La primera vez

Me partía y me hacía la mujer más feliz, todo a la vez hasta que percibí dentro de mí los chorros de semen y en ese instante otra explosión de placer, quería más, se la chupé y me volvió a introducir su estaca, estaba tan sensible que cada movimiento me hacía estremecer más y más hasta que tuve otro orgasmo, y él acabó soltando su lechecita caliente sobre mi estómago, así nos quedamos dormidos.

Mi nombre es Karin, tengo 23 años, soy morena de 1.65mts, de buen cuerpo, cabello largo, trabajo como asistente en una empresa de software. Lo que les voy a contar me sucedió cuando tenía 20 años, había tenido enamorados, pero nunca había llegado al sexo; trabajaba en una empresa de alquiler de maquinaria pesada, como asistente en contabilidad, tenía una oficina que compartía con otro compañero.

En la empresa conocí a un operario Oscar y comenzamos a salir por algún tiempo, un día iniciamos una relación de enamorados, siempre me llevaba a pasear en su carro y cerca a mi casa nos parquéabamos y charlabamos en el carro, dejaba que me acaricie por encima de la ropa y eso me calentaba, siempre me recostaba en su abdomen, y observaba su paquete imaginándome como sería.

Un día en la oficina no aguanté más, justo mi compañero faltó al trabajo así que estaba sola, cuando él entró yo aseguré la puerta y nos besamos, me senté en mi silla y él se apoyó en el escritorio, comencé a imaginar como sería su paquete, le bajé la cremallera y bajándole la truza me encontré con su polla no muy larga, pero gruesa y humeda, la cabeza la tenía roja como una fresa, no pude resistir más, me la metí de golpe en la boca, se sentía salado y pegajoso, pero muy agradable y al levantar la mirada por su expresión me di cuenta que le pareció fabuloso, lo que me animó a continuar.

Le pedí que me indicara como lo debía hacer para que disfrutara mejor, al cabo de un rato sentí algo espeso que se me metía por la garganta, tuve arcadas, pero las aguanté y comencé a tragar, esto le gustó mucho, con mi lengua procedí a limpiarle toda su polla, era la primera vez que tenía una en mis manos y en mi boca, sólo las había visto en peliculas porno, fue fabuloso.

(Nunca sentí verguenza que me vean desnuda, tengo un amigo que me da masajes y le gusta agarrarme las tetas y el culo, además en algunos juegos otros amigos tenían que lamer mis tetas con salsa de tomate, así como salir por la ventana en bolas y gritar cualquier cosa.)

Al cabo de unos días acordamos ir pasear, pero me llevó a un hotel donde al llegar sentí un poco de temor ya que era virgen hasta ese momento, los dos comenzamos a desnudarnos mutuamente y comencé a chuparle la polla. En varios días había alcanzado práctica, mientras él comenzó a presionarme los pezones, eso me gustó mucho así que me apresuré con la mamada, él gemía de placer y eso me calentaba aún más dándome más valor para lo que ya no había escapatoria.

Cuando se iba a venir, me detuvo y me recostó en la cama, me separó las piernas, no era la primera vez que le eneñaba mi conejito a alguien abriendo completamente las piernas, mi amigo me lo había acariciado antes, acercó su cabeza, ya me lo habían acariciado con los dedos, pero nunca una lengua, fue espectacular algo que no se puede describir, me quitó la respiración, por segundos el placer que me hizo sentir, me tenía en las nubes, cada vez que sentía su lengua disfrutaba más y más hasta que no aguanté y se produjo en mí como un volcán, era mi primer orgasmo.

Aprecié como salían jugos de mi vagina y él con mucho placer los tomaba, luego se levantó y me dio un dulce beso donde sentí el sabor de mis jugos, aún mi cuerpo quería más así que separé nuevamente mis piernas y acercó la cabeza de su polla y la introdujo de golpe, el dolor fue hasta las lágrimas, me habia partido por dentro, pensé morir, pero las ganas que sentía eran mucho más fuertes, se quedó quieto un momento y comenzó a bombear, primero despacio y cada vez más rapido.

Me partía y me hacía la mujer más feliz, todo a la vez hasta que percibí dentro de mí, los chorros de semen y en ese instante otra explosión de placer, otro orgasmo, estaba exhausta, pero quería más, así que se la chupé nuevamente y cuando se encontró dura, me volvió a introducir su estaca y continuó el mete y saca, el placer era mayor estaba tan sensible que cada movimiento me hacía estremecer más y más hasta que tuve otro orgasmo, y él acabó soltando su lechecita caliente sobre mi estómago, así nos quedamos dormidos.

Al levantarnos él quería hacerlo por el culo, algunas amigas me habían comentado que era doloroso, accedí siempre y cuando él me calentara chupándome mi conejito, comenzó con lengüetazos en mi clítoris mientras metía sus dedos en mi vagina, eso me excitó rápidamente, sentí un dedo en mi culo, luego otro y en eso me vino un orgasmo, me giró con fuerza poniéndome boca abajo y de pronto sentí como que me hubieran abierto por la mitad, su gruesa polla la había metido de un golpe en mi culo el que no había dilatado por completo como para aguantar semejante grosor, sentí sus dedos en mi vagina algo que me llenó a la vez de placer y comenzó nuevamente a bombear mientras jugaba con mi clítoris, el dolor se convirtió en placer.

Sentía sus bolas golpear mis nalgas en cada bombeada, y sentí mi primer orgasmo penetrada por el culo, al girar la cabeza pude ver en su rostro el placer que le causaba estar clavándome por el culo, eso me daba más placer a mi hombre, cuando sentí que me llenaba las entrañas de su leche caliente mientras tenía otro orgasmo más, lo había hecho el hombre más feliz de la tierra y a mí me había hecho sentir la mujer perfecta, la amante, la puta, todo junto, no lo habia defraudado.

Espero que les haya gustado, luego les contaré lo que pasó para mi cumpleaños que me perdí tres días y dejé a toda la familia esperándome en la fiesta que habían preparado en casa.

Autora: kkvh

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El Batido de fresas

Era una putilla; se comportaba como una experimentada actriz porno, sus dedos entraban y salían de su coño haciendo lo posible por mantener los labios de su sexo, totalmente abiertos y los labios de su boca entreabiertos. Humedecía su coño con su saliva y su boca con sus jugos vaginales. Entonces oí como su madre salía del baño. Su hija se corría y yo eyaculaba en el suelo.

Si alguien me pregunta cuales fueron mis mejores vacaciones, les respondo que fue un fin de semana de verano que pasé en el chalet de mi jefe junto con su familia, inmediatamente me tachan de pelota y no me creen; aunque tampoco les digo toda la verdad, porque si se entera mi jefe de lo bien que me lo pasé posiblemente me despida.

La situación del chalet era envidiable, cerca de unos acantilados y de una cala apartada y casi desierta. El viernes por la noche lo habíamos pasado cenando en un puerto deportivo junto con su hija, una chica joven con un cuerpo esplendido, con cara aniñada con cierto punto de picarona. Tengo que confesar que eran unos perfectos conversadores. El era un pijo de los de siempre forjado a base de guateques sesenteros, su hija le gustaba el estilo ibicenco o nuevo hippie.

El sábado estuvimos todo el tiempo en la playa, su hija se puso en top-less dejando ver unas tetas perfectas, no eran excesivamente grandes, pero si rellenas y erectas. Yo hacía como si no estuvieran allí, pero cada vez que su padre se echaba en la arena, dirigía mi vista hacia ellas. Cuando mi jefe se quedó dormido, mis miradas empezaron a ser insolentes, J. se dio cuenta y mi cara se enrojeció. “¿Nos damos un baño?” Dicho y hecho; corrí tras sus piernas largas y esbeltas y sus tetas bamboleantes.

En el agua, J. se abalanzó sobre mí y me dio una ahogadilla. Salí detrás de ella y la cogí por detrás, involuntariamente, le agarré las tetas. La solté, dudando de su reacción, pero parecía no importarle. Volvió a lanzarse sobre mí; yo me eché hacia atrás y J. me agarró del bañador, mi pene se escapó, saltando como un pez más, alegre en el inmenso mar. Intenté subirme el bañador, pero en mi ofuscación no atinaba a colocármelo. Ella se acercó me lo cogió y, con una presión que casi me lo parte por la mitad, lo devolvió a su lugar.

– Ves que fácil es.

Me quedé petrificado ante su acción, ella, por su parte, se rió y salió del agua. La seguí hasta donde estaba su padre. Entonces ella se agachó sobre él y le acarició la espalda con sus enhiestos pezones, aquello llevó mi erección al máximo. Su padre se despertó con el frío del agua, sin percatarse de que eran las tetas húmedas de su hija las que lo habían despertado, quizás pensase que habían sido sus dedos. Yo inmediatamente me tiré al suelo para escurrir el bulto.

– Muchacho- me dijo mi jefe- échate sobre una toalla, te vas a llenar de arena. – Me gusta así- le contesté.

Mi jefe se puso boca abajo. Su hija aguantaba la risa; en realidad se estaba cachondeando de mí. Empezó a tocarse el pezón con su dedo mientras canturreaba, para mí era como si me estuviera tocando el pene, porque cuanto más erecto estaba su pezón más erecta estaba mi polla. Luego se acarició los labios con el índice de su otra mano, manteniendo la boca entreabierta. Entonces me di cuenta que los saltos que mi miembro daba, presionado por la arena se dirigían a un orgasmo y que no podía remediar. Cuando la muy puta se metió el dedo en la boca y se lo chupó, la naturaleza explotó. Ella se dio cuenta y dijo:

-¿Por qué no vamos a tomarnos unas cervezas? – Muy buena idea- dijo su padre, levantándose de inmediato. – Perdonadme, pero yo me voy a quedar un poquito más- dije.

