Una tarde de sol con mi cuñada

Infidelidad, Jóvenes y Cachondas. Rápidamente se la saqué del culo y ella se sentó a la orilla de la cama, colocando su boca cerca de mi pene. Yo no dejaba de meneármela, cerrando los ojos y sin dejar de pensar en la apariencia del culo de mi cuñada conmigo adentro. Ella apretaba mis testículos con sus pequeñas manitas. Cerré los ojos y respiré profundo el aroma a naranjas  de su cabello. Entonces exploté.
Read more

Me gusta / No me gusta

La mujer de mi suegro

La penetré y le di hasta el mismísimo fondo. Mi verga entró en su vagina. No había que esperar mucho tiempo. Todo el trabajo estaba hecho. En cuanto nos movimos un poco, reventamos el uno dentro del otro. Mi suegra derramó sus abundantes e hirvientes jugos sobre mi verga, y mi verga reventó al mismo tiempo, llenando su vagina con aquella leche.

Flora es una apetitosa hembra de 55 años de edad. Las arrugas empiezan a asomar sobre su rostro y su cabello largo y de un color negro azabache que resaltaba sobre su piel trigueña, la hacían ver muy sensual. Si bien de carnes ya no muy macizas, sus carnes son ligeramente flácidas pero correosas y sobresalía un vientre ligeramente caído por sus dos embarazos tardíos que la habían hecho parir a los 40 y 44 años de edad. Su culo aún mostraba ser carnoso, y ni que decir de sus tetas, que emergían majestuosas de su pecho, y que en época de frío, dejaban asomar por entre sus blusas, ese par de grandes y macizos pezones que las coronaban. Sus piernas aún se mantenían en buena forma y algo carnosas, y las varices que las cubrían dejaban entrever el paso de los años y el trabajo.

Durante mucho tiempo, Flora había sido más que olvidada por su marido que es mi suegro. O sea, es madrastra de mi mujer. Sin embargo, y a pesar de tantos años de olvido sexual, ella mantenía vivo ese fuego interior y que al tiempo me diría que solo conmigo florecía y la hacía soñar con que algún día se entregaría solo a mí y para siempre a mí. Debo aclarar que desde que nos conocimos, hubo entre ella y yo una fuerte atracción que se mantuvo pasiva y latente durante meses y meses. Siempre en nuestras miradas se reflejaba esa atracción y un fuerte e incontenible deseo sexual, que a pesar de ello, se mantenía oculto y callado sin que ninguno de los dos diera el primer paso frente al otro.

Aunque no es ni bella ni atractiva, desde que la conocí sentí por Flora un enorme e incontenible deseo carnal que me delataba ante ella en cualquier cruce de miradas, y lo mismo sentía de ella hacia mí. Era un constante mirarnos con gran lujuria contenida, hasta que un buen día del caluroso mes de Julio llegó al pueblo uno de los mejores grupos de música norteña mexicana, conseguí 10 pases de cortesía gratis y entre mis invitados no podían faltar mi suegro y Flora su mujer.

Como mi suegro no tenía auto, mi mujer y yo pasamos por ellos a su casa, y cual no va siendo mi sorpresa al ver a Flora enfundada en un muy pegado al cuerpo vestido de gasa blanca que moldeaba tal cual su figura añosa pero para mí muy apetecible, dejando ver un torneado y muy generoso culo, y en su discreto escote un par de tetas maduras y añejas pero firmes y extraordinariamente rematadas por unos gruesos y grandes pezones que el frío de la noche hacía emerger más que majestuosos a través de sus ropas blancas.

Al llegar al lugar del evento, empezamos a departir con los demás invitados que eran tíos y tías de mi mujer, por lo que todo era entre familia. Como mi suegro era muy caliente (excepto con Flora, mi suegrastra), luego se fue a ver jovencitas que poco dejaban a la imaginación, dejando sola a Flora con quien casi de inmediato y al calor de unas cervezas, empecé a cruzar nuestras clásicas miradas de deseo y lujuria, lo cual por cierto fue captado por una de las tías de mi mujer, que de inmediato se incomodó ante tal hecho, lo cual causó desconcierto y temor entre Flora y yo, cosa que por cierto no duró mucho y pudo más el deseo largamente contenido que cualquier mirada o expresión de censura de la metiche tía de mi mujer.

Después de haber bailado un rato con mi mujer, opté por invitar a bailar a Flora, cosa que a pesar de nuestras deseosas miradas, ella no esperaba de mí. Después de turbarse y sonrojarse brevemente ante mi inesperada invitación, aceptó con timidez y la tomé de la mano para llevarla a bailar. Como habrán de suponer, todas las canciones de esa tanda, eran para bailarse cuerpo a cuerpo por lo que procedí a tomarla de su talle en lo que era la primera intimidad de nuestros cuerpos.

Sentí el temblar de todo su cuerpo y que sus manos (a pesar del frío de la noche) empezaban a sudar, y que de su cuerpo empezada a emanar un calor y un olor de intimidad que empezó a sofocarme y a poner mi verga grande, tiesa y dura, cual mástil de navío de conquista. De pronto, nos dejamos llevar por una melodía muy romántica y apretamos nuestros cuerpos uno al otro, y empezamos a sentir como nuestros olores y calores empezaban a avivar entre nosotros ese deseo largamente contenido.

Sentí el atrevido impulso de besarla pero no sin antes mirar hacia la mesa donde estaba la familia y donde por cierto el rabo verde de mi suegro se sonreía al vernos bailar, pues tal suceso le permitía atisbar por entre los muslos y escotes de las jovencitas en minifaldas, sin sospechar que estaba presenciando en pleno público el principio de su cornudez. Ya el calor que generaba el roce del cuerpo de Flora contra el mío, avivaba más y más nuestros bajos instintos, y mi ya erguida y maciza verga era restregada sin disimulo alguno contra la parte más baja del vientre de mi hembra, cuyo calor traspasaba las telas que nos cubrían, y ya de nuestros alientos salía también un fuerte olor a deseo y lujuria, lo cual hacía que nuestros labios se sintieran arder y reventar ante la microscópica cercanía que los separaba.

Casi de inmediato empecé a sentir claramente como de mi verga empezaban a escurrir las lágrimas propias que salen de toda verga cuando empieza a desbordarse por penetrar las carnes vaginales de la mujer deseada. Sentía también como se erguían y se ponían duros los pezones en la cumbre de aquellas ricas tetas. Sentía como a Flora les subía y subía la temperatura de sus carnes y su aliento, así como el desenfrenado y jadeante respirar de la caliente y ya desbordada hembra que temblaba en la más ardiente calentura pasional y que movía y restregaba su cuerpo pegado al de su macho.

Llegó a ser tal el restregar de mi verga contra su vientre y el calor quemante de nuestras carnes y nuestros alientos, que en un momento sublime ambos soltamos todo lo largamente contenido y nos derramamos en un espontáneo y simultáneo orgasmo que nos dejó mas que húmedos y desfallecientes pero profundamente satisfechos aún sin existir penetración alguna, ni contacto físico de desnudez. No había duda, el futuro nos deparaba inmensos, intensos y desafiantes días, semanas, meses y tal vez años de amasiato, lujuria y deseo. El deseo, la lujuria y la pasión largamente contenidos y callados, habían sido declarados sin tapujos y a la vista de medio pueblo y la familia completa. Era ya indudable que desde ese momento la hembra tenía otro dueño, y era yo. Mientras tanto, el rabo verde de mi suegro se mostraba complaciente atisbando a cuanta muchacha alcanzaba a ver, sin sospechar siquiera que desde ese momento Flora dejó de ser de su propiedad.

La música se oía y retumbaba en el salón, y las risas y alegría de la gente iban en aumento. Los amantes ardíamos de pasión y lujuria, y con las manos y cuerpos sudorosos terminamos de bailar y nos fuimos a sentar con la familia, que sin sospechar nada de nada (excepto la tía metiche que miraba con recelo) nos festejó la bailada y nos ofreció un par de cervezas para bajar el calor. Ya sentados, no dejamos de mirarnos y mirarnos con lujuria, hasta que casi al final del baile la saqué a bailar de nuevo ante la complacencia de mi suegro que prefería quedarse sentado para seguir de rabo verde mirando como perro de carnicería a las jóvenes mujeres que pasaban frente a él.

Ya en la pista, le dije a Flora que la quería, que por años la había deseado y deseado, y que infinidad de veces me había masturbado viendo sus fotos y escuchando su voz por el teléfono, y que en más de tres ocasiones me había masturbado en el baño de su casa, oliendo sus pantaletas usadas que encontraba en el cesto de la ropa sucia, y que despedían ese único e inconfundible olor de sus íntimas carnes y la huella exquisita de sus jugos vaginales que ya desde entonces me enloquecían y me perturbaban día con día.

Ante tales confesiones, ella de nuevo empezó a arder en calentura y me dijo que ya no aguantaba más, que le urgía que la penetrara esa misma noche y que si de verdad la deseaba tanto, viera la manera de que aquella noche no amaneciera sin que nos hayamos entregado en la intimidad. Le juré que así sería y que lo dejara en mis manos. Al término del evento, mi mujer y yo llevamos a mi suegro y a mi Flora a su casa y como mi suegro iba alcoholizado y casi sumido en el más profundo sueño debido a las cervezas que había ingerido y a la pastillita “sweet dreams” que comedidamente añadí a su último trago de cerveza, lo tomé como costal de papas y lo llevé hasta su cama, donde ayudé a Flora a acostarlo para que continuara mi suegro en su muy profundo y roncador dormitar.

Acto seguido, y mientras mi mujer me esperaba en el carro y mi suegro dormía en su cama, tomé a Flora de su talle y nos fundimos en el más apasionado beso que se puedan imaginar, en un ir y venir de nuestras lenguas y salivas, teniendo como fondo musical el escandaloso roncar de mi querido suegro.  Ya encendidos por tan ardiente situación y ahogados ya por la desesperación de esa pasión tan largamente contenida, desgarré su hermoso y blanco vestido de gasa, arrancándolo de tajo de su cuerpo con todo y el brassier que contenía a aquellas carnosas y suculentas tetas blancas de mi Flora, al tiempo que ella casi arrancaba mi pene de su tronco jalándolo y apretándolo entre sus manos por encima de mi pantalón. La tumbé en su cama al lado de mi roncador suegro, y justo cuando ella se arqueaba para bajar sus pantaletas, escuchamos la voz de mi mujer que me urgía desde el carro a que nos fuéramos.

