Zona reservada

Esta historia sucedió hace unos meses, quedé con una amiga mía para salir por la noche, se llama Mónica, es morena, alta, delgada, cara normal, tetas grandes, y un culito redondo. Fuimos a un bar y allí nos timamos un par de copas cada uno, mientras estuvimos hablando de diversos temas.

A continuación cambiamos de pub, marchamos hasta otro con menos gente, un poco fuera de la zona de movida de la Merced, en Huelva, allí pedimos otra copa y continuamos hablando. Al rato, una pareja joven se puso al lado nuestro, y a los pocos minutos se presentaron y entablamos una conversación, no los conocíamos de nada, pero parecía como si nos conociéramos de siempre. Ella se llamaba Marta, tenía unos senos hermosos, impresionantes, enfundados en un vestido rojo de licra que dejaba adivinar los pezones, un culo respingón, estatura media, peso medio, morena y cara hermosa, él se llamaba Jorge, era moreno y con complexión normal.

Hablamos animadamente mucho tiempo, coincidimos en muchos aspectos, a él le encanta que su mujer llamase la atención, que juegue a la seducción, que atraiga las miradas. El ambiente de la charla comenzó a entrar en claro, el sexo nos atraía a los cuatro, sabíamos que estábamos en la misma frecuencia. Al rato, Jorge sacó a bailar a Mónica, yo miraba de reojo a mi amiga y sabía que estaba caliente, mojada por la situación, así que esperé unos minutos y entonces invité a bailar a Marta, cosa que hicimos.

Así estuvimos un tiempo, hasta que pusieron unos lentos, la luz casi desapareció, estuve bailando con Marta todos los que pusieron, cuando acabaron, no veíamos ni a Jorge ni a Mónica, miré con cara de sorpresa a Marta, y ella me dijo que sabía donde estaban, me cogió de la mano, y pasamos a una entreplanta, aun reservado, cuando entramos se escuchaba la música del bar junto con gemidos, había varios sofás, resaltando algunas parejas sobre ellos, las cuales se entregaban al sexo.

Tras un primer vistazo, a un lado pude observar a una pareja, eran Jorge y Mónica, ella estaba frente a frente con él, tenía mi amiga la minifalda levantada, y él sentado y con ella encima a horcadas la poseía clavándole el pene, Mónica disfrutaba cabalgando sobre él, mi amiga gemía, él tenía cara sádico, ambos trataban de disfrutar cada vaivén, cada penetración. Marta y yo nos quedamos un tanto pasmados con el espectáculo, hasta que le dije al oído que si quería acercarse a ellos, ella contestó de inmediato que sí.

Nos quedamos pegados a ellos, entonces Marta me sorprendió un tanto y me dijo que si podía tocar a mi amiga, le contesté que claro, al momento ella se acercó y se puso a la espalda de Mónica, le levantó el vestido y Marta deslizó sus manos por las caderas y por las nalgas de Mónica, no tardaron las dos, momentos después, no tardaron las dos en quitarse mutuamente la ropa, segundos después las dos hembras quedaron desnudas. Mónica siguió dándole la espalda a Marta, la cual se agachó y empezó a mamarle el pene a su marido, sentada e clítoris, y yo detrás de ella la penetré por su coñito, Mónica gemía alocadamente, Marta ahogaba sus gemidos en el coñito de mi amiga, y yo continuaba dándole a la esposa de Jorge. Minutos después, Marta me gritó que le diera por detrás, pasaron unos segundos más, y saqué mi polla de su vagina, y restregué mi verga por su culito, lo hice varias veces, hasta que le metí mi miembro en su ano, entró sin muchos problemas, estaba bastante usado, la empecé a follar, diciéndole que le iba a reventar su culo, ella me animaba a que lo hiciera.

Al rato Mónica se corrió, soltó grandes gemidos, Marta continuó lamiéndola, ella se retorcía de placer. Pasado esto, Marta me dijo que mi amiga se había corrido, que a la puta le gustaban las chicas, yo le di más duro por el culo, reventándola, a ella le encantaba, le decía a Marta que dejase a Mónica tranquila, que mirase como le partía el culo, Marta me gritaba que le gustaba, que le encantaba, mientras con una mano se acariciaba su clítoris. Minutos después, ambos llegamos al orgasmo, le llené su culo de mi semen, le empezó a chorrear por las piernas. Al terminar me giré y a Jorge sentado en el suelo con otra chica montada sobre él, estuvo un tiempo hasta que se corrió en la cara de ella. Pasados unos minutos, ellos nos dijeron que se iban, se despidieron pero no nos dieron ninguna seña para localizarlos. Momentos después nosotros también nos fuimos.

 

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