Estudiante de fisioterapia I

Cuando le había dejado sus glúteos al rojo vivo la dio la vuelta y empezó a azotar simultáneamente su coño y sus pezones. Ella ya no tenía fuerza ni para llorar así que se dejó hacer. No mucho más tarde él empezó a follarle la boca a la vez que estrujaba los pezones de la chica. Cuando notó que se corría sacó el pene de su boca y lo la roció todo el cuerpo. Cuando finalizó se sentó exhausto en su silla.

Sala de profesores.

La carrera de fisioterapia no era fácil, requería ser constante, trabajador, practicar mucho,… pero a la vez te daba grandes conocimientos anatómicos de como utilizar las manos y otras partes del cuerpo…

Lucía empezaba la universidad con 18 años, era una chica tímida y acababa de llegar a un sitio donde no conocía a nadie. Lo peor que le podía pasar aquel primer día fue llegar tarde y entrar con la clase ya empezada por lo que todo el mundo la miraba y se sintió cohibida.

Era una chica de estatura media, 1’68, no era una sílfide pero tenía el cuerpo bien formado y con todo en su sitio. No tenía las típicas medidas perfecta 90 – 60 – 90 sino que de cadera tenía 94, 66 de cintura y, uno de sus atributos corporales más llamativos, era su pecho con una 110. Todo ello adornado por su cara fina de ojos grises y labios carnosos junto a su larga melena castaña.

Tenía buen cuerpo pero nunca lo mostraba, le gustaba pasar inadvertida y vestía con ropa holgada que disimulase sus curvas. Además, tampoco sacaba partido de sus ojos ni moldeaba su pelo.

El curso iba progresando e iba conociendo a compañeros, abriéndose un poco a los demás,… pero eso no la preparó para el primer día de prácticas donde debían despojarse de la ropa quedando en sujetador. Tuvo suerte pues se ofreció una chica como voluntaria pero nadie la iba a librar de ese mes de prácticas en el cual a la fuerza debería hacerlo.

A marchas forzadas iba perdiendo la vergüenza y fue pasando el curso, con lo cual llegaron los exámenes. No le fueron muy bien pero quiso pensar que era la novedad y en el 2º semestre todo iría mejor.

Junto a sus compañeras y con un poco menos de vergüenza fueron dejando su sitio en las filas posteriores de la clase para mudarse a las primeras filas.

Todo iba bien excepto en una clase donde el profesor la ignoraba. No era un pensamiento fortuito ya que lo había sentido anteriormente en la revisión del examen. Quería pensar que eran alucinaciones suyas pero lo comprobó día tras día cuando la ignoraba, no le contestaba las preguntas… Aquello se fue convirtiendo en una obsesión, no lo entendía y le creaba una sensación incómoda.

Llegó hasta tal punto que un buen día se presentó en la sala de profesores, sabiendo que él se encontraba allí a solas, para hablar con él sobre la situación. Ella le expuso el tema pero él ni la miró a la cara, únicamente cuando acabó le indicó en un tono autoritario que le recogiera el bolígrafo del suelo. Ella, atónita sin saber qué decir, actuó inconscientemente.

Justo cuando fue a cogerlo él empujó con su pie el boli hacia el interior de la mesa y ella, como si de un perro persiguiendo un hueso, avanzó a cuatro patas tras el utensilio. Logró recuperarlo pero su sorpresa fue cuando quiso retroceder y él se lo impedía con sus piernas, no podía moverse.

– ¿Quién te ha dicho que te muevas? Quédate ahí abajo como una buena perra que eres hasta que yo te lo diga.

Ella no pensaba obedecer e hizo el intento de escapar pero en ese momento notó como una fusta le impactó en su culo. Era la fusta que utilizaba el profesor como puntero en clase. No podía creer lo que estaba pasando y pensó que su salvación había llegado cuando alguien picó en la puerta.

– Muévete y ponte mirando a mi silla pero sigue a 4 patas. Voy a abrir la puerta pero ni se te ocurra decir nada. Si lo haces la fusta hará algo más que golpearte en tu culo de perra.

Dicho esto él se levantó y  abrió la puerta, entró otro profesor y volvieron ambos a la mesa. Enrique, el recién llegado, al sentarse a punto estuvo a punto de rozar sus piernas contra ella y enterarse de que estaba allí pero Pablo, quien la mantenía como una perra bajo su mesa, volvió a su sitio y Lucía se vio con su paquete delante de su cara.

Ambos profesores hablaban y parecía que nunca terminaban. Lucía había cerrado los ojos pero los abrió de golpe cuando sintió que el pene de Pablo le acariciaba los labios. No podia creérselo pero de golpe se vió con la polla dentro de su boca, obligada a mamársela ya que Pablo, cruzando una pierna sobre Lucía, la obligaba en otras palabras, le follaba la boca…

– En esta vida, amigo Enrique, no debes dejar escapar ni una gota de la mejor leche que te ofrecen ya que si no lo haces después vienen los azotes y las consecuencias.

