Lo prohibido

Jesús no paraba de repetirme que le estaba demostrando muy bien lo puta que era, que me iba a reventar mis entrañas de placer, él situó su polla en mi vagina y de una sola embestida recorrió todos los huecos de mi coño. Me dio un par de pollazos y mi corrida invadió su polla. Al igual que la suya invadió mi coño. Sabía que el placer seguiría aumentando para volver a correrme una y otra vez.

Hola a todos. Mi nombre es Ana, tengo 24 años y soy madrileña. Ocurrió hace 3 años, cuando yo tenía 21. Mis padres estaban (y están), separados. Mi padre conoció a una mujer, Ángela, con la cual inició una relación. Ángela tenía 2 hijos. Uno de ellos, Jesús, contaba con 25 años. Yo pasaba temporadas viviendo con mi padre, y otras con mi madre. El verano de ese año me tocaba con mi padre. Él se había ido a vivir con Ángela y con sus respectivos hijos.

Mi relación con Jesús no era demasiado buena. Todo lo que hablábamos era en tono irónico. Pero había una atracción física. Había un morbo especial. Algo que hacía que nos miráramos con deseo, con lujuria. Él era un mujeriego nato. Le encantaba follarse a zorritas como yo muy a menudo. Creo que no lo había intentado conmigo por las circunstancias en las que nos encontrábamos, porque estaba claro que físicamente le atraía mucho, al igual que él a mí. Mi padre y Ángela se fueron unos días de vacaciones al Puerto de Santa María (Cádiz). Con ellos se fue David (el otro hijo de Ángela), que tenía 19 años, de forma que nos quedamos solos en casa Jesús y yo.

Los dos primeros días apenas nos vimos. Sólo coincidimos por la noche un rato. El tercer día de nuestra estancia, solos en casa, sucedió algo fabuloso, pero a la vez peligroso. Me levanté sobre las 11.30 de la mañana. Desayuné relajadamente y me dispuse a ponerme mi biquini para tomar el sol en la piscina de la casa. Llevaba un biquini de color blanco. La parte superior era con forma de triángulo (me lo había comprado una talla más pequeño para que mis tetas sobresalieran aún más de lo que ya sobresalían). La parte de abajo era una braguita muy pequeña que casi dejaba entrever mi pubis. Salí al jardín, puse algo de música, me embadurné de aceite, cogí mi tumbona y me acosté en ella.

Pasé casi dos horas sola, de la tumbona a la piscina y de la piscina a la tumbona. Sentí al perro ladrar, así que deduje que Jesús estaba llegando a casa. Merodeó durante un rato por el interior de la casa, soltando las bolsas de la compra que había traído y llamando por teléfono. Salió al jardín, me vio y se metió de nuevo en la casa. Pasados unos 15 minutos escasos salió con sus bermudas puestas. Venía directo hacia mí. Cogió otra de las tumbonas y se recostó en ella cerca de mí. Yo lo observaba. No me había dirigido la palabra en el rato que llevaba en la casa. Estuvo sentado a mi lado durante 20 minutos. Por fin dijo algo: “Hermanísima (con tono irónico), deberías quitarte la parte de arriba de tu biquini mientras tomas el sol o luego las marcas harán mella en tu piel, de forma que esos tops tan escotados que usas ahora en verano no te lucirán como deberían”.

El comentario lo hizo en el tono irónico que lo caracterizaba. Con esa frase, me provocó, intentaba ponerme a prueba, de modo que me levanté de mi tumbona y me quedé de pie frente a él. “¿Me estás desafiando Jesús?”, a lo que él me respondió (sin abrir los ojos y sin mirarme), “sólo era un pequeño comentario” (de nuevo su tono irónico apareció en la frase). “Abre esos malditos ojos de una vez, quiero que mires algo”. Jesús abrió sus ojos con una sonrisa dibujada en su rostro, entonces yo con mis manos quité la parte de arriba de mi biquini, dejando mis preciosas tetas a su vista.

Su sonrisa se esfumó para dar paso a una boca abierta y a unos ojos redondos como platos. “Hermanísimo, he decidido hacer caso a tu comentario. Voy a tomar el sol sin la parte superior de mi biquini y de paso te voy a dar el gustazo de deleitarte con mis tetas. ¿Te parece bien?”. Reaccionó, se incorporó en la tumbona, dio una palmada con sus manos y me dijo: “Vamos a brindar por este momento único. Los hermanos de leche, porque de sangre no son, se ponen de acuerdo en algo. Esto solo pasa una vez en la vida”. Yo podía notar que estaba nervioso, él no sabía como acabaría aquello, no sabía si yo me había despojado de mi biquini con toda la naturalidad del mundo, o bien, si lo hacía para provocarlo.

Fue a la casa, tomó una botella de champán y regresó al jardín con ella, con un sacacorchos y con dos copas de cristal. Mientras caminaba hacia mí decidí hacer algo prohibido, algo que cambiaría nuestras vidas para siempre, algo que nos dejaría huella. Claro está que no sabía con toda certeza la reacción que él iba a tener (aunque la intuía). Llegó hasta donde yo estaba. “Ana vamos a descorchar esta botella y a brindar por el momento”. “Me parece estupendo Jesús, pero en cuanto descorches la botella me la pasas. Quiero servir yo el champán”. Se quedó quieto durante unos segundos. A cada segundo que pasaba él notaba como mi cara se iba transformando en la de una perra que estaba en celo y que quería follar.

Descorchó la botella y acto seguido me la dio. La puse a la altura de mis pechos y la vacíe entera sobre mi cuerpo. Jesús me dijo: “¿Qué haces?”, a lo que yo respondí “Me has dicho que querías beber y brindar con champán, así que te brindo mi cuerpo para que bebas de él”. “No nos jodamos hermanita”. Dije yo: “¿Jodamos?  Que ganas tengo de hacer eso contigo”. Con esa frase si que lo puse excitado. Podía ver a través de sus bermudas como su polla se hacía grande. Jesús comenzó a decirme que era una zorra, y que lo peor es que me gustaba serlo. Me dijo que estaba dispuesto a joder conmigo, pero eso sí, antes iba a hacerme sufrir, iba a excitarme hasta tal punto que le suplicaría que me follara. Me dijo que iba a calentarme hasta que yo pensara que no iba a aguantar más la tortura de no tener su polla en mi boca, o su polla entrando y saliendo de mi coño y de mi culo. Le dije que deseaba ver su corrida, que deseaba ver ese chorro de esperma saliendo de su polla y esperando que mi boca estuviese allí para recibirlo.

