Cura Cachondo

El cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote.

Regresábamos mi novia Blanca y yo en coche hacia Huelva desde Badajoz, era de noche, era la primera vez que hacíamos ese trayecto, el camino resultaba ser muy tortuoso, ya que habíamos cogido para acortar un atajo que nos recomendaron por la sierra, la cual estaba cubierta por vegetación frondosa, que incluso impedía ver normalmente el cielo. Al rato de circular por la sierra, empezamos a sospechar que nos habíamos perdido, estábamos fatigados, y según parecía perdidos. Durante veinte minutos más continuamos en el camino, hasta que se tornó recto y dar a llegar a un monasterio.

Al llegar a este, me bajé del coche para ver si en el monasterio había alguien que me pudiera guiar, y de camino estirar las piernas y tomar un poco de aire fresco. Segundos después, oí los pasos de mi novia acercándose a mí. Blanca es una mujer hermosa, 22 años, con un gran cuerpo donde resaltaba especialmente su cintura, sus caderas y su bello trasero, su rostro era atractivo, con grandes ojos azules, y una piel entre blanca y rojiza, encuadrada en una copiosa y prolongada cabellera rubia, es más en ocasiones, la habían confundido con extranjera. Llevaba un vestido rojo muy femenino, acinturado y con una caída extensa que le alcanzaba ligeramente la parte superior de sus rodillas.

Nos dirigimos a un costado del templo, donde se apercibía una luz encendida, golpeamos una puerta de madera con la ilusión de que nos escucharan. Al momento, oímos como descorrían la cerradura y nos acercamos a la puerta, esta se abrió y apareció un sacerdote calvo con lentes, con un hábito oscuro.

– Buenas noches, ¿qué desean?- Preguntó el sacerdote. – Disculpe la molestia a estas horas, pero queríamos solicitarle un pequeño favor. Contestó Blanca. – Sí, ¿en qué puedo servirles? – Nos hemos perdido, llevamos muchos kilómetros y no sabemos dónde estamos. – ¿Se han perdido?, dijo, normal, si no conocen la carretera, es fácil despistarse y más de noche. – Sí, dije yo, podía guiarnos, estamos cansados, muertos de sed y hambrientos, queremos llegar a Huelva lo antes posible. – Lo mejor que pueden hacer es quedarse a dormir aquí hoy, y continuar mañana por el día, es mejor en vuestra situación que partáis por el día, que será más fácil, además aquí hay camas de sobra, pues solo estoy yo en el convento.

Después de mirarnos, decidimos hacer eso, y le dijimos que vale, que nos quedábamos. Pasamos, él cerró la puerta y lo seguimos entrando a uno de los cuartos laterales de la iglesia, que tenía el aspecto de una menuda oficina, con muebles bastante sencillos, algunas sillas, un añejo escritorio de madera y un estante con libros debajo de la única ventana. Él nos comentaba que estaba solo porque las demás personas habían tenido que ir a la diócesis a no sé que cuestión y estarían fuera unos días. El cura nos ofreció café, ya que alimentos no tenía, lo que tomamos ambos con sumo gusto, él nos acompañó tomando algo de vino e inicio una alegre plática en la que nos distrajimos por un buen rato. Pronto se acabó el café y el padre nos brindó un poco de vino que era lo único que quedaba, sonreímos y aceptamos. Él fue a por dos vasos y por más vino, el hombre era atrayente en su trato, de mediana estatura, algo obeso, con pocos pelos negros debido a su calvicie, ojos castaños, piel clara y velluda, y con algo de papada, no como yo que era más alto que él, peso normal, moreno, ojos negros y piel tostadita.

La charla continuó, al igual que el consumo del vino, que mezclado con el cansancio del viaje, hizo que nos sintiéramos relajados y cómodos, la conversación y el consumo de vino continuaban, y sin darnos cuenta, los tres estábamos ya algo contentos, empezando a decirnos el sacerdote que era muy común que él estuviera solo en grandes lapsos de tiempo, que nuestra inesperada visita era un bálsamo para su habitual soledad, unido a las durezas que impone la vida religiosa, algunas de ellas durísimas de soportar.

– ¿Cuál es la más difícil? Preguntó Blanca terminándose de beber otro vaso de vino. – El lograr mantener con voto de castidad a este pobre. Respondió él, levantándose la parte delantera del hábito y enseñándonos que no llevaba ropa interior.

Nos quedamos sorprendidos al dejar su paquete al descubierto, por debajo de su grueso y peludo vientre tendía un miembro sumamente rollizo, que contaba con una gran mata de vello púbico que le coronaba, debajo quedaban unos testículos grandes. Según parecía, el hecho de mostrar su miembro con mi esposa ahí presente había causado cierto grado de excitación en ellos, y mi novia comenzó a exponer interés en esa polla, se percibía un brillo en su mirada. Arrimándose al sacerdote con cara de admiración, extendió su brazo derecho y con su mano albergó y mimó sus testículos, lo que produjo que la verga comenzara a erguirse, adquiriendo más longitud y más grosor.

Blanca se acuclillaba frente al padre, flexionando sus piernas y separando generosamente sus rodillas. Esto me dejaba pasmado, más que nada por el hecho de ver a mi esposa manoseándole las bolas a un cura, mostrándole su entrepierna cubierta con unas bragas blancas y aproximando cada vez más su rostro hacia ese pene. Me miró como solicitándome mi consentimiento, y yo dentro de mi asombro, asentí con un liviano movimiento de cabeza. Inmediatamente, sacando su lengua aspiró la pequeña gota de humedad de la punta del glande, exclamando, ¡Delicioso!.

Comenzó a darle lengüetazos a la base de la polla, lamiendo posteriormente el tronco a lo largo, hasta llegar a los testículos, donde se deleitó dándole con la lengua por todos sitios, metiéndose por turnos los testículos en la boca, mientras con su mano derecha le hacía la paja al párroco, el cual se mantenía parado pero plegando con ambas manos el frente del hábito. Ella viajaba con su lengua de forma ascendente, hasta llegar a la enorme cabeza de la verga, la cual engulló, fijando la cara de zorra que tenía en la cara del padre, instante en el que el sacerdote echó su cabeza hacia atrás y abrió la boca en un gesto de gozo. Blanca mamaba gozosamente el cipote, encajando sonoramente cada vez mayores porciones, observando con cara pícara su efecto en el rostro del sacerdote. La verga logró su máximo tamaño y dureza, el cura empezó a flexionar acompasadamente sus piernas metiendo grandes trozos del pene en la boca de mi esposa, deformándole a veces sus cachetes, ella como buena hembra, resistía los embates tragando la ración que le decretaba el padre, ensalivando con sus labios aquella polla.

El párroco comenzó a robar el control del escenario, estiró su brazo izquierdo para levantar el cabello de Blanca y manteniendo la correcta posición para seguir follándosela. La visión de ver a mi novia, acuclillada, con las piernas separadas y dejando ver sus mojadas bragas blancas, mamándosela a un representante de la Iglesia, era una visión muy caliente, esto hizo, que mi polla mostrara actividad, la mezcla de emoción, excitación y nervios había logrado excitarme al máximo, más aun cuando el único ruido que se escuchaba era el húmedo sonido del machacar la verga en la lagrimosa boca de ella.

Ella nos sonrió gozosamente, vanidosa por su gesto, su rostro estaba muy ensalivado, y con aquel miembro enfrente de su rostro. No aguanté más, la llevé hacia el viejo escritorio acostándola, situé su pierna izquierda en mi hombro, separando como podía la entrepierna de su braga, y le empotré mi polla en su inundada concha, mientras su pierna derecha estaba pegada a la mesa del escritorio. Mi pene entraba y salía fácilmente de ese jugoso coño, estaba más caliente y húmedo que nunca, el párroco logró adaptarse encima de la cara de mi novia, para que ella le retornara a lamer, volviéndole a encajarle la polla. Durante un gran rato conservamos la posición, solo alterada por él, que a veces cogía su verga y con ella azotaba el rostro de Blanca, quien con cierta desesperación esperaba a que se atajara el dulce castigo para retornar alegremente a seguir mamando, viendo como la calva cabeza del padre se llenaba de gotas.

Seguidamente, el cura se acostó en el escritorio y Blanca se colocó encima, se recogió su falda en la cintura, y tomando la verga con la mano derecha la dirigió a la entrada del depilado coño, el padre ayudaba, retirando con la mano sus braguitas hacia la nalga izquierda de ella, gradualmente pero fácilmente se introducía, hasta que solo quedaron los testículos fuera. El sacerdote situó sus manos en cada glúteo de mi novia, abrió ampliamente sus piernas, colocándose Blanca en los huecos, aprisionándola él con sus piernas, ambos quedaron encajados. La sala se inundó de jadeos y olor a sexo, yo me senté en una silla, contemplando la follada y pajeándome, podía ver el rojizo trasero de Blanca manoseado por el padre, quien le apartaba las nalgas abriéndole la hendidura del culo, mostrándome con total lujo de detalle la follada.

Observando como el cura proseguía gozando de Blanca con singular enjundia, continuaba masturbándome, cuando hubo un cambio de estrategia, deshicieron su abrazo y ella sin sacarse la polla, apoyándose sobre sus pies y manos sobre el escritorio, inició a subir y bajar sus caderas con movimientos cada vez más rápidos, daba gozo el ver las nalgas estrellarse contra los muslos del padre, tragando aquel jugoso coño el pene del sacerdote, era ella la que se lo follaba gozosamente, giró su cabeza y fijó su vista alegre en mí, mostrándome con su culo al aire la forma en que se tiraba al cura.

Me acerqué a ellos, situé una mano en las nalgas de Blanca, y ensalivándome el dedo medio de la otra mano recogía parte de los flujos de ellos con los que lubricaba el pequeño ano de mi novia, el párroco volvió a sujetar y separar las nalgas de ella, facilitándome el trabajo, introduje mi dedo en el ano de Blanca, no perturbándose ella, luego le metí dos e igual. Me quité mis pantalones y slip y con cuidado me subí también sobre el escritorio, acomodándome apropiadamente encima del trasero de ella, situé la punta de mi verga en el pequeño orificio y el diligente padre separó más el culo para facilitar la penetración, doblé las rodillas y efectué presión sobre el culo, entraba muy lentamente por la pequeña hendidura de las nalgas, hasta que la penetración resultó perfecta, quedando solo fuera mis testículos, gritando Blanca con ansia gozando de la doble penetración.

