Sopresa en mi trabajo

Hetero, Infidelidad, Fantasías eróticas. La tienes tan dura que no puedo resistir levantarme, arquearme un poco y me la meto en mi vagina que esta súper jugosa, la empujo dentro y siento como tu placer va creciendo, como te doy un gustazo tremendo. Me estás follando apoyada en la puerta, con fuerza y ahora nuestros gemidos se unen y nos movemos como animales, como fieras deseosas de placer.

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Con El Hijo del Casero

Esta es una fantasía que tuve, después de que mi esposa me contara que una noche que llegue tarde a el apartamento, tuvo que abrirle la puerta al hijo del casero, esa noche salí a tomarme unos tragos con unos amigos y llegue muy entrada la madrugada, mi esposa tiene 39 años, mide 1.68 mts, es de contextura gruesa tiene un trasero grande, prominente, sus senos son medianos terminados en unos deliciosos pezones, grandes y castaños, su piel es blanca, cara bonita, caderona lo que hace que sus nalgas se vean deliciosas y provocativas, en conjunto es una mujer bastante atractiva, cuando se fue a la cama, se puso un baby doll fucsia que me encanta, estaba viendo televisión mientras yo llegaba y como a eso de la 1:00 am, escucho que sonaba insistentemente el timbre de la puerta, no encontró su bata para ir a abrir la puerta así que bajo las escaleras rápidamente, pero cuando abrió la puerta la persona que estaba allí era el hijo del casero que llegaba bastante tomado, la miro de rapidez y empezó a decirle: “Que pena señora es que nadie me abre la puerta y…”, en ese momento se dio cuenta de como estaba vestida y no pudo decir nada mas, mi esposa lo dejo allí en la puerta y subió corriendo las escaleras, pero al hacerlo le ofreció un panorama delicioso, su trasero se movía de lado a lado, con cada escalón de la escalera hacia el tercer piso, el baby doll le llegaba a la mitad de sus nalgas y se podía ver que llevaba una tanga bastante pequeñita, “Que culo tan delicioso”, fue lo único que atino a decir, el muchacho, cerrando la puerta tras de si, sin dejar de mirar hacia arriba, ella no lo pudo escuchar bien así que volteo a preguntar que había dicho, pero en ese momento tropezó y se golpeo en una pierna y casi cayendo de frente, el muchacho voló hacia donde estaba ella, casi poniendo la cara entre sus nalgas, percibiendo el aroma de su culo y su sexo, ella se volteo rápidamente y el la hizo sentar en la escalera, tomando su pierna y empezando para mirar donde se había golpeado, pero al tener entre sus manos la pierna de ella, empezó a acariciar su tobillo y su pie, ella estaba sorprendida, se quedo inmóvil de ver como ese niño de 19 años la tocaba, ella trato de apartarse dándole las gracias por auxiliarla, pero el muchacho empezó a besar su pie haciéndola quedarse sentada, se acercó a su oído y le susurro: “Quédese quieta, no querrá despertar a nadie verdad?”, no lo podía creer, sentía el olor a licor en su aliento, él se volvió a dirigir a sus piernas, para seguir acariciándolas, subiendo su mano muy lentamente por su pantorrilla a su muslo, la reacción de ella fue tratar de cerrar sus piernas, pero el empezó a hacer fuerza para abrirlas, la miraba a la cara diciéndole en voz baja: “Por favor señora, solo quiero mirarla, sentir su olor”, ella no sabia que hacer, sentía que él quería ultrajarla, pensaba que alguien podía salir y encontrarla en aquella situación y no haber gritado, pero al mismo tiempo la excitaba el pensar que se encontraba en el pasillo del edificio, semidesnuda donde ese muchacho tan joven la estaba tocando y deseando de esa forma tan lujuriosa, sin dejar de olerla y saborearla, así que le contesto: “Esta borracho, por favor déjeme ir, no sabe lo que esta diciendo”, pero se sorprendió mas cuando escucho su propia voz estaba entrecortada, a él no le importo y siguió oliendo sus muslos mientras subía por ellos besando muy despacio las piernas de mi esposa, podía sentir su respiración agitada en su piel, eso la erizaba, fue abriendo sus piernas lentamente a medida que el continuaba haciendo eso, se quedo mirándolo mientras el veía con morbo su vagina enmarcada en el triangulo minúsculo de su tanga, que ya empezaba a mojarse, clavo su nariz en ella, cerrando sus ojos e inspirando fuertemente todo el olor de su cuca, la miro y le dijo: “Que rico huele señora, su cuca es una delicia”, ella corrió la tanga con sus dedos permitiéndole ver toda la proporción de su vagina, estaba muy mojada, él abrió