitarme esto, ¿no crees?- mi respiración estaba agitada -Salte; yo te ayudo.

Nuestros cuerpos se acercaron, nuestros torsos desnudos se unieron y su calor y su erección me produjeron un maravilloso estremecimiento. Me abrazaba mientras nuestros labios se rozaban apenas, una y otra vez. Saqué mi lengua para lamer su boca y los dulces besos se convirtieron en fieros, pasionales.

Su lengua recorría mis pechos, sus manos agarraron mis nalgas, tiró de mi pantalón hacia arriba y la costura se hundió más en toda mi raja, empapándose. Masajeaba mi culo y nuestros sexos se frotaban deseosos de encontrarse. Mis manos por encima del pantalón encontraron un pene durísimo luchando por liberarse; él tampoco llevaba ropa interior. Subí apenas su pernera y vi su glande rojo y brillante llamándome, pidiéndome que me lo comiera. Me arrodillé y empecé a lamer cuanto quedaba expuesto, pero no era suficiente, quería tenerla toda en mi boca. Bajé su ropa hasta las rodillas, descubrí un pene no excesivamente grueso pero sí muy largo. Engullí su miembro hasta los testículos y comencé a chupar con desesperación. Él me apartaba el pelo de la cara para no perder detalle. A los pocos minutos me retiró, me alzó y seguimos besándonos y tocándonos.

Sin mediar palabra Álvaro me giró bruscamente, me quitó los pantalones y me colocó de rodillas sobre la mesa. Me hizo lamer los dedos de una de sus manos mientras la otra acariciaba apenas el vello de mi sexo. Cuando los tuvo mojaditos, introdujo suavemente el corazón en mi vagina y enseguida unió el anular a la exploración. Los metía y sacaba rítmicamente y a veces recorría con ellos mis labios. Sus manos aferraban ahora mis nalgas, clavaba sus dedos en ellas y uno de sus pulgares se introducía en mi ano. Notaba arder mi coño y sentí agradablemente fresca su saliva. Su lengua acariciaba mi clítoris y su nariz mi vagina.

El orgasmo era inminente y me agité buscando más presión de su lengua y más penetración de su dedo. Mis piernas se tensaron, mi espalda se arqueó y mi cuerpo entero vibró con las sacudidas del placer extremo.

Álvaro apartó su cara y su pulgar, me ayudó a bajar, me depositó en la cama, le ofrecí mi húmeda cueva y me ensartó de una, ese trozo de carne caliente hacía milagros en mi vagina, en mi piel, sentía como entraba y salí, le mordía sus pechos, le rogué que apurara, que no daba más. No se hizo de rogar y aumentó el ritmo y los gemidos hasta convertirlos en espasmos y gritos de placer. Noté cada una de sus sacudidas y cada chorro de semen cálido que las acompañaba.

No la sacó, en seguida comenzó el vaivén de nuevo, ahora más pausado, disfrutábamos de cada movimiento, de cada centímetro. Sus manos amasaban mis tetas, las mías amasaban sus huevos, empujaba como queriendo traspasarme y ahora era yo la que estaba a punto. Le volví a pedir que me diera más fuerte y entre mis gemidos sentí que se venía conmigo, más silencioso ahora o más ruidosa yo, no sé…

Entre jadeos seguimos besándonos mientras nos poníamos la ropa. Hablamos de cuanto nos habíamos deseado durante tanto tiempo, de lo bueno que había sido y de que repetiríamos alguna vez, mientras no cesábamos de abrazarnos y mimarnos.

Más tarde, en casa, me di cuenta de que me había olvidado las películas, ¿vendría Álvaro a traérmelas?…

Autora: Malkia

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Papá me enseña a coger

Papá tomó su verga y la redirigió a mi ano, volvió a ensartármela sin contemplaciones, y qué rica sensación; luego de varios minutos de estar cogiendo en la primera postura, la sensación había disminuido un poco, pero ahora, luego de haberse retirado por un momento y vuelto a penetrarme, el placer se vigorizó y sentí más vivamente la cogida.

Hacía poco más de año y medio que mis papás se habían separado, y yo la pasaba algunos días con mamá y otros con papá, con él sobre todo los fines de semana, y como de costumbre, luego de que papá me dijo que tendría que trabajar hasta tarde un día que estaba en su casa, yo muy a gusto le dije que no había problema, que tenía mucha tarea que hacer.

Sin embargo, la tarea era lo que menos me importaba, lo que en realidad me encantaba de ir a casa de papá era que precisamente, no era raro que él se ausentase por las tardes y yo tenía entonces toda la casa a mi entera disposición. En mi mochila llevaba toda esa ropita que me encantaba usar y que en casa con mamá nunca tenía oportunidad de ponerme, y así me estaba con ella puesta hasta por la noche, cuando papá regresaba. Esa tarde en particular me llevé un conjunto muy mono de brassier, bragas y liguero, blanco con lindos encajes rojos, así como las respectivas medias de red blancas y zapatitos de tacón de punta abierta.

Luego de asegurarme de que papá se había ido, rápido abrí mi mochila, saqué todo mi vestuario, y en menos de lo que me toma decirlo ya estaba completamente cambiado; Sabiendo que de seguro él no regresaría sino hasta por la noche, me maquillé además un poquito; usé la base en todo mi rostro, puse un poco de sombra en mis párpados y a continuación me pinté los labios. Así me estuve un muy buen rato mirándome y contemplándome en el espejo del baño, luego encendí la televisión y me puse a ver un programa comiendo palomitas. Ya un poco más tarde encendí el sistema de sonido, le subí muy fuerte y me puse yo dizque a cantar, usando el control de la tele como micrófono. Estaba yo tan metido en mi papel, que ni me di cuenta de cuando llegó el auto, o cuando papá abrió la puerta, y para cuando noté finalmente algo, era ya demasiado tarde: papá estaba parado justo frente a mí.

Me quedé yo entonces como de piedra, sin atinar qué hacer, y la cara de él mostraba no menos asombro. Debieron transcurrir entonces algunos segundos en silencio, aunque por las circunstancias a mí se me hicieron como medio siglo; quería que me tragara la tierra. Iba ya yo a salir corriendo hacia mi cuarto, cuando fue entonces que papá habló: Ven, necesitamos hablar. S-sí, de-deja voy a cambiarme. No, no, ¿para qué?, de cualquier forma ya te vi, ven acá. Y ya sin decir nada más fui y me senté en el sillón, y él se sentó a mi lado. Sentía yo la cara coloradísima de la vergüenza y creo que hasta me temblaban un poco las piernas. ¿Así que eres gay, eh? No papá, no soy gay, no es lo que piensas. ¿A no?, ¿y entonces por qué traes puesta esa ropa? No… no sé, es que me gusta… ¿Te gusta la ropa de mujer? Bueno… sí… pero te juro que nunca he hecho nada más. ¿Y hace mucho que lo haces? Pues… algunos meses. (En realidad llevaba años haciéndolo.) Ya veo, dijo él entonces, y se quedó pensativo un momento, llevándose como de costumbre la mano a la barbilla. Yo aún estaba que me moría de los nervios, y no sabía ni cómo o dónde poner las manos.

Entonces, quizá sólo por decir algo, le pregunté: ¿Vas a decirle a mamá? No lo sé, quizá debería… aunque, si dices que esto es todo… Sí, sí, te lo juro, jamás he estado…, cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de decir cerré mi boca. ¿Con un hombre?, completó él la frase. Pues, sí. ¿Te gustan las mujeres entonces? Pues… no sé, tampoco he estado nunca con una. ¿No?, ¿pero te gustaría? No… no sé, la verdad es que nunca me he puesto ha pensar en eso muy seriamente. Pero ya tienes casi dieciocho. Sí, ya sé. ¿Y con un hombre, te gustaría estar con uno? Yo… no… No sé papá, a veces he tenido fantasías pero… no sé. Ahá, ya veo, volvió él a decir, quedándose nuevamente pensativo.

Luego de un rato, él suspiró y se volvió hacia mí. Pues creo que hay una forma en que podemos averiguarlo. ¿Qué cosa? Pues si te gustan o no los hombres. ¿Y cómo? Viendo cuál es tu reacción. ¿Tú crees?, volví yo a preguntar, y vi entonces como papá se reacomodaba en el sillón y entreabría ligeramente las piernas. ¿Quieres que lo intentemos?, me preguntó a continuación, y yo, sin entender muy bien lo que me estaba diciendo, no supe que responder. Ven, agregó él entonces, tomando una de mis manos y llevándola directo a su entrepierna.

Yo no opuse resistencia y abrí mi mano para tocarlo. ¿Qué sientes?, volvió a preguntarme. No… No sé… Acarícialo a ver qué te parece, me dijo, y con su propia mano tomó la mía y comenzó a masajearlo. Un par de segundos después, él me soltó y yo seguí acariciándolo por mi propia cuenta. ¿Te gusta? Pues… un poquito…, aunque… ¿Quieres que la saque? Sí, si tú quieres, le respondí yo haciéndome el inocente, aunque bien que quería verla fuera. Así pues, papá se medio incorporó un poco, se desabrochó los pantalones y, luego de bajarse los bóxers, dejó bien al aire su polla ya medio erecta.

Entonces, y ya sin que me dijera más, yo llevé mi mano hacia ella y la toqué. No obstante, al principio lo hacía con muchos nervios, apenas por encimita, por lo que papá dijo: Ya veo que no tienes ninguna experiencia. Mira, intenta masajear un poco los huevos… así, así, muy bien; ahora agárramela con toda la mano.

Su pija estaba ya bien parada, tanto que mi mano apenas y podía sujetarla en todo su grosor. Poco después, prácticamente mi mano comenzó a actuar por sí misma e inició a darle una suave masturbada. Eso, eso, muy bien; ¿cómo te sientes hasta ahora? Bien…, está dura. Seguí así un momento, incapaz de apartar mis ojos de la gruesa y colorada cabeza, que había ya arrojado unas pequeñas gotas de líquido preseminal. Y luego, justo cuando yo comenzaba a forjarme la pregunta dentro de mi mente, aunque sin saber cómo preguntarlo, papá me preguntó: ¿Te gustaría probarla? Sí claro, ¿puedo? Adelante. Y sin aguardar más palabras me llevé ese pedazo de carne dentro de mi boca.

Primero intenté tragármela completa, pero me di cuenta de que era imposible que me cupiera en la garganta, incluso sentí nauseas. No, no; primero intenta sólo chuparla, usa tus labios. ¿Cómo, así?, le pregunté ingenuo, al tiempo que mi lengua y mis labios chupaban y ensalivaban esa rica paleta. Ándale, así, así; con tu otra manita sigue masajeado los huevos… eso, eso… Ahora trata de lamer todo el tronco… mmh. Y tal como él me iba diciendo yo lo hacía, y cada vez me iba gustando más. Intenté tragármela, más las nauseas volvieron a aparecer, aunque esta vez no me refrené y lo hice de nuevo, y otra vez, hasta que a la cuarta finalmente conseguí metérmela entera. Ahhh, sí, sí, lo haces muy bien… se me hace que sí te gustan los hombres. Yo me saqué entonces su verga de la boca y le pregunté: ¿Tú crees papi? Sí claro, mamas muy bien. ¿En serio? Sí, en serio, si no lo disfrutaras tanto no lo harías tan bien. Está muy rica papi, ¿puedo chupártela otro rato? Sí, sí, sigue, pero intenta no ser tan brusco, no te precipites, no hay ninguna prisa. ¿Así está bien?, volví a preguntarle, y me llevé su verga dentro de mi boca. Sí, sí… mmmh… succiona la cabecita… así, así… ¡Aaaahh!

