Laura y su vagina (I)

Unas hermosas y redondas nalgas se veían al final del pasillo. Fue lo que vi una mañana al regresar al trabajo tras una prolongada ausencia. Allí estaba Laura, hermosa y morena como ninguna otra mujer que había visto. Una encantadora sonrisa acompañada de una mirada seductora y, sin lugar a dudas, unas caderas que solo llamaban al deseo.

Yo soy Rafael, soltero y con un gran deseo de acostarme con una de mis compañeras de trabajo. Luego de tres miseros años en esta empresa ninguna me daba el morbo suficiente para seducirla, hasta que la vi al final del pasillo con su suéter amarillo.

Al comienzo eran simples “hola”, pero un día, al pasar por su escritorio la veo leyendo un artículo titulado “Los gritos guturales de Esperanza Gómez.

– Hola Laura

– ¿Cómo estás bello?

– Bien, disculpa que lea tu monitor pero ¿quién es Esperanza Gómez?

– Mi actriz porno favorita, conseguí un artículo donde hablan de sus gritos, en sus escenas esa mujer grita como nadie, simplemente la amo.

– ¡Genial! no la conocía, ya tengo una nueva actriz porno para mi lista, deberías buscar a Alexis Amore, esa es mi favorita.

Esta era mi primera charla de porno en la oficina. Ese día le pedí su número y al caer la noche me decía que su padre cumplía años, y yo solamente pensaba en su cuerpo desnudo y en masturbarme. Pensaba en como luciría su vagina, jamás había visto en persona la vagina de una mujer morena. Con un poco de timidez le conté que me masturbé pensando en ella. Tiempo después supe que, en ese momento, no se sintió muy cómoda.

Los días pasaron lentamente y Laura se abría más en los temas de sexo. La mañana de aquel 23 de junio tuvimos que compartir un vehículo de la empresa. Íbamos en el asiento trasero y ella tocaba sus senos y el chófer no la veía, rozaba sus pezones y pasaba su mano lentamente sobre su vagina. En algunas esquinas Laura se acercaba y colocaba su mano sobre mi verga dura. Es cierto Laura me tenía excitado y solamente quería verla desnuda y hacerla mía.

Al regresa a la oficina cogimos mi carro y salimos a comprar almuerzo. Ella había extraviado su tarjeta de débito y yo le pagué la comida, quizás lo utilicé de herramienta para conseguir lo que quería al final, quizás fui un buen compañero. Jamás lo sabré.

En el camino de regreso me estacioné en una calle sin tránsito y me abalancé sobre ella le bajé la blusa y mientras el sudor bajaba por su pecho hasta sus pequeños y hermosos senos, yo lamía su pecho persiguiendo esa esquiva gota de sudor. Los besos se llenaron de deseo, ambos queríamos desnudar al otro. En ningún momento pensamos que esto iba a ocurrir, pero esa misma noche tomamos la decisión que cambiaría nuestras vidas durante un año, misma decisión que me volvería adicto a la vagina más dulce y deliciosa que he probado.

Continuará…

 

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Del chat a lo real con amor I

Hola a todos los lectores de relatos eróticos esta es la primera vez que escribo un relato que no es una fantasía mas bien es una realidad que se vive en la actualidad en algún lugar de la república mexicana en la zona centro del país. Todo comenzó un día 3 de marzo del año en curso en una sala de un Chat muy conocido entre nosotros los latinos, era de noche como las 9:00 pm, no tenia nada que hacer en casa y me metí a esta sala que les digo, ahí empecé a navegar en varias salas de la que ninguna me gusto porque la platica era aburrida y sacaba a cada rato del sistema, entonces decidí entrar a la sala de más edad que la que tengo por lógicas razones para encontrar a una dama que quisiera conversar un rato bien. En esa sala vi un nick que me llamo mucho la atención por ser APASIONADA actualmente es mi pareja y nos llevamos de maravilla, ese día empezamos a conversar como cualquiera lo hace en las salas pero poco rato después fue subiendo el tono un poco hasta el grado de llegar a darnos nuestros correos ya que la agregue me salí de la sala para conversar con ella más íntimamente, le puse fotos mías y de mi estando desnudo  y al parecer le gusto dijo que se veía bien eso quiere decir que no le desagradó después le estuve poniendo fotos más serias para que viera como era , a mi se me ocurrió preguntarle si tenia foto y me dijo que no y le pedí que se describiera ella físicamente y se empezó a describir como una mujer de 1.75, frondosa, cabello chino, ancha de cadera y mucho busto y además muy cachonda en la intimidad, la verdad me sorprendí en que me dijera eso y me gusto que fuera así porque yo también lo soy cachondo, así estuvimos platicando de muchas cosas de su vida y de la mía. Ella me dijo que era separada y que tenia muchos meses sin tener sexo con alguien, pero que le encantaba el sexo y que solo ha hecho en estos meses era masturbarse, yo le comente que hago lo mismo por salud y seguridad, tanta fue nuestra química que me le declare le pedí que fuera mi novia pero ella no creía nada no accedía y le estuve insistiendo que aceptara ser mi novia, ese día planeamos vernos la siguiente semana en miércoles para conocernos en persona quedamos en irnos de pinta ya que ambos trabajamos, durante la terminación de la semana y el inicio de semana estuvimos muy nerviosos. El día miércoles nos quedamos de ver a las 9 de la mañana cerca de la escuela de sus hijos, cuando la vi madre de dios que mujer tan mas espectacular me dejo con el ojo cuadrado, así como era así como se había descrito iba con el pantalón negro pegado, medias de color transparente, blusa negra con café y zapatos al piso, recuerdo bien que me dijo que la acompañara a comprar un acosa a una tienda de esas famosas de wall mart y nos fuimos platicando de las primeras impresiones de ambos ya que era la primera vez que nos veíamos en persona.

Llegamos a la tienda y yo me quede afuera todo nervioso por estar con ella, habrá tardado como unos 10 minutos en comprar lo que tenia que comprar, de ahí caminamos para tomar un taxi para irnos a su casa ya que teníamos que ir a dejar una cosa que llevaba y era muy riesgoso traerla cargando, del súper a su casa hicimos 5 minutos, ella paso primero y yo después, me enseño su casa  y nos quedamos platicando en la sala, teníamos planeado irnos aun hotel pero las ganas que traíamos eran demasiadas y empezamos con los besos, las caricias a nuestros cuerpos y le empecé a meter mis manos en su busto y sentir la tela del bra tan dulce, cuando metí mi mano en su busto sus pezones ya estaban erectos y listos para ser mamados por mi, le empecé a mamar su seno izquierdo tan rico que se veía el pezón con un color  cafecito, lo empecé a mamar y después a pasar mi lengua por el, mientras que con mi mano izquierda le sobaba su otro pezón ella cerro los ojos y empezó a gemir levemente síntoma que le estaban gustando lo que le hacia, ella se dejaba llevar por esa sensación de deseo y excitación que tenia, me empezó a besar y a pasar con sus manos mi pecho que lo tocaba por encima de la camisa que llevaba, empezó a bajar hacia mi estomago y ombligo poco a poco, yo a su vez empecé a bajar también por su blusa que solo dejaba ver los senos al aire y que se veía tan excitada que nos gustaba  ambos ese momento, baje mi mano a su pantalón  para sentir la tela del mismo y empezarla a masturbar por encima, ella estaba cada vez mas excitada y yo también se me empezaba a sentir mi miembro erecto y ella lo noto  empezó a tocar encima del pantalón, le gusto sentirlo erecto y en ese momento decidí quitarle el pantalón para sentir su piel, pero sorpresa me encontré con unas medias transparentes que me encantaron por que me gusta sentir su tersura de la ceda;  sus medias ya habían traspasado la humedad de su bikini que era de color rosa muy sexy, le hice a un lado su bikini para sentir su vello mojado se sentía tan rico sentir sus labios ya húmedos que se me hizo mas fácil encontrar el clítoris, ella le llama el botón de la felicidad. Hice  que ella sintiera y disfrutara con plenitud su estimulación con mis dedos pero no solo fueron mis dedos si no que también mi lengua ya que a mi me encanta hacer sexo oral porque lo disfruto mucho, ella en un principio le daba pena pero la fui convenciendo para que me dejara hacerlo y por fin logre que accediera se lo hice y le fui provocando sensaciones inimaginables para ella, logre que se viniera en un bello orgasmo, después ella me pidió que quería sentir mi pene quería probarlo, saber a que olía, chuparlo y lo hizo lo agarro y lo mamo como ella quiso. Les puedo decir que lo hace de maravilla y que me encanto como lo hace estábamos en la recamara mientras que me lo hacia yo la tocaba en su cabello y senos que se veían tan bien, disfrutando ambos de esa pasión incontenible que teníamos, dejo de hacerme el sexo oral y me pidió que la penetrara y así lo hice pero sin antes ponerme un condón para que no quedara embarazada ya que ella puede quedar premiada. Me puse el condón y lo fuimos haciendo de misionero tan dulcemente que nos dejamos llevar por los besos y las caricias de ambos, estuvimos como 10 minutos en esa posición y después decidió cambiar de postura ya que ella quería sentir mi pene  estando yo acostado en la cama y ella montada en mi, me encanto que lo hiciera de esa manera porque se mueve muy rico y coje tan bien que me dejo viendo estrellas durante ese lapso en que me coje con esa maravillosa vagina que tiene, después se puso en la posición d sentarse pero en la misma cama y se movía tan rico y apretaba su vagina por dentro que se comía mi pene, nos dijimos que nos gustaba a ambos y lo estábamos disfrutando , decidimos cambiar de posición y fue la de perrito que fue donde ahí yo pude tener el control de la cojida que le daba a ella y a ella le gustaba tanto que me decía SI AMOR COGEME ASI DE RICO, en ese momento yo le pregunte que quien la había enseñado a coger tan rico y me contesto que un novio que tuvo cuando era chica eso me calentó a mi mucho y la fui cogiendo más fuerte para que ella sintiera mi pene aún más dentro de ella. Ahí fue donde ambos acabamos al mismo tiempo, nos besamos llenándonos aun de caricias  ricas, esa fue la primera vez que hicimos el amor y cogimos maravillosamente, no solo quedo ahí si no que también lo hicimos 3 veces más, esperen la segunda parte de la cogida de mi novia, les dejamos nuestro correo para que nos escriban y nos den su opinión de este relato y de lo que hacemos. Con cariño para ustedes.

