Madurita calentona

Milfs, Sexo con maduras. El orgasmo que tuvo, según como le contó luego, fue espectacular. Su vagina se contraía con unos espasmos espectaculares a la vez que mi cara se iba llenando de sus jugos orgásmicos. Sus gritos eran realmente fuertes, por lo que pensé que nos podrían estar escuchando, cosa que me excitó a sobremanera, me paré y con mi pija al palo se la hundí hasta el fondo.
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Una nueva forma de placer

Contraté una puta bien cara, para que me chupe la pija mientras veía a mi putita cambiarse, fue maravilloso, derramé mucha leche en la boca de la puta, me la chupó extraordinariamente, al principio le costó tragarla toda, pero se las arregló, como buena puta y la comió toda, fue el goce máximo, mi chiquita cambiándose y una puta comiéndome la pija, extraordinario.

Antes que nada, quiero presentarme, mi nombre es Joaquín, vivo en Argentina, tengo 43 años, y soy un amante de las mujeres jóvenes, cuanto más jóvenes más me gustan, gracias a mi posición económica (cuando tenía 23 años heredé los campos que hoy administro), puedo darme unos cuantos gustos, con el tiempo fui aprendiendo que todo lo que quería de las mujeres lo conseguía ostentando mi dinero, y si… me gusta hacerlo, me gusta que se sientan importantes paseando en coches importados con joyas carísimas sobre su cuerpo, desde entonces, tuve innumerables parejas, casi siempre (salvo alguna excepción, que siempre las hay), chicas entre los 19 y los 25 años.

Lo cierto, es que nunca lograba relacionarme afectivamente a ninguna de ellas, siempre era físico el asunto, y al ser físico siempre encontraba alguna más linda o más joven o simplemente más sensual. Así fue como logré tener varias relaciones a la vez con jóvenes y hermosas mujeres. Pero bueno, dicen que a todo cazador se le escapa la liebre, y es cierto, en enero de ese año, 2003, en Punta del Este conocí a una muchacha de mi país, Argentina, que se encontraba vacacionando con su familia, ella es rubia, tiene 21 años, alta, finísimas curvas y un cuerpo sencillamente increíble, de más está decir que cuando mis ojos vieron semejante belleza decidí conocerla.

Así fue como entablamos una relación, salimos a tomar algo y terminamos enamorados y amándonos casi todas las noches de ese verano, pero esta vez, hubo una diferencia bien notoria con respecto a mis otras relaciones, me enamoré, esta pequeña había logrado robarme el corazón, ya en Capital Federal oficializamos nuestro amor y en junio nos casamos, con el paso de los meses no pude evitar volver a las andanzas, todo el tiempo se cruzan mujeres en nuestras vidas, quizás sea una enfermedad, pero no lo puedo evitar, si veo alguna mujer hermosa hago todos los esfuerzos posibles para conquistarla, en muchas oportunidades fallo, pero en otras acierto, desde que me casé con Mariela tuve tres relaciones distintas, si bien, en el fondo creo que Mariela debe tener algún amante de su edad, más joven que yo, no me molesta, me gusta saber que está en casa cuando llego y sentirla dormir a mi lado.

Por Mariela, me mudé de mi hermosa casa de San Isidro, a ella le gustaba uno de los departamentos que yo tenía en Belgrano, porque era amplio, y estaba cerca de la casa de sus padres, y es aquí donde comienza la historia que quiero contarles, en los últimos años me la pasé buscando nuevas formas para disfrutar del sexo, así fue como probé estar con más de una mujer (tres a veces), con mujeres de diferentes razas, y si bien, al principio me gustaba o me excitaba mucho, con el tiempo uno se va acostumbrando y sigue en búsqueda de nuevas formas, entonces encontré estos relatos, comencé a leer varios de ellos y a excitarme con ellos, las primeras veces me sacaba la calentura con alguna atorranta o con mi mujer, pero una tarde, en mi oficina estaba súper caliente por un relato en especial que había leído y termine masturbándome… (Una nueva forma de placer, que no recordaba tan placentera).

Cuanto hacía que no gozaba del sexo de esa forma… el asunto quedó ahí, hasta que una tarde de viernes a eso de las ocho de la noche en mi casa descubrí algo maravilloso, Mariela se había ido al gimnasio, yo salí al patio en busca de no recuerdo que, lo que sí recuerdo es que vi en el edificio que da la espalda al nuestro, una ventana abierta, y en esa habitación había dos mujeres de unos veinte pico de años cada una, se estaban cambiando como para salir, me escondí y me quedé observando, las vi cambiarse de ropa, la verdad que las dos tenían cuerpos hermosos, una llevaba una tanga roja con corpiño del mismo color y la otra estaba de blanco, se ponían y se sacaban ropa, las observé durante veinte minutos hasta que se fueron, fue tan grande la erección que tuve, que terminé masturbándome.

Gocé de esa paja como hacía rato no gozaba con nadie, a partir de ese entonces me la pasé observando día tras día, con el transcurso del tiempo logré conocerle los horarios a mi putita de la ventana (así la bauticé), entonces me preparaba, le gusta mirar televisión semi desnuda, todos los días la observo cómo se saca de a poco la ropa como queda en tanga y en corpiño, mientras la observo me masturbo. Quizás algún día salga a su encuentro, quizás sea una putita como tantas otras, pero con ella no me animo, me gusta verla por la ventana, me gusta ver como se quita la ropa, me gusta verla sin que sepa que la miro, la última gran experiencia fue hace algunos días.

Contraté una puta bien cara, una pendeja de 21 años para que me chupe la pija mientras veía a mi putita cambiarse, fue maravilloso, derramé mucha leche en la boca de la puta, me la chupó maravillosamente, al principio le costó tragarla toda, (creo que no les dije, pero la vida no sólo ha sido generosa conmigo al darme la posibilidad de ganar mucho dinero sino que me ha dotado de una pija de medidas no comunes), pero se las arregló, como buena puta y la comió toda, fue el goce máximo, mi chiquita cambiándose y una puta comiéndome la pija… maravilloso.

Bueno amigos y amigas, hasta aquí mi relato de hoy, tengo muchas vivencias por contar, me excita pensar que alguien se pueda calentar con mi relato, me gusta imaginar que alguien se masturbe al leer esta parte de mi vida, les mando saludos a todos y si alguien desea comentarlo, lo puede hacer sin ningún problema.

Autor: joaquin43arg

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Juegos de madres e hijos

Todo esto me empezó a alterar, empecé a sentir una excitación que hacía mucho que no sentía. Alcancé a escuchar que se iban al baño, arriesgándome salí para allá, al rato se escuchaban jadeos, suspiros, gemidos, murmullos de gratitud. Yo acabé creo que al mismo tiempo que ellas silenciosamente, escuché puertas que se abren, risas apagadas, comentarios en voz baja, y mi mano estaba empapada de mis jugos. Esperé un rato y salí, seguía excitada.

La verdad es que no se como empezar, tampoco sé si este es lugar adecuado, pero tampoco sé a donde ir o con quién hablarlo. Desde hace mucho visito esta página y siempre he creído que había relatos reales y otros fruto de la imaginación, dentro de estos últimos pensé que estaban los que hablaban de relaciones entre familiares (padres-hijas, madres-hijos, hermanos-hermanas, y todas las otras variantes).

Aquí tal vez deba hacer un alto y presentarme (obviamente voy a ocultar mi verdadero nombre por vergüenza) así que me llamaré para esta historia Julieta; soy separada, tengo 37 años, 2 hijos, 1 nena de 19 (Vivi) años y 1 varón de 18 años (Jorge). Me separé de mi marido hace un par de años, cuando en un regreso anticipado a casa lo encontré en la cama con otro hombre, nos separamos en buena relación. El hoy vive en Brasil. Nosotros en Argentina en el sur, en la ciudad de Neuquén.

Hace unos días atrás, un domingo por la mañana me desperté muy temprano y decidí ir a hacer unas compras a uno de los hipermercados que hay en la ciudad, éramos muy pocas personas, y me encontraba eligiendo una crema para el cuerpo muy concentrada cuando no sé qué me llamó la atención, cerca de mí detrás de la góndola baja en donde se encuentran las cremas y perfumes, estaba una mujer acompañada de dos chicas, ella de muy lindo cuerpo y edad similar a la mía, tenía puestos unos jeans súper ajustados que le marcaban una linda cola. Las jóvenes ruidosas revisaban todo y olían todos los perfumes, por un comentario me pareció que una era la hija y la otra alguna amiga, pero con la cual había mucha confianza.

La mujer en un momento se agachó a buscar algo en la parte de abajo de la góndola y lo hizo sin doblar las piernas dejando a la vista toda su cola encerrada en ese pantalón, para mi asombro la chica que (para mí), era su hija, le acarició muy detenidamente la cola, y con una caricia que nosotras las mujeres conocemos muy bien, (esa caricia que nos suelen hacer con la mano entera y el dedo medio un poco salido deslizándose entre las nalgas), me quedé dura sin siquiera respirar tanto por lo que había visto como porque no se dieran cuenta que yo estaba ahí, cerca de ellas.

La mujer ante este hecho no reaccionó mal, al contrario se irguió y le dijo que no debía acariciarla así en público, las jóvenes bromearon con esto y yo seguía acurrucada para que no me vieran, la chica volvió a insistir con la caricia ya con la madre erguida, y le decía algo como: dale ma, vamos ahora, la madre le pidió que esperara y se dio vuelta mirando si había alguien y ahí me vio, yo me hice la disimulada y seguí entre las cremas, ellas se fueron para el lado de la ropa, yo las miraba de lejos, las chicas se metieron en un probador y cada tanto salían para mostrarle a la mujer lo que se probaban (toda ropa chiquita), todo esto me empezó a alterar (en realidad empecé a sentir una excitación que hacía mucho que no sentía).

Me propuse estar cerca de ellas para ver que pasaba, pasamos por las cajas, y las fui, si vale la expresión, acompañando viendo vidrieras y dirigiéndose al patio de comidas. Me senté cerca de ellas leyendo el diario, mis orejas se alargaban para poder escuchar lo que hablaban, lo que sí alcanzaba a ver era que entre las chicas se acarician las piernas y cada tanto la que me parecía era la hija acariciaba la pierna de la mujer y parecía que se extendía hasta la entrepierna. Yo volaba de excitación, había otras personas, pero creo que la única que se daba cuenta de lo que pasaba era yo; en un momento y con la excusa de pedirles fuego para encender un cigarrillo alcancé a escuchar que se iban al baño, arriesgándome salí para allá, claro que hay mucho habitáculos y yo no sabía cuál iban a usar, pero imaginándome algo especial supuse que utilizarían el que está destinado a los discapacitados porque es más grande, así que me ubiqué en el siguiente, cerré la puerta, me puse en cuclillas arriba del inodoro y esperé.

