Me atreví

Al sentir todo ese calor dentro de mi cuerpo, exploté. Su boca besó todo mi cuerpo, y de momento comencé a sentir que separaba mis piernas y su lengua entraba en contacto con mi clítoris. Fue tal la impresión que por un buen rato, ni tan siquiera recuerdo haber movido un sólo músculo, disfrutando de lo que me estaba haciendo con su boca.

Hola, mi nombre es Lisa, y desde hace algunos meses tengo algunas amistades con derecho. Para los que no estén familiarizados con el término, amigo con derecho significa, por lo menos en el ambiente donde me desenvuelvo, que ese chico o chica tienen todo el derecho del mundo de mantener relaciones sexuales con su amigo o amiga, pero como dice mi padrino que es abogado, siempre y cuando sea por consentimiento mutuo, pero sin ningún compromiso de parte de ninguno de los dos.

Hace unos cuantos meses, cuando me enteré de eso, pensé que los chicos eran unos aprovechados, y las chicas unas retardadas o que estaban tan desesperadas que se prestaban para eso. Pero al asistir a una fiesta privada, con algunas de mis amigas, me encontré que una de ellas, después de un rato se escapó al patio, con un chico con el que mantuvo relaciones sexuales.

Pensé al principio que eran novios, pero al día siguiente, al tocar el tema con ella, me confesó que su verdadero novio se encontraba de viaje, y que antes de ir a la fiesta habló con ella por teléfono, pero que la dejó tan excitada, por las cosas que él le dijo, que pensaba hacerle cuando él regresara en un par de días, que al llegar a la fiesta y encontrarse a ese amigo suyo, lo invitó a que la ayudara a que se le quitase la calentura, a lo que el amigo de ella, encantado de la vida le dijo que sí.

Cuando yo los vi caminando hacia el patio trasero, agarrándose y besándose mutuamente, como les dije pensé que eran novios, y me dio curiosidad por saber que pensaban hacer, por lo que los seguí discretamente hasta el patio trasero de la casa donde se ocultaron tras unos paneles de madera al tiempo que seguían besándose y acariciándose mutuamente, también se fueron despojando de toda su ropa.

Hasta que ya del todo los dos desnudos, vi como mi amiga abría sus piernas y el tipo que yo pensaba era su novio, le enterraba sabrosamente su miembro dentro del coño. Mi amiga comenzó a mover sus caderas al tiempo que él metía y sacaba una y otra vez su miembro del cuerpo de ella. Bueno como me quedé algo excitada y muerta de envidia de la suerte de mi amiga, que pensaba yo que tenía a su novio para compartir ese momento, me marché, dejándolos en paz.

Pero cuando mi amiga me contó todo, me quedé sorprendida, tanto que ella se dio cuenta y me dijo. En lugar de ponerte a juzgarme, la próxima vez que estés con ganas de que tu novio te lo meta y él no se encuentre, llama a algún amigo tuyo para que te resuelva, si te atreves. Esa era la clave atreverme, la idea me estuvo dando vueltas en la cabeza, hasta que mientras leía una novela, me adentré tanto y tanto en la trama, que leyendo un capítulo, donde los personajes centrales mantenían un tórrido romance.

Quedé tan excitada, que las palabras de mi amiga me daban vuelta en la cabeza, y por casualidad un compañero de clases, pasó a buscar un informe por mi casa, en ese momento estaba sola, y al verlo parado en la puerta, lo invité a entrar, así que mientras me dirigía a mi habitación, seguida por él, como de costumbre para sacar el informe de mi computadora y pasarlo a su memoria USB, me atreví a preguntarle si sabía que era eso de amigos con derecho.

Por unos segundos él se quedó callado, hasta que me dijo. Bueno son ese tipo de amigas, que cuando uno como hombre, tiene muchas ganas de tener sexo, ellas se acuestan con uno sin compromiso alguno, que no sea el de pasar un buen rato. Y de inmediato le pregunté y si es la chica la que tiene las ganas, él sonriendo me respondió, es lo mismo, la idea es que los dos pasen un buen rato, pero sin compromiso. Es decir él tiene su novia y esta no se entera y ella puede tener su novio, y ese tampoco se entera.

Al terminar de decirme esas palabras, se me acercó y de manera suave mientras llevaba su mano a mi rostro, me preguntó, ¿necesitas un amigo con derecho?  A lo que bajando mi rostro algo avergonzada, le respondí que sí. Él me volvió a preguntar, si realmente deseaba tener un amigo con derecho y nuevamente le respondí que si, entonces me dijo, bueno si eso es cierto cambia esa cara, alégrate, ya que los dos pasaremos un buen rato…

Sin decir más colocó su boca contra la mía y me comenzó a besar de manera salvaje.

Yo aún me sentía algo tímida, pero al sentir todo ese calor dentro de mi cuerpo, exploté. Toda esa calentura que sentía dentro de mí, la dejé salir de golpe. Y como una desesperada me quité toda mi ropa mientras que sentía sus calientes labios contra los míos.

Sin pensarlo dos veces, me separé de su boca, le tomé de la mano y prácticamente lo jalé hasta mi cama. Su boca besó todo mi cuerpo, y de momento comencé a sentir que separaba mis piernas y su lengua entraba en contacto con todo mi clítoris. Fue tal la impresión que por un buen rato, ni tan siquiera recuerdo haber movido un solo músculo, disfrutando de lo que me estaba haciendo con su boca.

De esa manera alcancé un orgasmo muy especial, tras el cual separó su cara de mi vulva, y vi como dirigía su erecta verga directamente a mi coño. A medida que me fue penetrando, el placer que sentí fue único, y así como con él, he sentido ese indescriptible placer con otros amigos con derecho, que de la misma manera que ellos me han buscado a mí, yo los he buscado a ellos para pasar un buen rato.

