Historia de Melissa

Jóvenes y Cachondas. Fernando es toda pasión, es un amante especial, disfruta haciendo gozar, su verga estaba como quería, inflamada, enhiesta, quería recorrer mi cosita con su verga, de pronto me clavó, sentí su glande estrellarse contra mi útero, estaba bien llena de su carne, me empecé a contonear y él hacía lo mismo, al cabo de unos instantes estalló cual volcán y me llenó de semen caliente y espeso.
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Sonia, una madura sensacional

La desnudé, ahora fue ella quien quedó recostada en el sofá, abrió sus piernas y comencé besar su vulva, mi lengua jugaba con su clítoris, que era una joyita, y a la vez tocaba sus tetas que a pesar de ser pequeñas tenía unos pezones grandes y muy duros por lo que ataqué sus tetas saboreándolas completas, su jadeo se hacía cada vez más fuerte y eso me excitaba más.

Esta historia es totalmente real, sucedió en Santiago de Chile hace 13 años, cuando yo tenía 18 años, en una fiesta en la que había gente de todas las edades, nos mezclamos con 2 amigos con un grupo de mujeres en que la menor tenía alrededor de 35 años. La conversación era muy entretenida y al correr de un rato, y con varios tragos encima nos animamos a bailar como el resto de la gente. Para mis amigos era solo una entretención, pero a mí me llamó la atención una de las mujeres, de nombre Sonia, por ser la mayor el grupo, hablamos de 42 años, 1,60 de estatura, de contextura media, tetas pequeñas y un culo fenomenal.

La fiesta llegó a su fin, nos despedimos y nos fuimos cada uno a su casa, pero yo quedé calentísimo con ese culo que hubiese querido tener en mis manos.

Pasaron casi 2 semanas cuando una mañana yo esperaba el metro para ir al instituto, y la vi bajar hacia el andén, solo verla me calentó,

-¡Hola Fernando! ¿Cómo estás? –Bien, dije casi tiritando. ¿Y usted? -¿Cómo que usted? ¿O no te acuerdas que cuando nos conocimos me hablabas de tú? -Sí, pero pensé que era solo porque estábamos en la fiesta -¿O me dices usted por que podría ser tu madre? , no sabía que responder. – Pero no lo eres.

Llegó el metro, nos subimos, y me empezó a contar de su vida, estaba separada hacía 15 años, tenía un hijo de 19 años estudiando en otra ciudad y vivía junto a su hermana, algo mayor que ella.

-Pero cuéntame algo de ti, solo he hablado yo… -Vivo con mis padres y estoy estudiando, no tengo mucho más que contar. -Me imagino que tienes alguna polola (novia), no estás mal eh.

Estaba tan nervioso, que ni siquiera me había calentado, y mi conversación no era muy fluida…

-¿Y quién es la que te quita el sueño? me preguntó con una decisión que me dejó más nervioso. -No tengo nada serio, en realidad dedico mucho tiempo a mis estudios, obviamente eso no era 100% verdad. -¡Que lástima! me dijo de pronto- me tengo que bajar en la estación que sigue, cuando nos encontremos seguimos la conversación. -Yo también bajo, fue un comentario mentiroso e impulsivo, el nerviosismo había desaparecido.

Salimos de la estación y caminamos 2 cuadras, hasta que llegamos a su trabajo.

-Acá trabajo yo, fue un placer este encuentro, aunque me hubiese gustado saber tus gustos acerca de las mujeres, ja, ja, ja era una broma, pasa que te noté nervioso, pero sabes ¿Qué?,  me dijo-aprovechemos que es viernes y llego a mi casa más temprano, te invito una cerveza esta tarde. -OK, encantado.

Me dio su dirección y a la hora acordada llegué a su casa, toqué el timbre al abrirse la puerta quedó frente a mí, con una blusa negra de transparencia que insinuaba todo, no dejaba nada a la imaginación, me dio un beso en  la boca mientras me acariciaba mi zunga lo que me enloqueció, yo desabotoné como pude su blusa y saqué una de sus tetas del sostén, bajó mi slip y empezó a dar una mamada espectacular , recorriendo con su lengua todo mi pico y con su mano masajeando mis bolas.

Era riquísimo,  me enderecé y la desnudé, ahora fue ella quien quedó recostada en el sofá, abrió sus piernas y comencé besar su vulva, mi lengua jugaba con su clítoris, que era una joyita, y a la vez tocaba sus tetas que a pesar de ser pequeñas tenía unos pezones grandes y muy duros por lo que ataqué sus tetas saboreándolas completas, su jadeo se hacía cada vez más fuerte y eso me excitaba más…

-Estoy muy caliente, métela, métela…su jadeo era aún mayor-uuuuummmmmm, por favor métela…

Me acomodé y la penetré suavemente, su concha estaba apretadísima, lo que duplicaba el placer, y aumentaba su locura -Siiiiiii, Si Fernando Si, Dale, Dale, Me tienes muy caliente.

Lo saqué y comencé a pasar mi miembro por su clítoris, ahí ya era incontenible sus contoneos y sus gritos, levantaba su cuerpo del sofá.

– Fernando, me voy, me voy, métemela toda…si así, toda, toda… Aaaaaaaahhh Aaahhhhhhhhh, yo también Sonia, ya acabo, me voy, Uuuuuhhhhh…

Acabamos a la vez y fue fenomenal, pasamos todo el resto de la tarde y toda la noche juntos, y disfruté a Sonia por completo, y durante muchísimo tiempo más.

Aunque ha pasado mucho tiempo, mi gusto por las maduras ha ido en aumento, así que ojala alguna madura (sin distingo de edad) que haya leído esto me escriba un comentario, y no tardaré en responderle.

Autor: Fernando

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Una realidad auténtica

Después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo.

Me llamo Luis y mi mujer Andrea, tenemos ambos 30 años y somos lo que se dice una pareja bien parecida, sobre todo Andrea, que es alta, llenita, morocha de ojos muy negros y pelo también muy negro, con unas tetas bien paradas y duras y un culo, realmente para ponerlo en una exposición.
Aunque parezca mentira, luego de 8 años de casado fue que recién me di cuenta que mi mujer es la más puta de las mujeres, y que eso a mí me gusta. Mi matrimonio era de lo más normal, muy fogoso al principio, para luego ir decayendo un poco, pero siempre teniendo sexo bien satisfactorio, y con bastante frecuencia.

En algún momento empezamos a tener fantasías cuando hacíamos el amor, hablando de que nos gustaría hacer un trío, o simplemente mirar como otro hombre u otra mujer haría el amor con uno de nosotros. Las fantasías siguieron y nos calentábamos mucho, hasta que empezamos a fantasear con que “yo te voy a avisar cuando vaya a coger con alguien” y cosas por el estilo.

En una oportunidad, me llamó por teléfono a mi trabajo y yo no estaba. Cuando esa noche me lo comentó, le dije que había salido para ir a acostarme con una amiga, siempre como parte del juego, me preguntó quién era; qué le había hecho, si le había chupado bien el coño, si le había dado por el culo, etc. A medida que iba inventando las respuestas, mientras nos acariciábamos, nos íbamos calentando cada vez más y nos echamos un polvo inolvidable como cuando éramos novios. Así seguimos por un tiempo relativamente largo, avanzando en nuestras fantasías, por ejemplo, cuando ella se bañaba, perfumaba y maquillaba para salir de compras con sus amigas, me decía que iba a encontrarse con Pedro, o Andrés, o Fernando, que le iban a comer su coñito, o que Manuel o Luis se la iban a follar hasta que no pudiera estar de pie.

Otro día que había ido a tomar el té con sus amigas me llamó para avisarme que iba a llegar más tarde porque en ese momento estaba siendo enculada por mi amigo Raúl que luego se tomaría un taxi. Cuando llegó yo la esperaba ya con mi verga a punto, y otra vez tuvimos un encuentro memorable. La relación realmente había mejorado mucho y parecíamos recién casados por la calentura en que nos encontrábamos casi permanentemente hasta que un día que yo sabía se iban a reunir con otras amigas en casa de Sofía para ver las fotos del último viaje, la vi vestirse con una blusa bien escotada y una minifalda que a mi me deja “de cabeza”, medias negras y zapatos de tacones bien altos y finos.

-¿Adónde vas vestida así? Pregunté más bien para jugar que para saber la respuesta. -A follar con Fernando. Me contestó. -A que sí. Cuando te esté follando quiero que me llames y me lo digas. -Te lo prometo.

Casi no puede irse porque yo ya estaba empalmado y quería cogerla allí nomás antes de que se fuera.
Alrededor de las 19 h. llamó por teléfono Laura, para avisarle a Andrea que la reunión se suspendía para el otro día porque ella y Julia no podían ir. Cerca de las 21 h. yo estaba poniéndome ya nervioso por la tardanza ya que sabía que Andrea no estaba en lo de Sofía cuando sonó el teléfono.

-Hola mi amor ¿cómo estás? Dijo. -Bien, ¿dónde estás tú? -Ya te lo dije, follando con Fernando.

Yo no podía creer lo que estaba oyendo, pero al no haber ido a lo de Sofía, comencé a dudar de que fuera cierto lo que me estaba diciendo.

-No te creo, y me tienes preocupado, dime dónde te has metido. -Estoy con Fernando, que en este momento me está comiendo el coño y yo le acaricio la polla. -Mami, me tienes a mil, vente lo más rápido que puedas, que hoy te voy a hacer de todo. -Tendrás que esperar Papito, porque ahora, estoy a punto de tirarme a Fer, que tiene la polla más grande que me he comido hasta hoy. Escucha como me hace gemir cuando me la pone,- ay Fer… despacio… con cuidado… la tienes muy grande. -¿Desde dónde me estás hablando, Andrea? -¡Qué importa!, déjame gozar y luego te cuento.

Creo que llegué a contar hasta los minutos hasta que regresó, pues no podía con mi calentura y con las ganas de saber en realidad donde había estado. A las 10 y 15′, cuando regresó yo ya estaba esperándola para desnudarla y he de decir que si no la hubiera encontrado tan lubricada, casi habría sido una violación, pues casi sin preliminares me la follé. Luego de ese primer polvo, nos quedamos un poco relajados y mientras la acariciaba y besaba por todos lados, (boca, cuello, espalda, tetas), comenzamos a conversar, y yo le pedí que me contara la verdad de lo que había hecho.

