sexo espontaneo en el supermercado, las calenturas de mi esposa con un fan

Relato real… lo que nos paso este pasado fin de semana en el super de Cuernavaca
Hola amigos, soy Uli, el esposo de mi caliente mujercita Elvi, y dejenos contarles lo que nos paso este sabado pasado en el super de Cuernavaca; fue una experiencia muy cachonda realmente; algunos hasta diran que es inventada, pero a estas alturas, lo que piensen gente esecial, no nos preocupa, esta hisotiria va dirigida a los cachondos como nosotros.
Cimi saben, a mi esposa le encanta (y a mi) que se vista muuuuy sensual, en especial cuando vamos a Cuernavaca, donde usa autenticos Puti vestidos; un modelo que le encanta es el llamado “de columpio” que esta muy muy corto, tanto que al agacharse se le ve el inicio de las nalgas, muy justo tela delgada, al frente tiene dos tiras que cubren el area de los senos, queen cualquier descuido se abren y afloran al natural esos pechos, y mas cuando no lleva sosten alguno; la espalda es de escote muy bajo, que la deja desnuda hasta la cintura.

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Abusando de marian

Dominación, BDSM, Jovenes y Cachondas, Lésbico. Marian era una mujer joven, morena clara y poseedora de unas grandes y bien formadas nalgas, las cuales remataban en unas piernas largas y bien torneadas, desde que era una adolescente siempre se había destacado por ser la mas piernuda de la clase. Read more

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sumiso de mi suegra y mi esposa

Estoy hincado en un rincón de la sala de la casa de mi suegra, en calzoncillos y viendo hacia la pared, se preguntaran que hago en esas condiciones en una casa ajena, pues la historia no es muy larga, pero después se las contare, primero quiero presentarles a mi suegra 

Cristina, ella es una mujer de 45 años, bastante atractiva, suele vestir siempre con faldas por lo regular muy cortas y zapatos de tacon, piernas largas y caderas refinadas y poseedora de una gran cabellera larga, su carácter es del tipo dominante y cuando esta enojada..huyyyy..Olvídense y en ese momento yo era una persona que la había echo enojar 

Mi novia pamela, ella es muy parecida a su madre, cabello largo y saco las piernas de su madre, largas y bien torneadas, suele llevar el cabello igual de largo que cristina, todo un monumento, 

Ambas están en la cocina platican y ríen muy animadamente, llevan ya casi dos horas en la pequeña mesa del desayunador y se comportan como si yo no estuviera en calzoncillos a escasos metros de ellas, a veces puedo escuchar de lo que hablan pero no puedo formarme una idea concreta del tema, solo palabras al aire, pero yo se que de un momento a otro este castigo se va a terminar y mis tares domesticas van a comenzar, ya que en punto de las 10 am, los días sábados mi suegra y mi esposa acaban de almorzar y ya faltan solo cinco minutos, 

Ernesto..!!!! Ven a levantar los platos de la cocina – escucho gritar a cristina — 

Rápidamente me levanto y me dirijo hacia la entrada de la cocina, y antes de entrar puedo ver a mi esposa y a cristina, paradas a un lado de la puerta, y como cristina me a prohibido levantar la mirada intento pasar en medio de ellas con la cabeza baja, pero cristina con un grito me detiene…. 

La piel se me enchino al escuchar su voz tan cerca de mi oído, y me pare en seco, sabia que no iba a ser nada bueno lo que me tendría que decir, 

Se paro detrás de mí y después de guardar silencio por unos segundos, dijo, 

— No voy a dejar que mi yerno se pasee semidesnudo por la casa. — verdad pamela..?? 

Pamela, quien ya estaba bien aleccionada por cristina, solo respondió con un 

Claro que no…… 

Ernesto, traje algo para ti, esta en una bolsa negra en mi recamara, ve por el. 

Di media vuelta y con la mirada baja comencé a cruzar la sala en dirección a la recamara pero de nuevo la voz de cristina me detuvo, 

Ernesto..!!! 

Me pare en seco y solo atine a decir, 

Dígame cristina…? 

Recuerda no estar de chismoso hurgando mis cosas que por eso estas así….jajajajaja 

Ambas comenzaron a reír y continué hacia el cuarto, no podía creer que mi novia pamela le haya seguido el juego a su madre, en parte la entendía y la disculpaba, lo que me vieron hacer ameritaba otra cosa, así que lo único que podía hacer, era soportar, 
Llegue hasta la cama y vi. La bolsa de cristina y a un lado la bolsa con ropa, era una bolsa grande y para serles sincero no me atreví a abrirla, estaba algo espantado, así que la tome y rápidamente di media vuelta, y volví a la cocina, y me pare de nuevo en la entrada y con la mirada baja le di la bolsa a cristina, 

Cristina tomo la bolsa y me ordeno que me fuera a lavar los platos, yo aun con la mirada baja entre a la cocina y lo comencé a hacer, y ellas se fueron a la sala a ver la ropita que me había comprado cristina, 

Una vez mas estaba como al principio, en una posición muy incomoda y no sabia de que estaban hablando, de nuevo todo eran risas y murmullos, y a pesar de que no eran mucho los trastes que lavar, trate de hacer la labor lo mas lenta posible, la verdad no quería salir a enfrentar a ninguna de las dos, pero de nuevo cristina se encargo de ponerme en ridículo 

— Ernesto ven acá…!!!!! 

