Mi adorable novia Virginia (XII). En la comisaría

Esta aventura de mi novia Virginia es más que increíble. Pero te aseguro que es completamente cierta. Ja sabes por otros relatos que mi novia y yo nos casaremos pronto y que hasta entonces hemos decidido no tener ningún tipo de relación sexual: a ella le hace ilusión llegar virgen al matrimonio y yo se lo respeto, aunque a menudo me muera de ganas de hacerle el amor. La cuestión es que este viernes 19 de febrero tuvo que acudir a la comisaría a denunciar el robo de su billetero, con toda la documentación. Quedamos con ella que yo la acompañaría, pero los viernes es cuando voy más cargado de trabajo y ella se adelantó y más tarde iría yo.

Virginia iba vestida muy guapa, con una blusa azul claro, una falda negra muy corta, medias oscuras, botines y un abrigo azul marino encima. Al verla entrar, el policía fue muy educado con ella y le hizo pasar a una sala de espera:

  • Enseguida le atenderán, señorita. Mientras, puede esperar en esta sala.
  • Gracias, es usted muy amable, señor policía. Pronto vendrá mi novio Juan para acompañarme.
  • Muy bien. Cuando llegue ya le haré pasar.

La sala estaba vacía. Debían tener la calefacción muy alta puesto que hacía mucho calor. Al cabo de unos minutos, mi novia se quitó el abrigo y se sentó en uno de los  asientos, bastante confortables. Tomó una revista y se dispuso a leer para pasar el rato.

Después de unos minutos, el calor le dio sed y se fijó que había un dispensador de agua fresca. Sin pensárselo dos veces, mi novia se levantó y presionó el botón. En ese momento, se abrió la puerta y entró un hombre alto y fornido y vio a Virginia inclinada bebiendo agua.

  • Hum, que rica está! – oyó que decía la chica.

Hum, que buena está – pensó el hombre al ver casi todo el culo de mi novia. La faldita no cubría casi nada y él podía ver incluso un sexy y minúsculo tanguita blanco, poco más que un hilo dental.

  • Oh, hola! – dijo mi novia, girando la cabeza hacía el recién llegado.
  • Hola, señorita! Buenos días!

Virginia se dio entonces cuenta de que el desconocido miraba su culo y enseguida irguió su espalda y se estiró la falda para abajo. El hombre se sorprendió al ver que era tan corta que apenas tapaba las braguitas  de la chica y mostraba una parte de sus muslos, la que las medías no cubrían, por encima de las ligas. Cuando ella se sentó, el hombre quedó boquiabierto porque mi novia le mostró completamente el tanga.

Ella se apercibió que él la devoraba con sus ojos y cruzó sus piernas, aunque no pudo impedir seguir mostrando sus muslos. Entonces, ella cubrió sus piernas con el abrigo. Pero el calor seguía siendo insoportable. Se desabrochó un botón de la blusa y, sin darse cuenta, enseñó un poco el sostén, pequeño y de un blanco inmaculado. El hombre le miraba descaradamente el pecho y a ella la cosa le empezaba a dar morbo. Así que, sólo para jugar un poco, se desabrocho otro botón y dijo:

  • Hace mucho calor, verdad, caballero?
  • Sí, parece mentira que estemos en invierno y que pasemos tanto calor. Si no se cubre con el abrigo, usted no tendrá tanto calor, señorita.
  • Sí, bueno… yo…
  • Apártelo, ve? Así, a que está más fresquita?
  • Sí, es verdad, claro. Gracias!
  • Además, claro, con estas medias! Aunque veo que no son pantis y que llegan sólo hasta poco más de por encima de la rodilla.
  • Sí, se fija usted mucho, caballero.
  • Cómo no me voy a fijar, hija? –

Virginia estaba muy caliente al saber los ojos del hombre mirándole fijamente los muslos y el pecho.

  • Tengo sed! – y se levantó, dio la espalda al señor, se inclinó para beber y descubrió completamente las nalgas y el tanga al hombre. Él no pudo reprimir levantarse y cogerle el culo con las dos manos.
  • Eh, pero que hace? Qué se ha creído?
  • Hum, es que estás muy buena! No te preocupes, te voy a pagar bien!
  • Pero… por quién me toma?
  • Tranquila, soy abogado, te sacaré de aquí!
  • No, si yo no…
  • De verdad que eres la puta más guapa que conozco! Y mira que he conocido muchas! – y el abogado abraza a mi novia y quiere besarla. Ella aparta su cara. Él acerca su mano a las braguitas de Virginia bajo la falda y exclama: – Hum, zorrita, estás muy caliente! – Entonces introduce su dedo medio en tanga y le acaricia la vulva: – Oh, pero si estás muy húmeda! Vaya zorrita más caliente!
  • No, no, es el calor!
  • El calor? A ver! – lame el dedo y dice: – El sabor no es a sudor, sino a tus jugos más íntimos! Qué sabrosos! Dame un poco más! – y vuelve a introducir el dedo en mi novia.
  • Oh, no, por favor, hum!
  • Te gusta, eh, zorrita?
  • No, no! Tengo novio y le quiero mucho!
  • Bueno, pero ya se sabe, si eres novio de una puta…
  • No soy una puta!
  • Ya, eso dicen todas! – y le introduce los cinco dedos en la vulva. Mi novia no puede evitar producir mucho flujo ante tanta excitación. – Oh, pero si me has empapado la mano! Eres una guarrita!
  • No, no soy guarrita! Ah! Uy!
  • Pero si estás que rezumas, chica! – se sorprende el abogado ante tanto flujo. Lame sus dedos y los vuelve a introducir.
  • Te gusta, eh, zorrita?
  • No, no, por favor, voy a llamar a la policía!
  • No, no, ya te dejo, ya te dejo.
  • Sí… No, no, tampoco es eso. Un dedo, sí, ay!
  • Sólo si me das un beso!

Ella le mira entre enfada y divertida y le besa levemente en la mejilla.

  • Con este beso no tengo bastante. En los labios!
  • No, ya te dije que tengo novio!
  • Pues entonces… nada. Vamos a dejarlo.
  • Pero no ves cómo estoy? – mi novia se sube la falda y muestra sus braguitas completamente trasparentes por la humedad y sus muslos chorreando.
  • Sí, estás a cien! Pero debes darme un beso en los labios.
  • Vale, un piquito! – dice ella y le da un rápido beso en los labios. Entonces el abogado accede con mucho gusto a acariciar la vulva de mi novia con un dedo; la penetra suavemente con él, lo saca, lo lame y la vuelve a penetrar, y así repetidamente.
  • Hum, qué bueno! Méteme más dedos, por favor!
  • Sólo si me das un beso en la boca!
  • No, eso no, estoy a punto de casarme!
  • Pues entonces, nada!
  • Pues, nada! Oh! Bueno! Venga, un beso rápido! Y me metes los cinco dedos! – la chica abre su boca y la ofrece al abogado, que enseguida la besa apasionadamente, mientras le baja el tanga, completamente empapado, hasta los tobillos, y le introduce casi toda la mano en su vagina. Ella no puede más y estalla en un orgasmo lleno de suspiros y jadeos. Él lame su mano empapada mientras le introduce la otra, intercambiándolas, ahora mojando una y lamiendo la otra, ahora mojando la otra y lamiendo la una. Ella sigue con su multiorgasmo.
  • Vaya, vaya! Además de muy guapa eres muy caliente, zorrita! Debes ganarte muy bien la vida!
  • Pues sí, me la gano muy bien! Pero no en lo que usted cree!
  • Ya, ya! Bueno, mira cómo estoy, zorrita! – y le muestra un gran bulto bajo el pantalón. – Ahora me toca disfrutar a mí!
  • Cómo? No! Pero que se ha creído!
  • Ya te dije que te voy a pagar bien!
  • De ninguna manera! Usted es un fresco!
  • Vaya, mira quién fue a hablar!
  • Usted se aprovechó de mí! Yo no quería nada con usted!
  • Pero si me has suplicado que te metiera mi mano en tu coño!
  • No, no es verdad! – se abrocha los botones de la blusa y estira la falda para abajo. Entonces se da cuenta que tiene las braguitas en los tobillos: – Oh! Están muy mojadas!
  • Claro, pero si pareces una fuente! De ambrosía, néctar muy sabroso por cierto!
  • Gracias, es usted muy amable! Mejor que me quite el tanga, porque así tan empapado…
  • Claro que sí, yo te lo guardo!
  • No!
  • Como recuerdo! Va, y no contaré nada a nadie!
  • Bueno, si es así…

El hombre se guarda las braguitas de mi novia, después de olerlas y lamerlas:

  • Oh, que sabrosas! Gracias!
  • Es usted muy amable, caballero.