-Ya te dije que me fui a follar con Fer a un motel. -Cuéntame entonces todo con detalles. -Pues me pasó a recoger en su coche y nos fuimos al motel, ya de antes estábamos muy cachondos, así que ni bien subí y nos dimos un beso, me empezó a meter mano, en los pechos y entre las piernas, pues como ves con esta pollera, se me subía hasta dejar que casi se me viera la tanga y eso era una invitación que él aceptó.

-Dices que te metía mano mientras manejaba ¿y tú que hacías? -Mientras me acomodaba bien adelante en el asiento del coche y abría las piernas para que me tocara y viera que mojado tenía el chochito le tocaba la verga por encima del pantalón, y luego se lo desprendí, no me dio el tiempo de hacerle una mamada allí mismo porque llegamos, que si no nos hubiéramos ahorrado el gasto.
-Cuéntame, cuéntame. -Me desnudó casi a los tirones y luego hizo lo propio y me empezó a besar como lo estás haciendo tú ahora. -Sigue que me estás volviendo loco otra vez.

-Me comió el chocho durante no sé qué tiempo y después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela más allá de la cabeza. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo. -Si serás puta. -Como le gusta a Papito, o no te gusta que sea así. -Claro que me gusta.

Ya a esa altura yo no podía hablar más pues mi lengua estaba ocupada yendo de su coño a su culito y nos echamos otro polvo de antología. Después de 8 años de casado echarse dos polvos no era una cosa de todos los días y quedé en un estado de relax, como en el limbo, pero, recordé que realmente no sabía dónde había estado, puesto que a lo de Sofía no había ido.

-Dime ahora realmente donde fuiste. -Ya te lo he contado. -¡Pensé que era otra fantasía! -Claro bobito, estuve en lo de Sofía con Laura y Julia.

En ese momento no sabía cómo reaccionar y le dije:

-No es cierto, llamó Laura para avisar que la reunión se cancelaba, que no podían ir.

-Papito, tú tenías una fantasía, querías que yo te pusiera los cuernos, pues te los he puesto, mejor, te los vengo poniendo desde hace un tiempo, y para ti era fantasía, pero sé muy bien que te ha gustado, só cabrón, así que desde ahora, cuando me empiece a “picar el chocho” voy a salir a coger con quién me dé la gana y luego, como favor, si me lo pides, te lo contaré.

-Si me has contado la verdad, si me has hecho un cabrón, tienes que por lo menos alguna vez, dejarme mirar. -Claro Papito, su nena lo va a dejar mirar como otro macho se la coge, le come el coño y la culea.

Al principio creí que los celos me matarían, pero pronto descubrí que me gustaba, que ver gozar a Andrea con otro hombre era realmente excitante y que eso fortalecía nuestro cariño, pues ella jamás se involucraba sentimentalmente, sólo los quería para follar, y que además yo gozaba nuestros polvos como nunca.

Autor: Luis

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Desvirgué a mi hijo

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica.

Todo comenzó cuando tenía 43 años y Fernando, mi único hijo 18, mi esposo, Alberto, viajante de comercio, pasaba toda la semana fuera de casa y a menudo estaba ausente durante más tiempo, motivo por el cual críe a mi bebé muy consentidamente y éramos muy cariñosos mutuamente. Le tengo mucho miedo a las tormentas por lo que él dormía, muchas veces conmigo y a mí me gustaba que lo hiciera y nos dormíamos abrazados.

Con total naturalidad yo andaba por el departamento en ropa interior y algunas veces me sorprendió sin corpiño, mis tetas son grandes y mis pezones también.

Las largas ausencias de Alberto me ponían muy mal porque sólo me descargaba masturbándome lo que no me satisfacía totalmente, andaba con muchas ganas de que un hombre me hiciera sentir mujer y comencé a mirar a mi bebé que ya era un hombre desarrollado a sus 18 años, con un físico estupendo pues practicaba deportes y además noté en sus slips manchas de semen de sus masturbaciones.

Si bien nunca lo había visto completamente desnudo, si lo había visto en ropa interior y notaba debajo de su slip un tremendo bulto que me calentaba mucho y pensaba en él al masturbarme, pero era mi hijo ¡mi bebé! pero no había caso mis deseos eran con él.

Una mañana salía de la ducha con una toalla que solo me cubría de la cintura para abajo y Fernando se me acercó con un comentario trivial, me doy cuenta que miraba mis tetas fijamente lo que a mí me comenzó a gustar, le digo: – Bebé ¿te gustan? – Si mami, son hermosas ¿puedo tocarlas? – Si mi amor ¿Querés chuparlas? Comenzó a chupar y succionar.

A esta altura, yo estaba muy caliente con un cosquilleo en todo mi cuerpo y la concha toda mojada, estaba llegando a un orgasmo por lo que dejé caer la toalla y abrí mis piernas y le saqué la teta de la boca, miró mi concha con muy poco vello y rubio, sentí un estremecimiento tremendo, una calentura feroz, totalmente descontrolada le dije: – Te gusta bebé, tócala. Guié su mano hacia mi chucha, me metió los dedos y llegué a un orgasmo brutal, mis “gritos” lo asustaron, mas lo tranquilicé enseguida, lo abracé y besé como nunca. Luego hablamos, le dije que no le contara a nadie y menos a su papá.

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica. A todo esto cuando estaba Alberto, mi marido, hacíamos el amor con todo, él nunca sospechó de nada.

Así fue pasando el tiempo y cuando Alberto no estaba, dormía con mi bebé al que le daba la teta y me hacía acabar varias veces con sus caricias y sus dedos, le acariciaba el pene que era muy grande y gordo más que el de su papá, pero no quería acabar conmigo, seguramente porque ¡era su mamá!

Luego pasaron como cuatro meses durante el cual Fernando no me daba bolilla, me aguanté sin decirle nada porque sentía vergüenza de mi hijo, hasta que una ausencia larga de Alberto, yo no podía más, estaba harta de masturbarme con consoladores y vibradores, necesitaba una buena pija en vivo y en directo, tenía que seducirlo, pero ¿que hacer?, cuando más loca estaba de calentura Fernando me dice que un compañero de escuela vendría a estudiar a casa por la tarde, entonces ¿que hice? como hacía mucho calor me puse una solera de playa sin corpiño y una tanguita muy pequeña, las tetas parecían salirse del vestido que era muy corto y mostraba mis lindas piernas.

Cuando llegó Fer con su amigo Adrián y me encontraron así vestida, Adrián no me sacaba los ojos de encima lo que me calentaba aún más y Fernando estaba serio por los celos y era lo que yo quería! en un momento me dijo: – Mamá ¿porque estás así vestida? – Hace calor ¿que tiene de malo? – Es que no estás en la playa.

– Que va, Adrián ¿a vos te molesta? – No señora, contestó.

La bronca de Fer era inmensa. Les serví la merienda, al agacharme casi se me salen las tetas, me sentaba y cruzaba mis piernas adrede y mostrando mi tanguita, estaba reloca. Llega la hora en que Adrián se va, voy a mi dormitorio y me desnudo a esperar a Fernando que suponía que vendría a pedirme explicaciones. Abre la puerta y se sorprende al verme, tapándome con las manos le digo porque entró así al dormitorio, ¿no ves que estoy desnuda? – Cuantas veces te vi así, estás loca para vestirte como estabas, ¿que habrá pensado Adrián?

– No me interesa él sino vos, y descubrí mi cuerpo mostrándole mis tetas con mis pezones rojos y duros, la concha depilada y mi clítoris que parecía una frutilla, a la vez que noté su bruta erección.

Sin hablar pero con sus ojos claros me dijeron todo, se quita la ropa, su pija enorme, dura y palpitante era todo un poema, me siento en la cama, tomo en mis manos esa hermosa y joven verga, me la metí en la boca chupando con frenesí, acabó enseguida, gritando y llenando mi boca con su leche caliente que bebí completamente.

Luego nos besamos apasionadamente, su pija seguía muy dura, me acuesto y con las piernas abiertas, le digo: – Mi vida, chúpame la concha, mordeme el clítoris ¡es tuyo! Tuve varios orgasmos gritando de felicidad. – Pónmela, cogeme, cogeme, cogeme, ¡por favor!

Al sentir su enorme miembro dentro mío no pudo explicar lo que sentí, como tengo un espiral le dije que me acabara adentro, que me llenara de leche caliente, no paraba nunca de eyacular, me inundó ¡que hermosa locura! ¡Hice hombre a mi hijo, me entregó su virginidad! Seguía con su pija parada, lo monté, lo cabalgué, me mordía las tetas que colgaban sobre su cara. Tuve tantos orgasmos que casi me desmayo.

Luego dormimos hasta cualquier hora. Seguimos siendo amantes desde siempre.

Espero que les haya gustado mi relato.

Autora: Carmen

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Mi primo Luis

Un poco me extrañaba que no tocara mi pija ni mis bolas, al darse cuenta de eso me dijo, aquí el hombre soy yo, vos sos mi putita de ahora en más…Terminada su frase empujó mi cabeza a su entrepierna forzándome a chuparle la pija, cosa que me pareció un poquito repugnante en principio, pero a los 10 minutos según él, ya lo hacía como un experto.

Mi nombre es Fernando, tengo en la actualidad 34 años y les voy a contar lo que me ocurrió hace 15 años con mi primo Luis. Primero lo correcto sería que me describiera, bueno, así soy: piel morena, 1,80 de altura, cabello oscuro y corto, buen físico, según la gente que me conoce, muy bien parecido. Vivo en Catamarca que es una provincia del norte de Argentina y esta historia tiene su lugar en nuestra casa de veraneo en una villa turística que se llama el rodeo, en un caluroso verano como dije hace ya 15 años.

Ese año mis padres invitaron a Luis, dos años mayor que yo, rubio, lindo alto, ligado por un parentesco más con mi madre (primos) lo que lo convertía en tío segundo mío, aunque por la pequeña diferencia de edad pasaba más como mi primo. La cuestión es que ese verano transcurría con la monotonía habitual, bailes en boliches, cabalgatas, chapuzones en ríos y esas tonteras inocentes. Hasta que una noche nos pusimos a contar cuentos de terror en la cama, todo bien, claro, hasta que de repente se corto la luz por esos típicos apagones de verano y la cosa se pudrió…

Yo, un poquito impresionado por los cuentos terroríficos le pedí que parara, pero no me hizo caso y siguió. La cuestión es que me dio un poco de miedo y Luis me invitó a pasar a su cama, cosa que me pareció de lo más normal e inocente dado nuestro parentesco y la amistad que nos unía.