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Nena en el metro 2

Hola que tal, anteriormente ya habia publicado un retrato del mismo tipo, debido a que leyendo relatos del mismo tipo, algunos son solo fantasias o inventados, este que escribo fue realidad.
Resulta que regresaba del trabajo y tome el metro en la estacion plaza Aragon a eso de las 12 del dia, al bajar las escaleras me di cuenta que el metro no habia pasado por la cantidad de gente que habia en el pasillo, a lo cual me di a la tarea de buscar a alguien de mi agrado, al ir caminando hacia el inicio del anden, me encontre con una señora que llevaba un bebe en brazos, pero lo mas importante es que la acompañaba una chavita como de unos 18 años, esta chica era de como unos 1.60 metro, guera, guapetona, una sonrisa muy linda, traia una blusa blanca sus tetas eran regulares pero con unos pantalones de mezclilla azul que empaquetaban un culote bien rico, sus nalgas eran grandes y redondas, se le marcaba bien rico su culo aparte de que el pantalon no tenia bolsas traseras, con lo que se podia ver su culo a todo su esplendor.
Me acerque disimuladamente y me di cuenta que no habia competencia, por lo cual me coloque lo mas cercano a ella, esperamos otros 5 minutos mientras llegaba el metro. al llegar ya venia un poco lleno y al abrir sus puertas me coloque atras de ella, como siempre subimos empujandonos unos a los otros, entonces al ir atras de ella aproveche para picarle su culo, al hacerlo senti como su culo se contrajo bien rico, ella ni volteo para ver. esto me puso a 100, pero espere a que ella se acomodara. a su mama le cedieron un asiento el que es reservado para personas embarazadas y ella que se habia colocado en el pasillo de los asientos, se paso para el lado de la puerta que no abre. se recargo en ella, aun asi me acerque lo mas cercano a ella, no tardo mucho y ella se volteo para ir platicando con su mama, dejandome su delicioso culo hacia mi. conclui que tenia que darle su pito animado ademas por su sonrisa ya que se veia que no era de las que arma un escandalo si la empiezas a puntear o agarrar.
Al vestir siempre en estos casos con un pants delgado y al llevar mi pito bien parado desde que me subi con ella, procedi a levantar mi playera que es la que me tapa mi verga bien parada, se la arrime a su nalga derecha y ella no hizo nada asi que asi me la lleve una estacion, agarre mas confianza y se la arrime con mayor fuerza sintiendo como mi verga se hundia en su nalgota, ya no era posible que la nena no sintiera mi verga asi que procedi a meterle mi pito entre sus nalgotas, al hacerlo senti como mi verga se enterraba entre sus nalgotas sintiendo una sensacion muy cachonda. estando entre sus dos hermosas nalgotas me quede asi por 2 estaciones gozandola. ella no decia nada, ni se movia demasiado, ella iba como si nada. al ver esto empeze a pegarme con mas fuerza, apachurrando con mi pelvis sus nalgotas wow que rico se sentia, suavecito y bien calentito, ademas de que su pantalon no tenia bolsas traseras. ya entrados en confianza empece con un movimiento lento de mete y saca, sin hacer mucho movimiento, ella volteo levemente pero sin verme. no creo que la haya incomodado yo creo que se sorprendio un poco, pero no dijo nada ni se movio, asi me la coji hasta la estacion nezahualcoyotl, mi verga entraba y sali bien rico un poco sudada por el rico calorcito, entonces me acorde que cuando habia entrado le pique su culote y me gusto como su chiquito se habia contraido, entonces me aparte tantito, baje mi mano derecha y ya que nos teniamos confianza empeze a agarrarle sus nalgotas, eran superdeliciosas, con mi palma extendida no las podia agarrar, las recorri de arriba hasta abajo y de la derecha a la izquierda para meter mi dedo indice en su ano, lo hice con cuidado y volvio a contraerse bien rico, lo saque volvi a masajear sus nalgotas y le pique su ano otra vez se contrajo con menos fuerza, entonces ya se lo agarre condescaro dedeandola bien rico, ella no hizo nada ni cuando le hice esta caricia obsena, al ver que ya llegabamos a Bosques de aragon me decidi a terminar de cogerla sabiendo que en Oceania baja mucha gente y ahora la puerta en la que veniamos recargados se abriria, entonces le volvi a meter mi verga en su culote con una gran confianza como si fueramos novios. le meti mi verga y le agarre sus nalgotas con mis 2 manos, tambien me flexione un poco de las piernas para emparejarme con la altura de su culote y mis huevos pudieran gozar mas ese maravilloso culote, que en ese instante era solo mio. y le di en el mete y saca lentamente, cuando aparentaba salir mi verga le presionaba sus nalgotas segun yo cerrandolas para aumentar el placer. llegamos a deportivo oceania y el metro se paro como 3 minutos y aproveche para terminar de gozar ese culote, de repente senti como mis huevos se llenaban de leche y luego solo senti como mi verga se retorcia de espasmos descargando toda mi leche en ese culote, mientras me venia ella no hizo ningun movimiento solo se dejo, asi me quede un rato, al llegar a Oceania ella no bajo, claro que yo tampoco, se volvio a llenar el metro, aunque un poco mas incomodo todavia quede atras de ella, aunque ya habia descargado mis ansias, todavia le acaricie su chiquito con mi dedo hasta la estacion San Lazaro. ahi nos bajamos, ella sigui con su mama y me fui atras de ellas, Transbordaron con direccion a Pino Suarez, tambien iba lleno, pero luego que se paro en el anden se acercaron los clasicos cachondos como yo, bueno ya era turno de otros.
Lo que mas me gusto de ella es que siempre supo que tenia mi verga en su culote y ella en lugar de quejarse se la comio toda. disculpen que no deje de repetir que tenia unas nalgotas, pero realmente era asi grandes, gorditas y suavecitas, era un poco llenita pero con cintura, gracias a niñas buenas como ella que saben que tienen unas buenas tambochas y las comparten con los hombres sin necesidad de pedirlas es que vale subir al metro y soportar todo. se que ella nunca va a leer este relato, pero a un asi le agradezco haberme dejado agasajar su gran culote.

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Mi poder (I)

El paseo por la playa estaba resultando de lo más relajante.

Se disfrutaba de una temperatura perfecta durante el atardecer del ya bien entrado mes de septiembre y, si bien bañarse sólo estaba reservado a los valientes y los amantes de las sensaciones fuertes, las muchachas aún vestían con atuendos moderadamente reveladores, adecuados para los veintitantos grados que nos brindaba el final del verano. Eran días de reflexión y descanso antes de volver a la rutina normal.

“Normal”… una palabra que no era muy adecuada en mis circunstancias.

El verano había sido una auténtica vorágine de sexo desenfrenado, con tal cantidad de mujeres que ya no podía recordar apenas sus rostros a pesar de lo hermosas que todas ellas eran.

No obstante, me aseguré de recabar sus datos y formas de contacto antes de despedirme de tales beldades. Dado que el sitio en el que me encontraba era una residencia temporal para pasar el verano y que pronto volvería a mi gran ciudad natal, toda una metrópolis, lo más probable es que no tuviera que tener excesiva fortuna para volver a saber de alguna de ellas y sus incuestionables encantos.

Pero eso sería más adelante. Mientras tanto, seguiría caminando por el paseo marítimo, el puerto y la playa, disfrutando simplemente con el paso del tiempo y del rumor de las olas y la charla intrascendente y sosegada de aquellos que, como yo, disfrutaban de su tiempo libre sin prisas.

Mi vida es extraordinaria… una definición precisa pero incompleta. Al cumplir los treinta algo cambió en mí, no sé cómo ni dónde exactamente, si es que acaso fue un cambio provocado por algo externo a mí mismo, cosa que dudo. En cualquier caso empecé a notar que mis deseos se veían cumplidos con una frecuencia inusual…

Al principio pensé que era simple suerte, que la gente a mi alrededor se estaba volviendo más amable conmigo por razones que ellos sólo sabrían, que quizá esperaban algo de mí a cambio, y yo me preguntaba qué pretenderían conseguir, si sólo era un simple trabajador más en el gran engranaje de la sociedad. No tenía dinero, ni era particularmente prominente entre mis conocidos y vecinos, ni tampoco podía concederles favores que realmente pudieran desear más allá de la mera conveniencia de no tener que buscar a otro para ello. Pero tras varios experimentos comprobé que ahí había algo más…

Fue por aquel entonces, cuando sin tenerlas todas conmigo por lo que pudiera pasar, fui a un supermercado de las afueras y aparqué el coche en la mismísima puerta del centro comercial. Inmediatamente el guardia de seguridad se encaminó hacia mí con cara de pocos amigos, pero en cuanto bajé del coche y me dirigí a él, su cara se tornó en un gesto más amable. No obstante me dijo si por favor podría retirar el coche de ahí y dejarlo en las plazas de parking, que apenas estaban a diez metros de allí.

