Mi primer viaje a Bahía

Mi culo seguía muy lubricado, porque la crema había penetrado muy profundamente, esa gran verga visitó los lugares más lejanos de mi ser, Raulinho se agachó y me hizo una gran chupada. Braulio se retiró de mi interior tiró el forro y la lavó. Yo me di una ducha en el bidet, con lo agrandado que estaba, los chorros de agua fría llegaron hasta lugares nunca antes visitados por ese elemento.

Hace casi dos años que fui a Bahía por primera vez y hasta ahora la única. Más exactamente en el invierno del 2001. Iba a ir con mi compañero de vivienda y de alguna que otra intimidad, pero el destino, “cruel” destino se opuso. Operaron a su papá y tuvo que quedarse en el sanatorio a cuidarlo. Como yo tenía la licencia y no quería postergarlo me fui solo. Pensando me aburriré bastante en la cama, pero voy a aprovechar y veré todo lo que pueda de esos interesantes lugares.

Yo quería conocer Ouro Preto, de la cual me habían hablado maravillas, pero todas las excursiones salían de Buenos Aires, yo tendría que ir hasta allí para tomar el avión. Pero no quise ir en avión porque me llevaría directamente a Salvador de Bahía y yo tenía otros planes. Elegí una excursión terrestre, que también salía de la Capital, pasaría por Paso de los Libres y entraría al Brasil por Uruguayana. Así lo hice me tomé un micro para Paso de los Libres y allí abordé la excursión. Eran unas veinte personas, la mayoría mujeres cincuentonas que iban en peregrinación a Lemanjá, algún matrimonio y un hombre solo, que tendría unos setenta largos. Como yo iba a ir con mi amigo, me tocó habitación solo. Mejor porque sino la tendría que compartir con el setentón, que no era malo, pero tenía sus rarezas. De allí la siguiente escala sería en Porto Alegre, pero la primera noche fue en Camboriú. Recorrimos la ciudad, fuimos a cenar, en fin todas las cosas que hacen en las excursiones.

Las señoras como siempre lo hacen: compras. No sé por qué tienen la maldita costumbre de quejarse del dinero, que esto que lo otro, pero siempre compran, la mayoría son porquerías que ni saben para qué las quieren, pero las compran igual, será para hacer ver que estuvieron de viaje. En Camboriú descansé de tantas horas de micro, ¡pero esas fueron pocas! De allí partimos rumbo a Ouro Preto, interminables rutas, campos y más campos, pasamos por las afueras de San Paulo y desviamos tierra adentro, después de horas y horas de ver todos esos monótonos paisajes arribamos a un hotel muy raro en Ouro Preto. De mi habitación se divisaban algunos morros con iglesias encima y muchas flores y plantas, verde por todos lados. Me duché para quitarme el cansancio, cuando me estaba vistiendo para bajar a almorzar, golpearon a mi puerta. Al abrir me encontré con un joven de unos veinte años, muy blanco, extremadamente blanco y transparente con el cabello casi blanco de tan rubio, que me dijo que lo mandaban de la recepción.

Me traía el control remoto de la TV, que si le permitía pasar lo probaría para comprobar si funcionaba. Yo tenía la toalla anudada en la cintura, con el cabello desordenado y empapado, me hice a un lado y lo dejé pasar. Comprobó que todo marchara bien, me dio el control y se dirigió a la puerta. Como pude con las pocas palabras de portugués que conocía lo invité a tomar “cerveza”. Se negó porque estaba trabajando y si le sentían aliento alcohólico tendría problemas, pero dijo que como hacía calor me aceptaría una gaseosa. Hice un gesto con mi mano y él abrió la heladera, sacó una gaseosa de limón y comenzó a beberla mientras yo lo miraba. Me preguntó si le veía algo raro que lo miraba tanto. -No, no tenés nada raro, me llama la atención la transparencia de tu piel y la blancura, no pareces de acá. Supongo que muchas palabras no las habrá entendido, pero el concepto sí, porque me respondió que sus padres eran finlandeses, de Laponia. -Me gustaría ver si todo tu cuerpo es igual, ¿las partes que oculta tu ropa son iguales? Se ruborizó un poco y dijo que sí. Pero lo que más me sorprendió fue que me dijo ¡que si lo quería comprobar con unos cuantos dólares bastaría!