Una vez juntos, siguió con sus cuentos y al ver que me atemorizaba me dijo que me diera vuelta, es decir dándole la espalda y se detuvo, entonces empezamos a conversar de chicas y esas cosas. Me preguntaba si ya había tenido relaciones y le dije que no, lo que lo hizo reír, yo un poco intrigado le pregunté que era lo gracioso y me dijo que acababa de confirmar sus sospechas de que me gustaban los hombres.

Lógicamente un poco me ofusqué pero me desafió a una apuesta, es decir me propuso comprobar si realmente me gustaban o no los hombres, como no tenía más salida acepté su reto, el cual consistía en que me proporcionaría algunas caricias y si me erectaba ya estaría todo dicho. Le dije ok y sin darme tiempo a prepararme me dio un largo y húmedo beso de lengua al que respondí de inmediato. De más está decir que solo con eso fui derrotado en el desafío, mi pene estallaba por su erección y me sentía en las nubes.

No conformé con demostrar su punto, Luis siguió con su lengua recorriendo mi cuello, pechos y abdomen, sus manos exploraban mis vírgenes nalgas, piernas, espalda pero nada más. Un poco me extrañaba que no tocara mi pija ni mis bolas, al darse cuenta de eso me dijo, aquí el hombre soy yo, vos sos mi putita de ahora en más…Terminada su frase empujó mi cabeza a su entrepierna forzándome a chuparle la pija, cosa que me pareció un poquito repugnante en principio, pero a los 10 minutos según él, ya lo hacía como un experto.

Terminada esa etapa mi hombre se aprestaba para hacerme la cola, me pasaba su saliva por mi agujerito y me calaba el dedo, cosa que me dolía mucho…Aún así prosiguió con su objetivo e intentó penetrarme con su pija (que no era demasiado grande), pero me puse tan nervioso por el dolor que finalmente desistió, obviamente solo de eso. Entonces me dijo; ya que no te dejas coger seguí chupando mi pija putita, orden que obedecí de muy buena gana ya que me pareció muy excitante…

Así lo hice por 10 minutos más hasta que empecé a percibir que se le ponía aún más dura y su respiración se aceleraba, lo que finalmente culminó con una verdadera explosión de leche en mi boca que no pude más que tragar hasta la última gota. Así es, así fue, mi primera relación sexual, nos quedamos callados y finalmente nos dormimos juntos.

Así es amigos, esa es mi primera historia, sé que no parece mucho, (después hubo más), pero es verídica, es sencilla, y me pasó a mí, como seguramente a muchos.

Autor: Fernando

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El club de la buena paja

Fernando comenzó la difícil tarea de ensartarme su verga en el pequeño espacio que quedaba entre mi orto y la pija de Seba. Yo pensé que moriría, el dolor era terrible, pero Fernando fue suave, y poco a poco deslizó la cabeza de su miembro en mi interior, Seba comenzó a moverse y ese movimiento hizo que la verga del otro entrara más fácilmente, hasta que ambas vergas me ensartaban hasta el fondo.

A los 28 años, una paja, al menos para mí, es el principio de algo… Recuerdo que hace dos o tres años, nos habíamos juntado en mi casa con mis amigos de la secundaria, para cenar y recordar viejos momentos… Hacía ya como 6 años que nos habíamos graduado. Sin embargo, era una cena especial, me decidí por invitar sólo a aquellos compañeros con los que en mi adolescencia había tenido alguna que otra historia. Fue así que vinieron, Sebastián, Fernando (que había sido el coordinador de mi viaje de egresados), y Carlos, el primero de mis compañeros al que en el baño del colegio le di la mamada de su vida.

El primero en llegar fue Fernando, comenzamos a charlar sobre el tiempo pasado, los amigos que ya no lo son, y finalmente el tema llevó a nuestro viaje, a aquél hotel y al campamento dónde ese chico me ofreció uno de mis mejores momentos. Fernando me aclaró que desde aquella vez no había vuelto a incursionar en el sexo con hombres, pero que guardaba buenos recuerdos de lo sucedido, aunque no creía que lo volvería a hacer. (Eso dejámelo a mí, pensaba yo mientras metía una pizza al horno).
La conversación fue amena, sonó el timbre y Sebastián entró en mi casa. Tenía en mi cocina a los dos muchachos, ya hombres, que en ese viaje de egresados me hicieron gozar como a una puta. Cuando hablábamos de eso, Seba no emitía comentarios al respecto, solo se reía y seguía conversando, sin decir, como el otro, que él no lo haría más. (Buen síntoma, Gato, me decía).

Faltaba Carlos… El teléfono sonó y era él, avisando que lo disculpemos pero que se retrasaría por un buen rato, que cenemos sin él, que llegaría para el café. Así fue que nos pusimos a comer, mientras escuchábamos música y conversábamos de distintos temas. El cd se terminó y cuando me iba a levantar para poner otro, Seba me dice que mejor prenda la televisión… quizás están dando una buena película. Le pasé el control remoto y de inmediato empezó a buscar algo cambiando de un canal al otro. Entre esos cambios apareció el canal Venus (películas porno las 24 hs) pero no se detuvo allí, siguió revisando un buen rato hasta que finalmente se dio por vencido y exclamó “No hay un carajo para ver”. Fernando, que mientras comía seguía la seguidilla de canales, le dijo, poné el Venus, por lo menos veremos alguna buena concha… ¡el Gato, alguna buena pija! Nos reímos del comentario y Seba, sin decir nada lo puso. La escena era realmente caliente, dos hombres muy bien dotados la estaban penetrando a una mujer que jadeaba y gritaba de placer.

La pija de uno entraba y salía por el orto de la chica, mientras ella se cabalgaba por la concha al otro… los minutos fueron pasando, el que estaba debajo de la chica sacó su pija de la concha y le pidió a la otro que le deje el culo…el otro se salió y la mujer fue ensartada analmente por el que antes se la daba por delante…hasta ahí, perfecto, pero la cosa se tornó realmente de alto voltaje cuando el que se había salido volvió a introducir su pija en el orto de la mujer. Ambas pijas cogían a un mismo culo salvajemente. “wauw”, “la están matando”, “que hija de puta” eran los comentarios de la mesa…hasta que Fernando me preguntó: ¿Y a vos, gatito, nunca te dieron dos juntos por el culo? Eso no se pregunta, dije yo…y sonreí.

Seguimos viendo la película un buen rato, disimuladamente observaba como el bulto de mis amigos crecía y crecía, al igual que mi calentura.

Un tiempo después, Seba se levanta y se dirige al baño…Y Fernando le grita “Che… más de tres sacudidas es paja, ¡eh! Jajajajaja…sin embargo, esa fue la mejor frase que pude escuchar en ese momento. Cuando Seba volvió del baño, los encaré y le dije: Chicos, ustedes saben que conmigo está todo bien, si quieren nos podemos pajear los tres. No me les voy a tirar encima,tranquilos, además ¿no es lindo hacerse una buena paja? Fernando y Sebastián se miraron, y decidieron acceder al masturbarse… la calentura era demasiada. Acomodamos las sillas una al lado de la otra, quedando yo en el medio, y nos bajamos los pantalones y los calzoncillos frente al televisor.

Les dije que me perdonen, pero que los quería mirar, ya que eso era gratis en este mundo… Los dos se rieron y comenzaron a menearse la verga suavemente, como modelando para mí.

Yo me pajeaba a más no poder, que buenas pijas tenían estos dos… el recuerdo de aquella noche en la carpa me invadió de inmediato y casi acabo. Luego de unos minutos, Sebastián dice que no puede hacerse una paja, que si quería chupársela que lo haga, que le parecía desperdiciar leche teniendo a un “gatito” al lado de él. En menos de un segundo estaba arrodillado frente a mi amigo y con su pija entre mis labios. Que rica que estaba… me la fui tragando poco a poco, mientras Seba llevaba sus manos a mi cabeza y me ayudaba a tragarla toda. Fui comiéndome la pija hasta que finalmente mi nariz chocó contra los vellos de su pubis. De reojo observaba a Fernando que ya no miraba el televisor, sino a nosotros, y se pajeaba a lo grande…Sebastián también se dio cuenta de eso, entonces le dijo: “Dale, Fer, si te estás muriendo de ganas de participar”.

Por fin el otro se decidió y arrodillándose detrás de mí empezó a lamerme el culo. Su lengua entraba y me llenaba de saliva, lamía mis paredes interiores lubricándome. Luego se puso de pie a mi lado y me dijo que se la chupe un poco, entonces, agarré entre mis manos la pija de Sebastián y me metí en la boca la de Fernando, y comencé a chuparla con devoción. Fernando me tomó de la cabeza y violentamente me empezó a coger la boca. Así estuvimos un rato hasta que me dijo que me la iba a meter por el culo, y sin darme tiempo a nada, se colocó detrás de mí y me ensartó los 25 cm. de pija en mi culo. Comenzó a cogerme profundamente, su pija entraba y salía de mi orto rompiendo todo a su paso, llegando bien adentro.

Me hacía sentir sus huevos chocando contra mí, como indicando que me estaba ensartando totalmente. Y por fin, lo que inconscientemente estaba esperando. Seba me dijo que también me quería coger, y que si quería me la metían los dos juntos, como en la película. Fernando se salió de mí y yo me monté sobre la verga de Seba en la silla, inclinándome hacia delante y dejando mi culo a disposición de Fernando que me preguntó si tenía alguna crema para lubricar. Le dije que se fije en el baño, pero mirando hacia la mesa de la cocina, descubrió el aceite, la trajo hasta donde estaba Seba rompiéndome el culo y lamiendo mis tetitas. Tiró sobre mi espalda un buen chorro del aceite, que se deslizó hasta mi culo, haciendo que la pija de Sebastián resbale en mi interior como si patinara uno sobre el hielo.

Me relajé, Sebastián se quedó quieto un momento, y Fernando comenzó la difícil tarea de ensartarme su verga en el pequeño espacio que quedaba entre mi orto y la pija de Seba. Yo pensé que moriría, el dolor era terrible, pero Fernando fue suave, y poco a poco, deslizó la cabeza de su miembro en mi interior, Seba comenzó a moverse muy lentamente, y ese movimiento hizo que la verga del otro entrara más fácilmente, hasta que por fin, ambas vergas me ensartaban hasta el fondo. Coordinando movimientos, el dolor había dado plazo al placer y ahora gozaba a lo grande. Era impresionante la sensación, única, de dioses.