Autor: Narrador

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Confesión y penitencia

De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.

No necesito una excusa para contarte mis andanzas en el pueblo. Con esta manía de las fotos, pensé en hacer algunas desde lo alto de la torre de la iglesia. Mis hijas me dijeron que no habría problema, pero de todas formas, pensé que tenía que pedir permiso al cura, así que entré en la iglesia, estaba vacía, pero él estaba en una garita de esas de confesarse. Hace tanto que no las uso. Me acerqué, y antes de que me diera tiempo a decir nada, me preguntó de qué me acusaba.

¡Vaya con el cura! Que cotillo. Me quedé cortada un momento, pero luego pensé en las ganas que tenía de contarle a alguien nuestra historia. Y recordé que los curas, si se lo cuentas allí no se lo pueden decir a nadie. Así que me arrodillé y le solté de golpe: ¡De lujuria, padre!  Eso pareció interesarle. Creo que hasta pegó un salto. No podía verle la cara, estaba muy oscuro. Se puso más tieso y acercó la oreja.  ¿De lujuria, hija?  Me preguntó.

Yo empecé a contarle mis andanzas. Diciéndole cuanto me gusta follar contigo por los rincones. Y como voy a trabajar sin bragas esperando que me toques el coño y me metas los dedos dentro, como una perra en celo. Que le he puesto los cuernos a mi marido en mi propia cama, como chillo y me retuerzo cuando me comes el coño. Que me la has metido por el culo, y también he disfrutado como loca. Él parecía escandalizarse, pero yo creo que se estaba poniendo cachondo.  ¿También has disfrutado con eso? ¡Claro!

Disfruté cuando mi culo se abrió para él. Fue como si me desvirgara. Como si nos desvirgáramos mutuamente. Porque para él también fue la primera vez. Disfruté oyéndole decir una y otra vez que le avisara si me hacía daño. Y sintiendo sus manos por mi cuerpo agarrándome con cuidado. Y cuando se corrió dentro de mi culo después de pedirme permiso… De repente me interrumpió, silenciosamente, abrió la rejilla y, sacando la mano, empezó a sobarme las tetas. Empecé a jadear, conteniéndome. Intentando mantener la compostura. Pero la verdad, es que yo también estaba cachonda de recordar todo lo que habíamos hecho.

Él continuaba tocando y manoseando por encima de mi camiseta. Empezó a tirar de ella hacia arriba, hasta que consiguió meter la mano dentro, haciendo que se contrajeran mis pezones. Me preguntaba detalles. Y yo se los daba cada vez más satisfecha. Y más orgullosa. Cada vez que callaba, él me pellizcaba un pezón y yo gemía. Entonces, volvía a pellizcármelo con más fuerza para que continuara. Continuaba hablando, como si no estuviera manoseándome. Hablaba de los pecados y de la penitencia. Me amenazaba con el infierno, como si hubiera peor infierno que no estar contigo. Así que seguí contándole como te follo de pie, sentado y tirados por el suelo encima de un cartón como indigentes. Y como disfruto cuando te corres para mí. O dentro de mí. O cuando te la meneas delante de mi cara.

Pero… ¿hay algo que no hayas hecho? ¡Sí!. Le dije.  No le he follado por el culo. Tengo ganas de meterle algo por allí. Y ver como su polla crece y crece, antes de meneársela y comérmela hasta que reviente. El tío pesado seguía diciendo: ¡Serás castigada te castigará!  ¡Me sonríe cada vez que él me toca!  Le contesté, y eso parece que le puso de mala leche. Así que cuando llegó el momento de la penitencia me dijo que no iba a ser algo habitual, que yo merecía otra cosa y me dijo que volviera a la iglesia y que me arrodillara delante del altar, pero desnuda.

Me desnudé como me lo había indicado. Y estuve así, desnuda, sintiendo cómo aumentaba mi humedad y resbalaba por mis muslos, a pesar del frío que hacía. Pensando en ti. Preguntándome si te gustaría verme allí, arrodillada en pelotas en una iglesia, temblando de frío, con las tetas de punta. Durante una eternidad no sé porqué, me acordé de la última vez que estuvimos en uno de nuestros escondites. De que también hacía mucho frío. Y de que te enfadaste. De que quería pedirte que me besaras y no me salían las palabras. Y de cómo a pesar de los problemas luego seguimos igual o mejor. De pronto, cuando empezaban a dolerme las rodillas, alguien se acercó y empezó a sobar mi culo.

Empecé a temblar. Unas manos elevaron mis caderas, obligándome a apoyarme sobre los pies, mientras permanecía inclinada, de forma que mi coño estaba abierto y accesible. Imagino que brillaría sonrosado bajo las cachas, entre mis piernas abiertas. Empecé a recibir azotes que estallaban en una extraña mezcla de dolor y placer. Que poco original. Yo esperaba algo mejor de un cura. Pero me gustaba recordar cuanto te gusta que me peguen y las ganas que tengo que lo hagas tú. Así que empecé a mover el culo, gimiendo bajo los azotes. Como tantas veces he soñado hacerlo para ti.

Bien, había sido azotada y estaba excitada, con el culo rojo, igual que las tetas. Unas manos acariciaron mis nalgas enrojecidas provocándome un gemido. Después sentí como me manoseaban el coño, tirando de mis labios mojados y retorciéndoselos, yendo adelante y atrás. Abriendo mi raja y volviéndola a dejar. Yo perdía el control de mi cuerpo y balanceaba las caderas, sin querer, buscando el contacto, igual que cuando me tocas tú. Unos dedos hurgaron dentro de mi coño, donde se movieron con fuerza. Sentí un vacío y la necesidad de juntar las piernas, apretar esa mano y liberar mis ansias de correrme, pero la mano que me controlaba se endureció, sin permitírmelo.