La verdad es que después de algunos minutos, ya mis labios comenzaban a cansarse, por lo que tuve que dejar de chupar un rato. Es cansado, le dije, sonriéndole por primera vez. Sí, es cansado, pero ya con la práctica irás aprendiendo. La verdad nunca me imaginé que fuera tan rica. ¿Quieres seguir otro rato? No papi, ya estuvo bien así, gracias… ¿Te gustó entonces? Sí, mucho. Okey, ¿seguro que no quieres mamarla otro rato? Bueno… no… Es que… en realidad… quisiera… ¿Te gustaría sentirla por atrás? Pues…  no sé… hace mucho tiempo que fantaseo con eso y… pero si no quieres no… No, no, está bien; será mejor que salgamos de una buena vez de dudas. Sí, claro, por eso mismo lo decía. Bueno, pero vamos a necesitar algunas cosas… en el cajón de mi gaveta hay una crema para… Sí, ya sé cuál, dije interrumpiéndolo, y al momento salí por el lubricante.

En menos de diez segundos regresé, volví colocarme junto a papá en el sofá y se lo mostré. ¿Es éste? ¿Ya lo habías visto, eh? Es que… bueno, a veces lo he usado para… Entiendo. ¿Pero para qué lo tienes tú? Pues… es que a veces a las chicas les gusta por detrás. ¿En serio? Sí, de vez en cuando… pero ya hablaremos de eso otro día. ¿Sabes cuál es la posición del perrito? ¿En cuatro patas, no? Ándale, acomódate así. Y tal como me lo indicara, me subí al sillón de espaldas a él, dejando mi trasero a su disposición. ¿Así está bien papi? Sí, nada más levanta un poco más el culito, necesito que tu orto quedé a la altura de mi cadera. ¿Mi orto? Tu orificio anal. Ah, ya. ¿Esta ropa es de tu mamá?, me preguntó él entonces, al tiempo que metía una de sus manos debajo de la minifalda. Sí, casi toda, aunque alguna la he comprado yo. Pues se te ve muy bien. ¿Sí? Sí. Ahora voy a bajarte las bragas. Sí papi.

Y él entonces así lo hizo, me las dejó a media pierna y a continuación me levantó la falda. ¿Nunca lo has hecho entonces?, me preguntó. No, nunca… aunque ya hace tiempo que quería hacerlo. ¿Entonces ya sabías que eras gay? No papi, es que no soy gay… no sé cómo decirte… ¿Te gusta sentirte mujer? Sí. ¿Eres transexual entonces? No se, creo que sí. Al tiempo que esto decíamos él abrió el lubricante y colocó un poco en su dedo. Necesito dilatarte para que no te lastime. Sí, papi. ¿Crees que me duela mucho? Quizá un poco al principio, pero no te apures, eso pasa en un rato. Ahh, exclamé yo de pronto sin poder contenerme, al sentir el grueso dedo índice de papá introducirse dentro de mi ano lleno de lubricante. ¿Entonces te gustaría operarte y todo eso?, continuó él interrogándome, mientras con su dedo y luego con otro seguía masajeando suavemente mi orificio. Pues no sé, quizá algún día. Ya veo.

Luego de un par de minutos él ya logró introducir sin mayor dificultad tres de sus dedos y me preguntó si estaba listo. Sí, papi… pero ten cuidado por favor. No te apures cariño, voy a intentar no lastimarte. Y así, dicho y hecho, papá recargó su grueso y duro pene detrás mío, y al poco tiempo comenzó a ejercer fuerza. Sentí toda la presión y dolor cuando la cabeza expandió mi ano virgen, no entrando tal vez ni dos centímetros. ¡Ayyy!, exclamé, retirando sin quererlo mis nalgas. ¿Te dolió mucho? Sí, auch. Es normal, no te apures, así pasa siempre. La cabeza es muy gruesa. ¿Tú crees? Bueno, no es que haya visto muchas pero… al menos es mucho más grande que la mía. Ya crecerá, aún eres joven. Ay no, yo no quiero que crezca, así está bien. ¿En serio?, eso sí que es raro, no cabe duda que macho no eres… Voy a intentar de nuevo. Sí papi, dale.

Y él presionó de nuevo, logrando introducirse otro trecho, aunque el dolor fue igual de intenso. ¡Aayyy!, volví yo a gritar. ¿Todavía dolió? Sí, mucho. Si quieres podemos dejarlo para otro día… No, no, sí quiero, es que creo que no estoy acostumbrado. Intenta no hacer fuerza, cuando yo comience a entrar suéltate, no aprietes… ¿listo? Listo. Y una vez más papá arremetió contra mi hoyo, y aunque yo volví a sentir el dolor esta vez procuré hacer como él me dijo e intenté relajarme…

Efectivamente, ¡logró enterrar la cabeza completa! ¡Aaayyy!, volví yo a gritar, más fuerte incluso que antes, más esta vez papá no cejó, sino que, luego de salirse un poco, volvió a la carga ensartándomela aun más profundo. ¡Ay, papi, me duele! Shh, shh, no te apures, confía en mí, ya pronto no te va a doler nada. Y siguió y siguió; luego de clavármela se retiraba un poco y me la enterraba, pero cada vez un poco más y más profundo; sentía como si las paredes de mi recto fueran a romperse, quise incluso zafarme, más papá no me dejó, ¡Ay, ay, papiiii, me duele mucho! Tranquilo, tranquilo, ahora pasa, así es siempre. ¡Sácamela papi, por favor, sácamela! No, no, aguanta; ¿no querías ser mujercita? ¡Es que duele! Claro que duele cariño, pero así va a ser si quieres ser hembra, tienes que acostumbrarte. ¡Ay, ay, ay!, seguí yo quejándome, aunque, efectivamente, a pesar de que papá entraba cada vez más dentro de mí, el dolor era cada vez menos. Eso, eso, ¿ves cómo va pasando? Sí, sí, ya.

Papá entonces me sujetó muy fuerte por las caderas y me dio fortísimo, tanto que prácticamente empujó todo mi cuerpo hacia adelante. ¡Aaaay!, grité yo más fuerte que nunca. ¿Te dolió? Un poquito, ya casi no me duele…, me gustó. ¿Ves, no te lo dije? Ay papi, pero es que sí me dolió mucho. ¿Pero ahora no te gusta? Sí, sí, sabe rico. Y eso que aún no te la he metido completa. ¿A no? ¿Quieres probarla toda? Sí papi, toda, toda. Y sin más preámbulo, papá me sujetó con mucha fuerza por la cintura y se dejó ir. ¡Aaayyy!, grité yo, ya no tanto de dolor sino de placer, ¡claramente sentí la punta de su verga tocar el fondo de mi recto!

¿Te está gustando cariño? Sí papi, mucho. Vas muy bien, pero debemos coordinarnos más; cuando yo entre echa tu trasero un poco hacia atrás, y cuando me retire vuélvelo a meter. Sí papi…, ¿así está bien?, le pregunté, obedeciendo al punto sus indicaciones. Ándale, así merito. Voy a comenzar a entrarte más profundo, ¿está bien? Sí papi, cuando quieras. Él ahora me la dejó ir con más fuerza, a cada nueva embestida sentía sus huevos velludos golpetear contra mis nalgas, y el sonido de su cadera chocando contra mi cola era delicioso. ¿Te rasuras aquí atrás?, me preguntó papá entonces, al ver mi cola casi desprovista de vello. No papi, así las he tenido siempre. Pues tienes unas nalguitas muy lindas. ¿Te gustan? Sí, ahora entiendo por qué te gusta la verga, éstas no son nalgas de hombre. ¿No? No; son demasiado redondas, suavecitas, carnosas…  ¡Ay papi!, ¡ji, ji, ji! Y tienes un orificio muy sabroso, suave, jugosito. Gracias papi; ¿lo estoy haciendo bien? Sí, mucho, se nota que te gusta.

Durante toda esta plática él no detuvo ni por un segundo el mete-saca, y acabamos agarrando un ritmo muy rico y cachondo. ¿Papi? ¿Qué cariño? Gracias por todo esto. Sólo quiero lo mejor para ti. Sabes, tienes una verga muy sabrosa. Gracias cariño, tu coñito no está nada mal, mmmm. ¡Ji, ji, ji!, ¡papiii! ¿Te gustó entonces, no? Sí papi, gracias, me has aclarado muchas dudas. Y todavía no acabamos, dijo, y comenzó entonces a darme en serio, fortísimo; si él mismo no me hubiera tenido sujeto por las caderas, el fuerte impulso de su cuerpo chocando contra mí me habría tumbado. ¡Ay sí, más, más!, yo gritaba como loco, o como loca, echado a cuatro patas sobre el sofá de la sala en ropa de mujer, con el pene de papá muy dentro de mi ano. Eso, eso, te mueves muy bien, ¿ya te cansaste? Me duelen un poquito las rodillas. ¿Quieres que cambiemos de posición? Sí, claro. Papá retiró entonces su miembro, lo que me disgustó un poco por la sensación de vacío que entonces sentí, y me hizo recostar luego boca arriba en el sillón.

Ahora levanta las piernas y recarga tus muslos sobre mis hombros. ¿Cómo papi? ¿Así está bien?, le pregunté, aunque lo hice tal como él me indicó; una vez en posición papá tomó su verga con la mano y la redirigió a mi ano. Sangraste un poco, ¿no te duele? No papi, no te apures. Luego de que le hube respondido volvió a ensartármela sin contemplaciones, ¡y qué rica sensación!; luego de varios minutos de estar cogiendo en la primera postura, la sensación había disminuido un poco, pero ahora, luego de haberse retirado por un momento y vuelto a penetrarme, el placer se vigorizó y sentí más vivamente la cogida.

Abre más tus piernas cariño. Sí, papi. Mmh, eso, eso, ahora intenta apretarme la verga con tu hoyito. ¿Así papi?, le pregunté, e hice lo que me había pedido. Aaah, sí, muy bien; ¿así te gusta? Sí papi…, pero dame más fuerte, que me entre hasta el fondo. ¿Seguro?, podría lastimarte. No, no me lastimas, tú dale. Está bien, dijo, acto seguido me sujetó fuerte de los tobillos y sus arremetidas se volvieron cada vez más violentas. ¡Ay, ay, ay!, gritaba yo, sintiendo claramente cómo a cada embestida la punta de su pija tocaba mi próstata. Ahhh, cariño, vas a hacer que me venga… Vente, papi, vente…, le grité, asiéndome con todas mis fuerzas de sus nalgas. ¡Ahhh…! gimió entonces papá, sujetándome aún más fuerte por los tobillos y estremeciéndose en todo su cuerpo, mientras que yo sentía en mi interior una pequeña e increíblemente placentera explosión: ¡papá había eyaculado dentro de mi recto!

Él aún dio unas cuantas arremetidas más, pero ya únicamente como espasmos, exhausto, y fue dejando poco a poco de presionar contra mi culo. Antes de retirarse se inclinó un poco y me dio un beso en la boca. Gracias cariño, ya me hacía falta una cogida así; los chicos van a hacer fila por un culito como este, dijo, y entonces sí retiró su miembro ya medio flácido; un chorro caliente de semen salió de mi hoyo y me escurrió por las nalgas. Sin poder contenerme, yo me llevé los dedos a mi cola y luego a la boca para probar aquella leche. Papá se levantó y se subió los pantalones. Bueno, ahora ve a lavarte, ya es hora de cenar. ¿Podemos pedir una pizza? Sí, claro, ahorita la pido. Y yo subí a bañarme.