Ellos también se calentaron aún más, porque sus pijas rozándose les producían un placer indescriptible. Yo ya estaba totalmente dilatado, y me permitía jugar un poco moviéndome junto a ellos, hasta que finalmente Fernando se salió de mí y se vació en mi espalda dando gritos de placer. Seba seguía sacudiéndome hasta que cuando se sintió venir, la sacó y me pidió que se la chupe, así lo hice recibiendo en mi boca sus jugos.

Lamiendo la pija de Seba me encontraba cuando el timbre avisó de la llegada de Carlos. Yo corrí al baño a darme una ducha, Fernando fue desnudo a abrirle la puerta. Mi baño tiene una ventanita que da al patio por donde se entra a mi casa, y desde allí escuché a Fernando diciéndole a Carlos….”No hay drama, Carlitos, el Gato está mejor que nunca, ya te lo estuvimos preparando con Seba…” luego, ambos se rieron…Yo me quedé pensando en lo que había escuchado, pero no le di importancia. Total…no tenían nada que perder…no me equivoqué, aquella noche y varias más, nos volvimos a juntar en lo que bautizamos el club de la buena paja.

Autor: El Gato

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Me gusta con dos

Alberto me puso en cuatro y me empezó a coger con fuerza, que es como más me gusta. Fernando se repuso y me puso su verga en la boca, ¡como me calienta tener dos vergas para mí!, no sé cuantas veces más me vine mientras me cogían en varias posiciones, me mamaron el coño, algo que me encantó fue cuando uno de ellos, me cogía parada por atrás, mientras el otro me mamaba el coño.

La noche anterior asistí a una fiesta y me dormí bastante tarde, era sábado y tenía una curda, por decir lo menos, notoria. Alberto, mi marido, me invitó a almorzar y a curármela a un restaurante de mariscos que se encuentra en San Ángel, frente a un jardín donde se exhiben y venden pinturas, esculturas y artesanías.

Ya en el restaurante Alberto le habló por el celular a Fernando, un amigo que también estuvo en la fiesta para que nos acompañara, llegó como en diez minutos y comimos y bebimos lo suficiente para encontrarnos satisfechos y de buen talante. Charlamos un poco sobre diversos temas y Fernando nos invitó a su casa a oír música y continuar la conversación. Yo tenía muchas ganas de ir ya que Fernando me simpatiza mucho y siento cierta atracción hacia él, que se ha ido acentuando a tal grado que en la fiesta al estar bailando con él, dejé que pegara su cuerpo al mío y al sentir su verga dura como por reflejo le acariciaba desde el hombro hasta el cuello y en respuesta Fernando me apretaba un poco más. Eso fue todo, lo suficiente para ponerme caliente y deseosa de más. Alberto aceptó, pero antes quiso ver los trabajos artísticos expuestos en la plaza y dimos una vuelta por el jardín.

Yo llevaba un vestido corto de tela ligera y sandalias, me gusta lucir mis piernas y notaba como Fernando no dejaba de mirarme, acordándome de la noche anterior empecé a excitarme, lo cual motivo la humedad entre mis piernas y que mi tanga se mojara. No tengo cuerpo de modelo, pero soy atractiva, con un trasero parado que llama la atención, así que me adelantaba para coquetearle sin que fuera muy notorio, sabiendo que él no me iba a quitar la vista de encima.

Debo aclarar que mi esposo me permite darle rienda suelta a mi sexualidad siempre y cuando el participe de manera directa o indirecta, lo que a mí me tiene feliz, ya que sin llegar a excesos incontrolables y nocivos esto me permite un mundo de placer que antes apenas presentía.

Llegamos al departamento de Fernando, nos sirvió unos tragos, puso música y nos sentamos a conversar. Hablamos de todo un poco, de la fiesta, del baile y yo aproveche para invitarlo a bailar, recordando la manera en cómo me estrechaba, él con una sonrisa, pero un tanto indeciso, aceptó y me tomó en sus brazos de una manera discreta.

Alberto fue al baño y Fernando aprovechó el momento y me empezó a besar, primero en el cuello y luego en la boca, yo me deje y le pegué mi cuerpo. Al oír la puerta del baño Fernando se separó y seguimos hablando normalmente. Yo quería decirle que no había problema con Alberto, pero no quise tomar la iniciativa. Así siguió la tarde, entre bailar con uno y con otro y conversar.

Sintiendo como el ambiente se hacía más relajado cada vez y como Fernando aprovechaba cada ocasión que podía para acariciarme las piernas o de plano tomarme de las nalgas.

En una ocasión en que bailaba con Fernando, Alberto me metió las manos por debajo del vestido y me quito la tanga toda húmeda, Fernando se sorprendió momentáneamente, en breve reaccionó y entendió de que se trataba, yo por mi parte entendí la señal y me dediqué a gozar lo que fue una de las secciones de placer más intensas de mi vida.

Seguí bailando con Fernando pero ahora de una forma totalmente desinhibida, le pasé los brazos por el cuello y él me tomaba de las nalgas, apretándome y haciéndome sentir su bulto, que yo sentía de buen tamaño, lo besaba en el cuello, él por su parte me acariciaba la espalda, las nalgas y me besaba en la boca.

Continuamos bailando, yo pasaba de los brazos de uno a los brazos del otro, sintiendo sus caricias y escuchando de ambos piropos acerca de lo buena que estaba y de lo puta y caliente que les parecía. En una de las piezas mientras bailaba con Fernando, Mi marido me quitó el vestido y quedé totalmente desnuda, excepto por las zapatillas y así continuamos bailando por un buen rato, yo desnuda, sintiendo como mis jugos escurrían por mis muslos y ellos vestidos y con sus miembros notoriamente erectos bajo la ropa.

En una pieza mientras bailábamos me puse en cuclillas, le abrí el cierre del pantalón a Fernando, mientras Alberto nos observaba sentado y con su copa en la mano, saqué su gran verga con una mano y me la metí en la boca, golosa se la empecé a mamar, mientras con la otra mano me acariciaba el clítoris y me metía dos dedos, en poco tiempo tuve mi primer orgasmo, me levanté, me abracé a Fernando y continuamos bailando al ritmo de la música.

Fernando se compuso la ropa y enseguida Alberto me tomó en los brazos para seguir bailando, me temblaban las piernas, cerré los ojos sintiendo las caricias de mi esposo y su voz que me decía que le encantaba tener una putita como yo. Fernando se acercó por detrás y entre los dos me acariciaban, sentí como Fernando me besaba la espalda, las nalgas y como un choque eléctrico cuando me separó las nalgas y me besó el culo. Sentí también como la mano de Alberto bajaba a mi concha, me metía sus dedos, me estremecí y me vine por segunda vez. Fernando se quitó la ropa mientras Alberto prácticamente me sostenía, después se sacó la verga y me puso a mamársela y le indicó a Fernando que en la bolsa del saco traía unos condones, él se lo colocó, se acercó por detrás y sin dificultad me metió esa verga que deseaba tanto, la metía y sacaba con fuerza y al sentir que se venía, me vine nuevamente.

Fernando nos invitó a su recámara, Alberto me tomó de la mano, me puso en cuatro sobre la cama y me empezó a coger con fuerza, que es como más me gusta. Fernando se repuso y me puso su verga en la boca, ¡como me calienta tener dos vergas para mí!, no sé cuantas veces más me vine mientras me cogían en varias posiciones, me mamaron el coño, algo que me encantó fue cuando uno de ellos, me cogía parada por atrás, mientras el otro me mamaba el coño. Después nos bañamos todos juntos y mientras me enjabonaban me volteaban, yo me apoyaba en la pared, paraba el culo y me la metían. Nos vestimos, es un decir, ya que yo solo me puse el vestido, pues Alberto se guardó la tanga ya que le gusta que ande así.

Fernando nos invitó a cenar y de ahí fuimos a un dance table, yo seguía caliente y ahí me puse más, al ver por todos lados mujeres desnudas y hombres con miradas llenas de deseo.
Fernando le invitó a mi esposo una chica para que le bailara, mientras él me empezó a acariciar las piernas, yo las abrí y ahí me metió los dedos, al sentir que el orgasmo se acercaba cerré los ojos y busqué a tientas la mano de Alberto, se la apreté y me vine una vez más.

En un momento en el que Alberto y Fernando platicaban, se me acercó un tipo y me dijo que le gustaría cogerme y que iba a ser muy generoso conmigo ya que le gustaba mucho y se veía que era muy caliente, yo le seguí la corriente y no le aclaré nada de mi situación, sólo le dije que mis precios no eran nada generosos y señalando a Fernando y a mi marido le dije que ellos ya me habían pagado por toda la noche, me encantó que me confundieran con una puta, bueno, con una puta profesional.

Estuvimos un poco más y decidimos retirarnos pues había sido una larga y fatigosa jornada, al subirnos al coche le dije a mi marido que quería ir en el asiento trasero con Fernando, me sonrió y abrió la puerta trasera. En el camino a la casa de Fernando nos fuimos besando y el me acariciaba con ternura, al despedirnos le acaricie su bulto mientras le decía que quería verlo nuevamente, me contesto que nada le gustaría más.

Al llegar a casa nos acostamos y me acurruqué en los brazos de mi marido, cansada, con ganas de dormir y absolutamente satisfecha.

Autora: Diana C.

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Iniciando el intercambio

Rosa se estaba acariciando su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones. Yo tenía una erección de campeonato, miraba como Fernando acariciaba el cuerpo de mi mujer, la situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Hola, todo empezó por el morbo que tenía por crear situaciones comprometidas con mi mujer, viendo como podía excitar a otros hombres a la vez que nos excitábamos nosotros. Somos un matrimonio de cuarenta y dos años y nos encontramos en una situación física todavía aceptable. Mi mujer es morena y se conserva muy bien, mide 1,70 m y tiene un cuerpo muy apetecible. Su pecho es de tamaño medio, lo suficientemente grande como para no poderle abarcar con la mano. Las piernas están bien formadas y su culito está bien redondo y nada caído,

A mi cada día me excitaba más la situación pensar como mi mujer podía calentar a otros hombres. La primera experiencia la tuve sin conocerlo mi mujer. Un día iba a venir a casa  un técnico para arreglar el calentador de agua que estaba estropeado; se me ocurrió dejar sobre la mesa de la cocina unas braguitas diminutas de mi esposa  y al lado un álbum de fotos íntimas que nos habíamos ido haciendo. Cuando llegó el técnico se puso a hacer su tarea y yo discretamente me fui al salón desde donde disimuladamente podía observar lo que hacía sin que fuera visto. Pude comprobar como nada más salir cogió las braguitas y las olió restregándoselas por la cara y volviéndolas a dejar en su sitio a la vez que se tocaba su entrepierna por encima del pantalón. La situación me estaba haciendo poner muy caliente, deseando que se fijase en el álbum de fotos, cosa que ocurrió de inmediato.