El mar estaba cerca para una limpieza de urgencia. Aquella tarde mi jefe tenía que ir a recoger a su mujer del aeropuerto. Tardaría al menos dos horas y media en volver y di por seguro que las aprovecharía para acostarme con su hija. Pero esta, al quedarnos solos, parecía indiferente, y yo no supe como seducirla por lo nervioso que estaba. Me fui a mi habitación. Esperaba que en cualquier momento entrara, pero pasó un buen rato y allí no pasaba nada. Entonces abrí la puerta me desabotoné el short para dejar entrever mi pene enhiesto y permanecí como un pescador con su caña, simulando estar durmiendo. Al cabo de un tiempo oí como ella pasaba de largo por mi puerta. Dudé si me habría visto o no, estaba a punto de levantarme, cuando sentí que ella había vuelto y permanecía en el quicio de la puerta.

Al excitarme más, mi pene volvió a escaparse y me convencí de que era más valiente que yo. Permanecí quieto a la espera de acontecimientos. Al final dio resultado porque ella se acercó y se sentó en la cama. Sin preámbulos, empezó a chupármela. Con los ojos entreabiertos, me deleité en la visión de su boca y de su pelo lacio cayendo sobre mi vientre. Yo hice como si despertara. Ella dejó de mamármela y se abrazó a mí, estaba desnuda. Le metí la mano entre sus piernas y acaricié su humedad. Estábamos los dos a punto, la penetré suavemente y le eché las dos manos al trasero, nada más hacerlo ella se levantó bruscamente y dijo: -“Mi padre”.

Entonces oí las voces de sus padres que entraban por el hall. Se vistió rápidamente y cerró la puerta. Mi jefe preguntó por mí y ella le dijo que estaba durmiendo. Menos mal, no estaba con el aspecto para ser presentado a la mujer del jefe. Oí como mi jefe salía y su esposa entraba en el servicio. De pronto J. entró en mi habitación y me besó. Le dije que lo dejásemos porque nos podrían descubrir.

– Mi padre está echado sobre la hamaca en el jardín y mi madre ha entrado en el baño, ella no se ducha, se baña con sales y permanece más de media hora. Ven.

Me cogió de la mano y me llevó al salón. Me mandó que vigilara por la ventana que daba al jardín. Ella se agachó y se ocultó bajo la ventana y con las dos manos empezó a acariciarme el trasero mientras me mordía el miembro por encima de los calzoncillos.

– Hola ¿Estás ahí?- me dijo mi jefe desde la hamaca. – Pues sí – acerté a contestarle.

Por entonces J. ya estaba chupándomela. Su padre seguía hablando, pero yo no entendía nada de lo que me decía, solo sentía como aquella chavala era una experta en mamadas, porque no se limitaba a chupar, sino que lamía y cambiaba de ritmo. Estaba a punto de correrme cuando mi jefe preguntó por su hija.

– Voy a llamarla- dije y sin moverme de la ventana giré y grité- J. tu padre te llama.

Ella se apartó y se levantó, saliendo a la ventana.

– ¿Si, papá? – Hija, porque no me traes un batido de fresas naturales.

Ella mientras tanto me agarraba la polla con su mano y no dejaba de meneármela.

– Ahora mismo- volvió a agacharse y siguió con su mamada.

Yo tenía los ojos en blanco cuando mi jefe se volvió y me miró seriamente.

– P. pareces un poco cansado, deberías de probar otro batido. Yo solo pude asentir con la cabeza.
Mi jefe se recostó otra vez en la hamaca mientras decía. – El batido de fresas es un alimento completísimo. La leche compagina perfectamente con las fresas. Yo siempre le aconsejo a mi hija, que beba leche para hacerse una mujer sana, cuanto más leche mejor.  J.- gritó- tomate otro batido. Cuanto más leche mejor.

Mi jefe no sabía el efecto que sus consejos me provocaban. Me corrí como un desalmado y mi leche inundó la boquita de fresa de su hija. Ante mis gemidos, mi jefe volvió la cabeza y mirándome, sonrió.

– Que gracioso es ver a alguien que va a estornudar y no puede.

A mí me dio una risa tan floja como lo estaban mis piernas. Volví la vista al salón. J. me susurraba “mírame”. Se sentó en un sillón y abrió sus muslos. Solo llevaba una camiseta de tirantes y pude ver su coño como en un libro de medicina. Mientras se masturbaba, me dijo “tócate”. Apartándome un poco de la ventana, pero no tanto para dejar de controlar a su padre, empecé a meneármela. Era una putilla; se comportaba como una experimentada actriz porno, ladeaba la cabeza, se acariciaba y estrujaba sus pechos; sus dedos entraban y salían de su coño haciendo lo posible por mantener los labios de su sexo, totalmente abiertos y los labios de su boca entreabiertos. Humedecía su coño con su saliva y su boca con sus jugos vaginales. Entonces oí como su madre salía del baño. Su hija se corría y yo eyaculaba en el suelo. Como pude restregué el semen sobre el suelo con mi pie desnudo.

J. se levantó y se fue a la cocina para hacer batidos de fresa. Mi jefe me presentó a su mujer y estuvimos bebiendo batido de fresa en el jardín. Todos nos reímos cuando J. se vertió parte del batido sobre su camiseta. Ella también se rió, mientras me miraba con una sonrisa de complicidad con sus labios llenos de leche y sus pezones mojados que parecían que iban a atravesar la tela. Aquella noche, esperaba continuar las experiencias; porque me había quedado con las ganas de follármela, deseaba hacerlo cuando sus padres durmieran por la madrugada. Pero he aquí que apareció el novio de J. para salir con ella, que a primera vista parecía un gilipollas surfista pijo. Ella, cuando pudo, me dijo: “Cuando esta noche folle con mi novio, pensaré en ti”. Lo cual no me consoló, teniendo en cuenta que a la mañana siguiente partía de la casa.

Autor: tronic

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De fresa o de vainilla V

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos dedos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil.

De cómo jugamos en su cama – No me queda de otra y hago todo…

Creí que lo correcto sería tocarle la cola de nuevo, y casi lo hice pero me distrajo   susurrándome al oído:

– Voy a cuidarte, te quiero mucho, eres todo para mí– me siguió besando pero ahora me acariciaba los senos. Besándome y empujándome despacio me hizo retroceder hasta tropezar y quedar sentada en su cama, nos recostamos y nos besamos, ella me tocaba casi todo, acariciaba mis piernas con las suyas y deslizaba sus pies en mis tobillos y pantorrillas.

Después, poco a poco con su boca recorrió mi cuerpo. En cada parte se tomaba su tiempo, partió de mi boca, besó mi esternón, en mis bubis se entretuvo jugando con su lengua, en mi abdomen hizo una escala para lamer alrededor de mi ombligo, mi pubis lo hizo su destino y jugó maliciosamente con mis vellitos de ahí, quería probar hasta donde le permitiría llegar en su viaje.

El abdomen se me contraía en cada escala que tenía su recorrido, después bajo un poco mas, y delicadamente me trataba de persuadir a besos y caricias con sus labios en mis muslos, de abrir mis piernas, pero al verla tan cerca de ahí, sentir su boca tan cerca y hasta sentir casi su aliento, me imagine lo que pretendía, sentí algo, que no era miedo, solo por instinto no  le permití me hiciera nada más, después de todo el sexo oral no es tan natural, al menos no entre chavas.

Pacientemente se deslizó por mis piernas y besó mis muslos, luego se puso a besar y chuparme los pies descalzos, subió nuevamente, dándome besitos en intervalos hasta llegar a mis nenas, mientras metía uno de mis pezones a su boca y jugaba a su gusto,  con una mano me tocaba el abdomen y el pubis y también más abajito, me tocó de una manera tan deliciosa sin penetrarme, con un dedo recorrió todo, haciendo que cada vez fuera más sensible, contorneaba por fuera de mi orificio, de vez en vez  se tomaba la libertad de tocar  “accidentalmente” mi punto más débil,  ya te imaginaras como me debí sentir con eso. Luego comprendería que Alejandra nunca se daba por vencida y sabía conseguir lo que quería.

Ese acto tan personal entre Ale y yo, rozando nuestros cuerpos con algo de sudor, nuestros vientres, caras y pechos sin ninguna prenda y yo con una mano de ella en mi entrepierna. De solo haber imaginado una escena así entre chavas, una semana antes, me hubiera dado asco, pero en ese ahora, eso era bastante bien. En momentos de “lucidez”, la razón me dictaba que había sido demasiado por hoy, que estaba traicionaba a mis padres y a mi misma, incluso que me  podía arrepentir para toda mi vida, pero mi corazón quería seguir. La sensatez no era algo que experimentaba cuando estaba con ella,  me entregué  al momento a mi excitación y a Ale.

Me había convencido ya de aceptar cualquier caricia y no aguanté más ese paliativo, necesitaba ya algo más lo que sea, pero no se lo pude decir: “Ale penétrame o lámeme ahí ya por fa” así que traté de disimularlo, le dije algo parecido a:

-Ale soy tuya hazme lo que quieras…

Esta vez ella fue la que no quiso, solo rió maliciosamente, me dio un beso en la boca y se sentó en el borde de la cama con las piernas entrecruzadas y luego bajó una pierna al suelo, se recogió el cabello que le había quedado en la cara y se hizo una coleta con una liga que tomó del buró, luego me levantó de un brazo…

-Siéntate aquí junto – dijo indicándome el lugar con unas palmaditas.