Cenamos tranquilamente viendo la tele, y cuando fue hora de irnos a dormir le pregunté si podía dormirme en su cama. Sí, si quieres, pero mañana tengo que levantarme temprano, me respondió, aunque, ya estando en la cama, yo hice lo posible por arrimarle las nalgas y él no pudo tampoco contenerse. Estuvimos cogiendo hasta después de las tres de la mañana.

A partir de ese día, hice todo lo posible por pasar más tiempo en su casa, él incluso me comenzó a comprar mucha ropa y me dejó estar así vestidita todo el tiempo. De eso ya hace más de seis años, y aunque ahora yo ya vivo en otro lado y tengo varias parejas, de vez en cuando todavía papá pasa a verme y, por supuesto, como buena niña, me bajo las bragas para que él y con mi culo le ayudo a deshacerse del estrés que le provoca su trabajo.

Autor: Greenfly

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Madre e hijas cogidas por el mismo hombre II

La inexperiencia con que le mamaba su verga causaba en ella asombro y temor, abrió su boca e hizo lo que pudo con esa verga, él la sentó con las piernas bien abiertas sobre su cintura, le mamaba  los pezones, la besaba, le miré su verga, estaba en su punto máximo de excitación, miré a mi hija, Solo entrégate plena sin miedos ni tabúes, te va a doler un poco al principio, es normal, eres señorita, pero poco a poco iras gozando y aprenderás que el sexo no es malo.

Nos metimos a bañar juntos  y mientras nos bañábamos se la comencé a  mamar, salimos del baño y me tendí sobre la cama   desnuda,  acostada boca abajo. Así estuvimos acostados desnudos,  adormitados,   hice el intento de pararme  y no me dejó. Comenzó a besarme  nuevamente en la boca, el olor a licor que desprendía era fuerte, hice dos intentos por pararme de la cama y no lo logré por que me tenía tomada de la cintura.

Me tomó de las caderas y con sus manos me abrió las nalgas,  con sus dedos me untó saliva  en mi ano, me mamó mi  coño y me dedeaba el culo,  sentí un dedo en mi culo  poco a poco lo fue insertando, me dolía era una sensación incómoda,  cuando  me logró introducirme uno de sus dedos, sentí dolor que hice intento de quitarle la manos de mi culo y no me dejó. Lo quise detener, no quería que me fuera a coger del culo. Tenía mucho miedo de que me lastimara. Estaba aterrada y comencé a llorar. A gritar, le pegué con mis manos, lo mordí en dos ocasiones pero no logré que me soltara.
Lo miré a los ojos y le supliqué llorando, -por favor me lastimas- no lo hagas- me vas a desgraciar para toda la vida, tienes muy grande tu pene por favor no lo hagas.

Parecía increíble pero a mis 37 años nadie me había hecho el amor por mi culo.  Recuerdo que mis amigas me habían contado del dolor enorme que se siente cuando un hombre te la mete por detrás, pero yo nunca dejé que me rompieran el culo,  el padre de mis hijas fue uno de los que lo intentó pero jamás accedí a sus deseos. Hice dos intentos por escapar. Lo pateé con todas mis fuerzas y logré que me soltara por unos minutos, pero de nuevo me tomó  de la cintura y  me puso bocabajo. Me mantuvo boca abajo a la vez que sus dedos, se encajaban en mi  recto. Me separó las nalgas y comenzó a darme lengua en el hoyo del culo. Sujetándome fuertemente de mis caderas. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo al sentir su lengua hurgar en mi abertura anal. Sin ningún tipo de asco su lengua recorrió cada pliegue íntimo de mi cola –escuchaba su voz decirme – Tienes un culo soberbio. Por unos segundos su lengua y sus dedos dejaron de estimular mi ano – se colocó  detrás de mis caderas y comenzar ejercer presión con su verga en mi culo.

Grité al sentir la presión de su verga. -Salte, por favor me duele. Me colocó sobre el filo de la cama, doblada en cuatro patas.  Siempre boca abajo.

-No por favor suéltame me lastimas.

Sentí como la cabeza de su verga luchaba por entrar en mi culo, me mantuvo aferrada a él fuertemente mientras su verga comenzaba a entrar en mi recto,   mordí las sábanas y grité.  Hice un esfuerzo por soportar el dolor pero me fue imposible. Quise  pararme, lo arañé, lo mordí, grité e  imploré  de tal forma que estoy segura se escuchó por toda la  casa. Nunca me soltó. Cuando su verga entró  en mi culo por completo fue más de lo que pude soportar, sentí claramente como me estaba desgarrando,  era  un dolor enorme, volví a  suplicarle,  le  lloré pidiéndole que me la sacara. -Me duele, me lastimas, por favor sácamela, me estás desgarrando. Salte. Fue un dolor espantoso, tremendo.

Caí de bruces sobre la cama, llorando,  mientras él seguía aferrado con su verga a mi culo,  sin soltarme. Quedé como muerta sin moverme, mi cabeza me daba vueltas, sentía el culo desgarrado. Pasaron creo yo como 4 minutos cuando él comenzó con  su mete y saque, pensé que su verga  me saldría por la boca. Me levantaba de la cama con sus arremetidas, no se cuanto tiempo tardó pero  mi culo me dolía, me temblaban las piernas, me estuvo ensartando el trasero a su antojo, la cabeza me daba vueltas, mientras me estaba cogiendo del culo tuve  ganas de ir al baño  de  cagar.-Quiero ir al baño por favor. Salte, voy al baño por favor.

No me dejó, me estuvo cogiendo como loco aferrado a mis caderas. Y no paró de cogerme hasta que sentí su leche en mis intestinos. Me fui al baño llorando, me lleve las manos a mi vientre,  me senté sobre la taza y el dolor fue enorme, me ardía mi ano, cuando me  limpié, miré,  sangre en el papel. Me pasé la mano por mi culo, y el hoyo el cual sentía muy abierto y lastimado. Las comisuras de mi esfínter estaban desgarradas. Comencé a bañarme lentamente, dejé que el agua corriera por mi cuerpo, cuando salí, él vino hacia mí, me tomó de la cintura y me llevó de nuevo con él. Lo golpeé con mi mano y quise darle una cachetada, pero me sujetó fuertemente y me llevó a la cama.  Me dejé caer sobre la cama adolorida. Por un lado me sentía mal, al reconocer, que a pesar de todo el  maldito dolor que sentí, me gustó como me cogió del culo. Era el primer hombre que me estrenaba el culo. Era mi lucha entre el bien y el mal. Entre la cordura y la calentura que ese hombre despertaba en mí.

Al otro día no quería levantarme de la cama  por el dolor  que   tenía en mi culo y otra por vergüenza con  mis hijas. Y con mi marido. Estaba segura que habían escuchado mis gritos cuando me  reventó el  culo y en el fondo me sentía con pena por todo lo sucedido. Se que es extraño pero él ya no me dejó ir de su vida. De mi marido con el cual me casé, él aceptó esta relación me decía que si él me hacía feliz en la cama que siguiera con él y así formamos una familia, yo, mi esposo, mis hijas y mi amante.

Mi preñez.

En una ocasión que fui al supermercado a comprar, sentí un mareo, y ganas de vomitar, pero no le di importancia. Me puse pálida se me fue el color en  el fondo me aterraba la idea  de estar  embarazada. Compré una de esas pruebas caseras y descubrí con horror que  estaba preñada. Miles de ideas cruzaron mi mente, el primer pensamiento fue abortar, pero no lo hice. Mi esposo igual me dijo que no lo abortara que él me apoyaría, cuando lo vi le dije estoy preñada, está bueno solo me dijo. Aun estando preñada seguía cogiendo con él. Le pedí que por favor nos cambiáramos de casa por que no quería salir a la calle y la gente me mirara  preñada.

Hablé con mis hijas, cuando quedé preñada. Hubo un distanciamiento entre mis hijas y yo. Pero después se normalizó, andaba yo en el quinto mes de mi embarazo, y este se me complicó,  me internaron un semana por lo que él se quedó en la casa con mis hijas. Cuando salí del hospital  todo se normalizó de nuevo. El venía a la casa me cogía, se marchaba, para regresar después. La relación con mis hijas se dio de la misma forma que conmigo – comenzó a platicar con ellas – mis hijas escuchaban cuando él me cogía- y su edad natural  las llevó a conocer y aprobar de la vida sexual.

Yo soy de la idea de que los genes se heredan –  los que nos hacen parecernos a ciertas personas por las poses las conductas etc., mis hijas heredaron mi sangre caliente,  mi fogosidad,  la calentura que sentimos cuando estamos con un macho.

Hablé con mis hijas – le hice la clásica pregunta – si eran señoritas – hablamos de lo que sentían  en su cuerpo – de su deseo por estar con un hombre – le hice varias preguntas y al final me confesaron que deseaban  tener sexo, les  dije que el sexo no era malo, que era una necesidad del cuerpo pero que había que protegerlas  de una enfermedad venérea, de un embarazo no planeado, que no se fueran a preñar como me habia pasado a mi, comenzamos a hablar del sexo tal y como es sin falsos tabúes, solo les comenté que por el que dirán de la gente  debíamos mantener en secreto todo lo relacionado al sexo.

Cuando mi esposo supo lo de mis hijas como que se quiso arrepentir y le dije.  – ¿Dudas que no sepa iniciar a tus  hijas? – No es eso,  tengo miedo que las  pueda lastimar por el grosor de su verga y el tamaño. – Las va a lastimar al principio. Es natural son  señoritas, pero  lo van  a disfrutar y una vez que su vagina se amolde a su verga todo será más fácil.

Las inyecté a cada una de ellas  para evitar un embarazo, por que me confesaron  que querían sentirse mujeres con él sin ninguna limitación, quería mamarle su verga, que él se viniera en su boca, tenían curiosidad por conocer el sabor del semen, querían notar la sensación de sentir la  leche en su vagina cuando él se viniera dentro de ellas. Por eso las inyecté, para evitar que las fuera a preñar.

Esa noche  me encontré con Juan Carlos – no hubo preámbulos – me sentía muy caliente  – aunque mi embarazo me imposibilitaba muchas cosas. Tomé un bote de mermelada, le embarré su verga, me hinqué ante su verga  y comencé a mamar, estaba de frente cuando miré a mi esposo sobre la puerta mirando como le mamaba la verga, comencé a gemir al sentir los dedos de mi macho tocar mi panocha, me comenzó a dedear y a mamar mis pechos llenos de leche por mi preñez. No aguanté más, me incorporé y  jalé el mantel del comedor, me  recargué contra la mesa, en cuatro patas  tomé a Juan Carlos de una mano para que me ensartara. Me ensartó de un solo golpe, que grité fuerte, – Párteme, rómpeme, soy tuya. Lléname de tu leche.

