Mi primera vez

Por fin era una mujer, había follado, que bien me encontraba; sin embargo, lo malo de empezar es que deseas más, estaba súper excitada y me había dado cuenta que en el fondo soy tan puta como la que más, y deseo como cualquier otra una buena verga que me penetre. Después de aquellos tres días me convertí en toda una mujer y además adicta al sexo.

Me he decidido a escribir mi historia porque hace meses que vengo leyendo a diario esta página y me excitan muchos sus relatos. Esta historia es la de la pérdida de mi niñez, y el descubrimiento del sexo, aquello ocurrió cuando tenía 18 años. Me llamo Isa y en realidad soy una chica llamémosle caliente, pues desde hace unos años me vengo masturbando casi a diario, por las noches, y también utilizo consoladores. La verdad es que me moría de ganas de follar y aunque imaginaba que sería con un chico guapo y cachas, la realidad, a pesar de que fue diferente, no menos placentera. Permitirme que este relato lo divida en tres fases.

La primera empezó cuando el profesor de literatura  encargó hacer un trabajo en parejas y a mí me asignó a María, en realidad yo era lo que se puede llamar una “pija insatisfecha”, pues aunque había intentado mantener relaciones con compañeros de clase, novios,  la realidad es que el primero de ellos no se atrevió por el miedo al embarazo y  se corría fuera, en mi tripa, y el segundo aunque me penetraba, no conseguía que me excitara lo más mínimo, no sé si porque la tenía muy pequeña o porque se movía muy de prisa. Mi relación académica con María no fue mala, realizamos el trabajo y nos hicimos amigas; yo le comenté mis problemas y ella se rió, me dijo que ella follaba mucho sin salir de casa. Eso me dejó perpleja, así que una tarde en que estaba de buen humor le pregunté que cómo lo hacía y me contó la siguiente historia: “mi madre nos abandonó hace quince años, desde entonces yo me he ocupado de la casa, durante muchos años mi padre, después de trabajar por las tardes se emborrachaba y llevaba a casa en un estado lamentable, no creas, es un buen padre y de hecho muy consentidor y trabajador para sus hijos.

Yo cuando venía borracho lo metía en la cama y me acostaba a su lado, por si necesitaba algo; los días que venía sobrio cuando se acostaba oía moverse la cama, se estaba masturbando, después de un leve gemido todo quedaba en silencio.

Teniendo yo 18 años, un día que vino borracho, por pura curiosidad le dejé desnudo para acostarlo y empecé a acariciarle su miembro, aquel parecía que tenía vida propia, por cuanto empezó a ponerse dura, cuando vi el miembro tieso, en mi interior se despertó algo, mis senos se pusieron tiesos y mi coño se humedeció,  sentía en mi interior un deseo que no podía reprimir, así que me la metí  en la boca, chupé  su cabeza, luego recorrí toda ella con mi lengua, hasta los huevos, me la tragué toda.

Entonces mi padre empezó a moverse y su polla entraba y salía de mi boca rápidamente, mi excitación no tenía límites así que me  toqué el clítoris, estaba llegando al clímax cuando mi padre eyaculó dentro de  mi boca, llenándola de su semen que me tragué  con fruición, al tiempo que me introducía los dedos en la vagina y lograba llegar a un pequeño éxtasis.

Al día siguiente por la tarde, mi padre me llevó aparte y me preguntó porque había hecho aquello, yo en vez de contestarle, le abrí la bragueta, extraje su polla que ya estaba tiesa y sin decirle nada me senté  encima, metiéndola toda en mi coño, me movía lentamente notándola  dentro y cuando sentí que mi interior se despertaba le pedí que me estrujara, que me rompiera el coño, y me mordiera los pechos, ¡que placer me deba sentir sus manos sobre mí!, entonces ambos empezamos a  gemir, yo gritaba:

– Fóllame, soy tu hembra, venga lléname.

Cuando sentí que él se iba yo también llegué al orgasmo, Ooohhhhh, que placer, casi pierdo el sentido. Desde entonces follamos un par de veces a la semana, mi padre ya no bebe y yo no necesito buscar la polla fuera de casa, ¡como otras!

Aquella confesión, me dejó muy perpleja, así que llegado el verano María me invitó a ir a su casa y aunque éramos amigas yo seguía siendo una pija y ella una charlatana; sin embargo, me acordé de esta historia y la verdad me entró curiosidad saber si era cierta. El chalet en realidad no era más que una casa en medio del campo con un salón, dos habitaciones y un huerto, cuando llegué y mis padres me dejaron allí,  vi al padre de María, me sorprendió pues era un hombre bajito y gordito; después de pasar la tarde llegó la noche, una vez que habíamos terminado de cenar, yo me senté en el sofá  y a mi lado se puso el hermano de María, de 20 años;  cuando así estábamos María le dijo a su padre  que se preparara, él me miró y ella le contestó que no se preocupase que yo sabía todo; entonces él se bajó la bragueta y sacó su polla, yo no sabía dónde mirar.

