El día del pico (día de la polla)

En los escasos momentos en que podía pensar, Ro reflexionaba que el paraíso era una polla enorme bombeándote el coño lentamente y una polla delgada trabajándote el culo. Entre orgasmo y orgasmo agradecía haber viajado a Chile. Un país que tenía una “Polla chilena de beneficencia” no podía ser del todo malo, aunque esa Polla fuera sólo un juego de azar.

Si el paraíso era un par de pollas sincronizadas en sus mojados agujeros inferiores, ¿qué podía ser esta extraña celebración de esta especie de cofradía?

Otra particularidad de Chile es que tenían un dicho: “el día del pico” que equivalía al día de la polla, cuando querían referirse a algo que no iba a suceder o que estaba en un futuro muy lejano.

Pues bien, Jorge y sus amigos no habían hallado nada mejor que celebrar este “día del pico” teniendo sexo con una mujer, con la que sólo tendrían contacto con sus vergas. Así era. Dos glandes compartían su boca y su lengua. Sus manos quietas empuñaban sendas pollas que, rígidas, follaban sus manos empuñadas, inmóviles y aceitadas. Eso suma cuatro pollas, que más las de su coño y ano dan seis. Para completar los ocho miembros (literalmente) de la cofradía, sus tetas eran usadas en una cubana, y como nunca faltaba el fetichista, sus pies unidos eran follados por la octava y última polla.

Ro había conocido a Jorge en en trabajo. Muy correcto y amable, Jorge no escondía, sino que más bien no expresaba una sexualidad y un morbo que estaban bajo la superficie. En una salida de la oficina, Ro tuvo ocasión de bailar con él y supo. Era sólo cuestión de tiempo.

Los amigos de Jorge eran un grupo heteróclito. Branco, apodado “el lechero” por su incapacidad para controlar una eyaculación más de 10 minutos y por su capacidad para correrse una y otra vez (de hecho, le estaba llenando la boca de su deliciosa leche una vez más) era un jockey de hípica y una de las personas más amables que Ro había conocido. Nadie sabía cómo lo hacía para producir tanto semen, pero para Ro que era un poco viciosa por ser bien eyaculada, era una bendición esa polla pequeñita de grandes bolas y erecciones infatigables.

La polla de Tony, el cubano que le abría el coño con exasperante lentitud, se detuvo dejando sólo el glande dentro de ella. Por sus palpitaciones, Ro supo que se estaba controlando para no acabar aún, y dejó de moverse. No fue fácil debido a que Ernesto no bajaba el ritmo en su ano. Ernesto era un maestro para darle por el culo, y era la única interacción que tenían dos veces al año. Ro no sabía nada más de él. Tony era deportista profesional, y no podía evitar un estremecimiento cuando lo veía en televisión. Recuperado, Tony comenzó a abrirla nueva y lentamente con esa inmensidad negra que tanto la estiraba por dentro y tanto la hacía acabar.

En sus manos había dos vergas casi idénticas. Gordas, no muy largas, circuncidadas. La verdad esa paja pasiva que les estaba haciendo no era su preferencia, pero era gran parte del morbo de la situación.

La otra polla que recorría su boca y labios era de Daniel. Una buena polla que no tardaría mucho en seguir a la de Branco, que se preparaba para darle una nueva ración de leche. Efectivamente, Daniel y Branco casi la ahogan eyaculando a la vez y llenando su lengua, boca e incluso cara de espesa leche. Branco siguió follándole la boca como si nada mientras Daniel tomaba dos minutos para recuperarse. No era como Branco, pero se reponía muy rápido.

Habían comenzado a follar con Jorge a los seis meses de estadía de Ro en Chile, y nunca había estado Ro mejor servida. No eran pareja, sino amigos con muchos derechos, y esos derechos incluían locuras como la de esa noche.

Ro temblaba como si tuviera fiebre, los orgasmos inundándola como las olas de mar, cada vez más y más alto. Por la presión en sus tetas supo que El final se acercaba. Si Víctor acababa, todos lo harían muy pronto. Efectivamente, Víctor sacó la polla de entre sus redondas tetas, y tomando su cabeza (y sacando de paso a Branco y Daniel) le comenzó a meter una polla enorme y gorda pero fláccida en la boca. Ro nunca había visto esa polla dura, pero aún así acababa como un torrente y le había dado un placer inmenso más de una vez.

Un torrente bajó por su garganta, latigazo tras latigazo de leche, seguido por la retirada de la enorme y blanda polla de su boca.

Víctor fue sustituido por Tony. Otra polla enorme, pero esta negra y dura. Ro sabía que hacer, y comenzó a lamer el frenillo de esa verga palpitante. Ni 10 segundos llevaba cuando la leche comenzó a fluir de ese glande. Tony no eyaculaba, sino que se rebalsaba. Ro lamió ese frenillo mientras el semen de Tony fluia en su boca. Cuando dejó de manar, Ro glamió el lande cubierto de espeso semen como si de un helado se tratara. Los otros orgasmos fueron más desordenados. Ernesto le llenó el ano de leche y sigió bombeándola lentamente mientras los otros se derramaban, goteaban, fluían y eyaculaban en su boca y cara.

A medida que se descargaban, se iban retirando sin decir palabra.

Una vez más los últimos fueron Branco, Daniel y Jorge, quienes la acompañaron a una tina para lavarse, relajarse y darle más leche, a intervalos cada vez mayores, hasta que hasta Branco quedó vacío.

Jorge fue el último en quedarse y la ayudó a vestirse y la fue a dejar a su casa, donde se durmió inmediatamente.

Al día siguiente, en su escritorio la esperaban ocho rosas, una notita de agradecimiento con ocho firmas, y una invitación a almorzar y tomarse la tarde libre. Era una de las ventajas de que Víctor fuera el dueño de la empresa en la que trabajaba.

Ro reflexionó que el día del pico habría que celebrarlo más de una vez al año.

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Francisca, mi hermana mayor

Soy cinco minutos menor que mi hermana, siempre he sido la más timida de las dos. Francisca es mas independiente, y aunque nos vestimos igual, somos dos personas totalmente diferentes, o eso era lo que creía yo.
Es extraño verse todos los días de tu vida reflejada en tu hermana, es como si llevasemos el espejo para todos lados. Nos confunden a menudo, pero es parte del juego, pienso, nos justa hacernos pasar por la otra, bueno a la Fran le gusta más, yo hago lo que ella me dice y también me divierto.

A ella la adoro, incluso antes que a mis papás. Ella está conmigo todos los días, y todas las noches. Dormimos juntas, nos bañamos y nos prestamos la ropa. Con ella puedo hablar de todo, pero hace un tiempo que no me atrevo a tocar un tema: el sexo. Ella, al ser mayor, ya ha salido con algunos chicos, y yo que soy mas retraida, no lo he hecho aún. Somos dos gotas de agua, pero yo pienso que ella es más hermosa.
Desde un tiempo que me quedo mirandola mas de lo habitual, cuando nos bañamos. Su cabello largo y rubio, su cuello estilizado, sus facciones tan perfectas, ojos como zafiros, labios carnosos, nariz respingada, bueno, es bellísima. Soy yo pero más linda. A veces sin que ella se dé cuenta, acaricio sus pechos con el jabón más de lo debido, y he notado que entre cierra sus ojos de vez en cuando. Pienso que le agrada mucho.
Cuando nos acostamos, a veces no usamos mas que las pantaletas, ya que el calor del verano nos sofoca. Nos es muy natural, de hecho, de ella fue la idea.
La semana pasada me dijo que me enseñaría a besar a los chicos, que ya era hora de que saliera con alguno. Yo me quería morir, no sabía que estaba haciendo. Me dijo que tenia que practicar con ella, y al principio de dio algo de corte, pero es tan hermosa que no pude resistirme a tocas sus labios con los mios. Cerré mis ojos y dejé me diera el primer beso. Fue muy delicada, aunque me molesto su lengua que quiso poner dentro de mi boca.
“No seas niñata”- me dijo -“eso es lo que más les gusta a los chicos”.
Me dió vergüenza, pero la dejé hacer. Se sintió muy rico, y un escalofrío me recorrió toda la espalda. Fue en ese instante que me di cuenta que quería a mi hermana.
Soy bastante quedada, y nunca he hecho nada por mi sola, pero esta vez me decidí a hacer los primeros movimientos. Investigué en la internet y descubrí que el sexo entre dos chicas se llama lesbianismo. No se si yo soy así, creo que me gustan los chicos también, incluso recuerdo esa vez en que la Pancha me vino a buscar a la pieza, por que había visto a mi papá desnudo. Bajamos la escalera y nos escabullimos en su oficina, él estaba de espalda a nosotras totalmente desnudo, frente a su computador, viendo videos o algo así. Nos escondimos tras el diván que da al escritorio, y solo se veía parte de su espalda, sus nalgas y piernas. Yo estaba muy nerviosa y muerta de miedo que nos fuera a pillar, pero la Fran me acariciaba el cabello y trataba de controlarme. Lo oía quejarse mientras una de sus manos manejaba el ratón, la otra estaba oculta tras su espalda. En ese momento gimió con fuerza y dejó caer sus manos al rededor de la silla, yo me austé mucho y casi grito, pero me contuve. Se giró hasta quedar frente a nosotras y ahí lo ví, era una cosa larga y parada con la punta roja, llena de venas y dos grandes bolas bajo eso. De la cabeza brotaba un líquido espeso que olía fuertemente, y manchó parte de la silla donde estaba mi papá, el resto estaba regado en todo su pecho. Se levantó y le oimos bajar su habitación. Francisca se incorporó y se acercó a la silla y me dijo:
“Ven, acercate y mira su esperma” – apuntando su dedo índice a la mancha que había quedado en la silla.
Me levanté y me puse a un costado del computador mientras Francisca se arrodillaba frente a la silla donde hace unos instantes estaba mi papá desnudo.
“¿Qué haces? ¿Estás loca?” le susurré cuando la ví acercar su rostro al líquido que había ahí.
“Solo quiero olerla más cerca” y cuando estaba a unos pocos centímetros de ella, untó uno de sus dedos y se lo llevó a la boca.
“¡Guakala!” – dije – “¿Porqué lo has hecho?”.
“Mmmm, es mejor de lo que yo creía. Tienes que probarla Gaby, está muy rica” – me lo decía mientras lamía su dedo cubierto de la esperma de mi papá – “Vamos, no seas tonta, ¿cuando te he mentido?”.
Tenía razón, nunca me ha engañado y siempre se ha preocupado por mi, así que, aparté mis prejuicios por un momento y pasé mi lengua por su dedo. “Mmmm, tienes razón está buena” y me acerqué a lamer el resto que estaba en la silla.
“Eres muy guarra, hermanita. Sólo era probarla, jajaja” – me dijo riéndose, mientras yo limpiaba la deliciosa mancha de mi papá.
Es por eso que creo que no soy lesbiana, me gusta la leche de mi papá, y a veces, cuando voy a hacer la colada, me detengo a oler los boxers que el utiliza. Me vuelve loca ese olor, me mojo entera y hay veces que he tenido que sacarme las pantaletas de lo húmedas que quedan.
Ayer hice algo muy loco, y creo que la Fran está enojada conmigo. Mientras nos duchabamos antes de acostarnos, enjabonaba su espalda como siempre y después sus senos. Ella no me decía nada, solo se dejaba estar. Me acerqué y la abracé, uniendo mi cuerpo desnudo al de ella. Abrió sus ojos y en ese momento la besé. Fue muy rico, pero no duró mucho. Me empujó y de dijo:
“¿Qué haces?”
“Estaba practicando lo que me enseñaste, ¿no te gustó?”
“Si … pero, no se trata de eso. Me tienes que preguntar, además yo soy la maestra y yo doy las lecciones, ¿entiendes?”
“Creo que si”.
Salió de la ducha y se fue a secar. Corté el agua y salí, ella me miró, pero sentí que había sido de otro modo, distinto a como lo hace siempre. Me acerqué a ella y le ayudé con su pelo. Se fue calmando y secó con su toalla mi cuerpo. Me sentí muy acalorada cuando pasaba su mano envuelta por mi ser. Pasamos a la habitación y nos acostamos, aunque se nos fue el colocarnos las pantaletas.
Mientras dormía me dí vuelta para mirarla. Se veía mucho más bella que antes. Uno de sus pechos quedaba descubierto fuera de las sábanas, y se me antojó tocarlo suavemente. Al parecer estaba con mejor sueño que otras noches, así que proseguí a acariciarlo. Hacía círculos con las yemas de mis dedos sobre su pecho, y rozaba de vez en cuando su rosado pezón. No pude resistir más no estar junto a ella, y acerqué mis labios a su aureola, puse mi lengua en la punta y lamí todo el botón de mi hermana, que comenzaba a endurecerce producto de mi húmedo estímulo. Francisca lo estaba disfrutando al parecer, ya que se movía en la cama como una gata en celo, retorciendo sus muslos, frotando sus piernas. Ya no había marcha atrás, así que me dejé llevar; mientras mi lengua jugueteaba con su pecho, mi mano fue bajando hasta posarse sobre su sexo.
Ella me había enseñado a masturbarme hacía unos años, cuando la encontré sobre nuestra cama, desnuda, acariciando sus pechos y con sus dedos en la vagina. Me dijo que era muy normal, acariciarse y darse placer:
“Los chicos lo hacen todo el tiempo, ¿porqué no ibamos a hacerlo nosotras también?”
Recuerdo que me hizo desvestir y sentarme frente a ella. Tocó mis pechos con sus manos y hacía círculos con sus dedos sobre ellos. Me gustó mucho, en ese entonces, y me dijo que era lo que hacía los chicos con sus novias, cuando estaban en la intimidad. Después de unos minutos de sobar mis senos, bajó una de sus manos y la posó sobre mi sexo. Me miró a los ojos y dijo:
“Separa tus piernas y vas a sentir muy rico”.
Así lo hice, con algo de pudor, pero ella era mi hermana gemela, no es algo no hubiera visto antes en ella. Se llevó uno de sus dedos a su boca y lo llenó de saliba, el que acercó a mi vagina y fue introduciendo de a poco dentro de mi.
“Ahhh” – dejé escapar de mis labios.
“Así se masturba una” – me decía, mientras movía su dedo de adentro hacia afuera.
No recuerdo si llegué al orgasmo, pero si me gustó mucho cuando se llevó uno de mis pechos a su boca, mientras me seguía masajeando la vulva.
Fue esa escena la que quise repetir ayer. Quería darle tanto placer como ella me lo dió aquella vez, sólo que me olvidé de llenar de saliva mi dedo y fue cuando ella se despertó.
“¿Pero que …? ¿Que te pasa, estas loca?” – me dijo en voz alta – “¡Estás enferma!” – se levantó, puso su bata y corrió hacia la habitación de huéspedes.
Yo me puse a llorar, estaba en shock. Mi hermana a la que mas quería se había enojado conmigo, y no podía decirle nada para calmar su rabia. Me sentí podrida, sucia y desolada. A penas pude dormir esa noche.
Hoy aún se me notan los ojos hinchados de tanto llorar, a pesar del maquillaje. Mi papá se dió cuenta cuando pasó por mi habitación.
“¿Qué pasa, Gabriela? ¿Qué tiene mi bebita?” – me dijo cubriendome con sus grandes brazos.
“Papá, ayer hice algo terrible y enojé a la Fran”.
“Mi nenita, no hay nada que puedas haber hecho tan grave para que tu hermana se enojara contigo. Las dos siempre han sido muy unidas, y se que todo se va a arreglar entre ustedes” – me respondió mientras acariciaba mi espalda y besaba mi nuca.
Quizás es por que aún estoy en shock que me imagino cosas, pero estoy casi segura que sentí su cosa dura bajo mis piernas mientras me consolaba mi papá.
“Ya mi nenita, sequese esas lágrimas y vaya a conversar con su hermana. Quiero verlas a las dos felices y contentas como siempre” – me hizo incorporar, me tomó por las caderas, me dió un piquito en los labios y una palmadita en las nalgas, que se sintió muy rico. Él se quedó sentado en mi cama, con mi almohada sobre sus piernas.
Caminé por el corredor hasta llegar a la habitación de huéspedes. Mi alma pendía en un hilo, y sentía que mi corazón me salia por la garganta. Toque la puerta y abrí el pomo. Para mi sorpresa, ahí estaba la Pancha, totamente desnuda, frontando sus pechos y acariciado su vulva. Me quedé un rato frente a ella, totalmente paralizada. Me gritó:
“Entra y cierra la puerta”.
Así lo hice. Me giré para darle mi disculpa por lo de la noche anterior, y me la encontré frente a mi, con cara molesta.
“Yo … yo …” balbuceé sin sentido, y ella me hizo callar. Tomó mi mano, y me llevó hasta la cama, donde me hizo sentar frente a ella.
“Has estado rara estos últimos días, y creo saber por que…” – me dijo en tono seco.
“Yo … yo …, no puedo …” – dije entrecontada, dejando caer una lágrima por mis mejillas.
“Gaby” – respondió mientras secaba mis mejillas con su mano – “se lo que te ocurre. A mi también me pasa lo mismo, pero no lo supe hasta ayer cuando me estabas tocando”.
“Yo … no quice hacer nada malo. Yo …”.
“Shhhh” – dijo colocando uno de sus dedos sobre mis labios – “Tontita, me gustó mucho. Pero ya te lo había dicho, tienes que preguntarme primero”.
Me quede sin habla.
“Osea que también sentimos igual” – afirmé sorprendida.
Desacotonó mi pijama, y dejó mis pechos desnudos frente a ella. Se acercó a mi, y me besó tiernamente en los labios, mientras una de sus manos me rodeaba la nuca, y la otra se posaba sobre mis senos. Metió su lengua en mi boca, la que yo también comencé a masajear con la mía. Se sentía muy rico, mientras acariciaba mi pecho y rozaba con sus llemas mi pezón. Su boca se separó de la mía y comenzó a recorrer con sus labios mis mejillas, cuello, y hombros. Se acercó a mis pechos y dijo:
“¿Puedo?”.
Yo asentí con mi cabeza, ya que no lograba decir nada. Tomó mi pecho izquierdo con su mano y se lo llevó a la boca. Sentí un escalofrió en mi espalda muy delicioso. Lamía mis pechos alternadamente, y yo me contornaba sobre la cama. Separó mis piernas con sus manos, y bajó con su boca hasta mi sexo, sin no dejar de besar cada parte de mi cuerpo hasta llegar ahí. Me miró a los ojos, mientras sacaba su lengua, la que se iba perdiendo entre mis vellos dorados.
“Ahhhhhh, mmmmm” – dejé escapar – “Si, así … “.
Me lamía y jugaba con mi clítoris a su antojo. Luego para mi sorpresa, giró su cuerpo hasta quedar su sexo frente a mi, sin dejar de lamer mis labios “íntimos”. No dejé pasar el momento y acerqué mi lengua a su raja. Gemimos a la par.
Estabamos extasiadas dándonos placer, arrancándonos espasmos de gozo, cuando sentí en la habitación un aroma familiar. Seguí lamiendo a mi hermana, mientras buscaba con mis ojos el origen de tan peculiar olor. Mi sorpresa fue inmediata, al comprobar que tal aroma era le leche que mi padre dejaba escapar de su miembro erecto, el que pendía de su cuerpo desnudo, en el portal de la habitación.