Esta enculada era diferente, no era como otras. Gradualmente sincronizamos e incrementamos nuestro martilleo sobre ella, las vergas entraban y salían cada una en su respectivo agujero, mi novia usando sus brazos se empujaba y mecía hacia atrás, deseosa de recibir la mayor ración posible de pollas. Seguimos reventando intensamente a Blanca, el apretado ano me oprimía deliciosamente el pene y a la vez sentía la polla del sacerdote, la cual alcanzó su primera eyaculación, pude sentir a través de mi pene como anegaba de leche la vagina de mi novia, convulsionándose ella, teniendo un gran orgasmo al sentirlo, que crearon pequeñas contracciones de su ano sobre mi polla. La cantidad de semen arrojada fue bestial, su verga ocupaba tan plenamente el coño de ella, que la leche empezó a escurrir fuera, deslizándose por el tronco del miembro, dejando pringoso el todavía embutido cipote, junto con los testículos del clérigo.

Yo continuaba castigando el culo de Blanca como al quitarme yo, él bombeó un poco a mi novia, y enseguida le dijo que se arrodillara para darle su bendición, ella así lo hizo, abrió la boca, sacó la lengua, y el sacerdote restregó la verga en ella, pajeándose a la vez, hasta que empezó a correrse, la primera leche bendita cruzó la cara de Blanca llegando incluso al cabello, después un flujo más lento y espeso que depositó en la lengua de ella, Blanca la metió de vuelta en su boca y lo degustó tragándoselo todo, después ella volvió a tragar la polla del cura, chupándola hasta sorberle los últimos restos de leche.

Después nos vestimos, y nos fuimos a dormir, partiendo el día siguiente hacia Huelva por donde nos recomendó el sacerdote, llegando sin problemas.

Autor: Fary

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Más sexo para vivir

Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella.

Este relato sucedió en Kenia, en un viaje que hice por allí, fui a un Safari, el cual consistía en ir con un grupo de cazadores, que tenían un contrato legal con un zoo, le facilitaban los animales, y mientras los turistas observaban ese mundo.

El grupo era de unos quince, la mayoría chicos, y sólo una pareja, nos presentaron a los cazadores, al frente estaba una chica, se llamaba Maite, era española, rubia, de complexión fuerte, estatura media, delgada, con senos medianos, solía ir con un pantalón muy corto y una camisa, todo ello marrón. El primer día, nos dijeron que íbamos a ir a ver a los leones, para ver cuál era el que nos interesaba, la manada de leones descansaba plácidamente al lado de un charco, había cuatro machos y siete hembras, un león destacaba, era más grande y con melena larga.

Después vimos otras especies de animales y tras ver esto, la caravana para pasar la noche se instaló a pocos kilómetros de los leones. Al anochecer empezamos a cenar todos, nos sentamos formando un corro y hablamos del trabajo del día siguiente. Una vez que finalizó la cena, nos fuimos a las tiendas, observando cómo Maite agarraba a uno de los excursionistas, argentino, y se lo llevó a su cama. Al día siguiente, mientras desayunábamos la gente de la excursión, él nos contaba a unos pocos lo que hizo la noche antes, nos dijo que entraron en la tienda, casi sin saludarse, ella le desnudó rápidamente, lo tiró al colchón, y empezó a chuparle la polla velozmente, decía que tardó poco en correrse, entonces Maite le miró enfadada, momentos después se desnudó ella, dejando ver su voluptuoso cuerpo, sus pechos, su gran culo, su coño poblado de vello rubio, entonces nos dijo que ella se puso de rodillas encima de la cara de él y éste empezó a chuparle la raja, pero por lo que se veía a Maite no le gustaba como él lo hacía, pues no tardó mucho en quitarse, para volver a tirarlo al suelo, y a continuación ella sentarse encima de él, nuevamente el chico no aguantó mucho con la rubia, y Maite lo echó.

Una vez terminado el desayuno, partimos, a Maite se le veía muy cabreada hoy, le gritaba al resto de los cazadores de su grupo, cazamos varias aves y un par de gacelas, y fuimos nuevamente a observar los leones, para saber por dónde andaban, al atardecer retornamos al campamento. Por la noche, de nuevo nos pusimos en coro para cenar, cuando terminamos cada uno se fue a su tienda, pero esta vez Maite cogió de la mano a un inglés del grupo.

A la mañana siguiente este se puso a hablar con la gente que lo entendía en su idioma, y aunque no me enteré de casi nada, la gente decía que él iba diciendo que se lo habían pasado muy bien, pero que ella era insaciable, fuimos por unos cuantos rinocerontes, y volvimos al campamento para almorzar, tras esto, en la siesta, Maite nuevamente fue a buscar al chico al que le había echado el ojo, esta vez un portugués, el cual le dijo que solo no iba, que su amigo también tenía que ir, ella sin problemas aceptó, y se metieron en su tienda. Ellos cuando salieron nos dijeron que esa chica era una ninfomanía, que era insaciable, que hizo con ellos lo que quiso, que le chuparon los dos el culo y el coño, que se la metieron por los dos sitios, que se la metieron los dos a la vez, pero que no lograron dejarla exhausta.

Por la tarde, salimos a explorar el terreno cercano a los leones, el momento de la caza estaba próximo, y el plan casi listo, y una vez esto realizado, retornamos a cenar, comimos en coro como siempre. Por la noche, esta vez Maite cogió a dos hombres y una mujer, eran argentinos también los tres, le había gustado lo de los grupos, nunca tenía problemas para escoger puesto que todos estábamos ansiosos por follar con ella, además era bastante guapa, y su fama de ninfomanía le daba mucho morbo.

Al día siguiente, uno de los chicos, con el cual hice bastante amistad, me contó lo que sucedió la noche anterior, decía que ella ordenó que se desnudasen los dos chicos, que se las chupó, después se denudó ella, que era impresionante, y que se la fueron metiendo, primero él y después el otro, mientras descansaban cogió a la chica para que le chupase el coño, para que no se enfriase, que le agarró la cabeza a la chica, y que se la apretó contra su coño, refregándosela arriba y abajo, jugando con la cabeza de la chica, para que cuando se repusieron, nuevamente se la follaron los dos.

Tras desayunar, ella nos convocó a todos, nos dijo que hoy era el día en que iban a cazar al león, Maite formó varios grupos de cuatro personas, yo caí con ella, y con dos franceses, nuestro grupo iría a vigilar la trampa y los demás llevarían a los leones hacia allí, podía haber un trayecto de una hora. Nos colocamos en los alrededores, detrás de unos arbustos, en parejas de dos, un francés y yo, y el otro con ella, pero ambas parejas nos veíamos, la trampa estaba en un camino. Llevábamos unos minutos tirados en el suelo esperando cuando Maite empezó a tocarle la polla a su compañero, el cual se resistió al principio, pero acabó sucumbiendo, él se desabrochó los pantalones y se los quitó, se bajó los calzoncillos y se sacudió la verga para que cogiera consistencia, Maite mientras tanto, se abrió la camisa que llevaba, se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus pechos, él empezó a chuparle los pezones y a bajarle los pantalones.

Nosotros éramos testigos con una inmejorable situación, ella sabía que los veíamos, pero no le importaba, de un tirón le rompió las bragas y en el suelo la tumbó, le separó las piernas y se la metió, la polla del francés estaba taladrándola, en cada sacudida le proporcionaba bastante placer, hasta que él llegó al orgasmo y empezó a soltar chorros de semen. Maite se incorporó y chupó ansiosamente las últimas gotas del pene, después le lamió el tronco y se la metió en la boca, y empezó a resucitarla, hasta que lo logró, y volvió a ponerse firme, se la sacó de la boca y se puso a cuatro patas, apoyó la cara en el suelo y con las manos se separó los labios vaginales, el francés empezó a palparle las nalgas, introduciendo un poco un dedo en el culo, Maite le dijo que eso es lo que tenía que hacer, se le escuchaba perfectamente, luego se lo metió en el coño y empezó a moverlo en círculos, ella cerró los ojos y empezó a disfrutar del momento.

Tras esto, él, le agarró las tetas y le clavó su polla en el coño, empezó a moverse compulsivamente y a bufar ruidosamente, ella jadeaba cada vez con más fuerza. Nadie prestaba atención al león y la trampa, ellos estaban en lo suyo y nosotros éramos los espectadores, hasta que él soltó su semen y Maite inmediatamente se corrió intensamente, segundos después abrió los ojos y vio como el león estaba bajo la trampa, se subió los pantalones apresuradamente, y se puso la camisa un poco, los pechos se les veían, y las bragas rotas estaban en el suelo, llegó a la cuerda, y soltó la trampa, y en el límite cazó al león, se arregló la camisa adecuadamente y los demás grupos fueron llegando. Tras esto llegamos al campamento, estuvimos todo el día por allí, Maite sola no salió de su tienda en todo el día, estaba cabreada, cuando cenamos nos fuimos a dormir, pues al otro día emprendíamos la vuelta para ir a vender los animales, era el último día de safari. Estando dormido, y siendo ya de madrugada, entró en mi tienda una chica, me dijo que saliera, lo hice y era Maite, me agarró la mano y me llevó a su tienda.

Una vez allí, me desnudó apresuradamente, se tumbó en el colchón, se quitó la ropa y por un rato me contempló, después me dijo que yo era el único español del grupo, que a ver como dejaba el pabellón. Se levantó y se acercó a mí, me besó y me cogió firmemente el pene, pasó la mano por mis testículos, estaba caliente ya, para variar, le aparté las manos, me tumbé en la cama, se puso encima, pasé mis dedos por su mojada rajita, y se metió mi pene, ella soltó un gemido. Inmediatamente empezó a botar, quería sentir mi miembro dentro de ella, pero para mi sorpresa, a los pocos saltos ya estaba corriéndose y gritando de placer. Tras esto, me levanté, la lancé al suelo, ella cayó a cuatro patas, me puse detrás y la penetré bruscamente por el coño, tras esto, empecé a darle fuertemente, hincando profundamente mi verga.

Maite tenía que hacer fuerza con los brazos para no irse hacia delante, hasta que ella nuevamente llegó a otro orgasmo, que coincidió con el mío, el semen comenzaba a llegar, la verga empezó a bombear semen, yo gemía levemente, la leche empezó a salir de su coñito y a caer al suelo cada vez que le daba un empujón, las sacudidas eran más intensas y espaciadas, hasta que con una de ellas Maite se soltó, llenando su culo, coño y piernas con lo que quedaba. Tras esto, Maite se quedó sentada mirándome, con cara de rareza, con sus senos desnudos, su rubio coñito, y debajo un pequeño charco de semen, mi pene no bajó mucho, estaba de pie.