Él me decía que también deseaba beber el río de lujuria y deseo que iba a salir de mi coño. Me hizo tumbarme en el bordillo de la piscina, me quitó la braguita del biquini y contempló mi coño. Se quedó mirándolo y me dijo que estaba ansioso de recibir mi corrida caliente. Comenzó a lamer mi coño, unas lamidas que iban desde mi agujero hasta mi clítoris, de abajo a arriba, haciéndome gemir con cada una de ellas. Mi espalda se arqueaba, me mordía mis labios, apretaba su cabeza contra mi coño, mientras le decía lo bien que le quedaba estar con su puta cabeza metida entre mis piernas. Paraba para levantarse y meter su cabeza entre mis tetas, para lamerlas, morderlas, para apretarlas. Le encantaban mis tetas, estaba gozando mucho con ellas. Luego subió hasta mi boca y comenzó a morder mis labios, a buscar mi lengua. Lo aparté, lo cogí de su cabeza y lo obligué a bajarse de nuevo hasta mi coño.

Mi coño se estaba fundiendo, Jesús metió su lengua dentro de mi agujero y comenzó a hacer círculos con ella. Mientras él hacía eso yo tuve que bajar una de mis manos y comenzar a frotar mi clítoris. Estaba extasiada y cachonda como una perra. Le decía a Jesús que no podía más, que iba a reventar, que necesita su maldita polla dentro de mí. Jesús sacó su lengua de mi coño, apartó su cabeza y me dijo: “No hay cosa más placentera para mí que esta. Que parezcas un animal en celo, que parezcas una hembra y que yo sea tu macho para darte placer. No hay cosa mejor para mí que excitarte hasta tal punto que luego, una vez que meta mi polla, con solo un par de embistes te corras zorra, y lo mejor de todo es saber que solo es el principio de una de muchas corridas. Quiero escucharte decir lo puta que eres conmigo. Quiero que me supliques.” De nuevo metió su lengua hasta el fondo de mí, jugaba con mi clítoris, sobre mis labios, acariciándolo, lamiéndolo, masajeándolo con su lengua, morreando mi coño.

Comencé a decirle que me iba a matar de placer, él me dijo: “Creo que es lo único que quiero, matarte de placer, hacerte llorar, quiero que me supliques que te lo coma, que te chupe, que te toque”. Mis gemidos dejaron de serlo para convertirse en gritos. Gritos de un placer que me estaba matando. Necesitaba su polla dentro de mí, necesitaba que me llenara con su semen, necesitaba mojarle a él sus piernas con mis flujos, necesitaba correrme.  Sacó su cabeza de mi coño y pasó a meterme dos dedos dentro de él. Un coño que estaba tremendamente mojado de mi excitación y de la saliva de Jesús. Mirándome fijamente comenzó a decirme ¿”Estás loca porque estos dedos que te están penetrando se conviertan en mi polla, verdad? ¿Estás loca porque te embista perra? ¿Estás loca por morirte de placer? ¿A que hoy no me odias tanto como otros días?

Jesús no paraba de repetirme que le estaba demostrando muy bien lo puta que era, que me iba a reventar mis entrañas de placer, que iba a meter su polla tiesa y dura entre los labios de mi coño, entrando y saliendo, una y otra vez, quería correrse dentro de mí, de mi coño, mezclar su corrida con la mía, y después lamerme, lamer mi corrida cayendo entre mis piernas. Se puso de rodillas, me cogió de las caderas, me acercó a él y levantó mi culo. Yo abrí mi coño con mis manos, él situó su polla en la entrada de mi vagina y de una sola embestida recorrió todos los huecos de mi coño. ¡Que gemido di! Me dio un par de pollazos y mi corrida invadió su polla. Al igual que la suya invadió mi coño. Mi respiración estaba acelerada, mi piel roja de deseo y mi cuerpo ardiendo. Sabía que era el principio y que el placer seguiría aumentando para volver a correrme una y otra vez.

Su polla de nuevo estaba tiesa. Jesús me pedía que se la mamara como jamás nadie se la había mamando antes, decía que quería correrse en mi boca, que quería abrir mi coño de nuevo, quería besarlo, quería sentir de nuevo como mis muslos aprisionaban su cabeza, quería notar mis espasmos de placer, quería que sus manos pellizcarán mis pezones, y por último follarme por el culo, quería sentir mi culo aprisionando su polla y correrse de nuevo dentro de él. Decía que quería follarme hasta tal punto que le doliera la polla y mi coño no lubricara más. Quería que en cuanto yo llamara a su polla, ésta se levantara como un perro fiel, quería marcar mi cuerpo con su polla. Quería que siempre lo recordara. Y sin duda alguna son unos recuerdos que me marcaron y que marcarán para siempre.

Me encantó ser follada por él y a él le encantó convertirse en mi puto, un puto que sabía darme algo más que placer y deseo.

Espero que os haya gustado a todos.

Un beso.

Autor: Ana

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Amigos de vacaciones

Me centré en su clítoris, y lo lamí en círculos, empezaron a recorrer el cuerpo de Sonia unos leves temblores, hasta estallar en un espasmo, ni un grito, ni un gemido, solo una serie de exhalaciones cada vez más fuertes, daban a conocer un orgasmo, se relajó, casi rota de placer, retiré mi lengua de su clítoris y fui bajando hasta su vagina, recorrió la entrada, y la penetró a modo de pene.

Después de fin de curso estábamos hechos polvo, y un amigo José y yo, Fran, decidimos irnos de vacaciones, alquilar algo cerca de la playa y descansar unos días. La idea era buena, pero se nos antojaba un poco aburrida, así que pensamos en decírselo a alguna amiga, más que nada porque siempre la compañía femenina viene bien aunque solo sea para hablar de cosas diferentes a sexo, futbol, política y coches.