la boca tratando de comerla toda de una sola vez, ella dio un pequeño gemido y le tapo la cabeza con el baby doll, apretándola contra ella y tratando de tapar con este acto lo que estaba sintiendo, el muchacho continuaba lamiéndola, explorando con su lengua los pliegues de su vulva, su clítoris, la entrada a su vagina, le levanto el baby doll y empezó a recostarla en el suelo mientras recorría su monte de venus, continuando con su abdomen, su estomago metiendo la lengua en su ombligo, siguió subiendo buscando sus senos para encontrase con unos pezones grandes y parados esperando a ser lamidos, subió por su cuello hasta sus orejas, diciéndole: “Que rica esta señora, me encanta su sabor, nunca había probado nada tan delicioso”, mientras pronunciaba cada palabra, introducía la lengua en su oreja, se apartó de allí muy despacio buscando su boca, al principio le molesto el olor al licor, pero a medida que aquel muchacho la besaba empezó a ceder para darse un largo beso, húmedo, el lamia sus labios, succionaba su lengua, mientras refregaba su verga, erecta y aprisionada en su pantalón contra ella, pudo sentir como se sacaba la verga, le tomo una mano para que se la cogiera, no era muy gruesa pero si la tenia larga, ella corrió su tanguita hacia un lado y él empezó a frotar con la cabeza de la verga toda su raja, desde su clítoris hasta su ano, de arriba abajo varias veces, cogió su verga y empezó a penetrarla, metía la punta en su vagina y la sacaba nuevamente para ver la reacción de ella, lo cogió de la cintura y empezó a jalarlo para que se la metiera toda, ella podía sentir como llegaba muy profundo, el empezó a bombearla, cada vez mas duro mientras la besaba con frenesí, pero después de unos minutos ella lo aparto diciéndole: “No mas, nos pueden ver, alguien puede salir”, el muchacho se levanto, pero cuando ella trato de entrar al apartamento, la agarro del brazo y le dijo nuevamente en voz baja: “Por favor señora, yo sé que ud no se quiere ir, no me deje así”, se quedo mirándolo, sin saber que hacer, cuando la tomo de sus brazos y la puso contra la pared, empezó a besarla nuevamente, su cuello, sus senos, sus labios, ella bajo sus manos y pudo sentir su verga que estaba a punto de estallar, ella no sabia que hacer, se quedo mirándolo a los ojos, le cogió la verga y empezó a masturbarlo, se entrego a los besos, mientras seguía haciéndole una paja, se dejaba besar desenfrenadamente, le saco los senos del baby doll para poder chuparlos, agarró sus nalgas fuertemente, ella se dejaba llevar, se agacho y le quito la tanga, llevo su cabeza a su vulva, sus jugos escurrían por sus piernas, empezó a lamerla, chuparla, estiraba los labios de su cuca en cada movimiento, la penetraba con su lengua, se levanto, la volteo contra la pared y mientras le estrujaba los senos, empezó a susúrrale al oído: “le gusta señora, a mi me encanta, ahora le voy a partir el culo”, ella abrió los ojos en un gesto de sorpresa, pero el la giro haciéndola quedar frente a la pared, empezó a poner su verga contra su culo, la frotaba por toda la raja de sus nalgas, la tocaba con sus manos, se agacho nuevamente y abrió sus nalgas, metió su cara completa en ellas, metiéndole le lengua en su ano, dejándola bastante lubricada, ella le dijo: “No mas por favor no aguanto mas”, él se levanto, puso la punta de su verga en su culo y empezó a penetrarla, mientras agarraba su tetas con fuerza, jalando sus pezones, ella le decía que no, pero no podía evitar empujar su culo contra el, haciendo que entrara cada vez mas su verga, sintiendo como llegaba profundo en sus entrañas, ella puso su cara contra la pared y empezó a jadear, en una mezcla de dolor y excitación, él se acercó a su oído le dijo: “Usted es mejor que una puta señora”, eso la encendió, la bombeaba con fuerza, una y otra vez aprovechando su estado de alicoramiento, empezaron a salirle lagrimas de los ojos, así estuvo un largo rato dándole por el culo y cuando sintió que estaba apunto de venirse, le saco la verga, la volteo nuevamente la arrodilló y se lo metió en la boca hasta que la inundo de leche, empezó a escurrírsele por la comisura de sus labios, cayendo sobre sus senos, él se cogió la verga y le froto la cara con ella, se agacho y le dijo: “Gracias señora, es usted una delicia, que bueno por su marido”, agarro su ropa y se fue a su apartamento, ella se quedo ahí limpiándose los senos, se levanto entro al apartamento y se fue a la cama mientras esperaba mi llegada.