Salí de la cocina y me pare frente a las dos con la cabeza baja, mi vergüenza era tanta que no podía mirarlas a la cara, así que solo me limite a escuchar a cristina, que me comenzó a decir 

— Te decía Ernesto, que no vamos a dejar qué te pasees desnudo por la casa. – así que ayer pase a comprarte algo de ropita, — 

Y diciéndome esto se paro frente a mí y pamela se paro atrás mío 

— Bajate los calzones Ernesto…!!! Necesito que te midas tu nueva ropa… 

Pero cristina…— exclame bastante nervioso – 

Que pasa Ernesto..!!! Cuando te descubrimos tenías los calzones hasta las rodillas y ahora no te los quieres bajar….jajá…por favor…!!! 

No cristina por favor….no me hagas esto…!!!! 

Por mas que le suplique a cristina, no me hizo caso, al contrario con cada palabra que decía ella fruncía mas su entrecejo, en verdad se veía molesta, y yo solo atinaba a rogarle que no lo hiciera, mientras volteaba a ver a pamela, tratando de decirle con la mirada que hiciera algo, pero ella solo permanecía quieta y no dejaba de mirarme, con un gesto de molestia y durante algunos minutos, cristina me estuvo gritando que le hiciera cazo y yo intentaba apoyarme en pamela, pero ella permanecía quieta y sin decir palabra, no cabía duda estaba sometido por mi suegra y mi esposa, y no me quedo de otra mas que hacer caso a cristina y lleve ambas manos a mi rompa interior y comencé a bajarla lentamente, mientras lo hacia pude sentir como la sangre se agolpaba en mi rostro, me moría de la vergüenza, mi estomago se revolvía y mis piernas comenzaron a temblar, hasta que me quite por completo los calzones y me quede un poco encorvado tratando de proteger mi desnudez, 

Ya cristina ahora que….??? 

Cristina se me quedo viendo y guardo silencio unos segundos después volteo a ver a pamela y ambas soltaron una sonora carcajada, 

Ya vez hija,,,, que te dije…!!! Solo hacia falta meterle un poco de presión….jaja….ahora ya podemos hacer con el lo que nos plazca… 

Habían estado jugando conmigo, cristina me había humillado y mi esposa lo había consentido, y si, tenía razón estaba completamente sometido, 

Bueno pamela, pues ahora vamos a ponerle su nueva ropita, 

Sabes que pienso que seria mejor, -respondió pamela- que el mismo se la ponga, 

Cristina se le quedo viendo a la vez que en su rostro se dibujaba una sonrisa maliciosa, 

Claro..!! Como no se me había ocurrido, después de todo lo que vimos que hacia, debe de tener algo de experiencia, no 

jajajaja…ambas soltaron a reír, 

Pamela se acerco a mi lado y se disponía a tomarme del brazo cuando fue interrumpida por cristina, -quien le dijo,- 

— No pamela, de hoy en adelante cuando quieras llevar a algún lado a tu esposo, lo vas a tomar de la oreja o de la patilla, no merece que lo agarres de algún otra forma, — 

Pamela se me quedo viendo y solo dijo, 

Me parece excelente,- para después sujetarme de la patilla y llevarme hasta la recamara de cristina dejándome parado frente a un gran espejo, dio media vuelta y se volvió a salir, 

Se me hizo extraño que cristina no entrara al cuarto, pero la verdad no tenia muchas ganas de voltear a buscarlas, pero podía escuchar como cristina se susurraba algo con pamela y a los pocos minutos ambas entraron a la recamara riéndose, y se pararon detrás de mi, 

— Que te parece la idea, pamela…??? 

— Genial..Jajajajaja….no se me había ocurrido, se va a ver estupendo, eres tremenda mama, — 

— Claro hija ya veraz como nos vamos a divertir, bueno pues trae lo necesario mientras yo lo llevo al baño, 

en cuanto salio pamela del cuarto, cristina, me tomo por una oreja y me llevo hasta el baño, en donde tenia una pequeña banca de madera, me ordeno acostarme boca abajo y poner las manos atrás, rápidamente la obedecí y me acomode como ella me ordeno, no podía ver muy bien lo que hacia, el baño era algo grande y cristina se movía de un lado a otro, solo escuchaba que llenaba unas bandejas con agua caliente y habría algunos anaqueles, hasta que de pronto el ruido se detuvo, sus taconeo ceso, parecía como si me hubiera quedado solo en el cuato de baño, decidí esperar algunos segundos y nada, así que trague un poco de saliva y comencé a mover mi cabeza lentamente, estaba a punto de girarla por completo cuando una fuerte nalgada me hizo detenerme…seguido de las risas de ambas 

Ya lo vez pamela, poco a poco lo vamos a ir dominando por completo… — 

Una vez mas las dos habían estado jugando conmigo, se habían escondido para ver lo que hacia, y yo caí en su trampa, — 

Que bárbaras…. vamos a comenzar con su tratamiento, exclamo cristina, 

Tratamiento…???? 

Pero, cristina…!!! Pamela…que quieren decir con tratamiento, exclame… 

Tranquilo Ernesto, poco a poco te darás cuenta, dijo pamela 

No pamela explícame por favor…. 

En lugar de recibir respuesta, recibí un fuerte pellizco en mis glúteos por parte de cristina, mientras me decia. 

