Quién roba a una ladrona…

Era una tarde de sábado en Enero, yo me había visto con un amigo quién debía devolverme un libro que le había prestado para estudiar. Al salir la vi a Bibiana, ella es una chica dueña de una librería a la que voy a comprar habitualmente, ella trabaja con su suegra tiene 33 años, rubia, de estatura media, un poco de pancita y cola pero apetecible sin dudas, no la conocía tanto, solo de comprar ocasionalmente.

Nos saludamos, ambos íbamos hacia la salida, me preguntó si había comprado algo, a lo que respondí que no, por lo que pregunte a ella y me dijo que tampoco, me preguntó si iba a mi casa, porque estaba con el auto y me podía llevar a lo que asentí, le pregunté que hacia en el Shopping y me dijo que había ido a ver bikinis ya que en 2 días se iba de vacaciones a la costa con su familia, pero que no había comprado ninguna. Mientras tanto llegamos hacia la puerta de su auto, luego de bajar por el pasillo, abrió la puerta y me senté, entonces ella me dijo:

-Pero te voy a confesar algo: me robé una

Yo me sorprendí y le dije que no le creía, entonces me contó, cuando estaba en el probador había mucha gente la vendedora le dio 4 modelos distintos para probar pero creyó que eran 3, que fue lo que le dijo, así que se quedó con una.

-Bueno-pregunté- pero donde la escondiste?
– No me lo vas a creer, respondió sonriendo.

A todo esto cabe aclarar que estábamos sentados frente a frente en los asientos, ella no habia encendido el motor y el garage del shopping estaba semioscuro.

-Dónde? Inquirí ya con cierta erección de mi miembro sospechando lo que vendría…
– Bajo mi bombacha, dijo sonriendo.
– No te creo, le espeté
-Bueno, me dijo, podés chequearlo vos mismo, hace mucho calor acá en el auto, me siento molesta por el sudor, porque no me ayudas –dijo mientras comenzaba lentamente a abrir las piernas- no aguanto la presión de 2 prendas, sacame la bombacha.

En ese momento mi erección se habia incremenatdo mucho pero trate de mantener mi cabeza fria, me agaché bajo su asiento, con mis 2 manos fui rozando suspiernas hasta llegar a sus caderas y comencé a bajar su prenda intima, era de color blanco, de seda, estaba bastante húmeda por el sudor, después de unos movimientos curvilineos, logre sacarla y me la quedé en la mano; mientras tanto a pesar de la penumbras en las que estabamos en el auto, pude divisar su bikini robada, era de color crema con estrellitas rosadas.

Es hermosa, le dije, yo también me la hubiera robado…y subi mis manos por sus piernas hasta tocarla,le dije que suavecita es, mientras acariciaba su bikini también algo húmeda.
-Ya que está ahí abajo creo que necesito tu ayuda, dijo sonriendo,
-Ya mismo, le contesté y comencé a darle besitos, mientras con mis dedos corria la bikini y mi indice se introducia en su vagina lentamente, rocé su clitoris con suavidad pero constantemente, a los 2 minutos enti un gemido fuerte y mi dedo comenzó a humedecerse hasta que por fin acabó, en una chorreteada enorme, no muy frecuente en las mujeres, tanto que mojó mi cara, el asiento y el piso tenían un charco y su flujo también había ensuciado bastante su bikini cremita.

– Bueno, mi amor, le dije ahora te toca pagar a vos.

Busqué en mi billetera un forro, y me lo puse rapidamente, ya que mi pija estaba a 1000, me coloque encima de ella reclinamos el asiento y la cogí un rato, no pude aguantar mucho, porque estaba muy cargado,pero también llené mi forro con una enorme cantidad de leche, mientras sus labios vaginales comprimian mi verga.

Terminamos lo nuestro, ellamed ijo que tenia que pasara buscara su hijo en un cumple, me llevó a mi casa y quedamosen repetir otro dia, nos despedimos con un cálido beso en la boca… y le robé la bombacha…que la tenia en mi bolsillo desde que se la había sacado, quién roba a un ladrón tienen 100 años de perdón…

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Mi tía Julia

Mi tía se dio media vuelta y se colocó a cuatro patas sobre la cama con la cabeza reposando de costado sobre el cojín, su culo era grande y jugoso, por los gemidos de placer que emitía Julia iba a correrse. Yo estaba mareado por la calentura y a punto de explotar por la proximidad del orgasmo.

