Endemoniada lujuria I

Mientras tanto pajeaba su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y sin parones continué hasta su delirio.

El jueves pasado era mi día libre. Quedé citado en casa con una mujer mayor que yo con la cual ya había chateado y hablado por teléfono horas y horas, habiamos empezado a salir hace ya dos meses, cafeterías, cines, pero sólo había conseguido de ella unos castos besos y horas y horas de charla para contarnos mutuamente nuestras penas. Al fín la había convencido de que viniera a mi casa a charlar y tomar una copa.

Tengo 35 años, soy divorciado y no ligo mucho. Por eso esperaba con ansiedad la llegada de Alba María, una cuarentona separada bien entradita en carnes, en espera de poder dejar de platicar y pasar a la acción cuerpo a cuerpo. Estaba desesperadito cuando sonó el timbre. Al abrir la encontré embutiendo su enorme cuerpo en un abrigo rojo. Le invité a pasar al salón y me deslumbré al apreciar sus formas mórbidas bajo el abrigo, demasiado exuberante, con una blusa que transparentaba el sujetador de encaje cubriendo sus exagerados melones, la blusa no podía disimular su culazo a punto de estallar bajo sus pantalones.

Al cabo de un poco de contarnos las penas mutuamente con un poco de alcohol, ella se mostró receptiva a mis caricias y sobeteos de pulpo en celo ¡Por fin! Enseguida dejamos de hablar y con un movimiento de manos, no se como terminamos en mi dormitorio (bueno era lo que había estado esperando tanto tiempo), en mi cama abrazados y morreandonos. Yo estaba obsesionado por destapar sus grandes balones y comerme su gigante culo, cuantas ale-manita´s me había hecho en su honor. Mientras la besaba la metía mano entre sus piernas, estaba encharcada de caldos y mis dedos se perdían y resbalaban.

– Apaga la luz por favor, me da mucha vergüenza – me pidió nerviosa.

Yo me opuse a la idea y comencé a desnudarla morbosamente, al descubrir sus tetazas las sorbí glotonamente escuchando como un gritito de placer salía de su boca abierta. Casi le arranqué las bragas tirándola a la cama y sin poder contener por más tiempo mi polla dura como una barra de hierro, se la metí en su mojada conchita sin ningún problema mientras la besaba el cuello y me agarraba a sus tetas.

¡Que caliente estaba ella!, gimiendo como un animal en celo.

– Ayyy Ayyy que bueno Ayyy- gritaba con sordina.

No se como pude aguantarme, pero después de tres minutos de acelerados pollazos se corrió como una loca casi llorando y gimiendo como una gata en celo.

– Eres estupendo, venga, córrete tú – me dijo con los ojos brillantes.

No se como me contuve pero la idea de atacar su retaguardia me tenia obsesionado. Le pedí que se pusiera encima de mí y al hacerlo agarré sus gluteos y separando sus carrillos, toqué su rosado agujero ya mojado de sus calditos chochiles. Mi dedo resbaló en su agujerito como abducido hasta la raíz.

– Déjame jugar con tu ojete, mi vida, está caliente y sedoso, no te dolerá si cambio el dedito por mi cosa, anda por fa. – Noooo, nunca me lo han hecho y me da mucha vergüenza, espera, déjame a mí que te voy a hacer una cosa que te va a gustar mucho. Anda saca el dedo que me da corte – sus reparos me excitaban aún más.

– ¿Eres virgen aquí? dije con el índice metido hasta el nudillo sin lubricación ninguna.-Si, lo soy, me contestó, – no me dañes por atrás.- No te voy a dañar en nada- la dije con voz de salido.

– Por favor, ¿que haces?, venga córrete en mí, amor mío…

Al ver que no podía seguir, acepté su invitación. Ella se sacó mi pichote y me tumbó con fuerza boca arriba y me dijo que si podía apagar la luz. Tuve que ceder, pero a cambio descorrí un poco la persiana para que al menos no pareciera que estábamos en una mina de carbón. Empezó a besarme las tetillas mientras sus bamboleantes tetazas acariciaban suavemente mi vientre. Me la va a chupar, pensé, y mi polla dio un respingo.

Ella siguió bajando sus carnosos labios llenos de carmín alborotado. Con su lengua recorrió mi ombligo, mi vientre, mis muslos. Yo casi temblaba de excitación.

– Te voy a dar un besito en tu cosa, pero por favor avísame cuando te vayas a venir. – No te preocupes yo sé contenerme, pero déjame que me corra entre tus melones, yo te avisaré. – Eres un pillo, pero quiero darte mucho gustito como tú a mí- seguro que sí lo haría.

Abrió la boca y se introdujo mi picha sin mucho arte, pero para arte estaba yo. Se notaba que no era una experta y que le daba un poco de reparo lo cual me excitó aun más. La enseñaría a darme “gustito”, ya lo creo. Con movimientos pélvicos acelerados y más por mi excitación que por su mamada, me di cuenta que ya no aguantaba más. Póntela entre tus tetas, que me corro vivo.

Ella se la sacó de la boca y diciendo – Vente ya amor mío -, me abrazó el cipote con sus melones.

Ayyyy, Ayyy. La llené de leche retenida mientras casi me desmayaba de gusto. Que pena de la falta de luz para ver los goterones de leche resbalar por sus domingas. Ella me besó achuchándome hasta casi el asfixio y diciéndome palabras de amor. Excusándose de su comportamiento

– Yo no soy así, pero me gustas y me pareces una buena persona…- Casi lloraba mientras yo pensaba que iba lista si creía que todo había acabado. Me gustaba, era atractiva y muy maja, pero ahora sólo pensaba en su culo y en como follarlo. Aunque mi pito estaba reducido, mi mente estaba super empalmada.

