Con la compañera menos popular del trabajo

Durante un tiempo estuve trabajando en un call center. Un día estaba planeando con dos compañeras ir al cine pues esa semana coincidían nuestros días de descanso, M… , que estaba sentada cerca de nosotros se apunto a salir con nosotros, lo cual no gustó a las otras chicas y he de decir que a mi tampoco mucho. M… no era precisamente la compañera más popular entre nosotros, no por nada en especial, pero desde que llegó al trabajo no cayó simpática, sus temas de conversación siempre trataban de temas del corazón o de cosas de la tele como gran hermano y similares y era un poco pesada cuando alguien la hacia un poco de caso. Su vestimenta, algo llamativa, tampoco contribuía. No puede decirse que fuera una mala chica o mala compañera, simplemente no caía bien y nada más. Yo era de los pocos compañeros que la atendía como a cualquier otro compañero cuando solicitaba alguna ayuda en el trabajo.

El día en cuestión las otras dos compañeras no acudieron a la cita con escusas que yo ya sabía no eran ciertas y de no estar verdaderamente interesado en ver aquella película también habría inventado alguna excusa para no acudir. Así que sólo acudimos M… y yo. Como llegamos con la hora justa al poco de entrar a la sala empezó la película y durante ese tiempo apenas nos dirigimos la palabra si bien ella de vez en cuando hacía comentarios en algunas escenas que me resultaron molestos para seguir en algún momento la historia.

Al salir comenté que tenía intención de llegar pronto a casa para hacer unas cosas, ella insistió en tomar algo juntos, como era realmente temprano para meterse en casa accedí. Propuse ir a una cafetería cercana pero ella dijo que había preparado una tarta para haberla tomado todos después de salir del cine, así que ante su insistencia y no querer quedar mal no pude rechazar ir a su casa a probar dicha tarta advirtiendo que estaría solo un momento. La verdad es que no me apetecía nada ni me encontraba muy a gusto a solas con ella

Ella vivía con otra compañera común que esa tarde trabajaba, por lo que en la casa no había nadie en ese momento. Sacó la tarta, nos sentamos en el sofá y encendimos la tele a la que no hicímos mucho caso pues nos pusimos a hablar de cosas triviales del trabajo mientras comíamos.

En una ocasión, ella observo que me había manchado en la cara con un poco de chocolate, cogió una servilleta con la intención de limpiármelo. Al querer evitar su acción de acercarse me eché hacia atrás provocando que ella cayera encima de mi sin querer.

Nos reímos de nuestra torpeza pues la situación era realmente cómica. Pero ninguno nos movimos de como habíamos quedado. Al terminar de reír ella seguía aún encima de mi y mi mano había quedado sobre su cintura pues instintivamente me había sujetado a ella en un acto reflejo para evitar caernos del sofá. Nos mirábamos como si no tuviéramos claro de cómo salir de esa situación que empezaba a ser ridícula, sin decidirse ninguno por levantarse.

El soportar su cuerpo encima del mío lejos de ser incómodo me resulto agradable, su pecho había quedado cerca de mi cara, permitiendo contemplar un generoso escote y los movimientos provocados por su risa hacían que pudiera sentir su respiración y su latido. Empezaba a disfrutar de la situación. Queriendo hacer una pequeña broma me atreví a darle un ligero beso que apenas rozó sus labios. Ella me miro con su boba sonrisa pero no hizo nada para rechazar mi acción. Volví besara, esta vez con mas decisión. Noté que ella correspondía a mi beso. Comenzamos a besarnos prolongadamente. Mi mano había bajado ya hasta su cintura y empece a tocarle delicadamente el culo sin disimulo sin que tampoco ella mostrara ningún rechazo.

Yo empezaba a estar tan excitado como sorprendido. Era la primera vez que hacia algo así con alguien por quien no sentía ningún afecto especial y que ni siquiera me resultaba atractiva, al menos hasta el momento. M… era una chica normal, sin destacar en lo físico entre las demás compañeras. Sería injusto decir que era gordita pero desde luego no era delgada.

Seguíamos en el sofá. Mi manos empezaron a meterse por debajo de su camisa y empece a a tocarle sus pechos que pude confirmar eran abundantes sin que ella hiciera nada por impedir que yo se los magreara ya descaradamente. Continuamos besándonos un buen rato, parándonos en algún momento para reírnos como si de un juego se tratase para volver a juntar nuestras bocas y lenguas de nuevo.

Le quité la camisa, dejando su sujetador a la vista y dejé que me ayudara a quitarme la mía, mis manos seguían amasando sus pechos que era mi centro de atención en ese momento. Eran unos pecho grandes, algo caídos para ser joven, pero eso no me importaba. A ella parecía gustarle que no despegara mis manos de ellos. Así continuamos un buen rato.