— Guarda silencio Ernesto……o te va peor..!!! — 

De nuevo no me quedo de otra que volver a la posición inicial, solo escuchaba como las dos llenaban algunas bandejas de plástico y las acomodaban en un pequeña mesa, después, pamela me dijo que separa un poco la banca de la pared, y que me volviera acostar, 
rápido le obedecí y ambas sacaron unos bancos y cada una se sentó a un lado mío, 

Mientras pasaba todo esto, solo escuchaba a cristina decir que iba a quedar muy bien y que tal vez me iba a rozar un poco, pero que las dos se iban a divertir mucho, yo no sabia que esperar si un golpe un pellizco a algo mas raro, pero pronto me di cuenta, cuando pamela sujeto una de mis pantorrilas y cristina, comenzó a pasarme una esponja con jabón, 

Me iban a depilar…!!!!! 


continuara…..

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Sensaciones especiales

Seguí a David por las escaleras que conducían al sótano de su casa. Era un amplio salón de acceso exclusivo y reservado solo para sus íntimos, acogedor y confortable, ideal para desconectar del mundo. Allí habíamos celebrado largas veladas de invierno, al calor de la chimenea, con buen vino y mejor compañía. Lugar para las grandes confidencias y para dar rienda suelta a los deseos compartidos. Pocos secretos existían entre David y yo, que en aquel sótano habíamos escrito numerosas páginas de nuestras historias más inconfesables.

El siguiente capítulo iba a tener como protagonista a Lucía, una hermosa veinteañera, alumna de David en la facultad. Fueron los únicos datos que mi amigo me había proporcionado cuando me telefoneó para que acudiera aquella noche a su casa. “Esta noche  te prometo sensaciones especiales”, me había dicho, en ese tono misterioso que David solía utilizar cuando había “cita en el sótano”. No era la primera vez que me llamaba para follar con una de sus alumnas. A ambos nos gustaban los tríos, el sexo en grupo, en realidad cualquier forma de relación sexual que se saliera de la habitual en pareja. Y era evidente que a aquellas jovencitas les gustaba follar con maduros, tal vez para hacer realidad la tópica fantasía de tirarse al apuesto profesor, con amigo incluido en el lote.

“Te prometo sensaciones especiales”… La primera visión de Lucía me hizo comprender que a David no le iba a costar ningún esfuerzo cumplir su promesa. Cuando acabé de bajar las escaleras, me topé con la imagen de la joven muchacha atada y de rodillas, delante del inmenso espejo que David tenía en una de las paredes del sótano. En él se reflejaba la chica de espaldas, completamente desnuda salvo un tanga negro cuya cinta circundaba su cintura y se perdía en la hendidura de sus nalgas apoyadas sobre los talones, para descansar en ellos el peso de su cuerpo. Lucía era hermosa, sin dudas. Tenía la cabeza agachada, su barbilla apoyada sobre el pecho, los ojos vendados por un pañuelo negro, el pelo castaño y rizado. La visión de su cuerpo desnudo era excitante. Sus brazos alzados, las muñecas esposadas, los dedos de sus manos entrelazados, las piernas abiertas, los pechos, breves y redondos. Una cadena que pendía del techo, sujeta a la argolla de las esposas de cuero, mantenía elevados los brazos de Lucía y tenso su torso hasta dibujar sus costillas en la piel, pronunciando la redondez de su ombligo en el vientre plano y el sinuoso contorno de sus caderas.

En el silencio de la estancia, se podía escuchar con claridad la respiración agitada de la muchacha, que no había movido ni un solo músculo de su cuerpo al sentir nuestra presencia, hasta que David se colocó tras ella y, agarrándola del pelo, le obligó a subir la cabeza que cayó hacia atrás por el jalón, logrando que Lucía abriera la boca para dejar escapar un leve gemido.

– Ya estoy de vuelta, putita. Y he traído un viejo amigo que quiero presentarte. – David se agachó para hablarle suave a Lucía, muy cerca de su oído, sin soltarle el pelo enredado entre sus dedos. – Te dirigirás a él como “señor”, ¿me has entendido?

Lucía asintió con la cabeza. Pero David desaprobó el gesto con un nuevo tirón de los cabellos de la chica. – ¿Me has entendido? – le volvió a preguntar, con cierta dureza en la voz.

– Sí, profesor. – La voz de Lucía sonó apagada, apenas un hilo de voz fina y nerviosa.

– Saluda a mi amigo, Lucía, no seas maleducada.

– Buenas noches, señor.

Respondí a su saludo, tal vez con demasiada formalidad, lo que provocó que David riera a carcajadas.

– No hace falta que saludes a la putita. Ella no está aquí para que la saludemos, ¿verdad Lucía?

– Verdad, profesor.

Las preguntas de David a Lucía siempre venían acompañadas de un leve jalón de pelo que la forzaba a echar más para atrás la cabeza, a tensar la cadena con sus manos y a dejar caer más las nalgas sobre los talones, como temiendo que, en algún momento, pudiera perder el equilibrio. En esa postura, su espalda se enarcaba levemente y sus pechos se ofrecían hacia delante, turgentes e incitantes sus pezones endurecidos. Sin soltarle el pelo, David comenzó a sobar sus tetas con la otra mano, a pellizcar los rosados pezones, mientras le seguía hablando, casi susurrándole al oído:

– ¿Y para qué está aquí la putita?

– Para ser sometida, profesor.

– Para ser sometida, ¿por quién? – otra vez el pelo fuertemente jalado, la cabeza hacia atrás, el gemido entrecortado de Lucía, la mano de David estrujando uno de sus pechos – ¿Por quién vas a ser sometida, Lucía?