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Estoy a tus órdenes

Digamos que mi nombre es Daniel. Debido a mi trabajo como asesor en computación, debo mantener contacto con cientos de personas entre clientes, proveedores, empleados, etc. Muchos de esos contactos son mujeres: jóvenes, maduras, solteras y casadas. A veces alguna de esas damas se siente atraída hacia mí. No me considero un hombre apuesto, pero si soy un hombre muy galante a la antigua usanza: de esos que le abren la puerta a una mujer, que le da preferencia en el paso, que cede su asiento, que evita decir malas palabras delante de ellas. Además, siempre tengo una sonrisa amable para todas las mujeres y les muestro mucho respeto y educación.

Paso a contarles una experiencia que tuve hace algunos años, cinco para ser exactos. Me encontraba visitando a un antiguo cliente, quien me había llamado para hacer algunos ajustes en su sistema de administración. Se encontraba allí la hermana del cliente. Una mujer blanca de cabello oscuro y ojos verdes. Yo le calculaba unos 30 años, después me enteré que tenía 35 y que era casada y tenía dos hijos. Ostentaba un par de hermosos senos y unas curvas latinas que detienen el tráfico. Su altura era de alrededor de 1,60 que incrementaba con unos tacones altos que al caminar hacían que se moviera muy sensualmente. Discretamente le observé solo en un par de ocasiones mientras me dedicaba a resolver el problema del sistema, pues por ser la hermana de mi cliente no quería buscarme un problema.

Este me había dejado su oficina para que hiciera mi trabajo y en eso llevaba una hora cuando esta mujer se me acerca y se presenta:

– Hola, me llamo Adriana y soy la hermana de Josué

Inmediatamente me levanté y extendiendo mi mano derecha le contesto:

– Un placer conocerla, Sra. Adriana. Mi nombre es Daniel Antúnez.

– El placer es mío y por favor no me llames Señora; nunca me ha gustado.

– Muchas gracias Adriana. Tampoco me gustan los formalismos. Llámame Daniel.

– Daniel, veo que estas ocupado y me apena molestarte pero ¿puedo hacerte una consulta?

Todavía de pie le contesté:

– No es molestia Adriana. Dime en qué te puedo servir.

– Pues fíjate que Josué me ha hablado muy bien de ti y del sistema administrativo que le instalaste. Yo voy a abrir un pequeño negocio y quisiera que me asesoraras en los equipos y programas que debo adquirir. Todavía no tengo el local, pero me gustaría que me visitaras en mi casa para que conversemos y me muestres cómo funciona el sistema.

– Con mucho gusto. ¿Te parece bien si nos vemos mañana a eso de las 09:00 am?

– La verdad a esa hora no puedo, pues tengo que ir al gimnasio y después llego a ordenar todo para el almuerzo de mis niños. Luego los voy a buscar y después los llevo a la práctica de futbol.

Yo no sabía a qué venía que me contara todo su itinerario, pero como de costumbre le presté toda mi atención mientras me hablaba. Ella, por su parte, me miraba directamente a los ojos, moviendo sus elegantes y bien cuidadas manos mientras hablaba.

– ¿Pudieras visitarme este sábado a eso de las 9:00 am?  Los niños tienen un juego pero los llevará su padre. Así tendremos tiempo para me hagas la demostración sin interrupciones.

No me gusta trabajar los fines de semana, pero Josué – mi cliente – se ha portado muy bien conmigo, y la verdad no quería darle una mala impresión a su hermana.

– Con gusto Adriana. Dime por favor donde vives.

Ella me dio una dirección en una zona elegante de la ciudad donde vivo – por cierto vivo en Maracaibo, Venezuela – la cual apunté en mi agenda.

