La cama deshecha

Estaba loca de placer, con las caricias que Joni me estaba prodigando con su boca. Amalia se encargaba de cubrir con caricias todo mi cuerpo hasta enloquecerme no podía resistir más, enloquecía.   Me dejé ir y de pronto un temblor me invadió de placer y lujuria.

Por el aspecto de la habitación, se adivinaba que habían estado gozando de sus cuerpos hasta el amanecer. Por un lado un zapato tirado en el suelo, un poco más adelante… el otro, debajo de la cama más adelante, caída  en el suelo una minúscula falda negra, una blusa color fucsia,  estaba sobre una silla tirada de mala manera… Debajo de la cama se podía ver el tirante del sujetador…  solo había que tirar de él para sacarlo.

El olor a sexo estaba en el ambiente, desde la puerta pude ver que estaban dormidos, la noche debió ser bastante agitada. Su posición dejaba ver sus nalgas morenas, se notaba que era un culo bien duro y bronceado. Estaba desnuda, boca abajo, su pelo revuelto caía sobre la almohada, era negro, largo, un poco rizado. Dormía con una respiración profunda y acompasada, parecía un sueño muy reparador…

Al otro lado, estaba Jonis un brazo caía por fuera de la cama, su cuerpo fornido estaba   desnudo, parecía una figura de ébano su voluminoso paquete estaba en reposo, después de una noche de excitación y placer.

Sonó el teléfono y… Amalia se movió, alargó su brazo hasta el lugar de donde venía el sonido, lo descolgó y lo volvió a colgar, pero con todas estas operaciones… Jonis se despertó, al ver que Amalia estaba despierta, la cubrió con su pierna, buscó sus labios, los besó… Ella alargó sus brazos y tomó entre sus blancas manos su  cara, respondiendo a su caricia  con un beso largo y dulce, la mano de Jonis  fue directamente a la entrepierna  de la joven, las  fue separando  poco a poco, fue abriéndolas…

Notaban que la excitación volvía a apoderarse de sus cuerpos, su coño se humedecía, se abrió como un túnel profundo y negro… Al sentir sus dedos como entraban en el reducto, se estremeció de placer, aún tenía en sus poros el sudor que la pasión y el deseo habían dejado impregnando en  todo su cuerpo la noche anterior.

Ella buscó el falo de ébano y notó que estaba muy caliente y duro se puso de rodillas encima de él y como si fuera una amazona experta, aferrada al lomo  de su  caballo,  empezó a cabalgar primero despacito… Poco a poco iba aumentando el ritmo, Jonis tomaba los pechos de Amalia, que con su boca abierta jadeaba de placer, le acercaba sus tetas a su boca, él las lamía, las mordía, jugaba con ellas…

La excitación iba en aumento, los dos se movían al mismo ritmo, cuando la excitación llegó al máximo Amalia emitió un grito de placer que debió oírse desde bastante lejos, yo que desde la otra habitación lo estaba contemplando todo sin ser vista, no pude más, acaricié mis pechos y mi clítoris… Me sentí envuelta en la misma locura que el hombre de ébano y la mujer blanca. Sentí un rabioso orgasmo, prolongado, no pude más que salir de mi escondite y unirme a ellos.

Amalia me miró y… me hizo un lado en su cama, vino inesperadamente hacia mí y empezó a acariciarme los pechos, mordía mis pezones, chupaba mi cuello, mordía mis orejas, yo estaba totalmente embriagada de placer, era la primera vez que asistía a un trío.

Joni, al ver la reacción de Amalia, acercó su boca a mi coño para chuparlo, metía su lengua dentro, mordía mi clítoris yo busqué lujuriosamente su falo, que estaba duro como si verdaderamente fuera de ébano… Estaba caliente follaba mi boca una y otra vez,   de pronto se estremeció y corriéndose en mi boca sentí como si se tratara de un espasmo.

Su semen salía por las comisuras de mis labios, estaba loca de placer, con las caricias que Joni me estaba prodigando con su boca. Amalia se encargaba de cubrir con caricias todo mi cuerpo hasta enloquecerme no podía resistir más, les decía… no paréis, no paréis, ¡enloquecía!   Me dejé ir y… de pronto un temblor me invadió de placer y lujuria…

La mañana fue inolvidable, irrepetible, maravillosa, sentí el placer más profundo e inesperado que jamás pude llegar a imaginar.

La experiencia fue magnífica.

Autora: Cary

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El amuleto

Le clavé mi verga en el culo y logramos un ritmo delicioso, ella sintió el volcán de mi pija, se desensartó y media vuelta se apoderó con su boca de mi mástil. Lo chupó como desesperada y me hizo venir en su boca. Se tragó toda mi leche. No dejaba escapar gota alguna.

Hola todos. Quiero compartir con Uds. una experiencia personal que sucedió hace un año aproximadamente. Soy un tipo de contextura normal 1,70 de estatura, voy al gym todas las semanas, tengo cabello negro ondulado, ojos café y piel blanca, en lo que a mi respecta, un hombre bien dotado por la naturaleza (me lo han dicho varias mujeres).

Trabajo para una empresa de seguros y en cierta oportunidad mi jefa, una mujer que bordea los 40 con un cuerpo muy bien formado, cabellos largos color castaño, y una mirada a veces fría pero firme; una ejecutiva muy seria y respetada en mi empresa, me informó que debíamos viajar a una ciudad del interior del país a gestionar un seguro para una pequeña compañía.

Leonor, ese es su nombre, me había indicado que nos reuniríamos en el aeropuerto muy temprano por la mañana. Así lo hice, a las 8 a.m. me encontraba esperándola y un poco nervioso, pues era la primera vez que salía fuera de la ciudad con mi jefa a un asunto de trabajo y más aun solos. Me sorprendió verla esa mañana muy sonriente y su carácter distinto al que usualmente tiene en la oficina. Me saludó con un beso en la mejilla y me dijo, con un grado inusual de confianza:

-Espero que este viaje sea muy productivo para los dos.

No me pareció nada raro aquel deseo de ella, así que no le puse mucho asunto en esa frase. Cabe mencionar que en realidad nunca le había puesto mucho interés a mi jefa, me refiero como mujer, ya que en la oficina es muy seria, es gritona y mandona. Pero ese día ella tenía un algo muy especial. Diría que a propósito se desenvolvía muy sensual, algo por cierto inusual en ella.

Al acercarnos al counter de la aerolínea para registrar nuestros tickets, ella pidió que nos ubicaran juntos. Hasta aquí todo normal. Llegó el momento del abordaje y nos dirigimos al avión. Una vez dentro me pidió que le ayudara a abrochar su cinturón de seguridad. Lo cual me dispuse a hacerlo eficientemente, más al momento de acercarme a ella no pude evitar lanzar una mirada a su blusa tipo sastre, con abotonadura que permitía mostrar las líneas redondas de sus pechos. Pude observar un par de tetas magníficas que se sumaban al aroma exquisito de su perfume que embriagaba mis sentidos. Me retiré discretamente a mi asiento pero no pude dejar de pensar en esos trozos de carne suave, sensual y exquisita y esas dos piernas que me imaginaba eran tan suaves como el sonido de su voz.

Llegamos a nuestro destino e inmediatamente nos dirigimos al hotel, que por cierto fue escogido por ella. Ya en la recepción del hotel pidió que nos ubiquen en habitaciones contiguas. Realmente no me pareció nada extraño pues íbamos a realizar un negocio muy importante y la idea era trabajar en equipo para lograr ese negocio a como diera lugar. El día fue muy agotador y finalmente logramos lo que queríamos. Cerramos el negocio y Leonor se puso muy contenta. Tanto fue su satisfacción que me dijo:

-Esta noche tengo ganas de celebrar “mi” triunfo.

Le sugerí ir al hotel y cambiarnos para salir a cenar. Ella inmediatamente asintió pero esta vez me lanzó una mirada extremadamente coqueta que me provocó decirle:

-Estuvo muy bien. La felicito, logró convencerlos. Ella a cambio me contestó:-Es que traje mi amuleto de la suerte, ¡Tú! Su comentario provocó que me ruborizara pero inmediatamente le repuse: -Una mujer bella como Ud. no necesita amuletos. Su capacidad y experiencia son suficientes.

Me miró fijamente a los ojos y sin decir nada me dio un cálido, pero sensual, beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de mi boca, y con su mano derecha me acarició la mejilla  izquierda. Subimos al taxi y nos dirigimos al hotel. Una vez allí subimos a nuestras habitaciones. Antes de entrar a su habitación me dijo:

– Nos vemos en 20 minutos, o antes y sonrió.

Entré a mi habitación y no transcurrieron 10 minutos y alguien llama a mi puerta. Abro y es mi jefa. Y me pide:

– ¿Me puedes ayudar con algo? – Por supuesto. Que puedo hacer por Ud. – Respondo. – La llave de la ducha parece que no funciona. – Vamos a revisar. Le dije.

En ese momento me di cuenta que ella se encontraba vestida con una salida de baño. Yo me había quedado en mi bóxer y un polo blanco. Una vez en su habitación me dirigí al baño y efectivamente la llave de la ducha estaba atascada. Me dice:

– Agarra con fuerza y gírala.

Se aproxima a mí, se coloca junto a mí y procede a ayudarme, su cuerpo rozaba con el mío. Esto me puso a mil. Mi erección fue inevitable e imposible de ocultar. Mi bóxer no era lo suficientemente elástico como para resistir mi verga a punto de estallar. Como si todo fuera normal, se acerca aun más y se dispone a girar la llave y sus manos sobre las mías, supuestamente ayudándome a abrir la llave. Se metió a la tina de baño y logramos abrir la ducha pero a causa de ello nos mojamos los dos. Se rió a carcajadas por el evento y haciendo un movimiento de su cabellera, hacia atrás, muy sensual dice:

-Ya ves, hiciste que me mojara.

En ese momento me doy cuenta que no llevaba ropa interior pues se le abrió la bata de baño más allá de la entrepierna, dejando ver sus vellos que adornaban su vagina. Entonces la miré fijamente y ella se me lanzó a mi cuello y me besó con fuerza, y me dijo:

-No sabes cuanto esperé este momento. Me has gustado desde que entraste a trabajar a la empresa. He soñado con este momento y hoy quiero que mis sueños se hagan realidad. Hoy quiero que me hagas tuya. Quiero sentirte por todo mi cuerpo.

¡Al sordo le han dicho! No bien terminó de contarme sus intenciones empecé a besarla entrelazando mi lengua con la suya. Hubieran visto, era una lucha despiadada de poder entre nuestras lenguas y labios. Su saliva que humedecía con frescura su lengua y sus labios le daba un sabor a deseo a todo el ambiente que nos rodeaba. Sus labios tenían un sabor a durazno a almíbar y claro a sexo.

Mis manos recorrían ya su cintura, entonces le quité la bata que se encontraba totalmente empapada y Leonor empelotada frente a mí, con sus manos acariciando su trasero, luego sus tetas y finalmente su vagina, me advirtió:

-Todo esto va a ser tuyo, prepárate papito rico.

Inicié un juego delicioso con sus tetas las que, por cierto, eran dos melones suaves de carne blanca y dura que apenas podía rodearlas con mis manos. Sus pezones estaban duros por la excitación del momento y su aliento agitado.

