Metiéndolo en mi boca se lo volví a chupar

Empecé a penetrarla con mi pene, mientras mi esposa masturbaba a Carlos. Sentía lubricada su vagina y mi pene entraba y salía de esa cueva, mi esposa me dijo que parara, que quería sentir el semen de Carlos, antes que el mío. Se le ofreció abriendo las piernas frente a Carlos, y tomando su pene se lo acomodó en la entrada de su vagina y se lo introdujo al tiempo que emitía un sensual grito.

En esa ocasión por fin me animé a pedirle a mi esposa que intentáramos hacer un trío, ya que era una asignatura pendiente en nuestra exploración de pareja. Era algo que ella había considerado en sus fantasías pero nunca se imaginó que le pudiéramos hacer realidad. Con cierta excitación, me comentó que había un compañero en su trabajo que hacía tiempo que la cortejaba. Era un hombre soltero un poco menor que ella. Por supuesto, más joven que yo. Le pregunté si le atraía como para invitarlo a casa, a lo que me contestó que siempre le había llamado la atención, que incluso en alguna ocasión habían compartido besos y caricias después de algún festejo de la empresa en donde trabaja. Sin embargo, nunca había sido más que eso.

Decidimos que el siguiente fin de semana lo invitaríamos a una cena informal. Por supuesto en principio él no sabría que sería el único invitado, sería una sorpresa que en su momento manejaríamos. Mi esposa con una directa coquetería, la cual, anticipaba una promesa implícita, le invitó para el siguiente sábado a las 9:00 de la noche. Ese día, mi esposa se arregló de manera muy provocativa. Se puso un vestido de esa tela que parece camiseta, color rojo. Era tan corto que difícilmente le cubría sus minúsculas bragas. Sin brassier se veía fenomenal. Se peinó y maquilló cuidadosamente, asimismo, cubrió su cuerpo con esa fragancia sensual que suele usar cuando quiere destacar su erotismo.

Carlos llegó un poco después de las nueve. Una suave música de jazz lento se escuchaba en el ambiente y el aroma de mi esposa se percibía tenuemente a través de las habitaciones de al casa. La mesa cuidadosamente puesta, lucía la vajilla clásica, las copas de cristal y las velas encendidas. La cena ya estaba a punto, ayudé a mi esposa a llevar los recipientes calientes al centro de mesa, a fin de iniciar la deliciosa cena que habíamos preparado entre los dos. Empezamos con un brindis y, poco a poco, la atmósfera informal permitió que la belleza y sensualidad de mi esposa se hiciera cada vez más evidente. Sentada se veía divina, sus piernas se mostraban en finas y hermosas. Carlos con dificultad podía reprimir entregarse a la contemplación de tal hembra, un poco menos que desnuda.

Charlamos animadamente y después de la cena, mi esposa con movimientos sensuales nos tomó del brazo y nos invitó a pasar a la sala. Puso en el aparato de sonido, una suave música de blues. BB King, interpretaba una sensual melodía que aprovechó mi esposa para moverse voluptuosamente al ritmo de la música. – ¿No les parece deliciosa esa música? Invita al amor, ¿no creen?, comentó con una voz aterciopelada y sensual. Carlos y yo nos quedamos como hipnotizados con la imagen de esa hembra en celo, la cual, recorría las curvas de su cuerpo con sus finas manos hasta llegar a sus pechos. Se los acariciaba, logrando con ello, la erección de nuestros penes.

Poco a poco se acercó a Carlos y le pidió que bailara con ella. El, estupefacto, se empezó a mover y ella se le acercó provocativamente, se volteó y con sus deliciosas nalgas empezó a acariciar el pene del atónito compañero de trabajo. – Hummmmmmm, delicioso, mmmmm, expresó. La erección de Carlos era tan evidente, que mi esposa le comentó, – querido, me fascina la dotación que has traído esta noche. Carlos, con nerviosismo me volteaba a ver, como tratando de entender la situación. Mi esposa, luego, levantó femeninamente su mano y con el dedo me hizo una seña para que me les uniera – Ven querido, únete.

Me acerqué y mi esposa me besó largamente en la boca. Después, se volteó, puso sus nalgas en mi pene, levantó sus brazos y rodeando el cuello de Carlos lo empezó a besar, abriendo los labios y metiéndole su delicada lengua en la boca, con pasión, le entregó la caricia. No dejó que me separara, estaba entre los dos, demandando con su actitud ser acariciada. Carlos, súbitamente comentó – ya no aguanto, con tu permiso, José, voy a acariciar a tu esposa. – Adelante compañero, tienes mi permiso, le respondí. Tomó a mi esposa por la cintura la atrajo hacia si y le dio un largo beso en sus turgentes labios, bajó su mano y le acarició sus redondas nalgas. Mi esposa, no pudo evitar el suave ronroneo, que suele emitir cuando siente placer sexual. Con un fino movimiento, se volteó y, tomándole sus manos, se las puso en sus tetas, cerrando los ojos, como una muestra de un profundo disfrute de la atrevida caricia en sus senos. Sus pezones se notaban prominentes a través de la tela del vestido.

Seguimos con ese juego, entre copas de champagne, las caricias empezaron a ser cada vez más atrevidas. En alguno de los momentos, al regresar del aseo, vi que Carlos acariciaba las piernas de mi esposa, la cual sentada en el sofá, ofrecía una imagen divina de sus piernas. La mano de él tocaba los labios externos de su sexo, a través de las minúsculas bragas. Ella disfrutaba la caricia con los ojos cerrados. Me senté, y al momento, sentí que mi esposa llevaba la mano a mi pene erecto. Se sentó y le pidió a Carlos que se pusiera de pie.

