Aventura en el metro

Ya tenía tiempo que no escribía nada. Pido una disculpa, pero aquí les traigo otro relato que ya tenía tiempo nadando en mi mente, y espero pronto traerles la continuación de Maestro y Alumno ;)

Advertencia: No estoy a favor del bareback (penetraciones anales sin condón) bajo ningún concepto, ya que conllevan un riesgo de infección constante. Este relato es solo una fantasía, el único terreno en el que no importa como se practique el sexo, es cien por ciento seguro.

Odiaba tomar el metro a las siete de la mañana. Siempre iba lleno, atestado de gente que iba al trabajo, a la escuela o a alguna cita.
Aquel día no era la excepción. Aunque había tomado el metro desde la terminal, el vagón se lleno inmediatamente abrió las puertas. Quizás no había sido la idea más inteligente quedarme a un lado de las escaleras mientras esperaba el convoy, ya que ahí era donde más se acumulaba la gente. Pero me convenía para transbordar en la estación que tenía planeada.

Llegué al rincón del vagón para poder recargarme contra la pared, mientras frente a mí se paraba un hombre de unos treinta y pico años, con una barba de candado muy sexy, vestido de pants, una gran chamarra y gorra. Sus facciones eran bastante atractivas, aunque solo las vi durante un momento debido a que me dio la espalda para poder acomodarse en el espacio que teníamos disponible y poder agarrarse de los tubos.

El tren comenzó a avanzar y yo pensé en todas las cosas que tenía que hacer en el día. La perspectiva era un tanto desalentadora. Aquel viaje de hora y media me iba a quitar mucho tiempo, especialmente si consideraba que era el mismo tiempo que me iba a hacer de regreso.

Llegamos a la siguiente estación, y ante la entrada de gente comenzamos a apretujarnos. El tipo que iba de pie frente a mí quedó totalmente pegado a mí, por lo que su trasero comenzó a presionar mi pene. Aquel contacto me pareció tremendamente erótico, y antes de que abandonáramos la estación ya había comenzado a parárseme.

Solté un suspiro, deseando interiormente que el hombre no notara mi erección. Aunque yo era gay, opinaba que esas cosas eran tremendamente incómodas. Digo, ya me había tocado a mí excitar sin querer a un par de hombres con mi trasero, y por eso prefería buscar una posición donde evitara el roce de esas partes.

El tipo parado frente a mí volteó a verme de reojo. Sentí que los colores se me subían a la cara al pensar que quizás me dedicaría una mirada de repugnancia, pero en lugar de eso me sonrió. Era una sonrisa apenas perceptible, pero estuve seguro que era para mí cuando sentí como su trasero presionaba con más fuerza mis partes íntimas.

Ya entrados en calor decidí aprovechar la situación, y discretamente comencé a ejercer presión sobre su culo, el cual era firme y pequeño, pero bien formado. El hombre me contestó con un arrimón más fuerte, con lo que sentí una hermosa sensación.

Llegamos a la siguiente estación, donde afortunadamente no subió nadie por aquella puerta y si bajaron dos personas. Hubo un momento de respiro antes de que las puertas volvieran a cerrarse, momento que el hombre que estaba frente a mí aprovechó para bajar su mano hábilmente y colocarla de tal manera que mi bragueta le quedara al alcance.

El tren volvió a arrancar y el hombre comenzó a frotar mi verga con su mano. Yo me dejaba hacer con mucho gusto, y no tenía ningún complejo con eso. Supongo que mi cara reflejó perfectamente el placer que estaba experimentando, porque cuando el metro entró al túnel vi que unas cuantas caras se volteaban con interés hacía mí, y el tipo que venía al lado de mí de plano volteó a ver hacia abajo, mirando con atención la mano que acariciaba mi bulto.

Enrojecí un poco con la situación, e iba a hacer que el señor que venía frente a mí dejara de masturbarme, pero mostrando una maestría espectacular en un rápido movimiento bajó mi bragueta, metió la mano, removió mi ropa interior y antes de que pudiera percatarme de otra cosa ya había sacado a mi amiguito al aire libre.

El tren empezó a desacelerar, obviamente se acercaba a la próxima estación. Me empecé a sentir extremadamente nervioso, pero el tipo de al lado y el que se encontraban enfrente de él se movieron ligeramente, al igual que la bolsa y la mochila que traía cada uno, bloqueando la vista de mi pene desde el otro lado. Cuando el tren llegó a la estación, recordé que la mayoría de las estaciones de aquella línea tenían la puerta del lado derecho. Bien, la puerta cerca de mí ya no se abriría (lo cual significaba que mi descenso se complicaría con tanta gente), pero eso también significaba que si los dos hombres que iban a nuestro lado seguían parados ahí nadie más podría ver lo que sucedía. Bueno, a excepción de un chico por allá que también iba estirando su cabeza con disimulo.

La idea de ser visto por tres cabrones me excitó de más y mi pene comenzó a lubricar. El hombre que venía enfrente de mí comenzó a frotar mi glande en círculos con su dedo pulgar, aprovechando el líquido preseminal que tenía para provocar una sensación extraordinaria.
No pude evitar el gesto de placer que puse. Vi como un tipo que iba en la otra puerta me miraba con repugnancia, pero la verdad me valió. Seguramente él sabría que estaba pasando ahí, pero pues si no le parecía que simplemente volteara a ver hacia otro lado.