Quedé sentada frente a ella como en flor de loto, Cerramos los ojos y nos inclinamos la una a la otra, para besarnos, la posición no era tan cómoda pero me aguanté. Una mano la apoyo en mi hombro y  me acerco una mano a mi colita, movía la mano en círculos, de arriba abajo, hacía poquito precio, a veces más leve, me penetraba de repente muy poquito pero todo lo hizo delicioso, sus manos me convencieron poco a poco de aceptar cualquier caricia. Coloqué mi mano  en su ahí yo también y dudándolo comencé a hacer movimientos torpes pero cariñosos, digo torpes por que su mano se desplazaba sin vacilar, lo hacía con soltura.  Aunque lo intenté no podía imitarle, por momentos era para mi imposible continuar con el masaje para ella, cuando esto ocurrió, con su otra mano presionaba la mía en su vagina y me dijo otra vez con una muy sensual –Al mismo tiempo nena, no te detengas…

De pronto ya estábamos acostadas. no lo se describir muy bien pero bueno  imagínatelo, abrazadas con las piernas entrelazadas, como dicen en el norte fingering one to each other so sweet  y me di cuenta que entre más movía mi mano en su parte, más rico me cogía a mi y más ruido hacíamos las dos,  tuve que hacer un gran esfuerzo por no parar la mano se cansa horrible así…

-“Aaaaaha! Oho! Mmmmm! thssshhh!”

Sus movimientos delicados y sin pausas eran deliciosos, me sentía muy pero muy caliente, nos besábamos las bocas y cuando podíamos los senos, aunque a veces no podíamos más que hacer, ¡ahhhhhh!  casi llegaba al limite, se sentía riquísimo, me inhabilitó totalmente y dejé de tocarla, apoyé mis manos en sus hombros y luego puse una encima de la suya y le ayudé a presionar y a agitarla, de verdad que me puso muy caliente eso, los pies se me comenzaban a dormir, pero ella paró de repente, y hasta me enojé,  ¡Me había dejado a medias y no se había dado cuenta! No sabía lo que hacía!, pero a continuación demostró todo lo contrario me recostó en la cama, -Levanta la cadera un poco porfa…

Obedecí y puso una de sus almohadas abajo, su cuarto era el mismo, en el desorden habitual, en el que  habíamos estado tantas veces juntas a solas, el sillón donde platicábamos, su lap donde habíamos hecho tareas juntas, incluso la cama en la que ya había dormido.  Solo que  ahora estábamos ambas totalmente desnudas, haciéndonos el amor – sin decir más se recostó bocabajo, me besó el abdomen, se metió entre mis piernas.

Todo era delicado, se tomaba su tiempo, al principio solo besó mis muslos, luego los alrededores de mi colita y con una mano apenas acariciaba mis pliegues, me hacía suspirar y entrecortar la respiración, nos miramos a los ojos y nos sonreímos, ella abrió mi pussy  con dos deditos, disponiendo totalmente de mi parte prohibida, luego sentí la humedad de su lengua tocar mi punto débil, me miró a los ojos, y se mordió los labios, y yo asentí con la cabeza, así no me podía negar a nada, aunque te diré que fue la experiencia más extraña que había sentido.

En primer lugar el sexo oral, se me hacía una práctica para gente muy experimentada y nunca había tenido un juicio claro si era bueno o no, pero se me figuraba sucio y pervertido. En segundo tener alguien con ese de contacto en esa parte mía, ya de por si era algo que me daba pena, y que ella en vez de encontrarlo desagradable, por todo lo que implica, poner la boca en una vagina excitada; la textura, el liquidito, su olor, lo hacía como si eso fuera una delicia, y no menos importante; la boca que sentía, era de una chava, mi amiga, la que me procuraba esa sensación.

Ya nada importaba. Cerré los ojos y traté de no pensar más, si crees que te puedes echar atrás cuando tienes a alguien ahí no tienes ni idea, es más hay un momento en el que ya ni piensas. A partir de un momento no supe exactamente que hacía alla abajo, pero se sentía ahhhhíiiii, ni siquiera lo puedo describir lo que se sentí, cuando miraba solo veía su cabello negro lacio esparcido en mi abdomen, no sabía que hacer, solo me mordía los labios y tapaba mi boca con una mano, para callar mis suspiros y con la otra acaricié su cabello y  presionaba su cabeza contra mi area genital, ahhhhh, ¡No manches! se sentía la cosa más deliciosa y no quise que acabara nunca. Comencé a respirar muy aprisa, la espalda me arqueó,  tuve unas contracciones en el abdomen y  mis músculos de esa área se tensaron, y pasó, me sentí en las estrellas, fue muy intenso, después no estuve en ninguna parte…

Los movimientos de su lengua cesaron poco a poco y siguió lamiendo despacio toda mi vagina, su dedo entraba y salía de mí, muy despacito y me dio unos besitos más ahí abajo, y ahora digo que asco, pero me dieron muchas ganas de besarla, sentí que la quería demasiado y también amada por ella, después tuve ganas de recostarme y relajarme un poco, pero por otro lado quería más. Yo no mandaba ahí, y ella en especial su cosa, también necesitaba algo, verme excitada, creo, causó cierta envidia en ella y ahora ya no la podía calmar solo con caricias y besos, se hincó en la cama intercalando nuestras piernas, se deslizó hasta que su pubis chocó con el mío y movió mi pierna para que la separara y quedáramos cómodas, hacía que nuestras colas se rozaran la de una con la de la otra, ahí abajo se sentía calentito y con el aire que hacían sus movimientos podía sentir nuestra humedad.

Si me hubiera acostado con un chavo siquiera hubiera habido un condón para separar nuestros genitales, pero ahí no había nada, no era muy higiénico ese contacto. Solo que en ese momento nada de lo que pensara importaba, quería sentir todo, frotar mi sexo con el suyo se sentía como aterciopelado, y provocaban unas cosquillitas deliciosa para mi y a juzgar por su  rostro lo disfrutaba cañón, aunque rico no suficiente para repetir la experiencia, pero no me podía quejar.

Sus movimientos y  su cuerpo, o al menos la parte que veía de ella, eran muy eróticos, viendo  sus piernas entrelazadas con las mías, sus senos que brincaban con sus movimientos y su cara que demostraba esfuerzo y mucho placer, comprendí que cualquier chavo o mujer que guste de las chavas, le hubiera encantado estar en mi lugar, duramos así un rato hasta que los movimientos de Ale se entorpecieron por que se cansó, las dos sudábamos bastante sobretodo de nuestras entrepiernas de donde emanaba todo ese calor y ese extraño olorcito que se sentía en su habitación, Ale paró y respiró unos momentos y una vez que recobró el aliento, me tomó de la mano y nos aproximamos a su escritorio, apartó lo que había en la silla, se sentó subiendo piernas al sillón, y así conocí yo todos sus secretos.

Se acomodó nuevamente el pelo y nos besamos en la boca como novias me dijo:

-¿Te va quererme?, con su voz casi agotada.

Asentí con la cabeza y me puse de rodillas frente a su cola.

-Vamos yo se que es tu primera vez, yo te digo como, no pasa nada nena…

Me acerqué como con temor, me daba cosa, nunca me había imaginado en esa situación, me daba pena, por que aunque ella no había demostrado tenerle respeto a mi cuerpo, a mi si me daba cosa jugar con algo tan de ella.

Que me hicieran cositas en la mía era una cosa y de por si vergonzosa,  pero yo lamer otra vagina, era otra muy diferente, hubiera preferido no hacerlo, cuando ella me lo hizo me imaginé que también lo tendría que hacer yo y hasta se me antojó, pero ahora ya no quería, no le podía decir, “no es que me da asco hacerte un favorcito”, por que ella ya me había hecho a mi, además verla ofreciéndome todo su ser hizo que no me pudiera negar otra vez,  y tuve que hacer un lado mis prejuicios.  Reí de nervios, me acerqué otro poco, despacio, dudando entre si hacerlo, o decirle que no estaba preparada, me hinqué, ya casi no entraba luz por la ventana, primero en lo que tomaba valor solo se la acaricié, la masajeaba a lo largo desde su pubis hasta su agujerito, su humedad me hacía fácil el trabajo.

Cuando estuve como a diez cm. la verdad no me atreví a poner la boca allí, sentía su mirada en la nunca, que me presionaba a hacerlo, quería saber si lo hacía bien, no me atrevía a mirarla ni mucho menos preguntarle. Tomaba como un si, como me acariciaba el cabello y a veces hacía un esfuerzo para agachar  la cabeza y darme un beso, lo trataba de hacer como ella lo hizo, primero acaricié y besé su abdomen, sus muslos, incluso su pubis, donde apenas  se podían ver unos diminutos vellitos que comenzaban a salir por los bordes. Y me gustaría decir que no lo hice, pero si afronté el último miedo que quedaba esa noche desde que ella me hizo el oral a mí, hice lo más lésbico que se puede hacer en este mundo, solo  cerré los ojos detuve la respiración un momento,  ella me ayudó a separar con dos dedos su pussy,  no sabía ni que hacerle, solo lamí sin saber como, trataba de poner en práctica las lecciones que me dio, estaba bien mojada, y aunque digan que no, sí tenía un saborcito como acidito, y convenientemente tanto para mí como para ella, al principio no noté ningún aroma, eso lo hubiera hecho más difícil, su textura, que al tacto no era desagradable, no me gustaba en la boca.

Aún así jugué un rato, sus labios con mi lengua, después con mis manos abrí su cosita yo misma un poco más  y le lamí todo de arriba abajo, poco a poco le agarré el modo. Ale no se controlaba  y gemía mucho, no se por que eso sí me agradaba, no estuve así por mucho tiempo creo, pero si el suficiente como para que sucediera de lo que más me avergüenzo…

-Te amo Sandra! Te juro que soñaba con hacerlo contigo niña- dijo descontrolada por lo rico que se siente cuando tienes a alguien allí “¡que rico! amor! ” decía con la voz más cachonda que jamás escuché y yo le pregunté con tono más cachondo todavía. – ¿Te gusta, te gusta?  ¿Lo que te hago amor, como te lamo?…  y levanté la mirada para ver su expresión. ¡Cielos! que sucio es el amor. La Sandra que hizo eso, les juro no soy yo, estaba muy excitada, reaccionaba de manera distinta, en vez de avergonzarme de estar de rodillas lamiéndole la cola a mi amiga creo que ya como que lo disfrutaba.

