Mi hijo es insaciable

El se me puso encima y me penetró, no se contenía como otros hombres dando primero un ritmo lento para durar más, yo iba a decirle que se pausara, pero estaba tan rico que lo dejé, tuve cuatro orgasmos que hicieron que salgan gemidos de mí, pero el quinto me rompió, grité, gemí, sollocé, me revolqué de placer, incluso se me nubló la vista y se me movió el mundo, fue bestial.

Tengo 40 años, mi cabello es negro y mi tez clara, tengo ojos claros, no muy alta aunque tampoco pequeña, mi hijo es el quien me vuelve loca, él es alto, mide 1.80 m, y tiene 18 años recién cumplidos y esto lo digo sin poses de madre, es hermoso.

Les voy a explicar que es lo que sucede con mi hijo, vivo sola con Sebastián, en un departamento pequeño, por lo que poca o nada intimidad tenemos, al menos de la que normalmente se puede tener en el baño o en el cuarto de cada quien, y a veces ni siquiera en esos. Lo que he descubierto es que se masturba constantemente, la primera vez que reparé en eso fue el día posterior de su cumpleaños.

Me dirigí al baño, el cual se encontraba sin seguro, y entré, más la sorpresa de ver a mi hijo viéndose en el espejo mientras se masturbaba esa verga inmensa me sobresaltó, él por supuesto también, pero llegué justo en el segundo en el que le fue imposible detenerse, unos chorros espesos de semen fueron expulsados con violencia, y unos pocos (al virarse a verme) salieron hacia mi cayendo en mi pantalón y en mi mano.

Por supuesto salí inmediatamente, asustada y ya preocupada por lo que me había tocado ver. Más, ya en mi cuarto, al reparar esa gota de semen en mi mano y sin pensar siquiera opté por lamerlo y me lo tragué, el sabor y ese olor fuerte me extasiaron. Pero un problema de verdad me esperaba, por lo que decidí encararlo inmediatamente, salí a la sala, y ahí estaba mi hijo, que se levantaba para encerrarse en su cuarto, esto fue lo que le dije:

– Mira Sebastián, fue parte culpa tuya y mía, yo porque, no debí haber entrado así, no se de algún modo debo hacer más ruido al caminar, y vos por no correr el seguro, eso sí, y vos lo debes saber, es completamente normal, lo que has hecho y es una manera de desfogarte, no soy yo quien te lo va impedir, pienso que es tu casa y en ella tienes el derecho de hacer lo que te dé la gana, claro sin incomodarte.

Lo que él aceptó de muy buena gana, y siendo un chico inteligente como es lo comprendió y me pidió que olvidásemos todo, a lo que yo estuve de acuerdo.

Esa misma intimidad del departamento nos ha ayudado mucho, y soy bastante abierta y se que me hijo es bastante abierto conmigo, por lo que noto que nuestra relación es especial; bueno los días pasaron y empecé a notar como él iba varias veces al baño en el día, cuando yo estaba, 5 o 6 veces, por lo que al ser el único baño, en más de una ocasión tuve que golpear la puerta y pedirle que se apurara, para entrar y ver primero el papel higiénico en el tacho repleto de semen, segundo el olor inconfundible.

Esa actitud obsesiva fue lo que me preocupó en un principio, dejé que pasasen dos semanas esperando que en definitiva que se cansara, pero no lo hacía, y ya mi preocupación rebasaba mis limites. Les juro que jamás sentí más que la normal preocupación de madre, nada de morbo o excitación a no ser el instinto que llevó a mi boca un poco de su semen, pero lo hice por probarlo, ya que no he tenido relaciones en mucho tiempo, es decir lo comí, por ser semen y no por tratarse de mi hijo.

Así que primero, no fui un día a trabajar, y me dediqué a revisar su cuarto, debajo de un cajón en el fondo de un velador encontrar varias revistas pornográficas, y películas, las cuales debo admitir me excitaron por lo que me masturbé siguiendo el ejemplo de mi hijo. Después de haber comprobado la fuente de sus excitaciones decidí encararlo. Como dije nuestra relación es especial por lo que puedo preguntarle sin sonrojarme muchas cosas.

– Hijo, ¿cuantas veces te masturbas al día? – 4 o cinco (sin duda mentía un poco) – ¿Pero no crees que le va a hacer mal a tu cuerpo masturbarse tanto? – No, si me da ganas lo hago, no es mi culpa. – El otro día, poniendo la ropa, encontré tus revistas y películas, en verdad son buenas pero deberías dejar de verlas un tiempo.- Ya no las veo, me tienen ya aburrido, simplemente en algún momento del día que tengo una erección me calmo masturbándome, ¿que hay de malo?

Entre mí, pensaba, claro un joven de 18 años, que cada vez que se le para se masturba, no es raro que se masturbe constantemente.

– Mira temo que estés volviéndote un poco obsesivo, así que te propongo una cosa, cada vez que te entre ganas, me lo dices y nos ponemos a conversar de cualquier cosa, ¿está bien?, en verdad no creo que sea correcto que te masturbes tanto.

Entre las cosas que me daban vuelta a mi cabeza, estaban el no tener dinero para pedir consejo a un sexólogo, el impedir que se masturbe tanto, y que esto se le pasaría cuando encuentre novia, así que yo con mi plan, podía al menos aminorar un poco sus masturbaciones y de lo tercero, ya que no creo en prostitutas ni hacer de casamentera se tendría que encargar él.

Al día siguiente mientras veíamos una película, me dijo: mami, estoy con ganas. Lo cual comprendí inmediatamente, por lo que le conversé de mi día en el trabajo, el de él en la prepa, hasta de política.

Poco a poco me di cuenta que eso no resolvería nada, ya que se ponía más nervioso y extrañamente excitado, veía claramente como sobresalía su polla del pantalón de pijama. Pero él por complacerme en ese día me dijo que no se masturbaría, pobrecillo, su polla no aminoraba un poco.

Por lo que así se fue a acostar, y yo también, ya así en la cama, me di cuenta de mi error, así que entré a su cuarto que aún tenía la luz encendida, lo que vi fue peor que lo del baño. Él estaba sentado en la cama con las piernas abiertas mirando una Playboy, masturbándose intensamente, me vino a la memoria lo del baño, y reparé en su vergaza que es bastante larga y gruesa, él no paró, dijo entre jadeos,- por favor, sal.

Pero entré, me senté a su lado, le tomé la mano, parando su accionar y con el tono más maternal posible le dije. – Di me hijo que es lo que quieres, alguna cosa te falta. Que te masturbes tanto puede ser frustración por algo más. – Quiero dejar de ser virgen, pero no con una prostituta, pero soy muy torpe con las mujeres, me dijo casi en sollozos.

El espectáculo de su verga, el casi llanto de mi hijo y las ganas de ayudarlo en ese instante provocaron que me abriese el camisón, enseguida quedé desnuda, me incliné en su verga, que apenas me entró y que lastimaba las comisuras de mi boca, y le di una mamada espectacular, solo paré un instante para decirle:

– Goza lo más que puedas, y si quieres gritar hazlo, esta es tu casa.

Él debía estarse masturbando ya largo rato pues salió un borbotón de semen en mi boca, lo que tragué, y los que me excitaron más al oírlos pasar por mi garganta.

Enseguida él se me puso encima, y me lamió los pechos, me besó el culo, y se entretuvo largo rato en mi vagina, dándome un placer inmenso, su inexperiencia no se notaba, y me penetró, no se contenía como otros hombres dando primero un ritmo lento para durar más, yo iba a decirle que se pausara que así es mejor, pero estaba tan rico, que lo dejé, cual fue mi placer.

Mi sorpresa al cabo de varios minutos al notar que no acaba y que seguía con el mismo frenesí, tuve cuatro orgasmos los cuales hicieron que salgan pequeños gemidos de mí, pero el quinto me rompió, grité, gemí, sollocé, me revolqué de placer, incluso se me nubló la vista y se me movió el mundo, fue bestial.

