Ahora con dos parejas

Me situé detrás de Eva y empecé metiéndole un dedo en su ojete. Intenté ponerle dos dedos pero me suplicó que no la hiciera sufrir y que la enculara rápidamente. Situé la punta de mi polla en su agujero y empecé a apretar para hacerme camino en su culo, empecé a moverme culeándola e intentando acoplar mi movimiento con el del pobre Andrés que estaba debajo de los dos.

Hola de nuevo. Hoy voy a relataros una nueva vivencia que tuve con una nueva pareja que me presentaron Rosa y Andrés, mi primera pareja con los que hice mi primer fantástico trío. Ya os comenté que una vez entras en ese mundo liberal, al que como chico cuesta muchísimo acceder, parece más fácil conocer a gente y contactar con parejas que viven el sexo de una manera distinta y genial, sin ataduras y disfrutando de los placeres de las relaciones y fantasías que podemos vivir.

Pues bien, después de mis relaciones con Rosa y Andrés, y charlando de todo esto, me comentaron que habían tenido una relación de intercambio con una joven pareja que conocieron en un chat de Internet. Esa joven pareja, gozaba de ese intercambio y deseaba vivir más experiencias de este tipo, pero me contaron que les daba un poco de miedo encontrarse con gente poco fiable y… les hablaron de mí.

Cuando Rosa y Andrés me hablaron de ellos, me contaron que Toni, tenía 25 años y un cuerpo espectacular por el gimnasio que llevaba encima de sus músculos y me hablaron de Eva como una preciosidad de 24 añitos y con un cuerpo casi 10; Poco pecho pero bien puesto, una cinturilla de avispa y un buen trasero así como unos ojos azules increíblemente claros y una sonrisa tímida y cautivadora. Me contaron que aunque se lo hacían bien en cuanto al sexo, claro, eran más bien pasivos y se dejaban llevar aceptando cualquier propuesta que se les hacía. Andrés me confesó que era una chica muy dulce cuando la penetrabas pero que al mismo tiempo se volvía loca cuando llegaba a sus orgasmos.

Programamos una cita para conocernos los cinco y planeamos dos posibles opciones que iríamos concretando una vez estuviéramos juntos. Una opción era la de presentarme ante Eva y Toni para que yo quedara con ellos algún día y la otra era la de planear una pequeña orgía los cinco. Nos citamos para un sábado por la tarde para ir a cenar. Cuando llegué al local donde habíamos quedado, cerca de las Ramblas, vislumbré a Rosa y me dirigí hacia donde estaban sentados. Allí estaba Andrés, vestido con un traje elegante, como siempre, Rosa que llevaba una falda larga y una camisa blanca con un buen escote donde, según que movimiento, se le podía ver perfectamente el sujetador y lo que sujetaba, sus encantadores pechos.

Me presentaron a Toni y a Eva. De Toni no os hablaré mucho porque ya dije antes que el gimnasio había hecho de él un cuerpazo impactante que lucía orgulloso con su ajustada camiseta negra. De Eva os diré que tenía unos ojos alucinantes, azules y claros como nunca había visto. Iba con unos tejanos de cintura caída y ajustados de esos que al sentarse dejaba ver su tanguilla negro que asomaba, y llevaba una camiseta con tirantes azul que reflejaba perfectamente que no llevaba sujetador ya que se le marcaban perfectamente sus pequeños pechos.

Después de las pertinentes presentaciones y de conectar con ellos muy bien, hablamos un poco de todo hasta que llegó la hora de irnos a cenar, después de habernos tomado un par de rondas de cerveza. La cena transcurrió de una manera muy agradable y con el vino que íbamos bebiendo las charlas se animaban y evidentemente, acabamos hablando de aventuras, fantasías y sexo. Yo les confesé que a parte de ese trío que ya había realizado varias veces con Andrés y Rosa, eso de hacer una orgía era uno de mis sueños, (¡de quien no!).

Toni confesó que soñaba con ver gozar a Eva con dos hombres y Eva confesó que siempre le había picado el gusanillo de hacerlo con una chica, a lo que Rosa se negó en redondo a probarlo y lo dijo de una manera que hizo estallar la mesa en sonoras risas. Al terminar la cena, Andrés propuso terminar en su casa lo que todos deseábamos ya y nos fuimos con el coche de Toni hacia la casa de Andrés y Rosa. En el coche, Toni y Eva iban en los asientos de conductor y acompañante y en el asiento de atrás, Andrés y yo escoltábamos a Rosa. Andrés se dedicó a indicar el camino hacia su casa y Rosa y yo empezamos a jugar con nuestros sobeteos.

Ella me metió la mano descaradamente en mi paquete y le dijo a Eva: “…ya verás el aparato que se gasta Santi, Eva. Ni Toni ni Andrés tienen ese pedazo de carne tan gordo, ja, ja, ja”. Yo mientras, ya había metido una de mis manos en el escote de su camisa y le había apartado el sujetador para poder sobar sus tetas. Andrés le desabrochó el sujetador y se lo quitó mientras me decía: “… anda, tócaselas mejor así, tío… ¿a que están potentes las tetas de mi mujer?”.. Encantadoras, le dije yo.

Y llegamos por fin a casa de Andrés y Rosa y después de abrir una botella de champán, un brindis y la música que se encargó de poner Rosa, se empezó a crear un buen ambiente y Andrés propuso ir a buscar unas cartas para empezar de alguna manera a jugar a alguna cosilla que rompiera un poco el hielo de una situación en la que todos sabíamos que deseábamos pero no sabíamos cómo empezar.

Decidimos levantar una carta cada uno de nosotros y al que le tocara la más baja, debería desprenderse de una prenda de ropa. No quiero entrar en cómo se desarrolló el juego. Solo os diré que en un momento y por casualidad, estábamos los tres hombres con slips solamente y las dos chicas con sus respectivos tanguillas puestos.

Quiero comentaros lo lindos que encontré los pechos de Eva. Aunque vestida parecían pequeños, una vez libres de esa camiseta, se veían altaneros y de un tamaño apreciable. Además, sus pezones estaban erectos y tenía una aureola que era muy bonita porque era pequeñina pero de un color intenso. Eso unido a su moreno daba la razón a mis amigos cuando me decían que Eva poseía un cuerpo 10. En la siguiente ronda, le tocó a Rosa quitarse el tanga. Lo hizo pero luego se paseó por delante de Andrés para que le pegara un lametazo a su ya húmedo coñete. Toni y yo nos quejamos y automáticamente pasó por nuestras bocas ese delicioso manjar. En la otra ronda, Toni tuvo que despojarse de su slip y nos hizo una especie de striptease que dejó al aire su ya empalmado rabo. He de decir que de grosor era menor que el mío e incluso que el de Andrés.

El siguiente fue el propio Andrés el que sacó esa carta que le hizo desprenderse de su ropa. Él, como anteriormente había hecho Rosa, su mujer, se puso frente e ella y la incitó a que le hiciese un regalito en forma de chupada a lo que ella accedió, cogiendo la polla de Andrés, descapullándola y acoplando sus labios al glande que tenía delante. La fue introduciendo en su boca lentamente y con gestos eróticos y obscenos para que el resto de los que estábamos presentes, nos calentáramos al máximo, cosa que hicimos. Una vez que Rosa terminó Eva reclamó su parte de chupada a lo que Andrés accedió gustosamente.

En la próxima ronda solo quedábamos Eva y yo y Toni propuso que el que perdiera se debería quitar su ropa y hacerle una buena mamada al contrincante… Levanté mi carta y era un 9 de Oros con lo que Eva comentó que empezaba a sentir como debería pagar mi premio entre risitas… Cogió la carta del montón y… ¡zas!… Levantó un 11 de copas… Perdedor… ¡Yooooo! Cogí mi slip y lo bajé lo más sensualmente que supe hacerlo quedando mi aparato al aire en plena erección. Eva lo cogió al vuelo y se lo engulló como una posesa pero… Toni la detuvo y nos indicó que era yo el que debía pagarle a Eva con un buen trabajo. Me senté en el suelo e hice levantar a Eva hasta que la tuve delante de mí. Le cogí el tanga negro y se lo bajé lentamente, quedando ante mí un chochete depilado y con unos labios rosados que destacaban en la piel bronceada de Eva que me dijo:

Eva: No aguanto más Santi. Cómetelo ya que me muero de ganas de sentir tu lengua. Rápido. Yo: Voy a hacértelo pasar genial, chica. Pago bien mis deudas. Eva: Vamos que me gustará descubrirlo…mmmmm

Y empezó a gemir, solo puse mis labios en sus labios y empecé a hurgar con mi lengua por su cueva ya húmeda. Le levanté una pierna para abrir un poco su coño y seguí lamiendo con mi lengua toda la longitud de su coño desde su clítoris hasta su culo una y otra vez. Su pierna estaba en mi hombro y mi lengua entraba y salía de su agujero junto a uno de mis dedos que me ayudaban a darle placer a Eva…

“Mmmm Santi… que me corroooo” y empezaron a flaquearle las piernas mientras se juntaba cada vez más a mi boca y se derretía en mis labios con un orgasmo tremebundo… “aahhhhhh”

Todos aplaudieron al terminar y fue cuando de verdad empezó la fiesta.

Andrés cogió a Eva y Toni a Rosa en un intercambio de chicas que era lo que deseaban y lo que ya habían hecho la última vez que se vieron. Yo, con una tremenda erección, observé como Andrés estaba encima de Eva, bombeándola y con Eva completamente entregada situando sus piernas en su espalda. Eva gemía y le pedía que no parara y que empujara fuerte mientras sus pequeños pechos se movían rítmicamente con los bombeos de Andrés…”… Más, más,… vamos no pares, empuja fuerteeee que me gustaaaaa…”

Mientras esto sucedía, Rosa estaba cabalgando a Toni que estaba estirado en el suelo aguantando el envite que le estaba regalando aquella estupenda mujer, mientras le sobaba sus grandes tetas. Rosa apoyaba sus manos en el pecho de Toni y este le suplicaba que parase porque estaba a punto de correrse dentro de ella. Las palabras de los cuatro se mezclaban mientras yo me estaba regalando una soberana paja sin esmerarme demasiado porque no quería terminar corriéndome.

Toni: Rosa que me corrooo. Vete más despacito que no aguanto más. Rosa: Si no aguantas te relevo, pero no puedo parar ¡porque me gustaaa estooooo! Toni: Aaahhhh que no aguanto maaaasssssss…

Mientras se escuchaban estos gemidos unidos a los de Eva, yo acerqué mi polla a la boca de Rosa para que continuara con su boca la paja que me estaba haciendo y esa visión fue lo que hizo finalmente correrse a Toni dentro de ella con un gran gemido…”me corrooooooo”.

Rosa se bajó de Toni que estaba deshecho en el suelo y me pidió a mí que me tumbara porque quería seguir cabalgando, mientras Eva ya se había corrido junto a Andrés y estaban relajados en el suelo. Me tumbé y me situé de manera que Rosa se pudiera sentar encima de mi polla que estaba como nunca. Rosa se sentó lentamente y tanto ella como yo, notábamos como mi tranca iba abriéndose paso en su cueva mientras le decía a Eva…

Rosa: Tienes que probar esto Eva. Qué grosor, como me abre el coñoooo… que gustazo. Eva: Ahora vengo y me dejas probar esto Rosa. Rosa: Que pasadaaa, de verdad que es un gustazooooo estooooo gguuuaaauuuuu.Eva: No le dejes que termine que yo también quiero Rosa.

Rosa empezó a cabalgarme de una forma bestial y me costó un montón aguantar mi orgasmo. Me gusta tanto ver como se mueven unos pechos mientras me están poseyendo como lo hacía ella.

Rosa: Me corrooooo Santi ¡Me encanta tu pollaaaa! ¡aahhhhh!

Y se corrió, levantándose y dejando paso a Eva que sin dudarlo, se sentó encima de mí y se la clavó enterita y de una sola bajada exclamando:

Eva: Tenías razón tía… que pasadaaaaaaa…

Y me empezó a cabalgar como unos instantes antes estaba haciéndolo Rosa. Me incorporé como pude y una vez sentado y con Eva moviéndose encima de mi polla, empecé a degustar esos pechos que me tenían hipnotizado, descubriendo la dureza de esos pezones tan lindos y, por lo que vi, sensible que tenía Eva. Al morderle uno de esos pezones, se corrió como una loca encima de mí apretándome con sus manos mi nuca para mantenerme fuertemente pegado a su pezón.

Eva: más fuerte Santi.. Me estoy corriendooo como un locaaaaaaa.

Acabó conmigo debajo mientras Toni estaba en el suelo, Rosa encima de él y Andrés culeándola como podía. La escena era impactante y Eva me confesó que quería hacer eso mismo pero con Andrés y conmigo y que quería sentir como le clavaba mi polla en su culo. Esperamos a que Rosa y Toni se corrieran y entonces Eva le pidió a Andrés que se tumbara para ponerse encima de él. Lo hizo y cuando estaban acoplados, Eva me pidió que la enculara.

Eva: Ahora Santi… vamos… métemela por donde te he pedido antes. Yo: Voy enseguida aunque no duraré demasiado porque tu culo es una pasada de excitante Eva. Eva: Vamos que no puedo más… Quiero sentir esa pollaza tuya en mi culo… Toni, ahora vas a ver lo que siempre has deseado, dos tíos sólo para mí.

Y me situé detrás de Eva y empecé metiéndole un dedo en su ojete hasta que pude introducirlo fácilmente todo enterito. Intenté ponerle dos dedos pero me suplicó que no la hiciera sufrir y que la enculara rápidamente. Situé la punta de mi polla en su agujero y les pedí que pararan con los movimientos…

Se detuvieron hasta que le metí la puntita y empecé a apretar para hacerme camino en su culo… ¡Qué culooooo! ¡Qué culooooo!… le dije y empecé a moverme culeándola e intentando acoplar mi movimiento con el del pobre Andrés que estaba debajo de los dos. Fue fantástico amigos. Fue algo indescriptible.

Eva: Como me gusta estooo, mmmm, Toni me estás viendoooo .Andrés: Pues si a tu te gusta cielo, yo me estoy corriendooooo.  Eva: Aguanta Andrés… mmm esperaaaaa que quiero correrme contigoooo. Toni, ven acá que te quiero a ti tambieeeeennnn.. mmmmmm. Yo: ¡Que culooooo, esto es gloriaaaa!

Toni se acercó y Eva le empezó a hacer una magnífica mamada mientras Andrés y yo, la llevábamos hasta un orgasmo larguísimo. Vi como Rosa se masturbaba mirándonos y el primero que se corrió fue Andrés seguido de Toni que llenó la boca de su Eva de un lechazo inacabable y Mientras Eva seguía corriéndose, terminé con una fenomenal corrida en su culo… Bufffff, que gustazo.