Ahora otra mano tocaba mis tetas con fuerza, casi me dolía, pero estaba demasiado cachonda para ello. De pronto, la mano se apartó, y mi coño empezó a temblar, vacío y palpitante. Una polla dura y enorme ocupó el lugar de la mano, embistiendo con fuerza una y otra vez, hasta que llenó mi coño completamente. Mientras las manos tironeaban de mis maltratadas tetas, alternando con pellizcos y azotes en mis enrojecidas cachas.  ¿Así te folla él, zorra? Me preguntaba con voz muy ronca, mientras empujaba más y más, aplastando sus huevos contra mi coño.  ¡No! Él me follaría mejor. Sobre todo si estuviera aquí y nos viera. Le respondí mientras seguía moviendo el culo.

Mi respiración era una serie de gemidos, acompasados a los empujones una y otra vez; cada vez más profundos; cada vez más firmes; cada vez más largos y más rápidos. Junté las piernas, apretándolas, deseando correrme, sintiendo con más fuerza la carne en mi interior. Me paralicé un instante, justo antes de reventar sobre la polla que tenía dentro. Mi coño palpitó y mis caderas se balancearon tirando de ella arriba y abajo. Él sintió la explosión en su verga estrujada por mi coño que temblaba en un violento orgasmo. Lo sintió y se dejó llevar, explotando en mi interior, vaciándose completamente.  Ahora, vete y no peques más me dijo y no vuelvas la cabeza o te pesará.

Me incorporé y sin volverme, empecé a vestirme. Aunque la corrida resbalaba por mis piernas. Con las prisas, allí se quedaron mis bragas, aún húmedas. Pues parece que ir al pueblo puede ser hasta divertido. ¿Te gustaría?

Autor: Pecadora

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La primera vez

Mis piernas se aferraban a sus caderas y no quería que se apartara, lo quería más adentro de lo que ya estaba, su pene lo sentía mojado y resbaladizo y yo perdía el sentido de todo, lo único que se escuchaba eran nuestros gemidos y el grito casi de desesperación cuando por fin él hizo que acabara, fue el primer orgasmo que tenía con su pene dentro de mí, fue increíble, me sentía completa.

Hola, en primer lugar quiero contarles que es la primera vez que escribo historias para publicarlas a través de Internet, pero desde hace un tiempo que me he convertido en una fiel lectora de las experiencias e historias que se publican en esta página, y por ello me animé a relatar mi corta, pero muy placentera experiencia en este ámbito.

Tengo 23 años, y soy chilena, físicamente soy alta, delgada, senos no muy grandes, caderas y trasero redondos, piel blanca, ojos cafés, mi color de pelo lo voy cambiando constantemente, ahora lo tengo rojizo, rostro agradable, en resumen soy bastante atractiva, siempre llamando la atención del sexo masculino. A los 21 años recién perdí mi virginidad, y nada menos que con mi jefe, ahora ex jefe ya que desde hace un tiempo ya no trabajo para él, pero igual seguimos en contacto. Es importante destacar, que él soltero y 20 años mayor que yo, pero es un hombre bien conservado y muy atractivo, por lo menos a mí me fascina y me vuelve loca. Fue él quien con un simple beso despertó mi sexualidad aún dormida, y desde ese momento, ya hace dos años, no he podido separarme de él.

Habían pasado aproximadamente cuatro meses desde que me había dado mi primer beso… cuatro sexuales meses desde que habíamos comenzado a practicar los más placenteros juegos eróticos, desde el roce de sus labios calientes con los míos, hasta la succión hambrienta de mis labios calientes sobre su dureza… mmmmm. Durante esos cuatro meses nunca hubo penetración, y no porque él no quisiera, sino porque yo nunca había tenido relaciones sexuales y mi sentido común me decía que no debía ceder ante tal tentación, que debía esperar a la persona adecuada, pero él no me ayudaba mucho, con solo tocarme yo me excitaba, me excitaba mucho, y él para calmar ese hambre sexual que despertaba en mí, metía los dedos de su caliente mano en mi palpitante humedad, y las movía, las movía de una manera que yo gemía de placer, gritaba, movía mis caderas de una manera incontrolable, mientras que su boca devoraba mis pechos blancos e hinchados de excitación, los cuales se endurecían a su contacto.

Mmm los mordía, los saboreaba, los mordisqueaba, mmmmm, sus manos las sentía por todas partes, en cada rincón de mi cuerpo, pero en especial en mi vagina, y siempre hacían que yo acabara una y otra vez… ahora con sólo recordar, mi feminidad se vuelve a mojar, vuelve a revivir esos momentos… y sólo lo quiero tener cerca para que me haga suya.