Comenzó a cogerme violentamente – su verga me gusta, me enloquece – sentí uno de sus dedos en mi culo mientras su verga me penetraba por la vagina, sentí algo frío en mi nalgas, había tomado mermelada y me embarró el culo, su dedo comenzó a entrar y salir de mi ano como una segunda verga. Comencé a gemir, con sus manos separó mis nalgas, me tomó de las caderas y comenzó a meter su dedo por mi culo, después se embarró mermelada en su verga y comenzó a presionar en mi culo, cuando me ensartó pegué un grito casi un alarido, – Eres un bruto, pero me gusta, eres mi macho, mi semental. Me aferré con fuerza al comedor, me dolía el culo, pero comencé a mover mis caderas a su ritmo, gritando, gimiendo, – Me haces daño, pero no te detengas, párteme soy tuya, -Aaaahhh, como gozo, miré a donde estaba mi esposo y estaba masturbándose, comencé a gemir, a gozar de esa verga por mi culo,  sentí su verga crecer en mi culo, tensarse al máximo y explotó junto conmigo, quedé desfallecida pero contenta. Debo reconocer que tal vez soy una puta, pero una puta de mi casa con mi  macho.

Después de la calentura hablé con él,  sobre mis hijas, – Quiero que me ayudes a iniciarlas, son señoritas y se por experiencia que una vez que prueben  tu verga regresaran, por eso quiero que las  hagas gozar.

De niña a mujer (La desfloración de mis hijas).

Sería muy extenso detallar todo lo que pasó después de que hablé con mis hijas y con mi hombre. Después  comprendí que mi arrebato sexual despertó en mis hijas el deseo por experimentar y probar el sexo, como mujer que soy las entiendo perfectamente que sientan deseos, yo misma no logré vencer la tentación de la carne. Me di cuenta que no podría evitar el encuentro, en ese momento pasaron por mi mente miles de ideas de incesto, de escándalos familiares,  de todo lo que podía desencadenar el hecho de que él las tomara como mujer. Siendo yo la madre de ellas y él siendo mi hombre. En ese momento una piensa que este tipo de cosas jamás pasan en la vida que solo son fruto de la imaginación.  Pero en el fondo sabía que tarde o temprano ellas tendrían que experimentar esa fase de su vida y tomé la decisión de darles mi apoyo.

Su primera vez.

El día que mi  hija la mayor estuvo con él, salimos a dar una vuelta, le compré a mi hija lencería blanca y un vestido pegado,  fuimos a cenar,  brindamos con un poco de vino blanco,  la tomó de su cintura y la besó en el cuello, la boca, provocando en mi hija sensaciones nuevas, salimos del restaurant  y entramos a un bar, nos sentamos a una mesa alejada,  el lugar estaba casi vacío, me paré para ir al baño y cuando regresé tenía a mi hija con una mano en su verga, miré  a mi hija excitada, hizo que mi hija abriera sus piernas y comenzó a tocar su sexo, a palpar su fruto virgen, se pararon a bailar y miré sus manos recorrer las caderas de mi hija, palpar su culo. Al término de la canción mi hija me hizo una seña de que la acompañara al baño y me fui con ella.

-¿Como te sientes? – Tengo un poco de miedo, es muy grande su verga, temo que me lastime. – ¿Pero lo deseas, verdad? le volví a preguntar. – Si, me contestó, – Vamos a la casa, no tengas miedo.

Cuando llegamos a la casa mi esposo nos estaba esperando, nos abrió la puerta y él se fue con mi hija a la recámara, mi hija tenía los pechos al descubierto y el vestido enrollado hasta la cintura ya que Juan Carlos la venía acariciando. Miré en mi esposo la duda de que si ya la había desflorado y le dije que a un no, que era mejor que se la cogiera en la casa.  Me fui con ellos a la recámara y nos  acostamos los tres en la cama.

Mi esposo entró al cuarto y apagó  la luz,  tomé a mi hija de la mano y la sentí nerviosa,  con la respiración agitada, él se acostó  a un lado de ella, yo tomé una almohada  y me la coloqué en mi espalda como si estuviera sentada por que mi panza, por lo del embarazo, no me permitía estar acostada, tomé la sábana y los tapé, él hizo a un lado la sábana y se desnudó, haciendo lo mismo con ella, fue sutil y tierno, supo llevarla y vencer su nerviosismo tal como lo hizo conmigo, yo no quería moverme y apreté la mano de mi hija  que me contestó  apretando la mía.

Escuchaba sus besos, le tomó sus senos y comenzó a besarlos, a chuparlos, supo llevarla  al punto exacto de excitación, bajó por su vientre hasta su sexo, en donde con su lengua recorrió sus pliegues íntimos provocando en mi hija espasmos de placer. Estuvo dándole placer con su lengua cerca de una hora, dando como resultado que mi hija se dejó hacer desfallecida, rendida de sentir ese cosquilleo interno entre sus piernas. Se besaron, se tocaron, él tomó con sus manos su verga y la guió a la boca de ella.

Le dio a mi a mi hija  su verga para que se la mamara, mi hija comenzó a hacer presión con sus manos, la inexperiencia con que le mamaba su verga causaba en ella asombro y temor, abrió su boca e hizo lo que pudo con esa verga, él  la tomó del brazo y la cargó, la sentó nuevamente con las piernas bien abiertas sobre su cintura, le mamaba  los pezones, la besaba, le miré su verga, estaba en su punto máximo de excitación, miré a mi hija a  los ojos y le apreté la mano. – Solo entrégate plena sin miedos ni tabúes, te va a doler un poco al principio, es normal, eres señorita, pero poco a poco iras gozando y aprenderás que el sexo no es malo. La miré por unos breves segundos, miré sus piernas, su hendidura mojada, excitada, sus labios hinchados por la sangre agrupada. Poco a poco él se fue deslizando encima de mi hija, hasta quedar encima de ella al tiempo que le separaba los muslos y se colocaba en medio de sus piernas.

Yo seguía apretándole su mano  y giré la cabeza un poco para mirar en la penumbra a mi hija, él comenzó a besarla en la boca, en el cuello, le chupaba los pezones, y poco a poco comenzó a ejercer presión con su verga en sus  labios íntimos, escuché un ay que era como una especie de grito y gemido, mi hija me apretó con mucho más fuerza la mano y yo hice lo mismo, – Despacio, despacio, despacio, volvió a quejarse y a gemir, me apretó la mano con fuerza cuando  sintió el piquete de su verga pero no logró penetrarla.

Una y otra vez intentó sin éxito, los pliegues del  orificio de mi hija  no cedían, miré a mi hija  mover sus caderas buscando la verga, tratando de ayudarlo a que la  penetrara, lo intentó una vez más, le levantó las piernas y separando su muslos acercó su cara y su lengua  a su sexo, introdujo su lengua tan adentro como puedo, buscando la máxima excitación de mi hija  para poder ensartarla.

Comenzó a presionar nuevamente y a empujar con fuerza hasta que la cabeza de su verga logró entrar, escuché el grito de mi hija al sentirse ensartada, la vi morderse los labios,  agitaba su cabeza de un lado a otro. -Me duele, despacio me duele, Ahhhg, me lastimas, me acerqué más a ella. Me apretó la mano con fuerza al sentir como Juan Carlos comenzó a ejercer  presión de nuevo, escuché un, ayyyyy, que era como una especie de grito y gemido,  – Despacio, despacio, volvió a quejarse y a gemir, me apretó la mano con fuerza cuando  sintió como entraba la vergota  en su sexo, como su intimidad era desgarrada, -ayyy, me duele, la tomé con más fuerza de su mano, y noté como él seguía metiéndose, en su vientre.

El detuvo su empuje hasta que llegó al sello de garantía, colocó ambos manos debajo de su cuerpo- comenzó a besarla y de un fuerte empujón la desvirgó. Un fuerte grito fue la respuesta de mi hija al sentirse desvirgada, ahora fui yo quien la tomó de su mano con fuerza  y le dije, -Ya pasó mi amor, ya está dentro de ti, disfruta, relájate, muy pronto pasara el dolor.

Lo demás fue escuchar, Aaaaaaaahhhhh, como si le respiración le faltara. No tuve ninguna duda, acaba de meter toda su verga dentro de su  sexo, penetrándola por completo, ya estaba consumada  su desfloración, había roto aquello que se rompe la primera vez que una mujer lo hace.

Miré el reloj del buró, eran exactamente las 2.15 de la noche cuando dejó de ser señorita, ya era una mujer. Estuvo inmóvil dentro de ella pero no por mucho tiempo, comenzó a poseerla lento y delicado dándole a ella el tiempo para que su herida recién abierta se adaptara a su verga y comenzó a bombearla, comenzó a moverse de arriba a bajo, y a entrar profundamente dentro de ella. Su grito y los sollozos que acompañaron su desfloración me confirmó la verdad, mi hija había dejado de ser una niña para ser una mujer.

Despertó en mi hija una pasión sexual que la llevó a mover sus caderas buscando que la verga del macho la penetrara hasta el fondo. Cerré mis ojos, me recargué sobre la cama, mi hija me soltó la mano y se abrió de piernas al máximo entregándose al goce de su primera cogida de su primera vez. Lo demás fue escuchar su gemidos, sus gritos, los quejidos de ambos, la estuvo cogiendo cerca de media hora  y presentí que él estaba a punto de venirse, miré a mi hija gemir, jadear, le sacó toda se verga para ensartarla nuevamente  hasta el fondo y le dejó su semen dentro de su vagina. Miré a mi hija con los ojos cerrados desfallecida.

Sacó su verga manchada de sangre, la entrada de la vagina y los labios menores de mi hija  también tenían un poco de sangre escurriendo hacia los mayores y nalgas, le dije. -Mantén las  piernas juntas,  mientras la abrazaba y le decía palabras bonitas para consolarla, la cubrí con una sábana y nos quedamos platicando, le limpié los hilillos de  sangre de sus piernas, le dije que se quedara acostada un rato, que esto apenas comenzaba, que faltaba ayudarla a que tuviera sus orgasmos pero con  menos dolor que la primera vez. Se quedó adormitada cerca de  una hora.

Al despertar le pregunté como te sientes, – Me duele un poco, me contestó  – ¿Te quieres bañar le pregunté? me dijo que si. Se levantó caminando con las piernas un poco separadas por el dolor, cuando se metió a bañar cambié las sábanas de la cama que estaban manchadas de sangre.

Salí a buscar  a Juan Carlos, estaba en la sala con mi esposo.

Continuará

Autora: María Hdz

Mi correo y el de mi esposo.

mariahdz@hotmail.com

estebanrela@hotmail.com

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Laura

Ramón quería disfrutar ese culo a conciencia, le agarró bien para levantarse sin sacar su polla del culo de la chica. Laurita quedó de cara a Benito, ensartada por el culo y con sus enormes melones botando ante él. No lo dudó y se acercó a ella. Cogió sus tetazas con ambas manos y las besó con ansia. La chica se moría del gusto. Entonces apuntó su verga hacia el coño y se la clavó sin miramientos.

Laurita volvía a su casa por un camino de tierra, cargada con una pesada cesta llena de queso que le había mandado comprar su madre, acompañada de su hermana pequeña, Ana, de 4 años. Laurita era una muchacha lozana y bella, que hacía girar los cuellos de todos los hombres del pueblo cuando pasaba ante ellos con sus caminares salerosos. A sus 18 añitos no le faltaba de nada. Tenía la piel morena, el pelo rizado le llegaba por los hombros y lo solía llevar ligeramente despeinado, dándole un aire rebelde a su preciosa cara. Las pecas de sus mejillas y sus ojazos marrones la convertían en la muchacha más guapa del lugar.