Lucía sabía que eso iba por ella y no le dio tiempo a reaccionar cuando Pablo se corrió. Su corrida fue tan abundante que a ella se le escapó de la boca y pringó el pantalón de Pablo. Pablo se despidió de Enrique sin moverse de la silla y notaba como Lucía le lamía los pantalones.

– Así me gusta, que seas una buena perra, ¿ves como quieres más?…

Separó la mesa de la silla y…

– ¡Maldita zorra, mira lo que has hecho! ¡Te he dicho que ni una gota podía desperdiciarse y tú me manchas el pantalón!

Ella empezó a llorar pero él sin miramientos la cogió del pelo obligándolo a salir de debajo de la mesa. Cerró la puerta con llave y estampó a la muchacha contra la mesa.

– Ahora vas a saber qué les pasa a las zorras como tú que no hacen bien su trabajo.

Acto seguido cogió su fusta y empezó a azotarle el culo. Ella gritaba de dolor y eso lo excitaba cada vez más.

– Mira zorra, tienes otra oportunidad para mamarme bien la polla, ten cuidado si vuelves a fallar…

Ella permanecía inmóvil sobre la mesa, llorando.

– No tengo todo el tiempo, ¡espabila! – Por favor, déjeme ya, yo no quería esto…

Un bofetón le cruzó la cara e incorporándola la dejó frente a su polla.

– ¡Chupa! ¡Chupa maldita puta!

Ella no movía ni un solo músculo y la cogió del pelo de nuevo.

– Muy bien, tú lo has querido.

Le sacó el jersey y los pantalones, dejándola en ropa interior.

– ¡Mámamela! – No puedo, por favor…

Entre sollozos la chica intentaba aguantarse en pie justo cuando notó un frío objeto metálico rasgándole las bragas y el sujetador. La volteó volviendo a dejar expuesto su culo, ahora desnudo, y empezó a soltar azotes con la fusta contra sus nalgas.

Cuando le había dejado sus glúteos al rojo vivo, la dio la vuelta y empezó a azotar simultáneamente su coño y sus pezones. Ella ya no tenía fuerza ni para llorar así que se dejó hacer.

No mucho más tarde él empezó a follarle la boca a la vez que estrujaba los pezones de la chica. Cuando notó que se corría sacó el pene de su boca y lo la roció todo el cuerpo. Cuando finalizó se sentó exhausto en su silla. Ella, cuando recuperó un poco las fuerzas, empezó a recoger su ropa para vestirse.

– No te he dado permiso para que te vistas, ¡ven aquí!

Lucía, totalmente sometida, se acercó con sus ropas en la mano.

– Esto te va a sobrar y me lo voy a quedar yo. – dijo cogiendo su sostén y sus bragas – Mañana volverás a pasar por aquí antes de ir a clase y tendré una sorpresa para ti.

Ante esas palabras Lucía reaccionó mirándolo con rabia.

– Eres un hijo de puta, voy a denunciarte…

Antes de que pudiera acabar una mano le cruzó la cara.

– ¿Quién coño te crees, niñata de mierda? ¡A mi no me vuelvas a hablar así o te enteras! No puedes ir por la vida con esa cara de niña buena y luego ser la más puta de todas… – Yo… yo no… No soy ninguna… puta.  – ¿Ah, no? Y ¿por qué has venido aquí reclamándome que te mire más en clase? ¿Por qué no te has marchado cuando te he dicho que recogieras el boli,…?

– Yo… yo… no soy ninguna puta, usted me ha obligado. – Eso es lo que tú te crees, bonita. – Me ha violado… – No querida, para violarte debería haber hecho mucho más y tu venías a por lo que te he dado. -No… – ¡No me contestes! Eres una puta y si no ¿por qué te estás corriendo ahora?

Al decir eso le clavó dos dedos dentro de su coño, chorreante, y le apretó el clítoris con el pulgar. Ella no pudo más que soltar un gemido, esta vez de placer, acompañando un orgasmo.

– Lo ves, eres la más zorra y lo hemos disfrutado los dos. Ahora vístete y vete. Mañana te espero aquí y no se te ocurra desobedecer…

Dicho esto ella se empezó a vestir pero antes de poder salir el le pegó todo el jersey al cuerpo gracias a los restos de su semen.

– Así irás como lo que eres.

Llegó a casa y se fue directa a dormir.

Aquella noche soñó todo lo que había ocurrido y cuando despertó se dió cuenta de que realmente le había gustado. No quería reconocerlo pero allí estaban las pruebas: había despertado con la mano dentro de su vagina y las sábanas estaban empapadas.

Aún no sabía lo que le esperaba mañana.

Autor: nayandei

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