Acabamos todos borrachos de sexo y de placer. Fue una pequeña orgía muy gratificante para los cinco y decidimos repetirla otro día. Acabamos como tontos riendo y alabando los atributos de cada uno… Que si las tetas de Rosa, que si le coñete y el culo de Eva, que si la manera de follar de Andrés, que si las comidas de Toni, que si mi polla y su tamaño… En fin… Todos contentos y felices por realizar una genial y pequeña orgía.

Nos fuimos a dormir a nuestras casas y Eva y Toni me dieron su teléfono para llamarnos y quedar cuando nos apeteciera. Andrés nos amenazó en que si no los avisábamos a ellos, en un descuido encularía a Toni o a mí en un próximo encuentro a lo que todos nos reímos. La noche fue perfecta para todos.

Espero que os haya gustado lectores. Me gustaría recibir comentarios. De que os ha parecido mi relato y de si habéis necesitado pajearos o hacer dedito leyendo mi historia.

Autor: Santi

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Vivero del 69

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera, no podían parar hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

Al día siguiente era el cumpleaños de su madre y no sabía que comprarle así que decidió como último recurso a las siete de la tarde del viernes ir a un vivero de plantas que la había recomendado una amiga a comprarle alguna planta o algunas flores para regalar a su progenitora. Cuando llegó la dueña del vivero estaba a punto de cerrar el lugar, de hecho detrás de ella cerró la puerta y puso el cartel de cerrado.

La mujer estaba ya metida en la treintena, vestía un pantalón con peto vaquero, solo vestía eso de hecho en uno de los laterales se insinuaba el comienzo de sus pechos. Eva estaba alucinando con la escena, allí sola con aquella mujer que por cierto era bastante bella, su cuerpo se abría hacia abajo como una ánfora con sus rotundas curvas pero de carnes prietas. Eva era bisexual, hacía poco que había comprobado sus tendencias lésbicas y le había gustado la experiencia.

María por su parte aunque alguna vez había tenido sueños eróticos en que se entregaba a los brazos de una mujer nunca se había considerado ni siquiera bisexual. Pero cuando vio a la chica sintió como si fuera una de las protagonistas de sus sueños pero tampoco quería meter la pata no fuera a ser que la chica se sintiera ofendida o acosada y más allí las dos solas. Estuvieron hablando un rato de flores y plantas, la mujer le enseñaba a la joven Eva todo aquello que podía regalar a su madre hasta que en un momento dado cuando estaban en uno de los invernaderos viendo una serie de orquídeas María se agachó y…

Plasshhhh—-sonó en todo el lugar el azote que Eva propinó a la mujer para después acariciar su culo.

María se dio la vuelta primero cuando el azote dispuesta a abofetear a aquella muchacha de escasos veinte años pero cuando se giró en lugar de llevar a cabo su primer impulso la empujó contra la pared y la besó en la boca. Fue como si se liberara de unas cadenas imaginarias que ataban su sexualidad. Ya no era un simple beso ni siquiera apasionado, ahora directamente la estaba comiendo toda la boca. Con las dos manos la magreaba los pechos y retirándose un poco y apartando un mechón de pelo del rostro de la joven la susurró:

¿Por qué no vamos a mi casa que está al lado de los invernaderos y nos pasamos jodiendo toda la noche?

Recalcó la palabra jodiendo, le gustaba como sonaba. Eva cogiéndola de la mano le dijo que no que mejor lo iban a hacer primero entre las plantas. Entonces María elevó a la chica como si de una pluma se tratara y la sentó en una de las mesas con plantas. Allí la besó, primero muy dulcemente y luego más lujuriosamente. Las manos levantaban el top de Eva a la vez que la joven soltaba el peto de la mujer. Luego la mujer le soltó los jeans blancos y se los bajó. La chica solo portaba ahora un pequeño tanga azul celeste que se introducía entre los labios vaginales. La mujer se había terminado de despojar de su pantalón y también se había quedado en ropa íntima, en este caso en unas braguitas minúsculas blancas.

Eran las que le gustaban a su marido, se las había puesto para esa noche recibirle solo llevando esa erótica prenda, pero él la había telefoneado para avisarle de que su llegada se atrasaría hasta el miércoles. María estaba desatada, hizo tumbar a la chica boca arriba en la mesa y situándose entre sus piernas la daba suaves besos por encima de la tela del tanga hasta que cogió con los dientes la goma de la prenda y la empezó a bajar hasta que de un tirón la rompió y se la quitó a la chica.

Eva hizo un mohín de disgusto por la rotura de la prenda pero su coño estaba tan mojado que ya se le había pasado incluso antes de que la mujer le prometiera que al día siguiente le compraría otro tanga en la tienda que ella escogiera. Con la lengua recorría todos los labios vaginales, los mayores y los menores, no dejaba ningún recoveco salvo el clítoris que quería dejar para el final.

Con la mano acariciaba los muslos, apretaba los pechos y magreaba todas las zonas erógenas de su joven amante antes de penetrarla con dos dedos. Comenzaba a follarla con dos dedos el coño a la vez que con la lengua punteaba el clítoris y con la otra mano amasaba y apretaba los pechos de la chica.

La chica comenzó a gemir primero de manera muy suave para seguidamente empezar a jadear de manera audible y más tarde salvaje. La mujer ahora estaba entretenida con dos dedos en el coño de Eva y ahora uno en el culo de la chica. María se retiró para bajarse las braguitas contoneándose frente a la muchacha que la esperaba sobre la mesa.

María como una tigresa se subió sobre la mesa colocándose en postura de 69 sobre Eva. Su coño sobre la boca de la chica y su boca lamiendo el clítoris y follándola con dos dedos el coño y con uno el culo. Eva con la lengua lamía toda la vulva de su amante a la vez que la abría las piernas y con un dedo follaba el ano antes de meterla tres dedos en el coño.

Estaban lanzadas en pos de la pasión, ya habían tenido cada una un orgasmo antes de cambiar de postura y colocarse una frente a la otra, coño contra coño restregándose como dos vulgares perras en celo haciendo la tijera. Estaban a mil, no podían parar y cada vez se rozaban más y más rápido hasta que estallaron las dos al unísono en un orgasmo para después caer rendidas una en brazos de la otra y dedicarse suaves y cariñosos besos.

María fue la primera en levantarse y completamente desnuda dio la mano a la chica y la llevó hasta su casa. La condujo escaleras arriba hasta su dormitorio, la hizo ponerse sobre la cama a cuatro patas y que la esperase. Que cerrase los ojos y esperase allí. María tardó un rato. Había ido a por alguna cosa al baño y luego se había quedado observando el grácil cuerpo de la joven. Había vuelto con un vibrador y un arnés el cual tenía dos pollas, una grande que metería en el culo de la chica, otra más pequeña que se introduciría en su propio coño antes de poner en marcha la función vibradora.

De una sola vez metió el vibrador en el coño de la chica poniéndolo en marcha a una velocidad lenta. La chica ahora solo gemía de placer pero de forma pausada. Luego con un poco de gel lubricante embadurnó el arnés y el ano de la muchacha antes de hacerle un suave masaje en el ano e introducirla el dedo muy lentamente y follarla con el. Ahora se puso el arnés y empujando fue penetrándola analmente muy lentamente. Metía unos pocos centímetros y los volvía a sacar, luego metía unos pocos más y volvía a hacer lo mismo hasta que el esfínter de Eva se acostumbró y entonces empezó a follarla con él a la vez que el vibrador del arnés empezaba a realizar su labor.

El vibrador del coño lo puso a tope ahora, lo mismo que el del arnés. Estaba follando a la chica a tope por los dos agujeros a la vez que la apretaba los pechos y la estiraba del pelo y la decía todo lo que la deseaba. La calentura y el placer de las dos mujeres fue creciendo orgasmo tras orgasmo hasta que rendidas de placer cayeron una encima de la otra exhaustas. María retiró el arnés y sacó el vibrador y besándose con Eva se quedaron las dos desnudas dormidas sobre la cama de la casada.

Este es un relato imaginario pero va dedicado a A. Una buena lectora mía a la que le prometí el relato. Si queréis podéis escribirme sobretodo mujeres.

Autor: Picante 100

picante100 (arroba) hotmail.com

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Empecé a bombear con fuerza, pero ella me atacó por la retaguardia: me metió por el culo el bote cilíndrico de crema, me quedé petrificado, pero tras un breve momento de dolor cobré conciencia del cuerpo extraño en mi ano, lo rodeé con mi esfínter y era excitante.  Gemí de placer, no podía gozar más. El placer me dominó. Grité como un salvaje. Tenía fuego en la polla y en el culo.

Cuando alguien quiere recordar la mejor experiencia sexual de su vida (esto es, “la” experiencia), normalmente atesora al menos una. Claro que hay privilegiados que pueden presumir de dos, tres o más, pero ya se sabe que siempre hay quien destaca sobre el resto. También hay quien por desgracia no tiene nada que contar, pero sabemos que los extremos se equilibran por la media.

En mi caso, sólo hay una experiencia. Con esto no quiero decir que para mí haya sido poco; todo lo contrario, incluso me atrevería a afirmar que vale por muchas experiencias reunidas. Me llamo Juan, tengo treinta años y trabajo en una consultoría medio ambiental. La plantilla de la empresa la componemos gente joven; nadie pasa de los cuarenta, de modo que el ambiente no es demasiado formal, si bien siempre se guardan las distancias lógicas según los cargos de cada uno.

El pasado junio tuve que ir a Madrid (nuestra empresa es de “provincias”), a un seminario. Me acompañaba una consultora que había empezado a trabajar con nosotros el año pasado. Pongamos que su nombre es Eva. De veintiocho años, hay que reconocer que es una auténtica bomba. No hará falta que entre en detalles – la imaginación de cada cual la moldeará a su gusto, pero sólo apuntaré que tiene unos pechos sencillamente perfectos, duros y firmes, que se adivinan estremecedores bajo las ceñidas camisas y conjuntos que lleva. De sus caderas y culo, tampoco hay mucho que decir, pues alcanzando el grado de sensualidad que alcanzan, lo que pueda expresar se queda corto.

Eva sabe lo buena que está. Por cómo se viste, eso está claro: no hay más que verla con esos pantalones claros que lleva en verano, bien ceñidos, dejando adivinar la tanga negra que se le incrusta en el trasero. O como anda y se mueve. Sin embargo, su actitud es más bien distante, un tanto fría e irónica, como si el resto de los mortales fuéramos tan poca cosa que no pudiésemos hacer más que mirar y suspirar. Tampoco quiero decir con esto que sea desagradable o altiva; es otra cosa, no sé cómo explicarme. Quizá es que tenga que ser así, nada más que eso.

En definitiva, cuando llegó el día, tomamos el avión y bien de mañana estábamos en Madrid. El seminario iba a celebrarse en un hotel del centro, durante dos días. Como muchos de los asistentes, habíamos reservado dos habitaciones, ya que era mucha la comodidad de no tener que desplazarnos. El primer día transcurrió como suele transcurrir en estos casos: a ratos bien, a ratos no tan bien, según los ponentes y las materias. A eso de las siete, terminamos. Habíamos hecho una pausa de una hora al mediodía para comer, y estábamos muy cansados. Eva se dirigió entonces a mí.

– Podríamos salir a cenar más tarde, después de descansar un rato – me dijo. Nada más lógico. No estaría mal para romper la monotonía del día. – Bien – le contesté -. ¿Nos vemos a las ocho y media en recepción?

Quedamos de acuerdo, y subí a mi habitación. Allí, descansé un poco, me duché y me cambié de ropa. Nada del otro mundo, ropa cómoda sobre todo. Cuando bajé, a las ocho y media, Eva ya estaba esperándome, con un bonito vestido color crema que le favorecía mucho, lo cual no me extrañó en absoluto, pero difícilmente podría suponerse otra cosa a que se hubiera arreglado para salir a cenar con un compañero de trabajo. Anduvimos un rato y entramos en un restaurante italiano de buena pinta, pero no demasiado caro, según vimos en la carta expuesta en el exterior (no hay que olvidar que pagaba la empresa y no queda bien pasar grandes facturas de dietas). Pedimos un buffet de pasta de diferentes clases para los dos y luego algo de carne. Para beber, vino, un Chianti muy rico.
La cena fue tranquila, agradable, y hablamos de trivialidades. Con el café, el camarero nos invitó a grappa; nos dijo que era casero y muy bueno. De buena gana, aceptamos, y fue en ese momento cuando algo en Eva cambió: me miró de una forma distinta a como lo había hecho todo el rato y me dijo muy seria:

– Te voy a decir una cosa: no me he puesto bragas. Yo me quedé helado, pero creo que no se me notó. Y antes de que me pudiera dar cuenta de lo que hacía, ya estaba hablando: – Pues me da pena, porque me hubiese gustado que llevaras un tanga negro, de esos que llevas en la oficina.

Eva sonrió, sin dar importancia a lo que yo había dicho. Yo debería de haber estado sorprendido, quizá avergonzado, pero lo cierto es que estaba satisfecho, ni siquiera excitado todavía. Eva pidió entonces una cajetilla de tabaco al camarero, que le fue traída al momento. Me extrañó porque nunca le había visto fumar.

– ¿Y por qué? – me preguntó mientras encendía un cigarrillo y aspiraba el humo. – Así, podría quitártelo y olerlo – le dije. – ¿Te gustaría hacer eso? No sabía que eras de ésos que se ponen cachondos oliendo las bragas de las tías… ¿Fetichistas los llaman? ¿En serio que te calentaría olerme un tanga? – Sí, me gustaría, pero tú ya lo sabes. Si no, ¿para qué los llevas? No me irás a decir que es simplemente porque te gustan o te sientan bien… Porque tú ya sabes que todos te miramos. – Es por eso, pero también porque me gusta poneros cachondos a los tíos. Tienes razón, lo reconozco. Pero no hay nada de malo en poneros calientes, ¿a qué no? – ¿Cómo ahora? – Como ahora. – ¿Crees que me estoy poniendo cachondo? – Por supuesto que sí. Si pudiera ver tu polla, seguro que sabría que se está levantando. A lo mejor estás hasta manchando el calzoncillo con la punta… – ¿Y? – Que quizá yo sabría qué hacer con ese pollón, y no me limitaría a olerte el calzoncillo.

