Aventuras en la nieve

La polla de Fran no perdía consistencia con el frío estaba enorme, la saboreé durante unos instantes, luego la verga buscó donde cobijarse, me penetró, con ansias notando su cuerpo junto al mío contrastando la calidez del cuerpo de Fran y la del gélido clima que hacía, nos apresuramos por terminar, el frío era insoportable a esas horas, Fran se corrió, todo era especial esa noche para mí.

No había visto a Fran desde el fin de semana en la casa de campo, estaba ansiosa por volverme a perder entre sus brazos, dejar que ese deseo, nos envolviera, hasta consumirnos. Llevaba meses anhelando sus caricias, aquel fin de semana había marcado mi vida y para bien, por fin había superado la ruptura con mi novio, y tenía un futuro lleno de ilusiones. Fran y yo nos íbamos viendo a través del msn, pero eso no nos era suficiente así que decidimos pasar las navidades juntos en una estación de ski, invitamos a mi prima Laura y a Juanjo a que pasaran la navidad con nosotros perdidos en la montaña, en un pequeño albergue, alejado a unos pocos kilómetros de la estación de ski para que la multitud no nos molestara.

El día 24 Laura y Juanjo me pasaron a buscar con el coche, yo estaba preparadísima, mi prima se rió al verme bajar las escaleras con semejante maleta enorme, estaba llenísima sobretodo de ropa interior preciosa que había adquirido de tiendas on-line asesorándome de los gustos de Fran, quería estar perfecta, la verdad es que mi vestimenta que había elegido no era del todo cómoda para ir a una estación de ski una minifalda de cuero con un conjunto con liguero también de cuero negro, muy provocadora toda de negro, Laura no me quitaba los ojos de encima, ella se sentó conmigo en la parte trasera del coche, mientras Juanjo nos llevaba hacia la estación de ski era un trayecto bastante largo, era una estación situada en la sierra de Madrid, así que teníamos de 6 a 7 horas de trayecto largo y tenso.

Yo estaba excitadísima por poder volver a ver a Fran, Laura no me quitaba los ojos de encima, parecía que me desnudara con la vista, la verdad es que a ella tampoco la había olvidado, pero era mi prima, conforme pasaban las horas en el coche no podíamos apartar los ojos de nuestros cuerpos, al final las manos se nos acabaron escapando, nos empezamos a besar apasionadamente en la parte trasera del coche mientras que Juanjo nos miraba desde el espejo del retrovisor, el coche tenía la calefacción puesta e íbamos por carreteras secundarias, así que era difícil que nos observara alguien, nos despojamos de nuestras ropas, y dejamos que nuestros cuerpos hablaran por nosotras, nos devorábamos la una a la otra con mucha pasión saboreando nuestros flujos, dejándonos llevar por esa pasión casi animal que no nos dejaba estar quietas.

De repente Juanjo dijo: -Chicas no quiero alarmaros pero hay un policía y me hace señales para que detenga el coche, nosotras no le hicimos ni caso y seguimos en lo nuestro, el policía le llamaba la atención por ir demasiado rápido, y le dijo como quiere que vaya con este par de leonas que llevo detrás, nosotras seguíamos con lo nuestro y el policía nos picó a la ventanilla, Laura y yo volteamos la cabeza para ver al policía, el cual sonreía con una cara de deseo descomunal cosa que nos dio morbo a las dos, así que le abrimos la puerta del coche y le dijimos las dos, con voz muy sensual señor agente no tiene usted frío, ¿quiere pasar dentro?

El policía no se lo pensó dos veces, se sentó entre las dos y nos sacó su enorme verga, Laura y yo nos abalanzamos sobre ella, nuestras lenguas se buscaban ansiosamente, el policía empezó a gemir de placer y Juanjo no nos quitaba el ojo de encima desde el retrovisor, nosotras no parábamos quietas, una le mordía los huevecillos y la otra le comía la verga, Laura y yo estábamos bien compenetradas aunque evitábamos tener sexo por pudor, a las dos nos resultaba violento, pero en el fondo nos atraía mucho, solo nos dejábamos llevar en situaciones, pero ahí estábamos regalándole una buena mamada al señor policía que estaba a punto de estallar, dentro de la boca de Laura, le metí el dedo en el culo y el policía estalló en un santiamén Laura me dejó probar el gusto del policía de sus labios besándonos apasionadamente, saboreando aquel sabor nuevo para las dos, el poli sabía muy bien, él se quedó exhausto en el coche.

Cuando se repuso, sonrió a Juanjo y le dijo menudas leonas, si me descuido me dejan seco, Laura y yo nos dirigimos al policía, invitándolo a que viniera con nosotras, él no acababa el turno hasta las 8 de la tarde, así que le dimos las indicaciones para que se reuniera con nosotras a la noche, ambas nos quedamos con las ganas

de saborear suculenta verga de otra forma. El aceptó y nos pidió los números de móvil por si no encontraba el lugar, ya que no estaba ciertamente en la estación de ski. Retomamos el camino, Juanjo seguía al volante, mientras que nosotras seguíamos jugueteando con nuestros cuerpos, empecé a lamer los pezones de Laura, siempre me sabían tan bien, me encantaba tenerlos entre mis labios mordisquearlos y notar como poco a poco se iban endureciendo, igual que los míos al notar como las manos de Laura los acariciaban suavemente, la verdad es que Laura y yo nos habíamos encontrado en alguna que otra fiesta con amigos, pero en el coche nos deseábamos más que nunca, no se si era el calentón del momento, o el calentón de la emoción de reencontrar a Fran, las horas fueron pasando y Juanjo nos pidió que nos vistiéramos que íbamos a bajar para comer, sin darnos cuenta había pasado medio trayecto entre caricia y caricia.

Nos vestimos y paramos a comer en Teruel, fuimos a un bar situado en la plaza del pueblo, Laura y yo después de tanto ejercicio teníamos muchísimo apetito, nos comimos un par de bocadillos de jamón de Teruel enormes, Juanjo nos observaba sonriente, como devorábamos los bocadillos, con la misma pasión que instantes atrás ambas devorábamos la verga del policía. Después de comer nos pusimos nuevamente en ruta pero al llevar el estómago lleno a ambas nos entró el sueño y nos quedamos dormidas apoyadas la una en la otra.

Cuando abrí los ojos ya estábamos llegando a la estación de ski, estaba nerviosa, tenía tantas ganas de ver a Fran, le había anhelado tanto que no podía dejar de imaginar todo lo que íbamos a hacer, me moría de ganas de estar con él en la cama, ya eran las 7 de la tarde la hora que más o menos habíamos quedado con el en el bar de la estación de ski, al entrar al bar estaba allí apoyado en la barra, tan guapo como siempre, me abalancé sobre sus brazos dándole un cálido beso, Laura y Juanjo sacaban las maletas del coche, salimos del bar, cargamos los trastos en unas motos de nieve y Fran nos guió hacia el refugio, era prácticamente de noche, el frío se hacía notar en mis piernas, quien me mandaría meterme la minifalda de cuero, aunque valía la pena Fran no paraba de mirar hacia mí, como la mini era tan corta al estar subida en la moto nieve dejaba entrever la goma de las medias y las cintas del liguero.

