Sexo infiel

La sientes dentro moverse temblorosa mientras salen las últimas gotas, estás desnuda encima mío, con tu falda sobre la cintura, con la polla aún dentro deseosa, unida a mi pecho, con la camisa puesta y abierta cubriendo mi cintura mientras tus pechos desnudos acarician los míos sudorosos. No nos movemos. Te sientes distinta, Llena.

Habíamos estado durante meses intercambiando relatos. Cada vez que leía algo tuyo el deseo se apoderaba de mí con inquietud temblorosa. La mayoría de las veces el cosquilleo daba paso a una tremenda erección que me incitaba a buscarte en el chat para sentirte más cerca. Pero nunca estabas. Volvía a tus letras y notaba los testículos endurecerse y los movimientos sinuosos de mi aparato buscando una salida. Con el roce únicamente conseguía mojarme los pantalones y excitarme aún más. Pensaba en como serías, si algún día podría tenerte jadeante sobre mi, disfrutando de la infidelidad salvaje, de la liberación sin más. Si pensarías en tu marido mientras te amaba, mordisqueándote el cuerpo por entero, acariciando tus curvas, buscando tus recovecos.

¿Cómo estás? Bien ¿y tú? Como siempre, deseando conocerte. Este miércoles estoy sola, mi marido está de viaje en Roma ¿Me estás diciendo que quieres verme? Sí, por que no, ayer soñé contigo ¿Y qué soñaste? Ja, ja, ja, no te lo pienso contar, lo tendrás que descubrir. Muy bien, ¿y cómo quedamos? El miércoles saldré del trabajo a las 5, prepara un hotelito y nos vemos. Muy bien, lo estoy deseando, me estoy poniendo caliente de solo pensarlo. Ja, ja, ja, quedamos en Colón, en el metro, en las taquillas, así podremos hablar mientras llegamos.

¿Muy bien que llevarás? Una faldita blanca y una camisa azul con puños blancos, llevaré un pañuelo rojo en la mano. Mmmmm, suena bastante bien, nos vemos entonces, cuídate. Igualmente, ciao.

El miércoles ha llegado, he sufrido numerosas erecciones pensando en el momento de verte, pero no quería defraudarte, no quería llegar fuera de forma después de tanto tiempo deseando conocerte. Habíamos compartido muchos deseos íntimos pero ni siquiera se puede superar así el temor a lo desconocido, a encontrar algo peor de lo esperado.

Caminaba por las escaleras lentamente, no quería llegar sudoroso, y al volver la última esquina allí estabas, vestida como había imaginado, junto a las taquillas. Noté una erección tremenda entre mi ajustado slip, elegido para evitar inconvenientes en público. Me dirigí a ti, y al verme, tan juvenil, pudiste esbozar una sonrisa de agrado que me indicó tu aprobación.  ¿Qué tal, Esther?, Bien, ¿dispuesto?, claro, eres estupenda, tal y como te imaginaba, sonreí mientras nuestras mejillas se tocaban por primera vez.

Tú tampoco estás nada mal, jajaja. Y así entre comentarios propios de dos compañeros de trabajo, nos introdujimos en la marabunta del metro que a esas horas era infernal.

Miraba tu escote, con mi mano acaricio tu cuello, aprecié el hermoso panorama e inicio de tu pecho mientras seguía subiendo hacia tu pelo. Lo aparté con cariño de tu cara y nos miramos a los ojos. Ambos veíamos lo que iba a suceder y ya casi no podíamos pararlo. Me tomaste de la cintura con las dos manos, sujetándote y en un leve movimiento nos besamos muy suavemente como amantes, con profunda sensualidad, sin despertar resquemores, sólo un instante en el que sentimos los labios superficialmente en preludio de nuestro postrero baile.

Así llegamos a la estación, desmadejados ya por el cansancio del metro y el deseo insatisfecho, estábamos a las puertas del hotel y entramos. Ambos habíamos comido ya, por lo que se trataba de pasar una tarde noche memorable. Llegamos a la habitación, te arrastraba de la mano deseoso de tenerte tendida junto a mí; un cierto sentimiento de incertidumbre se apoderaba de tu rostro mientras avanzábamos por el pasillo. Quizás no habías sido aún infiel como me habías contado y sin embargo el deseo se veía en tus pupilas.
Entramos y contemplamos la habitación con esmero; me volví hacia ti. Ahora era yo el que en mi mayor juventud notaba un cierto acaloramiento en las mejillas. Quería desnudarme para tí, te guié hacia uno de los sillones y te invité a sentarte. Estabas preciosa y tus pezones comenzaban a perfilarse bajo la camisa azul. Me desabroché la corbata, y comencé a quitarme la camisa lentamente mientras fijaba la vista en tu alianza temblorosa. Allí estaba con el pecho descubierto ante ti mientras bajaba mis pantalones lentamente. Me sentía algo ridículo, pero por tu cara de aprobación y nerviosismo intuía que te estabas poniendo cardíaca. Mi polla sobresalía ya por encima del borde del slip, totalmente desnuda, pidiendo ser liberada y así fue; una vez liberada me senté sobre la cama; tus ojos me miraban, y te pedí que vinieras.

Te levantaste, tus dudas ya habían desaparecido cuando te colocaste de pie entre mis piernas mientras yo hundía la cara en tu vientre, sintiendo el calor en mis mejillas. Me acariciabas el pelo y comencé a besarte mientras mis manos recorrían tus gemelos hasta el pliegue de la falda.; Comencé a subirla, las palmas se deslizaban por tus femorales, y la falda se encogía hasta el inicio del culo, ¡que culito! Lo amasaba entre mis manos, deseosas por debajo de tu falda mientras tocaban livianas tu aparato mojado, cayendo sobre el borde de mis dedos índices. Notaba tu respiración en la cara, que apoyada sobre tu vientre se deslizaba sensual por tu cintura vestida.

Un ahhhh suave como un susurro se escapaba de tu boca mientras mis manos frotaban el interior de tus muslos, dejando los dedos correr entre tu tanga empapado. Te dejé por un instante de decepción mientras mis manos se apoderaron ahora de tus pechos temblorosos, desabrochando la camisa lo justo para ver su inicio y sentir la erección desbordarse en movimiento. Te masajeaba con rudeza, incidiendo en los pezones que eran duros como escarpias, y tú gemías con los ojos cerrados agradeciendo las caricias.

Te desabroché la camisa por entero, y el pequeño sujetador cedió en mis manos desflorando la verdad de tu pecho excitado que jadeaba de deseo entre mis dedos. Mis ojos miraban las aureolas como hipnotizados, como el adolescente que ve unos pechos por vez primera mientras los toca indeciso. Estás a mi merced con los brazos caídos, dejándote hacer, sintiendo la fuerza de mis manos que ahora se deslizan por tu cuello, espalda y caderas. Mi lengua traza círculos de placer en tu ombligo desnudo mientras los pliegues del borde de tu camisa abierta acarician mi rostro, ahhhhhhh, que lentitud más placentera, mientras sientes como dejo caer tu tanga, como se desliza hacia los tobillos.