No hará falta que explique que, efectivamente, me estaba poniendo como una moto. Pero paré un momento: ¿a qué jugaba Eva? La contemplé mientras fumaba: una sonrisa distante cruzaba su cara. ¿Y si todo esto fuera sólo juego, un poco de esgrima verbal y nada más? ¿Iría yo a quedar como un gilipollas o algo peor? Entonces me hice la reflexión que siempre me hago en cualquier dilema: ¿qué tengo que perder y qué tengo que ganar? Que perder, me dije, tengo el ridiculizarme, o puede que ofenderla, si sigo por este camino. A lo mejor hasta me denuncia, llegué a pensar medio en broma. Ahora bien, lo que puedo ganar lo tengo delante de mis ojos… y por el momento sin bragas.

Me decidí: en una palabra (o en tres), ir por ella. Pero también comprendí que una rendición desde el principio me llevaría al fracaso. Así que empecé mi estrategia.

– Y yo estoy seguro de que no estás menos caliente que yo. Eres una calientapollas, pero no puedes evitar calentarte. Te contagias. Estoy seguro que tienes el chochito todo mojado, que si tuvieras un tanguita estaría cogiendo un olorcillo a coño que me moriría por saborear y que, encima, cuando te estoy diciendo esto, te estoy poniendo más a punto. ¿O me equivoco? Casi me atrevería a decir que si te digo que eres una perra, una guarra, o una putita, eso te pone aún más, y que es lo que llevas entre ceja y ceja desde el hotel, o a lo mejor desde antes, igual desde que supiste que tenías que venir conmigo al seminario.

Eva abrió su sonrisa, acentuando su expresión de triunfo.

– ¿Eso quiere decir que estás cachondo… de verdad? – Mira, Eva – le dije -, no creo que seas tan tonta como para no saber que con ese cuerpo, es decir, con esas tetas, con ese culo, con las tangas que dejas ver, con como vistes… vas pidiendo guerra, y que a los tíos nos pones la polla dura, y que nos la cascamos pensando en hacer las mayores guarradas contigo. ¿O me vas a decir ahora que esto que te digo te sorprende? Ella se quedó algo parada ante el arranque, pero no tardó en reponerse.

– No me sorprende, lo hago para eso, al menos en gran parte, pero me gusta oírtelo decir. ¿Tú te la has cascado alguna vez pensando en mí? – me preguntó con una candidez que yo no pude, la verdad, distinguir si era fingida.  – Una no, muchas, Eva. Como todos, seguro.  – No me valen “todos”. Quiero saber de ti.  – Ya te he dicho que sí.  – ¿Y qué te imaginabas?  – Todo. Pero te voy a poner un ejemplo: te quitaba el tanga, lo olía, me frotaba con él el cuerpo, me lo ponía… y me follabas. Me dominabas, me cabalgabas… Me corría dentro de ti…  – ¿Tanto te pondría olerme una tanga?  – Mira, sólo de hablar de ello tengo la polla como una barra de hierro. ¿Te pones cachonda tú pensando en mi polla?  – Me pongo como una puta perra.  – ¿Eres una puta perra?  – Me gusta serlo, y me encanta poner cachondos a tíos como tú.  – Sí que eres una zorra. – No sabes cómo… Me estoy poniendo toda mojada, no me voy a poder levantar de la silla.

– Pues me alegro, te lo mereces. Porque ahora estamos en la fase del calentamiento. – Que no es menos importante que la de la acción…  – No, no lo es. ¿Has hecho esto muchas veces?  – ¿Qué? ¿Hablar así con un hombre?  – Sí, pero con alguien como yo, un compañero de trabajo, fuera de casa…  – No quiero hablarte de mis experiencias sexuales, pero sí que es verdad que nunca había estado en esta situación con un compañero de trabajo, así, en frío…  – ¿Nunca?  – Nunca, pero me está gustando. Yo también te miro en la oficina, pero nunca pareces dar confianza a intimar.  – ¡Mira quién habla! Tú tampoco eres muy sociable, que digamos… – Supongo que tienes razón, pero, ¿qué otra cosa se puede hacer? ¿Abrirme de patas delante de todos?  – Basta con lo que estás haciendo ahora.  – ¿Y qué estoy haciendo ahora?  – ¿Me lo preguntas?  – No me respondas con una pregunta, no hace falta. De todos modos, sí, en la oficina te he mirado muchas veces. No estás mal, ¿sabes?  – Muchas gracias.

– Yo también he pensado en ti a veces, en casa, sola…  – Esto se está poniendo emocionante.  – He pensado muchas veces en cogerte en la oficina, tarde, cuando no hay nadie, y arrastrarte al archivo, por ejemplo, y allí, sobre la mesa, atarte, desnudarte y violarte… contra tu voluntad. Tú te resistirías, al principio, claro, pero más tarde irías entrando en el juego. Imagino tu polla, enorme, a punto de reventar. Yo te lamería el cuello, los lóbulos de las orejas, el pecho, las piernas, los huevos, la polla. Mmmmmm. No sé si dejaría que te corrieses en mi boca, yo creo que te haría sufrir un poco más. A lo mejor te pintaba los labios con el pintalabios, no sé… Sería una especie de violación. – ¿En eso pensabas? ¿Y qué hacías cuando pensabas en eso? – Me tocaba, al principio suavemente, luego no tanto… A veces me meto un cojín entre las piernas y me froto hasta que me corro. Otras veces, me lo hago en la ducha, y otras con un vibrador. No sabes cómo gozo, es brutal…  – ¿Y siempre piensas en mí? – No seas tan presumido. Sólo a veces…

La conversación iba subiendo de tono, aunque a veces debíamos bajar la voz, como cuando vino el camarero a traernos la cuenta.

– No sabía que fumabas, Eva…- Sólo fumo cuando quiero calentar a un tío. ¿A qué no me equivoco?

Tuve que reconocer que tenía razón. El calentón que sufría aumentaba cuando la veía expulsar voluptuosamente el humo de su cigarro. Desde luego que sabía lo que estaba haciendo. Yo intentaba no dejarme llevar del todo por su inercia, pero se me hacía difícil. No quería ser un juguete en sus manos – pensaba que eso le haría perder el interés en la conquista – pero tampoco pretendía ser seco, lo que podría hacerle pensar que yo no estaba interesado en lo que ella pudiera ofrecerme. Sin embargo, pese a lo racional de mis pensamientos, ya digo que no me era fácil controlarme, y por supuesto que me dolía la polla de todo el rato que llevaba con ella enhiesta. Por fin, pagamos y salimos. Ya en la calle, y no puedo asegurar si fue ella la que tomó la iniciativa, o fui yo, o simplemente fuimos los dos, pero lo cierto es que nos arrimamos a una pared y nos incrustamos el uno en el otro, buscando rellenar cada uno los huecos del otro.

– Hijo de puta… – me susurró Eva al oído -. Me tienes tuya, soy tu puta, tu guarra, hazme explotar con tu polla…

Y mientras esto decía, frotaba su entrepierna contra la mía, capturando la barra de mi miembro contra sus muslos y haciéndome perder la cabeza, si es que aún la conservaba. Al mismo tiempo, unimos nuestras bocas en un espasmo de beso animal, intercambiando lenguas, saliva, aliento y gemidos. Creí que me corría ahí mismo.

– Vámonos al hotel – logré farfullar, conservando un resto de firmeza en la voz. – Hijo de puta – repetía ella, –  no sabes dónde te metes. Te voy a comer. Tengo el coño con hambre, no puedo más, te voy a matar.

Afortunadamente, pudimos coger un taxi y calmarnos lo suficiente para llegar al hotel sin ningún incidente. Allí, pedimos las llaves de la habitación y subimos al ascensor. Una vez dentro, con gesto más aparentemente seguro de lo que realmente era, marqué el botón de su piso. Ella no dijo nada, sólo se llevó la mano bajo su falda, me miró como sólo una mujer de verdad puede mirar, se frotó el sexo, la sacó y me la dio a oler. Las puertas se abrieron antes de que yo pudiera hacer nada, pero el olor a coño de hembra se me clavó bien dentro.

– Qué puta eres… – acerté a decir mientras introducía la tarjeta magnética en el lector de la puerta de su habitación y ésta se abría.Cuando cerró, y la luz se encendió, Eva se volvió y pude ver su cara contraída con un gesto de enfado, casi de cólera. – Y ahora, ¿qué? – me interpeló. Yo comprendí que se trataba de otra prueba.

– Ahora – le dije muy despacio – vas a saber que el hacerse la guarrita de boquilla no sale gratis porque te voy a follar hasta que no puedas levantarte de la cama, y no voy a tener ningún miramiento con una zorra como tú que lleva dos horas calentándome. ¿O te crees que soy un eunuco, pedazo de puta?

Quiero aclarar que no soy un violador, pero tampoco soy tan gilipollas como para dejar que unos mohines de niña consentida me detengan cuando me han estado tocando los huevos – y nunca mejor dicho – toda una tarde. ¿Qué es demasiado crudo lo que digo? A lo mejor, pero es como lo siento. Y en ese momento, yo sabía que Eva me estaba poniendo a prueba y que si me acojonaba y no respondía como un hombre ya podía subir deprisa a mi habitación y pajearme toda mi vida pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Así que seguí.

– Esta noche eres mi guarra y vamos a hacer lo que yo diga, vamos a hacer lo que me salga de la polla y tú no vas a decir esta boca es mía.

Según iba yo diciendo esto, me iba quitando el pantalón, la camisa, todo excepto el calzoncillo. Si antes estaba muy excitado, ¿cómo explicar cómo me sentía en ese momento? Mi polla literalmente explotaba, vibraba trémula con una trepidación tal que parecía que iba a cobrar vida propia e introducirse en el coño de Eva. El someter así a la hasta entonces para todos inaccesible Eva (no se le conocía absolutamente ningún asunto con nadie), el hablarle y dominarla, me estaba llevando a momentos de excitación que yo jamás había conocido. Pero pronto pude ver que si yo me estaba poniendo como una bestia, eso era nada comparado a como se estaba poniendo Eva, que empezó a tocarse el coño por encima de la falda, primero lentamente para luego subir el ritmo hasta que empezó a jadear.

– Pues venga, hazme tuya y fóllame hasta reventar.  – Quítate la ropa ahora mismo – le ordené, y ella obedeció, mostrándome el incomparable espectáculo de su desnudez lujuriosa.  – Y ahora ven aquí.  Eva se me acercó, se puso de rodillas, me sacó el miembro y se lo introdujo en la boca. – ¡Aún no! – le ordené -. Hay algo que quiero que hagas antes.  – Dímelo ahora mismo porque no puedo más.  – Dame un tanga tuyo.

Eva sonrió y abrió una maleta que tenía en una esquina, sacando de una bolsa de plástico un minúsculo tanga negro.

– Es el que he traído en el viaje. ¿Te sirve este? – me preguntó con malicia.

¡Vaya que si me servía! Se lo arrebaté y lo olisqueé con ansiedad. ¡Qué olor más delicioso! Mejor dicho, ¡qué gama de olores! Desde el suave olor a entrepierna, con ese resto de sudor limpio sobre piel limpia, al punto ácido de orina en la parte delantera, al difuso aroma anal de la trasera.

– Mmmmmmm, cómo huele a sexo – jadeé -, a tu sexo, a tu coño, a tu culo, ¡me pone a cien!  – ¿Te gusta, eh? ¿A qué te gustaría más comérmelo todo?  – A una perra como tú me gustaría hacérselo todo. – ¿A qué esperas entonces? Me puse el tanga, que se me metía por la raja del culo, y caía por un lado de la polla y los huevos, dejándolos en libertad. La polla, por cierto, como una roca y bien húmeda. – Túmbate en la cama, zorra.

Eva se tumbó y yo la ataqué como un poseso, penetrándola hasta el fondo en la primera acometida. Creo que los dos estábamos hasta arriba de excitación y morbo, porque al tercer o cuarto vaivén nos corrimos juntos dando alaridos animales de placer, mezclando nuestros jugos, que nos mojaron y empaparon parte de la cama. Había sido brutal, una verdadera descarga de fluidos que se habían desbordado como consecuencia del calentón de las tres horas anteriores. Había saboreado la boca de Eva, entrelazando nuestras lenguas con frenesí, mientras los más bajos instintos me corroían las entrañas. Hubiera deseado ser su esclavo, encadenado a un potro de tortura mientras ella me azotaba y me escupía, pero también agarraba mi miembro, lo acariciaba y se lo metía en la boca a la vez que se introducía un vibrador por el coño. Pero al segundo siguiente pensaba en azotar su hermoso culo con mi polla, restregársela por su coño y correrme encima de ella mientras le obligaba a tragarse mi semen e impregnárselo por el rostro.

– Eres una bestia – me dijo. – Me haces ser una bestia. Me pones a cien. – Me gusta ponerte caliente y que me folles, me folles, me folles… – Eres tan puta, me pone tanto que seas tan puta y lo sepas… – ¿No hubieses preferido desvirgar una niñita estrecha? – No, yo quiero mujeres como tú, que sepan lo que quieren, y que quieran una buena polla para hacerles sentir mujeres de verdad. – Seguro que me hablas de todo esto por el polvo que acabamos de echar.

Pero había sido breve, y queríamos más. En pocos instantes tenía otra vez el miembro como el mástil de una bandera, y estaba dispuesto a meterlo en el chocho de Eva, un chochito húmedo, cálido y acogedor que se había tragado como si nada mis buenos veintitantos centímetros de polla. Hice de nuevo el ademán de embestirla, pero me paró con un gesto.

– Eres de los que necesitan más que un polvo, ¿eh, cabrón? Espérate un momento. Se levantó de la cama, fue al baño y trajo un bote de crema hidratante, de forma cilíndrica, pero redondeado por la parte superior, lo abrió y extendió abundante crema en su mano.- ¿Qué haces? – le pregunté.- ¡Fóllame!

No necesitaba más, con el miembro en la mano la penetré con furia, agarrándole el culo con ambas manos y levantándole por ello las piernas en vilo. Empecé a bombear con fuerza, pero ella me atacó por la retaguardia: me metió por el culo el bote cilíndrico de crema, que había lubricado sin darme yo cuenta. Me quedé petrificado, pero tras un breve momento de dolor, cobré conciencia del cuerpo extraño en mi ano, lo rodeé con mi esfínter y… ¡era excitante!  Encima, ella empezó a sacarlo y meterlo, primero lento, y luego más rápido. Gemí de placer, no podía gozar más. Mi ano estaba lubricado y ¡me estaba convirtiendo en una maricona! Aunque me estuviese follando a una mujer de bandera ahí abajo… yo me sentía follado. El placer me dominó. Perdí la cabeza. Grité como un salvaje. Tenía fuego en la polla y en el culo…

– ¡Zorra! ¡Puta! ¡Sigue…! Me gusta…! ¡Sigue, sigue, sigue, no pares…! ¡Me estás matando!