En esa posición le abrió lentamente el cierre del pantalón y le liberó la tremenda verga, la cual deliciosamente empezó a mamar. Pasaba su lengua por la cabeza del falo y volvía a introducirla profundamente hasta su garganta. Metía y sacaba la verga de su boca. – qué rico amor, me gusta mamarte la verga, como te lo he hecho antes. En ese momento me di cuenta que mi esposa, ya tenía una relación con Carlos que era mucho más que solo besos y caricias, como anteriormente me había comentado.

Con esa escena no tuve más remedio que sacarme mi pene y empecé a masturbarme. Sentía un placer tremendo cuando pasaba mi mano por la cabeza de mi falo. Estaba observando a mi esposa tragándose la verga de su compañero, succionándola como una experta puta. Al darse cuenta de mi auto estimulación, me alcanzó y me invitó a ponerme enseguida de Carlos, ahí empezó a agarrar una y otra verga y mamaba por intervalos cada una de ellas.

Se puso de pie y nos invitó a sentarnos en el sofá. Con movimientos lentos se empezó a quitar el vestido, regalándonos una maravillosa imagen de su desnudez. Bellísima, deliciosa. Desnuda, se acomodó en el sillón y abrió las piernas. Su sexo húmedo, se ofrecía como pétalos de rosa. Carlos se aplicó y le chupó por minutos el clítoris, mi esposa gritaba de placer, gemía y verbalizaba palabras de agradecimiento – gracias, amor, Huyyyyyy, que rico, mmmmmmaaasssssssss, másssssssss, quiero másssss, sisisisii, sisisisis, qué rico mamamasss, ssssoosoooooyyy unnna pppppuuuuuutaaa.

Le pedí a Carlos mi lugar para chuparle el sexo a mi adorable esposa, ya mezclado con la saliva de Carlos, empecé a mamar más y más su vagina, a meterle la lengua por la abertura de su agujero. Mi esposa, estaba como poseída, se retorcía y gritaba cuando se venía en espasmos de pasión y deseo que sin inhibiciones expresaba. Poco después, de las mamadas, suplicó que le metiéramos la verga dentro de ella.

Me adelanté y empecé a penetrarla con mi pene, mientras mi esposa masturbaba con sus manos a Carlos. Sentía lubricada su vagina y mi pene entraba y salía de esa cueva que se nos ofrecía sin recato. Al sentir el crecimiento de mi pene previo a la eyaculación, mi esposa me dijo que parara, que quería sentir el semen de Carlos, antes que el mío. Se le ofreció abriendo las piernas frente a Carlos, y tomando su pene se lo acomodó en la entrada de su vagina y se lo introdujo al tiempo que emitía un sensual grito:

– Aaaahaaaaaaaaaaaaaaaaa, pppppaaaapppppaaaaa sssiiiiittotooo, quuee rrrrrrrrrrrrrriiiiccooooooo. Góooooooozzzaammmmme, soy unnna puutaaaaa.

Estuvo entrando y saliendo, yo observa atónito el espectáculo, mi esposa estaba follando con su compañero de trabajo como una perra en celo. El pene entraba y salía, brillando por los líquidos vaginales que secretaba la vagina de mi esposa, producto de su tremenda excitación.

Quise participar, mi excitación era descomunal. Me acerqué a la pareja me agaché a un lado de Carlos, el cual sudaba metiendo y sacando su tremenda verga por la vagina de mi mujer, y con un impulso, acerqué mi boca al clítoris de mi esposa, se lo chupé mientras sentía en mi cara los huevos y el falo de Carlos que penetraba con vehemencia. No lo resistí, puse mis labios y mi lengua para sentir el lugar en donde entraba y salía la verga. Sentí su miembro en mi boca y en un momento que se salió de la vagina, sin reserva, metí su instrumento en mi boca y se lo empecé a chupar. Nunca lo había probado, los flujos de mi mujer junto con el sabor de su pene, me parecieron deliciosos.

Me hinqué ante su poderoso instrumento y me dejé llevar, succionando de arriba a bajo su delicioso pene, mi esposa al cabo de un momento me dijo – no seas goloso querido, lo vas a hacer eyacular en tu boca y yo quiero que me ponga su semen dentro de mi vagina. Deje de chupárselo y esperé que mi esposa se lo volviera a meter en la vagina. Yo seguí acariciando el tronco que entraba y salía con mi boca, mientras mi esposa llegaba con un orgasmo cuya intensidad no recordaba haber presenciado antes. Carlos eyaculó dentro de la vagina de mi esposa y, aún con el semen chorreando lo sacó y, metiéndolo en mi boca, se lo volví a chupar, sintiendo los espasmos que siguen al orgasmo. Yo me vine masturbándome mientras le chupaba su riquísimo falo.

Nos recuperamos a la experiencia y de nuevo, mi esposa quiso ser follada; estaba insaciable, sin embargo, le pedí que me permitiera percibir la deliciosa experiencia de sentir que una verga se vaciara en mi boca. Estuve por minutos mamándole la verga a Carlos, hincado frente al macho sentado en el sofá, sentí como se le hinchaba su maravilloso instrumento, más, más y más, hasta que casi no me cabía en la boca y escuchando sus tremendos bufidos, sentí como el chorro de semen me llenaba hasta la garganta, no pude evitar tragarme gran parte de tan delicioso líquido. Mi esposa sonrió al ver mis labios llenos con esperma de Carlos y me pidió que la besara para compartir el resto del lechoso fluido. Y me comentó, – qué bárbaro eres bastante más goloso que yo, se te nota tu talento para chupar penes, lo haces mejor que yo. Me ayudó con su delicada mano a eyacular.