María se acercó quitándose la ropa y quedándose desnuda, se montó encima de él y empezó  a moverse lentamente, al tiempo que se  fundían en un morreo bestial, las manos de él se clavaban en la espalda de ella, yo al principio no sabía si irme o qué, pero poco a poco viendo como se la follaba me fui excitando, aprovechándose de ello el hermano de María se bajó el bañador, sacándose su polla y bajándome las bragas empezó a acariciarme el clítoris,  yo estaba ya muy excitada por lo que no me importó que me llevara mi mano a su polla la que comencé a acariciar, sin dejar de ver y envidiar la follada que se estaban dando padre e hija, oyendo  sus gemidos y susurros: “Ohhhhh, ahhhhhh, Siiiiiiii, así dentroooooo”; yo estaba súper caliente, seguí masturbando a mi acompañante cuya polla había crecido.

Aquel viendo mi excitación me cogió la cara y me la metió toda en mí boca,  se la chupé con ganas, metiéndole la lengua, mojándole el capullo una y otra vez, luego la chupaba toda ella, él me tocaba el clítoris  primero despacio y después deprisa, noté que mi coño estaba ardiendo y me vino un fuerte espasmo, ¡menudo orgasmo! Le clavé los dientes a la polla cuando se corrió en mi boca llenándola de una leche espesa que me tragué, al tiempo que oía a mi amiga y a su padre gritar:

– Córrete ya, si, ssi, ssi, si, siiiiiiiiii, ah, ah, ahhh, y veía como él la estrujaba y le metía toda su verga  con gran violencia, al tiempo que ella se abrazaba con gran fuerza y se dejaba ir.

Terminado, nos quedamos los cuatro satisfechos, aunque a mí me hubiera gustado que me follaran toda, pero hoy el espectáculo había terminado.

II

Al día siguiente cuando me desperté, el padre de María estaba hablando con Juan, el cabrero, María me preguntó si me gustaría pasar unos días en el monte con él, es de confianza no te preocupes, yo fui el año pasado y es una experiencia de lo más relajante; aunque no me hacía mucha gracia pensé que quizá así me tranquilizaría pues no sabía si podría soportar otra noche como la anterior, sin ser bien follada.

El cabrero tendría unos 60 años, de aspecto hosco, yo me puse el bikini y encima y un pañuelo y una camiseta,  andamos todo el día, sólo paramos un par de veces para comer algún  bocado o para que el cabrero fumara, no me dirigió casi  palabra, más allá de preguntarme si estaba cansada;  cuando empezó a anochecer llegamos a una explanada con abundante hierba para las cabras y él se sentó apoyado en un  árbol y las piernas abiertas, estando así se bajó el pantalón y se sacó la polla, empezó a masturbarse, yo me quedé mirándolo y él se rió, me preguntó si me gustaba, entonces sin decir nada me cogió la mano y  la llevó a su miembro yo empecé a moverlo, en otras circunstancias le habría llamado guarro y me habría ido, pero después de lo ocurrido el día anterior,  como seguía excitadísima, y  tenía miedo allí sola con aquel, masturbé su verga moviendo mi mano por toda ella y bajando y subiendo su piel, en esta situación él me agarró de los hombros, venciéndome y  poniéndome a cuatro patas, comprendí lo que quería,  le comí la polla, chupándola.

No me dio asco que oliese mal y su suciedad, al contrario aquella polla estaba adquiriendo unas dimensiones impresionantes, me la sacaba, la lamía con mi lengua,  le tocaba sus huevos, me la metía toda entera; mientras yo me ocupaba de su miembro, el cabrero con su manos me quitó el sujetador  y me acarició las tetas, sus dedos eran ásperos  y más que acariciar me las estrujaba, susurré:

– Ahhhhhh como me gusta…

Me estaba poniendo húmeda, cuando él  me quitó la braga del bikini dejándome completamente desnuda, con sus dedos acarició mi sexo, cuando notó la humedad se rió:

– Vaya, vaya si eres una putita…

Entonces se levantó y me la metió de golpe, mi coño aunque no lo esperaba, llevaba tanto tiempo deseándolo que la dejó pasar y se aferró a ella, sus movimientos fueron al principio lentos me la metía toda y me la sacaba, ¡qué gusto!, a la tercera vez ya estaba rabiando de placer y gritándole: que quería su polla. Al mismo tiempo me iba abriendo con los dedos el esfínter, introduciéndome dos dedos en el  culo,  al principio me causó dolor, pero con la excitación aquel pasó a un segundo plano: que gusto; sin embargo como él no iba más de prisa no alcanzaba el clímax, estaba en una situación de goce permanente,  entonces cambió, su polla empezó a  moverse de prisa y a fondo, chillé:

– No puedo más, bbbbbuuuuffff.

Mi cara se puso roja mi coño estalló de calor, roto, mi cuerpo crujió y tembló como nunca:

– Que placerrrrrr.

Al tiempo él soltó todo su semen por la polla, llenándome el coño. Terminado la sacó y me la metió en el culo, como estaba empequeñecida no me hizo daño, allí la dejó un rato hasta que nos dormimos,  a la mañana siguiente seguía con su polla en mi culo, me dolía un poco, sin embargo no quería follarme por allí, así que nos levantamos y sin decir nada  bajamos  a casa de María.