– Anota también mi número de teléfono por si te pierdes o tienen algún problema.

– Gracias Adriana. Toma mi tarjeta, para lo que se te ofrezca. Estoy a tus órdenes.

– Gracias Daniel. No te quitaré más tiempo. Te espero el sábado. No faltes ¿eh?

– De ninguna manera Adriana. Haré lo imposible por ir el sábado. Cuenta con eso.

Con eso me extendió su mano y cuando le di la mía se acercó y me dio un beso en la mejilla. Luego se giró y me ofreció una visión de su hermoso caminar y un trasero que corta el hipo. Al llegar a la puerta se volvió hacia mí, sonrió y se despidió con su mano diciendo adiós. Todavía me encontraba de pie recordando ese cuerpecito, cuando entró Josué, mi cliente, y me dijo:

– Mira Daniel, atiende bien a mi hermana. Mi cuñado es una buena persona pero de administración de empresas no sabe ni jota. Por eso te pido que la asesores. Lo que ella te pida hazlo, por favor.

– Claro Josué. No faltaba más.

Josué se me quedó mirando unos segundos y guiñándome un ojo me dijo:

– Pero mucho cuidado ¿eh? Mira que es mi hermana.

Tardé un poco en procesar ese último comentario. No sabía si estaba advirtiéndome de no propasarme con ella o que no le cobrara muy caro. Me decidí por lo último y le dije:

– Tranquilo Josué, que la atenderé como te he atendido a ti en los últimos años.

Josué me ofreció media sonrisa y se alejó. Me senté y continué mi trabajo, el cual me llevo una hora más.

El sábado llegué a la casa de Adriana cinco minutos antes de las 9:00 a.m. Toqué el timbre de una casa muy bonita de dos plantas, con un jardín muy bien cuidado. Se notaba que la familia vivía bien. Salió a atenderme un hombre bajito, vestido con un pantalón tipo bermuda y una camiseta del algún club de futbol. Me recordó a Danny De Vito. Tendría mi misma edad: unos 40 años.

– Buenos días – saludé – soy Daniel Antúnez. Tengo una cita de trabajo con la señora Adriana.

– Ah Daniel, mucho gusto en conocerte. Soy el esposo de Adriana: Francisco Delgado. Adriana me dijo que vendrías. Pasa, no te quedes allí.

– Muchas gracias, Sr. Francisco.

– Acá somos muy informales, Daniel. Por favor olvídate del señor. Llámame Francisco a secas.

– Gracias Francisco.

Me hizo pasar a su casa y me ofreció un refresco que educadamente rechacé.

– ¡Niños! – gritó Francisco – Nos vamos o llegaremos tarde al juego.

Dos niños de aproximadamente 11 y 8 años salieron corriendo de lo que parecía ser la cocina, vestidos de uniforme deportivo y con un balón en sus manos.

– Te dejo Daniel. Adriana bajará en cualquier momento, pero yo tengo que irme. Si te animas con el refresco puedes servírtelo tu mismo. Estás en tu casa.

Me quedé de pie mirando por el ventanal de la casa, mientras Francisco y los niños se iban en una TrailBlazer del año. “¡Que suerte que tienen algunos!”, pensé. Luego me dije, “Con este calor no debí rechazar el refresco. Creo que iré a servírmelo como me dijo Francisco”. Y me dirigí a la cocina. Abrí la nevera, saqué una botella de refresco y estaba sirviéndolo en un vaso, cuando entró Adriana con una toalla alrededor de su cuerpo y el cabello mojado.

– ¡Ay Dios mío, Daniel! – gritó asustada, mientras a mí se me caía la botella de refresco que se derramó por todo el piso. Inmediatamente Adriana salió corriendo de la cocina. “Ahora sí la embarré”, pensé, mientras con un paño limpiaba el líquido derramado. Me fui a la sala a esperar lo que vendría después. A los 15 minutos bajaba Adriana todavía con el pelo húmedo pero ahora vestida con un pantalón corto y un top. Se veía que estaba medio apenada medio enojada. Antes de que dijera nada le dije:

– Disculpa Adriana. Francisco me dijo que me sirviera un refresco si tenía sed, pues él se tenía que ir. No fue mi intensión asustarte ni abusar de tu confianza. Si quieres me retiro y vengo otro día.