Virginia se sienta a esperar que la atiendan. Al no llevar bragas, enseña toda la vulva al abogado, que se relame descaradamente. Ella se da cuenta e intenta cubrirse con la faldita, pero es imposible. Eso la calienta y se moja de nuevo. Él se da cuenta y la mira fijamente:

  • Oye, zorrita, si no hacemos algo, vas a empapar el asiento. Y eso no gustará nada a la policía!
  • Pues no me mire, por favor!
  • No, tengo una mejor idea!
  • Usted y sus ideas!
  • Mira, si me enseñas las tetas, te soluciono el problema de tanto jugo!
  • No, pero cómo voy a enseñarle el pecho!
  • Eso no es nada para una zorrita como tú!
  • No soy una zorra! Para nada! Como máximo, te enseño los sostenes!
  • Bueno, vale, de acuerdo!

Mi novia se desabrocha tres botones de la blusa y la aparta para mostrar el sostén al abogado. Él se asombra al ver que es muy sexy y tan pequeño que muestra más el pecho de mi novia que no lo cubre.

  • Tienes unas tetas muy bonitas, hija!
  • Gracias, es muy amable! – dice ella ruborizándose y emitiendo una gran bocanada de flujo.
  • Con estas tetas, debes ganarte muy bien la vida!
  • No soy una puta! Ay! – empapa toda la falda y el asiento. El abogado se da cuenta y se acerca a la chica. Se agacha, le aparta completamente la falda hasta convertirla en poco más que un cinturón, le abre las piernas y ella reacciona con un chorro de flujo que le empapa su cara.
  • Oh, que buen recibimiento! Gracias, putita! – acerca sus labios y empieza a sorber todo el líquido. Le introduce la lengua y la lame con avidez, pero ella no cesa de emitir flujo y más flujo. Le mantiene las piernas abiertas mientras con una mano abre completamente los labios de la chica
  • Tienes un coño muy bonito, sonrosadito y caliente!
  • Gracias, caballero! – y empieza a gritar ante el nuevo orgasmo que disfruta – Oh, ah, ah!
  • Cuidado, que nos van a oír!

En esas que se abre la puerta y entra un joven rubio. Da un paso y se sorprende al ver a mi novia con las piernas abiertas, la falda en la cintura, mostrando completamente el sostén y casi el pecho, con un hombre amorrado en su vulva, sorbiéndola, bebiéndola, casi comiéndola.

  • Pero… qué?
  • Hola, joven! No, no pasa nada, es que la chica es muy putita, sabes? Y le estoy haciendo un favor!
  • Cómo? No entiendo!
  • No soy una puta! De ninguna manera!
  • Yo aviso a la policía, esto es muy raro!
  • No – grita ella asustada- por favor, no! – aparta la cabeza del abogado, cierra las piernas, se cubre con la faldita tanto como puede, que es poco. Empieza a sollozar.
  • A ver, joven, tranquilo, mire, soy abogado.
  • Sí, es cierto. Ya veo.
  • Ella es una prostituta, cliente mía, y… bueno, que estábamos matando el tiempo mientras nos atienden.
  • Bueno, sí, es cierto, suelen hacer esperar mucho. Pero yo aviso a la policía, que aquí no es sitio para…
  • Por favor, no digas nada, tengo novio, estoy a punto de casarme…
  • Esto a mí no me importa – dice el joven sin conseguir apartar la vista de los muslos de mi novia y del sostén que todavía muestra completamente.
  • Mira, espera un momento, ella es una puta muy buena, además está muy buena como puedes ver.
  • Sí, guapa sí es!
  • Vaya si lo es!
  • Gracias, caballeros! – dice ella sonrojándose.
  • Ella puede hacerte un buen descuento si no dices nada a la policía.
  • No, pero yo no… – objeta mi novia.
  • No estarías dispuesta? O eso o te denuncia a la policía?
  • Qué me harías, chica? Cuánto me costaría?
  • Lo que quieras, te hará lo que quieras! Y a mitad de precio! Verdad, niña?
  • No, yo no soy una puta!
  • Bueno, eso no es lo que yo vi al entrar, con perdón.
  • Qué te gustaría? Venga, pide! – dice el abogado.
  • Bueno, me gustaría verle… las tetas… i el culo.
  • Sólo eso? Venga, niña, eso sí se lo puedes hacer, verdad? Y gratis!
  • Sólo para que no diga nada a la policía, que no quisiera que mi novio se enterara.
  • Sí, claro que se iba a enterar.

El abogado la levanta del asiento, la acerca al joven y le aparta el sostén para mostrar unos pechos rotundos, perfectos. Él abre los ojos como platos. Después de unos segundos, el señor acompaña a mi novia, le da la vuelta para que le dé la espalda al joven, le empuja un poquito para inclinarla y la faldita sube automáticamente hasta mostrar todo el culo.

  • Oh, qué bonito – exclaman conjuntamente el señor y el joven.
  • Gracias! Son ustedes unos caballeros! Y agacha un poco más su espalda hasta enseñarle su ano, muy húmedo, y su vulva, muy abierta y empapada.
  • La verdad es que vale la pena. No voy a decir nada, no te preocupes, chica. Aunque, ya puestos, tengo otro deseo…
  • Pide, hombre, pide – dice el abogado.
  • Me haría ilusión darla por el culo! Nunca lo he hecho todavía con nadie! Y ella lo tiene tan apetitoso!
  • Sí, la verdad es que dan ganas de encularla, está irresistible.

Ella, al oír esas palabras, no puede evitar calentarse mucho y, enseñándolo todo, chorrear, humedeciendo más su vulva, sus muslos y las medias.

  • Mira, ella es una puta muy cara. Pero tratándose de ti… te lo haría a mitad de precio.
  • No, yo no cobraría nunca por eso!
  • Oh, sí que eres puta, de tantas ganas que tienes, te dejarías dar por el culo sólo por vicio! – dice el joven sorprendido!
  • No!
  • Bueno, ella es mi cliente y los tratos los haces conmigo. Mira, por ser tú, puedes encularla por… pongamos… cien euros!
  • Sólo? Por darla por el culo pagaría miles!
  • No, yo no soy una puta!
  • Pero hija, si estás rezumando sólo de oír que te quiere encular!
  • Bueno, es que el joven es muy guapo. Y estoy muy caliente! – se defiende ella, sonrojándose avergonzada y lanzando más y más flujo, pero sin dejar de mostrar el culo y su vulva muy abierta a los dos hombres.
  • Oh, pobrecilla, está llenando incluso sus medias de flujo! Y sus botines! Y el suelo! Claro, como no usa bragas! – exclama el joven.
  • Ya ves, no lleva braguitas porque es una zorra muy caliente y siempre quiere estar a punto!
  • No, no diga eso, no es verdad!
  • Quieres que te seque tanto jugo? Vas a dejarlo todo empapado!
  • Sí, séqueme como antes, ay – solloza aún sin levantarse, apuntando sus pechos en dirección al suelo y enseñando incluso una vulva más abierta.
  • Mira, te secaré si dejas que el chico te dé por el culo.
  • Pero qué se ha creído? Que tengo novio, y le quiero mucho!
  • Ya, por eso nos estás enseñando tu coño y tu culo todo el rato! No dirás que no te gusta hacerlo, puta, tus chorros de flujo te delatan! – dice el abogado.
  • Ay, es que… ay…
  • Venga, chico, sácate la polla!

El joven no se hace de rogar y libera su pene. Ella, aun mostrándole el culo y su sexo muy abierto, se admira al verlo tan grande, grueso y empinado y lanza otro chorro de flujo.