Sus piernas eran largas y terminaban en un soberbio culo, firme y redondo. Pero lo mejor de ella eran sus enormes pechos, abundantes y coronados por unos pezones pequeños y casi siempre erectos. Ella parecía no ser consciente de las pasiones que desataba entre los mozos y caminaba desenfadada, luciendo sus encantos allá donde fuera. Sobre todo sus tetas, que pugnaban por salirse de sus trajes continuamente, y cuyos pezones se veían siempre desafiantes a través de la tela. Ella sólo había tenido algún escarceo con Paco, el hijo del alcalde, con el que se había besado unas cuantas veces y había dejado que le acariciara las tetas por encima de la ropa en un par de ocasiones.

Benito, sin embargo, la había visto desnuda, pues ella tenía la costumbre de bañarse en el río, y la había sorprendido varias veces chapoteando alegremente sin saberse observada. El era un hombre ya maduro, de 40 años, que se dedicaba a cuidar la finca de los marqueses, y a cualquier otro trabajo que le surgiera. Benito la esperaba aquel día al borde del camino, sonriendo socarrón, apoyado en una vara de madera para no cansarse demasiado. Era un día soleado y hacía bastante calor. Ella caminaba despacio, fatigada por el peso de la cesta, pero siempre alegre y jovial. El vestido marrón le llegaba por las rodillas y en la parte de arriba tenía una tela blanca atada en el medio por un cordón, que a duras penas podía contener sus generosos pechos. Cuando llegaron ella y su hermanita Ana a la altura de Benito, este la saludó muy afable:

-¡Hola, Laurita! -Buenas tardes, don Benito. ¿Cómo está usted? – respondió ella sonriente. -No tan bien como tú, preciosa. ¿Qué llevas ahí, tan cargada? -Es queso, que me han mandado comprar – se detuvo junto a él con la cesta apoyada en una cadera y la mano sobre la otra en forma de jarra. -Ah, muy bien, hija. ¿Y no estás cansada? Deberías descansar un poco.

-Sí, pero tengo que llevar el queso a casa, ¿sabe? -Bueno, guapa, no va a pasar nada porque descanses un ratito, ¿no crees? Además, tengo algo para ti. -¿Ah siiii? ¿Un regalo?- preguntó intrigada. -Claro, un regalo. Pero no te lo puedo dar aquí, en medio del camino, tienes que venir conmigo un momento. -No sé. No puedo dejar sola a Ana… y el queso.

-Será sólo un momento, y te va a gustar mucho el regalo, ya lo verás. Ana se puede quedar aquí cuidando el queso mientras vienes conmigo, ¿no te parece? -No sé si debería… -¡Vamos, preciosa! No tardaremos mucho. -Bueno, vale… Ana, quédate un momentito aquí, y no te muevas, que yo enseguida vuelvo, ¿vale? -Vale- dijo tímidamente la chica, que se quedó observando como aquel hombre cogía de la mano a su hermana y se adentraba con ella en la arboleda que había al lado del camino.

Después de caminar unos cuantos metros, Benito se detuvo y se situó delante de Laurita, entre los árboles. A la sombra se estaba mucho más fresco. La chica le observaba expectante y curiosa. Metió la mano en un bolsillo de su chaqueta y sacó un llamativo collar de bolas rojas.

-¡Oh! ¡Es precioso! -exclamó la chica encantada con el regalo. Ella no solía tener regalos y el collar era realmente muy bonito.-Muchísimas gracias, don Benito.-¿Te ha gustado de verdad?-¡Muchísimo! No sé qué decir-contestó emocionada.-No hace falta que digas nada. Pero podías corresponder un poco, si tanto te ha gustado.

-¿Corresponder? Pero, ¿cómo? Yo no tengo nada que le pueda gustar a usted, don Benito.-Claro que si, preciosa. Yo estaría encantado solamente con que me enseñaras un poco tus piernas.-¿Mis piernas? -Sí. Eres muy guapa, y sólo con eso me harías muy feliz. ¡Vamos, levanta un poco tu falda, Laurita! -Uuuumm… bueno, está bien. Pero sólo un poco -dijo un ella seria.

Empezó a subir su falda, con su cabeza mirando abajo, despacio, descubriendo sus preciosos muslos morenos y dejándolos prácticamente al descubierto.

-¡Vamos, pequeña! ¡Sube un poquito más!

Ella dudó un instante, pero siguió subiendo su faldita hasta dejar sus piernas desnudas y mostrar su braguitas blancas a aquel hombre que la miraba embobado. Estaba preciosa con sus manos sujetando su falda más arriba de sus caderas y su expresión de inocencia.

-¡Eres preciosa! Date la vuelta.

Ella obedeció como una chica buena y le enseñó su trasero tan sólo cubierto por las pequeñas bragas que llevaba.

-Acércate un poco déjame que te las toque, ¡anda!- Dijo Benito, apoyándose contra uno de los árboles.

Laurita caminó coqueta hacia él, con su falda remangada y se colocó muy cerca, dejando que sus manos comenzasen a palpar sus muslos.

-¡Oh, Laurita! ¡Tienes unas piernas estupendas! -mientras continuaba sobándole ahora el culo y metiendo los dedos por dentro de las braguitas.-¿Usted cree?- replicó ella divertida y pícara, a la vez que dejaba escapar una risita nerviosa. -¡Claro que si, cariño! ¡Las mejores que he visto nunca!-y pasó una de sus manos a palpar su entrepierna.

Ella se dejaba hacer, apoyó su cabeza sobre el hombro de Benito y le pasó las manos al cuello, mientras disfrutaba de las caricias. Empezaba a sentirse muy excitada. Mucho más que cuando estuvo con el hijo del alcalde. Le gustaba como ese hombre le estaba tocando el coñito por encima del calzón.

-¿Me dejas ver también tus pechos?

A estas alturas, la chica estaba totalmente entregada y no oponía ya resistencia. Se separó un poco de él, y con las mejillas sonrosadas por la excitación deshizo el nudo de la parte delantera y empezó a bajar el vestido por los hombros. Lo hacía despacio, sabedora de que aquel hombre estaba deseando verla. Bajó su vestido hasta la cintura y sacó las mangas de sus brazos, quedando con sus pechos totalmente descubiertos.

-¡Son enormes! –Laurita volvió a sonreír tímidamente.-Ven aquí.-No sé si debo, don Benito…-Vamos pequeña, deja que te los palpe solo un poco.

Se acercó de nuevo, con la boca entreabierta y la mirada baja, viendo cómo esas manos se posaban sobre sus tetas. Era la primera vez que alguien se las tocaba sin ropa de por medio y la sensación le gustaba mucho.

-¡Son magníficas, pequeña! ¡Magníficas!

Se las magreó a gusto, se las apretó y jugó con sus pezones que estaban duros como piedras. Bajó su cabeza y empezó a besarlas. Laurita le cogió la cabeza con ambas manos y las enterró entre su pelo. Le mordía los pezones con ansia y ella se moría de gusto. Echó la cabeza hacia atrás y empezó a gemir.

-¡Ahhh! Don Benito. ¡Pare, por favor! -Sólo un poco más, Laurita. Déjame un poco más, hija.- y la atrajo más hacia él, cogiéndola fuertemente del culo para seguir chupando sus tetas.

Laurita notó algo muy duro a la altura de su estómago, y se puso aún más caliente. Comenzó a dar besos en el cuello y en la cara a aquel hombre que la estaba poniendo tan cachonda. Eso terminó en enardecer a Benito.

-¿Por qué no te sacas el vestido del todo, Laurita? -No, don Benito. ¡Por favor!-dijo poniendo cara de pena. -Vamos, pequeña, no seas tonta. Será sólo un momento… es para estar más cómodos. De nuevo accedió y se bajó el vestido, agachándose para sacarlo por sus piernas. Se quedó mirándole, expectante, con sus braguitas blancas por única vestimenta. -Quítate también las braguitas, ¡venga! Déjame verte bien.

Resignada a su suerte, deslizó con dos dedos las braguitas por sus piernas y se las quitó, quedándose totalmente desnuda delante de él. Tenía el coñito sin pelo, como el de una chica, y sus pliegues rosados eran de lo más apetecible. Ella, nerviosa, se mordía los labios, a la vez que no podía evitar fijarse en el enorme bulto de la entrepierna de don Benito. El hombre pasó los dedos por su chochito, entre los labios, y la frotó un poco.

-¡Ah!- se le escapó un gemido a la chica. -¡Eres preciosa! Ven, túmbate aquí, Laurita.- la cogió de la mano y la llevó a un rellano entre dos árboles con muchas hojas. -¿Qué me va a hacer?- Ella le miraba sumisa, con los ojos como platos, mientras él se despojaba de su camisa y pantalón y le mostraba una polla descomunal, que la hizo gritar sólo con verla.-Te voy a follar, cariño. -No, no, por favor, don Benito. ¡Eso no! -Tranquila, preciosa. Te voy a dar mucho gusto, ya lo verás- dijo, a la vez que se recostaba sobre ella.

Laurita le cogía la enorme polla con una mano, como queriendo apartarla de ella, pero no cerraba sus piernas, y dejaba que él la besara por todo el cuello y los pechos, mientras repetía:

-No, por favor, don Benito. ¡No me folle, no me folle! -¡Ya verás cómo te gusta! -Es muy grande, don Benito. ¡Ah! ¡Aaahhh!- la punta de la verga empezaba a entrar en los labios vaginales de la chica. Don Benito le sujetaba las dos manos contra el suelo y empezaba a empujar con fuerza. El grueso tolete iba penetrando poco a poco por las estrechas paredes de su coñito.

-¡Oooohhhhh! ¡Aaaaahhhhhh! Le había clavado toda la estaca en su interior, y la chica arqueaba su cuerpo, con los ojos cerrados, mientras don Benito empezaba a bombear. Se retorcía y estiraba sus brazos hacia atrás. Después de un minuto, Laurita empezó a gemir.

-¡Oh!… ¡Ah!… ¡Sí! ¡Siiii! Comenzó a acariciarle la espalda con sus manos y a levantar las piernas para envolverle con ellas y no dejarle escapar.-¡Qué bueno, don Benito! ¡Qué bueenoooo! -¿Te gusta, pequeña? -¡Sí, siiiii! ¡Qué bien! ¡Qué bieeeeen! ¡Como me gustaaaa!

Le cogía la cara con las manos, le daba besos en el cuello y le mordía el hombro, tratando de devolverle todo el placer que estaba recibiendo de su polla. El se la sacaba casi del todo para después clavársela con fuerza. Su coño era una delicia; húmedo y muy estrecho, con unos labios grandes que envolvían la polla que la penetraba una y otra vez. Benito aceleró el ritmo de sus embestidas para que la chica se corriera a la vez que él, provocándole unos gemidos cada vez más fuertes.

-¡Aaaaaaaahhhh! ¡Aaaaaaahhh! ¡Siiiii!… ¡Asíii! ¡Asíiiiii!

Ramón paseaba por la arboleda con su escopeta al hombro, cuando escuchó los quejidos de Laurita, y se dirigió intrigado hacia el lugar de donde provenían. Al llegar junto a ellos, vio a Benito dando los últimos coletazos mientras la chica le sujetaba el culo con las manos. No lo dudó un instante, y se despojó de sus pantalones sacando una verga más grande incluso que la de Benito, con una punta roja que apuntaba desafiante al cielo. Se acercó a ellos, justo cuando Benito se apartaba de la chica y ambos le miraron con sorpresa.