Me quedé unos instantes dubitativo sobre lo que debería hacer, pero al fin y al cabo había ido allí exprofeso para salir de dudas sobre lo que me estaba pasando. Era la ocasión perfecta, puesto que esa persona tenía buenos motivos para hacer valer su autoridad y no me conocía de nada, por lo que no esperaría que le devolviera el “favor”. Así que me armé de valor y le contesté que no pensaba retirar el coche y que más aún, él me lo vigilaría hasta que volviera de comprar.

Inmediatamente tras decir esas palabras me arrepentí. ¿Había ido demasiado lejos al exigirle esa última demanda? Está claro que eso, como mínimo, cabrearía al vigilante más pintado. No es que temiera por mi físico, pero si estaba equivocado no podría volver a pisar ese sitio nunca más, por simple vergüenza…

No obstante, un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando el hombre dijo que encantado haría lo que le acababa de decir, y que por favor me tomara todo el tiempo que necesitara, que él se ocuparía de que nadie golpeara mi coche al salir con los carros por la puerta.

Me quedé helado. Entré en el centro comercial murmurando un “gracias”, pensando que acaso el tío pudiera estar siendo sarcástico y que en realidad estuviera a punto de cogerme por el cogote y echarme, pero no sucedió así. Al ver que iba a entrar se adelantó a mí y se colocó a en frente de las puertas automáticas para que me las encontrara abiertas cuando llegara a su altura, momento en el cual se apartó educadamente y me hizo un saludo con la cabeza sonriendo como si acabara de conocer a su mayor ídolo deportivo de todos los tiempos.

Aquello era demasiado, pero tenía que confirmar que no hubiera sido un caso aislado, así que me propuse seguir con la prueba y aumentar las apuestas. Me encaminé a la sección de electrónica y hogar y me fui directo a un vendedor. Antes de que el valor me flaqueara pregunté cuál era el televisor más caro que tenían, palabras ante las cuales hubo un minúsculo momento de sorpresa seguido de una radiante sonrisa de vendedor modélico.

Éste me guío por los pasillos atestados de televisores de un tamaño cada vez mayor, hasta que llegamos al rincón reservado a los dioses. Ahí se encontraba colgada de la pared la mayor pantalla que había visto en mi vida. Probablemente medía unos tres metros de largo y el sistema de sonido que le habían conectado amenazaba con romper los tímpanos de alguien lo suficientemente incauto como para encenderlo.

El vendedor me preguntó si querría verla funcionando y por un momento pensé en darme el gusto, pero inmediatamente pensé en la desilusión que sería que más tarde tuviera que quedarme con la miel en los labios, por lo que le dije que no y le insté a que me dijera directamente el precio de la pantalla, más todo el sistema home-cinema y los aparantemente comodísimos sillones que habían colocado encima de una mullidísima alfombra para completar la sensación de hallarse frente al sistema de entretenimiento más avanzado del planeta.

Cuando me lo dijo casi me da un ataque de risa, tengo que reconocerlo. Era más del sueldo de dos años y no es que en mi trabajo me pagaran mal, sobre todo teniendo en cuenta los últimos aumentos de sueldo que ni siquiera sugerí.

Era el momento de la verdad, así que me olvidé una vez más de la vergüenza que supondría que fallara mi intuición sobre lo que me estaba sucediendo, y le solté al vendedor que ese precio no me parecía bien y que sería mucho mejor que me saliera totalmente gratis…

Lo que vi en el cambio de expresión del vendedor fue casi determinante para saber que había funcionado. No se estaba mosqueando por haberle hecho perder el tiempo, ni tampoco parecía que fuera a responderme con un comentario ridiculizante ni nada… lo que vi fue preocupación.

Tras unos instantes me dijo que nada le haría más feliz que seguir mi “sugerencia”, pero que era imposible sacar tal cantidad de aparatos tan enormes, sin que hubiera validación informática.

Estaba anonadado. No por la dificultad que impediría que me llevara el televisor, sino por la reacción del vendedor que, a todas luces, ¡se le veía frustrado y triste por no poder concederme mis deseos!

Entonces decidí rizar el rizo y le hice llamar al gerente del hipermercado. Estaba claro que por encima del vendedor habría varios niveles de jefatura hasta llegar al mandamás del centro, pero algo me decía que no tendría ningún problema. Es más, algo me sugería que diera un pequeño “toque” al vendedor para que no se diera contra un muro cuando exigiera a la persona que le pagaba el salario mensual, que se levantara de su cómodo sillón y saliera de su despacho para ir a ver a un comprador totalmente anónimo, sin más motivo que su propio consejo. Así que me concentré en ello y dejé “algo” en él.

Esperé no más de diez minutos, hasta que vi cómo se aproximaban el vendedor y alguien un poco más mayor y mucho mejor vestido, acompañado por una mujer joven y bastante atractiva que vestía como correspondería a una administrativa de altos vuelos. La visión de esa chica llevó a mi mente a otros derroteros bastante estimulantes, pero al punto me volví a concentrar en los dos tiburones que se acercaban a mí y me dispuse a comprobar hasta qué punto había tenido éxito.

El director del centro me estrechó la mano y me preguntó qué deseaba, por lo que entendí en ese momento que el vendedor no le había prevenido sobre mi absurda exigencia. Muy inteligente, pensé, y consideré que ese “toque” que le había otorgado había hecho maravillas.

De modo que le comuniqué al director mi deseo y… casi… casi… tuvo la misma reacción de frustración que su empleado, pero un instante después me sonrió afectuosamente y me dijo que no había ningún problema, que ellos se encargarían de todo y que yo solamente debía darles mi dirección para poder efectuar la entrega de todo.

Casi me caigo de la impresión. ¿Acaso estaba dispuesto a pagar de su bolsillo todo el material? ¿O modificaría de alguna forma los datos administrativos del centro para que figurara como extraviado o algo así? Lo que estaba claro es que se iba a buscar un gran problema para satisfacer mis deseos…

El experimento había resultado un éxito y yo estaba en las nubes. Ya apenas oía nada a mi alrededor porque una ola de emociones y de pensamientos se agolpaba dentro de mí, amenazando con explotar y que me desmayara ahí mismo. ¡Tenía poderes! Era algo absurdo y sin embargo me lo acababa de demostrar a mí mismo. ¿Hasta qué punto podría influenciar en los demás?

Fue entonces cuando, por casualidad, mi mirada volvió a posarse en la secretaria del director, que me miraba sonriendo y preparada con un bloc de notas y un bolígrafo para tomar nota de mi teléfono y mi dirección, a fin de recibir los carísimos regalos. Tampoco a ella le había parecido ridículo que su jefe estuviera dispuesto a saltarse todas las normas para cumplir mis exigencias. Por ello, mis pensamientos se dirigieron inevitablemente hacia…

Haciendo caso omiso a los dos hombres, le tome el bloc y el bolígrafo y escribí una frase: “Quédate conmigo. Vamos a ir al baño de mujeres.” Acto seguido se lo devolví y me dirigí al director agradeciéndole su buena disposición y despachando a los dos, que se fueron cada uno por su lado con una sonrisa de puro orgullo en el rostro… increíble.

La secretaria acababa de leer mi simple frase y aún me miraba sonriendo. Era morena, de pelo largo y liso y muy guapa, la verdad. Una de esas chicas que recién levantada son una belleza natural y que no necesitan maquillaje para resultar una monada. Tendría unos veintitantos y éste seguramente sería de los primeros trabajos que habría conseguido tras terminar alguna carrera tipo administración de empresas o económicas.

Sus ojos claros desprendían inteligencia y prometían, por su expresión entre pícara e inocente, que lo que hiciéramos en el baño sería memorable. Su vestido de corte de negocios era ceñido y aunque no llevaba un escote particularmente revelador, sus pechos se intuían firmes, redondos y de un tamaño moderadamente grandes, quizá casi de una talla 90C. El traje era de chaqueta y falda corta, por lo que se le apreciaban unas piernas largas y esbeltas, precedidas de un culo que prometía ser rayano en lo perfecto.

Un bellezón, simple y llanamente. Si esa chica fuera a hacerse un book con un fotógrafo de PlayBoy, apenas se notaría la diferencia… La verdad es que no era el prototipo de chica con la que hasta entonces había llegado siquiera a soñar tener en mi cama, por lo que esto prometía mucho.

La estreché entre mis brazos y lentamente, saboreando el momento, acerqué mis labios a los suyos. No se apartó, ni tampoco se acercó. Simplemente me esperaba, correspondiendo a mi abrazo pero dejándose hacer. Toqué sus generosos labios y lentamente, casi temiendo un repentino rechazo, introduje mi lengua en su boca, buscando la suya. Al punto empezó a moverla, y noté cómo exhalaba un pequeño suspiro y le flaquearon momentáneamente las piernas, como si le hubiera besado su primer amor adolescente.

La sensación era estupenda. Cada vez se mostraba más activa y, mientras su lengua se movía furiosamente en mi boca, sus manos me apretaban con más fuerza y urgencia. Sus gemidos eran ahogados a duras penas por la falta de aire del prolongado beso. Yo mismo estaba empezando a quedarme sin resuello, por lo que la aparté, no sin un cierto esfuerzo y la observé atentamente.

Estaba sudando y totalmente colorada. Me miraba con un deseo y una adoración que nunca vi en ninguna otra mujer. Se podría decir que estaba a un tris de quitarse la ropa allí mismo, en los pasillos y ofrecérseme en el suelo, sin ningún tipo de pudor. Y yo no quería eso… No al menos hasta comprobar el alcance de mi nuevo poder sobre la gente. ¿A qué distancia podría influenciar? ¿A cuánta gente a la vez? ¿Habría personas resistentes a mi poder? Todos esos interrogantes aplacaron mi lujuria y me aconsejaron proceder con cautela.