Se lo comentamos a Laura, y estuvo encantada, nos dijo que si podía traía a su hermana, le dijimos que si pues así no teníamos que pensar a quien más proponérselo. Laura era una chica de 21 años, risueña, alegre y muy simpática, la gustaba mucho salir, pero no por eso dejaba los estudios a un lado, además sacaba tiempo para ir al gimnasio, tenía un cuerpo de escándalo, con bastante pecho, y unas piernas fabulosas culminadas en un espectacular culo.

A su hermana no la conocíamos, solo sabíamos que tenía 18 años, se llama Sonia. Se encargó José de alquilar un chalet, en un pueblo de Alicante, La Marina de Guardamar. Estaba cerca de un camping, y entre el chalet y la playa había un pinar. El chalet tenía piscina, jardín, cuatro habitaciones, dos plantas, cocina y comedor, dos cuartos de baño y una plaza de garaje. Lo alquilamos durante diez días, de lunes a miércoles de la siguiente semana.

Quedamos el lunes a las seis de la mañana en casa de Laura, antes había ido a recoger a José a su casa con mi escort. Bajó Laura y luego su hermana, por fin conocíamos a Sonia, la verdad es que estaba muy bien, tenía más pecho que su hermana, era un poco más bajita, y tenía un culo igual de perfecto que esta. Iba vestida con unas mallas negras cortas que le marcaban el culo, y el tanga que llevaba, y por arriba una camiseta de hombreras gris, que dejaba ver las cintas de su sujetador. Laura iba vestida con una faldita vaquera, que dejaba al aire sus maravillosas piernas, y una camiseta de manga corta amarilla, nos pusimos en camino, y durante el viaje las conversaciones banales se sucedieron.

Cuando llegamos, a eso de las once y media más o menos, abrimos la puerta y nos llevamos una agradable sorpresa todo estaba limpio, ordenado y en su sitio. El salón estaba presidido por una mesa redonda, grande de madera de pino, un sillón que se convertía en cama y con un armario que sostenía una televisión de 25 pulgadas. La cocina tenía su lavavajillas, frigorífico-congelador, horno, lavadora, placa vitro cerámica, microondas… en fin todo. Había un servicio con una ducha. En la planta superior, estaban las cuatro habitaciones, y el baño en cada habitación dos camas, menos en la de matrimonio que había una cama de 150×190 con colchas, cortinas… en los armarios, una nota, avisando que dentro de ellos estaban las sábanas.

Dejamos nuestras maletas y cogimos el coche para ir a comprar comida, pero el pueblo era diminuto, así que decidimos ir a elche, allí entramos en un centro comercial e hicimos nuestras compras, como buenos españolitos, hicimos la típica compra ideal para realizar la dieta mediterránea, hamburguesas congeladas, perritos congelados, pizzas congeladas, patas congeladas… fabada de lata… patas fritas de Lays, kikos… cerveza, vino, cocaloca, ginebra, martini… platos de plástico… volvimos rápido al chalet, porque ya iba siendo la hora de la comida, cuando llegamos colocamos las compras, calentamos algo de lo que habíamos comprado, comimos, recogimos, nos pusimos los bañadores y nos dirigimos al coche para ir a la playa.

La playa estaba a un kilómetro más o menos de distancia en línea recta por una carretera bastante bacheada, cuando llegamos, salimos del coche, cogimos las toallas, nos dirigimos a la entrada de la playa, y al ingresar nos sorprendimos al descubrir que a apenas unos pocos metros a nuestra derecha se encontraba una playa nudista. Y hacia la izquierda la playa normal.

Tal vez por el que dirían los demás, ninguno nos atrevimos a avanzar a la derecha, pero creo que en la mente de José y la mía estaba el ir hacia allí, y puede que en la de las chicas también. Pasamos la tarde entre la arena y el agua, No se como aguanté las erecciones porque tanto Laura como Sonia iban desbordantes, con sendos minúsculos bikinis de triángulo que apenas podían contener sus pechos, Laura debía tener un 95, pero Sonia era descomunal de un 110 no bajaba, pero no acababa allí, la parte de abajo del bikini apenas cubría la mitad de sus glúteos y se les metía por la raja del culo, parecían tangas, los bikinis solo se diferenciaban en el color, el de Sonia amarillo, y el de Laura rosa.

Jugamos en el agua a pasarnos una pelota hinchable que venía de propaganda con las patatas fritas, nos tiramos en las toallas a tomar el sol, pero en ningún momento se les ocurrió a nuestras amigas el decirnos que les pusiésemos cremita, así que José y yo al ritmo de una estúpida canción de anuncio de cupón de la once, nos empezamos a echar cremita entre nosotros, mientras nos observaban atentamente nuestras acompañantes y gran parte de la playa. No se si captaron la indirecta, el resto de la tarde la pasamos tumbados.

José estuvo quejándose de lo poco que había “mojado” este año en la uni y yo escuchándole, -yo tampoco había mojado, pero me parecía menos patético el callarme que airear mis “desgracias” ante José, Laura y Sonia- Laura se reía de José y le decía que el problema de la mayoría de los chicos es que no sabemos tratar a las chicas… etc. Mientras Sonia permanecía callada como en su mundo, pero me pareció que en algún momento, esbozaba una sonrisa de oír los ridículos consejos que daba su hermana a José, del tipo: “tú lo que tienes que hacer para conquistar a una mujer, es regalarle docenas de rosas, llevarla a cenar a un buen restaurante, no a un “pizza-hut” invitarla al teatro, o a un musical… bla, bla, bla…” o “después de haberla invitado en varias ocasiones a estos sitios, lo ideal es que le compres un anillo de diamantes, y le propongas un noviazgo serio… bla, bla, bla…”

No me podía creer lo que Laura estaba haciendo, se estaba quedando con José y este ni se estaba dando cuenta, se estaba creyendo todo lo que le decía Laura. Como es normal la risa me entró y no me la pude aguantar, como un chico de apenas 22 años recién cumplidos, sin oficio, con los estudios de fisioterapia a medias iba a poder sufragar los gastos, de una cena en el restaurante del Ritch, entradas para la opera, un musical, una obra de teatro, y por si fuera poco para un anillo de diamantes. Era increíble, lo que le habían contado en un momento, creo que se cabreó un poco por mis risas, pero no fui el único que se rió, Laura al verme reírme, tampoco se aguantó, y Sonia que seguro había escuchado toda la conversación tumbada boca a bajo para evitar que se la oyese reírse a carcajadas temblaba de la risa.