Cuando ya creía que no venían escuché la puerta principal y cuchicheo de más de una persona, oí a una de ellas decir: Gaby vamos al último que es el más grande (gracias a Dios como yo lo había previsto). Alguna le contestó: pará loca no vamos a entrar las tres, alguna se tiene que quedar afuera por si aparece alguien, che te fijaste que no hubiera alguien acá dentro ¿no?  Un murmullo que no entendí, y luego se escuchó nunca, y se dejó perder 2 dedos en el culo, dele Guille siga metiendo esa lengüita, che no sean zarpadas y déjense de gritar, y vos Ine no seas grosera, se escuchó decir a Guille (supongo que diminutivo de Guillermina), un suspiro prolongado, la puerta que se abría e Ine que le decía a Gaby: te toca a vos, como me gustaría que mi mamá hiciera lo mismo, la puerta que se cierra y la voz de Gaby: ma como quedaste, así que te comiste dos deditos y la otra voz: shhh… vení sin hablar y otra vez los jadeos, suspiros, gemidos, murmullos de gratitud de ambas.

Yo acabé creo que al mismo tiempo que ellas silenciosamente. Puertas que se abren, risas apagadas, comentarios en voz baja, y mi mano empapada de mis jugos. Esperé un rato y salí, seguía excitada; en la cabeza se me cruzaban un montón de cosas, sexo entre madre e hija era real yo lo había visto (escuchado en realidad). Tantas cosas leídas y no creídas y pasaba y pasaba en mi ciudad y me excitaba a tal extremo de masturbarme a escondidas. Llegué a casa, Viví todavía dormía y no pude dejar de mirarla con su bombachita metida entre sus nalgas. Me alejé asustada, Jorge que se levantaba en calzoncillos y pasaba delante de mí como todos los días y yo no podía dejar de mirarle la entrepierna, me metí en mi cuarto más asustada aún y también excitada. Que me había pasado, tenía que poder controlarme.

Me quedé un rato en la cama y luego decidí levantarme, mis dos hijos ya estaban desayunando; los miraba con otros ojos, enseguida llegó el novio de Vivi a buscarla para irse al lago, con ella siempre hemos tenido una relación muy estrecha, hemos conversado de todos los temas, supe de su debut sexual; con Jorge le relación era un poco más distante (creo que por vergüenza de él). Jorge se fue invitado a la casa de unos amigos así que me quedé sola, pensaba en lo que había vivido y en mis sensaciones respecto de mis hijos, me empecé a excitar y disfruté de una hermosa masturbación en el living de casa desnuda. Hacia la nochecita volvió Vivi, se fue a duchar y al salir me llamó, me acerqué y ella (como otras veces antes), empezó a secarse delante de mí y yo a mirarla con ojos de deseo.

Vivi empezó a preguntarme si me había dado cuenta de cómo nos miraba y espiaba Jorge. Yo me quedé sorprendida (tanto por lo hermosa que se veía desnuda y por lo que me acababa de decir), si me dijo está todo el día alzado y nos anda espiando cuando vamos al baño o cuando nos cambiamos, ¿no te diste cuenta? La verdad que no, le dije, y recién me percaté de que varias veces cuando salía de la ducha él se acercaba a ver si necesitaba algo o me traía un tema, lo que me obliga a hacer malabares para poder cambiarme. Si anda todo el día con esa pija parada dale que dale con la mano, ayer le tuve que parar el carro cuando me tocó el culo, fíjate vas a ver, todo esto dicho mientras se vestía con un conjuntito de ropa interior re chiquito, hilo dental en la parte de la cola, que era la que yo tenía a la vista, todo esto hizo que sintiera como se me humedecía la entrepierna y permanecí con ella con mucha vergüenza mientras me contaba que iba a salir nuevamente con Ezequiel (el novio).

Más tarde llegó Jorge y se fue al baño mientras Vivi se pintaba, escuché unos gritos de pelea y Vivi que decía: sos un asqueroso, un cerdo de mierda, como te vas a hacer una paja mientras yo estoy en el baño, pendejo retrasado, si querés pajearte metete en tu cuarto y no andés haciéndolo delante de los demás, pajero de cuarta. Estaba enfurecida. Mamá tu hijo es un repelotudo se metió en el baño y se pajeaba. Menos mal que el día llegó a su fin, Vivi salió, Jorge estaba muy cansado se duchó y se fue a dormir y yo me quedé viendo tele, y pensando en las cosas que me había dicho Vivi: “viste como nos espía, se hace una paja delante de mí, y una no es de fierro”. Me daba vueltas la cabeza, me volví a excitar recordando lo de la mañana. Terminé en mi cuarto masturbándome otra vez.

Al otro día ninguno de mis hijos tenía que levantarse temprano, yo sí y me fui a mi trabajo. La verdad no podía concentrarme, todo el día pensando en esto de las relaciones entre padres e hijos, me la pasé visitando sitios de internet con esta temática, leyendo relatos (algunos realmente increíbles). El lunes y martes las cosas se sucedieron como todos los días anteriores, a excepción de que le prestaba atención a las actitudes de Jorge para con nosotras, roces aparentemente casuales en las tetas o en la cola, entradas intempestivas al baño cuando Vivi o yo nos terminábamos de bañar, o probar a abrir la puerta cuando yo estaba haciendo pis. Esos días cerré la puerta del cuarto mientras me cambiaba, cosa que nunca había hecho (por otro lado quería dejarla abierta y que él me viera)…

Temo que esto se haga largo y aburrido, así que hasta acá llego hoy.

Autora: julietas4

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Me sentí muy excitada

Le costó abrirme, se resbalaba, se afirmó y me metió el pulgar de la mano que tenía la pija en el culito hasta que no entró más, jugó un ratito mientras yo aullaba, y sacando el dedo colocó la cabeza de su pijón y empujó, grité era enorme, yo tenía un orgasmo tras otro, sentí que se paralizaba, sentí los chorros en lo profundo de mi culo, tuve otro orgasmo y caí ensartada con ese ariete.

Ese día estaba excitada, más que de costumbre. Soy casada hace dos años con un hombre mayor que yo, tengo 26 años y él 55. El sexo entre nosotros es muy agradable, lo quiero y me siento muy querida, cuidada, libre, pero en algunos aspectos la diferencia de edad se nota. Cuando tenemos relaciones es bárbaro, juguetea mucho, es fantasioso y viril. La frecuencia es de una o dos veces por semana y yo quisiera todos los días.

Yo también soy fantasiosa y gozo masturbándome. Me gusta preparar mi escenario. Lo voy armando durante el día. Tengo un cuerpo sensual y soy seductora. Me gusta vestirme sabiendo que despierto pasiones, busco las miradas y me calienta ver los resultados, siempre dejo ver algo de mis pechos o la cola o las piernas, me gustan los tajos en las faldas y las blusas tenues.

Además parezco diez años más joven, o sea que gusto a los hombres de 18 años en adelante. Creo que mi sensualidad se ve más allá de la ropa que llevo, pues los días que salgo así nomás también tengo mis admiradores.

Ese día estaba muy excitada, y salí a dar una vuelta. En el ascensor, mirándome al espejo desabotoné un poco más mi camisa y rasqué los pezones con mis uñas. Mi cuerpo es muy sensible y las tetas especialmente, se pararon las puntas y se veían más, hasta el color más oscuro a través de la tela. Volví a tocarme las tetas hasta la planta baja y salí a la calle hecha un fuego.

Tomé un taxi hasta el centro. Abrí un poco las piernas y desde atrás de mis lentes oscuros podían ver al conductor espiarme por el espejito. Cuando lo tuve ahí abrí un poco más haciéndome la que miraba hacia fuera. Al bajar las abrí para que suba la pollera y así mostrarle a él y a los que pasaban por ahí. Ya me sentía casi loca de calentura. Mis tetas me pedían caricias. Sentía la conchita húmeda.

Escuchaba los piropos- Diosa, -Mamita, -Llévame al cielo, – Bombón, Putita, – De lo más dulce a lo más zafado. Seguía calentándome…

Los miraba a los ojos y me tentaba quitarme los anteojos para que vieran que los miraba, no me animaba, todavía. Entré a un centro comercial, mirando vidrieras caminaba hacia mi un joven fuerte y hermoso, le moví una sonrisa, a los diez pasos me alcanzó.

-Soy Mario, ¿quieres tomar algo? Si, tengo sed, le contesté, soy Juana.

Fuimos a un café del shopping, pedimos cerveza y cuando la servían me rozó una pierna con la suya.

-Vas rápido, le dije para acelerarlo, -Todo lo rápido que quieras, contestó.

-Todo lo rápido que quieras, le dije en voz baja.

Tomamos la cerveza hablando pavadas, pago y salimos. Caminamos dos cuadras hasta un hotel y entramos sin dudarlo. En el ascensor me había tomado la mano, así entramos a la habitación, de la manito. Pase primero, Colgué la cartera del respaldo de un silloncito donde me senté.

Llegó hasta el fondo del cuarto y se volvió. Era hermoso. No lindo, hermoso. Rasgos marcados, manos fuertes, Fornido. Mirándolo crucé las piernas y me quité un zapato, descrucé, y quite el otro. Llegó junto a mí, estiró los brazos y me paró tomándome de las axilas, cuando vi que venían las manos pensé que me agarraba las tetas, me agarró y me apretó contra él. Metí la cara en su cuello esperando que hacia. Tenía olor a hombre, arrimé los labios y sentí que subía las manos debajo de mi blusa, me tire hacia atrás para darle las tetas, dejo una mano y con la otra desabotono dejando mis pechos casi desbordados del soutien a la vista. Con los dedos corrió el bretel y bajo la copa, y la otra. Sentía su pija creciendo, apoyada en el pubis.

