Mi hermana la doctora

Tenía su vagina muy bien depilada solo tenía vello justo encima de la rajita, luego yo ya estaba que reventaba y no podía más, le puse mi pene en la entrada de su vagina y la penetré de una sola embestida, mi hermana dio un gemido acallado por un beso en la boca que le di no para que no se oyera, sino porque me traía loquito, era mi hermana mayor, mi fantasía de toda mi vida.

 

Hola compañeros no, amigos no, hermanos, presento el siguiente relato que me sucedió el otro día, pero antes creo que debo describirme, yo soy alto, más bien muy alto, 1, 92 m. bien formado y con un muy buen pene, 22 cm. Al menos eso es lo que me dicen mis “amigas”, ya sabéis con las que juego los días que a ellas les apetece, tengo 29 años y soy diseñador gráfico por ordenador.

Pues bien vamos a lo que vamos, les contaré mi historia que podéis pensar que es mentira, pero os prometo que es verdad, estaba yo trabajando, trabajo en casa como freelance, y tengo una hermana, bastante mayor que yo y que es doctora en un ambulatorio de Madrid con turno de mañana.

Había comido y estaba ya a punto de ir a mi despacho cuando sonó el sonido del portero automático, yo quería poner verde al que llamaba a esa maldita hora a mi puerta, cuando miré quien era vi en el video portero que era mi hermana así que la abrí, me respondió una voz dulce e intimidada, -Soy yo, ábreme que va a llover. Mientras subía a mi piso pensé que qué hacía a esas horas en mi casa, llegó por fin a la puerta de mi ático, cuando entró le pregunté: -¿Has comido?

Ella me respondió que no, que lo que pasaba es que había salido de su trabajo y estaba muy nublado y que por tardar menos decidió pararse en mi casa ya que estaba más cerca del ambulatorio donde ella trabaja que la suya, pero de todas formas yo estaba seguro que había un motivo oculto para ese cambio de dirección, ya que ella llevaba su coche como todos los días, así que no tenía ni la más mínima idea de por qué justo ese día había decidido ir a comer a mi casa no entiendo ni como me puedo mantener yo, bueno si, comiendo en restaurantes y bares la mayoría de los días, pero sigo contando lo que me sucedió con mi hermana aquella tarde.

Le di de comer, a ella sola, lo primero que vi por allí, una pizza congelada de esas que tenía por si algún día no tenía tiempo o ganas de hacer algo, así que se quedó en la cocina metiendo la pizza en el microondas, yo me fui hacia mi despacho y me conecté a Internet, estuve liado hasta que entró mi hermana sin que yo me diera cuenta en el despacho, me dijo que le hiciera una foto para el Messenger y que luego se la mandara a su ordenador, para ello tuve que preparar la cámara ya que yo la tengo conectada al ordenador como cámara Web, luego le dije que se sentara para hacerle una buena foto en un sitio bien iluminado. 

Ella me empezó a decir tonterías como si todo aquello fuera un juego, pero yo no lo tomé así y me empecé a acercar a mi hermana, diez años mayor que yo con no muy buenas intenciones o quizá demasiado buenas, el caso es que me calentó de una forma indescriptible, la verdad que siempre me han gustado las mujeres mayores que yo, pero era mi hermana y yo que la ética la perdí de pequeño, creo que iba a perder los papeles más pronto que tarde, así haciendo un poco el tonto como en un juego de hermanos la fui tocando todo su cuerpo, se podría decir que le metí mano bien a conciencia, pero no fue así yo no era consciente de por donde tocaba, el caso es que ella también se calentó y empezó a besarme las manos, a decirme:

– Hermanito tienes unas manos preciosas, luego me levantó el suéter que llevaba y empezó a besarme mi tripa que si bien no está muy musculada, no tiene excesivos michelines, diciéndome igualmente que la tenía muy bonita, yo con esto me reí ya que tengo la cicatriz de la apendicitis, pero ella replicó:

 – ¿Olvidas que soy doctora? Y se apreciar una buena cicatriz.

Entonces me levanté de encima de ella para hacerle la foto, le empecé a hacer fotos, pero ninguna le gustaba así que se fue cambiando de lugar y de postura hasta que por fin una foto le gustó, a mi ya se me había pasado el calentón, pero sorpresa para mí, mi hermana no se había olvidado de los “jueguecitos” a los que antes nos habíamos abandonado, con lo que con ciertos gestos consiguió calentarme de nuevo, ya he dicho que a mí no hace falta hacerme mucho para perder completamente la compostura.

Una vez los dos calientes y ya con la fotografía hecha nos echamos al monte y nos dio lo mismo todo, ya que estábamos solos en casa y nadie nos iba a decir nada, le empecé a quitar la blusa, dejándola en sujetador, llevaba uno que se compró en navidades como regalo, es decir, que la vez anterior en que lo había  visto a pesar que me gustó, era negro con encajes, pero estaba vacío y ahora estaban repletos de carne humana sutil a más no poder y terminado en un pezoncito precioso de cuarentona, mi hermana tiene talla 90 o sea que tiene un buen par de tetas, por lo que le dejé puesto el sujetador que estuve viendo toda la noche de Nochebuena, pero sin ser tan exuberante.

Seguidamente ella me quitó el suéter y la camiseta hasta dejarme con todo el pecho al aire, luego le empecé a desabrochar los pantalones, botón a botón para ir viendo su tanga poco a poco, a continuación le bajé los pantalones hasta las rodillas para bajarle el tanga con la boca, para mi sorpresa tenía su vagina muy bien depilada solo tenía vello justo encima de la rajita, luego yo ya estaba que reventaba y no podía más, me desabroché el pantalón y me lo bajé, después me bajé mis bóxer quedando mi falo totalmente liberado y dispuesto para realizar su función más placentera.

Le puse mi pene en la entrada de su vagina y la penetré de una sola embestida, mi hermana dio un gemido acallado por un beso en la boca que le di no para que no se oyera, sino porque me traía loquito, era mi hermana mayor, mi fantasía de toda mi vida, al final terminamos los dos dormidos en la cama de mi habitación, nunca olvidaré ese delicioso sujetador de las navidades. 

Después de ese día o sea desde la semana pasada todos los días antes de ir a su casa se pasa a comer por la mía.

Autor: Elcapitanalatrste

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