– Por Vd. y por el señor, profesor.

La respuesta de Lucía fue clara, rotunda, sin titubeos. Me pareció que el tono de su voz incluso denotaba cierta impaciencia, como si Lucía deseara que ocurriera inmediatamente lo que estaba proclamando. Yo era “el señor” que junto a mi viejo amigo íbamos a someter a aquella linda joven, que no parecía tener ningún tipo de miedo a estar allí, en aquel sótano, encadenada, desnuda y de rodillas, a merced de dos hombres, a uno de los cuales ni siquiera conocía. Desde luego que las sensaciones estaban siendo especiales. Sentía tal excitación que creí que la polla me iba a reventar dentro del pantalón. David se percató de mi más que evidente erección y, sonriendo burlonamente, volvió a dirigirse a Lucía:

– Creo que el señor está deseando someterte. Así que será cuestión de no hacerle esperar, ¿verdad putita?

– Cuando Vd. ordene, profesor.

David soltó los cabellos de Lucía, se incorporó y comenzó a desnudarse, indicándome con un gesto que yo también lo hiciera. Cuando los dos estuvimos completamente desnudos, nos colocamos a ambos lados de la chica, con la punta de nuestras pollas erectas en sus labios, para que las chupara. No hizo falta orden alguna para que Lucía comenzara a besarlas y a lamerlas, impregnando de saliva los rígidos troncos de carne que introducíamos en su boca por turnos para que la alumna sumisa de David los chupara magistralmente entre jadeos que se ahogaban cuando las vergas se clavaban en el interior de su boca.

El profesor alentaba a su pupila cuando mamaba mi polla, “vamos, vamos, putita, que el señor vea lo bien que sabes chuparla” y la forzaba a tragarla por completo cuando era la suya la que tenía entre aquellos labios carnosos y humedecidos que sabían perfectamente cómo tenían que cerrarse sobre el capullo para firmes deslizarse, hacia dentro y hacia fuera, por toda la enhiesta longitud de nuestros carajos.

David ordenó a Lucía que se pusiera en pié y ella obedeció al instante, con cierta dificultad, posiblemente al tener las rodillas entumecidas por la forzada posición en la que había permanecido durante todo ese tiempo más el que ya llevara antes de que bajáramos al sótano. Se percibía el temblor en sus piernas, el cual alivió con ligeros y rápidos movimientos de flexión y estiramiento de sus rodillas. Al incorporarse, pudo bajar sus brazos, quedando sus muñecas esposadas a la altura del vientre. David me indicó que me pusiera a su lado, tras de ella, pudiendo contemplar lo que hasta entonces solo había podido ver reflejado en el espejo: la hermosura de su espalda desnuda y la redondez de sus nalgas ya completamente al descubierto. El profesor cogió la cinta del tanga de Lucía y la tensó y destensó para frotar con ella el coño de la joven, que se estremeció por el roce de la tela en la raja de su sexo, hasta que en uno de los tirones la cinta cedió, rompiéndose y dejando a la chica absolutamente desnuda.

– Un culo perfecto – sentenció David, acariciándolo y estrujando sus nalgas sin reparo. – Un culo perfecto para ser azotado, ¿verdad putita? ¿Quieres que te azotemos?

Lucía no respondió, lo que provocó que David asiera sus cabellos y jalara fuertemente de ellos, para obligarla a contestar.

– Cuando pregunto, quiero respuestas inmediatas. A ver si te voy a tener que suspender, alumna. Creo que eres una niña mala y mereces ser castigada, ¿verdad?

– Sí, profesor. – La voz de Lucía volvió a sonar tímidamente y esta vez con una inquietud que apenas pudo disimular.

La nalgada sonó hueca, como un chasquido de la palma de la mano contra la piel blanca que enrojeció al instante, el contorno de los dedos señalados. Otra más y otra más. Y a cada manotazo, el suave gemido de Lucía y la suave convulsión de su cuerpo. David palmeaba cada vez con más fuerza el culo de su alumna y la obligaba a contar los azotes. Uno… Dos… Diez… Un descanso. Y mi turno. “Todo tuyo”, me dijo con esa sonrisa burlona que se gastaba cuando estaba disfrutando verdaderamente. Uno… Dos… Diez… Sentía la piel caliente del culo de Lucía quemándome la palma de la mano. Como había visto hacer al maestro, mi mano cada vez golpeaba con mayor intensidad las nalgas enrojecidas, provocando el quejido de Lucía que trataba de endurecer la carne para amortiguar la fuerza del azote. Otro descanso. Y vuelta a empezar, a doble mano, la nalga izquierda para David, la derecha para mí, palmada tras palmada, nuestras manos libres en los pechos de la muchacha, pinzando con los dedos sus pezones para darle el doble castigo del pellizco en sus tetas y del azote en su culo.

Ya Lucía trataba de zafarse, zarandeándose y contorsionando su cuerpo, jadeando con esfuerzo, suplicando que cesáramos en nuestros palmetazos contra su piel dolorida, mostrando incluso un atisbo de rebeldía que nos hizo enardecer. “Se nos rebela la putita. Creo que vamos a tener que follárnosla para que sepa quiénes mandamos aquí”, dijo David, como anunciando lo que iba a suceder a partir de ese instante.