Terminamos la velada en una sobremesa de pinchos y cava y le agradecimos a Carlos su compañía, con la promesa de que nos volveríamos a reunir. Delicioso, es una sensación tremendamente placentera. Nunca pensé que ese sería la primera de muchas experiencias en las que le chuparía la verga a quienes se follan a mi mujer

Después de esa experiencia empecé a anhelar las fiestas íntimas en nuestra casa.

Si tienes comentarios…por favor al pie….

Autor: Junajos

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Ella, mi Marcela, sabe lo que hace

Mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella.

Hola, mi nombre es Alex, soy de Puerto Rico, pero llevo tiempo viviendo en Argentina. Estoy en pareja con una Argentina muy perra (como dicen aquí). Ella se llama Marcela y es hermosa. He visitado esta página y se me ocurrió la idea de mandarles el relato de cómo ella y yo nos conocimos para que lo publiquen. Claro que ella está de acuerdo.

Resulta que yo tenía un problema jurídico referido a mi trabajo; soy entrenador de básquetbol y no me dejaban entrenar por ser extranjero. No viene al caso pero era una locura. Unos amigos me recomendaron un estudio jurídico y yo allí fui. Al entrar vi sentada detrás de una computadora a una mujer despampanante, era verano, hacía calor y ella llevaba una blusa blanca muy ajustada con dos botones desprendidos.

Cuando se levantó a decirle a su jefe que yo estaba allí noté que llevaba una minifalda negra no ajustada pero muy mini que dejaban ver sus exquisitas piernas. Me presenté ante ella y le comuniqué cuál era mi problema. Me contestó que enseguida me hacía pasar. Esperé dos minutos en los que aproveché para mirarla mejor y entré. Hablé con su jefe sobre mi asunto y terminamos acordando una solución. Entonces más en confianza le pregunté cómo se podía concentrar con tan hermosa yegua.

Me contestó que no podía concentrarse sobre todo cuando le comía la polla (aquí le dicen pija o verga) debajo del escritorio. Juro que se me paró de golpe y como pocas veces pasaba. Salimos de allí y él le pidió a ella que me tomara declaración. Contestó que estaba muy ocupada y que si podía volver después. No me podía negar a un pedido de ella. Me fui a casa y esperé la hora de volver. La cita era para las 19:00 y aproveché para echarme una buena masturbada imaginándola desnuda. Se hizo la hora y partí para el estudio nuevamente. Al llegar allí me esperaba ella vestida igual que a la mañana.

Me recibió y empezó a preguntarme cosas como que de dónde era, edad y todo eso. En una de esas aproveché para preguntar si estaba su jefe. “No, sólo yo, él se va como a las 17:00 me deja las llaves y yo cierro cuando me voy” me contestó con su dulce voz. Se hizo ya tarde y se la notaba cansada. Habíamos pasado allí más de dos horas y…. nada. Fue a tomar otra taza de café y ya no había. “Me cansé” me dijo. “Vamos a mi casa? Allí es más cómodo que aquí y hay café”. Le contesté que me parecía bien. Ya no me hacía ilusiones porque nada había pasado entre nosotros, si bien me moría por tirármele encima. Caminamos como cinco cuadras hablando de todo un poco, muy entretenidos hasta llegar a su casa.

Subimos dos pisos por un ascensor y llegamos a su departamento. Abrió, entramos, estaba un poco desarreglado, había ropa hasta interior tirada por allí. Con muy poca vergüenza me pidió disculpas por el desorden alegando que era todo de su amiga que seguro había estado con su novio. Peor para mí, más sufrimiento, mi polla no daba más, quería salir pero no podía. Preparó algo de café y mientras se terminaba de hacer me dijo que me sentara en el sillón y fue al baño. Estuvo allí sólo un momento y al volver sirvió el café. Se sentó enfrente de mí con su dejó las piernas mientras miraba mi entrepierna. Tendrías que averiguarlo le dije. Entonces se paró y vino hacia mí.

Me empujó hacia el espaldar del sofá y se me sentó encima. Yo estaba durísimo. Me refregó la polla con su culo duro mientras me agarraba del cuello y me daba un beso que me dejó sin respiración. Sacó su lengua y jugó con la mía. Yo sabía que no había retorno, así es que dejé correr mi mano por su espalda hasta llegar a su culo y apretarlo salvajemente. Metí mi mano debajo de su mini y con dificultad llegué a su chochito, después busqué el cierre de mi pantalón y lo bajé. Saqué mi negro pedazo y lo hice rozar con su chocho. Ella me decía al oído que mi pedazo estaba muy caliente. Nunca me habían dicho algo así y yo solté algo de semen.