  • Pero no puede ser! Este pollón no me cabría nunca en mi culo!
  • Sí, tienes el ano muy pequeño, muy prieto.
  • Es que… bueno… digamos que… soy virgen.
  • Una puta virgen? venga, vamos, eso no te lo crees ni tú, zorrita! – le contesta el abogado, que se agacha bajo la chica, empieza a lamerle los muslos, luego la vulva, le penetra la vagina con la lengua, se relame, le abre todavía más el coño con la mano, le masajea el clítoris… Ella está que arde y explota en un nuevo multiorgasmo. El joven aprovecha y le abre algo el ano con la mano. Le acerca el glande al agujerito y la lubrica. También recoge el flujo de la chica y se lo introduce en el ano. Ella nota el masaje anal y abre su culo tanto como puede. En esas que el joven la penetra suavemente con su gran pene hasta la mitad. Ella gime de placer y ducha al abogado con un gran chorro de ambrosía i él se relame. El joven saca su pene y la vuelve a penetrar ahora con fuerza, ella responde abriendo más su culo, él lo saca de nuevo y la penetra hasta el fondo. El joven no puede resistir tanto placer y eyacula en las entrañas de mi novia, experimentando ambos un intenso orgasmo. Mi novia no puede evitar expresar su gran gusto con suspiros, gemidos y gritos.
  • Pero, qué pasa aquí? – exclama un policía que entra al oír los gritos de Virginia, a la que ve sin bragas, con el sostén debajo del pecho, siendo enculada por un joven y con el abogado lamiéndola y chupándole el clítoris i la vagina – Qué están haciendo? Ah, pero es ella la prostituta que hemos detenido? Pero cómo es que está aquí?
  • No, no soy una prostituta!

El policía dice:

  • No, ya! Como si no lo viera con mis ojos! Apártese, don Onofre, la chica debe estar en el calabozo, no aquí en la sala de espera… trabajando.
  • No, usted se confunde, señor policía, no soy una prostituta – se defiende mi novia con el pene del joven todavía en su culo.
  • Por favor, joven, saque su pene del ano dela chica.
  • Sí, sí, perdone usted. Es que se está tan bien ahí dentro! – al sacar su pene, los tres hombres se admiran del ano tan abierto de la chica, rezumando semen del joven.
  • Señor policía, no me dirá usted que la joven no es atractiva!
  • Yo no digo nada, sólo que ella está detenida. Me la llevo al calabozo.
  • No, por favor! No soy una prostituta- solloza mi novia, chorreando semen y flujo por el culo hasta sus muslos y medias.
  • Oh, pobre chica! Pero si todavía no le he pagado por darla por el culo. Los cien euros!
  • Sólo cien euros! Me sabe mal, chica, mira que ser puta por tan poco dinero, con lo joven y guapa que eres! – dice el policía, antes de esposarla y llevársela de la sala de espera hacia el calabozo, todavía mostrando el pecho con el sostén bajo las tetas y con la breve faldita cubriendo apenas una pequeña parte de su culo.

Al cruzar la comisaría, los otros policías quedan boquiabiertos ante mi novia tan guapa, esposada y medio desnuda. Su sorpresa aumenta al verla de espaldas y admirarse de casi todo su culo, sus muslos y sus medias empapadas.

  • No, por favor, no me dejes aquí en el calabozo. Va a venir enseguida mi novio y tendrá un disgusto de muerte. Por favor!
  • Tranquila, chica. Podías haber pensado en eso antes de ponerte a practicar la prostitución.
  • No, pero ya le dije que no soy prostituta, se trata de un malentendido, de verdad.
  • Lo vi con mis ojos, no puedes negarlo – dice el policía sujetando las esposas en una cadena de la pared, sin dejar de admirar sus pechos i sus muslos. Ella se sienta en el taburete y solloza apenada.

Al cabo de unos minutos, llega don Onofre, el abogado:

  • Hola, cómo estás? Siento lo que ha pasado!
  • No, si la culpa es mía! Aunque no soy ninguna prostituta, lo cierto es que estaba muy caliente y usted en realidad me ayudó.
  • Bueno, depende de cómo lo mires. Lo cierto es que disfrutabas con mis masajes, mis lametones… Y también me he fijado que te ha gustado mucho que el joven te diera por el culo. Me has duchado completamente con tu orgasmo. Eres una chica muy caliente, zorrita.

Al oír eso mi novia se ruborizó pero no pudo evitar sentir que eso la halagaba y empezó a calentarse de nuevo.

  • Uy, pero, si se te han erizado los pezones! No me dirás que…? A ver… – el abogado acerca su mano a la vulva de mi novia y comprueba que vuelve a mojarse. La mira con sorpresa y cara de pícaro.
  • No, no me toque, me da vergüenza.
  • Tranquila, niña, mira, estamos de suerte, he hablado con uno de los policías, que tiene algo de poder aquí dentro, y está dispuesto a dejarte en libertad, sin cargos por prostitución ni nada.
  • Oh, de verdad! Es que en realidad soy inocente! Y no le dirán nada a mi novio?
  • Si quieres que yo te represente, lo puedo arreglar, sin ningún problema. Soy un abogado muy bueno, sabes? Con mucho prestigio!
  • Oh, gracias, gracias! No sé si podré pagarle sus tarifas.
  • Bueno, eso lo hablamos luego, no te preocupes.
  • Sí, sí. Que vengan a desatarme y a quitarme las esposas. Y a dejarme vestir por favor.
  • Bueno, bueno, sí, pero… más tarde. Precisamente eso es un aparte del trato. Que no te vistas ni te desaten todavía.
  • Cómo? Pero mi novio está al llegar! No puede verme así!
  • No, no te preocupes por eso.
  • Sí, eso es lo que más me preocupa!
  • Qué, la chica quiere colaborar? – dice un policía algo mayor que entra en el calabozo.
  • Sí, sí, claro, por supuesto! – contesta el abogado.
  • Oh, pero es muy hermosa! Y muy joven!
  • Gracias, señor! – dice Virginia halagada y nota que se sonroja y se calienta algo por el halago.
  • Llámame, comisario, putita!
  • No, señor, no soy puta!
  • Ya, bueno, eso… así, vas a colaborar, bonita?
  • Sí, pero, sobre todo no le digan nada a mi novio, que está al llegar.
  • Por eso no te preocupes. Firmará los papeles, don Onofre?
  • Sí, claro, por supuesto, comisario.
  • Por favor, me puedo vestir ya? Quíteme las esposas!
  • Bueno, bueno, eso vendrá después, verdad don Onofre?
  • Sí, zorrita. Mira, firma aquí.
  • Pero qué es? qué firmo?
  • Algo que… verás… como sales ganando, confía en mí!
  • No sé, pero estoy en sus manos.
  • Muy bien, muy bien, así. Es toda suya comisario, ya ha firmado.
  • Lo de las fotos también?
  • Sí, todo, todo lo que ustedes deseen, tienen su consentimiento, y también le pueden hacer todas la fotos que quieran.
  • Pero… qué? Yo no sabía! No, no, por favor!
  • Tranquila, verás que te trataran muy bien, verdad, comisario?
  • Sí, por eso no te preocupes, putita! Te trataremos más que bien. Me encanta tenerte aquí, así atada, con tus tetas al aire… hum!
  • Esto es ilegal, le voy a denunciar!
  • No, eso sí que no! Acabas de firmar tu consentimiento y que nunca me denunciarás, putita.
  • Me ha engañado, Onofre!
  • No, un trato es un trato. Mira, tranquilízate! – el abogado acaricia el pelo de la chica, se lo aparta de la cara, le acaricia la mejilla. Ella solloza, triste. Llega otro policía y sube la cadena donde están sujetas las esposas de manera que le quedan los brazos para arriba. Su pecho se muestra magnífico. La falda se le sube un poco y muestra completamente su sexo ante los tres hombres. Llega uno con una cámara y le echa una foto. Y luego otra, y otra. Ella lo ve y se queja:
  • Para qué son estas fotos?
  • No te preocupes, son sólo para consumo interno.
  • Sí, por favor, que no las vea mi novio.
  • Por eso no te preocupes! Nunca se las mostraremos. Pero debes portarte bien.
  • Pero, pobre de mí! Qué quieren que haga, así atada?
  • Pues – dice el comisario- que sonrías un poco, que nos pidas que te hagamos cosas.
  • Cosas, qué cosas?
  • Cosas de puta, de zorra caliente!
  • No sé, no sabría…
  • Mira, hija, yo te ayudo – dice el abogado y se acerca a mi novia, le masajea los pechos y ella reacciona irguiendo sus pezones.
  • Muy bien, muy bien, Foto, foto! – dice el comisario.
  • Y ahora… mira, ves? te acaricio un poco el coñito, así, te gusta?
  • No! Por favor! Aunque… sí, es usted muy delicado, don Onofre!
  • Espere, Onofre. A ver, me quito el cinturón? Y te castigo por puta! – dice el comisario, que golpea suavemente a mi novia con el cinturón, en los muslos y en el pecho.
  • Ay, ay!
  • Te hago daño, putita?
  • No, daño, no!
  • A ver, inspector Lope, baje las cadenas hasta el suelo!
  • Oh, pero… ay! – mi novia debe ahora bajar sus brazos hasta el suelo y enseña todo el culo a los cuatro hombres, que se relamen ante tanta belleza. El comisario le golpea las nalgas con suavidad, aunque lógicamente enrojecen algo.
  • Así, así! Un castigo por ser putita! Fotos, fotos! Muy bien! A ver, avisa a los demás hombres que vengan!
  • Cómo, qué demás hombres?
  • A los otros policías, hija! Es el trato que firmaste!
  • No, por favor! Quiero irme a casa! – solloza mi novia, con las tetas al aire apuntando hacia el suelo y mostrando el ano y su jugoso sexo a todos los policías que van entrando.
  • Oh, pero que bellezón!
  • Hala, es la chica más guapa que vi!
  • Hum, y de verdad que podemos hacerle lo que nos apetezca? Sí que es guarra la chica!
  • Bueno, es una chica muy caliente y muy zorrita y ha firmado su consentimiento. Yo soy su abogado, tranquilos.
  • A ver, los que tengan el pene erecto, vayan sacándolo que vamos a castigar a la chica con cientos de golpes!
  • No, por favor, no me hagan daño!
  • Tranquila, putita! Daño, ninguno! Mira, mira! – y ella ve sorprendida como la comisaría entera le muestra sus penes en la mano. De todas las formas, tamaños y colores. Enseguida le empiezan a golpear todo el cuerpo, las piernas y la cara con los penes, cada vez más tiesos.
  • Haz muchas fotos, eh? Que la chica está de muerte!
  • Vale, vale. Ahora qué te hacemos, putita?
  • Ya está, ya está, me liberáis y me voy a mi casa!
  • No, hija, uy, no! Todavía no! además, veo que estás muy sonrojadita y calentita, verdad!
  • No, de verdad que no!
  • A ver, a ver – dice don Onofre, introduciendo un dedo en la vagina de mi novia – Sí, está muy caliente y húmeda. Se ve que te gustan estos hombres, verdad, zorrita?