Mi mano empezó a acariciar su entrepierna. Mi dedo buscaba sus labios vaginales, calientes, jugosos, glotones ávidos por ser poseídos. Estaba totalmente dispuesta. No esperó más. Se arrodilló frente a mí y me bajó el bóxer y en sus manos agarró, extendida en toda su expresión, mi verga firme y dispuesta a dar lucha donde sea y por donde sea. Al percatarse del tamaño de mi falo solo atinó a decir:

-Te he imaginado desnudo muchas veces pero nunca pensé que tendrías un aparato tan grande. Creo que es digno de un premio. Hoy quiero que me desvirgues mi culo. Nadie antes me lo ha hecho. Hoy seré una puta para ti.

Acto seguido inició a chupar mi verga. Tenía una lengua deliciosa, en cada embestida que me daba con su boca me hacía gemir de placer. Con su lengua recorría los bordes de la cabeza de mi pene y lo único que me permitía hacer era estremecerme de placer.

La distancia inicial que había entre el subalterno y la jefa se fue al carajo, así es que empecé a tratarla como a la puta arrecha que se encontraba frente a mí devorando mi machete de carne, y le decía:

-Vamos perra, eso es lo que querías. Trágatela toda. Chupa esta verga que tanto has deseado.

El sentimiento de poder que me embargaba en ese momento me excitaba aun más. Recordarán que aun estábamos en la bañera, yo de pie y ella arrodillada propinándome una mamada de sueño. Luego la agarré de su mano y le di la vuelta. Ella pegó su trasero a mi verga y empezó a sobarlo. Le dije:

-Hoy tu culo deja de ser virgen. Vas a probar la verdadera verga de un hombre.

Respondió:

-¿Que esperas papito? Eres mi cabrón. Desvírgame el culo.

La doblé y con mi dedo empecé a masajearle el ano, luego le introduje otro más y uno más. Para ser primeriza lo estaba recibiendo muy bien, me imagino era por lo excitada que estaba. Una vez acondicionado su ano acerqué la cabeza de mi verga a la entrada de su culo y empecé a introducirla lentamente. Al principio me rogó:

-Por favor hazlo despacio no quiero que me lastimes, recuerda que es mi primera vez.

Una vez adentro logramos un ritmo delicioso acompañado de guarradas que tanto yo como ella nos decíamos:

-¿Te gusta mi verga putita?, le preguntaba y ella contestaba -Me encanta sentirte dentro. Vamos cógeme por el culo es todo tuyo papito. Rómpemelo, hazme gritar de placer. Ahhhhhhh! Que rico Siiiiiiiii!! Bombea más fuerte, – ella pedía.

Sentí que galones de semen se agolpaban en mi falo.  Ella, sintiendo la inminente erupción del volcán en que se había convertido mi tronco, se desensartó y media vuelta se apoderó con su boca de mi mástil. Lo chupó como desesperada y me hizo venir en su boca.

Se tragó toda mi leche. No dejaba escapar gota alguna. Miraba fijamente a mis ojos y cuando terminó de tragar mis jugos seminales me advirtió:

– Es un buen inicio. Esta noche te saco hasta la última gota de leche. Desde hoy eres mío.

Que decir de lo que me esperaba. Yo estaba agotado de este primer round de sexo. Ella se puso de pie y fue entonces que cuando salía de la bañera recién pude apreciar el calibre de hembra que me había tirado. Una mujer con un cuerpo escultural que había decidido perder su virginidad anal esa noche conmigo.

Este relato no termina aquí por que luego les contaré en donde lo hicimos luego de la habitación del hotel.

Autor: Gman

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Mientras el hijo la follaba

Mientras el hijo le embestía a mí me estaba practicando la segunda mamada del día, mi nabo crecía en el interior de esa boca, en varios minutos su hijo se corrió en medio de un gran espasmo, y ella seguramente al sentir el calor de ese líquido que emanaba del aparato de su hijo, dio unos pequeños gritos de placer que anunciaban su ya tercer orgasmo en la mañana.

Soy un chico que ejerce de dependiente en una pequeña tienda de comestibles un pueblecito bastante modesto de Galicia, esta se sitúa debajo justamente de la casa. En Galicia suele llover muy a menudo y debido a que es un pueblo tan diminuto hay una gran confianza entre todos los habitantes. Un día que amaneció bastante oscuro, pensé que iba a caer un gran aguacero, podía notar la humedad en el ambiente, pero como eso no era excusa me decidí ir a mi trabajo como cada día.

A eso de las 10 de la mañana empezó a llover exageradamente, mi mente me decía que me iba a aburrir demasiado ya que el día anterior había dejado hecho todos los quehaceres (inventario, pedidos…), así que encendí la pequeña tele que tenía a mi servicio en una esquina del mostrador.

Como llovía tanto el hijo del dueño no había ido a estudiar. Su padre si que había ido a ver el estado de sus otras tiendas y su madre dormía plácidamente en su habitación, así que el hijo, de sus buenos 18 años, aprovechó para poner una película XXX. Lo que él no sabía es que debido a un amplificador yo también podría ver lo que se reproducía en el video y cual fue mi sorpresa que al estar haciendo zapping vi algo muy interesante. Una rubia de ojos claros y mirada penetrante, le comía el rabo a un negro mientras este le acariciaba los pezones.

Por un momento me quedé parado por mi sorpresa, pero después reaccioné y pensando que no vendría nadie debido a la lluvia, podría cerrar la puerta con llave para que nadie pudiera sorprenderme, así que lo hice, cerré con llave y cogí una silla, me bajé los pantalones, me senté y acogiéndomela a dos manos empecé a cascármela como si nunca hubiera sentido el placer del sexo.

Estaba tan exhausto con la película que no me di cuenta de que la dueña se había plantado a mi lado. Me dio unos toquecitos en el hombro, giré mi vista y ante mí estaba, ese gran monumento. Larga melena roja y rizada que baja por su preciosa espalda, hasta llegar al nacimiento de su precioso culo, yo seguí bajando mi mirada al menos 1.20 metros más hacia abajo, hasta encontrarse con el suelo. Tiene unos grandes ojos verdes, piel blanca, sus pechos son grandes con un botón rosa que corona la cima, y un pubis muy poblado, con pelos de color rubio, aunque este tremendo físico lo descubrí un poco más tarde.

Aún llevaba puesto el pijama la muy zorra. Estaba mirándome como me sobaba ese falo duro a causa de la película que estaba viendo el mariconazo de su hijo. Yo quedé paralizado por el susto y la vergüenza, así que no pude decir ni hacer nada, pero ella se encargó de todo. Me cogió del antebrazo tirando fuerte hasta la goma que ajusta el pantalón en su cintura, lo bajó con mi propia mano dejándome ver ese bonito coño, me cogió mi cabeza y haciendo fuerza la llevó hasta su rajita, donde ya no pude más y empecé a lamer.

Solo era capaz de oír algún gran suspiro que se le escapaba debido a mi buen trabajo en su privacidad. Cuando de repente noté unos temblores en sus muslos que anunciaban el inminente orgasmo, cuando este se produjo soltó un gran suspiro de placer y debido a que las piernas le fallaron le tuve que ceder el sitio para que no se desplomara en el suelo. Cuando se sintió con fuerzas, siguió desnudándose, se arrodilló y cogió mi gran verga con ambas manos y empezó a frotar lentamente, hasta que estaba bien colorada esa gran cabeza que amenazaba con estallar tan solo sentir el roce de esos preciosos labios rojos y carnosos.

Me dio un par de lametazos que iban desde los mismos huevos hasta la punta para después acabar con toda ella metida en su boca, succionando como nunca me había succionado el miembro. No se tuvo que esmerar mucho más, ya que poco después de 2 subidas con sus respectivas bajadas, le di 1 gran cañonazo que le tuvo que hacer blanco en la mismísima garganta. Me parecía imposible, pero no caía nada de su boca, se había tragado hasta la última gota de mi verga.

La miré con cara triste pensando que ahora se marcharía como si no hubiera pasado nada, pero cual fue mi sorpresa que dándome la espalda, se puso en 4 y acogiéndome el rabo con sus manos expertas lo condujo hasta la puerta del placer. Debido a la gran excitación que tenia encima, no tuve que hacer demasiados esfuerzos, ya que eso parecía un agujero negro, se tragaba hasta la luz. Cada centímetro que mi pija se adelantaba más, tenia la sensación de estar acercándome a un horno, ¡cuánto calor podía despedir esa gran concha! Cuando entró, empecé un tímido vaivén que producía un bombeo bastante flojo, pero ella tras darme un palo en el culo como si de una burra coja se tratara empezó a imponer un ritmo mucho más acelerado.

Yo estaba mirando su bonito culo, cuando de repente se fue la luz. Todo quedó a oscuras, solo se escuchaban los pequeños jadeos de mi amante y un pequeño crujir que provenía de la silla, ya que estaba siendo sometida a un trabajo más duro de lo habitual. Cual fue mi sorpresa que al poco rato, su jadeo fue como ahogado, como si le estuvieran tapando la boca. Yo no le di demasiada importancia y seguí a lo mío, solo pensaba en correrme y ahogar a esa zorrita en mi caliente leche.

De repente volvió la luz y al mirar al frente vi al causante de que mi zorrita tuviera la boca tapada, ¡era su propio hijo!, este tenía la cara desencajada del placer que estaba obteniendo y yo al ver la escena y el morbo que conllevaba esta no pude aguantar más y me corrí a la misma vez que mi amante. Era increíble porque el chaval aún no se había corrido.

Saqué el rabo y detrás de este un gran borbotón de esperma que resbaló por sus preciosos muslos, el hijo de la zorrita de mi amante me imitó y sacó su aparato de la boca de su mamá y sin mediar palabra se dirigió a la parte donde estaba yo. Mi amante me cogió de la mano y se dispuso a limpiar los restos de mi espectacular corrida y cual fue mi asombro al escuchar la voz de su propio hijo que le decía a la madre – Te voy a clavar zorrona. Mierda este agujero está demasiado inundado y resbala.

Pude ver como se inclinaba, apuntó hacia el orificio pequeño de su madre y la clavó de un empujón, la muy puta dio un grito de placer y dolor y para ahogar ese pequeño grito decidí meterle mi polla en su boca para que me la limpiara. Mientras el hijo le embestía a mí me estaba practicando la segunda mamada del día. Me asombró muchísimo notar como mi nabo crecía en el interior de esa boca que tantas veces había soñado con besar, en varios minutos su hijo se corrió en medio de un gran espasmo, y ella seguramente al sentir el calor de ese líquido que emanaba del aparato de su hijo, dio unos pequeños gritos de placer que anunciaban su ya tercer orgasmo en la mañana.

El hijo se dirigió a la cara de su mamá a que le limpiara lo que se había ensuciado. La madre como buena madre que era se sacó mi pija de su boca y siguió masturbándolo con una mano, mientras con la otra sujetaba la verga de su hijo y la lamía como si de un helado de nata se tratase. Yo no aguanté más y mi corrida le dio en su cabello.

Cuando nos separamos ya satisfechos y bastante marranos, nos despedimos, ella cogió sus pertenencias (el pijama) y subió seguramente a ducharse, el hijo la siguió, supongo que con lo caliente que eran los dos, terminarían follando como locos en la ducha, pero eso ya es otra historia. Yo terminé el día feliz y contento y desde ese día me encanta más aún la lluvia.