Abrió el reportaje por la primera hoja y pude comprobar la cara de sorpresa que ponía, allí aparecía mi mujer con un salto de cama negro muy corto y trasparente. Después pasó a la siguiente foto, donde aparecía con el mismo conjunto y con ligueros, medias negras y zapatos de tacón altos. Vi que no pudo evitar tocarse con una mano mientras que iba pasando más hojas donde aparecía mi mujer totalmente desnuda y en diferentes poses. Yo observaba totalmente excitado pensando en que cuando se fuese me iba a masturbar. Una llamada de teléfono me hizo salir del trance al igual que al técnico que poco después me decía que había terminado y que si podía pasar un momento al baño. Yo le dije que si y me situé junto a la puerta cerrada para ver si podía oír que hacía. Por el ruido acompasado que fue poco a poco haciendose más virulentito pude suponer que se estaba masturbando con la visión en sus retinas del cuerpo de mi mujer

Un día le dije ponte ese vestido que se abrocha por delante, dejando desabrochados más botones  de lo que sería normal. Escogí de su lencería unas diminutas braguitas  blancas y totalmente transparentes, de esas que cubren escasamente el bello púbico. Ella me preguntó que quería hacer y la dije que  ya se lo diría.

Nos montamos en el coche y nos acercamos hasta una gasolinera donde yo me había fijado que el dependiente miraba siempre a mi mujer desnudándola con la mirada. Cuando estábamos llegando le dije que se desabrochase un botón más con lo que el vestido quedaba abierto justo a la altura de su braguita dejándose ver una trocito blanco de su minúscula braga.

Una vez en la gasolinera le dije al dependiente que por favor limpiase la luna del coche y yo me metí en la tienda para desaparecer de la escena y observar disimuladamente todo lo que ocurría. Enseguida pude comprobar como invertía más tiempo de lo necesario en limpiar los cristales, dándose una buena ración de vista con las morenas y bien torneadas piernas de mi mujer; pude comprobar que tenía una gran erección y que disimuladamente se restregaba contra el coche sobre todo después de que mi mujer se girase para coger una revista del asiento trasero y situársela a la altura de la cara para que él pudiera mirar con más descaro. Transcurrido un rato pensé que ya era suficiente y salí de la tienda y pagué la gasolina. Al entrar en el coche casi me da algo, mi mujer tenía el vestido totalmente abierto a la altura de la cintura, sin duda se abrió más al girarse para coger la revista. Se veía totalmente su braguita blanca, trasparentando el bello púbico que incluso se asomaba por encima del minúsculo triangulo de la braguita, se notaba también una incipiente corrida pues la braga marcaba un ligero brillo provocado por la humedad de sus flujos.

Le pregunté que tal la experiencia a lo que ella me contestó que no había sido nada del otro mundo, pero al llevar mi mano a su entrepierna en forma de caricia pude comprobar que estaba totalmente mojada, cosa que me excitó de gran manera. Arranqué el coche y nos fuimos pero inmediatamente di la vuelta y le dije:

– Vamos a la gasolinera otra vez, seguro que el empleado está masturbándose pensando en ti.

Al llegar pudimos ver que salía del servicio, marcándose todavía un gran abultamiento en su pene.

Mi mujer dijo, seguro que ya se ha masturbado pensando en la ración de sexo que le he dado y esto me está poniendo muy caliente, empezando a tocarse por encima de la braguita.

Yo no sabía que hacer pues la polla me iba a estallar, así que nos alejamos un poco y bajando del coche le dije a mi mujer que se tocase y me dijese lo que había sentido.

Se abrió totalmente el vestido y empezó a tocarse metiéndose los dedos en su vagina y con la otra mano acariciándose el pecho por encima del sujetador que fue separando poco a poco, mientras que me contaba que notaba como el coche se movía al restregar su paquete contra la puerta y que en un momento dado alcanzó a ver su cara que delataba la excitación que estaba teniendo. Yo mientras la observaba me masturbaba disfrutando del espectáculo hasta que sin poder aguantar más eyaculé sobre su vientre. Mientras ella aceleró el ritmo de sus dedos hasta estallar en un ruidoso orgasmo.

Después de ese rato tan agradable nos compusimos las ropas y nos fuimos a seguir disfrutando del caluroso día de verano.

Otro día en que el cuerpo nos pedía guerra  decidimos ir a cenar y ver como nos podíamos divertir. Mi mujer se puso un vestido ceñido y bastante corto, sin llegar a ser una minifalda. Debajo se colocó unas braguitas negras transparentes y un liguero también negro con medias hasta medio muslo. Realmente estaba preciosa entrándome ganas de poseerla allí mismo. Una vez en el restaurante nos dimos cuenta que en la mesa de enfrente a mi mujer había una pareja ya entrada en años y que el hombre no dejaba de mirar disimuladamente a mi esposa. Yo le dije, cruza las piernas y le enseñas algo más. Al hacer esto la falda se le subió de forma considerable dejando ver el dibujo del final de las medias y parte del liguero. El hombre miraba absorto notándose que se estaba excitando por el rubor de su cara.

En esto estábamos cuando observé que había otro espectador: el camarero, que no perdía detalle de las piernas de mi mujer. Se lo hice saber a ella que inmediatamente descruzó las piernas, lo que provocó que involuntariamente el vestido se subiese más dando una magnífica visión de sus muslos hasta el final de su liguero  y el comienzo de su  braguita, seguro que se vería el pequeños triángulo de la braguita trasparentando todo el bello. En ese momento pudimos comprobar el efecto de la nueva visión pues al hombre de la mesa de enfrente se le cayó la copa de las manos y el camarero se acercó disimulando con la intención de atendernos. No dejaba de mirar disimuladamente, desde su sitio podía ver perfectamente el principio de las braguitas e incluso como se trasparentaba el bello púbico. Se le notaba como poco a poco iba apareciendo un gran bulto en su pantalón. Una vez que tomó la nota se alejó de nuevo. Entonces mi mujer me dijo que si no estábamos yendo demasiado lejos pues estaba enseñando todas  sus piernas y su conejito a través de la transparente braguita y que el hombre de la mesa de enfrente se estaba tocando su paquete sin que su mujer se diese cuenta de nada. Poco después vimos que se levantaba e iba al baño tardó unos minutos en volver y mi mujer me dijo: seguro que este también se está haciendo la mejor paja del año a cuenta de mi chocho.

Yo le dije que estaba bien, que podía llegar hasta donde quisiera a lo que me contestó que la última provocación llegaría con el postre. Así fue cuando el camarero trajo los postres mi mujer giró totalmente el cuerpo en su asiento con el pretexto de preguntarle como eran los postres. En ese momento dejaba ver totalmente su braguita, ya totalmente humedecida y que se había introducido entre sus labios mayores con lo que se veía sin ningún problema parte de su sexo enmarcado por el vello púbico. La reacción del camarero fue instantánea  produciéndole una gran erección, cosa que después supe a mi mujer la excitó muchísimo. Después de tomarnos nota y explicar el contenido de los postres con todo lujo de detalles y tardando todo el tiempo que pudo se fue. En ese momento mi mujer le llamó otra vez y le dijo que en la factura debería descontar la ración de sexo que se había dado. El camarero se puso totalmente colorado y nos pidió disculpas, diciéndonos que la había resultado imposible no mirar y que era una mujer muy bella. A continuación nos dijo que le gustaría presentarnos un día a su mujer y que nos daba su teléfono móvil por si queríamos llamarles en algún momento.

Unos días más tarde, en que estábamos un poco aburridos, nos acordamos del camarero y decidimos llamarle. Atendió inmediatamente la llamada y comunicándonos que era una agradable sorpresa nos propuso quedar a comer y que él nos invitaba para de alguna forma pagar la ración visual que mi mujer le había dado de su coño.

Quedamos en un restaurante de la playa, nos presentamos y yo me quedé realmente perplejo de la belleza de Rosa su mujer. Es una mujer de nuestra edad, rubia, y con unas voluptuosas formas, sobresaliendo sus bien formadas piernas y su pecho bastante más grande que el de Ana, mi mujer. Iba vestida con un vestido corto de playa, con lo que al sentarse me permitía contemplar con tranquilidad sus bonitas piernas, pero sin llegar a ver mas, a pesar de los intentos disimulados que hice.

Al final de la comida, nos propusieron darnos un baño pues hacía mucho calor. Nosotros tuvimos que contestar que lo sentíamos mucho pero que no habíamos traído ropa de baño, a lo que Rosa nos dijo que no había problema pues ellos vivían muy cerca de allí y que ella era representante de ropa de baño y lencería y que tenía mucha ropa en casa por lo que nos podría prestar algo.

Decidimos aceptar la invitación y nos dirigimos a su casa. Una vez allí le dijo a mi mujer que pasase a una habitación contigua y que se pusiese lo que quisiera. Mientras los demás esperábamos en el salón tomando unas cervezas. Como tardaba mucho en salir la preguntamos que pasaba y nos dijo que la daba un poco de vergüenza salir y mostrarse en bañador delante de todos. En ese momento Rosa dijo, no te preocupes si quieres yo también me desvisto y sin pensarlo se sacó el vestido quedándose delante de nosotros  con un bikini rojo precioso. Yo no podía dejar de mirar su cuerpo, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Entonces mi mujer salió, pero todos protestamos pues llevaba un bañador de cuerpo entero y aunque no estaba mal no era de lo más erótico. Rosa entonces dijo: déjame a mi que te voy a dar algo más atrevido, en efecto, cuando salió de la habitación no podía creerlo, estaba con un mini bikini azul que la tapaba escasamente las aureolas de los pezones dejándose ver parte de su pecho por los laterales y en la parte inferior asomaba parte del vello de su sexo. Fernando, el camarero, miraba con lujuria y yo estaba empezando a tener una extraña sensación de placer y celos viendo a mi mujer casi desnuda en la habitación del apartamento de nuestros amigos. Fernando estaba totalmente empalmado tratando de disimular el bulto entre las piernas. Yo mientras me tocaba disimuladamente mi paquete sintiendo un gran placer por la situación al ver a mi mujer casi desnuda delante de Fernando.