La verdad es que estar completamente expuesta ante tantos hombres con el pene erecto la calentaba y no podía evitar mojarse, aunque la avergonzara.

  • Quieres que te hagamos algo más, si o no?
  • No, no!
  • De verdad que quieres que guardemos todos esos penes en los pantalones?
  • Sí, sí.
  • Pero hija, si estás volviendo a chorrear! Mira! – don Onofre le introduce unos dedos en la vagina y luego se la enseña completamente empapada.
  • Es que no puedo evitarlo, hum!
  • Claro, y no pasa nada. Es muy natural! Mira, yo te ayudo, ves? – y empieza a masajearle el clítoris. Al cabo de un minuto, deja de hacerlo.
  • Oh, por favor, no pare ahora, siga don Onofre!
  • No, yo, no! Si acaso, pídeselo al comisario.
  • Señor comisario, me puede acariciar mi coño, por favor, que está que arde?
  • Claro, hija, pero si dejas que te chupe una teta!
  • Oh, será descarado?
  • Pues nada.
  • No, no, por favor, mame mi teta y acaricíeme el coño, señor comisario!
  • Bueno, está bien, si lo pides así de amablemente…
  • Sí, sí!
  • Hija, pero estás muy mojada! Quieres que mis hombres te sequen? Vas a dejar las medias perdidas!
  • Alguno me puede ayudar, de verdad?
  • Claro, putita! Se mueren de ganas! A ver, un par de hombres para lamer el coño a la chica!

Acuden raudos dos policías, se ponen en cuclillas y sorben tanto jugo como pueden.

  • Foto, foto!

Al oír lo de la foto, mi Virginia sonríe a la cámara.

  • Tienes el culo muy caliente y abierto, para ser tan niña!
  • Bueno, es que antes… el joven… ya sabe…
  • Y qué, te gustó?
  • La verdad es que sí, comisario!
  • Pues venga, una polla bien tiesa para el culo de la putita, que está ardiendo! Foto antes de darla por el culo, así, tan abierto y acogedor, y ahora, para adentro!
  • Oh, ay, me muero! Por favor, ay!
  • Señor comisario, aquí no damos abasto! La chica parece una fuente!
  • Pero si estáis dos hombres lamiendo y sorbiendo!
  • Quizá si… – dice mi novia, pícaramente, señalando el pene de un policía enclenque pero muy bien dotado.
  • Lo quieres en tu coño? Serás zorrita! Pero si ya tienes uno en el culo!
  • Es que… estoy muy, muy caliente!
  • Bueno, ven Gálvez. Qué le quieres decir, putita?
  • Señor Gálvez, me puede follar por favor con su pene tan largo y grueso!
  • Niña, claro, si me lo pides tan bien. A ver…! – la penetra de un golpe y ella y él estallan al unísono en un orgasmo sin igual. El que está en el culo no puede resistir la tentación, saca su pene y rocía las nalgas y la espalda de mi novia con abundante semen.
  • Fotos, fotos!

Y mi novia mira a la cámara, mostrando algo de semen que recoge de su espalda. Luego lame su mano, se lo traga y sonríe satisfecha. Las fotos no paran.

  • Esta chica es muy caliente, muy puta, y merece mucho más castigo!
  • Sí, es cierto, merezco más castigo, soy una chica muy malita!
  • A ver, dos más que vengan a mamarle bien las tetas. Y yo, abre la boca, putita!
  • Oh, pero que va a hacer?
  • Abre la boca te digo!
  • Que malito que es usted! – dice Virginia separando sus labios y acogiendo el erguido miembro del comisario.
  • Señor comisario, uno que dice que es el novio de la chica, Virginia Ibars, viene a encontrarse con ella, dice que vino aquí por algo de una denuncia.
  • Le decimos que pase, guarrita?
  • No, no, por favor! – dice mi novia con la polla del comisario en la boca.
  • Seguro, te vas a portar bien?
  • Si, señor, muy bien! Verá usted!
  • Qué te vas a dejar hacer, putita?
  • Todo lo que quiera, de verdad! Pero no se lo diga a mi novio!
  • De acuerdo, de acuerdo, chupa, chupa! Se buena, putita!
  • Sí, tengo el culo muy abierto, por favor, quiero dos pollas en mi culo, mire si soy buena!
  • Es verdad, lo tienes muy dilatado! Venga, dos pollas para la putita, no le hagan esperar!
  • Y el coño, lo tengo que arde y rezuma semen y mis jugos, no hay nadie para follármelo, por dios!
  • Va, venga, venid dos más, con la polla grande, que lo tiene tan abierto que con una no basta!
  • Sí, dos pollas, por favor! Así, ay, ua! Me voy, me voy! Y las tetas, quién quiere una cubana! Venga! Bien, oh, que larga! Te gusta, te gusta? Mira, así, entre las tetas… y chupándote la punta junto a la polla de tu jefe! Ah! Te gusta! Te gusta!
  • Sí, sí, ah, ah, guarra, puta! – y expulsa su semen dentro de la boca de mi novia. Entonces el comisario también eyacula y los labios de Virginia chorrean. Al sentir tanto gusto en su boca, Virginia entra en un gran multiorgasmo; sus espasmos y suspiros son irresistibles y los dos penes en su culo lo llenan de semen caliente, al igual que los dos en su vagina.
  • Oh, oh, no puedo, ua! Que buena está vuestra leche caliente!
  • Que rica estás, putita! Venga, darle unos cuantos golpes con el cinturón, sin pasaros, eh? Quieres más, guarra? Estás toda coloradita!
  • Señor comisario, dice el novio de la chica si puede entrar?
  • Quieres que entre y te vea así de guapa, zorrita? Seguro que le iba a encantar!
  • No, por favor! Que no entre! Denle cualquier excusa, por favor!
  • Pues qué vas a dejarte hacer?
  • Todo, todo!
  • Pues hala, así me gusta, a ver, traed cadenas para los tobillos. Así, tirad de las cadenas, abridle bien las piernas, muy bien, subidle las cadenas de las esposas, así, suspendedla en el aire!
  • Oh, pero… por favor!
  • Arrancadle la faldita, rasgadle las medias!
  • No, me da morbo, ay!
  • Mirad, mirad, vuelve a chorrear!
  • Vamos, venga, que está dejando perdido el suelo, pero vaya putita estás hecha! Venga, una cola delante de ella y otra detrás. En orden! Va, los de delante, la vais follando y los de detrás, la vais enculando! Ya! Venga, vais cambiando!
  • Oh, no puedo resistir, sois la leche, ay! – grita mi novia al entrar en un nuevo orgasmo muy húmedo!
  • Venga, ahora fila de dos, la vais follando de dos en dos en el coño y dándole por el culo con dos penes a la vez. Ya! Qué, te gusta el castigo?
  • Sí, sí, mucho! Ay! No se nota? Ay!
  • Venga, ahora, a llenarla de semen, el coño y el culo, venga, de dos en dos en cada agujero de la putita! Fotos, fotos!
  • Ah, ah, esto es demasiado, oh, gracias, gracias!
  • Venga, traed las porras, una por delante y otra por detrás!

