El bus

Mi cuerpo se abandonó al placer, mientras mi mente seguía lanzando imágenes de Toni, lamiendo mis pezones al igual que yo lo estaba haciendo con mi saliva y mis dedos, bajé mis manos hasta mi coño y mientras un dedo se escurría dentro de mi vagina, mi otra mano acariciaba mi clítoris, en mi mente se reproducía la imagen de Toni entre mis piernas bien abiertas comiéndose mi jugoso coño.

Comenzaban las vacaciones de Navidad e iba en un autobús de camino a Alicante, a pasar las navidades con un amigo muy especial, un amigo que me gustaba mucho y no podía imaginar cuanto le gustaba yo a él y cuanto me deseaba, hasta que en un momento determinado recibí un mensaje en mi móvil, era de Toni, mi amigo, y me decía:

¿Cuándo llegas? Estoy deseando verte y desnudarte entera para comerte toda. Sólo de pensarlo mi faro está muy duro. Aquello me dejó a cuadros al principio, estaba acostumbrada a que Toni soltara unas bromas gordísimas, pero eso fue ya el acabose, me quedé intrigadísima, y con la mosca detrás de la oreja, si sería una broma o la verdad.

Dentro de mí, quería que fuera verdad, yo le deseaba muchísimo, el resto del viaje ya no pude pensar en otra cosa que no fuera ese mensaje, no dejaba de imaginar a Toni sobre mí, besándome, acariciándome, recorriéndome entera, y mi temperatura no dejaba de subir, a pesar de estar en pleno invierno, me puse sudando, me molestaba todo y me entraron unas ganas irrefrenables de masturbarme.

El problema era que el autobús estaba bastante lleno, pero mi cuerpo me pedía guerra y no era bueno que me reprimiera porqué luego sería peor cuando llegara a la estación y viera a Toni allí, no sé si sería capaz de soportar sin tirarme encima de él, cuál tigresa sobre su presa y comérmelo allí mismo. Así que cogí mis cosas y me dirigí a la parte de atrás del autobús donde parecía haber menos gente, además que tendría menos probabilidad de que alguien notara lo que estaba haciendo.

Aprovechando que llevaba un abrigo enorme, se me ocurrió una idea para poder masturbarme tranquilamente, sin miedo a las miradas indiscretas. Me lo puse por encima, y la verdad es que me tapaba entera, de forma que nadie vería lo que hacía debajo. Poco a poco me fui subiendo el jersey, acariciándome suavemente, en mi mente soñaba que era Toni quien me acariciaba, después con lentitud llegué a mis senos y por encima del sujetador empecé a acariciar mis pezones, que estaban muy duros, sólo de pensar en Toni desnudo, me ponía a cien, no sé lo que tiene mi amigo pero lo único que sé, que al pensar en él se me sube la temperatura rápidamente.

Después desabroché mi pantalón y metí mis manos en mis bragas, me acariciaba suavemente de arriba abajo, como si fuera Toni quien lo hacía, mi imaginación en esos momentos era crucial. Cerré los ojos y mientras me acariciaba los pezones y el clítoris, pensaba en Toni y en mi, solos en una habitación, él me desnudaba poco a poco y me acariciaba suavemente poniéndome la piel de gallina, después me recorría con sus labios, así que yo para imitar lo de mi imaginación cogí mis dedos y los lamí bien para pasármelos por mis pezones y mi coño, como si estuviera con él de verdad.