Terminó de sacarme la blusa y el sostén y agarrándome de los pezones con fuerza me llevó caminando hacia atrás hasta la cama, Tengo las tetas muy sensibles, no hablo de dolor, hablo de excitarme, me pierdo cuando me las tocan, parecía adivinarlo, así paso a paso, mirándome tironeo de los pezones, me dio vuelta de espaldas a la cama y me hizo sentar. Parado casi entre mis piernas se quitó la camisa, soltó el cinturón y se quitó el pantalón y los zapatos. La cabeza de la pija se asomaba sobre el calzoncillo, la tenía frente a mi boca, roja, brillante, bien marcada del tronco.

Le bajé el calzoncillo y quedó apuntándome. Casi tocándome, se le movía de arriba abajo hinchándose, la tomé con una mano y con la otra lo acerqué suavemente, se dejaba hacer. Lo olía, olor a macho, a sexo, y me la pasé por toda la cara, despacito y suavemente, me agarré la teta con la otra mano y la acaricié con el palo, me lo pasé por las dos, lo apreté entre ellas viendo como se asomaba la cabezota. Lo acerqué más y se la apreté entre la barbilla y el cuello, gimió y me agarró la cabeza. Lo solté y le dije:

– Ahora juego yo con tu muñeco y vos ni te mueves, cuando yo termine me haces lo que quieras, ¿entendiste?

Agarrándolo de las bolas como me había agarrado de los pezones lo acosté boca arriba, me sentía loca de calentura, Yo parecía más joven pero le llevaba por lo menos cinco años, lo sentía como un pendejo viril. Volví a decirle:

-Ni te muevas hasta que yo te diga.

Fui hasta el baño y tomé agua de la canilla, mucha, la calentura me dejaba seca, sentía también el olor de mi sexo, los pezones estirados y sensibles, la concha húmeda, me la toqué, estaba mojadísima, la toqué con la otra mano y volví a la cama. Estaba como lo había dejado, se tocaba la pija suavemente, se lleva las manos al respaldo y le dije:

-Agárrate y no te sueltes, después juegas tú.

Le pasé las tetas por la cara y abriéndole la boca le metí un pezón, luego el otro, comenzó a lamer y morder, me ponía loca, fui bajando rozándole la pija con el pubis, la pancita, las tetas, los pelos y abriéndole las piernas la agarré primero con las dos manos, sobaba la cabeza y un pedazo del tronco como para otra mano, llegué con la boca a la cabezota brillante, la pasé apenas por los labios, abrí la boca y empecé a metérmela muy poco a poco, toda la cabeza, hasta que llegué con los dientes hasta el cuellito, cerré suavemente los dientes y quedó dentro de mi boca movía la lengua y apretaba más la mordida, solo así, movía los labios, la apretaba con los dientes y movía suave la lengüita.

Se retorcía y gemía, subiendo las manos le rasqué las tetillas, primero con las uñas y después atornillando, apretando cada vez más, los dedos, los dientes y la lengua, temblaba y yo también, quería tragármelo, que se venga, se erizó y se puso duro y quieto, supe que se venía, afloje la mordida y me la metí hasta la garganta, me gustaba sentir la pija en el fondo de mi garganta, sentí que se venía ya, apreté más la concha y empecé a acabar, temblando, tragándome la pija, sentí el primer chorro que tragué sin que toque la boca, la fui sacando despacito, chorro a chorro, el último fuerte me dio en la cara, se siguió desbordando suavemente, tomé lo que salía en mi boca y lo puse en mi mano, que así mojada la corrí por su culo que temblaba, apreté el pulgar y se lo metí, la pija volvió a cabecear y le di un último beso. Dejé el dedo moviéndolo despacito, para que no se asuste. Me toqué la conchita, estaba desbordada, los labios para afuera y el clítoris paradito no lo podía tocar, estaba eléctrico, palpitante.

Me corrí hacia arriba y le puse un beso en la boca, corrió la cara, le seguí el movimiento diciéndole, si esto es tuyo y me lo trago con gusto, vos lo vas a probar, ahí nos besamos las bocas hasta secarlas.

Pedimos cerveza, mientras llegaba jugué en la ducha, golpearon la puerta y abrí desnuda, era una moza, quería mostrarme a un tipo. Tomé la bandeja, le dije cierra tú y caminé mostrándole el culo. Serví las cervezas y me senté a su lado, pegando mi cadera a su hombro. Puso una mano en mi concha, apoyándose en un codo pasaba la cara por las tetas, mordiéndome, lamiéndome, chupando… Muerde -le pedí. Mordió, -Más fuerte, le pedí. Mordió tan fuerte que me erizó la piel, Gemí de calentura y dolor… muerde, muerde…

Siguió mordiendo los pezones y metió los dedos que pudo en mi conchita. Le agarré la pijota que estaba parada de nuevo, moviéndose, dura, muy dura. Se colocó entre las piernas abriéndolas y apretando las tetas bajó la cara hasta la concha desbordada, mordiéndola toda, chupando y lamiendo, cogeme, le decía casi gritando, gimiendo, temblando. Soltó mis tetas y las agarré yo, colocó la pija entre los labios de la conchita y empujó, era enorme, tocó mi fondo agarrándome las nalgas, cogía sin pausa, su cara transfigurada, sacaba y ponía, estaba por acabar, sentía venir mi orgasmo, él también, la sacó y metiéndola en mi boca me dijo:

–Chúpala, chúpala un poquito…

Se la chupé, me cogí la boca con su palo Lo sacó y me dio vuelta poniéndome culo para arriba la metió nuevamente en la concha. Yo bramaba, me babeaba, gemía.

– Muévete…muévete guacho, le pedía gimiendo y acabé.

Temblaba como una hoja, y me aflojé. siguió moviéndola despacito, la sacó y buscó mi culito, la pasó por encima, arriba y abajo, arriba y abajo, me dieron ganas y empujé el culito contra su cabezota, él empujó guiándola con la mano, le costó abrirme, se resbalaba para arriba o para abajo…se afirmó y me metió el pulgar de la mano que tenía la pija en el culito hasta que no entró más, jugó un ratito mientras yo aullaba, y sacando el dedo colocó la cabeza de su pijón y empujó, esta vez pasó, grité y mordí la almohada, era enorme, se fue metiendo y yo aullando le pedía:

-Cógeme, Cógeme bruto, dame, dámela toda, lléname toda, toda, así, aaaahhhhhh, siiii, vente, se hincha, acaba, acaba.

Yo tenía un orgasmo tras otro, llorando, gritando sentí que se paralizaba, solo su pija palpitaba, sentí los chorros en lo profundo de mi culo, tuve otro orgasmo y caí ensartada con ese ariete, él arriba mío, desplomado, jadeando y flojo, babeándome la cara.

Nos duchamos y nos vestimos sin poder hablar. Había quedado floja, me costaba mover las piernas. Tomé un taxi hasta mi casa. A este tachero lo dejé ver, pero por que no tenía fuerza para cerrar las piernas.

Autora: Juana

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Mi profesora de matemáticas

Sin parar en mi labor, le cogí la polla a Isma y se la coloqué a la entrada del culo de la profe. Poco a poco, la polla fue entrando. La profe trataba de sacársela pero sin mucha intención porque en el fondo estaba disfrutando. Isma empezó a moverse para que la polla entrase y saliese del culo de la profe. Le pregunté: Lourdes imagina que es Luís el que está debajo de tí bombeándote el culo. Luís siempre ha querido follarte el culo pero nunca se ha atrevido a pedírtelo.

El pasado sábado estaba con mis amigos en una discoteca de las afueras. Habitualmente nos movemos por el centro pero el hermano de un colega tenía coche y nos fuimos a conocer sitios nuevos. Cuando ya llevábamos una hora en el local, que por cierto era bastante cutrillo y con ambiente más bien de parejas mayores, me viene el Isma y me suelta:

-Oye Pedro, ¿sabes quién está allí al fondo?. Pues no. Está la medieval tío. -¿Cómo? ¿Mi profe de matemáticas del instituto en una discoteca? ¿Estás seguro? -Que sí colega, ven.

Me acerqué al fondo y aunque en un primer momento no me la pareció, luego sí pude identificarla claramente. Efectivamente era la medieval. Le llamamos así en el insti porque su forma de vestir es de otro siglo. Lo de ir a la moda no va con ella y si le añadimos sus gafas de culo de botella tenemos la fotografía de una perfecta profesora de matemáticas de otra época.

La razón de que no la hubiese reconocido en un primer momento era que no llevaba esas horrendas gafas. Supongo que llevaría lentillas. Su forma de vestir también era bien distinta: Llevaba un traje de noche bastante ajustado, con un escote generoso y la falda por encima de la rodilla.

Para ser sincero: Estaba de buen ver la condenada a pesar de sus 45 tacos. Lo que más me llamó la atención era su acompañante: Un chico que no llegaría a los 30. Esto no me cuadraba porque todos sabemos que está casada. De hecho su marido es Don Manuel Suárez, el jefe de estudios del instituto y que tiene algunos años más que ella (unos 50). Me acerqué a la mesa en donde estaba con su amigo y la saludé efusivamente: -Hola Doña Lourdes. ¿Qué tal? ¿Y como es que usted por aquí? Ella al verme se puso pálida (a pesar de la escasa luz del local) y con voz temblorosa me dijo: -Hola Vieitez. Pues ya ve, aquí hablando con un amigo (no quiso presentármelo).

Como vi que no tenía muchas ganas de hablar y se sentía incómoda decidí despedirme de ella. Por supuesto con un par de besos. Al acercarme pude comprobar el pedazo par de tetas que tiene la profe. Desde aquel instante ya no se me quitaban de la cabeza. Yo y mis colegas nos quedamos un rato más. Ellos estuvieron tratando sin éxito ligar algo de lo poco aprovechable que había en el local. Yo me situé en un lugar un poco oscuro. Desde allí podía ver a Doña Lourdes sin ser visto.

Observé que durante unos instantes estuvo mirando todo el local. Supongo que para saber si yo seguía por allí. Luego se tranquilizó un poco y se dedicó a atender a su amigo. Ellos hablaban pero en un momento ví que el chico le pasaba la mano por la espalda y la acercaba hacia él. Luego acercaron sus bocas y se besaron apasionadamente durante un buen rato. El chico había bajado su mano de la espalda al culo de la profe. Así estuvieron hasta que terminaron la bebida y se fueron.

