Celebraciones familiares 1: La Boda

Resumen:

Ser un manitas me generaba no pocos compromisos familiares. Es en cierto modo lógico y comprensible, cuando se corre el rumor de que tienes buena herramienta y sabes cómo utilizarla. La primera en necesitar mi ayuda fue Piedad, la prima tetona de mi mujer.

Este relato está basado en el relato “La Boda” que leí hace poco en esta página web. Al leerlo me recordó algo ocurrido hace sólo un par de años, cuando una fantasía que me había perseguido desde hace años se hizo por fin realidad.

Hace algún tiempo, un día de junio de un año cualquiera.

Me presento, soy Róber, tengo 43 años, estoy casado con Teresa desde hace 15 años y soy muy feliz con ella. Tenemos dos hijos y una vida normal de clase media española, con épocas mejores y peores.

Mi mujer tiene 45 años actualmente, y se conserva bien ya que asiste habitualmente a G.A.P. (Glúteos, Abdomen y Piernas). Es bonita, no es baja, tiene los pechos pequeños, pero eso sí, tiene un buen culo que atrae irresistiblemente las miradas de mis amigos. Ella lo sabe y no duda en vestir regularmente mallas de deporte o leggings de algodón que complementados por un escueto tanga moldean a la perfección su espléndido trasero. Sin embargo, cuando la conocí me pareció excesivamente tímida y puritana ya que se había educado en un ambiente católico. Qué equivocado estaba, lo que ocurría es que mi mujer era y es tan reservada y como prudente, pero nada melindrosa con una buena polla. De hecho en nuestra tercera cita ya se ofreció presta a una voraz mamada en el asiento de atrás, llevaba más de un año sin novio… En materia sexual tenemos una relación bastante buena con relaciones frecuentes, variadas y placenteras.

Read more

Me gusta / No me gusta

Paula, mi cuñada, mi pecado.