Poco a poco mi cuerpo se abandonaba al placer, mientras mi mente seguía lanzando imágenes de Toni, lamiendo mis pezones dulcemente al igual que yo lo estaba haciendo con mi saliva y mis dedos. En un momento determinado, bajé mis manos hasta mi coño y mientras un dedo se escurría dentro de mi vagina, mi otra mano acariciaba mi clítoris, en esos momentos en mi mente se reproducía la maravillosa imagen de Toni entre mis piernas bien abiertas comiéndose mi jugoso coño…

El placer que sentía mi cuerpo cada vez era más intenso, alargué una de mis manos hacia mis pezones y no dejaba de acariciarlos, mientras me follaba a mi misma con mis dedos, los metía y sacaba cada vez más rápido, sentía el placer cerca, así que incrementé más mi velocidad, y al mismo tiempo que Toni sacaba su faro y llegando al clímax me bañaba en su miel, mi cuerpo llegó al éxtasis total, derramándose mis jugos sobre mis dedos y mis bragas.

Saqué mis dedos del coño, me abroché el pantalón y chupé los jugos que habían quedado en ellos, los limpié bien, pero seguía quedando ese olorcito de coño húmedo y satisfecho. Me compuse como pude el sujetador y la ropa, y me quedé allí satisfecha y feliz, esperando llegar pronto a mi destino. Pronto llegué y allí estaba Toni esperándome con una sonrisa en la boca, me acerqué a él y como si hubiera leído mi mente, cogió la mano con que me había estimulado y chupó mis dedos y me dijo: Has disfrutado el viaje, ¿eh?, preciosa. Pues no sabes las navidades que te esperan. FIN.

Autora: noorgad2000

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Desenfreno

Me chupé la mano para mojar la punta de mi poya y no metérsela seca, la restregué toda por su rajita, y se la clavé hasta dentro. La agarraba de las ingles para traerla hacia mi y clavársela una y otra vez. Le daba palmadas en su culo. Ella no paraba de decirme que era un auténtico animal, un toro, una máquina y no se cuantas cosas más.

La historia que os voy a contar me ocurrió hace ya algún tiempo. Conocí en un chat a una mujer de 42 años, separada. Empezamos a hablar de muchas cosas, hasta que surgió la inevitable conversación sobre sexo. Ella me contaba sus experiencias y yo le hablaba de las mías, de mi comportamiento en la cama, de mi ternura, de la pasión que saco en todo momento cuando estoy haciendo el amor.

Después de un tiempo de tener charlas frecuentes a través del ordenador y por teléfono, decidimos quedar para vernos. Elegimos una ciudad que sirviera de punto intermedio para nuestro encuentro. Nos tocó en suerte una que tenía mar, lo cual hizo que a pesar de que era invierno nuestro encuentro fuera muy, muy caliente…

No me gusta conducir demasiado, nunca me ha gustado, así que acudí a la cita en autobus. En el camino el estómago me hervía por los nervios y, para mi mala suerte, estaban de obras en la autovía con lo que el viaje, que en principio tenía que durar una hora, me supuso tres.

Al llegar al hotel, en recepción, me dijeron que mi acompañante ya había llegado, habíamos decidido que quien de los dos llegara antes subiría a la habitación para encontrarnos allí y de esa forma, hacer que nuestro encuentro fuera lo más íntimo posible. Estaba nervioso y sudoroso….Antes de subir entré en los servicios de la planta baja para lavarme la cara y tranquilizarme. Después tomé camino hacia el ascensor.

Al llamar a la puerta de la habitación el corazón me latía con intensidad. Cuando se abrió se me desbocó totalmente. Allí estaba Mar, que se abalanzó sobre mi para darme un abrazo.

– Vaya, eres muy guapo. – Tú también, le dije.

Me quedé totalmente pasmado. No esperaba que fuera tan efusiva. La abracé, pero enseguida me aparté para buscar la puerta del balcón de la habitación y, con la excusa de fumar un cigarro, tomar un poco de aire y tranquilizarme. Era la primera vez que hacía algo así y por aquellas fechas, no tenía demasiada experiencia con mujeres.

Ella salió conmigo al balcón, me notó nervioso, me lo dijo, y me abrazó según ella para tranquilizarme, aunque lo que consiguió fue que mi poya empezara a crecer y crecer debajo de mi pantalón de una forma considerable. Empecé a apretarla contra mi con mucha fuerza e intensidad, comencé a besarla, mis labios buscaban los suyos con ansiedad y nuestras lenguas empezaron a retorcerse dentro de nuestras bocas.