Mis manos suben de nuevo por tu vientre, abriendo tu camisa del todo y tomándote los pechos con firmeza, te pellizco los pezones con mi índice y pulgar mientras te mueves y estiro, te atraigo hacia mí. Te dejas caer y me besas el cuello, nuestras lenguas se acarician deseosas un instante, y te vuelves a alzar, gimes, mmmmmm, mmmmm, comienzas a moverte entrecortada, ahhhh, rápido, tus caderas me presionan, y sigues moviéndote, estás follando de miedo cariño, ahhh, te susurro mientras profieres gritos de placer, ahhhhhhhh, nos vamos casi al unísono y te dejas caer sobre mí, sudorosa.

Mis manos se cierran sobre tu espalda, siento tu pecho revolverse encima mío, te beso, te beso, y nuestras lenguas son metáfora del fluido que ahora compartimos en tu interior. La sientes dentro moverse temblorosa mientras salen las últimas gotas, uffffff, comprimo mi boca contra tu cuello, ahogando mi respiración contra tu piel. Nos besamos. Estás desnuda encima mío, con tu falda sobre la cintura, con la polla aún dentro deseosa, unida a mi pecho, con la camisa puesta y abierta cubriendo mi cintura mientras tus pechos desnudos acarician los míos sudorosos. No nos movemos. Te sientes distinta, Llena, cuando te incorporas levemente y nos miramos con gratitud.

Te incorporas y se va saliendo, cae ligeramente adormecida contra mi muslo izquierdo, y el líquido que llevas dentro gotea sobre mi devolviéndome el calor que has sentido. Te contemplo, erguida sudorosa, bella, y te ayudo a quitarte la camisa. Te echas a mi lado y te despojas de la falda. Ahí estamos, tumbados desnudos sobre la cama. Nos juntamos aún más, y me pasas la mano por la cadera mientras te abrazo. Nos tapamos mientras nos besamos con parsimonia. Allí entre las sábanas son todas caricias, nuestros pies se recorren a lo largo de las piernas, las caderas se juntan, las manos tantean senderos de sensaciones nuevas que te devuelven a la adolescencia perdida. Nuestras lenguas se tocan, se sorben, juegan, entran y salen entre los labios.

Nos revolcamos y ahora estoy encima de ti, sientes la presión de mi cuerpo sobre ti, y ahora noto la humedad renacer entre mis piernas. Me parece increíble tenerte por fin allí debajo. El olor de tu piel me reclama y de tu boca paso al cuello con rapidez mientras mis manos buscan en tu espalda, de nuevo percibo en ti la excitación mientras recorro tu garganta, y tus pechos están ahora a mi alcance.

Comienzo a comerte los pezones con delicadeza, mordiéndolos poco a poco, atusándolos con mis manos. Lengüetazo a lengüetazo siento como crecen y me pierdo en las aureolas, haciendo ahora más presión, cierro mis labios con fuerza y aspiro facilitando su endurecimiento mientras mis manos buscan ya tu entrepierna, presionando entre nosotros. Paso de uno a otro con rapidez, mientras tus manos se posan en mi nuca, y decido parar, es el momento – quiero que te sientes, sobre la almohada, sobre el cabecero. Me obedeces, sabes lo que voy a hacer y sonríes.

Te acomodas en oblicuo dejando caer tu espalda sobre el cabecero y abres las piernas. Veo tu vagina chorreando levemente y la quiero toda para mi. Me deslizo ante ti, te beso como pidiéndote permiso y me hundo entre las sábanas. Notas como me muevo, y suspiras cuando sientes la lengua por primera vez en la parte interior de tu muslo derecho. La sensación de que un extraño te relama el clítoris te remueve el cuerpo, y notas como tus piernas tiemblan de deseo.

Notas mi respiración cuando la nariz se aproxima saboreando el olor de mujer que desprende tu intimidad. Mmmmm exclamas cuando mi lengua acaricia por primera vez tus labios, recorriendo toda tu abertura desde abajo hasta arriba. La paso por ambos lados, recogiendo y distribuyendo jugos, introduciendo toda la lengua en deslizo por él tu líquido, lamiendo de nuevo mientras mis dedos mojados entran con facilidad, aún te contraes sorprendida – ¿puedo? – asientes con la cabeza, y te dejas caer de lado, juntando tu espalda con mi vientre mientras mis dedos salen de tu ano.
Me echo detrás de ti, no puedo dejar escapar la oportunidad y sitúo la cabeza de mi polla entre tus glúteos, con la mano cogiendo la base la tomas y con un ligero movimiento te la introduces poco a poco. Así cm a cm, la notas entera, presionándome con tus paredes, mmmmmmmm te mordisqueo el cuello mientras inicio pequeños movimientos de sube y baja, notando tus glúteos a cada uno.

Chas, chas, empieza a sonar, estamos muy mojados, y sale y entra muy bien, mmm te mordisqueo la oreja que está a mi alcance mientras te cojo las tetitas y el vientre, mi lengua recorre tu oreja y comienzo más fuerte mientras mis dedos se posan en tu vagina de nuevo, frotando, quiero que te corras de nuevo, un, dos, tres, veinte sacudidas, notando el cosquilleo, mientras el sudor nos invade, mis dedos entran y salen de ti, y mi otra mano te recorre entera mientras tu cuello y tu boca complacen mi lengua deseosa. Ya no aguanto más, ahora soy yo el que prorrumpo en jadeos a cada acometida, ahhhh, ahhh, me contraigo, chas, chas, chas, ahhhhhhhh, me voy dentro de ti de nuevo, mientras sostengo tu mano con la mía, acariciando tu alianza satisfecha posada en mi culo sudoroso, pidiendo siempre más.

No puedo dejarte a medias, y sigo acariciándote, besándote. La saco con cuidado y me siento sobre el cabecero, te levantas y te sientas delante mío con las piernas abiertas mientras mis manos te trabajan. Apoyas tu nuca en mi hombro derecho, y mis manos te frotan los pechos de nuevo, bajan al clítoris y te frotan, con intensidad, en círculos ansiosos, con fuerza, te masturban hasta la exaltación de tus gemidos, que se entrecortan al morderme el cuello pidiendo más, aaaahhh, ahh, así, así, no pares cariño, falta poco, mis dedos entran y salen, reparten la humedad, ahhhh, ahhh. Y finalmente caes sobre mi hombro sudorosa mientras sientes mi respiración en la espalda.

De nuevo, besos y caricias tímidas, sonrisas, más besos. Y así nos quedamos dormidos. La noche nos espera.

Autor: Francisco

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Francisco, mi suegro

Me di cuenta que estaba siendo violado por mi suegro, y me excitó de una manera impresionante. Sentí como mi verga comenzaba a babear aplastada entre mi cuerpo y el de Francisco, y me invadió una oleada de placer que me sacudió de pies a cabeza, mi suegro estaba todo mojado, y el sudor resaltaba la musculatura de su pecho. La cama chillaba por las sacudidas que el tipo daba para encularme, y su pelvis golpeaba impiadosamente contra la mía.

Siempre me gustó mi suegro. Recuerdo que la primera vez que fui a la casa de la que iba a ser mi mujer, quedé impactado cuando apareció en la sala para conocerme. Por unos segundos me quedé sin habla, y me di cuenta que iba a resultar bastante complicado dejar atrás mi bisexualidad con semejante ejemplar de macho formando parte de mi familia.

Es que Francisco (mi suegro) es de esos tipos que no pasan desapercibidos jamás. Alto, guapo, castaño de ojos grises, a sus 40 años tiene un cuerpazo impresionante producto de una vida dedicada al deporte. Hasta hace unos años era profesor de educación física en varios colegios, y ahora tiene un gimnasio propio con el que le va bastante bien.