Me corrí tres veces seguidas. Rompí el tanga con el frenesí de mis movimientos. Recuerdo que mientras me corría, apretaba aún más el tubo con los músculos de mi ano. Mil fantasías más de dominación y sumisión cruzaron a la velocidad del rayo por mi mente. Pero yo sólo podía sentir como si me derritiese y me disolviese por algún desagüe… probablemente, el coño de Eva. Ella no se quedaba atrás.

– ¡Ah! ¡Aaaaaaahhh! ¡Cómo me gusta! ¡Métemela hasta el fondo, cabrón! ¡Me corroooo…! – gritaba como una cerda.

Al final, los dos nos quedamos exhaustos sobre la cama, en un mar de sudor y fluidos corporales. La habitación olía a semen, coño… a todo. Pero el final estaba por llegar. Eva, como si no hubiese tenido suficiente, se incorporó a medias y se sentó sobre mi tórax, dándome la espalda. Contorsionándose como una acróbata, se inclinó sobre mi polla, lacia en ese momento, y se la introdujo en la boca, empezando a mamar con ganas. Yo no podía más, estaba agotado, lo reconozco, pero al ver – y sentir – a esa guarra comiéndome la polla, otra vez comencé a despertar. Ella tragaba y tragaba, metiéndose el miembro hasta el fondo de la garganta, mientras no dejaba de masajearme los huevos con malicia. Resultado: pronto tuve el pene otra vez como un tronco, buscando guerra, excitándome con cada uno de los vaivenes que ella imprimía.

– Me estás poniendo caliente otra vez… – Yo ya estoy caliente. – No pares, no pares – gemía yo.

Reclinado sobre la almohada, podía ver el perfecto trasero de Eva, quien seguía inclinada sobre mi miembro. Era precioso, la verdad, y me entraron unas ganas irresistibles de acercármelo a la boca y comérmelo hasta el final, así que eso hice. Pronto lo tuve en mi boca, y estaba húmedo por los jugos que abundantes le corrían por sus piernas. Separando las nalgas lo suficiente, introduje mi lengua en su ojete, que se dilató por el placer, y pude entrar más y juguetear con mi lengua. Un espasmo recorrió el cuerpo de Eva, que sin embargo no dejaba su presa, mientras no se resistió a un gemido de placer que me sonó a puro pecado glorioso. Seguí porfiando y ella pronto empezó a mover sus caderas al ritmo de su felación, a lo que yo sin problemas me adapté, pasando a su coñito.

– ¡Aaaaahhhhhh! ¡Qué gusto! ¡Más, máaaaaaas!

Yo seguí lamiendo la delicia salada de su coño, y sus jugos me resbalaban por la cara. Que una tía te chupe la polla es algo increíble; estar excitado por ello, y comerte literalmente su ano y su coño es algo que no se puede describir con palabras. Tiene que haberse hecho para comprenderlo. Cuanto más te excitas porque la polla te va a explotar, con más furia atacas el coño, y más y más te vas excitando por ello. Al fin, Eva se corrió dos veces seguidas y también yo lo hice en su boca, transportado en un éxtasis imposible.

Con eso, terminamos. Estábamos agotados, y dado que al día siguiente teníamos otra jornada de convención por delante, decidimos dormir al menos unas horas. Por no hacer el relato largo, no hubo otro momento más digno de mención. Volvimos de Madrid, y al poco tiempo, por circunstancias que no vienen al caso, yo cambié de trabajo. No he vuelto a ver a Eva, aunque tampoco creo que yo signifique para ella más que el arrebato de una noche de sexo. Desde luego, no me considero con ningún derecho sobre ella aunque, ¿para qué negarlo?, no me importaría que ella sí se considerase con algún derecho sobre mí.

Autor: Salami77

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La masajista perfecta

Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca.

Hola a todos, este es mi primer relato, así que me deberéis perdonar si no es una maravilla literaria. Antes de nada me gustaría presentarme, me llamo Jorge, tengo 36 años y soy un apasionado de las mujeres maduras de los 40 a los 60, vivo en Madrid que es donde ocurrió lo que voy a contaros.

Trabajo en un estudio de arquitectura, dibujando planos como loco, con mucho estrés y presión por parte de los jefes lo cual me genera mucha tensión en los músculos del cuello y espalda, además de unas obras en casa que me traían por la calle de la amargura así que tenía pensado buscar un o una masajista que me los aliviara, pero por falta de tiempo unas veces y por dejadez otras al final no lo busqué como debía, gracias a lo cual me pasó lo que os estoy relatando.

Estaba chateando en una sala de + de 40 cuando vi que entró alguien con un nick (MasajistaMadrid), que me venía al pelo y me hizo recordar lo que llevaba tiempo necesitando. Le abrí un privado y dio la casualidad (¡maravillosa casualidad!), que era una mujer de 52 años, Eva, masajista semi profesional que daba masajes para redondear el sueldo que llevaba a casa (no supe nunca cual era su otro trabajo, tampoco es que pusiera mucho empeño en saberlo, la verdad). Le conté mi problema, mis contracturas cíclicas en el cuello y los hombros y me dijo que esa era su especialidad, el masaje relajante anti-estrés. Después de acordar el precio quedamos en mi casa para el día siguiente por la tarde/noche, que era cuando a ella le venía mejor.

Seguimos hablando y la noté (aparte de simpatiquísima y muy amable), muy interesada en mi gusto por las mujeres maduras (cosa que supo por mi nick), y por mi experiencia en ese tema, que tampoco es mucha, pero algo tengo para contar. De vez en cuando volvía al tema de los masajes, insistiendo en que me iba a masajear muy bien, por todo el cuerpo y que iba a quedar muy contento y relajado, hasta el punto de recomendarme estar desnudo cuando me diera el masaje, ya que a ella le daba más libertad de movimientos. Yo, siguiendo con el tono de la conversación le dije que no había problema, que aunque no tengo un cuerpo danone (de hecho estoy bastante gordito), no tengo vergüenza en estar desnudo, pero que temía que al sentir sus manos en mi cuerpo, me excitara más de lo debido. Ella se rió con el comentario y me dijo que eso no le molestaba, más bien al contrario, que se sentiría halagada de excitar a un joven como yo. Para no aburriros mucho, a pesar que estuvimos mucho tiempo chateando de muchas cosas así quedó el tema, en una cita para el día siguiente.

Después de otra intensa jornada laboral llegué a casa y lo preparé todo para que estuviera a punto para cuando llegara Eva, me di una ducha a fondo, limpié la habitación, quemé un par de barritas de incienso, y me puse a esperar su llamada. Después de indicarle mis señas para que llegara con su coche me dispuse a esperarla, más nervioso de lo que debería estar ya que el tono de la conversación del día anterior fue bastante más caliente de lo que debería haber sido una simple transacción comercial.

Llamó al portero automático y le abrí la puerta, esperándola en el quicio con una sonrisa que se me cayó al suelo cuando la vi en persona. Y es que esta mujer era una delicia. Más incluso de lo que me había imaginado, y la había imaginado mucho y en diferentes situaciones la noche anterior. No muy alta, pero muy bien proporcionada, alrededor de 1.55 ó 1.60, rubita teñida, con el pelo largo, ojos color café, regordita con muchas curvas, pero sin llegar a ser obesa, con unos pechos grandes, pero no exagerados, piernas fuertes de tobillo fino y un culo precioso (que más tarde me quitaría el sentido). Venía vestida con una especie de traje chaqueta azulón, americana cortita y falda por encima de las rodillas, un top con escote, palabra de honor, azul más claro, medias negras y zapatos planos negros también.

Hola, tú debes de ser Jorge… ¿te pasa algo? ¿Te encuentras bien? –dijo con una media sonrisa en la cara al ver la expresión de la mía. Nnno, perdona, es que no me esperaba que viniera Afrodita en persona a darme un masaje. –dije lo primero que se me ocurrió, intentando no parecer tan tonto como me sentía. Jajajajaaa, venga, venga, no seas zalamero. –replicó ampliando la sonrisa, con una picardía al ver mi reacción al conocerla. Perdona, que maleducado soy, pasa, pasa. Nos dimos dos besos a la vez que ponía su mano en mi cara en un gesto muy cariñoso que a mí me dio pie a poner la mía en su cintura. ¡Esto iba bien! La dejé pasar al hall aprovechando para ver su fantástico culo que me pareció contoneaba con más sensualidad de la normal.

Pasamos al salón, ella delante de mí, y yo sin poder quitar la vista de ese trasero que tanto me había gustado, imaginándome como sería la ropa interior que lo cubría y claro, excitándome ante tal pensamiento. ¿Quieres tomar algo, Eva? Con el calor que hace, lo mismo te apetece una cerveza o un refresco fresquito. Pues sí, una cervecita me vendría genial, gracias, que este calor de Madrid en agosto es terrible. –dijo mientras hacía el gesto de abanicarse con la mano. Siéntate que te la traigo… y yo me tomo otra, que la verdad es que a estas horas apetece. –le dije mientras me dirigía a la cocina para pillar dos cervezas heladas.

Toma, aquí tienes, ten cuidado que está muy fría.

Le di la botella y ella se tomó un buen trago, dando un suspiro de satisfacción según separaba la botella de sus labios.

Huy, perdona, no te he ofrecido un vaso, yo me la suelo beber a morro, que me gusta más así. –le dije. No te preocupes, a mí también me gusta mucho más beber a morro, así se sienten las cosas mucho mejor –dijo con una sonrisa más que pícara, a la vez que cerraba los ojos y pasaba la fría botella por su cuello y la parte del pecho que dejaba a la vista su top-. Bueno, ¿me dices dónde está el cuarto de baño? Necesito usarlo. Por supuesto, por aquí, pasa –le dije indicándole el camino-. Está recién reformado, y ha sido una de las causas del estrés que arrastro, pero al final ha quedado bastante bien.

¡Ummmm, que bonito! …y con una columna de ducha con masaje incluido, ay, estas cosas me van a dejar sin trabajo, jajajjjaa…  Jajajjaaja, no creo que estos aparatos lo hagan mejor que unas manos femeninas –le dije poniendo también una sonrisa pícara-. Si quieres puedes usarla –dije en tono de broma, pero que ella se tomó en serio, o quizá, aprovechó la ocasión que le estaba dando.

Pues mira, si no te importa, la verdad es que me encantaría darme una buena ducha, que llevo todo el día de aquí para allá y me vendría genial. Ummmm, y por lo que veo, has puesto una mampara casi transparente, eh pillín, jajaja. Jajajaja, pues sí, para que negar la evidencia, que con las pocas chicas que pasan por casa, hay que aprovechar. Venga, no seas llorón, que más de una habrá probado esta duchita… -dijo mirándome directamente a los ojos. Pues no –le respondí mirándola también a los ojos-, vas a ser la primera persona aparte de mí que se meta en mi ducha, te lo aseguro. Toma una toalla para cuando salgas, y si quieres puedes usar mi albornoz, que está limpio.

La dejé disfrutando la ducha y esperé en el salón tomando otra cerveza, imaginando lo que podría hacer con ella en el caso de que el masaje fuera por donde yo quería que fuera. Pensé en ir a espiarla mientras se duchaba, pero mi inseguridad y un atisbo de educación me impidieron hacerlo. Después de unos minutos salió de la ducha con mi albornoz puesto, cosa que me gustó mucho, ya que esa tela que tocaba su cuerpo que yo imaginaba desnudo sería la misma que más tarde acariciaría el mío… morboso que es uno.

Uauuu, ¡qué bien me ha sentado esa duchita! –Dijo ella mientras se secaba el pelo con una toalla- …y que albornoz más suave tienes, como te descuides me lo llevo, jajajajaja. Bueno, si te portas bien te lo cambio por algo tuyo –respondí yo mientras le daba otra cerveza recién abierta-. Toma, otra cervecita, ya verás que bien sienta después de la ducha. Ummmm gracias, eres un sol, Jorge –dijo poniendo esa sonrisa que me volvía loco y me daba para imaginar locuras- y gracias también por dejarme usar tu ducha, te lo voy a recompensar con un masaje que te va a dejar relajado como no lo has estado nunca. Uff, pues nada, vamos a ello, que ya tengo ganas. No tengo camilla ni nada parecido, ¿dónde lo harás mejor? Imagino que en una cama porque en el sofá el respaldo no te va a dar libertad de movimientos. Sí, mejor en una cama, supongo que tendrás alguna, ¿no? Por supuesto, vamos a mi habitación.

Me tumbé en la cama boca abajo mientras ella preparaba el aceite de masajes y se ataba el pelo con una cinta en una coleta cuando me dijo:

Bueno, ¿te desnudas o qué? Ya lo hablamos ayer y me dijiste que no te daría vergüenza. Si, si, tienes razón, ya mismo me despeloto. Es curioso, es la primera vez que una mujer me exige que me desnude, jajajaja. Jajajaja, venga, venga, menos cachondeo que no se cómo va acabar esto.

Me desnudé no sin cierto reparo, mientras ella me miraba sin quitarme la vista de encima, a la vez que se mordía el labio disimuladamente. Debido al tono de la charla que estábamos teniendo, mi polla se encontraba en un estado de semi excitación, lo que aquí se conoce como morcillona. Me tumbé boca abajo y ella empezó a masajearme lentamente, echándome el aceite de masaje encima. Los hombros, la espalda, los glúteos, las piernas, etc. Verdaderamente, el masaje, aparte de connotaciones sexuales era genial y me estaba sentando de muerte, así que mis gemidos eran bastante audibles mientras trabajaba mis músculos. Me dijo que abriera más las piernas y así lo hice, y al punto noté como sus manos se entretenían en los cachetes de mi culo, abriéndolos para llegar a mi entrepierna, rozando levemente mis huevos, lo que supuso un gemido más alto de lo normal en mí, a lo que ella me dijo:

Parece que te gusta, ¿eh? Uff, no tienes ni idea de lo bien que lo haces, Eva, ¿dónde has estado toda mi vida? –respondí mientras giraba un poco la cabeza para mirarla.

Al girarme para mirarla, vi que el albornoz que ella llevaba estaba aflojándose poco a poco y pude intuir sus pechos moviéndose al ritmo de sus masajes, cosa que hizo que me excitara ya totalmente. Me moví un poco para acomodar mi polla y que no me molestara, cosa que ella notó y dándome un cachete en el culo me dijo que no me moviera tanto. Se puso en horcajadas encima de mis piernas, sentándose casi en mis pies, lo que me dejó adivinar que no llevaba bragas, ya que sentí su pubis acariciando mis tobillos, que notaron la humedad que salía de aquella zona, acabando de empalmarme del todo.