La cogí de la mano y miré a mi alrededor. Varias personas ya nos observaban con curiosidad, ya que el beso había sido extremadamente apasionado y erótico. Además, la chica jadeaba a mi lado y no dejaba de mirarme con los ojos vidriosos. Había que salir de allí y pronto, y pensé que quizá no era tan buena idea, después de todo, ir a los baños. Algo me decía que cuando empezáramos a follar, ella proferiría tales gritos de placer que sería imposible pasar desapercibidos.

Así que empecé a andar hacia la salida con ella a mi lado, siguiéndome sumisa y expectante. Pronto llegamos a la entrada y ahí me encontré con mi coche, justo donde lo había dejado, rodeado de las miradas de personas molestas por su ubicación, pero que eran impelidos a rodearlo por el vigilante de seguridad al que se le veía totalmente concentrado en su cometido.

Cuando me vio cambió su expresión de decidida autoridad por la más cordial de las sonrisas y me preguntó si ya había terminado. Le dije que sí y le agradecí su esfuerzo, a lo que quedó visiblemente anonadado por la gratitud. Casi se pone a llorar de la emoción… increíble.

Abrí el coche e insté a la chica a que tomara asiento junto a mí en la parte delantera. Lo arranqué y tomé el camino para salir del centro comercial. A todo esto la chica sudaba cada vez más y el tono de su piel ya era de un rojo intenso que mezclado con su bronceado natural le daba una imagen de lo más erótica y atractiva.

“-Vamos a mi casa. Mientras conduzco puedes hacerme una mamada, ¿de acuerdo?” –le dije. Apenas podía creer que aquello hubiera salido de mi boca, pero me dije que de perdidos al río. Parecía que la tenía totalmente encantada y qué demonios… aquella era una de mis fantasías sexuales desde hacía tiempo. Desde luego a ella no pareció importarle lo más mínimo si aquella frase fue demasiado soez o poco romántica, dadas las circunstancias, porque con un gemido casi animal se precipitó a la cremallera de mis pantalones, y en un par de diestros movimientos sacó mi pene al exterior, que ya había alcanzado un estado de erección bastante considerable.

Y sin más preámbulos, sin ceremonias, ni ningún tipo de jugueteo previo pude ver, a escasos cuarenta centímetros, cómo esa chica preciosa y sexy, que antes de obtener mi poder ni siquiera me habría mirado en un ascensor, engullía mi polla hasta la base de una sola embestida violenta.

La sensación fue indescriptible y lo más intenso que experimenté en toda mi vida. No sólo vi como su nariz llegaba a chocar contra mi pubis, sino que la furiosa succión a la que sometía a mi miembro mientras bajaba era tal que casi me corrí en su garganta antes de que pudiera retirarse una sola vez. Casi pierdo el control del coche, aunque afortunadamente no fue así. En ese momento me di cuenta de que ni en mis más salvajes fantasías estaba preparado para el placer que una mujer desaforada y poseída como ésta podría concederme de una forma tan entusiasta.

Supongo que adivinando mis pensamientos, se quedó así, con todo mi miembro alojado en su boca y su garganta, mirándome con los ojos muy abiertos, anhelantes y mostrando su absoluta sumisión. Parecía como si estuviera invitándome a agarrar su cabeza con ambas manos y usarla a mi conveniencia. Para embestir su garganta una y otra vez hasta correrme, sin preocuparme de si acaso pudiera respirar.

El instinto animal así me lo demandaba, pero pude controlarme debido a que la única forma de llevar a cabo ese deseo sería parar el coche en medio de la calle en la cual ya nos encontrábamos, y haberla usado de esa forma frente a la vista de todos los transeúntes que pasarían a nuestro lado. De modo que le dije que siguiera ella y me concentré lo mejor posible en llevar el coche hasta nuestro destino.

La tarea se reveló ardua y placentera a partes iguales. Apenas podía retirar la vista de la maravillosa y excitante visión que suponía tener a una morenita de ojos azules mirándome fijamente y con devoción, mientras su boca recorría una y otra vez toda la longitud de mi ya durísima polla. A la visión se unían los sonidos de su garganta abriéndose y cerrándose, forzada por la punta de mi miembro, y de su saliva cada vez más abundante en torno a mi pene. Era una sintonía celestial a la par que vulgar y chabacana.

Cuando noté que ya no podría aguantar más bajé la velocidad del coche considerablemente, y justo unos segundos después noté cómo las primeras contracciones prometían uno de los orgasmos más violentos de toda mi vida. Mientras mantenía la mano izquierda en el volante, agarré su pelo con la derecha y comencé a bombear furiosamente, sin preocuparme lo más mínimo de sus leves gemidos de sorpresa. Unos instantes después, sentí cómo el primer chorro de esperma era literalmente disparado por mi polla y entonces, mientras prorrumpí en un grito desgarrador y salvaje, apreté su cabeza contra mi entrepierna con todas mis fuerzas.

Se tragó mi semen, chorro tras chorro, sin que pudiera hacer nada al respecto, ya que la punta de mi miembro estaba alojada profundamente en su garganta. En mis últimos estertores noté como luchaba sin demasiadas fuerzas, llevándose las manos a la mía con la que tenía aprisionada su cabeza. Entonces recuperé algo de mi cordura y tiré súbitamente de su pelo hacia arriba.

A la par que mi polla era bruscamente liberada de su boca, la chica tomó aire de forma desesperada en una sola inspiración que pronto se trasformó en grito de dolor por el maltrato que sufría su pelo en mis manos. Me apresuré a disculparme, aunque a decir verdad no me arrepentí demasiado de cómo la había usado instantes antes. Sin duda había sido la mejor mamada de mi vida y eso era lo único que me importaba.

Pero, como era previsible, al punto me miró con dulzura y me dijo que no me disculpara, que había obtenido ella tanto placer como yo, haciéndomelo así. Mi primera reacción fue de soltar una carcajada. ¿Cómo podía decir eso después del placer sin medida que acababa de experimentar? Y mientras tanto, allí estaba ella, sin apenas poder respirar, con un pene clavado hasta lo más hondo de su garganta y violentada por un tipo que acababa de conocer y que aún no sabía su nombre siquiera.

Eso me hizo recordar que efectivamente aún sabía muy poco de ella, aparte de que estaba increíblemente buena y acababa de hacerme una felación extraordinaria, pero deseché la idea de preguntarle nada.

Al fin y al cabo no sabía hasta qué punto era posible que repentinamente mi poder se agotara y nos viéramos en la tesitura de tener que despedirnos de una forma, como mínimo, claramente incómoda. Ella se preguntaría cómo demonios había podido hacer algo así, con un desconocido y que a fin de cuentas no era gran cosa, y yo tendría que olvidarme de ella para siempre, por mucho que nunca olvidaría el placer que me dio.

Así que seguí conduciendo con la chica preciosa y desconocida a mi lado. Durante el resto del camino estuvo acariciando mi pene y ocasionalmente lamiéndolo sin metérselo en la boca, lo que me hizo pensar que efectivamente había algo en mi poder que hacía que la gente adivinara mis deseos, o al menos mi estado de ánimo actual.

Y es que tras el increíble orgasmo lo que más me apetecía era un poco de descanso hasta que llegáramos a casa, y no otra supermamada que acabara por exprimirme los huevos. Al fin y al cabo aún no había visto desnuda a esta chica y tenía la intención de pasarme toda la noche con ella, tomándome mi tiempo, explorando todas las posibilidades de placer que se me ofrecían.

Finalmente llegamos a casa. Ya había oscurecido y apenas se veía gente por la calle, así que aproveché para darle otro largo beso húmedo antes de salir del coche. Esta vez le metí una mano por debajo de la chaqueta y palpé sus pechos. Efectivamente eran firmes, naturales y afortunadamente el sujetador no tenía relleno. Era todo suyo y cada vez me gustaba más.

Salí del coche y le abrí la puerta como un caballero. No es que el trato que le había dado durante la felación fuera precisamente ejemplar, pero creí que eso no quitaba para intentar tener algún gesto con ella. Después de todo, yo controlaba sus sentimientos hacia mí y técnicamente fue como si la hubiera violado, aunque a decir verdad pareció disfrutar bastante dándome placer… Me prometí a mi mismo que cuando estuviéramos en casa intentaría devolverle el favor, para que no tuviera un terrible recuerdo de mí, en caso de que el control de su mente fuera totalmente restaurado cuando nos separáramos.

Entramos en el portal y la invité a que subiera las escaleras por delante. Ella me miró pícaramente, reconociendo mi intención, así que caminó sugerentemente hasta el primer tramo de escaleras y se fue subiendo la minifalda poco a poco, hasta el punto de que pudiera ver perfectamente su maravilloso culito y sus braguitas, ya empapadas, mientras subíamos por la escalera. Fue un verdadero ejercicio de control no poseerla allí mismo, pero me dije que no me haría un gran favor si dejaba que los vecinos pudieran ver el espectáculo a través de la mirilla, alertados por los gemidos de ambos.

Llegamos milagrosamente a la puerta de mi casa y saqué las llaves. Ella me abrazó por detrás, amorosamente… era una sensación muy agradable. La verdad es que hacía tiempo que no tenía una relación con nadie, quitando algún que otro lío que otro, en el que casi a priori se reconocía por ambas partes una simple y llana búsqueda de placer sin compromiso. No frecuentaba sitios que pudieran ser propicios para nada más, la verdad. Y quizá lo pretendí yo mismo así, después de varios desengaños amorosos en el pasado, no voy a negarlo. Y ahora tenía a aquella preciosidad, que minutos antes me había demostrado de una forma devastadora lo mucho que podría disfrutar con ella a nivel sexual, suspirando mientras me abrazaba y gemía de placer mientras olía mi pelo…

Me sentí confuso por un momento. ¿Tenía derecho a hacerle esto a esa chica, sólo por el hecho de poder hacerlo? ¿Qué pasaría si se enamoraba, o ya estaba enamorada de mí? ¿Podría considerarse ésa una relación viable a pesar de mi control sobre ella…? Entonces mi di cuenta: mi propio experimento había escapado a mi control.