Mis manos recorrían su cuerpo, apretaban su culo, su hermoso culo. Mar estaba algo rellenita pero muy contorneada y llena de curvas que al recorrerlas, me estaban poniendo muy, muy caliente. Mi pene ya estaba enorme los slips me apretaban muchísimo, que ganas de liberarlo y dejarlo suelto me estaban entrando. Le dije que pasáramos dentro, ella entró a la habitación primero, yo me tardé apenas unos segundos más, justo el tiempo de apagar el cigarro.

Cuando entré me la encontré ya metida en la cama, mostrándome sus pechos. Al verla me salió un suspiro. Tenía ansias de penetrarla, de follármela hasta correrme dentro de ella una y otra vez. Por teléfono me había dicho que no había problema, ya que llevaba puesto un diu, además como en esos momentos tenía la regla se había puesto también un diafragma para no manchar nada. Yo que no entendía nada de esos aparatejos, me convertí en poco tiempo en un experto.

Me quedé totalmente desnudo. Estaba muy excitado. Ella también lo estaba, muchísimo. Cuando vio mi poya la vi como relamerse. Que ganas tenía de que se la clavara hasta el fondo… Saqué mi lengua, la situé la puntita en el clítoris y muy suavemente empecé a estimularlo. Mi boca chupeteaba también. Alternaba lametón y chupadita.

Mar tenía un coño precioso. Su vello era rubio y estaba muy bien depiladito. Tal vez fuera eso lo que me hizo que se lo estuviera mamando más de una hora….Ella alucinaba, me decía que jamás nadie le había dedicado tanto tiempo a su rajita, pero a mi me encanta chupetear un buen coño.

Cuando acabó corriéndose en mi boca su cuerpo se convulsionaba sin parar, arqueaba sus caderas, eso me hacía subir y bajar la cabeza tras su rajita para seguir prolongando la intensidad de la corrida sin dejar de chuparle, para buscar todo su flujo y bebérmelo…Porque me encanta limpiar un coño con mi boca después de una corrida.

Ella andaba preocupada porque yo todavía no me había corrido, después de dos horas de andar en la cama con ella. Pero a mi eso me da absolutamente igual, no hago el amor para correrme sino para disfrutar intensamente en todo momento, y sin correrse incluso se puede disfrutar. Le dije que se pusiera a gatas porque es una posición que me gusta.

Me chupé la mano para mojar la punta de mi poya y no metérsela seca, la restregué toda por su rajita, y se la clavé hasta dentro. La agarraba de las ingles para traerla hacia mi y clavársela una y otra vez. Le daba palmadas en su culo. Ella no paraba de decirme que era un auténtico animal, un toro, una máquina y no se cuantas cosas más.

Nos mirábamos mientras follábamos en los espejos del armario, que estaba justo en paralelo con la cama, daba la sensación que hubiéramos dos parejas follando a la vez. Ya llevaba como cuatro horas follándomela y todavía no me había corrido pero ella volvió a correrse. Le dije que se fumara un cigarro tranquila que a mi me daba igual correrme o no. Le encendí un cigarro, se lo dí. Fue a levantarse para ir al cuarto de baño y limpiarse un poco, quitarse el diafragma y ver si había manchado.

Cuando se levantó las piernas le temblaban.

Autor: delfin2010

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La clase de anatomía

La visión de la vagina de Ana, bajo su redondo trasero fue todo el estímulo que yo necesitaba. Le metí mi trozo de carne sin hacer daño. Mientras le aferraba las tetas y tenía una gloriosa vista de su culo, bombeaba una y otra vez, hasta que me corrí como si llevara una semana en vela. Entretanto, el conserje se había tendido en la camilla y las dos chicas se le habían encaramado encima.

