La hija de mi inquilina

Estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca.

Mi nombre es Julieta, tengo 38 años, estoy casada, y hasta hace poco tiempo solo me atraían los hombres, mi esposo Luis  siempre me llenó sexualmente pero últimamente las mujeres me ponen a mil, y esta es otra de mis tan hermosas aventuras con una mujer.

Cuando compramos nuestra casa en el fondo del terreno había un pequeño departamento con patio al costado, en este patio construimos un cuarto más para usar de depósito de herramientas y de esos trastos viejos que siempre uno quiere guardar, una pequeña ventana lateral del dormitorio del pequeño departamento quedó entonces “encerrada” en el cuarto del que les hablo.

Hace dos años, para aumentar un poco los ingresos decidimos alquilar el departamento a una mujer y su joven hija Mariela que hoy tiene 18 años y un cuerpo que vuelve locos a todos los hombres del barrio. Su madre trabaja varias horas por día y ella pasa varias horas sola o acompañada con alguna amiga, las veo pasar por el costado de mi casa todo el tiempo. Muchas veces la visita Mariana, una chica algo mayor de unos 22 o 24 años que me contó conoció en el gimnasio, también con un cuerpo espectacular. Siempre me saluda muy atenta y sus ojos siempre me miran como comiéndome toda algunos días la veo pasar y me mojo algo.

Una tarde fui al cuarto de las herramientas a buscar unos clavos cuando escuché que Mariela gritaba algo que dejó helada.

– Así, siiii, chúpame bien la concha por favor.

Un terrible morbo se apoderó de mí, busqué una escalera, y me trepé a la ventanita para ver quien se estaba cogiendo a Mariela.

Mis ojos no daban crédito a lo que veían, la dulce Marielita estaba tirada en la cama, totalmente desnuda, con las piernas abiertas a más no poder y entre ellas, su amiga Mariana le estaba comiendo la concha desaforadamente, Mariela se retorcía de placer, se notaba claramente que estaba en medio de un orgasmo.  Mariana le estaba enterrando la lengua, mientras con un dedo le frotaba el clítoris. Cuando los espasmos de Mariela cesaron, Mariana subió y se besaron muy dulcemente mientras se acariciaban las tetas, se daban pequeños pellizcos en los pezones y cada una refregaba el pubis contra el muslo de la otra. Yo miraba atónita la escena y mis jugos mojaban mi tanguita hubiera dado cualquier cosa por estar en esa cama.

Se veía que hablaban muy bajito, y que algo le pedía Mariana a Mariela quien fue bajando por el cuello de Mariana, se detuvo con su lengua en los pezones, los chupaba como si fuera un bebé alimentándose y Mariana se arqueaba hacia atrás, siguió bajando hasta encontrar la concha totalmente depilada de su amiga, la pendeja sabía lo que tenía que hacer le recorría la raja lentamente con la lengua, Mariana levantaba las caderas para no perderse ese placer. Mariela comenzó la recorrerle la concha con un dedo, mientras hacía esto se miraban, y hablaban, le metió el dedo índice en la concha con fuerza, entraba y salía y le seguía hablando, la mirada lujuriosa de Mariana era increíble, no podía ver la cara de Mariela. A esa altura yo estaba totalmente empapada, y frotándome la concha sobre el pantalón, jamás me hubiera imaginado que me masturbaría sobre una escalera.

El dedo de Mariela entraba y salía cada vez con más rapidez, y los gemidos de Mariana eran cada vez más fuertes, ahora los Siii, siiiii, asiiiiii se escuchaban con nitidez. De repente Mariela se detuvo y sacó el dedo de la concha empapada de Mariana para metérselo en la boca, Mariana se reía y le gritaba:

– Dale puta, no me dejes así, cogeme pendeja.

Mariela se recostó sobre Mariana, se notaba que apoyaba su pubis sobre el de su amiga, y comenzaron las dos a frotarse una contra otra, eso fue lo máximo, gritaban y jadeaban como locas, se insultaban, se pedían más y más, deben haber tenido 5 orgasmos cada una, y yo junto con ellas masturbándome en la escalera.

A partir de esa tarde, esa ventana fue mi obsesión, en la hora en que estoy sola en casa, ya que mi marido está en el trabajo y, vi muchas veces más a Mariela, pero no solo con Mariana, otras veces lo hacía con algunas amigas, de su misma edad. Todas esas adolescentes tan alegres que veía pasar por la tardes, se convertían en unas terribles hembras sexuales en ese cuarto.

Un fin de semana mi esposo Luis tuvo de viajar por un semana por trabajo yo estaba a mil serían como las 5 de la tarde del sábado, una tarde muy fría de invierno salgo al patio para ir hasta el galpón, llego y siento risas, subo a mirar y las veo a las dos comiéndose en la cama, hambrientas de placer, me acomodo para presenciar todo como siempre… y de pronto siento un voz que me deja helada como la fría tarde de invierno.

– Baja de la escalera Julieta ven y pasa, yo helada no sabía que decir, – Mira Mariela dije, ella me puso la mano sobre mi boca, entramos a la habitación, su amiga estaba parada, nos saludamos, juro yo no sabía que hacer.

Me acariciaron y me comenzaron a besar me abandoné por completo, cerré mis ojos, estábamos las tres desnudas, hicimos un 69, nos chupamos, yo tuve 4 orgasmos sin parar, la lengua de las dos me mataban. Mariela estaba sacada de calentura, Mariana también, miré, en una mesa había un arnés con una pija muy rica, me levanté me lo coloqué, las hice poner en perrito y las penetré, gozaron como locas y acabaron como nunca, terminamos fundidas las tres en la cama planeando un nueva aventura.

Autora: Julieta

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Una noche muy caliente en el hotel

Al estar mi polla dentro de su culo, Ana me pedía más y entonces entré duramente, después la chica  le mostró su coño, Ana, abrió su boca y empezó a lamerle el coño, el marido dejó de mamar el coñito de mi mujer y hundió su polla, su coño estaba mojado por los orgasmos que nos había dado, ambos nos miramos y al mismo tiempo se la clavamos hasta el fondo cogiéndola salvajemente.

Hola, me llamo Enrique y es el primer relato que escribo sobre mis vivencias con la persona que más amo en este mundo, mi mujer, Ana.

No soy escritor así que pido disculpas por mis múltiples fallos, pero mi mujer y yo queremos compartir nuestras vivencias con vosotros, nos gusta vuestra página y la disfrutamos, por lo que ahora es justo colaborar en nuestra medida. Somos un matrimonio liberal, esto para muchos sonarán a excusas para el libertinaje pero nada más allá de nuestra realidad, nuestro amor es inmenso y le damos libertad para explorarlo en todo su esplendor. Todo lo que hacemos lo hacemos juntos no por separado por lo que la infidelidad no existe para nosotros y todo queda bajo el mandato de nuestro amor.

Mi mujer es alta como yo, morena de senos pequeños, firmes y juguetones, cuerpo delgado, de piernas tentadores y muslos tensos y cálidos. Su sexo es un puro néctar incluso para la más exigente lengua. De vez en cuando nos gusta cometer lo que nosotros llamamos “locuras”… y esta es una de ella.

No mencionaré ni ciudad ni hoteles, el caso es que llegamos a un conocido hotel. Allí nos habíamos citado con otra pareja, esa noche mi mujer iba ser gozada por todos. Solo con la idea ya estábamos calientes y excitados, nos besábamos la boca con pasión. Comiéndola lentamente y saboreando la saliva de ambos…

La otra pareja aun no había llegado. Nos abrazamos y nos acariciamos los cuerpos con un deseo que cada vez iba aumentando, haciendo que nuestra piel se calentara pidiendo más placer, un placer que nacía de nuestras almas enamoradas… cuando noté que su carne ya sudaba ligeramente saqué un pañuelo y le vendé los ojos… justo en ese momento llamaron a la puerta ellos…

Abrí y volví con mi mujer que estaba con los ojos vendados y muy excitada, la recosté en la cama sin dejar de besar con lujuria nuestras bocas que se mojaban en nuestras salivas, pasado un momento separé sus piernas, ellos… esperaban con ansia el momento y fue entonces cuando dos pares de manos se deslizaron por sus pies con caricias suaves y excitantes, apenas rozaban  su piel mientras yo seguía acariciando su rostro… ella empezaba a gemir de gusto…. las  manos de ellos subían por sus piernas… y yo excitado y lleno de deseo subí su falda lentamente, ofreciéndoles  el cuerpo de mi mujer, ellos ahora tocaban con lujuria eran caricias expertas.