– Déjame lavarme y vestirme, estoy muy feliz y quiero tomar otra copa contigo, quiero hablarte de tantas cosas…- Cariño, no creas que esto se ha acabado, hablaré contigo tanto tiempo como tantas veces hemos hablado en cafeterías y después del cine, pero la tarde es joven y debemos disfrutar de nuestros cuerpos así que ahora vamos a ducharnos juntos con luz y conocer nuestros cuerpos.

La cogí de la mano y antes de que pudiera decir nada la conduje hasta el cuarto de baño, encendí la luz y una vez dentro la miré lascivamente. Ella se sonrojó y yo tapé su boca con un beso y me junté a mi leche vertida en sus pezones como pegamento, le agarré el culazo mientras me pegaba a ella como una lapa. Abrí el grifo de la ducha, casi nos caímos en la bañera. Ella siguió con sus reparos, ahora me decía que estaba muy gorda, que era mayor que yo, que íbamos muy rápido…. Volví a tapar su boca con un beso y agarrando sus melones le dije todo salido.

– Te voy a follar hasta que te vuelvas loca, eres mi reina y yo tu esclavo, te voy a lamer toda.

Ella se volvió a poner colorada, pero con los besos los ojos la brillaban y seguro que su chocho volvía a estar empapado y hasta el agujero del culo le picaba de gusto.

– Está bien, haré lo que quieras, enséñame a disfrutar y a darte gusto. Yo no se nada de esto pero me entregaré a tu lujuria porque te quiero, aunque luego me abandones.

Que frases más bonitas … Era tan romántica, tan llorona, tan poética y sobre todo tan sicalíptica. Me calmé un poco, no era cuestión de echar por tierra lo que ya había conseguido de ella. Empezamos a darnos jabón mientras nos besábamos bajo el agua calentita. Acariciamos nuestros pechos y espaldas en movimientos circulares. Yo mantenía una semierección en espera de más adelante. Le besé sus pezones mientras a ella se le volvía a escapar un gemidito, le susurré al oído que me lavara el asunto. Ella me enjabonó los huevos y el pito sin ningún erotismo, cuantos escrúpulos a vencer en una tarde.

– ¿Me lo has lavado bien y también el capullito? – Siiii – dijo con voz de ursulina.- Entonces comprueba que está limpio con tres chupetones y un secado especial en tus tetas, no más, porque tienes que estudiar muchas lecciones y la tiza se pueda romper.

Ella se agachó y obedeció mis órdenes. Chup, Chup, Chup y un restregón de domingas. La puse de pie y le susurré al oído. -Cariño, ahora te voy a enjabonar el chocho y cuando termine y mientras tú te espatarras y te abres los labios de la almeja, me vas a pedir con voz de guarra: – Esclavo, dame tres besos de tornillo en el chumino y un pollazo en el clítoris.- Que sofocos la entraban mientras la enjabonaba y aclaraba el felpudo. Cuando terminé cerré el grifo y mirándola con cara de mala leche esperé su diálogo.

Se espatarró y empezó a abrirse los labios inferiores, pero las palabras salieron entrecortadas y bajitas de su boca. No quise enfadarme con ella, así que chupándole una teta hasta poner rígido el pezón le dije que si en la teta sentía gusto no podía imaginarse lo que le iba a pasar allí abajo. También le expliqué que los hombres somos un poco guarros y que nos gusta escuchar cerdadas, y ya que nosotros hablábamos tanto que también en el sexo debíamos hablar. Al tercer intento su voz empezó a parecer de putilla. Así que en premio me amorré a su chocho conteniendo el tiempo de chupetón, tres besos en el clítorisse y un vergajo en el ombligo. Se me estaba poniendo dura otra vez.

– ¿Te ha gustado?-. Ella me dijo que sí. -Pues repítelo en voz alta, pero invéntate algo. – Daame tres beesos en el conejo.- Mua, Mua y Surppp..- . Este último fue largo, absorbí su pepitilla que empezaba a empalmarse como un cipotillo. Me estaba mojando la barbilla de caldos chochales.- Ummmf, Ugfsd. Me das tanto gustillo que no puedo aguantar más, Ummmm arrrg.

No se podía controlar, me apretaba contra su sexo mientras los muslazos le temblaban como una batidora.Era mi oportunidad para hacerla sufrir, para ponerla tan cachonda como yo, así que retirando mi cabeza de esa lavadora centrifugando, me incorporé y le dije: – ¿Estás cachonda verdad?. ¿Quieres correrte viva, no es así? – Síííí, no puedo más, sigue por favor, es maravilloso. ¿Que siga donde?

– Besando mi conejito. Comiéndome el chocho, por favor…- Sufre un poco, vas a hacerme lo mismo que yo a ti y vas a decir las palabras más soeces que se te ocurran. Tus ojos brillan de deseo y tus pezones apuntan a mis ojos. Chúpamela un poco y aspira fuerte, haz ruido de mamona y háblame.- Si mi amor, voy a comerte el rabo.

Y bajando al pilón empezó a chuparme ruidosamente el pollón. Glubb, globreee, glubbb.

– Me encanta tu picha.- Cómeme el capullo, cómetelo hasta la garganta. Glubbb, Glubbb, Glubbb. Vale que me corro so guarra, y ahora, ¿que me toca a mi merendar? – Mi cosa, cómeme el chichi, mátame de gusto cabrón, que ya no aguanto más Ahhhhh , asiiii, que gusto, me voy, me corro en tu cara…Ahhh… Volví a parar y casi se desmaya de lo excitada que estaba. Ahora te toca a ti, chúpamela, vamos y haciendo ruido, si lo haces bien te premiaré pronto.