Fue entonces cuando entendí que algo había hecho sin darme cuenta, que había influido sobre ella de una forma especial. Quizá, en el fondo, sí que ansiaba volver a tener novia y al verla a ella, tan bonita, tan sexy, un verdadero orgullo para todo hombre que estuviera con ella, mi subconsciente moldeó la forma en la que mi poder influyó en su psique.

Me di la vuelta y la miré bien… Sí… acababa de conocerla y habíamos empezado la casa por el tejado, por decirlo así, pero observando sus ojos pude comprender que me enamoraría de ella más tarde o más temprano. Tenía algo que iba más allá del físico… e iba a averiguarlo.

Me acerqué a ella y algo en su expresión cambió, como si pudiera leerme los pensamientos, como si en ese preciso instante supiera que acababa de tomar la decisión de ocuparme de ella, de que viviéramos juntos en mi casa, independientemente de lo que pudiera suceder en el futuro con mi poder y sus consecuencias. Al final fue ella la que se lanzó a besarme con urgencia y pasión. Noté cómo, aun habiendo cerrado los ojos, las lágrimas se le escapaban a raudales. Fue, sin duda, el beso de una mujer enamorada. Le correspondí con toda la pasión y sinceridad que pude.

Fue un momento muy emotivo, pero a la vez excitante. Sentí cómo nos subía la temperatura a ambos ante lo que ya no podía posponerse ni un minuto más. La urgencia por desatar nuestros instintos ya no obedecería a convencionalismos ni más consideraciones hacia el pasado o el futuro. En cuanto traspasáramos esa puerta que nos separaría del mundo, íbamos a follar y a hacer el amor como si no hubiera un mañana.

Por fin pude sacar las putas llaves del bolsillo y casi rayo la puerta al abrirla con tantas prisas. Estreché otra vez entre mis brazos a aquel ángel y la hice pasar velozmente por el umbral de mi humilde morada. Le pegué una patada a la puerta, que se cerró con un sonoro portazo, mientras ya me quitaba a toda prisa la camiseta.

Al punto de hacerlo ella se quitó la chaqueta, dejando a la vista una blusa blanca y liviana que no ocultaba demasiado las formas de sus generosos pechos. Hice una pausa para ver cómo se la quitaba y ella, viendo el interés que puse, lo hizo sonriéndome traviesa y lentamente. Un gemido escapó de mis labios cuando por fin se quedó sólo con el sujetador. Como ya adiviné en el coche, sus pechos eran una maravilla. Juraría que el sujetador que llevaba era una mera formalidad, porque ni era de aros ni llevaba relleno. La miré con expectación…

Ella, por primera vez, me miró con timidez y cruzó sus brazos frente a sus pechos, pero al poco tiempo, comprobando que yo me movería ni un ápice hasta verla desnuda, bajó los brazos y optó por retrasar el momento bajándose la minifalda, que cayó al suelo. Ya sólo faltaban un par de trozos de tela sin importancia. Podría decirse que ya estaba desnuda ante mí, y lo que estaba viendo me quitó el aliento.

El traje de negocios que llevaba, si bien no era particularmente recatado, no hacía justicia a las formas esculturales de esta muchacha… Sus piernas eran aún más largas de lo que había imaginado. Su vientre liso y fuerte era algo más que el resultado la simple genética y sin duda estaría moldeado por varias horas semanales de gimnasio. Su trasero no se quedaba atrás en absoluto en cuanto a lo merecedor de elogios, y no veía el momento de poner mis manos en él. Todo en ella clamaba a la perfección y cientos de artistas habrían dado una pierna para poder tener el privilegio de usarla de modelo. Y así con todo, ella estaba delante de mí. Era mía para recibir y dar placer, durante todo el tiempo que quisiera. Un sueño del que nadie querría despertar.

Supongo que al ver mi mirada asombrada y admirada se relajó un poco y decidió llevar sus manos al cierre de su sujetador, mientras me dirigía una sonrisa sincera a la par que provocadora. Sonó el clic y al poco dejó caer la prenda el suelo, junto a las demás. Sus pechos apenas se movieron de donde estaban y quedé aún más maravillado si cabe al contemplar sus senos llenos, redondos y firmes. Mi mirada se posó en sus pezones, que eran moderadamente planos y grandes, de un color rosado, increíblemente apetecibles.

Aquella visión era demasiado y a punto estuve de abalanzarme sobre ella en ese momento, pero decidí esperar a verla totalmente desnuda frente a mí. Era un momento especial y quería atesorarlo y disfrutarlo. Miré sus braguitas con deseo y no tardó mucho antes de comprender lo que quería.

Me sorprendió al darse la vuelta y hacer una de las poses más excitantes que una mujer puede dedicarle a un hombre… se inclinó hacia delante, con las piernas levemente separadas, y muy poco a poco, casi en un movimiento que era una agonía, fue bajándose las braguítas, dejando al descubierto sus más preciados tesoros ante mí. Lo primero que apareció fue su ano, una preciosa estrella rosada sin el menor asomo de vello. Lo siguiente que golpeó mis ojos y mi presencia de ánimo fueron sus labios vaginales, preciosos, delicados y cerrados, también perfectamente depilados al láser, ya que igualaban al tono de piel bronceada que lucía en el resto de su cuerpo. Aquello ya sí que fue demasiado…

“-Quédate así…” –le rogué. Ella lo entendió al instante y separó un poco más las piernas. Saqué mi miembro de los pantalones y ni siquiera me molesté en bajármelos. Fui hacia ella y le acaricié los labios vaginales con la punta, abriéndolos como una flor, poco a poco, impregnándome con sus abundantes fluidos. Se la notaba excitadísima y sabía que si quisiera podría metérsela de un solo empujón. Casi presentía cómo lo ansiaba.

No obstante continué con mi juego, acariciando sus labios con la punta de mi pene, pasando por el clítoris y excitándola aún más si cabe. Sus gemidos sonaban a angustia y placer, con un tinte de desespero por algo que tardaba demasiado en llegar. Acaricié sus pechos desde atrás y sentí con gran placer su tacto suave y firme. Cabían a duras penas en mis manos, sin llegar a ser demasiado grandes.

Era una sensación realmente increíble estar a punto de penetrar a una chica así. Con esa cara y ese cuerpo perfecto podría tener a quien quisiera, y sin embargo allí estaba yo, disponiéndome a usarla a mi antojo, tantas veces como quisiera, sin una sola queja por su parte, sin que fuera a echarme en cara que tardo demasiado en correrme, o que por el contrario llegara antes que ella, sabiendo que respondería con un gemido de placer a cada movimiento mío, y sin que me negara ninguna postura ni ningún orificio de su cuerpo… Nuevamente, el animal que llevo dentro salió de su guarida y tomó el control de mi ser.

Agarrando sus nalgas con ambas manos se las separé ligeramente, y con un único y violento empujón le clavé la polla hasta que mis huevos chocaron con su clítoris. No sé si el grito que profirió fue de placer o de dolor. Lo cierto es que no me importó, aunque intuí por el tono quejumbroso en el que se convirtió al final del alarido, que sería más bien lo segundo. Por eso dejé mi miembro enterrado en su sexo violado, a fin de que pudiera acostumbrarse a la tirantez que ejercía alrededor de mi durísimo pene.

Mientras esperaba me recreé en la visión que me ofrecía su espalda sudorosa y sin mácula, su largo pelo negro como el azabache cayendo en cascada sobre sus hombros delicados y femeninos y sus brazos esbeltos y ligeramente musculados, apoyados en el respaldo del sillón que tenía delante, y su increíble culo en forma de corazón, duro como una roca como sólo una deportista podría aspirar a tenerlo.

Mi polla estaba embutida entre aquellas dos nalgas… era algo que aún en ese momento apenas podía creer. Contemplar además cómo su pequeño ano rosado se contraía por el dolor de su vagina forzada, estando a tan escasa distancia de ella… era más de lo que cualquiera podría aguantar. Pero me contuve. Al fin y al cabo acabábamos de empezar…

Comencé a mover mis caderas y ella, a pesar del dolor, se esforzó por seguir el ritmo que le imponía, cada vez más rápido y brusco. Sus gemidos de placer se mezclaban con pequeños gritos de dolor cuando el ángulo de penetración era demasiado forzado. Cualquier otra mujer habría obligado a su compañero a parar o a cambiar de posición, ¡pero no mi chica…! Ella recibía embate tras embate, empujón tras empujón sin protestar, aguantando estoicamente el dolor que le producía mi polla invadiendo una y otra vez su intimidad violentada.

“-¡Eres mía!” –le gritaba entre embestida y embestida, a lo que ella me respondía “-¡Sí!”, entre gemido de placer y grito de dolor.

Sin duda alguna la sensación de dominación sobre su cuerpo y su mente no hacía sino aumentar el placer que estaba experimentando. No era sadismo gratuito, sino más bien la embriagadora droga que genera el poder sobre otros. Debía tener cuidado de no propasarme con ella, no obstante.

Al fin decidí que ya había tenido bastante dolor, de modo que la cogí por las muñecas y la obligué a incorporarse, mientras seguía penetrándola, esta vez en un ángulo más natural para ella, que no dejaba de ser excitante para mí, ya que podía disponer de sus pechos desde atrás, o incluso acariciar su clítoris mientras mi miembro entraba y salía a menos de un centímetro de mis dedos.