Ana gemía… su cuerpo se retorcía por el placer, pero ahogué sus gemidos con mi boca… su sexo provocó que ellos le arrancaran sus bragas, la volvimos de lado y las manos subieron dividiéndose, las de él  acariciando su coño ya húmedo, las femeninas acariciando su culo y su ano…yo me uní a ellos acariciando sus senos ya duros de excitación. Ana estaba siendo acariciada por nosotros… los tres… y su gemidos ya eran tan  calientes como su coño, que ya estaba abierto, mojado y pidiendo más…

Y  le dimos más, su cuerpo lo exigía… estaba espléndida, ofreciéndonos su placer y tras las caricias empezamos con las lengua… lamiendo su piel, su sudor,  empezamos por los  pies, fueron lamidos… chupados por ellos, subiendo luego lentamente, lamiendo cada centímetro de su carne, yo le lamia su rostro, su boca jadeante, su cuello y manoseaba sus senos con lujuria, él llegó a su coño, lo abrí  y le hundió su lengua en el, follándola ricamente, mientras su esposa devoraba con lujuria y sin pudor su ano. Ana estaba increíblemente excitada, y todos a la par de ella.

Los jugos de Ana resbalaron en sus bocas que la mamaban sin parar provocándoles múltiples espasmos de placer. Cuando ya ella preparó bien el ano de Ana con su lengua, bajé y le hundí mi polla caliente, lentamente al principio, al sentirme, al estar mi polla dentro de su culo, ella me pedía más y entonces entré duramente después, la chica se fue a su rostro, se arrodilló ante su cara, le mostró su coño, estaba deseando ser mamada, y mi Ana, caliente… deseosa de más abrió su boca… y empezó a lamerle el coño…el placer de todos aumentaba…el marido dejó de mamar el coñito de mi mujer y hundió su polla, que era tan gruesa como la mía,  su coño estaba deliciosamente mojado por los orgasmos que nos había ya dado, fue el momento en que ambos nos miramos y al mismo tiempo se la clavamos hasta el fondo cogiéndola salvajemente…

Ella le quitó la venda y Ana viéndola le mamó su coño que ya chorreaba en su boca, después de un buen rato lleno de placer, Ana me  pidió que follara el culo de la chica encima de su cara y así lo hice, duro y rápido mientras ella le seguía mamándola. Haciéndola nuestra por los dos, la cogíamos ricamente, estaba siendo follada por los dos. Su marido, loco de lujuria cambió el coño de Ana por su ano clavándola sin piedad, provocándole un dolor que fue disminuyendo enseguida por un placer sin límites.

La chica aprovechó el momento para mamar el coño de Ana y  así nos corrimos todos.  Yo en el ano de la chica, ella en la boca de Ana y el coño de mi mujer explotó su orgasmo en la boca de la chica que la seguía mamando fuerte. Chupando y bebiendo sus jugos.

Fueron horas de intenso placer… porque seguimos durante un largo rato, follando sin parar… los cuatros tuvimos muchos orgasmos…

Nunca supimos sus nombres ni deseamos saberlos, los cuatro tuvimos un  deseo infinito que nace de nuestras almas locamente enamoradas. Vuelvo a decir que no nos consideramos infieles porque solo nosotros hacemos vibrar nuestras almas dejando libre los cuerpos y los sentidos…

Saludos

Autor: Enrique40

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El placer de ser bisexual

Pronto Julien empezó con los espasmos y me dejó sentir chorros de leche caliente dentro de mi, sentía como una manguera me llenara con agua hirviendo, era delicioso, sentía mi culo lleno de leche, cuando terminó de echarme su leche me acosté y empecé a jalármela durísimo, y ellos me ayudaron, terminé de nuevo y se comieron toda mi leche, no dejaron ni una gota.

Estaba llegando del trabajo cuando decidí ir a comprar la despensa y pagar la tarjeta de crédito, abordé el pesero (autobús) y me senté hasta la última fila de asientos, me arrinconé de manera que tenía que pedir permiso para salir si alguien se sentaba a mi lado.

Antes de llegar a la tienda de autoservicio, un hombre alto de aspecto delicado y muy bien vestido (traje negro, camisa blanca y corbata roja), cabello corto bien peinado, hablando por su celular y riéndose, se sentó a mi lado, y sentí su mirada verme un poco fuera de lo habitual, como buscando algo, no le di mucha importancia pues ya casi llegaba a mi destino, así que seguí sentado pensando en mis problemas cuando, mi mirada captó algo que nunca había experimentado.

Observé como el hombre que estaba sentado a mi lado tenía una deliciosa erección (antes de esto no opinaba así), lo cual en ese momento me dejó con la mirada fija en ella, y sentí como un escalofrío recorrió todo mi cuerpo de arriba abajo, provocando en mi una excitación jamás sentida, al grado de que mi pene creciera e hiciera un bulto casi al tamaño del de mi acompañante (bueno eso creía yo), cuando alcé la vista para observar mejor al dueño de tan delicioso bulto me percaté que era un hombre menor que yo ( lo cual constaté después), él me miraba y me sonrió, se acercó a mi y me dijo al oído que ese bulto se había formado gracias a mi.

En ese momento yo estaba muy desconcertado ( hasta ese momento yo me consideraba Heterosexual), lo único que atiné a decirle fue que me diera permiso ya que tenía que bajarme en esa calle, él se hizo a un lado y yo pasé casi queriendo brincarlo, me paré en la puerta y toqué el timbre para que el conductor me bajara, casi cuando se detenía completamente sentí entre mis nalgas algo enorme y duro, volteé y descubrí que este muchacho estaba atrás de mi, pegándome su pene, sentí como si un liquido saliera de mi ano, delicioso y mi pene todavía creció más, bajé del autobús y me encaminé a la tienda de autoservicio, con el paso apresurado y teniendo miedo de voltear hacia atrás.

Después de esto percibí que no me seguía y de cierto modo (hasta donde pude) me tranquilicé y empecé a hacer mis compras, sin dejar repensar en lo delicioso que había sentido y la excitación que me provoco imaginarme un pene cerca de mí.

Cuando terminé de hacer mis compras, Salí de la tienda y me encamine a una cafetería pues se me había antojado un Cappuccino frío, me senté y me lo empecé a tomar cuando descubrí que el muchacho del autobús estaba sentado con otro muchacho que calculo tenía la misma edad, sentí otra vez ese frío, ese no se que, que me hacia desear acercarme, él me vio y le comentó algo a su amigo, y se acercaron a mi, yo estaba súper caliente, excitadísimo como nunca, me hablaron y me preguntaron si podían sentarse conmigo, yo con los nervios casi para estallar solo asentí con la cabeza, me dijeron sus nombres, el muchacho del autobús se llama Julien y su amigo Edson.

Empezamos a platicar como si nos conociéramos de años, y el nervio se me pasó, empecé a sentirme cómodo con ellos dos, cuando los observaba, noté que se entendían pues se tocaban seguido o se insinuaban cosas sexuales, las cuales puse mucha atención pues me empezaba a excitar de nuevo.

Así pasaron un par de horas y fue cuando me paré y les dije que me tenía que ir, pues tenía que llegar a casa para arreglar todo para el siguiente día laboral, Edson me dijo que no me fuera, que estaban muy a gusto conmigo y abiertamente me dijo que les había gustado a los dos y que querían estar conmigo íntimamente, cuando oí eso mis piernas temblaron, empecé a sudar y les dije que no era posible pues yo era heterosexual.

Enseguida se acercó Julien y rozó con su mano mi pene haciendo que reaccionara inmediatamente y se erectara de una manera que casi rompe el zipper de mi pantalón, a lo que me dijo él, esa no es una reacción de un hetero, y tomó mi mano y la dirigió a su pene, yo traté de poner resistencia pero parecía que tenía imán, cuando toqué por primera vez en mi vida el pene de otro hombre, mis piernas se doblaron y sentí necesidad de hincarme sacárselo y chupárselo en ese mismo lugar (cosa que obviamente no hice), acepté la invitación y me llevaron a la casa de Edson que vivía a un par de manzanas de ahí.