Continuará…

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El semen de mis hijos IV

Mi jefe la metió más, quedando su pene debajo de mi cara y me dijo: Amor, no te vayas a hacer despedir, yo me alarmé, necesitaba mucho mi trabajo, me cogió la cabeza, obligándome a meterme su pene en mi boca, comprendí el chantaje y empecé a mamárselo, lo hice bien para que no pensara en despedirme. Luego de un rato sentí como se contraía, hasta que eyaculó dentro de mi boca.

Hola soy Mónica, esta es la cuarta parte de mis relatos. La primera: Me bañó con su semen. La segunda: El semen de mis hijos II. La tercera: El semen de mis hijos III

Luego de la última experiencia todo iba a cambiar, al siguiente día estaba recostada cuando de pronto sentí como me despertaba el manoseo en mi cuerpo, al reaccionar vi a Lorenzo y a Daniel, mis dos hijos, manoseándome todo el cuerpo, después de conocerlos y de saber que de nada serviría prohibirles, decidí permanecer estática, pero trataba de taparme con mi cobija, de pronto Daniel se alejó y me dijo: ¡Párate!, yo le dije que se salieran para cambiarme, a lo que ellos me aclararon que estaban con los testículos llenos de semen, y por su enfermedad necesitaban eyacular pronto sino enfermarían, yo accedí a ponerme de pie, el problema es que mi pijama no tapaba mucho que digamos, Daniel se acercó y me metió la mano en la pijama para cogerme los senos, me dijo que yo colocara las manos atrás y agachara la cabeza, ya así lo hice, solo quería terminar esto lo más rápido posible, ellos no paraban de masturbarse.

De pronto Lorenzo que me miraba dijo: estoy a punto de venirme, a lo que Daniel me dijo que me diera vuelta, yo así lo hice, sin entender mucho, luego él me cogió el cuerpo y me lo arqueó un poco, quedando agachada pero sin doblar las rodillas, en eso siento que me masajean la cola por encima de mi delgada pijama, desde aquí todo cambió, porque eso me gustó, me excité, esa fue la sensación que jamás me imaginé que sentiría en ese momento, de pronto siento como me empieza Lorenzo a lanzar chorros de semen encima de la pijama, me caían en la cola y en la espalda, eran bastantes, su problema hacía que produjera mucha cantidad de esperma, quedé empapada, demasiado semen tenía en min pijama, en ese momento me di cuenta que los dos se guardaban sus miembros, por ende me imagino que los dos se habían venido encima mío.

Me ubiqué de nuevo, Daniel dijo: eres muy linda mamá, y se acercó y me dio un pico en la boca, luego Lorenzo se acercó y me dio otro, me sentí muy extraña, ellos nunca me daban picos en la boca, me dijeron que bajara, que tenían que hablar conmigo, les dije que me bañaba, me cambiaba y bajaba, ellos dijeron que solo me bañara y bajara, que lo que me tenían que decir era urgente, me quité la pijama llena de semen y entré a bañarme, al salir con la toalla, bajé y me dijeron donde sentarme. Lorenzo empezó a hablar: mamá, para ti es difícil masturbarnos en todo momento, tenemos que aprender a hacerlo solos.

Cuando escuché eso, mi corazón saltaba de tranquilidad, me gustaba lo que escuchaba, entonces continúo diciendo: pero el problema es que no tenemos la motivación para excitarnos tanto como para que nos podamos masturbar, queremos que tú nos ayudes con esa motivación. No comprendía muy bien la idea de mis hijos, no comprendí que era lo que me pedían, yo respondí que si, que les ayudaría con lo que fuera.

-Gracias mami, sabíamos que podíamos contar contigo, entonces para nosotros es muy excitante imaginarte con ropa sexy, así que si tú usas la ropa que te digamos, con solo usarla, eso nos va a excitar mucho, igualmente si hacemos algunos cambios en la casa, como que vamos a dormir todos juntos, en la misma cama, y vamos a colocar semen en tu shampoo y crema dental, y no vas a volver a cerrar jamás la puerta del baño.

Yo quedé callada, no podía decir nada, quedé muy impresionada, después de escuchar todo eso, se notaba que lo tenían muy bien planeado. No alcancé a responder cuando Daniel dijo: sabemos que vas a aceptar todo porque tú dijiste que no querías que fuéramos donde las putas, ellas harían todo esto.  Pronto dije: claro que no quiero que vayan con esas mujeres, voy a hacer todo lo que quieran, pero prométanme que jamás irán por allá. Lo prometemos, dijeron casi en coro. Daniel: entonces mami, por favor, ve y te cambias, cuando te estabas bañando te dejamos una ropa especial para ti en tu cama.

Me levanté, y me fui para la habitación, al llegar empecé a sacar la ropa, me senté pronto, pues la sorpresa era mayúscula, era un vestido muy pegado al cuerpo, era una minifalda que mostraba mucho la forma de mi cola, tenía un escote muy fuerte, mis senos quedaban muy expuestos, pero lo peor eran las medias, que no eran enterizas, sino llegaban solo hasta mi colita, era ligueros, los tacones eran muy altos, era tacón de 7.5, eso es muy alto, me dispuse a cambiarme, al terminar, me sorprendí como me veía de diferente.

Salí de la habitación y apenas me vieron dijeron: mamá, pareces una puta, yo me ofendí y le dije que ese no era vocabulario decente, ellos me explicaron que es que ellos se imaginaban que estaban con una puta y así no tenían necesidad de ir por allá, me dijeron que me fuera a trabajar, yo les dije que me veía muy vulgar, que no me hicieran eso, ellos dijeron que me veía linda, que saliera a trabajar, me empujaron a la puerta y salí, debido a que mis senos son muy grandes, me tocaba estar pendiente de acomodármelos ya que el escote se movía y me daba miedo que se me viera algún pezón.

Salí y noté como las miradas de todos llegaban a mí, me paré en el paradero y jamás había llamado tanto la atención, estoy casi segura que todo los conductores me miraron ese día, cuando llegó mi bus me subí, el problema era que me tocaba de pie, todo parecía confabularse en mi contra, afortunadamente no estaba tan lleno y nadie aprovechaba la situación para pegárseme, pero el problema fue que debido a los tacones tan altos, y todos estaban sentados, les mostraba el inicio de mi colita a quien quisiera ver, me sentí muy apenada, era impresionante ver como todo los hombres se tocaban su entre pierna, subía más gente, pero yo me acomodaba para no quedar cerca de ninguno de ellos, como no quería darle la espalda a ninguno de los hombres que llegaban, me fui arrinconando hasta quedar dándole la espalda a unos hombres que estaban sentados en la última silla, el bus saltaba, y mis senos parecía querer salir del vestido.

Luego de un eterno camino llegamos, al ir a pagar me sorprendí cuando el conductor me dijo un piropo y no me cobró, yo me bajé y me dispuse a entrar a mi oficina.

Al entrar todos estaban afortunadamente tan ocupados que no notaron como iba vestida, entré rápidamente a mi escritorio, en la entrada de la oficina del jefe (yo soy su secretaria) y me alegré por no haber causado más espectáculo, entró al rato mi jefe leyendo su periódico, de pronto me miró para saludarme y se quedó perplejo, no dejaba de mirar mi vestido, me dijo: Mónica, ¡cómo estás de linda hoy!, ven, sigue a mi oficina que necesito decirte unas cosas, yo entré, pero él me hizo entrar primero, cuando caminaba sentía como clavaba su mirada en mi cola, me senté rápidamente al frente del escritorio, él se sentó en su silla y me dijo que quería que yo me hiciera al lado de él para no gritar lo que me iba a dictar.