Comenzó a desprender un delicado pero inolvidable olorcito,  se lo hacía bien,  por que Ale ya olía a mujer, ese aroma nunca se me ha hecho agradable ni en mí, pero en ese momento no importaba, solo quería devolverle el favor, y la seguí lamiendo como a un helado de fresa, cada vez era más agradable y trataba de pasar mi lengua por su hoyito que era la parte más húmeda donde se sentía ese especial saborcito, que olía tan raro, un rato después  la lengua se me cansó pero traté de no perder el ritmo que había conseguido para no aminorar el placer que me indicaba tener por sus gemiditos y su pie que arqueaba.  Increíblemente nunca había hecho un favor oral a un chavo y ya se lo había hecho a una chava hasta arrancarle casi un orgasmo, que por experiencia posterior se es algo difícil.

Contrario a lo que hubiera pensado no era lo desconocido de un cuerpo diferente lo que provocaba deseo y atracción, dos chavas desnudas y calientes éramos capaces de excitarnos a ese grado, solo la una con la otra.

No estaba satisfecha, necesitaba terminar ya,  y ella lo supo. Me  pidió que me recostara totalmente y se hincó en mi cara, que por cierto  me pareció algo vulgar, pero como adivinarás una vez más no me quejé, por que comprendí que era la única forma para hacernos cariño oral al mismo tiempo,  me costaba trabajo llegar a su hoyito, parte por mi inexperiencia y en parte por que lo que ella me hacía  no me lo permitía, y por eso le sugerí que  cambiáramos, su postura se me figuraba más cómoda, sin pensarlo se levantó y se recostó, esta vez yo me hinqué en su cara, primero me quedé sobre ella con la espalda erguida mientras ella me hacía un delicioso cunnilingus, y yo frotaba mi sexo contra su lengua, una extraña sensación me comenzó a subir desde allí hasta la cabeza, me dieron ganas de devolverle el favor, vi abajo la desatendida vagina de mi novia, arqueé mi cuerpo y le hice lo mismo que ella a mí,  por su parte hurgaba mi sexo sin ningún remordimiento, con ayuda de sus manos separaba mis pompas y abría mi vagina a más no poder, y además  me violaba con dos dedos.

La  puse tan mal que hasta intentó violarme también por donde no es correcto, y hasta eso era excitante  yo también estaba en otro mundo y casi lo permito pero cuando sentí la yema de su dedo intentando penetrarme el ano, me detuve y aparté su mano de ahí sutilmente, eso fue lo único que no le permití esa noche.  Volví y continuamos por un rato más, hasta que las dos nos agotamos por completo, quedé satisfecha y me tireé en la cama abatida. Ale subió por mi cuerpo, con besitos tiernos rodeó mis senos y los acarició con sus manos con ternura, se acostó junto a  mí, apoyando su cabeza en uno de sus brazos que a su vez apoyaba en la cama.

Sonrió, mirándome dulcemente a los ojos me dijo:

– Daría mi vida por ti, ¿sabías?

Nos dimos un beso en los labios. Casi le pregunté si yo había sido la primera en su vida, como ella en la mía pero desde el día que me insinuó que quería tener intimidad conmigo, me daba curiosidad si alguna vez  había hecho algo con Faby, e incluso se lo pregunté, pero ella no me dio una respuesta clara y cambió el tema las dos veces que se lo pregunté, después de ese día no lo volví a preguntar.

Eran ya como las 10, acordamos bañarnos, levantamos la ropa y medio nos vestimos, por si su mamá llegaba, cuando me iba poner los bóxers, Ale me sugirió un cambio, mis chones por los suyos de la suerte, que me confesó que  se los puso en las dos ocasiones que me pidió que fuéramos más que buenas amigas, obvio no acepté, Ale solo sonrió y agachó la mirada, nos metimos a bañar juntas, su cuerpo ahora no escondía ningún secreto para mi, ni viceversa, pensaba en lo que acababa de suceder, en la Sandra que ahora era, casi no hablamos nada, pero cuando nos mirábamos, nos daba un ataque de risa, Ale salió a vestirse primero, yo me quedé en la regadera relajándome un poco, cuando salí a secarme no hallé mis bóxers, volví a buscar y miré sobre la caja del escusado, unos bonitos calzones naranjados  de Garfield y Odie.

Mientras me los puse solo pude hacerme una pregunta:

Sandra, ¿Sigues siendo de fresa o ya te gusta la vainilla?

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla IV

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

De cómo jugamos en su cama – Me seduce y me desnuda

Cuando llegué a casa me acosté muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño. Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.

Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, y si me sentía húmeda de abajo, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como sería bailar con ella a oscuras? después no sería muy distinto de un sueño, ¿si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenía tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.

Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.

Otra  húmeda mañana de ese verano, ya hacía una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenía la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual: “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me paré y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.

Como era habitual, llegó con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llegó por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants Adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado el mes pasado. Esa mañana me gustó mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana juntas caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mamá ordenó pizzas para nosotros por que ella saldría, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mamá) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no tomar sopa y cosas así.

Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mamá no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella, (tenía escenas bastante explícitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenía cátsup en los labios, ella me tenía abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomó un pie, me sacó los calcetines olió mi pie y  bromeó que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos. Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡Ay nena! cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacía sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenía muy cerquita.

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a besarnos, y nos tiramos al sillón. Parecía un juego, quedé abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me tocó arriba y me puso peor. En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacía algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrochó el top por debajo de la playera y acarició mis senos muy suavemente, levantó mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujó el contorno de mis aureolas y con su boca coloreó mi pezón, con su saliva a besos delineó mi abdomen, desabrochó mi pantalón y bajó el cierre con una mano, he hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo del calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacía querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá  los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.

-Ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenía en la cara.

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,  mi futuro era incierto, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente. Las ideas locas me asaltaban la cabeza, hacían a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacía sentir.

Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos,  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubiqué como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, pero después, nunca supe que fue lo que fuimos.

Su recámara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quitó el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, algo me hacía sentir sexy, miraba abajo a Alejandra jugando con mis senos, que les juro en ese momento eran más grandes de lo normal, de pronto me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa, si bien muchas cosa no estaban en mi cabeza, como la sensatez, si me di cuenta de lo que pasaba, estaba en playera pero sin top, con pantalones pero con el cierre abajo y con una chava que no era “stright”, ahí no pasaría nada.

Me preguntaba fingiendo demencia – ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso. Me besó la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi trasero, tan rico también. Después deslizó su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior para  acariciar mis bellos, me acarició mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego lo hizo…  metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedó con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento.

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, realmente eran ambas cosas al mismo tiempo, lo que me hizo sentir tan amada, no hacía más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño del dedito que tenía dentro, ¡y oye! Que rico es eso. Se separó de mis labios y con una sonrisita me preguntó…

– ¿Se siente bien rico verdad?

Apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía solo para mi misma  por lo que  mi cuerpo experimentaba. ¡Sería tan embarazoso que me viera gritando de placer!

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, se sentía ligeramente áspero, vacilando mucho deslicé mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomó por la muñeca, se paró con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano más abajo, cuando sentí su área calentita y húmeda, por instinto la saqué rápidamente de su pantalón.

Ale separó su boca de la mía y con una sonrisa más, me dijo:

– ¡Vamos! Te juro que no te muerde, no pasa nada, como te diga tu corazón, tú sabes como, sin pena.

También me salió una risita por su tontería pero calle súbitamente cuando metí mi mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslicé muy despacio, como cuando buscas algo que no estás muy segura de querer encontrar, se lo hallé poquito antes de arrepentirme de nuevo,  le introduje mi dedo medio muy despacio, no quería  lastimarla. Si me preguntas por que le hacía lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella,  era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba más profunda, quizá por la posición de mi mano, que la tenía muy torcida, eso limitaba y cansaba, por eso, bajé mis jeans a mitad de los muslos, a continuación  bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera, tomó mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita.

–Juntas pelase, es más rico así- me dijo besándome al oído.

Ahora ya no me podía separar de ella, me estremecía, ahora sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, fuera  lo que fuere era la travesura  más deliciosa en la que había estado, y lo más rico que alguien me había hecho, elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como,  poseída y dominada. Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción. Tal vez las hormonas se me pusieron hasta arriba, me sentía como mareada y abochornada.

De pronto paró, sacó su dedo travieso, me abrazó fuerte, como emocionada y me besó con dulzura. Así que yo también aparté mi dedo de su cosita, se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpié en mi calzón que era lo único que me quedaba. Me puso las manos sobre la mejilla y me dijo: -No me la creo, nena, ¡que padre!, ¿te das cuenta estamos juntas?

Ni le conteste, no entendí muy bien a que se refería – se sentía bien pero no me emocionaba como a ella, además sentir su dedo húmedo en la cara no me hizo mucha gracia, pero tampoco le dije nada. Mis pantalones ya estaban en el suelo y ella seguía vestida así que le quite su playera, ella me ayudó levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados vellitos apenas perceptibles  que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quitó el bra.

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una calentura como aquella que se sentía esa tarde en esa habitación.  Se hinco y mirándome a los ojos, tomó mi ropa interior de los lados y con cara de picara preguntó:

-¿Puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejó en los tobillos, le ayudé levantando una pierna y luego la otra, primero solo sacó los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras, se incorporó despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofríos y me doblé por reflejo hacia atrás, quedó parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios.