Poco más dio de si la tarde, pero José se había quedado diciendo que nos lo iba a devolver, que éramos unos malísimos amigos… para compensarle, le dejamos que se duchase él primero, y además le hicimos la cena, unas riquísimas salchichas de Frankfurt de Campofrío. Recogimos nosotros la mesa, y José se quedó viendo la tele. Laura me preguntó: “nos habremos pasado”, “parece muy mosqueado” dijo Sonia, a lo cual contesté: “Puede que hayamos sido un poco cabrones. Tal vez deberíamos conseguirle una chica para que se la ligue”. “Si, pero es lunes y hoy no hay ningún sitio abierto, ¿a dónde podríamos ir a buscarle una chica?” preguntó Laura. “En la playa mañana seguro que hay alguna chica de nuestra edad más o menos a la que le podamos presentar” Dijo Sonia. “Si seguro que hay alguna chica, y si no nos metemos en la playa nudista y seguro que se le pasa el cabreo con nosotros”, dijo Laura.

No supe si lo decía en serio o en broma, pero por si iba en serio, le dije riéndome: “¿por qué no vamos directamente a la playa nudista y así nos aseguramos de que se le pasa el cabreo?” y Sonia añadió: “Es buena idea seguro que él se contenta enseguida y así podemos tomar el sol sin que se nos queden las marcas del bikini”. “¿Estás de acuerdo Laura?” pregunté. “Si de acuerdo, mañana a la playa nudista, pero que no se entere José”. Después de nuestra conversación nos fuimos a ver la tele con José, estaba viendo un canal local en el que la gente llamaba y le leían las cartas del tarot, José estaba hecho polvo, quien en un estado emocional normal veía un programa de una vieja de unos 80 años que leía las cartas a otras viejas de más años todavía. Me fui a la cama, pronto lo hicieron Sonia y Laura, no se a qué hora se acostó José, me debí dormir antes.

Al día siguiente, me levanté el primero, media hora después se levantó Sonia, desayunamos juntos, estuvimos conversando.

-¿Que tal has dormido? -Bien estaba muy cansada ayer del viaje, y de la playa. -¿Te gusta donde hemos venido? -Si bastante, además para mí ha sido una sorpresa que me dijese mi hermana que viniese con ella. -¿Y eso? -No se, no me lo esperaba, creía que mis vacaciones se iban a limitar a ir una semana con mis padres a un hotel en la playa, y después el resto del mes de agosto al pueblo.
-A mí de pequeño tampoco me gustaba ir de vacaciones con mis padres. -Lo que menos me esperaba es que íbamos a ir a una playa nudista. -Nosotros no lo sabíamos, lo descubrimos ayer cuando nos bajamos del coche. -Nunca había ido a una playa nudista, me habían hablado de ellas, y tenía curiosidad. -Yo tampoco he estado nunca en ninguna y tenía ganas de ir a una. -Seguro que para ponerte morado a mirar tetas y culos.

-No en absoluto, mi interés es meramente para experimentar lo que se siente al estar en contacto directo con la naturaleza. -Si ya, que porque no esté en la universidad no quiere decir que sea tonta, tú quieres ir a la playa nudista para mirar a tías en bolas, como todos. -Si de acuerdo, pero ¿para que quieres ir tú? -Pues porque me gusta la idea de estar desnuda en un sitio público, supongo que también es porque no he estado nunca, y bueno también puede que para ver a algún macizo si se puede. -¿Y tu hermana? -Mi hermana… -Que si sabes si tu hermana ya ha estado en alguna playa nudista. -Mi hermana tampoco ha estado, este es el primer año que se va de vacaciones sin ir con mis padres. -¿No? -Que va.

Pasó un rato mientras hablábamos, cuando apareció Laura, se tomó un vaso de leche, se sentó y se puso a mirar a la nada.

-¡Vaya cara hermanita! -Déjame que no he dormido, mi cama estaba muy blanda y me hundía.

Enseguida vino José, parecía que traía mejor cara que anoche, a lo mejor se le había pasado. Se hizo un colacao, y vino con nosotros.

-¡Buenaaas! -Hola ¿qué tal has dormido? -Muy bien -Pues yo muy mal. -¿Qué nos ponemos el bañador y nos vamos a la playa? -dijo Sonia, esbozando una pequeña sonrisa- -Venga vamos.

Cogimos el coche y fuimos a la playa, en la entrada se adelantaron Sonia y Laura, que cogieron el camino de la derecha. José se quedó un momento parado, se giró Laura y le dijo: -“venga que te estamos esperando”. Andamos hasta la zona nudista, no había mucha gente extendimos las toallas y ciertos nervios recorrieron mi cuerpo a la espera de acontecimientos, Sonia miró a su hermana, y esta le devolvió la mirada. José miraba al horizonte, al agua, supongo que no sabría donde posar la mirada, y yo miraba a las chicas, expectante, ellas me miraron, y Sonia hizo un gesto como diciendo que esperas. Cogí aire, me quité las sandalias, la camiseta. Las chicas se quitaron la camiseta, las sandalias y el pantalón, posé mis manos en la cintura de mi bañador, y ellas ni cortas ni perezosas se quitaron al unísono la parte de arriba de los bikinis, dejando libres sus pechos.

No lo pude evitar y mi cara se giró hacia ellos, Laura los tenía muy bien, pero su hermana, eso era impresionante, eran redonditos, muy grandes, con una areola grande y sonrosada y culminada en un pezón medio erecto no muy grande. Las tetas de Laura eran más normales, si las comparamos con las de su hermana. Tenía una areola más pequeña y el pezón más grande, los pechos, nada caídos, eso sí algo menos redondos que los de su hermana. “A que esperáis” dijo Sonia, José en nada se quedó desnudo por completo, y se tumbó boca abajo, sin dar tiempo a que las chicas le viesen desnudo, nada más que su culo. “Y ahora tú” dijo Laura, “cuando os quitéis lo de abajo” repliqué, “de acuerdo a la vez”, “1, 2 y ya”. Los tres a la vez nos quitamos lo que nos quedaba de ropa, mi pene ya estaba erecto, pero no se porqué me daba igual.