En diez minutos llegamos al albergue, era una pequeña casita con dos habitaciones y un salón, con una gran chimenea con el fuego ya encendido, Fran había ido antes a preparar la casa, estaba preciosa, había una habitación para cada pareja preparada a todo detalle, Fran cogió mi maleta y la llevó a nuestra habitación, entre con él en la habitación, me acostó sobre la cama y con su dulce voz me dijo me haría entrar en calor, empezó a acariciar mis piernas heladas como si fuera la primer vez que las tocaba, con una delicadeza con la que nadie las había tocado antes, desató las medias del liguero, me sacó las botas, y empezó a sacarme las medias mojadas por la nieve que saltaba de la moto hacia mis piernas, besaba con sus cálidos labios cada milímetro de piel que iba descubriendo con una dulzura indescriptible…

Mis flujos empezaban a fluir gracias a sus expertas manos, mi prima asomó la cabeza en la habitación, pero desapareció para no molestar, yo me dejé guiar por las manos expertas de Fran, que me iba despojando de toda mi ropa, me cogió en brazos, abrió las sábanas y me colocó dentro, se sacó su ropa y se metió entre las sábanas desnudo, me abrazaba con ganas, me besaba con pasión, estábamos sedientos el uno del otro, él se colocó sobre mi penetrándome suavemente, había soñado tantas noches tenerlo sobre mí que ya no sabía separar la realidad de mis sueños, acariciaba su espalda mientras que su cálida verga entraba dentro de mi, cada vez más adentro sacándome el frío del cuerpo y dándome calor, sus manos empezaban a acariciar mis pechos y yo acariciaba sus duros glúteos, como le había echado de menos, me habían parecido eternos estos meses sin él.

Esto no era un encuentro simplemente sexual, no estábamos follando ni dejando ir nuestros instintos, nos estábamos haciendo el amor, cosa que nunca antes había diferenciado el amor del sexo, esto era casi un encuentro cósmico, cada caricia parecía un regalo de los dioses, nos acariciábamos como si nunca lo hubiéramos hecho, como si fuera la primera y única vez que lo hacíamos, Fran empezó a mordisquearme el cuello, y mil escalofríos recorrían mi cuerpo dándome placer, sentía su verga cálida dentro de mi como se iba abriendo camino en mi, suavemente sin apresurarse, teníamos todo el tiempo que queríamos, para gozarnos y disfrutarnos. Fran intentaba alargar al máximo su orgasmo mientras que yo era incapaz de contenerlos mi cuerpo se iba contorsionado a cada movimiento de su verga dentro de mí, al final un chorro de leche cálida me invadió, llenándome de calor.

Nos quedamos en la cama abrazados, notando las convulsiones de nuestros cuerpos unidos. Fran me sacó la ropa de la maleta para que me vistiera, nos vestimos y salimos fuera de la habitación, mi prima no estaba en el albergue con Juanjo habrían ido a dar una vuelta, Fran y yo nos fuimos a la cocina a preparar la cena para todos, habían botes de caldo ya preparado y pasta así que preparemos una sopa, y pollo al horno, preparamos la mesa y al ratito entró mi prima y Juanjo con el poli que habíamos invitado, preparé un plato más ya que comida había de sobra, cenamos todos juntos, charlando, el poli contaba anécdotas de sus patrullas en las travesías solitarias, pero ninguna como la que le había sucedido aquella mañana, a Fran no le hizo mucha gracia lo de tener al poli dentro de la cabaña, más que nada porque no tenía ganas de compartirme, llevaba mucho tiempo sin tenerme.

Después de cenar Fran y yo salimos a dar una vuelta, mientras que mi prima jugueteaba con el poli y Juanjo, Fran me había regalado un abrigo de plumas muy cálido allí donde estábamos el frío era casi glacial, empezamos a pasear a la luz de la luna alejándonos cada vez más de la casa, se veía pequeña, estábamos sentados en un tronco helado por la nieve que lo cubría Fran sacó una manta que llevaba en la maleta para que no estuviéramos tan helados y la tiró sobre el tronco y el suelo, nos acomodamos en el suelo con la manta no se notaba tanto el frío, la verdad es que el paisaje tenía su encanto, ver como la blanca nieve brillante por la luz de la luna, las estrellas del firmamento eran maravillosas, Fran empezó a besarme apasionadamente, el lugar era un buen lugar para dejar volar nuestros instintos.

Fran abrió mi abrigo cuidadosamente mientras me besaba y me despojó de él sin que me diera cuenta, la verdad es que empezaba a tener mucho calor, la pasión iba saliendo a flote, empezamos a quitarnos la ropa que en aquel momento nos estorbaba besándonos acariciándonos, deseándonos, sintiendo el frío de la nieve que se derretía bajo nuestros cuerpos, el frío no nos impedía saborear nuestros cuerpos con deseo, la verga de Fran no perdía consistencia con el frío estaba enorme, espléndida totalmente erecta, no pude reprimir mis deseos por saborearla, la acerqué a mi boca la saboreé durante unos instantes gozando de ese sabor característico que anhelaba, era realmente deliciosa, incluso más de lo que recordaba mi piel se estremecía por el frío.

Fran me cobijó entre sus brazos mientras que su verga buscaba donde cobijarse, me penetró, con ansias notando su cuerpo junto al mío contrastando la calidez del cuerpo de Fran y la del gélido clima que hacía, la nieve derretida se mezclaba con mis flujos, el frío se hacía notar, pero no podíamos dejarlo a medias así que nos apresuramos por terminar, el frío era casi insoportable a esas horas, Fran se corrió. Nos vestimos apresuradamente y nos volvimos a la casa tiritando, del frío que habíamos cogido. Al llegar a la casa todo estaba en calma, así que decidimos acostarnos, no teníamos prisa pasaríamos varios días en aquella casa. Fran me abrazó casi toda la noche me sentía tan bien refugiada entre sus brazos que todo era especial esa noche para mí.

Fran se levantó antes y me llevó el desayuno a la cama, un chocolate deshecho calentito, con galletas, la verdad es que era la mejor forma de despertarse. Al levantarme estaba todo el árbol lleno de regalos con tarjetas, parecía que había pasado Papa Noel, mi prima tenía muy buena cara seguro que se lo había pasado genial con el poli, aunque no sabía donde se había metido el poli no lo había visto desde que me levanté, pero tampoco me preocupaba mucho. Fran empezó a repartir los regalos, mi prima se había encargado de colocar los regalos que yo había traído así que estaba tranquila.