Los fines de semana, cuando vamos a la casa de mis suegros, me derrito cada vez que lo veo, y sobre todo en verano cuando anda con pantalón corto y remera. Se me hace muy difícil mantener la calma ante la vista de esos pectorales marcados, esas piernas fuertes y peludas y ese paquete que sobresale en la entrepierna y promete un mundo de delicias que mi suegra debe disfrutar cada noche.

Yo siempre supe que no gozaba de su simpatía. Si bien nunca se opuso al casamiento, estoy seguro que hubiese querido algo mejor para su hijita que un novato empleado de banco de apenas 20 años. Y aunque en apenas dos años había logrado ascender a Oficial de Cuentas, su concepto sobre mí no había mejorado mucho. Por supuesto me trataba muy bien, pero estaba seguro que de haber podido me habría desterrado de la familia de una buena patada en el culo.

¡Ah, las vueltas del destino! ¡Cómo gocé cuando tuvo que entregarse a mí atado de pies y manos!

Todo empezó hace un par de semanas, la noche que fuimos a una reunión en la casa de mis suegros. En un momento dado, Francisco me llevó aparte diciéndome que necesitaba hablar conmigo. Cuando estuvimos a solas me explicó que hacía cosa de un mes le había prestado una fuerte suma de dinero a un amigo sin que mi suegra lo supiera, porque ella detestaba al tipo y lo tenía por un mal bicho.

Mi madre política debía estar en lo cierto, porque ese amigo ni se había preocupado en reunir el dinero para devolvérselo a mi suegro, y ahora él lo necesitaba para cancelar una deuda o podían llegar a embargarle el gimnasio. Por supuesto quería evitar esto, y para ello me pedía que yo, a través de mis contactos en el banco, le gestionase urgentemente un préstamo a corto plazo sin que se enterase su mujer.

El asunto era serio. Si no pagaba podía perder gran parte de su capital por culpa de un mal amigo, y hubiese sido la causa de un disgusto muy grande con su familia. Vi como sufría al tener que recurrir a mí, y por unos instantes me dio pena. Yo podía ayudarlo, y sabía que mi suegro era un tipo de palabra y pagaría su deuda. Pero entonces recordé el callado desprecio que me había dispensado durante estos años, y mi compasión dio lugar a un intenso sentimiento de revancha. Y una idea perversa empezó a dominar mi mente.

Mirándolo a sus bellos ojos grises le dije que yo tal vez podía hacer algo, pero que como todo en esta vida, el favor tenía un precio. Me miró con odio, y en el brillo de su mirada leí todos sus sentimientos ocultos hacia mi persona.

“Ya me lo imaginaba” me dijo apretando los dientes. “¿Y cuanto quieres por tu ayuda, eh?”. “No, no quiero dinero” le respondí muy tranquilo.Me miró sorprendido, seguramente porque no imaginaba que podía pedirle a cambio.”¿Y que quieres entonces?”.

Entonces ahuequé mi manó, y apoyándola sobre su entrepierna hasta sentir en mi palma su prominente paquete le dije: “Esto”. Por unos segundos me miró desconcertado, pero luego reaccionó y me zamarreó. Después me dio un empujón y me tiró contra la pared mientras rojo de furia me decía que era un degenerado de mierda. Yo sonreí, y después de acomodarme la ropa le dije que la decisión era suya.

Durante el resto de la semana no volví a ver a Francisco, pero los días corrían inexorables y el plazo que tenía mi suegro para resolver su problema se acercaba a su fin. Supe que había intentado conseguir el dinero por otro lado, pero los tiempos o los costos que imponían los prestamistas lo hicieron desistir. Por eso no me sorprendió cuando el viernes por la mañana me llamó al banco, y reprimiendo apenas la bronca que lo embargaba me dijo:

“Tú ganas, maldito hijo de puta. Mañana por la mañana mi mujer va a la casa de su madre. Dile a mi hija que me acompañarás a comprar unas cosas para el gimnasio, y ven a casa a eso de las diez. “.

Cortó abruptamente, sin darme tiempo a decir nada. Colgué el teléfono, y mientras pensaba en el cuerpo de mi suegro mi verga se endurecía y latía enloquecida encerrada en mis pantalones.

A la mañana siguiente le di la excusa convenida a mi esposa, y a la hora acordada estaba tocando el timbre de la casa de mis suegros. Francisco abrió enseguida y cuando lo vi me empalmé en el acto porque tenía puesto un pantalón corto y una de esas remeras suyas que le marcan hasta las costillas. Me hizo entrar sin decir palabra, y después cerró la puerta con la traba por dentro. “Por las dudas” me dijo. Claro, si por una de esas malditas casualidades su esposa regresaba antes de lo previsto, no había peligro de que entrara sin que lo notáramos.

“Ah, ¡pensaste en todo!” le dije con una sonrisa. Entonces me agarró del cuello, y apretándome contra la pared me dijo muy despacio: “No me tientes, hijo de puta, no me tientes.”.

Pasamos por la cocina, y mi suegro me preguntó si quería tomar algo. Estuve muy tentado de responderle “tu leche” pero estaba seguro de que me hubiese noqueado de un solo golpe, así que preferí callarme y decir que no con la cabeza. “Muy bien, entonces vamos arriba.”.

Arriba. ¡Sí, arriba! Donde estaba el dormitorio de mis suegros, donde por fin iba a tener para mí ese macho inquietante. Casi no podía creer lo que estaba pasando, y a pesar de la tensa situación mi verga seguía durísima y comenzaba a babear. Entramos al dormitorio, y noté que sobre la cama matrimonial Francisco había tendido una sábana blanca, dejando el ring listo para el combate cuerpo a cuerpo. Me acerqué a mi suegro, y muy suavemente comencé a acariciar su pecho mientras él mantenía los ojos cerrados y las manos crispadas.

“Quítate la ropa” le pedí, con un tono a medio camino entre el ruego y la orden. Obedeció en silencio, y mientras se despojaba de su escasa vestimenta yo hacía lo propio sin perder detalle de sus movimientos. Cuando el mínimo slip que vestía cayó a sus pies, no pude reprimir un gesto de admiración ante la escultura que tenía frente a mí. Subyugados, mis ojos recorrieron el pecho amplio y trabajado, los brazos fuertes y musculosos, los abdominales rotundamente definidos, las piernas peludas de atleta. Y por supuesto, finalmente mi mirada se clavó en la entrepierna, en donde colgaba una verga gruesa y cabezona acompañada por un par de huevos grandes e hinchados.

Me acerqué despacio, me arrodillé frente a su pubis y abriendo la boca sepulté en ella esa polla que desde hacía tanto tiempo anhelaba disfrutar. Lenta, muy lentamente comencé a chupar ese miembro sabroso, recorriendo con mi lengua cada uno de los pliegues y recovecos del tronco y la cabeza. Cuando alcé la mirada vi que mi suegro tenía los ojos cerrados, como negándose a ver lo que sucedía allá abajo entre sus piernas. Sus brazos estaban rígidos a los lados del cuerpo, y la tensión que lo dominaba endurecía y resaltaba sus músculos haciéndolo más deseable todavía.