Yo decidí salir del local también para ver que hacían. Los vi alejarse por una de las calles laterales de la discoteca. Los seguí hasta que se metieron en un coche. Estaba aparcado solo en una zona algo oscura. Di un rodeo y me acerqué al coche por detrás. Tenían las luces apagadas. Como me suponía, me encontré al chico encima de la profe. Ella tenía la falda subida y el chico los pantalones bajados. Ya os podéis imaginar lo que estaban haciendo. Como tenía algo de miedo a que me descubriesen decidí volver con mis colegas. Y ahí acabó la noche.

El lunes siguiente, me encontré a Doña Lourdes por los pasillos del Instituto. Su indumentaria había vuelto a ser medieval. Desde luego que diferencia de mujer. La saludé: -Hola Doña Lourdes ¿qué tal el fin de semana? No me dijo nada y aceleró el paso. Estaba claro que no quería hablar del tema. Yo en cambio no olvidaba aquella noche. Sobre todo sus tetas y como la viera follando con su amante. Porque estaba claro que aquel chico era su amante secreto. Decidí ser valiente y utilizar aquella información para hacerle chantaje a mi profesora de matemáticas.

Cuando terminó la clase y después de que el último compañero hubiese salido me acerqué a ella con una libreta en la mano. Ella debió pensar que le iba a consultar algo relacionado con la clase. Le dije en voz baja: -Doña Lourdes, aquel chico que estaba con usted el sábado ¿no era sólo amigo, verdad? Ella se ruborizó un poco y algo alterada me respondió: -¿Qué quiere decir usted Vieitez por favor? -Sí si Doña Lourdes, que aquel chico y usted son amantes. ¿No es así? -Por favor Vieitez ¿qué tonterías está usted diciendo? Abandone ahora mismo la clase. -Mire Doña Lourdes, no se haga la tonta conmigo que los ví follando en el coche.

-¿Quéee? Bueno,… Su mente no reaccionaba, estaba en blanco. La tenía pillada. -Doña Lourdes, yo supongo que no querrá que el Jefe de Estudios se entere de lo que pasó, ¿verdad? -Por favor Vieitez, compórtese que ya no es usted un niño. -La espero esta tarde a las 7 delante del bar que hay enfrente del Instituto para hablar del tema.

Se quedó muda y con la cabeza baja. Entonces decidí salir de la clase.Luego desde el pasillo la vi salir, algo ruborizada y con un semblante bastante serio. Más de lo que en ella era habitual. Se dirigió al aseo de las profesoras y tardó casi media hora en salir. Su cara seguía mostrando preocupación y daba la impresión de haber llorado. Luego se fue a otro piso del edificio.

Esa tarde, cosa poco habitual en mí, fui puntual como un reloj: A las 7 menos 5 ya estaba delante del bar esperando a Doña Lourdes. Ella también fue bastante puntual y más o menos a las 7 llegó al punto de encuentro. Venía vestida de igual modo que la había visto por la mañana. Me preguntó si entrábamos en el bar. Le dije que no. Le pregunté donde tenía su coche. Algo extrañada me dijo que unos metros más abajo. Le pedí que lo cogiera para ir a otro sitio. No le gustó mucho la idea pero a regañadientes hizo lo que le pedí. Subimos al coche y le dije que ya le iría indicando conforme nos fuésemos moviendo por la ciudad.

Al llegar al parque municipal le dije que girara a la derecha por el callejón y aparcase que quería hablar con ella. Era un callejón algo oscuro y nada transitado. A ella le puso algo nerviosa.

-Bueno Vieitez dígame usted lo que pretende. -Tranquila Lourdes (estimé oportuno tutearla) lo que quiero decirte es que el sábado me sorprendiste. Estabas preciosa. Desde ese día me paso el día pensando en ti. -Bueno Vieitez pero tienes que pensar que yo ya soy muy mayor y que hay chicas de tu edad son mucho más preciosas que yo. Así que busca una que te guste. -No Lourdes ahora sólo me gustas tú. ¿Quieres saber lo que más me atrae de ti?.

-¿Lo qué? -Tus tetas. Son preciosas y cuando te pones esos vestidos ajustados están para comérselas.
-Bueno por favor, Hizo un ademán de arrancar el coche. Entonces yo le dije: -A Don Manuel también le gustan tus tetas. Ella entonces recapacitó y retiró las manos de las llaves.

Yo entonces me acerqué a ella y le dí un beso en el cuello. Ella se quedó inmóvil. Luego yo le pasé mi mano por encima de sus tetas. Como notaba que ella se dejaba hacer aunque no colaboraba ni decía nada, primero le quité aquellas gafas horrorosas y bajé mi mano hacia su falda. La subí lentamente y metí un dedo por debajo de su braga. Note que esa braga sorprendentemente era moderna y con un tacto delicioso. El dedo al entrar en el coño provocó un leve gemido de la profesora pero comprobé que estaba bastante mojada. La situación de estar siendo manoseada por un alumno casi 30 años más joven la había excitado. Le metí el dedo hasta el fondo sin hallar resistencia. Se lo moví alrededor y dentro-afuera. Ella cerraba los ojos y seguía sin decir ni hacer nada más.

Yo le dije: -Lourdes te gusta sentir que un alumno te da placer. Ahora en cambio respondió en voz baja: -Sí.

Le desabroché los botones de la blusa. Comprobé que el sujetador hacía juego con la braga y tenía un tacto estupendo. Le acaricié las tetas por encima del sujetador. -Lourdes, tu ropa interior me vuelve loco. Ella dijo susurrante:-¿De verdad te gusta? -Me encanta, te favorece mucho. Pero lo que hay dentro es mucho más bonito. Le aparté el sujetador y empecé a chuparle los pezones.

Ahora le estaba acariciando el coño con los dedos y acariciándole las tetas con la boca. Ella estaba gozando, cerraba sus ojos, respiraba de forma acelerada y su cuerpo se retorcía de placer. Le pregunté: -¿Don Manuel le hace sentir placer también? -Por favor Vieitez no diga tonterías y siga con lo que está haciendo. -El chico que la estaba follando el sábado ¿cómo se llama? -Por favor no pregunte tanto.

-¿Cómo se llama? -Luís. -¿Luís folla bien? ¿Tiene una buena polla? -Sí, si. Ahora era ella la que también se acariciaba el coño con las dos manos. -¿Luís está casado o es soltero? -Está casado, pero calla por favor.-Cuando Luís está follando a su mujer ¿estará pensando en ti? No contestó, sólo se acariciaba. Decidí que era el momento de desnudarla. Pensé que iba a ser más difícil pero fue rápida, incluso me ayudó a desnudarme a mí.

Me tumbé sobre ella y le dí un beso en la boca. Nos enredamos nuestras lenguas durante largos segundos. Ella me acariciaba la espalda y sus ojos permanecían cerrados. Tal vez se hacía a la idea de que era Luís quien la iba a follar. Acerqué mi polla a la entrada de su coño y con la punta le acaricié un ratito.

-Yo pienso que Luís cuando folla a su mujer sí que piensa en ti. Seguro que ella no está tan buena como tú. -Por favor chaval, métemela ya. No aguanto más, necesito tu polla caliente dentro de mí.
-Espera Lourdes, mira como mi polla besa la entrada de tu coño. Tienes un coño precioso. ¿Lo depilas? –Sí, sólo un poco, métemela por favor.

Antes de empezar a meterle la polla la agarré por el culo. Mi mano la fui acercando hacia el agujero. Ella abrió los ojos algo asustada, me miró pero luego se echó hacia atrás otra vez y volvió a cerrarlos. Yo le metí un dedo lentamente en su culo. Ella decía en voz baja: -No, por el culo no por favor. -¿Luís nunca te ha follado por el culo? -No, fóllame de una vez que estoy ardiendo cabrón.

Entonces le metí mi polla de golpe y también el dedo en el culo. Soltó un gemido bastante fuerte. Suerte que por el lugar no pasaba nadie porque lo hubiesen oído. Gemía cada vez que le metía el dedo.

-Lourdes ¿quieres que pare? -No por favor, fóllame, fóllame toda. Le pregunté: -¿Alguna vez lo has hecho con dos hombres al mismo tiempo? -No, claro que no. Ah que gu…sto. Siiii…guuu…eeeee…

En ese momento hice una señal con mi mano. Ella no la vio porque tenía los ojos cerrados. Su cuerpo sudaba a chorros y se movía como una perra en celo. En ese momento, se abrió la puerta del copiloto. Ella no se dio cuenta hasta que notó que alguien distinto le tocaba las tetas y le besaba la boca. No era yo, era mi amigo Ismael. Se desnudó y se sentó mirándonos.

-¿Qué está pasando? ¿Tú quién eres? Como no tenía las gafas puestas no distinguía de quién se trataba. -No te preocupes Lourdes, es un amigo que viene a darte placer también.-No esto sí que no. Para por favor. Esto está llegando demasiado lejos.

Entonces Isma se abalanzó sobre ella y agarrándola le dijo: -Ahora me vas a chupar la polla, puta. Yo seguía follándola sin parar. Ella trató de soltarse pero como vio que la teníamos bien trincada, acabó cediendo y empezó a chuparle la polla a Isma. Yo le dije: -Imagina que este amigo es Luís. ¿No te gustaría devolverle el placer que a ti te da? Venga Lourdes, chúpale su gran polla. Con la polla en la boca no decía nada y parecía que incluso había acelerado el ritmo de la mamada.

Le pedí a Isma que se recostara sobre el asiento. Paré de follar a la profe y entre los dos la pusimos encima de mi amigo. -Pero ¿qué me hacéis? Por favor no me hagáis daño y dejadme marchar. -No te preocupes Lourdes sólo ha sido un cambio de postura para que estés más cómoda.

Isma le magreaba las tetas mientras le besaba el cuello. Yo había decidido probar con mi boca ese coño que tanto le gustaba a su amante. Comencé a lamerle en círculos y hacia dentro. Ella recuperó su cara de estar disfrutando con lo que le hacíamos.

Se me había olvidado comentar que su coche es un monovolumen por lo que al echar los asientos hacia atrás hay mucho espacio para follar. Os los recomiendo. Estaba lamiéndole el coño a la profe cuando me fijé que cerca de esa zona la polla de Isma ya se había puesto firme otra vez.