– Eres malo, no aguanto más, estoy mareada pero te obedezco. Glubbb, Surppp, que pito más rico tienes. Glubbb, Surppp. Cuando te corras tú si es que te portas bien, ¿ Sabes donde me voy a correr? – Si quieres … en mi boca, pero nunca lo he hecho y a lo mejor me dan arcadas, pero lo que tu quieras, estoy en tus manos. Glubbb, Surppp…

-Aprecio tu opinión, pero me vas a dar tu bien más preciado, el tesoro que llevo anhelando desde que te conozco… tu pandero. ¿Por donde te la voy a meter? Con toda su excitación, supo saber controlarse, le volvieron sus reparos y empezó a mirar mi pito como un arma perforadora, su voz de monjita descubrió mis intenciones.

– Pero me va a doler, mi agujerito es pequeño, no está hecho para eso… y es una cosa sucia, por favor, te quiero mucho pero eso nunca lo he hecho, me da tanta vergüenza.

– ¿Acaso no quieres correrte con mi boca en tu chochito? Confía en mí, te he enseñado algo nuevo y estás disfrutando. Haremos una cosa, te comeré el chichi hasta que descanses con la corrida; pero quiero saber si más tarde me darás tu tesoro… Quiero que me digas en donde me voy a correr.

– Está bien, tú ganas. En mi culito…- En tu ojete. Dilo, quiero oírlo de tu boca chupona, dímelo y sigue mamándome el carajo. – Vas a follar mi ojete. Vas a ser el primero que me dé por culo. Tu ganas… Glubbb…Suopp.

Me estaba poniendo en órbita, seguro que después de su rendición su cachondez había bajado pensando en su pobre ano. Volví a bajar al pilón y me amorré a su coño. Unos chupetones bastaron para ponerla a tono. Entonces la pedí que se diera la vuelta y me deleitara con la visión de cercanías de su enorme trasero. No la dejé protestar, fui yo el que en cuclillas le di la vuelta y separando sus cachas le planté un beso en su rosado agujero. Me temblaban las piernas, si en ese momento me hubiera rozado la polla me habría corrido patas abajo.

– Pero es muy sucio lo que haces.

También me temblaba la voz. – Te quiero y quiero todo tu cuerpo, tu ojete está rico, es suave. Metí la lengua mientras mis manos abrazaban sólo parte de su estratosférico culo. Mientras tanto pajeaba a conciencia su clítoris y metía dos dedos en su húmeda vagina. Mucho decir que era muy sucio pero estaba a punto de correrse, así que cambié la lengua por un dedo mojado en su chumino y me deleité con la visión. Haciendo malabarismo me amorré a su chocho y ya sin parones continué hasta su delirio.

Se derrumbó como una estatua de sal, cayó sobre mi con gritos de agonía, casi me parte el cuello en aquella bañera resbalosa. Me asusté de su reacción y mi erección se fue al carajo flácido, mi polla se convirtió en pene sin hueso.

Salí de la ducha y la abrigué con mi albornoz, estaba pálida y un poco mareada. Arrastrando su gran cuerpo la senté en la taza del water mientras besaba sus ojos semicerrados. Al principio no hablaba pero poco a poco abrió los ojos y me susurró que se encontraba cansada pero muy a gusto. Me puse una bata y la acompañé al sofá del salón mientras la abrigaba con una manta y le preparaba una copa de coñac.

Poco a poco y con los vapores del licor, consiguió articular palabra. Los huevos me dolían como si de ovarios se trataran. Con un whisky doble y una música anestésica intentaba aplacar mis bajos. Lo que siguió era predecible pero no por ello despreciable. Un alegato contra la incomunicación, tal vez un monólogo en el que Elba María explicitaba su vida anterior, falta de amistad, llena de rutina y de kilos de grasa. Falta de deseo y llena de compromisos sociales.

Yo era mucho más reservado, tampoco tenía hijos que educar y sacar adelante. Creo que su ex-marido era un verdadero cabrón y que no había sabido disfrutar de una hembra con auténtica clase como era ella. La había dejado languidecer en sus humildes ansias de hacerse adulta mientras se vaciaba de ilusiones y se llenaba de grasa.

Que cara más bonita tenía, que dulzura y qué espíritu más inocente. Me quedaba embelesado escuchándola decir como me quería. Realmente desconfiaba hasta decir basta de aquellas palabras, pero no de su alma. Me estaba pidiendo una mano y yo se la daba con todos los dedos retorcidos por mis anteriores fracasos. Antes de que el complejo de culpa llamara a mi puerta ella ya lo había dejado entrar en su hogar. Así que me dijo después de dos coñacs y de su absoluta inmovilidad bajo la manta.

– No sabes como agradezco tu amistad pero no puedo, por más que me esfuerzo, imaginarme como con mis años y mi gordura te resulte atractiva. Sé que estás hecho polvo después de lo de la bañera. Aunque no lo entienda sé que te excito mucho. – Nunca he dicho esto antes pero puedes hacer conmigo lo que tú desees. – Me puedes dar por culo cuantas veces quieras. Amigo mío, mi culete es tuyo, te lo has ganado y aunque me duela te lo doy como mi regalo, perdona que apenas me pueda mover pero estoy en la gloria, has conseguido remover mi vientre y hacerme gozar como nunca antes.

Qué suerte la mía, en ofrenda me daba su sonrosado ojete como una virgen va al himeneo. Vas a pasar la noche conmigo, dije lleno de razón, llamarás ahora a tus hijos para decirles que irás directamente al trabajo. Sé que es jodido para ti pero te necesito esta noche y tu culo va a ser la ofrenda a los dioses de mi lar.

Ella me pidió una tercera copa para aliviar su ansiedad, llamó a sus hijos y como si fuese su primera mentira les contó algo relacionado con una amiga que estaba deprimida y no podía dormir sola y que ….