Ella seguía con los masajes en mis muslos, desde la parte trasera de las rodillas a los huevos, que ya tocaba casi con descaro. Cuando ella pasaba por mi entrepierna, decidí calentar más intensamente su pubis, a lo cual, movía mis pies ligeramente para acariciar su coño que ya notaba mojadito y muy caliente. Ella lo notaba (no podía ser de otra manera), y gemía audiblemente a la vez que dejaba de masajear otras partes, centrándose en mis huevos. Ya decidido a entrar en materia metí mi mano para colocarme la polla mirando al ombligo, en un gesto ostensible para que ella dijera algo. Y lo dijo, vaya que sí lo dijo:

Deja de moverte, que así no hay quien se concentre. …es que me molesta. ¿Qué te molesta? ¿No te gusta el masaje? Sí, sí que me gusta, lo que me molesta es… la polla. …se te ha puesto dura, ¿verdad? Si, y me la tengo que colocar para que no me incomode…pues me lo dices y te la coloco yo.

Dicho y hecho, me pasó la mano por debajo y me la cogió agarrándola y apretándola fuerte a la vez que exclamó:

Ummmmm, que pollón tienes Jorge, que dura está -supongo que sería cosa de la situación, porque yo no tengo un pene tan grande como pueda parecer por el comentario. Es que verte con ese albornoz sin nada debajo, y tocándome los huevos como lo haces me has puesto muy burro, cielo. Date la vuelta.

Me giré y se tiró encima de mí a besarme, mientras nos peleábamos con nuestras lenguas mis manos quitaban como podían el albornoz que llevaba, quería acariciar su cuerpo ya sin nada por medio. Ella a horcajadas encima de mí y yo abrazándola, tocando su culo, acariciando sus pechos que me llevé a la boca. Saqué la lengua y la pasé por sus tetas, dibujando una espiral de fuera adentro con el centro en sus pezones, que ya estaban en su máxima expresión, gordos, grandes, duros, guardados en una aureola pequeña y deseosos de las caricias de mi boca. Los gemidos que ella daba eran muy excitantes para mí, a la vez que agarraba sus tetas para pasar los pezones por mi boca. Volvimos a besarnos y aproveché para incorporarme y tumbarla en la cama y decirle:

Quiero comértelo, déjame que te lo coma, estoy loco desde que entraste por la puerta por probar el sabor de tu rajita… siiiiiiiii, cómemelo, lo estoy deseando, mira lo mojado que lo tengo, ¿te crees que no me daba cuenta de cómo me lo sobabas con los pies? Me lo has puesto a tono y tienes que arreglar eso.

La tumbé boca arriba y la besé en la boca, sacando la lengua y bajando hacia abajo, por su cuello, su pecho, sus pezones, su ombligo hasta su pubis. De ahí pasé al interior de sus muslos, saltando su coño que rezumaba de jugos.

No seas malo, cómemelo yaaaaaa, me tienes muy caliente, quiero sentir tu lengua en mi rajitaaaa –decía ella con una calentura máxima.

No me hice de rogar más y pasé lentamente la lengua por toda su entrepierna, como si me comiera un helado, de arriba abajo, desde el pubis hasta casi el culito, entreteniéndome en el clítoris, ya que cuando pasaba por ese botoncito, ella gemía mucho más y notaba como le temblaban las piernas. Seguí así un buen rato, dándole golpecitos con mi lengua en su clítoris, absorbiéndolo hacia el interior de mi boca y frotándolo con mi lengua dentro de ella, ayudándome con la mano que pasaba a ratos por su ano, a ratos introduciendo los dedos en su coño, que ya estaba chorreando de excitación. No sé exactamente cuánto tiempo estuve así, pero imagino que alrededor de 10 ó 15 minutos después, con gritos de calentura total, me avisó que se corría:

Ahhhhh, sii, me voy a correr, sigueee, sigueeeeeeee, chúpamelo, cómemelo, dame mássssss, exclamaba a la vez que empujaba mi cabeza entre sus piernas con una mano y con la otra pellizcaba fuertemente sus pezones. Si, siiiiii, dame tus jugos, déjame que me lo beba todo –respondí yo separando mi lengua de su clit por unos instantes mientras seguía pajeándola con las manos, metiéndole tres dedos en el interior de su coño a la vez que le frotaba el pulgar en el clítoris y metía parte del dedo pequeño en su ano-. Córrete en mi boca, lléname la cara de tu zumooooo.

Dicho y hecho, con unas contracciones en sus muslos y unos gritos que se debieron de oír dos barrios más allá, se corrió llenándome la boca del mejor licor agridulce que he probado jamás y que sólo una mujer madura puede dar. Dejé de frotar aquella zona que por momentos se volvió demasiado sensible y subí a la altura de su cabeza ayudada por sus manos que tiraban de mí hacia arriba para juntarnos en un beso interminable, al principio lento y cariñoso, pero que se fue volviendo febril y cachondo a más no poder en el que le pasé los restos de sus jugos y ella bebió con gusto y mucho morbo.

Ummmm, sabes a coño –me dijo ella sonriendo en una pausa de ese beso cojonudo-. ¿Qué habrás estado haciendo?  Jajajjajaa, me has pillado Eva –le respondí entre risas-, resulta que ha venido una masajista a casa y estaba tan buena, que he tenido que comerle el coño, ¿me perdonarás? Ummmm, no sé, no sé, lo mismo si sigues haciendo que me corra a lo largo de esta noche…

Ese y un magreo de Eva en mi polla fue el punto de inicio para otro asalto encima de mi cama, en el que ella tomó el mando de la situación poniéndose encima de mí y recorriendo mi cuerpo como antes hice yo con el suyo, desde arriba, morreándome como una loca y hacia abajo, con mi polla como objetivo final y mientras no apartaba sus ojos de los míos, en los que brillaba una lujuria que nunca he vuelto a ver en nadie. Agarró mi polla que estaba durísima con una mano y acercó su boca al capullo, echándole el aliento a la vez que me masturbaba lentamente, algo que no me habían hecho nunca y que supuso otro punto más en mi excitación, poniéndomela más grande y dura de lo que nunca ha estado. Yo empujaba mi pelvis hacia arriba para que mi rabo tocara por fin su lengua y boca, pero ella en un juego que yo le había hecho antes y que me estaba devolviendo levantaba la cabeza para evitar el contacto.

Ummmm, no me hagas esto, chúpamela ya, que me vuelves loco –le dije yo mientras agarraba su cabeza para empujarla contra mi polla.

Ese gesto parece que le gustó porque sin yo esperarlo, bajó la cabeza de golpe, metiéndose mi polla casi hasta la garganta, comenzando una mamada que jamás en la vida me habían hecho igual, salvaje, bestial, hasta el fondo y chupando fuerte, tanto que parecía que se me iban a salir los huevos. Hice un gran esfuerzo por no correrme todavía y viendo que ella no paraba de chupar y chupar, le dije:

Para, para, que no quiero correrme todavía, quiero follarte antes, cielo –a la vez que me la traje para arriba, colocándose ella encima de mí y de una vez, se metió mi polla hasta los huevos.

Los dos dimos un grito de placer al llegar hasta el fondo de su coño, que por su corrida anterior tenía bien lubricado y empezó a botar encima de mí, cabalgándome primero despacio, disfrutando del momento, echándose hacia delante para que pudiera saborear sus pezones, cosa que hice al instante, dándole chupetones al mismo ritmo que ella me cabalgaba de arriba abajo, haciendo círculos con su culo, de atrás adelante, en fin, moviéndose de todas las formas posibles, como una batidora a máximas revoluciones. Estuvimos un buen rato follando en esa postura hasta que sus gemidos me indicaron que se iba a correr de nuevo, a lo que aproveché para meter un dedo en su ano y acelerar mis lametones en sus pezones que estaban duros como piedras. Con un espasmo y un grito de placer acabó corriéndose encima de mí, con mi polla en lo más hondo de su coño.

Fóllame, fóllame másssssssss… hasta el fondo, méteme más esa pollaaaaa… dameee en los pezooones, que me corro… ayyyy… siiiii… Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Aaaahhhhh… yaaaaaaggghhh, Si, si, si, córrete cielo, córrete, ummmmmmm -le dije yo mientas mordisqueaba con los labios más fuerte sus pezones.

Con un suspiro se dejó caer encima de mí, sin querer sacar mi polla de su interior, moviéndose muy despacio, casi imperceptiblemente a la vez que intentaba recuperar el aliento, con unos gemiditos entrecortados y unos espasmos en su coño que yo sentía apretándome la polla cada vez más despacio. Después de unos 5 minutos tumbada sobre mi pecho me empezó a besar de nuevo suavemente, dándome pequeños mordisquitos en las orejas, los pezones, en el cuello… eso hizo que mi excitación no bajara ni un milímetro, cosa que ella notó y empezó a moverse un poco más rápido.

Ummmm, Jorge no te has corrido, y te lo has ganado cielo, ¿quieres seguir follándome o prefieres otra cosa? Si tu chochito aguanta tanto meneo, cariño, me encantaría seguir follando contigo… pero cambiando de postura… ¿me dejarías ponerte a 4 patas? Siiiiiiii, me encanta que me la metan desde atrás… pero no por el culo, ¿eh? Que ya me he dado cuenta de que tienes unos dedos muy traviesos y que te gusta mi culo, pero hay que dejar algo para otros días ¿no?- dijo mientras me guiñaba un ojo. No te preocupes mi vida, sólo haré lo que tú quieras que te haga.

Se quitó de encima mío y se puso a 4 patas encima de la cama, meneando el culo de manera muy lasciva, echando el cuerpo hacia abajo y elevando ese culo de infarto, provocándome, enseñándome su rajita hinchada y jugosa a la vez que pasaba una mano entre sus piernas para abrir su coño para mí.

¿Te gusta lo que ves? ¿Te parece bonito mi chocho? Dime que te gusta, dime lo mucho que lo deseas, fóllamelo ya, dame con todo, métemela de nuevo, que me has puesto cachonda otra vez… venga cabrón, dame fuerteeeee…

Ese cambio en su actitud, la vista de su coño abierto para mí y su lenguaje directo y obsceno me puso más caliente todavía y sin pensarlo me lancé a comérselo de nuevo, chupando como loco ese chochito rosa y mojado, con los labios grandes y el clítoris hinchado y brillante. Le daba lametones fuertes, desde el clit al culo, metiendo la puntita de la lengua en su rajita que ella seguía abriendo para mi lengua.

Ahhhhh, siiiiiiiiiiiiii, fóllame con la lengua, soy tuyaaaaa, comételo todo, cómete el coño de tu perra caliente… ummmmm, como me pones, dame más, másssssssss.

Le metí tres dedos de golpe en su coño, buscando hueco para meter otro más, masturbándola más fuerte cada vez, más adentro, más rápido… en seguida le pude meter el cuarto dedo de lo caliente y abierto que lo tenía, mientras ella seguía diciendo obscenidades, pidiendo más, entregándose al máximo.

Dame fuerteeeee, méteme la mano entera, rómpeme, reviéntameeeee, ahhhhhh, vas a hacer que me corra otra vezzz, no aguantooo. Ummmm, como me pones, cachonda, eres lo mejor que me he follado nunca, te voy a dar con todo…

Viendo que iba a irse de nuevo, saqué de golpe mis dedos con un sonoro “plop” y rápidamente acerqué la cabeza de mi verga a su rajita que todavía lucía abierta y sin pensarlo se la metí de golpe hasta que mis huevos golpearon su culo. Sin parar un segundo empecé a bombear, muy rápido, muy fuerte, buscando mi placer y también el suyo al dar mis huevos en su clit del vaivén que teníamos. Mi lenguaje también subió de tono, con los típicos excesos de esos momentos, que a ella le gustaba tanto como a mí y que hacían que un polvazo como aquel fuera el mejor de mi vida.

¿Te gusta cómo te la meto? ¿Te gusta mi polla? Dímelo perra, dime cómo te pone que te folle a 4 patas como a un putita cachondaaa -dije a la vez que agarraba de su melena rubia y tiraba hacia atrás de ella para que notara mejor mis embestidas. Siiiiiii, me encanta cabrón, soy tu putaaaaa, tu perraaa, pero no dejes de follarme, que me tienes cachondaaaaa, dame más… más… mássssss, reviéntame, fóllame fuerte cabrónnnnn… vas a hacer que me corra otra vezzz… cabrónnnn, me corrooooooooooo…

En un éxtasis de lujuria y flujos ella se corrió de nuevo dando manotazos en la cama, gritando como loca, moviendo el culo como perra en celo, quedando desmadejada en la cama, dejándome a punto de correrme.

Ummmm, me has dejado a medias, cielo, estoy a punto de correrme, quiero llenarte el coño con mi leche calentita, no me dejes asiiiiiiiiiiii. Ummm, espera un minuto, que me has dejado hecha polvo, y no te corras dentro por favor, yo haré algo para que termines como te has ganado, cielo.

Me salí de ella y dejé que se repusiera abrazándola, arrimando mi paquete a su culito y dándole besitos en el cuello a la vez que le susurraba al oído lo buena que estaba, lo mucho que me gustaba, lo caliente que me ponía oír sus gemidos, beberme los jugos de su orgasmo. Ella me dijo que le había encantado follar conmigo, que nunca se había puesto tan caliente con su marido (ahí descubrí que estaba casada, cosa que me excitó más si cabe), ni con ninguno de los que había follado en su vida antes de casarse. Me contó que con su marido la cosa no iba nada bien, que creía que le era infiel y por eso decidió devolverle la jugada con su primera infidelidad desde que se había casado ya casi 25 años.

Nos besamos de nuevo y entre besos, lenguas y labios me dijo que nunca había probado la leche de un hombre y que hoy quería beber de mi polla, quería conocer el sabor de mi semen, a lo que le respondí que encantado. Estábamos los dos tumbados en la cama boca arriba, ella apoyada en mi pecho, con una mano entrelazada a la mía agarramos los dos mi polla que había perdido un poco su dureza y empezamos a masturbarla, apretándola fuerte (cosa que hace que se me ponga dura en un momento, eso me pone mucho), siguiendo el ritmo que yo marcaba durante unos minutos. Cuando aprendió como me gustaba, soltó mi mano y solo con la suya siguió pajeándome, cada vez más rápido, más fuerte, apretando de vez en cuando como si quisiera estrujarla, lo que hacía que se me pusiera a tope de gorda.

Ella se dio cuenta que estaba cerca de correrme y llevó su boca hacia la punta de mi pene, ayudando la paja que me hacía dándole lametones como si fuera un chupa-chups, metiendo mi capullo en su boca y relamiéndolo mientras que con la mano subía y bajaba.