La mayoría empezáis vuestros relatos diciendo que lo que sigue sucedió de verdad o que la historia que leeremos es real como la vida misma sin daros cuenta que, de este modo, contribuís a que la gente no lo lea como cierto. ¿Qué necesidad hay de desvelar el secreto antes de empezar?

Suelen seguir con descripciones físicas porque un relato erótico debe tener una carga gráfica importante: necesitamos que la imaginación pueda perfilar lo mejor posible a los protagonistas y comentar los rasgos corporales nos ayuda mucho a conseguirlo. De mí os diré que tengo casi 30 años, soy moreno con ojos oscuros llenos de expresividad, alto, delgado y fibroso. Nunca he tenido problemas para gustar a las mujeres aunque, para mi gusto, me di cuenta demasiado tarde de eso. Mi carácter afable y comprensivo me ayuda y tampoco negaré que gusto a bastantes hombres, aunque no sean para nada de mi interés sexualmente hablando. He pedido permiso a mi pene para poder hablaros de él, pero me ha comentado que prefiere que sus datos y medidas no sean publicados, él pertenece a las mujeres que lo deseen porque sabe que no las va a dejar indiferentes, ellas si podrían describirlo.

Para mí, el sexo es lo más importante en mi vida desde que descubrí la magia que encerraba un orgasmo mientras me derramaba sobre una revista erótica demasiado usada. Fue una explosión de placer tan intensa que creía que me faltaba la respiración y que sería transportado al paraíso. Algo cambió cuando besé por vez primera a una chica, entonces supe que mi vida tendría un objetivo básico: seducir a las mujeres. Mi sexualidad ha ido evolucionando, también mis gustos que ahora son más complejos, variados y elaborados.

La historia que aquí os voy a contar pasó hace unos 12 años, fue un verano en la costa brava, en un apartamento de playa pasando las vacaciones con mi abuela y mi tía Julia. Por aquel entonces mis apetencias de chico virgen eran muy claras: quería tocar, lamer y penetrar cuerpos de mujeres maduras sin importarme demasiado su edad ni poner demasiados reparos a su belleza; cada día despertaba con erecciones y, a pesar de mis proezas de onanismo, pasaba empalmado gran parte del tiempo, caliente como el mes de agosto, salido como un perro, guarro como sólo un adolescente puede ser.

La vida veraniega era fácil, mis obligaciones eran pocas en la casa puesto que mi tía y mi abuela se ocupaban de todo mientras los cabronazos de mis padres y hermanos se pegaban el viaje padre por Suecia. Sólo tenía que hacerme la cama, ayudar a poner y quitar la mesa y hacer ver que estudiaba cuando en realidad me encerraba y masturbaba en mi habitación con las bragas y sujetadores de mi tía que cogía del cesto de la ropa sucia y que a veces devolvía manchados de mí. No podía evitarlo. Mi tía Julia me volvía loquito, a mí me parecía el sexo en persona: destilaba deseo y su manera de hablar y de moverse eran de gata, suavidad y sensualidad dentro de un cuerpazo de mujer cuarentona: rubia, ojos azules, rellenita aunque con formas y una mirada inteligente que parecía que estaba adivinando lo que pensabas en ese mismo instante. Sabiéndome desde hacía tiempo el sobrino preferido de mi tiita, ella siempre fue muy dulce conmigo, ignorando que mientras compartíamos techo o en el tiempo que pasamos juntos yo lo que quería era follármela, lamerla toda, darle placer y gozar con su goce.

Me levantaba cuando ella salía de su habitación para verla desayunar vestida con un camisón corto y medio transparente que dejaba entrever tras la tela unos pezones que eran tan grandes y oscuritos. La acompañaba siempre a la playa, renunciando a ir con mis amigos, para verla nadar en bañador de una pieza. La espiaba desde los rincones del piso, desde detrás de las puertas y por las noches salía a la terraza a oscuras para ir a la ventana de su habitación y mirarla mientras leía alguna novela hasta que apagaba la luz. Me fijaba en ella con disimulo cuando planchaba, cuando cantaba, mientras fregaba los platos o cuando cocinaba.