III

Por fin era una mujer, había follado, que bien me encontraba; sin embargo, lo malo de empezar es que deseas más, así que cuando llegó la noche le pregunté a María si podría follarme a su padre, pero ella se negó dijo que era sólo suyo, pero que si tan necesitada estaba que me fuera al pueblo y buscara a los hermanos Gutiérrez. Por qué le hice caso, yo que era una chica recatada y pija, no lo sé, seguramente porque estaba súper excitada y me había dado cuenta que en el fondo soy tan puta como la que más, y deseo como cualquier otra una buena verga que me penetre. Bajé al pueblo, aquel en realidad sólo era una aldea con cuatro casas, una de ellas hacía de bar, entré al mismo había dos hombres de unos 50 años,  bebiendo,  uno de ellos era el camarero, le pedí una coca cola, y me preguntó quién  era y yo; le contesté  que era amiga de María la del Luis; ellos se presentaron como los hermanos Gutiérrez.

¡Vaya, vaya, me dije!, me invitaron a sentarme con ellos, yo me había puesto una falda vaquera y una camisa, sin sujetador ni bragas, la camisa permitía ver prácticamente mis tetas, a las que  aquellos dos no les quitaban los ojos, hablamos de cosas sin  sentido, además su vocabulario era bastante reducido.

Como la conversación decaía me senté encima de la barra abriendo un poco mis piernas, como por descuido, por lo que el que estaba sentado me vio hasta el coño, que por cierto lo tengo negro y peludo pues no me gusta depilarme, aquel fue el banderazo de salida ya que se levantó y sin decir nada se acerco a mí y me metió mano hasta el coño, empezó a masajearlo, se abalanzó sobre mis tetas, me quitó la camisa, al tiempo que me levantaba la falda, como lo hicieron no me acuerdo, pero me encontré desnuda, en el suelo con una polla metida en mi coño y un tío peludo y sudoroso encima de mí moviéndose y clavándome aquella larga verga hasta  lo más profundo, la excitación me empezó a subir primero como un calorcito en la cara, luego en mi coño reventando de calor, no podía más de gusto, que placer, grité y grité:

– ¡Fóllame! dame tu semen, inúndame.

Aquel hombre al oír esto me la introdujo con más fuerza golpeándome con sus huevos mi culo, estaba en el cielo solo gritaba:

– Así, sigue, rómpeme, rómpeme, soy tu puta, vengaaaaa, rómpeme.

Al tiempo que apretaba mi coño contra su cintura para sentir mejor su polla dentro de mí, sus empujes eran muy violentos, pero yo seguía provocándolo:

– Más, más, que me voy, venga clávamela, ahhhhhhhhhhh.

El orgasmo llegó en cuando noté que el semen de aquel macho inundaba mi conejo, le clavé mis uñas en su espalda, apreté mis nalgas contra él al tiempo que decía: que placerrrrr. Me quedé tumbada, estaba exhausta, cuando el otro hermano que se estaba masturbando, al ver que había terminado tomó su lugar, yo estaba aún extasiada cuando se  abalanzó sobre mí, me levantó las  piernas y me la metió por el culo:

– ¡Que dolor! grité; sin embargo, él no paró, me introdujo aquella monstruosidad de verga de golpe, chillé: – No, no, nooooooo; pero el bestia no paraba, al contrario iba a más, al tiempo empezó a meterme los dedos en mi coño hasta introducir casi toda su sucia mano: – ¡Que dolor! chillé; pero, no  importaban mis gritos al revés le excitaban más, su mano hurgaba dentro de mi sexo, su otra mano estrujaba mis tetas, sin embargo, me sorprendí al darme cuenta que me estaba excitando a pesar del dolor, la polla se movía en mi culo  que debía estar súper dilatado, yo empecé a notar que me iba, como podía ser, me gustaba el dolor ¿acaso?, no lo sé, pero: – Ahhhhhhhhh, grité; él me chupó la cara y siguió con más fuerza, le grité:

– Rómpeme el culo vengaaaaa, acaríciame el coño; le escupí yo a él.

Me agarró la cara y empezó a  morrearme,  su boca olía a  tabaco, pero su lengua me entraba toda entera hasta la garganta, al tiempo que su polla se me introducía dentro del culo más y más:

– Penétrame toda, másssssss.

Él cada vez me follaba más violentamente, aunque ya había sacado su mano de mi coño me estrujaba las tetas, me cogía de la cintura con fuerza, su sudor me caía encima, el placer me llenó el coño, el culo me reventó, el calor me salía por todos los poros, no pude más que gritar:

– Que bieeeeeeeen, por favor que no termineeeeeee.

Al tiempo que descargó en mi culo todo su semen, estuvo tirando y tirando semen que me corrió por las piernas. Cuando salió me quedé muerta en el suelo, me dolían todos los agujeros, las tetas, la boca, pero era muy dichosa, aquella noche comprendí que el dolor en ciertos sitios es el preludio del placer.

Después de aquellos tres días me convertí en toda una mujer y además adicta al sexo, desde entonces he follado con mucha gente, pero las primeras veces nunca las podré olvidar y aún busco a alguien que me haga sentir como entonces.

Autora: Isabel

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Reencuentro entre dos amigas

Volvía una y otra vez hacia su boca, bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, tersos, suaves, llegué hasta el centro del pezón y lo lamí con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación, lo mordía con dulzura, ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando.

Me encontré a Candela por la calle, había pasado tanto tiempo desde que dejamos nuestra amistad a un lado… me parecía increíble verla de nuevo, más guapa y radiante que nunca, parecía contenta de haberme encontrado, nos distanciamos por tonterías y creo que las dos nos echábamos mucho de menos. Yo tenía prisa, pero le pedí que nos encontráramos en otro momento, teníamos muchas cosas de que hablar, mucho que contarnos, habíamos cambiado mucho en ese tiempo.