Se quedaron desnudas y pude ver sus cuerpos al completo, me fijé en sus pubis, el de Laura estaba completamente depilado salvo una línea central de un dedo de ancho, era impresionante, el de Sonia en cambio no estaba rasurado, pero no tenía demasiado vello. Nos tumbamos, yo boca abajo esperando que se me pasase la erección. Sonia me dijo:”¿me puedes poner crema Fran?” increíble, había surtido efecto la canción de ayer. Sonia estaba boca abajo, empecé a darle crema por los hombros, espalda, riñones… cuando llegué a su culo no supe que hacer así que empecé por abajo, por sus pies, pantorrillas, muslos, por la parte interior de estos, en una de esas pasadas debí de rozarle la vulva, pero no dije nada, dudé un poco si darle crema por los glúteos, pero una frase suya me ayudó a decidirme: “¿Qué pasa que quieres que se me queme el culo?” Seguí untándole crema por todo su culo, y poco a poco me fui atreviendo a adentrarme por la raja de su culo, y fui bajando hasta rozar su ano con la crema solar.

Cuando dejé de untarle crema, se dio la vuelta, y me pidió que le siguiese echando crema por delante, volví a empezar por sus pies, y volví a subir, al llegar a sus ingles me detuve con especial atención, subí hasta su pubis, pero su matita de pelo no me dejaba mucho lugar a dar crema, seguí más arriba llegué a su ombligo, que por cierto era muy bonito y poco a poco seguí hasta que me encontré con la parte de abajo de los pechos, volví a dudar, pero su mano cogió la mía y me la puso en su canalillo, a la vez que decía: “dame crema por todas partes, que no me quiero quemar”, con muchos nervios, le unté crema por los pechos, le dibujé los pezones con la crema, y fui agrandando los círculos hasta que acabé, por último le di crema por los brazos y terminé.

-Yo también quiero crema dijo Laura, me das un poco José.

Como un resorte se levantó y se untó las manos con crema para dársela a Laura, tenía la polla a punto de estallar, igual que la mía, Sonia, me dijo: “ahora te doy yo a ti crema, túmbate”, lo hice boca abajo, me dio crema por todas partes, desde los pies hasta el cuello, fue muy agradable, cuando terminó me dijo, date la vuelta, me la di y mi pene erecto quedó a su vista, siguió como si nada, volvió a empezar por los pies, subió, se olvidó de mi pene, probablemente por vergüenza, me untó crema por todo el cuerpo, y cuando creía que se había acabado, cogió el bote, se echó un chorretón de crema y me agarró la polla y me empezó a masturbar dándome crema, bajó la mano, y untó crema por mis huevos. “¿Qué pensabas que no te iba a dar crema ahí?” dijo. Me quedé tonto. Me dijo: “¿que te vienes al agua?” Como un autómata me incorporé y me dirigí al agua con ella y con mi erección. Una vez que me metí en el agua reaccioné, tal vez porque estaba un poco fría y empezamos a hablar.

-¿Qué tal te lo estás pasando esta mañana? -me preguntó Sonia.- -Muy bien. -Como tonto. José se lo esta pasando también muy bien dando crema a mi hermana. -Todavía no ha terminado de darle crema. -Que va está muy ocupado dándole crema en su culo. -Joder el que se había enfadado -Creo que mi hermana se siente un poco culpable y por eso le está dejando que la manoseé tanto.
-Pues que suerte, ojalá se hubiese reído de mí. -¡eh! no te quejes que tú me has manoseado a mí.
-Si tienes razón. ¿Te ha gustado? -Bueno no ha estado mal. -¿Te había echado crema algún chico antes? -¿A mí?, ¡que va! y tampoco le había echado crema a ningún chico. -Pues me ha gustado. -Me lo imaginaba, estabas empalmado. ¿Tienes novia? -¿Yo? ¿Que dices?, si ligo menos que José. ¿Y tú tienes novio? –No, no tengo novio. -¿Has tenido novio alguna vez? -No sólo me he enrollado con algún chico, pero nada serio. ¿Y tú has tenido novia alguna vez? -Si tuve una hace tiempo -O sea que no eres virgen como yo. -No, no lo soy. -Alguna de mis compañeras de clase ya ha perdido la virginidad, yo todavía no me he atrevido a buscar a ningún chico para hacerlo con él, pero tengo ganas de probar. -Bueno no te preocupes todo llegará. -Eso espero.

-¿Te dolió tu primera vez? –No. -¿Y a tu novia? -Un poco creo. -A mí la verdad es que me da un poco de miedo. -No te tienes que preocupar si lo haces con cariño todo irá bien. -Te has fijado en mi hermana, lleva el vello depilado. -Si le queda muy bien. -A mí me gustaría dejármelo igual, a los chicos como os gusta más, ¿como lo lleva mi hermana o como lo llevo yo? -Hombre a los chicos nos da igual como lo lleve la chica siempre que nos deje usarlo. -Que gracioso, venga en serio contesta. -Es más erótico depilado, no necesariamente como lo lleva tu hermana, también puede estar sin nada de vello, o con forma de triángulo. -Me gustaría hacérmelo en forma de triángulo. -Díselo esta tarde a tu hermana, a lo mejor te puede depilar. -Si no está muy ocupada con José. -¿Por qué dices eso? –Mira. -Joder le está haciendo una paja a José. -Si con la crema solar. -Que te parece si les cortamos el rollo y decimos que nos vamos que tenemos hambre. -Que malo eres, anda sal, que yo te sigo.