Pero después de cuatro meses con esas sensaciones, mi cuerpo estaba caliente, estaba listo, estaba deseoso, estaba muy, pero muy hambriento y él lo sabía…

Aún recuerdo aquel día, su erección era inmensa, listo para el ataque, y yo cada vez más ansiosa de ser atacada. Luego, desnuda hace que me siente en el borde de la cama, y él de pie frente a mí introduce su excitado pene en mi boca, y yo comienzo a chuparlo, a succionarlo, a saborearlo, a sacarlo y a meterlo en mi boca… mmm ¡qué delicia! mientras él gemía, jadeaba y movía sus caderas al ritmo que yo bebía el líquido de su masculinidad, yo igual jadeaba, estaba demasiado excitada, me quejaba de placer y comencé a tocarme también en mi humedad para sentir el mismo placer que yo le provocaba a él…

Luego ambos caímos desnudos sobre la cama, nuestros cuerpos estaban calientes y sudorosos, él no dejaba de tocar ni de besar ningún rincón de mi cuerpo y yo no dejaba de acariciar el suyo, estábamos listos, no había marcha atrás y yo no quería que la hubiera. Lentamente abre mis piernas y se posiciona entre ellas, y su pene duro, jugoso y muy excitado se adentra en mí, al principio no pudo, porque la barrera de la virginidad se lo impedía, pero él la derribó y al fin, con un poco de dolor en mí, él me penetró… y las sensaciones más placenteras me embargaron, estaba sumamente excitada, ambos nos movíamos con hambre, con deseo, su pene salía y entraba en mi vagina a un ritmo que me dejaba completamente loca de placer, yo no quería dejar de sentir esas sensaciones, pero esas sensaciones se hicieron más fuertes mientras llegaba el momento… el momento se acercó, y se acercó y se acercó…mmmmm el momento en que mis caderas se movían incontrolablemente y mis gemidos se transformaban en gritos, ya no podía más… estaba lista.

Mis piernas se aferraban a sus caderas y no quería que se apartara, lo quería adentro, más adentro de lo que ya estaba, su pene lo sentía mojado y resbaladizo y yo perdía el sentido de todo, lo único que se escuchaba eran nuestros gemidos y el grito casi de desesperación cuando por fin él hizo que acabara, fue el primer orgasmo que tenía con su pene dentro de mí, fue increíble, me sentía completa, pero a la vez hecha pedacitos mmmmm, pero no terminó ahí, luego él se levantó y fue a buscar el gorrito como le llama, y me penetró nuevamente, me volví a excitar, él tiene algo que hace que me excite con facilidad…

Comenzó a moverse, ambos gemíamos, pero esta vez le tocaba a él, lo único que yo quería era sentirlo acabar, y no pasó mucho tiempo cuando su respiración empezó a acelerarse y sus movimientos de caderas se hicieron más fuertes y rápidos, su pene estaba dentro de mí, duro, caliente, y muy, pero muy jugoso, de su boca salían gemidos, los cuales me excitaban mucho, hasta que el grito que se escuchó en la habitación no fue el mío, si no el de él, por fin había acabado, y ambos caímos exhaustos sobre las sábanas…

Aquella noche, hizo que acabara tres veces, y fue la primera noche de placer de muchas que siguieron después. Ese hombre me convirtió en la mujer ardiente que soy ahora, y ha sido el primero y el único, y hasta el día de hoy no me arrepiento de haberme entregado a él…

Agradezco cualquier comentario sobre mi relato.

Autora: Diablita Indomable

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Paula I

Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear.

Hola a todos, me llamo Ana, tengo 24 años y soy madrileña. Trabajo como delegada de ventas en una compañía aseguradora. En junio tuve que irme a Málaga para reunirme con la delegada de ventas de esa ciudad.

Llegué a la estación de Málaga sobre las 20h de la tarde. Allí estaba Paula (delegada de Málaga). Era una chica muy atractiva. Tenía 29 años, pelo moreno rizado, largo, ojos azules rajados, un cuerpo muy moldeado, medía aproximadamente 1.75, era un poco más alta que yo nada más, y tenía unos labios que de ser ciertos los rumores que había de que era lesbiana, los imaginé por un momento posados en mi coño y me hizo comenzar a mojar mi tanga. Yo había hecho algún pinito que otro como lesbiana, y la verdad es que había gozado mucho con las mujeres que había estado.

De la estación nos desplazamos a la oficina. Saludé al resto de compañeros que había allí y nos adentramos en el despacho de Paula. Ella no apartaba su mirada de mí. Yo llevaba un vestido de color blanco que me llegaba a la altura de las rodillas, tenía una abertura lateral, un escote en forma de v (el cual había subido mis tetas considerablemente), atado al cuello, y con media espalda al aire. Llevaba unos zapatos de tacón blancos que realzaban aún más mis piernas.

Comenzamos a intercambiar opiniones sobre la reunión que teníamos que preparar. Pasaron dos horas, durante las cuales, las miradas, mordisqueo de labios y suspiros no pararon de darse en la persona de Paula. La muy zorra se estaba poniendo caliente mirándome, imaginando lo que podría hacer con mis tetas, con mis labios, con mis manos, con mi coño. Un coño que a cada segundo que pasaba deseaba más ser lamido por esos labios carnosos que tenía Paula. La tía me estaba excitando y no poco.

Paula iba vestida con un pantalón blanco muy apretado, el cual le hacía marcar el hachazo que tenía entre las piernas. Por cómo se notaba deduje que tenía que tener un buen coño, unos buenos labios. Arriba vestía una blusa blanca, semitransparente, que dejaba entrever un sujetador de media copa que hacía que la mitad de sus pechos sobresalieran. Estaba buenísima la tía, la verdad. Hacia las 22h de la noche nos quedamos las dos solas en la oficina. Estábamos sentadas en una mesa redonda, discutiendo sobre la reunión. Me dijo que le apetecía descansar un rato y relajarse. Para ello, subió sus piernas a la mesa y las abrió.

“Ana, ponte cómoda si quieres”. Me miró con cara de deseo, de lujuria. No paraba de mordisquear un boli que tenía metido en su boca. Una boca que yo ahora estaba imaginando posada sobre mi coño. Me levanté de mi silla, me fui hacia donde estaba ella, le retiré sus piernas de la mesa y me senté yo en ella. Me subí mi vestido hasta la cintura, quedando vestida de cintura para abajo con un tanga de color visón transparente. Le abrí mis piernas.