Durante varios minutos seguí ensalivando ese estupendo pedazo de carne, y para desesperación de mi suegro la polla comenzó a endurecérsele respondiendo inevitablemente al estímulo de mi lengua. Cuando la verga estuvo completamente erecta la saqué de mi boca, y tomando a Francisco de la mano lo llevé hasta el borde de la cama. Se veía absolutamente irresistible, desnudo, con la verga agarrotada y brillante, y sin poder contenerme intenté besarlo en la boca. Pero apenas rocé sus labios abrió los ojos, y mirándome con furia me apartó de un empujón.

Me mosqueé, y frunciendo el ceño le dije que era mejor que olvidáramos todo. Pero entonces me tomó por ambos brazos, y me apretándome hasta hacerme doler me sacudió como si fuese un muñeco de trapo.

“¿Qué?!” rugió enfurecido. “¿Piensas que he llegado hasta aquí para nada? De ninguna manera, pervertido mal nacido! Si quieras verga, verga vas a tener, y después vas a cumplir tu parte del trato ¡o te mato!”.

Entonces me arrojó sobre la cama, y separándome las piernas con sus rodillas se acostó arriba mío acomodando la cabeza de su vergajo entre mis nalgas. Después me sujetó ambos brazos, y dando un envión a su cadera enterró su enhiesta pija en mi culo de una sola vez.

Grité. La verga era larga y gruesa, y el animal no había usado ni siquiera saliva para lubricar mi esfínter. Sin darme tiempo a recuperarme comenzó a bombear como enloquecido, entrando y saliendo de mi culo hasta causarme un ardor terrible.

“¿Está bien así, puto de mierda? ” me decía con furia en la voz. “¿Te gusta así?”.

Yo no hacía más que quejarme de dolor. Me di cuenta que prácticamente estaba siendo violado por mi suegro, y la idea me excitó de una manera impresionante. Sentí como mi verga comenzaba a babear aplastada entre mi cuerpo y el de Francisco, y me invadió una oleada de placer que me sacudió de pies a cabeza.

“¡Sí, sí!” grité descontrolado, mientras lo miraba fijamente a los ojos. “No te detengas, cabrón, te quiero todo adentro mío!”, le dije mientras cruzaba mis piernas sobre su cadera.

La escena era digna de una película. El cuerpo de mi suegro estaba todo mojado, y el sudor resaltaba la musculatura de su pecho. La cama chillaba por las sacudidas que el tipo daba para encularme, y su pelvis golpeaba impiadosamente contra la mía.

Ninguno de los dos apartaba la vista de los ojos del otro. En cada embestida yo podía adivinar todo el rencor contenido por años, y me di cuenta que mi suegro estaba tomando la cogida como una especia de venganza por haberme cruzado en la vida de su tierna hija. Pero no tenía dudas que él podía leer en mi mirada cuanto lo deseaba…y sin querer empezó a abandonarse a ese deseo.

“¡Más, más, no te detengas!” decía yo para enfervorizarlo. Pero en realidad ya no hacía falta que dijese nada. Dominado por la excitación mi suegro comenzó a jadear inconscientemente, y segundo a segundo una expresión lasciva fue reemplazando el gesto de ira de su rostro. “¡Sí, así, suegrito, no sabes cuanto he deseado este momento!.”.

Francisco puso sus manos sobre mi pecho, y arreció en sus movimientos. Aunque quizá nunca lo reconociese, había empezado a gozar con la fantástica follada que me estaba obsequiando.

“¡Voy a correrme!”, me dijo de repente. Entonces le supliqué que lo hiciera en mi boca. Con una indisimulable mueca de placer en sus labios (seguro que mi suegra jamás le pedía algo así) se paró sobre la cama, y tomándome por la nuca metió su hinchada verga en mis fauces. Justo a tiempo. El durísimo miembro empezó a descargar trallazos uno tras otro, llenándome la boca de ese caliente y pegajoso néctar destilado de su sexo en medio de los gritos sofocados de mi padre – papito – político…

Yo también soy un hombre de palabra, de manera que Francisco obtuvo su préstamo y su negocio quedó a salvo sin que la familia se enterase del problema. Y si bien desde aquel día los dos nos comportamos como si nada hubiera pasado, varias veces he pescado a mi suegro mirándome fijamente las nalgas, con una hinchazón evidente en su paquete que delata que tiene muy presente el placer que le proporcionó mi culo.

Quién sabe. Tal vez un día de estos me anime, y le diga que la cogida de aquella vez fue sólo una cuota del pago total por el favor que le hice.

Y podría jurar que él está deseando escuchar esas palabras.

Autor: Izakyel

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Una secretaria madurita

Se subió encima y empezó a cabalgarme como una loca, volvió a correrse con mi polla dentro. Mientras ella llegaba a su tercer orgasmo aproveché para sacársela y embestirla por el culo. Debido a que estaba en mitad del orgasmo, no dudó en apretar el ano y empecé a bombearla. Al poco tiempo estábamos corriéndonos los dos y fue así como le llené todo el culo con mi semen.

Hola, he de reconocer que soy un fiel seguidor de los relatos de esta página, pero nunca hasta hoy me había puesto a escribir alguna de mis experiencias sexuales.

Mi nombre es Francisco (rubio, alto, ojos negros) y a mi edad (33 años) estoy de buen ver. A pesar de estar casado, me encuentro en un buen estado físico. Sin más iré al grano. Pues resulta que en mi trabajo (el cual omito), tengo varias compañeras, y una de ella me trae loco.

Su nombre es Laura y se dedica a la administración. Cuando empecé a trabajar aquí comentaba con algunos de mis compañeros como una mujer así (divorciada y de unos 58 años de edad) se podía encontrar tan bien vista físicamente.

Al cabo del tiempo me decidí en cortejarla. Ella es muy simpática y como yo sabía que estaba divorciada, intuí que podía estar necesitada de afecto. Así fue como un día tras tomar unas cervezas con todos los compañeros en el bar de abajo y despedirnos hasta el lunes, le comenté que debía subir a la oficina a por unos papeles que me harían falta para el lunes y ella me dijo que me acompañaba porque necesitaba entrar al baño.

Al llegar a la oficina, ella se metió en el baño y yo me puse a buscar mis papeles. Cuando salió del baño empezamos hablar sobre que haríamos el fin de semana y ella me dijo que lo pasaría en Marbella con unas amigas en la playa.

-Te pondrás morenita todo el fin de semana en bañador. -¿En bañador? De eso nada, yo me pongo bikini. ¿O es que no crees que aún estoy de muy buen ver? -Ya lo creo –contesté yo – incluso para ir alguna playa nudista. -Bueno desnuda igual pierdo más. -No lo creo. -El que no debe estar nada mal desnudo eres tú – me argumentó con una sonrisa picarona.

Yo estaba que me subía por las paredes con el solo hecho de saber que estábamos solos en la oficina. Cuando me contestó con eso, no dudé en mirarla fijamente. Ella sólo desviaba su mirada para fijarse en mi paquete que a estas alturas ya estaba empezando a sobresalir.

Sin más me avancé sobre ella y empezamos a besarnos. Ella parecía estar ansiosa por sacarme la verga y se volvió loca cuando me dejó caer los pantalones. No pude ni sacarle la ropa cuando ya se puso de rodillas y empezó a mamármela de una manera prodigiosa. Su mirada de viciosa se clavaba en mis ojos al mismo tiempo que dejaba entrar y salir mi verga de su boca.

Bendita mamada me estaba dando la madurita. Dejé que se cansara de mamármela pero al ver que no se cansaba la incorporé y empecé a desnudarla. Sus pechos estaban duros y muy bien puestos (a pesar de su edad) y ella empezó a gemir cuando empecé a comérselos.