La conversación no me había dejado que mi polla recuperase su relajación, cuando salí del agua sin casi mirarles cogí mis cosas, Sonia las suyas, y dijimos: “Andando” “que es la hora de comer”. La verdad es que era casi la hora de comer, no dijeron nada, pero se notaba que les hubiese gustado seguir. Llegamos al chalet preparamos unas suculentas pizzas, comimos, y yo me fui a echar la siesta, no se que pasó el resto de la tarde hasta que me desperté. Cuando lo hice registré la casa se habían ido, me habían abandonado, había estado durmiendo hasta las siete de la tarde. Salí al jardín y me dirigí a la piscina. Allí me encontré con Sonia.

-“¿Dónde están estos?” pregunté. -Supongo que habrán ido a la playa a terminar lo que habían empezado antes. -¿Andando? –Si. -¿Y tú qué haces aquí? -Me daba corte ir de sujeta velas, y como me daba pena despertarte me he quedado en la pisci. -¿Tomando el sol? -Bueno la verdad es que acabo de salir, antes he estado tumbada en es sofá. -¿Sabes cuando volverían? -No me han dicho nada. -¿Necesitas crema? -No ya me he echado yo, pero si quieres te puedo echar un poco. -Vale gracias. -Ven aquí.

Me estuvo echando crema por las piernas por el pecho, la espalda, hombros, brazos… cuando terminó me preguntó:

-¿Quieres tomar el sol desnudo? -De acuerdo ¿tú vas a tomarlo desnuda? -Si, quítate el bañador.

Tal vez debido al sueño mi pene no estaba en erección. Empezó a untarme crema por mi culo, mis piernas, hasta que llegó a mi pene y lo manoseó un poco. Mi pene enseguida se erectó.

-Ahora desnúdate tú. -De acuerdo, pero… -Pero ¿qué? -Pero no te rías -Reírme ¿por qué? si ya te he visto desnuda.

Se quitó la parte de arriba, y luego la de abajo, cuando dejó al descubierto su pubis, estaba completamente rasurado.

-¿Y eso? -Pues nada que mi hermana se ha puesto a depilarme para hacerme un triángulo, y se le ha ido la mano y me ha dejado sin un solo pelo. -Me encanta como te queda. -¿De verdad? Gracias. -Si la verdad es que me estás poniendo malo, más malo que esta mañana. -Je, je. -¿De qué te ríes? -Pues que siempre la tienes empalmada. -Normal teniéndote a ti desnuda delante de mí, con lo buena que estás. -De verdad crees que estoy buena. -Por supuesto, si no fueses tan pequeña, ya habría intentado liarme contigo. -No soy pequeña, tengo dieciocho años. -No te enfades. -No me enfado, pero es verdad si quisieses podrías intentar seducirme, lo que pasa es que soy una niña todavía. -No es cierto, tienes el cuerpo de una mujer, y por como te comportas también la cabeza. -O sea que te liarías conmigo. -Bueno puede que si lo hiciera.

Hubo un silencio.

-¡Venga al agua! dijo y se zambulló en la piscina salpicándome. La imité y me metí en la piscina.

El agua estaba muy caliente. Pronto empezó a hacerme ahogadillas y a jugar conmigo en el agua, agarrándome de la cintura, colgándose de mi cuello, abrazándose a mí… en fin me estaba poniendo muy malo, lo peor era que sabía que ella lo hacía aposta para ponerme cachondo, tal vez por su edad o tal vez por ser la hermana pequeña de mi amiga no intentaba nada con ella, estuvimos con esos juegos hasta las nueve de la noche, cuando salimos parecíamos garbanzos. Hacía aire así que nos metimos en casa, cogí la única toalla que había a mano y me cubrí para secarme, entonces vi a Sonia que se había quedado compuesta y sin toalla, tiritando un poquito, así que saqué mi vena caballeresca, y le ofrecí la toalla, ella en vez de cogerla lo que hizo fue pegarse a mí y arroparse con la toalla y con mi cuerpo, del mismo movimiento me impulsó al sillón y nos quedamos sentados desnudos, juntos únicamente tapados por la toalla. El mando de la tele estaba cerca, así que Sonia lo cogió y conectó la tele, puso antena tres y estaban echando las noticias.

-¡Anda! ya está el telenoticias y mi hermana y José no han venido. -Se habrán quedado tomando un baño en el mar. -Ya, pero empieza a ser tarde, y no tienen coche. -No te preocupes seguro que están bien.

En eso aparecieron, por la puerta y cuando nos vieron en esa pose, José se sonrió y dijo:

-“¿que, haciendo Zapping?” -No es que nos hemos bañado en la piscina hacía frío y sólo teníamos esta toalla, y ahora os estábamos esperando. Dijo Sonia. -Bueno vestíos e id preparando la cena, mientras nos duchamos. -De acuerdo Laura, Fran y yo haremos la cena mientras os ducháis.

Cenamos enseguida y como el día había sido largo para José y para Laura se fueron a dormir, eso si a la habitación de matrimonio que era donde dormía José, por eso de que Laura no podía dormir en su cama porque se hundía. Sonia y yo nos quedamos un rato viendo la tele, abrazados, yo estaba cogiendo mucha confianza, así que estuve un rato acariciándole los brazos, ella se empezó a quedar dormida, y me dijo que se iba a la cama, me dio un beso entre la mejilla y los labios, y se fue, creo que me estaba empezando a gustar mucho Sonia, pero no dije ni hice nada, cuando se fue a la cama, apagué la tele, y me acosté.

Los días pasaban y la rutina de que José y Laura se fueran por su lado a estar juntitos, y nos dejasen a Sonia y a mí solos, era cada vez más habitual, íbamos a la playa juntos, pero cuando Sonia y yo estábamos en el agua ellos se quedaban en la arena, y viceversa. Llegó el viernes, por fin íbamos a salir a dar una vuelta, nos enteramos de una discoteca en Guardamar, el pueblo de al lado, Se llamaba Quo. Esa tarde llegamos pronto de la playa, para cenar y arreglarnos, yo me puse un pantalón gris, y una camiseta azul y blanca, con unos mocasines, José se puso unos vaqueros y una camisa de manga corta, y las chicas nos hicieron esperar un montón, eran las doce y media y todavía no habían terminado de arreglarse.