Espero os haya gustado este relato, podéis mandarme vuestras quejas o felicitaciones.

Autor: play_boy116

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Me desvirgó mi tío

Una fuerte mordida me hizo sacudir violentamente dejándome completamente adolorida, toda la calentura se me pasó de inmediato, pero mi amor sabía lo que hacía, antes que pudiera quejarme, me volteó y me abrió de piernas poniendo su hermosa verga en la cueva que tanto la reclamaba. Sentí su cabeza grande y caliente por primera vez y me levanté hacia su cuerpo sedienta de ser penetrada.

Por fin llegó el día de postular a la universidad. Sinceramente en toda esta historia es que siempre estuve bien motivada por mi tío y había estudiado a conciencia. El día de mi examen mi tío me llevó temprano a dar mi examen. Antes de entrar él me dijo algo realmente motivador: Si ingresas me puedes pedir “cualquier cosa amor”. Yo no podía perder esa oportunidad así que entré decidida a ingresar a la primera. Me concentré de tal forma y con todas mis fuerzas que di un excelente examen. Ingresé tal como me había propuesto: a la primera, así que mi amorcito tendría que cumplir lo ofrecido.

Esa noche mi tío me llevó a ver los resultados, mi tía no quiso ir por los nervios, era mejor así, cuando pegaron los resultados de mi facultad, mi tío corrió a leerlo y regresó contento me abrazó y besó delante de todos, “ingresaste mi reina, me dijo”, no me importó, nadie nos conocía. Me llevó directo a su carro y me volvió a besar dentro y me preguntó ¿Que me vas a pedir bebé? Yo lo miré profundamente y guardé silencio. Mi mano se movió instantáneamente a su falo y lo besé delicadamente en los labios… “quiero que me desvirgues esta noche mi amor “… le dije… “hoy quiero recordarlo siempre toda mi vida… el día de mi ingreso a la universidad, que fui tuya completamente”.

Mi tío encendió el auto y se dirigió a un nuevo hotel que no conocía. Este era muy lindo, bien elegante. Entré a la habitación muy contenta sabiendo que el momento había llegado. Mi tío me desnudó lentamente, sin prisa, mi sostén cayó a un solo movimiento de su manos; ellas se apoderaron de mis turgentes pezones rosados que parecían estallar mientras yo gemía de gusto. Me tomó de espaldas mientras sus manos bajaron a mi hilo dental hasta las rodillas.

Abrí mis piernas instantáneamente para que pudiera meter sus traviesas manos en mi caliente cueva que lo reclamaba desde hace meses. Mi adorado tío comenzó a besarme el cuello con una tranquilidad desesperante y fue bajando por mi espalda, quedé completamente excitada a esas caricias y me tiré de rodillas sin fuerza en las piernas que me temblaban de placer.

Me di vuelta inmediatamente y allí tenía frente a mis ojos la adorada verga que me había destrozado mi joven culo cientos de veces; esta vez me iba a dar lo que ansiaba noche a noche. Su hermoso glande rosado parecía que en cualquier momento iba a estallar furioso en mi cara y llenarme de leche como siempre hacía pero ahora estaba decidida a controlar al monstruo que me iba a desflorar.

Comencé a adorando con mucha ternura a pesar que me la había tragada cientos de veces parecía ser la primera vez. Mi amorcito me separó de su pene para no correrse en mis ansiosos labios mamones y me echó de espaldas a la cama y esta vez comenzó hacerme una rica sopa con su lengua hambrienta, yo me corrí apenas sentí su lengua en mi delicado clítoris. Y comencé a llorar de emoción… “métemela ya mi amorcito, hummm, que rico mi amor, que rica lengua bebé, pero ya métemela, quiero sentir tu monstruo dentro de mí… rómpeme de una vez mi vida hazlo yaaaa… comencé a gritar desesperada.

Mi tío se lamió todos mis jugos con una calma increíble que me desesperaba a cada segundo. Seguí rogándole que empezara la perforación de mi conchita completamente caliente y arrecha, entonces él se subió sobre mi y sentí por primera vez todo su peso sobre mi cuerpo caliente, sus besos fueron directo a mi cuello pero sabia que no debía dejar huellas de nuestro amor, así que fueron mis tetas las que pagaron las consecuencias de de su arrechura. Las mordisqueo a su antojo y las huellas comenzaron a brotar en mi delicado cuerpo, bajó hasta mi entrepierna y volvió a marcar con fuerza por todos lados dejando muestras que le pertenecía cada milímetro de mi cuerpo, yo gritaba de placer y me retorcía bajo su cuerpo. Los orgasmos venían uno tras otros sabiendo que vendría uno mayor en cualquier momento.

Entonces me volteó y mi culito blanco durito y paradito como me decía que lo tenía, se alzó instantáneamente para que pudiera también marcar lo que le pertenecía desde hace tiempo. Esta vez ya no succionó. Una fuerte mordida me hizo sacudir violentamente dejándome completamente adolorida, toda la calentura se me pasó de inmediato, pero mi amor sabía lo que hacía, antes que pudiera quejarme, me volteó y me abrió de piernas poniendo su hermosa verga en la cueva que tanto la reclamaba. Sentí su cabeza grande y caliente por primera vez y me levanté hacia su cuerpo sedienta de ser penetrada, entonces entendí que si no me hubiera mordido ya solo con esa caricia me hubiera vaciado nuevamente y no hubiera disfrutado la penetración esperada tanto tiempo.

Entonces lo sentí… Era indescriptible sentir como la gran cabeza del monstruo empezaba abrirse paso por primera vez en mis entrañas, un fierro caliente y poderoso avanzó lentamente hasta chocar en mi virginal membrana que tanto cuidé. Entonces el empujón violento y poderoso de mi hombre…y ahí estaba completamente desvirgada, de inmediato, mil orgasmos me sacudieron cuando me enterró con fuerza tremenda pieza. Por fin era completamente su perra y comencé a moverme con desesperación. Grité sin el menor escrúpulo pidiendo desesperada mente que me cogiera con fuerza y que no pare de empujármela. Mi tío sabía bien el arte del amor. Dejó que me sacudiera bien abajo y luego me puso arriba para que me moviera a mi gusto. Había aprendido a controlar la profundidad de mi vagina y me comía su falo desesperadamente, no se de donde me imaginé tantas poses ellas salían de manera natural solamente con el deseo de sentir su rica pinga dentro de mi.

Yo no era egoísta así que de rato en rato me bajaba de mi montura y me la chupaba rico hasta limpiarle con mi lengua mamona todo su líquido preseminal. No recuerdo haber visto mi sangre en su falo cuando lo chupé o tal vez estaba tan arrecha que ni cuenta me di. Volví a montarme en mi rica pinga que por fin era mía completamente. Fue entonces cuando  sentí que mi arito comenzó a inquietarse y decidí compartir mí  alegría con ese orificio que me regaló tanta felicidad desde el principio y lo enterré con mis manos en un solo movimiento, mi deliciosa verga conocía bien mi tubo y ya no tenía problemas para encularme, lo hacía en un solo movimiento.

Pinga para mi culo y pinga para mi conchita era algo delicioso, estuvimos dos horas cogiendo de lo más rico, cuando nos dimos cuenta que eran casi las doce. Corrimos a ducharnos medio cuerpo y a quitarme el olor a leche que tenia por todo mi cuerpo. Llegamos contentos a casa, mi tía nos esperaba ansiosa.  Ingresé le dije abrazándola. Ella correspondió mi alegría con muchos besos. Mi nena me dijo, te has esforzado tanto que te lo mereces, miró a mi tío y le dijo esta niña merece un premio amor. ¿Que le vas a regalar ?…

Yo ya no quería más…esa noche por lo menos… Mi sueño más grande se había hecho realidad.

Autora: Jacky la perrita obediente

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Un gusto especial

Sus gritos los acallaba besándola, fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita.

La verdad que después de haber conocido las infidelidades de mi esposa y sintiendo profundo amor por ella, he permitido que tenga amantes. Es así que convinimos que cuando alguien le guste, ella debe decirme para que de alguna manera se le invite a la casa y pueda dar desenfreno a los instintos sexuales que tiene.

Es así que algunas veces he tenido que observar algunos de ellos bien dotados como el caso de Juan, que luego de estar en una fiesta lo invitamos a la casa a continuar farreando, entonces yo me hacía el borracho dormido para darle completa libertad a mi esposa y su amante de turno. Me llevaron a un sofá antiguo que estaba en el dormitorio y mi cama que es bastante ancha se prestara para que sea el centro del juego, para ello prendía una lamparita de luz roja tenue del velador, para que yo pudiera observar todo lo que pasaba.

Esa vez comenzaron a besarse desenfrenadamente, y él a desvestirla hasta dejarla completamente desnuda, él luego de sacarse sus ropas mostraba una vergota que parecía de burro, calculo unos 25 cm por 2″, realmente grandísima, ya que mi mujer no podía metérsela toda en la boca, solo podía lamerle el glande y nada más, mi esposa es bajita y delgada, antes se comió algunos postes grandes, pero no de esa magnitud, mientras tanto yo hecho el dormido veía todo lo que sucedía, tenía mi pija bien parada a punto de explotar por todas la cosas que veía que le hacía a mi mujer, la hacía gritar cuando le metía sus dedos al culo, en su panochita, le chupaba sus tetas, hasta que llegó la hora de la verdad, él ya no podía con todas las chupadas que le hacía mi mujer, que pudiendo o no pudiendo, se metía algo a su boca.

Le pide: échate al borde y abrí lo más que puedas tus piernas, pero antes ¿tienes algún aceite o crema? Para qué le preguntó mi mujer, para que no te duela, porque todas por más casadas y paridas que sean, son vírgenes para mí, le prestó un pomo de nivea, él se embadurnó su verga y a ella le puso con su mano un poco de lo mismo, bueno gran puta le dijo, separa las piernas lo más que puedas… yo podía ver que parecía un cirio, a punto de entrar en la panocha de mi mujer, fue entonces que colocó en su vagina esa cabezota y se la fue metiendo de a poquito, mi mujer al sentir esa enormidad en su chuchita, quería a toda costa rechazarlo, lo empujaba de su pecho peludo, arañaba las sábanas, pero ya era tarde se la metió más y más mientras la pobre se movía en su cama llena de dolor hasta que se la metió casi toda, aún así le decía que se la saque, pero su respuesta fue que se la acabó de enterrar más.

Sus gritos los acallaba besándola, hasta que más o menos vi que ya llevaba el ritmo de él, poco a poco fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor le dio vuelta y se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey en su caballo, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita, luego le hizo dar una vuelta en la cama y la jaló hasta el borde la cama, le levantó sus piernas llevándoselas a sus hombros y con una mano agarró su barrote y lo situó en sus labios vaginales clavándosela nuevamente hasta que sus bolas le golpeaban en cada embate sus nalgas con un bombeo permanente enterrándosela hasta el fondo y ella soportando con placer el dolor agradable que le producía hasta que él se vino en una deslechada que para lo peor se encontraba sin condón, así que derramó toda su leche en el interior de su vagina.