Ella se dedicaba a morder mi oído, mi cuello, mi pecho y yo tocaba su espalda. Me volvió a besar apasionadamente terminando con su lengua por mis labios. Se bajó de encima mío y se arrodilló. Yo quería tocar sus tetas pero ella tenía una idea mejor. Agarró mi polla con ambas manos, sacó el capullo y se mordió los labios mientras me miraba. Mi pene se humedeció aún más y ella me dijo; “mira este pedazo tan rico”. No más palabras, se dedicó a besar el capullo, a lamerlo, a pasar su lengua por todo mi tronco. Llegó hasta mis bolas, era una sensación increíble, sabía lo que hacía. Se las metió de a una en la boca. Después se dedicó a mi polla. La mordía, la besaba, pasaba su lengua por ella, mientras rasguñaba mis bolas. La empezó a mamar, me quería morir, la sacó de su boca y me preguntó si ya acababa, le dije que sí, entonces dejó de chupármela para sacarse la blusa y dejar sus tetas al descubierto, no llevaba corpiño.

Con una mano agarró mi pene y con la otra lo acomodó entre sus tetas. No podía creer lo que hacía. Allí estaba mi pedazo, ella apretó sus tetas e hizo subir y bajar por mi polla. Eran enormes. Mi pene llegaba a tocar su boca y ella la abría y sacaba su lengua. Así estuvo un rato hasta que le dije que me venía y así fue. Le acabé en la cara, las tetas y ella como si nada la seguía pajeando allí.

Cuando no quedó más semen por salir pasó la lengua por sus labios y se tragó el semen. Me dediqué a tocar sus tetas, eran redondas, grandes, cerca de la perfección, con mi dedo índice saqué el poco semen que tenía allí y se lo puse cerca de la boca, sacó su lengua y lo lamió con mucho morbo. Se paró y al oído me dijo que me quería dentro de ella. Me hizo parar del sofá y ella se puso en cuatro con sus manos apoyadas en el espaldar.

Le toqué el chocho para saber si estaba húmedo como para penetrarlo y así fue, estaba muy mojada. Agarré mi polla y la acerqué. Jugué un poco allí, acercándola, hasta que me dijo que se la pusiera de una vez y no la hiciera sufrir. Así lo hice, se la metí de un tirón, me impresionó como entró aunque ella gritó como si le hubiera clavado un cuchillo. Le dije ahora vas a ver lo que es gozar perra atorranta y ella me contestó diciendo entre gemidos “Cogeme”.

La arremetí con todo, mis bolas golpeaban contra su cuerpo caliente, mi verga entraba y salía de su concha en medio de sus gemidos de placer, de pronto se enervó y sentí en mi verga el derrame de sus jugos, le chupé una teta mientras ella se corría otra vez, era fantástico ese baño con sus jugos, mi pija enloquecida frotando los bordes de su vagina hambrienta, le mordí un pezón y me corrí dentro de ella…

Desde aquélla noche hace como un año que no paramos de coger frenéticamente, créanme cuando les digo que ella es una experta mamadora de penes. Espero que les guste la historia y la publiquen, si es así les mandaré más historias porque hay muchas, muchas, muchas más y mejores también.

Autor: Alex

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Vero, siempre serás mi mujer

Ella me acariciaba los huevos y se tragaba toda mi verga. Yo estaba muy excitado, la tomé de los brazos y la subí a mi cuerpo, ella se metió mi verga de un solo movimiento y comenzó a moverse de arriba abajo, así que la tomé de las nalgas y le dije que se moviera de atrás para adelante. Ella se movía tan rico que no podía creerlo, en verdad me estaba cogiendo a mi suegra.

Hola amigos lectores. Les voy a platicar una fantasía que se mi hizo realidad un día que no me lo esperaba.

Soy casado desde hace más de 7 años, estoy en mis 32 años. Mi esposa, sinceramente, no es muy buena amante, además el embarazo no le sentó muy bien a su cuerpo que luce ahora una pancita que no se quiere ir. Es una mujer inteligente y ya saben lo que se dice “no se puede tener todo en la vida”. Ahora que lo veo en perspectiva, creo que hubiera preferido una mujer más sencilla y simple, apegada a su casa y con total devoción por su marido, eso me hubiera gustado.

Así es mi suegra, Vero se llama. Una mujer entrada en sus 50 años, con un marido que resultó ser un patán y un vago, mantenido, y muchos otros etcéteras.

Es una mujer muy dulce y noble, pero para estas alturas de su vida se cansó de aguantar los malos tratos de mi suegro y un día llegó a mi casa con su maleta, aduciendo que se había peleado con su esposo y que las diferencias a esa edad eran irreconciliables. Yo por supuesto no tuve problema en recibir a mi suegra en casa, ella siempre fue muy hospitalaria conmigo y realmente nos llevamos muy bien. Veo en ella las cosas que le faltan a mi esposa, humildad, sencillez, nobleza.

Desde que llegó a casa las cosas cambiaron, claro, mi mujer y yo no teníamos las mismas relaciones sexuales que antes y es obvio que se pierde algo de la privacidad a la que estábamos acostumbrados. Pero esto no es del todo malo, porque llegó el día en que “sin querer” abrí la puerta del baño cuando escuché la regadera, yo sabía que no podía ser mi esposa porque es la hora en que está trabajando. Me metí al baño y tras la nube de vapor y el cristal pude ver la figura de esa mujer, Vero. Me quedé atónito porque nunca la había visto desnuda y lo que vi me sorprendió. A esa edad, mi suegra conserva una hermosa figura y una piel firme, así que pude ver sus nalgas paraditas brillando con el agua, pero el conjunto me volvió loco porque tiene unas piernas hermosas.

Yo estaba decidido a hacerle saber que la veía, pero sentí un remordimiento que me hizo salir con sigilo del baño, sin que se diera cuenta; de cualquier forma dejé la puerta un poco abierta para que pudiera seguirla viendo sin que ella lo notara.