El profesor se colocó tras Lucía y puso su mano izquierda bajo su barbilla, obligándola a levantar su cabeza. Me pidió que liberara sus muñecas de las esposas de cuero y procedí a ello. En cuanto que la chica tuvo las manos libres, David agarró con su brazo derecho el mismo brazo de Lucía, ordenándole que abriera sus piernas. Agarrada por el brazo y por el cuello, Lucía obedeció, apoyando su cabeza contra el hombro de su profesor y enarcando su espalda para que la polla del hombre pudiera penetrar su coño ofrecido. David la embistió con fuerza, sin soltarla, sometiéndola a un brutal escorzo que hizo que Lucía buscara los muslos de su dueño para agarrarse a ellos mientras era clavada y desclavada por la dura verga que le provocaba oleadas de placer en el cuerpo sometido. Su vientre, curvado hacia delante, quedó expuesto para que mi lengua y mis manos lo recorrieran, para subir hasta sus pechos ofrecidos y continuar hasta su boca abierta, que gemía ya sin contemplaciones. Mientras David seguía empalándola y mordía su oreja, en la que le susurraba sucios improperios –eres la sumisa más putita que me he follado en la vida, te voy a partir el coño a pollazos- yo sellaba sus gemidos con mis labios y le provocaba nuevos quejidos al estrujar sus tetas y retorcer maliciosamente sus pezones hinchados por el deseo. Y mi mano también descendía hasta el capuchón de su clítoris y acariciaba su vulva empapada, frotando su sexo hasta sentir el roce de la polla de David que entraba y salía frenéticamente del coño de Lucía, provocándole espasmos de placer a la alumna sumisa.

El bramido de David anticipó su inmediata corrida sobre la espalda y el culo de la joven que apretó sus nalgas contra los huevos del profesor para, en un sensual y oscilante movimiento, frotar la verga aún endurecida y sentir las últimas sacudidas de esperma en la estrecha grieta divisoria de sus redondos glúteos.

Fue el propio David quien, sin soltar el brazo de Lucía, la hizo andar a empujones hasta la mesa situada en el ala izquierda del sótano, colocando a la chica en uno de sus extremos y obligándola a doblar su cintura hasta que su tronco quedara apoyado sobre la tabla. Lucía se dejó hacer y trató de acomodarse, doblando su cabeza para que el lado izquierdo de su rostro descansara en la mesa, mientras David tiraba hacia detrás de sus brazos y entrelazaba las manos de su alumna a la altura de sus lumbares. Reclinándose hacia ella, le habló suavemente al oído:

– ¿Te gustaría que te follara tu señor, putita? ¿Eh? ¿Te gustaría que te follara ahora mismo?

– Sí, profesor.

– Suplícaselo.

Yo contemplaba sus nalgas, aún enrojecidas por los azotes, húmedas y brillantes por los regueros de leche vertidos por David. Aquella posición era realmente excitante y ansiaba poder penetrar a aquella hermosa chica que, dócilmente, se sometía a todo lo que su profesor le ordenaba. Como se demoraba en la respuesta, le pegué un seco manotazo en su nalga derecha que le hizo soltar un pequeño grito a manera de lamento y me decidí a ordenarle:

– Te ha dicho tu profesor que me supliques, putita. ¿Es que quieres que volvamos a castigarte?

David me miró, sonriéndome con complicidad y aprobación, mientras apretaba con su mano izquierda la parte posterior del cuello de Lucía para aplastar su rostro contra la mesa. La voz de la mujer sonó apagada:

– Fólleme, señor. Me gustaría que me follara ahora mismo.

Agarré mi polla para orientarla y dirigirla al centro de su raja y la penetré lentamente, como queriendo hacerle sentir toda la extensión del carajo endurecido en el interior de su coño que palpitaba de deseo. Agarré sus manos como si fueran las riendas de una yegua a punto de desbocarse, lo que permitió que David usara las suyas para jalar de su pelo y obligarla a levantar su tronco de la mesa cuando él quisiera, para magrear sus tetas o apretarlas contra la tabla de madera, mientras yo aumentaba el ritmo de la embestida y estiraba los brazos de Lucía para contorsionar su cuerpo nuevamente estremecido por el placer.

– Vamos, vamos, fóllala con más fuerza – me alentaba David, mientras tapaba la boca de Lucía para impedir que se escucharan sus gemidos. Sí se oían perfectamente mis jadeos y los rítmicos golpes de mi pubis contra las nalgas de la muchacha, cada vez más continuos y crecientes, mientras la polla entraba y salía, entraba y salía, duramente, ardorosamente, perforando el coño licuado de Lucía que aulló de placer en el momento que David liberó sus labios permitiéndole gozar de un orgasmo que sacudió todo su cuerpo, en el justo momento en que yo también me corría sobre su espalda, sus nalgas y sus muslos, con intensas sacudidas que hicieron brotar calientes chorros de esperma que se estrellaban contra la piel de la chica cuyas piernas temblorosas parecía que estuvieran a punto de doblarse por el placer y el cansancio.

Sensaciones especiales. Sin dudas, las había sentido y gozado en aquel cuerpo joven y hermoso de la alumna de David. Cómo el viejo profesor la había seducido y convencido para que fuera nuestra sumisa aquella noche, formaba parte de los secretos inconfesables de mi amigo. Aunque tal vez, alguna noche, en alguna velada de invierno al calor de la chimenea, me desvelaría el inicio de una historia que acabó con Lucía durmiendo entre los dos, abrasando con el ardor de su cuerpo joven y desnudo la piel también desnuda de nuestros cuerpos curtidos.