Lo que más morbo me daba era saber que llevaba diez años separada de su marido y que no había tenido desde entonces ninguna pareja, ni amante, ni nada por el estilo, únicamente la compañía de Rufo, el cocker de quien yo estaba tan celoso porque dormía con ella en su habitación. Pensaba que, en cierto sentido, estábamos igual: los dos solos, los dos sin sexo, los dos calientes, los dos receptivos y que ella debía masturbarse tan a menudo como yo. Me gustaba repetirle a menudo lo guapa que era, la trataba con mucha dulzura y me ganaba su confianza para poder cogerle la mano de vez en cuando, apoyar mi cabeza en su hombro mientras mirábamos con mi abuela la televisión.

Yo intuía que ella en algún momento del día se masturbaba, estaba casi convencido, pero no había manera de desvelar ese secreto: ¿lo hacía en la ducha o de noche en la cama? ¿Se limitaba a pajearse deprisa y vestida o se tomaba tiempo para recrearse en su placer? La ropa interior que yo examinaba y olisqueaba a diario no me daba muchas pistas, aunque yo sabía por mi padre que mi tía fue muy activa tiempo atrás, cuando aún no estaba harta de los hombres en general y de que le hicieran daño. Siempre he pensado que no hay imagen más bella que la de una mujer acariciándose y era esa mi principal obsesión tras quince días conviviendo con mi Julia.

La noche del 18 de agosto fuimos a la playa con mi tía para ver la lluvia de estrellas típica de cada verano y yo vi muy claro que ese era el momento del ataque. Envalentonado aparecí en la playa con la mejor de mis camisas, la mejor sonrisa y una botella del cava preferido de mi tía. Ella estaba radiante con un vestido de tirantes negro, cortito, que parecía estar abrazando toda su anatomía cómo y cuándo soñaba despierto. Al darse la vuelta pude apreciar sus grandes senos sujetos y apretados por la tela, empezaba a conocerlos de memoria y ella notó mi atención hacia esa parte de su cuerpo. La falta de sujetador por el contorno tan marcado de sus pezones añadía dureza a la erección que me sobrevino:

-¡Mi cava preferido! Vamos a sentarnos cerca de la orilla que quiero meter los pies en el agua y a Rufo le gusta bañarse.

Ver sus pies desnudos y la forma en que se sujetaba el vestido arremangado no ayudó a que me tranquilizara, los calzoncillos bóxer extendían mi polla tiesa a lo largo de la pernera de mis tejanos y me hacían sentir el calor que desprendía mi rabo. Tras un rato bebiendo cava en silencio, viendo como el perro hacía el tonto con las olas, le dije:

-Esta noche es nuestra… yo… -Jaime, ¿estás bien cariño?- me arrimé más a ella. -Tía Julia voy a besarte… -¿Qué? Realmente no estás bien, será el cava – mientras el chucho empezó a ladrar. -Pero yo te deseo… -Vamos a casa, hace frío y tu abuela estará esperando- Julia se levantó y Rufo se puso a su lado. -La abuela, no se entera, déjame dormir contigo- dije incorporándome mientras la trataba de abrazar por la cintura.-No seas pelma, pareces un niño pequeño.-Tía, yo ya soy un hombre y puedes tenerme cuando quieras.-Ja, ja, ja, para hombres estoy yo, anda campeón, vámonos a casa y te das una ducha fría.

De esta manera abrupta acabó mi intento de ligarla, me sentía estúpido y los efectos del cava me habían dejado aturdido, ¿qué habré hecho mal? pensaba yo, inocente de mí. Al entrar en el ascensor de casa miré a Julia a los ojos y empecé a quitarme la ropa empezando por la camisa y los zapatos.

-¿Qué estás haciendo? -Dijiste que me hacía falta una ducha, lo hago para ganar tiempo y estar en pelotas cuando lleguemos a casa.-Eres muy rebelde, ¡para ya de desnudarte! Mientras bajaba mis calzoncillos, dije: -Tía, esto es para ti, mereces verme desnudo ahora que ya soy un hombre, me has cuidado mucho y quiero regalarte mi cuerpo.

Ella hizo un chasquido con la boca y se dio media vuelta en el ascensor dándome la espalda que acababa con aquel pedazo de culo gordo y prieto que quería penetrar.

-Vístete no quiero estos regalos, tienes que encontrar novia urgentemente.