Tras mi orgasmo mi hijo se detuvo dejándome gozar, lo que había hecho. Luego él me confirmó mis sospechas, que había terminado más de una vez, sino que esperaba, el hermoso, que yo terminara. En verdad es un buen amante.

Después como supondrán dormí con él, el resto de la noche, y al amanecer hicimos el amor una vez más, le dije, que en vez de masturbarse, lo hiciera conmigo, hasta que se consiguiese una novia, de quedarme embarazada no me preocupo, pues hace tiempo que tengo la T.

Estoy esperando que se canse, así como esperaba que se canse de masturbarse, pero me hace el amor 4 o cinco veces al día, y no miento ni un poco, supongo que es la vitalidad de sus 18 años. Ahora pienso cuando él se canse, acaso me cansaré yo.

Me asusta eso sí el resultado que tuvieron las cosas, pero disfruto inmensamente y mi hijo también.

Autor: Felipe

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Vacaciones de estudiantes

Tamara y Lucía contaron sus primeras experiencias, y Lucía dijo que había tenido once amantes de sexo masculino, y una, “la mejor”, mujer. Tamara sólo nos dijo “muchos”. Yo volví a contar la historia de Lupita, hablé de Ariadna, y dije que Alicia sería la sexta mujer con quien lo haría (luego de Ariadna estaba Mirna, y luego Tamara y Lucía). Felipe tenía una larga historia.

En período de exámenes, después de pasar la noche en vela, Lucía y yo hicimos el amor con ánimo profiláctico, sólo para reponer fuerzas, y bajamos hacia la C.U. En el camino, Lucy me expuso un plan que, me dijo, ya había aprobado Tamara. Según esto, una tía suya le prestaría por cuatro días, un departamento en Acapulco, “y Tamara y yo, que hemos decidido irnos a vivir juntas, queremos despedirnos, al menos por un rato largo, de los pitos”, así que habían planeado pasar esos días en una orgía sostenida, “en que nosotras pondremos las reglas”, y habrían de ir tres vergas distintas y, si fuese posible, otra chica. “Una de esas tres es la tuya y otra, quiero yo que sea la de tu amigo Felipe, y tú puedes proponer la tercera, que pertenezca, dicho sea de paso, a un chavo de mente abierta y que no sea un macho insufrible”.

Otra obligación previa: los seis involucrados habríamos de llevar un dictamen negativo de la prueba de Elisa, hecho ex profeso, y ellas pedirían a la tercera chica que las imitara en la opción correcta: DIU (ambas cosas serán enormemente tranquilizantes, dijo). Ellas impondrían también unas reglas de puntuación que al final del evento darían un ganador por sexo, que sería premiado el último día, y que tendría por esclavo al perdedor del sexo opuesto durante dos semanas posteriores al regreso a México (esclavo o esclava en secreto, aclararon). Los tres varones, dijo Lucy, habríamos de pagar las comidas (“que deberán ser de buena factura”) y aceptar sus reglas, que serían una sorpresa pero que, me garantizaba, nos gustarían. La tercera chica habríamos de buscarla nosotros.

Cuando llegamos a la Fac, presentamos el examen del día y yo salí a las Islas a meditar. Ya veía venir que Lucy y Tamara se casarían. De hecho, luego de cuatro o cinco encuentros triangulares, durante tres o cuatro semanas, me habían excluido, aunque yo había podido estar alguna que otra vez con Lucy, y una con Tamara (habían pasado poco mas de tres meses desde nuestro primer encuentro triple). Les debía mucho a ambas, las quería y las sigo queriendo, aunque hace años que no duermo con ninguna de las dos, y sabiendo, como sabía, que están locas como cabras, no me disgustaba la idea de arreglarles su despedida, ni, mucho menos, la de tomar parte en ella. No dejaba de sorprenderme, además, que Lucy, tan modosita, que ante sus padres seguía jugando el rol de hijita perfecta, hubiera tomado tan brava decisión.

Esa misma tarde convoqué a junta a Felipe y a Roberto. Felipe, un rubiales con fama de conquistador, buen lector y amigo, punk y contracultural, estaba ahí (aunque no se lo dije) a expresa petición de Lucía, a quien le alborotaba la hormona. No en vano, le decían Felipe “el Hermoso”. Bobby es mi más querido amigo, y había vivido con él aventuras y borracheras sin par, y sabía que me haría deudor de su gratitud eterna al invitarlo a tan inusual y desaforado evento, es alto y delgado, bien plantado aunque nada espectacular. El único impedimento serio era el dinero, pero era cosa de movernos y conseguir una lana, pidiéndola a quien fuera.

Les conté la propuesta. Primero, se sorprendieron de que mi intimidad con Lucy y Tamara llegara a tanto, pues yo, como caballero que soy, no ando contando mis andanzas (y si se las cuento a ustedes es como los curas de antaño contaban los problemas de conciencia: “se dice el pecado, pero no el pecador”, y he alterado de tal modo los hechos, que sólo sus protagonistas podrían reconocerlos, porque lo único inalterado es lo que hicimos en privado). Felipe nos contó entonces cómo, en un viaje de prácticas, había follado como loco con Tamara una noche en que las compañeras de cuarto de aquella, entre las que no estaba Lucía, por cierto, habían ido a una disco con el grueso del grupo, dejando libre la habitación hasta tarde (“y es un cañón, una tigresa, mi buen, coge como una diosa”, le dijo al Bobby, porque era obvio que no tenía que contármelo a mí).

Les dije que había otra condición: ellos debían conseguir a la tercera mina. “Una tía guapa, potable, asequible, pero no un pimpollo: guapa, para que despierte nuestros instintos, pero no tanto que opaque a las otras dos, que esté equilibrado el pedo ¿saben?” Y les dije que yo no quería saber nada del asunto hasta que lo consiguieran: “y tienen dos semanas”.

La tercera mina fue Alicia, una güerita de buen ver, exnovia de Felipe, que estaba en primer año en otra carrera de la Facultad. Alicia aceptó el juego, pero exigió que Lucy y Tamara la incluyeran en la definición de las reglas. Finalmente, convenimos en que ellas se irían por su lado, en el coche de Lucía, y nosotros habríamos de partir por nuestra cuenta, pasar a la playa y llegar al departamento hacia las seis de la tarde del primer día, un miércoles. Así sería.

Ahora hay que hablar de esas tres preciosas y magníficas chicas: Retomo otra descripción de Tamara: “Yo solía verla por los pasillos, chaparrita, delgada, con unos profundos ojazos negros que iluminaban sus rasgos indígenas y su larga cabellera de ala de cuervo. Tenía (tiene) unas caderas estrechas pero claramente femeninas, unos pechitos que apenas despuntan y unas piernas delgadas y bien torneadas, bajo un pubis pétreo y un duro y plano estómago”. Hay que agregar algunos datos, que ya sabía o que supe en esos días: 24 años, 1:53 de estatura. Nunca nos dejó tomarle las medidas, aunque hay que decir que era más esbelta que Alicia.

De Lucía: Muy morena, “[…] luce una espesa y ensortijada pelambrera, una naricita de botón, y unos labios gruesos, grandes y rojos, diseñados para mamar […] es una chica generosamente dotada, quizá en exceso: 1.67 [de estatura] adornados con unos pechos grandes y redondos, con unos enormes pezones morados que, un día, por curiosidad medí, encontrándome con un metro y casi diez centímetros. No tenía, ni por asomo la cintura de sílfide de Tamara, pero el recubrimiento carnoso que la envolvía no demeritaba su figura, como tampoco lo hacía un culo desmedido, alegre de vivir, que con trabajo acomodaba en los mesabancos y que, enfundado normalmente en minifaldas negras o azules, solía atraer feroces miradas hacia sus gruesas pero firmes piernas. Un pimpollo estilo años cincuenta.” Tenía por entonces 22 años, y sus medidas eran 110-76-106.