Casi inmediatamente noté cómo empezaba a disfrutar más y pronto todos sus gemidos fueron de puro placer. A veces se daba la vuelta y me ofrecía su boca y su lengua para darnos un beso húmedo totalmente lascivo y carente de romanticismo o ternura. En sus movimientos animales ya no se notaba ningún tipo de pudor, y su único objetivo al igual que el mío era la más absoluta y pura satisfacción física sin más consideraciones.

Se movía como una serpiente. Sus caderas eran un continuo vaivén circular, retorciéndose para que mi miembro alcanzara todos los rincones de su sexo, y me apretaba las manos con las que sujetaba sus pechos, animándome a que los estrujara sin miramientos, a que disfrutara de ellos como estaba disfrutando de todo su cuerpo, sin límites, sin reglas… efectivamente me estaba demostrando que era mía.

Por segunda vez en menos de una hora, empecé a sentir la llegada de un apoteósico orgasmo. De pronto, en un momento de extraña lucidez, recordé que no sabía nada de esa chica y por supuesto no tenía ni idea de si estaría tomando la píldora, así que antes de que comenzara la primera contracción, se la saqué bruscamente de la vagina y la obligué a ponerse de rodillas ante mí. Ella, sin perder un solo segundo, volvió a engullir mi verga tal como hiciera en el coche y empezó a usar su garganta para terminar de hacerme llegar al orgasmo y al séptimo cielo.

En esta ocasión, mi posición era mucho más ventajosa para poder tomarla de la cabeza con ambas manos y nuevamente me importó muy poco si mi chica podría mantener la respiración o no. No obstante, mientras le inyectaba el primer chorro de semen por su garganta, sí sentí un pequeño ramalazo de culpa, ya que al menos hubiera querido darle un orgasmo antes de llegar yo al mío. Simple cuestión de orgullo masculino, supongo…

No obstante, mi sorpresa fue mayúscula cuando reconocí en ella los síntomas y la culminación final de un orgasmo que casi hace que se caiga al suelo. ¡Se estaba corriendo mientras yo hacía lo propio en su garganta! Casi me da la risa al recordar el guión absurdo de una de las películas porno clásicas más conocidas: “Garganta Profunda”, en la que la protagonista sólo podía obtener placer a través de las felaciones profundas que les hacía a los hombres, ya que su clítoris lo tenía localizado en la garganta.

Pero algo me decía que esto era distinto, por supuesto. ¿Acaso había tenido ese orgasmo porque yo me sentía culpable de que no hubiera tenido uno? Era una pregunta interesante que se me vino por la cabeza, pero que tendría que esperar a otro momento más apropiado, porque el placer que me provocaban las contracciones de la base de mi polla era sin duda más satisfactorio.

Su garganta envolvía firmemente la punta de mi pene, y chorro tras chorro de semen fueron directamente a su estómago, mientras ella disfrutaba lo suyo gracias a las violentas contracciones de su propio orgasmo. No podía evitar morderme ligeramente el miembro con cada uno de sus espasmos, y eso no hacía más que aumentar mi placer.

Al fin saqué mi polla de su garganta y su boca. Múltiples hebras de saliva surgieron entre sus labios y mi miembro. Era una visión de lo más excitante, así que mientras ella recuperaba el aliento respirando atropelladamente, acaricié su hermoso rostro con mi verga distribuyendo los fluidos por toda su cara… Nunca había tenido delante una escena como esa, y me maldije a mí mismo por no tener una cámara a mano… pero todo se andaría.

“-¿Te ha gustado, pequeña?” –le pregunté. “-Ha sido maravilloso. ¡He tenido el orgasmo más increíble de mi vida! ¿Cómo lo has hecho?” –me dijo. Aquellas habían sido las frases más largas que me había dirigido desde que la vi, y desde luego definían bastante bien lo que había pasado entre nosotros. No tenía ni idea de cómo responderle, así que me encogí de hombros y la levanté para darle un merecido beso en la frente.

Aquello pareció gustarle, porque enseguida enrojeció y volvió a abrazarme como antes, poniéndose tierna después del increíble polvazo. Otra vez me sentí culpable por cómo la había tratado y le pregunté qué tal se encontraba de ahí abajo. Me dijo que le dolía, pero que se acostumbraría a ello, y que por mí haría lo que fuera para que fuera feliz. Aquello aumentó más aún mi complejo de culpa. Tenía en mis brazos a una chica dominada, pero también enamorada. Eso era incuestionable, así que me prometí a mí mismo cuidar de ella lo mejor que supiera, aunque sólo fuera entre polvo y polvo, ya que según parecía era incapaz de controlarme cuando se me ofrecía la oportunidad de follármela de forma salvaje. Cosa que, por otro lado, ella también pareció disfrutar de lo lindo.

Le sonreí y le di otro beso en los labios, muy tierno. Su suspiro fue casi de desmayo, como los de las novelas románticas de época en las que las damas perdían el resuello por su galán, amén de no poder respirar por los corsés que se gastaban las mozas, claro. Pero en este caso no había corsé y casi tengo que agarrarla para que no se me cayera al suelo.

“-Acostúmbrate a esto. Tengo pensado hacerlo muchas veces y no tengo planes para separarme de ti.” –le dije con un susurro al oído. Y entonces, sin que en el fondo me sorprendiera demasiado, abrió los ojos como platos y acto seguido sí que se desmayó en mis brazos.

Apenas podía creer en lo que había pasado en las últimas horas, mientras la llevaba a mi dormitorio y la depositaba delicadamente en la cama. La contemplé un momento más, admirado de su desnuda belleza, que no hacía sino aumentar ante mis ojos, y la tapé con una ligera sábana antes de que mis bajos instintos volvieran a aflorar. Sugerí a su mente que no se despertara hasta el día siguiente y me encaminé al salón para meditar… tenía mucho en lo que pensar.

Desde entonces vivo con Paula. Estoy enamorado de ella sin remedio y me duele que nuestra relación esté condicionada por mi poder sobre ella, pero sé en el fondo que no podría haber sido de otra forma y no estoy dispuesto a renunciar a ella. Es el amor de mi vida… a pesar de tener la sensación de que cada vez que lo hacemos, en realidad la estoy violando.

Tampoco ayuda mucho a mi paz mental el hecho de que no hay día que no disponga del cuerpo de una o varias desconocidas, a veces incluso llevándolas a casa para montar una orgía en la que hago participar a Paula. En ocasiones incluso llevo a otros hombres para que posean a las mujeres que llevo, e incluso a Paula. Es algo que me excita enormemente, el poder disponer de su cuerpo porque sé que su alma me pertenece, que no hay otro hombre en su vida más que yo, y que por mucho placer que ella obtenga con esos hombres que penetran su cuerpo, el único que puede penetrar hasta lo más hondo de su alma soy yo y nadie más.

Es mía… y yo de ella…

Con esos pensamientos en la cabeza decidí dar por terminado el paseo y encaminarme a la casa de la playa a buen paso.

Y es que los momentos de reflexión y de relax están muy bien por un rato… pero cuando en casa te esperan varias chicas en bikini, con sus novios dispuestos a ayudarte a que las uses como te plazca, amén de tu amor preparada para ser tomada por todos esos novios… a cualquiera no le entran muchas ganas de regresar al hogar… ¿no?

Nota del autor: Este relato es el resultado de varias horas de improvisación calenturienta, je, je… por lo que me gustaría que comentarais el texto dándome vuestra opinión, para saber si merece la pena que siga con la serie o no. Es mi primer relato subido para l@s amig@s de Marqueze.net

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Sueño continuado

Saqué mi verga de su cueva y la pasé por la abertura entre sus nalgas, deteniéndome en su orificio anal, cuyo contorno dibujaba con la punta, hasta que noté que no esperaría más y lentamente di inicio al ingreso de mi pija en aquella gruta que creí vedada para mí. Para mi sorpresa, no tuve que esforzarme demasiado para lograr que mi verga fuera devorada en su totalidad.

Este relato, fruto de mi imaginación, está dedicado a Dumbo y, muy especialmente a A. L.

Me encontraba con mis amigos en la disco a la que solemos ir como último recurso un sábado a la noche. Estábamos hablando y tomando cerveza a la espera de que pasase frente a nosotros un grupo de chicas (aunque sea dos) a quienes “tirarle los galgos”, cuando de pronto, levanto la vista y la veo entrar entre el mar de cabezas. Iba acompañada de él, a quien siguió inmediatamente a la barra, pasando fugazmente delante de mí. La reconocí enseguida, gracias a una foto que ella me había mandado en una de las tantas veces que habíamos hablado por Internet.

Yo nunca le había mandado una. De ahí a que me sorprendió el hecho de que, una vez que llegó a la barra, luego de que se dio vuelta y comenzó a recorrer con la vista el lugar, clavó sus ojos en mí y me saludó como si me hubiese reconocido. Eso sí, lo hizo lo demasiado sutilmente como para no despertar sospechas en su pareja. Yo respondí, tras mi sorpresa, de la misma manera, aunque no tan sutilmente como para que pasara desapercibido frente a mis amigos que, tras notarlo, comenzaron la ronda de cuestionario clásica (¿quién es? ¿de donde la conoces?, etc.), a la que yo respondí sin dudar.

Las horas pasaron y nuestro contacto no había pasado de aquel inicial, salvo por mis recurrentes miradas alrededor buscándola, que no cesaron ni cuando bailaba con alguna mina. De pronto, en una de mis rondas visuales, mis ojos chocan con los suyos que requerían mi atención. Sutilmente, ella me indicó con la cabeza que la siguiera en dirección al baño, por lo que debí cortar el baile que hasta entonces hacía con no sé quien y seguirla; por supuesto que mantuve una cierta distancia en pos de no ser lo suficientemente evidente ante nadie, especialmente ante el señor M. que la acompañaba. Ella desapareció de pronto de mi vista, por lo que, una vez llegado a la puerta del baño de mujeres, volví a mirar alrededor.