Me pasé toda la tarde pensando en ella, en esa amistad que siempre nos había unido y que habíamos dejado escapar, sí, la echaba de menos y no lo había querido reconocer hasta ese momento en que la vi en plena calle, pero bueno, esa noche tendríamos oportunidad de hablar, le pediría perdón. Llamé a mi novio para decirle que no me esperara esa noche, le conté que me había encontrado con ella y habíamos quedado para cenar, le conté con excitación que la había visto muy guapa, que estaba impresionante y él bromeó diciéndome que a ver si ahora me iban a gustar las tías, que se iba a poner celoso si seguía hablando así de ella, le dije que no fuera tonto, que sabía que habíamos sido muy buenas amigas y que a mi solo me gustaba él.

Me preparé con dedicación para esa cena, no sabía porqué, pero estaba excitada con ese encuentro, decidí ponerme informal, pero a la vez quería estar guapa, incluso llegué a pensar que quería estar sexy, pero deseché esa idea de mi cabeza, no podía ser. Al final me decidí por un vaquero ajustadito, botas altas de tacón y una camisa entallada, me maquillé cuidadosamente y me dejé el pelo suelto, al salir de casa me puse una chaqueta negra y desabroché un botón más de mi camisa, me excitó ver como por mi escote se dejaba entrever el sujetador color burdeos que me había puesto, era precioso y llevaba un tanga a conjunto igual, bordado con detalles claritos… Estoy loca –pensé-, me he puesto esto como si fuera a seducir a alguien y solo es una cena de amigas…

Pasé a recogerla por su casa, estaba lista cuando llegué, así que subimos al coche y nos dirigimos al restaurante, mientras bromeábamos diciendo que parecíamos gemelas, nos habíamos vestido prácticamente igual.

La cena transcurrió con normalidad, contándonos nuestras cosas, me dijo que su novio se había ido fuera a trabajar y que le echaba mucho de menos, que ahora se sentía un poco sola y yo le pedí perdón por no haber estado más pendiente de ella, por aquella discusión tan tonta que tuvimos que nos había alejado, ella se disculpó también, no había rencor en las palabras de ninguna, solamente ganas de retomar lo que habíamos dejado. Todo transcurrió normal hasta que al final de la cena, cuando ya estábamos tomando el café, el camarero nos llevó unas copas diciendo que los chicos de la mesa de al lado nos invitaban a ellas, pero solo si les dejábamos que nos acompañaran, les dijimos que sí, no nos vendría mal compañía por un rato.

Los chicos se presentaron, se llamaban Julio y Daniel, estuvimos durante un largo rato hablando con ellos y nos comenzaron a resultar pesados, no hacían más que hablar de sus trabajos, de cuanto ganaban, de que querían ascender, etc., le dije a Candela que me acompañara al baño.

Una vez en el baño le dije que como podíamos hacer para quitárnoslos del medio, que nos iban a arruinar la noche estos dos pesados y Candela tuvo una idea, fingiríamos ser lesbianas, podría ser divertido y así además los echaríamos. Volvimos sonriendo mucho las dos y ellos nos hicieron una broma diciendo que habíamos tardado demasiado en el baño, que si habíamos estado haciendo algo… indecente, yo solo les dije que pensaran mal y acertarían, mientras le cogí la mano a Candela delante de ellos, se empezaron a mosquear al ver el buen rollo que teníamos, nos estábamos divirtiendo con las caras que estaban empezando a poner…

Candela decidió seguir más adelante y me dio un beso muy corto en los labios, las caras de ellos parecían un poema, estaban sorprendidos y excitados a la vez. Les propusimos ir a otro lado, a mi me estaba gustando el juego y a Candela parecía que más aún, porque había metido la mano bajo el mantel y me tocaba la pierna muy suavemente… En el coche me preguntó que si lo estaba pasando bien y le dije que mucho, que me encantaba provocar a esos dos, volvíamos a ser las dos chicas juguetonas que antes salían de marcha volviendo locos a los tíos.

En el pub había muy poca luz, los chicos lo habían hecho a conciencia, no sé si por intentar tener algo con nosotras o por provocar que ocurriera algo entre nosotras. El caso es que allí estábamos con ellos, pidiendo en la barra, cuando empezamos a jugar entre nosotras, Candela me cogió por la cintura mientras pedía la bebida al camarero. Los cuatro nos dirigimos hacia unas mesas que había más alejadas del resto y ellos preguntaron abiertamente si éramos pareja, ante la pregunta directamente me dirigí a Candela y la besé en los labios… nunca había sentido un beso con tal suavidad e intensidad a la vez, lo que más me turbaba es que Candela había respondido a ese beso… (¿Qué nos estaba pasando?)