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada: 82-58-80. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad a los 17 años, con un primo suyo, de 18, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9.

Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo pícaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y… “el otro es un secreto”.

Y es que el primer día fue de pláticas en ese tenor. Tamara y Lucía contaron sus primeras experiencias, y Lucía dijo que había tenido once amantes de sexo masculino, y una, “la mejor”, mujer. Tamara sólo nos dijo “muchos”. Yo volví a contar la historia de Lupita, hablé de Ariadna, y dije que Alicia sería la sexta mujer con quien lo haría (luego de Ariadna estaba Mirna, y luego Tamara y Lucía). Felipe tenía una larga historia, desde que huyó de casa y se recluyó en una comuna punk. Roberto había tenido dos amantes y otras tantas aventuras ocasionales, y ninguna novia. Felipe tenía 24 años, yo 22 y Roberto 21.

Es que, como quedamos, habíamos llegado a las seis de la tarde al departamento, una cosa hermosa, no cercana a la playa, aunque desde el balcón se dominaba la bahía, pues el edificio estaba inverosímilmente construido en las pendientes del Veladero. Un departamento muy amplio, bien amueblado y con tres recámaras. Nos recibieron vestidas, y nos hicieron sentarnos a la mesa: “hoy es día de plática y confesiones -dijo Lucía-, de descanso y preparación. Cada quién dormirá con su pareja asignada, y está prohibido coger más de dos veces, y mañana, a las ocho en punto, empezamos. Mañana es mi día, yo mando”. Había que estar a las ocho en punto: todos bañados, bien aseaditos, y ligeros de ropa, pero no desnudos. Así que estuvimos confesándonos unos a otros, tal como he resumido. También se acordó que yo llevara la minuta de los acontecimientos, lo que me permite reconstruirlos detalladamente.

Antes de salir a cenar nos asignaron las parejas de esa noche, diciendo que habríamos de portarnos como noviecitos. Y he de decir que el criterio fue de lo más equitativo: Felipe con Lucía, Roberto con Tamara y su servilleta con Alicia. La chiquita estaba entusiasmándome: tenía el pelo recogido en una cola de caballo, y llevaba un traje de baño de una pieza y sobre él, una minifalda de mezclilla, completando su atuendo con unos huaraches. Nos amontonamos junto a Lucy, y desde ahí empecé a tocar su piel dura y suave, acariciándole los hombros descubiertos, las mejillas y la delicada curva de las pantorrillas.

Cenamos mariscos, bueno y ligero, y todos nos moderamos notablemente con la bebida, y apenas pasadas las diez estábamos Alicia y yo desnuditos, dándonos una ducha fría. Yo estaba admirando el sedoso vello rubio que cubría su espalda y sus brazos, y la abundante mata de pelo que sombreaba su pubis, mientras la enjabonaba dulcemente. Nos secamos el uno al otro, y nos fuimos a la cama, donde la acosté boca arriba y empecé a besarle los labios vaginales y succionarle el clítoris, hasta que me pidió que se la metiera, a lo que no me rehusé. Me mecí despacio dentro de ella, con toda la intención de prolongar el momento, retrasando mi orgasmo hasta que alcanzara el suyo. Nos acostamos, y sus delicadas caricias hicieron que se me parara otra vez, y al pedirle “el segundo de la noche, reglamentario”, fue al baño y luego de limpiarme el pito con una toalla húmeda, me lo mamó hasta hacerme ver estrellas. Finalmente, nos dormimos. Al día siguiente esperamos la hora prevista sentados en el balcón, viendo la límpida mañana acapulqueña.

Autor: sandokan973

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Mi gran pecado, mi hijo

Felipe, se puso encima y siguió chupando mis tetas, me tenía caliente, con mi mano guié su pene duro y grueso hacia la entrada de mi vagina llena de mis jugos, deseosa de sentir aquel miembro, tan duro y caliente, con una embestida me lo metió entero en mi zorra que lo recibió llena de gozo y placer. Nos empezamos a mover, a amarnos, a sentir nuestro amor.

Soy una mujer de 44 años, separada desde hace 4 años y con un hijo que en la actualidad tiene 18 años.

En la sociedad que vivimos, las mujeres siempre hemos sido, desde la infancia, educadas, en una desvergonzada e inaceptable represión sexual. Esto, respecto a todo lo relacionado con nuestra sexualidad y la sexualidad masculina. En efecto, si un hombre tiene amantes, la sociedad mira ese hecho con un determinado prisma y por lo general, no sancionatorio. Si una mujer en cambio, tiene un amante o una pareja ocasional, la misma sociedad la castiga fuerte y duramente. Si un hombre tiene una fantasía determinada respecto al sexo, es una persona hábil y abierta. Sin embargo, si una mujer tiene una fantasía sexual, es reprimida y sancionada.

La relación incestuosa es mal mirada y según algunos denota una deformación y desviación psíquica de las conductas sexuales de las personas que lo practican. Sin embargo, a través de la historia, las relaciones incestuosas siempre han existido. El deseo sexual o el apetito sexual, nace con la propia vida del ser humano y la verdad sea dicha, desde que un hijo o una hija recién nacida, es amamantada por su madre, se despliega en su mente y en su vida, la primera relación sexual y nadie la cataloga de incesto. Por ello, para nadie es un misterio, el placer que le produce a una madre, el contacto íntimo con su bebé. Es más, muchos médicos especialistas, hoy por hoy, recomiendan “juegos maternales” a la hora de amamantar al pequeño hijo, como por ejemplo, dar pechos, estando madre e hijo, desnudos, tocarse, sentir el calor de sus cuerpos, abrigar al pequeño, a través del calor del pecho materno, en fin.

En mi caso particular, en la época de lactancia de mi hijo, me producía verdadero placer sexual, cuando succionaba mis pezones y se alimentaba. Me producía incluso sentir orgasmos, y siempre incluso después de amamantarlo, le seguía poniendo mis senos en su boca, en sus labios, en su cuerpo y me producía placeres incontenibles. Mi médico al saberlo, nunca me lo reprochó, al contrario, me decía que se produce el mejor vínculo afectivo – sexual entre la madre y el bebé. Por lo tanto, pese a la sociedad, mis relaciones con mis hijos fueron siempre normales en todo aspecto. Al menos desde el punto de vista sexual y psicológico.

Este preámbulo no pretende justificar mis relaciones con mi amado hijo, pues el título lo dice todo.Soy una mujer normal, que lucha a día a día por salir adelante. Mi ex marido, me abandonó al haberse enamorado de otra mujer y así sin más, llegó un día a casa, a retirar sus pertenencias, comunicándome su decisión. Me dejó la casa en que vivíamos y una pensión para alimentar a mi hijo y educarlo. El resto, debía correr por mi cuenta. Felizmente soy una mujer preparada, llena de energía, capaz y logré salir adelante, en el plano económico.

Cuando me separé recién había cumplido mis 40 años. Físicamente estoy en rangos normales. Mi cuerpo es joven, de piel blanca, de pelo castaño, nariz respingona y de cara casi bonita para no ser tan pretenciosa. Unos senos grandes, una aureola en mis senos de buen tamaño, grandes, firmes para mi edad y mis pezones, podría decir lindos y apetitosos. Me fascina que me acaricien mis tetas, mis pezones. Mi trasero redondito y firme y mi vagina cubierta de gran cantidad de vellos púbicos. Mido 1,70 mts. y peso 60 kilos.

En el plano sexual me considero una mujer caliente, deseosa y sin prejuicios. Es decir, me gusta el sexo y mientras estuve casada lo disfruté mucho a pesar que las relaciones no eran de las mejores, pero cuando quedaba insatisfecha, me masturbaba, muchas veces incluso después de hacer el amor y en presencia de mi marido. Él sabía de esto y yo simplemente le decía que no había alcanzado el orgasmo y lo necesitaba. Si él no era capaz de saciarme, había que buscar una solución, pues me cargaba quedarme mirando el techo, muerta de caliente… pensando en otra oportunidad.