Temerosos de ser descubiertos por mi mujer, Flora y yo nos separamos no sin antes decirle que volvería en cuanto mi mujer se durmiera. La besé y me retiré, no sin antes pedirle que si se bañaba, no se pusiera perfumes ni se lavara su ya muy mojada vagina, pues quería disfrutarla al natural y con los mismísimos jugos vaginales que en el baile le saqué.

Al llegar a casa, brindé con mi mujer por esa bonita noche de diversión con su familia, sirviendo una copa de vino tinto para ella y otra para mí, añadiendo a la de ella la milagrosa pastilla Sweet Dreams, que antes de 15 minutos, la sumió en el más profundo y dulce sueño, cosa que me daba la oportunidad de disponer de por lo menos 3 horas para ir en buscade mi pasional y ya otoñal suegrastra, mi Flora. Acto seguido, salí en busca de la ansiada hembra cincuentona que sin lugar a dudas, me estaría esperando con unas enormes ganas de ser fornicada como nunca antes lo había sido. Encendí mi auto y me enfilé hacia la casa de mi Flora. El auto avanzó rápidamente y por fin llegué a la ansiada casa. Me bajé, toqué y esperé.

No bien terminé de tocar la puerta, cuando ésta se abrió. Flora me esperaba en zapatillas guindas y envuelta en una muy transparente bata guinda a medio muslo que translucía ese voluptuoso cuerpo de generosas y maduras carnes. Mi verga se puso tiesa. Muy, muy tiesa. Entré, la tomé y la besé. Se dejó hacer y nos fuimos a los sillones de la sala. Mi suegro en su recamara roncaba que daba gusto.

Aunque los sillones eran bastante viejos e incómodos, poco nos importó y nos entregamos en un ardiente juego erótico. La tumbé sentada en el sillón grande y me senté a su lado, la empecé a besar apasionadamente, nuestras lenguas y salivas se mezclaban una con la otra.

Mi brazo derecho le rodeaba la nuca, y mi mano izquierda se movía cadenciosamente, magreando ese par de jugosas tetas que se bamboleaban que daba gusto y cuyos pezones tiesos, duros y erguidos me invitaban a lamerlos y mamarlos con fruición. Mis dedos los acariciaban, y mi boca se hacía agua por poseerlos. Los tomé entre mis labios, primero con delicadeza y luego salvajemente, estaban deliciosos y les juro que hasta leche les saqué.

Que tetas tan más ricas; las mejores que hasta ese día había tenido entre mis labios. Las mamé y las mamé hasta más no poder, al tiempo que mis dedos de la mano izquierda fueron bajando y bajando hasta encontrar aquella húmeda caverna de carnes, jugos y pelos. Su vagina estaba hirviendo y los jugos ardientes de su pasión brotaban como lava de su interior. Su vulva estaba extremadamente hinchada y en ese momento supe que era inminente el primer orgasmo de mi hembra. Seguí mamando y mamando sus tetas y pezones al tiempo que mis dedos entraban, salían y revoloteaban dentro de su vagina. Empezó a jadear y a sudar. Su respiración se hacía cortante y su cuerpo se agitaba de pies a cabeza.

Continué besando su boca, lamiendo sus tetas, y bajé por su vientre hasta ese volcán agitado que era su panocha. Mis labios se posaron en su vulva, y sus jugos vaginales quemaban mis labios. Sentía como sus carnes vaginales temblaban y temblaban. Se contraían descontroladamente cada vez que mi boca succionaba y succionaba, y mi lengua entraba, salía y revoloteaba en su caliente interior. La hembra no pudo más. Lanzó un estremecedor grito de placer que resonó en el silencio de la noche. Se arqueaba y se arqueaba, y se estremecía de placer y más placer.

Sus chorros de jugos vaginales inundaron mi boca. El sabor de sus jugos era único, y su consistencia también era única, eran especialmente espesos, viscosos y ricos. Los saboreé y las tragué con gusto y placer indescriptibles al tiempo que volvía a besar su boca para hacerle saborear a ella la ricura de sus jugos. El sudor escurría por nuestros ardientes cuerpos y entre calores, sudores y jugos vaginales, el ambiente se sentía insoportablemente lleno de sexo.

Ya eran cerca de las 4 de la mañana, y no tardaría en empezar a clarear. Le pedí que me llevara a su alcoba para cogerla por primera vez y teniendo como dormido y roncador testigo a mi querido suegro. Eso la calentó aún más. Jamás imagino que terminaría siendo poseída por mi en su propia casa, en su propia cama y teniendo a nuestro lado al dormido de mi suegro que de acuerdo a lo probados efectos de las pastillas de Sweet Dreams, aún tenía por delante unas dos horas más de dulces sueños.

Mi verga cada vez estaba más y más tiesa y dura, lo que enardecía aún más a aquella hembra desbocada y a su vez esto hacía que se me hinchara más y más mi muy caliente macana.de cuya punta emanaban los jugos que la hembra me sacaba al verla tan caliente. Mi verga ya no aguantaba más y estaba ansiosa por penetrar en aquellas lubricadas carnes vaginales cuyos labios se me abrían y ofrecían como pétalos de rosas. Mi suegro estaba dormido de lado, y le pedí a Flora que se acostara junto a él. Ella ardía, sudaba y gemía mucho al verse envuelta en aquel apasionante y morboso cuadro surrealista que enloquecía nuestros sentidos y nos llenaba de lujuria y placer sin igual. Ella se acostó al lado de su marido y me abrió de par en par sus piernas que se juntaban justo en aquel monte de pelos, jugos y olores que a esas alturas eran su vulva y su vagina. La rica y muy jugosa concha que unos instantes más, sería solo mía para siempre.

Antes de dejarme ir sobre de ella para poseerla, la contemplé lascivamente en su total desnudez. La gocé visualmente de pies a cabeza. Desde la uña de sus dedos gordos del pie, hasta el último de sus cabellos negro azabaches. La hembra sudaba, temblaba y gemía. El olor a sudor y sexo inundaba su recamara matrimonial. Sus ojos invitaban a la lujuria y me pedían a gritos que la penetrara. Sus brazos me decían que fuera hacía ellos, y sus piernas me querían enrollar. Su vulva estaba totalmente hinchada y encendida. La hembra bramaba por mí, y yo por ella. Mi verga me dolía por no poder contener ya tanta sangre caliente que corría por dentro. Sentía que ni desfogando toda mi leche en aquella hembra lograría bajar esa erección tan prolongada y ya casi dolorosa.

Me arrodillé sobre la orilla de la vieja y crujiente cama y me incliné sobre sus pies. Los empecé a besar con divina devoción. Pasé mi lengua por su empeine, sus tobillos, y la planta de sus pies. Engullí con delicadeza cada unos de sus dedos, les pasé mi lengua y los mordisqueé suavemente. Mientras mi boca, mi lengua y mi saliva caliente se posaban y gozaban de sus pies, mis manos acariciaban sus blancas piernas de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. La hembra seguía bramando y empezó a pedirme que la poseyera, que la hiciera mía. Estaba desesperada por tener mi verga dentro de sus calientes y jugosas carnes.

Mi suegro ni se inmutaba. Seguía dormido, aunque ya con tanto movimiento, gemidos y bramidos, había el riesgo de que despertara. Las pastillas de Sweet Dreams demostraban que su efectividad bien valía su alto precio. Poco a poco fui dejando de lamer sus pies y fui subiendo la lamida por sus piernas. Tan pronto las lamía suavemente, como tan pronto las mordisqueaba y las succionaba de sus partes más llenitas. Subía y bajaba en mi lamer de piernas, hasta que llegué a su vulva, que generosa y ardiente chorreaba desde su interior los íntimos jugos de mi hembra. Empecé a pasar mi lengua por esos regordetes y rosados labios vaginales. Mis sentidos se extasiaban con el olor y el sabor a sexo de los viscosos jugos de la hembra.

Su olor y su sabor eran únicos. Llenaban y exacerbaban mis sentidos. Mi lujuria llegaba a su máxima expresión. Mi piel y la de mi hembra ardían más y más. Mis labios, mi lengua, mi boca y mi garganta se llenaban de su olor y su sabor. Sentía como el caliente, viscoso y sabroso líquido de mi hembra, escurría y quemaba mi garganta. Mis manos tan pronto acariciaban su culo, como tan pronto su vientre y sus apetitosas tetas. Mi suegro aún dormía a nuestro lado, pero empezaba a moverse más de seguido. El efecto de los Sweet Dreams empezaba a pasar y había que apurarnos a terminar esa maravillosa fornicada entre mi suegrastra y yo.

Mi hembra ya no solo gemía y bramaba, también gritaba. Quería tener mi verga adentro. Imploraba que se la metiera. El temor a que mi suegro despertara se acrecentaba, pero también hacía que tanto mi suegrastra como yo, ardiéramos más y más en el fuego de la pasión. Mis labios y mi lengua iban y venían de su vulva y su vagina a su culo y viceversa. Su culo despedía un rico olor que me calentaba más y más. Cada que aspiraba en la salida de su culo, mi verga parecía reventar. El rico olor a culo de mi hembra me hacía bramar como toro en celo.

Mi lengua daba vueltas alrededor de aquel negro e íntimo agujero, que poco a poco se fue abriendo y abriendo y abriendo, hasta que mi lengua entraba y salía sin recato de aquella sabrosa negrura de tan extasiante olor. La hembra se arqueaba más y más, gemía, bramaba y gritaba. Quería mi verga adentro. Decía que no aguantaba más. Me imploraba y rogaba que la poseyera. La hembra estaba totalmente fuera de sí. Pensé que enloquecería y empecé a subir mis lamidas por su espalda y su vientre. Por fin llegué a sus tetas. Sus pezones parecían reventar y estaban iguales o más tiesos que mi verga.