Cuando llegamos a su casa – de muy buen gusto por cierto, pude ver que le gustaban los muebles rústicos, hechos de madera, tenía una gigantesca pecera de cristal en la cual habitaban peces de agua salada, un pequeño tiburón y una mantaraya eran los más vistosos, todo el departamento estaba alfombrado – me senté y a mi lado derecho se sentó Julien, Edson se fue al pequeño bar y preparó unas margaritas, nos dio las bebidas y se sentó a mi lado izquierdo, empezaron a contarme que ellos se conocían de años atrás pero que apenas hace un par de meses descubrieron una cierta inquietud hacia el bisexualismo, pero que nunca habían hecho nada pues los dos se decían activos (termino que hasta ese momento no entendía, pero que me explicaron), también me contaron que un par de días atrás estaban con sus novias e hicieron una apuesta (tonta por cierto) mujeres contra hombres la cual perdieron ellos, el castigo era estar con un hombre sexualmente cosa que les excitó mucho en el momento a los cuatro, y fue así que cuando hace un par de horas Julien se subió al autobús, estaba hablando con Edson sobre esa apuesta, me vio y le dijo que había encontrado al muchacho (refiriéndose a mi) con el cual pagarían la apuesta.

Nos reímos un poco y en el momento de dejar el vaso en la mesa de centro sentí la mano de Julien tocar mi espalda, como resorte me enderece y me pegué al respaldo del sillón, sentía otra vez como me burbujeaba el ano, me tranquilizó la voz de Edson diciéndome que le gustaba y le excitaba mucho y poco a poco sentí su aliento acercándose más a mi oído, su lengua rozó mi oreja.

La mano de Julien se escabullía por los botones de mi camisa, encontrando mi pezón izquierdo, en ese momento me dejé llevar, ya no podía controlarme más, así que me relaje y observé como Julien desabotonaba mi camisa y Edson me lamía el oído, mmmmmm que delicioso se sentía, cuando estaba mi pecho totalmente descubierto, Edson me dijo que me quitara la camisa, obedecí casi en automático, empecé a sentir las dos bocas deslizándose suavemente por mi pecho y parando en mis pezones, me empecé a quejar sutilmente al sentir como lengüeteaban y mordisqueaban mis pezones y los paraban, sentía su saliva como despertaba mis pechos, sin dudar más mis manos buscaron sus penes, y sobre sus pantalones los empecé a tocar, a acariciarlos, ahhhh que rico, estaban duros y el de Edson era enorme.

Estaba a punto de llegar a un orgasmo solo con sentir la lengua y boca de los dos y acariciar sus vergas, cuando se detuvieron, y me desabrocharon el pantalón, yo traía una tanga que mi novia me había regalado, y que le gustaba que usara, blanca y casi transparente, yo soy lampiño, casi no tengo vello en ninguna parte de mi cuerpo, mi pene salía de la tanga por la cabeza ya que estaba muy duro y erecto y mis huevos salían a los lados de ella, ellos se deslizaron abajo del sillón y se pusieron hincados enfrente de mi, y sentí sus manos recorrer mi pene sobre la tanga, acariciándola y jalándola cada vez con más fuerza.

Edson la hizo a un lado y  sentí como Julien recorrió todo mi tronco con su lengua, empezando desde mis huevos hasta llegar a la punta de mi cabeza, esa sensación no es comparable con nada que haya vivido antes (con mujeres), los dos se turnaban para chuparla, para metérsela completamente en la boca, los dos se quitaron la camisa pero no se quitaron los pantalones (después supe porqué), casi terminaba, estaba totalmente desnudo y a mis pies un par de hombres chupándome la verga.

Edson agarró mis piernas y las alzó sin dejar de chuparme la verga, Julien con su lengua empezó a lubricar mi ano de una manera tan deliciosa que empecé a gritar, a decirles que siguieran, con mis manos me pellizcaba mis pezones, cuando de repente empecé a botar mi semen, caliente, el cual embarré en el pecho de Edson, eran litros de semen ( en sentido figurado, pues jamás había soltado tanto semen en mi vida) con sus manos se embarró mi semen alrededor de todo su pecho y Julien con su lengua se lo empezó a comer, dejando casi seco el pecho de Edson, el cual hacia lo mismo con mi verga.

Al contrario de lo que esperaba yo seguía calentísimo, tanto que no perdí la erección, y ellos tampoco se relajaron, se pararon los dos al mismo tiempo y se quitaron los pantalones, pude admirar esos monumentos a las vergas, la de Edson era enorme y gruesa, y la de Julien era un poco más pequeña pero más gruesa, se subieron al sillón y se acomodaron de forma en que yo pudiera meterme sus vergas en la boca al mismo tiempo, y así lo hice, no sin antes admirarlas y acariciarlas con lujo de detalle, recorrerlas con mis manos desde sus huevos hasta la punta de sus cabezas, las jalaba repetidas veces, desde un modo suave hasta lo más rápido que podía, hasta que me llevé la de Julien a mi boca, primero con la punta de mi lengua probé ese liquido tan delicioso que lubrica las vergas, después con toda mi lengua lamí su cabeza deliciosa.

Era un sabor tan exquisito que no quería dejar de probarla y me la empecé a comer, a metérmela toda a la boca, mi verga se puso más dura todavía, mientras que con mi mano izquierda apretaba y jalaba en repetidas ocasiones la verga de Edson, cambié de verga (me di ese lujo jejeje), y sabia igual de exquisita, pero no pude meterme ni la mitad del tronco de Edson porque es inmensa, pero aún así estuve probando las dos, intercambiándolas y rozando mis pezones con sus cabezas, lubricándolos con sus jugos.

Edson se levantó y se bajó del sillón, abrió mis piernas y empezó a mamarme otra vez mi verga, pero esta vez, fue recorriéndose hacia abajo encontrando mi culo, que ya estaba dilatadísimo por la excitación, sentí como metió su lengua hasta dentro de mi ser (mmmmm de solo recordarlo me vuelvo a excitar y se me vuelve a dilatar), mientras yo seguía mamando la verga de Julien, me daba como cachetadas con su verga en toda mi cara, sentía mi cara mojada con su lubricante sabor, entonces sentí como sus dedos entraban en mi culo y buscaban en mi interior, sentía como tocaban las paredes de mi ser, y otra vez sentí como si un liquido saliera de ahí, después pude ver (volteando hacia Edson como se hincaba y ponía su enorme verga entre mis nalgas, pude sentir su enorme cabeza en las paredes de mi culo, y poco a poco empezó a meterla.

Imagínenme, yo estaba con dos hombres desnudos, mamándole la verga a uno y siendo penetrado por el otro, que excitante, mi culo empezó a ceder y a dilatarse a la forma de la enorme y deliciosa verga, poco a poco la fue metiendo hasta que sentí que tocó con el fondo de mis entrañas, no podía ni hablar, experimente tanto placer, que solo atinaba a moverme torpemente, queriendo igualar el vaivén de los movimientos de Edson.

Cambiamos de posición y esta vez fue la de Julien la que intentó penetrarme, me dolió bastante, ya que aunque no era tan grande era demasiado gruesa, pero le dije que mejor se acostara en el suelo para que yo me sentara encima de él, así lo hicimos y de un golpe me dejé caer sobre su verga, dando un grito mezclado de dolor con placer que jamás había entonado, hasta sentir como mis nalgas golpeaban sus huevos, así en cuclillas empecé a darme sentones sobre él, subía y bajaba una y otra vez mientras que Edson se paró a un lado ofreciéndome su jugoso tronco, y me lo metí a la boca.

Tenía un sabor más rico pues combinaba sus jugos con los míos (amigos ya estoy demasiado hot otra vez), casi inmediatamente sentí como su cabeza crecía más y se ponía roja, casi morada, y observé como empezaba a contraerse, me dijo que pronto terminaría, y le dije que quería probarlos que me los diera en la boca, el momento llegó y como manguera empezó a soltar su semen tan delicioso, caliente y espeso, ahhh fueron litros de placer, de excitante sabor a hombre, fue tal cantidad que no me cupo en mi boca y la derramé en mi pecho, tan caliente como estaba me embarré todo el semen que se me escurrió por todo mi pecho, mis pezones y mi abdomen.

Pero todavía faltaba una más, literalmente me despegué de Julien y él me dijo que me pusiera como perrito, que quería llenarme el culo con su leche, así lo hice y me la metió de nuevo, pero esta vez entró sin ninguna dificultad, se sentía delicioso, en esa posición él hincado atrás de mi y yo de perrito, Edson se metió debajo de mi y empezó a mamármela, era delicioso, sentir la verga adentro y que una boca te chupe la tuya, aaahhhh fue tan delicioso.