Como les contaba, crié a mi hijo de una manera liberal en lo que a la sexualidad se refiere. Me duchaba con él, me vestía o desvestía en su presencia, si estaba junto a mí. Si estábamos en mi dormitorio viendo televisión o haciendo cualquier cosa y llegaba la hora de acostarme, lo hacía en su presencia con toda naturalidad y sin morbo.

Cuando Felipe llegó a la adolescencia y empezó su madurez sexual… obviamente que me empezó a mirar quizás con otros ojos. Buscaba más oportunidades para verme desnuda o entraba al baño mientras me duchaba y abría la cortina del baño para mirarme y darme un beso. Al principio, yo lo veía todo normal.

Una noche mientras estábamos en casa, tranquilos, viendo la televisión, en mi cuarto. Yo estaba muy necesitada de sexo…muy caliente…hacía mucho tiempo que no me hacían el amor o dicho de otra manera, mucho tiempo sin sexo. Felipe ya tenía 18 años. Pensé insinuarme a mi hijo, quería que me amara, que me metiera su verga linda, grande, deliciosa, dura, quería sentir sus manos en mis senos, que acariciara mis pezones, que los chupara…que me chupara mi vagina…quería desahogarme …estaba tan caliente…tan caliente…que no pensaba en otra cosa que ser poseía y tratada como mujer en celos…

Como estábamos tendidos en mi cama, puse mi cabeza en su pecho y empecé a acariciarlo lentamente…Felipe respondió a mis caricias, dándome suaves y tiernos masajes en mi espalda…por encima de mi blusa. Me sentía feliz y deseaba alargar al máximo esa sesión de caricias…de pronto, le miré y besé sus mejillas larga y tiernamente…recorriendo con mis labios, sus mejillas hasta llegar a la comisura de sus labios…mientras mis dedos seguían acariciando su pecho juvenil…

Él me apretaba y acariciaba mi espalda, queriendo no separarse de su madre…seguí con mis caricias, calentándome en demasía…se sentía rico…me acomodé un poco más para sentir su cuerpo y seguir con sus caricias…

Felipe llevaba sus manos por mi espalda…y de pronto empezó a acariciarme mis nalgas y mi espalda… la sensación era riquísima… comencé a acariciar sus piernas, muy lento…estuvimos cerca de media hora lleno de suaves caricias…yo deseaba seducirlo, calentarlo muy despacio, tener una rica y amorosa sesión de amor y sexo, sin apuro…era relativamente temprano…

Mis manos…al tocarle, me hacían apretar mi cuerpo sobre el suyo…estaba casi acostada sobre él…mientras mirábamos la película…las caricias no paraban y al pasar los minutos…sin dejar de gozar el momento, mi calentura era apoteósica.

En un momento de comerciales, le vuelvo a mirar acomodándome hacia él, y empecé a besarle sus mejillas…rozando mis labios en su cara…de pronto nos miramos y comenzamos a besarnos en la boca… la sensación era indescriptible…era amor, la sensación jamás experimentada…su boca tierna, el calor de su aliento me embriagaba, el sentir su lengua con la mía…me empezaba a volver loca de deseo y pasión…ya estaba casi con todo mi cuerpo encima de él…

Sin mediar palabras…de alguna forma, empezó a desabrochar mi blusa y acarició mis pechos por encima de mi sostén…mis manos ya tomaban su pene por encima de su pantalón y estaba duro, grande, erecto, caliente…nuestros besos continuaban…nuestras manos nos tocaba nuestros cuerpos…

Ninguno de los dos hablaba … sólo queríamos vivir el momento, tan placentero y lleno de gozo y deseo sexual…empecé a gemir, mis pezones erectos y duritos, se manifestaban en todo su esplendor, producto de las caricias de mi hijo Felipe. Su otra mano apretaba mis nalgas y las acariciaba con infinita dulzura…

Nos separamos, nos miramos…estábamos preparados para lo que sería nuestra primera noche de amor y la primera relación sexual de mi amado hijo…

Me levanté…me dirigí al baño…dejando la puerta de éste, abierta…me senté en el inodoro e hice pipí….. al terminar, me desnudé, abrí la ducha y cuando el agua estaba ya tibia, me metí a la ducha…mi hijo seguía solo en mi habitación, quizás nervioso, quizás esperando alguna provocación mía…no lo sé…estaba tranquilo…era la primera vez que me acariciaba de esa manera tan explícita y con deseo sexual y eso me gustó, me excitó, me sentía feliz…

Mientras estaba en la ducha, llegó Felipe al baño, desnudo, hizo pipí y se metió a la regadera. Lo miré, me miró desnuda, no era la primera vez…pero si nuestra primera ducha de amor, de un hombre y una mujer, de su hijo con su madre…Miré su cuerpo, su miembro, grande de un buen tamaño y por cierto muy erecto…lo abracé y así por nuestros cuerpos, caía el agua, que limpia y lava…el agua que nos protegía del frío….

Tomé el jabón y empecé a enjabonarle su cuerpo, su pene hermoso, en desarrollo, pero de muy buen tamaño y que era capaz de cumplir con cualquier mujer…

Al rato, le pasé el jabón y él, con infinita lentitud, con amor y dedicación, enjabonó mi espalda…mis glúteos, metió el jabón y sus manos por mi raja y lavaba mi culo…mis piernas…luego, mi vagina mojada de excitación, mis pechos, mis axilas……yo le miraba como él hacía una tarea amorosa mirándome con detenimiento…

¿Te gusta Felipe? Sí mamá…estás lindísima…me gusta jabonar tu cuerpo…y me besaba mis partes…

-Amor, es rico sentir tus manos en mi cuerpo, sigue amor…sigue,  que lo necesito….y continuaba jabonándome, lleno de amor y muy caliente, tomé su pene…y lo acaricié y lo empecé a masturbar muy lento, mientras él me metía su mano con jabón en mi zorra, en mis pendejos, en mi ano, recorriendo mi cuerpo, en mi sexo…

Empezamos a besarnos y me decía, -Es rico mami…es ricooooooooooo ayyy mami, se siente ricoooooooooooooooo…yo seguía besándole y pajeándolo muy lento…me besaba las tetas…las mirabas…las tocaba mientras seguía tocando mi sexo…quería estar en todo mi cuerpo…con su boca recorría mis tetas, con una mano mi sexo y la otra, mi espalda o mis senos…

Al poco rato, después de haber estado unos diez minutos juntos bajo la ducha, nos salimos…tomamos unas toallas y nos empezamos a secar…

Nos fuimos a la cama, abrazados, desnudos, calientes, llenos de amor, de deseo, de una rica lujuria…

Nos besamos…-mamá, te amooooooooo decía…con su voz entrecortada…te amoo mami linda eres lindaaaaaaaaaaa, me tocaba entera…estábamos de lado tocándonos, mirándonos, amándonos. También te amo amor, le respondía yo, mientras le basaba y jugaba con su pene, mientras acariciaba sus muslos, muy suave para producirle ricas sensaciones…

Empezó a chupar mis tetas, con frenesí, con lujuria…-Ayyy amorrr que ricooooo chupame amor, chupa mis tetas amorrrrrrrrrrrr, comencé a gritar…chupaaaaa amor es ricooooooooooooo…con su lengua jugaba con mis pezones…y yo disfrutaba de ese instante lleno de gloria…es rico amorrrr, ayyyyy pipeee ay amor me fascinasss, sigue amor chupa fuerte mis tetas, tocalas amorrrrr aprétamelas amorrr, ahhhhhhggggggggggg, es deliciosooooo…

Ya no aguanté más y me puse en la posición 69 y empecé a chuparle su pene y él busco mi zorra…metió su lengua y acariciaba mis entrañas con ella, mi clítoris estaba en la gloria sintiendo ricos espasmos, cuando con sus labios o su lengua, lo estimulaba, -Ay amorrrrrrrrrrrr sigue, chupameeee amor es ricoooo me das tanto placer…

-Chupa la zorra de tu mami amorrrrrrrrr le gritaba fuera de mi…. chupa amorrrrrrrrr chupa mi zorra me calientasssssssss le decía mientras me movía para meter mi sexo en su boca y al mismo tiempo acariciaba su poto exquisito y chupaba su pichula maravillosa, dura…su glande…lo acariciaba entero y le gritaba….amor es el cielo me vengo amor aghhhhhhhhhh amor agghhhhhhh es delicioso…mi cuerpo empezó a convulsionarse como nunca lo había experimentado y los orgasmos se repetían uno tras otros casi simultáneamente.