-Desnúdate – le pedí. -Me encanta, estaba deseando que se diera esta situación.

Una vez que estábamos los dos desnudos, la puse sobre una mesa y empecé a comerle su coño. No lo vais a creer, pero como era muy coqueta, lo tenía depilado. Se podían ver sus jugos salir y sus labios bien hinchados. Ella gemía de placer y llegó a su primer orgasmo. Luego me puse sobre ella y empecé a embestirla.

-Oh, oh, sí, sí, sigue dándome, cabrón. -Toma perra, sabía que estabas deseando que te clavara la polla.

De repente ella se inclinó y se volvió a poner de rodillas para mamármela de nuevo. Yo estaba que no podía más, la situación y el pensar que me estaba follando a la secretaria no era comparable con la cara de lujuria que tenía ella comiéndome la polla.

Fue entonces cuando la levanté y la puse a cuatro patas (mi preferida). Empecé a follarla por detrás, al mismo tiempo que le acariciaba sus enormes tetas. Ella se volvió a tener otro orgasmo, mientras chillaba.

-Me corro, me corro, cabrón. Que bien follas, sigue, sigue, no pares ahora.

Cuando terminó de correrse, le saqué la verga.

-Y ahora, te toca a ti, sácame la leche, perra.

Ella no lo dudó y empezó a comerme la verga hasta que yo no pude más y empecé a correrme en su boca.

No pasaron ni cinco minutos cuando la muy perra estaba comiéndome la polla otra vez. Se ve que tanto tiempo sin mantener relaciones sexuales la estaba volviendo loca y no quería dejar pasar esta oportunidad de cansarse de follar.

Cuando mi miembro estaba erecto de nuevo se subió encima y empezó a cabalgarme como una loca. Como os podéis imaginar, volvió a correrse con mi polla dentro. Mientras ella llegaba a su tercer orgasmo aproveché para sacársela y embestirla por el culo.

Debido a que estaba en mitad del orgasmo, no dudó en apretar el ano y empecé a bombearla. Al poco tiempo estábamos corriéndonos los dos y fue así como le llené todo el culo con mi semen.

Sudando se bajó de encima mía y empezó de nuevo a mamármela para dejármela bien limpia. Nos gustó tanto la aventura que no dudamos en repetirla más adelante.

Está es la primera vez que me follé a la secretaria de mi oficina, la segunda ya os la contaré.

Autor: El pollo

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Después de la boda de mi amigo

Empezó a besarme algo desesperada, me comía el cuello, mis tetillas y me mordía los labios. Se puso de pie y me mostraba sus tetas y su culo. Se subió sobre mí y buscó mi pene con sus dedos, me apretó mis testículos e introdujo mi pene poco a poco en su vagina y luego de un tirón, que rico alcancé a decir, era la primera vez que mi pene entraba a una chochita y se sentía requete bueno.

Esta es la historia real de como tuve relaciones por primera vez a los 22 años y fue con la hermana de un gran amigo. Resulta que siempre fui un chico tímido, de pocos amigos y mucho menos amigas. Conocí a Francisco en el colegio y al igual que yo no era el clásico joven que salía con muchas chicas, aunque siempre fue más suertudo y atrevido que yo en esos asuntos.

Cursamos juntos nuestra licenciatura en sociología y Francisco se interesó por una compañera de clase de nombre Nilsa que a mi no me parecía la gran cosa. La cosa es que luego de graduarnos perdí contacto con mi amigo ya que el siguió el postgrado y yo me fui directo al mundo laboral.

No fue hasta un año después que me encontré a Francisco en un juzgado litigando algo relacionado con un accidente de autos y entonces me dijo que se casaba con Nilsa en un par de meses, junto a la pareja en el juzgado se encontraba Nancy, la hermana de Francisco que antes me había mencionado, pero que a mí se me había olvidado que existía. Nancy era una joven de unos 24 años, delgada con buenos pechos, pelo rizado, sus nalgas recogidas, pero apetitosas, tenía una gran melena de pelo negro y daba la apariencia de ser una chica rebelde en todos los sentidos.

La amistad con Francisco se restableció, compartimos mucho de nuestras vidas, incluyendo aquellas relacionadas a nuestra vida sexual y me atreví a contarle que aún era virgen y que no era de muchas experiencias en esos asuntos. El me prometió toda la discreción del mundo y yo le agradecí. Visité a Francisco en varias ocasiones antes de su boda, todo era preparativos, gastos de lujo, menús y todo aquello relacionado con el matrimonio de mi amigo. Durante las veces que visité a Francisco tuve encuentros casuales con Nancy, la cual me trataba con cierta indiferencia y me hacía comentarios algo enigmáticos como el que me hizo un domingo fuera de su casa:

-Oye, ¿porque me miras con ganas de comer carne? -¿Carne?- Dije, pero Nancy me dejó con la palabra en la boca y nuevamente me olvidó en la indiferencia.

Llegó el día de la boda, la cual se celebraría en la casa de Francisco, que está retirada del lugar en donde vivo, por lo que su familia me permitiría pernoctar en su casa después de la boda. Ya a punto de comenzar la ceremonia vi a Nancy, muy guapa por cierto y con su pelo recogido, que se me acerca y me dice:

-¿Preparado para esta noche? -¿Esta noche?-Dije yo totalmente ignorante. -El que se casa es tu hermano no yo…-Esta noche darás el salto del cabro, jajaja. Y se alejó en medio de una carcajada.

Yo pensaba que le pasa a esta loca, pero jamás pensé lo que vendría.

Después de la boda, Francisco y Nancy se despidieron y partieron a su luna de miel en Venezuela. Creo que sentí algo de envidia. Yo me quedé con algunos familiares de la pareja recogiendo un poco la casa, pero la madre de Francisco me dijo que me fuera a dormir, que ellos se encargarían de todo.

Yo cansado y loco por quitarme los zapatos nuevos que me atormentaban me fui directo a la habitación que me habían dispuesto.

Al entrar me quité los zapatos, la camisa y mi traje y me dejé caer en las almohadas. Pasaron 30 segundos cuando tocan a mi puerta y para mi sorpresa era Nancy, pero con su pelo ya suelto y vistiendo una túnica que cubría todo su cuerpo.

-Hola, ¿Te molesto? -No, no, ¿que pasó? -¿Estás preparado? – Me dijo sonriendo.-Oye, ¿que te pasa conmigo, porque dices esos comentarios, que quieres?” Yo estaba medio confundido y molesto.

Fue entonces cuando me empujó hacia adentro, cerró la puerta y se soltó la túnica que traía puesta dejándome ver todo su delgado y hermoso cuerpo. Yo estaba totalmente sorprendido y nervioso a lo que ella me dijo:

-Relájate, yo se que hacer. Me quedé atónito mirando sus lindos pechos.

Entonces ella se arrodilló frente a mí y empezó a soltarme el pantalón dejando salir mi verga, la cual cogió con su mano y empezó a masturbar, luego le empezó a besar en su cabeza y a decirme…

-¡Que linda la tienes! Yo estaba a mil. Me siguió mamando sin parar y yo en el cielo, entonces subió sus manos por detrás de mí y me dijo… -Abre las piernas un poco.