Ahhhhh, ¡qué bueno! ¡Qué bien lo haces, cielo, vas a hacer que me corra! ¡Me tienes a mil! Ummmm, siiiii, quiero que te corras en mi boca, como antes hiciste tú conmigo, quiero beberteee –respondió mientras aumentaba el ritmo de su mano, acercando más su boca, abriéndola para recibir mi leche recién ordeñada.

En unos instantes y con un escalofrío que recorrió mi espalda noté como mi orgasmo era inminente, avisándole por si quería apartarse, pero ella metió mi polla en su boca para recibir las descargas dentro y no perder una gota. Me corrí como no había hecho antes, lo que a mí me pareció litros de esperma salieron a borbotones de mi glande, notando como Eva absorbía la leche que le estaba dando, tragando lo que podía y soltando lo que no podía tragar, que resbalaba por sus labios, cayendo por su cuello, llegando hasta sus tetas.

Relamiéndose se tumbó junto a mí, que estaba resoplando de la corrida que esta mujer me había provocado. Se abrazó y me besó en la boca, notando el sabor que tenía, cosa que nunca había hecho pero que me encantó al notar en su lengua los restos de mi corrida. Nos seguimos besando un buen rato mientras comentábamos las mejores jugadas.

Uf, cielo, me ha encantado cuando me has puesto a 4 patas y me has cogido del pelo –decía ella mientras me miraba a los ojos-. Nunca me había sentido tan dominada, tan… puta, y que me lo dijeras me ha puesto más caliente, eres un amante excepcional. No cielo –le respondí yo-, la maestra en la cama eres tú, jamás había estado con una mujer tan buena y tan caliente. Y lo de llamarte puta, perdóname, nunca lo había hecho pero me ha salido de dentro, me parecía que era el momento perfecto para usar ese lenguaje, perdona si te ha molestado, la verdad es que no creo que seas un prostituta, sino una mujer caliente y fogosa… que folla como los ángeles, ¡si es que los ángeles follan! Jajajajaja, no creo que los ángeles puedan follar, sin sexo es difícil, ¿no crees? Y no me ha molestado lo que me has llamado, al contrario, me ha puesto como una moto. Yo tampoco lo había hecho así nunca, pero ha sido de los mejores polvos de mi vida. Y el sabor de tu semen… uf, ha sido una pasada, no es un sabor agradable para una ensalada, pero en ese momento me ha parecido lo mejor del mundo, a partir de ahora intentaré probar más veces ese sabor… ¡a ver qué piensa mi marido de eso!

Nos besamos de nuevo, cuando acabamos me miró a los ojos y me dijo que aunque no quería tenía que marcharse. Su marido no estaba en casa, pero aun así al día siguiente tenía que madrugar para ir a trabajar. Le ofrecí ducharse en casa, pero me dijo que quería dormir con mi olor en su cuerpo. Nos despedimos en la puerta, le pedí su teléfono, pero me dijo que ella ya tenía el mío y que me llamaría si volvía a quedarse sola. Cosa que no ha pasado… de momento.

Ni que decir tiene que al día siguiente no tenía ningún tipo de estrés ni tensión en el cuello o espalda… ¿sería por el masaje terapéutico o por el otro tipo de masaje?

P.S. Gracias a todos los que me han leído y me manden sugerencias para mis próximos relatos. Espero que lo voten. Todos los comentarios serán bien recibidos. Gracias a todos y sobre todo a todas, estoy abierto a vuestras experiencias. Sed felices siempre…

Autor: Jordi

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Mi hermano y Evangelina

Me shoquea el alarido de placer de esa hembra desbordada por el deseo y el orgasmo que la está inundando junto con la leche de mi hermano que debe estar corriendo como un río de lava en su interior, aturdida por los gritos y alaridos de los dos que están sumidos en una descontrolada eyaculación…me invade un orgasmo en el que me dejo caer hasta quedar casi inconsciente.

Mi locura sexual con mi hermano Guillermo se desató porque… él… es un adonis. Morocho, casi moreno, a los 22 años tiene un cuerpo musculoso y viril de un hombre de 26 ó 28; como consecuencia de muchos años de jugar buen vóley, su aspecto es el de un deportista de alta competición. Su metro ochenta y siete de altura lo hace imponente cuando camina por el departamento que compartimos. Para colmo, lo copa andar todo el día solo con sus adorados slips strech brasileros, que usa también en la playa (y que hacen correr ríos de baba y otros jugos non-santos, de mis amigas más íntimas).

Mis compañeras de facultad se pelean por venir a estudiar conmigo, sobre todo a la noche que es cuando él esta. Vivimos los dos, aquí en Buenos Aires, en un departamento de estudiantes (somos de un pueblo de la provincia de Córdoba) que compartimos desde principios de este año en que inicié mi carrera de abogacía. La rutina diaria de Guille es muy simple. A la mañana trabaja en una Agencia de Publicidad donde ingresó como modelo hace dos años y ahora ya es Jefe (de no se que cosa). Desde allí, a las 14, se va a la facultad donde estudia Análisis de Sistemas y después directo al gimnasio donde practica por dos horas.

Luego viene a casa, casi siempre con alguna de sus hembritas, o las espera boludeando en su habitación hasta que ellas, solitas vienen a caer al matadero (nunca mejor aplicada la palabra, jejejejeje). Para su placer… y mi tortura (quejidos, jadeos, llantos, gritos…etc, etc) parece que necesita tener en permanente funcionamiento su descomunal aparato sexual (sus amigos en nuestro pueblo lo llamaban <burrito herniado>) A sus víctimas las <trabaja> dedicadamente por casi tres, o a veces hasta cuatro horas, hasta destruir por completo todas las resistencias físicas, anímicas, espirituales y viscerales de su “hembrita de turno”. Allí reduce sus inagotables reservas de sexo y después que termina la <faena> las despide desde la puerta o las deja un rato en su habitación para que se repongan y puedan caminar para irse. Se vuelve a poner su slip y viene a la cocina donde yo preparo siempre alguna cosa rica que compartimos hablando de temas generales sin ninguna relación con lo que, solo unos momentos antes, acaba de ocurrir.

Se que mi hermano es… un predador nato (no depredador, ¡Ojo!)…. es una fiera hasta que logra saciar lo que necesita -esto es asegurarse que su hembra ya no querrá sexo por lo menos por una semana- entonces se transforma en un dulce, cariñoso y hasta mimoso bebote que parece incapaz de espantar una simple mosca… por miedo a golpearla. A pesar de mi extremo cuidado en no interferir en la vida de Guille…. las cosas no me salen como deseo.

No entiendo que es lo que nos ha cambiado. Hace algún tiempo que ha comenzado a comportarse de manera extraña conmigo. Esta re-celoso y muy mezquino. Este ha sido un año en el que las relaciones con mi hermano se pusieron bastante tensas y difíciles siendo que siempre habíamos sido muy compinches en todo. A veces supongo que son celos ya que mi desarrollo como mujer ha provocado que (ya muy cerca de cumplir 19 años) mi figura se ha ido ¡reforzando! en forma notable.

Me cela con todo el mundo. Desde el portero del edificio (un negrazo azabache, brasilero, de 46 años que tiene un lomo espectacular) hasta el cigarrero que me vende los puchos (un dulce y tierno marido que tiembla como una hoja cuando me da el vuelto delante de su mujer).Él dice que a estos dos se le pone la vista vidriosa cuando, a media mañana, vuelvo con las calzas y remera empapadas de sudor, de mi rutinaria carrera de tres kilómetros.

Porque yo también tengo mi rutina. Desayuno con el Guille, a las 8 él se va, arreglo las dos habitaciones, me pongo mis calzas y me voy a correr. Si llueve tengo mi bicicleta fija en el baño que me hace transpirar como loca…. sin embargo, trato de no usarla porque me pone en un estado de calentura descontrolada….. Me deja….bufff. Es que sabiendo que no me conviene hacerlo me encanta pedalear apoyando mis antebrazos en el manubrio. El asiento se mete en mi entrepierna y frota mi clítoris a través de la calza (que casi siempre termino sacándola y sigo desnuda)…. y me pone como un volcán que ni la ducha posterior logra calmarme.

Para colmo de males Guille usa mi bicicleta fija para otros menesteres (que ya les contaré) lo que provoca que me ponga más caliente el pensar lo que en ella pasa con otras niñas arriba. Luego me visto y voy a clases de inglés. De ahí, a la facultad y regreso a casa al anochecer. Navego un rato en Internet y me preparo para el espectáculo de ese día (Guille y sus niñas). Mi relación con Guille tuvo una coyuntura un día muy preciso, que tengo muy presente. Fue hace dos meses.

Llegó muy nervioso a las 10 de la mañana (extrañísimo en él, andar por casa a esa hora). Yo sabía que volvía de acompañar al Aeropuerto de Ezeiza al presidente del directorio de su empresa que viajaba a Miami. Entró re-nervioso y se fue a su habitación, lo seguí extrañada y le pregunte que le pasaba. Me dijo que tenía que cambiarse de ropa porque iba a acompañar, por pedido del Presi, a su esposa a una reunión de beneficencia y su ropa sport no era adecuada. En eso sonó el timbre, fui a atender… Me quedé impactada de ver el monumento de mujer que había tocado timbre.

Desde el palier me miraba con una sonrisa una mujer madura (38 que aparentan 30) de una belleza… que me deslumbró (y eso que soy mujer). Tan alta como mi hermano, de tez bronceada por el sol (sin exageración) pelo color azabache, natural, suelto hasta los hombros y unos ojos color verde claro que no eran de lentes de contacto, estoy segura. Tenía puesto un trajecito de tela muy fina color miel que ajustaba un cuerpo escultural.

Como era un día caluroso de fines del verano se notaba claramente que debajo del saquito solo estaba el soutién que sostenía, sin contener, por lo menos 98 cm de pecho (como dicen los varones). Junto con su sonrisa entró decididamente al living… en ese momento pude apreciar tres cosas… dos de las cuales me llenaron de envidia. La cola que marcaba su ajustada pollera tubo no me dio envidia porque si bien esta mujer era un monumento no tengo nada que envidiar… yo tengo lo mío… ¡ y recién 19 añitos ! Pero los aros y las sandalias superaltas me hicieron poner verde. Esa mujer emanaba erotismo por todos los poros y si a eso le sumamos las impactantes sandalias superaltas con tiritas trenzadas en sus esbeltas piernas hasta casi la rodilla y un par de aros de antología…. bueno, que más les voy a contar!

Vos debes ser la hermanita de Guillermo, (sonrisa), encantada de conocerte, soy Evangelina, la esposa del ogro que hace tartamudear a tu hermanito (sonrisa). Sos más hermosa de lo que me habían comentado, yo no pude ir al brindis de Fin de Año porque estaba en Punta de Este. Pero los comentarios en la agencia, de tu presencia en esa fiesta, aún se escuchan, jajajaja- Claro, un prodigio de belleza masculina como la de tu hermano no puede tener una hermanita así nomás.

Tu nombre es Natalia… ¿verdad?… no te sientas incomoda, nena… sinceramente, así como estás… de “entre casa” me doy cuenta que tenés un cuerpo privilegiado… y con esa carita y mirada inocente…. mmmmmm….vas a hacer desastres cuando salgas al ruedo… (Sonrisas de las dos). En eso sale de su habitación el Guille “disfrazado” con un saco y una corbata de las que tiene aquí papá para cuando viene a Buenos Aires. Juaaaaaaaaaaa! La verdad que estaba re-pintón pero a mi me causó mucha gracia verlo con corbata y saco de papá. Me hecho con una mirada fulminante que me puso seria en el acto.

Cuando guste, señora, estoy listo (sonrisa nerviosa).- dijo Guille aprestándose a salir. Eva lo miró. Yo que estaba a un costado, pude ver un cambio impresionante en la expresión de la mujer. Se lo comía con la mirada. Guillermo esa corbata es muy seria para un joven como vos, ¿no es cierto Natalia?, y encarando decididamente hacia la habitación de Guille le dice -. A ver muéstrame las otras corbatas a ver si encontramos alguna que convine con tu saco y que sea más alegre.-

Entraron en la pieza de Guille y como el placard esta detrás de la puerta de entrada, al abrir el mueble quedó en la puerta de entrada una abertura de más o menos 10 cms. Curiosa como soy me lancé como una flecha a mirar por la pequeña apertura. La pared completa de espejo (es un perfeccionista mi hermanito… jijiji). Me daba una visión perfecta… tenía  todo el dormitorio al alcance de mi vista. Evangelina revisaba las corbatas colgadas en la puerta del placard y de allí paso a mirar la ropa colgada en la perchas.

-. ¡Guillermo! ¿Porqué no te pones este conjunto de saco azul y pantalón claro ?… te va a quedar mucho mejor… Vamos, dale, veamos como te queda… (y ante la duda de Guille) ¡Vamos… no seas tontamente vergonzoso… si es solo cambiarte de pantalones! Mientras Guille se sacaba el saco ella siguió buscando en el placard… – Ayyyyy!…esta camisa celeste es mucho mejor que la que tenés, veamos como queda el conjunto.

Guille comenzó a sacarse toda ropa hasta quedar solo con el slip brasilero que le encanta usar… Eva, con la ropa que había elegido en la mano… lo miraba como encandilada… Cuando mi hermano intento tomar el pantalón de sus manos ella los alejó y los puso en el estante. Tomo a mi hermano por los hombros y miraba con detenimiento su cara y torso. -. ¡Espera!…dejame que te vea un poco… este cuerpo es un cosa de locos!- dijo con la voz un poco enronquecida y entrecortada mientras recorría con sus manos el torso desnudo de Guille. Guille estaba duro como si le hubieran metido un palo en el culo. Ella pasaba sus manos temblorosas por la cara y el pelo de mi hermano y se iba acercando lentamente con su boca a la boca de mi hermano.

El estúpido no movía ni un pelo, Eva con una calentura que no podía ocultar lo tomó con ambas manos de la nuca y casi le comió la boca de un apasionado beso. Conozco a mi hermanito… estaba a solo segundos de que se le volara la locura…. pero se contenía bien. Esto fue la perdición de la mina. Pensando equivocadamente que el Guille no avanzaba amedrentado porque ella es la mujer del patrón, lo empujó suavemente, mientras lo besaba con furia, hasta ponerlo contra la pared y se dio vuelta de golpe apoyando la espalda y la cola contra él. Me llamó la atención ese movimiento pero en seguida me di cuenta la razón.