Me dejó impresionado. Miles de cosas pasaron en un instante por mi mente. ¡Me dije este es un taxiboy! -O senhor deseja ver, eu mostro por U$5. -Me gustaría algo más que ver. Titubeó un poco y me pidió U$10, pero solo podía chupársela, nada de penetraciones, y rápido porque notarían su ausencia. A esas alturas mi toalla estaba levantada por la parte de adelante, mi verga inactiva por unos cuatro o cinco días, al sentirse próxima a una “transa” no aguantó más y reaccionó. El posó su mano en el bulto que se destacaba bajo la toalla. -¿Tanta necesidade tem? Desanudé la toalla y la dejé caer. El quedo frente a mí con la mano estirada y queriendo ver los dólares. Fui hasta mi ropa, los busqué en la cartera y se los mostré con gestos de que quería ver. Ni corto ni perezoso, se desabrochó la camisa y se la sacó, todo su pecho era igual de transparente se le notaban unas venas azules por todos lados, ¡nada de pelos! Sus tetillas apenas estaban cubiertas por una pelusa blanca, muy diminuta. Desbrochó su pantalón, levantó una pierna luego la otra y se lo sacó mientras mi verga en mi mano lo apuntaba y mi otra mano sostenía los U$10 porque no tenía billetes más chicos. Vi que tenía un jockstrap como llaman los norteamericanos a esa prenda que pone la pija y las bolas en una especie de bolsa y el culo queda afuera, sujeto por unos elásticos.

Se dio vuelta y pude verle las nalgas apenas tapadas por los elásticos. Soberbias, transparentes y en la raja se volvía a notar esa pelusa nevada. Se agachó como haciendo un show, separó las piernas y con sus manos separó las nalgas y dejó su culo al aire. Aaaaahhhhh… Como estaba gozando ese espectáculo, y eso que todavía no había sucedido nada. Yo tenía la cabeza de mi verga toda húmeda y pegajosa por los jugos pre-seminales que empezaban a aparecer. A continuación se sentó en el borde de la cama, levantó las piernas y se quitó la prenda que aún lo cubría. Pude ver que lo que ocultaba era una pija normal, ni grande ni chica, ni larga ni corta. Pero como estaba baja no podía adivinar a cuánto ascendería su tamaño en estado de erección. Me llamó con las manos como diciendo que ya estaba listo. Yo quería contemplar el espectáculo. Me acerqué y lo examiné de cerca. Sobre la pija tenía unos pocos vellos rubios como los de cabellos de su cabeza, pero más claros y finitos. Le levanté la pija para verle los huevos, estaban acordes a lo demás no muy grandes, pero perfectos, cubiertos con la misma pelusa que tenía por otras partes de su cuerpo. Me dio a entender que estarían por notar su ausencia, me dijo apúrate y chúpamela. Me agaché en el piso al borde de la cama, él levantó las piernas y las apoyó en mis hombros, acerqué mi boca y la besé luego la lamí y finalmente succioné la cabeza.