Esta búsqueda fue repentinamente cortada por una mano que tomándome de la remera me jaló hacia un costado, fuera de las luces de la pista y el baño. Era ella que me llevaba casi a rastras hasta el sector más alejado y penumbroso de los privados. Una vez allí, me soltó de un empujón, haciendo que cayera sentado en uno de los sillones de ahí. Acto seguido se sentó al lado mí y dijo: “No esperaba encontrarte acá”, tras lo que respondí: “¿Cómo me reconociste?”, ella solo dijo: “Realmente no lo sé,….creo que lo vi en tus ojos, además… creo que eres el único que podría encajar con la descripción que me diste… “.

No hubo más palabras, tan solo nos besamos, del mismo modo en que lo habíamos “hecho” por Internet. Sus gruesos labios tomaron posesión de los míos al tiempo que su lengua horadaba más y más profundamente, hasta alcanzar mi garganta. Yo, por mi parte, disfrutaba de aquella sensación que, indudablemente, superaba lo escrito, a la vez que me disponía a sobarle aquellos inmensos senos que tanto me habían hecho delirar desde el momento en que vi su foto. Podía sentir como se erguían sus pezones tras el elástico velo de su remera, única pared entre ellos y el mundo exterior; también sentía su lengua ir de atrás a adelante en mi boca, al igual que su mano izquierda que subía y bajaba por la carpa que hacía mi verga con el pantalón.

Arriba y abajo iba su mano, una y otra vez, hasta que en una de sus bajadas se aferró a la cremallera y la bajó, ingresando después por la abertura tanto del pantalón como de mis bóxers, y empuñó el miembro que la aguardaba desde hace rato. Éramos una máquina sincronizada, yo con mis manos masajeando sus grandes senos por encima de la remera, ella cavando en mi boca con su lengua mientras su mano me proporcionaba la más hermosa paja que pude haberme imaginado. Paja que, ya que estamos, no duró mucho, ya que, sus labios soltaron los míos haciendo un ruido como de corcho que se destapa, y fueron arrastrándose por mi pecho hasta la bragueta, en donde se detuvieron para dar comienzo a una serie de besos y mordiscos suaves a mi paquete.

Mi glande desnudo esperaba ser presa de sus labios, y lo fue. Ellos se ciñeron en torno a él, encerrándolo y poniéndolo a merced de aquella lengua que hacía poco había subyugado a la mía y que ahora se disponía a hacer lo propio con él, lamiéndolo desde la punta hasta el cuello, haciéndole cosquillas al bajar lentamente por su grieta desnuda y palpitante. Sentía la humedad de su boca posándose sobre él…. era una sensación demasiado viva,… y demasiado real para ser parte de un sueño. Por que eso era lo que pasaba. Este encuentro formaba parte de un sueño. Un sueño que se sentía tan real que no me quedó otra que despertar, cosa que hice.

Mis ojos se abrieron para notar que la evidencia de tal sueño no era por serlo, sino que era provocado por los labios de ella que, arrodillada sobre mi cama, se hallaba entregada a la tarea. Lo hacía de una manera tan espectacular y con una dedicación tal que me parecía como si el sueño que hasta entonces tenía se hubiera trasladado a otro ambiente. De ahí a que me diera un pequeño tirón en el pelo para ver si sentía algo, que sentí. El hecho de que ella estaba allí no fue materia de cuestionamiento alguno, ya que, no importaba como era que estaba sino que me alegraba de eso,…lo disfrutaba. Toda esta pequeña elucubración personal pasó desapercibida frente a ella que seguía cual soldado apostada entre mis piernas, chupándomela con deleite, ahora sí, por completo. Su cabeza subía y bajaba por el tronco de mi verga que ante mis ojos pareció adquirir un tamaño mayor al real.

De tanto en tanto paraba para abocarse momentáneamente a mis testículos, con los cuales jugaba con la lengua, integrando, de tanto en tanto, los dientes, en la forma de pequeños roces que me causaban un cosquilleo que me recorría todo. Una vez más, sus labios rodeaban mi verga y comenzaba un nuevo recorrido, al cual también, de tanto en tanto, agregaba los dientes que hacían cosquillas a su paso. De repente, sus labios dejan mi miembro y ella se incorpora; es ahí donde me doy cuenta de que nada cubre sus senos que surgen majestuosos ante mis ojos a medida que se levanta. Yo, sin perder un segundo, me incorporo sin medir las distancias y voy a dar de lleno con la cara contra esos enormes almohadones coronados por dos rígidos pezones que, una vez allí, me dispongo a mamar como un desbocado, originándole una interminable sucesión de gemidos.

Mis manos, por su parte, ya han tomado posesión de sus carnosas nalgas, aferrándose a ellas como un alpinista a un risco, mientras que mi verga se ha acomodado entre la mullida mata de su pubis. Noto, por el vaivén cerrado de sus senos que su cabeza va de un lado al otro. Es claro que me deseaba dentro de ella ya. Pero yo quería algo antes de eso, y se lo hice saber. A medida que me iba poniendo de rodillas, tiraba de sus nalgas de modo que ella quede finalmente acostada sobre mi cama, con sus piernas pasadas entre las mías. Ella pareció adivinar mis intenciones ya que no tardo en tomarse de los senos, trayéndolos más hacia el centro para, luego de una rápida lamida a éstos, ofrecérmelos en toda su expresión. No tuve más remedio que dar inicio a lo que quería, colocando mi rígido pene entre esas descomunales lomas de deliciosa carne que, apenas lo sintieron entre ellas, se acercaron una a otra, cubriéndolo por completo.

Inmediatamente después, reinicié el vaivén, yendo de atrás hacia delante como un desaforado, viendo como mi verga aparecía y desaparecía por entre esos montes que tanto me habían excitado, hasta el punto de haberme hecho más de una paja imaginando lo que entonces sucedía y que mis ojos no podían creer posible; más aún teniendo en cuenta que ella, de tanto en tanto, llevando su cara al pecho, daba esporádicos lengüetazos a la punta que emergía desnuda y mojada tanto por la saliva que recogía en el camino como por el liquido preseminal que se hacía presente en ese momento y que según pude apreciar en su mirada agregaba un sabor más que placentero.

El final no estaba para nada lejos, y así se lo hice saber al acelerar el ritmo con el que cogía sus senos al tiempo que me aferraba más que firmemente de ellos, cerrándolos aún más en torno a mi verga que, luego de dar señas de no soportar más, estalló copiosamente en el preciso momento en que emergía por entre sus tetas y ella llevaba su cara al pecho, por lo que terminé bañándola con un chorro tras otro que mi verga disparaba, alguno de los cuales dieron en su boca abierta y expectante y fueron tragados sin duda.

Luego que la erupción terminó, acerqué mi pene a medio desfallecer a su boca para que me lo limpiase, cosa que hizo, y con un esmero que cualquier actriz porno envidiaría; la forma en que lo lamía y lo chupaba hasta dejármelo casi vacío hizo que éste despertara de su corta pero apacible siesta para ponerse una vez más al servicio de quien tan “cortésmente” lo requería, y que en ese momento, después de una breve pero para nada despreciable paja, se había volteado, ofreciéndome su espalda. Esto era el cielo para mí, ella había cumplido mi sueño del modo en que lo quería y por eso ahora yo haría lo propio para ella. Deslicé mi cuerpo por encima del de ella hasta llegar hasta sus piernas que posaban flexionadas sobre el piso.

Ni bien me había arrodillado tras ellas, ofreciéndome una vista más que envidiable de sus ondulantes nalgas y de su cuevita que, para cuando mis ojos se posaron en ésta, se encontraba abierta de par en par por sus manos. La invitación que estas me hacían fue complementada por su voz que, emergiendo de entre las lomas traseras decía:” Hazlo, lo quiero”, para luego invitarme con su índice derecho. Era un pedido que no podía rechazar, y no lo hice. Me sumergí entre sus piernas y lamí esa raja que babeaba de modo incontenible un licor extremadamente dulce e incitante. Su clítoris, entretanto, estuvo aplastado contra el empapado colchón hasta que, tomando la iniciativa, coloqué sus piernas sobre mis hombros y, incorporándome un poco, lo tuve al alcance de mis labios que comenzaron a chuparlo cada vez con más ansia.

Así estábamos hasta que, arrodillándome sobre el colchón, le di unos últimos lengüetazos a su raja para luego bajarla de mis hombros y, levándola un poco hacia delante, penetrarla sin dilación y de un solo golpe. Era algo maravilloso: ella recostada boca abajo sobre mi cama con sus piernas estiradas sobre mis muslos recibiendo las “salvajes” embestidas en su babeante y cálida conchita, su cara enterrada en una almohada como intentando silenciar los gritos y los gemidos que aún así escapaban. De pronto, levantó su cabeza, la giró hacia mí y, mirándome con ojos extáticos, me dijo entre gemidos: “Quiero que acabes en mi culo…llénamelo de leche,…quiero tu leche en mi culo…”.

Como sus deseos eran ordenes para mí, rápidamente saqué mi verga pulsante de su cueva y embebida como estaba en sus flujos la pasé una y otra vez por la abertura entre sus nalgas, deteniéndome de a ratos en su orificio anal, cuyo contorno dibujaba con la punta, prolongando aún más el deseo de ella hasta que noté que no esperaría más y lentamente di inicio al ingreso de mi pija en aquella gruta que creí vedada para mí. Para mi sorpresa, no tuve que esforzarme demasiado para lograr que mi verga fuera devorada en su totalidad.