Fran me acercó un regalo enorme era como una caja dura, era difícil averiguar lo que era, lo abrí con tranquilidad, era como un maletín metálico, al abrir el maletín me encontré con un conjunto de vibradores de todo tipo, mi cara debía pagar estaba verdaderamente sorprendida, a mi prima Fran le regaló otro conjunto de vibradores más sencillo que el mío, había de todo entre los regalos arneses, conjuntos de ropa interior, parecía que entre Fran y Juanjo se habían puesto de acuerdo para traer medio sex-shop si en cambio los regalos que habíamos traído Laura eran más normales, colonias, ropa vamos lo típico.

Laura y yo nos mirábamos ansiosas de probar esos juguetes, nos abalanzamos la una sobre la otra, Juanjo y Fran nos miraban asombrados, nosotras nos devorábamos con ansias mordiéndonos los pezones, besándonos apasionadamente, nos pusimos a hacer un 69 la una a la otra saboreándonos lentamente, observábamos a nuestros chicos como nos miraban con cara de perros degollados y eso aún nos excitaba más, procedí a insertar uno de los vibradores dentro de mi prima, ella empezó a gemir levemente y empezó a penetrarme a mí con uno, la verdad es que era una sensación muy agradable, ambas empezábamos a gemir al unísono, gozando de los regalos que nos habían hecho, ellos nos observaban anonadados sin perdernos de vista…

Al final caímos rendidas de un orgasmo fulminante, quien nos iba a decir que esas pollas de plástico iban a tener ese efecto tan real sobre nuestros cuerpos, cuando nos recuperemos Juanjo se abalanzó sobre mi prima impaciente estaba hecho un toro, la puso en 4 patas y empezó a embestirla a lo bestia, vi uno de los arneses, y Fran me lo acercó, me ayudó a ponérmelo, y penetré a Juanjo por detrás, con la misma brutalidad que él penetraba a mi prima, Fran no pudo resistir la tentación de verme a 4 patas y también me penetró por detrás, nuestros gemidos se mezclaban con los ruidos de la naturaleza que nos rodeaba, no sé como lo conseguimos pero todos llegamos al orgasmo a la vez, acabamos tendidos sobre la alfombra temblorosos, abrazados unos a los otros.

Preparamos la comida, recogimos un poco el salón…. Aquel día fue un día muy largo, jugamos como críos, disfrutando de nuestros cuerpos al máximo, fue la navidad más blanca y más cálida de toda mi vida, decidimos volver a la casa de campo para fin de año, y montar una buena fiesta para entrar el nuevo año con buen pie así que no desesperéis, muy pronto volveréis a leer, cosas sobre Fran, Juanjo, mi prima y yo así que a tener paciencia…

Feliz navidad y próspero año nuevo a todos.

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Autora: NaXa^_^

naxa.juguetona@ gmail.com

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El balneario

Bea iba acelerando sus movimientos, impidiendo que Fran se moviera, haciendo todo el trabajo, cada vez aceleraba más y más sus caderas y Fran se deleitaba con sus contracciones hasta que ella aceleró más y más sus movimientos y él se dejó llevar, haciéndola gozar. Los gritos de Lola eran de placer intenso, estaba follándome a la mujer que más deseaba, mis movimientos se hicieron cada vez más fuertes y ella intentaba seguirme, llegar conmigo, estallamos los dos en un orgasmo mutuo que nos dejó tendidos, en la cama.

Mi nombre es Toño y vivo en Madrid, hace 8 años que estoy casado con una mujer valenciana que se llama Bea, ella es una mujer muy independiente y con un fuerte carácter aunque muy aferrada a sus costumbres, formamos una pareja muy actual, hacemos algo de deporte y poseemos cierto atractivo físico. Yo soy moreno, delgado y tengo unos intensos ojos verdes que siempre atrajeron a las mujeres, mi mujer tiene el pelo castaño y rizado es delgada como yo y tiene unas tetas impresionantes. La historia que voy a contarles sucedió la primavera pasada cuando fuimos a cenar con una pareja de amigos Fran y Lola. Fran es un corpulento muchachote moreno y bonachón, su mujer Lola es bajita y con un cuerpo exuberante, labios carnosos, mirada penetrante y muy sensual, una mujer que sin quererlo atrae.

Ellos son amigos nuestros desde la facultad y nuestra relación siempre fue de amistad, aunque Lola me resultaba atractiva yo jamás le comenté esto a Fran y él tampoco me dijo nada acerca de mi mujer, nuestras conversaciones solían dirigirse a temas de deporte, trabajo, sociales, puede que habláramos de mujeres pero nunca de las nuestras y nunca con nuestras mujeres delante. La historia surgió en una cena, Fran se quejaba del stress al que estaba sometido en su trabajo y los demás coincidimos con él sobre las continuas presiones que recibíamos y que nos llevaban a padecer de insomnio, nerviosismo y fatiga. Lola nos comentó que hasta sus relaciones sexuales se habían visto afectadas, Bea propuso pedir una semana libre en nuestros trabajos para retirarnos a un lugar tranquilo a descansar y yo propuse un balneario como cura total, la idea fue muy bien acogida aunque teníamos que conseguir esa dichosa semana en nuestros trabajos, apuntamos a una semana en mayo que tenía un día de fiesta en jueves y que podía ser idónea. Quedamos en llamarnos para ver si salía adelante el plan y así quedó la cosa.

A la semana siguiente las cosas empezaron a marchar sobre ruedas y, aunque con concesiones, conseguimos todos, la semana libre, una de esas concesiones era que Fran debía de trabajar el fin de semana anterior lo que obligaba a retrasar todo al lunes. La semana anterior todo fueron preparativos y deseos de que llegara el día de la marcha, la idea de una semana apartados del mundanal ruido nos tenía a todos muy excitados y prácticamente nos llamábamos a diario, para comentar cosas acerca del lugar adonde íbamos. Por fin llegó el ansiado día y fuimos a buscar a Fran y a Lola a su casa para hacer juntos el viaje, decidimos ir en nuestro coche para evitar gastos innecesarios así que partimos hacia la sierra donde se encontraba el balneario, el viaje fue muy divertido y las conversaciones fueron exclusivamente sobre las actividades en el balneario.

Lola comentó que había unas clases de algo parecido al Taichí y la expresión corporal, una mezcla que todos consideramos extraña, también había rutas de senderismo y sobre todo actividades termales o lo que es lo mismo mucho chorro y muchas burbujas. Cuando llegamos al balneario nos recibió un chico con cara de no haberse excitado en su vida, tal era el rostro pausado que presentaba, y nos dirigió a nuestras habitaciones para que dejásemos el equipaje, nos dijo que podíamos pasar a los baños cuando hubiésemos terminado a darnos un baño de burbujas antes del almuerzo que era a la una del mediodía, el entorno era maravilloso rodeado de montañas y vegetación y las habitaciones eran rústicas, pero con todos los elementos perfectamente cuidados, lo que más nos impresionó fue la cama que medía dos por dos, vaya polvos me voy a echar, pensé.