Al rato, se levantó, con una toalla se limpió su raja, y caminó hacia mí, agarró mi pene con la mano, y se lo metió en la boca, se entretuvo un rato, por los lados, metiéndosela entera, quitándome los restos de semen, seguidamente Maite me puso el coño en la boca y empezó a comerme de nuevo la polla, haciendo un sesenta y nueve, me dediqué a lamerla y a meterle levemente mis dedos, ella le daba lengüetazos a mi miembro. A continuación, me tumbó en el suelo, Maite se sentó en mi polla y volvió a botar, estuvo así hasta que nuevamente se corrió, se quitó de encima y se limpió con la toalla. Descansó unos minutos, hasta que se sentó a mi lado, acarició mi pene, hasta que nuevamente se puso encima de mí, y empezó a botar, sudábamos mucho, ella no tardó en volver a correrse, era una mujer multiorgásmica, después se tumbó a mi lado, dándome la espalda, la abracé por los pechos, le di besos en el cuello, y con la polla empecé a entrar de nuevo en ella, lentamente, hasta que de forma lateral empezamos a follar más rápidamente, gemíamos los dos, me movía y ella pasiva recibía, hasta que ambos llegamos al nuevo orgasmo. Después de esto quedamos descansando un rato tumbados en el colchón.

Descansamos una hora, y tras esto, cogí la toalla, le limpié su enrojecido coñito, y la desperté lamiéndole el coño, ella abrió los ojos y me miró como diciendo basta ya, no le hice caso, la tumbé boca arriba, y volví a tirármela, ella no tenía fuerzas para nada, quería dormir y descansar, no hacía nada, aunque de vez en cuando soltaba pequeños gemidos, hasta que Maite se animó, me indicó que estaba un poco lastimada, que cada vez le dolía más el coño, después me dijo que mejor que follásemos ahora por el culo, que tenía la vagina quemada, yo acepté.

Se puso en cuclillas y se esparció un poco de semen por la entrada del culo, luego se lamió el dedo anular y empezó a introducírselo muy lentamente por el ano, hasta que se lo metió hasta el fondo, lo dejó dentro unos minutos para que se dilatara, después se lo sacó, se puso a cuatro patas y repitió la misma operación, pero con un dedo mío. Cuando Maite creyó que estaba bien dilatada, me sacó el dedo, me chupó un poco la polla, para lubricarla más, y me dejó hacer, situé mi polla en la entrada del culo, y metí con mucha delicadeza la puntita, ella gritó de dolor.

Fui metiéndosela lentamente, con largos espacios de tiempo entre centímetro, ella soltaba en cada movimiento grandes alaridos, pero le gustaba, era una buena puta, ninfómana insaciable, la verga entraba lenta, pero de forma constante, al poco tiempo estaba toda dentro, repetí varias veces la operación, hasta que su culo ya aceptaba bien mi verga, entonces empecé a darle lentamente, Maite arañaba el suelo, gritaba desgarradoramente, gemía de placer, le estaba partiendo más aún su roto culo, le gustaba, se corrió nuevamente, yo aceleré más, ella gritaba dolorida, hasta que minutos después, nos corrimos los dos, inundé su culo, momentos después saqué mi polla, y su culo empezó a vomitar semen, su ano estaba destrozado, abierto, enrojecido.

Tras esto, nos tumbamos en el colchón y nos dormimos al rato agarrados. Al día siguiente el campamento se desmontó y volvimos a vender los animales, y al otro día retorné a mi casa en Huelva, eso sí con el Messenger de Maite. Ahora sigo en contacto y ella me cuenta lo que va haciendo en los safaris, más que nada a quien se tira y como.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Poblado caliente

La siguiente en surgir fue Erika, una chica a la que le gusta la marcha, enseñando sus encantos, para después tragarse la verga del chico, y una vez que la había saboreado, se da una sesión de sexo con él, gozando ella con cada penetración, hasta que el chico se corre dentro de ella.

Este relato sucedió hace pocos meses, un día que estaba solo en casa, no sabía que hacer, el aburrimiento se apoderaba de mí cuando me puse a navegar por Internet un rato, buscando algo para entretenerme. Miré bastantes paginas pero no encontraba nada interesante, así que tras un rato me puse a ver las que tenía agregadas como favoritas, pinché esta página, que me gustaba bastante, en la cual había bastantes áreas de sexo, y en cada una aparecía una chica chateando, como ya me había registrado anteriormente, puse mi nick y mi clave y entré.

La primera que pulsé llevaba como nombre Alejandrina, apareció morena, con un cuerpo tostado, enseñando sus pechos y su culo tras irse quitando la ropa, después le mamó la polla a un chico, el cual se la folló y finalmente se corrió en su boca. Instantáneamente, me quité los pantalones y el slip, dejando al descubierto mi polla, sin demora encerré mi pene entre mi mano, oprimiéndola un poco, en la punta del glande se podía ver un poco de líquido preseminal, el cual servía de lubricación, con todo esto y viendo como la chica se desnudaba, empecé a recorrer con mi mano de arriba abajo mi verga.

Seguía acariciándome cuando abrí otra área, esta vez a Angela, era una pelirroja espectacular, vestida de estudiante, hizo un striptease, enseñando perfectamente su coñito y su culito, después se metió un dildo por el culo y después con otro hizo una doble penetración, para finalmente jugar con unas bolas chinas anales, yo continué con mi masturbación a ritmo lento. Pinché otra área y apareció Bailey, una rubia estadounidense, era espectacular, se fue desnudando, enseñando sus perfectos pechos, después se quitó por completo la ropa y dejó ver su coñito, con algunos pelitos en su monte de Venus, la chica estaba muy potente, tras verla cambié de técnica, puse cuatro dedos en el tronco de mi pene, y el dedo gordo arriba, meneando la mano por todo el pene.

A continuación aparecieron Crystal y Natalie, dos rubias, se desnudaron, Natalie le lamió los senos a su compañera y después su coñito, todo ello mientras enseñaba sus encantos, finalmente se fundieron en un sesenta y nueve, incluso con consoladores, mirando a las chicas seguí con mi masturbación. Luego vino Dani, valenciana, se fue quitando su ropa, hasta dejar que se le pudiera ver su cuerpo desnudo, sus hermosos pechos, su rasurado coñito, y su delicioso culo, ante ella decidí cambiar de posición en mi autosatisfacción, cogí mi verga como si fuera un lápiz, pudiendo recorrer toda mi polla desde la base hasta el glande, el contacto era menor aunque también era una buena técnica.

La siguiente en surgir fue Erika, una chica a la que le gusta la marcha, enseñando sus encantos, para después tragarse la verga del chico, y una vez que la había saboreado, se da una sesión de sexo con él, gozando ella con cada penetración, hasta que el chico se corre dentro de ella.

Higinia fue la siguiente que surgió, una modelo rubia con ropa interior de leopardo, la chica fue quitándose la ropa, dejando ver sus senos, su rajita y su culo. Katja emergió como la siguiente, con su pelo pelirrojo teñido, desnuda, con su coñito coronado por unos cuantos de pelos morenos, pronto empezó a chupársela al chico, con sumo placer, quien después se la folló por el culo, ante el dolor y placer de la chica, volví a ponerme sentado, con una mano continuaba sobándome el escroto, y con la otra lubricaba el glande y el pliegue entre el dedo medio y el cuarto, seguidamente separé los dedos y coloqué la polla entre ellos, moví la mano arriba y abajo lentamente, frotando el pene, variando de velocidad y de presión.

Pulsé otra foto, y apareció Lonnie, una rubia explosiva, con un cuerpo angelical, el cual no dudó en enseñar, se quitó toda la ropa, dejando ver sus bellos pechos y su coñito rasurado, jugó un poco con sus tetas y se metió algún dedo en la vagina. Olga con su cara de viciosa era la siguiente, una chica menuda, se desnudó y se la mamó gustosamente a un chico, la lamió, la saboreó, después el chico se la folló un rato y finalmente el muchacho se corrió, llenó su cara de leche, tras ver esto, encerré mi pene con las dos manos, una encima de la otra, una en la base y la otra cerca de la cabeza, después las moví a la vez arriba y abajo, era muy gustoso, e incluso a veces variaba las direcciones de mis manos, una hacia arriba y la otra hacia abajo al mismo tiempo, notaba que estaba cerca mi orgasmo.

Quira con su escultural cuerpo y sus grandes pechos fue la siguiente en aparecer, se desnudó y se la empezó a mamar al chico, el cual después se la fue follando de diferentes posturas, dejando ver sus encantos, finalmente le llenó la cara de leche. Rocio fue la sucesora, primero puso caliente al chico rozando su culito por su polla, a continuación se desnudó, y tras esto se la folló el muchacho de varias posturas, para terminar corriéndose en su cara, tras esto, adopté una nueva postura, con el pliegue de mi mano entre el dedo índice y el dedo gordo, froté lentamente el área donde empieza la cabeza del pene, la zona estaba lubricada, y era muy agradable.

Sonia a continuación hizo su aparición, una morena, se desnudó poco a poco, fue enseñando su delicioso cuerpo, era una chica cortada, aparentemente, aunque cuando se puso lo hacía muy bien, mostrando sus tetas, su coñito y su culito, para rematar la cosa jugó con un consolador con su vagina. Estaba casi a punto de correrme, empecé a frotarme la cabeza de mi pene con la palma de una mano, mientras me masturbaba con la otra, la sensación era muy placentera.

Por último puse a Taua, una rubia venezolana, se desnudó, mostrando su hermoso cuerpo, y después se puso a mamársela al chico, con sumo arte, gustándole, después se la folló y se corrió en su cara, esto fue mi final, no aguanté más y me corrí, varios chorreones de semen cayeron sobre mi mano y mi barriga, me quedé relajado, satisfecho.

Tras esto me aseé y apagué el ordenador, sabía que tenía en esa página un tesoro, había muchas chicas aun por ver.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Trío amigo

Laura estaba acostada con las piernas abiertas, con cara de estar feliz, mordiéndose los labios, incluso dirigiendo con sus manos el ritmo de Teresa, me acerqué a Teresa, le levanté el duro culo separando las rodillas le inserté la verga en su coñito, todos estábamos entretenidos, así estuvimos un gran rato, Laura gemía sonoramente por el trabajo de Teresa y esta gemía ahogadamente por mis penetraciones.