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La mujer del Cyber II

Podía oír aquellos gemidos llenos de placer hasta que las dos llegaron al orgasmo, ellas estaban muy contentas pero yo todavía no había eyaculado, me puse detrás  de mi amiga para penetrarla y de una vez la penetré por atrás, aproveché sus jugos para que la penetración fuera más fácil mientras podía sentir la lengua de su amiga lamiéndole su vagina y parte de mis testículos.

Hola, como están amigas lectoras y lectores de esta página, hace meses escribí un relato sobre como conocí a mi amiga del cyber ahora ella es algo más que una amiga, si no lo leyeron léanlo ahora.

Les voy a contar lo que pasó después, luego que me despedí de ella aquella noche y después de habernos bañado juntos ella me llamó un fin de semana y me dijo que si podía ir hasta su apartamento, yo no lo pensé dije si directamente, diciéndole allá voy mi bella damita.

Cuando llegué a su apartamento ella me esperaba con una bella bata y al ingresar hacia el interior de su departamento ella me abrazó muy fuerte y dándome un beso muy bello y apasionado como solo ella sabe hacerlo mientras yo sentía su busto en mi pecho y mi pene comenzaba a despertarse, ella lo notó y me tomó de las manos he hizo que tomara sus glúteos, hizo que los pegara más a mi pene ya que ella estaba muy excitada y yo también.

Ambos nos besábamos con tal pasión mientras nuestros cuerpos se rozaban uno con el otro ella me dijo, vamos a la habitación amor, en ese momento y tal como lo hice la vez pasada la cargué en mis brazos y la llevé a la cama, mientras la llevaba al cuarto ella me besaba el cuello y yo con una mano le agarraba uno de sus bellos pechos que sentía que sus pezones estaban bien erectos, duritos, que maravilla tocar aquellos pechos.

La acosté sobre la cama y me puse encima, ella me dijo, amor, quiero que tú estés abajo, me puse abajo, ella se paró y comenzó a quitarse la bata, pude ver que tenía puesto una ropa interior muy sexy, además con el cuerpo que tiene ella más me calenté.

Se quitaba la bata y lo hacía con sensualidad, luego yo me quitaba la ropa hasta solamente quedarme en bóxers, llevé un bóxer que decía, “esta vez prohibido descansar”, ella me dijo, amor quítatelo que quiero ver a mi osito despierto, quiero que explore la cuevita humeada que tengo, así lo hice mientras ella se acercaba con su ropa sexy.

Me tomó de las manos y me las puso sobre su cama donde habían unas esposas de policía, ella me decía, esta vez yo seré quien tome el mando, yo no lo podía creer pero la idea me gustaba, luego tomó mis piernas y las ató, así yo estaba inmóvil, luego me tapó los ojos y puso una música suave, yo mientras tanto estaba con una erección a full y ella me dijo, amor, esta es mi fantasía, espero que te guste, le contesté, linda, no me gusta me encanta, luego comenzó a pasar su mano por mi pene y por mis testículos y pude sentir que ella comenzaba lamer con suavidad hasta chupármelo poco a poco.

Mientras lo hacía yo lo único que podía hacer era menear mi pene dentro de su boca a lo que ella al sentirlo me chupaba más fuerte, mi pene sabía que quería que eyacule pronto pero aguanté mucho que me dijo, dame mi leche pronto, así que  seguí aguantando, ella me dijo, verás lo que es bueno ahora.

Me destapó los ojos y puede ver que ella aun seguía con aquella ropa sexy pero  mi sorpresa fue mayor cuando vi a mi lado a una mujer muy bella y exuberante también,  estaba vestida muy sexy con ropa de policía así que comprendí de donde habían salido las esposas, ella me dijo, no quieres cooperar así que vamos a sacarte esa leche a la fuerza,  le respondí, inténtalo, luego cambiaron la música a una música como de de Streep Thies.

Mientras ellas bailaban al ritmo de la música la que estaba de policía, con un ese palo de policía se lo pasaba por medio de sus pechos  mientras mi amiga del cyber me mostraba sus glúteos, luego su amiga pasó el palo de policía en medio de sus glúteos, mi erección se ponía como roca al ver a esa mujeres bailando y con aquellos movimientos yo quería estar sin aquellas esposas y poder lanzarme sobre ellas y ellas parece lo notaron y comenzaron a desnudarse al ritmo de la música hasta quedar sin ropa

Ellas juntaron sus pechos y se rozaban una a la otra y me veían como sufría de la excitación, ahora si nos vas a dar tu leche me dijeron las dos, así que les contesté sáquenla si pueden, ellas dos pusieron sus lenguas a trabajar con mi pene, mientras una lamía mi glande la otra lamía mis testículos, luego las dos comenzaron a chuparme el pene, una se lo tragaba y la otra metía mis testículos en su boca.

Así las dos comenzaron una buena chupada mientras yo me deleitaba viendo como lo hacían, pasaron varios minutos hasta que les dije, no aguanto más, ellas con una sonrisa se prepararon para recibir mi lechecita en sus pechos ya que me masturbaban con sus senos pegados una  a la otra hasta que finalmente eyaculé, solté 5 chorros de esperma en sus senos y parte de sus caras, luego ellas se sobaban los pechos con mi lechecita y se lamían lo que les había caído en sus caras mientras yo aun tenía una fuerte  erección.

