Teníamos todo planeado

Me tiró contra la pared y me folló como nunca lo había hecho, como si fuera una verdadera puta. Me repetía al oído todo el tiempo que era su puta, que iba a hacerme lo que le diera la gana, que le iba a obedecer a todas sus órdenes y eso me excitaba aún más, me encanta ser su puta y sentirme como tal, haciendo todo lo que se le ocurre, todos sus deseos, sus fantasías.

Soy suya. Completamente. Y aquella noche, todo iría un paso más allá. Teníamos todo planeado, él me llevó en coche hasta allí, pero entré sola a la discoteca. Me dirigí a la barra y pedí una copa, entonces entró él, nos intercambiamos una mirada que combinaba complicidad y deseo, pero no nos hablamos.

Me fui de la barra hacia la pista, era un sitio grande y había bastante gente. Al poco tiempo de estar en la pista se me acercaron varios tíos, dos de ellos me resultaban graciosos y miré hacia atrás para cerciorarme de que él me estaba mirando… y así era, no me quitaba ojo de encima, su cara era la viva imagen de los celos y excitación que casi le hacía tener fuego en los ojos.

Entonces me hizo un gesto con la cabeza, casi imperceptible, para que siguiera… ese fue el comienzo. Sabiendo que él estaba de acuerdo empecé a tontear en serio con aquellos dos tíos, ni siquiera me acordaba de cómo se llamaban y me daba igual, era la primera vez que tenía claro lo que quería de ellos, sólo eran una herramienta que nos serviría para tener aún más placer.

Me preguntaron por qué estaba sola, les dije que había discutido con mis amigas y que me había marchado, pero no me apetecía irme a casa tan pronto y había decidido ir a tomar algo. Les extrañó mucho, y estoy segura de que pensaron que era una putita que tenía ganas de follar, pero en cierta manera así era.

Hablábamos y nos reíamos, y cada vez más descaradamente, no dejaban de mirar mi escote. La verdad es que no me extrañaba. Aquella noche llevaba la camisa más sexy que había sido capaz de encontrar y un sujetador negro muy bonito, que apenas podía contener mis pechos. Tengo una talla 100, natural, unas tetas de verdad, que hacen que los tíos giren la cabeza cuando voy andando por la calle.

Cada vez estaba más caliente y, disimuladamente, me agachaba un poquito, riéndome y haciéndome la tonta, para que pudieran ver bien mi sujetador y mis tetas. Incluso les rozaba con ellas, como sin querer, cuando bailábamos. Les pedí que me invitaran a otra copa y así lo hicieron, pensaban emborracharme y ponían mucho énfasis en que bebiese más rápido… pero realmente era yo la que controlaba la situación.

Disimuladamente no paraba de mirarle, seguía en el mismo sitio, inmóvil, con los ojos clavados en la escena y tan excitado que incluso desde mi posición podía notar como su polla intentaba salir del pantalón. Me gustaba estar allí, yo jugaba con dos tíos a los que no conocía y que estaban súper excitados y 10 metros más allá estaba él, muriéndose por clavarme su polla como nunca lo había hecho. Antes de terminar la segunda copa miré hacia él y le hice un gesto con la cabeza para que se acercase… quería que estuviese cerca y que me oyese hablar con aquellos tíos, que viese como tomaban cada vez más confianza. Los dos se habían dado cuenta de que buscaba algo más que hablar con ellos, y ya me cogían de la cintura con descaro, o ponían sus manos en mi pierna…

Al poco tiempo de estar los cuatro juntos él me miró con ojos de furia y se levantó hacia el baño, entonces cogí a los dos chicos por la muñecas, efusivamente, sin dejarles tiempo a pensar, ni a preguntar, segura de lo que estaba haciendo y me metí con ellos en el baño. Los tíos flipaban, no sabían que estaba pasando. Entonces le miré, excitadísima  y muy picarona, pidiéndole permiso…él no dijo nada, solo sonrió.

Era la señal. Ya no había vuelta atrás. Me agaché despacio, mirándoles a los ojos… me quité la camiseta y el sujetador negro de encaje que llevaba. Todos me miraban con deseo. Estaba excitadísima cuando todos me empezaron a tocar las tetas… me encantaba… seis manos para mí sola, acariciándolas y apretándolas. Lo hacían con desesperación, con mucha fuerza, y a veces me hacían daño. Pero eso todavía me ponía más.

Entonces decidí que ya era suficiente, que quería más… les dije con voz autoritaria que ya estaba bien, que se sacasen la polla de una vez porque no tenía toda la noche. Junté mis tetas y todos se empezaron a pajear delante de mí… me encantó esa situación… tres pollas frente a mí… ummmm, se corrieron rápido, uno tras otro, sobre mis tetas… me folló como nunca lo había hecho… como si fuera una verdadera puta.

Había tanta leche que me resbalaba entre ellas, bajando hasta el estómago. Entonces él casi sin dejar que se abrocharan los pantalones los echó del baño… les dijo: “fuera de aquí, ¡ahora!” con esa voz potente y dominante…

Yo me había levantado y acariciándome mis tetas con toda aquella leche sobre ellas le pregunté: “¿te ha gustado, cariño?” y sin decirme una palabra me tiró contra la pared súper fuerte y me folló como nunca lo había hecho… como si fuera una verdadera puta.

Me repetía al oído todo el tiempo que era su puta, que iba a hacerme lo que le diera la gana, que le iba a obedecer a todas sus órdenes… y eso me excitaba aún más… me encanta ser su puta y sentirme como tal, haciendo todo lo que se le ocurre, todos sus deseos, sus fantasías… y entonces sacó su polla de mí y se corrió en mi cara, dejando entrar parte de su leche en mi boca… fue una corrida bestial… luego le limpié muy bien su preciosa y perfecta polla, me encanta hacer eso…

Salimos del bar todavía excitados, ni siquiera me fijé si aquellos tíos seguían allí… lo único que pensaba es que era su puta y que ya tenía ganas de que me lo hiciese saber otra vez…

Autora: Susana

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