Yo conocía muy bien las verdaderas intenciones, solo era por morbosearme, me paré al lado de él y me dijo que mirara para el otro lado, que le diera la espalda, empezó a dictar cosas de poca importancia, luego me dijo: Mónica, tienes una colita muy linda. Yo le dije gracias y me puse muy roja, ¿Porque te has vestido así? me preguntó, le dije que había querido venir diferente, él me dijo: Mónica, quiero que hoy trabajes aquí en la oficina, no quiero que salgas, le dije que tenía mucho trabajo en mi escritorio, me dijo que no me preocupara por eso y para finalizar dijo: Mónica si tú me demuestras mucha lealtad yo te puedo dar la vida que tú quieras, menos trabajo y más sueldo.
Esa idea de más sueldo me agradaba mucho, ya que un aumento es el sueño de muchos, le dije que yo era muy leal, entonces dijo:

Ok, Mónica entonces ven y siéntate aquí en mis piernas, me puse muy roja, y le dije que no, ¿para que?, entonces me habló fuerte y me dijo: quiero que trabajes aquí al lado mío, ¿eso tiene algo de malo?. No, nada, le respondí y me acerqué, me senté de medio lado, y sentía ese gran bulto, él me acomodó y quedé sentada de frente al escritorio, al igual que él, me dijo que escribiera en el computador, mientras me dictaba, su pene lo sentí, estaba en medio de mis nalgas, me recostó un poco hacia delante para que pudiera escribir en el pc, empezó a dictarme y él se movía suavemente, yo sentía como me presionaba ese pene en mis nalgas, en un momento me dijo, mira, necesito llamar a alguien, pero no quiero que mis empleados te vean aquí, ¿me voy? le pregunté, no, respondió, métete en el escritorio y no digas nada.

Yo lo miré, esperando que me dijera que era broma, pero él me empujaba hacia abajo del escritorio, me metí quedando en una posición muy incómoda, me dijo que no dejara de mirarlo, por si me hacía alguna señal, así pues quedé agachada y mi vestido muy recogido, mis senos quedaban a su vista, se podía ver todo el volumen de mis senos, por lo espichados se veían aun más grandes, llamó a varios empleados, los cuales entraron y mi jefe metió mucho más la silla, quedando yo presionada, tan presionada que mi cabeza quedó sobre la silla al frente de su enorme paquete, él les dijo a los empleados que le expusieran unas nuevas propuesta, ellos empezaron a hacerlo y mi jefe de forma sorprendente se empezó a desapuntar el pantalón, se bajó la cremallera, yo lo miraba y él muy serio me hizo el gesto que hiciera silencio, se acomodó su ropa interior y sacó su pene, estaba muy gordo y grande, yo no hacia nada, de pronto se empezó a tocar, bajaba su mano suavemente, acariciándolo y subía la piel que cubría su pene, lo hacia sin afán, su pene se ponía muy duro, de pronto se agachó y me dijo:

Mónica, necesito que me ayudes con una manito, que necesito escribir en el computador, me cogió una mano y la puso en su pene, sacó sus manos y empezó a escribir en el computador, yo seguí masturbándolo, me sentía muy extraña, no conocía esta personalidad de mi jefe, estuve así un rato, de pronto bajó más la silla y la metió más, quedando su pene debajo de mi cara, se volvió a agachar y me dijo: Amor, no te vayas a hacer despedir, pórtate bien, yo me alarmé, no entendía porque me hablaba de despido, necesitaba mucho mi trabajo, luego bajó sus manos y me cogió la cabeza, obligándome a meterme su pene en mi boca, comprendí el chantaje y empecé a mamárselo, lo hice bien para que no pensara en despedirme.

Luego de un rato sentí como se contraía, hasta que eyaculó dentro de mi boca, me tragué todo el semen para no mancharme, además era poco semen, en comparación con lo que arrojan mis hijos, ordenó a sus empleados salir, ellos así lo hicieron, me sacó del escritorio y me dijo: Mónica, de hoy en adelante quiero que me lo mames una vez al día de esta misma forma, ¿comprendes?, yo me quedé en silencio, entonces dijo: Amor no me hagas ponerme de mal genio, ¿entiendes?, si señor, entiendo. Muy bien, ahora sal de la oficina y tómate el día libre, como ves vas a ganar mucho si te portas bien.

Salí, recogí mis cosas y al salir todos me miraban, yo sentía que sabían lo que había pasado, pero era solo impresión mía, no era más que lo llamativo de mi ropa. Salí y cogí un taxi para no brindar más espectáculos.

Al llegar a mi casa la casa estaba sola, entré a mi habitación y lloré desconsolada por horas, no entendía en que momento se había hecho un caos mi vida. De tanto llorar, me quedé dormida, de pronto sentí la puerta, eran mis hijos, había dormido un rato largo, yo rápidamente me levanté, ellos entraron a mi habitación y se sorprendieron de encontrarme, ¿que haces tan temprano en la casa?, les dije que mi jefe no había ido y yo había terminado rápido mi trabajo, ellos me dijeron que mejor para que los ayudara, yo les dije que claro que si.

Entonces ellos me dijeron que iban a llenar de semen mi shampoo y cremas de la piel y mi crema dental, yo les pedí que no lo hicieran que no era necesario, Lorenzo dijo: Mami, claro que es necesario, nos excita mucho pensar que tienes semen nuestro encima de ti, en ese momento me dieron ganas de ir al baño a hacer pis, y les dije que con permiso, iba al baño, se corrieron y entré al baño, cuando iba a cerrar la puerta me dijeron que recordara que no podía jamás volver a cerrar la puerta, yo les dije que iba a hacer pis, que no podía con la puerta abierta, ellos me dijeron que una puta lo haría, y que yo era su puta como me habían explicado en la mañana, así que arremangué mi vestido, me bajé con gran vergüenza y humillación la tanga y me senté a orinar.

Ellos me cogieron y me pararon de una, me dijeron, no señora, tú desobedeciste, querías cerrar la puerta y cuando una puta desobedece hay que castigarla, ahora como castigo vas a orinar de pie, yo les dije que no, que no podía, entonces ellos me dijeron: mira mami, si vuelves a negarte a algo, te lo juramos que salimos por esa puerta en busca de putas y no volvemos, eso me aterrorizaba y les pedí despulpas, les juré que no me volvería a negar a nada, que como prueba vieran como orinaba de pie, ellos dijeron así nos gusta y se acercaron y me dieron un beso en la boca.

Me sentí nuevamente extraña, ya que era raro sentir sus húmedos labios pegados a los míos, empecé a orinar como nunca lo había hecho y ellos veían como salía hacia el piso de la ducha un chorro de orina a presión, al terminar me alcanzaron papel para limpiarme, me dijeron que los masturbara ahí mismo, me arrodillé y ellos se sacaron sus vergas, empecé a hacer lo mío, me dijeron que alcanzara una taza para recoger su semen, así lo hice, al eyacular guardé todo ese semen, ellos lo cogieron y empezaron a frotarlo en todas mi cosas, pero sobró mucho, así que me dijeron que lo guardara.
Lo guardé y me ordenaron irme a acostar, que ellos ya irían a dormir conmigo, fui y me acosté sabiendo que ya venían, me sentía altamente humillada, al rato ellos llegaron totalmente desnudos, con su miembros al aire, cada uno se hizo a un lado y me dijeron que yo era la mejor mamá, me abrazaron y sentía sus miembros grandes pegados a mi mientras me abrazaban y me cogían mis senos y mi cola.

Lorenzo dijo, mami, ¿me das un besito de buenas noches? le dije claro amor, entonces él dijo, es que vimos una película donde daban unos besitos especiales, ¿nos darías uno así?, si amor, les dije, como es, Lorenzo me cogió la cara con las dos manos y me dijo, abre la boca por favor, así lo hice, me dijo que la abriera más, totalmente, así lo hice, me dijo que sacara la lengua, entonces él me la cogió con sus labios y empezó a succionarla suavemente, era como si le hiciera un sexo oral, eso me excitó mucho, me soltó, y me dijo que así era, Daniel me dijo, ahora yo mami, y me volteé hacia el lado de él, y me cogió la lengua y me la chupó.

Para ese momento podía sentir sus penes enormes. Les dije que si les ayudaba a desocuparse, ellos dijeron que en un momento, primero querían excitarse más, y para eso querían ver mis senos, la verdad me daba algo de pena, pero no quería desobedecer y me abrí la blusa, mis enormes senos quedaron expuestos, ellos empezaron a jugar con ellos, los manoseaban y los besaban, eso me excitaba un poco, luego me dijeron que me colocara boca abajo, así lo hice y ellos me bajaron el pantalón de la pijama, quedando mi colita con solo mi tanguita, me dijeron que levantara más la cola, así lo hice y sentí como me jalaban de arriba la tanga para que se metiera más entre mis abultadas nalgas.

Me dijeron que mis nalgas estaban muy blancas, que necesitaban más color, y empezaron a darme cachetadas en las nalgas, cada vez eran golpes más duros, ya me dolía mucho la colita, me dijeron que gritara que yo era un perra y una puta, yo no podía, me sentía muy extraña, entonces más duro me deban, empecé a gritar, me dijeron que tenia que sentirse creíble, y que inventara algo más en esa frase, ellos me golpeaban en mis nalgas: yo gritaba: ay, me duele, soy una perra, una putaaaa, ayayay, ellos me dijeron que le agregara algo excitante a esa frase, o sino me golpearían hasta sangrar.

Yo gritaba: Si señor, soy una puta, ayayay, me duele mucho, soy una perra y seré la mujer más obediente del mundooo, en ese momento me dijeron que les hiciera sexo oral, entonces me empujaron debajo de las cobijas, quedé rodeada de sus penes, hice mi trabajo, hasta que me llenaron de semen la boca y la cara, se dieron la vuelta y me dijeron que durmiera que mañana me esperaba un día muy especial.

Autora: Mónica

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En la biblioteca de mi ciudad

Con mi pija bien dura comencé a frotársela por toda su conchita húmeda y caliente, la excitación era completa y no dábamos más de lo caliente que estábamos. Tomó mi pija con su mano y la llevó a su conchita y muy lentamente, se la empecé a introducir, hasta que se la metí toda, ese momento fue espectacular, sentir mi pija dentro de ella.

Esa tarde como tantas otras sentía la ansiedad de vivir algo diferente, buscando algo distinto, eso que me trasporte a vivir nuevas sensaciones, situaciones límites, poco comunes, en fin algo de adrenalina extra, eso que todos buscamos y tal vez poco encontramos, buscaba eso que bien no sabía que era… pero lo buscaba, vivir esas situaciones que a uno lo hacen sentir vivo, vital y todas esas cosas que condimentan la vida, la hacen ideal, digna de ser vivida con todo.

Por eso, mi intuición hizo que me dirija hacia la biblioteca, donde se que hay hermosas mujeres que trabajan ahí y también hay muchas habitúes del lugar que son dignas de mi admiración, y de paso buscar algún libro como excusa que me haga distraer un poco… Una vez ubicado en mi sala preferida, me puse a buscar algún libro que me seduzca, pero en realidad no encontraba ninguno que satisfaga mi apetito lector, fue entonces que en ese momento ingresó a la sala una mujer hermosa que paralizó mi corazón. Una joven que jamás había visto. En ese momento la sala estaba completamente vacía…

De repente no podía parar de observarla, una mujer tan bella, por donde se la mire, esa mujer con la que he soñado y también el tipo de mujer que despierta las más hermosas y calientes fantasías. Era tan evidente mi interés hacia ella que no podía parar de observarla y no quería se dé cuenta, a todo esto mis ratones se multiplicaban… De golpe sentí su presencia cerca mío, su fragancia muy suave, que la hacía aún más bella y sensual, le daba su toque personal único que sólo podía tener semejante obra maestra hecha mujer. De repente, siento que tocan mi hombro, lo que hace desconectarme en lo que estaba pensando, y cuando lentamente me doy vuelta era ella, y me dice:

-Que era la primera vez que estaba en este lugar y no encontraba el libro que estaba buscando, que si podía ayudarla a encontrarlo.- Entonces le pregunté: -Cuál era el libro que buscaba.- Con una mirada cómplice y risueña, me dijo que buscaba un libro excitante o alguna novela que contenga un gran nivel de erotismo.

Dichos libros se ubicaban en la parte superior de los estantes, lo cual se lo informé y me dijo. ¡Qué pena, así que están arriba de todo! Ni lerdo y perezoso, le dije que no habría problema alguno y podíamos buscarlos… Entonces miré hacia mi lado y busqué la escalera que se encontraba al lado de la puerta de salida y decidí ayudarla… Coloqué la escalera y ella se adelantó y me dijo que subiría y que no quería molestarme, le dije que para mí no era ninguna molestia es más, era un placer ayudarla en todo lo que podía, me sonrió y empezó a su subir la escalera, ella estaba vestida con una pollerita cortita muy sexy de color negra y un top color blanco que no disimulaba para nada sus hermosas curvas. Eso lo divisé cuando antes de subir se quitó su campera de jeans.

Lentamente comenzó a subir por la escalera y yo muy descarado empecé a observarla desde abajo, me estaba excitando por la situación, ella se da vuelta y me dice que no lo encuentra… A todo esto yo miraba y para colmo, divisé muy cuidadosamente que tenía una bombachita blanca, lo cual hizo que me excitase más, porque cuando se movía, abría un poco sus hermosas piernas y se veía… Entonces me dijo: hombre ayúdame que no lo encuentro, por lo tanto, empiezo a subir y quedo casi a la altura de su imponente cola. Y casi sin querer apoyo mi cuerpo sobre ella, y sin disimular la situación me hago el tonto, ante todo esto ella no me dice nada y sigue buscando… Por lo cual yo sigo acomodándome aún más y ella me dice, fíjate por acá que por ahí están y yo le digo que están más allá.