Empezó a buscar mi culo con sus dedos y me lo empezó a rozar y meter la puntita de su dedo. Me mamaba, me chupaba mis bolas y me sobaba el culo. Yo estaba que no aguantaba más y le dije me voy a venir, a lo que ella me dijo hazlo en mi boca, fue entonces cuando un chorro de leche le cayó en su boca y ella siguió mamando y tocándome el culo.

-¿Ahhhh, que ricooooo!

Yo me dejé caer en la cama y ella se me acercó y me besó en los labios. Pude saborear algo de mi leche ya que aun tenía entre su comisura. Me dijo -Te haré lo que quieras, entonces me volteó boca abajo y me abrió las piernas, metió su cara en mi culo y empezó a chuparme mi ojete, metía su lengua y me chupaba con sus labios, daba lengüetazos y me decía -¡Que culazo, que culazo! Dime que te gusta, dime que te gusta” y yo respondía un ardiente Siiiiiiii, Ahhhhhh.

Esto me puso a mil nuevamente, ella me volteó y me preguntó si quería chupársela, entonces me puso su chochita en mi cara y me dijo… -Con cuidado pasa tu lengua sobre los labios, puedes abrirlos con tus dedos y meterme la lengua. Yo empecé algo torpe a pasar mi lengua, tenía un sabor medio salado y excitante, ella se acercó a mi pene y empezó a mamar completando un 69. Luego de cinco minutos Nancy empezó a gemir…

-Ahhhhhh, papá, que buena boca tienes, ahhhh, que lengua, que lengua… y entonces paró de mamar mi pene y dio un grito reprimido de placer… -Ahhhhhh, madre mía… mi cara se llenó de sus líquidos y me dijo casi gritándome… -Carajo no pares de chupar, ohhhhh, entonces yo metí mi lengua y entró suave y ligero. Entonces, me dijo… -Ahhh mi culito, por favor… Yo subí un poco mi cara y le rocé su culito con mi lengua y estuve chupándoselo hasta que nuevamente dio otro pequeño grito…-Ahhhhhh.

Nuevamente se acercó a mí y empezó a besarme algo desesperada, me comía el cuello, mis tetillas y me mordía los labios. Se puso de pie y comenzó a modelarme, me mostraba sus tetas y su culo. Se subió sobre mí y buscó mi pene con sus dedos, me apretó mis testículos e introdujo mi pene poco a poco en su vagina y luego de un tirón. “Madre míaaa, que ricooo… alcancé a decir, era la primera vez que mi pene entraba a una chochita y se sentía requete bueno.

Ella mirándome de frente y riendo pícaramente empezó a cabalgar, yo sentía el roce de sus labios, en algunas ocasiones me aprisionaba el pene con sus labios y me hacía gemir… – ahhhh, que fantástico, no te detengas… Ella siguió cabalgando, embestía mis muslos con sus nalgas y yo trataba de morder sus pezones, y entonces sentí que me rompía por dentro en un orgasmo casi eterno, ella riendo cabalgó más y me preguntó…

-¿Que se siente hacerlo la primera vez? A mi me dio un rayito de curiosidad el porqué sabía que era mi primera vez, pero no me importó. Nos abrazamos durante un rato y entonces le expliqué como había gozado cada momento. Ella me dijo que yo no lo hice nada mal y que podríamos practicar en otra ocasión. Yo estaba en el cielo, ¡Que buena amante resultó ser Nancy!

Al despedirse me pidió que echara un ojo por la puerta para que nadie la viera y al salir me besó y sacó de su túnica un pequeño sobre que puso en mis manos. Ella salió y me dispuse a abrir el sobre. Dentro un corto pedazo de papel decía…

“Amigo mío, Felicidades, no tienes nada que envidiarme de mi luna de miel”…, Francisco.

Espero lo disfruten…

Autor: Jorr

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Sesión de sexo con Pamela

Estuvimos culeando como diez minutos, mientras le acariciaba su clítoris y sus tetas y ella tuvo su tercer orgasmo, sentí que ya no podía más. Ella, sin decir nada, se salió de su posición y giró para ponerse mi pene en su boca. Curiosamente este estaba limpiecito. Esta mujer era algo especial. Se lo metió en su boca y empezó una mamada fantástica. Me hizo correrme en menos de 10 segundos.

Esto que voy a contarles me sucedió cuando tenía 22 años. Hoy tengo 39, soy casado, padre de tres niños hermosos y sanos, una relación normal con mi mujer…pero hasta hoy sigo sintiendo ese cosquilleo especial cuando conozco a una mujer madura y que sabe mantenerse atrayente. De hecho, mi mujer es casi 4 años mayor.

En ese entonces, yo trabajaba en una institución de salud previsional (para los que no son de Chile, mi país, son empresas que uno contrata para paliar los gastos de salud). Por mi función debía atender a gran cantidad de personas en mi escritorio…

Un día, se presentó una dama de unos 40 años que era realmente imponente: Alta, pelo negro, ojos café, y un físico que demostraba un cuidado muy acabado. Unos senos grandes y bien formados, cintura estrecha y unas caderas de ensueño. Su trasero era paradito y excitante.

Para aclarar, debo contarles que yo no soy ninguna maravilla pero he tenido suerte con el maravilloso mundo femenino. Mido 1,78 mt, peso 80 kg, pelo castaño claro y ojos color verde.

Me explicó que estaba disconforme con el reembolso de su gasto médico, ya que entendía que debían devolverle el 80 % de su gasto. Con mis mejores modales, le expliqué que según su contrato el reembolso estaba bien hecho, ya que existía un tope de ayuda por cada prestación. Juntos revisamos su contrato, momentos que aproveché para conversar de otros temas con ella.

Su nombre era Pamela, casada, 2 hijas en la universidad, su marido era dueño de una cadena de grandes tiendas y…¡20 años mayor! Como mujer de experiencia, ella notó mi interés por su persona y que me atraía sexualmente…lo que (según me contó después) le agradaba mucho, pues se sentía una mujer deseada, cosa que no ocurría con su marido debido a la diferencia de edad.

Sin parecer ofensivo o apresurado, le sugerí que si tenía tiempo la podía invitar a almorzar para explicarle las formas de obtener el mejor provecho de su plan de salud. Para mi sorpresa y alegría, aceptó de muy buena gana. Cuando salía con ella de la oficina, mis compañeros no podían dejar de mirar a esta fabulosa hembra y a mí me hacían gestos que indicaban “suerte” o “una por mí”.

Una vez en la calle, Pamela me dijo que si me parecía podíamos almorzar en su departamento. Eso encendió mis lucecitas del sexo y le dije que si a ella no le parecía inoportuno, a mí tampoco.

Su departamento estaba a menos de 3 cuadras de mi oficina…según lo supe después de sus labios, su marido no conocía la existencia de este departamento. Era sólo para sus “correrías”.

En cuanto subimos al ascensor nos liberamos…ella me miró fijamente a los ojos y yo me acerqué para besarla suave pero apasionadamente, ella puso sus brazos en mis hombros y yo aproveché para recorrer su cuerpo, el que se notaba muy bien cuidado, de piel suave y muy caliente. Mi paquete estaba muy apegado a su pelvis y ya estaba más que preparado. Yo no tengo esos aparatos fenomenales de 25 cm que se describen habitualmente en estos relatos…mi pene mide 19 cm y es bastante gruesa, eso sí. Ella, muy dama, me dijo…

– Espera que lleguemos al depto. Nos pueden ver…- Es que eres deliciosa – le dije yo -. No puedo apartar mis manos de ti.- Qué falta me hacían estas caricias y esas palabras – dijo ella. – Pues aquí estoy para darte lo que quieras – le contesté -.