Mi cabeza daba vueltas pensando en ese beso, pero ella parecía tranquila, serena, aunque había algo en su mirada… en un momento sentí como miraba mi escote y me susurró al oído que le encantaba mi sujetador, en ese momento me quedé completamente descolocada, seguía fingiendo o era real que estaba excitada por mi… Yo sí podía decir que estaba excitada, aparte de por la provocación hacia los chicos, los cuales tenían unas erecciones de campeonato, me había excitado Candela, al besarme, al susurrarme eso… notaba un cosquilleo en mi entrepierna que no me atrevía a reconocer, pero me debatía en si eso estaba bien o mal, era una mujer, era mi amiga…

Mientras pensaba esto, Candela me tomó de la mano para que fuéramos al baño, los chicos hicieron algún comentario de burla diciendo que haber que íbamos a hacer allí… Entramos en el servicio de las chicas, había mucha gente, así que las dos pasamos juntas a una puerta que había vacía. En cuanto cerré la puerta Candela se giró poniéndose frente a mi y comenzó a besarme con una locura, diciéndome que quería sentir cosas nuevas, que quería probarme, que mi escote durante toda la noche y ese beso habían despertado en ella cosas que nunca había imaginado sentir, yo simplemente me dejaba llevar.

Salimos del baño y ni siquiera me di cuenta que llevaba dos botones más de la camisa desabrochada, fuimos donde estaban los chicos, los cuales me miraron con lujuria y les dijimos que teníamos prisas, que nos teníamos que ir.

Salimos de allí rápidamente, subimos en mi coche yo conducía mientras Candela metía las manos por mi camisa y me acariciaba los pechos desesperadamente, me dijo que fuéramos a su casa, apenas llevaba una semana instalada y quería estrenar la cama nueva que había comprado conmigo… yo para entonces ya no razonaba, solo deseaba tenerla…

De camino a casa…casi ni nos hablábamos…solo nos dirigíamos miradas cargadas de deseo que ninguna de las dos entendía… Candela no sabía porqué lo hacía y yo solo podía dejarme llevar porque había despertado sensaciones en mí que no quería perderme. Jamás había sentido nada así, esa desesperación, esas ganas de ella, nunca la había deseado, pero ahora la encontraba más atractiva, más seductora…más sexy que nunca…

Llegamos a su casa…y me ofreció algo para beber mientras se ponía cómoda… Durante el tiempo que estuve sola en el salón mil ideas revoloteaban en mi cabeza… ¿Debía seguir adelante? La respuesta la encontré pronto, cuando me llamó desde la habitación…me acerqué despacio hasta la puerta del dormitorio y allí estaba, completamente desnuda…. Su voz temblaba…esta tan nerviosa como yo… Me pidió que me acercara y mordiéndome los labios lo hice…me acerqué y besó tímidamente mi boca, una boca que estaba pidiendo a  gritos que le entregaran todo…

Separándome de ella, mientras contemplaba su cuerpo desnudo fui despojándome de mi ropa, me quedé solo con ese fino conjunto de sujetador y tanga, el que me había dicho que le gustaba a lo largo de la noche, me eché a su lado en la cama, sin saber muy bien que hacer, esperando a que fuera ella quien diera el primer paso, con los hombres me gustaba llevar las riendas, pero con ella… quería dejarme llevar, al menos de momento.

Con mucha suavidad comenzó a recorrer con la punta de los dedos mi cuello… me sonreía mientras se iba deslizando por el escote, rozando el borde del sujetador, veía como mis pezones estaban enhiestos deseando ser chupados por esa lengua dulce, suave, que hacía una rato había sentido besarme… pero Candela no los tomó aún, siguió recorriéndome con los dedos, ahora jugaba por encima de mi sujetador y seguía descendiendo…

Mi piel se erizaba al sentir el contacto de su piel por mi abdomen, esto ya no tenía remedio, llegaríamos hasta las últimas consecuencias, siguió jugando, bordeando ahora mi tanga… acariciándome por encima de él, continuó su recorrido y ahora rozaba con mucha suavidad mi coño por encima del tanga… mmmmm, esas manos eran deliciosas y eso que aún no había empezado la guerra…

Terminó de quitarme la poca ropa que me quedaba, no hablábamos, solo nos mirábamos y nos sentíamos, los prejuicios se habían ido, solo quedaba la pasión, el gozo, los sentimientos encontrados…

Nos sentamos sobre la cama, una frente a otra, me dirigí hacia ella y la besé, la besé con más deseo de lo que jamás había besado a un hombre, estábamos muy juntas, las piernas entrelazadas a la cintura, sentía sus pechos presionando los míos, seguía besándola sin pensar lo que hacía, sus manos acariciaban mi espalda.

La separé un poco de mi para contemplarla, estaba preciosa, sus ojos brillaban con fuerza, agarré su pecho y lo empecé a masajear mientras la batalla de besos volvía a comenzar, pero ahora recorría su cuello, sus hombros… volvía una y otra vez hacia su boca… bajé hasta sus pezones y comencé a bordearlos con la lengua, sus pechos eran perfectos, grandes, sin llegar a la exageración, tersos, suaves… llegué hasta el centro del pezón y lo lamí intensamente con la punta de la lengua, sintiendo como se ponía aún más tieso si cabía, que sensación… lo mordía con dulzura… ella inclinaba su cabeza hacia atrás, indicándome que estaba disfrutando…

Sus manos seguían recorriéndome y llegaron hasta mi sexo, el cual estaba abierto debido a la postura, nuestros coños estaban uno frente a otro, húmedos, brillantes de excitación, palpitantes, deseosos de ser tocados… sus dedos se deslizaron con maestría por mi clítoris… cada vez estábamos más juntas, los pechos rozándose, nos comíamos las bocas de desesperación, los dedos seguían haciendo su trabajo…

