Un día cualquiera

El se tumbó en la cama y ella se sentó sobre su sexo y cuando lo hubo introducido entero se movió despacio arriba y abajo. Él le cogía los pezones con la boca, la besaba, pero se sentía otra vez a punto de reventar y se lo dijo, ella cabalgó más y más de prisa consiguiendo así tener juntos el orgasmo más deseado del mundo. Ella gritó hasta que su garganta no pudo más.

Era un día cualquiera para la mayoría de los seres humanos, pero no para Erica. Tenía por fin un ordenador en casa y estaba instalándole un montón de programas. Acababa de instalar un popular programa de chat y se dispuso nerviosa a entablar alguna conversación trivial, aunque sabía que en lo más profundo de su ser podía dar rienda suelta a sus gustos, nadie la conocía ni la juzgaría, o sí, pero le daba igual. Mirando los canales escogió uno con muchos usuarios y allí vio un chico que le llamó la atención. ¡Le proponía ver su sexo! Que alucinante, por supuesto que respondió a ese chico, y le dijo directamente que le encantaría ver su sexo. Él, le indicó que programas instalar y utilizar y tras unos esfuerzos… ¡lo consiguió!

Estaba excitadísima, era la primera vez que hacía algo así, ver a otra persona por ordenador, y nada menos que un chico ¡y si ella quería desnudo! Un cosquilleo la recorría y tomó la decisión de seguir y consiguió excitar a ese chico, y él se masturbó para ella, y ella para él. No le importaba nada, estaba encantada y se pasó horas hablando con él. Se cayeron de maravilla y coincidían en un montón de cosas, gustos musicales, aficiones,…Fueron pasando los días, hablaban y se conocían poco a poco, Erica sabía que desde el fondo de su ser algo estaba naciendo, a Juan ni se le pasó por la cabeza, Erica era su chica, le gustaba y ambos se gustaban, tanto que la distancia era un dolor físico, un dolor real que atacaba con más fuerza cada día.

Fue pasando interminable el invierno, y luego como por arte de magia surgió la primavera. Erica a través del Messenger, le presentó a una amiga, su mejor amiga Nuria a Juan y ambos se cayeron muy bien. A raíz de esa amistad, Erica trazó su plan; un día cualquiera sentó a su amiga al ordenador y la dejó hablando con Juan, tranquilamente, solo que Nuria no era ella, estaba siendo en ese momento Erica y el pobre Juan no sospechó nada. Al principio la notó algo menos chispeante, pero luego no se dio cuenta. Erica se encontraba camino de Barcelona, había dado ese paso y no quería arrepentirse por nada del mundo. Se encontraba nerviosa y excitada, pues no sabía cómo reaccionaría Juan, su Juan, ese chico que adoraba desde hacía muchos meses atrás. No aguantó más la espera y se dirigió a Barcelona.

Al llegar, lo primero que hizo fue buscarse un hotel donde poder dormir y arreglarse un poco. Ya estaba en su habitación cuando se dio cuenta de un detalle: no se había depilado desde la semana anterior, y quería estar perfecta. Aprovechó y se duchó. Estaba nerviosa y excitada, tanto que se duchó rápidamente y al rasurarse se acordó de sus duchas en casa y decidió relajarse, y con calma eligió la temperatura adecuada del agua y como el chorro de la ducha tenía poca presión, decidió quitar la alcachofa para que así fuese el chorro uniforme. Se volvió a enjabonar y esta vez jugueteó con sus pechos, redondos, duros y a los pezones les pasó los dedos tranquilamente consiguiendo ese cosquilleo que tanto le gustaba al cual respondían poniéndose duros y pronunciados. Se deshizo lentamente del jabón, pasando sus manos por todo su cuerpo y lo notó sumamente suave, secretamente preparado para lo que ella tenía en mente.