Ella se relajó un poco y me dijo:

– No, más bien disculpa tú. La verdad no pensé que fueras tan puntual y me tardé en la ducha. Yo oí que Francisco hablaba con alguien pero pensé que era con los niños. Estoy muy apenada por haberte gritado.

– Tranquila no hay problema. ¿Hacemos la demostración? – Dije rápidamente para tratar de cambiar de tema.

– La verdad, es que me gustaría tomar algo primero, y tú no te tomaste tu refresco. Siéntate en el sofá mientras traigo algo.

Coloqué mi portátil en la mesa de la sala mientras me sentaba en el sofá como me había invitado Adriana. La imagen de esa mujer descalza y con solo una toalla no se me quitaba de la cabeza. Imaginaba que debajo de esa toalla estaba su piel desnuda, fresca, olorosa a jabón. Esos pensamientos hicieron que “mi amigo” se despertara un poco, así que traté de pensar en otra cosa. En esas estaba cuando se apareció Adriana con una bandeja con jugo de frutas, galletas y café. Apartó la portátil y colocó la bandeja en la mesita de centro y se sentó junto a mí. Allí pude sentir ese aroma de piel fresca que me imaginaba hacía unos minutos y “mi amigo” volvió a responder. Ella me sonrió y me sirvió un vaso de jugo y me invitó a tomar unas galletas, mientras ella se excusaba diciendo que aun no había desayunado.

Tomamos el jugo y comimos las galletas en silencio. Yo la miraba de reojo y cada vez que la miraba notaba que me estaba observando y sonreía. Luego me sirvió una taza de café que bebimos también en silencio intercambiando miradas entre pícaras e infantiles.

Finalmente, luego del café, me dijo:

– ¿Puedo hacerte una pregunta? Pero quiero que me respondas honestamente.

– Claro, lo que quieras.

– ¿Te parezco atractiva?

– ¡Vaya Adriana, no imaginaba que me harías esa pregunta! – le respondí un poco  turbado. – La verdad es que me pareces una mujer muy atractiva. Creo que tu esposo es un hombre con suerte – añadí para mantener un poco la distancia.

– Pues a mí me parece que él no se considera afortunado de tenerme. Fíjate que ni se despidió de mí. Ni siquiera me habló para avisarme que tú estabas aquí. De lunes a viernes solo piensa en su trabajo y los fines de semana, deporte y los niños. Parece que yo no existiera para él. Por eso es que quiero abrir el negocio. ¡Estoy tan aburrida! Hoy, como todos los sábados, pasará el día en el club con los niños, y yo sola como una ostra. A mí no me gusta el club. Las mujeres que van allá se la pasan comiendo y chismeando. Y en cuanto a los hombres, todos son unos viejos empresarios que se la pasan hablando de su trabajo o bebiendo.

De nuevo pensé en la razón de por qué tenía que contarme todos esos detalles. Adriana era una mujer hambrienta de cariño y atención. Me compadecí mucho de ella.

– Y ¿que parte de mi te resulta más atractiva? – atacó de nuevo Adriana.

– Me gusta todo de ti Adriana. Creo que no tienes que envidiarle nada a nadie. Además eres una mujer emprendedora y amigable. Realmente valoro mucho que me cuentes tus preocupaciones y créeme que estoy a tus órdenes para lo que quieras.

– Si pero yo me refería a mi físico ¿que te gusta más de mi cuerpo?

– Bueno Adriana, se ve que mantienes tu cuerpo en muy buen estado. Me dijiste que ibas al gimnasio. Tienes muy bonitas piernas y tus ojos son preciosos.

– ¿Y mis senos no te gustan? Son naturales…

– Me fascinan tus senos – claudiqué por fin. Esta mujer iba en serio a pesar de que yo tratara de mantener la relación lo más profesional posible. De todos modos ¿a qué otra cosa me había invitado ella?

– ¿Y mi cola? ¿Te parece atractiva?

– De infarto, mi amor. Eres una preciosidad. También me gustan mucho tus labios, tu olor, tus pies, la forma en que caminas, la forma en que sonríes, la…

No pude seguir alabándola pues se me fue encima con un beso que me dejó sin aire. Estuvimos besándonos y abrazándonos como 5 minutos, durante los cuales ella suspiraba y gemía, me tomaba del cabello y metía su lengua en mi boca.