Hará una cuestión de seis meses, sucedió algo con mi cuñada que me hizo tambalear mi cosmovisión. Mi nombre es Sergio, soy casado. Mi mujer Veronica, es unos años menor y tiene una hermana, cinco años más joven que ella, de nombre Paula. Voy a describirla: es alta, delgada, muy bella de cara, no muy exhuberante, pero aunque sus dones son discretos no dejan de ser apetecibles. Su cabello de color castaño, lo lleva lacio entre suelto y atado, según la ocasión o su humor. Siendo casi una adolescente, Paula me veía como un viejo, por lo que desde que eramos novios con mi mujer, jamás me observó más de dos veces. Esto me dejó siempre con la pregunta que me formulé mil veces. ¿Que la llevo a hacer lo que hizo esa mañana, hace seis meses?
Desde que nos mudamos juntos, mi mujer quiso que mi cuñada tuviera una copia de la llave de nuestra casa, un departamento en Buenos Aires, capital. Con la excusa de regar las plantas y cuidar los gatos que tenemos. cuando nos ibamos de vacaciones. Como mi cuñada está estudiando en la universidad en capital, pero vive en provincia, cada dos por tres se queda o pasa a hacer un alto, aunque más no sea, por nuestra casa. Paula es una joven de unos veinte, algo diferente. Es muy independiente, aunque tiene sus chiquilinadas. Su caracter dominante y su hermoso y esbelto cuerpo espanta a los hombres. Considera que son todos unos cobardes, aunque usa otras palabras. Debo reconocer que no tengo argumentos para rebatirle. Los hombres que ha conocido no son lo mejorcito de mi género. Con mi mujer son muy íntimas, pero conmigo siempre mantuvo una amistosa distancia, algo normal entre cuñados. Ni compinches, ni adversarios. Pero a partir de esa mañana la vi diferente para siempre.
Mi mujer siempre se va a trabajar más temprano que yo y regresa también más temprano. Esa mañana, yo dormía hasta tarde, aprovechando que no tenía que ir hasta la tarde a trabajar y con el agregado que la noche anterior me había desvelado terminando unas tareas atrasadas. Entre dormido y despierto, abrí apenas los ojos y escuché sonidos de llave abriendo la puerta. Creo que pensé que era Veronica que regresaba al olvidar algo. ¿Cuanto habré dormido desde eso? Lo ignoro. Creo que por esa idea de pensar que era Vero, no me sobresalté por nada. Solo duermo con boxers, por lo que estaba casi desnudo. Entre sueños, sentí como me descubrían la verga erecta, dejandola al aire. Como cada mañana, debido a las ganas de orinar de aguantar toda la noche, me desperté erecto. No se si decir que creía que era Vero que me estaba manoseando o que lo consideraba un sueño. La cuestión es que se me hacía muy placentero el roce de una mano. No recuerdo bien, creo que en ese momento seguí durmiendo, pero si me volvió la conciencia cuando sentí que alguien se posaba sobre mi. Yo estando boca arriba, sentí como mi verga entraba en algo humedo y caliente. Mi primer idea es que era mi mujer, dandome un mañanero. De haber estado conciente me habría dado cuenta de dos cosas, que mi mujer no gusta de los mañaneros y que ella sabe que con ganas de orinar no puedo acabar fácil. Hecho por el cual siempre evito hacerlo apenas me despierto, ya que termina siendo doloroso, tanto para mi como para ella. Esto no evita que estando en ese momento caliente, no quisiera seguir hasta el orgasmo.
En fin, como decía, entre somnoliento y muy caliente; sabía que estaba penetrando una humeda vulva. Mi nivel de calentura por estar semiconciente era impresionante. En la penumbra de la habitación, con la persiana baja y casi toda la casa cerrada, quise abrir los ojos. Lo hice segundos después de adelantar las dos manos y manotear la cadera encima mío. Para mi sorpresa, me encontré con una cintura algo diferente a la de mi mujer, es apenas más delgada pero si tiene una piel muy distinta. Abrí los ojos, sobresaltado, para ver ese espectaculo entre paradisiaco y terrible. Mi cuñada me montaba lentamente, intentando no despertarme como supe después, mordiendose los labios para no gemir fuerte. Al ver que ya me había despertado, pese a sus vanas precauciones, abrió la boca y soltó un gemido largo como si hubiera estado conteniendo la respiración largo tiempo. Acto seguido, aumentó la velocidad de la penetración y la furia de la cabalgata. Gemía entrecortadamente. La sorpresa no opacó mi ardor, primero quise sacarla y la apreté más de la cintura para levantarla de mi. Ella se apoyó con una mano sobre mis hombros y me miró a los ojos. No articuló sonido, excepto sus jadeos y gemidos. Esa expresión de mujer caliente, aunque muy joven, me hizo dudar. Debo reconocerlo, en ese instante dejé de pensar con la cabeza, solo me funcionaba la de abajo. Paula se movía perfectamente, haciendome delirar en cada roce. Con cada quejido de placer suyo, yo me derretía en mi voluntad. Metido en esa situación, no me detenía a pensar nada más que en gozar de su cuerpo. Ni mi mujer, ni que era mi cuñada, ningún remordimiento ya me frenó. Ella se penetraba con cada vez más fuerza, intenté bombear yo, pero apoyó sus dos manos sobre mis hombros. Eso no solo era para tener asidero, me limitaba los movimientos. Después de un par de estocadas más, me tomó las manos con las cuales yo sujetaba su cintura. Pareció que quería sacarselas de encima, pero mantuvo sus dedos sobre los míos, como distraida por el placer que recibía. Comenzó a molestarme e invadirme una calentura de otra especie, sumandose a la lujuriosa, me estaba queriendo manejar como si fuera uno de esos bobitos que ella conoce, pero a los que apenas les presta atención. Mi orgullo masculino se despertó y decidí rebelarme ante su actitud dominadora. La conocía lo suficiente como para saber que ella era así en la cama como en su vida normal, frontal, dominante, pero jamás la pensé como una tirana y egoista sexual. Me deshice de sus dedos y con mis manos me aferré a sus tetas y las tomé delicadamente. Ella hizo un amague de protestar pero luego se dejó hacer. Volví a su cintura, e intenté levantarme, ella apretó la presión en mis hombros. Casi en susurros como si no pudiera respirar me dijo que no.
-No, por favor.-rogaba en tono de muñeca dolida, entre los gemidos.