“Paula, hace tiempo que no estoy con una mujer, pero tú estás demasiado buena y demasiado caliente y creo que me encantará revivir buenos momentos con una mujer”.

Paula se puso en pie y se acercó a mí. Se despojó de su blusa y de su sujetador de media copa, quedando sus maravillosas tetas al aire. Llevó sus manos hasta mi cuello y desabrochó mi vestido. Lo dejó caer y todo mi vestido se concentró en mi cintura. Comenzó a rodear mis pezones que estaban erectos con sus dedos. Yo cogí una de sus manos y me la llevé hasta mi boca. Tomé uno de sus dedos y lo lamí de arriba abajo impregnándolo con mi saliva, para luego bajarlo de nuevo hasta mis pechos y que los rodeara con ese dedo mojado.

Paula se acercó a mí, apretó sus pechos contra los míos, sus pezones erizados con los míos. Sacó su lengua y la deslizó por mis labios… Mmm… Increíble el tacto de su lengua, húmeda y caliente a la vez. Mi coño cada vez palpitaba con más fuerza, notaba como mi vagina se contraía. La muy cerda me estaba poniendo muy mojada. Mientras ella mordía mis labios yo tocaba con mis manos su culo, un culo prieto y firme. Dejó de besar mis labios para recorrer mi cuello, un beso tras otro, notaba su excitación, y ella notaba la mía, mi respiración, mi coño… todo mi cuerpo se estaba estremeciendo. Mis manos seguían en su culo, tocándolo, acariciándolo, decidí meter mis dedos por la raja de su culo, la zorra de Paula emitió un leve gemido, mis dedos se desplazaron ahora hasta su coño.

Como estaba ese coño. Mojado, muy mojado. Deseaba mojar mi boca con esos flujos que había desprendido su coño por la excitación. Ella llegó hasta mi oído y me dijo: “Ana, quiero comerte el conejo, quiero hacerte correr, quiero ver como gritas, como te retuerces…” Me tumbó en la mesa con mis piernas abiertas. Comenzó a morder mis pezones, a pellizcarlos, a decirme que me iba a hacer gozar como nunca un hombre lo hizo. Se apartó, tomó la silla y se sentó en ella. Mi coño estaba a la altura de su cara, listo para ser mamado. Comenzó a besar mis muslos, a morderlos, yo no podía más, necesitaba ver su boca morreando mi coño.

“Paula no seas cabrona y mama de una puta vez. No puedo aguantar más. Quiero correrme en tu boca”. “Y lo harás zorrita. Te correrás en mi boca y luego yo me correré en la tuya. Luego intercambiaremos nuestras corridas, para ver cuál de las dos es más zorra, cuál de las dos sabe más a puta”.

Comencé a respirar como si faltara el aire, estaba excitada, tocaba mis pechos con brusquedad, así que sin más, la tomé de ese pelo rizado y posé su cabeza contra mi hermoso coño. Ella se apartó y me pidió que me tranquilizara. Abrió mi coño de par en par con sus manos y deslizó su lengua por cada pliegue de mi coño… mmmmm… como me puso aquello, jadeaba más y más… allí estaba Paula, lamiendo mi coño, bebiéndose mi néctar, mientras yo disfrutaba como una perra. Su lengua se adentró en mi vagina y empezó a recorrerla con ella. Paula era una experta comiendo conejos, de eso no cabía duda. Arqueaba su lengua dentro de mi coño, la sacaba y me daba unos lametazos increíblemente buenos, escupía sobre mi coño y seguía mamando.

Se apartó de nuevo y metió uno de sus dedos dentro de mí. Metía y sacaba. Le pedí que me diera de mamar con ese dedo. Lo hizo. Mi flujo estaba exquisito, sabía a lujuria, a la lujuria que una mujer estaba provocando en mí. Paula se puso en pie y yo me senté de nuevo en la mesa. Tomé sus tetas como una posesa y comencé a mamarlas, a succionarlas, a pellizcar sus pezones con mis dientes, mientras a la misma vez, bajé una de mis manos hasta su coño y le metí de una sola vez uno de mis dedos. Menudo gemido emitió. Estaba muy excitada. Ella también deseaba que yo me comiera su conejo, y yo lo deseaba también.

“Ana vamos a ponernos en el suelo y vamos a comernos los coños mutuamente. Gozaremos mucho”.

Paula se tumbó en el suelo y yo me coloqué encima de ella. Mi coño se quedó a la altura de su boca y yo comencé a bajar mi cabeza para ir hasta su coño. Lo abrí con mis manos y comencé a frotar con mi lengua el garbancito de Paula. Ella también lo hacía. Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear. Paula me pegaba cachetadas en mi culo y me decía que no separara mi cabeza de su coño, ni siquiera para gemir.

Comencé a mover mi lengua en círculos más y más de prisa, ella también lo hacía, estaba más y más excitada, yo notaba como me bajaba algo, como bajaba una corrida que me iba hacer derretirme de placer. Notaba como ella estaba a punto, succionaba mi coño con más fuerza, hasta que ambas nos corrimos como nunca antes. Un manantial de flujo invadió mi boca… mmmmmm… qué bien sabía el flujo de Paula, estaba delicioso. Le di los últimos lametones mientras su orgasmo daba los últimos espasmos. Quería lamer hasta la última gota de su corrida. Una vez que hube relamido su coño me levanté y ambas comenzamos a besarnos, a intercambiar esas corridas maravillosas.

Le dije: “Paula, tu flujo sabe más a perra que el mío. Esto no me lo puedo permitir. Vamos a tu casa. Te tengo que ganar la partida”.