Cayó extenuado a un lado de ella, tendida con sus piernas aún abiertas, viéndole como le chorreaba por su ano el semen que le depositó su macho de turno. Luego de unos instantes se levantó y haciéndola sentar se hizo chupar su falo y con sus manos como agarrando una manguera se ayudaba para pajearlo primero lentamente hasta que él le pedía que acelerara el pajeo porque en su boca no entraba más que unos 5 cm.

Cuando no pudo más eyaculó en su boca, algo tuvo que hacerlo pasar, porque el resto le rebasó sus labios hasta caer en sus pechos, yo ya no podía aguantar y también me vine en mis calzoncillos, desde que comenzaron pasaron por lo menos una hora de bombeo permanente, chupada de verga, mordisqueo de tetas, en mi mujer se notaba que ya no daba más porque se cubrió con las sábanas, pero al hombre joven se lo veía arrecho porque le pidió que se sentara en su trípode que volvía a tomar forma de garrote.

Mi mujer le dijo que por esa noche era suficiente, sentado en una silla la hizo que se sentara de frente a él enclavando su arma en la chucha de mi mujer, que sacaba fuerzas de no sé dónde y nuevamente se entregó a los brazos de morfeo, luego de un buen rato así ensartada la llevó hasta la cama y tumbándola penetrada, se la tiró un buen rato hasta explotar de nuevo.

Yo me levanté cuando escuché que cerró la puerta y la tomé en mis brazos y sin más trámite me la monté, mi verga entró como a la puerta de una cueva ancha, y mientras me la culeaba evacuaba semen del amigo que la hizo tan feliz, pero que le dejó la concha adolorida y sus tetas con moretes, yo siempre tengo la manera de palanquearla con mi verga, pero ella creo que ni me sentía por lo dilatada que se encontraba su cuca, terminé por segunda vez porque la primera me vacié en mis calzoncillos, y caí rendido con mi mano en su cuca caliente y mojada, seguía botando el semen de su buen amante.

Espero sus comentarios.

Autor: alberto7847

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Reviviendo con mamá

Me puse yo arriba, mientras le sobaba el pecho, pronto mi madre cogió mi pene y lo dirigió a su humedísima cueva. Y penetré a mi amor, a mi madre a la primera. Hundí mi falo en su cueva, en ella, la poseí, mientras ella se estiraba de placer y me ofrecía su cuello para que lo besara. Me agarré a sus hombros y la besé en la boca, y así eyaculé mientras le acariciaba el cabello.

Me llamo Edu. Vivo en el norte de España, y a mis 18 años tuve una experiencia increíble que me dio esa fuerza que necesitaba en un período crucial de mi vida. Mi madre me crió siempre sola, pues mi padre salió corriendo literalmente cuando oyó que iba a ser Padre. Jamás lo ví. La educación de mi madre era de lo más normal hasta que cumplí los 18 años.

El día de mi cumpleaños mi familia me dio champán para beber, y como me gustó mucho, tomé tres copas, con lo que quedé medio trompa. Bajé solo a casa para echarme un rato y como iba idiotizado, no vi a un camión que pasaba a bastante rapidez, y me atropelló. Estuve en coma un mes, y tardé en despertarme mucho tiempo, ya en casa. Además, me fui despertando poco a poco, ya fuera de peligro, y tardé justo dos meses en recuperar por completo la visión.

Mi madre estaba histriónica, pues me iban a quitar la venda y hoy vería sin problemas. Era como renacer. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue a mi madre (además del médico). Estaba allí, sonriente, juvenil, exultante. Se llama Ana Rosa y tenía 40 años muy bien llevados. Es alta, de 1.75, más bien tirando a delgada pero con carnes. Un culo bien marcado y un pecho de 100, la hacían una mujer muy atractiva. Es morena, de media melena, y de cara de rasgos finos pero afilados. Tan pronto como nos quedamos solos, me quedé mirándola fijamente, embobado

– Mamá, qué guapa estás, qué gusto verte. – Gracias, cariño. No sabes lo contenta que estoy. Era Verano, y ella llevaba una blusa escotadísima, muy desabrochada, y debajo de ésta un sostén blanco. Hacía calor, estaba en su casa, estaba con su hijo, cómoda, y estaba escotada. Yo no paraba de mirarle a su escote. Era precioso, y ella se daba cuenta, pero no le importaba, no paraba de sonreír. Descaradamente le desabroché el último botón que tenía todavía cerrado, para ver más redondez de su precioso pecho, y ella me acarició el cabello, pues quizá no se dio cuenta de mi descaro.

– Mamá, estás preciosa. Y en ese momento le toqué un pecho con mi mano derecha, palpándolo, pesándolo, acariciándolo. – Edu, ¿Qué haces? ¡Estate quieto!. Lo dijo sin enfadarse, y suavemente apartó mi mano de su pecho. Pero enseguida volví al intento y esta vez metí los dedos por su sostén, acariciando su pecho con los nudillos. Esta vez era yo quien reía, pues mamá estaba rendida a mí y podía tocarle su pecho a placer. Ella consentía pues la situación no estaba para que se enfadase, y aproveché y mi mano ya descaradamente acariciaba la piel que va desde la aureola hasta el cuello, y porque lo hacía con suavidad, ella “se dejaba hacer”.

– Venga, Edu, deja de sobarme. Pasados unos días fuimos a la playa. – ¿Te apetece un baño, Edu, cariño? – Me encuentro todavía un poco débil como para nadar, la verdad. – Pero no te preocupes, cielo, te llevo yo. Tú te agarras a mí y así no hay problema. ¿Vale? Mi madre fue campeona de matación y tenía un cuerpo todavía bastante musculado. Me llevó de la mano hasta el agua y nos adentramos en el tranquilo mar de la ría. Ella me ayudaba y nos paramos en un punto. Yo me agarraba de su cuello y de sus hombros perfectos, musculados, y nos mirábamos con fijeza. Y en esa situación, nuestros cuerpos estaban muy juntos. Mi pecho contactaba con el suyo, y nuestras piernas chocaban continuamente. Clavé mi mirada en su pequeño bikini, y ella me miró con mirada pícara:

– ¿Qué miras, Edu? Eres un poco viciosillo tú, ¿Eh? – Es que eres muy guapa, y estás preciosa. – Anda, ven aquí. Y me dio un beso labio a labio. – Estoy muy feliz, cariño, de que te vayas recuperando. Hoy podría darte cualquier cosa. Yo me apreté más hacia ella y le besé sus labios pero esta vez abriendo mucho más yo los míos, babeándola. – ¿Edu? Al final, ella abrió del todo su boca y mi lengua penetró en mi madre, morreando como amantes auténticos. Me apreté mucho más junto a ella y le toqué su culo mientras lamía el cuello delgado de mi madre y ella nadaba.

– Ya está bien, vayámonos, cielo. Además, debes de estar a cien. Su mano se dirigió hacia mi paquete, que estaba a mil, a estallar. Noté su mano palpando mi polla. – ¡Mamá! – ¡Edu, cómo estás! Se giró y nos fuimos nadando. Ella nadaba y yo iba atrás de ella agarrado a sus hombros. Pero mi pene chocaba mucho con su culo, y me puso a cien. De repente mis manos pasaron a apoyarse descaradísimamente en sus pechos, los apreté uno con cada mano, suavemente pero con firmeza. Pero en ese instante ya habíamos llegado a la orilla. Mi madre me notó pensativo.

– Eduardo, cariño, debe de ser normal lo que pasó en el agua. Estuviste inactivo meses y ahora estás despertando y por eso estás a cien. No te preocupes, mi amor, ¿Vale? Que no me ha parecido mal. Te quiero con locura y lo que pasó no fue nada, no pasó absolutamente nada. Al día siguiente tocaba que mamá me diese un masaje para favorecer mi circulación, por prescripción del médico. Pero ese día, el masaje (después de lo ocurrido), ya tenía una connotación especial.

– Cielo, sácate la camisa para que te dé el masaje pues hace mucho calor. Quédate en calzoncillos. Venga, que no me voy a asustar, que ya te vi así muchas veces. Me tumbé en la cama, boca arriba, y mi madre me daba un masaje con aceites por todo mi cuerpo, empezando por mi cuello y el pecho. Ella llevaba una camisa deportiva algo escotada, pero como se inclinaba para masajearme, se le veía todo. Su mano en mi pecho, en mi barriga, su escote, su pecho, su olor…; Mi pene estaba empalmadísimo, a cien, y el calzoncillo ya no conseguía pararlo.

– ¡Vaya hombrecito tenemos en casa! Y llegó el masaje por las ingles. – Ahhhhhhhhhhh…- ¿Te pasa algo, cariño? – Es que me molesta mucho el calzoncillo, mamá. De verdad que me duele. – No, si no me extraña. Se te puso tremenda. Pero es normal, y muy buena señal, indicio de que te estás recuperando por completo. A ver, cariño, te lo voy a sacar.- ¿Seguro? – Que ya te vi desnudo en estos meses, mi amor… Me lo sacó y enseguida dijo con gesto de sorpresa:

– Aunque nunca así ¡Buf!. Ella no dejaba de ver mi pene, y yo no le dejaba de ver su escote. Sin poder evitarlo mucho, sus manos rozaban mi paquete constantemente. – Ay, Mamá, eso me alivia mucho. Es que me duele. Parece que me va a estallar. – ¿Esto? Y me acarició el pene con su mano.

– Siiiiiiiiiiiiiiii.- Es normal, cariño, es que llevas meses inactivo y ahora explotas de fuerza, pero eso me alegra, cariño. – No pares, Mamá, por favor, es que me alivias mucho. Su mano abarcaba casi todo mi palo, y con el aceite, resbalaba mucho. Me estaba haciendo mi madre literalmente una paja en toda regla, acariciando lentamente el pene, deteniéndose en el glande. – Edu…, esto no está bien. ¿Pero te alivia? – Si, mami…

– Bueno, así veremos los dos cómo va tu recuperación. Mi mano empezó a magrear su pecho, que por su inclinación, estaba en todo su esplendor. La reacción de mi madre no me la esperaba.- Edu, cariño, te quiero. Me alegra muchísimo que estés ya bien, mi amor. Y me besó en la boca. En ese momento no aguanté más y exploté echando un chorrazo de semen que empapó la mano de mi madre.

– No pasa nada, cariño, ahora te lavo. Ya estás totalmente bien, y eso es lo único que importa. Al día siguiente, ella estaba radiante, feliz por la total recuperación de su hijo. Y llegó la noche. Salimos a la terraza a ver el cielo plagado de estrellas y con luna llena. Era muy romántico, después de una buena cena y varias copas. Me sentí lleno de amor hacia mi madre. Ella llevaba un vestido negro, de noche, de lycra, y algo escotado, dejando ver el incipiente nacimiento de sus senos. – Mamá, cómo te quiero.

– Ven aquí, Edu, cariño. Y nos abrazamos al aire libre. Nos separamos un poquito y ella empezó a acariciarme cariñosamente la barriga. Eso me hacía cosquillas, pero al mismo tiempo me la estaba poniendo caliente. Aproveché y empecé yo a tocarle a mi madre su vientre plano y sin apenas grasa. Nos sonreímos. Ella, quizá sin darse cuenta, empezó a acariciarme el pecho. Y aproveché la ocasión para sobarle su precioso pecho. – Edu, ¡Por favor!. – Mamá. Me apena una cosa: Tú me has visto desnudo muchas veces, pero en cambio yo a tí no. Es una desventaja. Y no me gusta. Ya que me viste tú a mí desnudo, yo quiero verte desnuda a ti.