En ese momento sentí como crecía dentro de mi boca y me di cuenta que se estaba despertando. El empezó a gemir y a decirme cosas que no entendí, porque era un idioma desconocido para mí. De repente la saqué de mi boca y la miré, era blanca y poblada de venas azules muy finitas salvo una que parecía por reventar y era más oscura. No había crecido mucho más serían unos 18 cm. Le pedí que se corriera, que me dejara lugar sobre la cama. Me puse arriba de él en posición de 69 y le acerqué mi pau, como dicen ellos a la boca. Dijo que por ese dinero no lo hacía, pero como yo le había caído bien me la chuparía, pidió que cuando la porra estuviera por salir que se la sacara de la boca. Acepté, a esa altura aceptaba todo lo que me diera placer. El se la metió en la boca y yo la empujé hacia su garganta, la rechazó y tosió un poco, quejándose de que era muy larga, que lo hiciera despacio. Me la lamió mientras yo bajaba y subía de su verga y le lamía los huevos. Me metió un dedo en el culo y me pajeaba con la boca y con la otra mano, mientras yo me ocupé de su culo tan limpito, blanco y con un agujerito apenas rosado. El me estaba tirando de las bolas y me la estaba chupando con fuerza cuando sentí que no aguantaba más y acatando lo convenido se la saqué de la boca. Ahhhhhhhh… ¡seguí lamiendo no parés! El se puso debajo de mí y me lamió desde abajo, hasta que paró de caer toda la leche sobre la cama.

Su pija seguía dura, él se puso de pie y con una mano comenzó a pajearse mientras se metía un dedo en el culo. Ohhhhhh… Huuuyyyy… Acercó su pija a la mía, y toda la leche me cayó encima. -Dame un beso de despedida. Se agachó me besó en los labios, y se fue al baño. Lo seguí. Se lavó la pija, se secó y volvió al dormitorio, se vistió en silencio y me dijo que si al otro día quería otro servicio de cuarto que lo llamara. -Pregunta por Veikko. Agarró el dinero y se fue. Yo volví a bañarme nuevamente y bajé muy tarde a almorzar. Lo volví a ver en el comedor, era el encargado de tomar el pedido de las bebidas, me preguntó que iba a tomar como si no me conociera. A la tarde recorrimos la ciudad, las innumerables iglesias y a la noche me dormí muy temprano, cansado del viaje y satisfecho por la bienvenida que había tenido en esa ciudad. A la mañana siguiente lo vi en el salón del desayuno, pero ni me miró. Me hubiera gustado despedirme de él. Pero como todo taxiboy, vende su cuerpo, lo demás no existe. Cargamos las valijas y salimos para Belo Horizonte. Dimos unas vueltas por ahí y luego a la ruta nuevamente. Salvador nos esperaba. Después de horas y horas metidos en el micro llegamos a nuestro destino. El hotel se encontraba en una calle lateral a la playa, pero del piso 14 en que estaba mi habitación podía ver una panorámica muy buena de la costa.

Nos llevaron a recorrer la ciudad, el ascensor que lleva a la parte baja de la ciudad y después al famoso “Pelourinho”, donde se filmó “Doña Flor y sus dos maridos”, allí nuestro guía nos dijo que nos dejaba en manos de un guía local, porque había un reglamento en Brasil que en ciertos lugares sólo guías locales podían llevar a los turistas y además eran personas muy experimentadas y sabían todo lo referente a los sitios que visitarían. Nos presentó a Raulinho, un moreno cuarentón de piel gris- pajiza, bajo, sin motas, tenía poco cabello ondulado, pero no en vías de volverse calvo, simplemente era su naturaleza esa clase de cabello. Sabía muy bien el castellano, porque estaba acostumbrado a turistas de toda Sudamérica, nos indicó todo sobre el famoso barrio que estábamos visitando, las iglesias y nos llevó a una especie de mercado que en el fondo hay una plataforma de madera desde la cual se divisa gran parte de la ciudad. Este Raulinho me empezó a mirar de una forma sospechosa. Pensé ¿le habré gustado o se habrá dado cuenta de lo que me gusta?

Los demás turistas iban y venían recorriendo el mercado y yo me quedé a solas con él, que me miraba como para que yo le dijera algo. -Raulinho, hace días que ando por tu país y me gustaría tener una experiencia distinta. -¿A qué clase de “experiencia” te refieres? Lo dijo de una forma tan extraña, como queriendo decir largá el rollo y decime que querés hacer. -Me gustaría tener una transa como le dicen ustedes con un negro, pero bien negro. Raulinho no se asombró y me contestó que él tenía un “amigo” al cual le gustaba complacer a los turistas…  -¿Cuándo podemos verlo? -Cuando quieras, vive cerca de acá. -Después de esta recorrida no tengo nada más que hacer hasta la noche que nos tenemos que encontrar para ir a cenar. -Lo llamo por teléfono y le digo que nos espere… -¡Sí, decile que vamos! Raulinho agregó:

-Cobra U$100 y trabaja conmigo… -¡Qué! ¡Es mucho dinero!