Cuando abrió la puerta del depto., nos quedamos tras la puerta acariciándonos y besándonos como desesperados. Ella gemía cada vez que metía mis manos en su entrepierna o le besaba el cuello.

Luego, desabotoné su blusa, se la saqué y luego le saqué su sostén (o brassiere), dejando al descubierto un fantástico par de melones morenos coronados por unos pezones negros pero deliciosos, muy erguidos. Los chupé con desesperación, mientras ella sólo acariciaba mi pelo y gemía y suspiraba con su cabeza echada hacia atrás. Mis manos ya habían apartado su tanguita y mis dedos acariciaban su clítoris, entraban en su vagina y pasaban a su ano…

De pronto, ella alcanzó su primer orgasmo. Quedó casi desmayada, pero con una sonrisa muy sensual y al mismo tiempo cariñosa.

– Fue fantástico – me dijo -. Hacía mucho que no acababa así. – Pues sólo hemos empezado – le contesté sonriendo también. – Eso espero…

Pasamos al living, terminé de desnudarla y la acosté en el sofá. Abrí sus piernas y mi visión se llenó con una hermosa chuchita, de labios rojos por la excitación y mojadísima. Hundí mi lengua en esa maravilla y apreté con mis labios su clítoris, mientras acariciaba sus hermosas tetas. Era una hembra realmente excepcional, estupenda…así que pensé que debía hacer mi mejor trabajo para poder repetir en el futuro. Estuve así un buen rato, hasta que me dijo:

– Métemela…no puedo másssss. – Encantado, preciosa…

Me saqué los calzoncillos, agarré mi herramienta y se la puse a la entrada, pero sin meterla…

– ¡Sádico! – me dijo – ¡No me hagas esperar! La miré a los ojos, sonreí…y se la metí toda de una vez. Ella entrecerró los ojos y gimió…

– ¡Ahhhhhhhh! Empecé con el mete y saca suavemente pero acelerando cada vez. Mis manos se repartían entre sus tetas y su culo. Yo me había prometido que la encularía en cuanto pudiera.

Al ratito ella tenía su segundo orgasmo entre convulsiones y gritos…

– ¡Aaahhhhhh…que ricooooooooooo! – Ahora quiero mi premio – le dije después que se tranquilizó. – ¿Mmmm? ¿Y cual será? – me preguntó, aún cuando ella sabía lo que le iba a pedir. – Date vuelta y ponte en cuatro – le pedí. – Sí, mi amor…

Ella se dio la vuelta y me ofreció la vista de su maravilloso culo con su ojete palpitando. Se veía que ya lo había estrenado…Lástima, no era virgen, pero no me importó. Estaba delicioso.

Primero le di unos lengüetazos y luego le metí un dedo para prepararla, pero se adaptaba muy bien, así que no iba a haber problemas. Acerqué mi pene y le fui metiendo lentamente, mientras ella levantaba la cabeza, cerraba sus ojos y gemía nuevamente…

– Ahhhhh…despacito. Así, mi amor…- Qué delicia – le dije.- Cuando vayas a acabar, avísame – me pidió. – Lo que tú digas, mamita.

Estuvimos culeando como diez minutos, mientras le acariciaba su clítoris y sus tetas y ella tuvo su tercer orgasmo. Entonces, sentí que ya no podía más…

– Pamela…no doy más…voy a acabar – le dije -.

Ella, sin decir nada, se salió de su posición y giró para ponerse mi pene en su boca. Curiosamente, éste estaba limpiecito. Esta mujer era algo especial…

Se lo metió en su boca y empezó una mamada fantástica. Me hizo correrme en menos de 10 segundos.

– Estuviste muy bien – me dijo…- Es que tuve una hermosísima mujer que me inspiró – le contesté -.
– Se nota que te llevas bien con las mujeres – me dijo riendo -. Labia no te falta.

Yo sólo sonreí…luego de acariciarnos otro rato le dije que debía volver a la oficina.

– Lo sé, me dijo -. Sólo espero que no sea la última vez que nos veamos. – Yo tampoco – le contesté. -Todas las veces que quieras vendré para disfrutar de ti.

Nos despedimos en la puerta con otro beso…y me marché a trabajar.

Si les parece, en otro relato les contaré los siguientes encuentros y también como conocí a sus hijas.

Autor: Francisco

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Sexo con mi madre

Se la introdujo en su concha y empezó a cabalgarme como loca, no se cuantas veces se vino pero mi falo y mis piernas eran un rio de humedecidos, me besaba como loca, me decía que se estaba metiendo unos polvos que nunca en su vida había pensado hacerlo, se volteó y me permitió ver como mi pija entraba y salía de su concha, veía su culito y empecé a sobarlo.

Les contaré un hecho real que sucedió cuando yo tenía 18 años recién había culminado mi secundaria, en la actualidad tengo 37 tengo 3 hijas y estoy felizmente casado con Angélica una mujer preciosa que es todo en mi vida.

Mi madre es una mujer alta, delgada, de un cuerpo extraordinario, muy atractiva, profesora, llamativa pero de un carácter muy difícil, no aguantaba nada a nadie, nosotros vivamos en casa de mis abuelos ya que ella era madre soltera, siempre la veía con uno u otro hombre pero muy raro era que ella se ilusione ya que los pocos hombres que ella se ilusionaba terminaban siendo casados o ella con su genio los mandaba a rodar.

Fue así que un día ella había planeado salir de vacaciones con Eduardo su pareja en esos momentos y me contaba que se iría a Trujillo a disfrutar de sus vacaciones, ya habían separado pasajes hotel y no se que otra cosa, ella estaba muy ilusionada, inclusive me contó que de repente Eduardo era la pareja que ella quería.

La verdad que el tipo era medio raro, no se que me daba pero me miraba muchas veces como miran solo los homosexuales a su pareja, en fin resulta que una semana antes de su viaje Eduardo nos invita a una reunión en casa de uno de sus primos que cumplía años, mi madre se alistó, estaba preciosa con un vestido rojo casi pegado donde se le apreciaba sus senos y el portaligas con un calzoncito muy pequeño, realmente estaba preciosa la fiesta era todo un éxito.

La verdad estaba lleno con luces muy tuenes, bastante trago buena música y lindas chicas, a mi me llamó mucho la atención una joven con una mini espectacular, la saqué a bailar muchas piezas, mi madre bebía mucha cerveza y se divertía con Eduardo como loca, en un momento de la fiesta mi madre me llama y me empieza a llamar la atención porque estaba besando a la chica y manoseándola en plena fiesta, yo estaba callado, ella parecía celosa más que una madre que quería corregir a lo que Eduardo solo reía y le decía que yo era todo un hombre y que me dejara, lo que permitió que yo siguiera en mi avance sexual con mi pareja.

Eran como las 4 de la mañana ya muchos se habían ido cuando a Joanna, mi pareja, le había llevado al jardín y estábamos pasándola bien, inclusive me estaba metiendo una mamada espectacular cuando veo a mi madre que nos estaba viendo, se estaba tocando los senos, en pocas palabras se estaba masturbando viendo como me chupaba la pinga Joanna detrás de un árbol, cuando estaba en lo mejor ella reaccionó llamándome la atención. Le jaló los pelos a Joanna le decía que era una puta y la botó, ahí reaccionó y me dijo que eso estaba mal que no haga eso y no se que otras cosas y me abrazó.