No sabría decir si no quería que me moviera o no deseaba que se la sacara. Su concha me apretaba bastante, era bien estrecha, algo que ya imaginaba. Se estremeció y casi se derrumbó sobre mi, apretando mis hombros. Había acabado. Durante un segundo, solo respiró agitadamente, pero luego volvió a retomar el ritmo del coito. Mi calentura cada vez era más grande, quería tomarla yo. No veía otra cosa que mi deseo de llenarla toda, irme dentro de ella. No tenía temor de un posible embarazo ya que se que toma pastillas, al igual que mi mujer. En posibles enfermedades no pensé, honestamente, no estaba como para pensar en eso. Igualmente, siempre había sospechado que no tenía una gran experiencia sexual, uno o dos tipos a lo sumo. Me siguió deteniendo a moverme y gimiendo, mientras yo sentía como se mojaba más, y a mi en el proceso. Esto me sorprendió, ya que era muy distinta a mi mujer, que se lubrica poco. Si sudaba como su hermana, esas comparaciones morbosas me han atormentado, angustiado y excitado desde entonces. Su piel estaba resbaladiza, creí que transpiraba por todos los poros. Continuó así bastante rato, gimiendo y sudando, aumentando cada vez más mi molestia en el vientre. Me pareció que mi próstata iba a explotar, o quizá la vejiga, no estaba seguro. En un momento dado, gritó con un estremecimiento y se derrumbó de costado, sacandome de su interior. Su respiración agitada continuaba, su cuerpo mojado al igual que su interior. La miré entre enojado y sorprendido.
-No acabé.-le dije.
-Yo si.-me respondió, como si eso fuera lo único que importaba.
En mi calentura, la aferré fuerte por las piernas y subiendo por las nalgas. Ella se negó a ser penetrada. Le dije que me dejara acabar.
-No puedo más.-me dijo, totalmente agotada.
Ahora era mi turno de usarla como muñeco. La penetré en cuatro patas y ella gimió casi en un grito. Temí hacerle daño o que lo considerara violación, pero me pareció que ella era la que deseó violarme en primer lugar. De la calentura no entendía nada más, ni pensaba en nada más. Creo que fue un agravante que por esos días mi mujer estaba indispuesta y hacía varios días que no teniamos sexo.
-Entra mucho.-me expresó entre jadeos que me parecieron de dolor.
La acosté y la penetré encimado a su espalda empapada, para evitar tanta introducción profunda. Ella dijo que era muy grande para ella. Y no entendí si me halagaba o solo le dolía. Me rogó que acabara pronto. Quise besarla de costado pero ella corrió su cara y la aplastó de costado en la almohada, mirando al lado contrario al mío. Debido a las ganas de orinar, me costó acabar, pero lo hice bestialmente. Soltaba chorros eternos de esperma, o esa era mi sensación. Casi me pareció que fue un ataque de epilepsia mi orgasmo. Casi la levanto en peso de lo que la moví. Me salí y me derrumbé a su lado. Transpirado, manchado y agotado, con un creciente cargo de conciencia.
Después de conseguir respirar normalmente. Se sentó en la cama y rebuscó la ropa que había dejado por el piso. Comencé a cuestionarle lo que hizo, le dije que me había usado, que eso era un traición a su hermana y que me había hecho complice de ello. Ella respondió con su mejor tono altanero que era cierto, me había usado y varias cosas más.
-Si, te use, mi hermana siempre se llenó la boca de lo bien que la cojías y lo mucho que disfruta. Que la tenés bastante grande y… otros detalles más.-
Debo aclarar que mi tamaño es bastante normal, tirando a largo, pero nada del otro mundo. Aunque mi mujer lo siente hasta la garganta ya que no es de una gran profundidad vaginal y muy estrecha. Algo que descubrí también en mi cuñada, aunque en menor medida. Las razones que adujo era que no podía apartar las cosas que le contaba mi mujer mientras que ella no conseguía un tipo que no terminara rápido y la dejara con las ganas. Su idea era cojerme mientras dormía y que ni me enterara, le dije que yo no tenía el sueño tan pesado o que debío drogarme. Hoy día, creo que siempre supo que una vez haciendolo y en estado de calentura, yo no iba a retroceder. Creo que ella contó con eso. Al sentarse, algo de mis jugos cayeron sobre las sábanas, el pánico me invadió y el temor a que mi mujer lo supiera.
-Esto no lo vamos a hacer nunca más. Así que no creo que lo sepa. Yo no pienso decirselo. ¿Vos si?-
Le respondí que ni borracho, ella se vistió y se fue. Para finalizar el día, me hice el buen marido y lavé las sábanas, aduciendole a Veronica que ella había dicho de cambiarlas en esos días. Ella lo creyó y no sospechó nada. Pero a partir de ahí empezó un tormento mental que se fue diluyendo con el tiempo. La culpa por lo que hicimos. Las dudas sobre lo que había sentido. Pero lo peor era el temor a que mi cuñada le confesara todo a su hermana. Esas semanas pensé mil cosas. Si me había contagiado algo al tener relaciones, si se había olvidado de tomar el anticonceptivo, si se confesaba por una irrefrenable conciencia sucia; todos escenarios horribles y posibles. Con el correr de los días y semanas, me di cuenta que ella tenía menos remordimientos que yo y que nunca hablaría. Las siguientes veces que nos vimos, había retornado a su anterior trato para conmigo, distancia amistosa. Yo era el marido de la hermana, nada más. Excepto una leve mirada fija de mutuo entendimiento, que solo yo capté, no se mencionó o trató el incidente. Por mi mujer me enteré, como el amigovio o algo así que le conociamos era más pavote que un preadolescente y encima como dijo maliciosamente mi mujer: “un maní quemado”. Con lo que fui entendiendo por donde le había salido el tiro disparado. Conforme se fue yendo el sentimiento de culpa, fue creciendo la lujuria. Cada vez más fui pensando en Paula. Muchas veces temí llamar a mi mujer por el nombre de la hermana mientras teniamos relaciones, o delatarme al hablar dormido, aunque esto último sería más fácil de disimular. Hoy, me encuentro fantaseando con un posible trio (que es imposible de hecho) entre mi mujer y mi cuñada. Mi perversión está desatada y trato de refrenarla, con cierto exito. Donde no puedo hacerlo, es en que quiero repetir con mi cuñada lo de esa vez. Me asalta la moral y la ética, pero en un punto la lujuria gana terreno. Paula cumplió sus dos promesas, que no se lo diría a la hermana y que no sucedería de nuevo. Y estoy deseando con locura que incumpla esta última.