En esa época el peso argentino estaba a la par del dólar y no había corralito, yo no era ejecutivo para pagar esas tarifas que ellos suelen pagar. -Sí eso es lo que acostumbramos cobrar a los turistas. Braulio que así se llama, deja satisfechos a sus clientes, tiene una gran “ferramenta” y puede estar muchas horas con un cliente… Habló tanto de ese Braulio que ya me intrigaba y sentía cosquilleos bajo mi bragueta. Acepté y lo llamó desde un fono del mercado, después de despedir a los demás pasajeros me llevaría a su casa. Yo les dije que me quedaría un rato más conociendo el lugar, que los encontraría para cenar. Raulinho me llevó por unos laberintos de callejuelas desparejas, llegamos a una casa muy vieja, abajo había un restaurant, la casa tenía dos balcones con barandas de hierro, por una escalera oscura subimos a la planta alta, allí había una living-comedor bastante moderno, nada que ver con el aspecto exterior de la vivienda, Raulinho siguió a la habitación contigua, yo lo seguí y entramos.

Del techo pendía un ventilador y sobre una gran cama estaba recostado Braulio, un moreno enorme, mediría cerca de dos metros, solamente lo cubría una pequeña malla verde-limón de esas telas fluorescentes, que se destacaba más por el color negro berenjena de su dueño. Sí, porque Braulio no era de esos negros marrón o chocolate o como Raulinho, era totalmente diferente… Esa malla apenas le cubría lo que después vería en su total magnitud, porque en ese momento solamente pude apreciar que tenía un bulto enorme. Raulinho entró, se dirigió hacia los brazos extendidos que le ofrecía su amante, se dieron un beso muy apasionado y al finalizar nos presentó. Braulio no sabía castellano, lo poco que hablamos no fue necesario que Raulinho fuese el intérprete. Raulinho dijo que estaba acalorado y transpirado porque había andado mucho por el Pelourinho mostrando el lugar a los turistas, se excusó y se fue a bañar. Braulio me hizo señas de que me sentara en la cama. Como había mucho calor a pesar del ventilador de techo, me saqué la remera y quedé solamente con el short.

Braulio conocedor de su oficio, me empezó a tocar el pecho, mientras yo lo miraba y trataba de descifrar el color tan extraño que tenía. Repentinamente agarró una de mis manos y la apoyó en su pecho como indicándome que a eso había ido. Toqué ese pecho sin pelos, jugueteé con mis dedos dentro de su ombligo y finalmente posé mi mano en lo que más quería ver que era su paquete. Sentí una cosa bastante grande y blanda, pero maciza. El retiró mi mano y se sacó la malla… ¡Vi una verga enorme!, le colgaban hacia abajo como 20 cm de “pau preto” y su grosor era increíble.  ¿Cómo será esto cuando se levante? Fue la pregunta que pasó por mi mente. El me sacó de ese pensamiento cuando quiso sacarme el short. Cuando quedamos los dos en bolas, él la agarró con una mano, corrió el forro para atrás y mostrándome una cabeza muy brillosa me la ofreció para que la chupara. Me acerqué y la olí antes de lamerla. ¡Qué aroma extraño emanaba de esa pija! No era olor a suciedad, porque estaba muy limpio, era un olor natural, parecía almizcle. No me agradó, pero tampoco lo rechacé.