Ya habíamos llegado a nuestra planta y empecé a vestirme no sin antes advertir que mi tía me miraba la polla por el reflejo del cristal, así de reojo, como quien no quiere la cosa. Entramos a casa, la abuela dormía ya. Bajo el agua de la ducha me sentía un fracasado, incapaz de ligar con nadie, me hice una paja de mala gana y me corrí enseguida. Mientras me secaba mi tía me dio las buenas noches desde el otro lado de la puerta y oí como se encerraba en su habitación.

Salí, me acerqué a su cuarto y puse la oreja sobre la puerta: estaba en silencio aunque con la luz encendida, probablemente leyendo en la cama. Di media vuelta, me dirigí al salón, salí a la terraza y me puse enfrente de la persiana de su habitación. Nunca echaba toda la persiana y tampoco cerraba la ventana ni las cortinas, así que quedaban los agujeritos por dónde mirar y aquél día no era una excepción, quería contemplarla antes de acostarme; al acercar los ojos me sorprendió gratamente lo que vi: estaba echada boca arriba en la cama con sus largas piernas ligeramente flexionadas y llevaba únicamente unas bragas negras muy pequeñas (yo las conocía bien de haberlas tenido entre mis manos y ahora cubrían el mejor tesoro del mundo: tapaban el coño húmedo de mi tía Julia), cuando siempre usaba una camiseta larga muy poco sexy.

Por primera vez en toda mi vida le vi los pechos: eran de un tamaño muy grande, me parecían enormes y sobre todo muy redondos, quedaban iluminados por la lámpara de la mesilla de noche y parecían brillar porque la piel estaba muy blanca. Estaban un poco caídos y los pezones destacaban por ser muy oscuros y anchos, cada pecho parecía ir hacia un lado distinto acabando en una puntita muy salida y rugosa, seguro que estaban rebosantes de leche para mi boca juguetona. Empecé a respirar tan fuerte que temí ser descubierto, mi corazón latía a toda máquina para enviar toda la sangre disponible hacia mi polla que se hinchó rápidamente, nunca la había tenido tan gorda. Disfrutaba como nunca con lo que veía, me sentía terriblemente sexual, y me imaginaba con esos pezones en mi boca, tan largos como un dedo meñique, pensé que quizás mi tía Julia estaba excitada por haberme visto desnudo en el ascensor cuando, de pronto, ella envolvió su pecho con la mano derecha y entreabriendo sus dedos empezó a apretar su pezón izquierdo y a pellizcarlo, pareció crecer más y entonces se dedicó al otro pecho…

Que visión, mi tía sobándose las tetas que parecían ahora más grandes apretujadas de aquella manera que casi debía hacerle daño, pero que la ponía cardíaca porque abría y cerraba sus piernas mientras realizaba suaves movimientos con sus caderas de Marylin Monroe. Al rato se colocó entonces ladeada de manera que pude verla más de frente justo cuando hundió una mano en las braguitas, la removió como si hurgara, la sacó y se la llevó a la cara para oler los húmedos dedos, yo creía estar soñando, ella estiró las piernas y las elevó y con un rápido movimiento levantando el culo se quitó las bragas y las posó sobre su estómago. Yo me pellizcaba y agradecía mi suerte, sentía las pulsaciones en las venas de mi pollón.

No podía apreciar bien su coñito y, por mucho que me esforcé en tratar de cambiar de puesto de vigilancia, la mejor perspectiva que tuve me permitió ver que era muy peludo, rizado y de un color castaño oscuro como el de los cigarros, no alcancé a verle los labios ni el agujero del culo. Se movió lentamente como narcotizada por el sexo y su pierna izquierda flexionada tapó su sexo, fue entonces cuando cogió las bragas negras, las desenredó y desplegó las parte de la toallita para pasarla suavemente primero por un pezón y luego por el otro, con movimientos circulares y mucha sensualidad. Acercó la mano derecha con pulso firme hacía la entrada de su vagina y debió hundir cuatro dedos en su coño que salieron untados de flujo transparente y los secó contra sus tetazas.

Yo creía percibir su olor a sexo, olor a pan acabado de hacer, sabor de lujuria. Cuando acabó, sus pezones brillaban por los juguitos con los que habían sido bañados. Deslizó una mano desde el pecho, pasando por su ombligo, hasta llegar a su peludo del pubis… una vez allí la mano se puso vertical con los dedos muy tensos y empezó a subirla y bajarla cada vez con mayor frecuencia. Los movimientos eran precisos y podía escuchar el sonido de su flujo, estaba empapada y cerraba los ojos cada vez más rato. Abrí mis calzoncillos bóxer y dejé mi polla libre, estaba caliente, hermosa y se me marcaban mucho las venas, tuve que empezar a masturbarme lentamente, sin prisa, pero sin pausa, estaba siendo testigo de lo mejor que me podía pasar sin importarme lo más mínimo que alguien pudiera verme desde los edificios de enfrente.