Ana dijo que no era justo lo que hacíamos pues ella estaba casi desnuda y los demás vestidos. Rosa entonces dijo:

– No te preocupes me voy a poner un modelo que seguro os gustará a todos.

Se metió en la habitación y al instante salió con un bikini que nos dejos a todos de piedra, yo casi me corro en ese mismo momento. Era un bikini de un material nuevo totalmente transparente. Se veían perfectamente las aureolas de sus pechos erizadas por el seguro placer que ella misma estaba teniendo al mostrarse de esa manera. La parte inferior del bikini dejaba ver un triangulo de vello púbico perfectamente recortado y  totalmente rubio, por lo que pude comprobar que era rubia de verdad.

La situación se había puesto muy caliente. A Fernando se le notaba una mancha en el pantalón que indicaba una ligera corrida, sin quitar en ningún momento la vista del sexo de mi mujer y mirando fijamente los pelillos que salían de entre la braguita.

A mi no se si me daba más placer el ver a la mujer de Fernando prácticamente desnuda o a mi mujer de esas manera delante de todos. El caso es que deje de tocarme disimuladamente pues veía que me iba a correr.

Mi mujer de pronto dijo que se iba a poner algo más decente y que bajásemos a la piscina pues se encontraba algo incomoda con la situación. Así lo hicimos.

Ya en la piscina mi mujer me comentó que había tenido un orgasmo viendo como la miraba Fernando y por la gran excitación que marcaba su paquete a pesar de sus intentos por disimularlo. También me dijo que se había dado cuenta de que yo me estaba tocando la polla por encima del pantalón, preguntándome que si era por verla a ella o por Rosa. Yo la dije que por ambas, pero que la primera excitación me la produjo ella al aparecer con el minúsculo bikini y que me daba mucho morbo que la mirase Fernando y que se le saliesen pelillos por encima y por los lados de la braguita.

En la piscina primero estuvimos nadando un rato y después empezamos a jugar entre nosotros, lo que provocaba algunos roces accidentales que empezaron a subir la temperatura. Yo vi como en un giro aparentemente involuntario Fernando se agarraba al pecho de mi mujer saliéndose en ese momento sus preciosas tetillas del sujetador. Fernando se disculpó pero siguió jugando. Su bañador no podía ocultar su pene totalmente empalmado.

En otro momento del juego Rosa me tocó la polla sin disimulos y arrimándose al oído me dijo: veo que estás bien armado, quizá luego pueda saborear algo mas. Yo me puse muy nervioso y no sabía exactamente que quería decir. Mientras veía como Fernando jugaba con mi mujer agarrándola por detrás y pegándose completamente a ella. Mi mujer debió percibir el grado de excitación de Fernando pues en un acto reflejo se separó rápidamente de él. Se la veía azorada pero con cara de excitación parecida a cuando nosotros hacíamos el amor.

En un momento que pudimos estar juntos me dijo que Fernando la había restregado la polla por su trasero y que se había excitado mucho pues sin ningún reparo y como si fuese accidentalmente la había agarrado su sexo dejando su mano más tiempo del que sería normal por accidente, incluso la pareció que había subido y bajado suavemente sus dedos acariciando sus labios mayores.

Yo le dije que si la parecía que la cosa se nos escapaba de las manos nos podíamos marchar. Ella me contestó que mejor si nos íbamos, lo que comunicamos a nuestros amigos que propusieron subiésemos a su casa a cambiarnos.

Fernando nos dijo amablemente que podíamos ducharnos antes de irnos, por lo que pasamos mi mujer y yo al baño. Una vez dentro mi mujer me dijo que por favor le comiese el coño pues estaba muy caliente. Yo empecé a tocarla excitándola más pero quizá pensando que la fiesta podría ser mejor dejé de hacerlo con el pretexto de que continuaríamos en nuestra casa.

Después de ducharnos, ya vestidos esperamos por cortesía a que se duchasen nuestros amigos y despedirnos.

Al poco tiempo salieron  del baño y de nuevo volvimos a quedar sorprendidos. Rosa salía vestida únicamente con un minúsculo tanga negro transparente mostrándose totalmente desnuda y sin complejos. Fernando salía con un batín corto abrochado pero notándose un abultamiento en la entre pierna por lo que se deducía que no llevaba nada puesto debajo y que estaba totalmente empalmado. Yo no sabía que hacer ni adonde mirar, así que busqué la mirada de mi esposa para ver como reaccionaba y que podríamos hacer. Entonces me llevé una gran sorpresa, se había metido la mano debajo de su falda y daba toda la impresión que se estaba masturbando disimuladamente, por lo que decidí sentarme a su lado y empezar a besarla y toquetearla por todos los lados. Mi mujer cerró los ojos arqueando su cuerpo para atrás, relajándose en el sofá. Lentamente la fui acariciando las piernas mientras iba subiéndola poco a poco la falda hasta dejar a la vista su diminuta tanguita humedecida ya por el flujo de sus jugos.

En ese momento se acercó Fernando con la bata completamente abierta y luciendo una erección enorme, cosa que hice saber a mi mujer diciéndola que abriese los ojos y contemplase el tamaño de semejante instrumento. A ella le pareció gustar pues respondió con una pícara sonrisa volviendo a cerrar los ojos. Entonces Fernando sin ningún tipo de reparo empezó lentamente a acariciar el sexo de mi mujer por encima de la braguita, metiendo delicadamente los dedos entre los bordes y a aproximándose cada vez más a su clítoris. Yo no salía de mi asombro pues nunca había vivido una experiencia igual, estaba compartiendo a mi mujer con otro hombre y sin embargo la situación me excitaba terriblemente al igual que a mi mujer que se había dado cuenta de la situación abriendo los ojos y con una sonrisa aprobando lo que estaba haciendo Fernando que ya se había lanzado a mordisquear los pezones de mi mujer.

Mientras tanto Rosa sentada en un sillón enfrente de nosotros se estaba acariciando con una mano  su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones que aparecían totalmente erectos. Yo tenía una erección de campeonato, limitándome a mirar como Fernando empezaba a acariciar todo el cuerpo de mi mujer, sustituyéndome sin ningún reparo. La situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Decidí incorporarme más activamente a la fiesta y sacando mi pene del pantalón empecé a masturbarme mirando a mi mujer totalmente entregada  a las caricias de Fernando. En eso estaba cuando los jadeos de Rosa me hicieron fijarme en ella, se estaba masturbando contemplando también el espectáculo. Se había quitado la braguita y se metía frenéticamente dos dedos en su vagina mientras con la otra mano no dejaba de acariciarse el pecho. En  ese momento me levanté del sofá y sin más miramientos me acomodé entre sus piernas empezando a dar lengüetazos sobre su sexo que estaba totalmente inundado de flujos vaginales. Sabia delicioso, con lo que me entregue a comérselo desaforadamente hasta que llegó al primer orgasmo. Entonces empezó a gritar ¡Fóllame, Fóllame! Le dije túmbate en el suelo y cuando me disponía a penetrarla, reparé que mi mujer ya estaba siendo follada por Fernando agitándose como una posesa del placer que estaba sintiendo. Eso me excitó aun más y empecé a bombear con fuerza a Rosa hasta que los dos explotamos en un ruidoso orgasmo.

Unos minutos más tarde nos despedíamos y en silencio nos marchábamos para casa cogidos de la mano. Ana llevaba una sonrisa que delataba el grado de satisfacción que había tenido y yo iba pensando en que todavía la quería más y en la comida de coño que la iba a hacer en cuanto llegásemos a nuestra casa, recordando todo lo que había sucedido en esa tarde.

Autor: Setiembre

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Orgía inesperada

María galopaba sobre Fernando, cuando sintió la presencia del aparato de Martín en la entrada de su ano, sin dejar de moverse sobre Fernando lo invitó a pasar, Martín le introdujo entera su verga, María era poseída por ambos, sus gemidos eran impresionantes, su cara reflejaba la excitación del momento, sus ojos en blanco parecían anticipar un desmayo, pero era un gozo realmente extremo.

Primero que nada una pequeña presentación, me llamo Juan, vivo en Buenos Aires, Argentina, tengo 29 años, hace tiempo que tengo ganas de contarles alguna de mis experiencias con el sexo. Soy una persona muy apasionada, morbosa y desinhibida con respecto a las prácticas sexuales, y me encanta disfrutar de mis instintos. Este suceso que paso a relatarles, sucedió hace un par de años, pero lo recuerdo como si fuera hoy.

Yo me muevo generalmente con un grupo de amigos, que nos conocemos desde hace más de diez años, vamos a mismo club todos los fines de semana, desde que éramos niños nomás, así fue que un viernes programando el fin de semana, recibí en mi trabajo una llamada de mi amigo Jorge, en el que me dijo tenía ganas de armar una fiesta en su casa de fin de semana, para la ocasión había convencido a la chica con la que estaba saliendo que reclutara cuatro o cinco amigas, la empresa prometía por demás, ya que además de ser muy linda Leticia, así se llamaba, era una autentica “guerrera”, Jorge me pedía moviera los hilos para juntar nosotros, una tropa de similares características.

En cinco minutos nomás me comuniqué con algunos de mis amigos, Fernando, Martín y el Negro, quedamos en la hora y el lugar donde encontrarnos, además de distribuir rápidamente las tareas, en cuanto a las provisiones a comprar. A mí como “Pope gastronómico del grupo” me tocó encargarme de comprar unas carnes para realizar un característico asado a la criolla.

Bueno, luego de cumplir cada uno con nuestros deberes, finalmente nos juntamos en la casa de Jorge, y emprendimos tipo 9 PM el viaje hacia donde las chicas se habían juntado, la excitación recorría como impulsos eléctricos nuestros cuerpos, porque aunque es arriesgado y uno puede llevarse terribles sorpresas, el hecho de concretar una cita a ciegas tiene un gran dejo de aventura y misterio que la mayoría de los mortales amamos, finalmente arribamos al apartamento de la chica, Jorge bajó y tocó el timbre, nosotros pegados a las ventanillas de los autos en los que nos desplazábamos, uno era el mío y en el otro el del negro.