Mis manos y mi boca y mi lengua exprimían aquel par de jugosas tetas. Mi cara desaparecía entre ellas y el contacto caliente de las mismas me calentaba más y más. Llegué a su cara. Nuestras bocas se juntaron. Nuestras lenguas bailaban por igual en una desenfrenada danza pasional y nuestras salivas eran una sola lava hirviendo. Mordisqueábamos nuestros labios, y mi boca y mi lengua de repente subían hasta sus orejas y las lamían hasta donde alcanzaba a entrar. Sus ojos se clavaban en los míos y los míos en los de ella. Sus largos cabellos negro azabache estaban desparpajados y se metían entre ese ir y venir de nuestra bocas y nuestras lenguas. De pronto mi suegrastra se detuvo en seco, me miró fijamente. Sus ojos despedían lujuria y su cuerpo los olores de su sexo. Se me quedó viendo fijamente. Sentí que sus ojos traspasaban a los míos y gritó:

-¡Cógeme papito! ¡Cógeme por favor! ¡Cógeme ya! Hazme tuya para siempre papacito! Quiero ser tuya y de nadie más, tuya y solo tuya desde ahora y para siempre! Cógeme mi rey… ¡Cógeme! ¡Cógeme! Cógeme ya…! Hazme tuya mi rey…!

Mi suegro se movía y amenazaba ya con despertar. Era inminente que despertara y yo tenía que culminar aquella inolvidable y sublime noche, llenando de leche a aquella hembra. Estaba yo sobre MI hembra besándola.

Me levanté y quedé hincado con mis rodillas en medio de las de ella. Abrió sus generosas y blancas piernas y con sus manos acarició su vulva. Sus dedos jugaban con sus labios vaginales. Abrió de par en par aquellos labios en flor, y tomó mi verga con su mano izquierda. Me acariciaba la verga con la izquierda y con la derecha sobaba sus labios vaginales e introducía sus dedos en su vagina. Jaló mi verga hacia su vulva. Me resistí y me imploró que la poseyera. Le pedí que me jurara que desde ese momento solo sería para mí y únicamente para mí. Me gritó que sí.

Que solo sería únicamente para mí y que ningún otro hombre más que yo, tocaría nunca más la intimidad de sus carnes. Mi suegro se movía más y más y era inminente su despertar. Ella me acercó más a su cuerpo. Se sentó. Me acarició la verga y me la besó y me la chupó. Me dio una breve pero maravillosa mamada de verga que me transportó al mismísimo paraíso celestial. Justo cuando sentía que mi leche saldría a borbotones, dejó de mamármela. No había necesidad de palabras, en los hechos me decía que quería toda mi leche dentro de sus ardientes carnes íntimas. Quería recibir mi leche entera y sin desperdicio en su cincuentañera vagina.

Restregó fuertemente mi verga contra su vulva y no aguanté más. La penetré con fuerza. La embestí con la fuerza de un semental embravecido. La penetré y le di hasta el mismísimo fondo. Mi verga entró en su vagina. No había que esperar mucho tiempo. Todo el trabajo estaba hecho. En cuanto nos movimos un poco, reventamos el uno dentro del otro. Mi suegra derramó sus abundantes e hirvientes jugos sobre mi verga, y mi verga reventó al mismo tiempo, llenando su vagina con aquella leche hirviendo que como lava volcánica salía a borbotones a inundarla. Se llenó de mí y yo de ella.

En ese instante conocimos la plenitud de esa intimidad largamente deseada y nunca antes expresada. Desde ese momento éramos amantes.

Era ya mía para siempre. Sólo mía y únicamente mía. Era mi suegrastra. Mi Flora del alma a la que hoy por hoy sigo amando, deseando y fornicando como ese primer día.

Autor: charly2

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

Me gusta / No me gusta

El inquilino

Ella abrió sus piernas y empezó a sentir cómo mi pene enguantado la penetraba lentamente, cuando tocó fondo, empezó el vaivén, ella movía bien sus caderas y cada que sentía un movimiento brusco de mi parte me rasguñaba la espalda. Estuve penetrando cada vez más rápido y ella gemía de una manera muy excitante, quería escucharla gemir más fuerte.

Soy un chico mexicano, y la historia que voy a contar es de hace un año que estudié un semestre en el norte del país como alumno de intercambio, durante ese semestre viví con una familia muy agradable, el padre era un hombre de poco más de 40 años que había enviudado y se había vuelto a casar, su nueva esposa es una señora llamada Roxana de 29 años que aparentaba todavía menos edad, ella es delgada, tiene un excelente cuerpo y en verdad me gustaba mucho, en la casa vivía además un niño de 7 años que se llama Carlos y una chica de 18 años llamada Paola que había nacido durante el primer matrimonio de su padre, como era de esperarse no se llevaba muy bien con su nueva familia y tenía algunos problemas de actitud, a mí siempre me pareció que bien podía ser hija de Roxana o tal vez su hermana, porque también es una chica muy bonita y que le gusta ir al gimnasio por lo que tiene un cuerpo nada despreciable.

Yo siempre me llevé bien con Carlitos y cada vez que podía me ponía a jugar con él, su papá trabajaba todo el día y casi no lo veía así que le gustaba mucho estar conmigo, a Roxana también le agradaba que jugara con su hijo y poco a poco me tomaba cariño, en cambio, con Paola, no era buena la relación, casi no hablábamos y casi no nos veíamos, ella se la pasaba con su novio y yo pasaba mucho tiempo en la escuela y cuando llegaba a la casa me ponía a jugar con Carlitos o me ponía a escuchar música en mi cuarto provisional.

Un día regresé temprano eran como las 2 de la tarde y pensé que no había nadie porque Roxana había salido con sus amigas y se había llevado a Carlitos, el señor de la casa estaba trabajando como siempre y yo me sentía un poco mal, me dolía la cabeza y tenía la casa sola para poder dormir hasta la noche que llegaran los dueños de la casa, o al menos pensé que estaba solo porque Paola debería de estar con su noviecito, puse uno de mis discos más fuerte de lo que acostumbro ponerlos en una casa que no es mía y me recosté en la cama.

Me llevé una gran sorpresa cuando una hermosa silueta se apareció en la puerta de mi cuarto, llevaba una falda que le llegaba un poco más abajo de la rodilla pero que tenía una abertura al lado, la cual dejaba ver unas bonitas piernas, también llevaba una blusa blanca que se transparentaba y no dejaba mucho a al imaginación, era Paola la que estaba ahí, después de admirar sus ropas, su fino talle, sus piernas y sus pechos pequeños pero mordisqueables, vi que tenía la misma expresión de enojo que mostraba a menudo.

Ella nunca había entrado a mi cuarto pero esta vez entró como si nada y se puso a ver los discos que tenía sobre la grabadora.

-¿Por qué nunca me habías dicho que tenías el disco de Mano Negra?- dijo un poco molesta- de haberlo sabido te lo hubiera pedido prestado. – Si quieres llévatelo y luego me lo traes. – ¿Qué haces aquí tan temprano? – Me duele la cabeza y pensé en venir a dormir un rato ¿y tú? – Terminé con mi novio hace 2 días y no tengo con quién divertirme así que llegué temprano.- dijo, cambiando su expresión de enojo por una sonrisa que me hizo olvidar el dolor de cabeza- No pensé que fueras a estar aquí pero me agrada, hoy quiero conocerte bien y recuperar el tiempo que hemos desperdiciado.

Quitó el disco que estaba escuchando y puso uno más tranquilo con el que empezó a bailar sugestivamente, vaya que sabía moverse esa niña, sentí cómo mi pene empezó a endurecerse, el dolor de cabeza ya no existía, pero yo seguí recostado en la cama sólo observándola, entonces se acercó a mí, ya no pude resistir más, desde la primera vez que la vi sentí el oscuro deseo de quitarle su virginidad, me levanté y la besé dulcemente, yo quería hacerlo despacio pero ella movía la boca y la lengua con mucho deseo, acaricié su cabello y su espalda, empezó a desabrochar mi camisa y yo hice lo mismo con su blusa, no llevaba brassier así que no tardé en empezar a acariciar sus lindos y suaves pechos, arrojamos la camisa y la blusa al suelo y nos movimos sin separar nuestras lenguas hacia la cama, la recosté en la cama y empecé a lamer el canal que hay entre sus pechos, ella lanzó un leve gemido y me puse a besar y lamer sus pezones mientras acariciaba sus piernas y metía mis manos dentro de su falda, por fin encontré sus panties y empecé a deslizarlas por sus piernas, me levanté y saqué por completo sus panties, admiré el bello y excitante paisaje en el que Paola estaba recostada con los brazos abiertos mostrándome sus pechos, con una cara de lujuria que no podía esconder y con una linda falda que era el único impedimento para admirar su cuerpo desnudo.

-Eres virgen- pregunté con el deseo de que me dijera que sí y cumplir mi fantasía de desvirgarla. -No, lo he hecho varias veces con mi novio- contestó arruinando mi fantasía.

Eso no me iba a impedir hacer el amor con ella, así que me recosté y unimos nuestras lenguas en un beso largo y apasionado, metí otra vez mi mano debajo de su falda y encontré lo que tanto buscaba, estaba completamente mojada y metí un dedo, su cuerpo se movió como si hubiera recibido una descarga de placer y empecé a masturbarla, ella empezó a acariciar mi pene sobre el pantalón y a desabrocharla mientras sentía como insertaba otro dedo en su vagina, desabrochó por completo mi pantalón y acarició un poco mi pene mientras que con su otra mano sujetó la mano que estaba insertándole y empezó a ayudarme a masturbarla, unos segundos después pude ver en su cara un orgasmo pleno.