Lamí esa cabezota medio mustia, la metí en mi boca mientras él me pellizcaba las nalgas y se abría paso para tocarme mi agujero posterior. Dentro de mi boca esa cabeza empezó a revivir, no pude aguantar más y la tuve que sacar, no me cabía en la boca y eso que ya había probado con vergas de gran tamaño, pero ¡como esta ninguna! Al sacarla la miré. Tendría como 25 ó 26 cm de largo, el grosor fue más difícil calcularlo, pero la agarré de la base donde había unos pendejos negros muy enrulados y noté que no cabía en el espacio formado entre mis dedos índice y pulgar. Por lo que deduje que su diámetro sería de unos 6 cm o más. Braulio me tomó la cabeza y la empujó sobre su pija, la cual no pasó más de media cabeza para adentro de mi boca. Solamente pude lamer y deleitarme con ese aroma tan extraño. Lamí a lo largo de todo ese espléndido ejemplar como si se tratase de un helado de un sabor desconocido. Cuando entró Raulinho desnudo, nos encontró en esa actitud. Yo estaba sobre Braulio, éste me metía un dedo por atrás y desde allí sostenía mi pija que a esa altura estaba muy dura. Raulinho se acomodó entre nosotros y le ofreció su pija a su enamorado, que muy gustoso la empezó a chupar con mucho pasión. Yo me corrí hacia el costado porque quería ver a los amantes en acción. Hicieron un 69 muy caliente, Braulio le metía la lengua en el culo de Raulinho y este mientras tanto bajaba y subía de esa enorme vergota con una destreza de la cual yo carecía.

Ahhhhh… gritaba Braulio y Raulinho al sentir un dedo hurgando en su ser gemía muy suavemente. Yo empecé a acariciar las piernas de Raulinho y veía como los dedos y la lengua de Braulio, jugueteaban con su ano. Pararon un momento para tomar aire y nuevamente me puse a lamer la vergota que ya estaba muy lubricada por los jugos pre-seminales y por la saliva de Raulinho. Raulinho al ver que mi pija también tenía jugos se la metió en la boca y me la empezó a chupar con una facilidad bárbara. Bueno, después de tragar la de Braulio todas son como caramelitos pequeños. Braulio seguía jugando con su culo hasta que nuevamente se detuvieron. Trajeron condones y me pusieron uno. Yo pensé ¿qué querrán hacer ahora? Raulinho se puso una almohada bajo la cintura, levantó las piernas bien alto con el culo bien a la vista y me indicó que se la pusiera. Así lo hice, fue muy fácil, lo tenía muy dilatado, y también con semejante marido… Pasó las piernas atrás de mi cabeza, mi pija iba y venía. Supongo que se excitaría o fingiría estar excitado porque no creo que pudiese sentir algo. Mi pija es normal, pero ese culo está acostumbrado a instrumentos de 5 ó 6 cm más que el mío. Ahhhhhhhh…Omar seguííííííí así…

Braulio se colocó atrás de mí y me empezó a meter sus dedos ensalivados. ¡Metió hasta cuatro! Ahhhhhhh… Braulio me estás haciendo gozar. El contestó algo como que ya iba a venir lo bueno. Quedé intrigado con su respuesta, pero al instante sentí que algo era apoyado en mi ano. Sí, era su vergota, la cabeza empujaba para entrar, pero era inútil. Me dijo que la dejara dentro de Raulinho, que levantara bien el culo y no me moviera. Sentí algo frío, era crema ¡me lo había untado con crema! El forro que se puso era de los extra-grandes, pero no llegaba hasta la raíz de su vergota la cual también fue untada con esa crema, me separó los cachetes, hizo sostener la abertura con las manos de Raulinho y la apoyó de nuevo.