Julia seguía haciéndose un dedito aunque yo no podía verle el coño, su cuerpo cada vez estaba más tenso y arqueado y sus pezones se erguían mirando al cielo, creo que tanto ella como yo estábamos a punto de corrernos. Mi tía se revolvía de gusto mientras yo pensaba en lo puta que podía llegar a ser y en que un día de esos iba a follármela pasara lo que pasara, sin importarme las consecuencias, estaba decidido: la violaría. Mi tía se dio media vuelta y se colocó a cuatro patas sobre la cama con la cabeza reposando de costado sobre el cojín, su culo era grande y jugoso, por los gemidos de placer que emitía Julia iba a correrse. Yo estaba mareado por la calentura y a punto de explotar por la proximidad del orgasmo, en cuanto mi tía empezó a correrse y a tener contracciones yo empecé a sacar mucho semen y a sentir el orgasmo más deseado de mi vida: parte de mi leche salió disparada hacia la ventana, otro chorro me llegó hasta la barbilla y el cuello y el resto se derramó en la terraza.

Estoy seguro que ella me oyó, soy un hombre bastante ruidoso cuando me corro y me fui a la habitación con una sonrisa en los labios: había conseguido una victoria, pero faltaba la batalla final.

Autor: Jaime

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Paula I

Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear.

Hola a todos, me llamo Ana, tengo 24 años y soy madrileña. Trabajo como delegada de ventas en una compañía aseguradora. En junio tuve que irme a Málaga para reunirme con la delegada de ventas de esa ciudad.

Llegué a la estación de Málaga sobre las 20h de la tarde. Allí estaba Paula (delegada de Málaga). Era una chica muy atractiva. Tenía 29 años, pelo moreno rizado, largo, ojos azules rajados, un cuerpo muy moldeado, medía aproximadamente 1.75, era un poco más alta que yo nada más, y tenía unos labios que de ser ciertos los rumores que había de que era lesbiana, los imaginé por un momento posados en mi coño y me hizo comenzar a mojar mi tanga. Yo había hecho algún pinito que otro como lesbiana, y la verdad es que había gozado mucho con las mujeres que había estado.

De la estación nos desplazamos a la oficina. Saludé al resto de compañeros que había allí y nos adentramos en el despacho de Paula. Ella no apartaba su mirada de mí. Yo llevaba un vestido de color blanco que me llegaba a la altura de las rodillas, tenía una abertura lateral, un escote en forma de v (el cual había subido mis tetas considerablemente), atado al cuello, y con media espalda al aire. Llevaba unos zapatos de tacón blancos que realzaban aún más mis piernas.

Comenzamos a intercambiar opiniones sobre la reunión que teníamos que preparar. Pasaron dos horas, durante las cuales, las miradas, mordisqueo de labios y suspiros no pararon de darse en la persona de Paula. La muy zorra se estaba poniendo caliente mirándome, imaginando lo que podría hacer con mis tetas, con mis labios, con mis manos, con mi coño. Un coño que a cada segundo que pasaba deseaba más ser lamido por esos labios carnosos que tenía Paula. La tía me estaba excitando y no poco.

Paula iba vestida con un pantalón blanco muy apretado, el cual le hacía marcar el hachazo que tenía entre las piernas. Por cómo se notaba deduje que tenía que tener un buen coño, unos buenos labios. Arriba vestía una blusa blanca, semitransparente, que dejaba entrever un sujetador de media copa que hacía que la mitad de sus pechos sobresalieran. Estaba buenísima la tía, la verdad. Hacia las 22h de la noche nos quedamos las dos solas en la oficina. Estábamos sentadas en una mesa redonda, discutiendo sobre la reunión. Me dijo que le apetecía descansar un rato y relajarse. Para ello, subió sus piernas a la mesa y las abrió.