El relato que os cuento, me aconteció el año pasado, estando en la universidad, dentro de mi clase tenía un grupo de amigos, éramos cinco chicos, Ángel, Luis, Pedro, Pepe y yo, y cuatro chicas, Laura, mi novia por aquellos entonces, Mónica, Raquel y Teresa. Nuestro grupo era bastante liberal, muchos de los componentes estuvieron liados entre ellos, algunas chicas y chicos habían pasado por varios. Yo había disfrutado de Laura, y antes de Mónica una noche de excitación, y de Raquel un mes de relación.

Laura era íntima amiga de Teresa, con ella tenía más relación que con las demás, eran inseparables. Ambas eran morenas, cabello lacio moreno corto Teresa, Laura lucía un rizado pelo rubio, las dos tenían labios gruesos, mi novia tenía una cara normal, su amiga era más guapa, ojos marrones ambas. Laura medía 1,65 y la otra 1.67, las dos tenían pechos grandes y redondos, Teresa tenía una estrecha cintura, mi novia algo menos, y por último sus culos, los cuales eran lo mejor de ellas, las tetas eran llamativas, pero sus culos respingones aun más, además al estar envueltos normalmente en minifaldas cortas atraían hacía ellas las miradas, era delicioso observar sus apretados culos y sus firmes piernas.

Llevaba con Laura dos días de relación, y aun no habíamos tenido sexo, era jueves y todo estaba previsto para el viernes. A la tarde de ese día, recibí una llamada de Teresa, citándome en un café para decirme algo. Yo intrigado acudí, pedimos unos cafés y ella me dijo que el asunto era el siguiente, que estaba enamorada de Laura desde hacía tiempo, y aunque era su amiga, no había podido o no había querido ir más allá, yo la miraba sorprendida. Ella continuó diciéndome que sabía que a Laura le agradaba la idea de estar con una mujer, de probar si le gustaba, que le había dicho que le atraían Mónica, y dos compañeras más de clase, y que pensaba que ella también.

No dije nada, Teresa siguió diciéndome que antes de que esas barbies cayeran, ella quería mostrarle esa faceta del amor. Tras esto, Teresa me dijo que sabía que yo me moría por María del Mar, otra compañera, y que si estaba con Laura era por pasármela por la piedra, quise interrumpirla para decirle que no era verdad, pero no me dejó, y continuó hablando, proponiéndome un trato, me indicó que en breves momentos llegaría al café Laura, que yo le siguiera a ella la corriente, que obedeciera en todo, y que con esto hoy jueves a Laura me la follaba yo y se la follaba ella.

Yo me quedé pensativo, entonces ella me dijo que me preguntaría porque me lo propuso si creía que podía tirársela sin mi ayuda, ella misma se respondió diciéndome que necesitaba a un hombre para ponerla a tono. Me quedé pensando, ella no hablaba, a continuación le pregunté por lo que ganaba con eso, y ella me dijo que además de follarme a Laura, tendría a dos mujeres a su lado, juntos los tres, y que ya sería yo tonto si no aprovechaba.

A mí Laura me gustaba, era una chica tierna, lista y película era mala, y tan pronto nos servimos las copas, Teresa abrió fuego, pidiéndome que les contara una experiencia sexual, yo les narré mi relación con una chica, a las chicas les gustó oírla. A continuación, Teresa nos contó que su primer orgasmo lo había tenido a los catorce años, con la mamá de una amiga suya del colegio, que casi se podía decir que la violó, que estuvo bien, pero que fue raro, después nos pidió que no saliera esta historia de la habitación, no dijimos nada, la mirábamos expectantes, ella continuó, nos dijo que tras esto, durante un año retornó a la casa de su amiga siempre que sabía que ella no estaba y la madre sí, que por aquellos entonces pensaba que eso era el sexo.

Seguidamente, Laura le preguntó que cuando había perdido la virginidad, Teresa le dijo que con ella, y después le preguntó a su amiga que si pensaba que el único objeto para meterse en la vagina era un pene, Laura no dijo nada, Teresa después le dijo que con hombres la perdió en segundo del instituto, lo que le contó a ella, pero que la verdad es que le habían roto el himen años antes. Permanecimos callados un par de minutos, y entonces le pregunté a Laura por su primera vez, ella contó rápidamente que también la perdió en el instituto, con su quinto novio, del que prefería no acordarse porque no fue una buena experiencia. A continuación, Teresa le pidió que contara su fantasía a Laura, ella le respondió que era ser esclavizada por cuatro chicos, ser forzada y llenada, Teresa se quedó sorprendida, no esperaba esa respuesta. Seguidamente, Laura le preguntó a Teresa por su fantasía, entonces Teresa dio un largo trago de la copa, y mirándola a los ojos, le dijo que su fantasía era vernos hacer el amor, a los dos, a su amor platónico y mí, y que luego nos volviésemos sus esclavos. Laura le replicó que esa era una fantasía fácil de cumplir, se giró hacia mí y me preguntó por la mía, le dije que la de Teresa estaba bien para hacerla.

Tras esto, Laura me miró y me dijo que íbamos a hacer feliz a Teresa, que la follase. La amiga puso la silla mirando a la cama y yo me lancé hacia Laura con ansia, le quité rápidamente la minifalda, la blusa, y a continuación el sujetador, con esto se puso al aire sus hermosas tetas, sus pezones morados, inmediatamente empecé a mordisquearlos, a lamerlos, mientras ella, me iba quitando la camisa y me bajaba el pantalón. En segundos estábamos casi desnudos, solo con las partes bajas de la ropa interior, continuamos besándonos, masajeándonos, acariciándonos, el nivel de excitación de ambos subía, hasta que metí la mano dentro de sus braguitas y pude notar que estaba empapada, los flujos le chorreaban.

Sin demorar más la cosa, la tiré de espaldas en la cama, le di unos lengüetazos rápidos a su raja de arriba abajo, saboreando sus flujos, ella se empezó a retorcer, segundos después jugué con su clítoris, Laura me gritaba que no podía más, que estaba a punto, estuve un poco más de tiempo, y ella se corrió, tras ello, pasé un rato más lamiendo su coñito, hasta que lo puse a tono nuevamente, entonces, con la postura del misionero, dirigí la cabeza de mi polla a su ansiosa vagina, la cual la engulló de un solo golpe fácilmente, estaba muy lubricada, entraba sin dificultad, su coño estaba muy mojado, mientras Teresa miraba expectante mientras se acariciaba sus pechos por encima de su ropa.

Comencé a follarla, despacio, para con el tiempo ir más veloz, haciendo círculos, mientras la follaba le chupaba las tetas, estaban durísimas, ella gemía, gritaba, me arañaba la espalda, mientras la cogía Laura comenzó a chupar los pechos de Teresa, su amiga lo agradecía, le gustaba que ella le chupase las tetas. Cuando terminó, se dirigió a su coñito, y entonces se aplicó a beberse los jugos que escurrían de la palpitante rajita de Laura, la cual estaba acostada boca arriba, con las piernas abiertas y flexionadas, los generosos pechos expectantes, con cara de estar feliz, mordiéndose los labios, incluso dirigiendo con sus manos el ritmo de Teresa. Cuando me repuse, me acerqué a Teresa por detrás, le levanté el duro culo y separándole las rodillas, le inserté la verga en su coñito, con suavidad, todos estábamos entretenidos, de esta forma estuvimos un gran rato, Laura gemía sonoramente por el trabajo de Teresa, y esta gemía ahogadamente por mis penetraciones.

Pasado un tiempo, Laura tuvo un orgasmo sonoro, Teresa aceleró, y mi novia gozó grandilocuentemente, tras esto, su amiga retiró mi polla de su coñito, y dejó de mamar la raja de Laura, quedaron las dos tías tumbadas en la cama, y yo de pie al lado, estuvieron así unos minutos, hasta que Teresa se sentó en el borde de la cama y le dijo a Laura que ella sabía que mamaba las pollas muy bien, pero que era hora de aprender a succionar clítoris, Laura obediente, se hincó de rodillas delante de ella y empezó a ocuparse del coñito de Teresa, lo hacía bien, disfrutaba de toda la raja, de su clítoris, de su vagina, su amiga se tumbó en la cama y empezó a gemir, clamar, suspirar gustosamente, la posición que tenían me vetaba el ingreso a cualquier agujero, así que me quedé mirando acariciándome mi polla.

El estar Teresa con su amor platónico femenino hizo que no tardara mucho en correrse, agarró la cabeza de Laura y la metió todo lo que pudo en su coñito, refregándola, disfrutando de su orgasmo. Cuando terminó, Laura me miró y me dijo qué era insaciable, me tumbé en la cama, y ella vino hacia mí, se puso a horcajadas sobre mí, se abrió sus jugosos labios vaginales y se insertó mi polla en su agujerito, y sin demora se puso a cabalgar con cierta prisa, ambos gemíamos desesperadamente, hasta que cuando ya estaba avanzada la cosa, ella me empezó a decir que me corriese fuera de ella, no dije nada y continuamos, hasta que noté que terminaba, la empujé de encima de mí y la tiré sobre su amiga, la cual estaba reponiéndose, ambas boca arriba, Laura encima de Teresa, entonces empecé a soltar mi leche sobre sus caras, casi todo lo recibió Laura, aunque Teresa también acogió una parte.

Descansamos un rato, y después fui al baño a orinar, al regresar Laura estaba vistiéndose, yo hice lo mismo, mientras Teresa permanecía desnuda sobre la cama mirándonos. Una vez que terminamos y cuando ya estábamos a punto de salir, Teresa nos dijo que había que repetirlo, Laura le contestó que ya se vería la cosa y nos fuimos de su casa.

Autor: Fary

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Follando a mi sobrina

Le metí mi polla hasta que desapareció, ella trató de gritar pero yo le tapé la boca, después de un rato se acostumbró, y empecé a meterle y sacarle mi polla, ella gemía y me decía que yo iba a ser su tío favorito que jamás se me negaría, en ese instante me dijo que se venía, eso me excitó todavía más, al rato sentí como se había corrido, la humedad que despedía, decía que ya era toda una mujer.

Hola, me llamo Víctor, hace unos días me encontré con esta página buscando algo nuevo y excitante, me llamó mucho la atención la sección de relaciones entre miembros de una misma familia y por eso me animo a contarles esta historia real. Todo empezó un día como cualquier otro, en ese tiempo yo tenía como 18 años y me gustaba masturbarme mucho, lo hacía por lo menos dos veces al día, tomaba mis revistas y me metía al baño.