Entró un poco de la cabezota… Ayyyyyyyy… Braulio pará que me duele… La sacó y me masajeó con los dedos, sentí una gran suavidad, mientras mi pija seguía enterrada en Raulinho. Nuevamente la apoyó y metió toda la cabeza, atravesó mi esfínter con mucho dolor. Ayyyyyyy… Braulio me duele… La sacó otra vez, se sacó el forro, me dijo que saliera y se la enterró toda de una vez a Raulinho. Pude ver cómo iba y venía sin ninguna dificultad. El culo de su amigo estaba muy acostumbrado, pero el mío no. Braulio se la sacó, se acostó boca arriba, Raulinho se sentó sobre esa verga que era sostenida por una mano de Braulio y descendió como si nada monstruoso entrara dentro de su ser. Raulinho la tenía muy dura, me pidió que se la chupase un poco. Con esta no tuve problemas, la chupé muy fácilmente. Ahhhhh… sigan así, gemía Raulinho mientras bajaba y subía, después de gemir unas cuanta veces me pidió un forro y se lo puso, se recostó sobre el pecho de Braulio, los dos de piernas abiertas me ofrecían un gran espectáculo: la gran pija de Braulio se perdía dentro del cuerpo de Raulinho, las bolas de Braulio colgaban sobre la cama mientras la pija de Raulinho miraba hacia arriba. ¡Me senté sobre los dos! Ahhhhhhhhhhh…

Raulinho cuando la hubo acomodado toda dentro de mí empezó a jugar con mi pija, cada empujón que le daba Braulio repercutía en mi culo y la mano de Raulinho bajaba y subía con mayor rapidez. Ooohhhh… Ahhhhhhhhh… Fueron los sonidos que emitió Raulinho y dejó de jugar con mi pija. Me levanté, le quité el forro y vi una gran cantidad de leche que le corría desde la cabeza hacia la raíz de su verga. El también se levantó y Braulio se puso a chupársela y se tragó hasta la última gota del elixir que había salido del cuerpo de su amante. Braulio seguía de pija dura y yo estaba igual. Sólo Raulinho había gozado. Me puse boca abajo sobre la cama, mi agujero estaba más dilatado, con la crema derretida por el calor, pero igual Braulio me puso otro poco, se puso otro forro y lo untó todo con la crema. Se puso sobre mí, apoyó la cabeza y esta vez entró sin problemas, dio un empujón y sentí un dolor muy intenso, con mi mano toqué para tratar de sacarla y noté que de un solo golpe me la había metido casi toda.  Ayyyyyyyy…  como dolía… sácala Braulio no aguantó más.

No sé si me entendió o que sucedió, la sacó casi toda, menos la cabeza, sentí un gran alivio. Ahhhhhhhhhh… ¡por suerte la sacaste! Cuando estaba sintiendo el alivio, nuevamente la mandó hacia adentro al no tener resistencia o ser casi nula. Braulio empezó un mete y saca muy rápido, me tiró hacia atrás y quedamos los dos de rodillas sobre la cama, así podía agarrar mi pija con comodidad. Ahhhhhhhhh…  seguí Braulio… me cosquillea toda la pija, voy a acabar… Cuando dije eso, sentí algo húmedo en la bolas… era Raulinho que me las lamía tratando de lamer algo del cuerpo su amante. Ohhhhhhhhhhh… Braulio… Sentí un tirón en mi verga, Braulio me había corrido todo el forro para atrás y la apretaba de una forma espantosa, me dolía muchísimo, toda la piel de mi pija estaba muy tirante, parecía que en cualquier momento se iba a reventar.

Sentí un vacío en mi intestino y era Braulio que la sacaba, pero al instante me dio una embestida muy violenta. Ahhhhhhhhhhh… no aguanto más me duele mucho…. En eso sentí un gozo inesperado en la cabeza de mi verga, miré y vi unos chorros de leche que cayeron sobre el pecho de Raulinho que estaba debajo de nosotros lamiéndole las bolas a Braulio. Braulio me dio unas estocadas más y la sacó, se quitó el forro y se la ofreció a Raulinho para que terminara el trabajo. Este se la tragó nuevamente y yo me puse a lamerle los huevos que latían mucho, subían y bajaban. Ahhhhhhhhhhh… exclamó Braulio y la sacó de la boca de su amigo. Una enorme cantidad de leche blanquísima salió de esa enorme verga negra, ¡nunca había visto tanta cantidad junta! Le hice un comentario sobre eso a Raulinho y éste me contestó que hacía unos tres días que no tenían clientes y que cuando no los tienen no lo hacen, porque guardan las energías para satisfacer a los clientes.