Describir y explicar el funcionamiento de los órganos sexuales puede ser peligroso con alumnas cachondas…

Supongo que debería presentarme, pero discúlpenme si no lo hago. Si alguno de mis colegas del instituto se entera de lo que pasó la otra tarde, tendré muchos problemas, así que sólo seré “El Profe” en este relato.

Soy profesor, cierto, y doy clases a estudiantes de formación profesional en enfermería y ayudantes de laboratorio, entre otras especialidades. Me gusta sobre todo darle clases al grupo de auxiliares de enfermería, pues son todas chicas y no excesivamente jóvenes (la que menos tiene,  es 20 años). Este año me ha tocado un grupo pequeño, son 8 chicas de las que sólo tres asisten regularmente. Eso me ha sorprendido, pues no es frecuente que la dirección haga unos grupos tan reducidos, pero me viene de perlas, pues con un grupo tan pequeño las clases son muy relajadas y avanzamos muy deprisa en el temario. Y si de 8 chicas más de la mitad falte tanto, es algo normal, pues muchas están trabajando por la mañana.

Creo que olvidé decir que mis clases son por la tarde. A esas horas, el instituto está casi vacío, sin las locuras de los chicos de la mañana. Imaginen un edificio con 57 aulas, de las que sólo están ocupadas 5 por la tarde. Y a última hora del viernes, es frecuente que la única sea la mía…

El día en que pasó todo era precisamente un viernes. A última hora tocaba Anatomía, una asignatura realmente aburrida, con descripciones y más descripciones de órganos. A veces incluso es desagradable si las imágenes que tengo en las diapositivas son disecciones de cadáveres. Para la clase del viernes yo siempre he preferido buscar los temas más atractivos, y que no se lleven un mal recuerdo a casa para el fin de semana. Hay un tema que casi nunca he podido explicar por falta de tiempo, y es el de los órganos sexuales. En realidad, visto lo que me pasó, puede que ya sospechara lo que podía suceder… Pero esta vez, como ya dije, llevo el temario adelantado, así que pensé que bien podía dar ese tema. Discúlpenme, pero estoy tan nervioso… No me acordaba de que también tenía que hablar de las chicas. Sobre todo de las tres que siempre asisten. No puedo dar sus nombres reales, así que las llamaré Ana, Bea y Carmen.

Ana tiene, creo recordar, 21 años. Es morena, alta, de cara redonda y labios muy sensuales. Sus ojos son oscuros y tiene unas pestañas enormes que es como si te abanicaran cuando te mira fijamente (lo que hace muy a menudo cuando estoy explicando algo). También tiene unos pechos grandes, que no suele esconder pues prefiere las blusas escotadas. Además, suele llevar falda y se sienta en primera fila, así que ya pueden imaginar cómo me siento. Bea es rubia, pequeña, de cara ovalada y pelo corto. Usa gafas, así que no puedo describir sus ojos. La boca es pequeña, pero los labios son carnosos y ella los destaca más usando carmín de colores intensos. Sus pechos son más bien pequeños, pero muy bien proporcionados. Aunque no me fijo directamente en eso, por motivos evidentes, creo que aborrece el uso del sujetador. Suele vestir ropa muy ajustada, casi siempre pantalones.

Carmen se parece a la gitana de la ópera con ese nombre. Pelo negro, larguísimo, que suele llevar suelto. Ojos negros, con enormes pestañas. Boca sensual. No es demasiado alta y tiene un pecho muy generoso que no suele ser evidente, pues prefiere usar suéteres holgados con pantalones vaqueros. Por su estrecha cintura y sus caderas, yo diría que no está muy lejos del clásico 90-60-90.