Ahora yo también jugaba con su sexo, nos masturbábamos mutuamente, teníamos los dedos metidos cada una en el coño de la otra… separamos nuestros cuerpos, dejando solo unidos nuestros coños… nos tumbamos hacia atrás, entrelazamos las piernas y dejamos nuestros clítoris unidos, rozándose desesperadamente…

En el momento en que prácticamente estábamos llegando al límite Candela se separó de mi, metió la cabeza entre mis piernas y empezó a lamerme el coño primero muy lentamente, después muy rápido, hacía círculos sobre mi clítoris con la punta de la lengua, no me tocaba siquiera con las manos, solo su lengua… se deslizaba por mi raja y me penetraba, volvía al clítoris de nuevo, bajaba hacia el ano y metía lo que podía la lengua… no recuerdo cuantos orgasmos tuve, porque iba enlazando unos con otros… hasta que decidí que era el momento de devolverle el favor.

Primero la puse a cuatro patas y poniéndome detrás de ella la empecé a lamer de arriba abajo… en esa postura si intentaba lamer el clítoris mi nariz se quedaba cerca de su agujero y se excitaba más aún al sentir mi respiración en su coño… le lamí el ano, se lo lubriqué todo lo que pude y la volví a cambiar de postura… la eché sobre la cama y comencé a introducir dos dedos por su ano… se estaba dilatando… gritaba de placer… a la vez le comía el clítoris… alternaba los dedos entre su vagina y su ano, con la otra mano acariciaba sus pechos…

Me encantaba tocarlos, siempre había deseado tener esos pechos, cada vez gritaba más… cada vez estaba más fuera de sí, hasta que de repente se quedó callada, de su coño comenzaron a emanar chorros de líquido… estaba eyaculando, yo estaba sorprendida, exhausta, pero seguía recogiendo con mi boca todo lo que salía de ella…

Era algo indescriptible, excitante y sobretodo… ¡Inolvidable!

Autora: Ariadnna

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Un pasado oscuro

Andrés y José Luis comenzaron a bombearla, Doña Olga sentía que disfrutaba de aquella sesión fotográfica, en la que ya no había fotógrafo, y simplemente se dejó llevar por los muchachos, hasta que sintió que se estremecía violentamente ella también. Andrés acomodaba su boca en la vagina, para absorber sus néctares. Doña Olga permaneció durante otras tres horas en la habitación, y finalmente la dejaron exhausta sobre la cama, completamente atascada de esperma.

Doña Olga no podía creerlo cuando abrió el sobre que contenía la única evidencia existente de un obscuro pasado que había intentado olvidar durante años. ¿Cómo era posible que estos dos jóvenes tuvieran en su poder esa revista con las fotografías que hacía más de 25 años se había dejado tomar?

Súbitamente le vino a la mente aquella tarde de septiembre cuando asistió a aquel reducido estudio fotográfico para llevar a cabo aquella sesión. En aquellos días ella no pensó en consecuencias, a sus 18 años no pensaba que alguien conocido podría tener acceso a esas revistas eróticas, así que había ido por propia voluntad, motivada por la emoción de hacer algo a escondidas a sabiendas de que era algo indebido, pero ni ella ni Claudia, Elena, ni Flor se arrepintieron de posar desnudas para esta publicación de circulación local, ni tampoco de haber aceptado la inclusión de modelos de sexo masculino.

Aunque Flor había sido la única que se había animado a posar teniendo relaciones sexuales, las fotografías que Doña Olga se había tomado en aquel entonces eran comprometedoras pues aparecía mostrando descaradamente el sexo y masturbando a un modelo muy bien dotado, al grado que había una foto que la mostraba con manchas de esperma.

– ¿De dónde sacaron esta revista? – preguntó Doña Olga. En esos momentos no entendía de qué se trataba la situación. Había ido a recoger a su hijo Ángel a la preparatoria y le intrigaba lo que estos dos amigos de su hijo pretendían. -Eso no importa, señora. -respondió José Luis – lo que importa es que la tenemos. – El delgado, pero atlético muchacho parecía hablar en serio. – N-no entiendo -dijo ella, nerviosa – ¿De qué se trata? -Creo que sí lo sabe, señora -añadió Andrés, que era el más corpulento. – Las fotos que aparecen en esta revista le traerían muchos problemas en su familia si las llegan a ver, además a su posición dentro de la “Asociación de padres para la conservación de las buenas costumbres”. Y nosotros podemos hacerlas de conocimiento de todos, claro, a menos de que hablemos de negocios.

-¿De qué me están hablando?…ustedes son amigos de Ángel, ¿me están intentando decir que es un chantaje? -respondió Doña Olga, molesta por la situación que estaba percibiendo. -No “le estamos intentando decir”, señora. Le estamos diciendo que esto es un chantaje. – ¿Qué?… no lo puedo creer, muchachos… ¡son amigos de mi hijo! – Eso es lo que más nos apena, Doña Olga, que la mamá de nuestro amigo tenga un pasado tan vergonzoso… -dijo Andrés, en tono sarcástico. -¿Está bien, cuánto quieren?… – dijo Doña Olga, abriendo su bolso, y tratando de ser determinante.