-¡Vaya, vaya! Pero si es Laurita… ¡cómo está de buena la chica! Ya tenía yo ganas de pillarte, guapa.

Laurita le miraba desde el suelo, aún no repuesta de su primer orgasmo, y un poco temerosa ante la tremenda tranca que tenía frente a ella. Seguía muy excitada, y su coñito le palpitaba. Ramón le tendió la mano y la ayudó a ponerse en pie, a duras penas, mientras la abrazaba y sobaba su culito. Ella se dejaba hacer, pero en un momento de cordura se volvió hacia Benito, suplicante:

-¡Don Benito, por favor, ayúdeme! -¡Vamos preciosa, no seas cría! ¡Relájate y disfruta, que te va a gustar mucho!

Ramón la levantó con ambas manos por el culo y, de pie como estaba, ensartó su enorme polla en el coñito de la chica. Ella se agarró fuerte al cuello de aquel hombre y enroscó sus piernas en su cintura, mientras sentía como la partía por la mitad.

-¡Ooohh noooo! ¡Aaaaaahhhhhh! Ramón la follaba salvajemente, haciéndola botar sobre su estaca, mientras Laurita se abrazaba a él con todas sus fuerzas. Esa polla se le clavaba hasta las entrañas y la hacía gritar de gusto. -¡Aaaaahhh! ¡Aaaahhhh! ¡Siiii! ¡Siiii!

Mientras tanto, la pequeña Ana aguardaba junto al camino y escuchaba a lo lejos unos gritos que le parecieron los de su hermana. Estaba un poco asustada y no entendía por qué tardaba tanto don Benito en darle su regalo.

-¡Huuyyy! ¡Aaaaayyyy! ¡Aaahhh! ¡Aaaaahhh! -¿Te gusta eh, zorrita? ¿Te da gusto mi polla? -¡Siii! ¡Ssiiiiii! ¡Aaaaaahhhhhh! -¡Te la voy a clavar hasta el estómago, golfa!

Ramón la sujetaba ahora de los hombros y empujaba hacia abajo, para meterle la polla más a fondo. Los alaridos de la chica le estaban poniendo muy cachondo y no iba a tardar en correrse dentro de ella.

-¡Ooohhhh! ¡Siiiiiiiii! ¡Siiiii! -¡Toma, zorra, toma!

El segundo orgasmo de Laurita hizo que las contracciones de su chochito acabasen con la resistencia de Ramón, que empezó a soltar su semen dentro de ella. Al acabar, ella seguía aún abrazada a Ramón, exhausta y satisfecha, parecía no querer soltarse nunca. Sin embargo, los planes de Benito eran otros, y sin darle tiempo a la chica para reponerse, la cogió de nuevo por la mano y la hizo descabalgar.

-¡Ven aquí, cariño, que aún no hemos terminado!

Laurita obedeció sin rechistar, preguntándose qué le iban a hacer ahora. La colocó en cuclillas, con la cabeza en el suelo y el culo bien arriba y empezó a acariciar su ojete. La visión de aquella potra con el culo en pompa era espectacular, sus tetazas colgando, sus brazos estirados entre las hojas y su melena rizada tapando su cara. Don Benito enterró un dedo en el culo de Laurita, y ella se volteó extrañada:

-¿Qué me va a hacer ahora, don Benito? -Te voy a encular, preciosa. ¡Te la voy a meter por el culito! -¿Me va a doler?

El hombre no respondió y ante la pasividad de la nena empezó a enterrar la polla en su culito. Estaba muy estrecho, y su polla era muy gorda, pero consiguió meterle la punta.

-¡Oh! ¡Pare por favor! -Espera un poco, hija, que enseguida termino… -¡Noooo! ¡Es muy grande, don Benitooooo! ¡Aaaaggghhhh! -¡Aguanta, nena!

Se la ensartó hasta los huevos y se dispuso a disfrutar de su culito. La chica se retorcía y apretaba los puños, llenos de hojas del suelo.

-¡Sáquelaaa! ¡Don Benito, por favor! ¡Saquemelaaa! -¡Que culo tienes, hija! ¡Qué culoooo! -¡Aaaahhh! ¡Aaaahhhh! ¡Me quema, don Benito, me quemaaaa. -¡Así, preciosa, sé buena y déjame tu culito! Yo te haré más regalos. ¡Ya verás cómo te gustan!-¡Aaaaahhh! ¡Aaaagggghhhh!

Don Benito la sujetaba de las caderas mientras le follaba el culo a placer. El ojete de Laurita empezó a acostumbrarse a su invasor, y pronto la chica lo disfrutaba, dando grititos agudos cada vez más fuertes.

– ¡Ohh! ¡Aaahhhh!… ¡Aaayy! ¡Aaaahhh!- Veo que empieza a gustarte, Laurita. ¡Me alegro porque este culo que tienes está hecho para reventarlo a pollazos!-¡Uuffffff! ¡Aaaaahhhh! ¡Siiiiiiii! -¡Te la voy a clavar por el culo todos los días, golfa! ¡Ya verás cómo te gusta!-¡Oohhhh! ¡Siiiiii! ¡Qué polla tiene don Benito! ¡Es muy gorda! ¡Muy gordaaaaaa! -¡Toma, hija de puta! ¡Tomaaaa!

Don Benito estaba a punto de correrse de nuevo. Se recostó sobre la espalda de Laurita y le agarró los pechos haciéndola caer contra el suelo mientras daba los últimos pollazos en su culo. La chica sonreía satisfecha.

-¡Aahhhh! ¡Don Benito, que bien! ¡Cómo me gusta su polla!

Ramón, que había permanecido observando la escena tranquilamente, se dirigió de nuevo hacia ella:

-¡Bueeeno, pequeña, ahora me toca a mí disfrutar de ese precioso culito tuyo!-¡Oh, no, por favor don Ramón! ¡Su polla sí que no! ¡Es demasiado grande!-¡No te preocupes por eso, ya verás cómo te cabe, zorrita! ¡No puedes privarme de un culazo como el tuyo! -Huuummm… está bien, pero con cuidado, por favor- dijo mientras volvía a poner su culo en pompa preparándose para recibir el pollón que se le avecinaba enhiesto y curvado como un sable.

Asomó su cara por un costado para ver como aquel hombre se colocaba detrás de ella y se disponía a sodomizarla. Su ojete estaba lubricado por el semen que acababa de recibir, lo que favoreció el enculamiento. Aún así, el pollón rebosaba embutido en aquel culazo. Tras unos momentos de acoplamiento, la enorme tranca resbalaba ya por el estrecho agujero de Laurita, para disfrute de esta.

-¡Oh! ¡Don Ramón! ¡Qué bien me folla!-¡Eres una chica muy buena, Laurita! ¡Así, pequeña, mueve el culito! ¡Muy bien!-¡Qué polla tiene, don Ramón! ¡Es tan grandeeeeee!…  ¡Aaaahhh! ¡Aaaugggghh!

Ramón era un hombre muy fuerte, y quería disfrutar ese culo a conciencia, así que pasó sus brazos por detrás de las piernas de Laurita y la agarró bien para levantarse sin sacar su polla del culo de la chica. Ella, sorprendida, se aferró con sus brazos al cuello de Ramón, quien consiguió ponerse de pie y siguió taladrándola. Laurita quedó de cara a Benito, ensartada por el culo y con sus enormes melones botando ante él. No lo dudó un instante y se acercó a ella. Cogió sus tetazas con ambas manos y las besó con ansia. La chica se moría del gusto. Entonces apuntó su verga hacia el coño y se la clavó sin miramientos.

-¡Aaaahhhh! ¡Siiiii! ¡Siiiiiiii! -¡Toma, zorra! ¡Toma polla!-¡Me mueeeerooooo! ¡Aaaaaaaahhhhh!

Laurita estaba emparedada entre los dos hombres, que le perforaban sus dos agujeros sin descanso. Ella se abrazaba a Benito y gritaba como una perra en celo.

-¡Cabrones! ¡Me vais a mataaar! ¡Cabroneeesss! ¡Aaaggghhhh! -¡Te vamos a hacer esto cada día, zorrita! ¡Todos los días te vamos a perforar, perra! -¡Aaaahhhhh! ¡Siii! ¡Siiiiiiiiii! ¡Cabrooneeesss! ¡Bastardosss! ¡Aaaaaaggghh!

Los dos hombres se corrieron de nuevo dentro de ella y le dejaron inundados de semen sus dos agujeros. Cuando terminaron de disfrutar de ella, la chica estaba exhausta, pero feliz. Le escocía un poco el ojete, pero se sentía más mayor, más mujer. Le dieron unas palmaditas en el culo y le siguieron sobando todo el cuerpo mientras se vestía. La dejaron irse, a condición de que volviese al día siguiente para recibir otro regalo. Ella aceptó y se fue sonriendo. Volvió al camino donde había dejado a su hermanita pequeña.

-¿Por qué has tardado tanto? -Por nada, Anita. Es que me han estado contando unos cuentos muy divertidos.- ¡Ah! ¿Y por eso gritabas tanto? -Por eso, Anita, por eso- dijo sin poder evitar una risita.

Autor: cinico69

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Sexo en la Patagonia

Éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69.

De acuerdo a lo que habíamos convenido lograste viajar a la Patagonia sola; cosa que costó bastante trabajo porque tu esposo no quería, pero con el argumento de que debías asistir a esta reunión de trabajo  de la empresa en la que trabajabas pudiste partir para el sur.

Llegaste en una empresa de colectivos a las 21,00 horas,  yo te estaba esperando en la terminal de ómnibus.

Me reconociste en el mismo momento que pisaste suelo patagónico porque habíamos buscado una forma de reconocimiento muy clara… yo también te ubiqué en el mismo momento que apareciste en la puerta para descender, era evidente que eras esa súper hembra que mostraba su figura súper ajustada en esa mini negra que apenas te tapaba uno centímetros más allá de la tanga y esa blusa que ajustaba tus senos que parecían querer escaparse del encierro que les habías impuesto.

Estábamos en mi pequeña  ciudad; en consecuencia nos saludamos muy cordialmente con un apretón de manos y un beso en la mejilla.Te invité a subir a mi coche y de inmediato partimos.

-¿A dónde vamos? – me preguntaste. ¿Cómo hiciste con tu esposa? ¿No sospecha nada?-No te preocupes –  te respondí – En este momento estoy partiendo para un ciudad que está a setecientos km de acá para participar de un congreso.

-¡Noooooo! – Dijiste – ¿todavía tengo que seguir viajando? ¡Estoy cansada!-Es que no vamos a seguir viajando amor – te respondí,  mientras apoyaba mi mano en tus piernas (lucías esa hermosa mini que realzaba tu figura) – nuestro destino está a sólo unos treinta  km de aquí.  El motivo de mi desaparición de casa por dos largos días es un congreso que se realiza allí y al que asisto con un compañero de trabajo. Está todo armado así y no creo surjan inconvenientes. -Ahora te invito a partir para una cabaña que he reservado en el Parque Nacional… ¿Aceptas la invitación mi amor? – te digo mientras corro suavemente mi mano por tu pierna.

-¡Claro que acepto! – me respondes – para eso hice este tremendo viaje mi amor. Creí que era verdad lo del viaje de setecientos km. ¡Que susto!