Me gusta / No me gusta

Vuelta al cole salvaje

Era el último año de Instituto y mi exnovia Carolina, a sus 18 añitos estaba nerviosa. La vuelta al cole era especialmente dramática aquel año ya que significaba el fin de muchas cosas y la elección del futuro en la universidad, trabajo o formación profesional.

Las clases empezaron de forma similar al año anterior, y todos los del aula se conocían. Ya la primera semana un grupo de chicos propuso salir de fiesta para celebrar que era el último año. Carolina se apuntó y a provechando que la marcha era en un lugar famoso, llamó a su tío Miguel, el cuál vivía justo en esa zona. Su tío, divorciado y de 40 años justos, le atendió animado y se alegró de la llamada. Le dijo que podía quedarse a dormir, y si quería, con alguna amiga también; él ya lo hablaría con sus padres.

La semana transcurrió rápida, y algún que otro chaval intentó ligar con ella. Carolina era una chica no muy alta (1,69), de cara dulce sonriente, melena rubia, delgada y unos buenos pechos talla 90. Estos, volvían locos a sus compañeros, y ella disfrutaba del juego a base de llevar camisetas y tops que realzaran su figura.

Era sábado, y a las 19:45 se presentó en casa de su tío Miguel. Dejó las cosas en el que sería su cuarto y pidieron unas pizzas para cenar. Antes de despedirse, su tío le pidió que cuando llegara fuera a darle un beso para saber que había llegado bien y se quedara más tranquila.

Carolina se arregló y colocó un vestidito azul, que si bien no era muy corto, sí era bastante escotado.