Autora: Ana

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Tamara y su amante desconocido

Me fue excitando y dilatando con sus dedos, primero introdujo uno, me dolió mucho, cuando notó que se movía mejor metió otro más, ya el dolor no fue tan intenso, sacó ambos dedos hasta que sentí algo grande que intentaba meterse dentro mío. Empujó dos veces y a la segunda vez lo logró. Sentía como se movía en mi culito esa inmensa masa de carne que me producía tanto placer.

Siempre leo los relatos y quise compartir este con ustedes que totalmente real.

Mi nombre es Tamara, tengo 18 años, vivo en Buenos Aires y esto me sucedió arriba del tren en el que voy todos los días a la Universidad.

Hace un tiempo le agarré el gusto a que los hombres me toquen o se apoyen en mi, ya que siempre el tren viene muy lleno. Esta vez alguien estaba en la misma tarea.

Primero me tocó suavemente con la mano sobre mi pantalón de gimnasia. Como no le dije nada siguió con toda la mano sobre mi cola. Yo lo dejaba hacer, me gustaba lo que sentía. Después de unos minutos se ubicó detrás de mí y me apoyó su bulto totalmente duro sobre mi cola, y se acomodó para que yo lo sienta bien en el medio. Así viajamos cuatro estaciones, unos 20 minutos.

Aun yo no conocía su cara, pero estaba muy excitada. En ese momento me dijo al oído, que se bajaba, y me preguntó si yo me bajaba con él. No sé por qué, pero allí fui, me bajé del tren con ese hombre, un perfecto desconocido. Ahí me di cuenta que era bastante mayor que yo, tendría unos 38 años.

Fuimos a su oficina. Allí me desnudó, me pidió que chupara su verga, que estaba hermosa, muy gorda, y colorada. Yo lo hice, disfrutando cada momento de esa extraña sensación. Saboreé sus huevos uno a uno, chupaba su cabeza, que me regalaba sus jugos deliciosos, le acariciaba los testículos mientras le chupaba esa verga enorme.

Antes de terminar, me acostó sobre el sillón de espaldas a él y se subió encima de mí. Me abrió lentamente de piernas, se agachó y me besó la vagina, metió su lengua dentro de ella, creí morir del placer, me chupaba el clítoris y comencé a correrme, se bebió mis jugos.

Eso me puso más caliente, me acomodó y lentamente me enterró su miembro, al que le había dado una buena ración de su saliva, fue muy lindo, sentirme penetrada por esa verga inmensamente gorda, y de un tipo más grande, era una idea que me corría por la mente desde hacía semanas.

Después de un rato me dijo que le gustaba mi cola, de pendeja, durita, que la haría suya. Nunca me lo habían hecho. Pero él fue un buen maestro.

Me fue excitando y dilatando con sus dedos, primero introdujo uno, me dolió mucho, lo hacía lento, cuando notó que se movía mejor metió otro más, ya el dolor no fue tan intenso, sacó ambos dedos hasta que finalmente sentí algo grande que intentaba meterse dentro mío. Empujó fuertemente dos veces y a la segunda vez lo logró.

Sentía como se movía en mi culito esa inmensa masa de carne que me producía tanto placer, metí mi mano en mi conchita y comencé a masturbarme, me revolvía de calentura y me corrí dos veces, él se percató y me la metió más profundo.

Fue alucinante, me sentía muy llena de verga, una sensación distinta, dolorosa, pero hermosa a la vez. Estuvimos cogiendo así alrededor de 10 minutos. Yo ya no resistía más, hasta que sentí la explosión de su enorme verga dentro mío, toda su leche caliente inundando mi cuerpo.

Cuando la sacó, mi cola rebalsaba de lo que él me había dejado. Chorreaba por mis piernas hasta el piso.

Tomé su verga que tanto placer me había regalado y se la chupé con ganas, como queriendo expresar mi gratitud por tan fascinante momento que pasé todo este tiempo.

Me dejó el culito muy abierto, tuve esa sensación durante tres días después de eso, ni sentarme casi no podía. ¡Pero contenta! Y muy satisfecha con muchísimas ganas de que se repita.

Autora: Tamara

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Carretera del deseo

Empezó a chupar mis bolas,  luego se la metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mí y empezó a moverse,   saltaba de un lado al otro, apreciaba como sus jugos bajaban sobre mis piernas,  estaba muy excitada, mientras mis manos jugaban con su  orificio de atrás ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo.

Hola mi nombre es  Michael, tengo 33 años  moreno, una persona normal que vive en El Salvador y contaré algo que me sucedió hace corto tiempo.

Mi amiga  Alondra es una morena con unos pechos híper deliciosos, grandes muy apetecibles, con unas nalguitas muy paraditas y ricas, le encanta que se las aprieten  mucho y muy fuerte, tiene 35 años, pero con sus sesiones de gimnasia parece diez años menor

Ya terminada la presentación les contaré una salida que  hicimos al mar, quedamos en que pasaría por ella  a las 6 p.m.  Llegué un poco pasada la hora, ella estaba lista  para nuestro paseo. Ella vestía una falda muy corta con una blusa de botones muy abierta adonde podían apreciarse sus deliciosos pechos, pasamos al supermercado a comprar unas cervezas para el camino y los hombres  se daban gusto observando sus nalguitas paraditas y lo mucho que enseñaba de  sus senos.

En la carretera ella se sentó  sobre sus piernas dejando su  vulva libre para mí, entre un trago de cerveza y la manejada  abrí un poco su calzoncito blanco y me puse a jugar con su clítoris, ella empezó a moverse, a llevar el ritmo del movimiento de mi mano y a presionar esta contra su vulva…

Poco a poco sentía como se mojaba cada vez más, su respiración era más intensa, más rápida, sus gemidos eran más fuertes, cada vez me pedía que siguiera “no te detengas papi, más rápido mételos más decía”.