Hizo que sacara mis dedos de su vagina y se levantó, tomó mis pantalones y me los quitó bruscamente, lo mismo hizo con los bóxers que llevaba y quedé completamente desnudo frente a ella, se lanzó sobre mí y me empezó a besar mi pecho, acariciando mi pene, empezó a bajar su boca y besó la cabeza de mi pene, yo deseaba que lo metiera en su boca, pero solo lo besó y luego volvió a subir para buscar mi lengua, dábamos vueltas por la cama y de pronto me separé de ella, me puse el condón y subí su falda para ver su lindo y mojado coño, no le quité la falda, sólo la subí para que no estorbara, ella abrió sus piernas y empezó a sentir cómo mi pene enguantado la penetraba lentamente, cuando tocó fondo, empezó el vaivén, ella movía bien sus caderas y cada que sentía un movimiento brusco de mi parte me rasguñaba la espalda. Estuve penetrando cada vez más rápido y ella gemía de una manera muy excitante, quería escucharla gemir más fuerte así que saqué mi pene.

-¿Qué pasa?- preguntó con una voz entrecortada- ¿no te está gustando?.

Yo no contesté nada, solamente la tomé de las caderas, hice que bajara medio cuerpo de la cama y me arrodillé en el suelo, ella estaba boca abajo mostrándome su lindo culito y esperando a que la terminara, tomé sus caderas y la penetré de un golpe, ahora sí pude escuchar un grito, empecé a fornicarla con mayor rapidez y esta vez podía ver cómo movía su cabeza frenéticamente y escuchaba sus gemidos mucho más fuertes. Eso me volvió loco y me moví lo más rápido que pude.

– Mmmmm, aaahhhhh, ¡qué rico! un poco más.

Yo no iba a resistir mucho tiempo y justamente cuando solté mi semen ella tuvo un delicioso orgasmo. Seguí penetrándola un rato y después caí en la cama, ella se recostó también y me preguntó si todavía me dolía la cabeza. Yo le dije que sí porque en cuanto vino el orgasmo, regresó el dolor de cabeza.

Pusimos el despertador y dormimos abrazados un par de horas, nos levantamos y nos bañamos, eso fue todo por ese día pero sabíamos que lo podíamos volver a hacer otro día y ahí nuestra relación empezó a cambiar, sus padres se sintieron mejor porque su hija pasaba mucho más tiempo en la casa y “ya no tenía un novio que la pervirtiera”.

Autor: Aleorcio

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

Los cuernos que siempre le quise poner

Darwin trataba de meter su verga en mi culo y la verga de su padre me llenaba la cuca, su padre le dijo, no le vas a hacer daño. Darwin estaba desesperado por coronar mi estrecho culo, sentí su miembro abriéndose paso y empezó un mete y saca sin ninguna consideración, ellos pensaron que gritaba de placer y entre los dos me dieron la clavada más animal, que macho alguno me haya dado.

En muchas ocasiones he fantaseado con ponerle los cuernos a mi marido.  Muchas veces, mientras hacemos el amor, le relato fantasías donde fornico con otros en sus narices, y otras donde me voy sola con otros tipos.  La verdad es que disfruto mucho estas fantasías pero la que más deseaba hacer realidad era la de irme sola con un hombre y luego llegar a casa bien fornicada y satisfecha, con mi cuca llena del semen de otro macho, y obligar a mi marido a que me limpiara el coño con su boca, mientras le relato cómo me hicieron gozar de rico y cómo otro hombre se comió a su mujercita sin misericordia.

Ya he tenido la fortuna de estar con otro hombre en presencia de mi cornudo marido, y a fe que lo he disfrutado mucho, sin ningún arrepentimiento ni consideración con mi maridito. Pero eso de irse sola con otro, libre de hacer y decir lo que quiera, y que me hagan y digan lo quieran, sin ningún temor o consideración por la presencia de mi marido, y saber que mientras tanto el cornudo, muerto de celos, pero empalmado a más no poder, y ansioso por mi regreso, se imagina morbosamente qué y cómo me estarán haciendo y qué y cómo estoy haciendo yo, eso me produce el morbo más grande que pueda sentirse, me excita muchísimo y me haría gozar sin medida, sabiendo que el muy cabrón seguro no aguanta las ganas de masturbarse imaginándome bien clavada por otro macho.

Soy afortunada de contar con un marido que goza siendo cabrón, que no ve la hora de que le haga crecer esos cuernos, y que me alienta a que me goce la vida follando con todo el que quiera. La verdad es que soy yo la que he sido una tonta y no he aprovechado esto. A veces pienso que si me voy sola por ahí con otro puedo estropear mi matrimonio de tantos años y la verdad es que amo profundamente al cornudo de mi marido y me la paso muy bien con él. Pero de tanto alentarme a ponerle unos cachos bien puestos pues se llegó el día en que se presentó la oportunidad y fue mejor de lo que yo esperaba y me imaginaba, y los cuernos de mi maridito se multiplicaron por dos.

Una mañana llegaron dos hombres a la empresa donde trabajo interesados en adquirir unos productos de los que se elaboran allá y me tocó atenderlos. Eran padre e hijo. El papá, don Pedro, es un señor de 48 años, muy bien vividos, porque su cuerpo es atlético, y aparenta un poco menos edad.  Su pelo muy bien cortado, con algunas canas que lo hacen ver muy interesante. Siempre me han gustado los hombres con canas. Alto, fornido, de manos grandes y brazos gruesos y fuertes. Muy culto, me trataba de una manera muy amable. Su loción olía delicioso. Fue quien habló la mayor parte del tiempo de lo que necesitaban. Su hijo, Darwin, también atlético, se veía que frecuentaba mucho el gimnasio. Pechos amplios, brazos desarrollados, abdomen plano, muy atractivo.  También era delicado en el trato hacia mí, 26 añitos que lo hacían ver ya todo un macho.

Pensé que venían de otra ciudad, pero no, son de mi ciudad. Después de mirar varias versiones de los productos y hablar sobre sus necesidades, don Pedro me pidió que los dejara discutir en la tarde sobre lo que habían visto y que los acompañara a cenar en la noche en el restaurante de un hotel conocido de la ciudad, para contarme su decisión de compra y hablar algunos detalles más del proceso de adquisición de los productos, debido a que tenían que tomar una decisión rápida y debían contar con los productos que eligieran en el menor tiempo posible. Todo esto debido a que tenían que atender otros asuntos en la mañana y no les daba tiempo para terminar inmediatamente de hablar de esos temas y también para tomar con un poco más de calma la decisión sobre los productos que elegirían. No me quedó más remedio que aceptar la invitación, teniendo en mente que podría cerrar un muy buen negocio. Pensé rápidamente en qué haría para atender esta cita en la noche sabiendo de antemano que mi marido ese día debía estar en la oficina hasta un poco más tarde, por lo que no podría ni acompañarme a la hora que me habían citado ni llevarme a la cita al menos. Hablé con él, le expliqué lo que se había presentado y él entendió y bromeó pícaramente sobre mi cita.

En la noche entonces me dediqué a arreglarme muy bien. Tomé una ducha y elegí lo mejor que pude qué me pondría y me esmeré en estar bonita. Me entusiasmaba la idea de salir con dos hombres tan atractivos. Era la primera vez que me tocaba atender una cita de trabajo fuera de la oficina, a esas horas, y en un lugar como al que me habían citado. Tenía claro que era sólo una cita de trabajo y que seguramente no irían ellos solos, sino que irían acompañados de la esposa de don Pedro, pero sin embargo sentía mucho entusiasmo con la situación, y hasta pasaron pensamientos morbosos y lujuriosos por mi cabeza. Estos pensamientos morbosos me hicieron pensar en llevar la pequeña cámara de video en mi cartera, por si algo pudiera suceder, aunque inmediatamente desechaba estas imágenes de mi cabeza por absurdas.  Sin embargo la cámara fue a dar a mi cartera.

Acudí a la cita muy puntual, 7:00 p.m., y en el restaurante ya estaban ellos esperándome.  Sólo estaban ellos dos, no había nadie más que los acompañara. Fui recibida con mucha efusividad y halagos. Me sentía una reina en medio de aquellos dos hombres que se veían muy bien para mi gusto. Hablamos del negocio. Me contaron su elección. Un muy buen negocio para la empresa. Me pidieron que les contara sobre el procedimiento a seguir e insistieron mucho sobre la urgencia en la fabricación de esos productos.  Finalmente cenamos, y en la cena sugirieron celebrar el negocio con un poco de vino.  Hablamos muy amistosamente y ellos empezaron a halagarme con piropos y comentarios sobre mi persona, de lo linda que les parecía. Don Pedro, siempre con mucho tacto, hacía observaciones sobre lo afortunado que era mi marido por tenerme, y su hijo, un poco más atrevido, pero con mucho respeto, comentó sobre lo buena que estaba, comentario este que hizo que don Pedro le reclamara por dirigirse así a una dama. Yo les dije que cuando se recibían estos comentarios de manera tan respetuosa, y viniendo de quienes venía, eran muy halagadores. Indagué un poco sobre ellos y supe que don Pedro era separado, que vivía sólo y su hijo también tenía su apartamento de soltero, que consideraba que a esa edad ya no debía vivir con sus padres.

Ellos quisieron saber sobre mi marido y les conté algo sobre la excelente relación que tenemos y la forma abierta en que la llevamos. Aunque no conté mucho, para no comprometerme, no sé si esto los animó, pero noté que a medida que pasaba el tiempo, y las copas de vino, ellos se animaban más y eran más directos y atrevidos. Llegó el momento en que el mismo don Pedro, con mucha educación, pero de manera directa, me dijo que no me ofendiera, pero que sería delicioso terminar la celebración del negocio en una habitación del hotel. Inmediatamente sentí algo líquido corriendo por mi entrepierna, no sabía qué hacer. Por primera vez se me presentaba una oportunidad como esta, de estar con otro hombre, qué digo, con dos hombres, diferentes a mi marido, sola, y dedicarme al más lujurioso placer. Cualquier mujer en esa situación, con esos dos ejemplares masculinos tan atractivos, no lo dudaría en aceptar, por más frenos morales que tuviera en su cabeza. Pensé en mi marido, si se enojaría. Recordé todas la veces que, en medio de su calentura, cuando hacíamos el amor, me instaba a ponerle los cachos, y pensé que no podía dejar pasar esa oportunidad.