Pronto Julien empezó con los espasmos y me dejó sentir chorros de leche caliente dentro de mi, sentía como una manguera me llenara con agua hirviendo, era delicioso, sentía mi culo lleno de leche, cuando terminó de echarme su leche me acosté y empecé a jalármela durísimo, y ellos me ayudaron, terminé de nuevo y se comieron toda mi leche, no dejaron ni una gota.

Terminamos dormidos los tres juntos desnudos, en la madrugada sentí como me abrían las nalgas, era Julien queriendo metérmela otra vez, así empezamos de nuevo.

Desde ahí a la fecha nos vemos seguido los tres y a veces una que otra chica juega con nosotros, pero eso, es otra historia…

Locatel2004

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La confusión

Sentí como empezaba a penetrarme, moviéndose lentamente, sus manos no se estaban quietas, apresando mis pezones entre sus dedos, volviéndolos de piedra, describiendo un recorrido sensual, sublime y exquisitamente erótico, labrando un sendero llameante en mi piel, arrancándome jadeos y exclamaciones, que se combinaban con sus gemidos guturales.

Era una etapa de mi vida, de esas donde nada te sale bien… una serie de circunstancias no muy agradables parecían haberse dado cita en mi vida… renuncié a mi trabajo… me pelee con mi novio… mi familia estaba lejos… todo esto alteraba mi mente de tal forma que me era imposible seguir adelante con mis estudios… en poco tiempo me encontré sin trabajo, sin familia… sin novio… y fundamentalmente sin ingresos económicos… para colmo… las cuentas pendientes se acumulaban y conseguir un nuevo trabajo se hacía realmente muy difícil.

Todo esto hizo que me presentara en una agencia de esas que buscan trabajo, allí me tomaron los datos y quedaron en llamarme en cuanto surgiera algo acorde a mis aptitudes, me fui de ese lugar con cierta desconfianza, pensando que serian solo habladurías, pero grande fue mi sorpresa cuando me llamaron a los pocos días anunciándome que tenían un trabajo para mí y me citaron en la agencia para darme las respectivas indicaciones.

Allí me informaron que mi trabajo consistía en cuidar a un señor mayor, y estar pendiente de todo lo que necesite, ya que la persona que habitualmente lo cuidaba esa noche no podría hacerlo, me dieron la dirección y me dijeron que debía presentarme el sábado a las 22 hs. Ese sábado puse especial esmero en mi arreglo personal para ir a mi trabajo ya que quería causar una buena impresión (tal vez me tendrían en cuenta para otra oportunidad), me demoré un poco decidiendo que ropa ponerme… no quería algo muy sobrio ni tampoco algo muy vulgar… al final me decidí por una camisa de seda blanca y una pollera negra larga con una abertura lateral que insinuaba lo justo y necesario, unas medias de seda negras, zapatos de taco alto y recogí mis cabellos con una hebilla.

Antes de partir leí la dirección, ya que no la recordaba bien, creí memorizarla, y me fui dejando el papel en la mesa. Al llegar a la dirección indicada pude ver que era un edificio imponente… de un estilo moderno, en su fachada se destacaban los grandes ventanales con vidrios espejados y estaba rodeado por un magnífico jardín muy bien cuidado. Atravesé el jardín deleitándome con el popurrí de aromas que surgían de él, fui hacia el portero eléctrico y por un segundo creí no recordar cual era el departamento al que debía ir… por suerte enseguida lo recordé… (O creí recordar), y apreté el botón correspondiente.  Segundos después… una voz masculina me preguntó quien era…

– Me mandan de la agencia- respondí. Pasa, pasa, me dijo y sentí el ruido en la puerta que me indicaba que haba sido desbloqueada, y así fue como entré al edificio.

Me encontré con un vestíbulo amplio, soberbio… en toda su decoración predominaban los colores claros, el techo estaba surcado en toda su longitud por 2 hileras de spots, que brindaban una cálida iluminación, atravesé el vestíbulo, dirigiéndome a los ascensores que estaban al fondo del mismo, abordé uno de ellos y marqué el piso al que iba, cuando el ascensor se detuvo, se abrieron las puertas y salí a un palier en el que desembocaban dos puertas enfrentadas, como no tenían ninguna identificación… calculé cual sería la de 5° f que era al cual yo debía ir… me dirigí hacia la puerta correspondiente y toqué el timbre.

La puerta se abrió y apareció un hombre alto, corpulento,  de unos 45_46 años, no era un adonis, pero tampoco se lo podía catalogar como feo, era un hombre… interesante… llevaba el cabello corto, todavía húmedo, donde se podía distinguir el brillo de uno que otro hilo de plata… lo que aumentaba su atractivo, vestía una bata de seda de color negro… que combinaban con un pantalón pijama también de seda negro.

– Vengo de parte de la agencia, le dije.

Sus ojos me recorrieron de arriba abajo… escrutándome, examinándome… me miró a los ojos y sus labios se curvaron describiendo una sensual sonrisa y haciéndose a un lado me franqueó la entrada y yo pasé a su lado… en ese momento pude percibir el inconfundible y masculino aroma del perfume Polo de Ralph Laurent. Una vez adentro del departamento, aunque me sentía un poco confundida, no pude dejar de admirar el buen gusto con que había sido decorado, una mezcla de estilos moderno… funcional… muy minimalista.

En el equipo de audio se escuchaba una de las canciones más sensuales que conozco This city never sleeps de eurythmics, la música y el lugar se combinaron para ejercer sobre mí una magnífica fascinación, pero el hechizo duró poco ya que fue roto por el ruido de la puerta al cerrarse. El llevaba en una de sus manos un vaso con algo que me pareció whisky… con pasos firmes y seguros fue hacia la mesa del living donde dejó el vaso… y se dirigió hacia mí rodeándome con sus brazos…

-La verdad es que esperaba a alguien más… Exuberante… pero… en fin…Vos también estás muy buena… dijo.

Durante unos segundos que me parecieron siglos… fui procesando todo lo que estaba ocurriendo y me di cuenta de que evidentemente estaba en un error… me había equivocado de departamento… traté de apartarme de él… de liberarme del apretado cerco que formaban sus brazos a mi alrededor, pero fue inútil, no lograba moverlo ni un centímetro.

-Disculpe, le dije. Pero hay un error. – Está todo bien bebé (me dijo), mientras acercaba su boca a la mía… yo aparté la cara y apoyé mis manos en su pecho desnudo (ya que la bata se le había abierto con sus movimientos)… pero al sentir el contacto de mis dedos con la suave capa de pelos que cubría su pecho provocó en mí un estremecimiento peligrosamente similar a una ráfaga de excitación… que deseché rápidamente y empujé su pecho con todas las fuerzas que me era posible ejercer… tratando de separarlo, entonces él me dijo:

-Basta con este juego tontita… No necesitas hacer el papel de puritana inocente para que me excite… Yo ya lo estoy… Y mucho…

Al oír esto quedé inmóvil… estaba rodeada por sus brazos… atrapada por ellos… cuando comenzó a besarme sentí que aflojaba un poco la presión y aproveché ese momento para apartarlo… logré separarme de él, pero sólo por un momento ya que él fue más rápido y volvió a atraparme entre sus brazos… pero esta vez tomó los míos y los llevó a mi espalda, rodeándome las muñecas con una de sus fuertes y poderosas manos… logrando con este movimiento que nuestros pechos se oprimieran uno contra otro.

A través de la seda de mi camisa pude sentir su piel firme… caliente… contra la cual mis pechos suaves, redondos, se apretaban fuertemente… ante ese roce exquisito mis pezones comenzaron a erguirse, a endurecerse… insinuándose sensualmente bajo la seda de la blusa. Su pecho y el mío se rozaban con cada inspiración rápida, entrecortada, tentándome, provocándome… haciendo que surgiera desde lo más profundo de mis entrañas un deseo imperioso… repentino… inesperado… a la vez que sentía como mi pulso se aceleraba y la cabeza me daba vueltas. Mi cuerpo temblaba pegado al suyo… me mantenía inmovilizada… hechizada… sin aliento para seguir tratando de explicarle que todo se trataba de un error. Sentía como mi cuerpo me traicionaba respondiendo a sus caricias con la misma excitación que había en él.