Mientras se refregaba lascivamente en el cuerpo de mi hermano apretándolo contra la pared se desabrocho el saquito y el gancho frontal del brassier. Dos espectaculares tetas saltaron hacia adelante. Tomando las manos de Guille que colgaban a ambos lados de su cuerpo las puso en sus tetas. Mi hermano comenzó a reaccionar apretándole con algo de furia los pezones (que me impresionaron por su tamaño y rigidez). Excitada y temblorosa la mina jadeaba como una loba en celo. Sus manos acariciaban las pantorrillas de mi hermano que estaba detrás. En un movimiento rápido desabrochó su pollera que cayó al suelo y la pateó lejos. Joder, ¡que cuerpazo escultural tiene esta guacha!

El Guille comenzó a bajar el saquito por la espalda, llevándose el brassier junto, mientras le besaba, lengüeteaba y mordía los hombros, la nuca y la espalda. Cuando le liberó los brazos Eva se prendió de sus propias tetas estrujándolas como para hacerla reventar.

Guille bajaba besando y lamiendo la espalda lentamente y con ambas manos se llevaba la tanga hacia abajo dejando a la vista el cuerpo desnudo más espectacular que he visto hasta hoy. Increíble el cuerpazo de esta veterana. Un pubis delicadamente recortado con dos terribles labios vaginales casi desproporcionados aún para un cuerpo de la talla de Evangelina. Cuando sintió la lengua que corría por entre sus nalgas se agachó casi en ángulo recto con el pelo largo colgando hacia adelante. Por el quejido que pegó supuse que la lengua había llegado a su culo o a su vulva. Tomando sus nalgas las separó para que mi hermano la comiera desde atrás con más comodidad. Sus tetas colgando eran simplemente espectaculares y muy firmes para una mujer de su edad.

Ella jadeaba, se quejaba y casi gritaba como si se la estuvieran clavando. Sabiendo lo que venía pensé: espero que esta mujer se guarde quejidos y lamentos para más adelante. Mientras le comía la vulva, con un ansia que hasta ruido hacía, el Guille le fue desatando las sandalias desde las rodillas… después se fue parando lentamente besando su espalda haciendo que ella se enderezara de nuevo. De improviso la dio vuelta y ahora sí, quedando frente a frente tomó todo el protagonismo, la abrazó con fuerza besándola en la boca con desesperación. Mi camiseta había desaparecido y mi short estaba hecho un nudo con mi tanga enrollada en mis pies. Tanto como ella, yo estaba caliente como una yegua. Mis dedos repartían electricidad por todo mi cuerpo. Al llegar a mi vulva… sentí el primer cortocircuito… y me acabé como loca frotando mi afiebrada vulva. Guille fue llevando lentamente a Evangelina hasta el borde de la cama e hizo que ella se sentara. A medida que bajaba, ella se llevaba el slip para abajo.

Cuando sus ojos, que venían mirando lujuriosamente a mi hermano a los ojos, bajaron la mirada hacia la verga de Guille… se abrieron desmesuradamente como si hubieran visto al mismísimo diablo. Mi vidaaaa… esto es algo que… por favorrrrr… nunca supuse… mmmmmm… esto es… ¡es una fantasía! La verga de Guille, aún sin estar en erección plena (lo he espiado en muchas oportunidades) ya había tomado proporciones alarmantes. Estaría recién en 22 cm y los 6 de diámetro que los toma apenas empieza la erección. Estoy segura que la lujuria de Evangelina no le permitía razonar las consecuencias… y mucho menos adivinar que mi querido hermano usaba esa herramienta como una verdadera arma mortal, sin piedad ni conmiseración alguna. Eso era lo más terrible que yo sabía y ella no.

Mientras ella tomaba con ambas manos la verga y comenzaba pasar la lengua por la cabezota salí corriendo por el pasillo, tiré mi ropa sobre la cama y busqué en el placard mi filmadora, con la que estoy armando un archivo interesantísimo. No volví a la puerta del pasillo sino al fondo de mi placard donde un paciente y minucioso trabajo personal de casi dos semanas, mientras mi hermano vacacionaba en Brasil, construyó el más espectacular visor (ocular y de filmación) que mi afiebrada mente pudo diseñar. Eva sentada en la cama tenía dificultades serias para chupar ese pedazo que ya estaba alcanzando su máximo tamaño.

Guille es muy aguantador en la mamada ya que siente un placer insano en la penetración salvaje. Eva chupaba con desesperación el glande pensando que lo haría acabar. Como también tenía los dedos de la otra mano en su clítoris terminó en un terrible orgasmo que la hizo sacudir como loca sin que al Guille se le moviera un solo pelo. Ahora si… ¡ Había llegado el momento de la verdad ! Humedecí con mucha saliva mi vibrador para que no irritara en demasía mi clítoris y lo puse paralelo a los labios vaginales tocando bien firme mi electrizante pijita (nunca me he penetrado por delante con el juguete… quiero hacerlo la primera vez como corresponde) Guille hizo parar a Eva frente a él y llevándola suavemente la ayudo a sentarse en el borde de la cómoda sobre una almohadilla (su lugar preferido). En ese lugar y posición el sexo de la hembra queda a la altura exacta de su verga, no importa la altura o el porte de la mina que lleve a ese santuario. Eva miraba hacia abajo la tremenda pija de mi hermano con una mezcla de lujuria, asombro, terror y pánico descontrolado.

-Despacio… por.. favor… mi amor…- suplicaba jadeante tomando la verga con sus manos como si quisiera detenerla.- Despacio… mi niño… que… soy un poco… estrecha… esto es… demasiado… grande…. Shhhh… Despacio mi amor… Guille con la calma que lo caracteriza entreabrió los dos primeros cajones laterales, dejando el del medio cerrado, y con mucho mimo… chupando los dedos de los pies de Eva… fue poniendo uno a uno los pies apoyados en los cajones (que están siempre dados vuelta al revés). Me enloquecía de morbo ver a Evangelina, con su tremendo cuerpazo, sentada sobre la cómoda con ambas piernas semi flexionadas sobre sus tetas y bien abiertas hacia los lados mostrando sus asombrosos labios vaginales muy separados, rojos y brillantes del flujo. El largo pelo negro revuelto y en algunas partes pegados a su cuerpo por la transpiración. Su mirada extraviada de lujuria y excitación con sus hermosos ojos claros casi salidos de las órbitas mirando lo que tanto deseaba y a la vez temía.

Guille agarró con una mano su verga y usándola como una paleta la empezó a agitar con una velocidad endiablada entre los labios vaginales de Eva que chorreaban flujo. La falsa rejilla de aire acondicionado, desde donde trabaja la filmadora, me permitía sentir el chapoteo del glande entre los labios y el clítoris. Eva se empezó a enloquecer y sacudía la cabeza hacia ambos lados en estado de trance y desesperación. -. No me… hagas así…guachoooo… que me … vas ha hacer…. acabar de nuevooo… ahhhhh… no la.. sacudassss…. por favor…. sssss… aaahhhhhh!

La cabezota pegaba sopapos en el charco de flujos que era la vulva. En su calentura descontrolada Eva empujaba un poco sus caderas hacia el borde de la cómoda para estar más cerca de Guille. En ese preciso momento él pegaba un pequeño golpe de caderas enterrando dentro de la vagina solo la cabezota… el grito y retroceso de Eva lo dejaba de nuevo en la posición de seguir con su enloquecedor frotamiento a mansalva. -Siii…como me haces gozar…pendejo… ssiiii….¡ Ayyyyyy!… ¡despacio!… hijo de puta…. ssssss…. es muy grande para mi… te dijeeee….ssssss…. mmmmm…. por favor… frota más despacio…que…me… vas…ha …hacer…acabarrrr…- Eva jadeaba pedía y rechazaba pero cada vez estaba más loca. Sabía que se debatía en una callejón sin salida Comenzó otro orgasmo que no pudo contener.- Tomaaa!…esto es…. lo que queressss…. guacho putoo…ahhhhh…ssss… que hermoso polvoo…. sssss… me vas a matar de gusto, poneme un poquito… sssss…. despacitooooo…. ayyyyyy! despacio me …estoy por acabar de nuevoooooo…

El ruido del chapoteo de flujo, por la cantidad de liquido aportado por el orgasmo de Eva, se hizo insoportable. Mi orgasmo comenzó a volcar flujo que sentía resbalar por mis piernas desnudas casi hasta las rodillas. Mojé mi mano y mis dedos llevando todo el líquido posible hasta mi cola.

Con mi dedo comencé a dilatar mi ano. La sensación de placer era indescriptible. Guille detuvo totalmente la enloquecida paja de verga que le estaba dando y mirándola muy fijo a los ojos tomo la cara Eva entre sus manos empapadas en flujo y le dio un profundo beso entrelazando sus lenguas con violencia. La verga había quedado en la puerta y una contracción característica de las nalgas de mi hermano me dio la pauta que había comenzado el martirio. Evangelina, con la boca semitapada por la lengua de Guille trataba, entre quejidos de dolor y jadeos de gozo, de detener… lo ya imparable!

-.Mmmm… esper… no..nno..ssss…aaaahhh… sssss…despac… ayyyy….mmmm… sssss….me…partis… en…dos…sssss….despacioo.

Las piernas levantadas de Eva y mi ubicación al costado de ellos me permitía ver como, inexorablemente, la barra de carne entraba… lenta… pero segura…estaba llegando a la mitad… solo podrían avanzar un poco mas… si seguían, la lastimaría. De todas las hembras que le conozco a mi hermano solo una, veterana de muy buena clase y estilo (de tanto o mayor tamaño y contextura física que Eva) soporta la tranca de Guille, por la vagina, ensartada hasta los pelos. Recuerdo que le llevó casi dos semanas de cogerla, casi todas las tardes, hasta que logró acostumbrarla a tragarse semejante chipote hasta el tronco. Evangelina lloriqueaba… jadeaba… se descontrolaba… pedía más… puteaba… gritaba de desesperación. Tomé el vibrador bien lubricado y lo comencé a meter muy despacio en mi cola.

Los sacudones eléctricos de mi cuerpo eran sublimes. Guille detuvo la penetración cuando habían entrado las dos terceras partes. Dejó su tranca muy quieta abrazando y besando con dulzura y ternura a Eva. Ella temblaba entera… sus caderas involuntariamente se movían pero, en el vaivén, llevaban también las caderas de mi hermano. Es que la verga estaba totalmente calzada como si fuera una cuña… no entraba ni salía. Eva, sintiendo que se movían juntos, creyó que estaba ensartada hasta el tronco… con mucha lujuria y morbo miro hacia abajo. Al comprobar que aún había casi 6 ó 7 cm fuera de su vagina, presa de un ataque de desesperación, se largó a lloriquear con resignación.
-Yo quiero tenerla toda… pero no voy a poder… es demasiado… me siento completa… no se va a dilatar más….. Ssss… Como la siento…palpita dentro miooo….. Sssss -.

Está bien, no temas Eva… más de allí no pasaremos. Ahora voy a empezar a moverla muy despacio. Si te hago mal, me decís, y vamos más despacio… ¿sí? Eva, mordiéndose el labio inferior apoyo su espalda en el espejo de la cómoda, puso sus brazos apoyados a ambos lados levemente hacia atrás para sostenerse y mirando con voluptuosidad los sexos ensartados se dispuso a mirar con el placer que su cara toda delataba. -. ¡Dale!… despacito, mi vida… sssss…siiiiiii…. pero no la saques del todo… ahhhhh…. como me frota las paredes… sssss…. siii… .asiii.. .despacito… mira como está de giganteee… está untada de crema…. ssssss…. no, no te detengas…ahora empezá a entrar…. asiiiiiii…..sssssss.

La calma y tranquilidad con que el Guille sacaba casi por completo su verga y luego muy despaciosamente la volvía a meter estaba desencadenando un doble orgasmo. Uno en mí que tenía  el vibrador en mi cola haciendo el mismo recorrido pausado de entrada y salida y el otro en Eva que ahora movía ella sus caderas para que sus labios vaginales masturbaran la tranca de mi hermano. -. Sos duro… guacho… esta….dura… como un… vidrio…hijo de putaaa… me estas… haciendo … volcar como.. un balde… y vos no te acabas…..sssss… toma… tomaaa… ayyyy…… como me gustaaa…. toma mi potro… te adoro… que hermosa acabadaaaa…..ssssss.

Quedaron abrazados por un par de minutos. Sin desprender la penetración separaron sus cuerpos y se miraron el uno al otro. Una carcajada surgió entre ellos. La imagen de Eva era… calamitosa… estaba hermosa en su papel de mujer recién cogida como corresponde pero tenía  todas las huellas de lo que había gozado, sufrido, transpirado, acabado, llorado, etc… Guille fue sacando muy despacio su verga totalmente erecta empapada en los flujos de las acabadas de Eva. Cuando terminó de salir quedó bamboleante apuntando al cielorraso. Eva bajó de la cómoda, se sentó en la cama y comenzó a lamerla toda hasta limpiarla por completo.

-. Que pasa, mi vida?… Porque no pudiste acabar?… ¿es que no te excito suficiente?.- preguntó quedadamente Eva con un tono de sincera preocupación, no, Eva. Me pones reloco de placer y de calentura. Pero esta es nuestra primera vez… y yo quiero estar seguro que no sea la última.- le contestó Guille con una frase que es muletilla en todas sus primeras veces con alguna mina. -. Me querés tener esclavizada sexualmente… ¡Terrible hijo de puta!…jajajaja. Te juro Guillermo que nunca había tenido tantos orgasmos juntos como en este momento. No se que me pasó hoy. Quiero pensar que es la novedad y esa cosa tan grande que nunca tuve… porque si no es así… estoy jodida, nene…y estas jodido vos también…jajajajaja… porque seré tu esclava… o vos el mío…jejejejeje. No temas, siempre me tendrás cuando me necesites.

Tengo algunas amigas… pero nunca una mujer como vos… -. Andaaaaa… a quien vas a engañarrr!. Si hace tres meses… cuando te ascendieron a Jefe de Sección, la mujer de tu Gerente de División… que juega casi todos los días al tenis con nosotras en el club… no vino por casi dos semanas… ¿que dijo que le pasaba? ayudando a su hija con una materia, ¿que investigamos nosotras? que su marido estaba haciendo un curso de perfeccionamiento en Nueva York… ¿que investigue yo? que el auto que la pasaba a buscar todas las tardecitas por la casa, era de la empresa… ¿el único Renault 19 que tiene la empresa lo usas vos, no?…jajajajajaja.

-¡Inventas! Vamos a darnos una zambullida en el yacuzzi, querés?.- dijo Guille con una sonrisa y yo me enteré quien era la veterana que, todas las tardes de casi dos semanas, tanto gritaba y tan puta parecía, hasta que logró que se la enterraran hasta el tronco. Apagué la filmadora y me quedé esperando.