Les dije que me atraía mucho la idea porque ellos seguramente sabían que eran hombres muy atractivos, pero que me era difícil tomar una decisión así y esa propuesta me tomaba completamente por sorpresa. Darwin dijo que muchas veces resultaban mejor las cosas así, sin planearse, y que insistía en la propuesta de su papá. Yo estaba excitadísima con sólo la propuesta. Con algo de timidez, pero decidida a gozar, acepté. Les dije que tenía que ir al baño y ellos respondieron que mientras tanto cancelarían la cuenta y pedirían una habitación.

Me fui al baño y llamé a mi marido al celular. Eran ya las 9 de la noche. Me preguntó cómo me iba y si ya regresaba para la casa.  Tomé fuerza y le contesté: te sugiero que no me esperes despierto porque me demoro. Hoy vas a ser el cabrón más cornudo que pueda existir sobre la faz de la tierra. A falta de uno, dos machos de verdad se van a comer a tu mujercita. Él, desesperado, quería saber detalles de lo que estaba pasando, pero le dije que no podía ni quería demorarme, que estaba desesperada por estar en brazos de esos dos machos, que no se preocupara porque le grabaría la mejor película porno que alguna vez hubiese visto en su vida.  Indagaba si tenía todo preparado desde antes y la razón por la que tenía la cámara de video. Le dije que no tenía nada preparado pero que había sido precavida por lo que pudiera pasar.

Me reclamó por no haberle contado mis planes o lo que pensaba y le respondí que recordara que él me había insistido mucho en que le pusiera los cuernos, y que eso era lo que iba a obtener, que ya no había vuelta atrás y que me iba a gozar como la puta más puta la mejor clavada de mi vida, y le recomendé que, para que se le calmaran esos celos estúpidos, se hiciera una buena paja imaginándome en medio de esos dos machos, gimiendo como loca y pidiendo más clavo como la puta más puta de todas, porque eso era lo que iba a hacer, pedirles que me dieran clavo sin misericordia, y me despedí de él. Sabía que debía haber quedado en medio de una confusión de celos y excitación, pero también sabía que cuando regresara a casa me esperaba una desesperada fornicada de mi marido, que me estaría esperando, arrecho como un toro. Salí de ese baño dispuesta a gozarme a esos dos machos sin ningún remordimiento y a entregármeles para que hicieran conmigo todo lo que desearan.

Me estaban esperando en el lobby, ya habían organizado todo. Subimos a la habitación, era amplia, con una pequeña sala y una cama grande. Darwin se abalanzó sobre mí inmediatamente entramos y, sin ningún preámbulo, me dio un apasionado beso, mientras sus manos masajeaban mis nalgas. Yo estaba aturdida. Su lengua se movía en todas direcciones. Mi excitación subía y subía, sus manos se movían por mis muslos debajo de mi vestido y pronto descubrieron la humedad entre mis piernas. Yo lo abrazaba con fuerza. Descubrí que mientras su hijo me manoseaba como quería, don Pedro se desnudó y se masturbaba, mientras nos observaba con mucho morbo en su mirada.  Recordé la cámara de video y me solté como pude de los brazos de Darwin, y les dije que quería filmar todo para regodearme luego, recordando aquella velada que no se presentaba todos los días, y además para ver la cara de cabrón de mi marido cuando me viera en sus brazos gozando. Aceptaron sin ningún reparo y Darwin me ayudó a ubicarla y ponerla a grabar.

Mientras él estaba ocupado con la cámara, don Pedro me tomó con seguridad, y me besó apasionadamente. La belleza de verga que tenía estaba lista, y la sentía dura al nivel de mi vientre, mientras me besaba muy apasionado pero muy dulcemente, tomando mi cabeza entre sus manos. Yo no me resistí a mis impulsos y empecé a bajar besándolo suavemente en su cuello, su pecho, jugué un momento con sus  tetillas y bajé por su abdomen hasta encontrarme con esa deliciosa verga, que no dudé un segundo en meter en mi boca todo lo que pude y chuparla como el más delicioso bombón, mientras pensaba morbosamente en lo rico que se sentiría en mi vagina, porque era grande y gruesa, como siempre deseé tener una. Anticipaba en mi mente ese enorme trozo de carne llenándome el coño y haciéndome gritar de placer. Mientras estaba ocupada con el papá, Darwin se desvistió, y se acercó por detrás de mí, dándome besos en la espalda y agarrando mis tetas con una mano mientras con la otra agarraba mi culo.

Después de unos minutos Darwin me separó del delicioso bombón que estaba chupando y me incorporó para desvestirme. Don Pedro le ayudó, y rápidamente estaba desnuda, a su completa merced. Me llevaron a la cama y Darwin se apoderó de mi concha, lamiendo, besando y chupando de una manera que me llevaba al delirio. Mordisqueaba mi clítoris y me hacía retorcer de placer. Su padre me acercó la verga a la boca para que continuara el trabajo que le había iniciado, y yo, como una posesa, me agarré de esa deliciosa verga y la chupé con fruición. Me sentía en el cielo. Don Pedro masajeaba mis tetas y me chupaba los pezones, mientras su inquieto hijo chupaba mi clítoris y metía sus dedos en mi rajita y empezaba a hurgar en mi agujero posterior. Me sentía la más afortunada de todas las putas. No aguanté mucho y exploté en un intenso orgasmo, que me hizo retorcer y manotear con desespero. Fue una sensación indescriptible de placer sexual, como nunca la había sentido.

Ellos no pararon en su trabajo, sosteniéndome con fuerza, pero yo ya no resistía el roce en mi clítoris. Entonces le pedí a Darwin: métemela por favor, no me tortures más, y él, gustoso, se incorporó, separó mis piernas dejando despejado el camino hacia mi vulva y, sin ningún obstáculo, introdujo su pene en mi coño de un solo empujón. No era tan gruesa como la de su papá, pero era grande, y el movimiento impetuoso que le imprimía me hacía gemir, sintiendo las delicias de ser poseída por un macho, mientras disfrutaba la enorme verga de su papá en mi boca.  Qué más le podía pedir a la vida en aquel momento, dos machos como esos, hermosos ejemplares masculinos, toditos para mi sola, ocupados en darme placer, y cuándo me iba a imaginar tener a papá e hijo comiéndome.  Era una situación muy morbosa.  Darwin me volteó, me puso en cuatro y me penetró desde atrás, mientras su papá, tomando mi cabeza por el cabello, me obligaba a seguir el movimiento de mi boca sobre su enorme falo, que se intensificaba con cada embestida de su hijo.

Aquello era el delirio para mí. Don Pedro le dijo a su hijo: no te vas a correr todavía, que a una hembra como esta hay que darle todo el placer que se merece. Dale duro, mirá como goza la muy putica. Seguro el cabrón de su marido nunca la ha hecho sentir hembra de verdad. Yo estaba asombrada por las palabras de don Pedro, siempre tan culto, pero en una situación así todo se vale, y a mí me encanta que me traten como a una perra en la cama, cuando estoy tan excitada como en ese momento. Darwin aceleraba el ritmo de sus embestidas y al rato volvía a hacerlo lento, supongo conteniéndose para no correrse aún. En cambio yo no pude contenerme y, gritando como una loca, me corrí de nuevo. Don Pedro me sostenía con fuerza y su hijo me clavaba más duro. Qué delicia Dios mío.  Darwin me decía: eso puta, córrete. Así te quería ver, perra.

Don Pedro le indicó a su hijo que parara, se acostó en la cama y me hizo sentarme en su enorme verga. Fue una sensación espectacular la que sentí mientras entraba ese enorme trozo de carne en mis entrañas. Cuando ya lo tuve todo adentro, me empecé a mover suavemente, disfrutando cada centímetro de esa belleza de pene en mi coño, sintiéndome toda llena, y me incliné a besar apasionadamente a ese macho. Él me susurraba al oído: ¿te gusta estar ensartada en verga, zorrita?, y yo le contesté, también al oído: lo deseaba con ansias incontenibles, quería ser tuya, papito. Él se movía dentro de mí, chupaba mis tetas, me decía: de ahora en adelante vas a ser mi putica, y yo le contestaba: sí, por favor, quiero seguir siendo tuya, quiero seguir sintiendo tu verga dentro de mí. Me movía desesperada, gozaba como nunca había gozado. Él me susurró: ¿el cabrón de tu marido no te hace gozar así?, y yo le dije: nunca, por eso quiero que me sigas cogiendo tú y me hagas sentir hembra plena. Quiero ser tu hembra. Y la verdad era que después de tanto placer eso era lo que deseaba. Mientras yo gozaba, sin remordimiento, ensartada en la verga de su papá, Darwin había traído un lubricante y me estaba preparando mi agujerito de atrás.

No es lo que más he disfrutado, pero estaba segura que ensartada, en un sándwich, en medio de esos dos papacitos, iba a sentir lo que nunca había sentido en mi vida, así que me dejé hacer. Muy rápido, Darwin, con su ímpetu juvenil, estaba tratando de meter su verga en mi culo, mientras la gran verga de su padre me tenía llena toda la cuca, casi a punto de abrirme en dos. Su padre le dijo: hazlo con cuidado, no le vas a hacer daño a esta delicia de hembra. Pero Darwin estaba desesperado por coronar mi estrecho culo, y finalmente lo logró. Sentí su miembro abriéndose paso y el ardor que esto produce. Pero Darwin quería clavármela como si fuera en la vagina, y empezó un mete y saca sin ninguna consideración, que me hacía gritar. Parece que ellos pensaron que gritaba de placer y entre los dos me dieron la clavada más animal, más bestial, que macho alguno me haya dado.

Al poco rato, efectivamente, mis gritos ya no eran de dolor, sino por el placer tan salvaje que me estaban propinando. Me hacían sentir toda su masculinidad, su fuerza, su hombría. En sus brazos era como una niña que manejaban a su antojo. Yo gritaba, arañaba, mordía, pero esto los excitaba más, porque con más fuerza me daban, mientras me decían toda clase de insultos: como sos de puta, gritá zorra malparida, me dijo Darwin, y su padre le dijo: es verdad que es la puta más puta que me he comido, pero no le digas esas palabras. Y Darwin le contestó: ¿pero no ves papá como goza la zorra degenerada esta?, ¿no ves que le gusta que la traten así a la muy puta? Don Pedro se dirigió a mí y me preguntó: ¿te gusta cómo te estamos tratando?, y yo le dije: sí, trátenme como su puta, por favor, no paren.