“Ana, ponte cómoda si quieres”. Me miró con cara de deseo, de lujuria. No paraba de mordisquear un boli que tenía metido en su boca. Una boca que yo ahora estaba imaginando posada sobre mi coño. Me levanté de mi silla, me fui hacia donde estaba ella, le retiré sus piernas de la mesa y me senté yo en ella. Me subí mi vestido hasta la cintura, quedando vestida de cintura para abajo con un tanga de color visón transparente. Le abrí mis piernas.

“Paula, hace tiempo que no estoy con una mujer, pero tú estás demasiado buena y demasiado caliente y creo que me encantará revivir buenos momentos con una mujer”.

Paula se puso en pie y se acercó a mí. Se despojó de su blusa y de su sujetador de media copa, quedando sus maravillosas tetas al aire. Llevó sus manos hasta mi cuello y desabrochó mi vestido. Lo dejó caer y todo mi vestido se concentró en mi cintura. Comenzó a rodear mis pezones que estaban erectos con sus dedos. Yo cogí una de sus manos y me la llevé hasta mi boca. Tomé uno de sus dedos y lo lamí de arriba abajo impregnándolo con mi saliva, para luego bajarlo de nuevo hasta mis pechos y que los rodeara con ese dedo mojado.

Paula se acercó a mí, apretó sus pechos contra los míos, sus pezones erizados con los míos. Sacó su lengua y la deslizó por mis labios… Mmm… Increíble el tacto de su lengua, húmeda y caliente a la vez. Mi coño cada vez palpitaba con más fuerza, notaba como mi vagina se contraía. La muy cerda me estaba poniendo muy mojada. Mientras ella mordía mis labios yo tocaba con mis manos su culo, un culo prieto y firme. Dejó de besar mis labios para recorrer mi cuello, un beso tras otro, notaba su excitación, y ella notaba la mía, mi respiración, mi coño… todo mi cuerpo se estaba estremeciendo. Mis manos seguían en su culo, tocándolo, acariciándolo, decidí meter mis dedos por la raja de su culo, la zorra de Paula emitió un leve gemido, mis dedos se desplazaron ahora hasta su coño.

Como estaba ese coño. Mojado, muy mojado. Deseaba mojar mi boca con esos flujos que había desprendido su coño por la excitación. Ella llegó hasta mi oído y me dijo: “Ana, quiero comerte el conejo, quiero hacerte correr, quiero ver como gritas, como te retuerces…” Me tumbó en la mesa con mis piernas abiertas. Comenzó a morder mis pezones, a pellizcarlos, a decirme que me iba a hacer gozar como nunca un hombre lo hizo. Se apartó, tomó la silla y se sentó en ella. Mi coño estaba a la altura de su cara, listo para ser mamado. Comenzó a besar mis muslos, a morderlos, yo no podía más, necesitaba ver su boca morreando mi coño.

“Paula no seas cabrona y mama de una puta vez. No puedo aguantar más. Quiero correrme en tu boca”. “Y lo harás zorrita. Te correrás en mi boca y luego yo me correré en la tuya. Luego intercambiaremos nuestras corridas, para ver cuál de las dos es más zorra, cuál de las dos sabe más a puta”.

Comencé a respirar como si faltara el aire, estaba excitada, tocaba mis pechos con brusquedad, así que sin más, la tomé de ese pelo rizado y posé su cabeza contra mi hermoso coño. Ella se apartó y me pidió que me tranquilizara. Abrió mi coño de par en par con sus manos y deslizó su lengua por cada pliegue de mi coño… mmmmm… como me puso aquello, jadeaba más y más… allí estaba Paula, lamiendo mi coño, bebiéndose mi néctar, mientras yo disfrutaba como una perra. Su lengua se adentró en mi vagina y empezó a recorrerla con ella. Paula era una experta comiendo conejos, de eso no cabía duda. Arqueaba su lengua dentro de mi coño, la sacaba y me daba unos lametazos increíblemente buenos, escupía sobre mi coño y seguía mamando.

Se apartó de nuevo y metió uno de sus dedos dentro de mí. Metía y sacaba. Le pedí que me diera de mamar con ese dedo. Lo hizo. Mi flujo estaba exquisito, sabía a lujuria, a la lujuria que una mujer estaba provocando en mí. Paula se puso en pie y yo me senté de nuevo en la mesa. Tomé sus tetas como una posesa y comencé a mamarlas, a succionarlas, a pellizcar sus pezones con mis dientes, mientras a la misma vez, bajé una de mis manos hasta su coño y le metí de una sola vez uno de mis dedos. Menudo gemido emitió. Estaba muy excitada. Ella también deseaba que yo me comiera su conejo, y yo lo deseaba también.