Bajamos al baño y nos tumbamos placenteramente en una de las bañeras recibiendo un chorro de burbujas, cuando estábamos allí aparecieron Lola y Fran y a mi casi me da un vuelco el corazón cuando vi por primera vez en mi vida a Lola en bañador, no sabía dónde mirar, que cuerpo, tuve que meter la cabeza dentro del agua para aislar mis pensamientos, se colocaron a nuestro lado y nos dijeron que después de comer teníamos unos momentos de relajación, siesta, pensé yo y después iríamos a una clase de Taichí-expresión corporal, nos comía la curiosidad, al salir del agua vi como Fran se hacía el remolón esperando a que saliera Bea, lo cual no me extrañó porque yo también estaba esperando a que saliera Lola y no pude ver la cara de Fran porque estaba absorto en el culo de Lola subiendo las escaleras de la piscina, por un momento pensé que ellas eran conscientes de ello, pero la idea me creaba sentimientos contradictorios.

La comida fue muy ligera, mi idea de la relajación no estaba reñida con un chuletón de ternera, pero la dieta era estricta y consistía en verduras y pescados a la plancha aparte de muchos zumos, nos pusieron un licor, que exceso, sin alcohol, de todas formas no nos importó mucho a ninguno y el bienestar del baño se notaba en nuestra conversación fluida, nuestros lazos estaban ahora más unidos que nunca y la conversación tocaba temas personales y de pareja como antes nunca lo había hecho, sin llegar a hablar de sexo, Bea contó que dormía sin pijama, Lola que se ponía tangas, Fran que tenía una almorrana y yo que afeitaba con brocha y navaja, cosas triviales que hasta ese momento nunca habíamos hablado, llegó el momento de la relajación y nos fuimos a una sala de camillas donde había música oriental muy suave y te ponían muchos zumos, hasta ese momento yo había bebido en un solo día más zumos que los que suelo tomar en todo un año, el caso es que me dormí plácidamente y desperté cuando un sonido angelical me dijo: ¡Toño!

Era Lola que me despertaba para decir que no tuviésemos vínculos afectivos, casi instintivamente Bea se colocó con Fran y Lola conmigo, acto seguido nos pidió a todos que nos colocásemos espalda con espalda y nuestros cuerpos pegados entre sí, que no nos inhibiéramos de sentir el otro cuerpo, sentí el culo de Lola pegado al mío, su espalda, sin complejos totalmente pegados, nos pidió que rotáramos pegando nuestros cuerpos, pegamos nuestras piernas, los hombros, los cuellos, los pechos, iba a explotar, por su parte Fran se estaba poniendo las botas con mi mujer aunque ella tenía cara de pocos amigos y yo estaba un poco mosca con la situación, aunque por otro lado estaba encantado de haberme pegado tanto a Lola, volvía la contradicción. Después de la clase bajamos a las termas y nos dieron unos chorros de agua helada y otro zumo, salimos a dar un paseo por los alrededores del balneario y ninguno de los 4 comentó nada acerca de la clase aunque seguimos hablando en tono jovial y la confianza entre nosotros era mayor, digamos que había funcionado la terapia, antes nuestras conversaciones eran entre los cuatro o bien ellas dos juntas y nosotros dos, pero no era común que yo hablara con Lola y Bea con Fran.

Lola me dijo que estaba harta de zumos, yo coincidí, le dije que un día nos escaparíamos a tomar unas copas, ella me dijo que por supuesto y se fue haciendo de noche, fuimos a cenar el pescadito y el zumo seguimos charlando y nos dirigimos a nuestros dormitorios, la noche fue bestial, el relax del día se tornó en lujuria y desenfreno de noche, aunque no podía quitarme de la cabeza la clase de expresión corporal, mi mujer me dijo que Fran se había pasado un poquito, le respondí que se trataba de desinhibirse, no de cortarse, aunque si veía que se pasaba de la raya ella tenía que frenar, ella me dijo que yo no había frenado mucho y le contesté que estaba un poco paranoica, ¿pero quién engaña a una mujer? El segundo día empezó con un suculento desayuno, la mejor comida del día, y por la cara de Fran y de Lola la noche había sido inmejorable sobre todo por sus ojeras y la sonrisa de oreja a oreja que lucían. Le siguió un baño frío y un paseo con monitor por los alrededores, se me olvidaba el zumo, entablé con el saludable monitor y le pregunté donde podíamos tomar unas copas, me apuntó una discoteca de pueblo con poca gente, música hortera, pero según el eso, es lo que hay.

Volvimos a la hora de la comida y después de una ducha nos fuimos al comedor donde nos esperaba otra nutritiva comida carente de toxinas y también de sabor, Lola estaba pletórica y Bea no paraba de hablar, yo miraba a las dos y me corrían fantasías por mi imaginación que se volvían de nuevo contradictorias, por su parte Fran no quitaba la vista de Bea, quien en algún momento se puso nerviosa con sus miradas, mientras nos dirigíamos a la sala de relajación y tomando un zumo me dijo que la belleza de mi mujer no eclipsaba su inteligencia yo por mi parte le dije que ambos éramos afortunados con nuestras esposas y que Lola era tan agradable como hermosa, jamás habíamos llegado tan lejos en nuestras apreciaciones y eso me volvió a crear sentimientos contradictorios, después de mi siesta y la relajación del resto volvimos a la clase de taichí-expresión corporal, iniciamos los ejercicios de taichí y volvimos a juntar nuestros cuerpos, esta vez mucho más desinhibidos, al finalizar el monitor pidió que realizásemos un masaje a la pareja y pude tocar la nuca de Lola, sus cervicales, su columna, sus dorsales músculo a músculo, hueso a hueso. Mi excitación era desmedida y en muchas ocasiones el masaje se tornó en caricia cosa que ella percibió, pero no dijo nada, estaba tan absorto en percibir su deseado cuerpo que ni siquiera miré a mi mujer y a mi amigo.

Repetimos la rutina diaria y después de la cena y varios zumos salimos a pasear los cuatro, ahora Lola  por la presión colectiva que por sus ganas accedió a recibir un masaje, fui al baño por crema y ella se puso la parte de arriba del bañador, se recostó en la cama y empecé a masajear sus hombros mientras Fran y Lola miraban atentamente, yo les explicaba que músculo masajeaba, como abría los omoplatos, etc., pero le dije que lo mejor es que Lola se pusiera al lado y probara él a imitar los movimientos. La situación se tornó excitante, instructiva y a la vez preocupante y yo quise forzar un poco la marcha frotando circularmente, muy cerca de los pechos de mi mujer, Fran me imitaba más tímidamente, pero a la vez era consciente de la situación, la piel de Lola estaba alterada y ella estaba muy excitada y de repente Bea se levantó y dijo: ¡vámonos a dormir!, cortó por lo sano, todos hicimos como que no pasaba nada, pero con pucheros y nos fuimos a nuestra habitación, cuando llegamos Bea me dijo, que querías follarme allí con ellos delante, cabrón, ¿te crees que soy tonta o qué?