Bien, vuelvo a la tarde del viernes. Heme allí con las tres chicas y mis diapositivas preparadas. Primero paso lista y tomo nota de las que faltan, luego empiezo a explicar el tema. Noto alguna mirada de complicidad entre ellas, pero no le doy importancia, como hago siempre. Ni siquiera había notado que Carmen llevaba falda, algo rarísimo en ella; también Bea se había puesto una falda corta.

En una ocasión en la que estaba escribiendo en la pizarra, al darme la vuelta sorprendí un movimiento de Bea, que estaba descruzando las piernas. Juraría que… no, es imposible… Volví a escribir otra cosa en la pizarra y a darme la vuelta, ¡otra vez estaba moviendo las piernas! Y lo hizo tan despacio que esta vez no tuve dudas: ¡no tenía bragas! Bueno, tragué saliva y seguí con la clase. Traté de mostrarme lo más profesional posible: no era la primera vez que una alumna intentaba seducirme, siempre sin éxito. Más de una ha creído que podía compensar una nota baja si me ofrecía su cuerpo, incluso hay quien lo ha dicho claramente, pero yo lo tengo claro: no quiero problemas con las alumnas.

Cada vez que escribía algo y me volteaba para comentarlo, podía verle el pubis, con los rizos claros. Y entonces comprobé que no era la única. Ana también hacía juegos con las piernas, y en uno de esos vi los mechones negros de su pubis. Incluso Carmen hacía lo mismo, ¡juraría que lo tenía afeitado! Yo estaba cada vez más nervioso, así que decidí dejarme de explicaciones y pasar a las diapositivas. ¡Había olvidado cuál era el tema que estaba tratando, y qué diapositivas había elegido! De lo contrario, nunca se me habría ocurrido poner aquellas imágenes a unas chicas tan cachondas.

Empecé con las imágenes. Primero, órganos sexuales femeninos y masculinos. No se trataba de cortes o disecciones, sino de imágenes de personas vivas. Cuando vi las primeras diapositivas de vaginas sentí un calor que me subía por la espalda. Por suerte había apagado las luces, porque seguro que me puse rojo de vergüenza. No dejaba de asociar aquellas imágenes con lo que le había visto a las tres chicas. Ellas cuchicheaban entre sí.

Luego pasé a las imágenes del órgano masculino. Aquí, ellas lanzaron exclamaciones de sorpresa, incluso algún comentario soez. Sobre todo cuando apareció un soberbio miembro masculino mostrando los mecanismos de la erección. Oí algún ruido de movimientos… Lamenté no tener más imágenes. Estaba muy nervioso y no sabía cómo continuar. Encendí las luces y me entretuve desmontando el proyector. Es entonces cuando Bea dice:

-Profe, ¿no tiene imágenes de los órganos sexuales secundarios? -Pues no, ¿por qué lo dices? Puedo ir a buscar algunas a mi despacho… – ¿Para ver tetas? ¡No gracias! Lo digo porque tal vez usted quiera ver las nuestras…

Y mientras decía esto, se levantó la blusa. Ciertamente, no llevaba sujetador. Sus pechos eran redondos y los pezones muy marcados en medio de una aureola oscura. Traté de seguirle la corriente y me acerqué lo más serio posible.

-Bueno, veamos. Aquí tenemos un par de senos femeninos. Podemos observar su forma redondeada. Aquí se sitúan las glándulas mamarias que desembocan por los canales lactíferos en el pezón, que como pueden apreciar es netamente hipermelánico.

Mientras decía todo esto, la tocaba. Trataba de hacerlo de forma fría, pero me resultaba imposible. Ella suspiraba bajo mi tacto y yo sentía el miembro viril tieso, que tenía que notarse en mi pantalón. De hecho, creo que las otras dos apenas miraban lo que estaba mostrando, sus ojos estaban algo más bajos, hacia mi entrepierna. Entonces, Ana se levantó la blusa y se soltó el sujetador rosa que llevaba.