MIGUEL: ¡ligarás mucho esta noche! – dijo el hombre mientras le miraba descaradamente los pechos arrejuntados en su escote.

CAROLINA: pufff. Los chicos de clase son unos pesados. No volveré muy tarde. ¡Chao! – dijo tras darle un besito de despedida.

Los compañeros y compañeras de clase se juntaron en un parking cercano a la zona de marcha y celebraron un botellón. Del maletero abierto de un coche salía música, y el de otro servía de barra de bar con las bebidas que habían pagado entre todos.

Carolina empezó hablando con sus amigas, y con la escusa de “invitar” de vez en cuando se acercaba algún compañero de clase para darle otra copa. Tras el segundo vodca con red bull, Carolina empezó a sentirse bastante contentilla, y animó a todos a que dejaran de beber y se fueran de marcha. Los chicos prefirieron quedarse en el botellón.

Así pues, Carolina y tres amigas más se fueron a la zona de discotecas y fueron entrando un rato en cada una de las que eran gratis. Su amiga Sandra le propuso entrar en una nueva en la que invitaban a un chupito muy bueno a las chicas. Sandra no se lo reveló, pero nada más entrar se dieron cuenta que la medida de edad era bastante superior a la suya. La gente rondaba los treinta años o más.

Se tomaron su chupito y pidieron unos cubatas aprovechando los precios populares del local.

Sandra, Noelia, Nieves y Carolina hicieron un pequeño círculo y se pusieron a bailar. No tardó mucho en llegar el primer pesado que intentó ligar con ella. La diferencia con las otras discotecas es que éste no era ningún niñato, sino que se trataba de un chico bien arreglado y vestido de marca de treinta años. El chico, sin mediar palabra, le agarró de la cintura y se puso a bailar con ella. Le caía bien, y no intentó nada, así que le siguió el juego. El chico, de nombre Joaquín, le invitó a otro cubata, el cual no se pudo acabar porque empezaba a ir un poco borracha. Intercambiaron teléfonos y el mozo le dijo si quería ver su nuevo coche.

Carolina inocente aceptó y le siguió. Se trataba de un modelo deportivo con lunas tintadas. Joaquín le dejó sentarse en el sitio del conductor y después hicieron lo propio en los asientos de atrás. Una vez dentro, el chico le tocó el pelo y se acercó lentamente a su cara. Ella sabía lo que se le venía encima, y no supo qué hacer. No le detuvo, y cuando los labios del treintañero se juntaron con los suyos, se dejó llevar. El beso fue cada vez más caliente, y pronto el chico colocó una de sus manos encima de su pierna y fue subiendo poco a poco por dentro del vestido.

Acostumbrada a liarse con chicos de su edad, le sorprendió que Joaquín no se detuviera ahí, sino que dirigiera su mano directamente hacia su sexo. La colocó allí, notando el calor y la humedad, para empezar a masturbarla lentamente. Hizo un amago de pararle, pero su mano férrea seguía y pronto empezó a gemir. Unas risas le llamaron la atención, y pudo ver que en la parte de delante del coche estaban cinco de sus compañeros de clase riéndose y haciendo señas.

PACO: ¡vaya guarra está hecha Carolina!

CARLOS: ¡sí, ahí a punto de follar con ese viejo!

JOSE LUIS: ¡con lo buena que está, no me extraña!

ÍÑIGO: ¡mirad, mirad, cómo le mete mano!

VICENTE: ¡qué guarra!

PACO: ¡ya verás cuando se lo contemos a sus amigas! ¡ja!

Carolina salí a toda prisa del coche sin colocarse mucho el vestido.

CAROLINA: ¡eh! ¡esperad!

PACO: ¿qué pasa, no te basta ese tío?

Los cinco tíos rieron.

CAROLINA: ¡no le digáis nada a mis amigas por favor!

PACO: ¡ja!

CAROLINA: me liaré con los cinco si me prometéis no decir nada a nadie…

Los chicos sonrieron, la cogieron por la cintura y se fueron, dejando los gritos e insultos del calenturiento Joaquín a sus espaldas.

Entraron en un local de gente de su edad, y sin esperar a que ella hiciera nada, Paco se lanzó, la abrazó y empezó a morrearla.