¡Increible! Estaba dándole un magreo en toda regla a esa chica que casí no conocía y que no dejaba de ofrecerme su estúpida sonrisa, que me permitía hacer cuanto me apetecía y de lo que bien me estaba aprovechando sin consideración, pues aunque ella no me gustase especialmente no estaba precisamente poniendole ningún reparo.

En un momento paré de besarle y le pregunté si podíamos ir a otro lugar en que estuviéramos mas cómodos que en el sofá, a lo que me respondió que podíamos ir a su habitación. Nos levantamos y nos fuimos allí. Quitamos la colcha y nos echamos sobre la cama. Sin apenas separarnos empezamos a quitarnos mutuamente los pantalones y el resto de ropa. Seguiamos besándonos y nuestras manos y labios recorrían el cuerpo del otro.

No creo que en ese momento fuera siquiera capaz de pensar en otra cosa que ella desnuda. No era ni mucho menos un cuerpo perfecto, pero pero desde luego, en ese momento era todo mio.

Excitado como estaba, apenas demoré en meterle mi pene, al principio todavía despacio, con temor a que todavía en cualquier momento ella se echara atrás, pero en seguida empecé a hacerlo con sacudidas cada vez mas fuertes, sin ninguna consideración hacia ella, a las que respondía con unos acompasados jadeos ahogados cada vez más altos. Sólo pensaba que estaba literalmente tirándome a una tía de la que no estaba enamorado, que incluso me parecía algo estúpida, con la que apenas tenía más relación que la laboral y que ella se dejaba hacer sin ninguna oposición. Aunque fue algo rápido sin duda fue un buen polvo, de los que dejan a ambos agotados y sin fuerzas para un rato. Cuando terminé, me eché a un lado de la cama, ella se volvió sobre mi con su tonta sonrisa. Descansé unos minutos en los que apenas cruzamos alguna palabra. Dije que debía irme para que no se me hiciera tarde el regreso, aunque ella pidió que me quedara un poco más no tarde mucho en vestirme y me fui.

Pensé que aquella tarde en que parecia haberse estropeado los planes había terminado de la forma menos imaginada. Posteriormente tuve cierto remordimiento por lo que había pasado y mi forma de actuar hacia ella, pues apenas pensaba en ella en ese momento, además de que lo habíamos hecho sin protección pues cómo iba a imaginar que el día pudiera acabar así.

Cuando dos días después volvimos al trabajo el resto de compañeros se reían de mi, preguntándome que tal había estado el salir al cine solo con M… Por supuesto me limité a contar que tras la película habíamos tomado algo juntos sin más detalles ni decir donde y que me había ido pronto a casa. Aquello solo ya fue motivo suficiente de bromas que tuve que soportar durante unos días por la situación de la muchacha con el resto de compañeros.

Estuve rehuyendo a M… esa tarde durante el trabajo, no me atrevía a acercarme a ella pues no sabía que decirle. Durante el descanso en la cafetería ella se acercó a mi y me preguntó que tal estaba, le dije que bien, sin más. Me comentó que lo había pasado bien esa tarde y que podríamos quedar para salir algún otro día. Me explicó que no había hecho ninguna amistad desde que trabajaba en el centro, ni siquiera con su compañera de piso y que yo era de los pocos que desde el principio me había mostrado amable con ella. Le dije que había estado a gusto yendo al cine con ella la tarde anterior, lo que no era del todo cierto, y que estaba muy sorprendido de como había terminado la tarde, expresando que lo sucedido no era mi intención hacia ella. Me dijo que no me excusase ni preocupase, que la cosa había surgido de forma espontánea y natural y que había estado bien.

Fueron más los días que salimos juntos, casi siempre que coincidían nuestros días libres, buscando por mi parte poder repetir la experiencia. Quedábamos a ver alguna película o en alguna cafeteria o similar y cuando nos despedíamos en el portal de su casa intentaba provocar con un beso que me invitara a subir lo que conseguía la mayor de las veces para acabar acostándonos de nuevo. Puedo asegurar que nadie llegó a siquiera a sospechar lo que verdaderamente ocurría entre ambos. Alguna chufla tuve que soportar si me habían visto en algún momento cruzar en el trabajo alguna palabra de más con ella, pero seguro que de haberlo contado no me hubieran creido.

Aunque nuestra relación no va más allá de una cierta amistad, incluso después de algunos años que salí de trabajar de allí, donde sigue siendo tan poco popular como entonces, nos seguimos llamando con la excusa de felicitarnos los cumpleaños o por finales de año, quedando a cenar para celebrarlo y acabando en la cama.

Me gusta / No me gusta