-Profe, ¡mire mis senos! Y Carmen hizo lo mismo: se sacó la blusa sobre la cabeza y desabrochó un corpiño blanco. – ¡Y los míos! Bea, siempre la más atrevida, dijo a continuación: -También deberíamos ver el miembro del profe. Parece presentar un buen ejemplo de erección.

Y antes de que yo me diera cuenta, ella estaba manipulando mis pantalones. Cuando liberó mi verga, soltó una exclamación.

– ¡Madre mía! ¡Vaya ejemplar! Las otras dos chicas se habían levantado sus faldas y se tocaban sin ningún disimulo. Bea cogió mi polla erecta y empezó a chuparla.

Yo no podía resistirme. Acerqué mi mano a la entrepierna de la chica y lo noté húmedo y caliente. Con la otra mano aferré uno de sus diminutos senos, comprobando que cabía perfectamente en mi mano. Estuve así un par de minutos, hasta que la sensatez volvió a mi cabeza. Decidí agarrar el toro por los cuernos. Seguiría con la clase…

-Bueno, ahora vamos a ver las técnicas de estimulación sexual. Lo que está haciendo Bea es una forma de estimular al varón, pero ahora yo quiero mostrarles a ustedes cómo explotar la sensibilidad cutánea femenina. Bea, por favor atiende. Carmen, ¿no te importa servir de modelo? – ¡Claro que no, profe! ¿Qué debo hacer? -Simplemente tiéndete aquí.

No lo había dicho, pero en el aula hay una camilla que se usa en diversas clases. En ella se tendió Carmen boca arriba. Yo era muy consciente de sus enormes pechos y de su pubis depilado, pero guardé la compostura.

-Supongo que ustedes sabrán que el cuerpo femenino tiene gran número de zonas erógenas repartidas por toda la piel. Por eso una buena estimulación se puede lograr mediante el tacto. Podemos, por ejemplo, tocar aquí…

Empecé a acariciarle los pies. Lo hice muy despacio para que ella apreciara toda la intensidad del contacto, y para que sus compañeras comprobaran el efecto. Acompañé mis caricias con la lengua. Uno a uno, fui chupando todos sus dedos, mientras acariciaba los tobillos. De esa forma fui avanzando por ambas piernas, usando ambas manos y la lengua. Carmen se estremecía de placer…

Cuando llegué a la parte superior de los muslos, me quedé en el exterior de los mismos, y seguí subiendo por las caderas hasta los brazos. Sin perder el contacto, llegué hasta las manos y repetí el tratamiento con la lengua. Fui desplazando mi contacto por ambos brazos hasta llegar a los hombros. Entonces pasé a la cabeza. Le acaricié el cabello, la frente, los párpados, la nariz. Le chupé los lóbulos de las orejas, luego repasé sus labios con mis dedos. Esta vez puse mis labios sobre los suyos y le di un beso profundo. Ella mantuvo su boca abierta y me dejó meterle la lengua, que recorrió todo el interior de su boca.

Entretanto, mis manos habían recorrido su cuello y llegado a los senos. Los acaricié mientras separaba mis labios de los suyos, y mi boca seguía a mis manos hasta llegar a los pezones. Siempre me ha gustado imitar a los niños de pecho, y aquí tenía una buena oportunidad, así que no la desperdicié. Chupé y chupé con fuerza como si esperara que de un momento a otro surgiera la leche materna. Tanto Ana como Bea pudieron comprobar cómo Carmen lograba un par de orgasmos sin siquiera tocarle la zona genital. Aunque creo que Ana también tuvo su propio orgasmo, esta vez gracias a la acción de su mano en los genitales.

Entretanto, yo reanudé mi recorrido por el cuerpo de Carmen. Seguí bajando hasta llegar a la flor húmeda, caliente y abierta situada entre las piernas. Tenía la piel suave, ¡se había afeitado hacía muy poco tiempo! Esta vez introduje mi lengua entre los pliegues de sus labios inferiores. Notaba el sabor salado de sus jugos. También notaba el clítoris tieso como si de un diminuto pene se tratara. Ella no cesaba de estremecerse de placer. Al fin me decidí a dar el siguiente paso.