Después de muchos mimos y caricias, tuvimos otra noche de lujuria y desenfreno y aunque ella no lo reconocería nunca, estaba más excitada que de costumbre. El día siguiente amaneció con desayunos, ojeras y sonrisas de oreja a oreja, aparte de más zumos con chorros de agua caliente y fría seguidos de burbujas chispeantes, la situación de la noche anterior no fue comentada, pero el paso que habíamos dado todos, era grande y los temas de sexo surgían en todas las conversaciones, Lola me dijo vaya ojeras que teníais esta mañana, no debisteis de dormir mucho. Yo le dije a Fran: tienes pinta de tener una buena tranca según se ve el bañador, Fran más comedido me dijo que si había dejado contenta a Bea y Bea por su parte seguía manteniendo la distancia, Fran le dijo a Bea que por qué estaba tan fría en las clases de Tai-expresión corporal que era un juego para relajarse y disfrutar más de uno mismo y de los demás, ella dijo que todavía no había encontrado la relajación total, que no se había adaptado, pero que lo intentaría y así fue pasando el día entre charlas, baños, comidas y siesta.

A esas alturas el momento más esperado del día era la clase de expresión corporal, tanta relajación me producía aburrimiento y pegarme al cuerpo de Lola era lo mejor que podía esperar, el monitor propuso ese día rodar abrazados y ese fue uno de los mejores momentos que recuerdo, sin llegar a tocarla con mis dedos percibí todo su cuerpo y noté que ella también acoplaba su cuerpo para sentir el mío, aunque mi deseo era grande mi curiosidad era mayor y observé en algunos instantes a Fran y a mi mujer y por la cara de ella creo que había roto en parte su tabú, en mi interior surgió de nuevo la contradicción. En el paseo nocturno surgían los abrazos, las risas y los coqueteos, los secretos empezaban a dejar de tener cabida entre los cuatro y comenzamos varios juegos pueriles que tenían como fin el contacto físico. Decidimos salir a tomar unas copas a la disco hortera y vestidos para la ocasión, vaqueros y sudadera, salimos a conquistar el pueblo.

La discoteca la conquistamos porque aparte del dj camarero y uno con zapatillas de cuadros, éramos los únicos ahí, cosa que nos animó aunque parezca lo contrario y decidimos beber el alcohol en bruto para desquitarnos de la sobre zumosis, así que arreamos tequila Souza con limón y una pizca de sal y conquistamos la desierta pista, el desenfreno fue tal que tuvimos que salir para evitar el coma etílico, nos dirigimos paseando hasta el balneario y yo aproveché para coger en brazos a mi mujer y luego a Lola, para que no se notara mucho, Fran hizo lo mismo y entre bromas, risas y un pequeño desvío llegamos al balneario.

Con el cachondeo que llevábamos encima y la invitamos a que se pusieran cómodas para darles un masaje relajante, fueron a las habitaciones,  volviendo ambas con un biquini, nos aplicamos crema en las manos y comenzamos a masajear sus hombros, la piel de Lola se erizó totalmente cuando empecé a masajearla, opté por sentirla y explorarla en vez de darle un masaje terapéutico y pude notar su piel, mientras la acariciaba, Fran seguía mis pasos y mi mujer estaba con los ojos cerrados disfrutando de las caricias, decidí acariciar sus costados acercándome a su vientre y la cara de Lola recostada con la boca abierta y los ojos entrecerrados, me hacía desearla, toqué sus costillas acercándome peligrosamente a sus pechos y al mirar hacia mi amigo vi que se apoyaba encima de mi mujer para sentirla totalmente, ella se sobresaltó, pero decidió abandonarse mirándome con cara de placer, acerqué mi mano a la nuca de Lola y la acaricié, noté que volvía su cara hacía mí buscando el contacto y sin poder remediarlo me acerqué y besé su cuello, luego su nuca y girándola lentamente la besé, ese momento fue una explosión de sensualidad sintiendo sus carnosos labios acercarse a los míos y su lengua buscando la mía en un frenesí imposible de parar.

Me tumbé en la cama mirándola fijamente y disfrutando de su belleza mientras mis manos recorrían todo su cuerpo con delicadeza, aprovechando cada minuto, cada rincón de su cuerpo con dedicación, sus pechos se crispaban surgiendo dos duras rocas de su rotundidad, los fui recogiendo en mi mano, mientras los acercaba a mi boca para deleitarme con su dulce sabor, acaricié sus curvas y agarré su culo hundiendo la palma de mi mano entre ambos, tocando ese culo que tanto había deseado, ella gemía de placer y de deseo mientras sus gemidos se confundían con los de mi esposa que estaba abriendo el pantalón de Fran que estaba fuera de sí disfrutando del cuerpo de mi mujer, retiré la parte de abajo del bikini de Lola y empecé a besar sus pies subiendo por su entrepierna en lentos movimientos, haciéndola sufrir en su deseo.

Ella retiró mis pantalones, buscando el trofeo que deseaba, intentaba arrancarlos mientras yo me abría camino hasta su cueva, la besé lentamente agarrando los labios de su vagina entre mis labios y buscando afanosamente su clítoris, ella lanzó un gemido y acercó un dedo a la entrada de mi ano acariciando con la otra mano la base de mi pene, con lentos lengüetazos recorrió todo mi pene descubriendo mi prepucio que estallaba por sentirse dentro de sus hermosos labios, ahora fui yo quien lanzó un gemido de placer, de deseo amplio, mi lengua recorrió su clítoris y jugué con el primero suavemente percibiendo su sabor, su esplendor, su firmeza, luego a medida que crecía la excitación me lancé en una voraz cacería de sus partes íntimas haciéndole que se pegase a mí que se introdujera mi polla más adentro, que gozara a un ritmo frenético.

Sus jugos recorrían mi lengua con un sabor agrio que me excitaba al límite, ella gemía sin parar si ser dueña de sí misma, en ese momento introdujo su dedo en mi ano produciéndome un placer extraño, pero salvaje, aceleré mis movimientos y comencé a follar literalmente su boca, ella no paraba de gemir, de pedir más y más, de repente me sobrevino un estallido salvaje y mi semen inundó su boca, ella se aferraba a mí y lamía mi pene devorándolo, yo estaba vacío y feliz, paramos abrazados a descansar y miramos a nuestras parejas, Fran estaba recostado en la cama y Bea estaba montada a horcajadas sobre él, Bea se movía con movimientos circulares muy lentos y acababa con una penetración total, Fran se desencajaba de placer acariciando sus caderas, alzando su mano a sus pechos fugaces, Bea iba acelerando sus movimientos, impidiendo que Fran se moviera, haciendo todo el trabajo, cada vez aceleraba más y más sus caderas y Fran se deleitaba con sus contracciones hasta que ella aceleró más y más sus movimientos y él se dejó llevar, haciéndola gozar.