Darwin me aprisionó, con mucha fuerza, contra el pecho de su padre, casi ahogándome, para que mi culo le quedara en mejor posición, y se empezó a mover dentro de mí a una velocidad alucinante. Mi placer no tenía límite, me sentía en un éxtasis infinito y empecé mis movimientos convulsivos de un nuevo orgasmo, a lo que ellos respondieron dándome más duro y evitando que me moviera. Fue desesperante. Era como una muñeca a merced de esos dos hermosos machos. Darwin tampoco pudo más y llenó mis entrañas con su leche. Sentí esa deliciosa explosión de semen dentro de mi culo y el alivio de la lubricación que producía. Mientras se corría Darwin me gritaba: puta, contale al cornudo de tu marido que te gocé por el culo y te lo llené de leche, perra hijueputa. Y su papá completó diciendo: el cabrón, malparido ese hoy si va a quedar como el más cornudo de todos los cornudos.

Cuando su hijo se retiró de mi culo, don Pedro me puso al borde de la cama y, él de pie, me penetró, con mis piernas rodeando su cuello por encima de sus hombros. Sentía su gran verga en lo más profundo de mi coño, me clavaba con fuerza. Yo me retorcía, agarrada de sus fuertes brazos. Le pedía que no parara.  Él me decía: nunca en tu vida vas a olvidar esta clavada que te estamos dando, puta degenerada. Y de verdad nunca iba a olvidar algo tan delicioso como aquello. Aceleró sus movimientos. Con una de sus manos me tomó con fuerza por el cuello, casi ahogándome, y con la otra sostenía mis piernas en el aire, penetrándome con rabia, mientras me gritaba: córrete puta, y más duro me clavaba. Hizo esto muchas veces, me hundía su tronco con fuerza, me insultaba: zorra degenerada, quiero que te corras, y con más fuerza me penetraba.

Nunca pensé que eso me excitara tanto, pero finalmente así me arrancó un intenso orgasmo. En medio de mis gritos y mi llanto (de placer, no de dolor) sentí su leche llenando mi cuca, mientras jadeaba fuerte, como un toro. Se dejó caer sobre mí sin dejar de moverse, aunque más despacio, mientras sentía los espasmos de su verga en mi coño, y me susurró al oído: mi putica deliciosa. El sonido de su voz varonil tan cerca de mi oído disparó algo dentro de mí, y sentí como si  tuviera un nuevo orgasmo, sin aún terminar las sensaciones del anterior. Me corrí en sus brazos, gimiendo sin vergüenza, con su enorme cuerpo de macho de verdad encima de mí, cubriéndome completamente.  Es lo más sublime que le puede suceder a una hembra. Qué delicia de fornicada la que me habían dado.

Finalmente se quitó de encima de mí, me tomó con fuerza por el cabello y dirigió mi boca hacia su verga chorreante de fluidos y me obligó a mamársela hasta dejársela completamente limpia. Lo hice con tanto gusto. Luego me atrajo hacia su amplio pecho y me acurrucó entre sus brazos, me besó con ternura y me dijo: quiero seguir teniéndote. Su hijo se acostó detrás de mí y me acariciaba la espalda y el culo. Por fin el cornudo de mi marido tenía los cuernos que siempre quiso, y mucho más de los que yo soñé ponerle. Sólo pensaba en que pudiera repetirlo muchas veces, y en el regalito que le llevaría al cabrón de mi maridito: toda la leche de macho que me habían inyectado y que obligaría al cornudo a tomar directamente de mi coño con su boca, hasta enloquecerlo.

Autora: A y D

Me gusta / No me gusta

Madre e hija buscan macho

Mi pene estaba siendo apretado por su vagina caliente, cuando Sissy se empezó a mover buscando mi ritmo todo cambió. La mujer se volvió una diosa, todo fue más placentero, Rosa acariciaba los pechos de Sissy, con sus dedos se tocaba su clítoris, me sentía un hombre capaz de complacer a la mujer que me regaló su virginidad, una hermosa mujer que merecía mi mejor actuación como amante.

Contesté al timbre de la puerta de mi casa, En la entrada, la hermosa Sissy con sus recién cumplidos 18, estaba con un pequeño paquete en sus manos.

-¿Me compras estas galletas Miguel?- Me preguntó. -Claro que si Sissy, ¿el dinero que ganes es para tus estudios?- Le pregunté. -No, es para mí, quiero comprarme un aparato de música que me gusta mucho.

-¿Cuánto llevas ganado? -Apenas 150 pesos, el aparato de música vale 900. -¿Cuánto valen las galletas que me vas a vender? -Solo 50 pesos. -Voy por el dinero, ¿Así que ya vas a tener 200 pesos? -Sí, voy a comprar más galletas para vender, pero ya no hay vecinos para comprármelas.

Se veía fabulosa con su cabello dorado hasta los hombros, sus pechos formaban una hermosa curva en su blusa en la que destacaban sus pezones, su pequeña cintura hacía que se notara más su forma de mujer, sus nalgas levantadas bajo su pequeña falda se veían deliciosas y sus piernas, largas y bien torneadas son un monumento a la belleza.

Fui por el dinero a mi habitación, no me había dado cuenta, pero Sissy me había seguido.

-Que bonita está tu casa y tus muebles, todo lo tienes bien ordenado. -Gracias Sissy, a tus órdenes. -Que bonitos cuadros, y todos los adornos también son muy bonitos. -Aquí tienes tu dinero. -Gracias, ¿me puedo sentar? Lo pensé un momento, una muchacha sola, conmigo en mi casa quizá no era buena idea, pero ella ya se había sentado en el sofá que tengo en mi habitación para ver la televisión. -Estoy muy cansada de tanto caminar, me voy a quitar los zapatos un momento.

-¿No te esperan en tu casa? -No, mi mamá está trabajando, llega hasta la noche, la verdad es que vine para platicar contigo, estaba muy aburrida en la casa. ¿Me regalas un vaso de agua? -¿Quieres una Coca? -Bueno, si.

Cuando regresé con el refresco Sissy estaba viendo unos cuadros en la pared.

-Mi mamá dice que tú eres maricón que por eso vives solo. -¿Y tú que crees Sissy? -No lo sé, dímelo tú. -A mi me gustan las mujeres. -¿Te gusto yo? -Si, eres muy bonita, preciosa, tienes muy bonita cara y muy bonito cuerpo. -Siéntate conmigo, me pone nerviosa verte ahí de pie, estás en tu casa.

Me senté a su lado pensando en lo que acababa de decirme.

-¿Te gusta mi cuerpo? ¿Quieres ver mis pechos? -Si, enséñamelos Sissy se quitó su blusa sin ningún pudor, no usaba sostén, vi sus hermosos jóvenes senos en forma de mangos, levantados venciendo la gravedad. Más grandes de lo que me imaginaba. -¿Te gustan?, puedes tocar si quieres.

Los toqué suavemente, sintiendo su tamaño, su forma, su suavidad, los apreté con más fuerza, con mis dedos tomé sus pezones que se levantaron duritos.

-En la prepa nos obligan a usar sostén, pero cuando llego a la casa me lo quito. Crecen y se ponen duros con las caricias y los besos, bésalos si quieres.

Le di todo lo que podía, sus muslos, su vagina, sus pechos. Sissy me tenía excitadísimo con los jalones que le daba a mi pene, con su belleza, su desvergüenza. Pasé mi lengua por sus labios, por sus pechos, hasta que llegué a su pubis donde desesperadamente enterré mi lengua en su vagina, busqué su clítoris, y cuando lo encontré me concentré en darle todo el placer que yo podía.

-Ahhh que rico me besas Miguel, no pares, que rica está tu verga, bien grande y dura, ya sabía que no eras puto, sigue, sigue chupando mi clítoris.

Sissy me agarraba mi verga sobándola como una experta, yo no podría hacerlo mejor, sensaciones intensas llenaban mi cuerpo en un clímax lleno de deseo. Yo hincado a su lado, con sus piernas en mis hombros, mi boca en su clítoris, mi pene en su mano, que disfrutaba los movimientos que hacía en un ritmo casi perfecto, dándome el ritmo que quería en su clítoris con mi lengua. Me dejé dirigir, aceleraba en momentos, bajaba su ritmo y yo la seguía dócilmente. Llegó su orgasmo como debe de ser un orgasmo, lleno de pasión, de lujuria, de placer. Se movió de lado a lado, apretándome mí pene que quería estallar de placer. Sus piernas apretaron con fuerza mi cabeza. Agarré sus nalgas levantándolas para llegar más hondo en su vagina con mi lengua. Sorbí sus jugos, acaricié de nuevo su clítoris con mi lengua suavemente.

-Huuuyyyyy…que rico me haces sentir todo.

La levanté en mis brazos y la cargué, ella se abrazó de mi recostando su cabeza en mi pecho, aún respiraba agitadamente. La deposité en mi cama. Ella, desnuda con las piernas abiertas, se acariciaba sus jóvenes pechos. Yo con mi lengua tocaba su clítoris, mi dedo dentro de su vaginita acariciándola, sintiendo su calor en todo mi cuerpo, más en mi pene que Sissy acariciaba delicadamente. Mi otra mano en su cara, disfrutando de su juventud, la suavidad. Mis ojos veían el color dorado de su piel, sus bellos púbicos casi blancos, su vulva rosada como un prometedor amanecer.

-¿Qué sientes? -Rico, muy rico, no te detengas. -No me voy a detener hasta que tengas otro orgasmo.

No tardó mucho su segundo orgasmo, igual de hermoso que el primero, yo embelesado viéndolo llegar, explotar dentro de ella.

-No sabía que se pudiera sentir tan rico. Me dijo con voz agitada. Ven a besarme, déjame descansar tantito.

Me acosté al lado de ella, y besé sus dulces labios, mi lengua jugó con ellos, ella también sacó su lengua para acariciar la mía. Volví a acariciar su clítoris, con mi otra mano sus pechos, ella tomó mi pene.