Sin parar en mi labor, le cogí la polla a Isma y se la coloqué a la entrada del culo de la profe. Poco a poco, la polla fue entrando. La profe trataba de sacársela pero sin mucha intención porque en el fondo estaba disfrutando. Isma empezó a moverse arriba y abajo para que la polla entrase y saliese del culo de la profesora. Le pregunté: Lourdes imagina que es Luís el que está debajo de tí bombeándote el culo. Luís siempre ha querido follarte el culo pero nunca se ha atrevido a pedírtelo.

Le gustó la idea porque hizo una leve mueca de sonreír. También gemía y respiraba rápidamente. A mí aquello me estaba poniendo a cien, pensando que mi mejor amigo se estaba follando el culo de mi profesora de matemáticas en su propio coche. Tomé mi polla y se la volví a poner a mi profesora en la entrada de su coño. Se la fui metiendo y luego traté de llevar el mismo ritmo que Isma.

-¿Te gusta Lourdes? Dos hombres follándote al mismo tiempo. Un alumno por delante y tu amante Luís por detrás. -Sííii, me gusta muchísimo no paréis. -No te preocupes Lourdes estamos aquí para darte placer.

Yo estaba encantado con la visión de sus tetas y se las magreaba cuanto quería. La profesora ya había tenido 3 orgasmos y seguro que quería más pero Isma no aguantó más y se corrió en su culo. Follarse a una profesora de su Instituto era demasiada excitación para su joven polla. Ver correr a mi amigo y la visión de las tetas de la profe provocó en mis convulsiones y también me corrí dentro de Lourdes.

Quedamos los 3 extasiados e inmóviles.

-¿Te ha gustado Lourdes? -Uff ¿a vosotros qué os parece?

Se puso las gafas y comprobó quién le había estado follando el culo. -Pero si eres un chaval también. Desde luego habéis hecho conmigo lo que habéis querido. Pero bueno, gracias por haber hecho disfrutar tanto. Y por favor, esto lo podemos repetir alguna vez más pero no le digáis nada a mi marido ni al resto de compañeros ¿ok.? -No se preocupe profe dijimos los dos al unísono. No era cuestión de matar la gallina de los huevos de oro que nos iba a permitir follar gratis.

Nos dio un beso en cada una de nuestras pollas y nos pidió que nos vistiéramos.Yo le dí un beso en cada teta y otro con lengua en la boca. Le susurré al oido: Gracias profe, eres estupenda no me extraña que Luís piense en tí cuando folla con su mujer. Isma y yo nos bajamos del coche. Aquella noche comentamos lo bien que lo habíamos pasado y decidimos que pronto lo repetiríamos.

Al día siguiente en clase de matemáticas, se escuchó un oooh. La medieval iba vestida de forma espectacular: Blusa escotada y falda por encima de las rodillas. Por supuesto, nada de gafas de culo de botella. Yo pensé: Todo esto gracias a mí. Y le guiñé un ojo a Lourdes.

Autor: Triple X

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La directora comercial

Me lancé a sus brazos y lo empecé a besar, estaba muy excitada, él respondió mis caricias y poco a poco se fue calentando tanto como yo. Le desabroché el pantalón y me senté en el escritorio, lo jalé hacia mí y sacó su pene, al acercarlo a mi maraña de pelos, entró muy fácilmente ya que estaba muy mojada por tanta excitación y me desvirgó de un tirón, yo al sentir tremenda embestida sólo pude morderle fuertemente su hombro.

Cambiaré nombres para evitar problemas con la persona a la que quiero…

Soy Laura, trabajo como directora en una proveedora de capacitación empresarial, tengo 36 años y soy soltera, nunca me he casado… soy de cuerpo promedio, de cabello negro, piel blanca y originaria de Coahuila.

Todo comenzó cuando él llegó a trabajar aquí, Carlos “mi niño”, como lo llamo, tiene 29 años, es casado, fiel a su esposa y es un chico muy lindo y tierno, varonil y con un intelecto envidiable, mide aproximadamente 1.75, pesa como 78 kg, atlético, ojos verdes y cabello castaño claro. El me apoya en las labores de mi dirección y le tengo mucha confianza, yo he triunfado gracias a él y al apoyo que siempre me brinda…

Cierto día yo estaba triste porque ya soy mayor que él, y no estoy casada… él llegó para entregarme un reporte que le había pedido el día anterior… entró a mi oficina en su traje azul naval, camisa blanca, corbata oscura y su cabello corto, muy bien arreglado… yo iba con mi blusa café de cuello alto y mi pantalón de traje sastre color café claro…

Ese día pasó por mi mente el seducirlo e intentar algo más…

Al salir de mi oficina cerré la puerta y me quité el sostén, y mi panti, me volví a colocar la blusa y mi pantalón y lo llamé para que me ayudara en algo que nos había solicitado el director…

Entró y le dije: “ponte cómodo porque esto va para largo…” se sentó y como un caballero me escuchó el plan de mercado que estaba inventando… yo me le acercaba mucho hasta que notó que no traía sostén… se sacó de onda, me levanté para sacar una pluma del cajón e hice que notara que no traía panti… se puso nervioso y empecé a notar que se le hacía un bulto en la entrepierna… para mi mala suerte me llegó una llamada de una amiga y él respetuosamente me dijo que regresaba para que pudiera hablar… “chin, ya se me cebó”… pensé.

Ese día ya no intenté nada, me frustré, al día siguiente yo fui a trabajar con una blusa azul y ahora si se notaba más mi escote… siempre la ajusto con un segurito para evitar que se abra y se vea mi sostén… ese día llegué a la oficina como a las 9:30, entré y me quité el sostén y el segurito… le mandé a hablar y llegó… nos pusimos a revisar y le dije que me ayudara porque mi computadora estaba fallando, él se acercó por mi espalda y como estaba sentada y mi escote muy abierto estoy segura que él me vio hasta los pezones, hecho que me empezó a excitar…

Me levanté y le rocé su paquete, creo que lo puse a mil… se sentó en mi lugar y yo lo tomé de los hombros y me inclinaba para ver lo que estaba haciendo, sentí cómo se ponía nervioso cuando de reojo miró mis pechos blancos… y su pene creció y creció…

Como no decía nada me separé de él, salí de la oficina y le dije a mi secretaria que no estaba para nadie que iba a ver unas cosas con “Carlos” en la oficina, que hiciera como si no estaba…

Entonces volví a la oficina y cerré al puerta con llave… caminé por detrás de él y me desabroché toda la blusa… él no se percató porque estaba metido en la computadora… me desvestí por completo y cuando él volteó peló sus hermosos ojos verdes y me miró, se levantó rápidamente y tartamudeante me dijo… pero Laura…

No lo dejé terminar, me lancé a sus brazos y lo empecé a besar… yo estaba muy excitada… él respondió mis caricias y poco a poco se fue calentando tanto como yo… le desabroché el pantalón y me senté en el escritorio, lo jalé hacia mí y sacó su pene… blanco, largo y gordo… con los vellos recortaditos…

Al acercarlo a mi maraña de pelos, entró muy fácilmente ya que estaba muy mojada por tanta excitación…. me desvirgó de un tirón, yo al sentir tremenda embestida sólo pude morderle fuertemente su hombro…

Comenzó el jaleo y yo me mordía los labios para no gritar de excitación…

Mi cueva del amor recibía muy caliente y húmeda cada entrada y salida de ese increíble trozo de carne palpitante que le daba tanto placer, notaba cada arruga de su piel como recorría todo mi túnel, los años que me había perdido de algo tan maravilloso, me corrí dos veces con la verga de mi niño, quería, necesitaba ese placentero desahogo, su vitalidad me incitaba a correrme de nuevo, y lo logramos los dos juntos…

Fue algo muy hermoso, nunca creí que llegaría a gozar tanto…Por supuesto que seguimos en el tiempo con nuestros “encuentros” a escondidas de su mujer, en uno de ellos lo hice tremendamente feliz cuando le di mi culito, también virgen, lo merecía…

Autora: Laura

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El vecino

Fernando nota el ligero temblor de ella cuando termina de atar la venda. Por eso, antes de irse, se atreve a levantarle la falda para meter la mano a su sexo. El sexo de ella está muy húmedo, la mano de él se desliza dentro, al tiempo se coloca detrás, una mano en el sexo, la otra en los pechos, la boca besa el cuello. Así están un rato, hasta que las caricias en el sexo provocan el orgasmo de ella.

Luisa baja siempre en ascensor, vive en un cuarto piso, sola. A veces se encuentra con Fernando, el vecino del sexto. Otro soltero. Se saludan amablemente, como buenos vecinos. Sólo se ven en el ascensor, por la mañana, camino al trabajo.

Él es muy observador, y varias veces ha notado en las muñecas de Luisa, bajo sus pulseras, unas marcas conocidas. Un vistazo a sus tobillos le confirma lo que piensa. Sabe que ella vive sola, nunca se la nota, en la casa es una vecina más, y si le preguntaran a cualquier morador del edificio, hasta asegurarían que es una señorita ejemplar, algo callada, eso si. Por eso llega a la conclusión obvia.

Aquella mañana, al encontrarse en el ascensor, después del formal saludo, y cuando no se espera de ellos nada más, Fernando dice: “si lo deseas puedo ser el que te ate, sólo tienes que decírmelo, cuando desees”. Luisa se queda perpleja, no sabe que decir, su primer pensamiento es negar, preguntar “no se que me dices”, pero le ha cogido tan de repente, que no articula nada hasta que la puerta se cierra en el portal, después de que él se bajara.

En el coche, camino al trabajo, en todo el día, y los posteriores, Luisa dará vueltas al ofrecimiento. Es cierto que le gusta ser atada, y que las parejas que ha tenido no han querido realizar esa práctica sexual. Por eso, suele atarse a si misma, imaginando que es atada por una persona amorosa, y las ligaduras son la antesala de gozos sin fin. Por eso, duda continuamente, por un lado Fernando parece un buen hombre, y además es resultón, pero no deja de ser un desconocido, vecino eso si, pero desconocido. Por otra parte, ser atada…

“Si quieres venir esta noche a mi casa, te esperaré a las nueve”, es capaz de decir Luisa al cabo de varias semanas. “Allí iré”, contestará Fernando antes de bajarse del ascensor.

Luisa se ha preparado durante el día, se ha vestido como le gustaría ser amorosamente atada, es decir, su conjunto de tanga y sujetador sin tirantes, minifalda negra, medias, tacones rojos y top rojo. A última hora, decide que no, que así parecerá una prostituta, así que se vestirá de normal, como para una salida, conjunto interior blanco, falda y suéter crema, zapato negro bajo. Eso si, se ha probado medio armario. Ha preparado algo para cenar, pues la hora de la cita parece a propósito para ello, y además será mejor romper el hielo con un rato de amena charla delante de la comida.