Creo que me vine mientras me chupaba mi zorra y mi culo como tres veces seguidas y de pronto empieza a salir de su pene, toda su leche, tibia, rica a borbotones que tragué feliz y excitada.

Siguió chupando mi zorra, mientras me acariciaba con fuerza mi poto, amansando mis nalgas, manoseándolas con ganas…apretando mis carnes calientes y deseosas y yo dejándole su rica pija, ya un poco fláccida limpia, y su glande rojito y rico…

Nos acomodamos nuevamente y nos abrazamos, nos besamos, sentíamos aún la lujuria, el amor desenfrenado, la ternura de ser amado y dar amor…. ese amor tan maravilloso de dos seres que se aman sin límites y que la sociedad se empeña en no aceptar.

Chupó mis tetas, ponía su cabeza en ellas, sintiendo el calor de esas masas de carnes que excitan a los hombres, jugaba con mis pezones…te amo mami, te amo amor, me decía y yo devolvía su amor, besándole su pecho, lamiéndoselo. -te amo hijo mío.-Mamá…tenía tantas ganas de amarte…fue mi primera vez, me dijo muy despacio…

-Yo también hijo mío….yo te daré mi amor como siempre te lo he dado…y cuando desees amarme, me tendrás…te amo, te adoro…me entregaré a ti con devoción, con lujuria, con cuerpo y alma….

Me besaba mis tetas y me ponía muy caliente, pese a que hacía poco me había corrido y sentido múltiples orgasmos seguidos…su pene empezó a erectarse nuevamente …su juventud, lo mantenía lleno de fuerza…yo deseaba sentir esa verga, esa pichula tan rica en mi zorra peluda…sentir sus manos en mi trasero apretándome…sentir su cuerpo junto al mío…y empecé a masturbarle con mi mano…

Ponte arriba de mi amor, le dije…ven penétrame amorrrrrrrrrr que te amo y te deseo…Felipe, se puso encima de mi cuerpo y siguió chupando mis tetas…me tenía caliente, deseosa…con mi mano guié su pene duro y grueso hacia la entrada de mi vagina llena de mis jugos, deseosa de sentir aquel miembro, tan duro y caliente…y con una embestida…me lo metió entero en mi zorra…que lo recibió llena de gozo y placer.

Nos empezamos a mover, a amarnos…a sentir nuestro amor…-Asi amor sigue mi vidaaaa mételo ricooooooooo mételo amorrrrrrr…ayyyy amor es deliciosooooooooooo más amor más sigue pipe mio, siguee, ámame mássssssss, es rico amorr es rico sentir tu pichula fuerte amor dale más, más duro amorr…métela enteraaa me calientas me vuelves loca de deseo. Yo estaba en la gloria sintiendo su pene y él me amasaba mis tetas, me metía y sacaba su pichula linda de mi zorra… Mami es ricoooooo mami mia te amooooo te chupo tus tetas te lo meto amor…es rico sentir el calor en tu zorra mamita mia es ricoooooooooo…

-Si mi amor métela más mi zorra es tuya, me calientas…mucho hijo me calientas, ahhhhhhggggggggggg, es delicioso, me calientas sigue amorrrrrrrr. Mordía mis pezones, acariciaba mis tetas…me tocaba…me hacía el amor con la fuerza de su juventud….quería estar en todas, sus manos recorrían mis senos, mi culo, mis nalgas, ..su pene no paraba de bombearme y darme placer…..agggghhhh amorrrrr me vengo amor siguee rey mio, sigue amor es rico sentirte amorrrrrr aghhhhhhhhhhhhhhhh…

Me vine en un delicioso orgasmo…fuerte largo duradero… Increíblemente duradero …me hacía gozar en plenitud… Y él aún con fuerzas me seguía amando… Me chupaba mis tetas…dame tus tetas mami…dame tus tetas amor gritabaa mientras me seguia culeando…si amor son tuyas muérdelas …. Muérdelas amor chupa mi pezón mis tetas amor me da gustitoooo rico amorrrrrrr….estaba a punto de venirme nuevamente….y empecé a sentir otro orgasmo y de pronto…se viene en mí …regalándome su leche, su semen…lo sentía tan rico tan deliciosamente adorable…

Una vez que eyaculó, sacó su pene de mi zorra, satisfecha…la busqué con mis manos y me agaché a chuparla…a limpiarla, a tomarme y tragarme el resto de su leche…

Felipe todavía caliente…se acomodó y empezamos otro 69…llevábamos quizás más de dos hora amándonos…sintiendo esa sensación de amor desde que estábamos en la cama con ropas….metía su lengua en mi zorra, mojada con su néctar y mis jugos…acariciaba mis nalgas, las amasaba con su manos, manoseándolas tan rico….-Sigue amor le decía mientras me chupaba mi zorra y acariciaba mi culo, sigue acariciando mi poto amorrrrrrrrrr…se siente delicioso….yo por mi parte acariciaba su trasero limpio de vellos, su rica verga, sus pendejos…mamándole…poniéndolo a mil nuevamente…calentándole…

Su lengua no paraba de jugar en mi raja y en mi clítoris…al poco rato, caí en otro orgasmo…no podía más…ya no resistía más su lengua, sus manoseos tan deliciosos que me propinaba….seguí chupándole su pene con ansias, con ternura…hasta que se vino…botando poca cantidad de semen…ya tampoco podía gozar más…

Nos besamos…nos acariciamos lentamente…conversamos…de lo sucedido…de que este tipo de amor la sociedad lo sanciona…no lo permite y prohíbe…que las fuerzas morales no lo acepta…

Me entendió,  de pronto me dice si volverá a ocurrir…-Si amor, siempre que tú desees, me tendrás…en vez de masturbarte…vente a mi amor…yo estaré siempre para ti, hasta que te cases mi vida…tenemos tiempo para que aprendas a amar a una mujer…y yo te enseñaré a dar amor, ha entregarte y darle gustito rico a una mujer…

Esa noche dormimos juntos…nos venció el sueño, dormimos abrazados, desnudos…él se quedó dormido acariciando mis pezones, amasando mis tetas…el placer que sentía era rico…hasta que también me dormí plácidamente.