Hacía algo de frío, hasta temblaba un poco,  por instinto me abrazaba yo solita e intentaba tapar mis senos con los brazos, y miraba descontrolada lo que ella hacía,  se encorvó para bajarse los pantalones y los dejó en el piso, luego apartó su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los terminó de quitar con sus piernas y quedó parada encima como vino al mundo.  Me susurro al oído…

-Tranquila nena, ¡te quiero mucho! Yo voy a cuidar mucho de ti, o las dos coludas o las dos rabonas.

Si has estado en algo así me entenderás: es increíble lo que unas palabras como estas te hacen sentir en momentos como este, en el que solo sientes inseguridad, me empezaba a sentir mejor, hasta creo que dejé de temblar de miedo o de frío. Me puse en cuclillas y le quité sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir. Aunque ya la había visto sin ropa, esa vez, la vi distinta, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostró los senos más hermosos y el pubis afeitado más tierno de este mundo.

Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella. Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, a indagar en el,  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también, que sabores escondía, quise descubrir cada una de las sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemplé enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedó suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Lo recuerdo tan nítido, que estará así, por siempre.

Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, ya no me engañaría más, era ahí, de entre todos lo lugares del mundo en el que hubiera preferido estar, de  haber tenido oportunidad de escoger. Di un pequeño paso al frente y la abracé, tuve necesidad de ocultar por un momento mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, y así oculté la desnudez su vista, ahora era su cuerpo el que percibía esa situación,  y  mi corazón  le confesó el desnudo emocional que sentí que era aun más despojado, con esos violentos golpes que daba dentro de mi pecho.

Es que en ese momento, no tenía nada, no sabía nada, sentí la mayor inseguridad de mi vida, ¿debería quedarme así abrazándola hasta que la noche cayera sobre nosotras? ¿Deberíamos seguir besándonos? ¿O acariciarle su torso totalmente desnudo? ¿o era ahí donde acababa la aventura?  Nos vestíamos e íbamos a la sala a jugar Xbox. Sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquilidad y confianza en ella.

No sé como consentí todo esto, de hecho muchas veces me he arrepentido de lo que pasó esa tarde con ella, me culpo por no haberla frenado a tiempo, pero si de consuelo me sirve,

Estar desnudas abrazadas  se tornó en algo muy pero muy  erótico, creo que ni siquiera ella supo que se suponía debía hacer, por eso nos besamos tiernamente  por un rato, nunca me había sentido tan cautivada, en su saliva había un sabor podría decirse “enviciarte”, no quería dejar de besarla, y quise que sucediera más,  me atreví a poner mi lengua en su boca para sentir la suya en la mía, me puso la piel áspera, los vellos de todo el cuerpo se me erizaron y poco a poco se empezó a ponerme húmedo ahí, y algo en el ambiente me hacía intuir que a Ale la pasaba lo mismo.

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla III

La humedad de sus labios en los míos, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

El destino sigue su curso.

A partir de eso los besos se hicieron más frecuentes en las siguientes semanas, buscábamos estar a solas para besarnos cada vez con más pasión, en ocasiones entrabamos juntas en los sanitarios del colegio, cuando veíamos que estábamos solas nos dábamos besos largos y húmedos. Recargadas en la puerta, para que ninguna niña entrara.

Siempre que estábamos en una situación así sentía unas cosquillitas en la panza que nunca supe identificar si eran de nervios o si sentía alguna atracción hacia ella, pero creo que esa sensación de estar haciendo una travesura les daba un toque mágico a nuestros besitos.

La relación parecía haber llegado a su madurez pero aun nos faltaba, por hacer algo, y a ti saber algo. A finales de mayo estábamos por terminar cursos de la escuela y la directora ya nos traía entre ojos para los cursos, de regularización para mi y unos cursos para ayudar a que ale entrara a la uní, pero a Ale su desarrollo académico le tenía sin ningún cuidado y tubo una brillante idea para quedar bien con la vieja y librarnos de sus clases de verano

Las tres chicas y yo apoyamos a la directora para los preparativos de la graduación de la generación de Ale, nuestra labor consistía en conseguir los arreglos necesarios para la ceremonia en el auditorio. Aunque todos sabían que Ale era puro desmadre, sus padres tenían una buena relación con la directora por su posición social, y por este motivo le confió las llaves de la bodega del auditorio. En el solo había algunos arreglos de ceremonias pasadas, sillas rotas y un montón de trebejos olvidados y polvosos.

Desde el primer día nos encargamos de darle un uso a nuestro favor a ese olvidado cuarto. Al no tener un lugar lo suficiente privado para hacer de las nuestras, era el lugar ideal para que nadie nos viera de lesbianas, así que con el pretexto de hacer inventarios nos encerrábamos a solas en la bodega, nuestra energía sexual de adolecentes  reprimida y la privacidad que había nos hacía ir cada vez más lejos.

En uno de estos “inventarios” nos besamos y me calenté hasta el punto de dejar que me quitara la playera y tocara mis senos cosa que no creí que alguna vez permitiría, esos besos tienen una sutil línea que los divide del escarceo sexual, que no es más distante cuando estas con una chava he, una vez que te dejas llevar, la calentura no te permite parar.  Me besó en mi abdomen desnudo me recargó en la pared y besó todo mi torso, se puso bien loca y se daba gusto con mi cuerpo, después se puso de pie y trató de desabrocharme el pantalón pero yo no le permití y le aparté la mano del botón, así que volvió a ocuparse de mis bubis, realmente tampoco deseaba que hiciera eso, pero algo no me dejó frenarla, por el contrario empecé a acariciar las suyas, eso no me excitaba ni nada, lo hacía por reflejo a lo que ella me hacía y por que mis manos en esos momentos deseaban tocar algo y sus nenas era lo más cercano a mí, además de tener una textura agradable; no sabía ni que onda, de hecho su cuerpo en si no me provocaba la menor atracción en esos días, pero ahí algo que si es cierto; estar en esa situación era emocionante, tal vez por que a mi edad nunca antes había hecho eso con nadie.

Después de estar así un rato masajeando los senos la una a la otra la temperatura subió en el almacén y empecé a hacer ruiditos, se aprovechó de eso y volvió a intentar tocarme abajo, solo que esta vez no encontró ningún impedimento por mi parte, de hecho cuando me comenzó a tocar sobre el pantalón le ayudé separando un poco mis piernas para que pudiera desplazar con facilidad la mano, les diré que me llevó a tal extremo que al ver que le costaba trabajo desabrocharme el pantalón lo desabroché yo misma y bajé el cierre,  afortunadamente para mí y desafortunadamente para ella escuchamos pasos aproximarse, me puse mi playera rápidamente y acomodé mis pantalones, los pasos se siguieron de largo, eso me puso un susto de los de a deveras

Ale me tomó para regresar a lo que estábamos, pero el susto hizo que se me apagara el fuego y reflexionar de lo que estuve a punto de permitir. La verdad no estaba preparada para esa situación con ella, agradecía que no hubiera pasado a mayores, me intentó besar pero yo le pedí que nos fuéramos, en el camino a casa me la pasé callada, lloviznaba, y las dos caminamos cabizbajas, al llegar me despedí de un beso en la mejilla y entré a casa.

En cierto modo estaba arrepentida y enojada conmigo misma, por haber permitido aquello, eso no era correcto ni con un chavo, a lo mejor nos podíamos besar, hacía mucho tiempo que no lo hacía, necesitaba una válvula de escape para mis hormonas y hacerlo con una chava era divertido de alguna manera, era como una travesura, a la que tenía derecho a experimentar por mi edad, pero tener un faje era demasiado. Cómo iba a permitir que una amiga me tocara en mi parte, que yo le tenía tanto respeto? mi amiga no debería quitar mi virginidad con su dedo solo por estar caliente un rato,  por supuesto que no!

Al otro día hablé con ella para explique cómo me sentía por lo que había pasado, ella me pidió una disculpa y me dijo que no había sido su intención hacerme sentir mal y me prometió que nunca haría algo que no deseara.

Una semana pasó, y yo ya no estaba cómoda con ella. Una tarde después de clases tuvimos que asistir en la tarde al colegio por que resultó que el intendente de la escuela accidentalmente había tirado a la basura parte de los listones y las mantas que habíamos cortado, Así que la directora ordenó que “el grupito Ale”, (como nos conocían en la escuela) se reportara en el almacén en la tarde; después de hacer una lista de lo que faltaba, Andrea y Faby se fueron y nos dejaron encerradas “accidentalmente” en el almacén, en el momento en que ale me dijo que las llaves las había dejado en su casa, el corazón comenzó a latirme a prisa y las manos me sudaron en frio, estaba otra vez a solas con una chava que no sabía desaprovechar esas oportunidades.

Le sugerí que marcara a su mamá para que le trajera la llave y nos sacara de ahí, los siguientes 45min en lo que las laves llegaron, ale se comportó como una dama, no sentamos en el suelo y me ofreció su sudadera, afuera se oía que caía un diluvio y el almacén estaba helado, acepte por que titilaba de frio  y nos abrazamos para retener calor.

Me platicó muchas cosas que no sabía de ella, su padre se había ido con otra mujer cuando ella tenía 13, había tenido un novio hace tres años con el que se había clavado mucho y  después la dejó sin más ni menos, la pasó mal en los siguientes meses, hasta que una chica se portó muy bien y la ayudó a salir de su depre, después de un tiempo “se volvieron más que amigas” y con ella descubrió que las niñas le gustaban más que los hombres, tuvo una relación con ella de año y medio, que por cierto yo conocía, se  llamaba Fabiana precisamente. Después tuvo un par de novias más, pero nada serio, además me confesó que nunca había sentido algo como lo que sentía por mi, con nadie más.

Eso me dejó muy sorprendida, sentí que me tenía confianza y por otro lado no intentó ni siquiera besarme, ella me entendió totalmente, cuando llegué a casa me sentí más unida a ella. Las vacaciones llegaron,  Ale era un oasis en mi vida, todo era diversión y tomar todo con calma. Pronto los besos en la boca regresaron no así los contactos que yo consideraba inapropiados y ale lo aceptaba bien.