Yo tenía la verga afuera del pantalón, sentía sus senos y su conchita pegada a mi pinga que estaba muy dura, yo empecé a besarle el cuello, ella solo gemía lentamente, me decía que era su adoración, que me quería mucho, que nunca la defraudara, le empecé a meter mano, a sobar sus tetas y ella estaba excitándose cada vez más, de repente bajé su mano y ella presionó mi verga con fuerza, me decía esta súper dura y que grande es, que ella me iba a dar todo, yo estaba en la nubes, no se como pero reaccionó y me dijo, ¿que estamos haciendo?, basta ayúdame a buscar a Eduardo y despedirnos para eso vine, olvídate lo que pasó ya hablaremos más adelante.

Eso hice me agarró de la mano y nos fuimos a buscar a Eduardo por la casa no estaba en los cuartos, que dicho sea de paso casi en todos estaban haciendo el amor, mi madre solo decía disculpen sigan ,y se reía de repente, fuimos por la cocina y entramos a la lavandería y escuchamos unos ruidos al ver era Eduardo con tres muchachos, uno estaba sentado en una banca totalmente desnudo y encima clavado estaba Eduardo, los otros dos estaban con sus vergas en la boca de Eduardo quien como una gata furiosa los lamia con desesperación, mi madre casi se desmaya de la impresión, tanto fue la impresión que tuve que llevarla a la clínica donde los médicos me recomendaron que se quede en observación, ahí murió otro de sus pretendientes de mi madre.

Al día siguiente le dieron de alta ella, estaba muy deprimida, lloraba y lloraba, me contaba que se había ilusionado con Eduardo pero que era lo mejor que me imaginara, que hubiese pasado si se hubiese casado, en fin…así pasaron los días ella ya se había repuesto y llegaban sus vacaciones nuestra manera de ser de ambos desde esa noche había cambiado, ya no éramos madre e hijo éramos más amigos, hermanos confidentes, en fin nos mirábamos y nos reíamos nos comprendíamos más inclusive hablábamos de sexo sin temor, hasta tocamos el tema de Joanna, ella en son de broma me decía la puta esa ni siquiera sabe como chupar bien la verga y lo estaba haciendo contigo, pero yo le decía, pero a ti te gustaba verlo, ella reía y muy picarescamente, me decía que a las mujeres le gusta ver como hacen el amor otras parejas.

Hablamos de sus parejas ella me decía que todas solo buscaban sexo y nada más hasta que ella solo lo hacía para satisfacerse y punto pero que no había nacido el hombre que la domine, le dije en un momento de la conversación que debería salir de vacaciones que porque no se iba y descansara de repente encontraría a su pareja en ese viaje animándola, a lo que me contestó que iría siempre y cuando yo fuese con ella, que el hombre que ella quería en esos momentos era yo.

Así que nos fuimos a Trujillo el viaje fue tranquilo el hotel muy bonito, cama matrimonial, todo el día lo pasamos en la piscina, ya en la noche me dijo vamos a la discoteca del hotel, ella se puso un vestido escotado negro precioso, yo estaba con mis jeans y un saco de algodón, ambos salimos del cuarto a la discoteca, esta no era muy grande, el ambiente era oscuro, buena música pedimos ella un ron yo una cerveza, casi al cuarto vaso de ron me pidió que la saque a bailar, ella muy cerca de mi, sentía su vulva pegarse a mi pija que estaba a mil junto a ella, muchas veces quería decirle algo y no me escuchaba acercaba su oído a mi boca y despacio le decía las cosas y le besaba el cuello o le mordía la oreja, ella solo gemía muy despacio así estábamos ambos muy calientes.

De repente pusieron una canción lenta y me dijo, esa me gusta, bailemos así lo hicimos, ella pegó su cuerpo al mío y me empezó a sobar, yo no aguanté y le empecé a sobar su culito, no se como empezamos a besarnos, le dije vamos a la mesa, ya en ella pude introducirle mi mano dentro de su vestido y toqué su conchita toda mojadita, le metí uno dos dedos, ella gemía y se movía como una loquita, me decía que me quería, con su mano apretaba mi pinga por encima del pantalón, me dijo vamos al cuarto.

Así besándonos entramos al cuarto, me dijo que me esperara que entraría al baño, yo me desnudé quedando solo en calzoncillos de repente ella salió del baño tenía puesto un beby doll rojo trasparente, un sostén del mismo color que le levantaba sus senos, un portaligas, un calzoncito chiquito de seda trasparente que dejaba ver sus vellos púbicos y sus medias rojas con unos zapatos de tacos altos me preguntó si le gustaba.

Le dije que estaba hermosa, que me encantaba, me dijo que ella estaba esperando este momento, que ella me deseaba desde ese día que me había visto que me chupaban la verga y que sus deseos sexuales eran solo conmigo, nos besamos empecé a chuparle la tetas, los pezones, ella gemía como loca, estaba fuera de si, me decía así papito, sigue así, muérdeme los pezones, empecé a bajar le rompí la tanguita y empecé a chuparle la conchita, el clítoris, ella convulsionaba a cada rato gritaba de placer, se arqueaba y me inundaba de sus líquidos, chillaba de placer.

Hijito así, así sigue, ay me matas me matas ….que rico…mierda que rico, aún recuerdo sus gritos no se cuantas veces se vino, pero gozaba, en un momento me dijo quiero chuparlo, vas a ver como si se chupa una pija no como esa puta, vas a gozar hijo y empezó a lamer mi cabecita se lo introdujo en su boca teniendo la lengua debajo de mi pinga como si fuese una camita y me succionaba la polla con fuerza así estuvo un buen rato hasta que le dije que iba a explotar, aceleró más la chupada y le inundé la boca, la cara, el cuello, no dejó ni una sola gota, se lo comió todo, con su mano y sus dedos se introdujo todo el semen que se había desparramado en su cuello y cara, me decía que era la mejor leche que se había comido.

Me la limpió de tal manera que quedó limpiecita y al palo nuevamente ahí se subió encima mío y se la introdujo en su concha y empezó a cabalgarme como loca, no se cuantas veces se vino pero mi falo y mis piernas eran un rio de humedecidos, me besaba como loca, me decía que se estaba metiendo unos polvos que nunca en su vida había pensado hacerlo, se volteó y me permitió ver como mi pija entraba y salía de su concha, veía su culito y empecé a sobarlo, volteé mi cara y en la mesa de noche está su crema de manos, saqué un poco y le unté en la entradita del culo.

Entró un dedo y después otro, ella me decía que los saque que por ahí no le gustaba, que por ahí nunca lo había hecho, le hice caso pero la volteé, la puse tipo perrito ella gozaba y me pedía más y más, en esa posición volví a la carga por el culo le puse la cabecita y ella dijo, no ahí no por favor, ahí duele, deja mamá, deja despacio, y así le metí la cabeza y después todo, entra y sale.

Era maravilloso, ella gritaba, cabrón hijo de puta, me partes, que rico, fuerte, fuerte, tu madre es una puta, rómpeme, hazlo, así hicimos el amor todos los días ahora estoy casado pero cada vez que voy a visitar a mi madre le empujo la pieza por el culo que es lo que más le gusta ahora.

Autor: Francisco

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