– Oh Daniel ¡que tierno eres! – dijo por fin – Necesito que me acaricies y me hagas sentir deseada.

Le acaricié el rostro y tomé y besé sus manos, sus brazos y su cuello. Cuando besé su cuello se le erizó la piel y gimió. Subí a su cara y besé sus ojos, sus mejillas y de nuevo sus labios. Pasé mi lengua sobre ellos, en eso abrió su boca y la chupó. Luego bajé a su cuello y seguí besándolo y dándole pequeños mordiscos. Ella solo gemía y decía: – ¡Oh, qué de tiempo!

Bajé a su pecho hasta donde me permitía el top y besé su piel hasta el nacimiento de esos senos. Ella levantó mi cabeza y me besó en los labios mientras tomaba mis manos y las llevaba hacia su pecho. Comencé a acariciarle los senos. Me di cuenta que no llevaba brassier. Tomé el elástico del top y comencé a bajarlo, mientras acaricia sus pechos haciendo círculos concéntricos pero sin tocar sus pezones. Después baje mi cara y empecé a besar sus senos directamente, pasando mi lengua por ellos. Ella suspiraba y decía: – ¡Oh Dios! Me gustas tanto.

Cuando finalmente puse mis labios alrededor de sus pezones, ella se arqueó y gimió hasta que se desplomó sobre el sofá. Había tenido un orgasmo de solo besarle los pechos. Me separé un poco de ella y le acariciaba el rostro y su cabello. Finalmente abrió los ojos y miró con ternura, tras lo cual me dijo: – ¡Gracias, eres un ángel! Ven conmigo arriba.

Me tomó de la mano, subimos las escaleras y entramos en su habitación donde había una cama tamaño King. Se terminó de sacar el top y comenzó a quitar los botones de mi camisa. Para este tiempo, mi pene estaba apretado dentro de mi pantalón de jean, haciéndome sentir cierta incomodidad, pero me limité a dejar que ella marcara la pauta. Cuando me terminó de quitar la camisa se pegó a mí y comenzó a besar mi pecho y me cuello, alternándolo con pequeños mordiscos. Sus manos no se quedaban quietas y finalmente se posaron sobre mi pene aún cubierto por el pantalón. Ella se detuvo y me miró asombrada. Mi pene no es un monstruo como los que se describen en algunos relatos o como los que salen en algunas porno. No lo he medido, pero diría que está dentro del promedio: unos 15 a 17 cms en erección. Pero para ella era algo nuevo. Después me enteré que el pene de su esposo es proporcional a su baja estatura.

Se agachó delante de mí y me quitó el cinturón y luego bajó tanto el pantalón como mi ropa interior. Vi cómo abría los ojos. Tomó mi pene con sus manos y lo acariciaba. Finalmente se animó y le pasó su lengua, descubrió el glande y saboreó mi líquido preseminal. Luego se lo introdujo en su boca en un movimiento de arriba a abajo, usando su lengua para llenarlo más de su saliva. Me estaba dando una mamada de campeonato y yo sentía que si la dejaba seguir muy pronto me haría acabar. Por lo que la tomé de las manos y la levanté, mientras besaba su boca y la apretaba contra mí, para que sintiera mi pene en su cuerpo.

Procedí entonces a quitarle el pequeño pantalón que vestía, descubriendo que no llevaba ropa interior. Llevaba el pubis totalmente depilado, no rasurado. Probablemente iba a una clínica de depilación laser pues no se sentía ni un solo cañón. Su rajita estaba más que húmeda al punto que el pantalón estaba húmedo así como el interior de sus muslos… Terminé de sacarme los zapatos, las medias y mi pantalón. La hice acostarse en la cama pero con sus nalgas en el borde. Me coloqué entre sus piernas y comencé a besar y lamer su ingle, su pubis y sus labios mayores. Ella levantaba las caderas para que no separara mi boca de su coñito y trataba de guiar mi cabeza hasta su botoncito de placer.

– ¡Así, así! – decía – No pares. Más, más.

Busqué su clítoris y empecé a dale lametones y besos. Metía mi lengua dentro de su vagina y cuando la sacaba iba hasta su clítoris y lo chupaba. Levanté sus piernas y busqué también su ano y cuando le pasé la lengua dio un pequeño salto y un suspiro. Volví a dedicarme a su clítoris mientras ella seguía gimiendo, hasta que de nuevo se arqueó y tuvo su segundo orgasmo de la mañana.