 

Al cabo de un buen rato de juegos y castigos, los policías estaban exhaustos. Mi novia dijo:

  • Habéis sido muy malos y al mismo tiempo, muy amables. Gracias!
  • Bueno, has recibido tu castigo por ser tan puta, pero un trato es un trato, no te vamos a denunciar. Puedes ir con tu novio. Te libraremos de las cadenas.
  • Gracias, comisario. Pero no puedo ir así con mi novio. Estoy toda llena de semen!
  • Bueno, eso tiene una solución. Venga, señores, rodeemos a la señorita. Vamos a mearla bien!
  • Oh, pero… Ah – tiene que callar ante el primer chorro de orina que llega a su boca. Todos los policías la mean abundantemente, suspendida todavía en el aire con las cadenas.

 

  • Bueno, espero no oler demasiado a orina, no sé si Juan lo notará. Uy, me quito las medias, todas rotas. A ver, el sostén también rasgado. Pues sin sostén! Me pongo la blusa… y la faldita. Oh, sin bragas se me va a ver todo! Señor abogado, por favor, devuélvame mis bragas!
  • Bueno, bueno… no sé… Todavía no mes has pagado mis emolumentos.
  • Uy, sí, es verdad. Pero el caso es que ahora mismo no llevo dinero. Me robaron, sabe?
  • Ya, pero este no es mi problema. Si te parece, podemos llegar a un acuerdo.
  • Sí, claro, usted cumplió su parte.
  • Mira, me he enamorado de tu culo. Si me dejar encularte, te perdonaré parte de la minuta.
  • Oh, pero, es que, Juan…
  • Tu novio puede esperar. A ver… déjame ver… – le acerca la mano bajo la faldita – Está muy abierto, para mí.
  • No, si ganas ya tengo, ya, la verdad!
  • Pues lo se hable más! El abogado empuja la cabeza de mi novia hacia el suelo, le arrodilla, le baja la espalda, le sube la falda y el culo y… – Te la endiño de golpe, zorrita, como a ti te gusta!
  • Ay, sí, más adentro, don Onofre, más adentro!
  • Zorrita, zorrita caliente!
  • Sí, sí, para usted, soy su zorrita caliente!

 

  • Hija, ha estado bien. Esto supone un 10% de lo que me debes.
  • Sólo un 10%? Pero, don Onofre, ya le dije que no llevo dinero encima. Que me robaron.
  • Bueno, tranquila, no hace falta que me lo pagues ahora. Mira, me vienes a ver cada viernes a mi despacho, te doy por el culo y así iré cobrando tu deuda.
  • Oh, pero eso no puede ser. Usted sabe que tengo novio!
  • Hija, una deuda es una deuda! Mira, si lo prefieres hablo con tu novio.
  • No, eso no por favor!
  • O tu culo, cada viernes, o hablo con él!
  • No, no, le daré mi culo, todo para usted! Pero no le diga nada!
  • Muy bien, buena chica!
  • Así, serán nueve viernes, un 10% cada vez, verdad?
  • Bueno, pero, claro, al no ser todo el pago a la vez, tendrás que darme intereses y venir mucho más que nueve viernes.
  • Oh, pero usted es un tramposo!
  • Soy abogado, hija! Mira, si algún viernes te encuentras que están conmigo mis tres sobrinos, también abogados, y dejas que te demos por el culo los cuatro, eso a lo mejor te contará como un 20%.
  • Pero que se ha creído?
  • Pues lo que es. Que eres una zorrita muy, muy calientes. I que seguro que te va a gustar, mucho, hija!
  • Venga, tramposo, devuélvame el tanga!
  • No, eso no. Lo guardaré hasta que vengas el primer viernes. Mientras tanto, lo oleré y lo lameré. Ese día te lo devolveré y me quedaré con las braguitas que lleves. Y así cada viernes. Ah, y sobre todo, ven siempre muy sexy, como la zorrita que eres, como ibas vestida hoy, totalmente de puta.
  • Es asqueroso, don Onofre!
  • Venga, que ya sé que sólo de pensarlo ya vuelves a estar caliente!
  • Calle, calle. Cómo voy a ir así con mi novio? Sin bragas! Ay, suerte del abrigo? Pero dónde está mi abrigo?

 

  • Virginia, pero qué ha pasado? Dónde estabas? Has hecho la denuncia?
  • Sí, amor, no te preocupes! La verdad es que han sido muy amables!
  • Pero dónde vas a sí, sólo con la blusita! Y la falda tan corta! Y sin medias ni abrigo ni nada!
  • No, mira, la verdad es que tenía algo de calor!
  • Calor! Pero si estamos en febrero! Pero sonrojadita si estás!
  • De verdad que te han tratado bien los policías?
  • Sí, amor, muy bien, de verdad, no te lo puedes imaginar. Han sido de verdad unos caballeros muy amables y cariñosos!
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María es adicta a mi semen (II)

María me acababa de pegar la mamada de mi vida y me acababa de confesar que era adicta a chupar pollas.

 

Despues de limpiarme la polla y dejarla reluciente, María empezó a jugar con ella de nuevo, pajeándome lentamente.

 

– O sea que iba en serio lo de que te encanta chuparla…

– Ni te imaginas, pura adicción. Mira.

 

Y volvió a engullirse mi polla hasta la garganta y la dejó ahí mientras se hacía más gorda. Mi polla no tardó en ponerse dura como una roca así que comencé a empujar con mis caderas dentro y fuera de su boca.

 

– Síí, ahh, que gustooo…

– Voy a comerme esta polla, toda mía

– Eso, no pares de chupar. Así, chúpame el capullo bien.

– ¿Te gusta cuando tu succiono el capullo,eh?

– Me pone a mil, sigue chupando… eso es… chupaaaahh.

– Ven ponte aquí. – María se hizo a un lado del sillón y yo me senté apoyando mi espalda en uno de los brazos, las piernas abiertas y la polla tiesa sobre mi vientre. Me la cogí con una mano y apuntando a su boca:

 

– Toma polla, cómetela.

– Sí, dame cabrón que te voy a dejar seco.

– Así, chúpala desde los huevos al capullo. Ahora lame el capullo, eso es, muy bien, perrita.

– Quiero más polla, no lo puedo evitar, quiero tragar polla y que me revientes la garganta.

– Pues dame tu boquita que la folle bien, abre, eso es.

 

La agarré el pelo en una coleta y con la  otra mano apuntaba mi polla a su boca. Dejé caer su cabeza para que el capullo  quedara  totalmente dentro de su boca, atrapado por sus labios que se contorsionaban alrededor atrapándolo.

 

– Ahh, síí, chúpame el capullo bien, ahhh, eso es… que mamada  más buena…

 

Un hilo de baba espesa empezaba a escurrirle por la comisura y resbalaba hasta mis huevos, ella no dejaba de mover su lengua sobre todo mi glande.

 

– Así, ahora la punta sólo, chupa la punta.

– Te la voy a chupar así hasta que te corras en toda mi boca.

 

Se metió la punta de mi rabo hasta mitad del glande y comenzó a succionar dentro y fuera como si yo fuera su refresco. Era una sensación de gozo plena, creía que me iba a correr a cada movimiento de sus labios.

 

– ¡Pufff! Que gustazooo, sigue así, chupa bien la punta de mi raboo.

 

Ella siguió un buen rato en esa posición, chupando ruidosamente la punta de mi polla, lamiendo el frenillo, jugando con el glande. A todo esto ella estaba jugando con su coño, frotándolo intensamente con dos dedos y sus caderas temblando.

 

Se notaba que le gustaba mamar pues a cada chupada que daba emitía pequeños gemidos de placer, le ponía muy cachonda chupar.

 

– ¡Joder, me corrooo, ya, aahh… toma mi lefa calentita!

 

Ella sin sacarse la punta de mi glande de la boca siguió chupándolo a la vez que me miraba fijamente a los ojos como  queriendo ver mi expresión al correrme.