Uno de los tipos de al lado, el cual tampoco estaba de mal ver, aunque quizás demasiado moreno para mi gusto, comenzó a frotar el trasero del tipo que venía enfrente de mí. En un principio me molestó aquella actitud, ya que quería al señor de la chamarra solo para mí, pero pronto descubriría que la intención de los tipos que tenía al lado no era quitarme a mi hombre, si no proporcionármelo de una manera más íntima.

La mano del moreno se perdió discretamente debajo de la chamarra de mi amante ocasional, el cual seguía jugando con mi polla, para después con un leve movimiento hacia abajo volver a aparecer con el resorte del pants entre sus dedos. Yo me quedé más que sorprendido, y más cuando el señor de enfrente volvió a repegar su culo hacia atrás, el cual ahora estaba al aire libre al igual que mi verga. Era un culo blanco y que se veía suavecito, como si su propietario lo cuidara del sol y de la resequedad.

Yo no sabía que hacer, pero todo pensamiento desapareció cuando con ayuda de su mano mi amante introdujo la cabeza de mi pene en su agujero. No era apretadito, era obvio que lo había usado muchas veces en su vida y ya lo tenía entrenado para acoplarse a una gran variedad de vergas; pero el calor que transmitía era sencillamente delicioso.

El tren paró en la siguiente estación mientras mis diecisiete centímetros de herramienta se perdían totalmente dentro del cuerpo de mi amante. Quizás no había apretado nada mientras entraba, pero en cuanto el convoy jaló nuevamente el señor de la barba de candado me demostró que sabía usar su esfínter con maestría, aprentándolo y soltándolo para producirme un placer supremo mientras ambos balanceábamos nuestras caderas al ritmo del vagón.

Los tipos de al lado no quitaban el ojo, y aunque aquello nos ponía en peligro por primera vez en la vida me di cuenta que lo único que me importaba era gozar al hombre que se encontraba frente a mí. Agarré su cintura con las dos manos, sin importarme que el tipo que iba frente a él recargado en la puerta se pudiera dar cuenta. Recargué mi cadera totalmente contra la pared posterior del vagón, mientras obligaba al hombre que se encontraba enfrente de mí a mover su cadera a una velocidad que según yo no llamara la atención y que pareciera producida por el movimiento del tren.

Aquel mete y saca me estaba volviendo literalmente loco. Y era aún más morboso porque los tipos que nos venían viendo se habían comenzado a tocar los paquetes sobre sus respectivos pantaloncillos como si se estuvieran masturbando ante el espectáculo de mi pene perdiéndose en el hermoso culo de mi acompañante.

El hombre de la barba de candado comenzó a apretar su recto combinando aquello con el movimiento de mete-saca que llevábamos, transportándome al séptimo cielo. No pude evitarlo, solté un gemido bastante audible mientras me venía dentro de su culito y lo jalaba con fuerza hacia mí para clavarlo totalmente. El tipo debió de haber sentido mi venida, pues su cara volteó ligeramente con una enorme sonrisa y su culo me apretó con más fuerza, como si quisiera asegurarse de que me exprimía por completo.

Exhalé sintiéndome completamente relajado y satisfecho, pero aquello solo fue durante un momento antes de ver algunas miradas de asco, repugnancia y hasta odio. Obviamente mi gemido había llamado la atención de varias personas en el vagón, y debió de haber resultado obvio qué había sucedido con lo juntos que estábamos el señor de la barbita y yo, incluso cuando los demás tipos nos cubrían.

Las puertas del tren se abrieron justo en ese momento, y sin apenas pensarlo me subí apresuradamente el cierre escondiendo mi herramienta y salí atropellando a un par de personas del vagón.
Una vez en el andén, mientras la alarma que anunciaba que el tren estaba a punto de marcharse sonaba, volteé mi mirada. Seguía habiendo rostros de desprecio, pero me resaltó el hermoso rostro con barba de candado y gorra, que de repente parecía decepcionado. ¿Acaso esperaba algo más de mí?

El tren cerró las puertas, pero nuestras miradas no se separaron en ningún momento. Nos seguimos viendo mientras el tren avanzaba y el tipo moreno se acomdaba en lo que había sido mi lugar, aparentemente emocionado. Seguramente había llegado a la conclusión que había llegado su turno de gozar.

Pero aquello no me importaba, lo único que me interesaba eran los ojos inquisidores del hombre al que me había cogido, el cual parecía interrogarme por qué me había marchado de esa manera abrupta y no lo había esperado.

El tren se marchó, y se llevó a aquel hombre con el que había disfrutado tanto sin posibilidad de volverlo a ver. He regresado varias veces a la misma línea del metro a la misma hora sin ningún motivo real, y aunque me he encontrado weyes con los que he fajado rico o me han deslechado con sus manos, ninguno a sabido darme el placer que me proporcionó aquel hombre con ayuda de su culo.

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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