La hora de la cita llega. Fernando es puntual, trae unas flores, él también desea hacer de esta primera cita un encuentro placentero para ambos. También trae una botella de vino, para la cena que supone. Está elegante con sus vaqueros, la camisa negra y la chaqueta.

La cena trascurre positivamente para los dos, descubren gustos comunes, y otros que no tanto, ambos tienen buena conversación, son educados, corteses, y además han ido intimando. El ambiente es propenso. Sólo han evitado hablar de lo que ha provocado la cita. Es después del postre, con la copita, cuando se desatan las lenguas.

“Tú marcarás los límites” dice Fernando, entrando al tema, “me ofrezco sólo a atarte, si así lo quieres, o algo más, tú decides”. “¿Cuanta experiencia tienes en esto?” pregunta Luisa para tantear el terreno, pues no se trata de dejarse en manos de un inexperto. “Bastante, tuve una compañera que me inició en este mundo, pero te advierto que del sado masoquismo sólo me atrae esta práctica. Me desagradan las prácticas de dominación, golpes y demás que someten a una persona a una humillación, aunque sea por propia decisión. Tampoco me dice nada la parafernalia de ese mundo: cueros, látigos, etc.”

“A mi me pasa lo mismo” comenta Luisa, “me gusta ser atada por la sensación física de desamparo, la duda de qué me va a pasar, el gozo secreto, el sabor de lo desconocido, y a lo que no puedes hacer frente, el abandono a la voluntad de otro, pero sabiendo que te quiere hacer gozar. La pena es que no he encontrado a nadie así”

“¿Y por eso de atas tú misma? ¿Cómo te desenvuelves?” pregunta él.”Si, pero atarse una misma es un fastidio, por un lado porque es complicado atarte, por otro porque no hay esa sensación de estar a merced de otra persona. Suelo usar cuerdas y algunas esposas”

El alcohol va haciendo sus efectos, ambos están más cómodos que al principio.

“Qué has decidido” pregunta Fernando tras un trago. “Aún no lo se del todo, quizá podemos empezar esta noche por que me dejes atada antes de irte, así comprobaré tus habilidades y mi respuesta, otro día ya veremos” “Me parece bien”

Luisa se levanta, desaparece un momento en la cocina y vuelve con una caja llena de cuerdas y un par de esposas.

“Quédate de pie” y tomando una cuerda le ata las manos a la espalda, “siempre me gusta atar las manos así.” Después con otra cuerda sujeta los codos, otra más larga para construir una especie de sujetador: la cuerda pasa por debajo del pecho, luego por arriba, la siguiente vuelta lleva la cuerda desde un hombro hasta la vuelta inferior y al otro hombro. Luisa se deja hacer. Ya tiene los brazos firmemente unidos al cuerpo. Otra cuerda une firmemente los tobillos de ella, y otra más ligará las rodillas. Para terminar, Fernando descubre una mordaza de bola, y se la aplica a Luisa, por último venda sus ojos.

Luisa se ha ido excitando, no lo demuestra, pero está contenta. Está atada, por alguien y a su merced, ya sabe que han acordado que hoy sólo la dejará atada, pero le entran ganas de algo más.

Fernando lo sabe, nota el ligero temblor de ella cuando termina de atar la venda. Por eso, antes de irse, se atreve a levantarle la falda para meter la mano a su sexo. Luisa se remueve, no es lo que habían acordado, pero…

El sexo de ella está muy húmedo, la mano de él se desliza dentro, al tiempo se coloca detrás, una mano en el sexo, la otra en los pechos, la boca besa el cuello. Así están un rato, hasta que las caricias en el sexo provocan el orgasmo de Luisa. Al retorcerse de gusto, Fernando la lleva suavemente al sillón, para acostarla.

“Te dejo un cuchillo encima de la mesa, si no te desatas llámame, me llevaré tus llaves y te las devolveré mañana”.

Luisa siente el beso de Fernando antes de que la puerta se cierre.

Luisa está quieta y es porque no puede moverse. Está en ropa interior, exponiendo su desnudez, apenas tapada por un diminuto tanga y un minúsculo sujetador. Tiene los tobillos amarrados a las patas de la mesa del comedor, lo que le deja las piernas abiertas completamente. El cuerpo tendido sobre la tabla. Los brazos por encima de la cabeza tienen las muñecas atadas, y la cuerda pasa por debajo de la mesa. La cintura también está unida a la mesa. No puede hablar porque una mordaza oculta unos labios besables.

Así la contempla Fernando, el vecino del sexto, en la segunda cita que tienen. Fue a la semana siguiente de su primera cita. Luisa pudo desatarse cortando la cuerda, tras una noche de placer de ella. Pero no quiso darle otra cita hasta hoy. En el ascensor, al verse por la mañana, sólo dijo: “ven esta noche”. Y él fue.

“Deseo que me ates de varias formas durante la noche, tú decides cómo y dónde, sólo deseo sentirme expuesta”. Es el deseo de Luisa. Fernando entiende también que no desea contacto sexual, por eso se limitará a construir sus “estatuas vivas”, como él dice de las mujeres que ata, como ella, siguiendo sus deseos, pero también las sensaciones de él.

La primera postura es en la mesa, casi desnuda y amordazada. La tendrá así un buen rato, las piernas abiertas, la espalda desnuda en contacto con la fría tabla, las manos por encima de la cabeza. Luisa cierra los ojos y siente. Siente el airecillo por el interior de los muslos. Siente la saliva que se le cae. Siente los senos que se separan. Siente un cosquilleo en el estómago. Siente calor en su sexo, pero frío en la barriga. Cierra los ojos.

Fernando, después de una hora, decide el cambio. Del guardarropa de Luisa se ha traído un top negro, una minifalda blanca y unos tacones. Al desatarla le pide que se quite la ropa interior que lleva y se ponga lo que le trae. Ella lo hace. Él le venda los ojos. Tras un rato de maniobra la postura queda establecida.

Luisa está de pie, apoyada en sus tacones. Los pies están separados y atados a una barra. Las muñecas están atadas por encima de la cabeza, a un gancho en el techo. Otra cuerda hace como de sostén, señalando los senos de ella por debajo del top. Una cuarta cuerda remarca la cintura de la mujer y, al pasar por entre sus piernas, hace que la falda roce el sexo. La postura así hecha, tiene a Luisa casi de puntillas, con el peso descansando sobre los tacones y las punteras, el cuerpo estirado.

Ella se siente, con los ojos vendados como los tiene, extremadamente sensual, sabe que él la mira, siente que sus senos, marcados por la cuerda y el top y, sobre todo, los pezones duros, se marcan bien a las claras, y señalan la excitación que la domina. El sexo está húmedo y con el roce de la falda, obligada por la cuerda, su botón le dice que podría sentir un orgasmo apenas si se moviera un poco. Sin querer, un suspiro sale de su boca. Fernando lo escucha. Para la próxima postura la llevará al culmen.

Al cabo del tiempo, Fernando juzga que Luisa debe estar dolorida por la postura, así que la suelta del techo, desata los pies de la barra y se la lleva, ojos vendados, a una silla, la sienta. Las manos, atadas por detrás, la obligan a apoyar toda la espalda al mueble y como el respaldo es ancho, los hombros se estiran y los senos se destacan. Los tobillos se los ata a las patas de la silla y las rodillas son también sujetas al mismo sitio.

Luisa queda, pues, con las piernas abiertas sin poder cerrarlas, las manos a la espalda, ésta tensa. Ojos vendados. Gentilmente, él le alza el top hasta descubrir sus senos, y la falda hasta exponer el sexo al aire.

Sólo cinco minutos y un par de suspiros de ella, bastan para que él bese sus labios, y con la boca la recorra hacia abajo, parándose en los senos enhiestos, que se vuelven más duros aún, y con la meta final en un gran orgasmo por su parte.

Él se retira a su casa, volverá dentro de unas horas, para que ella le complazca a él.

Autora: Ana

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Mi instructora de calidad

Ella se montó en mi, colocó un condón en mi verga y poco a poco se fue sentando en mi verga, se deslizó con suavidad hasta llegar al fondo, yo mientras aproveché para tocar sus pechos para jugar con ellos, jugar con sus pezones, los chupaba, besaba, mordía, mientras ella entraba y salía de mi, primero lento después más fuerte, hacía movimientos circulares, eso me mataba, me excitaba.

Hola amigos, escribí unhace algún tiempo, ahora vengo a contarles algo que me pasó a principios de octubre del pasado año, les diré para los que no me conocen que soy un tipo de 35 años vivo en Xalapa Veracruz, casado, pero no cansado dicen por ahí, no soy guapo, más bien digamos normal, en fin les platico…

Todo empezó cuando en la Institución que trabajo decidió certificarse en ISO 9000 en calidad, yo fui uno de los elegidos para el curso, la verdad no me apetecía entrar, pero órdenes son órdenes.

Llegué al curso medio desmotivado, pero oh sorpresa cuando vi a la persona que nos daría el curso, una mujer de unos 45 años, (siempre me han gustado las mayores) a mi gusto estaba muy bien, tenía sus “atributos” unos pechos generosos, un culito muy comible, nos miramos a los ojos hubo un chispazo que no pasó de largo para ella, y mucho menos para mi.

Empezó el curso y no paraba de verle sus gestos, su cuerpo, y empecé a fantasear, al final del día me llamó y me dijo que me veía distraído y que observaba que la miraba mucho, pero que no ponía atención, la verdad siempre he sido directo y franco y le dije que si, que le veía su cuerpo y su forma de ser, que veía sus labios, (los labios es en lo primero que me fijo en una mujer, pero en esta oportunidad sus pechos me atraían muchísimo)

Ella se sonrojó y me dijo que no dijera nada, y que si la acompañaba, pude ver que sus pezones se paraban, se veían ricos, salimos del salón y la llevé al hotel donde se hospedaba, ese día no pasó nada.

Pasaron dos días más donde yo hacía lo mismo, al finalizar el tercer día me pidió otra vez que la llevara, yo lo hice, pero en el camino me decía que sentía algo de calor y desabrochó un poco su blusa yo de reojo veía como sus pezones estaban duros, le dije que linda vista, ella sonrojada me pregunta:

-¿Te gusta?- yo no tonto le contesto -Claro, pero me gustaría ver más.