Luego en un giro inesperado ella se movió y se colocó en cuatro sacando su cabeza por la ventana, me pidió que metiera dos dedos mientras yo manejaba. Estaba muy oscuro como a 45 minutos de la capital,  enseguida le metí dos dedos en su vulva calentita y muy húmeda, sus líquidos bajaban por sus lindas piernas.

Así seguí jugando un par de minutos más hasta que se escuchó un fuerte gemido de placer  y su cuerpo cayó rendido de placer en el asiento del carro, metió uno de mis dedos en mi boca y me preguntó que me parecía el sabor…  Obviamente  estaba muy delicioso el sabor de su cosita más un sorbo grande de cerveza, ¡delicioso!

En eso abrió mi cremallera y se metió su mano y sacó mi miembro,  empezó a jugar con mi pene, al principio daba mordiditas, pasaba sólo su lengua por la cabecita, se la metía toda, estaba poseída por el deseo, no dejaba  de chuparla y repetía:

“Es mía, toda mía, la quiero adentro de mi boca toda para mí”.

Me pedía su lechita y seguía metiéndola con más fuerza en su boca, la lamía de lado, se la metía toda, la mordía hasta que salió su lechita, la empezó  a tragar toda y lo poco que estaba quedando fuera lo tomó con sus dedos y comenzó a jugar con sus pechos.

Luego metió uno de sus dedos en la vulva,  me mostró que estaba muy  húmeda y quería más… Llegamos a la casa adonde dormiríamos y ella se quitó su  ropa, se tiró encima de mí y me dijo quiero que me cojas con fuerza, hazme tu mujer, quiero sentirte dentro de mí…

Empezó a chupar mis bolas,  eso hace que se me pare muy rápido, luego se metió toda en la boca, cuando estaba dura se subió sobre mí y empezó a moverse,   saltaba de un lado al otro, apreciaba como sus jugos bajaban sobre mis piernas,  estaba muy excitada…

Mientras mis manos jugaban con su  orificio de atrás ella gemía y pedía más, sus pechos estaban duros, sus ojos nublados del deseo, de pronto empezó a decir los siento me vine, ya terminé, lo siento, lo siento, lo sientooooo.

Se levantó y me dijo vamos a la piscina quiero que juegues conmigo ahí, quiero que me la metas atrás en el agua… pero esa es otra historia…

Los comentarios son bien recibidos.

Sobre todo de mujeres de El Salvador y más si son… Maduras…

Autor: Michael

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Mi vecina la madurita

Dejé caer yogurt sobre mi polla. Ella entre mis piernas se la iba comiendo, sin dejar que cayera nada al suelo, su lengua y su cara llena de yogurt como mi polla y mis huevos, me estaba poniendo a mil,la tumbé sobre la mesa de la cocina, la penetré y volví a follarla salvajemente. Estaba tan excitada que se corrió enseguida. Y yo al oír sus gemidos y ver su cara de perra satisfecha, volví a correrme.

Hola otra vez, amigos. Voy a seguir contándoos mis sesiones de sexo con mi vecina la madurita. Para los que no hayáis leído mis relatos anteriores, os diré que vivo en Zaragoza, que tengo 33 años, que llevo casado ya algunos años y que nunca había sido infiel hasta hace unos meses, en los que me he vuelto un completo morboso y salido.

Todo empezó el día que pasé a arreglar el ordenador de mi vecina de 50 años (es atractiva, con unas tetas todavía firmes, buenas caderas y un culo terso y apetecible). Os diré a demás, que es todo vicio, y que se pliega a mis fantasías sin ningún reproche, sacando toda la lujuria acumulada durante sus más de 25 años de matrimonio.

Lo que sucedió en esta ocasión, es que como otras veces, pasé a arreglarle un problema con el correo electrónico (ella es muy torpe con el ordenador y mi mujer lo sabe, así que me pide muchas veces que le eche una mano). Su marido no estaba porque trabaja de noche, y como siempre, me esperaba con la bata y sin nada debajo.

En cuanto entré en su casa, le quité la bata y la arrodillé para que empezase a chuparme la polla, me encanta sentirla dura en su boca y en su cara, y me encanta que me lama los huevos y el culo.

Cuando me puso cachondo, la levanté y la apoyé en la mesa del salón de espaldas a mí… empecé a besar su cuello, su espalda, su culo… mordía sus nalgas (con cuidado de no dejarle marcas) y cuando empezó a jadear como una perra, abrí su culo y metí mi lengua (me encanta lamerle el culo).

Ella lo estaba esperando, lo deseaba y abrió bien sus piernas para dejarme chupar y lamer… el placer que le producía mi lengua le hizo perder fuerza en los brazos y se apoyó con las tetas directamente sobre la mesa.

Yo agarraba bien sus caderas mientras seguía lamiendo su culo y su coño peludo… cuando estaba bien cachonda, me levanté, saqué mi polla y la penetré por el culo. Mi polla entró enseguida, su culo la esperaba ansioso.

Empecé a bombearla salvajemente mientras con las manos me aferraba a sus caderas y de vez en cuando me inclinaba sobre su espalda para besarla y decirle lo zorra que era al oído. Cuanto más se lo decía, más cachonda se ponía.

Estaba a punto de correrme cuando saqué la polla de su culo y agarrándola del pelo la arrodillé para correrme sobre sus tetas (le encanta, y debe sentarle bien porque cada día tiene la piel más bonita)…

Cuando me corrí ella extendió mi leche por todo su pecho y por sus pezones… Yo seguía de pie, delante de ella y le hice limpiarme con la boca lo que quedaba…

Todo había sucedido muy rápido, por lo que calculé que me daría tiempo a otro asalto (los problemas informáticos suelen durar mucho tiempo entre instalar y reinstalar).