Con una mano me mantenía inmóvil… y con la otra… comenzó a acariciar mis cabellos… liberándolos de la hebilla… haciendo que cayeran en una suave y sedosa cascada en mi espalda, siguió acariciando mi cara… mi boca… mi cuello… hasta encontrar los botones de mi blusa… los fue desabrochando lentamente. Sus labios eran como brasas encendidas… que se pegaron apasionadamente a los míos… apretándolos… comprimiéndolos… lamiéndolos… invadiéndolos suavemente.

Su lengua se introdujo profundamente en mi boca degustándola toda… haciendo que la sangre corriera como lava por mis venas… (De verdad este hombre lograba excitarme), este pensamiento hizo que me ruborizar… ya que sentía la cara en llamas… por suerte él no lo notó… ya que seguía acariciándome con sus labios, bajando por mi cuello, yo quería responderle… de alguna manera… pero como todavía tenía mis manos apresadas por él en mi espalda, le dije… susurrándole al oído.

-Está bien… No necesitas usar tanta fuerza… Ni ser tan bruto… Al fin y al cabo… Has hecho que me excite tanto o más que vos…

Al escuchar esto liberó mis manos lo que también le permitió a él, el libre movimiento de sus brazos… sus dedos se movían rápidamente sobre mis ropas… con movimientos sensuales y precisos, fue despojándome de toda mi vestimenta, lo único que me dejó puesto fueron las medias de seda negra que llegaban hasta la mitad del muslo, con un borde de encaje elastizado… hice ademan de quitármelas… pero me lo impidió… de esta forma me vi completamente desnuda frente a él. Volvió a rodearme con sus brazos, acercando mi pecho al suyo… mis pezones estaban duros… erectos… por el sublime placer que resultaba del contacto con ese pecho viril, cubierto por una suave capa de vello.

Sentía que mis manos tenían vida propia traicionándome… recorriendo su cuerpo con una excelsa pasión, acariciando su espalda… sintiendo su piel que parecía arder bajo las yemas de mis dedos… mis manos bajaban por su abdomen… posándose en su miembro, apoderándose de él, rodeándolo… envolviéndolo… ejerciendo una suave y delicada presión… que arrancaban de lo profundo de su garganta gemidos de gozo que evidenciaban el sublime placer que estaba experimentando. Comenzó a recorrer con sus labios mi cuello… dejándome la piel en llamas… obligándome a inclinarme hacia atrás… arqueándome… apoyando una de sus manos en mi espalda… mientras la otra recorría mi cuerpo.

Rodeó uno de mis pechos, oprimiéndolo sutilmente… aumentando poco a poco la presión… hasta lograr una fascinante combinación de placer y dolor… sus labios siguieron el camino de las manos, apoyándose suavemente sobre el pezón… rodeándolo, describiendo con su lengua círculos de fuego sobre él… apretándolo entre sus dientes… traccionándolo levemente… estirándolo… besándolo… alternando este exquisito tormento entre uno y otro de mis pechos. Un poderoso temblor recorrió todo mi cuerpo mezclando… deseo… pudor… culpa, mientras un fuego abrasador se apoderaba de mis entrañas… sumergiéndome en un deseo tan intenso y pecaminoso que obnubilaba mi mente.

Cuando se separó de mí me invadió una sensación de vacío… de querer más… había despertado en mi pasiones que jamás había imaginado que existieran… aunque no podía dejar de sentir cierto temor… generado por la sensación de no saber que esperaba de mí… aunque lo sospechaba… ya que a él se lo notaba muy seguro de lo que quería. Hizo que me sentara en el sillón y él se paró frente a mí… acercando peligrosamente su pelvis a mi cara… (¡Esto estaba llegando demasiado lejos! Yo nunca había practicado el sexo oral… aunque no puedo dejar de reconocer que en cierta medida me intrigaba y hasta puede decirse que la idea me resultaba atractiva…), y fue tal vez el anonimato que me brindaba la situación en la que estaba lo que me decidió a seguir adelante. Sólo esperaba que no se diera cuenta de mi inexperiencia, porque se notaba que a él experiencia le sobraba.

-Vamos nena… Quiero ver cómo lo haces… me decía en ese momento, haciendo que abandonara mis pensamientos… y me encontrara con su miembro frente a mí… dejé mis cavilaciones de lado y me dejé llevar por el deseo… asumiendo de una vez por todas el rol en el que él me había ubicado, removiendo de raíz todas mis inhibiciones. Tras unos segundos de indecisión que a mí me parecieron eternos… tomé su pene entre mis manos… acariciándolo suavemente… mientras acercaba mi boca a él… con mi lengua lo fui recorriendo despacio… en toda su longitud… desde la base a la punta… una y otra vez… con movimientos cada vez más rápidos e intensos, mientras sus gemidos y exclamaciones eran un poderoso y erótico estímulo que me alentaban a seguir.

Me detuve en la punta… rodeándola con mis labios… mientras mis manos seguían acariciándolo… rodeándolo… oprimiéndolo… tironeándolo suavemente… mis labios se cerraron sobre el… ejerciendo suaves y firmes movimientos de succión… fui abriendo mis labios lentamente… introduciendo poco a poco su miembro en mi boca… mientras lo miraba a los ojos… buscaba su mirada… pero él mantenía entrecerrados sus ojos. De su boca brotaban gemidos suaves… que hacían evidente su goce… y eso me tranquilizó… quería decir que lo estaba haciendo bien… sus manos tomaron mis cabellos y tiraron de ellos… mientras penetraba profundamente en mi boca… sentía como palpitaba… como latía… introduciéndose una y otra vez a un ritmo cada vez más frenético y apasionado… mientras mis manos seguían rodeándolo.

En una de sus embestidas… atrapé su miembro con mis dientes, ejerciendo una leve presión y lo fui recorriendo… raspándolo… suavemente… en ese momento el emitió un grito de placer y sus movimientos se hicieron más rápidos y profundos… hasta que sentí como se expandía y se contraía con intensos espasmos. Se separo de mí… de su miembro erecto emergían gotas de perlado líquido… hizo que me pusiera de pie… me guió hasta uno de los extremos del sillón y me pidió que me diera vuelta… dándole la espalda… se colocó detrás de mí… haciendo que me acostara boca abajo sobre el apoyabrazos del sillón de manera que mis nalgas y mi sexo quedaran más elevados… separó mis piernas y comenzó a acariciar la cara interna de mis muslos… alternando sus caricias entre la piel desnuda y la cubierta por la seda… sus manos se deslizaban por mis nalgas… apretándolas, pellizcándolas… oprimiéndolas…. generando en el fondo de mis entrañas un remolino embriagador que se expandía más y más… recorriendo todo mi cuerpo como vibrante electricidad.

Sus dedos subieron hasta mis pliegues más íntimos… separándolos… acariciándolos, introduciéndose en el estrecho canal… que se cerraba sobre ellos… amoldándose comprimiéndolos, mojándolos con el abundante y cristalino fluido… que surgía de mí como respuesta a sus poderosos y excitantes estímulos… Retiró sus manos y susurrando algo que no llegué a comprender, sentí como empezaba a penetrarme… moviéndose lentamente… ensamblando nuestros cuerpos con una perfecta precisión… se fue recostando sobre mí… amoldando su pecho a mi espalda… sus manos… no se estaban quietas… por momentos se aferraban a mis hombros, por otros, recorrían mi espalda… luego las sentía en mis nalgas… en mis muslos… en mis pechos… rodeándolos… apresando mis pezones entre sus dedos…volviéndolos de piedra… describiendo un recorrido sensual… sublime… y exquisitamente erótico, labrando un sendero llameante en mi piel… arrancándome jadeos… y exclamaciones… que se combinaban con sus gemidos guturales.