Comenzamos a desmenuzarlas con la mirada, apenas fueron apareciendo, y la verdad lo que estábamos viendo nos entusiasmó, de inmediato bajamos a presentarnos y a ayudar con sus bolsos, en ese momento comencé a percibir en el ambiente una sensación particular, sensual, todas ellas así como nosotros teníamos una mirada lujuriosa y excitante en nuestras caras, que revelaba un estado de excitación general prácticamente indisimulable. Junto a mí en el auto se sentó Martín, y atrás tres de las señoritas, María, Agustina y Natalia, María, morocha con ojos oscuros, no muy alta, 1,60 m, era la más callada, apenas si se presentó y devolvió algún elogio, los cuales le llovían de nuestra parte, y no era para menos, sus labios carnosos, la suavidad de su piel que se adivinaba por la falta de maquillaje, sus firmes pechos que apuntando hacia el frente parecían querer escapar de aquella blanca camisa que llevaba puesta y su perfectas piernas, que yo al pasar los cambios llegaba a rozar dado que ella se encontraba justo en medio en la parte trasera, coronaban un firmísimo culo que no estaba a la vista en ese momento pero que habíamos admirado cundo nos presentamos en la puerta de la casa.

Agustina sentada justo detrás mío, era castaña de tez morena y ojos verdes, su dulzura y timidez, se adivinaban en sus gestos, pero su voz era realmente sensual, no poseía grandes pechos pero sí un buen trasero y bonitas piernas, dada su altura, debía medir casi 1,70 m. Y por ultimo Natalia, una autentica muñequita, rubia de ojos azules, su rostro era realmente hermoso, todo esto acompañado por un suculento par de tetas, quizás un poco rellenita por debajo pero nada exagerado, tenia un culo carnoso y bien formado a pesar de ser un poco grande para su baja estatura, 1,60, o menos.

En el coche del Negro iban, él, Jorge y Fernando acompañados por Leticia y Camila, a Leticia yo ya la conocía, era un magnifico espécimen de mujer de 1, 65, castaña, de no muy grandes pero sí hermosas tetas, un riquísimo culo y lindas piernas, aparte de muy divertida y desfachatada, a Camila sólo pude observarla unos minutos mientras nos presentábamos y la verdad me había impresionado bien, era alta, 1,75 m, morocha de pelo bien cotito, ojos azules, no pude quitar mis ojos de encima de sus grandes y firmes pechos, largas piernas y un pequeño pero bien formadito culito.

El viaje transcurrió tranquilo, con charlas triviales y alguna que otra indirecta, pero todo muy divertido, Natalia llevaba la posta dando gala de su simpatía, al llegar a la casa de Jorge y luego de estacionar los autos, yo me dirigí a la parrilla, las chicas pusieron la mesa, algunos se cambiaron dado que se encontraban de traje y corbata, otros destaparon las primeras de las múltiples botellas de vino que habíamos traído, en fin nos organizamos un poco, para luego sentarnos a picar algo alrededor de la mesa.

Fue allí donde desinhibidos por el vino comencé a vislumbrar lo que iba a ser una gran noche, las charlas más subidas de tono ahora, calentaron la casa, a pesar del frío, y luego de servir la cena y en la sobremesa, apareció una baraja de cartas, los juegos se fueron sucediendo hasta que Martín propuso uno más atrevido, formar una ronda, tomar una carta con la boca y pasársela al compañero, las risas no se hicieron esperar, María preguntó: -“¿Y si se cae qué?”A lo que yo respondí:-” ¡María! ¡Si se cae, los frustrados pasadores deben darse un beso!”-A lo que ella respondió: -“Tanto problema por un beso, el que quiera uno que me lo pida que se lo doy gustosa.”

Inmediatamente me acerqué a ella al igual que mis amigos, ella me tomó de la nuca y me aplastó contra su boca, su lengua llegó casi hasta mi garganta, luego me soltó y tomó a Fernando y así hasta cumplir con todos inclusive con Jorge, Leticia disgustada, celosa quizá, sin pensárselo mucho, tomó al negro y comenzó a besarlo en señal de venganza, yo tomé de la mano a María y la llevé a un costado donde empezamos a besarnos y tocarnos frenéticamente, de reojo veía como todos tomaron pareja y comenzaron a apretarse mutuamente, Leticia y el negro, Fernando y Camila, Martín y Natalia, Jorge y Agustina. Poco a poco fuimos recostándonos todos en la mullida alfombra del living, yo mientras comenzaba a desnudar a María noté como ella estiraba su mano y acariciaba el bulto de Fernando que se encontraba al lado nuestro, cosa que me sobresaltó, y le pregunté: -“si quieres estar con él sólo tienes que decírmelo”-Ella me miró a los ojos, sus ojos desorbitados por la lujuria irradiaban fuego, me respondió: -“Los quiero a todos, de a uno de a dos o de a tres.”

Mi sorpresa fue grande como la de Fernando, pero aún más nos sorprendimos cuando Camila balbuceó: -“yo también.”-Era increíble, nosotros veníamos dispuestos a una buena parranda, pero ellas querían más, querían una desbocada orgía.

Así fue que me zambullí en las tetas de María mientras ésta le proporcionaba una buena paja a Fernando que a su vez desnudaba y besaba a Camila, en un instante que me levanté, para desprenderme de la remera, María se incorporó, tomó la verga de Fernando con ambas manos y comenzó a chuparla como poseída, Fernando giró y la tomó de la cabeza, Camila al encontrase libre, caminando lentamente en cuatro patas se dirigió hacia mí y con su mano en mi pecho, me recostó nuevamente en la alfombra, ahora boca arriba, terminó de desabrochar mis pantalones y se comió mi pene que palpitaba del placer, en esta posición pude ver lo que sucedía a nuestro alrededor. Jorge, ahora sí con Leticia practicaban un hermoso 69, el negro y Agustina totalmente desnudos en medio de la habitación, ella recostada en el piso, él encima de ella con su aparato entre sus tetas, bamboleándolo de arriba abajo gemían de placer, por ultimo aquélla cara angelical de Natalia, ahora transformada en codicia, se tragaba entera la verga de Martín mientras con su mano derecha comenzaba a acariciar a Jorge.

Este, al percatarse de aquello, separándose de Leticia y tirando firmemente de las piernas de Natalia para que ella se posesionara en cuatro patas, sin dejar de degustar la verga de Martín como el más rico de los helados, y así sin mediar palabra, Jorge se acomodó detrás de ella y la penetró por su babeante agujero hasta que sus testículos chocaron con su cola, comenzando un mete y saca sensacional, Leticia insatisfecha espectadora de todo aquello, levantó su cabeza buscando ayuda, sus ojos se cruzaron con los míos, donde encontraron refugio, ella se acercó a mí y al oído me dijo: La comida estaba muy buena, no querés un rico postre”, seguidamente y sin molestar a Camila que seguía trabajando a pleno en mi miembro se acomodó sobre mi cara, yo dirigí primero mis ojos, luego mi lengua a aquella hermosa conchita, mojada y tierna, sus labios eran finos, su color era oscuro, su clítoris se podía ver fácilmente, así que me decidí a chuparlo como quien chupa un carozo.

Su inmediata respuesta fue un: Ummmm de placer, lo que me decidió a esforzarme aún más en la tarea. Luego de un rato de mantener esta posición y percatándose Camila que mi final se hallaba próximo, soltó mi miembro y luego de decirle unas palabras al oído a Leticia, intercambio posición con ella, ahora sentía la suave boca de Leticia en mi Verga y la depilada conchita de Camila en mi boca, era aún más jugosa que la anterior, sus labios eran más gruesos, su aroma era refrescante, una exquisitez, siempre me ha gustado chupar a las mujeres, realmente lo disfruto.

Yo había perdido todo contacto con los demás participantes de esta singular festiorgía, así que decidido a penetrar a alguna de mis dos hembras les pedí que se incorporaran, ambas lo hicieron. Giré mi cabeza y vi como Fernando llenaba la boca de María con su esperma, al ver esto, Camila se inclinó a ayudarla y recibió también su ración, Leticia sentada en la alfombra enfrente mío, abrió las piernas llamándome a mi tarea, cosa que no dudé en hacer, así, lentamente acerqué mi hinchada pija a su caliente asilo y la introduje lentamente, el placer fue extremo, muy suavemente por momento y frenéticamente en otros comencé a poseerla con ímpetu y pasión, mientras de reojo observé como, Fernando le comía la concha a María, retribuyéndole el buen momento vivido.

Camila, sin pareja y muy caliente buscaba en el cuarto una pija para ella, al otro lado del cuarto aún se encontraban Jorge, Martín y Natalia, Natalia, seguía recibiendo las embestidas de Jorge mientras tragaba la verga de Martín, Camila se acercó y agarró el aparato de Martín y lo llevó hacia ella, Natalia lo soltó, un poco ofuscada tal vez de quedarse con la mitad de su equipo, pero aceptó y dándose vuelta se dedicó por entera a Jorge que ahora además de penetrarla le chupaba las tetas y la besaba a su antojo, Camila se puso en cuatro, arqueó su espalda como suplicando ser penetrada, Martín con su aparato en la mano se acercó a ella y de un golpe la penetró, pero el grito de Camila nos sobresaltó, todos pudimos ver su mueca de dolor, el bombeo de Martín se incremento al igual que los lamentos de Camila, pero de a poco estos se volvían gemidos, él atacó su culo con todo, ella no lo esperaba, pero ahora lo disfrutaba, a pesar de mantener una gran sed en su agujero delantero, se saciaba con el inesperado regalo de Martín.

El Negro acababa en ese momento entre las tetas de Agustina, que desesperadamente sacaba la lengua para degustar su leche, al mismo tiempo que se agarraba las tetas, Yo al ver esto no aguanté más, sentí que me venía, así que retiré mi aparato de entre las piernas de Leticia y se lo introduje en la boca, donde fue recibido con gran alegría, Leticia abrió su boca, sacó la lengua y recibió mis múltiples chorros de esperma hasta tragárselo todo, luego relamiéndose los labios y mirándome a los ojos me dijo: “gracias por tan rico postre”

Martín que seguía partiendo en dos el culo de Camila se corrió abundantemente en la espalda de ésta, sacó su aparato y Camila dándose vuelta se dedicó a limpiarlo a conciencia, Leticia y Agustina casi corrieron a limpiarle la espalda a su amiga con sus lenguas, sedientas de sexo, limpiaron todo el esperma de Martín del Cuerpo de Camila.