Me desnudé por completo, fui a la nevera, a ver que tenía y encontré un bote de yogurt de beber, le dije que viniese a la cocina (se había quedado tumbada sobre el suelo del salón, esperándome).

La senté en la encimera y empecé a dejarle caer despacito yogurt por el escote, por sus grandes tetas, por sus pezones… y cuando empezaba a escurrirse hacia su ombligo y sus piernas, lo chupaba y lo recogía con mi lengua.

Eso la excitó muchísimo y empezó a jadear otra vez ardientemente. Seguí así un rato para que desease mucho que me la follase.

Cuando estaba bien caliente, la bajé de la encimera, la volví a arrodillar y empecé a dejar caer yogurt sobre mi polla. Ella de rodillas entre mis piernas se la iba comiendo, sin dejar que cayera nada al suelo… me puso a cien, su lengua y su cara llena de yogurt, como mi polla y mis huevos… me estaba poniendo otra vez a mil.

Hice que se levantara y la tumbé sobre la mesa de la cocina, esta vez mirando hacia el techo, y sin muchas contemplaciones, la penetré y volví a follarla salvajemente. Estaba tan excitada que se corrió enseguida. Y yo al oír sus gemidos y ver su cara de perra satisfecha, volví a correrme.

Me lavé un poco porque el olor a yogurt era muy descarado, me vestí y volví a casa con la satisfacción del deber cumplido.

Una mujer madura e insatisfecha sexualmente es algo indescriptible. Os seguiré contando mis andanzas.

Autor: Casadojoven

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Sueño de una fantasía

No pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos. Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Vanesa…

Era una noche preciosa, iluminada solo por la hermosa luna; bajaste del coche y ya te esperaba sintiendo como mi corazón se paralizaba, pensando en lo que pasaría; cuando sentí tu calida mano apretar fuertemente la mía e  inmediatamente lo acompañaste con una enorme sonrisa que meregresó el alma al cuerpo y pude articular palabra y decirte “que placer conocerte al fin”

Enseguida te jalé hacia mi, y sentí como por primer vez tus senos se apretaron calientemente con los míos y al tratar de saludarnos con un “inocente” beso, mañosamente maquilado, tratando de rozar tus exquisitos labios rojos, me pareció eterno el segundo que tus labios tardaron en buscar los míos y el “inocente” beso terminó siendo un salvaje intercambio de  lengua y deliciosos fluidos tan ansiado y esperado.

Lo disfruté cada segundo, cada mínima partícula de tu boca…bajé cuidadosamente la lengua por tu hermoso cuello, lamiendo y mordisqueando, sentí como te estremecías y más placer me provocó el sentir tu mano sobre mi seno…mmmm…¡fue delicioso! como poco a poco sentí mojarme más y más.

Tu escote era precioso y no podía desaprovecharlo así que bajé lentamente con el temor de sufrir un frustrante stop…pero no pasó así, me dejaste llegar hasta tus sugerentes pezones que saboreé, lamí, mordisqueé y disfruté enormemente, tomaste mi rostro entre tus manos y me obligaste a verte a los ojos y enseguida hundiste tu lengua en mi boca…arrancándome un suspiro de placer…

Cintia…

Hundí mi lengua en tu deliciosa boca fogosa, el encanto de sentir tu saliva uniéndose con la mía, sintiendo como me mojaba más y más, mis manos no dejaban de recorrer tu espalda recorriendo de arriba de abajo, hasta tomarte de tus rostro con las dos manos sin separar mi labios de los tuyos, siento como se transmitían nuestros dos fuegos ardientes y cachondos.

Mis manos bajaron a tu cintura y no pude más que dejarme llevar por el ardor que sentía en mi cuerpo que me quemaba por dentro y que pedía más de ti, recorrí con mi lengua tu cuello bajando a tus pechos, recorriéndolos con mi lengua, deleitándome con su sabor pude constatar lo que me decías, están riquísimos…

En ese momento no me importaba nada, más quedarte el placer que yo sentía al saborear esos preciosos senos, que tantas fantasías me habían provocado y al tenerlos de frente a mi era una fantasía cumplida.

Pero más me calentaba al ver y sentir que lo disfrutabas, que gemías y te retorcías con cada lengüetazo en tus pezones por parte de mi boca, dejé mi postura y volví a verte a los ojos, mirándolos fijamente, como si me hipnotizaran y no pude hacer otra cosa que volver a tomar esos labios carnosos deliciosos…

Parecía una colegiala, sintiéndome torpe en mi entrega hacia a ti, me sentía nerviosa, súper caliente, muy cachonda y excitada, sin dar crédito que me correspondías y eso me excitaba más y ganas de darte más placer, era indescriptible el placer que sentía y mis ansias locas de no dejarte de besar.

Apenas me separaba de ti y era parar verte de cuerpo completo y continuar ese beso eterno, te pregunté que si te gustaban mis senos, muy convencida y con un tono de voz encantador me dijiste que si y te los ofrecí nuevamente, deseaba que los tuvieras, que eran tuyos que muchas veces se habían puesto duros mis pezones pensando en ti.

Me los lamiste de una forma que me hiciste gemir de placer, te pedía que no pararas que lo estaba gozando, que los disfrutaras al máximo, me llenaste de placer y nuestra caras se volvieron a encontrar para disfrutar de un beso aun más apasionado y sintiendo como nuestros senos desnudos chocaban unos con los otros…

Autoras: Tocayas Zorras y Golosas

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