Cogió el chorro de la ducha con una mano, mientras con la otra separó lentamente los labios de su sexo y dirigió el chorro a su clítoris, rosado, expectante… ummm. Cómo gozó cuando sintió esa sensación al contacto con su cuerpo…

En otro lugar de Barcelona, Juan recordaba sus charlas con Erica, bajó su pantalón vaquero y al bajar su slip, saltó su sexo con la toda la fuerza de su deseo. Tenía su pene completamente erecto, duro, durísimo y con la necesidad enorme de eyacular. De pronto sonó su teléfono móvil -¿Hola? La voz al otro lado le preguntó si estaba solo, a lo que respondió afirmativamente, y después le dijo si podría abrir la puerta que en ese mismo momento iba a sonar el timbre. Quiso preguntarle quien era, pero el misterio del momento le gustó, y la chica había colgado. En ese momento tocaban a la puerta. Se vistió y menos excitado, pero duro todavía abrió la puerta. Erica y Juan se encontraron mirándose a la cara, con una enorme sonrisa de ella y una cara de estupefacción de él. Hola Juan, ¡sorpresa! Él no supo que decir y le contestó: -Que sorpresa ¿que haces tú aquí?

Ella no pudo aguantarse más, y se abalanzó sobre su cuerpo y le besó en los labios, -he venido a probar este sabor que deseaba con más fuerza cada día. Él le devolvió el beso rápido que ella le había dado y sin pensar le dio otro beso, pero esta vez suave, lento, húmedo y jugueteó con la lengua de ella hasta que notó otra vez que su sexo iba a reventar. Ella correspondió al beso primero con ternura y luego con verdadera pasión. Sus besos se hicieron más rápidos y él la detuvo. -Aquí no, vamos a tomar algo, pueden venir mis padres en cualquier momento. Ella accedió y paseando por la ciudad lo llevó disimuladamente hasta su hotel. Ambos se deseaban, y a Juan le encantó la idea de poder estar solos, así que la acompañó, agarrándola constantemente, de la cintura, sin poder desprenderse de ese sueño hecho realidad un día cualquiera de primavera.

Entraron en la habitación y acto seguido ella se le acercó por la espalda, le susurró- Te deseo, te deseo tanto que me estoy quemando, sólo tú puedes apagar este fuego que llevo dentro de mí. Le besó la nuca y él se dio la vuelta, claro que la deseaba y tanto o más que ella, pero a él las palabras no le salían. Decidió besarla mientras con sus manos iba recorriendo todo su cuerpo, primero con suavidad y luego con más pasión y furia desenfrenada que nunca. Ella notó su sexo y deseó probarlo antes de nada. Sin decir nada, le bajó la cremallera, le soltó el pantalón y le bajó el slip. Cuando vio delante de ella su sexo se sorprendió, no era enorme, pero sí bastante grande y cogiéndolo con una mano se lo llevó a la boca. Se acercó despacio, notando las pulsaciones en el pene de Juan y eso la excitó aún más si cabe y le pasó la punta de la lengua por la punta de esa pollota. Él no quiso seguir pero ella quería darle la oportunidad de relajar su sexo, y le hizo la mejor mamada de su vida, y aunque quizá no fuera la mejor, sí le supo a gloria.

Juan tras su eyaculación quiso corresponder al placer que Erica le había proporcionado, y la llevó a la cama. La desvistió completamente cubriendo cada trozo de su piel a besos y una vez completamente desnuda, se separó y la miró. Le parecía que era un sueño, que era irreal pero las sensaciones a flor de piel le decían lo contrario. Separó sus piernas y comenzó lamiéndole los muslos, dándole pequeños mordisquitos, mientras ella rozaba el cielo con ese cosquilleo y retorcía sus pechos entre sus dedos, y él siguió hasta llegar a su sexo. Tocó con sus dedos el sexo de ella, y lo notó muy, muy mojado, tanto que era todo líquidos, y ese aroma a sexo lo enloqueció. Le introdujo un dedo y ella gimió. Erica abrió las piernas mientras él le situó su miembro a la entrada de la vagina por primera vez. Ella se movía, intentaba que entrase en su sexo pero él quiso hacerla esperar, disfrutar de ese breve momento de mutuo deseo y le introdujo únicamente la punta.