Momentáneamente envidié al señor M., cuyas proezas no me habían sido más que insinuadas, excepto por la que corresponde al tamaño de su herramienta (de ahí a que yo lo llame Dumbo). Esto último me sirvió, en cierta forma, para justificar la facilidad con la que acababa de realizar el ingreso. De todas formas, él no estaba haciéndolo, por ahora, sino yo, y por eso era mi turno de disfrutar del momento, y lo hice en una forma que ni yo creí posible.

Sentía como mi cuerpo iba y venía, aplastándola aún más a ella contra el colchón y el almohadón que ya para ese entonces había sido convertido en una masa de espuma informe, cuya tela mostraba las huellas de los mordiscos que ella le propinaba en el tope de su excitación. Me era posible imaginar sus tremendos senos y sus firmes pezones oprimidos contra el colchón, embadurnándolo en su ir y venir con el sudor que su cuerpo emitía. Yo por el momento, me aferraba de eso glúteos firmes y sudorosos contra los que mi pelvis chasqueaba cada vez más. En ese momento agradecí haber explotado en la manera en que lo hice antes, ya que ahora podría disfrutar de este desbocado vaivén por un tiempo mayor, deleitándome al sentir como los músculos de su ano ondulaban y masajeaban cada centímetro de mi pija al ir deglutiéndola.

De tanto en tanto paraba en diferentes puntos del “recorrido” y me ponía a gozar por unos segundos del hecho de que mi verga se hallaba dentro de ella, como siempre lo había querido desde que la conozco. Pero como todo disfrute, este debía terminar. Mientras se tardó todo estuvo perfecto, mas cuando tocó dar paso a la erupción, ese segundo o dos que tardó, fue aún mejor. Solté sus nalgas y, luego de tomarla de la cintura, liberé toda la locura y la energía que aun me quedaban, cabalgándola como poseso.

Ella sintió que el final venía porque al tocar mis testículos con la mano que hasta ese momento masturbaba su conchita notó que éstos se retraían a la espera del ataque final. Y estallé, no me quedó otra, dentro de ella, inundando el interior de su ano con la leche caliente que había pedido; acto seguido, caí desfallecido pero satisfecho sobre ella. Así quedé, rendido y disfrutando del contacto de nuestros sudorosos cuerpos hasta que ella se levantó y, tras dejarme caer suavemente sobre un costado de la cama, se dirigió a mi amigo para darle las gracias limpiándolo con el mismo esmero con el que lo había hecho anteriormente.

Finalmente, se levantó y antes de irse, se arrodilló al lado mío para darme un corto aunque excitante beso francés. Antes de cruzar el umbral de mi pieza se volvió y me dijo: “Nos “hablamos””. Lo último que vi de ella antes de cerrar los ojos fue su precioso cuerpo desnudo y brillante de sudor desapareciendo.

Autor: Lolo6561

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Por despecho

Se montó sobre mí con mis piernas sobre sus hombros y empezó un mete y saca que cada embestida me hacía retorcer de placer y así mismo como estábamos sacó su pene de mí y lo dirigió hacia mi culito, mientras se comía mis pechos como un desesperado, esto me produjo un escalofrío riquísimo, una sensación entre dolor y placer indescriptible.

Después de mucho tiempo me animé a escribir nuevamente mis aventuras, la Chiqui sigue en acción, esto sucedió un día de despecho, de un fuerte despecho, ese día me di cuenta que la relación con el gran amor de mi vida había terminado.

Lo cierto es que después de una conversación que tuve con mi gran amor vía telefónica quedé muy, pero muy mal, así que después de caminar un rato me metí en un cibercafé y comencé a revisar sus fotos que tengo en mi álbum de Yahoo y después de llorar mucho me dije que no lloraba más por un hombre, así que sequé mis lágrimas y abrí una página de chat de personas de ambiente.

Hablé con unas cuantas chicas, pero todas me parecían ridículas, hasta que llegó una que no se por cual razón me llamó tanto la atención, estuvimos conversando por espacio de una hora me dijo que quería invitarme a comer un helado que quería conocerme y después de un rato accedí, nos pusimos de acuerdo, le dije en donde estaba y quedó en pasar por mí, cuando de repente me dice:

Ella: Tengo que confesarte algo.  Yo: ¿qué?  Ella: espero no te molestes, pero te juro que estoy loco por conocerte.  Yo: ya esto me sonó mal.  Ella: la verdad que yo no soy una mujer sino un hombre, no tranques por favor. Te quiero conocer, tengo un amigo que está dónde tú estás y por la descripción que me diste, se la comenté a él,  te buscó y me dijo que verdad estabas ahí y que te veías muy bien. Discúlpame, pero te quiero conocer.

Bueno, lo cierto es que le dije un poco de cosas, creo que lo insulté, pero nunca le cerré la ventana, es que de verdad esa persona con la que hablé él o ella me había caído bien. El siguió insistiendo, y yo le dije que con mucho gusto le podía conocer, pero que no saldría nunca con él, me dijo que lo esperara 15 minutos que iría a conocerme. Así fue, llegó y era un niño para mí, eso si, muy lindo, moreno, no muy alto, pero en general bien simpático. Me pidió que no le negara la invitación al café y acepté (después de mucho negarme, la verdad no me sentía de ánimo).

Salimos de allí nos dirigimos a un centro comercial allí cerca, pero estaba cerrado, algo extraño aún era temprano para estar cerrado. Nos quedamos sin saber que hacer, hasta que me dijo bueno cambiemos el café por unas cervezas aquí en la tasca que tenemos aquí cerca. Después de pensarlo, me dije que cual era el problema, además con semejante despecho unas cervezas, no me caían mal. Entramos a la tasca como a las 6 de la tarde, estuvimos hablando muy amenamente, Orlando es un chico que a pesar de su poca edad es muy serio y tiene sus metas y objetivos bien claros, eso me gustaba. Le dije que a las 8 tendría que irme pues mis hijos me esperaban en casa. Cuando se acercó la hora ya estábamos bastante bien y él no quería que yo me fuera, allí nos prestaron un teléfono y llamé a mi casa para decir que llegaba un poquito más tarde porque estaba con unos compañeros.

Como a las 11 salimos de allí a un hotel (¿que loca no?), pero creo que fue una de las mejores terapias que he recibido.

Entramos en la habitación, Orlando quería darse un baño, yo me quedé en la cama, mi sorpresa fue cuando salió aún con ropa y me brincó encima, me desvistió de una y me llevó a la ducha con él, allí comenzamos con besos, abrazos, caricias.

Mientras me bañaba me acariciaba toda y yo hacía lo mismo con él, así salimos del baño y nos fuimos entrelazados entre besos y trastabillones hasta la cama…

De inmediato me tumbó en ella y se perdió en mi concha, dibujando con su lengua, mis labios y clítoris, dedicándose a este último con más pasión, absorbiéndolo entre sus labios, cosa que me hacía estremecer…

De vez en cuando bajaba para darme un estremecedor beso negro al mismo tiempo que metía dos dedos en mi vagina…

Yo estaba convertida en un arco humano, de esa forma me corrí por primera vez, cambiamos y nos unimos en un 69 espectacular.

De verdad que este hombre estaba bien dotado, en esa posición se comió mi culito y hay que ver que eso si es bueno.  A Orlando le gusta siempre dominar, casi que no me dejó actuar…

Se montó sobre mí con mis piernas sobre sus hombros y empezó un mete y saca que cada embestida me hacía retorcer de placer y así mismo como estábamos sacó su pene de mí y lo dirigió hacia mi culito (por allí la cosa conmigo no es muy buena)

Enseguida apreté y echamos a reír los dos, me dijo que aflojara que lo iba hacer con sutileza y así fue (reconozco que soy cobarde), de a poco metía y lo dejaba un rato mientras dilataba y se acostumbraba al tamaño, mientras se comía mis pechos como un desesperado…

En unos minutos metía un poco más hasta que entró todo y poco a poco fue metiendo y sacando, esto me produjo un escalofrío riquísimo, una sensación entre dolor y placer indescriptible.

No tardé en tener otro orgasmo y él igual.

Lo sacó de allí, me volteó y me puso en posición de perrito y así lo introdujo en mi concha y de repente sentí que me dio una nalgada y que me tomaba con fuerza del cabello (sin llegar a jalar)

Creo que eso me hizo reventar en otro orgasmo, él al sentir mis espasmos se dio cuenta que sus nalgadas me excitaban cada vez más, que me ponían a mil y que quería más..

No se cuanto tiempo estuvimos así y tampoco se cuantos orgasmos llegué a tener, lo que si se es que llegó un momento en que sentía que ya mis piernas no resistían un minuto más y tuve un último orgasmo que me hizo desplomar, él también (por fin), acabó.

Descansamos un rato, hablamos, vimos tele y le dije que nos fuéramos…

Cuando me levanté me dio un tirón del brazo y quedé sobre él, pues no me aguanté y me monté sobre él y comencé a besarlo, morderlo y así su pene ya bien erecto estaba prisionero entre mis piernas, me lo introduje de a poco.

Me sentía algo lastimada por la acción anterior y empecé a cabalgarlo primero con suavidad, sin moverme mucho, con movimientos circulares y así fui acelerando mis movimientos, mientras más rápido le daba más quería darle…

Él con una de sus manos agarraba uno de mis pechos y con la otra se agarraba con fuerza de la cama…

Noté que esta vez su aguante no iba hacer como el primero (por suerte, porque yo estaba muerta), cuando me dijo que se venía me levanté y dejé que me bañara con su leche, esta vez yo no tuve orgasmos, pero igual lo disfruté muchísimo.

Actualmente él y yo somos muy buenos amigos y estas aventuras solo se han repetido una vez más. Espero les haya gustado.

Autora: Chiqui

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