 

– ¡¡¡Ahhhh, qué gusto, toma leche, tómala todaaa!!!

 

Entonces mi polla empezó a convulsionarse y a soltar lefa a borbotones. María se limitó a succionar con más fuerza y a seguir metiendo y sacando la punta de su boca así que podía ver como le entraba la lefa en la boca y ella la dejaba escapar de su boca y se escurría por mi polla.

Con la mano recogía los restos de semen y baba en mi polla y me pajeaba con ellos al tiempo que me corría.

 

Mi polla seguía escupiendo semen en su boca, sobre sus labios, su barbilla. El que se le acumulaba y no iba a parar a mi polla se descolgaba como un espeso hilo hasta caer al suelo.

 

María se empezó a correr cuando yo le estaba descargando mi leche en su boca. No dejaba de frotar su clítoris e incluso estaba salpicando todo con la abundancia de flujos. Sus caderas se convulsionaban y empezó a lanzar fuertes gemidos mientras recibía mi leche y se corría.

 

Terminé de correrme y ella se lanzó a limpiar los restos con su boca, de nuevo tragándola hasta la garganta y chupando despacio y con mimo cada rincón hasta que no hubo ningún rastro de mi semen en mi polla o en mis huevos.

 

– Bufff, vaya corridón me he pegado.

– Joder pues yo me he corrido enterita también, qué gustazo.

– Oye nos merecemos un buen descanso, ¿no crees?

– Bueeno… pero no mucho más de cinco minutos, ¿eh? ¡Ja, ja, ja!

– ¡Ja, ja, ja!… vaaale.

– Necesito ir al baño.

– ¿Vas a mear?

– Sí, ¿Por qué? ¿Querías ir tú?

– No, bueno… es que… ¿Puedo ir contigo? – Ella sonrió de forma inocente.

– Bueno, vaaa – Le dije yo siguiéndola el juego y le alargué mi mano para  que la cogiera.

– No quiero esa mano, quiero esta – y agarró mi polla morcillona que empezaba a despertar de nuevo – Pero tienes que llevarme al baño con tu polla  en la boca.

– Me parece bien, toma abre – Y le metí mi polla morcillona en la boca.

 

Ella enseguida comenzó a succionarla  y chuparla, iba despertándose por momentos a pesar de haber soltado dos corridas tan abundantes en la última hora.

 

Así que el cuadro era auténtico: María doblada mamándome la polla y ambos caminando como podíamos hasta el baño. Mi polla estaba de nuevo tiesa, muy dura. Si encontrábamos el más mínimo obstáculo en el camino, lo usábamos de excusa para que la follara por la boca un poco más a fondo. Ella no se despegaba de mi polla y no dejaba de gemir, la encantaba.

 

Yo a todo esto me estaba meando así que intentaba llegar también lo antes posible. Pero justo al llegar al umbral del baño María se agarra al marco y dice:

 

– Aquí no entras hasta que sueltes una corrida más.

– Buff, no creo que pueda, me estoy meando.

– Pues dale – Y diciendo esto abrió la boca y se apuntaba con el dedo índice.

– ¿Qué le de? Quieres… ¿Quieres que te mee en toda la boca?

– Quiero que uses mi boca como si fuera tu retrete particular.

– Joder, cómo me pones…

 

Y con estas que me relajé y me preparé para mear, ahí en la puerta del baño con la dulce cara de María ahora mirando con lascivia y expectación. Se empezó a amasar las tetas y no tardó en bajar una mano  a su coño para acariciarlo. Su mirada se clavaba en la mía.

 

Empezó a salir el pis de mi polla, primero un chorro suelto que le mojó las tetas y ella  aprovechó para restregárselo mientras gemía y se  retorcía de placer. Luego salió el chorro consistente que subió calándole las tetas, la barbilla (donde le  salpicó a toda la cara) y finalmente sus labios y su boca, donde lo mantuve después. Aquél día había bebido mucha agua y tenía bastantes líquidos acumulados así que estuve así un buen rato.

 

Ella no lo tragaba, abría y cerraba su boca dejándolo entrar y escupiéndolo a la vez. En un momento dado se metió el capullo en mi boca y lo dejó ahí. El pis ahora le salía a borbotones de la boca y mi polla empezaba a reaccionar, no sé, era una sensación muy rara que te la chupen mientras meas, mezcla de quiero y no puedo. Pero sin duda reaccionaba y notaba que iba creciendo hasta que cuando acabé de mear se empezaba a poner dura de nuevo.

 

María siguió con mi polla en su boca, ahora asegurándose (parecía todo un ritual) de que quedara bien limpita.

 

– Ahora quiero mi corrida, dame más leche caliente, te voy a ordeñar – dijo ella

 

Al oir esto se me volvió a poner dura y me entraron muchas ganas de follarle la boca fuerte.

 

– Ven aquí, abre bien la boca – le dije mientras le agarraba el pelo por detrás y me agarraba la polla con la mano apuntando a sus labios – Hoy vas a tragar más leche que en toda tu vida, zorra.

– Vamos dame más lechazos en la cara, quiero tragar lefa de tu polla, úntamela todita…

 

Introduje mi polla en su boca y así, como si de un objeto se tratara, comencé a follármela. Le agarraba la cabeza con ambas manos y mi cadera estaba completamente inclinada hacia delante. Mi polla entraba y salía de su boca, se la engullía por completo, hasta la garganta. La dejaba ahí un poquito y la sacaba.

 

Luego comencé a acelerar el ritmo de mete saca y debo decir que con la excitación del espectáculo de hace un momento no me costó llegar a mi tercer orgasmo.

 

– Joder, qué gustazo me das… Me voy a correr follándote la boca.

– Vamos, quiero que te corrar mientras me follas la boca, pero no pares, ¿vale?

Quiero decir, aunque estés soltando leche por la polla a borbotones tu sigue follándome la boca sin parar, ¿Entendido?

– Pero qué puta eres… claro que sí, como esto.

 

Y con esas me dispuse a follarle la boca como si la estuviera taladrando un martillo neumático. No podía emitir gemidos pues eran todo sonidos guturales de mi polla metiéndose y saliendo a gran velocidad en su garganta. Ella empezaba a babear descontrolada, se pajeaba el coño a la vez pero con dificultad pues la estaba follando la boca muy fuerte. Ya no podía más y estallé:

 

– ¡Aaaaah, me corrrooo, ME CORRRROOO! ¡Toma lefa, tóma leche caliente!

 

Me empencé a convulsionar mientras me corría follándole la boca. Sentía un latigazo de placer con cada chorro de esperma que salía de mi polla. Yo no paraba de subir y bajar mis caderas mientras mi polla escupía un chorro, otro, otro más. La lefa le rebosaba de los labios y caía sobre mi polla y cojones.

 

Cuando no me quedaba más leche que soltar, dejé un rato mi polla en su boca (más bien no me quedaba más remedio pues María no la soltaría). Ella seguía jugando con mi glande y con los restos de semen en su boca, que iba tragando poco a poco.

 

– Fíjate cómo has dejado mi polla… ¡Abrá que limpiarla!

 

Ella se lanzó a limpiarla pero se lo impedí.

 

– No quiero que me limpies con tu boca esta vez. Méame la polla.

– Joder, ¿Me lo dices en serio?

– Sí, ¿Qué pasa? Yo te acabo de mear, ¿No?

– Me pone muchísimo hacer eso, ven aquí.

 

Nos fuimos a la bañera aunque el suelo del baño y del pasillo estaban ahora llenos de meos y lefa y no hubiera importado mucho un poco más.

 

Yo me senté en la bañera y ella se puso delante mía y empezó a acariciarse el coño, preparándose para mear sobre mi polla. Luego se inclinó un poco y suspirando comenzó a mear sobre mi polla. La sensación era increíble, el chorro me pasaba arriba y abajo de mi polla, por los huevos, me daba un gusto incleíble y el morbo de ver a María haciéndolo delante mía era incomparable.

 

Ella estaba embobada mirando con detalle cada milímetro de mi polla que era limpiado a presión con su chorro. Yo no sé que me pasaría aquel día pero me empezaba a poner morcillón de nuevo.

 

– Uffff, qué gustazo. Me he quedado nueva – dijo María entre escalofríos.

– Je, je, y a mi también me la has dejado nueva.

– Ja, ja, es verdad. Oye, me ha encantado hacértelo.

– Y a mí que me lo hicieras, la verdad es que nunca antes lo había hecho y tenía curiosidad. Fíjate como me has puesto – apunté con la mirada hacia mi polla ahora semi erecta de nuevo.