Un día me encontraba masturbándome muy a gusto, de pronto se escuchó el timbre de la puerta y rápidamente salí del baño y guardé la revista antes que la viera mi madre, era mi hermana con mis sobrinas, una de 18 años y otra de 19 años, me caían mal porque siempre estaban agarrando mis cosas y eran muy fastidiosas, mi hermana le fue a preguntar a mi mamá si íbamos a ir a la casa de la playa para las vacaciones de verano y ella le contestó que sí, así que quedamos en que nos veríamos allá el sábado.

Mi cuarto en la casa de la playa se encontraba arriba, enfrente del de mi hermana y por consiguiente de las de mis sobrinas, la más chica se llamaba Sandy y la más grande se llamaba Fary, ella es bonita, tiene un cuerpo de lujo, con senos redonditos, como dos manzanas, con unas piernas bien formadas y un trasero grande para su edad, ojos azules y cabello negro.

El sábado como quedamos acababan de llegar, las ayudé a meter sus cosas y le pregunté a mi hermana sobre mi cuñado, y ella me dijo que tenía mucho trabajo y no iba a poder venir, ese mismo día mi hermana y mi sobrina Sandy se fueron a la planta baja a platicar con mi mamá, y mi sobrina Fary entró a mi cuarto y como siempre se acostó sobre mí en mi cama, solo para fastidiarme, así que yo giré y me puse hacerle cosquillas hasta que ella ya estaba revolcándose conmigo en la cama y me pedía que parara, hasta que lo hice.

Acostándome en la cama, mi sobrina Fary de pronto se colocó de caballito sobre mí y empezó a hacerme cosquillas, yo la tomé de la cadera y la empujé como a la medida de mí pene, yo ya estaba caliente y me la quería follar a esa misma hora sin importarme que era mi sobrina, ella sintió el bulto entre sus piernas y le gustó, ya que ella se iba restregando en lo largo de mí pene, entonces yo la fui ayudando agarrándola de sus caderas y levantándola un poco, ella sonrío y me dijo que sentía rico y que le gustaba la sensación, y entonces la tomé de un seno y ella gimió en ese instante.

Sentí como su cuerpo se estremeció, así que le alcé la blusa y vi esos pechos más redonditos y con unos pezones rozados y sin ser mordidos todavía inflamados del placer, ella me dijo que cerrara la puerta, me levanté y la cerré, enseguida ella se quitó la blusa y su short, yo la camisa, el pantalón y mi trusa, ella se recostó en la cama, yo le di un beso y ella abrió completamente su boca y me la ofreció.

Yo la tomé de sus senos y le lamía, ella gemía de placer, la fui recorriendo toda con mi lengua y al llegar a su coñito noté que estaba empapada, me dijo que no podía más que no perdiera el tiempo, que la penetrara y que después tendríamos más tiempo para otras cosas, en ese instante me sentí en la gloria ya que me follaría a la hija de mi hermana, le abrí las piernas y me dijo que despacio, tomé mi pene y se lo metí en su boca para que lo ensalivara.

Fary saboreó por un momento y me dijo que ya no aguantaba, que ya se lo metiera, así que fui metiendo mi polla poco a poco hasta que topó, y en ese mismo instante le metí mi polla hasta que desapareció, ella trató de gritar pero yo le tapé la boca, después de un rato se acostumbró, y empecé a meterle y sacarle mi polla, ella gemía despacio para que no nos escucharan abajo, y aumenté la rapidez ella gemía y me decía que yo iba a ser su tío favorito y que jamás se me negaría, en ese instante me dijo que se venía y eso me excitó todavía más, al poco rato sentí como se había corrido ella, la humedad que despedía, y que decía que ya era toda una mujer.

Yo ya no podía más estaba en lo máximo, ya me estaba viniendo, así que saqué mi polla y la asenté en su barriguita y me corrí sobre ella, y le di un largo beso y le recordé su promesa que me había hecho, ella se levantó y me dijo que sería mi putita particular y que me agradecía por haberle mostrado lo que era el placer.

Ya les contaré que pasó con ella y que otro miembro de la familia cayó en nuestros juegos.

Autor: Víctorsortis

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Cunnilingus y fellatio

Después de comerme su rico coñito, la puse en la posición del perrito, me puse detrás de ella y le fui metiendo mi verga en su vagina, entró sin muchos problemas, empecé a follarme su coñito, ella gemía incansablemente, cada vez la follaba más rápido, Magdalena pedía más, la taladraba a gran velocidad, con mis manos le abría sus nalgas, podía observar como se abría su culo, era delicioso.

Hace bastantes meses me agregó al messenger Magdalena, una chica de diecinueve años, estuvimos hablando unos meses, siempre de cosas relacionadas con los relatos, de las cosas que se recogían en él, de que le gustaría probarlas, así como asuntos de su vida. Pasado un tiempo, Magdalena me empezó a pedir que quedáramos un día y tuviéramos sexo, ella vivía en Almería, en la otra punta de Andalucía, así que nunca concretábamos nada, lo más que había visto de ella eran varias fotos, era morena, linda, estatura media, rellenita y buenos senos.

Llegó un día en que recibí una llamada de teléfono a mi móvil, era ella, me dijo que a la otra semana se quedaba sola en casa, que sus padres se iban de viaje y no regresarían hasta pasados unos días, y finalmente me dijo que quería que fuera hasta Almería para estar juntos, me lo pensé un rato y después le contesté que de acuerdo, que iría. El día indicado partí hacia el oriente andaluz, cargado de varios juguetes y algunos lubricantes.

Cuando llegué, ella me recibió, era tal y como la foto, me invitó a pasar a su casa, y en cuanto cerró la puerta me abrazó y comenzó a besarme con gran pasión, Magdalena vestía muy sensual y provocativa, llevaba una blusa negra muy escotada, sin sujetador, lo que me permitía ver sus ricos pechos con sus duros pezones excitados, debajo portaba una minifalda roja, que no dejaba mucho a la imaginación, y de zapatos llevaba unos negros con un gran tacón.

A continuación me cogió de la mano y me llevó al dormitorio, nada más entrar, Magdalena se lanzó a besar mis labios mientras me desnudaba, cuando me había quitado la camisa y los pantalones, dejó de besarme y se agachó, colocando su cara a la altura de mi verga, me quitó el slip y cogió mi polla con su mano y comenzó a masturbarme lentamente, con la otra mano sujetaba mis testículos. Seguidamente recorrió su lengua sobre sus labios para tenerlos húmedos, me miró a la cara, y con la vista le dije que quería ver como la chupaba, Magdalena abrió su boca ligeramente, me estaba excitando, se acercó a mi polla, respiraba sobre ella, la soplaba con su aliento caliente, después sacó su lengua y tocó mi glande, me estaba atormentando. Con su lengua goteante de humedad, comenzó en la base de mi pene, lamió hacia arriba lentamente, girando la cabeza de lado, simulando morderme, colocando sus dientes suavemente en mi carne. Su mano izquierda entretanto estaba tocando mis testículos, arañándolas ligeramente con sus uñas, buscando después debajo y detrás de los testículos para encontrar mi área tan sensitiva justo antes del ano, incluso luego pasando sus dedos sobre mi ano muy levemente.

Magdalena seguía lamiendo el cuerpo de mi verga por los alrededores un montón de veces, estaba todo húmedo y duro. En uno de sus balanceos hacia arriba con su lengua, desde la base hasta el glande, no se detuvo y continuó su húmeda lamida sobre la punta del pene, insistiendo en el agujero del garganta, permaneció así durante un momento, sintiéndola dentro de ella. En este momento Magdalena se puso a deslizar hacia atrás, hasta el extremo de la polla su lengua, yo sentía como un hormigueo, después empezó a mover tan rápido como podía aguantar su boca dentro y fuera de mi polla, deslizándose arriba y abajo por mi pene como si estuviera follándolo, se la metía hasta el final, resbalaba sus dedos en forma de o alrededor de mi polla, arriba y abajo con el ritmo de su chupada. A continuación, tomó tan sólo el glande en su boca, y empezó a mamarlo, era delicioso, después comenzó a hacerme mamadas más largas y profundas, cogía mi polla completamente y la chupaba todo el tiempo hacia arriba como si fuera una aspiradora, después hacia abajo y nuevamente lo mismo.

Mi polla estaba a punto de estallar, ella lo notó y llevó su mano derecha a la base del pene y apretó allí, esto provocó que mi verga se llenara y espesara, el glande estaba brillante y suave, Magdalena continuó manteniendo el pene en su boca, chupándolo con su lengua, mamándomelo, sacándolo y metiéndolo en su boca, hasta que no pude soportar más, iba a disparar. Magdalena sacó la polla de su boca y se puso a unos centímetros, solté el primer borbotón el cual fue a parar a sus labios, ella sacó la lengua y allí cayó el segundo, después se metió la polla nuevamente en la boca y varios chorreones fueron soltados allí, ella los mantuvo y se los tragó después. Mi verga escupió un poco más de semen, lo que le sirvió a Magdalena para derramarlos de su boca y deslizarlos alrededor de mi ya húmeda polla, haciéndola muy escurridiza y deliciosa de tocar, ella la empezó a recorrer con su manos, sintiendo la polla, esparciendo la reluciente leche sobre el glande, para finalmente meterse otra vez mi pene en su boca y dejármelo sin restos de semen, era una hermosa imagen sensual, me había echo una gran mamada.

Tras esto, ella se puso de pie, y haciendo un striptease muy sensual se fue quitando la ropa, su blusa, dejando ver sus hermosos pechos, después la minifalda, y finalmente sus braguitas, ante mí tenía su coñito, con unos cuantos de pelos en forma de triángulo en el monte de Venus. Cuando terminó, me dijo que era su hora, que deseaba disfrutar también, se tumbó en la cama y me fui hacia su rajita, pasando mi lengua por sus muslos antes, chupándolos y besándolos, haciendo dibujos con la punta de mi lengua, lamía el pliegue donde las piernas se juntan con su coño, después acaricié mi cara con sus pelitos, con mis manos acariciaba su rajita, manoseaba su precioso coño, le decía que era magnifico, cepillaba mis labios sobre su raja sin presionar, para posteriormente excitarla.

Seguidamente, me quedé mirando su coñito unos segundos, para después suavemente apartar sus labios y luego los labios internos, podía ver su rosado coño, pronto empecé a chupar sus labios interiores, separando las partes superiores de estos hasta que encontré su clítoris, el cual estaba bastante pronunciado, me humedecí un dedo y lo fui pasando por él, después lo chupé, mojándolo a veces con sus jugos internos. Magdalena estaba moviéndose y tratando de forzar la cosa para que me acercase más a ella, puse mis labios en la superficie de su raja, besándola suavemente y después mas fuerte, mi lengua separaba los labios de su vagina y cuando se abrían hacia correr mi lengua arriba y abajo entre las capas de carne, a la vez suavemente separé más sus piernas con mis manos.