En eso puso su mano en mi pierna mientras yo manejaba, la subió y bajó, sus pezones amenazaban con romper la tela del bra y de la blusa, y claro mi verga ya toma posición de guerra, llegamos a su hotel, y me invitó a pasar a su habitación.

Subimos a su habitación y solo cerré la puerta y como iba delante de mí la tomé de la cintura y le besé el cuello lentamente, mientras mis manos recorrían su cuerpo suavemente, mis dedos frotaban sus pezones, mientras mi lengua no dejaba de recorrer su cuello, su nuca, sus orejas, solo alcanzaba a suspirar y decir, mmmmm, -Así papi caliéntame, yo mordía sus orejas, metía la punta de mi lengua en sus oídos, ella se tensaba y gemía, -Mmmmmm, que rico, cosita me tienes a 1000.

Mis manos la despojaron de su blusa y su bra, mientras mi verga ya bien erecta se anidaba entre sus nalgas, ella se re-pegaba y frotaba su culito, le chupé los pechos, ella solo alcanzaba a gemir.

-Ummm -Si bb así, muérdelos, chúpalos, son tuyos, que siento que me muero, me vengo y ahí tuvo su primer orgasmo…

Mis dedos estaban en su clítoris sentí como me los empapaba de sus jugos, mordía suavemente sus pezones mientras ella se tensaba hasta que llega el orgasmo. Bajé lentamente y metí mi lengua en su ombligo, mientras mis manos buscaban su ano.

-Si papi ahí busca ese hoyito es para ti…

Eso me calentó más, si es que se podía me tenía a 1000, yo bajé hasta sus labios vaginales, mi lengua tocó su clítoris, ella solo alcanzó a decir, Ooohhhhh, que me matas, uuuuummmmmm rico…

Se tensó y otro orgasmo, ahora en mi boca, me súper encanta sentir los jugos como corren entre mis labios, aún con el orgasmo seguí en mi labor, mi lengua entraba y salía de vagina mientras mis manos pellizcaban suavemente sus pezones, ella no paraba de gritar -Si amor dale más rico hazme venir amor, ummm, así papi rico mete tu lengua-.

Sentí como se contraían y como sus piernas se cerraban en mi cuello, le llegó otro rico orgasmo, que delicia, que aroma, que sabor, debo reconocer que me súper encanta sentir esos jugos en mi boca.

Me levanté y ella con la vista aún perdida, me jaló hacia ella y me besó, quería sentir el sabor de la corrida.  -Papi nunca me habían mamado como tú, que delicia, ahora me toca a mi- me dijo. Dicho y hecho me acabó de desnudar y con sus carnosos labios bajó por mi estómago, pasó mordiendo mis pezones mientras con su mano acariciaba mi verga que no es nada fuera de normal, 18.5 cm. de largo y algo gruesa, bajó poco lento torturándome con sus labios y su lengua, yo me dejé hacer…

Cuando llegó a mi verga estaba súper erecta y muy dura, la tomó con las manos y poco a poco la metió en su boca, deslizó sus labios a lo largo del tronco, que rica sensación, yo solo alcanza a gemir de placer. -Mami que rico la mamas mi vida, uuummm, así mami, cómetela es toda tuya, mmmmm, así mamita que placer.

Ella solo levantaba la vista y me miraba, que mirada tan cachonda y excitante, enrollaba su lengua en el tronco y daba chupadas a la punta, nunca me habían mamado así, que ricura, no pude aguantar mucho, era una puta como me mamaba la verga, succionaba rico la punta acariciaba mis testículos suavemente los apretaba…

-Mami que me vengo, ya no aguanto, me matas de placer, te llenaré de leche, uuummm, mmmmm, uffffffff, yaaaaaaa, solo eso alcancé a decir, ella recibió justo el primer impacto, después sacó mi verga y los demás cayeron en sus pechos.

Después de esto descansamos un poco siempre tiendo a ser muy cariñoso, nos acostamos y la abracé, la besé, le decía cosas lindas al oído, mientras ella acariciaba mi pecho o se dejaba hacer.

Poco a poco no calentamos nuevamente y así como estaba ella, de espaldas a mí, le besé el cuello y mi verga empezó a rozar sus muslos, ella los separó y puse la punta de mi instrumento en sus labios vaginales, ya estaba muy húmeda, se dio la vuelta y nos besamos nuevamente.

Al momento que ella se montaba en mi, colocó un condón en mi verga y poco a poco se fue sentando en mi verga, se deslizó con suavidad hasta llegar al fondo, yo mientras aproveché para tocar sus pechos para jugar con ellos, jugar con sus pezones, los chupaba, besaba, mordía, mientras ella entraba y salía de mi, primero lento después más fuerte, hacía movimientos circulares, eso me mataba, me excitaba…

-Ummm papito que rica verga tienes, como me gusta, mmmmm, dame más fuerte si así…

Yo le contestaba… -Si mami, siente como entra en ti, así mami…

Jugué con sus pechos, los amasaba, acariciaba, pellizcaba sus pezones, ella estaba loca de placer.

– Sigue bb que me viene otro, así pellizca mis pezones, mételo con fuerza, así rico mmmmm…

Tuvo otro orgasmo al mismo tiempo que yo. Seguí moviéndome dentro de ella hasta que mi verga  empezó a regresar a su tamaño, la saqué y caímos juntos en la cama, ella me besaba tiernamente la cara, las mejillas y me daba las gracias.

– Eso si fuera una muestra de calidad, satisfacción total del cliente… – Espero con ello tener un mejor enfoque de la calidad, le comenté y los dos reímos.

Espero les haya gustado, recuerden soy de Xalapa, Veracruz, México.

Autor: Bobytigre

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Sexo entre la familia

Mi madre tomó mi cabeza y la dirigió directo a su concha, comencé a chupar y a sorber, saboreando los jugos de mi mamá. Diego comenzó sus movimientos del acto, yo ahogaba mis gritos de placer dentro de mi mamá, quien se retorcía de placer. Diego dijo que le encantaba mi sexo, que estaba estrecho, comenzó a moverse haciendo que mis pezones se excitaran al máximo.

Esta es otra de mis historias ficticias.

En una ocasión, sentados a la mesa mi mamá, mi papá y yo, tocaron a la puerta. Mi papá fue abrir y creo yo que era un amigo, pues lo recibió muy afectuosamente. Mi hermano había salido con unos amigos y por eso no había tenido sexo con nadie desde hacía tiempo. Pero como sea, el señor pasó y nos saludó a mi mamá y a mí.

Creo que mi mamá también notó que era un hombre guapísimo, alto, fuerte, de espalda ancha, cualquier mujer que lo viera se le ofrecería sin dudarlo. Mi papá lo invitó a tomar asiento, pero el tipo dijo que no, que quería completar a lo que había venido.

-Ah, si, claro, perdón- dijo mi papá.

Los dos se levantaron de la mesa y nos pidieron a mamá y a mí que nos paráramos también. Las dos, que estábamos excitadas al ver al amigo de mi padre, obedecimos de inmediato.

-Ahí las tienes,- dijo papá.

Noté que mamá ya tenía los pezones parados y su sexo se había humedecido ligeramente, al igual que el mío. El amigo de mi papá, fue directo hacia mi mamá, quien se quitó su top, dejando al descubierto sus senos gigantes, con un pezón negro que la adornaba y la hacía más erótica.

El sujeto la tomó de las caderas y la puso de espaldas, mientras masajeaba sus pechos, mamá gemía levemente, mientras tomaba de la cabeza de su amante y lo obligaba a besarla en el cuello.

Después, el sujeto (después sabríamos que se llamaba Diego), pasó a quitarme mi top y a descubrir mis pechos. Miró a mamá unos segundos y la tomó de un pecho. La jaló de el y la guió hacia mí. Subimos a la recámara de mis padres, y el sujeto no tardó en arrancarle la falda a mi mamá, tirando al mismo tiempo de sus braguitas, y su sexo puesto al descubierto.

-Desnuda a tu hija- dijo Diego.

Y mi mamá me dio un beso en la boca, me miró y comenzó a chupar mis pechos y con una mano me quitó mis braguitas y mi pantalón. Ya que estuvimos desnudas, nos acostó a las dos en la cama. Nos puso de cuatro y sacó su aparato de dentro de su pantalón. La tenía de un tamaño considerable.

Comenzó a lamernos la vagina a las dos y me introdujo tres dedos en mi vagina, que estaba llena de juegos. Mi madre gemía muy levemente y yo la tomaba de la mano, viendo sus pechos. Diego me abrió los labios, y apuntó su pene directo hacia mi sexo.

-Chúpale la vagina a tu madre.

Dijo el sujeto mientras le indicaba a mi mamá que abriera las piernas delante de mí. Y así lo hizo, mi madre tomó mi cabeza y la dirigió directo a su concha, comencé a chupar y a sorber, saboreando los dulces jugos de mi mamá. Diego comenzó sus movimientos del acto. Yo movía mis caderas al ritmo y al mismo tiempo le lamía la vagina a mi mamá.

Diego permanecía callado, mientras yo, ahogaba mis gritos de placer dentro de mi mamá, quien se retorcía de placer. Diego dijo que le encantaba mi sexo, que estaba estrecho y que lo excitaba mucho. Comenzó a moverse muy rápidamente, haciendo que mis pechos rebotaran y mis pezones se excitaran al máximo.

El maldito sacó su pene antes de que yo llegara a un orgasmo y me dejó con las ganas. Lo tomé del pene para que me lo volviera a introducir, pero me dijo que ahora era mi madre la que tenía que tomarse mis jugos.

Y entonces, mi madre fue ahora la que se puso en perrito, mientras yo abría mis piernas y las dirigía hacia su boca.

Diego la tomó de la cintura y le introdujo el pene en la vagina, comenzó a bombear y mi mamá no tardó en lograr que yo tuviera un orgasmo que me dejó rendida.

Mientras tanto, Diego continuó penetrando a mamá, vi como sus testículos chocaban contra sus labios, mientras mamá entrecerraba los ojos y boca, disfrutando del momento.

-Cambiemos de posición mi amor-dijo mi madre.