***** Nota: el 99% de estos relatos son fantasias que estimulan la líbido de su creador. Se aceptan comentarios e intercambio de fantasías. *****

Autor: Erospopuli

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La señora vecina

Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris.

Me llamo Miguel, tengo 20 años y el gusto por esa señora comenzó a finales del verano del 2006. Estaba estudiando cuando me asomé a la ventana cansado de estudiar. Como a tres metros la observé dando la merienda a sus hijos, tan acalorada estaba que no llevaba nada debajo de la bata y con dos ojales sin abrochar, mostrando todo el regato del tetamen, y cuando se agachaba ¡hala!, el escote abierto de par en par, y la delantera, bamboleante como si tuviera vida propia, luchando por salir a tomar el aire. Pero hay algo más, desde niño me excitaban los sobacos de las mujeres; y mucho más si olían a sudor.

Y la Mariana sudaba de los sobacos como no os lo podéis imaginar. Y de vez en cuando alzaba los brazos, suspirando, mostrándome impúdicamente aquella maravilla de sobacos húmedos, con unos pelillos que asomaban por la cortísima manga de su bata. Yo me la pelaba como un mono pensando en Mariana y me puse a observarla desde mi ventana en las noches de estudio. Lo mejor llegó en una cálida noche de junio. Eran las cuatro de la madrugada en el momento en que una brisa fría la hizo levantar de la cama para bajar la persiana. La luz de su cocina, era ella y no podía creer lo que veía.

La contemplé por primera vez con un viso gris claro transparente, que dejaba ver su blanco sujetador y sus bragas del mismo color, en las que no sólo se apreciaba ese bulto del chumino sino que se descubría todo el triángulo negro. Estaba tomando un vaso de leche, cuando apareció su marido, colocándose a sus espaldas y con las manos en sus caderas, le empezó a dar besos tanto en los hombros como en el cuello y los brazos, Ella ponía una cara sonriente y una boca abierta dando muestras de su goce, que más bien en aquellas partes eran escalofríos de placer. Después, sus manos se posaron en las tetas de su mujer, las cuales empezó a frotar, exprimir y acariciar. La despojó del viso, y erotizado por el gusto, le desabrochó el sujetador, dejando las tetazas al aire libre de la cocina.

Después se fueron hacia su cuarto y yo me la meneé hasta correrme vivo en dos minutos. Sus bragas quedaron tiradas en el suelo y con su única visión me corrí como un poseso. Este hecho quedó guardado en mi memoria en espera de ser yo el que algún día ocupara el lugar de su marido, es decir, que mi polla entrara en aquel húmedo higo.

Pasé mucho tiempo espiándoles y a mediados de Julio me llegó la oportunidad. En la tienda del barrio, el tendero me preguntó si conocía a una señora con dos hijos que vivía en frente de mi piso. Le respondí que sí, y me dio su bolso del dinero, pues ella se lo había olvidado. Con mucho gusto decidí llevárselo.

– Sí, ¿Que quieres?- Venía a darle el bolso que se ha dejado en la carnicería- le respondí nervioso.- ¡Ah, sí, gracias! Pero pasa dentro que te daré una pequeña recompensa- me dijo, sonriendo muy agradecida.

Cuando estuve dentro, todo se me hizo nervios y excitación, la dije que no tenía que darme nada. Se me acercó poco a poco, hasta que sus labios dieron con los míos. Al principio, no sentí nada; pero después un calor me invadió el cuerpo haciendo que mis brazos la estrecharan. Fue un beso largo. Me derretía ese placer que llegaba de la cabeza a los pies. Mi polla parecía explotar de lo dura que la tenía. Después de dos besos me moría de gusto por follarla, pero ella gemía:

– ¡Miguel, vale… Vale ya, sólo era un beso! ¿ Te digo… Te digo que vale! ¡No… Noooo… Noooo! Yo seguí besándola, sin poderme contener.-¡Así… Ohhhhh… Qué bien lo haces, Ahhh… qué bien! ¡Venga… no seas tímido y acaricia mis pechos! ¡Ahhhh!.

Por fin pude acariciar sus enormes melones, tan blancas en contraste con sus grandes pezones marrón oscuro.

Con su teta en la boca y acariciando su culo, la puse a tope, le ofrecí tal placer que empezó a decir palabrotas y obscenidades mientras jadeaba:

– ¡Cabroncete, que me corro…Ahhhh! Empezó a mover la cabeza en todos los sentidos, vibró su cuerpo, se agarró a mis nalgas y apretó con fuerza mi polla contra su coño mientras se corría entre jadeos. No pude evitarlo y yo también me fui.

Si nos hubieran visto: de pie, apretándonos el uno contra el otro, gozando cada uno manchado de sus distintos líquidos orgásmicos. Me entraron ganas de joderla; pero me agaché para lamerle el conejo. Tenía lefa por todos los sitios, en el pantalón, en sus bragas y en sus piernas. Cuando me dirigí a aquel sitio peludo, me agarró la cabeza y me dijo:

– Soy tuya, hazme disfrutar con tu lengua; pero recuerda: ¡nada de metérmela! Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris hasta que dije:

– ¡Mariana… Mariana, para! ¡Que me llega! ¡Sácatela…sácatela! ¡Ohhhhh…! ¿Qué haces, que haces Mariana. ¡Así, así; así! ¡Otra vez, otra vez, que me corro; que va…! ¡Ooohhhhh…Ooohh! Me corrí en su boca y ella se bebió mi lefa. Yo agradecido le lamí el ano y así pasamos dos horas maravillosas.