PACO: no será la última vez que nos liemos este curso…

CAROLINA: ya veremos…

Le dio un pico de despedida y se abrazó a Jose Luis, mientras se enrollaba con él.  Fue turnando a cada chico hasta que justo al terminar le llamaron sus amigas. Habló con ellas, que ya estaban en otro garito, se despidió de sus compañeros de clase promesa en mano, y se fue con sus amigas.

Bailaron y bebieron, y finalmente Noelia le acompañó hasta casa de su tío antes de coger el coche.

Carolina subió en el ascensor y entró en el apartamento con las llaves prestadas. Intentó no hacer mucho ruido, pero el traqueteo de los tacones era inevitable. Una vez dentro, vislumbró una trémula luz en el comedor y se acercó para apagarla. Bajo la iluminación de una lamparita, su tío Miguel estaba sentado con un libro en las manos y un copón vacío en la mesita.

Le sonrió y le dijo que se acercase y le contase qué tal había ido la noche. Dado el estado etílico de Carolina, se sinceró como si de un amigo íntimo se tratara. Le contó sobre el botellón y lo criajos que eran sus compañeros de clase. Le relató sobre el pub para gente más mayor, que Miguel ya conocía, y sobre cómo había conocido allí a un treintañero muy majo.

MIGUEL: ¿y no intentó nada contigo? – le cortó Miguel con una mirada pícara.

CAROLINA: bueno… al principio parecía que no. Pero luego, ingenua de mí, me llevo hasta su coche para enseñármelo…

Carolina, de pies frente a su tío sentado en el butacón, le relató como aquel hombre le había metido mano, como le habían descubierto sus amigos y ella se había liado con todos ellos para sellarle los labios.

Su tío se levantó y la abrazó como para consolarla. Ella le dijo que no pasaba nada, que en el fondo se había divertido. El mantuvo el abrazo, y su mano empezó a acariciarle la espalda. Cada vez estaban más pegados, y Carolina podía sentir como el paquete de su tío empezaba a hacer presión contra ella.

MIGUEL: seguro que entre aquel tío y tus compañeros, has vuelto bien mojadita… – Le susurró, poniéndola nerviosa, al oído.

CAROLINA: tío… qué cosas dices…

MIGUEL: seguro que te has quedado con ganas de estar con un madurito esta noche.

Sus manos le acariciaron los brazos, y mientras que una mano la empujaba por la espalda, la otra se colocó en su nuca. Estaban muy cerca, y Carolina se sentía muy confundida. El aliento a brandi de su tío le golpeaba contra la cara.

Su tío le empujó de la nuca discretamente para atraerla hacia sí mismo.  El hombre se lanzó y le dio un piquito. Ella intentó echarse para atrás, pero su tío apretó la presión en su cuello y le dio más piquitos. La presa sobre su cintura se incrementó y su tío hizo palanca con la lengua para entrar en su boca. Aquella lengua cálida se abrió camino dentro de su boca buscando la suya. Intentó echarla afuera, pero cada vez su resistencia era más débil.

Miguel la abrazó más fuerte, y una de sus manos le apretó el culo mientras no dejaba de morrearla con pasión. Carolina se dejó llevar por la pasión, y cuando el hombre se quitó la camiseta, fue ella la que le abrazó y se lanzó a sus labios. El hombre le tocaba el culo con devoción, como si buscara un tesoro.

Carolina chocó contra la mesa del comedor, y su tío, ni corto ni perezoso la aupó para subirla encima. Al borde de la mesa, ella le tenía entre sus piernas mientras que se besaban con lujuria. Ella le tenía cogido de la cabeza y le metía la lengua hasta el fondo en sus besos al tiempo que movía la pelvis excitada.

Miguel le acarició las piernas lentamente subiéndole el vestido hasta la cintura.  Se restregó contra Carolina al tiempo que le tocaba las piernas como las quisiera sacar brillo.

Carolina, sentada en el borde de la mesa, se bajó la parte de arriba del vestido sacando a la luz sus dos preciosa y grandes tetas. Miguel se las chupó, y de forma impulsiva le quitó el vestido y el sujetador.