Ambos lo deseaban tanto que ninguno pudo esperar y los dos introdujeron el resto de un mismo empujón. ¡Siiiii, por fin! Se movían acompasadamente, sintiendo cada roce interno, como los líquidos de ella fluían y favorecían la penetración, y como el sexo de él duro, se introducía acelerando el ritmo cada vez más. Se separaron y ella se dio la vuelta, le gustaba tanto sentirlo desde atrás que se puso a cuatro patas y él cogiéndola por los pechos le introdujo de un golpe seco, todo su sexo, y ella solo pudo gemir. Estuvieron mucho tiempo así, con ambos tocando el cielo y entre risas y jadeos ella quiso cabalgarlo.

El se tumbó boca arriba en la cama y ella se sentó sobre su sexo. Lo hizo despacio y cuando lo hubo introducido entero se movió despacio arriba y abajo. Él le cogía los pezones con la boca, la besaba, pero se sentía otra vez a punto de reventar y se lo dijo; -No importa mi amor, yo también. Dicho esto ella cabalgó más y más deprisa consiguiendo así tener juntos el orgasmo más deseado del mundo. Ella gritó hasta que su garganta no pudo más y él jadeó y expulsó todo lo que llevaba en su interior. A pesar de haber terminado no se separaron. Ella permaneció echada encima de él, y él admitió su peso con mucho agrado.

Había sido maravilloso, qué polvazo. No sabía cuánto tiempo hacía que habían llegado pero a ninguno le importaba. Se besaron nuevamente, esta vez con delicadeza. Un beso suave, lento, húmedo. Tan agradable eran esos besos, que ella se sintió nuevamente dispuesta y quería que su chico también lo estuviese, así que se hizo a un lado y le besó el cuello, jugueteó con el lóbulo de su oreja, descendió por su pecho musculoso y se detuvo en su ombligo. Introdujo su lengua y cuando ya se dirigía a su sexo, él la detuvo, quería dejar descansar un poco su miembro y pensó en hacerla sentir a ella lo que estaba deseando. Le acarició la cara y la besó tiernamente. Recorrió su cuello y se detuvo en sus tetas. Eran maravillosas, no muy pequeñas, más bien normales y con esos pezones morenos destacando en ellas. Se las comió a bocaditos. Las besó y lamió hasta que el roce la molestaba y siguió. Volvió a su sexo pero esta vez introdujo su lengua. Ummm, ¡que maravilla!

Mientras rozaba con un dedo su clítoris. Poco después ella tenía otro orgasmo maravilloso. Uff, no se cansaba jamás de su chico, quería más y más. Notó que comenzaba otra erección en él y decidió coger con sus pechos esa pollota que estaba a punto de comer. La situó entre ellos y cogiéndolos entre las manos empezó a masturbarlo, arriba y abajo, cada vez se hacía más grande y cada vez más ganas tenía de comérselo entero otra vez.

-Dame toda tu leche cariño, quiero beberla toda, quiero este sexo dentro de mí.

El volvió a sentirse excitado, no sabía cómo pero volvía a desear con toda su alma explotar dentro de Erica, hacerla gritar de nuevo y mientras ella le chupaba su sexo, él la cogía por la cabeza y por el pelo, -Sigue cariño, lo haces muy bien. Ella sentía ese sabor tan rico en su boca y chupaba con ganas, mientras con una mano masturbaba el pene y con la otra cogía sus huevos.

-¡Que rico!

El la subió apoyándola contra la pared, no pensaban en nada más, hicieron nuevamente el amor, con más deseo, con más ansias…Juan llenó él sexo de Erica con su semen caliente…ese era su momento y después de descansar un rato lo harían nuevamente, ahora se dormirían abrazados. Era su primer encuentro.

Espero sinceramente que te haya gustado.

Autor: Kendra

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