-Está linda tu verga, siento rico tocártela, es un juguete muy divertido. -¿Te la puedo meter? -Soy virgen. -Lo haría con cuidado y mucho amor. -Otro día Miguel, yo vine a proponerte algo, pero no dejes de tocarme tan rico. Estamos muy solas mi mamá y yo, necesitamos un hombre en la casa, ven a visitarnos seguido. Mi mamá necesita sexo, está muy nerviosa por falta de ello. Y tú me gustas para ella y para mí.

-¿Sabe tu mamá de lo que me estás diciendo? -No, pero tú le gustas mucho, encontré una hoja de papel con tu nombre escrito varias veces. Es muy tímida, pero está tan caliente que ella es la que me besa, bueno, nos besamos y acariciamos, yo empecé el juego porque la veía tan sola aunque debo confesar que pensaba que era probable que tú fueras maricón. Y por eso vine, a ver si lo eras, y si no lo eras a invitarte. -Muy bonita invitación. -¿Te gustó? -Mucho, ¿quieres que vayamos ahora? -Sí, pero antes te voy a mamar tu verga linda, me gusta mucho mamar vergas.

Nos colocamos en un 69 acostados en la cama, y el placer siguió.

-¿Se la mamas también a tu novio? -Si, pero no me da tanto placer como tú, es muy brusco, solo piensa en su placer. -¿Quieres que le enseñe? -Si, enséñale como acariciar a una mujer, como lo estás haciendo ahora, delicioso. ¿Quieres venirte en mi boca?  -Me voy a guardar para tu mamá, vente tú.

Volví a recibir sus jugos de su orgasmo en mi boca, mi pene temblaba por las sensaciones tan placenteras. Me contuve anticipando lo que vendría después. Nos vestimos, muy a mi pesar porque yo quería seguir disfrutando de su cuerpo. Le regalé el dinero que necesitaba para su equipo de sonido.

-Por la galleta más rica que he probado.- Le dije. -Te la puedes comer siempre que quieras papacito.- Me contestó pícaramente.

En mi auto fuimos a comprar unas botellas de vino y unos platillos ya preparados para cenar, no dejamos de tocar nuestros genitales en el trayecto, así que cuando llegamos a su casa seguía bien prendido por el deseo. Cuando llegó su mamá todo estaba preparado en la mesa.

-Mamá, invité a Miguel a cenar, bueno él nos invitó.

Rosa, mamá de Sissy estaba sonrojada por la sorpresa. Se veía preciosa. Siempre bien vestida ya que tiene una tienda de ropa cara para señoras. Con su cabello rubio bien cortado, su fina cara y un cuerpo monumental, de algún lado tenía que haber heredado Sissy tanta belleza.

-Hola Miguel, muchas gracias, deberían haberme avisado para recibirte como mereces y estar mejor presentada. -Yo soy el que les da las gracias por recibirme en su casa, y no te preocupes te ves tan hermosa como siempre.- Le dije besando su mano.

Nos sentamos a cenar, platicamos como amigos, adulándola siempre que podía, yo tenía especial cuidado en tener siempre su copa de vino llena. Al terminar, levantamos la mesa y pasamos a la sala. Sissy se retiró a su habitación dejándonos solos, no sin antes servirnos unas copas de brandy.

-Rosa, eres una mujer divina, me gustas mucho. Yo vine a pedirte que aceptes ser mi novia. Le dije tomándola de la mano. -Apenas nos conocemos Miguel, es una sorpresa para mí. -Por eso vamos a ser novios, para conocernos, estoy seguro que nos vamos a llevar muy bien, que vamos a ser buena pareja. Le dije recordando lo que me había dicho Susy de la timidez de su madre, pero de su gran calentura.

La tomé de su cara y le di un ligero beso en la boca, me alejé y le sonreí, la volví a besar, pero más tiempo, la abracé, mi lengua jugaba con sus labios. Ella me abrazó y también sacó su lengua para jugar con la mía.-Sí, acepto ser tu novia, quiero que me quieras mucho, yo también voy a quererte mucho Miguel. Nos seguimos besando y abrazando unos minutos más, mis manos más osadas acariciaban sus hermosos pechos, le desabroché su vestido, mis manos recorrieron su cuerpo. -Es la primera vez que nos tratamos Miguel, ¿Qué vas a pensar de mi? -Que eres una mujer, que eres mi novia, que nos deseamos, que eres sexy y que quieres complacerme porque te gusto, que te gusta que te desee, que nos vamos a desear siempre. ¿O quieres que esperemos unas tres citas? -Vamos a mi recámara. Me dijo.

Apenas entramos en ella, me empezó a desvestir, yo la desvestí a ella entre besos ardientes llenos de deseo. Nos tumbamos en la cama como desesperados, la abrí de piernas y comencé a mamar de su concha todos sus jugos, sus pechos se bamboleaban hermosos sobre mi cara. Yo disfrutaba de los gestos de su bella cara que reflejaban su pasión y su placer. Sentí sus uñas en mi espalda y su grito que nunca voy a olvidar.

-Amooooooor, siiiiiiii…

Su orgasmo lo tuvo mordiéndose los labios, viéndome a la cara, con una mirada de desesperación, jadeando, sus manos en mis caderas jalándome hacia ella, retorciéndose de placer, se viró y me tomó la verga con desesperación mientras no dejaban de manar sus jugos calientes, ella seguía apretando con fuerza mi pene con sus contracciones. Yo seguía lamiendo lentamente, no quería que mi éxtasis terminara. Que hermoso es sentir que lo que ve tu compañera en ti le gusta, ella me miraba con admiración como yo también la miraba. Hermosos segundos llenos de todos los placeres, de expectativas cumplidas con creces. No dejábamos de vernos, de sonreírnos, de admirarnos mutuamente.

-Me vas a regalar otro orgasmo y todavía tengo el primero Miguel. Rosita me susurró entre suspiros. -Rosita que hermoso siento, no quiero que esto acabe, quiero que tengas mil orgasmos seguidos para mí.

No fueron mil, pero si unos 10. Nos comimos el uno al otro, no se acababan los besos y las caricias por nuestros cuerpos, estábamos aprendiendo a querernos, a conocernos, cambiamos posiciones, platicamos poco con nuestras bocas, dejamos que el sexo y nuestras miradas lo hicieran.

-Me da pena ser tan caliente y venirme tanto. Me dijo Rosita.

Estábamos abrazados después de haber tenido los dos nuestros orgasmos, besándonos y acariciando suavemente, con amor, con agradecimiento, disfrutando la paz que da el sexo. Mi cabeza en su pecho, mi mano acariciando su bello púbico.

-Tienes dos maravillosos regalos, no los taches de defecto, yo los quiero disfrutar mucho. -Se lo tenemos que agradecer a Sissy, ella te trajo a mí. ¿Qué te dijo? -Que necesitaban un hombre en la casa y que yo era buena opción. -¿Qué más? -Que hacen el amor y lo disfrutan, pero que necesitan un hombre.

-¿Estoy mal, soy una degenerada por hacer el amor con mi hija? -No, eres una persona muy sensible al sexo, es una bendición si es que lo aprovechas bien. -Ay Miguel, soy bisexual, por eso me dejó el papá de Sissy. Ella solo me trata de dar amor, pero me siento tan mal. Me dijo con lágrimas en los ojos. -¿Te sientes mal ahora? -No, estoy muy en paz contigo, pero apenada. -Yo no soy celoso ni de hombres ni de mujeres, con tal que me den lo que yo también quiero. No me gustaría vivir con una persona insatisfecha, solo quiero que me digan siempre la verdad.

-¿Aún quieres ser mi novio? -Más que nunca, eres bellísima, haces el amor divinamente, me sentía en el cielo. -¿Me pregunto si habré encontrado al hombre de mi vida? -Yo ya encontré dos mujeres que valen una vida. -Eres un magnifico amante.-¿Qué quisieras tener ahora para estar más contenta? Lo pensó un momento, acarició mi pecho y me dijo: -Tener a Sissy también a mi lado. -Vamos con ella. Le dije sonriendo. -¿Ya estuviste con ella? -Tuvimos sexo oral, es divina tu hija. -Tan caliente como su madre. Me contestó riendo.

Mejor recibimiento no pudimos haber tenido, Sissy estaba en su cama leyendo, esperándonos, su baby doll delgado, transparente, no ocultaba su curvilíneo cuerpo. Nos vio, brincó de la cama y nos abrazó a los dos. Así estuvimos los tres abrazados, unos momentos inolvidables besándonos las bocas. Sissy me miró y con voz muy dulce me dijo: -Te voy a dar mi virginidad de regalo de novios papacito.

-Vamos a ser muy felices, lo sé. Les dije muy emocionado.

Nos acostamos en su cama, Sissy en medio. Entre Rosa y yo nos la comimos, no dejamos parte de su cuerpo sin caricias, sin besos. Alguna vez leí que así no le dolería tanto, puse mi verga en la entrada de su hoyito y la introduje un poco. Solo se escuchaban nuestros suspiros. Que momento sagrado lleno de lujuria. Empujé un poco más hasta que sentí un obstáculo, me retiré un centímetro y volví a empujar, penetré un poco más, volví a hacerlo una vez más, de la garganta de Sissy salió un gemido, ella miraba con ansiedad mi pene dentro de su vagina. Rosita expectante, pero feliz por su sonrisa, le acariciaba un pecho y una nalga.

-Ya mételo todo, estoy lista, me muero porque me lo metas.

Empujé de nuevo sintiendo como mi verga desgarraba su himen dentro de ella. Ella gimió más fuerte, pero yo no me detuve, volví a retirarme un poco y empujé con más fuerza hasta el fondo. La abracé sin moverme esperando que su dolor disminuyera, le besé sus labios suavemente. Ella suspiraba con fuerza.

-Ya casi no duele y siento tu miembro rico dentro de mí.
Rosa también besó sus labios, yo empecé a moverme despacio, suavemente hacia afuera y hacia dentro.

-Que delicia, queeee ricoooo, te siento todo dentro de mí, me llenas todita hasta la garganta.