Al decirlo así, supuso que todo terminaría en una cantidad razonable con la que dos muchachos rebeldes podrían estar satisfechos, sin embargo, se sorprendió al verlos reír mientras se miraban el uno al otro.

-No queremos dinero, señora – respondió José Luis.

Doña Olga comenzó a sentir inseguridad por las ocultas intenciones que podrían tener los dos muchachos, a los que hasta hacía unos momentos había apreciado por ser amigos de su hijo.

-¿N-no?… ¿entonces? -preguntó Doña Olga, aún pensando que tal vez podría ofrecer otra cosa de interés para ellos, pero en su cabeza comenzaron a aparecer ideas que ella pensaba que no era posible que pudieran tener estos muchachos. -Señora…creo que también usted sabe lo que queremos. – agregó José Luis. -No, no sé -dijo Doña Olga. Pensó que si ella los convencía de que no tenía idea de lo que hablaban ellos podrían avergonzarse y abandonar sus objetivos, pero no fue así. -Bueno, dijo José Luis. Queremos solamente tiempo. La queremos por dos horas, usted y nosotros en el Hotel del Valle.

Doña Olga sintió horror al escuchar la respuesta de José Luis. ¿Cómo era posible que lo que siempre había temido ahora estuviera sucediendo y con dos jovenzuelos de la mitad de su edad y además de todo amigos de la familia? Pero todo era verdad, una verdad cruel, como las miradas de José Luis y Andrés, que ahora la miraban de arriba a abajo, apreciando su cuerpo como si fueran a comprarla.

-No es posible que hagan esto muchachos.

La respuesta de Doña Olga más que remordimiento causó hilaridad en los jóvenes, que comenzaron a retirarse del lugar, a carcajadas.

-Llámeme, señora, usted tiene mi número…-dijo José Luis, como despedida.

A pesar de que toda la situación parecía un mal sueño, Doña Olga sabía que ellos hablaban en serio, por lo que después de cuatro días tomó la decisión de llamar a José Luis.

-¿Cuándo podemos arreglar ese pendiente? -dijo Doña Olga, tratando de parecer firme. – ¿Qué le parece mañana a las 10:00?…-propuso José Luis. A ella le pareció adecuado, pues a esa hora Ángel estaría en clases (donde también deberían estar Andrés y José Luis), y su esposo estaría trabajando. -Está bien. Ahí nos vemos. -Muy bien, quiero que lleve solamente un baby doll -respondió José Luis -¿Qué?… ¿cómo que un baby doll? -pero su respuesta ya no fue escuchada. José Luis había colgado.

Doña Olga tuvo que buscar el único baby doll, uno de color negro, que le había regalado su esposo y que había usado solamente en la noche de uno de sus aniversarios de bodas. Al día siguiente, Doña Olga estuvo puntual en el Hotel del Valle, con una gabardina que la cubría y le daba una apariencia normal. Anticipadamente habían llegado ya Andrés y José Luis, en el auto de éste último, que sonrieron en cuanto la vieron en el estacionamiento. Así pues, Doña Olga acompañó a los dos muchachos a un piso superior, en donde los esperaba una habitación con una cama matrimonial, y de repente ella se percató de que además había unas lámparas y una cámara ya montada en un trípode.

-¿Qué es esto?… nunca dijimos nada de esto… -dijo Doña Olga. -Doña Olga, acuérdese que tenemos ya una revista donde le tomaron unas fotografías. – dijo Andrés, que vestía una camiseta azul marino con dos líneas blancas en cada uno de sus costados. -Nosotros simplemente queremos tener nuestra foto también… de cualquier forma ya tenemos sus fotos, ¿le gustaría que su esposo la viera con lechita en las manos? -Pero ¿qué están mal de la cabeza? -reclamó Doña Olga – ¿no se dan cuenta de que esta es una actitud criminal?… ¿de delincuentes? además son amigos de Ángel, ¿cómo le pueden hacer esto?  -Sí, pero Ángel además de ser nuestro amigo tiene una mamá con un cuerpo para comérselo – José Luis respondió mientras encendía la cámara y el flash automático -Andy, ¿le ayudas a Doña Olga a desvestirse?

Andrés se había puesto detrás de Doña Olga y suavemente la tomó por la cintura, para después proseguir a desabrochar los botones superiores de la gabardina de la señora. Ella estaba en sus manos, y sabía que nada podía hacer, así que solamente apretó las mandíbulas mientras alzaba los brazos para facilitarle a Andrés que le despojara del abrigo.

-¡Mírala Andy!… ¡sí se puso el baby doll la zorra!… -dijo burlón José Luis.

Doña Olga se dio cuenta de que el comentario del baby doll lo había hecho el muchacho sin pensar que ella sí lo llevaría. Se arrepintió de llevarlo, además de que sintió vergüenza ya que la prenda dejaba ver sus atributos físicos a través de sus encajes.

-Párese acá, junto a las cortinas -indicó José Luis, a lo que Doña Olga obedeció. De cierta manera recordó al fotógrafo de su juventud. – Deme una pose sexy – agregó José Luis, y ella simplemente se puso de costado, flexionó un poco las piernas, apoyando sus manos en los muslos y miró en dirección contraria, lo que inmediatamente le dio un aspecto natural. -¿A ver?… deme otra…

José Luis hizo otras tomas de Doña Olga con el baby doll. Ella pensó que estos muchachos morbosos quedarían satisfechos con algunas tomas eróticas, sin embargo, todo estaba a punto de cambiar.