Seguidamente, empecé clítoris. Después le introduje un nuevo dedo, dos tenía dentro, los deslizaba hacia dentro rápidamente, la follaba con ellos, se lo estaba pasando en grande, los pezones estaban muy duros, estaba colorada, empezaba a temblar. Momentos después Magdalena empezó a tener su orgasmo, no dejé escapar su clítoris, perseveraba en el, así estuve un tiempo, hasta que cuando empezó a decaer del orgasmo, presioné mi lengua contra el lado inferior del clítoris dejando que mis labios cubrieran la parte superior, movía la lengua hacia dentro y hacia fuera de su coño con mis dedos aun dentro, los cuales movía. Tras haberla hecho correrse, continué lamiendo sus labios, le acariciaba con delicadeza su pecho, su cuerpo, seguí haciéndole el amor suavemente con mis dedos, así estuve hasta que ella se calmó.

Después de comerme su rico coñito, la puse en la cama, con la posición del perrito, me puse detrás de ella y poco a poco le fui metiendo mi verga en su vagina, entró sin muchos problemas, estaban muy lubricada, empecé a follarme su coñito, ella gemía incansablemente, cada vez la follaba más rápido, ella pedía más, era bestial, la taladraba a gran velocidad, con mis manos le abría sus nalgas, podía observar perfectamente como se abría su culo, era delicioso, Magdalena me preguntaba que si me gustaba, yo le decía que sí, ella gemía más fuerte como contestación.

Pronto, saqué mi polla de su vagina y comencé a lamerle el culo y su coñito, alternativamente, llenaba su ano de mi saliva. Después la agarré de la cintura, y con mi verga jugaba en sus hoyitos, metiéndosela en la vagina y dándole puntazos en el culo, Magdalena estaba expectante, esperando la estocada final, hasta que no aguantó más y me dijo que se la metiese ya, que estaba súper cachonda, que quería ser mi puta, que se la introdujera de una vez. Entonces empujé mi verga sobre su ano, y este comenzó a ceder, introduje la punta y ella gritó de dolor, ante esto, con el glande dentro esperé un poco, se oían sus quejidos, cosa que me excitaba mucho, después Magdalena empezó a morder la almohada.

Pasados unos segundos, ella me dijo que le dolía mucho, pero que no parase, que metiera un poco más, eso hice, entró la mitad de mi polla, Magdalena no se quejó mucho y me dijo que se la metiera toda, cosa que hice seguidamente de otro empujón, entró por completo, eso le gustó y me animó a que la follara, me dijo que era mi puta, que le diese por culo, comencé a penetrarla lentamente a lo que ella solo decía que le encantaba, tenía cara de dolor, pero esto le gustaba, comencé a moverme mas rápido por su apretado culo, hasta que no aguanté más y bañé su cavidad de mi semen, ella gemía sonoramente.

Al rato, retiré mi verga de su culo, ella se quedó tumbada boca abajo en la cama, y momentos después se quedó dormida, yo al lado suya pude observar su hermoso cuerpo, hasta que también me quedé dormido, mi cyber amiga había sido una buena pareja.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Madre penetrada

Mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

La historia que les voy a narrar sucedió hace seis años, todo empezó un día que fui a la casa de un amigo a hacer un trabajo de la universidad, en la casa estaba él y su madre, ella era una mujer fenomenal, rubia, alta, rellenita, cuerpo bellísimo, cara angelical, senos no muy grandes, culo maravilloso, unos cuarenta y cinco años, bien conservada. Al parecer se había enterado hacía unos meses de que su marido le había puesto los cuernos con otra mujer, y estaban separados. Estuvimos haciendo el trabajo los dos en su habitación, hasta que pasadas un par de horas le dije a él que iba a ir al baño, entré en el baño y me llevé una sorpresa, estaba la madre, Luisa, llorando sentada en el wáter.

Me acerqué a preguntarle por lo que le pasaba, y ella abatida me contó todo lo del marido, me estaba confirmando los rumores, tras esto comenzó a llorar desconsoladamente, yo en un esfuerzo de consolarla, la abracé muy fuerte, para que se desahogase, en ese momento pensé en llamar a mi amigo, pero luego analicé la situación y decidí que iba a ser más difícil para ella contarle lo del padre al hijo, entonces seguí con el abrazo, mientras le decía al oído que no valía la pena que se pusiera así, que era una pedazo de mujer y que se merecía algo mejor, que era aun muy hermosa. En eso se separo de mí y me preguntó si en verdad creía eso, entonces le respondí que sí. Tras decirle eso, me dijo que si yo quería podía invitarla un día a cenar, y así podía salir, yo me lo pensé y acepté, quedamos para el sábado.

Fuimos a cenar a un restaurante del centro de Huelva, la comida estuvo muy bien, mi amigo, su hijo había salido con nuestro grupo, yo les dije que no tenía ganas, esa fue la excusa para no salir. Después de cenar, estuvimos hablando y paseando por las calles peatonales, camino a su casa, pues vivía cerca de El Corte Inglés. Cuando llegamos, me dijo que subiera, lo hice y nos sentamos en un sofá a ver la televisión mientras nos tomábamos unas cervezas. Al rato, me dijo que me estaba portando muy bien con ella, y seguimos viendo la tele.

Minutos después, Luisa se abalanzó sobre mí y me besó de manera ardiente, con mucha fuerza, como sacándose la rabia de encima, yo me quedé impresionado por lo que estaba pasando, no lo podía creer, pero eso no me impidió devolverle el beso. Tras el arrebato inicial, me empujó y me tiró al suelo, cayendo boca arriba y ella encima de mí, le acaricié la espalda y luego bajé lentamente hacia su culo, Luisa no oponía resistencia, le apreté con fuerza el culo, luego empecé a deslizar mi otra mano hacia sus bellas tetas. Sus besos empezaron a bajar a mi cuello, mientras yo metía mi mano en su pantalón, para poder sentir sus pelitos y más abajo su rajita con su vagina.

A continuación, Luisa me bajó la cremallera del pantalón, seguí besando el cuello hasta que ella me quitó la camisa y sentí el suelo frío en la espalda, me besaba el pecho, ella me quitó la ropa que tenía puesta, después su ropa interior, a continuación con una mano se deleitaba manoseándose sus tetas, su coñito estaba expectante, con vello púbico recortadito, el cual empecé a chupar sin más demoras, le pasé mi lengua a lo largo de su rajita, dejándola muy lubricada, me entretuve en el clítoris, jugando con el, después pasé a su vagina, metiéndole la lengua, imitando que la follaba, Luisa se retorcía de placer, le amasaba los senos, ella suspiraba fuertemente, estaba a punto de correrse, cosa que hizo minutos después.

Pasados unos minutos donde estuvimos acariciándonos, nos pusimos a besarnos con mucha pasión, la acariciaba por todos lados, tetas, culo, vagina, incluso mis dedos penetraron su coñito muy húmedo, ella agarró mi pene con una mano y lo empezó a acercar a su vagina, pronto mi glande comenzó a entrar suavemente en su vagina, cuando ya había entrado la mitad, me agarró del culo y me empujó hacia ella, arremetí contra ella y de un solo empujón, mi polla entró por completo en su coño, proporcionándole bastante placer, y lanzó un gemido fuerte, pronto empecé con las embestidas, al principio sutilmente, pero luego las fui haciendo cada vez más fuertes. Pasados unos minutos, la puse de lado en el sofá, con las piernas a un lado, entonces me puse en cuclillas detrás de ella y se la volví a meter, follándola lateralmente ella y yo de frente, esto le daba mucho placer, gemía alocadamente, se notaba que estaba disfrutando.

Transcurridos unos minutos, ella se incorporó, me cogió de la mano y nos fuimos a su cuarto, me tumbó boca arriba en la cama y ella se puso encima, a horcajadas y de rodillas, le metí mi polla, y empecé a follarla, se la metía entera, ella retrocedía un poco para recibir más, sus senos botaban delante de mí, era muy excitante poder verlo, se metía un dedo en su boca, jugaba con el, seguí embistiéndola, hasta que ella tuvo un nuevo orgasmo, se corrió otra vez, yo estaba a punto, Luisa lo sabía, así que se quitó de encima de mí, y me hizo sentarme al lado suyo en el borde de la cama, cogió mi polla con su mano y me la empezó a masturbar, yo le agarraba con mis manos sus tetas, nos besábamos, hasta que segundos después me corrí sobre su muslo derecho, ella sonrió feliz.

Ella se limpió con una toalla y me pidió que no le dijera a nadie lo que había pasado, se lo prometí, al rato me vestí y me fui de su casa con una satisfacción tremenda, todavía impresionado por lo que me acababa de ocurrir.

Autor: Fary

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Sirvienta Nigeriana

Ella levantando su pelvis me indicaba que estaba lista para ser penetrada, no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Este relato que os cuento ahora sucedió hace bastantes años, por aquella época teníamos a una asistenta de raza negra, la cual se encargaba de arreglar todo en la casa. Ella se llamaba Guadalupe, era de Nigeria, estuvo contratada durante un año, tenía la piel muy negra, con un cuerpo muy bien formado, cabello negro azabache, labios carnosos. Ella vivía también en nuestra casa, en una de las habitaciones que estaban al otro lado de las nuestras donde nosotros pernoctábamos. Desempeñaba muy bien las tareas del hogar y al principio todo era muy normal, además mis padres estaban muy contenta con ella, pues era muy eficiente y pasaba inadvertida por la casa normalmente.

Un día, estaba viendo la televisión en el sofá, y la vi sacando brillo al suelo, estaba de espaldas a mí, con un vestido muy corto, el cual dejaba ver sus fastuosas piernas y parte de su rosita ropa interior. Ese día me excité mucho con ella, y la empecé a ver con otros ojos, cada día pensaba como hacerla mía, de una manera en la que no se diese casi ni cuenta, por las noches mientras me dormía no podía conciliar el sueño, pensando en mi negra sirvienta.

La cosa fue pasando hasta que un día se me ocurrió una idea, aprovechándome que era una chica algo ingenua, ya que era de un país alejado del mundo, y que ese fin de semana mi familia salió al campo y no volverían hasta el día siguiente. Salí de compras, en una tienda compré lencería femenina, unas medias de encaje blancas, un picardías negro algo trasparente, y unas braguitas negras también trasparentes. Llegué a mi casa, y oí el agua corriendo de la ducha, era Guadalupe, fui a mi habitación, saqué la ropa de sus paquetes y lo puse todo sobre mi cama. Esperé a que saliera y antes de que entrara en su habitación la llame, le dije que viniera un momento, contestó que se vestía e iba, pero insistí, le dije que era un momento, ella aceptó, y entró en mi habitación, estaba vestida con un albornoz color salmón, se veía hermosa, la fragancia que emanaba su piel recién bañada era celestial, esto me excitó.