Salió del baño con su toalla puesta y me preguntó si yo había abierto la puerta, así que le tuve que en efecto, había sido yo quien había entrado por accidente, me disculpé, pero me sorprendió ver que su reacción fue bastante desinhibida, yo esperaba otra reacción.

Desde ese momento, Vero se volvió la dueña de mis pajas, cada vez que me hacia la paja recordaba su cuerpo entre la espuma y el vapor, mientras que los problemas con mi esposa crecían más y más.
Un día mi esposa salió de viaje desde un miércoles y regresaba hasta el viernes, por lo que con toda la alevosía compré lo necesario para hacer margaritas de mango, que sabía que le encantaban a mi suegra, no se podía rehusar. Era noche de futbol y dispuse todo para que pudiéramos ver el partido en la sala de la casa, Vero también me ayudó con el dip y palitos de verduras para botanear.

Vimos el partido completo y mi Vero ya tenía 3 margaritas encima, yo noté de inmediato que estaba algo pasada de copas porque tropezaba cada vez que se paraba. En una de esas veces que se paró al baño dejó la puerta un poco abierta, lo suficiente para que desde lejos pudiera asomarme para verla, así que eso me excitó muchísimo. Para cuando Vero regresó del baño yo estaba cambiando los canales a la TV. Mi esposa y yo contratamos los canales de adultos para nuestras sesiones de sexo en casa, lo disfrutamos mucho. Yo con toda la intención pasé por estos canales y había una chica a la que le estaban haciendo el sexo anal; la chica gritaba y se retorcía. Yo pasé de largo ese canal y seguí avanzando, cuando ella me comentó que nunca había tenido sexo anal.

Ese comentario me sacó completamente de mis casillas, me tomó por sorpresa, en serio no lo vi venir. Regresé al canal porno y ahí estaba yo en mi sala con mi suegra un poco borracha viendo pornografía. Comenzamos a platicar de cómo habían sido sus relaciones con su esposo, me platicaba lo aburrido que era el sexo para ella y no entendía cómo una mujer podía gritar de placer, entonces yo le pregunté directamente: “Nunca has tenido un orgasmo?”. Vero, un poco apenada me respondió que no, así que yo le dije que eso tenía que cambiar y que teníamos que trabajar en conjunto para que ella tomara el control de su vida sexual.

Primero le dije que su marido era un viejo zoquete y egoísta que no se preocupaba por ella, el sexo es de dos y tiene que disfrutarse por ambas partes. Ella me platicó que incluso tenía algunas batas de dormir muy sexis que nuca se pudo poner porque al pendejo de su marido le parecía muy puta (claro que el viejito se acostaba con sus secretarias), y según esto él no podía ver así a la madre de sus hijos. Pendejo, verdad?

Yo le dije que se pusiera una de sus batas y ella accedió, pero me dijo que era sólo porque estábamos en confianza y me hizo jurarle que nunca le diría esto a nadie, yo por supuesto acepté.

Lo que vieron mis ojos después no lo voy a olvidar nunca, ella salió de la recámara con un baby-doll puesto y una tanguita de seda debajo, sin brassiere. Yo por supuesto, salté del sillón por la sorpresa y supongo que ella vio mis ojos porque estaba sonriendo. Se tapaba el cuerpo con pena pero yo la convencí y le dije que tenía un cuerpo espectacular. Le dije que hacía mucho tiempo ya que deseaba verla así y ella me dijo que no esperaba que yo la viera con esos ojos, sobre todo porque estaba vieja y fea.

En ese momento no pensé en nada más que ponerle la mano encima, ella tomó mi mano y la puso en su pecho, así que yo sabía que tenía luz verde para actuar. Intenté no abalanzarme sobre ella, aunque ganas no me faltaban, pero si había accedido a tener sexo conmigo yo a cambio debía hacerla sentir como nunca antes. Así que la besé, la besé mucho en todas partes, tocaba su cuerpo por debajo de la bata y ella me subía su pierna. Yo estaba súper excitado y sabía que en cualquier momento podía venirme y eso no era lo que queríamos.

Bajé por su cuerpo y me encontré con un pequeño nudo que desaté con facilidad y lo que quedó en mi cara fue ese par de tetas que yo ya había podido ver en algunas ocasiones por la mañana cuando ella aún no se podía su brassiere. Pero eran mucho más bonitas de lo que imaginaba, era un par de tetas bien formadas, medianas, con pezones chicos y negros. Pasé mi lengua sobre ellos con delicadeza, con suavidad y ella lo agradecía frotándome las piernas en mi cuerpo. Después un rato jugando con ellas me dispuse a seguir bajando, pero ella me detuvo y pude ver en sus ojos que nunca había hecho algo así.

Yo le pregunté directamente: “Nunca te han hecho el sexo oral, ¿verdad?”. Ella asintió y le dije que se relajara, que yo sabía cómo hacerla sentir muy rico, así que seguí bajando por su abdomen. Saltaba de cosquillas, pero yo no dejaba de acariciar sus piernas y sus pies. Tomé su pie y comencé a acariciarlo, le daba besos pequeños para ir sintiendo sus reacciones y le gustaba, así que me metí su dedo gordo a la boca. Esto fue algo que me excitó mucho más y comencé a meterme en sus piernas.