Se besaron con pasión acariciándose y restregándose el uno contra el otro. Miguel la chupaba y mordisqueaba el cuello para luego pasar a darse lametazos el uno al otro con las lenguas por fuera.

Ella se tumbó boca arriba y él le acarició delicadamente todo el cuerpo. Cuando llegó a sus partes bajas, le levantó las piernas y pasó su lengua por encima de sus braguitas y la parte interior de sus muslos. Le quitó lentamente la ropa interior, dejando a la vista una zona totalmente depilada coronada por un coño rosadito.

En aquella postura con las piernas levantadas, lee abrió los labios inferiores con las manos, y le pasó la lengua de arriba abajo, besando y chupando su clítoris.

Carolina empezó a gemir mientras le comían el coñito y le rozaban con la nariz el ano. La chica le pidió que parara o se correría. Él obedeció no sin darle un último gran chupetón.

La joven se bajó de la mesa. Le ayudó a terminar de desnudarse, y le agarró su polla erecta arrodillándose frente a él. Golpeó con su punta sobre su lengua y le dijo:

CAROLINA: ¿te gustaría que te la chupara tu sobrinita? ¿te pone eso?

MIGUEL: sí… cómesela a tu tío… mmmmm

Carolina se la metió en la boca y empezó a chupársela mientras le masajeaba los huevos. El hombre gemía y ella alternaba sus succiones con lametazos.

En un arrebato, su tío la ayudó a incorporarse y la subió sobre la mesa. Ella se sentó recostada y le esperó con las piernas abiertas mientras él se ponía un condón. Se acercó, y tras darle unos golpecitos con el cimbrel sobre sus labios inferiores, se la metió lentamente. Comentó un mete-saca in crescendo  al tiempo que su sobrina gemía. Sus tetas se movían rítmicamente de arriba a bajo al tiempo que él la follaba.

Sonó el móvil de Carolina, y ella vio que se trataba de Joaquín, el treintañero que había conocido. Se lo dijo a su tío, y éste le dijo que descolgara y que así se tirara de los pelos por no haber hecho las cosas bien esta noche. Ella se rio, y procedió, habilitando el manos libres.

JOAQUÍN: hola Carolina, te llamaba para pedirte disculpas y… ¿qué es eso que suena?

MIGUEL: ¡está follando con un hombre de verdad! – interrumpió.

JOAQUÍN: ¿qué? ¡será zorra!

Carolina gemía y Miguel, excitado, bombeaba más fuerte.

JOAQUÍN: ¿pues sabéis qué? Si pensabais que me ibais a joder con esto, estáis muy equivocados. Ahora mismo estoy dentro del coche, y me la voy a cascar oyéndoos. ¿Te gusta eso Carolina?

CAROLINA: qué.. ahhh.. mmm. ¡qué te follen!

JOAQUÍN: ¿cómo a ti, verdad? Ja j aja. Escucha cómo me la casco…

Al parecer el chico debió de acercar su móvil a su entrepierna, ya que se escuchó un sonido de fricción.

Miguel se inclinó hacia delante para chuparle las tetas, y cuando se irguió, giró una de las piernas de Carolina hacia un lado. Con el culo en aquella posición, Miguel se la metió por el coño apretándose bien contra sus nalgas.  Ella gemía pegando gritos, y él le daba azotitos en el culo.

Su tío se la sacó de golpe y le dijo que se pusiera a cuatro patas. Ella se bajó de la mesa, y se apoyó en la misma poniendo el culo en pompa. Formaba una L girada a la derecha y sus tetas se apoyaban en la madera. Miguel se acercó y vio cómo aquel coñito abierto rezumaba líquidos. Se la metió, y empezó a follarla haciendo que las embestidas movieran un poco la mesa. Ella se levantó un poco y él le estrujó las tetas como si fueran de gomaespuma.

MIGUEL: ufff, no aguantaré mucho más.

Carolina tumbó en el sofá, y tras mamársela un poco, empezó a hacerle una cuaba a su tío.  Su polla se ocultaba entre sus tiernas tetas, y sus pezones rosados se aplastaban contra sus manos que hacían fuerza para que aquel miembro no escapara.