Cuando por fin aparecieron, nos dimos cuenta que la espera había merecido la pena, Laura iba preciosa, con un pantalón negro ceñido, y una camiseta blanca con escote tipo palabra de honor, pero Sonia iba impresionante, con una minifalda blanca, que dejaba al descubierto esas preciosas piernas que tenía, con una camiseta blanca también que sólo tenía sujeción en un hombro, y dejaba al descubierto todo su abdomen, más bien era un top, que hacía que sus pechos parecieran más descomunales de lo que por si ya eran, llevaba también unos zapatos de tacón, y una capa de maquillaje, parecía una gogo, estaba buenísima.

Cogimos el coche y nos encaminamos a Guardamar, tuvimos suerte y encontramos la discoteca enseguida, pagamos y entramos, estaba casi vacío, pero era normal, era apenas la una y media de la mañana, aprovechamos y nos fuimos a la terraza a tomar algo tranquilamente antes que llegase el bullicio de todo el mundo, estuvimos hablando, y lógicamente surgió lo de la relación que acababan de comenzar José y Laura, la verdad que no aclararon nada, no hacían más que repetir, que de momento sólo estaban tanteando… y no se que más. A eso de las tres de la mañana nos adentramos en la sala de baile, y nos dirigimos hacia un pódium metálico, donde probablemente se pondrían los gogos a bailar, pero que esa noche fue de uso exclusivo de Sonia y Laura, que nada más verlo se lanzaron a subirse a él, nosotros desde abajo las animábamos.

Durante toda la noche fueron el centro de atención nuestro y del resto de los chicos de los alrededores, yo no tuve ojos en toda la noche nada más que para Sonia que para eso de las cuatro y media ya estaba bastante borracha, y sus bailes habían pasado a ser casi eróticos, pues se agachaba, se acuclillaba… llevando esa minúscula minifalda, y dejando al descubierto su tanga blanco, esos movimientos continuaron hasta eso de las seis, de la mañana que acompañada de Laura decidieron bajar del pódium y decirnos que si nos íbamos ya, a lo cual yo accedí encantado, después de todo había estado de pie unas cuantas horas y con el cuello mirando continuamente hacia arriba para poder ver el tanga de Sonia.

Cuando llegamos al chalet, Sonia y Laura se fueron a quitar el maquillaje, cuando salieron, Sonia iba solo con el tanga el resto de su ropa iba en la mano, la cogí, la rodee con mis brazos y la besé en los labios, ella respondió al beso, le pregunté: “¿quieres dormir conmigo?” Ella respondió afirmativamente nos fuimos a mi habitación, ella se metió en la cama sólo con el tanga, y una vez dentro de la cama también se lo quitó, yo me desnudé también, pero cuando me metí en la cama, ella ya se había quedado dormida, pobrecita, estaba molida. Hice lo mismo y yo también me dormí. A abrir los ojos vi a Sonia acurrucada sobre mi pecho, me miró, se sonrió, y me dio un beso en los labios, me dijo:

-“siento haberme quedado dormida, pero es que estaba molida”. -No pasa nada yo también estaba muy cansado. -¿Nos levantamos a desayunar? -Dirás más bien a comer porque son ya las dos de la tarde. -¡Jo que tarde! Nos levantamos, nos medio vestimos y en la cocina vimos una nota que ponía: “nos vamos a la playa, comeremos fuera, probablemente vengamos para la hora de la cena”. -Nos han dejado solos ¿qué quieres comer?-Me apetece pizza. Respondí. -De acuerdo comeremos pizza, después ya veremos que hay de postre. Dijo de forma muy sensual.

Comimos, y como estábamos todavía un poco cansados nos volvimos a ir a la cama. Allí me empezó a besar Sonia en los labios, me empezó a meter la lengua, y estuvimos enrollándonos durante bastante tiempo, empecé a acariciar las piernas de Sonia, y ella me correspondió con más caricias, fui subiendo mi mano hasta posarla en su culo, en el tiempo que llevábamos de vacaciones y pese a haberla tenido a tiro nunca le había metido mano ni le había tocado el culo, aproveché y rodeando su cintura subí por su abdomen hasta llevar mi mano a uno de sus pechos escasamente cubierto por el triángulo de la parte superior de su bikini, pronto conseguí que ese minúsculo pedazo de tela dejase libre a su pezón, empecé a pellizcarlo, a sobarlo, a amasar su pecho, dejé de besarla y llevé mi boca a ese maravilloso pezón erecto, lo besé primero, saqué mi lengua y lo lamí en círculos, en cruces, lo mordí despacito, luego más rápido, y luego fuerte, estirando de él hacia mí, seguí succionándolo sin soltarlo con mi mano, y mi otra mano instintivamente la dirigí a su otro pecho, esta vez la tela apenas permaneció milésimas de segundo entre su pecho y mi mano.

pecé a sentir que sus manos me empujaban la cabeza hacia abajo, me dejé llevar, pararon a la altura de su cadera, comprendí lo que quería, así que llevé mis manos a la cintura de su pantalón introduje un dedo de cada mano por cada lado del pantalón se lo bajé, se lo quité, le abrí un poquito las piernas, le besé su pubis a través de su bikini, se lo retiré a un lado y le empecé a besar su ingle izquierda, ella retiró sus manos de mi cabeza las puso en el borde de su braguita del bikini, levantó su cadera y bajó sus bragas hasta sus tobillos, con un movimiento de su pierna derecha, las braguitas volaron, me volvió a coger la cabeza, la dirigió a su entrepierna, y susurró:

“Venga hazlo”, supe lo que quería, así que saqué mi lengua y empecé a recorrer con ella las inmediaciones de su vagina, primero las ingles, luego recorrí de arriba abajo su rajita, me centré en su clítoris, y lo lamí en círculos, empezaron a recorrer el cuerpo de Sonia unos leves temblores, esos leves temblores se fueron enfureciendo, hasta estallar en un espasmo reflejado en una contracción muscular y una presión de sus manos sobre mi cabeza hacia su coñito, ni un grito, ni un gemido, solo una serie de inspiraciones y exhalaciones cada vez más fuertes, daban a conocer un orgasmo, se relajó, y casi rota de placer, articularon sus labios un: “¡sigue!”, yo lo hice gustoso, retiré mi lengua de su clítoris y fui bajando hasta su vagina, allí mi lengua saboreó sus flujos, recorrió la entrada, y la penetró a modo de pene, se inició un mete saca de lengua que pronto hizo recobrar las fuerzas y volver a agarrarme la cabeza con sus manos, durante un momento pensé en desnudarme y penetrarla allí mismo, pero recordé que era virgen así que separé mi cabeza de su vagina, y la pregunté:

-“¿Quieres que hagamos el amor, cariño?” Ella dudó un poco, y contestó muy bajito: -“Vale, pero ponte un preservativo.”

