Estudiante de fisioterapia II

Maca empezó a comerle la boca apasionadamente y Lucía sin darse cuenta respondió al beso. Pensaba que no era lesbiana, pero le gustaba y estaba muy cachonda. Macarena fue bajando por su cuerpo, deleitándose con los pezones, chupándolos, mordiéndolos, estrujando el otro pecho. Lucía no paraba de jadear e inconscientemente fue bajando la cabeza de la otra chica hasta su vagina.

Preparación.

Aquella mañana había estado con una sensación confusa, excitada y avergonzada, y a la vez se sentía nerviosa por lo que les esperaba aquella tarde.

Lucía vivía en un piso compartido por tres estudiantes más, dos chicas y un chico.

Al levantarse se dirigió directamente al baño, intentando olvidar todo lo pasado, y al entrar se encontró con su compañero, Alan. Él estaba saliendo justamente en ese momento de la ducha por lo cual estaba completamente desnudo. Ella al principio no pudo dejar de observar su pene y cuando reaccionó se sonrojó y salió corriendo en dirección a la cocina.

Allí se encontraba Miriam, una chica rubia de profundos ojos marrones, cuerpo pequeño, con poco pecho, pero con un culo respingón. Era la lujuria en persona.

– Buenos días, Lucía. ¿Qué tal ha ido la noche? ¡Vaya fiestecita te montaste en tu cuarto! – Buenos días, Miriam. – Vaya, qué humor tienes esta mañana… no que tu amante te hubiese dejado a medias…

En ese momento entró Alan, ya vestido, para desayunar.

– ¿Con que Lucía tiene un amante y lo trae a casa, eh? Tendré que vigilar quien amenaza con ocupar mi lugar de macho de la casa…- ¡Dejaos de gilipolleces! Yo no tengo ningún amante.- Ya, ya… “Pablo, sigue, dame tu polla, si, así…”- ¡Cállate!- “Pablo, sigue, sí, sí, aaaahhh, córrete en mi boca, soy tu perra, aaahhh…”

Lucía no lo soportaba más, quería olvidarlo y así no lo conseguía. Se levantó hecha una furia y se dirigía a salir por el pasillo, pero Miriam seguía con su burla.

– Lo que yo te diga, Alan. Esta está de un humor de perros porque no se la han follado bien…- ¡Deja de decir mentiras, guarra! Si hay alguien aquí que es una zorra esa eres tú que no dejas de pasearte en ropa interior casi inexistente por toda la casa y cada día sale un tío diferente por la puerta de tu habitación.

– Será porque no soy una reprimida como tú. Parece mentira que estés medio día en pelotas en clase y seas tan estrecha…

Lucía se marchó indignada, pero sabía que lo que decía Miriam era cierto.

– Vaya, creo que se ha cabreado de verdad. Quizás te has pasado Miriam.- Alan, créeme que es por su bien, tiene que soltarse y disfrutar de su sexualidad.- Ojalá la pudiera disfrutar conmigo porque mira como me ha dejado desde que ha entrado en el baño y veros pelear me ha puesto aún más cachondo.

– Ya lo veo, cariño, pero no te lo pondré tan fácil. La primera en comerse su coño y probar sus tetazas seré yo.- No me digas eso porque en cuestiones de sexo no hay quien me gane.- Que creído, cielo, ven aquí que vas a saber lo que es bueno.

Mientras iban retándose, Alan y Miriam se habían ido acercando hasta que no pasaba aire entre sus cuerpos y la tensión sexual cada vez era mayor. La ropa voló por la cocina y el suelo se convirtió en el campo de batalla.

A todo esto, Lucía había decidido coger el transporte público para llegar a la universidad. Durante todo el trayecto no dejó de pensar en el día anterior, en lo sucedido esta mañana, en lo que le espera ahora…

Cruzó la puerta, subió las escaleras y vigilando que nadie la viera entró en la sala de profesores. Nada más entrar Pablo cerró con llave la puerta y empezó a desnudarla.

– Te dije que el sujetador y las bragas no lo necesitarías más, te ves mejor sin ellos.- Por favor, lo de ayer, fue un error…- Lo de ayer sólo fue el principio, pero para continuar hay que hacer unos preparatorios antes. Cuando acabes las clases vendrás a buscarme aquí y te vendrás conmigo. Para irte preparando, te vas a poner esta ropa.

Le dio unas mallas ajustadas, un vestido camisero dos tallas más pequeño y unas botas con un tacón de vértigo. No dejó que fuera al vestuario a cambiarse y se vio obligada a hacerlo delante de él. Cuando finalizó él dio los últimos retoques.

– Estas mallas te hacen unas piernas para comérselas, no se por qué no te aprovechas de ello, pero deben ir un poco más arriba para que se aprecie bien toda tu anatomía – refiriéndose a sus labios vaginales, paseando su dedo por ellos – El vestido te hace unas tetas impresionantes, mira como me has puesto la polla. Pero este botón mejor sin abrochar.

Sus pechos estaban muy prietos y soltar el botón dejó poco trabajo a la imaginación para saber como eran. Pablo se colocó detrás suyo y le colocó su pene entre las nalgas mientras le sobaba las tetas.