Follamos dos o tres veces más entre el otoño y el invierno con la misma pasión. Nunca la llegué a penetrar, porque el placer que me daba chupándome el nabo era tal, que olvidé hacerlo. Mejor diré que respeté sus ruegos de no metérsela…

Autor: erospopuli

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El poder de la lengua

Delante de mi marido me la metió en el culo enseñándole como debía hacerlo. A mí me enseñó a ordeñarle el capullo. Entre los dos me estaban agrandando el ojete. El padrino se corrió dando fuertes alaridos. La sacó de mi ano y cogiendo a mi Pepe me la enchufó en el ojete abierto y lleno de leche. Me volví a correr. Mi Pepe dio tres culetazos y soltó toda su carga lechera en mi muy visitado pandero.

A orillas del Tormes conocí a José – primero mi novio y ahora mi marido-. De novios, como todas las parejas, él siempre andaba buscando y atacando, y una servidora defendiéndose unos días, tolerando otros, y colaborando en lo posible en las cosas del amor.

La raja de mi conejo le estaba vetada. Sólo podía pasear su dedo de arriba a abajo, con las bragas puestas, hasta que me notaba mojada y me reprimía quitando su dedo de allí. Entonces aliviaba a mi desesperado José con una manola a toda velocidad, su capullo aparecía y desaparecía entre mi mano hasta que su leche saltaba al suelo de cualquier rincón oculto.

Cuidé como buena moza de mi virginidad hasta el casorio. Después de la boda aprendí, en especial los lunes que era el día del lavadero colectivo, que las casadas con experiencia eran capaces de hablar del mundo oculto del amor: jodiendas en distintas posiciones, chupar la minga del marido, dejarse dar por el culo, de que te chuparan la pepitilla, de fingir si no se tenían ganas, etc. Llegaba a casa tan salida que casi siempre me tumbaba en la cama y me metía los dedos hasta correrme una o dos veces. Lo que más me excitaba era pensar que mi José me chupaba el conejo y yo me corría en su cara.

Cuando quedé preñada se lo dijimos a nuestro padrino, que era un hombre de unos 50 años muy poderoso y respetado en el pueblo. Hace años había colocado a mi marido en la fábrica de embutidos y mi José le reverenciaba como a un patriarca, habría hecho cualquier cosa que el padrino le pidiera.
-¡Felicidades, pareja! Oye, José, ¿Y será varón o hembra? -preguntó él.- No lo sé. Hay que conformarse con lo que venga,- Pero, ¿es que no lo sabes todavía?- dijo con voz misteriosa.- No.-¡Entonces es que no le has lamido la raja a la María!. Es nuestra costumbre. Si el gusto de la almeja al medio día es salado como el bacalao, será varón; mientras que si el gustillo resulta dulce y penetrante como el requesón fermentado con miel, podéis esperar una hembra.

Nos quedamos helados, mi anhelo más oculto desvelado y mi marido mirándome con ojos de carnero a medio degollar. José bajó la vista mientras tras un corto silencio de hielo contestó al padrino que no lo había hecho nunca porque no lo sabía pero que le parecía que hacer eso era cosa de animales. El padrino me miró a los ojos como si me desnudara con su mirada. Con nuestros ojos mirando al suelo, habló alto y claro.

-Esta costumbre se remonta a muchas generaciones, si tú no quieres hacerlo lo haré yo, quiero conocer si mi nuevo ahijado va a ser niño o niña.

José respondió con voz de ultratumba que se haría como él dijera.

– Está bien José, yo te avisaré para que estés presente, por supuesto que esto quedará guardado con un pacto de silencio.

Y diciendo estas palabras salió de nuestra casa, con paso firme tal como había entrado. No volvimos a hablar del tema, esa noche José bebió vino en la cena aunque nunca lo hacía. Me jodió furiosamente pero después se durmió y no volvimos a hablar del tema. A los pocos días el padrino vino a mi casa para decirme que José no vendría a comer pues tenía que sacar a delante el trabajo de la fábrica. Le hice pasar y le invité a compartir la mesa conmigo mientras le servía un buen vaso de vino mientras yo me pegaba un buchecito en la cocina.

– María, la verdad es que, aparte de la buena comida y la bebida que compartimos, estoy seguro que te gustaría saber si lo que llevas en tus entrañas es niño o niña, verdad. El padrino se había encargado de servirme más vino del que estaba acostumbrada a beber, estaba casi borracha y le respondí sin pensar en las consecuencias de mis palabras.

– Sí Padrino. José nunca me hará eso, el piensa que es una guarrería, pero yo soy muy limpia. Sólo me jode y el domingo me la mete por atrás. – Anda María, quítate las bragas y déjame que te lo huela y lo lama. Voy a adivinarlo y así lo sabrás antes que tu estrecho marido. En otro momento quedaré con él para volver a repetirlo con su presencia, pero tú te mereces saberlo antes.Estaba avergonzada por dos cosas, no llevaba bragas para andar por casa y no sabía si se me notaría lo cachonda que estaba. Seguro que estaba mojada y era capaz de correrme en cuanto me tocara con su lengua, tampoco podía volverme atrás así que no me corté.

– Padrino, no llevo bragas para andar por casa. Mire.

Y levantándome las faldas le enseñé mi chochete. Con mirada de sátiro me cogió por el brazo y me tiró a un sillón. Se arrodilló y empezó a oler y a pasar la lengua como un perro salido. No aguanté ni tres minutos al hacerse realidad mis anhelos, me corrí, me desmayé y me volví loca de gusto. Hasta que unas gotas de agua en la cara me devolvieron a la realidad.