– No sé, Edu, no sé. – Por favoooor, así estaremos empatados. – Te diré lo que haremos: Nos ducharemos juntos para celebrar tu recuperación, pero sólo una vez, ¿Vale?- Gracias, mamá. Y le besé en su boca. Nos fuimos al baño, y mi madre enseguida se puso en ropa interior. Eso me puso a cien. Y mi pene abultaba demasiado en mi calzoncillo.

– Edu, ¿No te atreves a desnudarte? Dejé salir mi verga enhiesta. – Huy, Edu. Estás excitado. – Mamá, estás buenísima. – Venga, cariño, enjabóname la espalda que así no me esfuerzo. Se dio la vuelta y empecé a pasarle la esponja por el hombro y la espalda. Pero sin poder evitarlo, mi pene se pegaba a sus nalgas. Era totalmente obvio el movimiento de mi pene en su raja del culo. Y se dio la vuelta.

– ¡ Edu, cómo la tienes !. Cariño, nunca te le vi así. Si la tienes tremenda. Y ella me la cogió mientras decía eso. Quizá inconscientemente, como antes, me estaba haciendo una paja, con la espuma y el agua caliente lubrificando mi polla y su mano tocándola…- Edu, buf, está ardiendo. No pude más y eché un chorro de semen. Mi madre quedó sorprendida, pues ella me masturbó aquí casi descaradamente. Para disimular, sonrió y me dijo.

– Otra vez te has corrido, cariño. Se nota que lo necesitabas. Permitió que me abrazara a ella para desdramatizar la paja, y no impidió que la tocara. Mientras ella se reía y acababa de limpiar mi polla todavía entre sus manos, yo le tocaba sus tetas descaradamente, sopesándolas, y la besaba por el cuello con lujuria y pasión. – Venga, a secarnos. Edu, cielo, me apetece ir a pasear. O podemos ir a un Pub. Son las 11 y no tengo sueño.

Llegamos a un Pub muy bueno, y con música y luz suaves, justo para parejas. Estábamos en un apartado, pero no lejos de otras parejas que se estaban magreando, y el ambiente era muy estimulante. Me guiñó un ojo y me cogió de la mano. Ese gesto decía más de mil palabras. Poco a poco, nuestras caras se fueron juntando centímetro a centímetro, casi sin darnos cuenta. los dos nos olíamos lo que iba a pasar, después de todo lo vivido. De repente, nuestros labios se juntaron, y empezamos a morrear como dos amantes. Mordí y absorbí su labio inferior, y mi mano izquierda se posó en su pecho, entrando por la apertura de su escote. Ella estaba en las nubes, y mi mano penetró en su escote, tocándole su carnoso y redondo pecho hasta llegar al pezón y a la base del pecho. Ella me metió la lengua, y creí desmayarme.

– Ven, Edu, cariño, salgamos de aquí. Nos metimos en el coche y a los 5 minutos llegamos al garaje.
– No te asustes de lo que vamos a hacer, Edu. Lo necesitamos los dos, y no quiero negártelo. Paso de lo que otros opinen. En este momento te quiero con locura y quiero ofrecerme a tí. Fuimos a su habitación cogidos de la mano y yo le toqué el culo.

Mientras morreábamos, jugando con las lenguas, ella se desnudó por completo y me quitó el pantalón. Enseguida dirigió su mano al calzoncillo y vio mi excitación. Le besé su cuello, que la volvía loca, y toqué a placer sus pechos grandes, ajustados, carnosos, duros. De un empujón me tiró en la cama y me quitó el calzoncillo mientras besaba mi pecho. Fue bajando con su lengua y sus labios hasta el ombligo, y así, hasta el pene. Se lo metió poco a poco en la boca y creí irme del placer. No quise eyacular ahí, y me puse yo arriba, mientras le sobaba el pecho, pronto mi madre cogió mi pene y lo dirigió a su humedísima cueva. Y penetré a mi amor, a mi madre a la primera. Hundí mi falo en su cueva, en ella, la poseí, mientras ella se estiraba de placer y me ofrecía su cuello para que lo besara. Me agarré a sus hombros y la besé en la boca, y así eyaculé mientras le acariciaba el cabello.

Autor: Espiga24

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Doña Micaela

Apenas recuperada de su primer orgasmo, doña Rosa se puso a gatas sobre mí, mirando mis pies y fue retrocediendo su culo hasta que tocó el pico. Con su mano por entre las piernas, guió la dura estaca de carne hasta su agujero anal y con algo de saliva, se fue sentando en él hasta que en un último culazo, se lo tragó todo.

Desde siempre me sentí atraído por las personas de la tercera edad. Debe haber sido porque pasé gran parte de mi vida en casa de mi abuela y tías solteronas. Ya en la universidad canalicé este sentimiento con la opción de hacer visitas a un hogar de ancianos. Me sentí feliz desde la primera vez compartiendo con los abuelitos, bailando y cantado en una grata tarde. Éramos 6 estudiantes y yo el único varón. Por supuesto que las abuelitas querían alternar sólo conmigo, sobre todo doña Micaela, una viuda de 70 años, de buena facha, que soñaba con su pasado esplendoroso en actividades sociales y dinero. Hoy, abandonada por su familia, languidecía en su vejez.

Me adoptó casi como un nieto porque era la que me esperaba en la puerta cuando llegábamos. Sin embargo, el día que empezó esta historia, no apareció y las enfermeras me dijeron que estaba en cama con algunas dolencias. Dado el cariño que me tenía, fui autorizado para departir con ella en su dormitorio. Como sabía que era día de visitas, estaba muy arreglada y coqueta con su camisón de dormir y su mañanita. Me recibió feliz y pidió que me quedara con ella toda esa tarde. Conversamos de su vida, de su marido, don Pancho, de sus hijos y lo pacata que era la sociedad en que le tocó vivir, tan distinta a la actual.

-Ojalá hubiese vivido ahora, en esta sociedad más permisiva. Lo habría pasado muy bien- me dijo.

Nuestra charla siguió hasta que se quedó dormida tomada de mi mano y cuando quise retirarme, no me soltó y empezó a hablar dormida diciendo: ¡ay Panchito, no me deje, quiero que me haga cariño! Pensé que recordaba a su marido. Y de pronto, llevó mi mano a su entrepierna, por sobre la ropa de cama y la apretó contra ella. Me quedé de una pieza sin saber que hacer, pero el mecanismo del morbo que tenemos los hombres, me hizo reaccionar y le dije al oído: – Micaelita, déjeme cerrar la puerta. -Bueno m’hijito- contestó sin abrir los ojos.

Seguro que nadie andaba en el pasillo, cerré la puerta y retiré la ropa hasta los pies. Sin abrir los ojos, doña Micaela separó sus delgadas piernas y se subió el camisón. ¡Hágame cosas ricas Panchito! Y se abrió los labios del pubis apenas cubierto con unas pocas canas. La carne del interior se veía roja y apetecible. Me ensalivé los dedos y le acaricié la raja, deteniéndome en el clítoris. ¡Ayyyy que ricoooo Panchitoooo! ¡Siga, siga, siga! Gimió suavemente. Como no iba a quedarme al palo, me saqué el pico y puse su mano sobre él. Lo agarró con calentura y masajeó suavemente hasta dejarlo duro como piedra. Seguimos con las mutuas masturbaciones hasta que me pidió –lo quiero adentro Panchito- Tomé sus piernas y la atravesé en la cama quedando sus flacas nalgas al borde del colchón. Con los pantalones a medio muslo, arqueé las piernas hasta quedar a su altura y levanté sus talones para apoyarlos en mis hombros.

Mojé la cabeza del pico y se la puse en la entrada de su añosa vagina, previo pasársela por toda la raja. Eso la hizo gemir con más fuerza y girar su culo en busca de mayor contacto. Mis manos se apoderaron de sus flácidas tetas y las acariciaron deteniéndose en los abultados y oscuros pezones hasta que ella pidió ¡métameloooo m’hijitoooo! Como no podíamos perder tiempo a riesgo de ser pillados, entré en su vagina de un sólo tirón y ella se quejó ¿m’hijito, le creció su cosa que la siento tan grande? Indudable que el marido la tenía más chica.

Con sus piernas dobladas sobre su pecho recibiendo el peso de mi cuerpo, entré y salí de su zorra aguantando mi acabada para coincidir con la suya. La viejita era dura, pero al final, cedió al placer y acabó abriendo los ojos mirándome fijo, ¡Jaimito lindo, Ud. es mejor que mi Pancho, deme todo su moquito! Allí me di cuenta que la viejita había estado consciente todo el tiempo y que la figura de don Pancho era para alejarme de todo remordimiento. Cuando le eché todo mi semen, exigió: ¡Asíii todoo m’hijito, todooo y bien adentroooo! Como vio que no se me bajó me preguntó: ¿Jaimito, quiere más? Entonces pásemelo para acá- y lo agarró llevándoselo a la boca para retirar todo el semen que quedaba y seguir chupándolo hasta que lo tuve nuevamente muy duro.

Pero no quiso soltarlo y siguió, esta vez sacándose la placa dental. El contacto solo con lengua y encías, era maravilloso y me llevó muy luego a un segundo orgasmo que doña Micaela recibió gustosa en su garganta gozando cada chorro. ¡Démelo todo, es bueno para el cutis m’hijito! Habían pasado unos 15 minutos y era factible que vinieran a la pieza. Entonces le arreglé la ropa, previa limpieza de su entrepierna y me despedí con un cariñoso beso con el compromiso de vernos el próximo domingo.

Esa semana tuve algo de remordimiento, pero pronto me convencí que era una manera de hacer feliz a la abuelita y que habría mutua recompensa. Con ese predicamento llegué a la semana siguiente y nuevamente doña Micaela se había dado por enferma o cansada y estaba en cama. Su sonrisa se iluminó cuando me vio entrar. Estaba más arreglada que de costumbre y lucía radiante. -Gracias por venir Jaimito, creí que se iba a olvidar de mí y que nunca más lo iba a ver- ¿Se le ocurre que me iba a olvidar de Ud. con lo bien que lo pasamos? ¿Entonces le gustó lo que hicimos o está arrepentido? -Si doña Micaela, me gustó mucho- ¿y a usted? -Tanto me gustó que quiero que se comprometa a que lo sigamos haciendo- ¿quiere? -Venga a mi lado- me dijo y apenas me tuvo a su alcance, se posesionó del pico por sobre el pantalón.

-Lo tiene muy rico y grande- ¿sabía? ¿Me lo va a dar otra vez? -Por supuesto doña Micaela…

Como el tiempo apremiaba, me bajé a media pierna el pantalón y el slip, mientras ella tiraba la ropa atrás y se levantaba a gatas en la cama para girar hasta quedar con sus rodillas al borde ofreciéndome sus flacas nalgas que levantó exageradamente junto con enterrar la cabeza en la cama. Cuando estuvo como quería, giró la cabeza para preguntarme: ¿le gusta así m’hijito? La verdad es que el panorama no podía ser mejor. Sus delgadas nalgas encerraban en el interior una raja abierta y jugosa, de pelo muy canoso, pero de carne roja. Brillaba de jugos. Mientras acercaba mi herramienta a su culo, ella no le quitaba la vista a lo que la iba a perforar.