– Eso habrás que apañarlo pero mejor darnos una ducho, ¿No crees?

– Pues ya que estamos aquí me parece bien.

 

María abrió el agua y nos besamos largo y tendido bajo el chorro. Cuando el baño empezó a parecerse a un baño turco, comenzamos a enjabonarnos y acariciarnos los cuerpos.

 

Yo la enjabonaba la espalda, bajando hasta sus nalgas y metiendo mis dedos entre su culo hasta su coño. Ella me enjabonaba el pecho con una mano y con la otra se dedicaba a hacerme una pausada paja con el jabón, pasando su mano por mis cojones.

 

– Me encanta tocarlos cuando están así de suaves.

– Sí, es por el calor.

– Oye, ¿Sabes qué?

– ¿Qué?

– Pues que hace un momento me has follado la boca y te has corrido en ella y ahora empiezo a tener ganas de más leche.

– Eres insaciable.

– Ya te lo dije, soy una adicta.

 

Nos besamos un rato más con el agua caliente cayendo sobre nuestros cuerpos. Era una gozada sentirla y abrazarnos mientras nuestras lenguas se unían. Cuando nos hubimos aclarado bien, salimos y nos secamos. Como hacía bastante calor nos quedamos desnudos los dos.

 

– Joder Juan, nunca me hubiera imaginado que tú estuvieras tan salidillo.

– Pues tú no te quedas nada corta, je, je. Además tienes un cuerpo muy sexy, me pone mucho.

– ¿Hace un sandwich?

– Venga vale.

 

Así que nos fuimos a la cocina y María preparó un par de sandwiches muy buenos y nos los comimos charlando un poco de todo.

 

Ella no había acabado aún su sandwich y me dijo con gravedad:

 

– ¿Te puedo pedir algo muy importante para mí? – me dejó sorprendido.

– ¿Qué es?

– ¿Te correrías en mi sandwich para poder comerme tu lefa?

– Pues claro, eso no se pregunta, vamos – Y ya estaba yo dispuesto a ensartarle la boca cuando me dice:

– Pero esta vez quiero que te masturbes para mí.

– Mejor aún, yo ya no tengo nada que comer y me he quedado con hambre. Quiero que me montes la boca con tu coño hasta correrte y mientras me pajeo para tí.

– Trato hecho.

 

Me tumbé a lo largo en el sillón y ella puso su culo en mi cara, mirando hacia mi polla. Primero me pasó el ojete por la boca, lo cual yo aproveché para lamerlo e introducir mi lengua. Luego se inclinó un poco más para pasarme todo su coño por la boca y la cara. Sus flujos eran abundantes y se me resbalaban por la barbilla, la nariz, las mejillas.

 

Yo mientras tanto me pajeaba para María y seguía comiendo coño y deleitándome con tan suculento manjar. Mi lengua recorría cada recoveco y de vez en cuando ella aprisionaba mi boca con su coño para que le succionara el clítoris, cosa que yo hacía con fruición.

 

Al poco María empezó a moverse más rápido cabalgando mi boca hasta que aprisioné su clítoris entre mis labios y comencé a succionarlo, momento en el cual se empezó a correr.

 

– Ahhh, cabrón, cómo chupas, ahh me corroooo, ¡¡ME CORRROOO!!

 

Moviendo las caderas adelante y atrás yo hacía lo que podía para no soltarme de su clítoris. Ella no paraba de gemir mientras se corría. Sus flujos me chorreaban por toda la cara ahora, yo seguí chupando ese maravilloso coño.

 

– Joder cómo me pones tío, quiero correrme de nuevo, me corro de nuevo joder.

Y diciendo esto empezó a frotar su coño por toda mi cara y comenzó a correrse de nuevo.

 

– ¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡¡Me matas!!! Otra vez… ¡¡¡¡¡ME CORRROOOOO!!!!

 

Esta vez los fluidos fueron más abundantes pues me salpicaron al pecho y algunos llegaron hasta mi polla. Mi cara estaba empapada de mujer.

 

Después del doble orgasmo ella cayó rendida sobre mi pierna, convulsionándose aún por la corrida y mirando como yo seguía pajeándome para ella. Estuvimos así un momento hasta que ella dijo:

 

– Necesito tu leche ahora – alcanzó el trozo de sandwich que le quedaba de antes – aquí, y que no se desperdicie nada.

 

Yo me incorporé obediente y muy cachondo con mi polla tiesa en la mano y a punto de estallar por cuarta vez aquel día. Comencé a pajearme delante de  su mano, que sujetaba el sandwich.

 

– ¿Vas a darme tu leche, verdad cabrón? ¿Te vas a correr en mi sandwich para que yo me coma tu lefa caliente, verdad?

 

Yo ya no podía más, sus palabras me ponían a cien. No tardé mucho por la excitación y al cabo de un rato le dije:

 

– Aquí viene tu leche, tómala… ¡¡ME CORROOO!!

 

Y de mi polla empezaron a salir chorros y chorros de esperma. El primero le dió en el labio superior, parte se le metió en la boca y parte cayó en el sandwich. El segundo lo atiné mejor y cayó todo al sandwich. Un tercero cayó parte en el sandwich y parte en sus manos por las que goteó un poco hasta el suelo. Solté dos chorros más que fueron a parar a su boca y al sandwich.

 

Después de correrme ella se había quedado hecha un poema, ahí de rodillas con el sandwich enfrente de la boca, cubierto de semen, la boca con chorretones de esperma rebosando por los labios y la eterna lascivia en su mirada.

 

Como si nada, ella se llevó el sandwich a la boca y comenzó a comérselo.

 

– Hmmmm… Qué rica está, y recién ordeñadita mejor.

– Lo tuyo es puro vicio… me gusta.

 

Terminó de comer el sandwich y continuó con los restos que le colgaban de la barbilla y los labios hasta que tuvo la cara limpia de mi semen.

 

– Y ahora el postre – dijo, y metió mi polla en su boca de nuevo para limpiar los restos de lefa – ¡Qué rica estaba!

– Me alegro de que te gustara, a mi me ha encantado dártela. Dime algo, ¿Te masturbas con frecuencia?

– Bufff, mogollón. Hay veces incluso que tengo que irme al baño en el trabajo para hacerlo.

– ¿Como dos veces al día?

– Qué va, eso sería un día flojo, je, je. Normalmente entre tres y cuatro veces. Hay días que he estado tan cachonda que me he corrido más de diez veces, perdí la cuenta.

– Diez veces, eso suena muy cachondo, me hubiera encantado haberlo visto.

– En realidad fue un día raro, ¿Quieres que te lo cuente?

– Claro, cuenta.

– Me levanté más excitada de lo normal, estaba muy cachonda, no sé si habría tenido un sueño húmedo o si era la presión del trabajo, que en aquella época era muy grande.

– Sí eso me pasa a mí también, supongo que es por el estrés.

– Pues el caso es que era sábado, la noche anterior había estado con una amiga y en particular acabamos hablando sobre si nos lo haríamos con otra tía.

– ¿Y llegásteis a alguna conclusión?

– Bueno, lo cierto es que a mi amiga no le importaría si fuera con una mujer con la que tiene confianza. Ella me confesó esto y yo me quedé un poco sorprendida, no lo esperaba en absoluto.

– Entiendo.

– Yo le dije que quizá pudiera probarlo, pero justo en ese momento nos interrumpieron la conversación y no pudimos acabarla.

– Vaya, qué pena… ¡Y qué intriga! ¿No volviste a hablar con ella?

– Sí, a la semana siguiente, pero recuerda que esto pasó al día siguiente y yo entonces no sabia nada.

– Claro, sigue.

– Pues estaba en la cama y no dejaba de darle vueltas a la posibilidad de follarme a Ana, que así se llama mi amiga. Era verano, hacía calor, el sol se colaba por la ventana.

– Qué poética.

– Je, je, calla. Yo que dormía desnuda me cubría sólo con una fina sábana de algodón blanca que me cubría medio cuerpo. Notaba el calor del sol sobre mis pezones, que estaban al descubierto y me retorcía mientras me despertaba notándome húmeda y excitada como una burra.

– Me estás poniendo malo a mí.

– Pues pajéate que yo lo vea y te sigo contando.

– Venga, toma – y comencé a sobar mi polla morcillona.

– El caso es que me desperté con una calentura descomunal y tenía que hacer algo al respecto. Estaba muy cachonda pensando en las cosas que podría hacer con mi amiga y deslicé la almohada entre mis piernas.