-¡Bueno ya!… ¡échamela pa”cá!… -demandó Andrés, que para cuando volteó Doña Olga ya estaba sentado en la cama, totalmente desnudo y acariciaba su vigoroso miembro. -¿De qué se trata? – reclamó Doña Olga. – ¡Ya, ya, ya!… ya estuvo bueno, ¡ya sabe qué sigue! -gritó José Luis -quítese el baby Doll.

Doña Olga se asustó un poco por los gritos, y obedeció a José Luis, para evitar que se exaltara más. Pensó que si ya la habían hecho ir allí no dudarían en hacer cualquier otra cosa. Quedó de pie frente a Andrés, que comenzó a masturbarse con más intensidad al admirar el cuerpo de Doña Olga. Después sintió las manos calientes de José Luis que tocaban sus glúteos, sin ningún pudor.

-Qué rica está… -Ven…

Andrés tomó extendió las manos para tomar las de Doña Olga, y la atrajo hacia sí, recostándose en la cama. Instintivamente, Doña Olga separó sus piernas, para quedar exactamente encima de Andrés, cuyo pene ya estaba en una imponente erección. Las manos de José Luis empujaron las nalgas de Doña Olga hasta acomodarla encima de la verga de Andrés que la sostenía vertical con sus dedos, y transpiraba desesperadamente.

-No hagan esto… por favor… -suplicó Doña Olga. -No le va a doler… usted ya lo sabe -respondió José Luis, para colocar sus manos en los hombros de la mujer, y dirigirla hacia abajo, con lo que ella misma quedó empalada en la carne del joven. Andrés comenzó a mover sus caderas al contacto con la vagina de Doña Olga, que como respuesta dejó caer su cuerpo sobre el del muchacho. No podía evitar sentir placer al sentir esa verga que entraba y salía de su cuerpo. Andrés se agarró de las nalgas de Doña Olga, y las separó, dejando a José Luis un espectáculo difícil de igualar. La verga de Andrés entrando y saliendo, con el culo de Doña Olga hacia arriba.

– A ver señora… mire para acá y sonría -ordenó José Luis.

Doña Olga giró su cabeza, pero no sonrió, hizo más bien una mirada de desprecio a su fotógrafo, aunque luchaba por demostrar que le estaba gustando aquel singular coito con el joven. ¡Click!… sonó el disparador de la cámara. Andrés, abrazando el trasero de la señora, comenzó a eyacularle adentro, pero sacó su miembro y continuó descargando en el vello púbico de la mujer, que se decepcionó por la prematura eyaculación del inexperto muchacho.

-¡Ooooaaaaaaaaahhhhhhh!… gritó Andrés al tiempo en que salían las últimas gotas del blanco líquido. -Bueno, ahora ven para acá José Luis -dijo Doña Olga, tomando de una vez por todas, el control de la situación.

José Luis, todavía vestido, dio unos pasos hacia la cama. Sin embargo, Doña Olga lo desvistió bruscamente y después lo empujó hacia la cama, mientras que el muchacho se emocionaba. Su miembro, con una longitud mayor al de Andrés, pero más delgado, estaba ya en su apogeo. Doña Olga se sentó encima de José Luis, mientras Andrés tomaba el papel de fotógrafo, para proseguir comenzando a hacer algunas tomas.

Doña Olga comenzó a aumentar la frecuencia del bombeo, mientras el muchacho se volvía loco en la cama. Era notorio que nunca había tenido relaciones con una mujer o que si lo había hecho había sido de manera apresurada y sin conocimiento, por lo que rápidamente Doña Olga logró que descargara toda su leche encima de la cama. Sin embargo, la ventaja que tenían los dos muchachos era su pronta recuperación. En cuestión de segundos José Luis ya estaba nuevamente con una erección que hacía ver su verga como el firme mástil de una embarcación.

-A ver dame acá -dijo Doña Olga mientras se metía el bulto de carne en la boca.

Andrés se acercó, mientras ella sencillamente levantó la pierna izquierda para facilitar la penetración vía vaginal. Una vez que Andrés y José Luis comenzaron a bombearla, Doña Olga comenzó a sentir que disfrutaba realmente de aquella sesión fotográfica, en la que ya no había fotógrafo, y simplemente se dejó llevar por los muchachos, hasta que sintió que se estremecía violentamente ella también.

-¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhhhh!…- gritó…-mientras, Andrés acomodaba su boca en la vagina, para absorber sus néctares.

Después de 3 rollos de fotografía, Doña Olga permaneció durante otras tres horas en la habitación, y finalmente la dejaron exhausta sobre la cama… completamente atascada de esperma. Los muchachos recogieron sus lámparas, cámara y equipo, y se retiraron. Esa noche, Doña Olga preparaba la cena para Ángel cuando llegó su esposo.

-Pásenle muchachos, acá está Ángel -escuchó ella que decía – Seguramente han de estar hambrientos. Quédense a cenar. -Gracias -dijo Andrés, mientras pasaba al comedor -tiene razón, señor, estamos muertos de hambre. Tuvimos un día de mucha actividad. ¿A usted cómo le fue Doña Olga? -Me fue muy bien, Andrés -respondió ella – estuve recordando algunas cosas que ya se me habían olvidado.

Autora: Susy

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