Cuando puse la cabeza entre sus labios, tiró el culo para atrás y se tragó la mitad. El resto se lo clavé yo agarrado de sus huesosas caderas. ¡Asiiii lo queríaaa mi hijito ricoooo! ¡Todooo adentroooo! La viejita caliente se agarraba los senos para acariciárselos y reemplacé sus manos por las mías para agarrarme de sus colgante tetas bombeando su zorra lento, y rápido, según avanzaban nuestros orgasmos, hasta que por fin me vacié en ella junto con sentir las contracciones de sus músculos interiores al compás de su propia acabada. ¡Rico, rico ricooo m’hijito, ricoooo! y cayo sobre el colchón conmigo encima. Repuestos del primer orgasmo, amorosa me lo limpió con la lengua, cosa que me excitó nuevamente.

¡Me gustan los jóvenes porque pueden hacerlo más de una vez! ¡Ahora quiero que me lo haga de otra forma! Y adoptó la misma postura que al inicio, pero esta vez abrió exageradamente sus nalgas con ambas manos y pidió, ¡m’hijito, métamelo por atrás! ¡Allí en el velador hay vaselina! Era mi primera enculada, pero ella era experta y exigió que le untara el recto con el lubricante. Sólo al sentirme, su esfínter se abrió para recibir dos dedos y se movió como culebra pidiendo, ¡ahora con su cosita adentro mi amor! No hice más que apoyar la punta en el arrugado ojete, para sentir como se abría para recibir la cabeza.

¡Déjelo allí un momento m’hijito, hasta que le diga! ¡Es muy grueso y tiene que metérmelo con cuidado! Para mí fue una proeza aguantar porque la postura, lo apretado del ano y la situación general, me tenían al borde del orgasmo. Así que cuando me dijo que se lo metiera un poco más, me agarré de sus caderas y se lo enterré hasta que mis testículos toparon en ella ¡que bruto m’hijito, que bruto, pero ricooo! ¡Me va a rajar el culo! ¡Eso écheme todo su moco en el culo! Exclamó cuando me sintió acabar y ella hizo lo mismo a continuación ayudada por las caricias que se hacía en su zorra. ¡Siga, siga, siga m’hijito, que sigo acabandooooo! Cuando me retiré, la punta traía excremento. Me lo limpié y me fui antes que se asomara alguien del hogar.

Al despedirse, doña Micaela me dijo –no sabe lo feliz que me siento. Ud. me ha rejuvenecido- ¿sabe m’hijito? -El próximo domingo, nos vamos a juntar en casa de una amiga que me va a prestar un departamentito anexo- ¿quiere? –Así podremos estar solitos y hacer muchas cosas ricas…

El domingo siguiente llegué a la dirección que me había dado. Era la casa de doña Rosa, su mejor amiga. Una mujer de baja estatura, abundante de carnes y algo menor que doña Micaela. Era casada y estaba dispuesta a alcahuetear nuestros encuentros. El departamento tenía entrada independiente y eran las antiguas dependencias de la servidumbre, pero muy bien alhajado. Un buen baño, toallas y una buena cama matrimonial. Para la ocasión, doña Micaela me esperaba en un amplio y escotado vestido y unas sandalias que mejoraban sus delgadas piernas. Nos abrazamos bailando la suave música que habíamos puesto y nos fuimos acariciando mutuamente. Ella abrió mi pantalón para apoderarse del pico y yo metí las manos bajo el vestido. Me llevé una gran sorpresa porque para la ocasión, se había puesto unos calzones sexy, tipo tanga y parte de sus escasos pendejos se asomaban por los bordes.

El primer polvo fue aún sin desvestirnos completamente y fue tradicional. El segundo, ya totalmente desnudos, fue a lo perrito y terminó con una furiosa enculada que exigió fuese a lo bruto, como queriendo hacerle daño. La gran diferencia con nuestros polvos en el hogar, era que podíamos gemir, gritar y hablar sin ninguna restricción. A ella le gustaba mucho comentar lo que hacíamos ¡Eso m’hijito, métame su pico bien adentro! Ahora deme fuerte, así, así, así! ¡Que rico lo tiene m’hijito, grueso como me gusta y largo para que me llegue hasta bien adentro! ¡Ahora, eso, eso, eso, acábeme bien adentro, écheme sus moquitos que yo se los recibo con las piernas bien abiertas! Y más tarde, cuando pidió que la enculara, ¡M’hijito, ahora quiero que me lo meta por el culo! ¿Quiere? ¡Écheme solo saliva, porque estoy tan caliente que ya tengo el poto abierto esperándolo! ¡Eso, haga bailar la cabecita en la entrada! ¡Ahora métamelo un poco! ¡Asi, suave adentro y afuera! ¡Ahoraaaa todooo que acaboooo, m’hijito, ricoooo! Y la clavé tan adentro, que creo haberle llegado donde su marido nunca le llegó.

¡Tome abuela, tome pico, gócelo entero! Esa tarde, como muchas en adelante, llegamos a increíbles posturas en búsqueda del placer. Unos domingos después, estábamos en lo mejor cuando apareció doña Rosita en la puerta. ¿Puedo acompañarlos? Venía sola porque su marido había salido de viaje el día anterior. Venía casi desnuda porque traía solo una bata que con dificultad tapaba sus gorduras. Doña Micaela me dijo: –Jaimito, es mi mejor amiga y con ella comparto muchas cosas ¿quiere que se meta a la cama con nosotros? Ya mi morbo había subido al techo con la abuelita y más aún con esa hembra de pechos y culo enormes que prometían tanto placer como las delgadas piernas y las pequeñas y caídas tetas de doña Micaela.

Tendido en la cama con la abuela acariciándome el pico para mantenerlo parado, doña. Rosita se vino a nosotros con sus pechos colgantes y un sensual temblor en las carnes. Lo primero que hizo fue chupármelo hasta dejarme listo para la acción y me cabalgó haciéndolo salir y entrar en su mojado conducto. Doña Micaela se había levantado para observar desde atrás nuestra unión aprovechando de acariciar ambos sexos. La gorda acabó muy pronto y cayó sobre mi despatarrada.

Yo no había acabado aún porque era el segundo polvo de esa tarde. Apenas recuperada de su primer orgasmo, doña Rosa se puso a gatas sobre mí, mirando mis pies y fue retrocediendo su culo hasta que tocó el pico. Con su mano por entre las piernas, guió la dura estaca de carne hasta su agujero anal y con algo de saliva, se fue sentando en él hasta que en un último culazo, se lo tragó todo.

¡Ayyy m’hijito, que rico lo tiene! ¡Es el más grueso y largo que me he comido por el poto! ¡Eso, eso, eso, deme todo su moco por favorrr! ¡Rájeme el poto no más, estoy gozándolooooooo! Y acabó escandalosamente junto con vaciarme en su recto.

A partir de ese primer encuentro en casa de doña Rosa, decidimos con la abuelita encontrarnos los fines de semana solamente. Eso facilitaba mis estudios y no nos exponíamos a ser descubiertos y acusados de actitudes reñidas con la moral en el Hogar. Cada domingo, salvo algunas excepciones por visita de sus hijos o por enfermedad, nos juntamos con doña Micaela en el pequeño departamento donde se nos sumaba doña Rosita cada vez que podía. La anciana, sabedora que su único atractivo era la experiencia sexual y no el físico deteriorado, se propuso en inventar distintas situaciones para que yo no me aburriera de ella. Lo hacíamos en el living, en la cocina, en un closet, de pie, a lo perrito, etc., etc., etc. El interés de ella era mantenerme entretenido y deseoso evitando comparaciones con mujeres de cuerpo más terso y menos suelto.

Por mi parte, además de estar siempre bien atendido sexualmente, acepté que la viejita me llenara de regalos. Generalmente fue ropa, perfumes, libros, golosinas, etc. Nunca dejé que me diera dinero, pese a que a ella le sobraba. Me conformaba con el que me enviaban mis padres, que al no tener otro uso, era para el bolsillo. Felizmente mis viejos vivían en el sur y no se percataban de aquellas cosas que no eran el resultado de sus envíos. Finalmente, doña Rosa ofreció el pequeño departamento de nuestros encuentros, como mi futura pensión. Doña Micaela se resistió al principio porque sabía que doña Rosa me tendría a mano para visitarme cuando quisiera. Para mí era la solución, vivir independiente y poder alejarme de la pensión donde la dueña, una gorda sebosa, fea y malhumorada me tenía echado el ojo para encamarme con ella a cambio de favores en la alimentación. Al final, doña Micaela aceptó comprometiéndome a no olvidarla.

Ese fin de mes, trasladé mis pertenencias al departamento y lo arreglé, con la colaboración de la abuela, para que pareciera un “nido de amor”. Me consiguió unos espejos para colocar en los muros de la pieza y después conseguimos uno que pegamos en el techo. Mirarse mientras estás culeando, es lo más excitante. Es como si hubiese otra pareja a tu lado. Todo ello era parte de la espiral del placer que buscábamos ambos. Siempre en el ánimo de la variación, un día que buscaba ofertas de libros en los clasificados, vi que ofrecían artículos sexuales. Llamé y me faxearon la información de un sinnúmero de elementos como consoladores, cremas, muñecos inflables, condones texturados, bolitas chinas, etc. Se lo mostré a doña Micaela y se entusiasmó. Entonces me pasó el dinero suficiente para los encargos que acordamos. Fueron un muñeco inflable imitación de un negro, con un pene acorde a lo que se decía de esa raza, un consolador muy grande, unos 25 de largo y 6 de diámetro, cremas y líquidos estimulantes y condones texturados y coloreados.

La semana que llegó el paquete, como niños con juguete nuevo, nos peleamos por abrirlo y ver el contenido. La cara de la abuela se encendió al ver la tremenda verga de goma ¿cree Ud. m’hijito que esto me va a caber? -Doña Micaela, con calentura y algo de lubricante, se puede tragar eso y algo mucho más grueso- ¿y esto cómo es? Dijo abriendo el paquete del muñeco. -Veamos que puedo hacer. Ud. espere que la llame- le dije y fui al dormitorio a inflarlo. Cuando estuvo listo, me pareció excitante. Tendido en la cama, la verga de goma era un obelisco negro amenazante que no se rendiría a ninguna exigencia. ¡Doña Micaleaaaa, venga!

Cuando apareció la vieja en la puerta de la pieza, sus ojos se desorbitaron al ver el espectáculo y sin decir una sola palabra, se fue acercando a la cama mientras se subía la falda para sacarse los calzones. Al verla tan decidida, tomé uno de los condones texturados para colocarlo en el muñeco.

¡No mi lindo, déjeme a mí colocárselo! Y arrodillada al borde de la cama, empezó a ponerlo en forma desesperadamente lenta, como gozando cada centímetro que avanzaba. Pajeaba el consolador mientras le instalaba el condón. Cuando creyó que estaba listo, se montó arriba del mono y dirigió la cabeza a su raja que ya presentaba una lubricación extrema. Se doblaba para mirar por su entrepierna aquella verga que se iba a comer y se fue dejando caer despacio. ¡Dios mío que grande es, pero me la voy a comer igual! ¿Cómo tengo la zorra mi amor? Y me ubiqué tras ella para tener la mejor vista de sus labios estirados al máximo recibiendo apenas la punta del falo.