A la mañana siguiente desperté y le miré su linda carita….mientras dormía aún…estaba caliente quería más sexo con mi hijo…era un sábado…y teníamos todo el fin de semana para nosotros si así lo deseábamos… puse mis tetas en su boca, sus labios rozaban mis pezones al movimiento de mis tetas…me empecé a calentar y despertó…tomando mis tetas con sus manos y llevándolas a su boca para chuparlas…..me caí encima de él mientras lo amamantaba como cuando era un bebé…con la diferencia que ahora las chupaba como hombre…

Me miró y me besó en mis labios, nuestras lenguas se juntaron, recorriéndonos….me abrazó y comenzó a acariciar mi espalda, mi poto, metiendo sus manos en mi raja…acariciando mi ano…y volviendo hacia arriba ….yo convulsionaba mi cuerpo, restregándolo contra el suyo…mi excitación era máxima, tomé su pene y me senté en él, metiéndolo de a poco en mi zorra mojada, excitada, comenzando a cabalgar mientras se aferraba a mis tetas, que se movían a mi compás….estaba realmente delicioso…-Aaaaahgggggggg ahgggggggg es rico amorrrr le decía, dale duro amorrrrr muevete amorrr goza la zorra de tu mami amor goza amor mío goza ricoooooo me calientas felipe, me calientas amorrrr estoy calieente amorrrrrrrrrrrr….me movía como loca arriba de él, gozando su pedazo de carne dura….ay hijo que manera de gozar tu pene amor mio amor ahhhgg es rico amorrrrrrrrrrrr amorr dale fuerteee te siento amor mioooooo te siento tanto amorr me vengo amor me vengo contigoooooo…

Al rato, se vino en mi, sintiendo los dos, un orgasmo monumental, delicioso,  nos dimos tiempo para el amor, quedándonos abrazados, mirándonos, tocándonos, mientras jugaba con mis tetas…realmente le encantaba besarlas chuparlas y a mí me hacía sentir en la gloria…

Como media hora después, partí al baño, hice pipí…me lavé las manos, la boca…y desnuda bajé a preparar un rico y energético desayuno a mi amado hijo…

Estaba en la cocina, preparando el desayuno y entra, me abraza por detrás, me besa el cuello y empieza a acariciar mis tetas… siento su pene entre mis nalgas…-Mamita, mamita mía, te amo…me decía….mientras me clavaba su dura verga en mis nalgas….buscando mi ano virgen…. -Yo también te amo amor mío…vamos a desayunar…tenemos tiempo para amarnos, para darnos nuestro amor y nuestros sexos…me tienes a mi …y yo a ti amor mío…

Autora: María Angélica

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Todo por el eclipse

Felipe me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego me la fueron metiendo, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, me tomó y me lo metió hasta el fondo, yo ya gritaba de placer.

Mi nombre no lo daré por el momento después podrán llamarme con el que me pusieron mis amigos. Esta historia es real, no pasó hace mucho, fue en el último eclipse lunar. Le cargaré la culpa al eclipse de lo que pasó.

Todo comenzó con la reunión habitual que tenemos con unos amigos cada vez que hay un eclipse lunar, esta vez no era la acepción, teníamos que hacer el ritual del amor prohibido entre la luna y el sol. Como siempre nos juntamos en medio de un bosque, la naturaleza es primordial para nosotros, el césped, los árboles y un rió, éramos seis en total, yo la única mujer, todos vestidos con túnicas blancas y nada más, empezó el eclipse y nosotros comenzamos el ritual, rogamos a la luna, al sol y la tierra, empapándonos de la fuerza que dan estos elementos, así estuvimos mientras duró el eclipse.

Luego de terminado el ritual yo me despojé de la túnica y totalmente desnuda me metí en el río, hasta ahí me siguieron dos amigos, con todos los participantes ya nos habíamos visto desnudos en otras ocasiones así que no era nada extraño vernos así esta vez, bueno estos dos amigos ingresaron al agua y se colocaron muy cerca de mí, yo no sé si fue el influjo de la luna o que pero sentí deseos de tener sexo ahí mismo en el agua, besé a uno de mis amigos fogosamente mientras tocaba en cuerpo del otro, los dos empezaron a tocarme a chuparme las tetas a besarme el cuello y la espalda, de repente uno de ellos me levantó un poco y metió su pene en mi concha mientras el otro por detrás me acariciaba el culo y me metía su pene en el, yo me sentía en la gloria tuve un orgasmo genial, mi gemido se escuchó fuerte en ese bosque, mientras todo esto ocurría en el agua miré hacia la orilla y miro a mis otros tres amigos excitados por la escena que estaban presenciando y eso me excitó mucho más.

Salimos del río y yo me reía picaronamente, invité a los tres que se habían quedado en la orilla a que vinieran conmigo al agua, pero justo cuando iba a terminar mi proposición mis dos amigos me tomaron por los brazos y me tiraron en el pasto los otros tres gemían por el placer de lo que estaban viendo, yo con fingida fuerza trataba de soltarme y trataba de oponerme a lo que parecía una violación (consentida por supuesto) -No por favor no lo hagan, suéltenme- decía aunque ellos sabían que era todo lo contrario…

Felipe fue el primero en acercarse me abrió las piernas con fuerzas y metió su cabeza entre mis piernas, me lamió el coño hasta decir basta, yo gemía de placer, así fueron pasando uno a uno después de Felipe, fue Juan, luego Aníbal, luego de haberme lamido la concha a su antojo me la fueron metiendo uno a uno, yo no podía moverme pues Carlos y Alex aún me tenían tomadas las manos, estaba indefensa y era poseída por cada uno de ellos. Felipe fue el primero, su verga estaba parada amenazante, ¡que vigor!, me tomó y me lo metió hasta el fondo con fuerza, yo ya gritaba de placer.

Luego Aníbal más calmado, pero no así menos vigoroso, tiene una verga descomunal, pensé que no me cabría en mi concha pero ahí sabiendo él sus dotes poco a poco la fue metiendo, el dolor era más placentero aún, se movía y yo pensaba que me iba a partir en dos, a esas alturas ya había perdido la cuenta de cuantos orgasmos llevaba, pero aún quedaban tres ahora era Felipe y Aníbal los que me sujetaban, y Juan quería su turno pero él prefirió levantarme un poco más y metérmelo por el culo, fue genial sentir su verga  dura entrando sin compasión en mi culo, a esas alturas los gritos y los gemidos míos eran una constante, tuve un orgasmo espectacular era como si un manantial hubiera estado dentro de mi, Carlos fue el cuarto, su verga  estaba que explotaba, me levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros, me la metió fuerte, duro, para domarme, -Eres una potra salvaje y te voy a domesticar, vas a pedirme que pare, vas a suplicar que ya no te la meta- me decía, a esas alturas yo ya no tenía fuerzas, pero faltaba el último, Alex, este pidió que me voltearan, me hizo arrodillarme y me la metió por el culo, su verga  es grande así que le costó un poco de trabajo pero al final me la metió hasta los pelos, y otra vez  un orgasmo descomunal, los gemidos de mis amigos y los míos se confundían en uno solo.

Quedé tirada en el pasto agotada, agradeciendo el enorme placer que acababa de experimentar, pensando que todo acababa ahí, pero me equivocaba, recién comenzaba. Había cerrado mis ojos por un momento, cuando sentí mil manos recorriendo mi cuerpo, tocándome, acariciándome, apretándome los pechos, metidas en mi concha, me tocaban por todos lados, abrí mis ojos y todos ellos estaban arrodillados a mi alrededor, me tocaban y besaban mientras se masturbaban,  fueron acabando uno después del otro en todo mi cuerpo en mi boca, en mi cara, en todas partes, nunca pensé que eso me iba a provocar tal estado de excitación, se me había ido el cansancio y yo trataban de tocarlos a todos al mismo tiempo, tocar sus vergas, pero era demasiado lo que estaba sintiendo.

Cuando todos acabaron me miraron con mucho placer, me fueron besando en la boca uno a uno, entre todos me llevaron al río y ayudaron a bañarme, fue en ese momento en que Carlos les dice a los demás, desde hoy la llamaremos Eva Luna. Salimos del río y todos se recostaron a mi lado, me acariciaban y tocaban con ternura casi se diría que con amor, durante unos minutos solo se escuchaban los sonidos del bosque, el viento entre los árboles, los pájaros el agua del río correr, creo que pasó como media hora cuando todo empezó de nuevo, esta vez yo estaba con las manos libres pero me tomaron por el cabello y me hicieron arrodillarme, tuve que chupárselas uno a uno, el orden ya no se, estaba metida y comprometida a darles placer a cada uno, mientras uno me tomaba del pelo yo se la chupaba a uno o dos, o se la lamía a este o aquel mientras masturbaban a otros dos, sentía sus gemidos, sus risas excitantes, pasó un buen rato de eso cuando me pusieron de pie y vi a Alex de espaldas en el pasto, con su verga  parada, amenazante, yo como antes con fingida resistencia me oponía a sentarme encima de él, entre dos me “obligaron”, sentí como me entraba su verga  en mi concha, me empecé a mover arriba de él y sentía los gemidos de todos, sus comentarios, y fue Carlos el que dijo –Ese culo no pude estar así de parado sin que le meta el pico- fue así como sentí que me lo metía por el culo.