La acomodé en la cama y me acosté a su lado mientras acariciaba su piel y la besaba suavemente. Parecía que se había dormido, pero abrió los ojos lentamente y me dedicó una sonrisa. Se incorporó y se puso encima de mí. Me besaba mientras frotaba su pubis contra mi pene, buscando que la penetrase. Finalmente con un giro de sus caderas la cabeza de mi pene quedó en la entrada de su vagina. Cerró los ojos y empezó a meterse el pene lentamente como si quisiera grabar en su memoria cada milímetro de esa penetración. Cuando se lo introdujo todo comenzó a mover sus caderas de lado a lado como buscando que su clítoris rozara contra mi pubis y las paredes de su vagina se embriagan con la sensación de mi pene dentro de ella.

No fue necesario mucho tiempo para que alcanzara su tercer orgasmo, mientras yo hacía lo humanamente posible por no llegar aún. Cayó sobre mi pecho y la coloqué gentilmente de espalda a la cama. Me puse de rodillas entre sus piernas levantadas y la penetré primero suavemente y poco a poco incrementando la velocidad y fuerza de mis embestidas. Ella gemía cada vez que le dejaba ir mi pene hasta el fondo. Yo ya estaba a punto por lo que le dije:

– ¿Donde lo quieres, mi amor?

– Adentro. Lléname toda – me dijo.

Así que le di tres embestidas más y le llene el coñito de leche. Seguí penetrándola mientras duraba mi orgasmo y expulsaba mi semen. Me dejé caer a su lado y ella me besó y me dijo:

– Esto hay que repetirlo.

– Estoy a tus órdenes, querida.

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Mi primer contacto de revista

Había fantaseado muchas veces el estar con un hombre de una revista de contactos que había comprado hace algún tiempo, incluso me masturbaba y me penetraba con mis juguetes pensando en él.

El anuncio decía así: “Joven, atractivo, 37 años, con poca experiencia, curioso y de 1.9mts de estatura. Busco chicas, para pasar momentos excitantes y disfrutar del sexo. Me encantan las mujeres morbosas. Si se atreven con lo que ven en la foto, ¿te atreves tú?”. Tenía una foto de un hombre musculoso y con una herramienta larga y depilada. Tenía un correo electrónico el anuncio y decidí escribirle.

No le conté en mis correos que era una TV, le hice creer desde un principio que era una mujer. Me escribía correos excitantes de cómo me lo haría y esas cosas. Yo le respondía con lo mismo. Un día me mandó una foto donde estaba masturbándose.  Yo le correspondí mandándole una de espalda,  traía puesto un corset rojo con una tanga roja y un letreo en una hoja pegada a mí que decía: “Tómame”. Me imagino que eso lo excitó tanto que quiso por fin conocerme, pero me confesó que era casado. Yo le respondí con otro correo que eso no importaba que le haría el amor como nunca se lo había hecho su esposa. Acordamos vernos el próximo fin de semana, y que llegaría a mi ciudad para tener intimidad en un hotel.

Se llegó el día de vernos y llegué primero al hotel.  Me vestí para él con el corset rojo, medias y arriba una tanga roja. Me puse una peluca, me pinté y me perfumé.

Al tocar la puerta supe de inmediato que era él. Cerré las cortinas, apagué la luz y fingí la voz de mujer y le dije que pasara.  Lo esperé atrás de la puerta y cuando entró lo abracé por atrás y comencé a besarle el cuello, mientras le desabotonaba la camisa. Cuando terminé con la camisa, comencé a besarle la espalda y ahora empecé a desabotonarle el pantalón. Cuando se deslizó el pantalón hacia abajo se dió la vuelta y me miró, no podía creer que era una TV. Quisó irse rápidamente y me cuestionaba por qué le había hecho creer que era una mujer. Le dije que desde hace muchos meses había fantaseado con él y que me parecía muy atractivo y que quería tener intimidad con él. Empezó a decirme que nunca había estado con un hombre y que no podía creer que hubiera gastado en un viaje para nada. Yo le dije que se relajara que no pensara precipitadamente que me dejara al menos hacerle una mamada, que de todos modos ya había hecho el viaje.