De repente Miguel retiró la polla y empezó a cascársela rápidamente frente a su cara. Un gran chorro de semen se estampó contra la cara de su sobrina, y el resto se derramó como una marea blanca sobre sus pechos. Un reguero blanquecino caía de la boca de ella hasta el sofá. Su tío se tumbó sobre ella y la besó con pasión, compartiendo su propio semen y llenándose el cuerpo con el de ella. Se fue a la ducha dejándola sola.

Un sonido llamó la atención de Carolina: su móvil. Lo cogió y se dio cuenta que Joaquín no había colgado.

JOAQUÍN: ¿ya habéis acabado? De repente no he oído nada.

CAROLINA: sí…

JOAQUÍN: joder… ¿y me vas a dejar así?

CAROLINA: ¿te la estás tocando?

JOAQUÍN: sí…

CAROLINA: imagínate que estoy en el coche contigo y te la agarro yo. Te hago una paja lenta para luego llevármela a la boca y metérmela entera….

JOAQUÍN: mmmm, sigue…

CAROLINA: te la chupo cada vez más rápido. Sí… Córrete en boca Joaquín.. sí… Lléname con tu leche para que me la tague.

JOAQUÍN: ¡¡¡sí, sí, sí, uahhhhhhhj!!!

Pasados unos segundos…

JOAQUÍN: ufff. Mañana tendré que limpiar el coche. Ha sido increíble. A ver si podemos quedar un día y lo hacemos en real…

Se despidieron, y Carolina, tras asearse, se fue a dormir al cuarto de invitados como si no hubiera pasado nada.

La semana siguiente, en clase, sus compañeros le dedicaban miradas cómplices pero no dijeron nada. Aquello había sido una vuelta al cole salvaje…

Me gusta / No me gusta

todo queda en familia

hola a todos mi nombre ficticio es gissele mi edad 20 años, aunque por ese entonces tendría 18.

Me considero una chica que está bastante bien. Tengo una 95/100 de pecho, pelo negro, delgada. Por aquel entonces yo vivía con mi ex pareja y estábamos viendo unas películas x y estábamos conversando sobre gustos de películas pornográficas. Yo le comenté que me gustaban las pelis de tríos, de dos chicos con ella y él me comentó si me gustaría que eso pasara y yo le comenté que sí, que eso estaría muy bien. Me comentó quien quería que fuera la otra persona y le dije que quería tirarme a su primo jose (nombre ficticio) y él me dijo que primero tendríamos que incitarlo, por lo tanto comenzamos a hablar con él por cam sobre el tema de follarme a mi y nos dijo que le pusiéramos cachondo entonces yo empecé a meterle mano a mi chico en su entrepierna a tocarle y mi chico empezó a sobarme las tetas, a quitarme la blusa y el sujetador y a preguntarle si le gustaba lo que veía. Por mi cuenta ya le había quitado la ropa a mi chico y le estaba haciendo una paja. Le dije baja la cam para que me diga si le gusta esto y empecé a chuparsela a mi chico, a pasarle a lengua a los lados, como si fuese una niña con un chupachus mmm… a poner cara de mala luego me lo metía todo en la boca. Entonces mi chico me dijo que tenia ganas de follarme me quitó la ropa y me sentó sobre él yo estaba muy excitada por la situación y entró muy rápido. Su primo me estaba viendo como me lo follaba, estaba brincando encima de él, su polla es de unos 18 o 19 cm y es bastante gruesa muy gruesa mmm dios como me gustaba y como me ponía la situación me estaba viendo y ya había empezado a pajearse viéndonos a nosotros follando como me ponía eso.
Nos dijo que tal si te corres en su boca y no tuvo que decirlo mas. Me quité de encima de él, me metí su pollon en mi boquita y lo chupe rico rico luego cuando se iba a correr lo saqué y  apuntó a mi boca mmm sentir su leche en mi boca es algo que me encanta mmm esa fue la primera vez que hablemos del tema con el ya habrá mas y espero que algún día mi ex y el primo me follen salvajemente mmm .

porfa escriban opiniones que es mi primera vez gracias

Me gusta / No me gusta