-Doña Micaela, se le ve tremendamente abierta. Subía y bajaba el culo para recorrerlo. -¿Sabe mi vida? No quiere entrar, topa en algo adentro y duele un poco. Yo veía como el consolador se doblaba estando la mitad adentro. Realmente algo se interponía en los 12 a 15 cms que faltaban, de pronto ella soltó un gemido, o más bien un sonido gutural impresionante y exclamó: ¡Al fin lo tengo todo! ¡Asíii mi vida, que rico se sienteee! Y tuvo la más profunda y prolongada acabada que le viera. Cayó sobre el muñeco sin desclavarse y así quedó. Yo miré su vulva y vi que estaba espantosamente abierta. Parecía un bolsillo sin fondo donde se habían perdido los más de 30 cms del tremendo pedazo de goma negra. Los labios estaban estirados a reventarse y palpitaban locos. Pero doña Micaela era de tiro largo y pasaron pocos segundos y ya estaba moviéndose caliente.

¿Sabe Jaimito? – nunca había gozado tanto y no quiero sacármelo. A todo esto, yo ya no aguantaba más con el pico duro y caliente. O me hacía una paja o me culeaba a la vieja. Opté por lo segundo y aprovechando que estaba extasiada moviéndose cabalgando al muñeco, me ubiqué tras ella. Levanté las ropas y, con abundante vaselina le puse la cabeza junto a la verga de goma. Así, cuando se levantaba para salirse momentáneamente del muñeco y antes que volviera a hacer desaparecer el consolador en su choro, empujé y entró la cabeza junto con el pico de goma. ¡Ayyy noooooo Jaimito, así noooo, me va a rajar el choro, sáquemelo por favorcitooo! Pero no le hice caso y me mantuve en el lugar moviéndome suavemente.

La vieja gemía y se movía suavemente rogando que se lo sacara, pero no se retiraba de su empalamiento. Más bien lo gozaba hasta que no pudo más y exigió ¡Métamelo todooo mi vidaaa! ¡Hágame la zorraaaa! ¡Asíiiii mi lindooo, rómpamee la raja no más! y acabó por segunda vez junto con vaciarme en su abierta vagina. No la vi, pero me imaginé lo abierta que tenía su raja. Caímos agotados al lado del mono y se me ocurrió mirarle la zorra. Aún le latía y estaba tan abierta, que le habría entrado un puño. Me acordé entonces, de un video tres X donde se observaba un “fisting” y tomé la vaselina que guardábamos en el velador y me unté la mano hasta más arriba de la muñeca.

-¿Quiere seguir gozando abuelita? -Si m’hijito, hágame lo que quiera por favor. -Entones ábrase más de piernas y relájese que viene lo bueno. – ¿Qué me está haciendo mi vida? Dijo cuando sintió que le metía al menos tres dedos en su raja y se levantó para mirarme. Antes que se arrepintiera, le logré meter la mano aprovechando lo dilatada que tenía su vagina y exclamó: ¡Ayyyy mi lindo, me va a partir el choroooo! Avances y retrocesos, más la lubricación natural y la vaselina, permitieron que de pronto, entrara la mano con los dedos formando una punta de lanza. Pero quise experimentar y, estando con la mano adentro, empuñé los dedos. ¡Mmmmm, ahhhhhh, ayyyyy, que rico! Dijo cuando sintió que un verdadero ariete entraba y salía de su vagina. Entusiasmado como estaba de ver mi mano perderse en su zorra, empujé fuerte y logré meterle gran parte del antebrazo. Ella se sentó en la cama, abierta de piernas mirando su choro abierto a rajarse y con los ojos entornados acabó profundamente ¡Mi amor me va a dejar el choro como saco, pero siga por favor, métame todo lo que quiera!

Acomodado en las nuevas dependencias, estudiaba una tarde de semana cuando se abrió la puerta. Me extrañó, pero vi que era doña Rosa quién tenía llave del departamento. -¡Hola Jaimito! ¿Cómo está? ¿Necesita alguna cosa? -No doña Rosita, nada, estoy bien. -¿No quiere una atención especial o un regaloneo? Dijo abriéndose el vestido para mostrarme que iba totalmente desnuda abajo. No pude menos que reaccionar y al ver mi bulto, se precipitó a sacar el pico de su encierro para chuparlo hasta dejarlo duro como roca. -¡Venga m’hijito, vamos a culear! Y nos fuimos al dormitorio. Se tendió en la cama piernas abiertas lista para recibirme. Me monté sobre ella de inmediato y nos pegamos una cabalgada que nos llevó a un rápido orgasmo.

¡Asíii, asíii, asíii, m’hijito, métamelo todo y acábeme bien adentro por favor! Repuestos del primer polvo, quiso otro, pero mi cuerpo necesitaba descanso para preparar la prueba del día siguiente. Y me acordé del muñeco que mantenía inflado en el closet. -¿Quiere conocer algo que compramos con su amiga Micaela?  -¿Es algo rico y degenerado? -Por supuesto y le va a encantar. Cuando saqué el mono se quedó mirando el falo de goma y preguntó: ¿Eso se comió Micaela? ¿Y fue capaz de comérselo entero? –Entero.  Se lo comió, pero por el choro. Y le puse el mío también. Y después le hice un “fisting”. -Pero yo soy mejor que mi amiga en la cama. Se lo mostraré. Y a reglón seguido se montó en el muñeco y sin ninguna dificultad su vagina se lo tragó entero. Acariciándose su clítoris, acabó a los gritos sabiéndose sola. Su marido estaba de viaje. Repuesta del primer polvo, se quedó al lado del muñeco admirando el inmenso pedazo de goma color negro, acariciándolo sensualmente.

¿Tienes vaselina Jaimito? Como le dije que si, me la exigió. Con lentitud, como midiendo el grosor y largo del aterrante falo, fue untándolo de lubricante hasta que quedó brillante y muy resbaloso.
Entonces echó mano atrás y de untó el culo metiéndose dos y luego tres dedos en el recto. Yo la miraba sin atinar a nada. Se subió a horcajadas en el muñeco y, pasando la mano entre sus piernas, dirigió el pilar de goma a sus nalgas. No podía creer lo que suponía que iba a hacer, pero estaba allí para ayudarla. -¿Qué puedo hacer doña Rosita? -Sujételo firme y no se asuste por lo que voy a hacer mi lindo.

Se agarró ambas nalgas y las separó dejando a la vista su arrugado ano. -Póngalo allí mi vida. Juro que lo hice con el temor de dañarla, pero si ella lo pedía, tenía que hacerlo. Se fue sentando de a poco y respirando profundo para relajarse. Ante mis ojos, el ano se abrió con el pujo y permitió que entrara la cabeza. ¡Ayyyyy me mata, pero lo quierooooo! ¡Mi amor fróteme el clítoris! Y se movió suave en círculos primero y luego arriba y abajo.

Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. El ano de doña Rosita se abría para permitir que el tremendo tubo de goma fuera desapareciendo en el recto hasta que en una sentada final, se perdió completamente. 25 centímetros de un substituto de verga, negra y gruesa, se habían perdido en ese complaciente recto que lo atenazaba al salir, como no queriendo que lo abandonara y que seguía al grueso fuste cuando entraba. Si no hubiese sido porque ella demostraba que gozaba, habría jurado que le dolía en extremo, sobre todo que al salir parte del recto se vaciaba afuera del ano. Muy pronto sentí que acababa a los gritos ¡Ahhhh, que ricooo, mmmm todo, lo quiero todo! Y se desmayó.

Más tarde, repuesta de la sesión de sexo, se despidió con un cariñoso beso. ¿No le dije que era mejor que mi amiga en la cama?

Autor: patoyeco42

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Fugaz

Comencé a singarla con gran fuerza, tardé un par de minutos antes de que le estuviese sacando mi verga de su concha, la tomé nuevamente por el cabello y la hice arrodillarse sobre mí, le metí mi verga en su boca y la puse a chupar, ella procedió a chupar con más ahincó, pero con algo de torpeza, cuando quiso notarlo ya tenía gran cantidad de mi leche en su boca.

Al inicio de nuestra etapa sexual, siempre estamos calientes, como lo estoy ahora tocando mi verga, haciéndome una buena paja mientras escribo esta historia con todas las ganas de despertar ansías de sexo en las chicas.

En alguna ocasión al llegar de la escuela, durante mi último año de secundaria, salí directo al baño, venía caliente, con ganas de hacer una buena pelea de cobardes, al cinco contra uno; trabajaba para aquellos tiempos en casa una hermosa joven como empleada doméstica, su nombre Victoria, que apenas si llevaba un mes de haber iniciado labores, ella tiene mucho que ver en este, el polvo más rápido que yo recuerde haberme echado en toda mi historia de mi corta vida sexual.

Como iba diciendo, ingresé en manera inmediata a mi cuarto y busqué una de mis revistas porno para irme directamente al baño de mi cuarto, observando aquellas fotos de las mujeres desnudas y bien cogidas por los tíos me terminé de hacer una paja de esas rápidas, para que nadie notara si había entrado a orinar o a pajearme, tal intención con miras a que Victoria no se enterara de tal situación, así apenas hube eyaculado y evacuado el baño procedí a salir a buscar a Victoria para que me sirviera el almuerzo; cuando me acerqué a su cuarto escuché la regadera, alguien se estaba bañando era claro, y la única que podría hacerlo era ella, recordé su hermoso cuerpo y me vino a la cabeza echarme otro pajazo en su nombre, allí mismo.

Debería acercarme en forma sigilosa pues no la conocía ni tenía confianza con ella, así que temía las represalias que podría tomar de pillarme en tal acción. Nunca he tenido un día con más suerte que ese, la puerta estaba entreabierta y el baño de su cuarto no tiene división mayor que la de una cortina que para ese día ella no había corrido, al ir observando de a poco pude notar que no utilizaba para nada el jabón, ella estaba de espaldas a mi persona, pero tenía una serie de movimientos muy singulares, de momento pude observar lo que sucedía.

La buena tía que me atendía se estaba castigando igual que lo acababa de hacer yo, utilizaba sus dedos para metérselos por la concha, gemía de vez en cuando, me quedé estupefacto, no sabía que hacer si entrar o quedarme allí para hacerme la paja que me había propuesto hacerme en su nombre, la cual por demás ya había iniciado hacía un rato; luego de un poco de vacilación decidí ingresar a la habitación y arriesgarme para ver que pasaba, ella se volteó sorprendida y me quiso recriminar, pero inmediatamente se dio cuenta de su posición, pues aún tenía un par de dedos metidos en la concha, mientras que además bajaba su mirada hasta mi verga la cual se encontraba presa en mi mano derecha.

Por un momento reinó la incertidumbre y el silencio, el cual ella rompió: “parece que traes lo que necesito”, no pronuncié nada al respecto, y en seguida la empujé buscando que apoyara los codos sobre el lavamanos que hay en el baño, puse mi mano derecha sobre su cabellera, mientras que la mano izquierda se apoyaba en la espalda de ella, comencé a pasar mi verga por su concha…

La verdad es la más caliente que he rozado con mi verga, de sólo tocarla con la punta me encendió, por lo cual al sentir aquello, metí solamente la punta de mi verga, sentía como que iba a explotar, fue entonces cuando ella apretó algo la cabeza con su vagina haciendo una pequeña tracción con sus piernas, al sentir aquello me encendió mucho más y de un solo viaje le metí todo mi falo, por lo cual soltó un pequeño gemido y me pidió que me calmara, que le había dolido algo.