-Bien, creo que ahora ya está suficientemente estimulada para proceder a la penetración. Observen como el pene se introduce en la vagina, que está perfectamente lubricada y dispuesta para la operación.

Mientras decía lo anterior, aferré mi verga y la acerqué al caliente agujero. Entró como una llave en la cerradura perfectamente lubricada.

-Para continuar con la estimulación, se suelen hacer movimientos de vaivén como éstos que estoy haciendo… hasta que se alcanza la meseta orgásmica en la mujer y se produce la eyaculación en el hombre.

Ni Ana ni Bea me hacían caso. Se estaban besando y tocando muy íntimamente. La visión tortillera me estimuló aún más y me derramé dentro de la chica. Ella gemía y se estremecía como si le fuera la vida en ello. En ese preciso momento, se abrió la puerta y entró un hombre. ¡Me había olvidado del conserje! -Perdonen, pero hace una hora que terminaron las clases y… Al ver el espectáculo, se quedó con la boca abierta. Yo saqué mi miembro de Carmen e iba a decir algo, cuando Ana se le acercó al conserje y le dijo:

– ¡Qué oportuno! El profe necesita refuerzos, creo.

Y diciendo esto le puso la mano en el paquete. De inmediato empezó a manipular la bragueta. Bea le echó una mano y en un periquete estaba el hombre desnudo, con las dos chicas jugueteando con sus testículos y su pene. Entretanto, Carmen se dedicaba a reanimar mi exhausto miembro, usando su boca de una forma muy experta. Pero yo quería cambiar de tercio, así que la dejé con un beso y me acerqué a Ana. Carmen relevó a Ana en el trabajo con el conserje. Y Ana se quedó conmigo.

Yo estaba cansado, pero siempre había tenido ganas de follarme a Ana. ¡Eran demasiados días de tener que conformarme con unas pajas al salir de clase! Ya tenía de nuevo el miembro a punto así que casi sin esperar le dije que se pusiera en cuatro patas. La visión de su vagina bajo su redondo trasero fue todo el estímulo que yo necesitaba. Le metí mi trozo de carne con fuerza, pero sin hacer daño pues ella estaba más que dispuesta. Mientras le aferraba las tetas y tenía una gloriosa vista de su culo, bombeaba una y otra vez, hasta que me corrí como si llevara una semana en vela.

Entretanto, el conserje se había tendido en la camilla y las dos chicas se le habían encaramado encima. Bea se montó encima de su polla mientras que Carmen colocó sus piernas sobre la cara del chico, para que le lamiera las interioridades. Además, las dos chicas no estaban conformes con eso y se tocaban y besaban con profusión.

Aproveché que Carmen y Bea iban a intercambiar sus posiciones, para llevarme a Bea y dejar que Ana la sustituyera en la boca del conserje. Me senté en una silla y Bea se sentó sobre mí, clavándose mi pene hasta lo más profundo de su vagina. Me daba la espalda, así que le aferré los diminutos senos y la dejé que ella llevara todo el esfuerzo de la estimulación. Como buena amazona, al poco estaba gimiendo de placer y yo sentía que las fuerzas volvían a mi sufrido miembro. Parecía imposible, pero aún me quedaba semen por verter en un último orgasmo.

A todo esto, el conserje prefería hacer como en las películas porno, y se masturbó frente a las dos chicas, llenándoles la cara con su leche. Bien… sin decir palabra, el hombre se vistió. Yo también me vestí mientras las tres chicas iban un rato al baño a lavarse y vestirse. Volvieron pronto y el conserje dijo, simplemente:

-Es hora de cerrar el kiosco.

Salimos del edificio en silencio, el último él y cerró la puerta…

Autor: fmdg23

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