Y sacó el pene de Diego. Lo recostó y muy hábilmente se ensartó sobre aquel palo tan brilloso por los jugos de mi madre. En ese momento, mi padre entró. Diego tomó los pechos de mi madre y los poseyó, los tomó con tanta fuera que mi madre gritó, los jaló, pellizco sus pezones, no dejó de tocarlos y mi madre estaba bañada en sudor, hermosa, con sus bellos pechos y pezones erectos.

-¿Cómo soportas ver que se cogen a tu esposa? – No lo voy a soportar-respondió papá mientras se desvestía y dejaba al descubierto su pene. -Ayuda a tu padre hijita- dijo eso mientras me daba su pene para masturbarlo.

Lo froté, lo subí y lo bajé, hasta que tuvo una hermosa erección. Mamá seguía montada en Diego, cuando papá la sacó de ahí y la acostó. Diego la levantó y se acomodó debajo de ella, boca arriba, con su pene listo para introducirse en su ano y mi papá, no tardó mucho en meterse en mi mamá y los dos la estuvieron penetrando, mamá se movía en todas direcciones, gimió de tanto placer y tuvo un orgasmo, se puso roja, y dejó escapar un grito que me excitó.

No pude resistir más y me uní a la orgía, puse mi vagina en la boca de mi mamá, y ella comenzó a meter la lengua, era una sensación deliciosa. Tuve un orgasmo y le solté todos los jugos en la boca, casi se ahoga, se los tragó todos.

Mi padre y Diego continuaban penetrando a mi mamá, hasta que Diego, aceleró su respiración, apretó los pechos de mi madre y soltó toda su leche en el ano de mi mamá, quien tuvo un nuevo orgasmo.

Mi papá, por lo pronto, siguió bombeando, hasta que tuvo su eyaculación y llenó a mi madre de espermas. Los dos se tiraron al suelo, agotados por sus orgasmos. Pero mi madre y yo seguíamos muy calientes.

Así que me acostó a su lado, me besó la boca, me lamió, me chupó los pezones, y puso sus senos sobre los míos, mientras las dos comenzábamos a acariciarnos nuestros sexos, embarramos nuestros dedos con los respectivos jugos y nos lo dábamos a probar con los dedos.

Las dos nos miramos fijamente y entonces, mi madre introdujo sus dedos en mi vagina, un placer extremo se apoderó de mí y tuve otro orgasmo, yo estaba ya casi agotada, no podía más, pero mi madre siguió metiéndome los dedos.

Le saqué la mano de mi hoyo y le dije que era mi turno. Así, le empecé a lamer su vagina, la senté en la orilla de la cama, mientras yo chupaba con todas mis ganas ese hoyo tan delicioso, que olía a sexo.

Logré sacarle un orgasmo a mi madre y las dos nos tendimos en la cama, abrazadas. Yo estaba casi dormida, cuando sentí vi que Diego se dirigía a mí con su pene erecto de nuevo y sin dudarlo, me lo introdujo hasta el fondo. Solo gemí un poco y me relajé, dejándolo que usara mi hoyo como quisiera, pues yo ya no podía más.

Y así duró, hasta que de pronto lo sacó y se hincó frente a mi madre y a mí. Comenzó a masturbarse y dirigió su chorro de semen hacia nuestras caras, nos manchó de su lechita. Aún después de haber eyaculado, siguió masturbándose, hasta que de nuevo, sacó un descomunal chorro de leche espesa, muy rica, nos manchó todas y luego nos lo embarró por todo el cuerpo.

Mi papá se paró y empezó a masturbarse también, pero antes de tener su orgasmo, puso su pene en mi boca y soltó toda su carga dentro de mí. Me la tragué toda y los cuatro acabamos tendidos en la cama.

Autora: nellis_cuteblonde.

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Calentando a mi esposa

La mujer estaba muy excitada, sacó mi miembro y lo dirigió a su culo ayudando con sus dedos a abrirle paso hasta que entró completamente. Esperamos a que su culo se acoplara a mi sexo y mi mujer seguía un 69 con la muchacha. Seguimos hasta que ella explotó y seguidamente terminé yo dentro de su culo, arrojando esperma sobre mi esposa. Ella se acercó, la besó y le limpió la cara.

Mi nombre es Eduardo, era viernes por la tarde y me decidí a buscar a mi esposa Sandra en la oficina ya que ella siempre se regresaba en transporte publico que era más rápido.

La llamé cuando ya estaba llegando a su oficina y le pedí que bajara para salir a tomarnos algo cerca.

Ella debe ir vestida elegante a su trabajo, ese día estaba espectacular como siempre, con una falda que le llegaba más arriba de las rodillas, una camisa de seda negra y un blazer que cubría un cuerpo espectacular de piel blanca, ella tiene unos senos hermosos más grandes de lo normal y una cabellera rubia que la hace ver muy hermosa.

Cuando bajó me preguntó a que se debía la sorpresa y le comenté que íbamos a salir a relajarnos un poco, que ya había hecho todos los arreglos para que los niños la pasaran bien en la casa, así que podíamos tomarnos toda la velada.

Rodamos unos minutos y pasamos por una zona donde ella había vivido cuando joven y me comentó sobre un lugar que ella frecuentaba con sus hermanos, nos estacionamos, entramos al lugar y empezamos a tomarnos unos tragos, luego del segundo vaso me dijo que bajaría a refrescarse en el baño del local y le dije que se pusiera un poco más cómoda.

Al regresar, luego de unos minutos, se había soltado el cabello, se sacó el blazer, la camisa estaba considerablemente abierta y se acercó dándome un beso en la boca me puso sus pantis en la mano y me dijo que estaba lista para disfrutar toda la noche.

Pedimos varias copas más y aprovechaba para acariciar sus muslos subiendo un poco la mano hasta tocar su entre pierna la que noté que estaba muy húmeda, en eso se acercó la muchacha del bar pidiendo disculpas que se tardaba un poco con los tragos que le pedimos, pero que le faltaba una botella de licor que estaba en el depósito y ella no alcanzaba, que estaba esperando al otro muchacho que ya estaba por llegar, pero su mirada se iba hacia los muslos de mi esposa ya que la falda estaba un poco subida…

Al ver esto subí un poco más la falda para dejar ver su sexo depilado y le dije que si quería la podía ayudar alcanzando la botella, pero que si ella podía retribuirnos el favor. Ella sonrió pícaramente y le dijo a su compañera que regresaba en unos minutos, que iba a arreglar algo en el depósito, cuando bajamos abrió el depósito, que era como una gran bodega, y tenía una mesa para comer y un sillón que se notaba que usaban los empleados para descansar.

Al entrar ella pasó de última y cerró la puerta del depósito con llave y nos dijo en voz suave, no hay que permitir distracciones, y sin mediar más palabras empezó a besarnos a mi y a mi mujer, yo me coloqué detrás de mi esposa dejando que ellas dos se besaran de frente, sus manos hábilmente fueron desabotonando la camisa de mi esposa, se la quitó a lo que yo aproveché de quitarle el sujetador exponiendo sus grandes pechos.

Ella al verlos sonrió diciendo, acá hay espacio para ambos, a lo que empezamos cada uno a besar un seno de mi esposa, de momento nos encontrábamos y nos besábamos lo que aprovechó mi esposa para desvestirla completamente y quitarse la falda que era la única prenda que le quedaba puesta.

Ambas estaban sin ropa y yo aun estaba totalmente vestido a lo que la muchacha se volteó agarrando mi paquete y diciendo que era hora de exhibir la mercancía, ella empezó a besar a mi mujer y fue descendiendo hasta el sexo de mi mujer quien gemía cada vez más entrecortado de la excitación que tenía, mi esposa se recostó sobre la mesa pudiendo abrir más sus piernas para que ella siguiera el trabajo que venía haciendo, ella seguía comiendo a mi mujer y ella se dejaba llevar por sus labios recostándose cada vez más sobre la mesa.

Al terminar de desvestirme mi esposa estaba casi acostada sobre la mesa con sus piernas guindando hacia abajo y la muchacha del bar se la comía pero tenía su culo apuntando hacia mi, el cual empecé a besar y acariciar suavemente, le besaba alternando ambas partes y podía ver como su culo empezaba a dilatarse y su coño empezaba a chorrear, empecé a meter mi sexo dentro de ella y en el culo un par de dedos, llegando a un ritmo entre los tres cuando mi mujer explotó en un gran orgasmo…

Al finalizar ella se giró sobre su espalda colocando su cabeza al borde de la mesa y pidió que acercáramos el sexo de ella a su boca mientras yo seguía follándola, en varias oportunidades tomaba mi sexo, hacía que se saliera del coño de ella para chupármelo y chupar el sexo de ella para luego apuntar mi miembro nuevamente.

Cuando vio que la mujer estaba muy excitada sacó mi miembro lo volvió a besar dejándolo muy húmedo y lo dirigió directo a su culo ayudando con sus dedos a abrirle paso hasta que entró completamente. Ella soltó una exclamación de dolor pero seguida inmediatamente de “por favor no paren”

Esperamos a que su culo se acoplara a mi sexo y mi mujer seguía chupando la concha de la muchacha y aprovechaba para lamer mis huevos y mi verga en su vaivén. Seguimos nuestro ritmo hasta que ella explotó completamente y seguidamente terminé yo dentro de su culo, arrojando un poco de esperma sobre la cara de mi esposa. Ella se acercó, la besó y le limpió la cara.

Nos empezamos a vestir, ella nos agradeció el momento y mi esposa dijo que quería continuar la noche, ella lamentó que ahora no podría continuar con nosotros pero que ella salía temprano por que le tocó abrir, que si queríamos nos acercáramos a un lugar que estaba a solo unas cuadras, que preguntáramos por Joe, que le dijéramos que íbamos de parte de Jess, fue cuando supimos su nombre,  que allá nos podía ofrecer un masaje tantrico que no olvidaríamos y que si nos quedábamos un rato ella podría pasar por allá.

Mi esposa se estaba colocando el brasier y Jess le dijo que para disfrutar la noche eso no hacía falta, lo agarró lo metió en una bolsa de basura y le dijo, ahora si estás lista para continuar la noche, nos vemos en un rato.

Le dio un beso en la boca a ella uno a mi y puso sus pantis en mi mano y salimos del lugar, subimos, nos tomamos una copa más, esta fue por cuenta de la casa y nos fuimos a donde Joe que será otra historia.

Autor: Eduardo

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