Los gritos de Lola eran de placer intenso, estaba follándome a la mujer que más deseaba, mis movimientos se hicieron cada vez más fuertes y ella intentaba seguirme, llegar conmigo, estallamos los dos en un orgasmo mutuo que nos dejó tendidos, en la cama. Después de esto la noche continuó sin freno y los cuatro disfrutamos a tope de nuestros cuerpos, seremos conocidos en el balneario por muchos años porque en los tres días restantes sólo deshicimos una cama y nuestros vecinos de habitación no descansaron lo suficiente, ahora vivimos los cuatro juntos en una casa y aparte de lo que nos ahorramos en vivienda, no paramos de follar. Un saludo a todos y os recomiendo seguir estas experiencias.

Autor: Robinhood

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Entre osos

Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Llevaba toda la tarde de golfeo, incluso a primera hora me pase por una sauna, pero después de dar una vuelta y tomar una cerveza. Tras comprobar el tipo de tíos que por allí pululaba decidí vestirme y salir de allí. Tomé un par de cervezas más en distintos locales por donde se mueve la gente a estas horas de la tarde, pero no sé, si era mi estado de ánimo, o que el día no era el mío para ligar. Comí algo liguero de cena, y decidí encaminarme a mi local favorito.

Al llegar al local, ya se me  alegró el alma y  de la vista ni te cuento, allí en la barra, un plantel de tíos, de los que me ponen, fuertes, peludos, con pelos en la cara, y más de uno muy guapo y con buen cuerpo. Me pido otra cerveza más, y me siento en un rincón en un taburete. A partir de este momento empiezo a lanzar mis telas de araña. Justo en frente de mi, dos osetes, parecían pareja, debían de ser de fuera, nunca los había visto por aquí, me devolvieron las miradas y las insinuaciones. A mi izquierda un tío solo. Rapado, con bigote, delgado y alto más de metro ochenta.

Mis bazas estaban jugadas, mi apuesta eran estas dos opciones y solo tenía que esperar. El tío del bigote no me quitaba la mirada, yo lo retaba y le provocaba. Los osetes, eran dos pedazo tíos, más de metro ochenta ambos, los dos superaban los cien kilos, uno rapado con perilla, el otro la barba y el pelo, vestidos con vaqueros y camisas de cuadros los dos. Me daban la impresión que no tenían prisas, que igual podría salir algo, o se quedaba todo en simples miradas. El bigotes con un peto vaquero, muy amplio y una camiseta negra ajustada, ya junto a la mirada alguna que otra sonrisa. Va al baño al salir se pide una nueva copa, regresa a su sitio y me guiña un ojo. Momentos después viene el camarero con otra cerveza para mí, invitación del señor del peto. Me dice el camarero.

Le miro en señal de gratitud, y levanto la cerveza para brindar en la distancia, el en lugar de hacer lo mismo, se me acerca y chocamos sendas botellas, como gesto de salud. Instantes después nuestros ojos se quedan eclipsado los unos en los otros, somos más o menso de la misma altura, y así, de eso modo, como por un efecto de hipnotismos, nuestras bocas se acercan, se junta, se confunden, nuestras lengua como avanzadillas nos invaden, nos inundan. Una de sus piernas, entre mis piernas, sigo sentado, ahora el cuerpo a cuerpo, es irremediable, me pongo de pie, un brazo me acerca, yo dejo la copa y cogiéndolo de la cintura, lo atraigo y sigo besándolo. Su cuerpo se retuerce ante el mío, mi paquete se frota contra el suyo y aquello al igual que lo mío empieza a crecer y crecer, el roce es más fuerte, más constante, el calentón sube, la gen te nos mira y el ambiente  empieza a se irresistible. Me coge de la cintura y acercándoseme al oído, me dice.

¿Vamos arriba? Claro que si le digo.

Había gente por todos sitios, pero encontramos un hueco, bastante oscuro en un rinconcito de la primera planta. Nada, más acomodarnos un poco, me acorraló contra la pared, y en un descuido, me arrancó prácticamente la camisa. Su comportamiento era como un poseso, me lamía pezones y sobacos, me comía de una forma convulsiva, mientras me desabotonaba el vaquero y poco a poco me liberaba de la presión que desde hacía rato tenía en mis genitales. Yo le fui soltando los tirantes del peto, inmediatamente cayó al suelo, el cabrón, no llevaba nada debajo, solo tuve que sacarle la camiseta y allí ya lo tenía desnudo.

Estaba claro que no debía de disponer de mucho tiempo y quería follar cuanto antes, toques, abrazos, besos, se arrodilla y me la come, más besos, me arrodillo y saboreo también su rabo, lo engraso, lo dejo bien ensalivado. Al agacharme automáticamente me echa las manos a las nalgas y una avanza a mi culo. Mientras nuevamente me besa y juega con su lengua en el interior de mi cabeza.

Me da la vuelta, me pone las manos contra la pared, y suavemente empieza a besarme la nuca, lamerme las orejas, sigue lamiendo mi espalda, me levanta le brazo derecho, también lo lame, se agacha, su lengua como un río de saliva, desde la nuca va marcando mis espalda, se acerca a mi raja, abre mis nalgas y recorre la lengua  de arriba a abajo, lo hace varias veces, se centra en mi culo, lo lame, escupe sobre el, y con la lengua empieza a presionar mi esfínter. Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Sigo con mis manos en alto contra la pared, mi polla bamboleándose, cada embestida la sentía en el estómago, mi polla chocaba contra mi barriga, para después volver a descolgarse, un nuevo choque de sus huevos contra los míos y su polla subiendo y chocando con mi ombligo, el tío follaba de vicio, sabía cómo moverse, como colarse, como hacerlo, de manera que sin prácticamente darme cuenta, estoy totalmente en sus manos, ofrecido, entregado. Mi culo era mi punto de placer, ni tan siquiera me había tocado la polla, su aceleración del ritmo me indica el final, el placer que sentía  me volvía loco, pero con esto no llegaría el orgasmo. Unas envestidas mas, me dice que se va a correr, yo le pido que no se preocupe, que termine, yo lo haré más tarde, acelera su ritmo, la velocidad del roce de su polla en el interior de mi culo, me quema, siento como al entrar me abrasa, y al retirase una sensación de vacío, me deja ansioso. Instantes después sale de mi, cae de rodillas entre mis piernas  y suelta su leche en el suelo.