“Ana vamos a ponernos en el suelo y vamos a comernos los coños mutuamente. Gozaremos mucho”.

Paula se tumbó en el suelo y yo me coloqué encima de ella. Mi coño se quedó a la altura de su boca y yo comencé a bajar mi cabeza para ir hasta su coño. Lo abrí con mis manos y comencé a frotar con mi lengua el garbancito de Paula. Ella también lo hacía. Allí estábamos las dos, moviendo nuestras lenguas frenéticamente para hacernos gozar. El coño de Paula estaba empapado de flujo y de saliva, al igual que el mío. Las lamidas cada vez se hicieron más intensas, de vez en cuando levantábamos las cabezas y apartábamos las bocas para jadear. Paula me pegaba cachetadas en mi culo y me decía que no separara mi cabeza de su coño, ni siquiera para gemir.

Comencé a mover mi lengua en círculos más y más de prisa, ella también lo hacía, estaba más y más excitada, yo notaba como me bajaba algo, como bajaba una corrida que me iba hacer derretirme de placer. Notaba como ella estaba a punto, succionaba mi coño con más fuerza, hasta que ambas nos corrimos como nunca antes. Un manantial de flujo invadió mi boca… mmmmmm… qué bien sabía el flujo de Paula, estaba delicioso. Le di los últimos lametones mientras su orgasmo daba los últimos espasmos. Quería lamer hasta la última gota de su corrida. Una vez que hube relamido su coño me levanté y ambas comenzamos a besarnos, a intercambiar esas corridas maravillosas.

Le dije: “Paula, tu flujo sabe más a perra que el mío. Esto no me lo puedo permitir. Vamos a tu casa. Te tengo que ganar la partida”.

Autora: Ana

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Tarde de sexo

Me recuestas y me miras a los ojos, tus manos recorren rápidamente mi cuerpo, te acomodas y me posees de nuevo, tu peso y los besos que me das al mismo tiempo, hace que gima de placer; entras y sales y tú también gimes conmigo, los movimientos que tú haces incrementan nuestros flujos y me besas lentamente y tú llegas al clímax; entonces sacas tu pene y vas regando todo tu semen.

La lluvia cae como diluvio tú y yo estamos juntos fundidos en un beso de pasión, a pesar del frío ahí afuera, aquí en esta habitación arde en calor, siento tu respiración, tus manos recorren mi cuerpo y van bajando por encima de mi ropa, tratando de fundirse en mi, sigues con mi espalda y tu boca se separa de mi lentamente, mientras me vas recostando y tu boca empieza a besar mi cuello, tu aliento me hace vibrar.

Tus manos se posan en mis senos que corresponden a tu atrevimiento y se erectan, tú los estrujas sobre mi ropa, los masajeas, los mueves tan rápido y dolorosamente, pero en vez de sentir dolor me haces gemir de placer, siento como el calor incrementa y mi respiración se agita, veo tu rostro y tus facciones.

Empiezo a desabotonar tu camisa botón por botón y busco tu boca, te beso y nuestras bocas se van juntando y mis manos te van desvistiendo a prisa mientras estoy sintiendo tu lengua, tu saliva y tus manos que van recorriendo mi cuerpo y quitando todo aquello que le estorbe, me desposas de mi blusa y sigues bajando, entonces me quitas tiernamente la falda y luego empiezas a besar mi abdomen y tu boca se baja y me quitas lentamente mis pantis mientras mi piel se eriza, y seguidamente me despojas del sostén, mi excitación incrementa al mayor grado que mi desesperación por sentir tu piel junto a la mía se agrada y termino de quitarte tu ropa.

Entonces te recuesto y empiezo a besar tu cuello despacio, mi lengua lo recorre y empiezas gemir de placer mientras vas tocando mi espalda, llego a tu pecho, lo beso lentamente y me acercó a tus tetillas y las beso, las muerdo despacio lo que te provoca un quejido de dolor y placer, siento que estás caliente como yo y pides más y sigo bajando rápido y con mucho deseo y llego a tu pene, le paso la lengua y siento que mi cuerpo se calienta al 100%, entonces sigo más abajo llegando a tus testículos los lamo despacio y vuelvo a subir a tu pene que empiezo a lamer la cabeza y abro mi boca despacio y empiezo a meterme toda tu polla y me empiezo a mover con movimientos hacia adelante y hacia atrás.