– Joder como me estás poniendo – dije yo mientras pajeaba mi semi erecta polla.

– Comencé a frotar mi coño contra la almohada, con mis manos apretaba la almohada contra mi para sentirla más. Cuando eso no fue suficiente, me arrodillé sobre la cama y doblando la almohada la puse entre mis piernas y me la follé literalmente. Empujaba cada vez más fuerte, mis gemidos más altos, la respiración entrecortada. Acabé derrumbándome sobre la cama aún frotándome contra la almohada y corriéndome como una loca. Mis caderas no paraban de temblar y mis piernas se estremecían aprisionando la almohada contra mi clítoris. Fue una corrida bestial. Cuando separé la almohada de mi coño pude ver que estaba chorreando de mis flujos.

– Mierda, tía que vas a hacer que me corra yo también.

– Ey, tu tranquilo que aún me quedan nueve más que contarte.

– Bufff… vale pero espera abre la boca un momento – dije yo llevando mi polla tiesa hacia su boca

– A ver trae – y ella la engulló sin rechistar y comencé a follarla de nuevo por la boca.

– Qué gusto, cómo necesitaba esto ahora, buffff.

 

Seguí un momento así hasta que se me calmó el capricho de follarle la boca y dejé que prosiguiera.

 

– ¿Satisfecho?

– Por ahora sí, sigue contando, anda.

– Bueno pues lo dicho, me acababa yo de correr como una burra y decidí darme una ducha. Abrí el grifo y dejé correr el agua. Mientras tanto me miraba al espejo y me preguntaba cómo sería tocar el cuerpo de otra mujer. Me comenzaba a imaginar que mis manos eran las de mi amiga Ana y que ella me sobaba las tetas y el coño. Tanto que me olvidé completamente de todo y acabé sentada en la bañera delante del espejo, completamente abierta de piernas.

– Joder que calentura teníamos, ¿Eh?

– Y tenemos, que me estoy poniendo cachonda de recordarlo – y diciendo esto se llevó la mano al coño y comenzó a pajearse ella también.

– Así me gusta, ahora sigue contando, estabas completamente abierta de piernas.

– Sí, no veas, empecé a hacerme un dedo delante del espejo, pensando que se lo enseñaba a mi amiga Ana. Primero frotando el clítoris y después metiéndome dos, tres dedos en mi coño.

Como ya has podido comprobar, a veces eyaculo flujos en abundancia y es algo que más o menos controlo así que decidí levantarme y acercarme al espejo para ver cuántos flujos soltaba estando tan cachonda.

– Sigue que me pones malo.

– Pues me puse delante del espejo, la pierna subida a una banqueta que tengo ahí y comencé a correrme como una salvaje. Chorros y más chorros de flujos salían a borbotones de mi coño. Fue una corrida enorme y dejé el espejo completamente bañado con mis flujos. Después cuando me compuse un poco y limpié el entuerto me metí en la ducha y allí me hice otro, esta vez con un bote de gel que es muy redondito.

– ¿Pero cómo fue?

– Pues nada, yo bajo el chorro del agua y metiéndome el bote por el coño, a veces jugando a meter un dedito en mi culo también.

– ¿Y te corriste así?

– Pues la verdad es que me corrí dos veces en la ducha. La primera fue con el bote. Fue bestial y hasta casi me da un calambre en las piernas. Luego apunté el chorro de la ducha hacia mi clítoris, me imaginaba que era mi amiga Ana que me chupaba el coño. No podía apartarla de mi cabeza y me venía constantemente en imágenes de sexo puro y duro. Me imaginaba que su cabeza era la alcachofa de la ducha y que yo la agarraba aprtándola contra mi coño para que me lo comiera más. Seguí así un rato con el chorro, pero no tardé en frotar mi clítoris a la vez y correrme de nuevo, no sé cuantos flujos salieron pues el agua de la ducha me impedía distinguirlo bien pero por la intensidad del orgasmo puedo decir que no serían menos que los que eché sobre el espejo. Estaba ahí con el chorro de la ducha apuntando a mi coño, estirando mi clítoris hacia arriba y corriendome de nuevo por cuarta vez.

– ¿Va a ser que eso de contar las veces que te corres incluso te pone?

– Pues sí, es algo que me mola.

– Que bien, a mi también.

– Me quedé completamente extasiada, con las piernas temblorosas. Esa corrida supuso un antes y un después en mi día. A partir de ese momento supe que no tendría freno e iba a ser un constante correrme en cualquier parte de la casa. Estaba demasiado cachonda por lo de Ana y no iba a contenerme.

– ¿Qué hiciste después? Espera, métete mi polla en la boca y acercándole mi polla se la metí en la boca. Ella la chupó con diligencia. Luego se la saqué.

– ¿Así más agusto?

– Pues la verdad es que necesito algo más, sigue contándome del tirón y mientras te como el culo.

– Hmmm… eso suena bien – se giró sobre el brazo del sofá y me ofreció su culo en pompa – ¿Así te vale?

– Está perfecto – y me lancé a comerle el culo lentamente y deleitándome a cada lamida – sigue contando.

– Pues… ahhh… joder tío, que… Ahhh… dificil es esto. ¿No puedes parar un poco?

– No, sigue contando mientras te como el culo.

– Bueno lo intento, uffff. El caso es que salí de la ducha y me sequé un poco, luego desayuné, lo típico. Seguía pensando en Ana, lo que haríamos en cada habitación de la casa. En el baño sobre el retrete, una de pie y la otra sentada comiendo coño. Que si en la cocina metiéndonos pepinos y zanahorias… Ahhh, que gustito me das, sigue chupándome el culo, ufff.

– Sigue y calla – paré por un momento y le dije yo, luego continué introduciendo mi lengua en su ano.

– Así que acabé yendo a la cocina y cogiendo un pepino, lo lavé bien y comencé a jugar con él entre mis piernas. Comencé a metérmelo por el coño, no era muy largo pero sí bastante grueso. Finalmente quedó casi completamente dentro de mi coño. Pero ví que mi lujuria se quedaba insatisfecha y cogí también una zanahoria y tras lavarla bien la introduje poco a poco por mi culo. Qué sencación, tener tus dos agujeros llenos de hortalizas. Luego empecé a masturbarme con mi mano sobre mi clítoris a la vez que metía y sacaba la zanahoria de mi culo. Aceleré el ritmo y comencé a correrme, momento en el cual saqué el pepino de mi coño y un caudal de flujos se derramó por todo el suelo. Joder tío vas a tener que follarme el culo ahora.

– Me has puesto muy cachondo con tu historia, eso encantado. Pero recuerda que aún me tienes que contar el resto.

– Sí, lo que tú digas pero fóllame el culo ahora.

 

Mi polla estaba ya otra vez en pie de guerra por la excitación. Apoyé el capullo sobre su ano y empujé. Como acababa de jugar con él estaba muy lubricado así que mi polla comenzó a deslizarse dentro poco a poco pero con facilidad. Comencé a sentir la estrechez de su culo y mi polla se endurecía más por momentos. Qué gusto follarme ese culito.

 

– ¡Ahh, cabrón me partes el culo!

– Joder, sí, toma polla, te rompo el culo, preciosa.

– Siento que me va a reventar, dame más, quiero más.

– Toma, toma polla en tu culo.

 

Yo la embestía cada vez más fuerte. Me había puesto como una moto con su historia y ahora necesitaba descargar de nuevo. Seguí bombeando sin parar hasta que ya no podía más.

 

– Me voy a correr, me corro en tu culo.

– No, no lo hagas en mi culo, quiero que me la eches en la boca – y diciendo esto se sacó mi polla, se dio la vuelta con desesperación y se lanzó a comérmela.

– Ahhh, sííí, qué gusto, chupa bien, eso es – ella chupaba mi polla con frenesí, deseando su deliciosa recompensa – abre bien que me corro… ¡¡ME CORROOOO!!

 

Comencé a descargar semen en su boca, asegurándome de que no se saliera nada. Era la quinta vez que me corría pero a pesar de ello salió una abundante cantidad de esperma. Podía ver como los chorros volaban desde mi polla hasta su boca y se depositaban uno a uno sobre su lengua. Ella soltaba un gemido a cada chorro que sentía. Después me limpió la polla como siempre y prosiguió con su relato sobre sus pajas.

 

Pero eso es en sí mismo parte de otro relato. No os olvidéis de votar y hasta la próxima.

(Podéis escribir vuestros comentarios a: belce6u at gmail)

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