Su nariz en la raja de mi culo, su lengua quiera reconfortarme el ano, de lo abrasado que me lo ha dejado, me parece notar como evapora su saliva al contacto, pero poco a poco, me lo relaja, me lo reconforta, me lo deja tranquilo. Nos vestimos y según bajamos, me dice, por cierto soy Luis y ha sido un auténtico placer. Encantado, soy Curro, le digo. Al llegar a la barra, directamente me lleva donde los dos osetes, y oficialmente hace las presentaciones. Bueno chicos, creo que os interesáis, aquí os dejo a Curro, ellos son Fran y Kiko, yo ya me tengo que marchar.

Este tipo de presentación fue un corte, no sabíamos muy bien que hacer, ni que decir, pero en esas estábamos, cuando el camarero nos volvió a traer una copa de parte de Luis, por lo que se ve, el tío además de  estar buenísimo, era esplendido y en esta ocasión, no tuvimos ni tiempo de darle las gracias  por esta última copa que nos ha invitado, pues cuando nos dimos la vuelta él ya se había esfumado. Fran era el rapado, Kiko el de la barba, el primero rubio, el segundo muy moreno y muy peludo, ojos oscuros que hipnotizaban. Fran de ojos grandes, muy claros, entre azules y grises claros. Pero con una mirada picarona que te llevaba a los pensamientos más morbosos. Kiko, sin embargo, tenia una mirada de duro, de cabroncete, que llegaba a dar miedo.

Entre sorbo y sorbo, la cosa se fue calentando, empezaron ellos con un leve piquito, que tras mirarme compartieron conmigo. Después, manos que me manoseaban el culo, otras, me acariciaban los pezones, y ya casi lo único que faltaba, era quedarnos desnudos allí mismos y follar como locos. Fran era, el que llevaba la voz cantante, dirigiéndose a Kiko, le dijo, que te parece si nos vamos los tres al hotel. Creo que es lo mejor. Me miraron y me hicieron la invitación, claro, le dije.

Lo estaba deseando, los tres en la cama, jugando, sin tapujos, sin miradas, solo los tres. Nada más llegar al hotel, fue un desparrame de ropa inmediato, nos sobraba todo, queríamos esta en pelotas, disfrutar de nuestros cuerpos. Yo les pedí una duchita, ya que no me sentía muy limpio después de  la sesión con Luis, pero me dijeron que ni hablar, les encanta el sexo, y los olores y además ellos también habían estado follando antes con Luis, antes de llegar yo. Me tiraron sobre la cama, uno me comía la boca, el otro me lamia el sexo, polla, huevos, y por fin llegó a mi culo, abierto y dolorido de la follada que minutos antes me había dado Luis.

Aquellos doscientos kilos de carne sobre mi hostigándome disfrutándome, me ponían a mil, Fran ya me estaba lamiendo  los pezones y los sobacos, quería disfrutar de todos los sabores de mi cuerpo, bajo con Kiko y juntos ahora deleitaban  mi sexo, recorrían mi polla al unísono, luego uno se la comía, el otro bajaba a mis huevos, y así hasta volver a coincidir en mi culo. Aquellas dos lenguas tremendamente juguetonas me lo acariciaban, mientras se entrelazaban ellas mismas, me escupían uno, el otro me lo restregaba y trataba de abrir, eran unos instantes deliciosos, sentirlos allí, a los dándome placer.

Fran se puso a horcajadas sobre mi pecho, ahora era su polla la que estaba al alcance de mi boca, y no dejé pasar la oportunidad de disfrutar de aquel pedazo de carne dentro de mi boca, lamerlo, saborearlo, pasar mi lengua por su glande, y deleitarme con la gotita que salía por la punta de su rabo. Kiko seguía allí, entre mis piernas, lamiendo y devorándome, pero se incorpora y es el culo de Fran el que está lamiendo ahora, lo lame, lo escupe juega con su dedo y vuelve a escupir y lamer. Me quita la polla de la boca se hecha, hacia atrás, y según se acerca a mi polla, la coge con la mano se la apuntala y se la clava poco a poco mientras la lengua del barbitas sigue lamiendo mi polla y el culo del rapado, solo de pensar en la situación, esa lengua tratando de colarse con mi polla en aquel agujero, me puso burro total, al notarlo Kiko, pregunta.

¿Te gusta cabrón, como entra mi lengua con tu polla? Joder tío, me pone a mil. No será lo único que entre con tu polla hoy en este culazo.

Acto seguido, empezó a jugar  junto  con mi polla alguno de sus dedos, la presión era tremenda, el culo de Fran trataba de adaptase a la situación, quería  abrirse, dilatarse  para nosotros, pero requería más tiempo, no podía ir tan de prisa, las caricias de la barba, de nuevo en mis bajos y el culo del rapado, me hacían transportarme, sentirme en la gloria, por los gemidos Fran también estaba  pasándolo tremendamente bien, mi polla clavada hasta los huevos y la lengua de su pareja mojándole el borde de su culo, algún dedo tratando de entrar en paralelo con mi rabo. Poco a poco, el culo va cediendo, noto un dedo dentro, luego ya son dos, pone lubricante, que fresquito noto ahora al meterla, woof. El cabrón de Kiko, le acaba de meter tres dedos, y los ojos de Fran están cerrados, su lengua relamiéndose los labios mientras con las manos se agarra la polla como si se  la quisieran quitar, materialmente se la está destrozando, la saca de golpe, vuelve a por crema, y alrededor del culo lo lubrica bien, hace lo mismo con mi polla, y seguidamente lo mismo con la suya.

Tumba a Fran sobre mi,  se clava mi rabo, y Kiko desde atrás, empieza también a meterle el suyo, duro grueso, potente, el comienzo es difícil, noto como me oprime, pero no logra entrar, se inclina ligeramente, ahora la punta va más encaminada, me aprieta  mi polla en la base, se va colando y noto como siguiendo mi polla como autopista perfecta se cuela en ese túnel, sin fondo, ese culo se esta tragando las dos pollas poco a poco, la noto  junto a la mía, como me aprieta, como la presión  más relajada del culo por un lado, pero el otro rabo, duro  y gordo, me hace sentir algo distinto, nuevo, una sensación novedosa, del roce de una polla contra otra, dentro de un culo.

Yo permanecía inmóvil, allí tumbado boca arriba, aplastado por ese osazo de cien kilos y el otro  allí de pie, al borde la cama, dándome envestidas que sentía como si fueran dirigidas a mi, aunque era el culo de Fran el que las recibía, mi polla hacía ligeros vaivenes, pero el placer es tremendo, es como multiplicado por diez. No puedo más, les grito. Kiko sale de Fran, este se saca mi polla, se incorporan, y me dicen. Vamos a tomar algo, luego rematamos la faena.