Fue tan entretenida nuestra charla mientras viajábamos que nos pareció un instante y ya nos estábamos instalando en la cabaña en medio del bosque. Eran las 22,00 hs y aún la noche estaba lejos de llegar, por lo que admiraste un momento el hermoso paisaje que nos rodeaba. Estaba todo previsto. En la heladera encontrarías todo lo necesario para vivir dos días en medio de este hermoso paisaje. Te ayudé a bajar tus efectos personales, te hice conocer cada rincón de “nuestra cabaña”… al frente teníamos un hermoso lago… hacia el fondo el bosque invitaba a las más locas aventuras…

-Tené cuidado con el lobo feroz – te comenté.-¡Ojalá me atrapara ya el lobo feroz! – me respondiste. -Estoy yo para defenderte mi amor – te dije – ¡No le permitiría que te tocara!

Reímos y nos dirigimos a la sala.

-Tomamos una copa – te invité.-Si mi amor – me respondiste.

Nos sentamos en un mullido sillón cada uno con su copa en la mano e hicimos un brindis por el encuentro.

Brindis completo; junto al chin-chin de las copas nuestros labios se unieron en un larguísimo beso… Nuestras manos comenzaron a recorrer los cuerpos… Recorrimos lentamente cada rinconcito, cada curva, como queriendo no dejar detalle sin descubrir en cada milímetro. Tu ajustada blusa desapareció rápidamente  y quedaste solo con el corpiño que parecía querer apresar esos hermosos y  turgentes montes que parecían tus  senos que pujaban por escaparse. ¡Qué hermoso par de tetas! Mientras vos no perdías el tiempo y me quitabas la camisa con una habilidad que demostraba que no era la primera vez que realizabas esta tarea.

Sin desprenderlo, te levanté el topcito y me “prendí” a esos pezones que ya estaban duros como acero y parados cuan largos eran y te los chupé largamente… por momentos te chupaba los pezones… luego recorría con mis labios todas tus tetas, sintiendo como te estremecías y gemías denunciando tu calentura cada vez mayor.

-Amor, démonos una ducha… ¿sí?- te invité.

Así los hicimos por turno.

-¡Prepárate para todo! – te comenté cuando estabas en la ducha.-Siiiiii – me respondiste.-Allí encontrarás todo lo necesario.-Ya lo vi – me respondió – veo que no olvidaste ningún detalle.-Por supuesto – le dije – quiero que esta noche no tengamos ningún imprevisto. Encontrarás allí todo lo necesario para prepararte para una noche de sexo total, mi amor. Hacelo sin apuros que yo esperoooo.

Fueron largos veinte a treinta minutos… apareciste hecha una diosa… nos abrazamos en la misma puerta del baño y comenzó una acelerada sesión de caricias y besos, en un instante la poca ropa que nos cubría había desaparecido. Como el sillón lo permitía nos acostamos en el, pero cada uno en posición invertida a la del otro y comenzamos una mutua tarea de recorrer toda la parte del cuerpo ya desnuda besando y chupando cada milímetro…

Me prendí de tu clítoris mientras vos te metías mis huevos juntos a la boca… ¡Que hermosa sensación! No sé cuantos minutos transcurrieron; lo que si era verdad que ya nuestra mutua calentura alcanzaba ribetes nunca imaginados… éramos un macho y una hembra sedientos de sexo que no medíamos ya lo que hacíamos; yo bajé un poco más y encontré una concha que ya se abría sola y fluía de ella el más rico elixir que hacía mucho tiempo no degustaba mientras sentía que vos me envainabas la pija con tu boca y comenzamos el más caliente 69…

Mi lengua me parecía corta adentro de tu concha mientras empujaba mi pija adentro de tu boca hasta tocarte la garganta produciéndote al principio un par de arcadas, luego te habituaste por lo que insistí en empujar la pija y sentí que la cabeza pasaba más allá de tu garganta. ¿Cuánto tiempo estuvimos en esta tarea? Creo que mucho más de media hora. La noche ya había llegado por lo que, antes de continuar cerramos las cortinas que estaban abiertas para evitar la mirada de algún ocasional caminante.

Te tomé en brazos y nos dirigimos al dormitorio donde nos esperaba una enorme cama en la que te deposité de espaldas en el borde… Tendida así, abrí tus piernas… Me metí entre ellas y afirmé la cabeza de mi pija en tu concha… Jugué allí recorriendo desde el clítoris hasta el culo que eran un mar… habías perdido tanto líquido que caían gotas sobre la sábana, y con este juego pareció acelerarse esa hermosa catarata mojándome la pija que también goteaba sin parar.

Estabas tan lubricada que bastó solo una pequeña intención para sentir como entraban mis 21 centímetros adentro tuyo y mis huevos se afirmaban en tu culo. Cogimos largamente en esta posición… Luego puse tus pies sobre mis hombros y me pareció que la pija llegaba hasta tu diafragma… me sentía tan adentro tuyo que te comenté:

-Amor, me quedaría toda la noche adentro tuyo.-Y yo te tendría toda la noche adentro de mí, mi macho querido – me contestaste.-¡Sos una yegua caliente! – te grité.-¡Y vos un macho pijudo! Me respondiste – ¡Cógemeeeee, cógeemeeee! Gritabas.

-¡Siiiiiiiiii mi yegua puta reputa, te gritaba! – mientras seguíamos en un violento entre y saca que sacudía toda la cama que crujía como si se fuera a romper.-Espera – me dijiste y sacando velozmente la pija de adentro tuyo te diste vuelta y te pusiste en cuatro-¡ahora soy tu perrita! – Me dijiste – ¡clávame asíiiiii!-¡Y yo soy tu perro caliente que te va a coger hasta abotonarse!

Sin dudarlo te ensarté de un solo envión haciéndote quejar del golpe que di contra tu culo. En esta posición seguimos la tarea, mientras comencé a frotarte el culo con un dedo que primero lubricaba en tu argolla que parecía un mar. Sentí que tu culo comenzaba a responder abriéndose por lo que aproveché para agregar un dedo más y luego otro que entraron totalmente.

-¡Amooorrr! – Gritaste – ¡Dámela por el culoooooo! ¡Quiero que me culees! – ¡Siiii mi vida! – te respondí mientras sacaba la pija de tu argolla y sin esperar un instante y de un sólo envión te la ensarté toda hasta sentir mis huevos afirmados en tu concha. –  ¡Ahhhhhh! –Gritabas – ¡Que hermoso naboooo! ¡Me llega hasta el estómago mi amor!- ¡Si amor, te la metí toda! – te contesté.

Y entonces comenzamos una serruchada que hacía crujir la cama que yo creo se escuchaba a un kilómetro. Tus gritos se mezclaban con los míos y llenaban el silencio de la noche mezclándose con el murmullo del agua del lago y el sonido de la suave brisa en los árboles. En ese entre y saca algunas veces te sacaba totalmente la pija del culo y te la ensartaba en la concha, volviendo luego al culo… esto te enloquecía porque aullabas como una verdadera perra.

Te pedí que te dieras vuelta y poniendo tus dos piernas en mis hombros tuve a mi disposición tus dos agujeros que comencé a atacar sin piedad ensartándote la pija hasta los huevos en cada uno de ellos… vos ya habías tenido como cinco o seis orgasmos cuando sentí que acababa… Te lo dije y aceleramos  nuestros movimientos hasta que, cuando sentí que acababa te saqué la pija del culo y acabé llenándote de leche las tetas y la cara.

Quedamos un largo rato tendidos en la cama, era ya la una de la mañana. Te invité a ducharnos juntos. Lo hicimos y luego cenamos y charlamos un largo rato. En seguida nos acostamos y, como si recién nos hubiéramos encontrados, nos echamos un tranquilo polvo y nos dormimos abrazados.

Cuando nos despertamos era día total, un sol hermoso nos ofrecía un paisaje verdaderamente sensacional… Miramos la hora… eran las dos de la tarde…

Continuará…

Autor: Mario

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El sobrino de mi marido

Me meneaba desaforadamente, desesperada en busca de un nuevo orgasmo, él me amasaba las tetas estrujando mis pezones, y dejando caer mi cuerpo encima de su gran pico que me ensartaba y me traspasaba… era lo que quería desde hacía mucho, tener ese pico metido en mi concha hasta el fondo, era tan rico que no me importaba nada, sólo gozar de ese muchacho con su pico tan grande.

Lo que les voy a contar me está ocurriendo desde hace unos pocos meses. Yo soy una mujer de 52 años, casada con un matrimonio bastante normal. Trabajé muchos años en una empresa como jefa de personal, pero hace unos dos años que estoy de dueña de casa, descansando. Mi marido por su profesión, debe ausentarse repetidas veces del país, pues está como representante para América Latina de la empresa en que trabaja. Bueno, un día ocurrió algo que vino a cambiar mi vida tranquila y normal, casi aburrida, y que es el motivo de esta narración.

Mi marido me contó que el hijo de una sobrina que vivía en el sur, vendría a la capital a estudiar en la Universidad y que él le había ofrecido hospedarlo en nuestra casa, que es bastante grande y cómoda, mientras estudiaba. Yo conocía al muchacho, era muy agradable, claro que hacía como 8 años que no lo veía, de modo que no tuve ningún reparo, al contrario lo acepté encantada pues me sentía muy sola, nuestros hijos ya casados, habían formado sus propios hogares y nos visitaban de vez en cuando.

Y llegó el día del arribo del sobrino nieto a nuestra casa. Lo recibimos con mucha alegría, dándome cuenta que el muchacho había crecido bastante. Ya tenía 19 años y se había transformado en un joven alto muy apuesto, con su misma simpatía habitual de niño. Al poco tiempo ya estábamos como una familia, conviviendo gratamente. El muchacho tenía su computador y allí estudiaba en su cuarto. Me enseñó a usarlo y me creó un correo “formal” para contactarme con mis hijos y amigas y me hice adicta al Internet, que él me adiestraba. Un día que estaba sola, fui a su pieza a ocupar el computador y al encenderlo, apareció esta página… en la sección de Relatos en el apartado de Sexo con maduras. Comencé a leer algunos relatos que me parecieron bastante fuertes, pero me empezaron a excitar sobremanera y sin darme cuenta, llevé mi mano a mi entrepierna, acariciando por sobre el calzón mi conchita que estaba húmeda… con mis dedos acaricié mis labios e introduje uno de ellos haciéndome una paja que hacía tiempo no me corría. Mi excitación estaba muy elevada por los relatos de muchachos con vecinas, con amigas de la casa e incluso con… tías. Después de eso, cada vez que podía me metía a ese sitio y leyendo otros relatos me hacía un par de pajitas que me dejaban relajada. Era como un vicio para mí y a veces al vestirme me quedaba sin calzones para disfrutar directamente de mis dedos leyendo esos relatos.

Y un día que estaba lo más entretenida leyendo un relato, aún no me metía los dedos, siento que entra alguien a la pieza. Para mi sorpresa era Carlos, mi sobrino. No alcancé a apagar el aparato y mi reacción fue algo torpe.