No le hice mayor caso y comencé a singarla con gran fuerza, la verdad es que me gustaba mucho y deseaba hacerla sufrir bastante, pero no tuve la oportunidad de hacerlo, tardé un par de minutos antes de que le estuviese sacando mi verga de su concha, al notar aquello ella aprovechó y se volteó, enseguida la tomé nuevamente por el cabello y la hice arrodillarse sobre mí, le metí mi verga en su boca y la puse a chupar, cosa que no hacía muy bien que digamos, la verdad es que parecía no gustarle esa posición, entonces se detuvo y me dijo: “detente, no sigamos, nos pueden encontrar”, “entonces chupa rápido y hazme venir, ya veremos cuando terminamos esta faena”.

Ella procedió a chupar con más ahincó, pero con algo de torpeza, cuando quiso notarlo ya tenía gran cantidad de mi leche en su boca la cual procedió a escupir. Enseguida me volví a colocar la bermuda (ah, no había dicho que sólo traía puesta la bermuda), y me retiré diciendo: “apresúrate que estoy esperando el almuerzo”.

Al llegar a la sala de mi casa, noté que mi madre acababa de llegar, entonces la saludé, al par de minutos apareció Victoria, para servir el almuerzo; cuando terminé manifesté: “de verdad que Victoria cocina muy delicioso, sin embargo creo que a los almuerzos les hace falta el postre”, cosa que le cayó en gracia a mi padre, pues lo cierto es que él acababa de llegar con unas delikatesen, por lo cual las repartió, sin embargo sólo Victoria entendía mi mensaje, luego tendría oportunidad de tener mi postre, y de que manera.

Autor: butil

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Venida relatada

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral. Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Sonrisa remarcada en amplios dientes, directos sobre labios carnosos, salidos, rojizos, invitantes.

Lo conozco desde antes de cumplir la edad obligatoria para entrar a una cantina, cuando una cantina era el remanso varonil y no admisión a damas, niños y uniformados. Lo conozco en mis tardes calenturientas cuando mi imaginación me conducía a formarme una imagen mental más allá de la ropa, de la gravedad, de lo horizontal y lo vertical.

Amplia sonrisa, ahora lentes, mirada buscadora y cachondez o calentura agradable. Más allá de mis dedos para ordenar una copa, mesero cachondo, nalgón, me imagino vergón y que en el momento de ordenar, en vez de hacerlo a prudente distancia, mi mano me impulsa a tocar su brazo y arañarlo, levemente, fundir mis dedos mientras pido el ron blanco, con refresco de coca light y limones para, dicen, quemarlo y tomarlo a gusto.

Más de 20 años de conocerle, de que conozca mis gustos por la bebida y que desconozca mis deleites prohibidos y coquetos de tenerlo cerca y admirar su piel.

Cantina llena y plena de lujuria, esa no reconocida lujuria de sentirnos machos y bien dotados. De observar parejas siempre de no más de dos, de pláticas insalubres, compartiendo alientos cercanos y de besos no admitidos.

De deleitarme con la bebida y jugar dominó. De sentirlo cerca y desear más.

Viernes de junio, soberbia de tener dinero en la cartera y querer más.

Mesa plana, cuadrada con niveles para las copas.

Como comenzó, no se. Mano cálida en mi espalda y escapada al mingitorio y ahí está él. Miedos redimidos en varias copas de ron blanco y cola light. De observarlo y que la calentura regrese y se apodere de mí.

Mamar verga oprimida por la vagina de su vieja, de que se deje llevar y que mediante valores entendidos, provoque que mi cartera se amplíe y no me importe, de que mis uñas, antes tímidas, rasquen y opriman sus nalgas para que me entre más a mi boca.

Fálico sabor, encuentro entre mi saliva y su dulce líquido uretral.

Incólume aparato presente en mis sueños verdaderos, creciendo y endureciéndose por mi labor bucal.

Formaldehido formado por mi alta concentración de alcohol en mi cerebro, que me empuja a querer traspasar su piel y adherirme perennemente a su verga, a sus dedos que me empujan y que yo venzo entre mis labios, bigote y su falo.

No importa que te vengas, sino que te excites. Que reconozcas mi hambre fálica, que sin químicos en ti, se torne sorprendentemente dura, inagotable.

Baño de cantina con multitud de prohibiciones, de valerte madres que te vean y que sonrías a mi lengua, uñas que te arañan y que tu glande comience a tocar mi faringe. Supremo estertor, preludio de vómito que me provocas.

Ternura demostrada en tus manos acariciando mi pelo y mis oídos. Que pretenden llevar un ritmo que yo comando.

Años de que mi mano izquierda adorada, atrofie mi pene, durante los largos caminos excitantes de mi imaginación contigo, cabrón, contigo.

Nunca los sabrás, cabrón, que un viernes de junio cumplí con mi promesa de mamártela, promesa hecha en mi solitaria reciedumbre de sentirte cerca, de conocer tu olor, de que tus pelos se pierdan en mis dientes, de que mis labios choquen contra tu pared púbica.

Yo hincado y tú de pie, en un baño sucio, oloroso. Mi lengua advierte tu pleno manejo de los líquidos, de mi deseo de que goces, que valores mi estilo y que, falazmente piense me elijas, entre la variedad de comensales.

Movimientos horizontales y verticales de mi cabeza, logran el inmejorable placer de que colmes mi laringe, que estampes tu oro blanco.

Boca y paladar amaestrados en deleites, sienten la velocidad de tu venida, miel salobre que advierto frugal, complacida, venidera.

Explosión inigualable de saberse privilegiado, aún cuando gane tu caviar, invierto en mi capaz sentimiento de agradecimiento y de que me permitas dicha liberación transeminal.

Algunos lo relatarán como que “te viniste en mi boca, cinco palabras”, yo, lo desgloso, porqué gocé que un cabrón pseudo hetero y siempre deseado, se viniera en mí.

Autor: Ruperto.

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Ardientes propuestas

La calentura de Carolina era incontenible, como unas mercancías sin frenos, por lo que exigió que la penetrara sin compasión ni miramientos. Javier, incapaz ya de alargar el placer terminó con la dulce tortura que estaba infringiendo a su bella compañera e introdujo su miembro en la húmeda y caliente cueva de Carolina y de esta manera conseguir el ansiado y loco placer que les devolviera la calma.

Carolina siempre se resistió a hacer la compra. El viaje al supermercado suponía para ella un sacrificio. Por eso trató de evitarlo y fue al centro de la resistencia en las discusiones con sus hermanas y su madre, a la hora de decidir a quien le correspondía la expedición adquisitiva. Pero aquel día sería distinto, el suplicio de la compra se iba a transformar en un placentero “intercambio mercantil”.

Ese día tropezó con Javier que distraído, la palpó confundiéndola con una mercancía en venta. El contacto no molestó demasiado a Carolina. El chico pidió disculpas cuando ella, tímidamente, protestó y le dijo que él daría una fortuna por un producto tan atractivo.

El cumplido halagó a Carolina y las más audaces caricias de Javier la colocaron en un estado donde la palabra “no” empezaba a ser una estupidez. Mientras tanto el muchacho le dijo que él también tenía cosas dignas de ser tocadas.

Explicó que para hacerlo debía ponerse en un estado de calentura que igualara, por lo menos, el que él sentía y que para ello debía darse la vuelta y dejar que la inspeccionara por detrás para aconsejarle los movimientos a seguir.

Sin decirle una palabra y a lengüetazo limpio; Javier le fue dictando a Carolina el código de puesta a punto de una hembra. Carolina se olvidó de toda mercancía que no fuera la suya y empezó a suspirar a cada mordisco sabio de Javier.

El muchacho le bajó la tela que cubría sus deliciosos cántaros y besó con fruición los cárdenos pezones. La chica a estas alturas bendecía el haber perdido la discusión que terminó con su viaje al supermercado. Entre besos y suspiros le mostró a Carolina parte de sus cosas que ella podría acariciar si aceptaba su invitación de ir a su apartamento. Al tantear tan enardecido miembro, la muchacha no tuvo más deseos que aceptar la invitación de Javier.

Llegados a casa de Javier, el chico, como buen anfitrión, invitó a Carolina a una refrescante copa, que aliviara la temperatura de sus cuerpos y aprovechó para que la chica se entrenara con el corcho de la botella para posteriores tareas con la boca  mientras brindaban por esta nueva y hermosa amistad, Javier le comentó a Carolina sus planes para ese día y lo que esperaba que consiguieran si ella aceptaba sus propuestas. Tanto entusiasmo puso en la descripción, que Carolina murmuró emocionada y cachonda.

– ¡Sí, sí, Síííí!

Con un beso quedó sellado el pacto y la chica bajó sus defensas y sus ropas para permitir que Javier comenzara sus maniobras exploratorias. Los pechos de la chica se endurecieron al dulce contacto de la lengua del chico y su vagina comenzó a mojarse dulcemente. Cuando la humedad empezó a pedir que se aliviara el escozor, Javier comenzó a titilar con sus dedos el botoncito del placer y la pobre Carolina empezó un concierto de suspiros destinados a alentar el trabajo de Javier.

Las copas quedaron olvidadas y la tarea de conseguir el gozar a través del placer sexual se hizo más exigente. A cada golpe de lengua de Javier, le seguía un gritito de Carolina pidiendo más y dosificando las caricias para prolongar el disfrute.

La experta lengua de Javier dejó entonces el clítoris para entablar una más placentera charla con la maravillosa abertura que, húmeda y estallante; parecía a punto de reventar. Carolina, ya abandonada al gozo, no hacía más que gemir y demorar un orgasmo intenso, y que por otra parte se hacia casi imposible de contener.

La chica notaba que la dulzura de las caricias la iba convirtiendo en una yegua en celo y que poco más podría aguantar antes de exigir a su brioso alazán que la penetrara salvajemente. Por eso cambió los gritos de placer en insultos obscenos y exigentes.

Carolina, perdiendo todo cálculo, acercó su boca a la del chico para besarle con agradecidos labios y rogarle que no demorara más la hora de sentir en su seno el dulce y enervado miembro que había estado palpando y que ya se hacía imprescindible.

Los reclamos de la enardecida muchacha fueron entendidos por Javier, que, acomodándola sobre sí, le introdujo el ardiente miembro, en tanto no dejaba de chuparle los pezones, acariciarle el clítoris y llevar a Carolina al borde del final.

Cuando ya el orgasmo era incontenible, Javier retiró su falo de la hirviente cueva y volvió a las caricias linguales. Pero ya la calentura de Carolina era incontenible, como unas mercancías sin frenos, por lo que exigió que la penetrara sin compasión ni miramientos.

Javier, incapaz ya de alargar el placer que luchaba por expresarse, terminó con la dulce tortura que estaba infringiendo a su bella compañera e introdujo su miembro en la húmeda y caliente cueva de Carolina y de esta manera conseguir el ansiado y loco placer que les devolviera la calma.

Autor: Ser Pïter

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