Le dije que al pasar por una tienda vi esto, señalando a la cama, y que como ella se portaba tan bien, me apetecía regalárselo. Ella se quedó con la boca abierta, me dijo que era hermosa la ropa, yo le dije que quería que se la probase para ver si le quedaba bien, y ella rápidamente me dijo que enseguida iba a su cuarto y se lo probaba. En ese momento metí más presión, y le solicité que se cambiase en mi cuarto, que me daba la vuelta, que no pasaba nada y así le daba mi opinión, ella se sonrojó, bajó su mirada, vio que en mi pantalón había un bulto en la bragueta, y sin decir nada se giró, se abrió el albornoz y me pidió la ropa. Le alcancé la lencería, se quitó el albornoz, y pude observar su adorable culo duro, en ese momento tuve que hacer esfuerzos para no abalanzarme sobre ella.

Se puso el conjunto completo, se dio la vuelta, y preguntó por como le quedaba, le dije que perfecto, y ella empezó a bailarme, eso me puso loco, la traje hacia mí y sus pechos se agitaron, después me separé de ella, me bajé el orificio del pantalón, y salió mi pene. Le dije que una chupadita podía estar bien, ella se arrodilló lentamente, tomó mi verga y empezó a mamarla de manera dulce, sus gruesos labios abarcaron la cabeza de mi polla, la tragó hasta la mitad, sentí su lengua girar alrededor del glande, tomé su cara y saqué mi polla, para a continuación volverla a meter, repetí la operación varias veces, ella hacía perderse mi verga entre sus labios carnosos, Guadalupe dentro de su boca en cada envestida relamía mi pene, después de un rato, ella se retiró un poco, soltándose de mis manos, y comenzó a lamerla por los lados, subía y bajaba ricamente, hasta que en uno de esos vaivenes, agarró uno de mis testículos, y se lo metió en su boca, lo chupó enérgicamente, y me llevó al cielo, después la agarré de la nuca, y le introduje nuevamente mi polla en su boca, le guié el ritmo, poniéndole uno más fuerte y rápido, al rato se separó nuevamente, y me dijo que sabía muy rica mi picha, yo no aguantaba más, le introduje la polla otra vez, y me corrí en su boca sin avisarle, pero a ella no le importó mucho, se tragó todo, solo dando una pequeña arcada en uno de los chorreones.

Tras esto, pensaba que la cosa había terminado, pero no era así, Guadalupe me miró y me dijo que ella también quería disfrutar, que hacía mucho tiempo que no mantenía relaciones, se puso ella de pie, y yo me arrodillé en su espalda, agarré sus nalgas, una con cada mano y por primera vez palpé sus firmes nalgas, puse mis dedos pulgares casi enfrentados en su raja, ella levantó su culo, aceptando mis roces y adivinando mi propósito. Gradualmente introduje los dedos en la raja, abriéndola lentamente, apartando hacia un lado sus braguitas, lo primero que vi fue su ano, para finalizar observando los labios velludos, entre los que salía una brillante humedad, debida a la excitación que tenía Guadalupe. Acerqué mi cara lentamente a sus nalgas y poniéndola sobre la raja, empecé a lamer un poco su culito, el cual era aun más negro que su piel, para continuar por sus tostados labios vaginales, que dejaban entre ver su rosada vagina.

Después de un tiempo, se giró, se quitó las bragas, y su coño quedó exactamente enfrente de mi cara, ella ya estaba metida en situación, y no iba a parar hasta el final, su coño excitado desprendía el olor característico, acentuado por lo brillante de sus labios vaginales. Puse una mano en su muslo, cerca de la ingle, y con la otra acaricié su velludo monte de venus, después ella con sus dedos abrió los labios superiores de su coño, dejando ver los morados menores, los cuales de menores tenían poco, y sobre los cuales bajaba su brillante jugo, que enlazaba con sus pelos, humedeciendo estos. Me incorporé, la cogí de la mano, la llevé a la cama, recostándola, se tumbó sobre su espalda y levantó sus rodillas hasta los hombros, quedando completamente al aire su coñito, el cual era espectacular, con negros y peludos labios vaginales, el vello enrollado en pequeños rizos cubría todo el borde, y tras separar sus labios mayores y menores con mis dedos, se mostró ante mí su clítoris, el cual estaba hinchado, y más abajo se observaba su gruta de color morado, la cual debía ser muy profunda, y que derramaba bastantes líquidos los cuales corrían hacia el carnoso ano.

Le dije que le iba a lamer su rajita, ella con desesperación me dijo que rápido, que estaba deseándolo, le desnudé y la terminé de desnudar besando cada parte de su cuerpo que quedaba descobijada, besé su cara negra, sus labios carnosos, lamí sus grandes pezones marrones, chupé con la punta de mi lengua su clítoris el cual estaba durísimo, acariciándolo repetidas veces, mientras con mis manos sobaba sus tetas, hasta llegar con mi boca a su vagina. Estaba sobre mi cama, seguía chupándole su vagina, ella daba gemidos de placer, besaba sus dulces piernas hasta llegar a su ano, ella levantando su pelvis, me indicaba que estaba lista para ser penetrada, yo no la hice esperar, cogí mi verga y con ella lamí su rajita. Guadalupe estaba desesperada, me gritaba que se la metiera, continué un rato, hasta que empujé mi polla sobre su vagina, entrando progresivamente y fácilmente, empecé a bombearla con la postura del misionero, recorría con mis manos sus nalgas y con mi boca me comía sus pechos negros.

Después me puse de pie en la cama, levanté las piernas de la zorrita tostada, hasta colocarlas en mis hombros, puse la punta de la verga entre sus labios, y la empujé, se deslizó hasta el fondo, mi blanca verga se sumergía en la cueva negra rodeada de pelitos rizados negros, se tragaba sin restricciones la dura vara, la sacaba completamente y la volvía a introducir. Las pieles contrastaban, el terso cutis moreno de Guadalupe y el bronceado de mi pálida piel.

A continuación, me pasó las piernas alrededor de la cintura, sentí sus talones en mis riñones, aproveché y se la clavé a fondo repetidas veces, después me flexioné un poco buscando sus tetas, metiéndome un pezón en la boca, chupándolo y mordiéndolo, mientras sepultaba mi verga en la babeante gruta de la puta negra, sacándola y metiéndola acompasadamente, su hueco era suave, caliente y muy jugoso, quien lo iba a decir de mi sirvienta, que era muy tímida, estaba muy excitada ya, y mirándome a los ojos se empezó a venir, me dijo que se corría, que mi verga era excelente, que la matase con mi palo. Me apretó con sus piernas, incrustándome dentro de su vagina, y se corrió, para al momento derrumbarse sobre la cama.

Yo mantuve sus piernas en mis hombros, y mi polla entraba fácilmente en el negro túnel encharcado, continué bombeándola, observaba como su dilatado coño con sus pelos mojados se comía el palo blanco, hasta que mi semen anunció su salida, la leche entró a chorros sobre su cueva, pero yo continuaba taladrando a aquella guarra, hasta que no pude más porque su vulva me aprisionaba mi polla, por lo que esta exprimía mi verga.

Después nos tumbamos cada uno en un lado de la cama, y empezamos a besarnos, jugueteamos un rato más hasta que ella se fue a su cuarto desnuda, mostrando su desnudo cuerpo negro, y con su nueva lencería en la mano, la putita fue por el pasillo desnuda hasta su habitación.

Autor: Fary

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Muchacha desvirgada

Comencé a besarle su coñito, olía a inocencia, pasé mis dedos por su clítoris y Nuria gimió algo, le tapé la boca para que la madre no nos oyese, me puse a lamerle sus labios exteriores, los engullía con mis labios, los mordía suavemente, pasaba mi lengua a lo largo de su rajita, tras esto y sin más, se empezó a retorcer, hasta que se corrió, se podía ver salir por su vagina sus flujos.

Este relato acaeció hace ya bastantes años, cuando estaba yo en el instituto. Estaba empezando a tontear con una chica de mi clase, se llamaba Nuria, morena, alta, delgada, con buenos pechos, y un excelente culo, guapa. Un día nos fuimos a su casa a ver una película, ella según decía solo había tenido dos novios, y solo se enrolló con ellos. Estuvimos en el sofá mientras transcurría la película, la madre había salido pero estaba al llegar, al igual que en el cine, nos besamos a veces, tocando lo que se podía, los muslos, un poco las tetas, ella muy recatada no hacía mucho más que enrollarse. Pasado un tiempo, me puse a pasar la mano más cerca de sus nalguitas, ella al igual que cuando le tocaba las tetas ponía cara de miedo, aunque no lo impedía, se notaba que quería pero que no se atrevía.

Cuando la película iba a terminar, entró la madre, estuvo un rato con nosotros, pero como iba a acabar se fue a acostar a su habitación, que estaba al lado del salón. Cuando la película acabó, le dije que me iba a ir ya, pero Nuria me dijo que me quedara un poco, que no tenía aún sueño, acepté y nos fuimos a su habitación al ordenador, allí estuvimos un tiempo con la puerta cerrada, este cuarto estaba en la otra punta del de la madre.

Llegado el momento, comenzamos a besarnos, a enrollarnos, nuestras lenguas se chocaban, se cruzaban, era delicioso. Estábamos de pie, deje mis manos correr por su cuerpo, le agarré sus nalgas, subí por su cintura las manos, llegando a sus pechos, le acariciaba los senos por encima de la camiseta, Nuria respiraba profundamente, gemía excitadamente. Nuria en un momento de arranque me agarró el culo con sus manos, y me apretó hacia ella, mi pene se estrujó contra ella.

Yo estaba sumamente excitado, le quité la camisa, Nuria llevaba un sujetador blanco, me deshice de él rápidamente, y comencé a lamer sus senos, sus pezones rositas muy duros, ella gemía dulcemente. La acosté en la cama y empecé a besarla en su boca, bajando a su cuello, a su pecho, lo besaba con pasión, le chupaba sus pezones, se los sobaba con delicadeza, Nuria me agarraba la cabeza, presionándola contra sus tetas. Posteriormente, continué bajando hasta su barriga, para después comenzar a bajar su pantalón, ella me agarró las manos y me detuvo, para preguntarme a continuación si sabía que ella era virgen, le dije que sí, entonces ella soltó mis manos, y le quité el pantalón, y después sus braguitas blancas.