Aunque no muy decidido, aceptó. Como ya no traía puesto el pantalón el asunto sería más fácil de iniciar. Lo acosté en la cama, le comencé a besar su fuerte pecho mientras le acariciba su miembro por encima de su apretado boxer. Seguí bajando poco a poco mis besos hasta llegar a su boxer. Le besaba suavemente su rico miembro sin sacarlo de su boxer y poco a poco empezó a ponerse duro hasta que por fin estaba completamente erecto.  La tela de su boxer poco a poco se empezó a sentir mojadita y por fin llegó el momento de conocer ese pedazo de carne. Le quité el boxer para tener ante mis ojos ese pene duro y largo, me fascinó y le coloqué la mano alrededor y suavemente comencé a masturbarlo muuuuy lentamente. Era hermoso ver cómo su prepucio se movía hacia abajo. Le pasé la lengua por el hoyito de miembro, era un sabor riquísimo. No aguanté mucho y comencé a mamárselo como un becerro hambriento mientras con la mano le acariciaba los testículos.  Cuando presentí que iba a eyacular, le dejé de hacer el oral y comencé a lamberle desde los los testículos hasta la punta de si rico miembro. Cuando sentí que se le bajaba un poco lo excitado, nuevamente volví a mamárcelo, comencé lentamente y poco a poco iba acelerando mi mamada.  Trataba de tragarme todo su pene, sentía como me topaba la garganta. Así estube unos pocos minutos porque nuevamente sentí que iba a llegar a su orgasmo, poco antes de que eyaculara rápidamente me quité la tanga y me acomodé arriba de él, quería cabalgarlo. Como él ya estaba tan excitado no puso ningún reparo en sentarme arriba de él, y poco a poco me fuí metiendo ese gran miembro en mi ano. Fue algo sumamente rico,  sentía la punta llena de salibra y poco líquido preseminal. Estaba calientito y me lo fuí comiendo con mi colita. No tarde mucho en estar completamente penetrada por él. Me gustaba la rigidez y lo lubricado que estaba. Comencé a moverme hacia arriba y abajo, estaba por fin gozándome a aquel hombre con quien muchas veces me había masturbado. Yo le miraba la cara y notaba lo rico que sentía, y eso más me volvía loca. Le pregunté si le gustaba, a lo cual respondió que sí, y que no parara. Me dijo que me quería eyacular en la cara, pero no lo dejé, le dije que quería que eyaculara adentro de mí, quería sentirme toda una hembra.  Cuando sentía que iba a querer eyacular, me detenía unos segundos para evitar que se viniera, y cuando presentía que ya se calmaba un poco, volvía a moverme hacia arriba y hacia abajo muuuuy lentamente.  Así estube unos 15 minutos jugando con él hasta que me rogó pidiendo por favor que ya lo dejara terminar. Y bueno le cumplí, hasta que eyaculó adentro de mí. Entonces me detuve y traté de meterme todo miembro en mi rico ano,  lo más que pude. Sentí la contracción de su cuerpo cuando llegó al orgasmo, sentí como se contraía su pene y sentí su chorro de semen abundante y calientito.  No me bajé de él, ahora me movía nuevamente y ahora sentía más rico como se resbalaba su tronco en mi ano. Su semen se me salia de la cola y le escurría por su miembro hasta sus testículos. Por fin me quité de arriba de él, le chupé y limpié su jugoso semen de su pene.  Se me hacían como ligas de su miembro a mi lengua.

Terminé de limpiarselo y se levantó para ducharse. Solo le pedí que antes de irse me dejara verlo mañarse en la regadera.  Acerqué una silla al baño y me senté frente a él. No podia negar que esta super excitada al verlo bañarse, así que comencé a masturbarme delante de el. Me imagino que eso le gustó porque cerró a la regadera y comenzó a masturbarse delante de mi. Yo terminé primero, me brincó semen al pecho y mis medias. Cuando me vio que eyaculé, él terminó en seguida. Me hacerqué a su riquísimo pene y se lo volví a mamar para limpiarselo, me lo metí hasta la garganta.

Terminado eso, siguó bañandose. Yo me cambié y me fui del cuarto. Me fui con su aroma en mi ano, en la boca y en la cara.

Seguimos intercambiándo correos y recordando aquella cita maravillosa.

Luego les platicaré lo que hicimos en otra ocación con una prostituta.

Dejen sus comentarios.

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