-Tía –me comentó él- veo que ya aprendió a manejarse en Internet. Esa página es muy interesante. -Carlitos –murmuré- yo… yo… bueno… estaba intruseando un poco… y me encontré con esto… en realidad son bastante… interesantes los relatos.-Si tía –continuó el joven haciendo de la situación lo más normal –son casi puras narraciones de lectores y lectoras que cuentan sus experiencias… a mí me gustan mucho -Pero son puras mujeres maduras con… jovencitos… ¿te gusta eso? -¡Por supuesto tía! Para mí no hay como las mujeres maduras –respondió entusiasmado. Incluso –prosiguió- si no te molesta, te puedo mostrar páginas con fotos… pero no… sería una falta de respeto… discúlpame tía… me fui en la volada -y tratando de cambiar la conversación- ¿qué tienes de rico para almorzar?

Yo no quise aparecer como que estaba tan interesada. La verdad es que me hubiera gustado que me hubiera mostrado todo eso… sentía mis calzones mojados. Pero no debía demostrar ese entusiasmo, aunque lo dudé. Me levanté del asiento y lo invité a bajar al comedor. Cuando bajábamos la escala, él se puso a mi lado y me abrazó cariñosamente.

-¡Miren como mi tía aprendió a meterse a las páginas porno! Ja, ja, ja! Si quieres después te muestro otras… -En realidad Carlitos, -traté de justificarme- como paso sola y aburrida, no creo que sea nada malo entretenerse ¿no es cierto? -¡Por supuesto tíita, yo le enseñaré otras muy interesantes. –y me apretó dándome un beso en la mejilla. Almorzamos sin comentar nada más. Yo estaba muy nerviosa y Carlos creo que también, ambos eludíamos el tema, pero al final del almuerzo lo retomó él.

-¿Vamos tía y le enseño algo, para cuando quede sola?

Subimos nuevamente, yo delante de él. No sé si era mi imaginación, pero creí sentir su mirada pegada a mis nalgas grandes y apretadas por la falda, algo estaba cambiando en mí. Encontraba algo no tan anormal la relación de un joven con una veterana… por lo menos en los relatos así se veía y no dejaba de pensar en ello… Llegamos a su cuarto y él manipuló y entró a una página de fotos de maduras con jovencitos… eran fotos bastante fuertes, mujeres gordas, viejas con los miembros de los jóvenes en sus manos o en su boca… desnudas o semi desnudas, mostrándole sus cuerpos a los jóvenes que las manoseaban… -Pero esas mujeres son casi más viejas que yo… y más gordas… uuuf… ¡mira! -Son mujeres normales tía –respondió Carlos- no son modelos de 90, 60, 90, sino mujeres normales, como cualquier dueña de casa que demuestran sus deseos y sus gustos por lo jóvenes y dispuestas a aprovechar el tiempo gozando. ¡Son las mujeres que a los jóvenes nos gustan! -¿Y tú crees que mujeres como ésas… entusiasmen a los muchachos? ¿Crees que mujeres como yo… podrían excitar a jóvenes como… tú? -¡Por supuesto tía! Usted está mucho mejor que cualquiera de esas mujeres… sería el sueño de tantos jóvenes como yo… ¡les gana en belleza y cuerpo! -¡No seas adulador! Sé que tengo mis años, mis kilos de más… pero viéndolas… creo que me veo mejor que muchas de ellas… ¿qué piensas tú?

El muchacho me tomó de la mano, me levantó del asiento y me hizo dar una vuelta admirando mi cuerpo. Lanzó un silbido de admiración y acarició levemente mi cintura algo gorda y rozó mis senos con el dorso de su mano. Sentí una corriente que recorría mi cuerpo desde mi cabello hasta los pies, erizando mis pezones.

-Ud. tía tiene mucho más que ofrecer que cualquiera de ellas.

-Bueno, bueno Carlitos, es hora que te vayas a la Universidad –le dije tratando de cortar esa conversación que se estaba poniendo peligrosa. Carlitos comprendió y se despidió con un beso en la mejilla más largo que de costumbre y guiñándome un ojo me dijo: -Chao tía, le dejo encendido el computador. Allí podrá navegar por todo el sitio para que disfrute…

Sentí la puerta cerrarse El muchacho se había ido a la Universidad. Quedé sola contemplando los cuerpos robustos de esas mujeres que se comían una vergas fabulosas de muchachos más jóvenes… navegué viendo un sinnúmero de fotos que me elevaron la temperatura al máximo… sentía mi conchita empapada. Me miré al espejo haciendo sobresalir mis senos grandes y mi abultado trasero. Me quité la blusa y el sostén dejando mis dos tetas grandes y redondas al aire, las tomé por debajo levantándolas… mis pezones estaban erectos aún antes de tocármelos. Las comparé con la mujer que estaba en la pantalla desnuda y encontré mejores las mías. Las acaricié… mi concha estaba inundada… que sensación más rica sentía de tocar mis propios pezones. Luego desabroché mi falda dejándola caer. Mis grandes nalgas cubiertas por unos calzones negros no muy chicos por el tamaño de mi culo, pero muy sexys, transparentes. Miré mi culo al espejo y lo comparé con el de otra mujer que apareció en la pantalla y también encontré mejor el mío. Lentamente fui bajando mis calzones hasta sacarlos completamente… ahora estaba totalmente desnuda como las mujeres de la pantalla, abrí mis piernas y miré mi conchita, cubierta por abundantes vellos… a mi marido no le gustaba que me depilara totalmente, sólo los bordes por el traje de baño, pero le gustaban abundantes y naturales en el centro.

Miré a las mujeres de la pantalla y encontré más calentadora mi zorra peluda que esas tan depiladas de mujeres maduras… cuestión de gusto… Desnuda me senté frente al computador y comencé a hacer pasar imágenes en la pantalla, mujeres de todos tipos, todas maduras, con diferentes muchachos chupaban vergas, eran mamadas sus conchas, tenían vergas ensartadas… ¡uuuf! Cada vez me calentaba más… en ese momento deseaba la presencia de algún muchacho como los de la pantalla… con las piernas bien abiertas, metí mis dedos entre los labios de mi conchita y comencé a sobar lentamente toda esa zona que estaba empapada…

De pronto sentí unas manos que me tomaban por detrás mis dos tetas. Me asusté, pero la voz de Carlitos me hizo perder el miedo y más aún cuando me acariciaba ricamente mis tetas diciéndome: -Yo sabía que te encontraría así tía querida… ya sabía por eso me devolví… Hace tanto que deseo acariciar estas tetas riquísimas que tienes y poder disfrutar de tu cuerpo tan rico… -¡Carlitos! –Exclamé- Carlitos… ¡que rico…! ¡Que rico me las tomas..! ¡Sigue por favor! –ya no me importaba que fuera mi sobrino el que me estaba gozando, ni que fuera como mi nieto… sólo quería gozar como esas mujeres de la pantalla… – Ooooh mijito..!

Carlitos estaba desnudo, al igual que yo y sentí su rígida verga en mi espalda, me levanté y nos abrazamos ambos desnudos dejándonos caer en la cama de él. Nos revolcamos besándonos furiosamente en la boca, luego él fue bajado sus besos y se apoderó de mis tetas que chupó por largo rato, para bajar con su boca hasta mi vagina… abrí lo que más pude mis piernas, mostrándole mi concha abierta y mojada.. su lengua fue mi consuelo, pues la forma de lamer me llevó a mi primer orgasmo en pocos segundos, gritando y gimiendo de placer… estaba a punto y bastó unas pocas lamidas para irme cortada…

Una corriente eléctrica me invadió y el placer de esa acabada fue intensísimo. Nos acomodamos, pues yo quería comerme esa enorme verga de mi sobrino, que no tenía nada que envidiarle a los muchachos de la pantalla, pero también quería otra mamada de concha. Nos ubicamos e hicimos un 69 en toda su regla, donde yo chupaba con total frenesí esa rica pija, mientras Carlitos, me lamía la concha y la entrada de ano, que estaba empapado por los jugos de mi acabada… fue una comida fantástica…

Ya no podía resistir tanto placer… si estaba caliente con las imágenes ahora se había centuplicado mi calentura al tener un pico en vivo dentro de mi boca, el que podía gozar, saborear y comer a mi antojo, mientras esa deliciosa lengua hacía de las suyas en mi concha y en mi culo, que la recibía ansioso, meneando mis caderas en forma alocada… de pronto nuevamente esa sensación de corriente eléctrica que anunciaba un nuevo orgasmo…

Apuré mi chupada apretando con mis labios la cabeza del miembro del muchacho e intensificando mi movimiento de la cabeza, mientras con mi mano pajeaba su tronco… fue suficiente para que Carlitos se envarara y me lanzara chorros de leche caliente que traté de tragar, a pesar de casi atragantarme con tanta cantidad, acabando junto con él en un concierto de gemidos, grititos y meneos de cadera que me hicieron quedar casi desmayada, saboreando la delicia de su abundante leche en mi garganta y dándole mis jugos que el muchacho tragó golosamente. Quedamos tendidos en la cama agitados, disfrutando de ese momento, acariciándonos.

Sin casi hablar nos mirábamos y sonreíamos. Tomé nuevamente su pico entre mis manos, mientras él me masturbaba con sus dedos ávidos de hacerme gozar. Era mucha la diferencia de edad entre ambos, pero gracias a las imágenes de la pantalla, no me sentí tan culpable de hacerlo con alguien tan joven… en realidad lo que importaba era el placer de ambos, contenido por tanto tiempo. Una vez que estuvo nuevamente en condiciones de continuar, lo acosté boca arriba y me monté sobre su gran pico. Quería sentir ese instrumento hasta el fondo de mi concha y la mejor forma de sentirlo así, es subiéndose arriba de él ¿no es cierto amigas? Lo fui metiendo poco a poco, era demasiado grande, pero lo resistí muy bien cuando me senté de un golpe y con un gritito lo sentí ensartado hasta el fondo -¡Oooooooooooooooooooooh! ¡Uuuuuuuuuuuuuufgh! … ¡qué rico!… ¡que rico! así… así… empuja… es demasiado…ri…cooo… ooooooh como goo…zo… aaaay que grande… que rico… sigue…sigue… así… así mijito…. Mijito…. Aaaaay

Me meneaba desaforadamente, desesperada en busca de un nuevo orgasmo… él empujaba y me amasaba las tetas estrujando mis pezones, o con sus manos me agarraba las nalgas empujando y dejando caer mi cuerpo encima de su gran pico que me ensartaba y me traspasaba… era lo que quería desde hacía mucho… tener ese pico metido en mi concha hasta el fondo… era tan rico que no me importaba nada, sólo gozar de ese muchacho con su pico tan grande…

-¡Sigue mijito! Sigue así… haga gozar a su tía caliente… haga gozar a esta vieja calentona que quiere acabar de nuevo… así mijito… qué rico… ¿le gusta su tía? ¿Lo tiene caliente su tía puta mijito? ¿Seré su puta como las de la pantalla? ¡Quiero ser su puta… su vieja puta…. Aaaaaaaaay…. ¡Me vengo o tra… vez aaaaaaaaay!

Acabé en una seguidilla de orgasmos múltiples que se juntaron en uno solo grande al final… me sentí inundada nuevamente de leche joven y abundante, caliente y rica de mi sobrino… terminé moviendo mi culo sobre su pija como loquita, hasta que me dejé caer sobre él besando su boca y agradeciéndole por todo el placer que nos habíamos brindado.

Quedamos acostados un rato y luego, ambos desnudos y sin bañarnos, pasados a sexo, fuimos a la cocina y nos servimos una rica once reponedora, preparándonos para una noche que prometía ser espectacular, mientras mi marido estuviera fuera.

Agradeceré comentarios.

Autora: Madura Infiel

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