Para fisgonear en el baño tengo que esperar que entren, porque mi atalaya está en la ventanita que da al lavadero y debo pasar por el pasillo sin ser descubierta. En casi todas las hembras que le conozco mi hermano despierta instintos maternales (entre los más suaves, obvio, jajajaja), siempre que las lleva al yacuzzi o a la ducha lo bañan como si fuera un bebe. Bebe que después se encarga de meterlas en el potro de los tormentos… (O sea mi bicicleta fija que guardo en el baño) hasta que quedan afónicas de gritar. Eva no fue la excepción de ninguna de las dos cosas. Jugaron como chicos un rato en el yacuzzi y luego lo hizo parar, semicubierto de espuma, para tomar el jabón y untarlo de espuma más espesa en todo el cuerpo. Como siempre Guille estaba con la tranca al rojo vivo.

Tomó a Eva entre sus brazos y mientras le traspasaba espuma de su jabón seguía enjabonando minuciosamente ese espectacular cuerpo de hembra madura. Cuando al principio de este encuentro Eva se quejó notoriamente cuando Guille llegó con la lengua a la zona de su cola, me hizo sospechar que esta señora tenía allí un punto débil. En el baño lo comprobé completamente. Salvo las caras y el pelo que no tenían jabón, los dos cuerpos en medio del baño, se abrazaban con morbo y lujuria cubiertos de blanca y espesa espuma. Guille tomó desde atrás a Eva y mientras con una mano sobaba sus impresionantes tetas enjabonadas, con la otra frotaba su vulva provocando que ella se retorciera como una anguila resbalosa. Fue bajando su mano de la tetas y pasándola hacia atrás comenzó a frotar el canal entre las nalgas. En un momento, al sentir un dedo entrando en su culo, Eva pegó un grito de placer y notoriamente abrió las piernas para facilitar las operaciones de la mano de Guille en su culo.

-Siiiiiiiii….. mi viiiiiida…. eso essss. .. lo que vuelve locaa… siiiiii….. asiiii… dos dedossss….siiiii…. massssss….me enloqueceeeeeee…

Guille sin sacar los dedos de su cola… la va llevando hacia mi bicicleta. Ahora si veo bien…. tiene dos dedos adentro y los mueve con fuerza entrando y saliendo con rapidez. Mientras Eva parece que esta perdiendo el control de sus articulaciones… se mueve espasmódicamente como en una danza extraña y desarticulada…

Saca por unos instantes los dedos y la hace sentar en la bici… pone una salida de baño doblada sobre el manubrio fijo… hace que ella apoye sus antebrazos en la toalla y su frente sobre los antebrazos para que quede bien agachada… desde el costado soba sus tetas con dureza apretando los pezones y repone los dedos en el culo… pero ahora son tres… Eva esta enloquecida gritando de placer… es evidente que la zona erógena de su culo es incontrolable para ella. Guille se va colocando lentamente detrás de ella y pasando la mano libre por la espalda de ella carga bastante espuma en la palma y unta bien todo el largo de su chipote que esta esperando la orden de entrada. Saca los dedos del culo de Eva y con las dos manos separa las nalgas al máximo calzando su verga en posición. Eva descubre que mirando hacia el costado puede ver, en el espejo del tocador, lo mismo que yo estoy viendo del otro lado… la más erotizante y enloquecedora de las enculadas que se puede imaginar en la fantasía más loca.

Eva grita pero no de dolor ya que Guille ha puesto solo la cabeza…es gozo desbordado por las cosas que dice… por la forma en que alienta a mi hermano a que avance… por como mueve las piernas en los pedales de la bicicleta fija para sentir que su cadera hace balancín sobre la terrible verga que la esta penetrando. Guille deja las nalgas y se toma de las caderas de Eva… estoy segura que ahora no va a parar ante nada… sin prisa y sin pausa, con los ojos entrecerrados mirando hacia el espejo él también, comienza a penetrar el culo de esa afiebrada mujer con una barra que no se hasta donde le va a llegar. -. ¡Entraa!..hijo de putaaa…. asiiiii… me enloquecee… me estoy acabandooo, sssss…. es un poco …. grrrrandeee….sssss…despacito por favorrrrr…. aaaajjjjjjj… turro de mierda que grande que la tenessssss…. espera… sssss… no…para… esperaaaa.!

Guillermito…por favor… hasta ahí esta bien… no más mi vidaaaaa….ayayayaya….que me duele… hijo de putaaaa…. me vas a desfondar…. me lastimassssss… .ayayayayay…. ssssss Eva boquea hacia adelante como intentando tomar aire… mira hacia el espejo como el boxeador seminoqueado que mira el reloj de la campana… ve que falta menos…traga aire en la desesperación y cuando abre muy fuerte la boca para adelante se le escapa un eructo gutural….. Su voz se pone ronca y las incoherencias que dice ya no se entienden para nada… en un momento dado se descontrola del todo y comienza a gritar desaforadamente como una loca… Guille lo sabe… es el momento del empujón final… se afirma bien y de un saque se lo entierra hasta que salta la espuma expulsada por el golpe de su pelvis contra las nalgas de ella.

Guille sabe lo que hace… ahora se queda totalmente quieto… la tiene ensartada hasta los pelos…. suavemente le acaricia las nalgas, las pantorrillas, la cintura y parte de la espalda… es como si le hiciera masajes para que afloje las tensiones. Como despertando de un largo letargo Eva se queja y lloriquea quedadamente… de a poco mueve apenas sus piernas… se siente terriblemente empalada y también siente (como yo cuando hago ejercicios) que el fino asiento de carrera de la bicicleta esta metido entre los labios de su vulva encajado por la terrible fuerza del empuje que soporto desde atrás.

Es clásico… ya lo he visto que les ha pasado a las otras…suelta las piernas para que queden colgando y sienten el contacto fuerte de su clítoris con el asiento… como su ano ya se dilató bastante y se amoldó a la barra de carne que la tiene clavada, comienza a balancear las piernas que están colgando… lo hace levemente hacia adelante y atrás…el asiento se mete y sale entre los labios apretando el clítoris… estos movimientos no son razonados (porque lo hacen todas)… esta es la señal para Guille… que comienza entrar y salir muy cortito y suavemente con su estaca. Cuando ella siente que la verga entra y sale sin causar ningún dolor pero si un intenso y desbordante placer se va soltando y dejando sus impulsos librados a su enloquecida lujuria.

La verga de Guille es una mole que avanza y retrocede utilizando casi todo su recorrido. Cada vez con mayor violencia y desenfreno. Eva se pone re-loca. Tira tan atrás sus piernas que mi hermano alcanza a manotearlas y tomándola de las rodillas, como una carretilla, la hace ir y venir por su verga y sobre el asiento…ella grita como posesa y dice no poder controlar más sus orgasmos… pide la leche de mi hermano… casi en el aire se toma del manubrio y tira un poco su cuerpo hacia adelante… al ser tirada por él hacia atrás baja deliberadamente la pelvis y la punta roma del asiento de plástico se entierra de un saque en su vulva casi al mismo tiempo que la verga se le mete hasta el tronco por su culo.

Me shoquea el alarido de placer de esa hembra desbordada por el deseo y el orgasmo que la está inundando junto con la leche de mi hermano que, después de tanta retención, debe estar corriendo como un río de lava en su interior erotizada por lo que veo (reconozco que esto de la penetración del asiento en la vulva lo veo por primera vez)… aturdida por los gritos y alaridos de los dos que están sumidos en una descontrolada eyaculación que parece no terminar nunca…me invade un orgasmo en el que me dejo caer hasta quedar casi inconsciente.

Después de un rato de estar totalmente desnuda en el suelo, siento que me vuelven las fuerzas y me recupero. Me levanto del piso del lavadero y siento que se están duchando. Me voy a mi habitación y dejando todo en orden me meto en la cama, así desnuda como estoy, para recuperar fuerzas. Al poco rato siento que entre risas salen del baño y entran en la habitación de Guille y empiezan a vestirse. Cuando estoy casi quedando dormida siento que los dos, ya vestidos, salen apurados pensando que excusa dar en la reunión a la que van a llegar para los aplausos. A partir de ese día algo cambió dentro mío… y no se explicar que cosa, ni porque.

Autora: Natalia

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En la cafetería del campus

El latir de mi corazón se había acelerado al igual que mi temperatura con el espectáculo que le estaba dando a aquel chico y que él no podía hacer nada más que observarme fugazmente  puesto que estaba acompañado de su pareja. Aparté el short hacia un lado y comencé a acariciar mis labios, los frotaba de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha y gozaba con las olas de placer que recorrían mi cuerpo.

Hola, soy Eva de nuevo. Para aquellos que lean mi relato por primera vez, me describiré brevemente. Tengo 23 años, trabajo por las mañanas como maestra en una escuela  preescolar y por las tardes estudio la carrera de psicología en la universidad. De  vez en cuando, también hago trabajos para una agencia de edecanes y modelos.

Mido 173cm y peso más o menos 50 kilos, mi piel es clara, mis ojos color gris y mi cabello casi rubioo. Mi figura es delgada con piernas torneadas, trasero firme y levantado, cintura estrecha y redondos senos muy bien proporcionados.

A decir verdad, me considero una chica vanidosa y desde muy pequeña, me ha gustado ser el centro de atención en cada lugar donde estoy. Cuando era muy joven, me desarrollé prematuramente y pronto descubrí que mis formas llamaban la atención de mis compañeritos y de más de un profesor en el colegio. A esa edad, no sabía que era exactamente la sensación que me invadía cada que me percataba de esas miradas; pero cuando crecí un poco más, caí en cuenta que el provocar reacciones en los hombres y en las demás personas era algo que me excitaba muchísimo y me agradaba de igual forma.

Desde entonces, siempre me ha gustado vestir sexy con la ropa más provocativa de mi guardarropa  y salir a las calles. Pero no sólo eso, he descubierto que me encanta la sensación cuando dejo escapar alguno de mis senos o cuando abro las piernas provocativamente y alguien nota mi acción en plena calle.

Les contaré lo que pasó hace poco cuando tuve que viajar a otro campus puesto que no encontré un libro que necesitaba en la biblioteca de mi universidad.

Ese día vestía con un escotado top de seda color rojo que se sujeta sólo con un par de tirantes delgados y termina en triángulo en la parte frontal, así que mis hombros, espalda y cintura estaban completamente descubiertos; además no traía puesto sujetador permitiendo que mis pezones se hicieran notar descaradamente debajo de la prenda. También vestía con un pequeño short color arena que se ajustaba a mis nalgas pero que era un tanto suelto en la entrepierna, así que si alguien miraba con atención, podría notar cómo se asomaba mi tanga color rojo por debajo del short en medio de mis largas y tersas piernas.

Salí de la biblioteca después de conseguir el libro que buscaba y me dirigí hacia la cafetería por una soda puesto que el día estaba muy caluroso. Después me senté a una mesita con una sombrilla que proporcionaba una muy agradable y fresca sombra. La mesita daba hacia una explanada cubierta de pasto, rodeada de varios árboles en donde se encontraban varios grupos de chicos descansando o preparándose para su siguiente clase.

Justo frente a mí, como a unos 5 ó 7 metros de distancia, debajo de un árbol se encontraba una pareja de novios que se acurrucaban y besaban en cada mínima oportunidad. El chico no era muy guapo, pero definitivamente no era feo; a la chica no pude verla bien puesto que estaba sentada un tanto tapada por el mismo árbol.

Mis intenciones eran sólo las de tomar mi bebida y retirarme de ahí, pero en cuanto vi a esa pareja, me invadieron unas incontrolables ganas de mostrar mi cuerpo y provocar a aquel joven para ver qué reacciones tendría junto a su novia. Sólo bastaron unos segundos para que el chico notara mi presencia y sin duda le gustó lo que vio. Una vez que llamé su atención, me dispuse a obsequiarle una mejor vista de mí.

Primero lo miré fijamente y le sonreí como si ya nos conociéramos; el chico no me devolvió el gesto y de inmediato se volteó hacia su pareja. Yo sabía que ya había captado su atención, así que no era necesario que lo volviera a saludar.

Tomando el calor como pretexto, saqué unas toallitas húmedas de mi bolso y comencé a frotar mi cuello y mi pecho para refrescarme un poco, el fresco de la toalla y el roce con mi piel hizo que mis pezones se endurecieran de inmediato y que se notaran aún más por debajo de la tela del top. Una vez que me había refrescado, deslicé un poco el top hacia abajo y comencé a pasar la fría toallita por mis pezones hinchados. La pasaba de un lado a otro a la vez que jalaba ligeramente de ellos para mantenerlos bien paraditos.

Después de refrescarme con las toallitas, dejé abierto el top para que mis pezones se asomaran por encima de la costura; al estar tan endurecidos, no permitían que el escote regresara a su lugar y cubriera de nuevo mis senos.

Estoy segura que el chico advirtió mis movimientos, pero yo ya no le tomaba tanta atención a él puesto que no quería que pensara que lo estaba seduciendo o algo así. En ese momento yo ya estaba algo excitada, así que saqué otro par de toallitas y comencé a frotarlas suavemente por mis pantorrillas y piernas, estoy segura que esa acción captó la atención del muchacho; después, separé las piernas y comencé a deslizar la toalla por la cara interior de mis muslos.

El latir de mi corazón se había acelerado al igual que mi temperatura con la sola idea del espectáculo que le estaba dando a aquel chico y que él no podía hacer nada más que observarme fugazmente  puesto que estaba acompañado de su pareja.

Aparté el short hacia un lado y comencé a acariciar mis labios con mucha sutileza, los frotaba de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha y gozaba con las olas de placer que recorrían mi cuerpo.

Llegó un momento en que no pude más, aparté la tanga hacia un lado y comencé a frotar mi dedos en el interior de mis húmedos labios; presionando y acariciando suavemente mi ya endurecido clítoris.

Estoy casi segura que dejé escapar uno o dos pequeños gemidos después de aquella experiencia y que tanto el chico como su novia los habían escuchado, pero no me importó mucho y continué con mi placentero masaje.

De reojo podía ver que la pareja continuaba con sus abrazos y cariños, pero que el joven me observaba atentamente por encima del hombro de su novia lo cual me agradaba muchísimo.

Después de unos placenteros minutos acariciando mi sexo, me acomodé la tanga y el short, me ajusté el top que aún exponía mis pezones al aire y me terminé mi soda. Tomé el libro que saqué de la biblioteca, me levanté y me fui de aquella cafetería con una satisfactoria sensación por haberme auto complacido y por  haberle regalado un candente espectáculo a aquel chico.

Hasta ahora que lo pienso, mi atención estaba tan centrada en aquella pareja, que nunca paso por mi mente si  alguien más se daría cuenta de mis acciones en aquella cafetería. Si ese fue el caso, espero que hayan disfrutado de la experiencia tanto como yo.

Autora: Eva

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