Su penetración se fue haciendo cada vez más profunda… más intensa… hasta encontrar el ritmo embriagador de sus embestidas… yo arqueaba mi espalda más aún para permitirle una penetración absoluta y totalmente salvaje. Su boca fue recorriendo la piel de mi espalda… adhiriéndose íntimamente a ella… besándola… mordiéndola… ejerciendo junto con sus manos una sublime y magnífica combinación de caricias y besos. De repente se detuvo… inmóvil… dentro de mí… invadiéndome… completándome… lo sentí inspirar profundamente… como si quisiera prolongar de esa manera este momento tan sublime… luego de unos instantes interminables… se separó lentamente y me indicó que me recostara en el sillón apoyando solamente los brazos y la espalda… él se arrodilló en el piso frente a mí… sentándose sobre sus talones, yo lo rodeé con mis piernas… flexionando las rodillas… me tomó firmemente de las caderas atrayéndome hacia él… penetrándome profundamente…

El húmedo canal rodeaba su miembro como si fuera un guante… aprisionándolo… en un perfecto encastre… luego… rodeó con sus brazos mis muslos, separándolos aún más… hundiéndose más y más en mí… sus caderas comenzaron a moverse suavemente al principio… aumentando su intensidad paulatinamente… hasta que sus movimientos adquirieron una violencia…primitiva, hambrienta… acosada y perseguida por la pasión, era tan exquisita… deliciosa y eróticamente salvaje esta invasión profunda e implacable de mis rincones más íntimos… que cortaba mi respiración… que se hacía cada vez más agitada… jadeante… mi cuerpo temblaba… se retorcía… se desgarraba de placer.

Sin separarse de mí… sosteniéndome con sus brazos… fue acostándose en el piso… de manera que yo quedé a horcajadas sobre él… sus manos comprimían fuertemente mis caderas… pellizcaban y castigaban mis nalgas… yo comencé a moverme sobre el suavemente… deslizándome alternadamente de atrás hacia delante… de arriba hacia abajo… sintiéndolo totalmente dentro de mí… mis movimientos se hicieron más rápidos… más enérgicos… intensos… mis pechos oscilaban… bailoteando libremente… siguiendo el ritmo de mis movimientos… él los rodeó con sus manos acariciándolos… apretándolos… reteniéndolos… mis manos se posaron en su pecho… hundiendo mis uñas en su piel… arañándola… raspándola… mientras seguía deslizándome sobre él, moviendo mis caderas en círculos… sintiéndolo estremecerse debajo de mí… tenía su cara contraída… cubierta por pequeñas gotas de sudor…

Yo sentía los labios resecos… y deslicé mi lengua por ellos para humedecerlos… fui bajando mi boca hasta encontrar la suya… mordiendo suavemente sus labios… separándolos con mi lengua… introduciéndola en su boca… subyugándolo… con mis labios adosados a los suyos… explorando toda su boca con mi lengua… deleitándome con su sabor… mientras seguía moviéndome sobre él… mis brazos rodearon su cuello… y continué besándolo pasionalmente… me incorporé nuevamente… dándole a mis movimientos un ritmo frenético… intensamente salvaje, ya casi no podía aguantar más… el comenzó a estremecerse… su caderas subían y bajaban vigorosa y convulsivamente… cada vez más de prisa… sus dedos… recorrían mi cuello… mi cara… mis labios, introduciéndose en mi boca… instintivamente respondí… succionando sus dedos… mordiéndolos.

Poderosos espasmos recorrieron su miembro viril… vigoroso… varonil… contrayéndolo… estremeciéndolo… alcanzando el clímax en medio de mis gritos y sus exclamaciones y gemidos, sentí su descarga de semen fluir en mi interior… y un éxtasis violento… salvaje… repentino y esperado… se apoderó de mis entrañas… recorriendo mis muslos y piernas… estremeciéndome… quedando mi cuerpo surcado por temblores y espasmos… que fueron aquietándose poco a poco. El permanecía en el piso… acostado… relajado… disfrutando… le pedí que me indicara donde quedaba el baño…hizo una seña con la mano… recogí mis ropas y fui hacia allí… rápidamente aunque todavía temblando… pude asearme y vestirme.

Cuando salí… él estaba sentado en el sillón… me miraba con los ojos entrecerrados, escrutándome… me dijo:

-Mujer… Que has sido buena… La próxima vez pediré por ti… ¿Cuál es tu nombre? Comprendí que era totalmente inútil aclararle el error… por lo que le contesté cualquier nombre… él se puso de pie y salió de la habitación… cuando volvió traía un fajo de billetes en la mano…

-Con la agencia arreglamos 200 dólares… Ahora realmente me parece poco… Así que te entrego 500, me dijo extendiéndome el dinero.

Sin pensarlo dos veces tomé el dinero que me daba y me despedí de él… cuando salí al palier me fijé bien… claro… me había confundido de puerta… como no tenían numeración… seguro la del viejito era la puerta del frente… estaba yendo hacia allí… cuando se abrió el ascensor y salió de él una mujer fascinante… sensual… vestida muy sexy… me di cuenta que era con esa mujer con quien me habían confundido… se dirigió hacia mí y me preguntó…

– Por favor me podes decir cual es el 5° I.  Me detuve a pensar un segundo… yo realmente estaba muy cansada para cuidar a nadie… sólo quería irme a casa… a descansar… por eso le contesté… -Si… Si justamente es aquí…

Le dije señalando el departamento del viejito… al fin y al cabo todos tenemos derecho a tener una alegría de vez en cuando ¿no?… y me fui sonriendo…

Autora: lahechiceracba

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La piscina

Tu sexo lo siento caliente y hambriento, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Desde que vi aquella piscina, sabía que algún día me sumergiría en ella.

Tus ojos estaban quietos con la mirada perdida en el horizonte, allí donde la línea del mar se junta con el cielo. De pie, en aquella terraza que mira sobre el mar, los brazos apoyados en la barandilla y el cuerpo ligeramente inclinado sobre ella. El sol calienta tu espalda y la brisa sube por el acantilado acariciando la piel de tus mejillas. A tu espalda la piscina, con su agua caliente, reflejando el azul intenso del cielo de una tarde de verano.

Tu mirada está en una nube, aquella frente a ti, igual que algodón. Tu mente la moldea sugiriendo figuras conocidas, pero a la vez tu cabeza acaricia el deseo de sentir unas manos que lleguen por tu espalda y con suavidad se posen en tus hombros. Crees percibir el calor y el movimiento de esas manos dando un masaje por ellos, relajando los músculos que van hacia tu cuello. Inconscientemente tu cabeza describe un sinuoso movimiento saboreando esa imaginaria sensación. Casi al instante crees percibir un calor conocido en tu espalda, un ligero roce sobre ella. Pero más que mirar hacia atrás y comprobar si es cierto que hay alguien, prefieres que esa sensación continúe y no desaparezca.

Temes que al girar se evapore ese sueño. Tu deseo hace que esas sensaciones recorran tu piel, consiguiendo que el vello se te ponga de punta y parezca piel de gallina. Es casi real la sensación que te abraza y aumenta tu calor. Un pecho en tu espalda, unas manos que ahora recorren tu cintura, dibujando caricias alrededor de tu ombligo. Tu vientre se estremece con esa sensación. Un agradable cosquilleo recorre tu cuerpo desde las piernas, subiendo por tu espalda hasta tu cabeza y a la vez hace que despierte una sensación de calor y humedad en tu sexo.

De repente un ruido a tu espalda te hace salir del letargo, y recuerdas que hace unos segundos ya no percibías esas caricias imaginarias sobre tu piel. Pero tu imaginación te hacía pensar que todavía estabas saboreándolas y sintiéndolas.

Con un movimiento reflejo te giras para averiguar cual es el origen del ruido que te ha despertado. Te das cuenta que es el ruido familiar que produce un cuerpo al entrar en el agua. La superficie de la piscina está aún revuelta y alguna pequeña gota ha salpicado hasta tus pies. Ahora te fijas y descubres una silueta moviéndose bajo el agua, agitando los brazos y las piernas, buceando con suavidad. Se aleja de ti hacia el final de la piscina, pero lo ves girar y ahora se acerca de nuevo al bordillo de donde saltó.

Otro ruido te hace temblar un poco, porque tu mente todavía mantiene un nexo de unión con el sueño que estaba sintiendo tu cuerpo. Ves emerger la cabeza, el pelo echado hacia atrás escurriendo agua y un resoplido expulsando el aire, ese aire que tú conoces tan bien. Ves mi rostro, los brazos cruzados sobre el bordillo y la barbilla sobre ellos. Mis ojos en tu mirada diciéndote sin palabras que vengas hacia mí. Tu mirada desprende deseo, pasión, excitación y confusión. ¿Será real, o es continuación del sueño?…

Un impulso irrefrenable quiere llevarte hacia mí. No te habías dado cuenta, pero tus manos se quedan atrás agarradas a la barandilla. No recuerdas cuando las pusiste ahí, pero ahora te da igual, abres los dedos y te liberas para poder continuar hacia donde tu cuerpo quiere llegar. Sigues mirándome, yo no pierdo tu rostro a pesar de las gotas que resbalan por mis ojos. Un gesto embarga tu cara, te muerdes el labio inferior mientras avanzas hacia la escalerilla. Es un gesto de deseo, que me transmites imaginando el calor que llevas dentro. Contemplo tu figura, andando sobre el blanco y caliente suelo. Tus piernas parecen flotar sobre él y todo tu cuerpo las acompaña ligero como la brisa.