– ¿Como te encuentras?- Algo aturdida…y mareada por el vino…- Pues lo siento pero no me he enterado de nada. Te has corrido de una manera tan intensa, que me parece que hasta te has meado. Te veo muy necesitada de sexo… parece que José no se entera de lo hembraza que eres- y diciendo esto se sacó la picha poniéndola a la altura de mis ojos borrosos. Su capullo me miraba con su gorda cabezota colorada, estaba dura, no tan tiesa ni larga como la de mi marido pero sí muy gordota.- Mira como me has puesto, seguro que nunca te has comido un rabo. Me la vas a mamar como yo te diga y luego te voy a follar por el culo aunque no sea domingo.

Su voz era tan convincente que me sentí un juguete en sus manos. Por otra parte quería disfrutar de todas aquellas otras cosas de las que hablaban las casadas. Cogí su miembro con una mano mientras que con la otra acariciaba sus gordos cojones, abrí la boca y me incorporé hasta que todo su capullo entró en mi boca hasta llenarla de carne.

– Vas a probar el sabor del macho viejo, cómetela con hambre de dos semanas, sácame el jugo del tuétano, so puta. Vas a alimentar a tu retoño con mi leche. Yo me he comido tu corrida y tus meaos y tu te vas a tragar mi lefa. Chupa fuerte. Arggg Agggg…

Se corrió con un torrente mientras me empujaba por las orejas contra su vientre. Se corrió con toda su minga en mi boca, se vertió directamente en mi estómago mientras casi me atragantaba con su cipote. La sacó chorreante y no pude reprimir una arcada. El se agachó y me metió la lengua en la boca, compartiendo su leche espesa y amarga. Después se puso en pie como si nunca hubiera pasado nada y me dio que guardara silencio sobre lo que allí había sucedido.

– La próxima vez, adivinaré si es niño o niña y luego para celebrarlo te daré por culo en presencia de tu marido, si te corres o te meas en mi boca cuando te chupe el chumino, volverás a probar mi leche esta vez en la intimidad…

Y saliendo por la puerta tal como había entrado, me dejó tirada en el sillón sin apenas poder moverme. ¡Qué hombre! Al domingo siguiente y con la autorización de mi marido, el padrino llegó a casa para lamerme el chochete. Por primera vez de una manera “oficial”.

– Será un chico, pues lo tiene salado -dijo, luego de realizar el simulacro y ya sin tapujos seguir con la chupada. Lo más cortante fue que al lamerme comenzó a salirme del culo la leche que una hora antes había depositado mi marido con su rabo de domingo. El padrino era goloso y el muy guarro no dudó en llevar la lengua hasta el ojete picándomelo como si de un carajo se tratara. Me corrí como una puta sin poderlo evitar allí delante de mi marido.

– Así que no se lo chupas pero bien que se la endiñas por el culo, he chupado tu leche de su ojete abierto, Has visto como se ha corrido de gusto, tu mujer necesita algo más. Vas a tener un varón pero voy a enseñarte como se folla un culo de bandera, que seguro que no lo haces bien.
Mi marido a estas alturas estaba rojo y con los ojos bajos, un bulto enorme se le notaba bajo su pantalón de pana de los domingos.

– Venga sácate la picha y menéatela mientras se la meto a tu María, si te fijas y aprendes bien se la meterás por el coñete hasta que se corra de gusto, pero primero mira esta enculada…

Y allí de pie delante de mi marido, me la metió en el trasero, enseñándole a él como debía hacerlo. A mí me enseñó a mover el pandero; además me tocaba la pipa hasta llevarme al delirio, me enseñaba a ordeñarle el capullo. Entre los dos me estaban agrandando el ojete.

El padrino se corrió dando fuertes alaridos. Mi marido se la meneaba con cara de alucinado. La sacó de mi ano y cogiendo a mi Pepe de su cola me la enchufó en el ojete abierto y lleno de leche. Me volví a correr sin tocarme. Mi Pepe dio tres culetazos y soltó toda su carga lechera en mi muy visitado pandero.

Eso fue el principio, desde entonces trabajé limpiando la casa y la polla del padrino hasta que mi preñez lo permitió. Mi Pepe me follaba como un loco pero era con mi padrino cuando realmente disfrutaba, me meaba de gusto cuando me lamía la almeja y con el tiempo llegué a apreciar el sabor de su leche en la garganta.

Por fin llegó el parto y nació un varón tal como el padrino había adivinado con su experta lengua.
Muchas otras cosa pasaron pero eso ya es tema para otra historia…

Autor: erospopuli

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Follando a mi sobrino

Le cogí de la verga y le conduje a la cama, las palabras sobraban y para entonces mi coño era una presa a punto de estallar, le tiré de espaldas y subiéndome el camisón me empalé en su verga follando a toda marcha. La corrida fue casi instantánea, con la polla de Juanito hasta los ovarios me incliné para llegar con mis labios a los suyos para unir nuestras lenguas en desenfrenada orgía.

Cuando mi sobrino vino a casa para pasar las fiestas de Navidad en nuestro pueblo, no podía imaginar ni en sueños que pudiera pasar lo que ocurrió entre nosotros. Juanito es un buen mozo de veintidós años que hizo en el verano pasado una buena pandilla de amigotes en nuestra urbanización , por eso y por que está un poco consentido al ser hijo único, mi hermana no puso reparos a la posibilidad de que pasara la Nochevieja en nuestra familia, entre montañas nevadas.

Yo por mi parte tengo 49 años, un poco fondona, felizmente casada y sin hijos ya que aunque lo intentamos en la juventud, estos no vinieron. Mi marido trabaja por las noches por lo que la historia que sucedió aquella noche pudo terminar aproximadamente de la forma que narro a continuación:

Era ya muy tarde, sobre las nueve de la noche del 28 de diciembre, cuando los amigos de mi sobrino me lo trajeron a casa con una borrachera de espanto. Lo pasaron a su habitación y lo dejaron tendido en la cama, ellos tampoco iban mal servidos de vino y licor, por ello y después de agradecerles la entrega del paquete y aconsejarles que tuvieran cuidado con el coche, les despedí diciéndoles que yo me encargaría de cuidar a mi sobrino.