Con motivo de su cumple y de su graduación, la mamá de Alejandra y yo le organizamos una fiesta sorpresa en su casa, invitamos a unos cuantos compañeros de la escuela y estuvo padre, hubo alcohol y mucho relajo, pero terminó pronto, como a eso de las 11. Mientras le ayudaba a levantar el tiradero que se había quedado, nos dimos cuenta que estábamos desperdiciando valioso tiempo, y nos fuimos a la cocina a besarnos bien rico. Al poco tiempo, oímos la puerta, me dio un último besito y me hizo unas preguntas muy extrañas…

-Sandra, ¿me quieres mucho? -¿Llegarías a más conmigo?

No pude preguntarle de a que iba esa pregunta, por que Karen (su mamá)  entró a saludarnos y nos hicimos las disimuladas, pero estaba casi segura de haber entendido y eso  estuvo rezumbando en mi cabeza los siguientes días.

Como  era su pareja, por así decirlo, fui su invitada a su cena de graduación, eso era tan extraño, por supuesto no quería ir y le puse mil escusas;

-Mis papás no me dejarán…-Mi mamá los convence…-No tengo para el boleto…-Yo te lo invito… -No tengo vestido…-Te prestaré  uno bonito…

Total que cuando las escusas se me acabaron, no me quedó otra y acepté.

Estuvo a todo lujo,  me prestó un vestido color lila precioso, y ese día, la vi como nunca, en un elegante vestido negro que contrastaba con su tono de piel pero hacía juego con su cabello, tacones altos que presumían sus largas piernas, peinado de salón y maquillada, se veía muy bien, era la chava más guapa de toda la fiesta, aún que cuando se lo comenté a Andrea no estuvo de acuerdo y dio su voto a Faby, pero la verdad es que Alejandra atrajo todas las miradas esa noche y aunque ella  lo sabía, no hizo caso a nadie. Cenamos, bebimos un poco y bailamos para echar relajo con nuestras amigas y unos compañeros, cuando pusieron las baladas, tres chavos le pidieron a Ale que bailara con ellos, y a todos rechazó, Fabiana y Andrea, se pararon a bailar como pareja, y no disimularon nada, que era lo que yo no quería y por eso le dije a ale que prefería no bailar.

Al rato Julio se acercó y me pidió que lo acompañara en dos canciones, la primera lo rechacé pero la segunda  me animé a bailar con él, sabes si fue algo extraño, las copas que traía encima, me hicieron confundirme y sentirme bien con él, creí que era ahí donde pertenecía, mientras danzamos me di cuenta que Julio disfrutaba  tener la mirada fija de Ale en nosotros y se esforzaba en no perderla, me hacía comentarios en el oído y debo admitir que eran graciosos por eso me reía con él, a la siguiente canción las luces cambiaron y todos en la pista se abrazaron para bailar, incluso Faby y Andrea, las que tampoco nos perdían de vista, bailaron muy acarameladas. Yo también abracé a julio, cuando volteé a donde Ale, me pareció enojada, pero yo creí que no tenía motivo para enojarse conmigo, y no hice caso.

Además la loción de Julio y la firmeza con la que dirigía nuestros pasos me hacían pasar un rato bien, así que cerré los ojos y me dejé llevar, alguien tocó mi espalda por atrás e interrumpió lo que pensaba, al voltear a ver quien era el inoportuno, se trataba de Faby que señalaba hacia donde se supone estaba sentada Ale,  no estaba ahí ni su bolso ni su abrigo, la busqué y la pude ver aproximarse con paso decidido a la salida, sin pensarlo solté mi pareja y corrí por mis cosas a la mesa y después a ella, la tomé por un brazo para detenerla, ella se soltó y dijo gritándome:

-Que, poca tienes Sandra – sin mirarme a los ojos-Por que ella lloraba.

Por un momento no supe lo que debería hacer, pero después fue claro no podía dejarla irse así, pegué otra carrera para ir por ella, ya estaba en la calle.
Siguiendo su paso apresurado, le pregunté:

– ¿A dónde vas Alejandra? -No te importa ¿o si? -Es muy noche para caminar por aquí…

Ella volteó y me dijo enojada como nunca la había visto – Regrésate a bailar con el pendejo ese y déjame en paz.

No supe que responderle y solo la seguí esperando a saber que decirle.

-Ale no me hagas esto, déjame explicarte. -¿Qué? ¿ te gusta? -No, ya,  detente vamos al salón y tranquilízate -No quiero saber nada de ti.

La tomé de nuevo y le dije, tú eres la que me gustas.

Se detuvo  y me dijo, – Déjame sola. – Te lo juro- la abracé con mucho cariño…

Primero puso resistencia, después no solo se dejó sino que también me abrazó sin dejar de llorar, la sentí tan frágil, sus delgada espalda que no dejaba de brincar por el llanto y sus tiernos sollozos de niña me partieron el corazón, yo lo había provocado. Me llevó un rato tranquilizarla, pero lo logré, con cariños y besos, y expresándolo mi cariño que le tenía, se convenció de regresar a la fiesta.

Nos metimos al baño y se enjuagó la cara, cuando salió la única niña que había dentro, puse el pasador del baño y la besé, para demostrarle lo que le había dicho, me besó con mucho amor, ambas no sobresaltamos un poco, ella me tomó por la cintura y yo puse mis manos sobre sus hombros, me sentí muy confortada de verla contenta de nuevo, con la humedad de sus labios en los míos, que se chupaban con tanta familiaridad, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

Fuimos a platicar a la terraza posterior del salón, donde apenas había dos parejas más, estuvimos mirando la bonita vista que proporcionaba el lugar, platicamos de muchas cosas, especialmente de lo que sentíamos la una por la otra y me dijo por primera vez que me amaba y que nunca había sentido algo así por nadie, yo le contesté algo parecido, aunque no estaba muy segura de ello, la fiesta seguía, el conjunto paró de tocar y llegaron los mariachis, pero nosotros la estábamos pasando bien a solas, cuando su mamá le avisó por teléfono que nos esperaba afuera para llevarme a casa, nos dimos un beso en la boca más, con el riesgo que alguno de los pocos que quedaban dentro, nos mirara, pero nada nos importaba

Fuimos por las otras dos que estaban sentadas a una mesa cansadas de divertirse , Andrea  dormitaba en el hombro de Faby, su mamá nos repartió en nuestras casas, a ellas las dejamos en casa de Andrea, donde, según Ale, no había nadie pues sus padres habían salido de viaje y aprovecharían para tener su primera vez.

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla II

Nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias.

Nos hicimos más que amigas

Una tarde a principios de febrero después del colegio pasó algo que no me esperaba, Ale me acompañó a casa y antes de despedirse sacó una pequeña flor de papel de su mochila y me echó un largo e ininteligible rollo, que nunca logré recordar claramente, que en esencia dijo:

-“Eres una chava súper, me agradas desde que entraste al colegio”. Dame chance de conocerte más, claro que no le entendí a que se refería. Entonces me explicó que no le agradaba que más bien le gustaba mucho pero no como amiga, como chava. Me dio risa por que creí que bromeaba y le dije en broma – no somos lesbianas.

Ella río también y me contestó, en serio, Sandra, que tal que lo intentamos, tú y yo somos como almas gemelas, no deberíamos ser solo amigas “es un desperdicio”, (esa última frase es creo lo único que recuerdo de manera textual), vamos, ¿que tiene de malo? Entonces tuve una reacción parecido a: ¿Qué?  ¿Había entendido bien?, ¿mi mejor amiga me estaba llegando? ¿Como que, qué desperdicio?

– No te entiendo Ale. Le contesté con nervios y con esperanza de haberla malinterpretado. -Quiero que seamos más  que amigas, ¿me entiendes? Dijo sonriendo.

Me quedé callada, apreté los labios sin saber que responder, agaché la mirada, no la entendía, o  tal vez no quería, no sabía en donde esconderme, si cuando un chavo me llegaba me ponía bien nerviosa, imagínate ahora que se trataba de mi mejor amiga. Una vez que me di cuenta que si iba en serio, cuidando mis palabras para no herir sus sentimientos le contesté con otro choro, solo que yo al contrario de ella estaba nerviosísima.

– Yo creo estás confundiendo, también te quiero mucho Ale, pero no así, no por que Andy y Faby salgan, nosotros debemos hacer lo mismo, es más yo nunca he salido con otra chava, es que yo no soy así. – Estoy segura de lo que siento por ti Sandra…

Me despedí con el común beso en la mejilla y no la invité a pasar como era lo común. Una vez que puse un pie, en casa, dejeé caer mi mochila, me senté en la sala sin dar crédito a lo que había escuchado. La verdad me espantó, sin querer a la mente me vino aquellos días en la regadera juntas, las noches que dormíamos en la misma cama o las nalgadas que nos pegábamos de “broma”  y le maquiné un rencor tal vez injusto, por no haberme contado que era les antes,  todo lo que habíamos compartido. La cabeza me daba vueltas;  o sea que ¿me dirigió la palabra en los cursos para ligarme como cuando un niño quiere conocer una niña?

Ahora muchas cosas las pude entender. Me preguntaba tratando de darle sentido a la situación que parecía no ser real, me paré y me fui a cambiar la playera que era de Alejandra, ahora me daba asco, y todo la tarde y los siguientes días fueron extraños. Me descontrolé por completo, dejé de estar en contacto con las tres “lesbianas” como yo ya les llamaba para mi misma, de las tres no hacía una y me empecé a juntar con otras niñas.