Me acerqué al armario mientras me iba desnudando, fui a mi maleta, y de un bolsillo lateral saqué un paquete, cogí uno lo abrí, y la pregunté: “¿Quieres ponérmelo tú?” Ella respondió: “no se como se pone, mejor te lo pones tú y ya me enseñarás en otro momento, pero “¿a que esperas?” “A nada” respondí, sin pensármelo cogí mi pene, lo dirigí a la entrada de su vagina, posé mi punta sobre su entrada, y con un leve, pero constante movimiento de pelvis lo introduje sin esfuerzo alguno dentro de ella, se agarró a mis brazos, y según fui introduciendo mi pene fue apretando más y más fuerte, pero no dijo ni una palabra, ni una sola queja. ¿Le estaría doliendo?, fue cuando empecé a retirar mi pene para empezar el mete-saca, cuando entonces me dijo:

-“Espera un poco dentro de mí, que me acostumbre”. -No te preocupes, no la iba a sacar, solo iba a retirarla un poco para volver a meterla, ¿Te está doliendo? -Un poco, pero no tanto como me esperaba. -No te preocupes ya verás como no es nada. -Venga empieza si quieres.

Así lo hice, poco a poco fui retirando mi pene para después volverlo a introducir igualmente de despacio. Poco a poco pude ir acelerando el ritmo, y según fui haciéndolo, empecé a escuchar unos leves sonidos procedentes de Sonia, por fin la escuchaba gemir, cada vez se fueron acrecentando esos gemidos, casi a la vez que yo aceleraba el movimiento de la cadera, pronto empecé a sentír una gran presión en la base de mi glande, y como fluía a través de mi pene el semen que se iba acumulando justo debajo del glande, estaba a punto de explotar, justo cuando estaba sintiendo esto, noté como la presión sobre mi pene fue a más…

Sonia se estaba corriendo y sus gemidos habían pasado a ser gritos, con la presión de sus paredes vaginales, mis sensaciones al meter y sacar mi pene de dentro suyo se intensificaron, hasta hacerme alcanzar el éxtasis estallando en un orgasmo, mi pene eyaculó en cinco ráfagas a cual más potente, y luego en dos pequeñas casi sin fuerza, el orgasmo fue impresionante, pero el de Sonia fue increíble. Después de sacar mi pene, caí rendido a su lado, ella estaba extasiada, con una sonrisa increíble, la pregunté:

-¿Te ha gustado? -Si mucho. -¿Te ha dolido? -Sólo al principio. -¿Y después? -No después solo he sentido placer. Por cierto ¿He sangrado? -dijo mientras se llevaba la mano a la entrepierna. -No parece que no lo has hecho -dije después de ver su mano limpia. -Pero a mí me habían dicho que iba a sangrar. -Pues ya ves no lo has hecho, y apenas te ha dolido, y has tenido varios orgasmos. -Si -dijo sonriendo. -Ven acurrúcate. -¿Vas a querer ser mi novio? ¿O solo has hecho el amor conmigo para tirarte a una más? -Claro que querré ser tu novio, es más llevo varios días desvariando por ti, desde que nos empezaron a dejar solos, lo que pasa es que no me he atrevido a decir ni a hacer nada por miedo a tu rechazo, a la reacción de tu hermana, además también me daba miedo la diferencia de edad. -¿Pero ya no te importan esas cosas? -No, ya no, ahora me importas tú.

Nos quedamos acurrucados en la cama durante toda la tarde, a eso de las ocho y media regresaron José y Laura, cuando los escuchamos, nos vestimos rápidamente, salimos a recibirlos, les preguntamos que dónde habían estado, que habían comido, y esas cosas, Laura nos preguntó que qué habíamos estado haciendo durante todo el día, que si habíamos ido a la playa, que si habíamos estado en la piscina… Nos dijeron que si íbamos a salir esta noche, contestamos Sonia y yo al unísono, que si.

-Parecéis novios. -Dijo José.- -Bueno tal vez deberías saber… -empezó a decir Sonia. -…que somos novios. -concluí yo- -¿Cómo? -preguntó entre sorprendida e inquieta Laura. -No te preocupes yo quiero a Fran y él me quiere a mí. -Es verdad. -dije yo. -Bueno ¿y qué tiene de malo? -preguntó José. -No, nada, ni tiene nada de malo es solo que me he sorprendido. -Bueno que sepáis que nosotros también somos novios y además nos vamos a duchar. -zanjó José cogiendo de la mano a Laura y llevándosela al baño.

Esa noche salimos otra vez a la misma discoteca, Sonia se puso guapísima, como una auténtica princesa, pero esta vez no se subió al pódium en ningún momento, estuvo conmigo sentada en el piso de arriba en una mesa, y estuvimos enrollándonos, besándonos, acariciándonos y abrazándonos, Laura y José se perdieron esa noche por la discoteca, igual que el resto de las vacaciones que cada pareja estuvo a su bola. Yo no podía creer que estuviese saliendo con una auténtica diosa, y que encima hubiese sido yo quien la desvirgase, y que encima día a día me estuviese demostrando que me quería y me amaba. Cuando volvimos a Madrid, seguimos igual, e incluso ese verano Sonia y Laura consiguieron quedarse en Madrid y no irse con sus padres de vacaciones. Desde entonces Sonia y yo hemos sido novios y felices juntos, a José se le pasaron todos los cabreos, y supongo que debió aprender a tratar a las mujeres, si Laura estaba siendo su maestra lo estaría aprendiendo muy bien. Y esto es todo.

Autor: PJ100llaloves

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