Pasaba mi lengua por sus ingles y la parte interna de sus muslos, también le pasaba la lengua encima de su rica rajita aún con la tanga puesta. Sentí que estaba relajada y dispuesta, así que hice un poco de lado la tanga y comencé a lamer su clítoris que para ese momento ya estaba bien hinchado y rosa, ella me acariciaba el cabello y me apretaba contra su flor, mientras yo succionaba y con mi lengua frotaba su clítoris. Seguí concentrado en ella cuando sentí que se paraba y me pidió que me acostara en el piso, así que jalé una colchoneta y me acosté, pero ella apuntó su boca a mi pene y yo alcancé a voltearla para hacer un 69. Sentía como disfrutaba porque me la mamaba con tanta pasión, movía la cadera contra mi cara y sentí que se iba a venir, se quiso separar pero yo apreté con fuerza sus nalgas y empujaba su panocha contra mi cara cuando sentí que estaba terminando, su cuerpo se puso rígido y yo dejé de mover la lengua y sólo presionaba su clítoris.

Ella cayó rendida en la colchoneta y se quedó inmóvil un momento, yo no sabía que esperar, si estaba arrepentida o enojada, o triste. Abrió los ojos y me regaló una sonrisa divina, yo pude ver su cara de satisfacción y la abracé muy fuerte. Me dijo que yo era lo máximo y que me agradecía tanto el haberle enseñado tantas cosas. Quise cambiar el canal a otra cosa, pero ella no me dejó y comenzó a chuparme, un poco torpe, pero comprometida. Yo le dije cómo me debía agarrar y qué cosas nos gustan a los hombres, ella me acariciaba los huevos y se tragaba toda mi verga. Yo estaba muy excitado, pero no quería terminar así. La tomé de los brazos y la subí a mi cuerpo, ella se metió mi verga de un solo movimiento y comenzó a moverse de arriba abajo, así que la tomé de las nalgas y le dije que se moviera de atrás para adelante. Ella se movía tan rico que no podía creerlo, en verdad ¡me estaba cogiendo a mi suegra!

Me senté con ella aún encima y podía lamer sus tetas, la agarraba de las nalgas y las apretaba contra mí. Acariciaba sus piernas y sentí que iba a terminar, ella se agitaba más y me di cuenta que también ella iba a venirse, así que aguanté un poco más y me apretó fuerte en un abrazo y sentí como se movía su vagina, eso me hizo venirme de inmediato y terminé yo también.

Nos quedamos acostados, tranquilos y no platicamos del tema. Yo me levanté y le traje un vaso de agua, ese tipo de detalles nunca los había tenido el patán de su marido, así que me gané su cariño, aún más que antes.

Desde entonces, ella vive en mi casa y rara vez tengo algún problema con ella, yo trabajo en mi casa, así que de vez en cuando tenemos tiempo para hacernos el amor. Ambos disfrutamos mucho de lo que tenemos juntos, ella ahora es una experta en muchos sentidos y desperté su lado salvaje. Incluso se ha depilado la panocha para mí. De vez en cuando nos echamos un “mañanero”, muy rico porque su cuerpo aún está calientito cuando llego a su cama y me meto por debajo de las sábanas.

Chupo sus pies y sus piernas hasta que llego a su panocha y puedo oler ese aroma que sólo tienen por la mañana. Me subo y le hago el amor tan rico, ella me aprieta con sus piernas y siento sus pies en mi espalda, tiene una forma de apretarme que con el movimiento la hace llegar al orgasmo muy rápido. Algunas veces la pongo de lado, pero me encanta ponerla de “perrito” porque tiene unas nalgas divinas, el culo depilado y puedo tocar sus pantorrillas, no hay nada que no me guste de esa mujer. Ahora hemos comenzado a coger por el culo, a ella le gustó mucho y sinceramente, a mi me encanta venirme en su culo porque es otra sensación.

Cada vez que podemos nos hacemos cosas, si ella está cocinando yo llego por atrás y le bajo la lycra y su panty, la bajo un poquito y puedo chuparle el culo y su clítoris por atrás, a ella le encanta que haga eso y a mí también porque puedo acariciarle las tetas, las piernas y hasta los pies. Luego tomamos una silla y se sube en mí, se mueve como yo le enseñé y siempre me baña con sus jugos, luego se voltea y con sus mismos jugos me lubrico y se lo meto por el culo para terminar.

Yo sé que mucha gente escribe aquí sus fantasías, pero esta no lo es. Es real y quiero que sepas, Vero, que me encanta cómo me haces el amor. Siempre vas a tener un lugar muy especial en mi corazón y como me dijiste tú, yo siempre voy a ser tu hombre.

Te amo, Vero.

Autor: Alberto

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Mi primera clase con mi tío

Casi como una experta utilicé mi lengua y mis labios para succionar y rozar aquella vigorosa fruta, que entraba y salía de mi boca, sentí que su sexo alcanzaba mayor envergadura, estaba a punto de acabar, noto un golpe en mi garganta inundando mi boca dejando escapar por las comisuras de ella, un líquido espeso, tragué lo que más pude, me guiaba, para que terminara de succionar todo su semen que quedaba en aquella deliciosa arma.

Toqué el timbre y me salió a abrir su padre.

Hola tío – le dije con cara de sorprendida porque no esperaba que estuviera él en la casa. Hola Francisca ¿cómo estás? – me respondió también algo sorprendido de verme. ¿Está Gonzalo? – le pregunté de inmediato – es que necesito la materia de matemáticas para el examen de pasado mañana y me dijo que me la podía prestar como él salió eximido en ese ramo. Gonzalo no está, pero si quieres puedes pasar a buscar entre sus cosas – me dijo muy amable – estoy solo y él no llega hasta la noche. Fue a ver a su madre.