Estaba algo cansado pero no agotado, ellas me miraron y me soltaron de la cama pero no me dejaron que me acomode, mi amiga se sentó sobre mi cara y la otra de una se sentó directamente en mi pene aun erecto y las dos sincronizaron sus movimientos de caderas de adelante hacia atrás mientras que con mis manos podía acariciar esos pechos mientras lamia aquellos labios vaginales ya húmedos.

Era una sensación muy excitante la que experimentaba mientras lamía y la otra me cabalgaba más  frenéticamente, podía oír aquellos gemidos llenos de placer hasta que las dos llegaron al orgasmo, pude sentir como chorreaba por mis piernas, el otro pude beberlo, ellas estaban muy contentas pero yo todavía no había eyaculado así que hice que las 2 se pongan en la posición del 69, me puse detrás  de mi amiga para penetrarla y de una vez la penetré por atrás, aproveché sus jugos para que la penetración fuera más fácil mientras podía sentir la lengua de su amiga lamiéndole su vagina y parte de mis testículos, comencé un mete y saca muy rápidamente que podía oírla gemir de pasión hasta que llegó a su otro orgasmo pero ya estaba muy cansada  pero su amiga me dijo ahora me toca a mí.

Y así lo hice, la puse en posición de perrito y comencé a penetrarla también por detrás muy suavemente y luego seguir más rápidamente mientras que con mis manos agarraba unos de sus pechos, estaban duritos y suaves a la vez, así que luego de eso me acosté pero sin sacarle el pene de su culito mientras ella me cabalgaba  dándome la espalda, yo me deleitaba acariciando sus  pechos y mi amiga me besaba apasionadamente, pude oír un gran gemido, sabía que había llegado al orgasmo y yo estaba a punto de eyacular pero ellas hicieron me hicieron una tijera, y comenzaron con bello movimiento de cadera hasta hacerme eyacular, quedé con mi pene aun erecto pero ellas ya estaban cansadas así que descansamos una media hora.

Seguimos así toda la tarde hasta la noche… espero que les haya gustado mi relato.

Autor: Mogoes

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El policía

Valió la pena el dolor tan intenso que sentí cuando me enterró su miembro en mi delicada y virginal concha, valió la pena haber manchado el colchón de sangre, valió la pena la marca que me quedó de las esposas, todo valió la pena porque el placer que sentí fue inigualable.

Me dicen Vicky, y todo comenzó cuando aún era virgen, 18 años, una chica muy bien dotada. Mi mejor amiga se llamaba Erika. Yo asistía a un gimnasio para mantenerme en forma, aunque sinceramente lo hacía más para ver descaradamente a los instructores quienes estaban muy bien dotados y tenían brazos fuertes y cuerpos apetecibles, sabía que eran algo mayores para mí, pero no le hice mucho caso.

Un día mi amiga hizo algo que no sé si fue para bien o para mal, presentarme a Tony, su amigo el policía, cuyo nombre verdadero prefiero no revelar debido a que esto es una historia 100% real y me sucedió hace algunos años. Tony tenía 23 años, y era policía de una de las alcaldías más reconocidas aquí en mi país. Era un tipo blanco, bastante corpulento, y sobre todo muy alto. Tenía ojos claros y cabello muy corto.

Al conocerlo y darle la mano, enseguida supe que tenía un algo especial que me atraía, quizás fue por su fuerte apretón de mano, del que creía iba a salir lastimada. Pasaron los meses y enseguida me encapriché con ese hombre, mi hombre y tenía que ser para mí a como diese lugar. Cada vez que nos veíamos me daba besos muy cerca de la boca provocándome e incitándome, en ciertas oportunidades hacía comentarios picantes, y cuando viajábamos juntos en el metro rozaba su cuerpo contra el mío apretando su miembro contra mi cuerpo y pidiendo disculpas debido a que había mucha gente.

Ese era un jueguito que me gustaba y se estaba convirtiendo cada vez más excitante, nunca había hecho algo así con nadie y ya la curiosidad era algo que me estaba volviendo loca, y que sólo había podido saciar tras varias jornadas de masturbación que me daba cuando estaba muy atrevida y caliente. Un día después de mucho derroche de atrevimiento empezamos a salir juntos y nos dimos ese tan ansiado y apasionado beso, nos hicimos novios un 2 de febrero y el 24 de febrero después de una proposición algo indecente y varios días de no dormir a causa de poder tomar la mejor decisión acepté.

Fue a recogerme a las puertas del gimnasio, yo tuve que mentirle a mi mamá diciéndole que iba a hacer un trabajo en casa de unas amigas, cuando en realidad iba a descubrir eso que llamaban ¡hacer el amor, tener relaciones, acostarme con alguien, entregar mi cuerpo! Apenas llegó, pude darme cuenta que había cambiado el papel ahumado de las ventanas, ahora era sumamente oscuro y era imposible poder ver nada adentro ni siquiera en el vidrio de adelante. Eso está prohibido aquí, pero como él era policía estaba autorizado.

Entré al carro y pude ver como aún cargaba puesto una chaqueta negra y el chaleco antibalas. Enseguida me puse cómoda, charlamos un rato mientras nos dirigíamos al que creía, sería un hotel. Me preguntó si estaba segura de lo que íbamos a hacer, que una vez que empezara no podría parar. Yo le dije que sí, aunque le confesé que tenía un poco de miedo, ya que como le había dicho esa era mi primera vez. Me dijo que para calmarme mejor me llevara algo a la boca y cuando bajé la mirada ya estaba bajándose el cierre del pantalón y sacando por un lado su erguido pene.