Comencé a besarle su coñito, olía a inocencia, pasé mis dedos por su clítoris mojado, y Nuria gimió algo fuerte, le tapé la boca para que la madre no nos oyese y continué. Después me puse a lamerle sus labios exteriores, los engullía con mis labios, los mordía suavemente, para a continuación pasarle mi lengua a lo largo de su rajita, tras esto y sin más, se empezó a retorcer, hasta que se corrió, se podía ver salir por su vagina sus flujos, la acosté en la cama, cogí sus piernas y se las besé desde los dedos hasta sus muslos, volví a lamerle el coño, ella seguía soltando sus jugos, puse sus piernas abiertas, ella se retorcía y respiraba rápido, me tocaba temblando, le dije que se tranquilizara, que no le iba a hacer daño, que cuando ella quisiese nos parábamos, ella me dijo que continuara.

Agarré mi pene, el cual ya estaba lubricado, por su saliva y por mi líquido preseminal, y comencé a pasarlo por toda su rajita, de arriba abajo, pasando por su clítoris y su agujerito, ella gemía, le tapé la boca, y cuando cesó sobé un rato sus pechos. Después, con una mano jugué con sus labios y con la otra acaricié su vagina, la cual estaba muy húmeda, Nuria estaba súper excitada, se retorcía. Tras esto, le dije que había llegado el momento, ella aceptó con la cabeza, y se la empecé a meter suavemente, mi polla metió la cabeza, sentí como se abría su vagina, como se resbalaba mi pene dentro de ella, momentos después metí media verga, su himen ya no oponía resistencia. A continuación le dije que como estaba, y Nuria me dijo que la metiera toda, eso hice, y poco a poco su coñito engullió mi verga, mientras ella soltaba leves quejidos, cuando entró entera se empezó a retorcer, estaba teniendo otro orgasmo.

Transcurridos unos minutos, empecé a mover mi polla, fuera y dentro, muy despacio, ella seguía gimiendo, con sus manos agarraba fuertemente las sábanas, yo fui cogiendo ritmo, Nuria lo agradecía, de esta forma a velocidad lenta estuvimos un rato, era muy placentero sentir su cerrado coño frotar mi pene, me estaba encantando desvirgarla. A cabo del rato, aceleré el ritmo a una cosa media, así estuvimos un gran tiempo, hasta que ella nuevamente tuvo otro orgasmo, sus paredes palpitaban, su boca de la vagina apretaba mi polla, esto me puso aún más excitado, y noté que iba a estallar. Le dije jadeante que me corría y ella respondió que lo quería probar, saqué presto mi verga de su coñito, me senté, la giré, y tumbada boca abajo y con su boca alrededor de mi polla terminé masturbándome, ella se la introdujo en su boca, la apreté hacia mí y le solté varios chorros de semen, los cuales no pudo contener en la boca y algunos le chorrearon por la boca, Nuria, puso cara de no gustarle mucho, pero succionó hasta la última gota que mi polla soltaba, dejándola limpia, sin restos del semen.

Tras terminar, minutos después me vestí, Nuria quedó en la cama desnuda, era muy hermoso contemplarla, me despedí de ella porque era muy tarde, salí de su cuarto y de su casa sin que la madre se despertase aparentemente y me fui a mi hogar tras desvirgarla.

Autor: Fary

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Panadera degenerada

Se la volví a meter, gritaba como loca, esperé un rato con mi pene dentro de su vagina, y después empecé a follarla nuevamente, ella miraba cómo mi pene entraba y salía, me pidió que aumentara el ritmo, que le encantaba ver cómo me la estaba tirando, le dije que eso era normal en una putita como ella, Almudena puso cara lasciva y me dijo que siguiera follándola como si fuera una perrita.

El siguiente relato acaeció cuando estaba estudiando en el instituto, en el Alonso Sánchez. Cuando salía al mediodía, era de costumbre, comprar el pan en una panadería de allí cerca, en la cual había tres personas trabajando, la dueña, su hija y su hijo. La dueña era de unos cuarenta y cinco años, se llamaba Teresa, estaba bien conservada, castaña, tenía buenos pechos, estatura medio, peso normal, su cara era muy morbosa con unos labios gruesos, en su cuerpo se notaban los efectos de un gimnasio. El hijo, Juan, de unos veinticinco años estaba poco, pues estaba liado con finalizar la carrera. La hija, Almudena, una preciosa muchacha de unos veinte años, era muy agradable, muy guapa, rubia, más alta que la madre, delgada, con los pechos de la madre, los labios también. Por ver solo a la hija merecía la pena ir a comprar allí.

Fui casi todo el curso a esa panadería, me pillaba de camino y de paso me alegraba un poco la vista, tenía bastante confianza ya con ambas hembras. La tienda era más bien pequeña pero contaba con un amplio sótano que hacía las funciones de almacén abajo, lo conozco porque a veces los ayudé a bajar cajas.

Un día, llegué como de costumbre, estaba Almudena sola, pocas veces lo estaba, pregunté por la madre y me contestó que había tenido que salir, llevaba unos pantalones vaqueros azules y una camiseta de mangas cortas rosa. Me quedé charlando con ella mientras me tomaba un refresco, hasta que cuando pasó el movimiento de la compra de pan, ella bajó al sótano, me quedé en la tienda, era algo normal. Pasó un tiempo y no subía, entré un poco y le pregunté que si estaba bien, me respondió que le cerrase la puerta de la tienda, y que si podía que bajara a ayudarla. Yo hice lo que mandó, cerré y bajé al sótano, cuando llegué ella se puso enfrente de mí, casi rozándonos los labios, al no esperarme esa reacción, me quedé quieto, Almudena me dijo que desde que me conoció no había dejado de pensar en mí, no supe que contestarle y casi sin darme cuenta, estaba besándola, noté su lengua impaciente por recorrer todas las partes de mi boca.

Tenía ya por entonces una gran erección, mi pene estaba súper erecto, más aun cuando al instante, Almudena agarró sobre el pantalón mi paquete, inmediatamente, ella dejó de besarme y me dijo que eso era lo que quería, se agachó y fue desabrochando botón por botón con la boca, eso me produjo una excitación aún mayor, mi pene estaba reventando, y esto quedó patente cuando me quitó los pantalones y me bajó los slips. Sin dudarlo un momento, se lo introdujo en la boca y empezó a engullirlo como si llevase varios días sin comer, lo sacaba y recorría el glande con su ardiente lengua con sensuales movimientos circulares, después volvió a succionarlo como hasta el momento había estado haciendo, estuvo unos minutos metiéndose en gran cantidad hasta que la agarré del pelo y de la nuca, e hice que las follada de boca fueran más interna aun, ella gemía de dolor y placer, daba arcadas.

Al rato la levanté y le quité la camiseta, sus pechos estaban firmes y sus pezones expectantes, empecé a pellizcarle un pezón mientras que con mi otra mano me dedicaba a soltar los botones de su pantalón, mi mano recorrió palmo a palmo sus pechos y pezones, ella disfrutaba viendo esto, con la otra mano fui quitándole los pantalones y después sus preciosas bragas de encaje burdeos, quedó al descubierto su depilado coñito. Pasé mi mano por su raja varias veces, estaba muy húmeda, acaricié su clítoris, ella lo agradecía, sustituí mi mano del pecho por mi boca, jugaba con mi lengua con sus senos y pezones, Almudena mientras tanto, acariciaba mi miembro.

Después de hacerla llegar casi al clímax con mi mano, ella se sentó en la escalera, abrió las piernas y me brindó su coñito, me agaché y empecé a comerle su preciso clítoris, mi lengua recorría todas las partes de su precioso coño, su flujo fluía, hasta que ella llegó al orgasmo lanzando un gemido que prácticamente se podía oir desde la calle, me levanté, la miré y Almudena tenía cara de inmenso placer, nos miramos y ella me dijo que se la metiera.

Sin más dilación, la giré, apoyó sus brazos en un escalón, su culo quedaba en alto, a la altura de mi pene, le separé un poco las piernas y mi polla se abrió paso entre sus preciosos labios bañados en su flujo vaginal, ella lanzó un nuevo gemido mientras le iba introduciendo mi pene, una vez que llegué al final, se la saqué y se la metí, así varias veces lentamente, su vagina estaba muy lubricada, así que mi ritmo iba aumentando, la arremetía cada vez con más fuerza, ella hacia fuerza con sus manos, mis testículos hacían tope en su clítoris. Pasados unos minutos dándole fuerte, se la saqué, acaricié con mi mano su raja, después la giré y le dije que me la chupara un poco, así lo hizo, se tragó todo su propio esperma que bañaba mi polla, ella disfrutaba con eso, mientras que con la otra mano se seguía acariciando el clítoris.

A continuación la senté en las escaleras, y le abrí las piernas, ella estaba deseosa de seguir siendo penetrada, tomé mi pene y lo dirigí hacia su vagina, se veía brillante y lubricado ya que no había parado de segregar flujo, con sus pechos duros y su cara de placer. Se la volví a meter, lo hice muy despacio, e inmediatamente se le produjo otro orgasmo, gritaba como loca, esperé un rato con mi pene dentro de su vagina, y después empecé a follarla nuevamente, mientras se la metía, ella miraba cómo mi pene entraba y salía, y al rato y una vez repuesta, me pidió que aumentara el ritmo, que le encantaba ver cómo me la estaba tirando, yo le dije que eso era normal en una putita como ella, Almudena tras esto puso cara lasciva y me dijo que siguiera follándola como si fuera una perrita.

Tras unos minutos, mientras la miraba cómo disfrutaba, noté que estaba a punto de descargar, aceleré el ritmo a tope, miré su entrepierna, cómo sus labios vaginales abarcaban mi pene y llegué al orgasmo al igual que ella, ambos soltamos varios gemidos sonoros. Estuvimos un momento abrazados, con mi verga dentro de su coñito, y después ella me retiró, cogió mi miembro, y se puso a limpiarlo con su lengua, le encantaba saborear sus propios jugos, además esta vez estaban mezclados con los míos.

Terminado el acto, nos vestimos y subimos a la parte de arriba de la tienda, recogió un poco, y después nos fuimos a nuestras casas no sin antes enrollarnos unos momentos en la puerta. Al día siguiente volví a comprar el pan, allí estaba su madre, su hermano y ella, les saludé y después de intercambiar unas cuantas palabras, cogí camino de mi casa…

Autor: Fary

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