– ¡Qué culo y qué tetas tienes! Verás que si colaboras y eres buena te lo pasarás bien, es lo que quieres.- No, yo no quiero esto…- Claro que sí, zorrita, mira como reacciona tu cuerpo…

Ella no era consciente hasta que él se lo dijo. Sus pezones querían escaparse de la camisa, estaban muy excitados. Él la puso contra la pared y empezó a restregarle el pene por su culo sobre la ropa, ella empezó a jadear, se sentía muy cachonda, pero no quería que fuese así.

Él abrió la puerta y la obligó a salir. Sin más, Lucía se vio expuesta a los demás alumnos que no dejaban de mirarla. Sonrojada, entró rápidamente en clase y se refugió en la última fila, no quería ver de cerca a Pablo.

Por su parte, Pablo no tenía intención de dejar que se le pasara el calentón a Lucía y durante toda la clase estuvo con la fusta arriba y abajo. Finalizó la clase y ella marchó corriendo rumbo al vacío vestuario, entró, se encerró, se sentó y no cesaba el caliente recuerdo de la fusta. No se dio cuenta hasta que alcanzó el orgasmo de que se estaba masturbando, pero ella tenía sólo dos manos y alguien le estaba amasando sus pechos desde la retaguardia. Quiso voltear y ver quién era, pero fue demasiado tarde.

Las clases finalizaron y todo el mundo se marchó. Se dirigió en busca de Pablo, pero esta vez, sin saber por qué, le apetecía ir, estaba muy cachonda. Picó en la puerta y no le dio tiempo ni de entrar pues Pablo la cogió por el brazo y la condujo hasta su coche.

Hacía 5 minutos que habían cogido el coche y aún permanecían en silencio.

– Te lo has pasado bien esta tarde sin mí, ¿no?

Ella no sabía qué decir.

– No hace falta que me digas nada, tú cara habla por ti. Eres una gran puta y esta tarde has actuado como tal.- Yo no he hecho nada…- ¿Te piensas que no sé que has estado masturbándote con compañía en el vestuario? Además, reconócelo, te gusta tu ropa, te hace sentir más zorra…

Se quedó en silencio, era verdad. La mano de Pablo le desabotonó la camisa exponiendo los pechos en medio de la carretera.

– Pablo, por favor, no…- Calla, te voy a dar lo que te mereces.

Empezó a ver como los pasajeros de otros vehículos la observaban e intentaba taparse. Aprovechando un semáforo Pablo le enmanilló los brazos por detrás del asiento del copiloto y le introdujo un pequeño vibrador en el coño.

Lucía no podía cubrirse, estaba totalmente expuesta, y lo peor era que lo disfrutaba. Pablo accionaba el vibrador con un pequeño mando y le profirió varios orgasmos a la muchacha. Había bajado las ventanillas y todos la oían, pero ella estaba en estado placentero y no era consciente.

Ya no podía más y no se percató de que habían llegado a su destino. Él la liberó, le abotonó el vestido y la condujo hacia un centro de estética.

– Don Pablo, ¿En qué podemos servirle?- Hola Maca, necesito que la depiléis y un tratamiento de relajación completo.- Muy bien, venga por aquí, señorita.

Lucía se dejaba llevar. La desvistieron y la tumbaron en una camilla boca arriba. Sin darse cuenta empezó a notar como le depilaban su coño. Tenía muy sensible la zona y cada tirón le hacía soltar un gemido. Estaba exhausta y no se percató de que la tumbaron y empezaron a masajearle la espalda. Estaba en la gloria. El masaje fue descendiendo y un dedo se empezó a meter por su raja. Lucía se giró para protestar, pero los labios de Maca lo impidieron.

Maca empezó a comerle la boca apasionadamente y Lucía sin darse cuenta respondió al beso. Pensaba que no era lesbiana, pero le gustaba y estaba muy cachonda.

Fue volteando hasta quedar boca arriba sobre la camilla mientras no dejaba de jugar con su lengua. Macarena fue bajando por su cuerpo, deleitándose con los pezones, chupándolos, mordiéndolos, estrujando el otro pecho… Lucía no paraba de jadear e inconscientemente fue bajando la cabeza de la otra chica hasta su vagina.

No sabía si Macarena era homosexual, pero tenía que reconocer que era una experta en el sexo oral. Le estaba haciendo un cunnilingus impresionante, introduciendo su lengua hasta lo más profundo, devorando todo los rincones, sorbiendo su clítoris… sin olvidar su punto g. Lucía no sabía por qué, pero quería hacer disfrutar a Maca, aunque esta se lo impidió.

– No, princesa, sólo tú.

Los jadeos de Lucía se transformaron casi en gritos y en el momento en que se avecinaba su orgasmo, la esteticién cesó.

– Don Pablo, como a usted le gusta.

Lucía, decepcionada y muy caliente, volvió a subir al coche de Pablo y se dejó conducir hasta su próximo destino: casa de Pablo. En el dormitorio le dio un paquete.

– Póntelo y búscame.

Continuará…

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Autor: nayandei

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