Aunque era virgen todavía ya había visto uno que otro miembro. Lo vi con cara de excitación, y el inmediatamente apoyando sus manos encima de mi cabeza la bajó y la puso en posición que quedara justamente enfrente de su pene. Sin dudarlo lo metí en mi boca y empecé a pasar mi lengua por la punta redonda y roja tal como lo había visto en una película pornográfica, humedecía mi lengua con bastante saliva la cual refregaba contra las paredes carnosas y rojas. Cuando estaba ya por finalizar mi labor, el carro se detuvo. Alcé la mirada para ver en donde nos encontrábamos y cuál fue mi sorpresa al ver que me había llevado nada más y nada menos que a una especie de alcabala en donde minutos antes había estado de guardia y en donde a veces le tocaba pasar la noche.

Era un lugar pequeño, con un parque infantil en la parte de atrás y que estaba algo escondido de la calle, casi no pasaba gente por esa zona, y cuando le pregunté qué hacíamos ahí, se acomodó el pene dentro del pantalón y salió del carro. Me abrió la puerta como cualquier caballero lo habría hecho y me invitó a entrar, me dijo que había convencido a un amigo de que él haría la guardia de esa tarde y que se fuera a descansar. Entramos y enseguida cerró puertas y ventanas y bajo las persianas.

Encendió el aire acondicionado y me llevó a la parte de atrás en donde había una especie de cuarto con una cama litera en donde quitándose los zapatos se me abalanzó encima y empezó a besarme muy apasionadamente en el cuello, me sacó lentamente la blusa de tirantes roja que llevaba puesta ese día y contempló durante unos segundos esos pechos jóvenes y virginales que nunca habían sido tocados por ningún otro hombre y cuyos pezones estaban bastante erguidos y lo suficientemente duros como para que se traspasaran y se notaran a través del sostén.

Pasó su lengua por encima de mis dos grandes y jugosos senos y siguió bajando pasando por mi ombligo y bajando hasta la entrada de mi vientre en donde me levantó en sus brazos y empezó a bajar el cierre de mi corta falda negra en donde aguardaba una muy diminuta tanga color blanca cuyo delicado hilo posterior realzaba la belleza y el buen contorno de mis firmes y provocativas nalgas. Me había depilado el coñito para la ocasión, y mi sexo yacía húmedo y caliente esperando que fuera tocado por las grandes manos de ese hombre quien había disparado a varios maleantes. Me dijo cierra tus ojos que te tengo una sorpresa, cuando lo hice se quitó la ropa que tenía puesta y sólo se quedó en interiores, escuché un ruido metálico y cuando abrí los ojos sentí el frío de unas esposas que me colocaba atándome a la cabecera de la cama. Me dijo no te asustes hoy será el día más feliz de tu vida te voy a hacer la mujer que ha sentido más placer en un sólo día.

Me quitó el sostén y la tanga y empezó a chupar apasionadamente mis pezones, los mordisqueaba y yo gemía de placer, le pedía que por favor no parara porque me gustaba mucho la sensación de sentir que me estaba comiendo las tetas. Casi me vuelvo loca del placer que me estaba proporcionando y no acababa de recuperarme de la mamada de mis tetas cuando enseguida sentí su boca y su lengua dentro de mi húmedo sexo, mi coño a reventar empezaba a latir al compás de las embestidas salvajes de la boca de Tony dando círculos en mi clítoris y haciéndome sentir la mujer más deseada del planeta. Yo no podía tocar su pene ya que tenía mis manos atadas a la cama, pero él se dio cuenta y volteándose me metió su pene en la boca y empezamos a hacernos un tremendo 69, con lo que llegamos a nuestro primer intenso orgasmo.

Mientras se recuperaba empezó a secar el exceso de jugo vaginal que salía de mi coño. Cuando acabó y ya nos habíamos recuperado de nuevo se puso encima de mí y me preguntó si ya estaba lista para retomar la acción y empezar el segundo round, contesté que sí que me rompiera la virginidad de una buena vez y que quería sentir todo su miembro dentro de mí. Puso su pene en la entrada de mi concha y empezó lenta y suavemente a empujar hacia adentro. Mientras hacía círculos sobre mi clítoris con sus dedos, y estimulaba el punto G con su pene dentro de mí.

Ahh estaba volando de placer no cabía dentro de mí, todo lo que estaba sintiendo era maravilloso, mis uñas empezaban a clavarse en su espalda, lo arañaba y lo mordía salvajemente tal como lo estaba haciendo él dentro de mí… Uffff no pudimos más y automáticamente sacó su pene de mi concha, lamió mi vagina, mordió mi clítoris y puso su pene dentro de mi boca donde eyaculó bestialmente mientras yo llegaba increíblemente al orgasmo con sus dedos moviéndose en círculos sobre mi clítoris.

Aaaahhhhhh que orgasmos tan buenos, valió la pena el dolor tan intenso que sentí cuando me enterró su miembro en mi delicada y virginal concha, valió la pena haber manchado el colchón de sangre, valió la pena la marca que me quedó de las esposas, todo valió la pena porque el placer que sentí fue inigualable… Luego él se vistió, yo lo imité y salimos a la parte delantera de la estación policial como si ahí nunca jamás hubiese pasado nada…

Autora: Vicky

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