Trato de tragármela toda y es la sensación más placentera que he experimentado, y es por ello que no quisiera dejar de hacerlo pero entonces me recuestas y vas besando mi cuello y me muerdes despacio y sigues bajando y yo siento que mis flujos vaginales empiezan a escurrir, mientras sigues bajando y llegas a mis senos que están ahí, erectos y duros de excitación que tengo de saber que pronto los mamarás, y así es, por que cuando llegas los recorres, con la punta de tu lengua vas recorriendo cada centímetro, despacio, lentamente y empiezas a mamar uno mientras que con tu otra mano mueves el otro en movimientos circulares.

Mis flujos están cada vez más intensos mientras sigues recorriendo mi cuerpo con tus manos y estás por mis piernas mientras me besas en la boca, la sensación de intercambiar nuestras salivas es genial, mientras vas bajando despacio por mi cuerpo y la excitación es mayor cada rocé de tu piel y la mía siento como tus labios van por mi vientre despacio y tu aliento se acerca a mi vagina y lo siento cada vez más cerca y mis flujos son cada vez más intenso y empiezo a sentir tu aliento cerca, con tu lengua recorriéndola despacio, primero mis labios vaginales y después con un dedo abres mi vagina que está súper mojada con mis flujos, siento como tu lengua se introduce en mi y toca mi clítoris, me hace gemir de placer y tener un orgasmo por los movimientos que tu lengua hace, sin pensarlo mucho mis manos mueven mis senos y mi cuerpo hace movimientos que nunca pensé llegar hacer y en un placer que tampoco llegué a esperar.

Entonces tú te recuestas sobre de mi con tu miembro totalmente erecto estás súper excitado y yo igual aun quiero más y eso es increíble para mi así que empiezas moverte despacio sobre de mi sin penetrarme y aquella sensación es como un martirio para mi y te pido que me penetres abriendo las piernas y siento como tu pene se va introduciendo en mi y siento tu peso y quiero saber si estás aquí si esto no es un sueño y te entierro las uñas para saber y como muestra de todo el placer que estoy sintiendo.

Luego me cambias de posición y me sientas sobre de ti y así eres más enorme y me produce mayor placer y dolor, pero me gusta y empiezo a gemir mientras tus manos mueven mis caderas y mis manos toman mis senos y los mueven duro mientras tú me estás moviendo y eso hace que mis jugos empiecen a salir desenfrenadamente.

Me inclino y te doy un beso tú accedes y al estar así hace que tengamos un orgasmo es decir que toquemos el cielo juntos, y nos quedamos fundidos uno al otro sin separarnos ya que nos queremos sentir.

Afuera la lluvia a cesado pero nosotros no…

Y luego me recuestas lentamente y me miras a los ojos y me sonríes, tus manos recorren rápidamente mi cuerpo, te acomodas y me posees de nuevo, tu peso y los besos que me das al mismo tiempo hace que gima de placer; entras y sales y tú también gimes conmigo, los movimientos que tú haces incrementan nuestros flujos y me besas lentamente y tú llegas el clímax; entonces sacas tu pene y vas regando todo tu semen, lo vas regando por mi cuerpo desde mi vello púbico y sigues el camino de mi ombligo hasta llegar a mis senos y yo estoy sintiendo todo tu semen caliente y muy excitante.

Y ahí en mis senos te empiezo a masturbar con ellos y empiezas a gemir y es tanto placer que no te puedes contener y te vienes, algo salpica mi en mi rostro y tú empiezas a recorrer mi cuello con tu semen que llega hasta mis labios lo pones sobre ellos…yo los abro lentamente y siento tu semen que cae y lo empiezo a mamar y esto hace que eyacules de nuevo y tomo gustosa, lo sacas de mi boca y lo vas pasando por mi cuello y mis senos y ahí viertes la otra parte que te quede y luego te recuestas en mi y nos quedamos largo rato así observándonos y besándonos…

Luego me recuesto en tu pecho y me abrazas, te volteo a mirar y tú también lo que haces y te beso de nuevo, me siento dichosa por tenerte a mi lado al igual que tú… .

La lluvia a empezado de nuevo y tal vez si tus fuerzas y las mías regresan y volvemos a repetir sin esperar mucho.

Autora: Ana N.

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