En ese instante coloco, sin querer, mi mano sobre la de ella, cuando divisamos el mismo libro y me dice:

-Es este.- Al mismo tiempo empiezó mi retroceso para bajar y ella, con carita de ingenua me dice: -La verdad es que me encanta buscar libros con vos.- (a todo esto seguíamos arriba). Yo haciéndome el desentendido le digo: -Por qué.- Ella responde: -Por esto.- De pronto siento su cuerpo sobre el mío de una manera que provocó casi una inmediata erección, ella pasándome toda su cola por mi bulto, y cada vez más rápido. Sentía como ella fregaba su cola, por mi bulto ya completamente duro, mi jeans y mi bóxer blanco, explotaban de lo dura que estaba mi pija, a su vez yo miraba, casi desencajado, para todos lados, por si llegase a entrar alguien, era una sensación de placer impresionante y peligrosa. Yo no paraba de apoyarla cada vez más fuerte y ella me tomaba con una mano de mi cuello y no paraba de decirme que siguiera, estaba súper caliente y empecé a darle mordisquitos suaves en una de sus orejitas, y también a chupar desaforadamente su cuello.

En aquel momento le comento si no le gustaría que bajemos y ella me dijo con muchas ganas que sí, y que quería que le haga el amor sobre el escritorio, ambos sabíamos que podríamos ser descubiertos en cualquier momento, pero ya era tanto el grado de excitación, que no podíamos parar y al saber de esta situación límite y que estábamos caminando por una cornisa, más excitados nos sentimos… Empiezo el descenso lentamente ayudándola a ella a bajar, quedo con su cola a la altura de mi rostro y de golpe levanto su mini para observar bien toda su cola y comienzo a acariciar sus cachetes, con mis manos, pasándolas despacito y aumentando la intensidad del manoseo, a todo esto ella se movía y me ofrecía cada vez más su cola, después empecé a tocarla por abajo, tocando su conchita, muy lentamente por arriba de su bombachita diminuta color blanca, pasando mi dedos hasta que luego empecé con toda mi mano…

A todo esto ella comenzó a excitarse cada más y me pedía que le chupara toda su conchita, entonces corrió su tanguita, para un costadito, y empezó a tocarse la conchita, con sus deditos, ofreciéndomela toda para que yo la chupara, me ubiqué desde el otro lado, corrí toda su bombachita y saqué mi lengua sedienta de esa conchita preciosa, comencé a besársela por los costaditos de sus piernas y luego llegué a los labios de su conchita y empecé a pasar mi lengua, muy lentamente… Hasta que llegué a su clítoris, tan húmedo y con esa fragancia especial, tan tentadora, que no pude parar y empecé a succionar su conchita, cada vez más rápido y a comerme su clítoris, como si fuese una frutillita bien coloradita, sentía sus latidos en mi lengua, lo que hacía que la chupara con más intensidad, después pasé mis dientes muy delicadamente y también se lo empecé a hundir para adentro, lo estiré un poquitito como si fuese un chicle, de esa manera seguí chupando su conchita…

Sus gemidos me volvían loco y no podía parar de chuparle la conchita, fue en ese preciso momento cuando me detuve, ella bajo rápidamente de la escalera y se sentó arriba del escritorio… Abrió sus piernas, para invitarme a seguir con lo que estaba haciendo, yo me dirigí hasta allí y ella empezó a sacarse el top que tenía puesto, que no llevaba corpiño abajo, y pude apreciar sus hermosas tetas… Y otra vez siguió el show, esta vez empecé a besar sus piernas y ella me tomó de mi cabeza y me llevó hasta su conchita, mientras yo se la chupaba, ella gemía como loca y apretaba con sus manos sus tetas, a su vez se las acariciaba con mayor intensidad…

Luego me detuve y busqué su cara, ella tomó su top y comenzó a secar mi boca muy suavemente, después me tomo del cuello y nos empezamos a besar con mucha pasión, en un juego interminable de lenguas y muchas caricias, ella quitó mi camisa y empezó a manosearme toda la pija por arriba del jeans, luego volvimos a besarnos y ella seguía acariciándome, mientras yo empecé a bajar mi jeans y ella sacó mi pija por un costadito de mi bóxer blanco, luego bajé con mi cabeza para sus pechos y empecé a pasar mi lengua por sus tetas, mi lengua iba y venía por sus pezones duros y erectos, como mi pija, que ella acariciaba cada vez más rápido y mi boca se devoraba sus tetas.

Luego le dije que me encantaría que me chupase mi pija, entonces ella seguía sentada se abrió más de piernas y quedamos casi justos, para que yo se la metiese toda, pero ella se inclinó hacia atrás y comenzó a agacharse para chuparme toda la pija, y mientras ella pasaba su lengua por toda mi cabeza yo acariciaba sus tetas, su espalda, su cintura, recorría con mis manos todo su cuerpo y ella se metía toda mi pija en su boca y su lengua me volvía loco, pasaba una y otra vez, no daba más, no veía la hora de metérsela toda y ella, seguía chupando mi pija, su lengua se movía como un sable filoso y hacía estremecer todo mi cuerpo. Acto seguido ella me pidió por favor que la penetrara con alma y vida, nos paramos quedando cara a cara y con mi pija bien dura comencé a frotársela por toda su conchita húmeda y caliente, antes de penetrarla, la excitación era completa y no dábamos más de lo caliente que estábamos, me recosté sobre el escritorio y ella, se subió encima de mí, comenzó a pasarme sus tetas por mi cara…

Después siguió fregando su conchita, por mi abdomen y yo preparaba mi pija con mi mano y mi boca seguía entre sus tetas, luego tomó mi pija con su mano y la llevó a su conchita y muy lentamente, se la empecé a introducir, hasta que le metí toda mi pija en su conchita, ese momento fue espectacular, sentir mi pija dentro de ella, en ese lugar tan caliente y a esta altura muy empapado, se movía con todo y me empezó a cabalgar como una potra en celo, sedienta de su macho. La sensación de placer era indescriptible imposible de definir con palabras, se movía cada vez más, mis gemidos de placer se mezclaban con los de ella. Luego pedí que se levantara y ella se paró al lado del escritorio, en consecuencia yo me paré detrás de ella, besando su cuello, espalda y con mi manos acariciando su cola, luego la tomé por los hombros e hice que se inclinara hacia abajo, acto seguido empecé nuevamente a pasar mi pija re dura y toda colorada por su cola, seguí acariciando su colita con mi pija, y me pidió que se la vuelva a meter toda…

Ahí en ese preciso instante comencé a penetrarla, mis manos se ubicaron en sus tetas y mientras se la metía toda, ella se movía como loca para atrás, para que mi pija entrase aún más… Ella me pedía que la siguiera cogiendo cada vez más fuerte, y me decía:

-Cógeme, bebé, más fuerte, quiero sentirme más dentro de mí, quiero sentir toda tu lechita bien calentita, quiero que me des tu lechita, Por favor.-

Estábamos gozando como locos, a full, era espectacular, seguir cogiendo con ella. Yo no paraba de cogerla y ella me pedía que la siga cogiendo aún más, estaba a punto de explotar, y le dije:

-Ahora, te voy a dar toda mi lechita, toda… no doy más.-

Saqué rápidamente mi pija y le dije:

-¿Dónde amor, donde la querés?

Ella se agachó, se metió mi pija en su boca y empezó a succionármela, toda su boca parecía un exprimidor enfurecido fuera de control, sacó mi pija de su boca, la apoyó entre sus tetas y yo, totalmente entregado, comencé a derramar un chorrito de esperma en sus tetas, mientras gritábamos de placer, seguía apretando mi pija contra sus tetas, para que yo siga descargando todo mi fluido, toda mi lechita, que no paraba de salir, hasta que le di hasta la última gotita. Y quedamos los dos agotados de placer, luego me acerqué le di un beso, en su frente, nos miramos a los ojos, nos reímos y nos dimos un beso final.

Autor: Gere

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Mi chica favorita está gorda

Exigió que la follara con todas mis fuerzas, casi con violencia. Yo entraba y salía a mi ritmo, disfrutando del bamboleo de sus tetas, de sus gemidos, de sus manos empujando hacia dentro de mí. La follé saltando sobre ella que me recibía abriendo sus piernas para ofrecerme todas las facilidades para entrar en su chapoteante coño. Tan caliente estaba que llegó al orgasmo justo antes que yo.

Es mi primer año en la universidad. No soy atractivo. Metro setenta, velludo como un oso, miope…  como mi padre es agricultor, al trabajar habitualmente en el campo, mi físico es de cuello corto y espaldas anchas, brazos y piernas fuertes, la piel oscura quemada por el aire y el sol. Reconozco que soy poco hablador, pero se me dan bien los idiomas y todos están de acuerdo que soy un buen aprendiz de cocinero. Hasta hace unos meses yo era un virginal y vigoroso chico de campo recién llegado a una gran ciudad.

Ella estudia filología hispánica, mide dos dedos más que yo, tiene el cabello castaño cortado por encima de los hombros, ojos grandes, sonrisa inmensa entre unos labios esbeltos, piel rosada, carnosos pechos, inmensos, caídos por el peso y coronados por unos pezones gruesos que apenas sobresalen de unas grandes aureolas, barriguita desbordante acabada en un culo grande que se mueve de un lado a otro al caminar. En resumen, preciosa de cara y con quince kilos de más (opinión de mi compañero de piso).

Era en un café, donde yo intentaba con la ayuda de un té cargado repasar los apuntes de una clase de esa mañana. A mis espaldas ella conversaba con algunas amigas y el tema era “los hombres y el sexo”; todas hablaban con absoluta familiaridad de los dos temas e incluso se pavoneaban de algunas hazañas, ella compartía las risas, pero apenas aportaba algo. En un momento dado empezaron a interrogarla poco sutilmente sobre su “experiencia” sobre esos temas a lo que ella respondió con un lacónico:

– ¿A qué hombre le puede gustar una gorda como yo? No sé porqué dije lo que dije, pero en ese momento sólo sé que me salió del alma. Sin pensarlo. Inconscientemente. – A mí. Por ejemplo.

Todas estallaron en risas menos ella que se quedó petrificada. Me giré intentando no parecer aburrido, pero tampoco excesivamente interesado en su conversación. – Tiene una cara preciosa, unas tetas y un culo interesantes, eres divertida, no estás obsesionada por las tallas o el maquillaje…  Eres diferente. Volvieron a reírse. Ella estaba desconcertada.

– No es como esas tablas muertas de hambre con pechos, pendientes hasta el aburrimiento de todo y en todo momento…  Mi maquillaje, mi figura, mi comida, mi ropa…

Ahí ellas continuaron el debate y me añadieron al círculo. Les caí bien y aunque ella en un principio me veía con cierta suspicacia al final logré que confiara en mí. Desde ese día ella y su grupo de amigas comenzamos a quedar varios días a la semana por la tarde.

El último viernes de noviembre ella me llamó porque estaba resfriada y no iba a casa como sus amigas. Se sentía aburrida sola en el piso, me pidió que le trajera algunos medicamentos y que de paso le hiciera compañía. Me recibió vestida con un pijama rosado y sobre él un albornoz. Estaba sudando, tenía el rostro congestionado, los ojos casi cerrados y la voz gangosa. La dejé tumbada en la cama medio dormida después de tomarse un vaso caliente de leche con miel.

La dejé dormir toda la tarde y aproveché para limpiar el fregadero (es increíble lo que se pueden acumular para limpiar en los pisos de los estudiantes) y cocinar algo ligero para que cenara. Cuando la desperté se encontraba bastante recuperada. Respiraba bien por la nariz, la congestión parecía haber desaparecido y aunque la fiebre apenas había bajado se encontraba más despejada. Tomó la sopa y la tortilla que le había hecho y se levantó para arreglar un poco la cama. Aún se sentía cansada, le dolían los hombros y la espalda. Me pidió que le diera un “masaje” por encima del pijama antes de que se acostara.

No sabía nada de masajes, pero improvisé y resultó pues la ayudó a relajarse. La conversación se hizo más ligera y desinhibida. Me contó su eterna envidia hacia sus amigas por su facilidad para ligar, de la poca autoestima que sentía por su cuerpo, de su afición a las novelas rosa…  Y en un momento dado me preguntó que si era verdad lo que había dicho el primer día que nos conocimos.

Asentí. Empezaba a darme cuenta como su cuerpo seguía a mis manos.  Se combaba como una gata mimosa al paso de los dedos. Acerqué mi boca a su oreja y le susurré de nuevo por qué me gustaba mientras las manos se deslizaban peligrosamente rozando a sus pechos. Aparté con cuidado el pelo besándola detrás de la oreja mientras le preguntaba por sus temores respecto a los hombres y al sexo.

Sus manos, que al principio parecían evitar moverse por miedo a su torpeza acabaron por coger  las mías y llevarlas hasta sus senos. Se dejó caer en la cama y cogiéndome del cuello me atrajo en un improvisado beso lleno de fogosidad. Ansiosa de caricias y sexo después de tanto tiempo esperando un imposible, se mostró como una fiera hambrienta que no quiere perder la oportunidad. Cuando quise darme cuenta me había despojado de la camisa y había abierto los pantalones y liberado mi polla que recibió con saltos de alegría las manos de ella.