Ellos se dieron un abrazo y un beso interminable, mientras mi culo ardía y me dolía mucho. Nos bañamos mutuamente, y allí en la ducha se la chupé a Braulio un poco hasta que creció mucho y ya no pude hacerlo nuevamente. Le dije que me dolía, pero quería probarla otra vez para llevarme el recuerdo a mi tierra.

Mi culo seguía muy lubricado, porque la crema había penetrado muy profundamente, Raulinho le dio un forro y allí parados bajo el agua esa gran verga visitó los lugares más lejanos de mi ser, Raulinho se agachó y me hizo una gran chupada. Yo eyaculé casi en su boca, fue casi sin aviso mi nueva eyaculación que apenas salieron las primeras gotas, Raulinho la sacó de su boca. Braulio embestía tanto que pensé que eyacularía otra vez. Pero no sucedió eso, al ver que yo había expulsado mi segunda descarga, se retiró de mi interior tiró el forro y la lavó. Yo me di una ducha en el bidet, con lo agrandado que estaba, los chorros de agua fría llegaron hasta lugares nunca antes visitados por ese elemento.

¡Qué alivio sentí! Le pedí a Raulinho que me lo mirara porque sentía muchas molestias en esa zona. -¡Te quedó a la miseria! Está todo enrojecido y hay lugares en carne viva, será mejor que te ponga algún medicamento que quite la irritación. Yo te voy a dar un yuyo. Me dio unas hojas y me dijo que eran refrescantes que me las pusiera allí y que las cambiara varias veces al día. Les di el dinero acordado, y Raulinho me llevó en su moto al hotel, porque se había hecho muy tarde y ya estarían cenando. De allí la excursión siguió para Porto Seguro.

En el hotel donde nos alojamos conocí a un chico muy amable que me ofreció sus servicios porque dijo que yo le había gustado. Me quedaba poco dinero porque faltaba mucho para terminar el viaje y yo no había calculado el gasto “extra” de Bahía. Una noche lo llamé a mi pieza con la excusa de que revisara la heladera. La revisó y dijo que funcionaba bien. Todavía me ardía mucho mi orificio, hacía tres días que había tenido esa intensa actividad que lo había dejado en ese estado pero… Yo abracé al chico y se dio cuenta de que heladera era la que no funcionaba bien. En ese abrazo le toqué las nalgas, muy duritas, él tanteó las mías, pero no lo dejé seguir hasta mi dolorido “amigo”.

Me preguntó que quería hacer, no respondí simplemente le bajé el cierre y me puse disfrutar de lo que encontré. Nada del otro mundo, pero bien de este. Fue una cosa rápida, porque tenía miedo que notaran su ausencia y que lo despidieran ya que era su primer empleo allí… Tenía 18 años recién cumplidos, dijo que no era gay, pero cualquier dinero le vendría bien. Mientras se la chupaba me hizo una paja bastante buena, no me la quiso chupar, pero me lamió los huevos. Por suerte no intentó tocarme la zona “herida”. Le di unos reales que tenía en el bolsillo y se fue a seguir con su trabajo.

Más tranquilo, después de desagotar los “pozos seminales”, me dormí hasta el otro día. Nuestro nuevo destino era Río de Janeiro, el cual recorrí con los compañeros de viaje en los casi dos días que pasamos allí. La última noche fue en Blumenau, pero allí no tuve ganas ni dinero para aventuras. Cruzamos otra vez la frontera por Paso de los Libres, pero no me quedé allí para cambiar de micro, seguí en la excursión hasta Gualeguaychú y allí me despedí de los compañeros de viaje, me tomé un micro para Santa Fe y volví a casa.

Autor: Omar

omarkiwi@yahoo.com

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