El tío Fernando, papá de Gonzalo, es un hombre de unos cuarenta años, bastante bien llevados físicamente para su edad, moreno, guapo según la opinión de mis amigas y la mía también, que está divorciado desde hace unos años y que vive con su hijo, que a su vez, es mi mejor amigo.

Pensé que estaba usted de viaje – atiné a decir algo descolocada.

Él es piloto y vive viajando, por lo cual, Gonzalo pasa gran parte del tiempo solo en su casa.

Este último tiempo me va a tocar estar más en tierra que volando – me contestó percibiendo mi nerviosismo – ¡pero pasa! – Continuó diciendo – no hay problema que busques lo que necesitas entre las cosas de Gonzalo.

Sin dejarme decir nada me ofreció – ¿quieres algo para tomar? ¿una bebida? ¿Un café?

Como era casi tiempo de verano le acepté una bebida, ya que hacía mucho calor y era cerca del mediodía. Vi como se trasladaba hacia el refrigerador en busca de su ofrecimiento y no pude dejar de sentir una atracción especial al verlo vestido así, tan informal, de jeans, polera y a pie descalzo. Lo vi más guapo que de costumbre.

Ahora, si algo tengo que decir de mi, es que, a pesar de mis dieciocho años, tengo una figura bastante atractiva, soy más bien alta, de pelo castaño claro, tez clara y ojos oscuros, con un desarrollo corporal que atrae bastante a los hombres, según me han dicho mis amigos, Gonzalo uno de ellos, que entre nosotros nunca ha habido nada más que pura amistad.

El tío Fernando (siempre le he dicho así), me pasó la bebida y se quedó con otra en su mano a la vez que me preguntaba si estaba bien. Si gracias – le respondí. ¿Estás apurada? – me volvió a preguntar.
No – dije instantáneamente – es sólo que tengo que estudiar para el examen – terminé diciendo. Pero yo te puedo ayudar si así lo prefieres – dijo y continuó – de matemáticas se bastante y te puedo ayudar, además ensayo mis dotes de profesor que puedo tener por ahí escondido, si es que tú quieres, por supuesto.

Escuchar esa oferta me hizo imaginar muchas más cosas que sólo las de aprender matemáticas, debo reconocer…

¿Estaría usted dispuesto a enseñarme? – le dije algo sorprendida. Por cierto que si – se apuró en responder y, dando un tono doble a su respuesta, continuó – en matemáticas o en otras materias también – terminó diciendo.

Algún brillo extraño debo haber expresado con mi mirada, ya que él sonrió maliciosamente, mirándome directo a los ojos.

Debo reconocer que el padre de mi amigo me provoca más que una atracción, como había dicho antes, y con este último diálogo lo pude comprobar directamente en el centro de mi estómago. Fue como un escalofrío que me recorrió el vientre primero, transformándose en un cosquilleo que bajó rápidamente hasta mi pelvis, dejándome una sensación agradable y estimulante en todo el cuerpo. Como hombre experimentado, creo que él lo percibió y no me dio tregua.

¿Te gustaría que te ayude en matemáticas y te enseñe en otras materias? – preguntó directamente.

Yo no me considero mojigata, para nada, he tenido mis pololos (novios) con los cuales he experimentado las sensaciones en el juego del amor, pero sin aún, haber tenido mi primera experiencia completa en el campo sexual, no porque me lo haya propuesto así, sino que, no creía que hubiese llegado el momento para ello. En términos técnicos, todavía soy virgen en todos los aspectos, pero con avances considerables en el juego de los preámbulos.

Tratando de mantener al máximo un aire inocente le respondí – me encantaría tío que me pudiera enseñar matemáticas – y sin cambiar el tono continué – ¿y en qué otra materia me podría ayudar?

Sin titubear me dijo decidido – por el brillo que irradiaron tus ojos Francisca, los dos sabemos perfectamente en que materia podría ser. ¿Cierto?

Los colores se me subieron directo a la cara y sólo atiné a contestar – ¡tío!

Él dio un par de pasos hacia mi y tomó la bebida de mi mano para dejarla sobre una mesa. Inmediatamente puso sus manos en mi cintura con firmeza y a la vez delicadeza sin dejar de mirarme directo a los ojos. El ritmo de mi pulso se aceleró tanto que lo podía sentir en mis tímpanos. Con la mirada fija en la mía me dijo – ¿quieres? –, yo sólo pude esbozar una leve sonrisa sin emitir sonido alguno, y volvió a preguntar – ¿quieres?

¿Y si regresa Gonzalo? – pregunté turbadamente.

Sin mediar otra palabra se acercó lentamente, hasta topar con sus labios mi boca. El roce suave que hizo su piel con la mía, terminó por derribar la débil barrera que podría haber existido en mi respuesta, que por cierto, nunca la hubo. Entreabrí mis labios para recibir aquel dulce beso, que a su vez, abría un nuevo camino en mi vida. Conocedor de las artes amatorias, me fue llevando desde aquel dulce y suave beso, en un ascenso interminable, hasta la cumbre del deseo y la pasión.