No fue una mamada espectacular digna de una película porno. Ella ponía toda su buena voluntad e interés, pero carecía de experiencia y técnica. Cuando se levantó de golpe para tomar aire por un momento se mareó y casi se cae. Creyendo que aquello rompería toda la magia quiso continuar, pero yo lo impedí. La llevé al baño, la desnudé y luego yo. Bajo un chorro de agua templada un poco fría para ayudarla a bajar la fiebre compartimos besos y caricias. Me encantó acariciar aquellos pechos infinitos, frotar mi polla erecta contra su peluda rajita, clavar los dedos en ese rollizo culo…

Acabamos tumbados en la bañera medio cubiertos por el agua. Ella sobre mí jugaba con la polla que tenía entre sus piernas justo frente a su coño. Yo jugaba con sus tetas…  Ninguno de los dos nos atrevíamos a continuar pues ninguno tenía condones allí y tampoco estábamos dispuestos a apartarnos. Comencé a mimar su coñito con mis dedos. Deslizaba sin prisa alguna yema por el borde de sus labios y descubrí ciertos recorridos que la encelaban. Sus pezones se llenaban aún más, parecía que le faltaba el aire y sus fuerzas flaqueaban. Cuando quise darme cuenta estaba masturbándola con una mano, con la otra utilizaba los dedos para penetrarla mientras ella se acariciaba los pechos o guiaba a la mano mía.

No sé si fueron dos o tres. Pero logré que se estremeciera y suplicara más caricias varias veces antes de que cayera rendida y sin fuerzas. Acabó gimiendo incoherencias sobre lo que iba a hacer con mi polla. Yo le susurré algunas ideas que ella añadía a sus delirios…  Pero fue cuando le propuse que me pajeara con sus pechos cuando por fin volvió a la realidad. Se lo tomó en serio. Me besó antes de ponerme en pie como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver. Luego arropó con sus dos enormes tetas a mi rabo y las movió arriba y abajo…  Apenas necesitó una docena de movimientos para que me corriera. Le avisé y ella colocó su cara frente a la punta para recibir el chorro en primer plano.

Extendió toda la corrida por su cara y pechos como si se tratase de una crema.  Nos duchamos y ella improvisó una mamada después de que yo descubriera como es el sabor de su coño cuando se corre. Estaba tan caliente que no me importó su habilidad; apenas necesitó tenerla dentro de la boca más de un minuto para que yo la inundara con una nueva carga de leche. Acabado el deporte acuático nos secamos entre comentarios y caricias pícaras…  Y acabamos en la cama los dos desnudos y abrazados. Ahí el sueño nos pudo.

Cuando me desperté por la mañana todavía no había amanecido. Una de sus manos estaba posada en mi polla que se mostraba en toda su grandeza ante aquellas inconscientes caricias. Su respiración era regular. El calor de su cuerpo contra el mío me devolvió la excitación al resto del cuerpo…  Tenía que follarla como fuera. Con cuidado la dejé en la cama arropada y dormida. Me vestí dejando la puerta cerrada en apariencia, pero con un papel impidiendo que el cerrojo se bloqueara. Compré condones, unas pastillas para el resfriado (por si me lo contagiaba), y una docena de churros. Cuando se despertó fue por un beso mío y bajo el olor de un chocolate caliente.

Desayunamos los dos en la cama y cuando acabamos le enseñé la caja de condones. Se mostró excitadísima  ante la idea de practicar “de verdad el sexo”. Apenas me lo puse exigió que la follara con todas mis fuerzas, casi con violencia. Yo entraba y salía a mi ritmo, disfrutando del bamboleo de sus tetas, de sus gemidos, de sus manos empujando hacia dentro de mí. “Más fuerte, más rápido, más… más… ” reclamaba procurando no hablar a gritos.

Tanta exigencia me estaba poniendo nervioso y en un arrebato de agresividad me levanté, la cogí de las piernas y colocándola de rodillas en el suelo con el cuerpo apoyado en la cama comencé a follarla como ella pedía. Cuando hablaba para pedir algo le azotaba las bamboleantes nalgas con las manos…  Tanto le gustó, que acabó corriéndose antes de que yo pudiera alcanzarla en medio de una azotaina. Enfadado la volví a tumbar sobre la cama y dejándome caer sobre su coño con todo mi peso la penetré con toda mi fuerza y furia. La follé saltando sobre ella que me recibía abriendo sus piernas para ofrecerme todas las facilidades para entrar en su chapoteante coño. Tan caliente estaba que llegó al orgasmo justo antes que yo.

Empapados los dos de sudor nos encontrábamos en el cielo. Ella suplicaba que continuara, que su coño le ardía y quería que mi polla apagase el fuego. Mientras declamaba esa petición con metáforas de todos los colores y estilos, yo le acariciaba aquella encharcada raja que se mostraba abierta dejando manar como con desgana un viscoso líquido blancuzco. Cuando mis caricias la llevaron a un nuevo orgasmo su coño pareció casi escupir con furia más y más de aquel líquido.

Aquella mañana la penetré dos veces más, la masturbé otras dos y agotado ante su insaciabilidad me fui a la cocina traje una botella de vino y sin elegancia ni delicadeza se la introduje bruscamente en el coño que casi lo absorbió hasta más allá de la mitad. Sólo en ese momento le fallaron las fuerzas, sus ojos se quedaron en blanco  y por un momento pareció a punto de perecer. De aquel agujero que debía estar lleno se escapaban hilos de más y más líquido mientras ella comenzaba a relajarse. No creo que fuera la fiebre, pero las obscenidades que brotaron de su boca mientras movía la botella dentro de su incansable coño hubieran asustado a cualquier mujer que la hubiera escuchado.

Tanto follar la dejó agotada y durmió durante todo un día. Cuando se despertó yo ya no estaba y lo primero que hizo fue llamarme y pedirme que volviera. Que necesitaba mi polla. Que quería que la volviera a follar…  Me hice de rogar, pero acabé volviendo y de nuevo agotó mi reserva de esperma, de fuerzas y casi de vida.

Para saciar su ansia he probado de todo. Torturarla como esclava, sodomizarla, penetrarla con los más variados objetos e incluso la conseguí convencer para compartirla con unos amigos un día que estaban un tanto bebidos. Pero eso ya os lo contaré otro día.

Autor: Alfredobmundo

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Un compañero de universidad

Nunca había sentido algo tan grande adentro, haciéndome gritar de placer, con su mano en mi clítoris y la otra en mis senos, los dos gritábamos de placer, empecé a sentir mi orgasmo, subía como un grito, en cuanto le dije que me venía él me dio más duro desbaratándome por dentro. En cuanto llegué él lo sacó y derramó todo su líquido en mi espalda regándome con toda su caliente esperma.

Después de llegar una hora tarde a la cita y verle la cara de enojo de lejos, noté que al verme no se arrepentía ya de haberme esperado.

Él fue un compañero de universidad y ese era nuestro reencuentro, físicamente me encantaba era grandote, acuerpado, con ese cuello grueso como me gusta.

Brazos grandes y fuertes y unos labios carnosos, deliciosos, aunque en ese instante todavía no le había conocido su mayor virtud… Su enorme, enorme y grueso pene.

Me saludó con un efusivo abrazo y beso como si quisiera meterse en mi cuerpo, me preguntó donde quería ir y pues le dije que adonde me quisiera llevar él.

Llegamos a una discoteca que era de un amigo de él y empezamos a bailar, pero cada que avanzaba más el disco sentía yo más caliente el cuerpo y sus brazos me apretaban tanto que sentía que no tenía ya aire en mis pulmones.

Soy morena, estatura 1.65 de contextura rellenita, con unos grandes y hermosos senos, tenía en ese entonces cabello largo negro, con 35 años, estaba separada de mi esposo por lo tanto con el camino libre para aceptar cualquier invitación.

Pasaba la noche y el licor iba haciendo su efecto en nuestros cuerpos, cada disco era gozado con mayor deseo con muchas más ganas de tocarnos de sentirnos.

Nos besamos, y el deseo se apoderó aún más de nuestro instinto el cual fue desfogado en el baño de damas del lugar, él me siguió y entró conmigo.

Nos empezamos a besar me tocó y lamió mis senos, bajó mi cremallera y introdujo su mano hasta alcanzar mi clítoris, el cual estaba nadando en mis líquidos totalmente caliente y deseoso de ser tocado.

Me hacía gemir tanto que temí que alguien se diera cuenta, fue entonces cuando decidí arrodillarme, sacarle ese gran pene de sus pantalones y metérmelo en la boca… Mmmm… Todavía se erectan mis pezones de solo acordarme el tamaño del miembro de ese hombre…

Lo empecé a chupar y a calentarme más pues me di cuenta que no me cabía todo en la boca, sentía arder entre mis piernas y quería abrirlas y que me diera duro, él estaba a punto de llegar entonces decidimos parar e irnos para su apartamento.

Al llegar me tiró en el sofá, arrancó mis ropas y se puso encima mío mientras me refregaba su enorme cosa contra mi vagina aún con ropa, besaba y chupaba mis enormes tetas.

Bajó mis pantys pero aún no me penetraba y yo con mis piernas totalmente abiertas esperando por ser clavada, pero él se sentó y bajó mi cabeza hasta su pene y lo chupé con todas mis ganas.

Me puso de rodillas en el piso, se hizo atrás mío y por fin me penetró, ummmmmmmm, nunca había sentido algo tan grande adentro, desbaratándome, llenándome, haciéndome gritar de placer, con su mano en mi clítoris y la otra en mis senos.

Me dio deliciosamente duro como me encanta que me coman, los dos gritábamos de placer y empecé a sentir subir mi orgasmo desde la punta de los dedos de los pies, subía como un grito, en cuanto le dije que me venía él me dio más duro desbaratándome por dentro.

En cuanto llegué él lo sacó y derramó todo su líquido en mi espalda regándome con todo su caliente esperma.

Fue la mejor experiencia sexual que tuve estando separada, las demás en otra ocasión las comentaré.

Autora: Andrea

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Mi primo el ginecologo y su colega

Yo quería gozar más de su lujuria. Lo insultaba para incitarlo, para que arremetiera con más fuerza. Vicente me abrazaba y gozaba por el morbo que le producía verme tan ardiente, oyendo cómo yo pronunciaba esas palabras lascivas que calentaban a su amigo. Gregorio me inundó el culo con su  esperma y yo llegaba a un orgasmo escandaloso y caí sobre mi primo embriagada de placer.

Había tenido algunas experiencias sexuales fuera del matrimonio y pensé que sería oportuno hacerme reconocer por un ginecólogo. Quién mejor que el marido de mi prima, con el que tengo confianza y además, tiene buena fama en su especialidad. Me puse en contacto por teléfono con él para concertar día y hora y me dijo que, al día siguiente a las siete, podía pasarme por su consulta. A esa hora terminaba y así podría dedicarme todo el tiempo que hiciera falta. A las 7 y cinco del día siguiente llamé al timbre y me abrió una enfermera, al decirle mi nombre, me hizo pasar directamente al despacho del doctor. Me recibió con dos besos en las mejillas, como siempre que nos veíamos, que no era frecuente y nos preguntamos por la familia.

Vicente, el marido de mi prima, de 38 años, es un típico hombre mediterráneo, moreno, ojos marrones muy pícaros, pelo abundante y ondulado, de aproximadamente 1,75 m., más bien delgado, simpático y de trato agradable.

Estábamos sentados, él en su sillón y yo al otro lado de la mesa. Empezaron las preguntas profesionales. Le aclaré que no iba con algún problema concreto sino que, últimamente había tenido más sexo del habitual y no siempre con mi marido. (Al confesarle esto último, le noté un brillo momentáneo en los ojos). Y que mi visita era simplemente para saber si todo estaba bien en mi cuerpo, más que nada, quería saber si había contraído algún tipo de enfermedad oculta. El asintió con la cabeza y me hizo algunas otras preguntas. En esto, se abrió la puerta y apareció la enfermera a preguntar si la necesitaba o podía marcharse. Vicente le dijo que podía irse, ya que, la paciente es familiar y había confianza.

Antes de cerrar la puerta, la enfermera (guapa y de unos 26 años), me recorrió con una mirada crítica, no disimulada. Yo seguía mirando la puerta por donde había salido la enfermera y, al hablarme Vicente, volví la cara hacia él, le sonreí y le guiñe un ojo. El se puso un poco nervioso y me indicó que me desnudara tras el biombo del rincón y que me pusiera la bata verde, que allí había colgada. Yo me desnudé, pero no me puse la bata, salí de detrás del biombo a preguntarle qué debía hacer ahora. Al verme delante de él, completamente desnuda, se quedó un momento con la boca abierta y me dijo, mientras salía de detrás de su mesa! coño Carmen…qué cuerpo… y yo…solté una carcajada, por su expresión tan espontánea y le dije, sin parar de reír…eh, doctor, que soy una paciente.

Me tomó del brazo y me llevó a una mesa de esas altas de ginecólogo. Me ayudó a subir y me colocó las piernas en unos soportes altos. El, con disimulo, no dejaba de mirarme con ojos de deseo. A esto que suena el teléfono y me deja allí, tumbada en aquella mesa, con las piernas bien abiertas y las rodillas en alto.