El mini bar no tenía mucho donde escoger, Fran descolgó el teléfono  y pidió unas cervezas y algo  para picar, además de unos sándwiches. Esto sirvió para tomarnos un tiempo de resuello y relajarnos un poco, también tuve ahora la oportunidad de verlos desnudos, contemplar estos cuerpos fuertes, recios, los culos maravillosos, y sobre todo sus pollas, la de Fran, gorda normal de larga, la de Kiko, negra, larga, y cónica, fina de punta, y muy gruesa de base, de esas que sin darte cuenta se cuelan, y te dejan el culo abierto del grosor final que tiene.

Minutos después llaman a la puerta, es el camarero, Fran abre con una toalla, pero sin caer en la cuenta que traería  un carrito con la demanda y al entrar allí estábamos nosotros en pelotas. El camarero, como que no dio por sorprendido  y desde el mismo momento que atravesó la puerta, todo eran insinuaciones hacerse notar. A Fran no le pasó desapercibido, e inmediatamente, le echó mano a la polla, el camarero le respondió con cogerle de la nuca y darle un fuerte morreo.

Tendría unos 25 años, delgado, fibrado, pelo corto rizado, acara colado, piel morena, nada más soltarle del beso se acercó a nosotros, Kiko le abrió la bragueta y le soltó la polla, ¡Vaya rabo! Estaba morcillota aun, y era tan gorda como la de Fran y tan larga como la de Kiko, este al verla, empezó a dedicarle su exquisita mamada, lenta, suave, húmeda, en cada lamida, se la dejaba toda brillante, ensalivada. Fran seguía morreándose con él, me fui detrás, le abracé y empecé a darle pequeños mordiscos en el cuello. Cogiéndole por la cintura, le enculo de una forma suave, mientras empiezo a desabrocharle el pantalón, Fran le quita la camisa, y en poco momento ya está desnudo con los calzoncillos y los pantalones por los tobillos.

Su polla ya mostraba su máximo esplendor, Fran se agacha también, y así, los dos a dúo, le están haciendo una magnifica mamada a dos bocas. Yo hablándole al oído, le digo: ¿Qué, te gusta tío? Mucho me contesta, pero tú sigue jugando atrás. Joder oírle y como un resorte mi polla saltó, se acopló allí entre sus nalgas y luchaba por atravesar aquel glúteo redondo, elevado, duro, que imploraba por ser taladrado, no tuve que hacer nada, desde delante una mano ensalivada, ponía jugo en el agujero del camarero y mi polla casi auto dirigida se coló sin ningún tipo de esfuerzo. Unos poco movimientos suaves, pero profundos, recreándome allí en el interior de aquella gruta, esas bocas sabias, magistrales haciendo su trabajo, hicieron que en pocos minutos, eso huevos explotaran en la cara de los dos osetes.

El camarero, se vistió, nos deseó buenas noches y salió. Aprovechamos el momento para asearnos un poco y engullir esos bocadillos y esas cervezas, recuperando fuerzas para esa batalla final que nos esperaba. Tardamos, muy poco tiempo en comernos los bocadillos, y estábamos aun degustando las cervezas cuando el juego se reinició

Fran toma un trago de cerveza y con la boca llena del fresco jugo se arrodilla delante de mí y empieza a comerme la polla, la sensación es rara, fría, refrescante, pero muy excitante, mi polla empieza a crecer, a llenarle la boca. Kiko se sube a la cama, sin ningún tipo de contemplación empieza a follarme la boca. Fran deja mi polla y empieza a comerle el culo a Kiko.

Poco tiempo estamos en este juego, el barbas saca su polla de mi boca, se baja de la cama y de un solo golpe el rapado se acopla detrás de él clavándole el rabo hasta los huevos, le cuesta un poco tiempo acomodarse, pero instantes después, es su culo el que está follándose de una forma salvaje la polla de Fran. Se agacha, me agarra la polla y ahora con el culo bien ofrecido es mi polla la que lame, durante unos minutos, en esta posición, tragándose el rabo de su pareja por el culo y el mío por la boca, disfruta como loco de estas dos penetraciones tremendas.

Una vez satisfechos su dos agujeros, se incorpora un poco y me pone a cuatros patas al borde de la cama, bebe cerveza y lentamente  me la va introduciendo por el culo, despacio, a presión, para después  jugar con su lengua, meterla dentro de mi agujero y obligarme a abrir el culo y recuperar su cerveza.

La sensación era desconocida para mi, era algo nuevo, extraño, un liquido frío en contraste con  el caliente interior de mi ano producían una sensación inhabitual, reconfortante a la vez que  excitante. Con sus manos me abría las nalgas y su lengua luchaba por entrar dentro de mí, cada envestida que Fran le daba, cada enculada que él recibía, yo la recibía en mi culo a través de su lengua, lubricándome, dilatándome y preparando el culo, para instantes después rompérmelo con su polla.

Mi culo estaba preparado, abierto y sin darme cuenta esa polla grande, pero fina de punta estaba en mi interior, poco a poco  iba colándose, entraba cada vez más, las embestida de Fran me  llegaba  al principio amortiguadas, después una vez mi culo se hizo a la polla de Kiko, la transmisión era directa, completa.

Yo estaba ya vencido, echado contra la cama, la cabeza mordiendo la almohada, mientras aquel pedazo de carne entraba y salía de mi interior. Fran cuando se aproximaba al orgasmo, cambiaba de ritmo, lo ralentizaba, cuando era Kiko, el que se aproximaba al fénix, sacaba casi totalmente la polla de mi culo y obligaba a Fran a unos movimientos más lentos. Así estuvimos más de diez minutos, disfrutando de ese magnífico tándem, capitaneado en este caso por el rapado de los osetes.

Llevábamos  más de dos horas entre unas cosas y otras desde que llegamos al hotel, ya habíamos calentado motores antes en el bar, y el final se acercaba, yo deseaba que me rompieran allí mismo, que me dejaran empalado mientras mis huevos  se descaraban allí mismo  en las sábanas.

Como si adivinaran mi pensamiento, el ritmo de Fran se aceleró, esta vez Kiko no lo paró y transmitió sus enculadas al mismo ritmo, nuestros jadeos crecían no aguantábamos mucho más, me corro les grité, y como una torre de naipes los dos, una vez desmontado el trencito, vinieron detrás de mi descargando sus huevos sobre mis espalda. Yo suavemente me vacié en la cama encima de las sábanas, al tiempo que  sus descargas se hacían sentir, calientes, abundantes en mi espalda, en mi culo metiéndose por mi raja.

Una vez, realizada esa descarga profunda, se tumba a mi lado, me acarician la espalda, restriegan ese semen, para evitar que corriese descontroladamente por todo mi cuerpo, y en esa posición, el sueño nos venció.

Esta mañana con la claridad del día me he despertado, y sin tan siquiera ducharme me he despedido de ellos  para llegar a casa a tiempo de poder preparar todo lo necesario para el viaje de mañana.

Autor: Curro

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