Ahí estaba yo siendo penetrada por dos hombres al mismo tiempo, luego sentí una mano que me tomaba por el pelo y me decía –Comételo todo perra- era Juan me la metió hasta la garganta y empezó a metérmela y a sacármela de la boca, yo hacía lo posible por seguirles el ritmo, luego cambiaron las posiciones, era Felipe quien estaba abajo, Juan por detrás  y Felipe metiéndomela por la boca, y así cambiamos un montón de veces hasta que a todos les tocó por todos lados conmigo. Habían pasado varias horas desde que empezamos, pero aún quedaba noche.

Descansé un rato y volvimos al principio pero esta vez ya nadie me sujetaba las manos, el orden fue el siguiente, Aníbal, Juan, Carlos, Alex y Felipe. Me recosté en el pasto abrí mis piernas, era el comienzo del fin, vi como Carlos se arrodillaba hasta que se posó sobre mí y me dijo al oído, –Te hemos bautizado EVA LUNA porque nos has mostrado tu desnudes y nos has incitado al pecado, luego empezó a besarme el cuello y fue bajando poco a poco lamiendo y besando, me mordió los pezones y luego fue bajando, con su lengua jugueteó en mi ombligo, me besó los muslos y se sumergió en mi concha, me la lamió rico, suavecito, me mordió el clítoris, sentí un orgasmo explosivo, luego me metió el pico con fuerza, se movía rápido, fuerte y su pico entraba con más fuerza cada vez hasta que di un grito de placer, que parece que a él le daba la señal de que era tiempo de terminar, se levantó, me agarró la cabeza y me lo metió en la boca se fue en mi boca, mientras que por la comisuras de mis labios se escapaba el néctar de su ser, pero como soy golosa lo recogí con los dedos y me lo llevé a la boca.

Luego Juan se acercó a mí y me dijo al oído, –Blanca como la luna y pecadora como Eva-, y también empezó a recorrer mi cuerpo con su lengua, me pidió que me diera vuelta, me pasó la lengua por toda mi espalda, cosa que me encanta, y me metió su verga en la concha, así por detrás mientras con sus manos me masturbaba, fue exquisito, yo gemía y el orgasmo no tardó en llegar volviendo a abrir ese manantial que está dentro de mí, también acabó en mi boca llenándome de su semen, fue genial. Era el turno de Carlos y me dijo que me quedara así, tal cual, de rodillas, se arrodilló enfrente de mí y me dijo, –Eva Luna, cuanto placer nos has dado hoy, ahora te toca disfrutar de lo que nosotros te podemos dar- fue así que llamó a Alex, que también me dijo al oído, –La pasión y el pecado son hechas para ti.

Me hicieron quedarme así de rodillas, en cuatro patas, mientras Carlos me hacía chupársela, Alex se ponía debajo de mi y me chupaba la concha, fue un placer extraordinario, yo gemía y los orgasmos se sucedían unos a otros cuando ya estaban por terminar se pararon enfrente de mí, me hicieron tomarle sus vergas y masturbarlos para acabar los dos en mi boca, su semen salía a borbotones y yo trataba que nada se le escapara a mi lengua y boca. Era el turno de Felipe, este me hizo ponerme de pie, me abrazó y me dijo al oído:

– Mi querida Eva Luna, no sabes lo bien que te queda ese nombre, blanca como la luna, pecadora como ninguna, excitante y apasionada- me dio un beso en la boca, de esos besos que te dejan sin respiración, me tomó fuerte y me levantó, me lo metió así, él de pie y yo montada en él, nunca lo había hecho así, fue rico, aunque después de un rato me puso sobre el pasto, me acarició, me besó y me chupó la concha como los dioses,  hasta que le pedí que me la metiera hasta los pelos, fue así como me penetró y empezó a moverse vigorosamente para luego poner mis piernas sobre sus hombros y así su verga entrara más profundo en mí, sentía sus gemidos y el aliento de todos los demás, hasta que yo con un grito de placer extremo di la pauta para que él también emitiera un gemido lleno de placer y excitación y se fuera dentro de mí.

Era ya el amanecer y estábamos los seis recostados en el pasto tenía las cabezas de todos sobre mi cuerpo, yo podía acariciarles el cabello a cada uno, estábamos todos en silencio viendo aparecer el sol, cuando ya había salido el sol nos paramos, nos miramos a los ojos uno al otro, sin decir palabra, la noche ya lo había dicho todo.

No sé que nos pasó esa noche, nunca entre nosotros había ocurrido nada, éramos simplemente amigos, ¿culpa del eclipse lunar? No lo se, solo se que es una historia que me va a acompañar toda mi vida. No saben el placer que sentí, los orgasmos que experimenté. Si lo reconozco, soy EvaLuna, blanca y pecadora como ninguna.

Autora: Eva Luna

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Mi vecino de apartamento

Sentí su verga dentro de mí, empezó a sacar y a meter con suavidad y llegando a un ritmo bestial, yo ya gritaba de dolor y placer. Siguió clavándome de esa forma no se por cuánto tiempo más hasta que  se agarró fuerte a mi cintura y hombro y me clavó con más lentitud diciéndome que lo sintiera y disfrutara porque ya quería correrse, noté como fue aumentando la velocidad de sus embestidas y hasta pude sentir los trallazos de leche como golpeaban a través del condón.

Hola a todos, estoy acá para contarles una experiencia que iba alimentando desde hace seis meses pero que hasta ayer  se consumo y no puedo dejar pasar el tiempo sin contarla.

Me describo inicialmente por que se es algo que a todo el mundo le gusta leer, soy Andrés de Colombia, nacido en Bogotá hace 24 años, 1.87 de estatura, 74 kilos, bronceado al tope, velludo, ojos miel cabello castaño, no soy esclavo del gym pero algo marcado y afortunado ya que cuento con una verga de 21 cms. Gruesa y un culito bastante duro y muy aguantador.

Por cosas de la vida he contado con una familia que siempre ha estado en una buena posición social y económica y como mis padres viven en una casa a las afueras de la ciudad y hasta la empresa en carro tardaba aproximadamente 2 horas; compraron un apto en los cerros orientales para que de esta forma estuviera más cerca de la oficina. Los días viernes casi no voy al trabajo ya que es el día de acumulación de cosas de Universidad con lo que prefiero estar conectado en casa; pero por cosas que suelen suceder ese día no  tenía internet así que procedí a llamar a la empresa prestadora del servicio donde una operadora me indicó que estaban haciendo unos ajustes en la zona y que no me podía indicar en cuanto tiempo estaba solucionado el problema.

Así que agarré mis cosas y mal humorado salí para la oficina, al salir al pasillo de mi apto a tomar el ascensor veo que del apartamento de enfrente abren la puerta y sale el tipo más bueno que por esos días haya visto. 1.90 de estatura, calcule en el momento 30 años, moreno, impecablemente vestido, ojos negros, recién afeitado pero de fondo la sombra del vello facial marcando la zona de afeitado,  manos grandes (soy muy detallista de mirada muy rápida y discreta que se fija hasta de lo más mínimo) olía tan delicioso y se veía tan bien que de inmediato sentí que mi verga reacciono levantándose como si tuviera un resorte.

Me saludó con un frío hola, al cual contesté lo mismo, se abrió la puerta del ascensor e ingresamos, tuve que ponerme el maletín al frente de mis piernas para que no notara la erección tan grande que tenía en ese momento, presionamos al tiempo el botón para dirigirnos al parqueadero, fue tan veloz y a la vez tan lenta la bajada del décimo piso al sub sótano,  que me sentí levitando entre su aroma y mi excitación, la cual rompió con un simple hasta luego al llegar al parqueadero.