Al volver junto a mi, me dijo que lo había llamado un colega, para ver si se iban juntos a tomar unas copas y él aprovechó para pedirle que viniera a la consulta, a ayudarle en el reconocimiento que estaba a punto de hacerle a una familiar. Bueno, le contesté, más verán cuatro ojos que dos, así quedaré más tranquila. Se puso unos guantes, se sentó en una banqueta y empezó a hurgar por mi vagina con unos aparatos. Lo primero que hizo fue quitarme el “diu”. Mientras me reconocía, me preguntaba (muy profesionalmente), por la variedad de mis relaciones sexuales. Yo, con total sencillez, le expliqué mis experiencias, incluidas las del hostal con dos desconocidos, con Nuria (la transexual) y otras. También le hablé de mis experiencias lésbicas y la utilización de “juguetitos”. El ponía una cara de asombro enorme al irle confesando yo todo eso.

El siempre había pensado de mi, como de mi prima (su esposa), que éramos más bien frígidas y no daba crédito a lo que yo le iba contando. Noté que se estaba poniendo nervioso y excitado y, yo misma, al irle relatando mis aventuras, me estaba excitando sin querer, recordando lo mucho que había disfrutado en todas las ocasiones. Sonó el timbre de la puerta y fue a abrir. Al momento apareció acompañado del otro médico y nos presentó. Jo…no es que me diera mucho pudor que me viera desnuda, pero me sentí incómoda de estar allí tumbada, tan expuesta, con dos hombres vestidos, mirándome, por muy médicos que fueran.

Gregorio, que así se llama el otro médico, es más o menos de la edad de Vicente, es rubito y un poco más bajo que él. Supe después que eran muy amigos, estudiaron juntos, aunque Vicente se especializó en ginecología y Gregorio es Analistas (o algo así). Vicente tomó del brazo a Gregorio y entraron en otra habitación, supongo que Vicente puso al tanto a Gregorio de mis experiencias sexuales y el objeto del reconocimiento. Al rato salieron. Gregorio se puso una bata blanca y guantes y Vicente se puso unos guantes nuevos. Gregorio se colocó delante de mí y con unos utensilios, tomó muestras del interior de mi vagina y de mi recto, también me tomó una muestra de sangre y saliva y no sé qué más. Una vez obtenidas las muestras, se marchó rápido, despidiéndose hasta luego y Vicente siguió con el reconocimiento visual y táctil. Después de un rato con la vagina, me colocó un nuevo “diu” y pasó al recto, que también lo hurgó y examinó un buen rato, con diferentes aparatos.

A continuación, de pie a mi lado, me examinó las tetas, palpándolas sin guantes un buen rato, buscando algún bulto extraño. Me dijo que no encontraba nada anormal, solo un poco irritada la vagina y el recto, pero que era normal, por el uso intensivo que le estaba dando. Mientras me hablaba, veía y sentía yo, cómo me seguía sobando las tetas y no precisamente ya como médico. También me dijo que Gregorio había ido al laboratorio a hacer un análisis preliminar, con las muestras que me había tomado y que pronto vendría con el resultado. Con el toqueteo que me estaba dando a mis tetas, mis pezones se endurecieron y yo, que soy muy fácil de excitar, noté que mi vagina empezó a mojarse. Cerré los ojos y me empecé a abandonar al deseo, puse mis manos sobre las suyas y le imprimí movimientos más intensos sobre mis tetas.

El comprendió que le daba vía libre y acercó su cara a uno de mis pezones y lo chupó con glotonería, después el otro, mientras sus manos no paraban de sobarme las tetas. Yo gemía por los primeros placeres. El acercó su boca a la mía y nos fundimos en un largo y apasionado beso, mientras se iba quitando a tirones la bata y demás ropa. Yo bajé mi mano a su bragueta y noté, por encima de su pantalón, que tenia la polla completamente dura. Pronto se quedó sin camisa y con los pantalones y calzoncillos en los tobillos, se vino a mi entrepierna, abrió con sus dedos mis labios vaginales y enterró su boca en mi coño, ya muy húmedo y con la lengua me dio un masaje divino a mi hinchado clítoris. En pocos minutos, sentí cómo su polla se abría camino en mi vagina, uuuuummmmmm, qué rico sentí, me la metió hasta los huevos y empezó un mete y saca que me provocó el primer orgasmo.

Me decía, Carmen, jamás pensé que podría follar contigo, aunque siempre te deseé. Eres mi fantasía hecha realidad. El no tardó en soltarme toda su leche caliente en mi interior, quedando un momento recostado sobre mi. Sonó el timbre de la puerta y él trató de recomponer su ropa, se subió el pantalón y se puso la bata a medio abrochar. Le oía, sin distinguir las palabras, que hablaba con alguien. Yo, aunque había tenido un orgasmo, me sentía muy caliente e insatisfecha y, con los ojos cerrados, con una mano me masajeaba las tetas y con la otra me restregaba el clítoris. Cuando abrí los ojos, vi a Vicente con la bata quitada y a Gregorio desnudándose. Le dije a Vicente que me había dejado en lo mejor, que uno de los dos Después me ayudaron a bajar de aquella mesa y me fui al aseo a orinar y lavarme.

Cuando salí, me llamaron desde la otra habitación. Allí había un sofá y dos sillones, una mesita en el centro y varios muebles. El suelo estaba casi todo cubierto por una gran alfombra. Cada uno tenía una copa en la mano y a mi me ofreció Vicente otra. La necesitaba, tenia la boca seca. Los tres seguíamos desnudos. Los dos me miraban con cara de admiración y mucho deseo. Pude observar que los dos tenían sus pollas duras, mirando al techo. La polla de Gregorio era normalita, de unos catorce centímetros y poco gruesa y unos huevos gordísimos. En cambio, la polla de Vicente, de unos dieciséis centímetros, era normalita por la punta, pero iba engrosando cuanto más se acercaba a la base, siendo muy gruesa junto al cuerpo. Me dijeron que, por lo analizado, estaba completamente sana, pero que en una semana, podrían tener los resultados definitivos. Eso me tranquilizó muchísimo.

Me senté en el sofá y Gregorio, arrodillado en la alfombra ante mi, me abrió las piernas para hacerme una rica mamada de coño y Vicente, de pie a mi lado, acercó su polla a mi boca. Se la rodeé con una mano y con la otra le agarré los gordos huevos. Con la punta de mi lengua le daba golpecitos en la boquita de su glande, después se la chupé por los lados, terminando por tragármela totalmente, succionándola con mucho deleite. Vicente, con los ojos cerrados y su cara mirando al techo, temblaba de placer con la mamada que yo le hacía. Gregorio, mientras, no paraba de darme placer con su lengua en mi coño palpitante.

Al rato se levantó Gregorio y se tumbó boca arriba en la alfombra, invitándome a sentarme sobre él. Le pasé una pierna por encima y me fui agachando, hasta ensartar su polla en mi chochete, mirándolo a la cara. Una vez metida, me atrajo sobre él para besarme y masajearme las tetas. En esa postura, mi culazo estaba invitando a Vicente para que lo disfrutara. Se arrodilló entre las piernas de Gregorio, detrás de mi y puso crema en mi culo. Acto seguido, con mucha delicadeza, empezó a penetrarme el culo…uuuuummmmmm…yo me derretía de placer con las dos pollas dentro de mi.

Cuando Vicente me penetraba a fondo, notaba el grosor exagerado de su base y me gustaba cómo me abría el culo. Sentía las dos pollas muy duras y palpitantes, pero no me hacían daño, las gozaba con un dulce ronroneo. Ellos alucinaban de tenerme en medio y penetrándome al unísono. Vicente me besaba por la espalda y yo me comía la boca de Gregorio, que gemía como un crío en su primera experiencia sexual. Fui entrando en un estado de bienestar lujurioso y mi cuerpo ya pedía más marcha, más penetraciones fuertes y profundas. Venga niños, dadme fuerte, demostrarme lo machos que sois, dadle caña a esta hembra caliente. Ellos arremetieron con furia, con ganas, entraban en mi con fuertes embestidas y yo me retorcía de gusto y los animaba a más, más, más….cabrones, no paréis, puteadme fuerte. Entré en un frenesí lascivo y mi baba caía sobre el pecho de Gregorio que, con la cara descompuesta por el placer y el esfuerzo, empujaba su polla contra mi coño espasmódicamente y Gregorio me la metía fuerte por detrás, dándome de vez en cuando en mis nalgas con sus manos abiertas.

Gregorio profería palabras incoherentes, lascivas, invadido por el ambiente lujurioso que estábamos protagonizando. Yo chillaba, orgasmaba una y otra vez, mis jugos resbalaban por los huevos de Gregorio que, con los ojos cerrados, agarrado a mis tetas, no paraba de meterse dentro de mí. Vicente profirió una fuerte exclamación, incrustando su polla hasta lo más profundo de mi culo y soltándome dentro todo su néctar masculino, quedándose totalmente quieto, agarrado a mis caderas. Gregorio le siguió de inmediato en su corrida y me inundó la vagina con su leche. Quedamos los tres aplastados, inundados de jugos, sudores y cansancio, agotados de placer.

Los tres nos fuimos después a la ducha y me enjabonaron con mucho mimo y amor. Me secaron con dulzura, como a una diosa, con algunos besos por mi piel. Salí del aseo y me fui a buscar alguna botella, encontré una de JB y me la llevé al sofá a darme unos tragos. Pronto llegó Gregorio y se sentó a mi lado, enseguida apareció Vicente y se sentó, al otro lado, dejándome en medio de los dos. Se dieron unos tragos y encendieron unos cigarrillos. Comentábamos lo bien que lo habíamos pasado. Alababan mi cuerpo, mi calentura y mi espontaneidad, según decían ellos. Gregorio, que es solterón y me parece que se come pocas roscas, alucinaba como un niño de lo mucho que había disfrutado y Vicente….bueno…

Vicente decía que no se lo podía creer, que siempre me había deseado como hembra, pero nunca imaginó que algún día podría poseerme. Me dijo que muchas veces se había masturbado pensando en mi y que, en ocasiones, cuando follaba con su mujer, mi prima, se hacía la idea que era conmigo. Para él tenía esto un morbo más especial, el morbo de la familia, del incesto. También me dijo que le gustaría que mi prima (su esposa) cambiara y le gustara más disfrutar del sexo, lo mismo que había hecho yo. Le prometí que trataría de ayudarle, que hablaría con ella….en fin, que si podía, lo convertiría en otra loquita como yo. Mientras hablábamos, no paraban de tocarme por todo el cuerpo y besarme. Gregorio la tenía ya durísima y Vicente lucía una erección impresionante, se le marcaban las venas y tenia el capullo amoratado de la hinchazón. Me compadecí de él y me senté en la alfombra, pronto tenía su durísima polla en mi boca, le arañaba suavemente por los huevos y el interior de sus muslos.

Me la tragaba entera, hasta la campanilla, apretando los labios alrededor en el sube y baja. Sus manos sobre mi cabeza y gimiendo de gusto, me decía…así Carmen, así prima, sigue…sigue….cariño no pares….

Pronto emborrachó mi garganta y toda la boca con unas descargas abundantes de su deliciosa leche. Recogí con los dedos la que me caía por la barbilla y me chupaba los dedos, mirándolo sonriente a los ojos. Después, me abrazó y me besaba y repetía…gracias Carmen, gracias Carmen… me has hecho muy feliz. Gregorio, detrás de mi, restregaba la dureza de su polla por mi culo.

Me agaché, apoyé mis manos en las rodillas de Vicente, que estaba sentado y ofrecí mi culo a Gregorio que, sin pensárselo, me la metió en profundidad, dándome empujones contra Vicente, en sus embestidas. Yo le pedía más, quería sentirlo más dentro de mi, quería gozar más de su hombría, de su lujuria. Lo insultaba para incitarlo, para que arremetiera con más fuerza.

Vicente me abrazaba y besaba y gozaba por el morbo que le producía verme tan ardiente, oyendo cómo yo pronunciaba esas palabras lascivas que calentaban más y más a su amigo. Y Gregorio me inundó el culo con su caliente esperma, al tiempo que yo llegaba a un orgasmo escandaloso, bestial y caí sobre mi primo embriagada de placer.

Sonó mi teléfono móvil y era mi marido, para decirme que llegaría tarde a casa, que tenia una cena. En vista de eso, les propuse a Gregorio y Vicente irnos los tres a cenar juntos. Ellos aceptaron encantados. Nos fuimos en mi coche, para no tener que volver a recogerlo. La cena fue muy agradable, hablamos de nuestras aventuras y nuestras fantasías, nos reímos mucho y después yo me fui a casa muy feliz, con el cuerpo rebosante de plácida dulzura.

A la semana siguiente me llamó Vicente y me dijo que esa tarde le llevaba Gregorio el resultado de los análisis. Ni que decir tiene que….esa tarde nos encontramos de nuevo los tres en la consulta de Vicente y, para celebrar que no había nada negativo en mi salud, lo celebramos con una follada memorable. Ah…y posterior cena, jajaja. Después, cada mes…iba a “chequeo médico”.

Besos a mis queridas lectoras y lectores de vuestra amiga Carmen Aguirre.

Autora: Carmen Aguirre

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Una grata sorpresa

José se colocó tras Alicia y la penetró, mientras Trini besaba a Alicia en la boca. Era un beso de pasión y deseo, me coloqué detrás de Trini y la penetré de un empellón, Alicia la cogió de la cara y se besaron. Era la gloria, había poseído otro culo virginal, además  mientras José y yo penetrábamos a aquellas mujeres ellas aprovechaban nuestras embestidas para besarse y tocarse las tetas.