Le preparé un café con leche y después de hacérselo tragar entre sus improperios, le comencé a desnudar para meterle en la cama manejándole a duras penas ya que mi sobrino es muy grandote. El muy borrachín no paraba de manosearme con los ojos turbios y medio cerrados, tocándome y diciéndome cosas algunas ininteligibles y otras del tipo: – ¡Tengo que tirarme a la María; pero ella no quiere…! ¡Encima se morrea y se da la paliza con otro…!

Cuando le quité los pantalones, él se bajó los calzoncillos y empezó a tocarse la minga diciendo:

– María, mira todo lo que te voy a meter en tu chuminete. Seguro que la tengo más gorda que el jilipollas de Luis. Para entonces y con un gran corte por mi parte, él se había quitado los calzoncillos descubriendo sus vergüenzas envueltas en una negra pelambrera.

El muy guarro me cogió la mano y la puso en su cosa medio flácida pero morcillona. Quise retirarla pero sus gemidos y mi corazón acelerado lo impidieron. No se como empecé a meneársela mientras él con los ojos cerrados y beodo perdido me susurraba: – María, llévala suavemente de atrás hacia delante… Ya verás qué líquido sale…

Se alargó bastante la manola por los efectos del alcohol, yo no paraba de meneársela pero no se empalmaba aunque se movía lujuriosamente. Le senté en el borde de la cama, pero se cayó de espaldas empujándome con él.

Sin saber como llegué a tanto, me metí su morcilla en la boca. Me notaba tan mojada como en mis mejores años, dándome saltitos la cueva de follar. Seguí chupando ruidosamente, con ansia, hasta que a Juanito se le empezó a empinar sin decir nada, sólo suspiraba. Cuando estaba en su punto me la saqué de la boca y me quedé atónita. ¡Qué estaca tenía el muy ladrón!

Desde luego mucho más grande y gorda que la de mi marido. Yo me encontraba que no podía más observando su cipote y acariciándolo sus huevos con una mano para mantener la erección. El chichi me pedía guerra, deseando ser desfondado por aquel trozo de carne dura y joven

En un arrebato apagué la luz de la habitación y, montándome encima de aquel rabo poderoso y caliente como un hierro al rojo, me puse a dar saltos de perra en celo corriéndome entre ayes y suspiros de loba cachonda.

Juanito empezó a decir palabras que no entendía mientras me tocaba las tetas y todo el cuerpo. No dejaba de moverse y me estaba volviendo loca con su verga a reventar hasta la matriz, llenándome toda la cuevita del amor hasta el punto de encontrarme otra vez a punto de estallar con otro orgasmo. Deseé que su leche regara mis entrañas pero aunque se agitaba y suspiraba era incapaz de correrse, descabalgué y quise premiar a mi sobrinote con una buena corrida. Empecé chupándole las pelotas, seguí por su cimbel hasta llegar a su roja cabezota, casi amoratada.

En aquellos momentos me susurraba que se iba a correr, que quería metérmela en el conejo. le monté lo más rápido que pude y follándole con todas mis fuerzas llegué de nuevo al orgasmo mientras Juanito se corría llenándome el chocho con su caliente lechita. Fue maravilloso e incomparable, yo habría seguido hasta la agonía pero su pija se aflojó a toda velocidad quedándose dormido entre ronquidos bajo mi cuerpo hambriento.

Me hallé de pié totalmente desnuda y con la leche aún caliente de mi sobrino resbalando por mis muslos. le tapé con una manta después de ponerle los calzoncillos, me puse una bata y me tomé un café con leche, al volver a su dormitorio todavía se me pasó por la cabeza el meterme en la cama con él, pero no me atreví y allí le dejé dormido profundamente. Me acosté todavía excitada pero con las dos corridas que había sentido no tardé en caer dormida sin sentir ni siquiera la llegada de mi marido.

Al día siguiente y aunque muy bien descansada, los remordimientos me atormentaron sobre todo hasta que mi marido se levantó a eso de las 12 de la mañana. Le expliqué lo de Juanito y el se mostró comprensivo, era una gran persona y eso me hizo sentirme aún peor. Cuando estábamos comiendo apareció Juanito con muy mala cara y por supuesto con una resaca de campeonato, se excusó como pudo y juró y perjuró que no volvería a beber tanto, que por favor no se lo dijéramos a sus padres, etc…

Realmente si en su casa estaba consentido, en la nuestra era el príncipe de Gales. Para nosotros era como nuestro hijo, así que mi marido le hizo vestirse y asearse y le sacó a dar un paseo para hablar entre hombres y ayudarle a pasar su resaca seguramente bebiéndose alguna cerveza con sus amigotes del pueblo. Pasé un mal rato pensando si Juanito podría recordar lo sucedido la noche anterior, como no quería sentirme tan culpable pensé que todo volvería a su cauce y que para mis años me había dado un festín inolvidable abusando de la picha gorda y dura de mi sobrinito, que narices me lo merecía…

Mi marido y Juanito llegaron con el tiempo justo de cenar. Mi Pepe se vistió de prisa y con un beso nos despidió a ambos ordenando cariñosamente a Juanito que se durmiera pronto para poder gozar de la fiestas que se aproximaban y estar en forma para María; esto último lo dijo con un guiño de ojo. Me sentí feliz con mi Pepe, era todo un padrazo o aún mejor, un amigo de mi sobrino.