De esa forma conocí a Felipe mi vecino de apartamento, hijo de un industrial de este país, abogado y asesor jurídico de una empresa de Telecomunicaciones.

Por el tipo de construcción del edificio la ventana del cuarto de estudio da al vacio del edificio pero en diagonal esta la ventana que da a su cocina, es por esto que opté por dejar la persiana del estudio permanentemente abierta más no subida,  para que él desde su cocina pudiera verme y yo eventualmente ver si el miraba. Efectivamente esto dio resultado, ya que en varias oportunidades lo vi mirando insistentemente para mi ventana. Normalmente yo permanezco en mi apto en camiseta y calzoncillos y cuando yo estaba en el estudio y veía que miraba me ponía de pies y me rascaba las bolas, me sacaba la verga y me la miraba descaradamente pero haciendo cuenta que nadie me veía.

Ayer unos amigos me invitaron a salir a tomar unos tragos y acepté ya que hacía tiempo no hacía nada diferente me organicé para salir y a eso de las 10 p.m.  timbraron al citófono, el vigilante me dice que si podía bajar ya que la alarma del carro se disparaba todo el tiempo y que había una ventana abierta. Al llegar al parqueadero Felipe entraba en su carro con lo cual me di el tiempo para que coincidiéramos en el ascensor, lo saludé con un, hola como vas y me contestó muy amablemente (yo pensaba en el fondo que él hasta la verga y las huevas ya me conoce). Me dijo que si acababa de llegar o si iba de salida, le dije que estaba esperando la llamada de unos amigos para salir y él que haría más tarde, si le gustaría salir,  me dijo que entraba a su apartamento y que ya pasaba al mío para hablar.

Pasado un tiempo timbró en mi puerta, lo invité a pasar, le dije que si  tenía algún problema en seguirme ya que estaba terminado de arreglarme, le conté que saldría con unos amigos a un lugar que si se animaba, yo hablándole con toda la tranquilidad del mundo pero por dentro el man más asustado de este mundo, me temblaba la voz y pasaba saliva muy rápido.

Le ofrecí algo de beber, sonó mi celular y salimos de mi apartamento rumbo al bar, allí estuvimos como hasta las 2 de la mañana rodeado de amigos y amigas que hacía tiempo no veía, fui al baño y allí estaba mi vecino orinando y yo algo prendido le dije que si nos íbamos, o que si deseaba quedarse un rato más, me indicó que si, que estaba un poco “happy”, que era mejor que saliéramos, me despedí y con los típicos, no se vayan, esperé otro rato, fui saliendo a la puerta donde tomamos un taxi rumbo a casa; cinco minutos después estábamos entrando al edificio como dos viejos amigos, lo invité a tomarnos un trago en mi apartamento lo cual no dudó mucho y aceptó, charlamos de mis amigos y cosas poco casuales hasta que le dije, por que le gustaba ver hacia el estudio desde su cocina a lo que me respondió…

¿Por qué no vamos a tu cuarto y allí te doy la respuesta?… me puse de pie y él me siguió, pero cuando entramos me giré y él muy apresuradamente  me dio un abrazo muy fuerte y un beso sintiendo de la manera más rica su lengua y sus labios.

Igualmente respondí ese beso pero no como la vieja que ansía que el man la bese,  sino como todo un macho hambriento de macho, aunque estuviera nervioso y con N cantidad de alcohol dentro de mí, me fui arrechando y comencé a tocarlo hasta que llegué a su verga que parecía iba a romper ese jean de lo dura que estaba. Fui desabrochando lentamente el cinturón y sacándole la camisa con lo cual él reaccionó y nos fuimos desnudando uno a uno pude al fin notar la tremenda erección que había entre sus pantaloncillos, una verga de más o menos 23 centímetros la cual tomó entre sus manos y me dice en un tono medio sensual y arrecho… si la quieres es tuya…

Nos besamos nuevamente como dos desaforados, y bajé a mamárselo no se si era arrechera o lo estaba haciendo muy bien pero este man bufaba y se contorsionaba de placer ante la mamada que le estaba dando.Tenía una verga enorme, fina, pero larguísima y completamente dura. De rodillas se la chupaba sin cesar, me encantaba ver su líquido pre-seminal en la punta de su prepucio., tan bien lo estará haciendo que de repente me cogió de la cabeza con las dos manos y comenzó a culearme la boca. Era tan largo que casi tocaba mi campanilla. Sentía arcadas pero me encantaba.
Me decía, no sabes lo caliente que me pones y las ganas que tengo de pegarte una culeada para quitarme esa calentura que me dejabas todas las veces viendo cómo te tocabas por la ventana.

En ese momento yo lo estaba deseando, con lo cual le respondí apretándole fuertemente  la verga… ¡la quiero toda dentro de mí!  Me puse frente a la pared con las piernas separadas y las manos en alto (como cuando los policías hacen revisión)… Él  me restregó un poco su verga y luego bajó a darme la comida más rica de culo que en la vida me han dado. Tenía ganas de culearme se le notaba por la forma como me chupaba y lamia el culo.

Se levantó y colocó la punta de su vergota en mi ano. Empezó a empujar poco a poco, le dije que sin condón no ya que corríamos riesgos con lo cual reaccionó un poco, me acerqué a la mesa  de noche saqué uno, lo rasgué, me puse de rodillas  frente a él y se lo puse con la boca hasta donde esta me alcanzó, luego con un poco de crema se lo lubriqué al igual que unté mi ano con la misma.

Me levantó de las axilas y me tiró a la cama se echó encima de mi levantándome un pierna en su hombro y la otra la apoyó en su espalda, comenzó a darme puntadas con su verga dura hasta que logró acomodar su cabeza en el primer anillo anal, siguió penetrándome lentamente y pude sentir como su verga se abría paso en mi poco usado y muy estrecho ano; cosa que él confirmó cuando  soltó un:

¡Qué estrecho lo tienes!, ¡me encanta!, sentí su verga completamente dentro de mí la cual dejó unos segundos con lo cual aprovechamos para besarnos como locos, luego  empezó a sacar y a meter con suavidad y paulatinamente más y más rápido, llegando a un ritmo bestial, yo ya gritaba (textualmente) de dolor y placer. Siguió clavándome de esa forma no se por cuánto tiempo más hasta que  se agarró fuerte a mi cintura y hombro y me clavó con más lentitud diciéndome que lo sintiera y disfrutara porque ya quería correrse, noté como fue aumentando la velocidad de sus embestidas y hasta pude sentir los trallazos de leche como golpeaban a través del condón. Se quedó un poco más dentro de mi hasta que sonó el típico flop! de la salida de su verga dentro de mi.

Se recostó al otro lado de la cama sin hacer ningún comentario. Pero curiosamente mi verga no se había bajado con lo cual comencé a masturbarme con el fin de poder saciar la arrechera que me embargaba en ese momento pese al ardor que sentía en mi ano, él me retiró la mano y se acerco a mi verga la cual comenzó a mamar como desesperado, me dijo “Quiero tu leche aquí”, señalándome su boca, yo sin poder aguantar más la mamada tan deliciosa que me estaba dando me vine dentro de él a más no poder; no sé si por tragos o arrechera pero sé que fue mucha leche la que tragó y embadurnó en mis huevos los cuales lamió lentamente hasta dejarme completamente limpio, se retiró y me besó probando yo de su boca los restos que aun quedaban de mi corrida.

Me besó nuevamente,  se levantó, recogió su ropa y salió de mi apartamento sin decir nada. Ahora que es ya final de la tarde y que me decidí a contar esta historia, no sé nada de él, no lo he visto, y esperaré a que aparezca para que me explique por qué me pegó  esa clavada tan monumental que de solo acordarme y sentir el dolor en mi ano, me arrecho nuevamente.

Autor: Andrés

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