Lo que os voy a contar me ocurrió hace casi un año. Tengo 33 años, estoy soltero y, aunque no me considero guapo, sí creo ser atractivo, pues mido 1´80 metros y tengo el pelo rubio y, gracias al deporte, me encuentro en forma.

El caso es que todos los viernes, después de trabajar, voy a un bar a tomar unas cañas y, de vez en cuando, como allí. Es un bar al que voy muy a menudo, desde hace mucho tiempo, y en donde solemos quedar los amigos antes de salir de marcha o para cualquier evento. De este modo, hemos adquirido tanta confianza con el dueño del bar que lo consideramos casi nuestra segunda casa. Tanto es así que nos saludamos y tenemos también mucho trato con otros parroquianos habituales del local.

Aquel viernes, en concreto, llegué al bar algo más tarde de lo habitual, sobre las tres y ya quedaba poca gente. Como no tenía ganas de hacerme la comida, le pedí a la mujer del dueño que me preparase un bocadillo mientras me tomaba unas cañas. Leí el periódico y me senté en una mesa para comerme el bocadillo. En el bar sólo quedaba un matrimonio tomando unos “chatos”. Eran también clientes habituales, a él le conocía porque tiene una plaza de garaje muy cercana de la mía, le había saludado y habíamos charlado un rato sobre el fútbol en algunas ocasiones.

Apenas me había terminado el bocadillo, pedido un café y tomado una copa, cuando el hombre se sentó junto a mí. Me extrañó aquel hecho, pero supuse que querría hablar conmigo del garaje.

-Perdona, pero quisiera hablar contigo sobre un tema importante -me dijo. Yo sonreí y le dije que adelante. Él miraba nervioso a su mujer, así que yo también la miré y le sonreí. Este vecino tiene unos cincuenta y pocos años, algo más bajo que yo, pero de hombros anchos, nariz chata y cara de pocos amigos. Parece más bien un boxeador, aunque viste con gusto y se nota, a la legua, que tiene “cuartos”. Ella tiene cuarenta y tantos años, rubia, algo entrada en carnes -es de esas gorditas eróticas: culo grande, pero no demasiado y bien proporcionado, tetas grandes, pero no excesivas- y guapa de cara.

-¿Eres soltero? -me preguntó. Yo asentí, sorprendido por aquella pregunta. Por un momento me sentí el centro de atención. Incluso la mujer del dueño del bar -su nombre es Trini- me miraba. Trini es una mujer morena con un culo algo grande por dos partos, pero apetitoso. Las tetas son pequeñas y tiene unos ojos grandes. No es muy guapa, pero tiene atractivo y parece más joven de lo que es, pues también ronda los cuarenta y pocos.-Mira, yo… Bueno, mi mujer y yo querríamos saber si tú…, en fin, si te apetece pasar un rato con nosotros.

Recuerdo que pensé: ¡Joder, esto no es real! No puede estar ocurriéndome esto. La verdad es que los amigos habíamos comentado, en alguna ocasión, que aquella mujer debía de tener un buen revolcón, pero del dicho al hecho… No sabía qué decir. Estaba colorado y nervioso. Bebí de un trago la copa.

-No soy bisexual, ni gay -dije.-Yo tampoco -respondió él, también azorado por la situación-. Mira, mi mujer y yo, bueno, llevamos mucho tiempo fantaseando con una orgía. No es que tengamos una vida sexual aburrida, pero ella, bueno ya ves…, aún es guapa y yo ya no respondo cómo antes. Es la primera vez que nos atrevemos a pedir esto y tú, bueno, se ve que eres una buena persona y Trini nos ha dicho que eres correcto y no uno de esos… No sé si me entiendes…

Miré a Trini. Así que ella lo sabía todo. ¡Joder, por un lado, estaba excitado, pero aún dudaba! Le pedí a Trini otra copa y ella rozó mi mano con la suya al servirme.

-Vamos, atrévete son buena gente -me dijo.-De acuerdo -dije-, pero nada de mariconadas ni cosas raras.-Vale -dijo la mujer, hablando por primera vez.

Me bebí la copa y fui a pagar, pero él dijo que me invitaba. Sin decir una palabra, salimos del bar y fuimos a su coche. Era un Mercedes de alto standing. Nos dirigimos a su casa, una casa baja muy cercana al bar. Apenas entramos en la casa -por fuera parecía una casa normal, pero por dentro era enorme y muy lujosa-, el hombre me dio una copa de coñac francés, mientras él se preparaba un cubata. Su mujer había desaparecido. Bebimos en silencio, hasta que habló.

-Para mí esto es excitante, pero también estoy nervioso… Ver a mi mujer con otro… -dijo, quedándose en silencio un rato-. Mira, puedes quedarte todo el fin de semana, si quieres. Cuando te vayas te daré un buen regalo, pero con una condición, que no le digas nada a nadie, ni siquiera a tus amigos.-Supongo que será muy duro vernos luego en el bar. Tal vez tu mujer no quiera ir más allí y sé que sois amigos de Trini y su marido.-De eso no te preocupes, será como si nunca hubiese ocurrido nada. En fin, no sé que ocurrirá después, pero eso ya lo iremos viendo, ¿vale?-De acuerdo -dije.

Nos bebimos nuestras copas y me indicó el camino hacia su habitación. Entré en el dormitorio y me encontré a su mujer desnuda sobre la cama -si vestida ya estaba apetecible, desnuda ganaba enteros-, su cara era redondita, con aquellos labios carnosos, sus tetas grandes y firmes, su pubis afeitado. En fin, sólo con verla me puse a cien.

-Desnúdate -me ordenó. Obedecí rápidamente. Ella sonrió al ver mis 25 cm en plena forma y se acercó a mí. Cogió mi polla con una mano y me masturbó lentamente mientras, a la vez, le daba besos a mi capullo. De repente abrió la boca y se la tragó hasta la mitad, iniciando una gloriosa mamada. La cogí del pelo y me agaché un poco para sobarle las tetas, duras como piedras. Estuvimos así un rato, entonces la senté en la cama, la abrí de piernas y le metí la cabeza dentro de aquella fuente de placer. Lamí su vagina con fruición hasta que la oí gemir. Entonces empecé a chupar su clítoris mientras metía un dedo dentro de su coño. Sus grititos fueron en aumento, mientras sus manos me cogían de la cabeza y me obligaban a meter, más y más, mi dedo en su coño y a lamérselo con más fuerza. Mi lengua empezó a moverse por su entrepierna y comencé a lamerle también su ano.

Metí mi lengua todo lo que pude en su vagina y le introduje un dedo, lentamente, dentro de su ano. La mujer chillaba y me pedía que me la follase. Me levanté y vi a su marido, desnudo junto a ella, acariciándola y besándole las tetas. Introduje mi polla dentro de su húmedo coño, al tiempo que él metía su lengua en la boca de ésta. Empecé a follármela lentamente, metiéndosela hasta los huevos. Luego la sacaba y jugueteaba, con mi capullo, en su clítoris, volviendo a metérsela después. Aquel juego parecía excitarla, pues no dejaba de gemir mientras besaba a su marido y le masturbaba, cada vez más rápidamente. Yo estaba a punto de estallar, así que me dejé de jueguecitos y empecé un rápido “mete y saca”. Entonces su marido se puso sobre ella y le metió la polla dentro de la boca.

Nos corrimos los tres a la vez, entre gemidos y jadeos. El marido cayó sobre la cama, mientras su mujer le besaba los huevos y se masturbaba. Aquella mujer quería más, así que me puse de rodillas en la cama, le alcé las piernas y, mientras ella continuaba masturbándose el clítoris, apoyé mi capullo en su ano y, de dos embestidas, se la metí. La mujer chilló, pero no estaba dispuesto a perderme una penetración en aquel culo virgen y apetitoso. Su marido miraba mi enculada, excitado le chupó las tetas y le acercó la boca al coño, que estaba abierto de par en par y lleno de semen y flujos, y empezó a lamérselo, mientras su mujer continuaba chupándole la polla y le metía un dedo en el culo.

Yo seguía bombeando y escuchando los gemidos del matrimonio. Ella sólo decía: “¡Que bueno, que bueno!”. De vez en cuando, podía ver su gordita cara cubierta de sudor y enrojecida por el esfuerzo y el placer. De repente dio un grito, se metió toda la polla de su marido en la boca y se contorsionó cómo una loca. Era un orgasmo increíble, pero no dejaba de mover sus caderas. Su marido volvió a correrse en su boca y cayó a un lado, mirando cómo mi polla entraba y salía de aquel virginal ano. El flujo de su orgasmo hacía brillar su pubis y le resbalaba hacia su vientre. Era una visión espectacular ver a aquella carnosa y hermosa mujer con el cuerpo y la cara brillando por el sudor, el flujo y el semen, mientras jadeaba y chillaba. No pude más, saqué mi polla de su culo y la apoyé sobre sus tetas corriéndome sobre ellas, mientras ella me besaba mi estomago y me acariciaba las nalgas.

Caí a su lado y ella se agachó para besarme la polla y darme una lamida. Después se tumbó junto a su marido, se estrecharon en un fuerte abrazo y se dieron un largo beso. Me levanté y fui al servicio, cuando regresé a la habitación, el marido -que se llama José- estaba enculando a su mujer. José sonrió al verme y, mientras la enculaba y le golpeaba en sus hermosas nalgas, me dijo que era la primera vez que su mujer le chupaba la polla hasta tragarse el semen y que también era la primera vez que la enculaba. Yo no respondí, simplemente me puse delante de Alicia -así se llama la mujer-, la cogí del cabello y le obligué a que me la chupase. Una de sus manos me cogió de los huevos y empezó a lamerme la polla con glotonería. Su cara se aplastaba contra mi entrepierna cada vez que su marido la embestía, haciendo que aquella mamada se pareciese más a una follada por la boca.

-Te gusta, ¿eh? -decía su marido con la cara desencajada de excitación-, tener dos pollas a tu disposición. Sentir cómo te penetran por todos tus agujeros. Pero tranquila, tenemos todo el fin de semana para ti. Y hay más sorpresas.

Entonces gimió y cayó sobre la espalda de su mujer, aferrándose a las grandes y colgantes tetas. Cambiamos de posición y, mientras ella limpiaba la polla de su marido, volví a encularla. Su culo goteaba semen y traté de excitarla más mientras la penetraba. Metí dos dedos en su coño para masturbarla y sentí que estaba caliente y muy húmedo. Se estaba corriendo, su flujo resbalaba por sus piernas cómo si estuviese meándose encima. Era increíble. Alterné mi penetración, metiéndosela un rato en el culo y luego en el coño, así varias veces, hasta que me corrí dentro de su glorioso conejo.

Estábamos extenuados, pero Alicia se levantó sonriente y nos preguntó que si queríamos comer algo. Fuimos a la cocina y preparamos una buena merienda. Cuando acabamos, José dijo que tenía que ir a la oficina a terminar una tarea y que luego vendría. Cuando José se fue, Alicia y yo fuimos al baño. Nos duchamos juntos y nos acariciamos mientras el agua resbalaba por nuestros cuerpos. Después fuimos al gran salón y vimos la televisión bebiéndonos un cubata.

-Ha sido maravilloso -dijo ella tras besarme.-Sí. Tienes un cuerpo increíble. Podría estar follando contigo hasta la extenuación.-¿No me ves gorda?-Mujer, estás gordita, pero eso no significa nada. Eres lo que llamamos una gorda erótica y apetecible, muy apetecible.

Nos dimos un largo morreo y le chupé las tetas. Poco después, estábamos tumbados en el sofá follando cómo locos. Mientas me aferraba a sus nalgas, la besaba con pasión y le comía las tetas. Cuando me corrí seguí besándola, mientras ella me acariciaba la polla.

-Esta noche quiero que me penetréis los dos a la vez. José por el culo y tú por el coño.-De acuerdo.

A eso de las 9 regresó su marido. Alicia fue a recibirlo desnuda y escuché un grito de sorpresa. Me asomé al pasillo y vi a José acompañado por Trini.

-¿Qué haces aquí? -preguntó Alicia.-Sabía lo de la orgía, ¿recuerdas que me lo comentaste?. Pues cuando José ha ido al bar, a comprar tabaco, le he preguntado que cómo iba todo y él me ha dicho que si quería verlo. Así que, como mi marido se fue con los niños a pescar en cuanto cerré el bar, y como ya no abrimos hasta el domingo, he venido a verlo.

Yo salí entonces y Trini sonrió.

-¡Vaya, vaya!, Alicia lo estarás pasando de miedo -dijo Trini. Y antes de que dijésemos nada, Trini se estaba desnudando y se estaba acercando a mí. Nos besamos y sentí sus manos acariciándome la polla. Después se dio la vuelta y fue hacia José, besándole y restregando su cuerpo contra el de él.

Alicia miraba fijamente a Trini. La verdad es que estábamos sorprendidos. Una mujer que siempre decía que su marido era el hombre de su vida, que volvería a casarse con él si volviese a repetir su vida y que ahora estaba allí, desnuda y dispuesta a ser poseída por dos hombres, poniéndole los cuernos a su marido en una orgía de fin de semana. En fin, era para estar sorprendido. Pero a la vez que sorprendido, yo estaba súper- excitado. Poder poseer a dos mujeres de cuarenta y tantos años, pero que estaban de muy bien ver, era algo que se parecía más a un sueño que a la realidad.