Quedamos solos tomando un te. Juanito me pidió perdón por las molestias que le había ocasionado la noche anterior, entre risas mutuas le conté su actuación a excepción de lo de la cama. Le pregunté por María y se puso colorado pero poco a poco fue confesándome lo que yo ya sabía. Necesitaba mi consejo y como yo le escuchaba tan bien me soltó:

– Me vas a perdonar y por favor no se lo digas a mi tío, pero anoche con la borrachera tuve un sueño muy extraño. Soñé que me acostaba con María y la dejaba embarazada, mientras hacíamos el amor su cuerpo ya estaba de siete meses y sus pechos y su tripa eran enormes.

Se quedó en silencio y entrecortadamente siguió:

– Pero la cara era tuya, ¡Tía perdóname!

Se agarró a mi cuello gimoteando que aquello le pasaba por beber tanto y por que me quería mucho. Me besó en la cara, el cuello y en el escote de la bata. Yo le apreté contra mis senos mientras le decía que no se preocupara, que eso le pasaba por que cariño y que yo le quería como a un hijo. Mi escote se abrió aún más entre suspiros.

Él seguía besándome el canal de las tetas calentándome de forma explosiva, me agité sin remedio lo que hizo que la bata se abriera totalmente poniendo al descubierto mis grandes melones embutidos en un ligero camisón transparente. Juanito siguió besándome los pechos entre te quieros mutuos. No pude más y apreté su cabeza contra mis pezones endurecidos a través de la fina tela. Juanillo se aplicó a chupar alternativamente mis gordas tetas mientras con su mano me agarraba de un carrillo del culo apretándome contra el paquete de sus vaqueros.

Me hice la estrecha y separándome de él me le quedé mirando. Él bajó la cabeza hasta mis melones mojados a través del camisón, al momento volvió a hundir su cabeza entre mis pechos mientras me pedía perdón por su comportamiento. Yo le soltaba un rollo sobre las chicas mientras él me embelesaba con su timidez pidiéndome que le enseñara a hacer el amor. Decía que no podía contenerse y que le ayudara. Me lo decía con lágrimas en los ojos mientras me contaba como se excitaba sin poderse controlar con mi presencia. Me hice la dura pero por dentro estaba temblando de emoción, deseando decirle lo que había sucedido la noche anterior. No pude continuar con el engaño, así que haciéndole prometer que nada de lo pasara se lo contaría jamás a nadie, me comprometí a enseñarle a follar y a calmar su excitación.

Le levanté del sofá y me lo llevé a su habitación como a un corderillo. Me quité la bata y le bajé los pantalones. Su polla se levantó erguida como un resorte, el seguía con la cabeza de baja, los dos de pié pero el muy pillo me descubrió una teta lanzándose a chuparla como un hambriento. Le retiré la boca de mis pezones diciéndole que me besara. Él me obedeció pero agarrándose la verga con una mano me restregaba el capullo por la entrada de mi almeja.

Todo era muy diferente a la noche anterior, me asusté con la posibilidad de que se corriera al momento pues le notaba a tope, me separé de él y volviéndole a hacer prometer el secreto de lo que estaba sucediendo, le dije que le iba a dar mucho gustito:

– Te voy a hacer una cosita que te va a encantar, pero no te corras. Pórtate como un hombre y aguanta hasta que yo te lo diga.

Separada de Juanito un poco me extasié de nuevo con la visión de su polla toda tiesa. Me arrodillé en el suelo y cogiéndola con las dos manos, acerqué mis labios a su capullo. Le di unos golpecitos con la punta de la lengua en toda la corona; después la conduje para que entrara en mi boca. Mientras tanto le masajeaba los cojones renegridos. Entreabrí los labios y los saqué hacia fuera, como cuando las mujeres nos pintamos.

Los aproximé al glande: y éste fue pasando al interior poco a poco y muy suavemente. En el momento que tenía su roja cabezota dentro de mis labios, le giré el tallo y con la lengua di una vuelta en sentido contrario. Realicé un movimiento de derecha para el tallo y de izquierda para el capullo. Me sentía como comiéndome una piruleta mientras Juanito se retorcía de placer, tuve que parar varias veces pues sabía que una chupada más era para él correrse.

Después de una pausa más larga me la introduje entera en la boca hasta tocar con mis labios los pelos de sus vergüenzas. Succioné provocando el vacío, sacándola muy despacio. Sus antes diminutas y fina venillas aumentaron al máximo su grosor. ¡Qué empalme más gigantesco y que placer sentirle a tope de vigor y juventud esclavizado por mi boca!

De pronto, con un tirón brusco, mi Juanillo sacó su cipote de mi boca ya que estaba a punto de correrse.

– Tía por favor, déjame correrme en tu vagina, por favor que no aguanto más, déjame hacerte el amor que te quiero mucho.

Se estaba portando como un hombre y yo como un putón verbenero. Le cogí de la minga a reventar y le conduje a la cama, las palabras sobraban y para entonces mi coño era una presa a punto de estallar, le tiré de espaldas y subiéndome el camisón me empalé en su verga follando a toda marcha.

La corrida mutua fue casi instantánea, con la polla de Juanito hasta los ovarios me incliné para llegar con mis labios a los suyos para unir nuestras lenguas en desenfrenada orgía. Su verga seguía tiesa mientras me agradecía lo que había hecho por él y me juraba amor eterno. Podría haber estado empalada en su verga hasta la muerte pero como una sombra en la noche me llegaron los remordimientos y un espíritu mojigato se apoderó de mí.

Nos vestimos y entre miedos comunes pasamos un rato hablando recatadamente hasta que nos fuimos cada uno a sus aposentos.

Las fiestas pasaron y ahora espero la llegada del verano siguiente. Cuantas pajas me hago pensando en mi aventura y en su próxima llegada.

Autor: Erospopuli

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