Mi pene estaba siendo apretado por la piel más delicada, por su vagina caliente y húmeda, que delicia. Pero cuando Sissy se empezó a mover buscando mi ritmo o su ritmo todo cambió. La mujer se volvió una diosa, todo fue más fuerte, más placentero, más hermoso, más exquisito todo lo que yo sentía.

-Así, así, así Miguel, que placer ah, Ahhh, Ahhh, Ahhh.

Rosa acariciaba los pechos de Sissy, nos besaba en la boca, con sus dedos se tocaba su clítoris, su vagina. Yo me sentía también muy poderoso, un hombre capaz de complacer a la mujer que me regaló su virginidad, una hermosa mujer que merecía mi mejor actuación como amante.

-Sissy hermosa, eres mía, siempre serás mía y yo tuyo, soy tuyo, siempre seré tuyo. Le dije embriagado de sexo, de deseo, de lujuria, de pasión y de amor. De sus labios entreabiertos salían gemidos, suspiros, largos Ahhh. Su cara y su cuerpo irradiaban belleza como la luna llena. Y luego llegó su orgasmo, mi pene estalló con él. -Que hermosos se ven. Dijo Rosita. Los quiero tanto.

Jamás pensé que yo podría ser tan feliz, abrazado a dos hermosísimas mujeres, eyaculando con toda mi pasión. Satisfecho momentáneamente, entregando mi fuerza a Sissy, pero deseando copular con su mamá que desnuda como Eva, nos tocaba y miraba como afrodita anhelante de sexo. ¿Qué más puedo desear? Bueno, tengo que enseñar al novio de Sissy a fornicar, quizá sea divertido estar los cuatro en la cama.

Autor: Miguel C

Me gusta / No me gusta

El inquilino

Me arrodillé en el suelo, ella estaba boca abajo mostrándome su lindo culito y la penetré de un golpe, ahora pude escuchar un grito, empecé a fornicarla con mayor rapidez y podía ver cómo movía su cabeza frenéticamente y escuchaba sus gemidos mucho más fuertes. Eso me volvió loco y me moví más rápido. Yo no iba a resistir mucho y cuando solté mi semen ella tuvo un delicioso orgasmo.

Soy un chico mexicano, y la historia que voy a contar es de hace un año que estudié un semestre en el norte del país como alumno de intercambio, durante ese semestre viví con una familia muy agradable, el padre era un hombre de poco más de 40 años que había enviudado y se había vuelto a casar, su nueva esposa es una señora llamada Roxana de 29 años que aparentaba todavía menos edad, ella es delgada, tiene un excelente cuerpo y en verdad me gustaba mucho, en la casa vivía además un niño de 7 años que se llama Carlos y una chica de 18 años llamada Paola que había nacido durante el primer matrimonio de su padre y como era de esperarse no se llevaba muy bien con su nueva familia y tenía algunos problemas de actitud, a mí siempre me pareció que bien podía ser hija de Roxana o tal vez su hermana, porque también es una chica muy bonita y que le gusta ir al gimnasio por lo que tiene un cuerpo nada despreciable.

Yo siempre me llevé bien con Carlitos y cada que podía, me ponía a jugar con él, su papá trabajaba todo el día y casi no lo veía así que le gustaba mucho estar conmigo, a Roxana también le agradaba que jugara con su hijo y poco a poco me tomaba cariño, en cambio, con Paola, no era buena la relación, casi no hablábamos y casi no nos veíamos, ella se la pasaba con su novio y yo pasaba mucho tiempo en la escuela y cuando llegaba a la casa me ponía a jugar con Carlitos o me ponía a escuchar música en mi cuarto provisional.

Un día regresé temprano de la escuela, eran como las 2 de la tarde y pensé que no había nadie porque Roxana había salido con sus amigas y se había llevado a Carlitos, el señor de la casa estaba trabajando como siempre y yo me sentía un poco mal, me dolía la cabeza y tenía la casa sola para poder dormir hasta la noche que llegaran los dueños de la casa, o al menos pensé que estaba solo porque Paola debería de estar con su noviecito, puse uno de mis discos más fuerte de lo que acostumbro ponerlos en una casa que no es mía y me recosté en la cama.

Me llevé una gran sorpresa cuando una hermosa silueta se apareció en la puerta de mi cuarto, llevaba una falda que le llegaba un poco más abajo de la rodilla pero que tenía una abertura al lado, la cual dejaba ver unas bonitas piernas, también llevaba una blusa blanca que se transparentaba y no dejaba mucho a al imaginación, era Paola la que estaba ahí, después de admirar sus ropas, su fino talle, sus piernas y sus pechos pequeños pero mordisqueables, vi que tenía la misma expresión de enojo que mostraba a menudo.

Ella nunca había entrado a mi cuarto pero esta vez entró como si nada y se puso a ver los discos que tenía sobre la grabadora.

-¿Por qué nunca me habías dicho que tenías el disco de Mano Negra?- dijo un poco molesta- de haberlo sabido te lo hubiera pedido prestado. – Si quieres llévatelo y luego me lo traes. – ¿Qué haces aquí tan temprano? – Me duele la cabeza y pensé en venir a dormir un rato ¿y tú? – Terminé con mi novio hace 2 días y no tengo con quién divertirme así que llegué temprano.- dijo, cambiando su expresión de enojo por una sonrisa que me hizo olvidar el dolor de cabeza- No pensé que fueras a estar aquí pero me agrada, hoy quiero conocerte bien y recuperar el tiempo que hemos desperdiciado.

Quitó el disco que estaba escuchando y puso uno más tranquilo con el que empezó a bailar sugestivamente, vaya que sabía moverse esa niña, sentí cómo mi pene empezó a endurecerse, el dolor de cabeza ya no existía, pero yo seguí recostado en la cama sólo observándola, entonces se acercó a mí, ya no pude resistir más, desde la primera vez que la vi sentí el oscuro deseo de quitarle su virginidad, me levanté y la besé dulcemente, yo quería hacerlo despacio pero ella movía la boca y la lengua con mucho deseo, acaricié su cabello y su espalda, empezó a desabrochar mi camisa y yo hice lo mismo con su blusa, no llevaba brassier así que no tardé en empezar a acariciar sus lindos y suaves pechos…

Arrojamos la camisa y la blusa al suelo y nos movimos sin separar nuestras lenguas hacia la cama, la recosté en la cama y empecé a lamer el canal que hay entre sus pechos, ella lanzó un leve gemido y me puse a besar y lamer sus pezones mientras acariciaba sus piernas y metía mis manos dentro de su falda, por fin encontré sus panties y empecé a deslizarlas por sus piernas, me levanté y saqué por completo sus panties, admiré el bello y excitante paisaje en el que Paola estaba recostada con los brazos abiertos mostrándome sus pechos, con una cara de lujuria que no podía esconder y con una linda falda que era el único impedimento para admirar su cuerpo desnudo.

-¿Eres virgen?- pregunté con el deseo de que me dijera que sí y cumplir mi fantasía de desvirgarla. -No, lo he hecho varias veces con mi novio- contestó arruinando mi fantasía.

Eso no me iba a impedir hacer el amor con una buena niña que tenía un cuerpo que muchas mujeres mayores desearían tener. Así que me recosté y unimos nuestras lenguas en un beso largo y apasionado, metí otra vez mi mano debajo de su falda y encontré lo que tanto buscaba, estaba completamente mojada y metí un dedo, su cuerpo se movió como si hubiera recibido una descarga de placer y empecé a masturbarla…

Ella empezó a acariciar mi pene sobre el pantalón y a desabrocharla mientras sentía como insertaba otro dedo en su vagina, desabrochó por completo mi pantalón y acarició un poco mi pene mientras que con su otra mano sujetó la mano que estaba insertándole y empezó a ayudarme a masturbarla, unos segundos después pude ver en su cara un orgasmo pleno.

Hizo que sacara mis dedos de su vagina y se levantó, tomó mis pantalones y me los quitó bruscamente, lo mismo hizo con los bóxers que llevaba y quedé completamente desnudo frente a ella, se lanzó sobre mí y me empezó a besar mi pecho, acariciando mi pene, empezó a bajar su boca y besó la cabeza de mi pene, yo deseaba que lo metiera en su boca, pero su edad sólo le permitió besarlo y luego volvió a subir para buscar mi lengua, dábamos vueltas por la cama y de pronto me separé de ella, me puse el condón y subí su falda para ver su lindo y mojado coño.

No le quité la falda, sólo la subí para que no estorbara, ella abrió sus piernas y empezó a sentir cómo mi pene enguantado la penetraba lentamente, cuando tocó fondo, empezó el vaivén, ella movía bien sus caderas y cada que sentía un movimiento brusco de mi parte, me rasguñaba la espalda. Estuve penetrando cada vez más rápido y ella gemía de una manera muy excitante, quería escucharla gemir más fuerte así que saqué mi pene.

-¿Qué pasa?- preguntó con una voz entrecortada- ¿no te está gustando?

Yo no contesté nada, solamente la tomé de las caderas, hice que bajara medio cuerpo de la cama y me arrodillé en el suelo, ella estaba boca abajo mostrándome su lindo culito y esperando a que la terminara, tomé sus caderas y la penetré de un golpe, ahora sí pude escuchar un grito, empecé a fornicarla con mayor rapidez y esta vez podía ver cómo movía su cabeza frenéticamente y escuchaba sus gemidos mucho más fuertes. Eso me volvió loco y me moví lo más rápido que pude.

– Mmmmm, aaaaahhhhhhh, ¡qué rico!, un poco más. – Yo no iba a resistir mucho tiempo y justamente cuando solté mi semen, ella tuvo un delicioso orgasmo. Seguí penetrándola un rato y después caí en la cama, ella se recostó también y me preguntó si todavía me dolía la cabeza. Yo le dije que sí porque en cuanto vino el orgasmo, regresó el dolor de cabeza.

Pusimos el despertador y dormimos abrazados un par de horas, nos levantamos y nos bañamos, eso fue todo por ese día pero sabíamos que lo podíamos volver a hacer otro día y ahí nuestra relación empezó a cambiar, sus padres se sintieron mejor porque su hija pasaba mucho más tiempo en la casa y “ya no tenía un novio que la pervirtiera”.

Autor: Alerocio

Me gusta / No me gusta