Jorge y Natalia gritaron de placer al llegar al éxtasis, él no se despegó de ella ni un segundo, llenando su agujero hasta rebalsarlo con su esperma, se besaban, se acariciaban, era la única escena tierna en la habitación, ya que todos los demás y me incluyo, estábamos sacados, buscábamos más y más sexo.

Mi excitación continuaba, a pesar de haber acabado hacía sólo unos minutos, me acerqué a Agustina y por detrás comencé a morderle el cuello, ella sintió un escalofrió, su piel se erizó y arqueó su espalda apoyando su trasero en mi verga que comenzaba a crecer nuevamente, la empujé suavemente hasta que ella quedó delante mío en posición perrito, avancé con mi cara directo a su bellísimo culo y con mi lengua lamí su culo con gula, de la misma manera lo hizo Camila pero con el mío, y Martín con el de ella, era una especie de trencito de placer. Leticia compartía ahora a Jorge con Natalia, ambas chupaban su verga a turnos, parecían pelearse por un poco de aquel pedazo de carne.

El negro se situó delante de Agustina, aumentando los vagones de este singular tren, yo retiré mi lengua de su ano y tomé mi verga, ya lista para la batalla, y se la introduje muy de a poquito en ese pequeño, pero ya dilatado agujero, Agustina me ayudaba empujando ella misma hacia atrás, al tiempo que gruñía de dolor y placer. Sentí como Camila dejaba de lamer mi culo y la vi pasar hasta sentarse frente al negro y ofrecerle su muy húmeda concha, a la que el negro se entregó por completo, sumergiendo su cara entre sus piernas.

María galopaba sobre Fernando, cuando sintió la presencia del aparato de Martín en la entrada de su ano, primero hizo una mueca de susto, luego le sonrió y sin dejar de moverse sobre Fernando lo invitó a pasar dentro de ella, Martín esta vez lentamente y luego de lamerla un poco en su aparentemente virgen agujero, le introdujo entera su verga, María era poseída por ambos, sus gritos y gemidos eran impresionantes, su cara reflejaba la excitación, el dolor y el goce del momento, sus ojos virtualmente en blanco, parecían anticipar un desmayo, pero no, era un gozo realmente extremo.
Mirando la cara de Camila, imaginé la de Agustina, que no podía ver y me corrí en su interior, me fue la vida en aquello, caí rendido en la alfombra, mientras ella giraba y me limpiaba, agradecida del momento que le había echo pasar, casi durmiéndome, recuerdo haber escuchado uno tras otro las acabadas de todos.

Con las primeras luces del día, abrí los ojos, la escena era increíble, 10 cuerpos desparramados en aquella alfombra, todos desnudos, algunos encima de los otros, el olor a sexo que impregnaba la habitación, poco a poco se fueron despertando todos, nos fuimos vistiendo para ir juntos a desayunar. Luego de tomar el sol y del almuerzo planeamos una siesta conjunta, pero eso se los debo para la próxima…

Saludos cordiales,

Autor: Juan El Poseidón

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Follada por dos policías

Alex abrió mis piernas, levantó mi faldita, con uno de sus dedos corrió mi tanguita, y sin ningún aviso empujó de un solo golpe más de la mitad de su verga, produciéndome un dolor inmenso y un grito por mi parte, se quedó un momento quieto, mientras pasaba sus brazos y tomaba mis hombros, empezando el mete y saca, que me producía una sensación entre dolor y placer que me fascinaba.

Me presento, mi nombre es Camilo, tengo 21 años, soy bisexual, muy morbosa y pervertida, me encanta vestirme de zorrita, perrita o putita, ropa de nenita muy insinuante. Soy principalmente pasiva, mi nombre de perrita es Dana, mido 1.69, buen cuerpo, pues voy 3 veces por semana al gym, buenas piernas y un culito redondo, paradito y apretadito, tez trigueña, cabello negro hasta los hombros, ojos miel.

Ahora si la historia, quedé con un chico que conocí por el Chat de ir a un café gay en mi natal Bogotá, así que aunque sólo fuésemos por un café, me preparé por si algo. Me depilé, me puse una tanga de hilo rosada, me puse unas medias de malla negras hasta medio muslo, ademas llevaba un bra tambien negro, para ocultar esto llevaba medias y zapatos de hombre, al igual que un jean y una chaqueta. En mi maleta llevaba unos sexys tacones negros transparente de aguja y plataforma de 15 cm de alto, al igual que una faldita negra que me daba hasta medio muslo, una blusita ombliguera de mangas largas color azul cielo, y por supuesto maquillaje de perrita caliente.

Todo iba bien, salí de mi casa y tomé mi transporte, al llegar me encontré con el chico del Chat, tomamos asiento quedando muy juntos en el sillón, disimuladamente le mostré lo que llevaba puesto y eso lo calentó, por ser un sitio gay había muchos hombres abrazados y besándose, en un momento Miguel (que era su nombre) me besó y con mucha cautela deslizó su mano derecha hacia mi culito, metió su mano en mi tanga y uno de sus dedos entró sin pedir permiso, mientras tanto mi mano izquierda acariciaba su verga excitada por encima del pantalón, Miguel me propuso ir al baño, y como los dos ya estábamos muy calientes entonces lo hicimos, al llegar entramos los dos a un cubículo y yo me senté en el retrete, con él de pie al frente mío, bajé su cierre, bajé sus pantalones y su bóxer.

En ese momento apareció su verga de 17 cm., no muy grande, pero con un gruesa cabeza, la cogí con mis manos y con mi lengua recorrí todo su falo, huuuuummm que rica estaba, luego con mis labios succioné por un par de minutos hasta que se vino en mi boca, líquido que yo no desperdicié y tomé hasta la última gota.

Luego de eso quedamos de vernos para follar, pues se tuvo que ir y me dejó caliente como una llama encendida, pero al despedirnos y yo salir con mis cosas a mi transporte, una patrulla de policía me detuvo y dos policías (muy lindos por cierto) me pidieron papeles que entregué de inmediato y adicional me dijeron que abriera la maleta, a lo cual me negué obviamente, entonces me retuvieron a la fuerza y mientras uno me tomó de las manos y me puso de cara a la patrulla, el otro tomó mi bolso y lo abrió dejando a la vista todo su contenido.

En ese momento me dijeron que me estaba arriesgando mucho, así que me pusieron mis manos en mi espalda con unas esposas y me entraron con fuerza a la patrulla. Uno de ellos se fue en la parte trasera conmigo, tomó mi bolso y lo vació frente a mí, además me dijo que debía sacar de mi interior a la puta dueña de esa ropa, cuando asentí con la cabeza, me soltó las manos.

Mientras yo hacía caso, nos dirigimos a las afueras en una zona nada concurrida, al bajar, pude verlos claramente, Fernando (quien iba conduciendo) era un hombre de unos 40 años, co buen cuerpo media, 1,75 cm., piel blanca, brazos fuertes y velludo, con una verga de unos 20 cm muy gruesa, Alex por su lado era un poco más alto 1,78cm, moreno, excelente cuerpo atlético, depilado, con una verga de unos 24 cm., no tan gruesa como la de Fernando pero si con una cabeza prodigiosa, gigante.

Ya vestida y maquillada me agacharon, se desnudaron quedando solo con sus botas y a la fuerza me llevaron mi cabeza para que mamara sus ya crecidas vergas, primero tomé la de Fernando y al igual que horas antes había hecho con Miguel, tomé su tronco y suavemente pase mi lengua por todo el tronco de su verga para terminar succionando su cabeza y sus huevos, el tratamiento fue tan bueno que antes de que acabara, me tomó de mi cabello fuertemente y me puso en la hermosa verga de Alex al cual me dediqué mucho más a su majestuosa cabeza, era deliciosa, mientras yo seguía en mi labor…

Los oí hablar sobre lo bien que se sentía y decidieron que se correrían en cara y en mi boca, yo gustosa accedí, y así fue que Fernando tras un poco más de atención por mi parte soltó cuatro chorros de caliente semen en mi boca y un último en mi cara, a los pocos segundos tras una última pasada de mi lengua por su cabecita, Alex soltó más de 6 chorros de caliente esperma en mi cara, con sus vergas me ayudaron a que todo su semen quedara en mi insaciable boquita.

Luego Alex me levantó, me tomó fuertemente de la cara, me besó y me dio la vuelta apoyándome en la patrulla, abrió con mucho cariño mis piernas un poco, levantó mi faldita, tocó mis nalgas sobándolas suavemente, con uno de sus dedos corrió mi tanguita hacia un lado, y sin ningún aviso empujó fuertemente metiéndome de un solo golpe más de la mitad de su verga, produciéndome un dolor inmenso y un grito por mi parte, un dolor agudo recorrió mi cuerpo, se quedó un momento quieto, mientras pasaba sus brazos hacia delante de mí y tomaba mis hombros, empezando el mete y saca, que me producía una sensación entre dolor y placer que me fascinaba.

Al pasar un rato de su cogida, me tomó fuertemente del cabello y llevó mi cara hacia la verga de Fernando su compañero y de esta forma me follaron varias veces, cambiando de posición, hasta acabar de nuevo en mi boca. Me dejaron en 4 en el suelo y siguieron follándome con más fuerza pero no tan rápido, y empezaron a tomar mucha agua, en cantidades exageradas. Lugo de un rato Fernando me metió toda su verga hasta el fondo y Alex tomó mi boca y me obligó a abrirla, Alex expulsó un caliente chorro de orín en mi boca y garganta, y me decía que debía beberlo, esa sensación de sentirlo en mi boca y mi cara fue exquisita e increíble, por otro lado casi al mismo tiempo en el que Alex expulsó el fuerte chorro, Fernando me tomó con más fuerza y soltó un chorro de orín en el interior de mi culo produciéndome de nuevo un dolor en mi interior, al intentar soltarme me tomaron con fuerza, pero después de un momento el dolor acabó y la sensación de tener ese río fluyendo por mi culito me hizo acabar.

Al terminar aquella sesión, ambos me ayudaron a limpiarme un poco, me ayudaron a cambiarme de ropa, obligandome a tener la tanga y las medias, luego me llevaron a casa y antes de dejarme bajar tuve que mamárselas.

Autor: Perrita_Hambrienta

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