Ale parecía ser la misma conmigo, no evitaba mi mirada, aun que yo si, me invitaba a salir por teléfono y yo buscaba mil pretextos, me buscaba en los recesos pero yo me refugiaba con mis “nuevas amigas”, me sentía otra vez de la patada, sola como perro, las tardes solo hacía tareas y me la pasaba encerrada con Karlita mi hermana que ya no sabía como molestarme.  Me preguntaba burlonamente  ¿tronaste con tus novias?. Me incomodaba tanto ese comentario, por los tintes de verdad que eso tenían, y  me alegraba de que no supiera lo que había pasado. Andrea me aconsejaba que le diera una chance, que lo intentara, pero dejo de hacerlo cuando notó que no me gustaba hablar del tema y también la evitaba a ella, en clase ya no me sentaba junto a ella.

Ya se que es un relato erótico, y no novela pero aquí viene lo emocionante.

Ale no se dio por vencida y evitó que mi actitud ante ella nos distanciara. Un día trataba de evadirla después de la clase de educación física que tomábamos juntas,  pero ella me tomo con suavidad de un brazo y me dijo:

-Tenemos que hablar  Sandra. –Si, dime – le dije haciéndome la desentendida. -Sabes algo, no podemos terminar nuestra amistad, en las tardes echo de menos tu compañía, te volviste una hermana y…bueno…si tú no quieres, bueno…tal vez solo como amigas, yo lo entiendo, pero no me trates como si no me conocieras, la verdad me duele mucho que seas así conmigo.

Que quería decir exactamente?  “Tal vez solo como amigas”  a tu hermana no le dices que sea tu novia.  Me desarmó por completo, hoy si parecía nerviosa, y hasta parecía que lloraría. Yo pensé que ya nunca le dirigiría la palabra, y lo que le respondí ni siquiera lo pensé solo se lo dije, con el otro extremo de la mezcla de sentimiento que me estaba matando, como si mi corazón en vez de mi cerebro, pusiera las palabras en mi boca

-Si yo también, ni siquiera me caen las otras niñas, no son tan divertidas como tú.

Ella sonrió y preguntó -¿amigas? con una voz tierna que era imposible decir no. Así que acepté y pasamos el resto del receso juntas, me di cuenta que era una persona bien padre, con la que no quería dejar de llevarme, era muy interesante, nunca me aburría con ella y otra cosa me podía mucho. Yo me mostraba rara con ella, sin en cambio ella parecía poner todo de su parte para restaurar la amistad y como me caía súper bien, lo logró pronto, y seguimos la amistad como había sido hasta antes del día que se le ocurrió llegarme.

Un mes después comenzó a insinuárseme de nuevo, y ya no sabia que hacer, ya pensaba darle chance, para no pasarla mal de nuevo. Necesitaba hablarlo con alguien pero no sabía con quien, ¡necesitaba ver a una niña hetero! ya me daba miedo estarme pasando al otro bando. Mamá tenía la solución por puro instinto maternal, desde hace algunas semanas me insistía que invitara a Jenny a pasar unos días con nosotros, no se cansaba de decirme: “Jenny que si es una niña decente ya ni te acuerdas”. Ese mismo fin por el Messenger la invité y a ella le encantó la idea. Como tenía un rato que no nos veíamos, la pasamos padre, fuimos al cine a la gran plaza para no encontrarme a Ale en galerías, donde siempre estaba. Con mucho tacto, antes de dormir, y con el pretexto de las chavas que se estaban besando en el cine delante de nosotras, le comenté que aquí las relaciones entre chavas era más común que en la capital, y le pregunté su opinión y que si probaría alguna vez andar con una chava…

Con aires de sabiduría se tomó unos momentos para contestar- mira, es normal que algunas chavas les gustaran las chavas, también hay chavos así, yo no  tengo nada en contra de eso, en cuanto a lo otro, no creo que se malo probar un poquito, de chile y de dulce- y me confesó que apenas se había besado con Elena, una chava que conocimos en la secu, me dejó bien claro que no era les, pero que se dieron las cosas en una fiesta y que le había dado curiosidad, de que se sentía a una chava.

– Y, ¿como es? le pregunté, con curiosidad y morbo reprimido. – Sabes no es muy distinto a besar a un chavo pero sentí mucha cosquillitas en la panza. Sabes, fue algo  divertido.

Antes de voltearse para pegar la pestaña, me dijo jugando – a ti no te voy besar por que eres re persignada y somos amigas. Nos reímos de su tontería un rato y después dormimos. Al otro día, después del desayuno Jenny se fue y yo me quede pensando en la curiosidad y la aventura que me habló. Por otro lado estaba todo lo que me habían inculcado acerca de que “a las niñas le gustan los niños” y por otro las ganas que sentía de vivir algo distinto, que pasaría si lo probara?. Cuando veía lo bien que se entendían las otras dos, como se llevaban. se veía algo padre y la verdad hasta me daba un poquito de morbo de lo que seria besar a alguien de mi sexo. Ahora que lo pensaba, tener una relación con una chava no era algo del otro mundo, total si no funcionaba no pasaría nada.

Un día de marzo cedí ante su perseverancia  y le propuse intentar ser su novia unos días, con la condición de que me considerara y que diéramos tiempo a que las cosas pasaran poco a poco, a y que solo quedara entre ella y yo, ni siquiera lo platicaríamos con Fabiana y Andrea. Ale aceptó gustosa sin ninguna objeción.

Y empezamos, al principio parecía ser una relación de juego y pasajera, seguíamos siendo amigas y tal vez ya no como antes, ya no dormíamos juntas, no nos bañábamos juntas en el club y hacia lo posible por que ya no me viera ni en calzones cuando nos cambiábamos para la clase de deporte, yo ingenuamente quería que continuara así pero ella no parecía opinar igual, se mostraba muy interesada y clavada conmigo.

Pasábamos más tiempo juntas que antes y era muy divertido, era mas  linda de lo que ya era, si teníamos un peso lo compartíamos y si había mas  lo compartíamos igual, el cine, los frapes, los helados, a comer, y luego me llevaba a casa en autobús o en el auto de su mamá cuando se lo prestaba. Pero sobre todo, me escuchaba, me apoyaba en todo y siempre tenía tiempo para mí. Tenía muchos detalles para conmigo casi todos los días me llevaba a la escuela una paleta o un snickers y también me hacia cartitas, aunque casi eran de amigas, a veces tenían cositas que me sacaban de onda así como: “eres mi vida” “me encantas desde que te vi por primera vez”, no me caía bien el veinte de lo que ya éramos, eso era algo medio tonto de mi parte, por que si asíamos cosas como de novias.

En las tardes caminábamos unas calles hasta un parque, nos tirábamos en el pasto, me recostaba en mi mochila y ella se acostaba en mi abdomen, pasábamos horas platicando, mirando las nubes, observando lo que hacían las pocas personas que pasaban por ahí, riéndonos de cualquier cosa, a veces ni llegábamos a comer a nuestras casas, prefería mil veces estar en el parque con ale, que en mi casa peleando y discutiendo por todo.

Así nos empezamos a involucrar sentimentalmente y a encariñarnos “de otra manera” la una con la otra. Una tarde después de haber visto “The secret window”  me fue a dejar en el auto de su mamá a mi casa,  en el camino fue normal, nos reíamos por que “nos hacíamos enojar” yo le decía que me había gustado Johnny Depp y ella decía que le gustaba la chava del poster de la película de Harry Potter. Pero al despedirnos esa tarde nos dimos nuestro primer beso de novias, aunque solo duró unos 3 o 5 segundos, sentí una emoción que nunca antes había sentido, me puse nerviosa.  Le dije adiós, me salí del auto, de prisa abrí la puerta, le hice una seña de adiós y cerré la puerta. Cuando entré mamá estaba en el comedor, me saludó y me preguntó:

-¿Que tal la pasaste con tu verry  bestfriend, hija? (Mamá no aceptaba del todo a Alejandra se le hacía una mala influencia y por eso se burlaba)

Yo que lo que menos quería era sentarme a platicar con mamá, estaba muy nerviosa la cara la tenía caliente de nervios, solo me apresuré a contestar:

-Bien ma,  y subí de prisa a mi cuarto, tenía ganas de estar a solas y pensar en lo que había pasado, estaba bien? o el juego se salía de control?

Esa noche no pude conciliar el sueño, solo pensé, en nosotras, me sentía algo parecido a “enamorada”. Como a las 12 am, recibí un mensaje de ale que me terminó de alegrarme la noche

“Te quiero mucho niña, see you tomorrow”

El segundo fue en una fiesta de su primo, las dos terminamos medio mareadas, cuando Alan  se dio cuenta, nos ofreció su cuarto para que nadie se pasara con nosotras, esa noche fue Ale quien se aprovechó de nuestra situación.

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla I

Le encantaba la aventura, se robaba pequeñas cosas de los almacenes, cosas pequeñas, como esas pastillas que venden en las cajas de las tiendas departamentales, incluso una vez se sacó una playera sin pagarla de un Liverpool, no por que no pudiera pagarla, sino por diversión, de hecho me la regaló al otro día por que me había gustado mucho, para ella todo era un juego.

Así comenzó todo

Quizá esta historia íntima nos pertenece solo a mí y a ella, tal vez no la debería compartir con nadie, pero de alguna manera siempre me ha inquietado platicarlo con alguien, pero no puedo por obvios motivos, sería desastroso. He estado a punto de contárselo a mis amigas e incluso a mi prima mi prima, pero gracias a dios aun no me he atrevido. Supongo que eres la persona correcta, que aunque algún día me veas por ahí, en alguna plaza del df por ejemplo, ni siquiera te imaginaras que sabes mi más intimo secreto.  Originalmente lo escribí para mi, para poner en orden algunas cosas en mi cabeza, y tal vez lo debí conservar así, en un archivo oculto en mi compu,  pero en fin aquí lo tienes, para que puedes asomarte por una ventana a lo más secreto que tengo, y observarme una día a solas con mi mejor amiga, desnudas haciéndolo, o por que no, sentir  Alejandra y seducir a una chava o  ponerte en piel de Sandra y hacer cosas locas solo por dejarte llevar por tus emociones.