Manejaba tan bien, con mucha maestría, el ritmo y la presión de su boca, haciéndome caer en una especie de vértigo para llevarme nuevamente a la cumbre y así, hacerse dueño de mis ganas y deseo. Percibía que mi cuerpo se electrificaba en este ir y venir de sensaciones; sus manos eran cómplices de su boca y recorrían mi cuerpo no dejando centímetro por explorar; el centro de gravedad yo lo sentía en mi pelvis y en un segundo, lo tenía concentrado en mi pecho, para luego seguir un camino inexorable hasta mis sienes y nuevamente bajar a mi pelvis.

Sus manos, en un instante estaban en mi espalda para luego hacerse dueñas de mis pechos y de ahí, bajo mi pequeña pollera, a mis glúteos y entrepiernas; sentía que me desmayaba de deseo; abría mi boca para que entrara sin pudor su lengua e intentaba lo mismo con la mía; sus manos ya me tenían a su completa merced, sus dedos indagaban por entre mis bragas con total propiedad, era un experto; mi cuerpo estaba embriagado de ganas por entregarse entero, pero él como maestro, hacía su trabajo logrando que mis sensaciones alcanzaran distancias que nunca habían alcanzado; se separó un instante de mi cuerpo, me miró encendido y me llevó tomada de una mano hasta su dormitorio.

Nos detuvimos a un costado de su cama y comenzó a pasar sus manos por mi cara, recorriendo, como dibujando, mis facciones; el dedo índice de una de ellas se paseo por mis labios que se entreabrían para humedecerlo con mi lengua; su otra mano bajó, abriendo uno a uno los botones de mi blusa dejando mis pechos al descubierto (ya que acostumbro a no usar sostén) y a placer de juguetear con mis pezones, que habían alcanzado un volumen que nunca así, me los había percibido antes.

Bajó su boca hasta uno de ellos y dio inicio a una danza con su lengua, que me hizo tener la primera aproximación a un orgasmo, porque sentí que una fuerza inconmensurable subía desde el centro de mi pelvis, por el medio de mi cuerpo, hasta el eje de mi pecho, alterando completamente mis respiración y mi vista, que tuve que hacer un esfuerzo conciente, por no perder el equilibrio.

Terminó de sacarme la blusa y comenzó a despojarse de su polera, dejando su pecho bronceado y firme al descubierto. Yo quise sacarme la pollera pero él no me lo permitió, me dijo que quería poseerme con ella puesta, que era una especie de fantasía que siempre hacía con las jóvenes de mi edad. Ahí me di cuenta que esta no era la primera experiencia con jovencitas para él, y la verdad no me importó nada que así fuera. Terminó por quitarse sus jeans, quedando sólo con su ropa interior apretada, que dejaba ver su enorme sexo deseoso de salir de aquella prisión.

Esa imagen encendió más mis deseos y tomando una iniciativa que desconocía en mí, y llevada por el morbo de saber que para el está, era una situación ya conocida, me dejé conducir por mi instinto y liberé a aquél preso de su celda tomándolo con ambas manos y, acercando mi cara, hasta sentir su fragancia de macho brioso, deposité mi boca en esa barra que bramaba de deseo.

Era la primera vez que sentía el calor de un sexo en mi boca, la intuición me hizo conocedora de los movimientos y presiones adecuadas para sumergirme y sumergirlo, ambos, en un baño de placeres. Mi tío Fernando no se esperaba, al parecer, mi iniciativa, pero no demoró mucho en dejarme ejercer como hembra y sólo darme algunos pequeños encauces para compartir juntos aquel placer.

Casi como una experta utilicé mi lengua y mis labios para succionar y rozar aquella vigorosa fruta, que entraba y salía de mi boca ya sea por mi movimiento de cabeza como por los embates, que en el goce, se apoderaban de mi tío; la lubricaba con mi saliva y la recorría por su longitud hasta llegar a succionar sus testículos, cosa que hacía emitir unos gemidos de placer a mi tío que, a mi más me encendían y volvía a tragarme casi entera aquella barra candente que frotaba mi paladar hasta mi garganta.

Varios minutos estuvimos en este juego, recorriendo por los costados su pene y luego tragándomelo nuevamente, hasta que llegó un momento en que comencé a sentir que el tamaño de su sexo alcanzaba mayor envergadura, y sus movimientos se empezaron a hacer más impetuosos, acompañados por gemidos que salían de su boca, que me pude dar cuenta que estaba a punto de acabar, eso me calentaba más, al saber que lo estaba haciendo gozar…

Cuando en ese momento, siento un golpe blando y fuerte dentro de mi garganta que casi me hizo ahogar, inundando por completa mi boca dejando escapar por las comisuras de ella, un líquido espeso, salado, tibio y abundante. Tragué lo que más pude, pero bastante quedó en el borde de mi boca y en la cabeza roja de su sexo. Llevé mi vista hacia sus ojos y pude ver la expresión de completo placer en todo su rostro, a la vez que me guiaba, para que terminara de succionar todo su semen que quedaba en aquella deliciosa arma.

¡Ay mi niña! me dijo casi desfalleciendo…no pensé que sabías hacer esto…continuó. Es la primera vez que lo hago, tío…contesté entre inocente y experta. ¿Y te gustó? indagó cauteloso. ¡Mucho! – respondí segura. Parece que lo vamos a pasar muy bien juntos, mi niña…terminó diciendo mientras comenzábamos un pequeño descanso.

Sin decir palabra, dije para mis adentros, “Estoy absolutamente segura, tío”, creo que voy a ser una alumna muy aventajada…

Autora: Francisca

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