Poco después estábamos los cuatro desnudos en el salón, tomando una copa y jugueteando. Parecíamos críos de veinte años diciendo y haciendo tonterías. Hasta que José se puso a 4 patas y empezó a lamer el coño de Trini. Alicia no tardó en tumbarse bajo su marido y empezó a mamarle la polla. Yo la abrí de piernas y le chupé el coño. Poco después sentí una lengua recorriendo mi falo y vi a Trini agachada sobre mi entrepierna. Si alguien nos hubiese grabado estaría pajeándose de ver a los cuatro formando aquel círculo de sexo.

Trini chupaba de una manera experta, acompañando sus lamidas con una ligera masturbación que hizo que mi polla se pusiera dura cómo una piedra, así que me levanté y miré el glorioso conejo de Alicia. Hay cosas que a uno le chocan. Cuando uno se imagina a una mujer de más de 40 años follando, siempre se las imagina más recatadas, aunque no por ello menos salvajes, y allí tenía a dos totalmente despatarradas, gimiendo y gozando cómo locas y dispuestas a todo. Así que se la metí hasta el fondo, de una manera casi violenta, y Alicia aceptó aquella embestida cerrando sus piernas en torno a mi cadera, mientras José se disponía a abalanzarse sobre Trini.

Los gemidos llenaron todo el salón. José y Trini se habían enzarzado en un 69, mientras Alicia me había hecho girarme y me cabalgaba cómo una posesa. He de decir que la belleza de Alicia aumentaba cuando estaba muy excitada. Además, con aquel rostro de “mujer de bien” (es decir, de una mujer que, al ser rica, se dedicaba a cuidarse) y con sus joyas todavía puestas, hacía que uno desease poseerla hasta que gritase ¡basta! Quería hacerla mía casi de una manera total, hacerla mi esclava.

Oí una especie de alarido y vi a José correrse en la boca de Trini mientras ésta cerraba sus piernas en torno a su cabeza, obligándole a seguir chupando. Alicia me cabalgaba con los ojos cerrados, aferrándose a mi pecho y tocándome los huevos de vez en cuando, mientras yo le mordisqueaba los pezones.

-Quiero tragarme tu semen -gritó mientras yo sentía cómo mi pene salía con facilidad de aquel coño rebosante de jugos. Entonces Alicia se tumbó sobre mi polla y empezó a lamerla. Vi a Trini acercarse y empezó a lamerme los huevos. Estaba en la gloria. Me incorporé un poco para verlas trabajar y entonces me di cuenta de que Trini tenía apoyada una mano en el culo de Alicia. No era algo casual, la mano de Trini se movía acariciando aquel culo hasta que metió un dedo dentro del ano y empezó a metérselo y a sacárselo. Aquello aumento mi excitación, y también la de José, que veía cómo una mujer empezaba a poseer a su mujer.

-Voy a correrme -gemí. Trini empezó a masturbarme mientras Alicia apoyaba su boca en mi capullo y esperaba mi corrida. José miró fascinado cómo mi chorro de semen saltó hacia la boca de su mujer, manchándole la cara, el pelo y llenándole la boca de semen. Con un rápido movimiento, apartó a Trini, se colocó tras Alicia y la penetró, mientras Trini besaba a Alicia en la boca. Era un beso lleno de pasión y deseo. Yo estaba tan salido que me coloqué detrás de Trini, lubriqué su ano y la penetré de un empellón. Trini gimió y chilló, pero Alicia la cogió de la cara y se besaron.

Era la gloria. No sólo había poseído otro culo virginal, sino que además podía ver cómo, mientras José y yo penetrábamos a aquellas mujeres, ellas aprovechaban nuestras embestidas para besarse y tocarse las tetas.

Aguanté bien poco. Un calambre recorrió mi espalda y me derramé en aquel culo. José tampoco duró mucho y también se corrió en el coño de Alicia. Sudorosos y jadeantes, nos retiramos para ver cómo Trini y Alicia se sonreían y luego venían hacia nosotros.

Pasamos toda la noche follando, cambiando de parejas o formando tríos. Alicia vio cumplido sus deseos y la follamos los dos a la vez. Tuvo un orgasmo increíble, tanto que durante un buen rato estuvo jadeando y sufriendo espasmos cada vez que le tocábamos el coño. Acabé durmiendo con Trini, enlazados en un fuerte abrazo. Dormimos hasta muy tarde y me despertó el sonido de una puerta cerrándose. Cuando me levanté, vi a Alicia en la cocina.

-¿Y José?-Le han llamado por un tema urgente. Volverá esta tarde -dijo y sonrió mirando mi enhiesto pene.

La cogí y la besé mientras la sentaba sobre una mesa.

-¿Por qué no haces el amor con Trini? -pregunté-. Durante toda la noche no habéis dejado de tocaros y besaros, pero no habéis pasado de ahí.-Es mi amiga y me da reparo. No sé, con vosotros no me importa que una mujer me toque, pero hacerlo sólo con ella…

Mientras ella hablaba yo le metí lentamente la polla en su coño y luego la besé. Deseaba a aquella mujer más que a ninguna en mi vida. La penetraba lentamente, de repente, sentí una lengua que recorría mi culo y subía por mi espalda: era Trini.

Me giré y la besé. Su lengua se metía en mi boca mientras sus manos se apoyaban en mis nalgas, empujando mi culo hacia el coño de Alicia. De vez en cuando, Trini me soltaba y yo besaba a Alicia, hasta que, sin decir nada, me separé de Alicia y empujé a Trini para que ocupase mi lugar. Por unos instantes, Trini y Alicia se miraron sonrientes, hasta que Alicia cogió a Trini por el culo y la atrajo hacia ella, besándose. Sus pechos se juntaron mientras se acariciaban y besaban. Alicia, todavía sentada sobre la mesa, acariciaba la espalda de Trini con lentitud, hasta que, en un arranque de pasión, aferró el culo de Trini y empezó a lamerle las tetas.

Trini jadeaba y sus manos buscaron el coño de Alicia. Las dos gemían cada vez más, mientras yo me masturbaba lentamente. Alicia estaba colorada, jadeante y con los ojos cerrados, mientras Trini no dejaba de masturbarla y comerle los pezones. Entonces Trini se separó, cogió a Alicia de la mano y se fueron a la habitación. Allí continuaron besándose y lamiéndose las tetas entre gemidos y jadeos, hasta que se tumbaron e iniciaron un 69. Era algo frenético: Alicia estaba tumbada boca arriba y sus manos abrían los muslos de Trini, lamiendo con furia su coño y su ano. Lo hacía pasando la lengua a lo largo de aquella fuente, metiéndola en la vagina, mordisqueando sus muslos, mientras Trini no cesaba de mordisquear el clítoris de Alicia.

Para ser dos mujeres para las que era su primera vez lo hacían cómo dos expertas. Cuando sus lenguas no daban abasto, utilizaban los dedos para penetrarse en cualquier agujero. Y era Alicia la más salvaje de las dos. Vi cómo Trini tenía unos espasmos y se corrió sobre Alicia, aplastando su coño contra la cara de su amiga. Alicia aprovechó para meter dos dedos en el culo de Trini y continuó lamiendo con más energía, provocando un segundo orgasmo en su amiga, mientras ella alzaba las piernas y permitía que Trini lamiese mejor su vagina.

Tras correrse de nuevo, las dos amigas se tumbaron abrazadas y se besaron con pasión. Los fluidos de sus orgasmos pasaban de una boca a otra y yo estaba a dos mil por hora. Sin pensármelo, puse las piernas de Trini sobre mis hombros y la penetré. Mis embestidas eran recibidas con gusto, al tiempo que Alicia besaba las tetas de su amiga. Tras estar con Trini un rato, cambié a Alicia en la misma postura, ahora era ella quien recibía mis pollazos y los besos y caricias de Trini. Fue entonces cuando vi a José en la puerta. Había llegado mucho antes de lo esperado y estaba desnudo y con su pija lista para la acción. Sus ojos eran brillantes y respiraba entrecortadamente viendo cómo su mujer era poseída por un hombre y otra mujer. Se puso frente a Trini, adoptando mi postura. Al poco tiempo, estábamos, hombro con hombro, follándonos a las dos mujeres mientras ellas se morreaban, se acariciaban o se estimulaban tocándose el clítoris mutuamente.

Fui el primero en correrme dentro de Alicia y al poco lo hizo José, pero éste estaba tan salido que, arrodillándose entre las piernas de su mujer, empezó a comerle el conejo, al tiempo que metía dos dedos en el coño de Trini. José alternaba la lamida de coños. Su rostro estaba brillante por el semen y los flujos de las mujeres, pero él no hacía ascos. Estaba cómo loco y su lengua y dedos trabajaban a toda velocidad. Yo le ayudé comiendo las tetas y besando a las dos. Era un placer recorrer sus tetas, morder sus pezones y besar sus bocas, al tiempo que sentía sus manos acariciar mis nalgas, mi vientre, comerme la polla o chupármela, sin saber cual de las dos lo hacía.

Vi cómo José cogía el culo de Trini con las manos, lo alzaba un poco y metía su boca en aquella fuente de placer, arrancando gemidos de Trini. Entonces Trini se separó de nosotros y se fue. José no se detuvo, sino que fue hacia el conejo de su mujer y volvió a lamerlo. Yo no dejaba de morrearla y sobarle las tetas, entonces apareció Trini con una sonrisa en la cara.

Su cuerpo brillaba por el sudor y estaba enrojecido por el placer y el roce de los cuerpos. Sin decir nada, se puso tras José y metió su cara entre los glúteos de su amigo. Poco después José había dejado de lamer a su mujer, aunque seguía teniendo su cara entre los muslos de Alicia, cerró los ojos y empezó a jadear. Cuando Alicia y yo nos dimos cuenta, Trini estaba metiendo una zanahoria en el culo de José.

Actuando de maestra de ceremonias, Trini nos dijo que tenía una fantasía que quería realizar. Ordenó a Alicia que se abriese de piernas y dijo a José que se tumbase sobre Alicia, en la postura del misionero. José, que se había vuelto a empalmar, obedeció. Mientras Alicia y él se besaban, penetrando a su mujer con media zanahoria metida en el culo, Trini se puso sobre sus nalgas y se metió el resto de la zanahoria, empezando a subir y a bajar. Al poco, los tres jadeaban. Aunque a veces la zanahoria se salía y tenían que volver a empezar, cuando cogió el ritmo el trío era escandaloso. Entonces Trini me pidió que pusiera mi polla al alcance de las bocas del matrimonio. Yo estaba cortado, aunque a la vez excitado. Trini sonrió, la besé y obedecí. Al poco, José y Alicia chupaban mi polla al unísono, aunque Alicia prefería mis huevos y ver cómo su marido me la chupaba.

El matrimonio no tardó en correrse. Yo me lancé sobre Trini e iniciamos un frenético polvo, mientras veíamos cómo Alicia continuaba metiendo y sacando la zanahoria del culo de José. No tardamos en corrernos Trini y yo. Los cuatro nos quedamos tumbados en la cama, descansando. Pasado un rato, José y Alicia se fueron a la ducha y Trini y yo nos quedamos solos, charlando. Fue entonces cuando me dijo que con aquel último polvo habíamos logrado, ella y yo, que el matrimonio hiciese lo que nos diese la gana, que les habíamos hecho cruzar una línea a partir de la cual su vida sexual iba a cambiar por completo.

Trini permaneció con nosotros hasta la tarde. Yo la poseí una vez, pero Alicia y José gozaron de ella en tres ocasiones. Cuando se marchó para su casa, pasé el resto de la tarde y la noche con Alicia, mientras su marido veía cómo la convertía en mi esclava. Sólo al amanecer dejé que él la poseyera, pero para entonces Alicia estaba agotada, sudorosa y cubierta de mi esperma y por una lluvia dorada que había decidido hacer sobre ella en el último momento.

Me marché en cuanto me desperté, no sin antes recibir como regalo un buen coche y algo de dinero. Durante un mes no aparecí por el bar, aunque deseaba hacerlo y cuando lo hice, encontré al matrimonio. En el bar sólo estábamos Trini, el matrimonio y yo. No tardamos en ir al servicio Alicia y yo y la follé cómo un loco por su magnífico culo, aferrándome a sus tetas mientras ella gemía. Cuando salí, su marido entró en el servicio y estuvo un buen rato, mientras Trini me hacía una rápida mamada que limpió mi polla.

Cuando acabó, y como el matrimonio seguía en el servicio, estuvimos charlando. Me contó que, pocos días después de aquel fin de semana salvaje, los dos matrimonios fueron a cenar y se emborracharon, acabando la noche en casa de Trini y su marido. Allí, creyendo que su marido dormía la borrachera, fue a la habitación de Alicia y José e hizo el amor con Alicia, pero cuando se dio cuenta, vio a su marido observándolas. Poco después, había montada una orgía que duró toda la noche y durante la cual su marido y José llegaron a liarse. Desde entonces, los cuatro están liados y las noches que pasan juntos es indiferente quién se acuesta con quién, aunque me dijo que Alicia prefería los tríos (con los dos hombres o un hombre y ella) y Trini había descubierto que tenía cierta tendencia al lesbianismo y al sadomasoquismo.

Aquel fue mi último contacto con ellos. Cuando regresé al bar, después de otras dos semanas, había sido traspasado y se rumoreaba que Trini y su marido habían dejado a sus dos hijos al cuidado de los abuelos y se habían marchado al Caribe, junto con un matrimonio de amigos, para pasar unas largas vacaciones.

Autor: AnónimUs

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