Pude haberlo resumido a la parte en que tuve relaciones con ella, pero esa no es la verdad, no me acosté con Alejandra, no solo eso. Si solo narrara eso, no tendrías idea, mi historia solo una niña la puede entender, no es como los demás relatos donde lo padre es lo vulgar y exagerado, que algunos se imaginan, es una relación entre chavas, ¿y creen eso excitante? Te voy a contar como una niña hetero terminó en el cuarto de su amiga cerrado con seguro y a oscuras.

El destino es consecuencia de decisiones, unas veces tan fáciles como elegir un helado y otras no tanto, que no siempre tomas conscientemente, de hecho gran parte de tu realidad la escogen otras personas y tu voluntad poco o nada importa.

Soy de la Ciudad de México allí nací y viví mis primeros años, tuve una infancia se puede decir “normal”, educación tradicional de clase media,  siempre hice lo que las niñas hacen, tenía muchas amigas y amigos también.

Mi mejor amiga era sin duda Jenny, mi vecina, éramos como macarrones y queso, siempre juntas y felices, teníamos nuestras altas y bajas, nos enojábamos y nos dejábamos de hablar, pero no podíamos vivir una sin la otra, nos conocíamos desde el kínder, entre nosotras no había secretos, ella era muy bonita y por esa razón muchos chicos del colegio la asediaban y le gustaba cambiar de novio como a sus calzones (como dice mi mamá), por eso a veces no tenia tiempo para mi. Pero cuando le conté que  mi papá había decidido tomar la plaza que  le habían ofrecido en otra ciudad, empezamos a pasar todo los días juntas,  saber que eran nuestros últimos días juntas nos ponía algo nostálgicas, pero hacía que disfrutáramos al máximo cada día. Pensaba que no encontraría en Guadalajara alguien tan padre como ella, por esa razón  se me dificultó cambiar de ciudad, también tenía novio, que no era tan en serio pero sabía que lo extrañaría.

Además extrañaría a mis primas, que a pesar de que eran menores que yo, siempre las he querido mucho y me caían súper. Sin otra opción en verano de 2003, una vez hubieron terminaron las clases nos mudamos y dejé atrás aquella época de mi vida.

De cómo nos conocimos

Al principio en Guadalajara me sentía bien sola y deprimida, melancólica, extrañando México; mis padres cada día se llevaban peor, y ya no nos soportábamos mi odiosa hermana mayor y yo. A la familia le cayó mal el cambio y así trascurrieron los peores días de mi adolescencia. Pronto comenzaron los cursos de final de semestre de mi nueva escuela, a los que la directora tuvo a bien convencer a mis padres a inscribirme para que me familiarizara con mi nueva escuela, y con el método que llevaban ahí, como si mis broncas no fueran suficientes, ahora también tendría trabajos y  tareas. Por más que hice berrinche, mis papás me obligaron a ir al pinche curso.

En la escuela era aun peor que en casa, me sentía como bicho raro, en especial por que había un grupo de 3 chicas que se aconsejaban al oído mientras me miraban,  a veces sentía que solo se reían de mi, ya me caían de la patada, me hacían sentirme insegura. Dos semanas después de haber comenzado el curso, Alejandra la que parecía la líder del grupo se acercó en un descanso y me hizo plática; cosas x, tú sabes:

¿Como te llamas?, ¿cuantos años tienes?,  ¿De que colegio vienes?, y cosas así.

Me dijo que ella tenía 19,  ya debería haber salido de prepa pero perdió un año por floja y burra, me platico que la directora tenía algo en su contra a pesar de que sus padres se llevaban bien con ella, me presentó a las otras dos chavas, Fabiana y Andrea, y me invitó a salir con ellas el próximo fin.

El siguiente sábado, salimos a plaza galerías y estuvo bastante chido, no eran unas perras como había pensado, me jalaron a su grupo y en menos de un mes ya éramos súper friends, con ellas el tiempo se pasaba volando, me sentía incluso más a gusto que con mis amigas del df.

Eran muy lindas conmigo, hacíamos de todo juntas, tú sabes; íbamos al cine,  pasábamos las tardes de los jueves en un centro comercial, íbamos al club deportivo, nos reuníamos en la casa de alguna para ver películas o jugábamos con el Xbox de ale, también salíamos de vez en cuando a fiestas en las noches, a Faby y Ale como eran ya mayores les encantaba y como conocían a medio mundo nos pasaban a Andrea y a mi.

El verano  terminó, Andrea y yo entramos a segundo de preparatoria, Ale y Fabiana a tercero, pero en los recesos y al final de clases siempre estábamos las 4.

Al comenzar el curso conocí a Julio que era un niño muy lindo, todos pensaban que quería conmigo, pero a mis nuevas amigas no les caía “por que lo conocían” decían que era un loser y un naco, le hacían muchas groserías, por ejemplo; si estaba con él, Alejandra lo interrumpía y me invitaba a la café con ellas, y a él ni le hacia caso, o cuando  Julio me invitaba a salir el fin, les encantaba ponerme entre la espada y la pared, a que escogiera entre ellas o él, esas payasadas no me agradaban, se me figuraban inmaduras pero aun así, siempre les seguí el juego y me iba con ellas, no me quejo por que era bien padre. De echo me terminaron de convencer que Julio no me convenía por teto.

Ellas eran extrañas, y medio lo notaba pero no estaba segura. Fabiana y Andrea eran muy confianzudas entre ellas, además nunca hablábamos de niños como es normal, cuando yo comentaba de alguien que se me hacía atractivo, nadie se interesaba en seguir la conversación,  a pesar de que donde fuéramos  siempre nos volteaban a mirar niños bastante bien, especialmente a Ale y Faby que eran muy populares y realmente muy bonitas, delgaditas y como de 1.65 cm más o menos, Fabiana güerita y muy finas facciones, Ale de pelo lacio y negro, de ojos verdes y una personalidad que hacía notarse siempre, de lo demás te diré que estaban también bien.

Parecían no hacerle caso a ningún niño, ni de la escuela ni en las plazas que visitábamos, primero creí que no lo notaban, pero después observé que no hacían más que ignorarles, tal vez por hacerse las interesantes.

Eran buenos tiempos y así llegaron las vacaciones, casi no había día que no nos viéramos, no las pasmos súper, por las fiestas de navidad, mi cumple que me lo celebraron en grande y todo ese mes sin clases

Nos hicimos muy amigas

Después de las vacaciones de invierno. Algunas cosas cambiaron desde que me confiaron el secreto de que Fabiana y Andrea eran “girlfrieds”, Ale ya lo sabía pero no me lo habían dicho para no  frikearme, realmente no tuve objeción alguna, no me afectaba, era cosa de ellas, seguimos saliendo juntas pero ahora, preferían andar ellas por su lado de la mano, abrazándose y cosas así.

Empezó a haber más química con Ale, todo el tiempo estábamos pegadas como chicle, la confianza era “total”, pasábamos toda la tarde juntas y a veces dormíamos juntas en la casa de cualquiera de las dos, sabíamos “casi” todos nuestros secretos.

Su color favorito era el anaranjado,  le gustaban las películas de terror, le fascinaba los helados de vainilla y las galletas finas, odiaba la carne de puerco, se ponía el mismo pantalón sin lavarlo hasta tres veces, dormía sin ropa interior,  y ya había tenido su first time, y se depilaba allí por que odiaba sus vellitos.

Ella sabía de mi que me gustaba el azul, que nunca comía atún, mi debilidad era el helado de fresa, y además de Jenny era la única persona que sabía lo de un incidente con un primo medio lejano, nos besamos en una fiesta disque para saber que se sentía, y también sabía que aun era virgen.

Platicábamos de todo, no había pena para tocar ningún tema, yo le preguntaba mucho de su experiencia, de cuando había estado con un chavo, yo sentía mucha curiosidad, aun que ella le era indiferente, decía que me emocionaba de más, “que no era la gran cosa” Nos entendíamos padre, juntas comprábamos todo hasta  ropa. Comíamos helado en el centro de la ciudad mientras nos burlábamos de los frikies que pasaban, en fin con cualquier cosa la pasábamos bien.

Hasta nos llevábamos medio pesado a veces nos empujábamos, nos ofendíamos en juego, tú sabes cosas como “bitch, estúpida o perra”, nos aventábamos agua en la cara cuando su mama nos hacia lavar los trastes y hasta  a veces cuando me agarraba distraída me daba una nalgada, y yo se las devolvía más fuerte, también hacíamos travesuras ñoñas como leer los mails cachondos de mi hermana cuando descubrí su contraseña, o nos escapábamos de la escuela y nos íbamos a su casa a desayunar y  a ver tv o a echarnos una siesta, a veces también tomamos dinero de su mamá para ir a gastárnoslo.

Le encantaba la aventura, se robaba pequeñas cosas de los almacenes, cosas pequeñas, como esas pastillas que venden en las cajas de las tiendas departamentales, incluso una vez se sacó una playera sin pagarla de un Liverpool, no por que no pudiera pagarla, sino por diversión, de hecho me la regaló al otro día por que me había gustado mucho, para ella todo era un juego.

Te cuento esto por que creía ser heterosexual y es importante que entiendas como a pesar de esto, logró seducirme al grado de un día jugar desnudas en su cama.

Mi madre pensaba que era una mala influencia y que cada vez era más como ella, siempre en la calle,  incluso afirmaba que ya era fachosa e irreverente como ella. A lo mejor si éramos algo distintas pero por eso hicimos buena química, los polos diferentes se atraen.

Autora: Sandra W

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