Cuando me doy cuenta tus manos están en la escalerilla, tu cuerpo gira dándome la espalda para poder bajar los escalones. Me excita ver tus caderas, tu culo tapado con la única prenda que llevas sobre ti, un tanga que deja a la luz la fina piel que lo rodea. Tus pasos hacia atrás bajando cada peldaño parece que suceden en cámara lenta… ¿o es así como mi mente lo imagina? La punta de tus pies rompe la superficie del agua, primero uno y después otro, poco a poco tu cuerpo se sumerge en el agua.

No quiero dejar pasar un segundo más lejos de tu piel. Doy un impulso y voy hacia ti. Ya estás dentro del agua completamente, cuando te das la vuelta yo llego a tu lado, tus brazos se echan sobre mi cuello, tus piernas rodean mi cintura, y yo me agarro a la escalera para sujetar nuestros cuerpos. El peso no existe, pero tu calor me llega a través de los poros de mi piel, con la humedad líquida y caliente que nos une. Tus labios ardientes se posan en los míos, sientes el frescor del agua que hay sobre ellos y yo siento el contraste del fuego que desprenden los tuyos. Nos besamos con dulzura, mezclando nuestras lenguas intensas sensaciones de placer.

La excitación se apodera de mí, entre mis piernas siento la dureza creciente de mi pene. El deseo incontenible de entrar por la suave y caliente entrada de tu sexo, ahora pegado a mi vientre. Me tienes aprisionado con tus piernas, ¿o eres una parte más de mí? Quiero fundirme contigo y tú deseas lo mismo. Tus duros pezones rozan con los míos a través del agua y la excitación nos vuelve locos. Tus caderas se contonean moviéndose hacia abajo, buscando la dureza que deseas tener dentro de ti.

Tu sexo se aprieta contra mí, lo siento confortable y mullido, caliente y hambriento. Llevo una mano a mi bañador para empujarlo hacia abajo, tú te separas un poco y dejas que siga bajando por mis piernas. Ahora vuelvo a sujetarme a la escalerilla y te vuelves a apretar contra mí, sientes mi pene entre tus piernas, presionando tu sexo y tu clítoris hinchado. No resistes más y quieres sentir mi calor en tus entrañas. Con una mano tuya separas la ligera tira de tu tanga, a la vez que coges mi pene con tus dedos para guiarlo hacia tu entrada. Es increíble la sensación que me recorre cuando mi punta roza los labios calientes de tu sexo, es como una boca ardiente que me rodea y succiona.

Un leve movimiento de mis caderas hace que entre un poco más en ti, y provoca que salga un gemido de tus labios. Ahora tus piernas se aprietan un poco más contra mi culo y consigues deslizarte hasta el fondo. Estoy totalmente dentro de ti. Nos besamos con desenfreno, mordiendo con suavidad los labios, sintiendo el calor que nos transmitimos en ese lugar entre nuestras piernas. Ahora paramos de besarnos, y nos miramos a los ojos. Tu mirada me traspasa y cala mis huesos. En ese momento siento como los músculos de tu vagina dan pequeños golpecitos alrededor de mi pene, son como anillos que me aprisionan en olas de placer. El palpitar de nuestros corazones late desenfrenado, la respiración agitada nos lleva a cabalgar a un ritmo cada vez más rápido.

Mis manos se agarran a los tubos de la escalera para poder mover nuestros cuerpos con más energía. Apoyas tus manos en mis hombros para moverte con más fuerza. Siento como entro y salgo de ti, los movimientos son muy fuertes, pero el agua hace que parezcan suaves y delicados. El golpear de tu vientre con el mío dentro del agua hace que sintamos una sensación extraña, como si flotáramos en las nubes, el placer nos envuelve y nos llena. Yo estoy a punto de correrme y de mi garganta surgen gemidos incontrolados. Te contagio con mi placer y tus gemidos ahogan los míos, juntamos nuestras bocas, como queriendo acallar esos gemidos… o quizás queremos que esos gemidos de placer que salen de nosotros, entren en el cuerpo del otro.

Siento los espasmos que agitan tu cintura, recorren tu vientre y se centran en tu sexo. Eso hace que yo estalle en una ola de placer que recorre mis piernas y desemboca en latigazos que recorren mi pene desde la raíz a la punta, descargando todo el esperma que hay en mí, sintiendo como atraviesa cada milímetro de recorrido en chorros que inundan tu interior. El placer que sale de mí, llena tu cuerpo y nos envuelve en un halo de placidez mientras nuestros cuerpos se relajan compartiendo un dulce beso eterno.

Espero que te guste y tu imaginación pueda volar igual que la mía.

Autor: Robinblue

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Los clientes

Tomé sus caderas e inicié una frenética embestida y salida, nos acompañamos. Jadeamos juntos, transpirando intensamente. Sentí llegar el final con espasmos conjuntos y sensación de calor intenso en nuestros sexos. Me vacié en ella, me desagoté a pleno y, aun con contracciones de ambos y sintiendo ordeñarse mi miembro, agitado, caí sobre su espalda. Un nuevo olor inundó el ambiente.

Mi escolaridad secundaria iba mal, faltaban pocos meses para terminar el bachillerato pero me llevaba casi todas las materias.

Papa, Cacho, enfermó en esos días y su buen negocio de viajante de repuestos requería que alguien lo atendiera. Empecé a hacerlo y me resultó fácil y agradable, aprendí rápido, me dejaba plata, viajaba, con lo que me volteaba minas en cada viaje sin dar explicaciones en casa.

Martin y Beba son unos buenos clientes. No quisieron llamarme por mi nombre, desde el principio me dijeron Cacho en homenaje a papá, que los había aconsejado, guardado ofertas y brindado créditos en sus comienzos hace unos 15 años.

Martin alto, fornido, rudo, alegre. Beba pelirroja, muy blanca de piel, juguetona y coqueta, con todas las cosas bien puestas: Tetas de ensueño, buenas caderas, grandes y firmes. Tenían dos hijos pequeños y un buen pasar.

Me atendían de lo mejor, y pagaban maravillosamente bien. Me invitaron a su casa de campo, no una, tres veces, hasta que me pareció se ofenderían. Tenía un pequeño temor a la coquetería de Beba. No podía perder estos clientes.

Un fin de semana. No puedo tanto, iré un sábado y volveré al atardecer. Iría desde mi casa a la de ellos en colectivo, más o menos una hora. Así lo hice. Llegué a eso de las 10 de la mañana. Martin y los chicos con la empleada se habían ido. Beba me esperaba para cargar y partir.

-Antes te muestro la casa.

Buena y bella casa a pocas cuadras del negocio. Amplia cocina, comedor, biblioteca. Al llegar al dormitorio me tomó de la mano.

-No querías venir, Cacho, ¿no? ¿A que tenías miedo?

Me besó en la boca. Miré para todos lados, asustado.

-Estamos solos. Si, picaron, vení para acá.

Me arrastró a la cama mientras mi miedo se transformaba en calentura. Se tendió de espaldas. Subió su falda, no tenía nada abajo.

-¿Viste que te estaba esperando?

Su concha era tan blanca como su rostro, sus pelos tanto o mas rojos. Me bajo los pantalones con ansiedad y me atrajo a ella. Caí sobre ella y mientras la besaba toqué su concha. Estaba húmeda y blanda.

-¿Viste, viste que la Beba te esperaba?

Nos penetramos con premura. Bombeamos apurados e incómodos, y sonó el teléfono. Martín le recordaba el juego de cuchillos y la máquina de fotos. Nos levantamos, estábamos mojados, mi erección había bajado, ella se bajóo la falda, me subí el pantalón, buscamos un par de bolsos y subimos a la camioneta. La cabina se aromatizó a sexo. Beba estaba radiante. Yo empezaba a asustarme de nuevo. Puso música, quiso que cantáramos. De repente se tiró a la banquina.
Saca una toallita higiénica de la guantera y ponémela, que estoy mojando el asiento con mis jugos.

Levanté la falda, ella levantó la cola, la puse lo mejor que pude, pero me excité enormemente que creí que iba a terminar. Ella lo notó y se acercó a besarme y agarrarme el bulto.

-¿Viste, viste que la Beba te esperaba?

Seguimos viaje, la calle estaba muy concurrida. Martin volvió a llamar que nos apuráramos. Llegamos, eran 15 kilómetros. Una bella finca con casa grande, jardines, un bosquecito a lo lejos; un quincho enfrente de  la cocina. Martin quiso abrir ya un vino. Beba paso entre ambos y me saco de la mano. Había visto dos caballos ensillados y fuimos en ellos al bosquecillo, galopando. Mi excitación subió al extremo.

Al llegar me mostró una casa de muñecas sobre un árbol antiguo, parecía grande, con una escalera de madera y sogas. Atamos los caballos y me arrastró a la escalera y a la casita. Todo se movía y hacía ruido. Parecía que podría caerse con nosotros. Beba se arrodilló sobre el piso acolchado, en cuatro patas. Ya estaba de pantalones. Se los bajó y puso toda su cola en mi cara. Su pelambre roja me excitaba, ahora vi el interior de su vulva, mojado, rojo vivo, sentí su calor y aroma.

-Pará que nos pueden ver. -Vení, que la Beba te espera.

Me arrodillé tras ella tratando a su vez de estar agachado y bajé mis pantalones. Apenas alcancé a penetrarla y mi erección cayó del susto.

-No puedo, volvamos, tengo mucho miedo.

En la casa ya estaba el vino abierto, el asado avanzado, pero Martin me mostró cada cuarto: El de ellos era enorme con cama con dinteles y escondido un espejo en el techo. Bebimos bromeando. Beba se abrazó a Martin y cruzaron frases de doble sentido, mientras se besaban. El aroma a sexo persistía. Almorzamos copiosamente, bebimos y conversamos. Al terminar Beba apuró a Martin: anda acostándote que ya voy. Me llevó al quincho en donde había dos dormitorios con baño, uno de la empleada. Cerré con llave y me acosté desnudo porque mi calzoncillo me daba asco, estaba acartonado y con fuerte olor a nuestros jugos. Me dormí en el acto.

Desperté acompañado. Beba me estaba haciendo una felación grandiosa.

-¿Por donde entraste? Tengo llaves. -¿Y tu marido? -Ahí está, no se portó tan bien…

Desnuda, se acomodó para un 69. Estaba mojada y olorosa de sexo, pero su clítoris sabía a mariscos frescos. Acaricié, mientras chupaba, su vulva hasta su culo. De allí salía un líquido aceitoso ¡con olor a limón! Penetré con un dedo; ¡estaba dilatado!. Eso y la chupada me excitaron terriblemente:

-¡Cuidado que termino!

Y así fue, toda la leche concentrada desde la mañana salió como manantial, gran parte fue a su boca, el resto al pecho y a la cama. Salio con toda la fuerza contenida por horas. Beba fue al baño a lavarse. Mi eyaculación no mató la erección. Mi calentura por su culo era enorme. Fui hasta el lavabo donde Beba se estaba limpiando y la tomé por atrás. No solo no se incomodó. Se acomodó para que accediera a ella. Apunté a su ano, y ingresé, con alguna dificultad pero casi todo mi glande. Suspiró, sin quejarse y me pidió seguir así, lentamente. Entré y salí con su ayuda y autorización.

-Señora, la busca el Sr. Martin.

Se oyó desde la cocina. Mi stress subió a mil. Beba terminó tranquila de higienizarse y se vistió (con la ropa que había dejado al pie de la cama). No logre volver a dormirme.

Me vestí y salí, esperando la muerte. Martin ya venía a buscarme.

-Vamos a tomar unos mates, que tengo que llevar los chicos a casa. -Nos vamos. -No, vos quédate, te lleva la Beba que tiene que hacer algunas cosas aun acá. Aprovecha el atardecer que acá es muy bello.

Nuevo rato de comentarios superficiales y amigables con masas y mate. Y la hora de irse.

-Llévate a María que prepare algo liviano.

Se fueron. El atardecer fue maravilloso, con cielos rojos, sentados en reposeras mirando al oeste, por momentos en silencio, por momentos de la mano, haciendo comentarios como dos enamorados, gozando el espectáculo y nuestra proximidad. Quise tocar su pecho y lo evadió. No quise arruinar el momento.

-Dime, ¿tu esposo sabe de tus locuras? -Son tres días nada más.

Tampoco quiso seguir, retornamos al silencio y a estar de la mano. Pense que eso era el amor. Al ponerse el sol me pidió pusiera música, que la buscara y ella ya venia. Pasaron unos minutos, ya era de noche. Reapareció de vestido largo, negro, con gran escote. Tenía un perfume dulce y suave. Me tomo para bailar, lo hicimos. Nos besamos suave y largamente. Cuando quise avanzar me frenó de nuevo.

-Tenemos la cena lista.

Había puesto la mesa en la cocina, con sahumerios, velas, un buen vino, que abrí yo. Cenamos frente a frente. Hablamos poco, gozamos el momento. Al terminar con el postre volvió a sacarme a bailar. Volvimos a hacerlo suavemente. Yo estaba ya recaliente. Revisó el cierre de las puertas.

Me tomó de la mano y me llevó al dormitorio. Allí estaban dos velas aromáticas prendidas a cada lado de la gran cama. El espejo estaba a la vista. Se sentó y empezó a desnudarme. Al sentir su perfume me sentí más avergonzado de mi ropa sucia y olorosa a transpiración y sexo. No hizo caso. Me pidió la desvistiera, lo hice con lentitud descubriéndola y gozando de mirarla. Volvimos a bailar, suavemente pero ya desnudos. Mi miembro en su abdomen, sentía sus pechos con los pezones parados y su monte rojo. Besé y mordí su cuello.

Nos sentamos en la cama y seguimos acariciándonos y besándonos. Ella se tendió y me atrajo. Baje a su vulva y la bese, estaba remojada, enrojecida, hinchada, tensa. Localicé al clítoris caliente y mojado, lo bese y chupe. Ella suspiró, se agitó, me apretó la cabeza, sollozó. Nos quedamos quietos abrazados. Se recuperó y me atrajo sobre su cuerpo. La penetré.

Se acomodó y empezamos a movernos en profundidad, plenamente lubricados, aceitados, simultáneos. La armonía era total. Su rostro se arreboló, tenía los ojos entrecerrados. Nuestra agitación fue creciendo. Nuestra piel apretada se pegoteó con sudor mutuo. Se oía el gorgotear de nuestros movimientos.

El aroma a sexo fue reemplazando al perfume de velas y de su cuerpo. Su ritmo empezó a ser más rápido. Me pidió cambiar. Ella arriba, enhebrada, penetrada por si misma, bailando sobre mi cuerpo, acariciándome con sus manos, agachándose a que besara sus pechos, mojándonos mutuamente. La miré en el espejo, ella se echó para atrás para mejorar mi vista de sus pechos, de su rostro arrebolado, enrojecido sobre el blanco de su piel, de su ritmo de penetración. Puse mi dedo en su clítoris y lo seguí en su subir y bajar, en su entrar y salir con mi pene. Su agitación se transformó en temblor y sollozos.

-Ahí, ahí, siiii.

Y cayó sobre mi pecho gimiendo. La moví para que se pusiera boca abajo. Se puso como perrito. Me arrodillé tras ella y admiré su concha blanca enrojecida, tumefacta, con un olor intenso, extasiante a sexo, mojada y goteante con los vellos rojos pegoteados a su piel blanca. Tomé sus caderas con fuerza e inicié una frenética embestida y salida, nos acompañamos. Jadeamos juntos, transpirando intensamente.

Sentí llegar el final con espasmos conjuntos y sensación de calor intenso en nuestros sexos. Me vacié en ella, literalmente me desagoté a pleno y, aun con contracciones de ambos y sintiendo ordeñarse mi miembro, agitado, caí sobre su espalda. Un nuevo olor inundó el ambiente.

Beba me despertó no se cuanto después, ya no había velas y la casa estaba ordenada, pusimos a lavar las sábanas, cerramos todo y volvimos adormilados, me dejó en la estación.

Siguen siendo muy buenos clientes, discuten precios, a veces demoran unos días el cheque, pero compran y bien. Beba sigue coqueteándome y Martín con su simpatía. Siempre amenazan con volver a invitarme…  Mis miedos siempre son menos que los buenos recuerdos.

Autor: Fernando

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